Reggio’s Weblog

¿Aislar a Rusia? Keynes y Monnet, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 21 agosto, 2008

El breve pero sangriento episodio de la guerra en Georgia ha puesto de relieve, una vez más, la tendencia occidental de cercar y aislar a Rusia, tratándola todavía como un peligroso enemigo, como si no hubiera cambiado desde la época de la guerra fría.

Precisamente mañana se cumplirán cuarenta años de la ocupación de Checoslovaquia, una invasión militar que acabó con el intento de socialismo democrático que encabezó Dubcek. Aquel día muchos europeos de izquierdas perdieron definitivamente la poca fe que les quedaba en una posible evolución democrática de la URSS. Pero el régimen de Brezhnev nada tiene que ver – ni por ámbito geográfico, ni por sistema económico, ni por instituciones políticas- con la actual Rusia de Putin y Medvedev. Por el contrario, son realidades muy distintas y el comportamiento de las instituciones occidentales (los estados, la UE y la OTAN) deben también ser distintos para adecuarse a estas nuevas realidades.

Sin embargo, no todos opinan lo mismo. Un comentarista tan moderado como el ex director de Le Monde Jean-Marie Colombani ha escrito estos días que la acción rusa en Georgia “confirma los peores temores que podíamos tener sobre la Rusia de Putin”, la cual “vuelve a ser una amenaza para Europa”.

No se trata de frases exageradas sino inciertas. No hay peligros ni amenazas para Europa, más bien al contrario. En los últimos años, es el comportamiento del bloque político y militar occidental el que está provocando en los rusos sospechas, recelos y miedo. Aislar a Rusia, excluirla del grupo de grandes potencias, asediarla militarmente y ahogarla económicamente, son algunas de las muy visibles tentaciones occidentales. Ello supondría, desde mi punto de vista, un grave error de imprevisibles consecuencias. Por el contrario, la tarea que debe llevarse a cabo es justamente la contraria: incorporar a Rusia al bloque occidental, dejar que forme parte de nuestras instituciones de cooperación internacional. No se trata del enemigo que batir sino del amigo que integrar.

Hay que aprender de la historia. Dos experiencias del siglo XX me llevan a justificar la necesidad de integrar a Rusia. La primera nos la suministró el economista inglés John Maynard Keynes. Keynes formaba parte del equipo técnico británico negociador del tratado de Versalles que puso fin a la guerra europea. Al prever que dicho tratado conduciría a una nueva catástrofe, Keynes dimitió de su puesto y escribió su libro Las consecuencias económicas de la paz.En él sostuvo que el tratado imponía unas condiciones excesivamente duras a Alemania que impedirían su prosperidad económica y reforzarían las tradicionales tendencias nacionalistas y militaristas. Inevitablemente, antes de veinte años, se producirá una nueva conflagración mundial, sostuvo proféticamente Keynes al intuir ya la llegada de Hitler y el nazismo. Aprendida la lección, en 1945 el comportamiento de los vencedores fue muy distinto: el plan Marshall ayudó a la reconstrucción económica de Europa, también de Alemania.

Y ahí enlazamos con el otro ejemplo histórico, también con nombre propio: los inicios de la unidad europea y el francés Jean Monnet. Los proyectos de unión europea eran antiguos. Sin remontarnos a otros más lejanos, ya la propuso Victor Hugo. Pero la unidad europea se solía fundar en la identidad cultural común y en el proyecto de crear un Estado federal europeo. Las dificultades, sin embargo, eran múltiples, especialmente las derivadas de las ambiciones soberanas de los estados nacionales. Monnet fue el gran artífice de una idea distinta que, a la postre, resultaría la única realista. Monnet dedujo de la historia que las guerras en Europa tuvieron como causa fundamental la oposición entre Alemania y Francia. Sin embargo, advirtió Monnet, entre estos dos grandes países había, como mínimo, un interés económico común, la creación de una gran industria siderúrgica, cuyos componentes esenciales eran el hierro y el carbón. Precisamente, Alemania era rica en minas de hierro y Francia en yacimientos de carbón. ¿Por qué no asociarlas para que cooperaran entre sí? De ahí surgió en 1950 el tratado de la CECA -la Comunidad Europea del Carbón y del Acero-, preludio del tratado de Roma de 1957 que creó la Comunidad Económica Europea e inició el Mercado Común. Nunca más, ni por asomo, hubo riesgo de guerra entre los estados europeos occidentales. Por el contrario, la cooperación económica, además de paz, produjo también libertad, democracia y bienestar.

Estas experiencias históricas deberían ser tenidas en cuenta para las actuales relaciones entre Europa y Rusia. Esta ya no es la URSS sino un régimen con instituciones democráticas todavía débiles y una imperfecta economía de mercado: Europa debe contribuir a consolidarlas. El aislamiento y el bloqueo sólo pueden conducir a la involución, a fortalecer las fuerzas nacionalistas y militaristas. Rusia tiene petróleo y gas, Europa carece de estas fuentes energéticas pero le sobra capacidad industrial. Las posibilidades y beneficios de una política de cooperación mutua son evidentes.

Aprendamos de Keynes y de Monnet, dos inteligencias pragmáticas.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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Una bomba de relojería, de Lluís Foix en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 21 agosto, 2008

La estabilidad en Pakistán es vital para los intereses occidentales. El presidente Pervez Musharraf no tenía otra opción que dimitir porque se hizo reelegir por el Parlamento que estaba en trance de ser renovado por las elecciones, porque el Gobierno está en manos del viudo de la asesinada Benazir Bhutto, Asif Zardari, y el primer ministro Nawaz Sharif, que fue depuesto por el presidente Musharraf en el golpe incruento perpetrado en 1999.

Un cambio de gobierno en Pakistán tiene una importancia relativa para el mundo. Lo que cuenta es cómo el nuevo presidente y el Gobierno de coalición salido de las urnas van a administrar sus relaciones con los islamistas militantes que tienen relaciones de complicidad con los talibanes de Afganistán. Los radicales islámicos pretenden implantar un régimen fundamentalista en un país que dispone de la bomba atómica.

Se da la paradoja de que Pakistán es un sólido aliado de EE. UU. en la región. Lo fue en tiempos de Ronald Reagan cuando se trataba de derrotar a los soviéticos que invadieron Afganistán en 1979. Fue en las montañas de la frontera entre Pakistán y Afganistán donde se libró el episodio decisivo que puso fin a la guerra fría que se materializó con la caída del muro de Berlín en 1989.

En aquellas guerras de las montañas que se comunican por el célebre Kyber Pass, los norteamericanos reclutaron a guerrilleros de las más diversas procedencias. Osama bin Laden fue uno de esos agentes que contribuyeron a derrotar a los soviéticos y, años más tarde, aparecería como el cerebro principal de los atentados del 11 de septiembre del 2001 que han condicionado la política del mundo en este principio de milenio.

Pakistán es una bomba de relojería para la seguridad global. Su alianza con Estados Unidos es muy cuestionada en el interior del país con acusaciones de aprovechar la generosa ayuda económica y militar de Washington para engrasar la corrupción que se practicó y toleró en los últimos años.

Es frecuente que a las grandes potencias les interesen más aliados seguros que aliados democráticos. Lord Palmerston fue primer ministro británico y se le atribuye la frase pronunciada en 1848 que decía que “Inglaterra no tiene amigos eternos. Inglaterra tampoco tiene enemigos perpetuos. Inglaterra sólo tiene intereses eternos y perpetuos”.

Se puede entender que por razones geoestratégicas EE. UU. y Europa se apoyen en regímenes inestables y despóticos como ha sido el caso de la Persia del sha, la Arabia Saudí de la familia de los Saud, los militares de Pakistán o el régimen autoritario del presidente Mubarak en Egipto. El problema se plantea cuando esos autócratas son despreciados por sus propios ciudadanos. El próximo presidente norteamericano seguirá teniendo el mismo problema. Lo tendremos todos.

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La Constitución olvidada, de Santiago Muñoz Machado en El País

Posted in General by reggio on 21 agosto, 2008

Ha pasado el mes de julio sin el menor recuerdo público a que hace 200 años se promulgó la Constitución de Bayona. Parece generalizada la opinión de que tal aniversario no merece celebraciones de ninguna clase. A la postre, como siempre se ha dicho, aquélla fue una Constitución afrancesada o, más exactamente, impuesta desde el extranjero, efímera y no influyente en el constitucionalismo sucesivo. Las exposiciones y festejos organizados para recordar los episodios nacionales de 1808 o se han olvidado de la Constitución promulgada el 6 de julio de aquel año, o se limitan a mencionarla como una anécdota sin mérito ni trascendencia. Las celebraciones se han concentrado en ensalzar el patriotismo de los españoles, sobre todo de los madrileños, al levantarse contra los franceses. Las reformas que Napoleón o José I intentaron aplicar a las petrificadas e ineficientes instituciones del Antiguo Régimen, apenas si han merecido una mínima consideración. A nadie inquieta inventar la idea de que, en verdad, Bayona nunca existió.

Reflexiono sobre ello en Harvard, donde paso las últimas semanas del curso, y envidio, al pensar sobre nuestra historia constitucional, el trato intelectual que han dado los norteamericanos a la suya. Es abrumadora la bibliografía que puede consultarse en la Widener o en la biblioteca de la Law School, pero también la que está hoy mismo puesta a la venta en The Coop, a diez pasos del Yard universitario. Podrá decirse que ellos son muchos más que nosotros y que, además, nunca hicieron nada más que una Constitución, pero tampoco es menos cierto que hasta que el profesor Artola ha decidido editar, en una colección de nueve volúmenes (Iustel, Madrid, 2008), la historia de nuestras propias Constituciones, no teníamos ninguna manera fácil de consultar los documentos parlamentarios, conocer las crónicas periodísticas, estudiar los debates y las tensiones políticas y sociales que cada uno de nuestros textos constitucionales produjo en su época. Empieza por Bayona, por cierto, dicha colección.

Reconocer su posición en la historia a la Constitución de Bayona no implica desplazar la Constitución de 1812, a la que siempre corresponderá el mérito de haber sido la primera norma suprema elaborada en España por los representantes del pueblo soberano. De modo que puede seguir adelante el afinado de las fanfarrias que van a usarse dentro de pocos años para recordarlo. Pero quitemos, al tiempo, a la de 1808 los estigmas y la parte injusta de su mala fama, y subrayemos que tuvo algunos efectos sobre el constitucionalismo ulterior. Señalaré tres que me parecen destacables.El primero de ellos es que movilizó el sentimiento constitucionalista, la apetencia y la necesidad de contar con un texto constitucional, como ya se había establecido en Francia y Estados Unidos. Desde que Napoleón tomó las riendas del Gobierno de España, expresó su deseo de introducir reformas administrativas para modernizar las instituciones. Pero, como revela su correspondencia con Murat, no tenía intención de promulgar una Constitución. Su formulación tuvo mucho que ver con el empeño de algunos ilustrados reformistas que apoyaban la renovación institucional que podía ejecutarse de la mano de los franceses. En la España de 1808 hubo quienes entendieron que la mejor forma de ser patriota era defender las reformas institucionales que el país tanto necesitaba. De modo que en el bando de los afrancesados, por esta razón, pueden encontrarse patriotas tan respetables y convencidos como los que militaron en el campo de los rebeldes. También, naturalmente, hubo entre ellos traidores sin paliativos, entregados a su propia conveniencia personal y a la del invasor. Pero no es posible extender esta descalificación a todos. La Constitución que Napoleón aceptó finalmente redactar para España no habría de ser objeto de elaboración unilateral por el Corso, como las Cartas otorgadas de Holanda, Nápoles y Westfalia, sino hecha con la participación de los españoles. A este respecto, el 19 de mayo de 1808 se convocó una Asamblea en Bayona. La componían 150 vocales designados por estamentos e instituciones tradicionales. El 15 de junio se constituyó en Bayona esta Asamblea de Notables. Contribuyó a la fijación del texto final, revisando las propuestas napoleónicas, por más que haya que dar la razón a Argüelles cuando subrayó que aquellos compromisarios no tenían poder para modificar nada sustancial y que las reformas de la versión inicial propuesta por Napoleón no podían “compensar la pérdida de la independencia nacional, que era el precio al que se las vendía aquel usurpador”.

La agitación política y social que generó el proceso de elección de los notables, la participación en la Asamblea o la oposición a hacerlo, las críticas y los debates, ayudaron a despertar en España el espíritu constituyente que se alargaría hasta Cádiz.

La segunda aportación de Bayona está íntimamente ligada a la anterior y consistió, justamente, en la generación de un movimiento constitucional alternativo. Frente a una Constitución afrancesada e impuesta por Napoleón, los patriotas españoles, en guerra con los franceses, pensaron en la Constitución propiamente española, elaborada a partir de la decisión soberana del pueblo. El proceso constituyente gaditano empezó siendo, en un país en guerra, el germen de la contra-Constitución, la elaboración de una norma nacional hecha al margen de toda imposición extranjera. De la situación de guerra con los franceses no tenía por qué florecer Constitución alguna, y Fernando, el monarca legítimo, a quien defendían los patriotas con su sangre, vergonzosamente sometido al Emperador y fiel al absolutismo de estricta observancia, tampoco tenía la intención de impulsar ningún proceso constituyente.

La tercera experiencia que estimuló Bayona fue la idea de Constitución histórica. La norma suprema, según esta concepción, tiene la misión de pulir y reformar el Estado, organizar el poder y garantizar los derechos de los individuos, pero sobre la base de las instituciones históricas porque, según creían los mayores intelectuales y políticos de la época, con Jovellanos a la cabeza, la mejor Constitución posible es la que recuperara las tradiciones españolas, difuminadas por el ejercicio abusivo del poder monárquico y los privilegios estamentales.

La idea de Constitución histórica estuvo presente en la Asamblea de Bayona. Una de las pretensiones constantes de sus más destacados miembros fue la de que el texto napoleónico se atuviera a la tradición española y respaldara sus instituciones históricas. Esta apelación a la Constitución histórica sería luego muy usada en los debates de la Constitución de Cádiz y quedó reflejada con magnífico lenguaje en su Discurso Preliminar. “Nada ofrece la Constitución en proyecto que no se halle consignado del modo más auténtico y solemne en los diferentes cuerpos de la legislación española…”.

Poco más puede decirse de la Constitución de Bayona. Pero basta con que le sea reconocida la influencia a que aludo. Ni siquiera llegó a ponerse en vigor por completo. Pero así de débil y deficiente fue la primera Constitución para España. No puede negarse su naturaleza constitucional por su debilitada eficacia; muchos de los textos constitucionales del siglo XIX incurrieron en el mismo problema. Tampoco puede excluirse de la Historia por su naturaleza de Carta otorgada. A ningún historiador o constitucionalista francés se le ha ocurrido hacerlo respecto de sus Cartas de 1814 y 1830.

Fue efímera y poco ejemplar, pero con la Constitución de Bayona empieza la historia constitucional de España.

Santiago Muñoz Machado es catedrático de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

No pasarán, de Prudencio García en El País

Posted in General by reggio on 21 agosto, 2008

Hoy me apodero de Rusia; ¿qué ropa me pongo?”, preguntó la futura Catalina la Grande a su doncella horas antes de asestar el audaz golpe palaciego que le permitió acaparar todo el poder imperial. Seguro que el teniente coronel Antonio Tejero lo tuvo más claro a la hora de elegir su indumentaria para su propio golpe de 1981. En cualquier caso, es evidente que quien va a salvar una patria o adjudicarse un imperio no puede vestirse de cualquier forma. Son ocasiones históricas de gran trascendencia, cuya excepcionalidad exige una cierta prestancia formal.

Sin embargo, este detalle fue groseramente ignorado por los oficiales y guardiamarinas del buque escuela Esmeralda de la Armada de Chile en otra ocasión histórica: el golpe pinochetista del 11 de septiembre de 1973. Su forma de salvar a la patria en aquella destacada ocasión consistió en enfundarse las ásperas prendas de faena y dedicarse a golpear, vejar y torturar desde aquel mismo día, a bordo del buque, atracado en el área militar del puerto de Valparaíso, a numerosos detenidos acusados de algún tipo de militancia favorable al Gobierno socialista que aquella misma mañana acababa de ser sangrientamente derrocado.

Entre las víctimas llevadas al buque en aquellas primeras horas se hallaban el alcalde de la misma ciudad de Valparaíso, Sergio Vuskovitz, y el letrado del Ministerio de Interior Luis Vega. El trato recibido por las mujeres fue particularmente infame. La entonces universitaria María Eliana Comené resultó contagiada de gonorrea tras las repetidas violaciones que allí sufrió. Días después era también arrestado y conducido al buque el sacerdote anglochileno Miguel Woodward, que resultaría muerto como consecuencia de las torturas allí recibidas.

Instituciones tan dispares como Amnistía Internacional y el Senado de EE UU, además de las dos comisiones investigadoras oficiales (Rettig y Valech), denunciaron en su día los criminales excesos cometidos a bordo del buque.

Los recluidos en la nave el mismo día del golpe atestiguan que, al llegar al buque, fueron obligados a pasar entre una doble fila de guardiamarinas en ropa de faena, que les golpeaban brutalmente y les sometían a toda clase de atropellos físicos y psíquicos.

Atención al detalle: en ropa de faena. Qué zafiedad. Qué ignorancia del decoro estamental y de las exigencias formales de un honorable golpe de Estado que se precie. Craso error histórico y social. Se empieza vistiendo de forma informal y se acaba torturando curas, violando mujeres, asesinando demócratas y causando horror incluso a ese mismo mundo occidental al que supuestamente se pretende salvar. La Historia nunca perdona este tipo de deslices.

Prescindiendo ya de toda jocosa ironía sobre las indumentarias adecuadas para las grandes acciones patrióticas, y refiriéndonos únicamente al núcleo de la cuestión, entremos en el área, mucho más seria, de los comportamientos institucionales.

Los oficiales y alumnos guardiamarinas que hoy viajan a bordo del Esmeralda en su gira de instrucción anual número 53 no son, obviamente, las mismas personas que incurrieron en tales aberraciones tantos años atrás.

Pero la institución sí es la misma. La misma que durante tres décadas ha negado lo sucedido y ha entorpecido toda investigación. La misma institución -la Armada de Chile- cuya presión corporativa, a lo largo de tanto tiempo, ha impedido el juicio y castigo de los que sí cometieron aquellos crímenes. Se trata del mismo estamento que se ha escandalizado hace unos meses, al ver finalmente procesados por la insobornable jueza Eliana Quezada a los cuatro altos jefes (hoy almirantes retirados) que ejercieron el mando en aquellos puestos operativos desde los que se ordenaron las acciones perpetradas en la zona marítima de Valparaíso, en aquellas jornadas luctuosas de septiembre de 1973.

No resulta extraño que las visitas del buque a puertos como Río de Janeiro, Buenos Aires, Tokio, Sidney, Wellington y tantos otros hayan ido acompañadas, en distintos años, de diversos tipos de protestas, sin olvidar la suspensión de las visitas a Estocolmo, El Ferrol, Las Palmas y otros puertos europeos en 2003. Tales protestas se siguen produciendo en nuestros días. Este mismo verano, al visitar Cádiz (en cuyos astilleros la nave fue fabricada), su llegada fue deliberadamente precedida por la proyección, por Amnistía Internacional, del documental El lado oscuro de la Dama Blanca, del cineasta chileno Patricio Henríquez, reportaje que recordó a la población gaditana el historial, no precisamente inmaculado, del hermoso navío visitante.

Este 22 de julio, el Esmeralda llegaba al puerto griego de El Pireo. En el muelle le aguardaba una manifestación, encabezada por conocidos miembros del Parlamento heleno, que protestaban por la visita. A bordo del buque, la embajadora de Chile en Atenas, en su alocución oficial de saludo a los oficiales y alumnos, subrayaba el siniestro significado de la dictadura pinochetista. Ella tiene sobrada autoridad y conocimiento para proclamarlo, pues tal embajadora se llama Sofía Prats, hija del general Carlos Prats, el jefe del Ejército chileno que precedió a Pinochet, y que fue asesinado por orden del dictador.

Y en la visita del buque al puerto de Split, Croacia, también fue recibido con manifestaciones hostiles, cuyas pancartas decían: “Pinochet y Esmeralda no pasarán”.

Prudencio García es investigador y consultor internacional del Instituto Ciencia y Sociedad.

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Una carroza a Schönbrunn, de Francisco Sosa Wagner en El Mundo

Posted in General by reggio on 21 agosto, 2008

TRIBUNA LIBRE

El autor realiza un recorrido veraniego por Centroeuropa y reflexiona sobre la tradición de los balnearios, el encanto de Berlín y el matrimonio entre modernidad e historia en Viena

Ahora está de moda citar a Montaigne y sus Ensayos, lo que se conoce menos es el Diario de un viaje que hizo desde Francia a Italia por Suiza y Alemania a la búsqueda de balnearios para remediar sus males en sus buenas aguas. Un librito precioso que yo leí en una edición alemana -aunque creo que existe una traducción española- y que es el que me ha aficionado a los balnearios en mis viajes por el centro de Europa. Este año he dado con dos pueblecitos, uno en la Selva Negra, Bad Wildbad, donde se celebra un Festival dedicado a Rossini por el hecho de que el compositor buscó en aquel lugar recuperar una salud que ya le resultaba demasiado burlona. Y otro en las cercanías de Fráncfort, Bad Homburg, donde vivió algún tiempo Dostoievski aunque nunca se supo si llegó allí a repostar o a gastarse en el casino el dinero que no tenía. Eran tiempos en que los balnearios eran lugares amenos, enclaves aparejados para reparar averías corporales y practicar el dulce deporte de la charla, charlas azuladas por una atmósfera pura o para leer esa novela tanto tiempo preterida. O para enamorarse de forma imprudente, como hizo Goethe cuando había pasado los 80 años y se encontró con una muchacha de 17. O para tramar asesinatos literarios como los de Simenon, que sacó buen partido a algunas ciudades balnearias a las que mandó a Maigret para quitarle de copas a deshoras y, de paso, para desenredar algún lío.

Ha tenido muchas resonancias artísticas el balneario como armonía de soledades, porque el balneario ha llevado siempre dentro de sí un caudal rumoroso de silencios.

Y ha sido además punto de encuentro de artríticos inofensivos y de enfermos imaginarios en busca de la sedación calmosa y vivificadora. Esto de los artríticos es cosa bien seria, y por eso uno de los pocos poemas que escribió Pío Baroja -médico, por cierto, de un balneario- está dedicado a ellos y en él termina proclamando la gran verdad: «que somos -los artríticos- productos natos de selección, que vamos por la vida con distinción». Grandes próceres, los artríticos.

Ocurre sin embargo que los balnearios actuales han incorporado técnicas que los convierten en lugares de exploración muy complejos. En primer lugar, en la mayoría de ellos apenas se toman las aguas, porque saben a diablos y porque en la parafarmacia venden todos los oligoelementos en una pastilla efervescente con sabor a mango. En segundo lugar, porque se han impuesto los masajes que, además, han derivado en modalidades barrocas: el digitomasaje y la estimulación muscular que, si bien suena a lujurioso tejemaneje, es un casto utensilio lleno de traviesos electrodos que endurecen el abdomen, los glúteos y hasta los muslos, sedes libidinis, en el decir de los clásicos.

Si se quiere más, se puede echar mano del masaje shiatsu y por siete u ocho euros se compra una bola con púas redondeadas que sirve para practicar la reflexoterapia de manos y de cervicales. Los más vehementes disponen de un rodillo de masaje manual que es definitivo para la relajación de ese guerrero urbano en que todos nos hemos convertido. O se puede recurrir a la talasoterapia podal, al jacuzzi portátil, a la chocoterapia, a la vinoterapia…

Un lío que no ha hecho sino oscurecer la benéfica tradición de los balnearios, aunque sigan siendo recomendables pese a todo este esfuerzo ofuscador, sobre todo si tienen el detalle de organizar para las soirées conciertos y representaciones de ópera con la delicada oferta, en los intermedios, de frágiles canapés y copas glamurosas de champán.

Cerca de Bad Homburg está Fráncfort. Una ciudad algo chabacana si se tiene en cuenta que es la capital financiera de Europa. Con todo, la vista desde uno de los puentes del río Meno de la silueta que forman los grandes rascacielos es magnífica: en primera fila están las casas tradicionales de la burguesía y, detrás, las torres del Deutsche Bank, del Commerzbank, del Banco Central europeo, etc., ejerciendo un evidente papel de guardaespaldas de vidas y conciencias claramente arrebatado al que antes correspondió a la catedral. Las salchichas son abominables, pero esta es una circunstancia adversa que los ciudadanos sobrellevan allí con envidiable dignidad.

Para viajar a Berlín desde Fráncfort hay que hacerlo en tren, pues permite observar las modulaciones del paisaje a medida que se avanza hacia el norte. Aunque la frontera no exista, aún se advierte con nitidez la entrada en el territorio de lo que fue la República Democrática, que dejó una estupenda herencia de miseria y de ultrajes al paisaje que, la verdad, no se merecía porque compone una sinfonía amable de colores azulados, verdosos y ocres, algo diluidos pero decorosos. La nueva estación central de Berlín es un prodigio y responde a la tradición alemana de grandes estaciones de ferrocarriles, como ocurre con la de Leipzig, una ciudad que está puesta ahí para dar sentido a su estación que, en otro caso, hubiera quedado en una situación ridícula, un poco como la del novio que espera infructuosamente a la novia. Este año el acontecimiento principal era la visita de Obama y su discurso ante la columna de la Victoria. Muy insípido el guiso que le salió al candidato, que además, según supe después por la prensa de Berlín, lo leía con la ayuda de esos artilugios técnicos que ahora permiten que uno se las eche de orador cuando no pasa de lector de ocurrencias ajenas. Había un gran ambiente de fiesta, supongo que el mismo que se hubiera creado si el podio lo hubiera ocupado el Papa o el ganador del Tour. Terminaba la temporada pero hubo tiempo para asistir a un Teseo de Händel, que aunó una filigrana de voces, especialmente las de contratenor, para una puesta en escena osada que un catedrático de la Freie Universität trató de justificar en una conferencia que dictó como aperitivo de la representación.

Berlín fue una ciudad, como escribió Ignacio Sotelo, «ocupada, escindida, amurallada, subvencionada y plagada de solitarios». Hoy, destruida su infamante muralla, es un festival de gentes que se acompañan las unas a las otras y que disfrutan del verano en sus calles y en sus lagos unidos entre sí por atrevidos canales. Y es una ciudad donde se ha puesto freno a la invasión de los coches, por lo que el tráfico es contenido y humano. La famosa avenida Unter den Linden, arteria central de Berlín, se puede atravesar sin riesgo para el propio esqueleto prácticamente sin mirar los semáforos. Ello se debe a una política que ha apostado por los servicios públicos y por evitar los aparcamientos subterráneos en los centros de las ciudades, tan rentables como destructores. Hasta que esta idea tan simple no se les meta en la cabeza a nuestros gobernantes municipales y autonómicos, el ruido y la contaminación seguirán siendo los verdaderos propietarios de los espacios urbanos. ¿Cuándo nos enteraremos de que el metro y el tranvía son la libertad? El coche debe quedar para personas con dificultades: ministros y señoras embarazadas.

Para llegar a Viena se impuso una parada en Praga con cuya belleza y magnificencia no han podido ni los comunistas ni los nacionalistas checos ni los turistas. Y ya es constancia y burlona firmeza saber resistir tan temibles enemigos.

Y al final, Viena, que ha metido el gran bisturí de la modernidad en el decorado del Imperio, por todas partes omnipresente. Los austriacos, al término de la Primera Guerra Mundial, tendrían que haber proclamado una nueva modalidad de república, la república imperial, con un presidente y un emperador repartiéndose las cartas del mangoneo. A ratos, porque en definitiva de ratos y sorbos está hecha la vida. Y deberían haber hecho con el Imperio lo mismo que con el Danubio: alejarlo lo justo para mantenerlo cercano y así poder seguir siempre mirándose en su espejo y ver reflejado en él la carroza que en los veranos conducía a Schönbrunn.

Francisco Sosa Wagner es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León. Su último libro es Carl Schmitt y Ernst Forsthoff: coincidencias y confidencias.

© Mundinteractivos, S.A.

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En manos de Newton, de David Torres en El Mundo

Posted in General, Sociedad by reggio on 21 agosto, 2008

ZOOM

Oí una vez a un piloto que, a punto de jubilarse, aún se maravillaba del milagro tecnológico que supone la sustentación de una aeronave sobre las olas del viento. Hablaba no como un comandante experto, sino como un hombre primitivo ante el primer hechizo del fuego. Para mí y para la inmensa mayoría de pasajeros, volar siempre seguirá siendo un corte de mangas a la sacrosanta ley de la gravedad, un prodigio nunca explicado del todo, ni por la velocidad ni por el diseño ni por el misterioso efecto Venturi.

Por estrictas razones de trabajo (cobertura de la campaña electoral más dos libros publicados) este año me ha tocado volar más veces que nunca. Curiosamente, yo, que soy un miedoso natural y un hipocondríaco acérrimo, nunca he tenido miedo a volar como tampoco le tengo pánico al dentista. Quizá me baste una confianza a ciegas en la tecnología o un vistazo a las estadísticas, pero está claro que el avión sigue siendo el medio de transporte más seguro que existe.

Sin embargo, nunca puedo evitar un ramalazo de inquietud a medida que el aparato se desliza por la pista, un pellizco de desconfianza seguido por un suspiro de alivio apenas las ruedas despegan del suelo. No soy el único: cuando miro a mi alrededor en esos momentos, suelo descubrir actitudes, maniobras y ceremonias destinadas a cercenar los nervios. Maniobras generalmente muy poco científicas. Hay quien reza en voz baja, hay quien charla en voz más alta de la habitual, hay quien cuenta chistes, hay quien se santigua, hay quien se agarra a los asientos. También hay quien sigue durmiendo a pierna suelta, pero el momento en que las alas se elevan certifica ese instante milagroso y terrible en que perdemos el contacto con nuestra tierra natal. En ese momento estamos, como dijo aquel astronauta a bordo del Apolo XIII, en manos de sir Isaac Newton.

Es verdad, hay muchas más probabilidades de matarse conduciendo un coche o cruzando un semáforo, pero las ruedas (nuestro atajo más seguro hacia la muerte) las conocemos desde la prehistoria, mientras que las alas las inventamos ayer, como quien dice. Sabemos, en lo más profundo de nuestro cerebro reptiliano, que volar es para pájaros. Podemos echarle un pulso a la gravedad y alquilarles a los ángeles sus alas, pero sólo por un rato. Ese breve lapso en que cruzamos un océano para pulverizar la geografía y demostrarnos que el mundo es un pañuelo.

Hasta que ocurre algo como lo de ayer en Barajas y entonces nuestra confianza en la tecnología se evapora mientras todas las estadísticas se diluyen en el espanto. Tal vez nos habíamos acostumbrado demasiado a los milagros, a ese largo cuarto de siglo en que Barajas estuvo limpio de accidentes aéreos. Lo dice la teoría del caos: un sistema, por el mero hecho de existir, tiene que fallar.

© Mundinteractivos, S.A.

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Un sueño estival, Asturias y su autismo político, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 21 agosto, 2008

El ojo del tigre

Cuentan los sabios guías doctrinales de la sociedad autonómica asturiana que las deficientes vías de comunicación impiden que Asturias culmine felizmente su proceso de desarrollo económico y social. Aseguran que sería suficiente con que la señora ministra de Fomento dejase de tartamudear cada vez que inicia conversaciones sobre logística regional con los representantes del Gobierno del Principado, para que ese obstáculo desapareciera ipso facto y Asturias desplegase su estrategia de bienestar hasta el último rincón de esta endiablada orografía que arruga al Paraíso Natural. Pero yo no lo creo. Sospecho que tiene que haber otras causas más creíbles –pero silenciadas maliciosamente- para explicar convincentemente la actual depresión regional.

La excusa de las comunicaciones deficientes se empezó a utilizar en la década de los años 60 (siglo XX); precisamente, cuando a propósito de una campaña iniciada en solitario por este periódico, que, entonces, parecía otro aunque con la misma cabecera, para que en torno a ENSIDESA se creara una tupida red de pequeñas y medianas empresas dedicadas a la transformación de los productos básicos que elaboraba la enorme siderúrgica. Un alto ejecutivo de la entonces empresa nacional argumentó que mientras Asturias no tuviera unas comunicaciones modernas era imposible acometer el desarrollo integral de aquel enorme paquidermo del INI.

En la actualidad, nadie puede negar que la red de comunicaciones viales en la región experimentó un enorme cambio. De aquellas antiguas carreteras, cuya mayoría eran reliquias del histórico Circuito Nacional de Firmes Especiales, perteneciente a la época del general Primo de Rivera, nos habían trasladado al milagro de las autopistas y las autovías por las que hoy circulan los automóviles que nos agobian… Pero sólo es un milagro para uso doméstico. La red viaria asturiana es un escalectrix para jugar en casa, no para salir al exterior. Quizás para evitar que los súbditos del Principado pierdan el hábito de consolarse y autocomplacerse en sus soledades contemplándose su propio ombligo. Como hacían en ENSIDESA hace casi cincuenta años.

Sin embargo, ahora surgen voces nuevas que exigen algo más que jugar a los coches en casa: quieren tener un AVE, esa moderna utopía que sirve para viajar muy deprisa para llegar muy pronto a donde sea. A propósito de la mejora del viejo trazado del ferrocarril por el Pajares (una tardía mejora mecánica…), desde Pola de Lena hasta Gijón, todos quieren tener preparada una estación preparada con andenes para subirse al AVE. Me pregunto para qué: para llegar en un suspiro desde Mieres a Oviedo. Y desde Oviedo a Gijón. Incluso desde la Junta General del Principado hasta Madrid. ¿Para que sirve, hoy, ir a Madrid; como hacían en los tiempos de aquel general los alcaldes y jefes locales del Movimiento, si el centro neurálgico de las decisiones políticas, económicas, sociales, etc., etc., está situado más allá de París: en Bruselas y en Estrasburgo…? O sea, en Europa.

Esto quiere decir que el verdadero problema que tiene Asturias con sus comunicaciones hacia el infinito no tiene su origen en el tartamudeo que la señora ministra de Fomento utiliza para mantener sus conversaciones orgánicas con los representantes del Gobierno del Principado; principalmente, cuando se plantea la necesidad de establecer calendarios para trabajos de obras públicas y de señalar cuantías económicas para costear la reforma de las comunicaciones en esta región. El problema más gordo –por lo tanto, el más complejo y el más difícil de resolver- es el poco peso político que tiene Asturias en el conjunto nacional de las autonomías, que tutela el Gobierno desde el monasterio de La Moncloa.

El problema más grave es la deficiente comunicación que existe, en términos de entendimientos jerárquicos equivalentes, entre quienes deben descubrir las necesidades reales, que el poder político autonómico debe resolver, y lo que en Madrid se les permite que les exijan los representantes de este minúsculo país de apenas un millón de habitantes… Esta es la historia pura y dura de las reales deficiencias intercomunicativas que padece Asturias, desde el momento en que don Pelayo dejó solos a los asturianos.

Como comunidad autonómica, este antiguo reino septentrional está a punto de hundirse en un autismo político difícilmente curable. Como primera consecuencia, nuestra innata capacidad para recrearnos con nuestro histórico ensimismamiento patológico, corre el riesgo de agravarse. Mientras esto empieza a ocurrir, la diligente clase política asturiana –la que manda, la que se opone y la que ni manda ni sabe oponerse- se entusiasma enzarzándose en unas lamentables y penosas reyertas públicas (municipalistas, partidistas, localistas, personalistas y saineteras) que sólo sirven para hundir en la miseria al presente político y recortar las esperanzas puestas en alcanzar –un día, y no virtualmente- un futuro que sea razonablemente democrático, lógicamente pluralista y sensatamente estable.

-¿Cuando lo soñaste…?

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Cataluña se queda muda después de que Zapatero esquive su comparecencia, de Alfons Quintà en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 21 agosto, 2008

Después haber retrasado la comparecencia en las Cortes de José Luis Rodríguez Zapatero, es seguro que éste podrá aprobar los Presupuestos del Estado para 2009, y que el globo de la financiación autonómica catalana queda definitivamente deshinchado. Ello permite presagiar que las fuertes rebajas que en breve establecerá el Tribunal Constitucional, con respecto al Estatuto catalán, tampoco producirán olas significativas.

Nunca antes un solo diputado había conseguido un golpe de efecto tan enorme como el logrado el martes por Joan Herrera, de la coalición poscomunista catalana, a su vez integrada en el poscomunismo español. Son dos coaliciones, lo cual no cambia el hecho que Iniciativa tenga un solo diputado. La lista de los grupos coaligados es más larga que la de sus diputados.

Ayer, los medios de comunicación catalanes no mostraban ningún tono crítico respecto a Herrera. Tampoco había críticas en contra de Iniciativa. En cambio, si la comparecencia de Zapatero hubiese sido anulada, o retrasada, por un acuerdo entre el PP y el PSOE, los clamores de descontento hubiesen llegado al cielo. En Cataluña, mucho más que en el resto de España, lo capital es la etiqueta que el tiempo y la habilidad hayan permitido colocar en la espalda. Puede ser usada para tapar hechos fácilmente criticables como el protagonizado por Herrera.

Visto desde fuera de Cataluña, es muy difícil imaginar y comprender el fuerte substrato cultural comunista que perdura en Cataluña. No hay comparación posible con el que pueda estar presente, y agonizante, en el resto de España.

Hace pocos años una encuesta del Colegio de Periodistas acreditó que, en Cataluña, el partido preferido por la mayoría de estos profesionales era el antiguo PSUC (dominado por el PCE) o su prolongación rebautizada.

Una televisión de extrema izquierda

Asimismo, la TV autonómica catalana (TV3) es, sin duda, la situada más a la extrema izquierda de España y de Europa. Un dirigente del PSC lo admitió, precisando que es su seno hay un “soviet” -ésta fue su palabra- que escapa a todo control. Su capacidad de distorsión en cualquier campo, muy incluida la política internacional, no admite comparación con ninguna otra cadena.

El pasado domingo, a las ocho media de la noche, TV3 emitió imágenes relativas a las explosiones de las bombas de ETA en playas andaluzas. Según un comentario textual aquellas bombas iban “contra intereses turísticos españoles”. Como si no pudiesen matar ni herir a nadie, sino sólo a “intereses”, materiales y por tanto inanimados.

La escasez de reacciones mediáticas no implica que los bandazos sistemáticos del Tripartito, y en especial de sus componentes más radicales (ERC i Iniciativa) no cause un efecto negativo sobre la opinión pública. Ambos grupos están perdiendo expectativa de voto en todas les encuestas conocidas. Sin duda, el efecto de la operación del diputado solitario será negativo, pero no inmediatamente perceptible.

Ayer una fuente de Iniciativa justificó la acción en contra de la comparencia de Zapatero. Afirmó que ahora un debate sobre la financiación autonómica “favorecería al PP”. Según esta inefable catalogación sólo procederían aquellos debates parlamentarios que causasen daño al PP.

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El cambalache de Zapatero, de José Oneto en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 21 agosto, 2008

El acuerdo para la no comparecencia del Presidente del Gobierno para explicar en el Parlamento el nuevo modelo de financiación autonómica, que se ha materializado con la retirada de la correspondiente petición por parte de Iniciative per Catalunya Verds de Ezquerra republicana de Catalunya que cree que ICV (les ha llamado “calientabraguetas”) ha puesto en riesgo la unidad de los partidos catalanes, y ha colocado, de nuevo al Partido Popular, cuya petición similar a la presentada por los catalanes de Iniciativa ha sido rechazada por todos los portavoces, en la misma situación de soledad que estuvo durante la anterior legislatura a pesar de sus intentos por abrirse a todas las fuerzas políticas.

El Partido Popular que fue pionero en esa petición de comparecencia y quiso repetir el éxito que tuvo el mes pasado al obligar a Zapatero a explicar las medidas de hacer frente a la crisis económica, ha insistido en que no puede elaborarse un nuevo modelo de financiación subiendo los impuestos, pero, sin embargo ha sido incapaz de presentar una alternativa, de poner encima de la mesa ucal es su proyecto quizás porque al igual que ocurre en las Comunidades gobernadas por los socialistas no hay acuerdos dentro de las Comunidades en poder del PP.

Al mismo tiempo la “huida” de Zapatero que cree que el tema todavía no está maduro para comparecer ante la Cámara y que debe ser Pedro Solbes el que adelante alguna información a los diputados, “huida” pactada a cambio de cerrar un calendario que termina en el mes de Noviembre – es el compromiso que ha firmado la vicepresidenta del Gobierno con Joan Saura – es un simple intento de ganar tiempo en esa táctica presidencial de querer contentar a todos y dejarse influir por los chantajes y presiones de quienes negocian siempre al alza.

Zapatero, en un auténtico cambalache, ha firmado una letra de cambio pensando que Noviembre está todavía lejos ( lejos también estaba el 9 de Agosto cuando se comprometió con la Generalitat a tener lista la financiación que establece el Estatuto de Cataluña), sin tener una idea clara de cómo se puede resolver el tema de la financiación sin aumentar impuestos, asumiendo los compromisos que ya ha adquirido y poniendo en riesgo la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado que en esa fecha tienen que estar prácticamente ultimados.

Hasta ahora, todos los partidos catalanes se han comprometido, aunque el PSC se ha ido despegando del compromiso, que no habrá apoyo a los Presupuestos del Estado si no hay un modelo de financiación que recoja todas lo establecido en el Estatuto y en una negociación bilateral con el Estado, algo que puede ser inconstitucional según algunos de los recursos presentados contra el Estatuto.

Por lo pronto el Gobierno ha logrado romper el frente de rechazo catalán formado por todos los partidos políticos de Cataluña, incluido Convergencia i Unió, una fuerza política con la que en principio se contaba para la aprobación de los Preexpuestos, coloca de esta forma en una posición clave y será probablemente el partido que mayor rédito político obtenga de la actual situación.

El presidente del Gobierno que hasta ahora ha venido sosteniendo que la financiación y los Presupuestos corren por caminos completamente diferentes ( “ si no hay Presupuestos no hay financiación” ha repetido el dirigente socialista José Blanco contestando a la tesis del frente catalán de que “sin financiación no hay Presupuestos”) se enfrenta por otra parte con su propio partido, cuyos dirigentes autonómicos, en claro conflicto con las tesis del partido socialista de Cataluña ( PSC) han pedido una cumbre de Presidentes socialistas a la que se opone tanto la dirección de Ferraz como la Moncloa.

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ZP o la política del día a día, de Lorenzo Contreras en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 21 agosto, 2008

El zapatero aparentemente dispuesto a comparecer en sede parlamentaria para explicar su política financiera con las Comunidades Autónomas sobre todo tras el problema creado por la inconstitucionalidad añadida del Estatuto de Cataluña, ha logrado eludir ese compromiso mediante el soborno político y económico de ICV, uno de los socios del tripartito que gobierna Cataluña. Y lo primero que reclama una consideración, aparte de las conveniencias que ha dictado el oportunismo político, es el escandaloso proceder del presidente del Gobierno cuando demuestra que para él lo esencial es la política del corto plazo. En efecto, lo que más le acucia es la tentación o la necesidad de ganar tiempo. Ahora, con la compra de ICV a través del conseller catalán de Interior, Joan Saura, y del parlamentario Joan Herrera, consigue un respiro de tres meses, que es el plazo “acordado” para pactar la financiación de Cataluña, la más apremiante de todas las financiaciones que hacen cola y la que de manera más elocuente refleja, con la bilateralidad de fondo Generalitat – Gobierno, la violación de la ortodoxia constitucional.

