Reggio’s Weblog

Tormenta en el Mar de Galilea, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in General by reggio on 24 agosto, 2008

CARTA DEL DIRECTOR

Las dos agujas del reloj, la una al hombro de la otra, acaban de pasar bien tiesas el mediodía de este miércoles 20 de agosto cuando el vuelo 0762 de Iberia con destino a Palma de Mallorca despega de la T-4 como si fuera un moscardón alejándose del esqueleto varado de un diplodocus de diseño. Hace mucho calor en Madrid y la pista rodeada de tierra reseca se empequeñece como un surco más en medio de la aburrida telaraña de los trajines del verano. -Imagínate que ahora nos pasara algo, no lo quiera Dios. Pero si se cayera este avión, saldríamos en los periódicos y lo que la gente se preguntaría es que hacíamos aquí, tú y yo, sentados juntos. Porque todo tiene un sentido. Sabes que yo creo mucho en la Providencia…

Después de tantos años sin verle -ocho o diez por lo menos- acabo de encontrarme con José María Ruiz-Mateos, tan locuaz y zalamero como siempre. Va acompañado de uno de sus hijos y otro colaborador y resulta que su asiento es el contiguo al mío, pasillo de por medio, en la parte delantera de la cabina. A mi derecha se sienta un piloto fuera de servicio, de aire apacible y sienes canosas, que vuelve a su base de operaciones.

-Si pensabas leer, has tenido mala suerte porque no voy a desaprovechar esta oportunidad de charlar con uno de los mejores periodistas de… ¡¡Europa!! Además, durante este vuelo no tenemos por qué preocuparnos porque si le pasa algo a uno de los pilotos, aquí tenemos otro. ¿No es así?

El hombre canoso y apacible entra en el juego con la más comprensiva de las sonrisas.

-Claro que sí. Si un compañero se queda dormido o se desmaya, yo me siento en su lugar. No se preocupe, don José María que sé como llevar el aparato…

Le han estirado y barnizado el rostro como un pergamino reluciente y habla un poco más bajito que cuando llamaba «cobarde» a Boyer y le aplastaba tartas en la cara, pero a sus 77 años Ruiz-Mateos sigue siendo fiel a sí mismo. «Señorita, si usted se presentara a las Olimpiadas ganaría la medalla de oro… ¡¡de la belleza!!», le dice a una azafata pelirroja. Va literalmente embutido en un traje beige claro de botonadura cruzada, más ceñido de lo normal, con una corbata granate y un pañuelo blanco, reventando picudo sobre la barandilla del bolsillo.

-Llevo puesto el uniforme de empresario porque vamos a cerrar en un almuerzo la compra de dos hoteles. Once mil millones de pesetas, ¿sabes?, y en estas cosas es muy importante dar confianza con la buena presencia en el vestir.

Genio y figura. Durante la hora que dura el vuelo me pone al día del estado de su lucha por obtener una indemnización por la expropiación de Rumasa: «Todo depende del Gobierno, pero es de justicia», me dice. Y yo asiento porque realmente lo creo: aquello fue una merienda de negros y es aún una asignatura pendiente. También describe las cinco divisiones de la nueva Rumasa y concretamente me enseña el catálogo de sus empresas de alimentación: Cacaolat, Trapa, Elgorriaga, Clesa, Dhul…

-Caray, qué buenas marcas tienes.

-Y si vieras cuál es nuestra liquidez… No quiero decirlo para no dar envidia en medio de la crisis. ¡Si Luis Valls saliera de su tumba! Pero yo no soy rencoroso y todos los días rezo para que su banco vaya lo mejor posible. Todo lo que me ha ocurrido ha sido cosa de la Providencia…

Saca entonces de su maletín una cajita forrada de cuero azul, con muelle de joyería y una inscripción que dice «Fundación alcalde Zoilo Ruiz-Mateos. Rota (Cádiz)». Me la tiende cordialmente.

-La fundación en memoria de mi padre hace algunas cosas en plata y ya sabes que yo tengo una gran devoción por Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. La puedes doblar y llevarla en el bolsillo o donde quieras.

Es un bello relieve de la Virgen con el Niño, muy agradable al tacto, de unos siete centímetros de alto, con dos medias rejas plegables a modo de librillo hasta formar una capilla en miniatura.

Le pregunto por su actual relación con el Opus y me dice que sigue admirando mucho al fundador -«Fue un santo y así lo ha reconocido la Iglesia»-, pero bastante menos a sus sucesores. Estamos tomando tierra en Son San Joan cuando me da más detalles sobre la compra de los dos hoteles.

-Les dimos una especie de ultimátum y cuando nos dijeron que viniéramos a comer, yo me di cuenta de que la cosa estaba hecha. Queda rematar, claro. Un hotel en Palma y otro en Las Palmas de Gran Canaria. Los propietarios venden los dos. Nos han citado aquí, pero además del de Palma, también nos venden el de Las Palmas. Once mil millones, ¿qué te parece?

Ruiz-Mateos felicita a los dos pilotos de la cabina por su perfecto aterrizaje y se despide del suplente innecesario y de la azafata olímpica. Miro mi reloj, es la una y cinco. En ese preciso instante el comandante Antonio García Luna está abortando en la misma pista de la que hemos despegado hace una hora su primer intento de poner en el aire el vuelo JK 5022 con destino a la capital de Gran Canaria. Antes de decirme adiós, Ruiz-Mateos vuelve a la carga con Rumasa y sus otras obsesiones:

-Comprendo que no es el mejor momento para las indemnizaciones, pero se pueden buscar fórmulas. El otro día me encontré con la vicepresidenta en un avión como éste y ella me escribió una carta muy cordial, diciéndome que le diera argumentos. ¡Fíjate, qué actitud tan positiva! También le regalé un tríptico de la Virgen y no sabes cómo me lo agradeció. Todo tiene su porqué. Como nuestro encuentro de hoy. Estoy seguro de que dará frutos. Pero imagínate que hubiéramos tenido un accidente y yo me hubiera quedado ahí, frito como un pajarito en el asiento de al lado del tuyo… Por eso cada día creo más en la Providencia.

Hora y media después me llaman del periódico y me cuentan lo ocurrido en Barajas. El MD-82 iba a Canarias, pero también había hecho el servicio a Baleares. La víspera yo había dicho en la Secretaría de Redacción: «No me saquéis un vuelo de Spainair, que con esto de la regulación de empleo y la huelga de celo, seguro que tienen retrasos». El azar y la necesidad. Si los vendedores de los dos hoteles hubieran convocado la reunión en la sede del segundo en lugar de en la del primero, Ruiz-Mateos habría tenido que viajar esta mañana a Las Palmas en vez de a Palma -muchos extranjeros se confunden- y habría contado con bastantes papeletas para estar en ese vuelo. De 172 pasajeros sólo han sobrevivido 19.

Busco un libro editado hace 12 años y lo encuentro en la estantería de las lecturas de verano. Se titula Against the Gods, es una «historia del riesgo» y lo compré porque me pareció muy apropiada la ilustración de la portada. Reproduce el sobrecogedor cuadro de Rembrandt Tormenta en el Mar de Galilea que muestra cómo las olas y el viento zarandean la barca en la que viajan Jesús y sus discípulos -la belleza convulsa-, de modo similarmente espantoso a lo que le ocurre a un avión cuando entra en un espacio de turbulencias entre los rayos de una tormenta.

El maestro de la luz divide la escena en dos ambientes. La mitad de los discípulos se entregan denodadamente en la proa, iluminada por el reflejo de la luna sobre el mar, a la tarea de tensar las jarcias y otros aparejos para dominar las velas y hacerse con el control de la embarcación. La otra mitad rodea a Jesús en la penumbra de la popa, ora instándole a actuar, ora aguardando pasivamente su decisión de imponer o no la calma sobre la naturaleza desbocada. Según el autor del libro, el economista Peter Bernstein, ahí está la frontera entre los tiempos antiguos en los que los griegos «se arrodillaban ante los vientos» invocando la misericordia de los dioses y la edad moderna en la que el hombre ha dejado de estar «pasivo ante la naturaleza» y ha pasado «a gestionar el riesgo» inherente al propio concepto de civilización y progreso.

Es imposible representar mejor esa «jornada» de la condición humana que transcurre entre el amanecer de la razón y el crepúsculo en el que aúlla lo incomprensible. Si los aviones se diseñan y construyen cumpliendo todos los requisitos para que no se caigan nunca, ¿por qué se ha tenido que caer éste? Leibnitz, precursor del racionalismo, nos dejó una reflexión tan certera como inquietante: «La naturaleza ha establecido pautas que marcan el desarrollo de los acontecimientos, pero sólo en la mayoría de los casos». Terribles palabras.

Cuando sucede lo imprevisto, camuflamos nuestra ignorancia diciendo algo tan anticientífico como que se trata de la excepción que confirma la regla. El problema no está en la excepción -una vez ocurrió que…-, sino en que sea parte indisociable de la regla. Arthur Rudolph, diseñador de los cohetes del proyecto Apolo, lo explicaba muy gráficamente: «Lo que tú quieres es una válvula completamente hermética y haces todo lo posible por desarrollarla. Pero lo que el mundo real te proporciona es una válvula que produce filtraciones y sólo te queda por determinar qué nivel de filtraciones estás dispuesto a tolerar». ¿Qué es, pues, el riesgo sino la impotencia y la falta de certeza ante la imperfección esencial de cualquier obra humana?

El cuadro de Rembrandt no sólo refleja esa divergencia entre quienes tratan de dominar la tormenta y quienes se dejan llevar por ella, sino también los distintos grados de respuesta emocional ante la sensación de peligro, pues en ambos grupos hay quienes tienen la angustia pintada en el rostro y quienes afrontan el desenlace con serenidad imperturbable. Cuando un avión da botes en pleno vuelo hay quienes empiezan a sudar y se aferran a la mano de su acompañante -¿tuvieron tiempo de hacerlo los pasajeros del vuelo JK 5022?, ¿llegaron a darse cuenta de que en cuestión de unos instantes la mayoría de ellos estarían muertos?- y quienes siguen durmiendo, leyendo o divagando relajadamente.

El hecho de que el máximo nivel de tensión suela corresponder a los más mayores y la inconsciencia ante el peligro se identifique con la juventud corrobora sin duda la llamada ley de Bernouilli -a menudo subtitulada por qué el Rey Midas era infeliz- según la cual «la utilidad resultante de un pequeño incremento en la riqueza es inversamente proporcional a la cantidad de bienes previamente poseídos». Para el anciano que sabe que su final está cercano el valor de cada día de vida es infinitamente superior al que le da el joven que cree que tiene por delante un caudal poco menos que ilimitado.

Ruiz-Mateos ha irrumpido este miércoles al mediodía a bordo de un vuelo que despegaba de la T-4 como lo hacían los mensajeros de los dioses en las tragedias griegas, recordando a los mortales que ellos tomarán a su debido tiempo las decisiones claves para regular su existencia. Al menos desde el Renacimiento -sin duda desde la Ilustración-, el pensamiento humano ha venido rebelándose contra tal determinismo. «Tú crees en un Dios que juega a los dados con nosotros y yo en la ley y el orden de un mundo que existe objetivamente», le decía Einstein a su colega Max Born.

A esa ley y ese orden, esencialmente «relativos», les llamamos unas veces civilización y otras, Estado de Derecho. Cuando, según la teoría del caos, el aleteo de una mariposa en Hawai puede terminar desencadenando un tremendo huracán en el Caribe, es obvio que estamos muy lejos de controlar todas las variables, pero nuestra obligación es mantener las jarcias tensas y los aparejos en perfecto estado de revista. Hacer nuestra parte, cumplir con el deber. La ética indolora, querido Zapatero, simplemente no existe. Chesterton decía que «la vida no es ilógica, pero sí es una trampa para lógicos porque mientras su exactitud es evidente, sus inexactitudes están escondidas y lo salvaje permanece al acecho».

Tratándose de navegación aérea, pocas veces hemos escuchado la voz de «lo salvaje» con tan dramática contundencia como cuando conocimos las últimas palabras del comandante del aparato de Avianca que se estrelló en Madrid en noviembre de 1983 matando a 191 personas: «¡Cállate, gringa!», le dijo a la grabación del sistema de navegación de su Boeing 747 cuando le advertía de que se estaba confundiendo y pretendía aterrizar donde no estaba la pista. ¿Ha sido esa misma la pauta de conducta irracional de unos directivos de Spanair sobrepasados por las pérdidas, la incapacidad de vender la compañía, la obsesión por reducir costos y recortar plantilla y el desdén por las advertencias del Sepla? ¿Han permitido los inspectores de Aviación Civil que se fueran deteriorando entre tanto los controles de seguridad, tal y como descubrimos a posteriori que había ocurrido con la quebrada Air Madrid?

La Virgen de plata de Ruiz-Mateos protege con su mano derecha extendida a la criatura que tiene en el regazo y la mira dulcemente. In hac lacrimarum valle. No se llama María Inmaculada, sino Amalia Filloy Segovia. Es la mujer que le dijo al bombero que la encontró entre los hierros calcinados del avión que no se ocupara de ella sino que salvara a su hijita de 11 años, malherida a su lado. Illos tuos misericordes oculos.

Ningún cristiano discutirá que la Sagrada Familia es aquella última que haya sido mutilada. La mirada de los niños huérfanos, del hermano separado de su hermana, la memoria de todas las vidas truncadas de las víctimas nos obliga a exigir que la investigación de la verdad y la depuración de responsabilidades -criminales también, claro- llegue hasta el último tornillo. Es cuanto podemos hacer para mantener encendido el fuego de Prometeo y ser dignos coespecímenes de todos los navegantes que han surcado los mares más procelosos, intentando dominar los aterradores vientos de la incertidumbre.

Sabemos que los aviones seguirán llegando puntualmente a sus destinos, que el pasaje saldrá sano y salvo por la boca de los finger y que la calma volverá al Mar de Galilea. ¿Pero es esto suficiente?

Sócrates empleaba la palabra eikos para referirse a lo «probable» y definía su significado como «lo que se parece a la verdad». Venga, pues, una versión autorizada de la realidad para dormir tranquilos. La exactitud evidente, desprovista de las inexactitudes escondidas. La copia maquillada de lo que finalmente somos cuando pliega sus alas la lechuza de Minerva. Verbigracia, la reproducción del cuadro de Rembrandt en la cubierta de mi libro…

Porque no debo seguir ocultando al lector ni un solo momento más que el original de esta emblemática apología de la salvación a través de la fe y las buenas obras fue robado el 18 de marzo de 1990 del Museo Isabella Stewart Gardner de Boston por dos hombres disfrazados de policías y que, por increíble que parezca, habiendo mediado todo tipo de pesquisas y hasta cinco millones de dólares de recompensa, casi 20 años después ni el eficacísimo FBI ni la Divina Providencia, tan directamente concernida, han conseguido la restitución del lienzo al patrimonio de la humanidad al que pertenece.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

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¿Está entrando España en una recesión?, de Rafael Pampillon en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 24 agosto, 2008

El debate

Según confirmará el miércoles el Instituto Nacional de Estadística (INE), la economía española registró un crecimiento mínimo durante el segundo trimestre de este año. El Producto Interno Bruto (la producción total de bienes y servicios de la economía) creció en ese trimestre a una tasa intertrimestral del 0,1%, después de una modesta subida del 0,3% registrada en el primer trimestre.

Esta tendencia avala la posibilidad de que durante este año la economía inicie una recesión, probablemente durante el cuarto trimestre de este año o en el primer trimestre del año que viene.Todo dependerá de cómo sigan comportándose las variables económicas más importantes: el empleo, la producción industrial, la renta real disponible y las ventas del comercio minorista.

Los últimos resultados de estos indicadores son desastrosos.Sin embargo, durante este tercer trimestre, los 400 euros que nos devolverá el Gobierno darán algo de oxígeno a la economía.Este pequeño impulso, aunque tiene un coste fiscal muy alto, llega en un momento oportuno, ya que como viene señalando el INE las ventas del comercio minorista vienen cayendo desde diciembre del año pasado.

El consumo cae porque las familias españolas están sufriendo el aumento del paro, los elevados precios de la gasolina y de los alimentos, el aumento de pago de sus hipotecas, la reducción en el valor de sus casas, la caída de su patrimonio bursátil y el menor acceso al crédito. El mercado laboral muestra también señales de deterioro, ya que el paro aumenta mes a mes y más rápido de lo que se esperaba.

No se debe olvidar que el mercado laboral es un motor clave del crecimiento económico, y su debilitamiento amenaza con una crisis mayor para el año 2009. Como es sabido, los trabajadores parados compran una menor cantidad de bienes y servicios obligando a las empresas a reducir su producción, plantilla e inversión.La debilidad del mercado laboral acabará reduciendo el aumento de los salarios y por tanto del consumo en un contexto en el que los precios, como ya hemos dicho, están en las nubes.

