Reggio’s Weblog

En manos de Newton, de David Torres en El Mundo

Posted in General, Sociedad by reggio on 21 agosto, 2008

ZOOM

Oí una vez a un piloto que, a punto de jubilarse, aún se maravillaba del milagro tecnológico que supone la sustentación de una aeronave sobre las olas del viento. Hablaba no como un comandante experto, sino como un hombre primitivo ante el primer hechizo del fuego. Para mí y para la inmensa mayoría de pasajeros, volar siempre seguirá siendo un corte de mangas a la sacrosanta ley de la gravedad, un prodigio nunca explicado del todo, ni por la velocidad ni por el diseño ni por el misterioso efecto Venturi.

Por estrictas razones de trabajo (cobertura de la campaña electoral más dos libros publicados) este año me ha tocado volar más veces que nunca. Curiosamente, yo, que soy un miedoso natural y un hipocondríaco acérrimo, nunca he tenido miedo a volar como tampoco le tengo pánico al dentista. Quizá me baste una confianza a ciegas en la tecnología o un vistazo a las estadísticas, pero está claro que el avión sigue siendo el medio de transporte más seguro que existe.

Sin embargo, nunca puedo evitar un ramalazo de inquietud a medida que el aparato se desliza por la pista, un pellizco de desconfianza seguido por un suspiro de alivio apenas las ruedas despegan del suelo. No soy el único: cuando miro a mi alrededor en esos momentos, suelo descubrir actitudes, maniobras y ceremonias destinadas a cercenar los nervios. Maniobras generalmente muy poco científicas. Hay quien reza en voz baja, hay quien charla en voz más alta de la habitual, hay quien cuenta chistes, hay quien se santigua, hay quien se agarra a los asientos. También hay quien sigue durmiendo a pierna suelta, pero el momento en que las alas se elevan certifica ese instante milagroso y terrible en que perdemos el contacto con nuestra tierra natal. En ese momento estamos, como dijo aquel astronauta a bordo del Apolo XIII, en manos de sir Isaac Newton.

Es verdad, hay muchas más probabilidades de matarse conduciendo un coche o cruzando un semáforo, pero las ruedas (nuestro atajo más seguro hacia la muerte) las conocemos desde la prehistoria, mientras que las alas las inventamos ayer, como quien dice. Sabemos, en lo más profundo de nuestro cerebro reptiliano, que volar es para pájaros. Podemos echarle un pulso a la gravedad y alquilarles a los ángeles sus alas, pero sólo por un rato. Ese breve lapso en que cruzamos un océano para pulverizar la geografía y demostrarnos que el mundo es un pañuelo.

Hasta que ocurre algo como lo de ayer en Barajas y entonces nuestra confianza en la tecnología se evapora mientras todas las estadísticas se diluyen en el espanto. Tal vez nos habíamos acostumbrado demasiado a los milagros, a ese largo cuarto de siglo en que Barajas estuvo limpio de accidentes aéreos. Lo dice la teoría del caos: un sistema, por el mero hecho de existir, tiene que fallar.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: