Reggio’s Weblog

Un sueño estival, Asturias y su autismo político, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 21 agosto, 2008

El ojo del tigre

Cuentan los sabios guías doctrinales de la sociedad autonómica asturiana que las deficientes vías de comunicación impiden que Asturias culmine felizmente su proceso de desarrollo económico y social. Aseguran que sería suficiente con que la señora ministra de Fomento dejase de tartamudear cada vez que inicia conversaciones sobre logística regional con los representantes del Gobierno del Principado, para que ese obstáculo desapareciera ipso facto y Asturias desplegase su estrategia de bienestar hasta el último rincón de esta endiablada orografía que arruga al Paraíso Natural. Pero yo no lo creo. Sospecho que tiene que haber otras causas más creíbles –pero silenciadas maliciosamente- para explicar convincentemente la actual depresión regional.

La excusa de las comunicaciones deficientes se empezó a utilizar en la década de los años 60 (siglo XX); precisamente, cuando a propósito de una campaña iniciada en solitario por este periódico, que, entonces, parecía otro aunque con la misma cabecera, para que en torno a ENSIDESA se creara una tupida red de pequeñas y medianas empresas dedicadas a la transformación de los productos básicos que elaboraba la enorme siderúrgica. Un alto ejecutivo de la entonces empresa nacional argumentó que mientras Asturias no tuviera unas comunicaciones modernas era imposible acometer el desarrollo integral de aquel enorme paquidermo del INI.

En la actualidad, nadie puede negar que la red de comunicaciones viales en la región experimentó un enorme cambio. De aquellas antiguas carreteras, cuya mayoría eran reliquias del histórico Circuito Nacional de Firmes Especiales, perteneciente a la época del general Primo de Rivera, nos habían trasladado al milagro de las autopistas y las autovías por las que hoy circulan los automóviles que nos agobian… Pero sólo es un milagro para uso doméstico. La red viaria asturiana es un escalectrix para jugar en casa, no para salir al exterior. Quizás para evitar que los súbditos del Principado pierdan el hábito de consolarse y autocomplacerse en sus soledades contemplándose su propio ombligo. Como hacían en ENSIDESA hace casi cincuenta años.

Sin embargo, ahora surgen voces nuevas que exigen algo más que jugar a los coches en casa: quieren tener un AVE, esa moderna utopía que sirve para viajar muy deprisa para llegar muy pronto a donde sea. A propósito de la mejora del viejo trazado del ferrocarril por el Pajares (una tardía mejora mecánica…), desde Pola de Lena hasta Gijón, todos quieren tener preparada una estación preparada con andenes para subirse al AVE. Me pregunto para qué: para llegar en un suspiro desde Mieres a Oviedo. Y desde Oviedo a Gijón. Incluso desde la Junta General del Principado hasta Madrid. ¿Para que sirve, hoy, ir a Madrid; como hacían en los tiempos de aquel general los alcaldes y jefes locales del Movimiento, si el centro neurálgico de las decisiones políticas, económicas, sociales, etc., etc., está situado más allá de París: en Bruselas y en Estrasburgo…? O sea, en Europa.

Esto quiere decir que el verdadero problema que tiene Asturias con sus comunicaciones hacia el infinito no tiene su origen en el tartamudeo que la señora ministra de Fomento utiliza para mantener sus conversaciones orgánicas con los representantes del Gobierno del Principado; principalmente, cuando se plantea la necesidad de establecer calendarios para trabajos de obras públicas y de señalar cuantías económicas para costear la reforma de las comunicaciones en esta región. El problema más gordo –por lo tanto, el más complejo y el más difícil de resolver- es el poco peso político que tiene Asturias en el conjunto nacional de las autonomías, que tutela el Gobierno desde el monasterio de La Moncloa.

El problema más grave es la deficiente comunicación que existe, en términos de entendimientos jerárquicos equivalentes, entre quienes deben descubrir las necesidades reales, que el poder político autonómico debe resolver, y lo que en Madrid se les permite que les exijan los representantes de este minúsculo país de apenas un millón de habitantes… Esta es la historia pura y dura de las reales deficiencias intercomunicativas que padece Asturias, desde el momento en que don Pelayo dejó solos a los asturianos.

Como comunidad autonómica, este antiguo reino septentrional está a punto de hundirse en un autismo político difícilmente curable. Como primera consecuencia, nuestra innata capacidad para recrearnos con nuestro histórico ensimismamiento patológico, corre el riesgo de agravarse. Mientras esto empieza a ocurrir, la diligente clase política asturiana –la que manda, la que se opone y la que ni manda ni sabe oponerse- se entusiasma enzarzándose en unas lamentables y penosas reyertas públicas (municipalistas, partidistas, localistas, personalistas y saineteras) que sólo sirven para hundir en la miseria al presente político y recortar las esperanzas puestas en alcanzar –un día, y no virtualmente- un futuro que sea razonablemente democrático, lógicamente pluralista y sensatamente estable.

-¿Cuando lo soñaste…?

Lorenzo Cordero. Periodista.

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