¿Estos malos datos significan que España está en recesión? La Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU (NBER) define la recesión como dos trimestres consecutivos de caída en el PIB.La economía española crece muy poco, pero crece, por tanto según esta definición, que es la más utilizada, no está en recesión.Aunque la situación podría cambiar si, como desgraciadamente espero, el INE revisase a la baja los datos de crecimiento del PIB.

¿Se podría estar en recesión sin un descenso de la producción económica (PIB)? Para contestar a esta pregunta se puede acudir a otra definición de recesión que también utiliza la NBER: un declive significativo de la actividad económica en toda la economía, que dura más de unos meses. Para saber si este declive es significativo debemos analizar los indicadores económicos más importantes: crecimiento del PIB, empleo, creación y destrucción de empresas, producción industrial y consumo.

La mayoría de estos indicadores están teniendo en España, como ya hemos visto, un comportamiento muy débil o negativo en los últimos meses. Por tanto, según esta segunda definición, estaríamos en recesión.

A partir de ahora, los economistas tenemos dos opciones: declarar que estamos en recesión debido al crecimiento prácticamente nulo de la economía española, al aumento del paro y al mal comportamiento de casi todas las demás variables económicas. O, por el contrario, podría decir que no estamos en una recesión y seguir señalando que estamos en una fuerte crisis económica de proporciones desconocidas.

Sin embargo, en el futuro la combinación de un menor crecimiento salarial, la caída de los precios del petróleo y la disminución de la demanda agregada aumenta las posibilidades de que el Banco Central Europeo baje los tipos de interés. Y eso es una buena noticia para la economía española que se deteriorará menos de lo que lo haría si los tipos se mantuvieran altos.

También debemos mantener la esperanza de que el programa de reformas económicas aprobadas por el Gobierno este mes, y que se pondrán en marcha este año y el que viene, en sectores como la vivienda, el transporte, la energía, las telecomunicaciones y el medio ambiente, reanime una economía que está en franco proceso de deterioro.

Rafael Pampillón Olmedo es catedrático de la Universidad CEU-San Pablo y profesor de IE Business School

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El rebote de un trozo de nariz, de Eduardo Mendicutti en UVE de El Mundo

Posted in Sociedad by reggio on 24 agosto, 2008

LA SUSI REPORTERA

Yo, en mi línea: buscar el lado humano de la noticia. La noticia es la nueva nariz de mi Doña Letizia y, el lado humano, la situación anímica, protocolaria y económica en la que se encuentra el trozo de nariz que le han quitado.

Me dieron el soplo: «El trozo de nariz ha acampado, en señal de protesta y para exigir sus derechos, frente a Zarzuela». Así que allí me fui. Y aquí está la exclusiva.

-Para empezar -le dije-, ¿cómo estás, anímicamente?

-Pareces tonta -me dijo el trozo de nariz-, ¿cómo voy a estar? Más hundido que la carrera de Julio Iglesias. ¿Tú crees que hay derecho? Bien está que se libre de su pasado, pero, ¿que se libre de mí? Eso sí, que no se piense Ella que yo no voy a rechistar. Y si, para conseguir lo que me corresponde, tengo que ponerme en huelga de hambre, me pongo. Además, dime la verdad: conmigo en la nariz, ¿no tenía esa cara más personalidad, no tenía más gancho?

-Más gancho, sobre todo -reconocí-. Pero, las cosas como son, habrá quien, ahora, de perfil la encuentre más mona.

-Si quiere que la encontremos más mona, que se suba a un árbol -dijo, francamente ordinario, el trozo amputado de la nariz-. O que se meta a momia, como la Preysler.

Yo comprendí que era mejor cambiar de tercio. Así que me interesé por cómo queda él, a partir de ahora, protocolariamente.

-¿Que cómo quedo protocolariamente? -se le redobló el rebote-. Más ninguneado que Jaime de Marichalar, que ya es decir. Pero escucha lo que te digo: a Marichalar no sé lo que le harán, aparte de todo lo que ya le han hecho al pobrecito, pero a mí que me pongan coche con chófer, escolta, un sitio en las fotos de la Familia, sin borrarme cuando las fotos se cuelguen en la página web de Zarzuela, y derecho a volver a la nariz de Ella un fin de semana sí y otro no. Y que Don Juan Carlos me dé, como mínimo, un marquesado. Me lo merezco, ¿no? Yo he estado en esa nariz cuando nació Ella, cuando se casó por primera vez, cuando presentaba el telediario, cuando se casó por segunda vez, cuando tuvo a su Leonor y a su Sofía… ¿Y ahora pretende librarse, gratis total, de mí? De eso nada, monada.

Aproveché para preguntarle en qué situación económica había quedado él, una vez eliminado de la principesca nariz.

-¿Económicamente? Peor que la cantante esa, Rihanna, que dicen que está en la ruina -lloriqueó-. Pero que se prepare Ella: pienso sacarle lo mismo que le piensa sacar a la Jodie Foster su ex mujer, la Cidney Bernard: 25 millones de dólares. Bueno, de euros.

Allí lo dejé, reclamando sus derechos. Al irme, pasé bajo la ventana de mis Príncipes. Y pude oír cómo Ella le recitaba a mi Don Felipe, en plan tenoria:

-¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla, más pura la luna brilla y se respira mejor?

Mi Don Felipe le dijo que, en la intimidad, no hacía falta que echase mano del cuento de la respiración.

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Cáucaso: ¿y ahora qué?, de Walter Laqueur en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 24 agosto, 2008

Tras el reciente conflicto en el Cáucaso, ¿qué sucederá a continuación? Finalizados los combates, Georgia habrá de admitir que ha perdido definitivamente Abjasia y Osetia del Sur. Estas regiones separatistas formarán ahora parte de Rusia, de hecho si no en breve de derecho. ¿Qué esperaba el presidente de Georgia? Tíbet no quiere formar parte de China y Chechenia no quiere pertenecer a Rusia. Pero Georgia no es una potencia como China o Rusia y no debería haber confiado en recibir ayuda de Estados Unidos y Europa. Pobre Europa. No posee una política exterior ni de defensa común y depende notablemente del petróleo y gas rusos. En tales circunstancias, ¿qué relevancia tiene que los políticos europeos se dediquen a ir y volver de la zona de conflicto y simulen que ejercen algún tipo de influencia sobre Moscú?

El presidente georgiano quedó a expensas de las autoridades rusas y sirvió en bandeja un pretexto para que le enseñaran una lección; y no únicamente a él, sino a todos aquellos que no han entendido que Rusia se ha recuperado de su periodo de debilidad, vuelve a ser una gran potencia y quiere ser tratada como tal.

Putin ha dicho en varias ocasiones que la caída de la Unión Soviética fue la mayor catástrofe del siglo XX.

De ser así, es lógico que se intente devolverle su antigua condición y, si ello es imposible, poner al menos a buen recaudo la máxima porción del poder e influencia de Rusia. Ello no implica la reconquista de todas las repúblicas que se separaron hace quince años. Lógicamente, sería contraproducente reconquistar las repúblicas de Asia Central. Sus dirigentes necesitan a Rusia de todos modos por razones económicas y políticas y anhelarán mantener relaciones amistosas. Tampoco sería muy sensato apoderarse de las repúblicas bálticas: no vale la pena.

Sin embargo, Ucrania es un caso distinto (y también Moldavia): un tercio de su población es de origen étnico ruso. Kiev fue la cuna del Estado y la civilización rusos, por no referirse al hecho de que controlar Ucrania equivale a dominar el mar Negro. Lo sucedido en Georgia inducirá al Gobierno de Kiev a proceder con mayor cautela en el futuro sin contrariar a los rusos, factor igualmente de aplicación en el caso de los países de Europa del Este. En cuanto al resto de Europa, se halla dividida; Alemania considera a Rusia “socio estratégico” y a Francia o Italia no les interesa demasiado lo que les suceda a los vecinos más pequeños de Rusia. Y, aunque les importara, poco pueden hacer por ellos a menos que aminoren su dependencia del petróleo y gas rusos y las importaciones de Oriente Medio. Por otra parte, la dependencia en cuestión aumentará, dado que los yacimientos del mar del Norte se agotarán más rápidamente que los rusos. Sin embargo, a la hora de esforzarse e invertir para encontrar fuentes alternas de energía no se observa mucha voluntad de poner manos a la obra salvo a escala reducida. Tal vez es menester un esfuerzo europeo combinado, pero hasta ahora nadie ha dado un paso al frente ni probablemente promoverá tal iniciativa hasta que la situación sea realmente crítica.