Violación porque se confirma el avance (léase retroceso) hacia un confederalismo “de facto” que anticipa en realidad el separatismo venidero. De momento, el espectáculo de un ZP bailando al son de la peor melodía política, se ha borrado del inmediato horizonte. El presidente lanza por delante a Solbes para el pim – pam – pum de la sesión parlamentaria, del mismo modo que se ha servido de la vicepresidenta Fernández de la Vega para perpetrar la felonía del soborno, cuyo coste se mide en cientos de miles de euros según las estimaciones que han empezado a circular. Estos dos personajes van quemándose proporcionalmente en la hoguera política que Zapatero atiza sin escrúpulos, sin que le importe el combustible que emplea. Su norma de usar y tirar tiene precedentes si recordamos el trato que dispensó a colaboradores tan directos como Caldera, Jordi Sevilla, López Aguilar y algunos otros. Por cierto, ¿cómo se han pagado los servicios de Trinidad Jiménez, a la que se ha reservado un futuro gris mientras comienza el peligroso esplendor de las Bibianas y las Leires Pajines? Peligroso para ellas, claro está. ZP no es de fiar para nadie.

Uno de los aspectos más llamativos y curiosos de la trayectoria del presidente del Gobierno en línea con el día a día que conforma su táctica en el arte de durar como sea, es su desprecio e ignorancia del futuro. A su personalidad se le puede aplicar la famosa letrilla del “ande yo caliente y ríase la gente”. Lo malo para él es que esa risa puede llegar a producirse, aunque será imposible evitar que “lo caliente” le acompañe algunos años.

Da la sensación de que no le inquieta el callejón sin salida que inevitablemente le espera al final del actual mandato. En s u paseo tambaleante por el poder involucra a instituciones como el Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial. El primero tiene que pronunciarse nada menos que sobre la legalidad del Estatuto de Cataluña. Pero antes de que ese dictamen se produzca, Zapatero ya ha fortalecido con su pacto financiero la viabilidad de su inconstitucionalidad, creando así el perfil de un posible fraude de ley.

El hombre que llegó a formular la famosa teoría de que la nación es un concepto discutido y discutible, pasará a la historia como el peor doctrinario –si cabe llamarlo así- que podía esperar la Constitución de 1978, y con ella el conjunto de sus fabricantes, también llamados “padres” por no decir padrastros. Lo que éstos no habrían esperado en medio de sus cambalaches es que un personaje inopinado habría de pervertir el texto con la hipocresía fernandina de pretender ser su mejor intérprete.

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¿De quién es el Estado de Derecho?, de Antonio Alvarez Solís en Gara

Posted in Derechos, Política by reggio on 21 agosto, 2008

Dado el origen ilustrado del concepto «Estado de Derecho», Alvarez-Solís concluye que la clara manipulación y la constante utilización de ese término como arma contra la disidencia evidencian, entre otras cosas, la falta de una verdadera Ilustración en España, «el país barroco por antonomasia». A partir de esa reflexión, el autor señala varias consecuencias relevantes para la situación actual.

Sospecho que cuando se invoca con pertinacia una determinada fórmula jurídica como motor de la actuación política no se pretende más que justificar agónicamente un comportamiento aberrante de quien recurre a ese repetitivo uso. Sirva de ejemplo ilustrativo la constante referencia del Parlamento y del Gobierno de Madrid al Estado de Derecho. La verdad es que cuando vivimos en el seno de un auténtico Estado de Derecho ese Estado de Derecho actúa en la sociedad sin producir ruido alguno. Nadie alardea del Estado de Derecho para llevar a los tribunales a un ladrón o a cualquier clase de delincuente común, cosa que acontece de la manera más sencilla. Ni siquiera se hace especial mención de los magistrados que juzgan, como si hicieran algo extraordinario. Es significativo, en cambio, que la mención del Estado de Derecho se alegue campanudamente para respaldar determinadas actuaciones jurisdiccionales que afectan al orden político. Algo hace suponer, en definitiva, que multiplicar la citación del Estado de Derecho transparenta la inseguridad moral de la justicia o de los gobiernos en lo que se refiere a su intervención en el campo de la libertad o de la democracia. No es difícil abrigar la sospecha de coartada si se somete a análisis el paralelo comportamiento de la Inquisición religiosa, particularmente en España, que es donde el Santo Oficio fue utilizado más largamente. El lenguaje teológico de la Inquisición, que también perseguía la indemnidad del estado de su tiempo -el Estado de Derecho de la época-, aparece precisamente cuando en el siglo XIII la razón empieza a someter a debate contradictorio la creencia religiosa y se cuartea el andamiaje teológico que aunaba al Trono y al Papado.

El recurso al Estado de Derecho para abrigar una serie de problemáticas actividades jurídicas presupone, además, que alguien posee ese Estado de Derecho con la suficiente exclusividad como para convertirlo en acta previa de condenación del adversario. Cuando alguien del poder o de los poderes alega el Estado de Derecho para convalidar sus actos es que el Derecho ha sido extorsionado. Las sombrillas contra el sol tienen dos objetivos esenciales: proteger la propia piel e impedir la luz solar. Pero llegados a la conclusión de que la mención rotunda y repetida del Estado de Derecho es propia siempre de quienes ocupan el poder -yo no he visto jamás que una conciencia rectamente revolucionaria opere en nombre del Estado de Derecho- cabe deducir que el Estado de Derecho expresa en su mención la propiedad de que es objeto. ¿Y quién es ese propietario? Obviamente el que trata de poner puertas al campo de la libertad; es decir, el reaccionario. Concluyamos: ampararse una y otra vez en la mención del Estado de Derecho aclara que cantidad de fascismo hay en el poder. Cuando el poder tiene contenido moral ampara tanto al que gobierna como a quien postula otras ideas. El Estado de Derecho supone en este caso un lenguaje de uso común y, por lo tanto, eficaz. Los ilustrados razonaban de esta manera en tiempos en que la monarquía absoluta tiraba de catecismo ideológico una y otra vez para proteger su tiranía.

Pero he aquí la cuestión: ¿es España una sociedad ilustrada? Que yo sepa nunca ha tenido acceso a esa confortable situación. En su monumental obra sobre la literatura universal Martín de Riquer y José María Valverde sientan con rotundidad que «España es el país barroco por antonomasia». Es una afirmación muy importante porque de ella se deduce la incapacidad española para el sencillo y ordenado proceder intelectual. Los autores que cito definen el barroquismo -con sus vacíos retorcimientos formales e ideológicos- como una «tensión de lujo y miseria, de espíritu de grandeza heredada y de dificultad para vivir, (así como) para hablar de religiosidad angustiada y de rigidez inquisitorial». Las construcciones barrocas, civiles o eclesiásticas, expresan ese drama íntimo entre la hiperbólica grandeza y la realidad lastimosa, entre la dependencia de una divinidad angustiante y el deseo de una acogedora existencia material. El barroquismo español no transitó hacia la época de la razón como sucedió a Francia, que por ello apenas sufrió la agresión del barroco. Personajes como Jovellanos o Feijoo, como Valdés o como Aranda pasaron por la historia española de la manera menos sustantiva. El barroquismo sigue siendo una actualidad permanente en la vida española, repleta de formas vacuas que acaban en lo churrigueresco.