Cabría hablar ciertamente de una política más hábil e inteligente en caso de que el Kremlin avanzara con lentitud en la tarea de devolver a Rusia su condición de potencia grande y fuerte para no asustar a otros países y provocar posiblemente una reacción. Tal fue el error de Stalin después de 1945 y condujo a la creación de la OTAN.

De todos modos, hay que añadir que los rusos también se sienten apremiados al menos por tres razones. En primer lugar, figura la satisfacción emocional alcanzada al cobrar conciencia de que “hemos vuelto a ser una potencia fuerte, por lo que exigimos que se nos preste el respeto debido”. En segundo lugar, los rusos saben que su poder actual descansa en una sola fuente, el petróleo y el gas, que no durarán siempre. En tercer lugar y quizá factor más importante, figura la debilidad demográfica. La población de Rusia disminuye con rapidez; la duración del servicio militar hubo de reducirse a la mitad por insuficiente número de reclutas. De cada cuatro reclutas uno es musulmán y dentro de unos años la proporción será de uno de cada tres reclutas.

Rusia carece de aliados en quien confiar. Uno de los últimos zares, Alejandro III, dijo una vez que Rusia tiene sólo dos aliados en quien confiar realmente: sus fuerzas armadas y su artillería. Y lo cierto es que a Putin le agrada citarle. Rusia ha impuesto a Ramzan Kadirov como hombre fuerte de Chechenia y desde entonces la situación ha sido mucho más tranquila.

Sin embargo, de puertas adentro Kadirov se desenvuelve con notable independencia. Hasta cierto punto, la charia se ha convertido en ley del territorio y el Kremlin sabe muy bien que en una situación de emergencia no puede tener confianza plena en este dirigente. Daguestán, vecino de Chechenia, atraviesa una situación similar. Algunos expertos rusos han pronosticado que tarde o temprano Rusia perderá la zona norte del Cáucaso por la sencilla razón de que quedarán pocos rusos en la zona. Pero Rusia necesita el Cáucaso, aunque sólo sea para proteger los oleoductos y gasoductos hacia el oeste y el sur.

Hace unos cuantos años, numerosos libros y artículos pronosticaban que el siglo XXI sería una era en la que prevalecerían la paz y los derechos humanos y Europa sería la potencia dominante no por su fuerza militar, política o económica, sino porque podría presentarse como ejemplo perfecto a ojos del mundo. Tales pronósticos, por desgracia, eran prematuros.

WALTER LAQUEUR, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington.

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Medidas de verano, de Alfredo Pastor en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 24 agosto, 2008

El pasado día 14 se reunió el Consejo de Ministros para aprobar un conjunto de medidas destinadas a hacer frente a la que por fin se llama crisis; es de buena educación corresponder con un comentario al sacrificio del Gabinete.

La crisis tiene dos aspectos, interdependientes pero distintos: por una parte, el reventón de la burbuja inmobiliaria y la crisis de liquidez consiguiente afectan directamente a la demanda, tanto de inversión como de consumo, y amenazan el crecimiento y el empleo a corto plazo; por otra, hay una cierta complacencia y una concentración excesiva en una actividad de baja productividad como es el conjunto inmobiliario-construcción, que dan como resultado una inflación mayor que la de nuestros socios y un déficit comercial muy grande y creciente, síntomas ambos de poca salud. Las medidas adoptadas por el Gobierno se dirigen a uno y a otro aspecto.

URGENTE: EL GASTO

Las medidas más importantes por el lado de la demanda tienden a paliar los efectos de la crisis de liquidez sobre la financiación de viviendas, así como sobre las pequeñas y medianas empresas (y, por consiguiente, sobre la inversión), facilitando avales y garantías; a mejorar la renta disponible de algunas familias mediante la supresión del impuesto sobre el patrimonio, y a tranquilizar a trabajadores y pensionistas (y, por consiguiente, a sostener el consumo) con la promesa de mantener el gasto social.

La orientación de estas medidas es correcta; seguramente no se harán demasiadas tonterías con ese dinero. Pero el diablo está en los pliegues, y aquí los hay: no se trata sólo de que los trámites necesarios para acceder a las ayudas puedan hacer éstas inoperantes, o de que las cantidades sean tan exiguas que no tengan efecto alguno.

Tres aspectos cualitativos merecen comentario; por una parte, algunos ministerios anuncian cambios normativos (por ejemplo, en el ámbito de la vivienda). Este es un error, aunque comprensible en un ministerio que quiere demostrar que sirve para algo: la práctica mostrará que los cambios normativos son lentos y laboriosos (se trata, sin ir más lejos, de competencias transferidas), y que la actividad correspondiente se paraliza mientras se van aclarando las cosas: el anuncio producirá un efecto opuesto al deseado.

Por otra parte, el Gobierno decide aumentar los recursos destinados a la ley de Dependencia reduciendo en un 70 por ciento la oferta pública de empleo (el número de plazas de funcionarios que serán convocadas). Desde el punto de vista del gasto, ésta parece una decisión equivocada, ya que los canales por los que han de discurrir los recursos destinados a desarrollar la ley están seguramente menos consolidados que los hábitos de gasto de los funcionarios.

Por último, el mantenimiento del llamado gasto social no garantiza que vayan a ser atendidas las situaciones de verdadera necesidad creadas por la crisis: éstas se concentrarán en trabajadores desempleados, en situación irregular o con periodos de cotización insuficientes; todos ellos al margen de los canales de la Seguridad Social.

IMPORTANTE: MEDIDAS ESTRUCTURALES

En este apartado se recogen elementos muy heterogéneos: objetivos de eficiencia (supresión de trámites, de cargas administrativas a las empresas), de aumento de la competencia (en el tráfico de mercancías por ferrocarril) o de liberalización (libre acceso al ejercicio de las profesiones, modernización de los colegios profesionales).

Todos ellos tienen características comunes: si bien contribuyen a una economía más adaptable, no existen instrumentos para su puesta en práctica (como existen para la política monetaria o la fiscal), no tienen responsables claros (el Ministerio de Economía se limita a elaborar un catálogo de buenos deseos) y encuentran resistencias fortísimas que el poder político rara vez tiene el valor de vencer. Por eso, los avances son siempre lentísimos, y, si las mismas medidas vuelven a salir del cajón de vez en cuando, es porque nadie ha sido capaz de llevarlas a la práctica. La oposición las califica de refrito: pero ¿por qué no las impulsó cuando estaba gobernando?

Y no deja de ser gracioso que, según dicen los periódicos, un partido que se ha resistido siempre a aplicar algo más fuerte que el agua oxigenada pida ahora cirugía. No: el enfermo que necesita medidas estructurales no es operable; no se trata de un tumor maligno susceptible de ser extirpado, sino de un estado difuso que sólo puede curarse con la colaboración de todos.

La lista aprobada por el Gobierno merece algunas observaciones: por una parte, se fija objetivos demasiado abstractos: ¿qué quiere decir el principio de libre acceso al ejercicio de las profesiones? Por otra, elude mencionar siquiera aspectos básicos importantísimos: más importante que la competencia en el ferrocarril es la práctica de la adjudicación de obras públicas, que tiene fallos conocidos. La relación entre especulación urbanística y financiación local está, como todos sabemos, en la raíz de la crisis inmobiliaria, y, sin embargo, nada se dice al respecto. ¿Por qué esa atención al detalle obviando lo más esencial?

LO SOCIAL Y LA INFLACIÓN

El problema de la inflación no es tratado como se merece: la limitación del sueldo de los funcionarios, un expediente fácil y de dudosa equidad; por no hablar del recorte de los aranceles de notarios y registradores a que nos tienen acostumbrados todos los gobiernos. Sin embargo, la necesidad de un acuerdo para estabilizar precios y salarios durante un corto periodo no se refleja en las medidas: se deja este asunto para el llamado diálogo social, olvidando quizá que, durante la pasada recesión de 1993, ese diálogo no fue más que una absoluta pérdida de tiempo.

En líneas generales, las propuestas tienen la orientación que cabría esperar, aunque muchos detalles son discutibles. No cambiarán el rumbo de la crisis; tampoco me parece que, como algunos han dicho, vayan a agravarla. Incluso es posible que permitan sentar las bases de una economía más sólida; pero no echemos las campanas al vuelo.

Alfredo Pastor. Profesor de Economía del Iese. Doctor en Economía por el MIT y licenciado en Economía por la UB. Fue secretario de Estado de Economía con Pedro Solbes como ministro de Economía, en uno de los gobiernos de Felipe González

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Los dos escenarios, de Mariano Marzo en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 24 agosto, 2008

Según Royal Dutch Shell, lograr un futuro energético sostenible es un objetivo a nuestro alcance, aunque para ello debe operarse un “profundo cambio” en la manera como actualmente concebimos la oferta y el consumo de la energía. En la introducción del último análisis de la petrolera sobre el flujo energético global a largo plazo -un documento titulado Shell energy scenarios to 2050-,Jeroen van der Veer, ejecutivo jefe de la compañía, afirma que “la humanidad no había afrontado nunca un panorama tan complicado para el futuro del planeta y la energía”. Para Van der Veer, el desafío puede resumirse en el eslogan “más energía, menos dióxido de carbono (CO2)” y su superación pasa por “tener las ideas claras, grandes inversiones y un liderazgo efectivo”.

El documento dibuja dos escenarios, denominados Scramble y Blueprints, que podríamos traducir, respectivamente, como competición y anteproyecto.

En el primero, los políticos y otros agentes sociales relevantes no prestan atención a la necesidad de hacer un uso más eficiente de la energía hasta que los suministros escasean, al mismo tiempo que se pospone la toma de decisiones eficaces sobre el problema del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero hasta que las consecuencias del cambio climático empiezan a evidenciarse en toda su crudeza.

En el segundo, las iniciativas locales acaban convergiendo, a escala primero estatal y finalmente global, impulsando una decidida actuación para combatir los problemas en los frentes del desarrollo económico, la seguridad energética y la polución medioambiental. Este escenario incluye la fijación de un precio a partir de una masa crítica de emisiones, lo que estimularía la eficiencia energética y el desarrollo tecnológico de fuentes energéticas “limpias”, como las renovables y la captura y el secuestro del CO2.

Ambos escenarios deben enfrentarse a tres duras e inevitables realidades: 1) las grandes potencias emergentes, como China e India, están entrando en la fase energéticamente más intensiva de su desarrollo económico; 2) a partir del 2015, el aumento en la producción del petróleo y gas fácilmente accesibles no podrá cubrir el crecimiento previsto de la demanda; 3) aun suponiendo que el carbón y los combustibles fósiles no convencionales pudieran cubrir el déficit comentado, ello implicaría un peligroso aumento de las emisiones de CO2.

Shell advierte que el mundo debe prepararse para adentrarse en una era de “transiciones revolucionarias y considerable turbulencia”. En este contexto, la selección del término “anteproyecto” para definir el escenario que más nos acerca a un futuro sostenible pretende transmitir el mensaje de que aunque en la búsqueda del ideal muchas iniciativas puedan fracasar, la cooperación internacional posibilita que deshacer el camino emprendido no signifique quedarse definitivamente atrás.

Esta estrategia de búsqueda y cooperación resulta a la larga mas positiva que exclamar “sálvese quien pueda”, para a continuación lanzarse a una carrera desenfrenada en las que las colisiones múltiples serían inevitables. Creo que este último es el significado que encierra el término Scramble, que yo he traducido por competición, cuando quizás hubiera sido mejor hacerlo por pugna, lucha o pelea.

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África, la responsabilidad de proteger, de Emilio Menéndez del Valle en El País

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 24 agosto, 2008

En 1991, a punto de dejar su mandato como secretario general de Naciones Unidas, el peruano Pérez de Cuéllar realizó una declaración contundente: “El derecho de injerencia, en contraposición a la interpretación rígida del principio de no intervención, se está abriendo camino”. Apenas un mes después, en la primera entrevista concedida, el nuevo secretario general, el egipcio Butros Gali, fue preguntado sobre si la ONU debe favorecer la extensión de la democracia en el mundo. Gali respondió: “Igual que se ofrece asistencia técnica para construir hospitales, debe existir una en favor de la democracia. Sin embargo, esta ayuda debe evitar toda injerencia en los asuntos internos”.

Uno y otro tenían en cuenta el mismo artículo 2 (7) de la Carta: “Ninguna disposición autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados (…), pero este principio no se opone a la aplicación de las medidas coercitivas prescritas en el capítulo VII”. En dicho capítulo se persigue un equilibrio entre el respeto a la soberanía estatal y la intervención colectiva internacional que busca promover “el respeto universal a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos”.

Después se fue abriendo paso el debate sobre el derecho (¿deber?) de injerencia o el derecho (¿deber?) de intervención humanitaria. Hoy en día se discute sobre la “responsabilidad de proteger” y el principio de la jurisdicción universal, invocada ésta por el fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional (TPI), Moreno Ocampo, al encausar por genocidio y crímenes de guerra al presidente de Sudán, Al Bashir.

El principio básico consiste en que los Estados soberanos tienen la responsabilidad de proteger a sus propios ciudadanos (algo que no ocurre en Sudán y, en menor medida, en Zimbabue). Como consecuencia de ello, cuando un Estado no quiere o no puede protegerlos de flagrantes violaciones de derechos humanos, la responsabilidad es asumida por la comunidad internacional.

Los Estados africanos (y casi todos los demás) son opuestos a la cesión o matización de la soberanía. Nada extraño. Los Estados de la Unión Europea han tardado décadas en acordar una renuncia parcial a la misma. No obstante, destacados ciudadanos (¿o súbditos?) africanos han comenzado a clamar contra la soberanía estrictamente considerada. Morgan Tsvangirai, líder de la oposición democrática en Zimbabue, harto del déspota Mugabe, persigue “derribar las barreras de la soberanía estatal”.

Si bien la inmensa mayoría de los Estados africanos y su organización colectiva, la Unión Africana (UA), siguen aferrados a la no intervención estricta, últimamente se ha producido una interesante evolución. Podríamos decir que África (o parte de ella) ha pasado de la “no injerencia” a la “no indiferencia”, porque determinadas barbaridades han removido conciencias. Un ejemplo señero es Somalia. La UA acaba de solicitar (9-7-2008) que “el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adopte medidas contra todos aquellos que persiguen poner en peligro el proceso político en curso en Somalia y la estabilidad de la región”. Otro ejemplo es Zimbabue. En junio -ahítos de la ineficaz, tendenciosa y condescendiente “diplomacia silenciosa” del presidente surafricano hacia Mugabe-, Zambia, Botsuana, Nigeria y Ghana, entre otros, se mostraron especialmente críticos.

Hay, pues, en África (o había hasta el procesamiento del presidente sudanés) un relativo avance positivo, aún insuficiente, en relación con la concepción estricta de la soberanía. El procesamiento que promueve el TPI ¿va a suponer que África se quede, por ahora, en la “no indiferencia” e incluso retorne abruptamente a la “no injerencia”?

Hay que impulsar las capacidades de los africanos de actuar y asumir sus propias responsabilidades, partiendo de la base de que quienes mejor entienden los conflictos son quienes habitan ese continente, que, por cierto, siempre ha gozado de mecanismos tradicionales para mitigarlos. No cabe duda de que en intervenciones mantenedoras o defensoras de la paz, tropas africanas bien entrenadas y responsabilizadas tendrían la ventaja de conocer el entorno y participar de similar cultura. Cuando pase la tempestad del caso Bashir, un entendimiento, con mecanismos y supervisión adecuados, se hará imprescindible entre Occidente y la hoy agitada África. La fuerza conjunta (UA/ONU) apenas desplegada en Darfur es un posible modelo para la futura cooperación entre la ONU, las instituciones regionales y las internacionales.

Por otra parte, hay que entender que -aun después de la tormenta- África siga siendo hostil a la responsabilidad de proteger mientras no sea corresponsabilizada en la elaboración de la teoría y en la ejecución de la práctica. Es defendible que toda normativa -incluso la de la soberanía estatal- tiene sus excepciones, pero para los integrantes más débiles del sistema (los africanos) puede resultar más desfavorable no tener voz en la calificación de lo que es excepcional que no haber participado en la redacción de las normas. Hay que incorporar África al sistema.

Emilio Menéndez del Valle es embajador de España y eurodiputado socialista.