Lo dicho ut supra quizá explique el fracaso de Madrid con naciones como la vasca o la catalana, fracaso que ahora ha tenido una expresión muy significativa en el pleito entre los socialistas catalanes y los socialistas españoles a propósito del infortunado Estatuto catalán. Los catalanes, salvo una casta dirigente que se castellanizó en su día y que ahora paga su error, no fueron nunca barrocos. Se castellanizaron y se monarquizaron los aristócratas por el «incentivo de parasitismo económico que puede facilitar la realeza». La frase es de Josep Pla, que habla en «El meu país», monumental como todo lo suyo, de «la impossibilitat del poble català per a digerir el barroc y sobretot el barroc castellà». No creo necesaria la traducción ni añadir otras agudezas del insigne escritor.

Asomado a esta realidad histórica dudo mucho que se pueda catalanizar España y, mucho menos, seducirla. Es más, Madrid, como resumen de la España de los Austrias o de los Borbones, jamás saldrá del barroquismo. Madrid es una ciudad eminentemente parasitaria. Vive de símbolos poco recomendables para producir una existencia madura y razonable. Todo en ella tiene un espíritu de realeza, como señala Pla, lo que resulta, digamos de paso, altamente contaminante. A veces he destacado esto último en Catalunya y Euskadi para que no mantengan mucho tiempo a sus representantes en el Parlamento de Madrid, ya que mediante una larga estancia en la llamada capital del Reino acaban por mudar la piel, muchas veces inconscientemente, como sucede a ciertos ofidios. Podría citar ejemplos significativos de esto que afirmo, pero es una obviedad al alcance de cualquier observador.

Pla relata, con sólida y serena argumentación histórica, como España cedió prácticamente el Roselló y parte de la Cerdanya a Francia, con otros territorios profundamente catalanes, porque el Madrid borbónico siempre consideró a esos territorios como elementos de cambio entre las familias reinantes. España se ha atrincherado en los Pirineos tras las pérdidas ultramarinas y ha sustituido el imperio lejano por un remedo de imperio interior con naciones sometidas como la catalana, la vasca y la gallega, aunque de esta última bueno será decir que una parte del nacionalismo gallego no ha pasado de un cierto nivel literario. Es decir, que no se trata de verdadero nacionalismo, ya que el nacionalismo deja de serlo cuando no se acompaña de la oportuna y lógica reclamación de soberanía. Ser nacionalista y rechazar el soberanismo resulta una clamorosa incongruencia, una tontería barroca. Y a esto no se puede oponer la retórica de un mundialismo basado la globalización, que está gobernada al fin y al cabo por el bélico nacionalismo estadounidense. Va siendo hora de distinguir entre globalización y universalismo, ya que no se debe solapar la fórmula de la dominación económica y política que es la globalización con el universalismo humanista, que convoca al acercamiento de todos los pueblos realmente soberanos para generar una nueva y convincente democracia. Los pueblos tienden a aproximarse por si mismos si se libran de ciertos intereses.

Antonio Alvarez Solís, periodista.

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Enfrentar la crisis: teoría económica a la deriva, de Alejandro Nadal en La Jornada

Posted in Economía, Política by reggio on 21 agosto, 2008

¿Cómo explica la teoría económica la actual crisis de las principales economías capitalistas del mundo? La verdad es que si analizamos la teoría económica que predomina en los bancos centrales y ministerios de Hacienda, veremos que no puede explicarnos la crisis. Es más, para esa teoría, la crisis no debería estar ocurriendo. Para hablar de esto es necesario adentrarnos en el arcano mundo de la teoría económica.

En la década de los 70 se presenta una doble crisis en la teoría económica. En la llamada teoría microeconómica la crisis es terminal: para 1974 ya está demostrado que no existe una base científica para pensar que los mercados asignan los recursos de una sociedad de manera eficiente. Eso debería haber sido suficiente para declarar cerrado el programa de investigación teórica basado en la fe en la bondad del mercado libre. Pero los economistas en el mundo académico prefirieron ignorar los problemas y siguieron torturando a sus estudiantes, enseñándoles la parte sin interés de la teoría de equilibrio general y evitando mencionarles que con esa teoría no se puede demostrar cómo se forman los precios de equilibrio. Desde entonces, vemos salir de las universidades legiones de economistas que creen (injustificadamente) que en alguna parte existe una teoría rigurosa que demuestra que los mercados asignan los recursos de una sociedad de manera eficiente.

En la teoría macroeconómica sucedió algo peor. En la década de los 60 los economistas que se reclamaban de Keynes descubrieron la llamada curva de Phillips y pensaron podían utilizarla para completar y defender el pensamiento de su maestro. Grosso modo, esa curva decía que existía una relación inversa entre desempleo e inflación: cuando aumentaba la inflación, el desempleo disminuía y viceversa. Pero en los años 70 se presentó un episodio de inflación con desempleo. Según el modelo, eso no debería estar pasando.

La estanflación marcó la debacle de esta vertiente del keynesianismo y el auge del pensamiento monetarista. Bajo el liderazgo de Milton Friedman surgió una visión de la economía según la cual “la inflación siempre y en todo lugar es un fenómeno monetario”. De acuerdo con este razonamiento, la variable clave para estabilizar los precios sería la oferta monetaria. Sin un análisis científico serio, Friedman concluyó que ese resultado (controlar la inflación) sería compatible con niveles adecuados de empleo. La base de todo este razonamiento es la fe inquebrantable en la estabilidad de los mercados en una economía capitalista (justo lo contrario de lo que la teoría microeconómica había descubierto para 1974).

En un ensayo publicado en 1968 Friedman concluyó con la idea sorprendente de que para cada nivel de pleno empleo, hay una tasa “natural” de desempleo. Esa tasa natural corresponde a lo que se ha llamado desempleo friccional (determinado por el tiempo que pasan los trabajadores buscando empleo). De aquí se derivó la NAIRU, acrónimo en inglés que corresponde a la tasa de desempleo compatible con una tasa de inflación sin aceleración en el incremento de precios. Todo este edificio teórico servía para justificar que el objetivo único de la política monetaria debía ser el control de la inflación.

Para los 90, economistas como Bob Eisner habían destruido las bases analíticas de la NAIRU. Y en los hechos la tasa de desempleo se redujo una y otra vez, sin que se disparara la inflación. Es más, la oferta monetaria tuvo fuertes variaciones y la inflación no aumentó. Todo eso desmintió brutalmente la creencia central de los monetaristas sobre la relación entre oferta monetaria e inflación.

En cuanto a la inestabilidad en los mercados financieros, la serie de crisis de los años 90 debió por lo menos sacudir la fe de los monetaristas en la estabilidad de los mercados capitalistas y llevarlos a concluir en la necesidad de volver a regular el sector financiero. No fue así. ¿Serán tontos? No, lo que sucede es que las autoridades monetarias viven subordinadas a los intereses del sector financiero.

Hoy observamos que en la Reserva Federal sigue dominando un esquema monetarista. Por eso el problema para la política macroeconómica se define como antes: hay que encontrar el nivel preciso de oferta monetaria para controlar la inflación y mantener el empleo en un nivel adecuado. La Fed se equivoca nuevamente: el origen de la crisis se encuentra en la desregulación financiera y en una política monetaria dedicada a alimentar burbujas especulativas.

Por eso las teorías que dominan en la Fed (y en muchos bancos centrales) no pueden decir nada relevante sobre la crisis: ni sobre sus orígenes, ni sobre la política para enfrentarla. El verdadero problema es que el mercado capitalista es intrínsecamente inestable y la crisis es la forma natural de vida de este sistema económico. En un marco reformista por lo menos habría que acordar que la respuesta de política correcta es la regulación y la intervención pública.

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