En el filo de la navaja, de J. Bradford DeLong en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 24 agosto, 2008

Llevo desde 2003 diciendo que la economía mundial está terriblemente desequilibrada y se expone a una catástrofe macroeconómica que tendría como resultado uno de los peores episodios de dificultades económicas de los tiempos modernos. Llevo desde 2004 diciendo que la situación, una vez iniciada, probablemente empezaría a verse con claridad transcurrido un año: sabríamos si la economía mundial se corregiría por sí sola o iniciaría una espiral descendente. Entre 2004 y 2007, pensaba que podía estar equivocado acerca de la solución relativamente rápida de las dificultades económicas mundiales: como decía el fallecido Rudi Dornbusch, los desequilibrios macroeconómicos insostenibles pueden sostenerse más de lo que los economistas (con su conmovedora fe en la toma racional de decisiones por parte de los humanos) creen posible.

Sin embargo, hace un año, cuando se hundieron las hipotecas basura en agosto de 2007, lo tenía claro. La situación tenía que resolverse en el plazo de un año, o si no… O bien los bancos centrales conseguían de algún modo enhebrar la aguja y devolver los tipos de cambio y los precios bursátiles a una configuración de equilibrio estable y sostenible, o el caos y las alteraciones en los mercados financieros se extenderían a la economía real y se produciría una gran crisis mundial. Las probabilidades se inclinaban mayoritariamente por el segundo resultado: dificultades macroeconómicas mundiales.

Pero estaba equivocado. Aquí estamos, transcurrido un año entero, y las cosas siguen columpiándose en el filo de la navaja.

Permítanme recalcar que no tengo quejas acerca de las políticas aplicadas por la Reserva Federal de Estados Unidos, sobre la que ha recaído la principal parte de la responsabilidad de gestionar la crisis. Desearía -al igual que la Reserva Federal- que se hubiera podido encontrar un modo de hacer soportar a los propietarios de activos financieros una parte de las pérdidas que se avecinan aún mayor que la que han soportado hasta ahora o de la que probablemente soporten. Pero estoy de acuerdo con el vicepresidente de la Reserva Federal, Donald Kohn, en que no es inteligente centrarse en enseñar a los financieros lecciones sobre riesgo moral cuando al hacerlo se corre el riesgo colateral de causar daño en forma de destrucción de millones de puestos de trabajo.

La primera prioridad de la Reserva Federal es intentar impedir que la economía estadounidense caiga demasiado por debajo del pleno empleo, e intentar evitar que el deterioro de la economía estadounidense contamine a las demás. Si el empleo y las rentas se hunden en Estados Unidos, la demanda estadounidense de mercancías importadas se hundirá también, y no sólo caerá en la recesión Estados Unidos, sino todo el mundo.

El empleo en la construcción y en sectores relacionados está disminuyendo a marchas forzadas, mientras los estadounidenses y los extranjeros se recuperan de su ataque de euforia irracional por los precios de la vivienda. El menor entusiasmo por la vivienda sirve para que las empresas fabriles ya no sufran restricciones crediticias cuando busquen capital para expandirse. También significa que el valor del dólar descenderá, y por consiguiente habrá más oportunidades para que las empresas radicadas en Estados Unidos exporten y provean al mercado interno. Los puestos de trabajo se están trasladando de la construcción (y ocupaciones relacionadas) a las mercancías comerciables y a la producción de servicios (y ocupaciones relacionadas).

Pero si el sistema de la intermediación financiera se hunde en una quiebra universal, los productores de mercancías comerciables serán incapaces de conseguir financiación para expandirse. Y si la vivienda y los precios de los títulos con garantía hipotecaria no sólo caen sino que se desploman, todos deberían recordar que el empleo en la construcción cae con más rapidez de lo que el empleo en mercancías comerciables puede crecer. Eso no sería bueno ni para Estados Unidos ni para el mundo.

Y todo bien hasta el momento, al menos en lo que respecta a la economía real estadounidense. Por supuesto, el desempleo en Estados Unidos aumenta, pero si la economía del país está en recesión, se trata de la recesión más suave de todos los tiempos. Sin embargo, desde el punto de vista financiero, la magnitud del caos es escandalosa: tremendos fallos de gestión del riesgo por parte de instituciones financieras altamente endeudadas que han de ser gestores de riesgo de primera si quieren sobrevivir.

Si hace un año me hubieran preguntado si este grado de caos financiero era compatible con una economía interna estadounidense que no estuviese claramente en recesión, habría dicho que no. Si me hubieran preguntado hace un año si pasaría un año sin que o bien se restaurase la confianza en las instituciones financieras o bien se produjesen nacionalizaciones y liquidaciones generalizadas, habría dicho que no. Las configuraciones inestables e insostenibles deben acabar.

Rudi Dornbusch tenía razón: los desequilibrios pueden durar más de lo que los economistas creen posible. Pero eso no significa que al final el agua no corra monte abajo.

J. Bradford DeLong es catedrático de Economía en la Universidad de California en Berkeley y ex sub secretario del Tesoro de Estados Unidos.

© Project Syndicate, 2008.

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El idioma de los negocios: el español, de Javier Rivera Latas en Negocios de El País

Posted in Cultura, Economía, Educación by reggio on 24 agosto, 2008

El español está de moda. Su enseñanza ha crecido un 150% en Japón, un 80% en Europa del Este y en Estados Unidos, Brasil o Canadá no hay suficientes profesores para atender toda la demanda. Además, el aumento moderado pero continuo de su número de hablantes, condicionado por el incremento de su demografía y su expansión vinculada al desarrollo económico, hace que se multiplique entre dos y tres veces la cuota de mercado de las exportaciones españolas en el conjunto de países hispanohablantes, un factor multiplicador mayor incluso que el inglés en los países anglosajones.

En esta línea de difusión se prevé que en 2030 el español supere al inglés y se convierta en la segunda lengua de uso e intercambio económico en el mundo, sólo por detrás del chino. Siendo una lengua tan internacional y cuyo uso en los negocios se está generalizando, es lógico pensar que un número cada vez mayor de alumnos que desean cursar un máster se decida a hacerlo en ella. En este contexto, la formación de posgrado online y avalada por la excelencia académica de instituciones de enseñanza de primer orden se erige como alternativa para profesionales de todos los continentes.

Hasta ahora el mayor número de alumnos interesados procedía de los países latinoamericanos. Pero el abanico se ha abierto a Europa para atender, especialmente, a los profesionales de habla portuguesa, así como a alemanes y franceses.

Quienes solicitan este tipo de enseñanza son profesionales con experiencia que desean progresar en su carrera. También empresas que, con el fin de alcanzar mayor competitividad, recurren al reciclaje de su plantilla.

Las metodologías de enseñanza tradicionales están cediendo terreno a las nuevas tecnologías y dejando paso al e-learning. Una formación que aprovecha la facilidad de distribución de materiales y herramientas de comunicación para crear un entorno para el aprendizaje que resulta extremadamente efectivo. Uno de los aspectos más relevantes que sólo permite la enseñanza online es la creación de foros de debate con agentes de todo el mundo.

Además ofrece a los alumnos de cualquier país la posibilidad de cursar un máster en español sin desplazamientos, algo que supone un importante ahorro económico para compañías y empleados y permite compatibilizar los estudios con la vida laboral y personal, contribuyendo a su conciliación, pues los alumnos no están sujetos a horarios estrictos. La disponibilidad a cualquier hora y desde cualquier lugar de las materias de estudio aporta un valor añadido indispensable para el profesional, para quien el factor tiempo es clave. La enseñanza online ha potenciado la proyección internacional del español.

Javier Rivera Latas es presidente del Consejo Rector de ISEAD.

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Energía: lo público y lo privado, de Carlos Taibo en laRepública.es

Posted in Ecología, Energia, Medio ambiente, Política by reggio on 24 agosto, 2008

Quiere uno creer que entre nosotros va ganando terreno, paulatinamente, la conciencia de que el planeta no da para más. De resultas, la idea de que debemos tomarnos en serio la perspectiva de reducir los niveles de consumo y desdeñar las presuntas virtudes del crecimiento económico se impone en paralelo con la búsqueda incipiente de otras formas, más benignas y austeras, de organización de nuestras sociedades.

Hay quien dirá, en un argumento respetable, que la sensibilidad en lo que hace a estas cuestiones ha alcanzado incluso, siquiera sea livianamente, a nuestros gobernantes. Bastará con invocar al respecto el designio, formulado días atrás por el ministro de Industria, y al parecer no acompañado -bien es cierto- de medidas precisas, en el sentido de acometer una reducción de un 10% en el gasto energético de la maquinaria política y administrativa que dirige.

Se antoja extremadamente llamativo, sin embargo, que la certificación de que despilfarramos energía que se sigue, inevitablemente, de la decisión impulsada por el señor Sebastián en modo alguno conduce a trasladar a la ciudadanía el mensaje de que debe asumir, también, un cambio significativo en su conducta ante estos menesteres. Si uno quiere ser puntilloso estará obligado a reconocer que lo que acabo de señalar tiene, con todo, una excepción aparentemente relevante en la forma de las constantes recomendaciones que nuestros gobernantes han formulado, en los últimos años, en lo que atañe a la necesidad imperiosa de reducir el consumo de agua. No debe perder de vista el lector, sin embargo, que la excepción que nos ocupa se sitúa en un terreno muy singular, que en los hechos – parece – la anula como tal: la mayoría de los trechos de la economía del agua tienen un carácter público, o parapúblico, de tal suerte que la presencia de los intereses privados en el mercado correspondiente es a la postre menor.

Lo diré de otra manera: si en el caso del agua la condición primordialmente estatal de la economía afectada hace posible que nuestros gobernantes se muevan con encomiable soltura y se permitan reclamar con insistencia un esfuerzo ciudadano de reducción en los niveles de consumo, no puede decirse lo mismo de otros segmentos de la vida económica en los que los intereses del sector privado se imponen con rotundidad. Ahí está el caso del propio ministro Sebastián, quien semanas atrás no pestañeó a la hora de anunciar ayudas públicas para la adquisición de nuevos automóviles, presuntamente menos contaminantes, si los propietarios de los viejos se avenían a deshacerse de éstos. ¿No hubiera sido más razonable que, en un escenario indeleblemente marcado por la subida en los precios internacionales de las materias primas energéticas, nuestras autoridades apostaran con claridad por políticas encaminadas a convencer a los ciudadanos de que lo suyo es que vayan pensando en apartar el coche de sus vidas? ¿Es que nuestras autoridades no son conscientes de la sinrazón que acompaña al hecho de que la mentada subida en los precios de la energía no se ha visto seguida, como sería lo razonable, de reducciones notables en los niveles de consumo?

Para explicar lo anterior no hay que ir muy lejos: a diferencia de lo que ocurre con el agua, los sacrosantos derechos de las empresas privadas – en este caso las del sector del automóvil – se imponen, intocables, por doquier, y ello hasta el punto de que resulta sencillo imaginar cuál sería la reacción de aquéllas si los poderes públicos tomasen, en serio, cartas en el asunto de convencer a los ciudadanos de que también en relación con el transporte y sus cuitas deben cambiar drásticamente de hábitos. El lector con buena memoria recordará inmediatamente la patética reacción de repulsa asumida por alguna de nuestras empresas eléctricas cuándo, en un par de momentos en los últimos años, la ministra de Medio Ambiente decidió respaldar una simbólica campaña que nos exhortaba a reducir a la nada, durante cinco escuálidos minutos, nuestro consumo de electricidad en una tarde invernal. Como recordará, tal vez, que la legislación vigente impide que se invite a los ciudadanos a retirar sus depósitos en bancos que es notorio no han dudado en financiar a empresas sumergidas hasta el cuello en el comercio de armas, en la explotación del trabajo infantil o en el despliegue de irreversibles agresiones medioambientales.

Hay quien se sentirá tentado de recordar, por qué no, que el pecado de nuestros poderes públicos no queda dónde lo hemos dejado. Y es que no sólo se trata de que aquéllos eludan cualquier horizonte de contestación del negocio privado, aun a sabiendas de lo que éste acarrea, tantas veces, en los planos energético y ecológico: tan grave como ello es el hecho de que porfíen en construir faraónicas infraestructuras de transporte que el tiempo demostrará, más pronto que tarde, son literalmente insostenibles y que a poco más obedecen que al propósito de mover el carro de ese negocio privado que ahora nos atrae. Ahí está, por lo demás, el patético ejemplo que acaba de darnos el presidente Rodríguez Zapatero, quien al parecer no barruntó problema alguno en la fórmula verbal con la que remató su discurso de clausura en el congreso recientemente celebrado por el Partido Socialista: ¡A consumir!

Frente a tantos desafueros no queda sino reclamar la necesidad imperiosa de una rebelión ciudadana que denuncie con desparpajo el sinfín de prácticas impresentables que nos acosan, que reclame un drástico cambio de rumbo y que emplace a los dirigentes políticos a romper amarras —de esto se trata— con atávicos y esquilmadores intereses.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador de Bakeaz

La República, 29/07/08

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Vendedores de humo, de Carlos Taibo en Público

Posted in Política by reggio on 24 agosto, 2008

Público 20 Junio 2008

Es muy digno de elogio que, en el inicio de una nueva legislatura, el Gobierno español haya puesto énfasis singular en la política exterior y en los grandes problemas del planeta. Descorazonador resulta, sin embargo, que la sensibilidad que, en lo que hace a esos menesteres, parece abrazar en su quehacer cotidiano el ejecutivo que preside Rodríguez Zapatero poco más haya provocado que un puñado de respuestas que, siempre insuficientes, se antojan a menudo lamentables.

El compromiso de destinar a ayuda a los países pobres, por lo pronto, un 0,7% del producto interior bruto deja un sabor agridulce. Olvidaré ahora que las promesas al respecto han quedado siempre en agua de borrajas y esquivaré las numerosas cautelas que se derivan del mal uso, frecuente, de los recursos correspondientes y de su habitual supeditación a intereses inconfesables. Lo que se impone subrayar es que la saludabilísima dimensión del anuncio se ve contrarrestada por una realidad bien conocida: no consta que el Gobierno haya contestado en momento alguno lo que significan los programas de ajuste del Fondo Monetario, los criterios avalados por la Organización Mundial del Comercio o las prácticas, con frecuencia infumables, que despliegan en América Latina muchas empresas españolas. Todo esto es un baldón de credibilidad, claro, para cualquier política seria de ayuda a los desheredados del planeta.

No es más halagüeño, pese a las apariencias, el panorama que aporta otra decisión reciente del Gobierno: la de acrecentar los fondos destinados a permitir que los países pobres adquieran alimentos en un momento en el que, como es sabido, arrecia la amenaza de una hambruna global. No deseo ignorar que la medida arbitrada es afortunadamente distinta de la que han abrazado al cabo los gobernantes norteamericanos, quienes no han tenido a bien agregar un solo dólar a sus programas de ayuda alimentaria. Y, sin embargo, hay algo que chirría en la reacción española: en ésta no se aprecia designio alguno de cuestionar los privilegios de unas empresas transnacionales que, tras lucrarse con la subida de los precios de los alimentos, se aprestan ahora a pasar el cepillo una vez más para, con los recursos que dispensan en forma de ayudas extraordinarias los países del Norte, mejorar su cuenta de resultados. Parece que a los ojos de nuestros gobernantes no procede intervenir el mercado correspondiente y ello por mucho que en este caso salte a la vista que lo que está en juego son las vidas de millones de seres humanos. La medida que ahora me interesa –esa decisión de acrecentar los recursos destinados a ayuda alimentaria– parece un eco, por cierto, de la que, meses atrás, se tradujo en la concesión de 210 euros mensuales para facilitar el alquiler de viviendas en el caso de los jóvenes. Al lector avezado no se le escapará que tanto en un caso como en el otro lo que brilla por su ausencia es el propósito de hacer frente a la usura que impregna tantos comportamientos económicos.

¿Qué no decir, por lo demás, de lo que nuestros gobernantes nos cuentan en lo que respecta a la lucha contra el cambio climático? El cacareado compromiso de coger por los cuernos este toro se ve desmentido por el pésimo registro que España arrastra en lo que atañe al cumplimiento del protocolo de Kioto. Mientras somos muchos los que pensamos que este último no es sino un parche poco prometedor –otro tanto cabe decir del remiendo ultimado en Bali–, el presidente Rodríguez Zapatero se inclina por suprimir el Ministerio de Medio Ambiente y alberga sin rubor en Madrid, a finales de este mes, una cumbre de los gigantes del petróleo mientras repite machaconamente que el cambio climático es una estimulante oportunidad para muchas empresas españolas… Ningún dato invita a concluir, en suma, que entre quienes nos gobiernan, que por increíble que parezca porfían en reavivar el sector inmobiliario y en acometer faraónicas obras de infraestructuras, se barrunta alguna conciencia en lo que se refiere a la imperiosa necesidad de cuestionar las bondades del crecimiento económico y de postular un modelo que se asiente, sin dobleces y con orgullo, en reducciones significativas en los niveles de consumo.

Si todo lo anterior era poco, esta semana ha venido a regalarnos una lamentable sorpresa: el voto con que la mayoría de los eurodiputados socialistas españoles han obsequiado a lo que, con buen criterio, ha empezado a llamarse la directiva de la vergüenza. Por muchas explicaciones que al respecto puedan ofrecerse, lo cierto es que, al final, y una vez más, socialistas, liberales y conservadores parecen darse la mano en proyectos truculentamente represivos que retratan –me temo– el derrotero contemporáneo de una Unión Europea firmemente decidida, por lo demás, a criminalizar la inmigración ilegal y a arrinconar una tras otra conquistas sociales laboriosamente gestadas durante decenios.

Me permitiré agregar que no hay mejor resumen de todo lo anterior que el que ofrece la renovada apuesta del Gobierno en provecho de la Alianza de Civilizaciones. Aun cuando la propuesta tiene, cómo no, sus aristas respetables, la Alianza zapateriana se asienta en una artificial, y muy delicada, separación entre lo cultural y lo religioso, por un lado, y las relaciones económicas y militares, por el otro. No conviene engañarse al respecto: el principal problema que se hace valer en el Mediterráneo de hoy no es el que nace de la presunta existencia de dos civilizaciones, diferentes y enfrentadas, que coparían las riberas septentrional y meridional de ese mar. El problema mayor bebe del hecho de que la renta per  cápita en la primera de esas orillas es quince veces superior a la que se registra en la segunda. Hay que preguntarse, claro, qué es lo que la Alianza de Civilizaciones aporta como respuesta ante semejante disparidad, en un escenario en el que sólo los más ingenuos, o los más espabilados, piensan en serio que la filantropía de nuestros empresarios acabará por deshacer el entuerto.

Y es que –para que no se diga que no voy al grano– el Gobierno español de estas horas se nos presenta como un aventajado vendedor de humo de resultas de una razón precisa: retórica aparte, no hay de su lado voluntad alguna de cuestionar los cimientos de un mundo, el que padecemos, marcado indeleblemente por explotaciones, exclusiones y beneficios descarnados.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid

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La izquierda liberal y la democracia, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Historia, Política by reggio on 24 agosto, 2008

La memoria histórica se tiñe de negro cuando se construye un relato político entre izquierda y democracia. Los operadores del sistema se han esmerado en elaborar un discurso negando toda relación entre luchas democráticas, socialismo, comunismo y los principios teóricos que inspiran dichas propuestas, el marxismo y las tradiciones del humanismo cristiano.

Una manera espuria de salvar el escollo ha sido crear el concepto socialismo democrático. Un sinsentido. Para liarla aún más, se plantea la vacuidad social de la democracia. El argumento es mediocre. Dicho relato se correspondería con dos tipos de excrecencias de la modernidad emergentes en el siglo XX y cuyos efectos, plantean, han sido devastadores para el desarrollo de las libertades del individuo: el fascismo y el comunismo. En dichos sistemas políticos, anomalías superadas por la concepción del Estado social de derecho, se dirá con sorna, se constriñe el ejercicio de las libertades ciudadanas como parte de la negación del orden democrático. Sólo se salva el capitalismo al cual se adscribe el adjetivo democrático, por definición.

Sus defensores presentan la relación entre democracia, revolución burguesa y libertades individuales como un conjunto de pautas provenientes de la revolución inglesa, estadunidense y francesa. Un sincretismo del cual obtienen la esencia del régimen representativo parlamentario. Así, homologan las tres revoluciones en su vertiente reaccionaria a una dinámica democrática de la cual carecen en origen, salvo la francesa. En este sentido, nada queda del tercer Estado ni de los fundamentos emancipadores jacobinos. La derecha y los partidos políticos conservadores se han sacudido los derechos provenientes de una ciudadanía libertaria inspiradora, entre otras experiencias, de la revolución haitiana y anticolonialista de América Latina.

El orden napoleónico circunscribió el Estado y las constituciones liberales a la fórmula acartonada: igualdad, fraternidad y libertad. Tridente subsumido en la retórica del Estado de derecho bajo la republicana libertad de reunión, asociación y expresión. La evolución de dichos principios se han extendido y sumado nuevos derechos provenientes de las luchas sociales. Pero ninguno ha sido concedido por la generosidad de las clases dominantes. Por el contrario, son resultado de tensiones, desgarros y movilizaciones de las clases populares, del movimiento obrero, campesino y sindical. Su aplicación conlleva un sinnúmero de actos represivos ejercidos por el Estado y sus fuerzas de seguridad. Matanzas, exilios, cárcel, clandestinidad y muerte. En otras palabras, la democracia política no forma parte del capitalismo, aunque verbigracia, puede ser estudiada en sus entrañas. Sin embargo, para sus “intelectuales” es la expresión unívoca de su entramado interno. De esta manera se le mitifica estableciendo una relación directa entre el ejercicio del derecho de huelga, el descanso dominical, el seguro social, la educación gratuita y obligatoria y el capitalismo como si fueran sinónimos y hubiesen nacido al unísono. La falsa imagen de una gratuidad de los derechos como la salud, la educación o algunas subvenciones al transporte público y la vivienda solventan, en la actualidad, políticas regresivas y actitudes antidemocráticas. Los patrones parecen olvidar el pago de impuestos. De ellos se obtienen los fondos y la financiación para construir hospitales, escuelas, carreteras, viviendas sociales, pagar los salarios de los funcionarios públicos y en gran medida acrecentar las fortunas de los empresarios que se benefician de los préstamos del Estado para sus megaproyectos y sus intereses monopólicos. Nada es gratis en el capitalismo. Pero las mediaciones crean muros que impiden ver la realidad y bloquean el verdadero origen de la riqueza y las relaciones sociales capitalistas. Sin embargo, el discurso del poder cala el tuétano haciendo creíble la mentira de la gratuidad y del déficit público en los servicios sociales. Son muchos quienes creen las trolas, interiorizando sus mensajes. Hoy se lanzan otras patrañas. Los políticos de la derecha y la izquierda liberal buscan desposeer a los trabajadores de sus conquistas ganadas en el ardor de la lucha de clases. Así, derechos sindicales vigentes por generaciones, incluso siglos, son presentados a la opinión pública como privilegios pasados de moda. De esta manera se les puede esquilmar y arrebatar. Lo lamentable de esta falacia estriba en el apoyo que encuentra para su despliegue en una izquierda institucional nacida en los años 80 del siglo pasado como consecuencia de la caída del Muro de Berlín. Anclada en una repulsa al socialismo revolucionario, el marxismo y el comunismo se consideran agentes modernizadores de un capitalismo renovado. Una tercera, cuarta o quinta vía. Lo mejor de Keynes y Hayek. Izquierda que entona un mea culpa, volviéndose ferviente divulgadora de la ideología de la globalización. De tal guisa asume intrínsecamente los valores del liberalismo. Se mimetiza con los empresarios y adhiere al proyecto de privatizaciones en medio de un capitalismo salvaje, si alguna vez fue civilizado.

Se trata de la bitácora del converso. Abjura del valor democrático del socialismo y el comunismo. Señala el carácter irresponsable e indolente de los trabajadores aduciendo la necesidad del látigo en la mano como un arma disciplinaria. Quiere redimirse, nadar en las leyes de la oferta y la demanda, flexibilizar el mercado de trabajo. En definitiva declamar que ha vivido en el error. Reniega del anticapitalismo por ser contrario al proyecto democrático. Defiende el retorno a las 60 horas, la semiesclavitud y la eliminación de las garantías sindicales y laborales. Bajo esta dinámica, confunde la igualdad con las ofertas de trabajo en el mercado. Considera de justicia ser explotado en una fábrica, en una maquila, una empresa trasnacional y morir lentamente con un sueldo de miseria en medio de la orgía de la desigualdad. Transforma la fraternidad en una cuestión de confianza de los subordinados a la razón de Estado y la llama eufemísticamente “cohesión social”, concepto cuyo significado busca garantizar la competitividad del estilo trasnacional de desarrollo en medio de un “sálvese quien pueda, pero yo el primero”. Ni la propia derecha pensó tener un aliado tan sumiso. Se vendieron por unos escaños, perdieron la dignidad y su propia conciencia.