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Derrotar a ETA, de Ignacio Cosidó en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 19 agosto, 2008

TRIBUNA LIBRE

La banda terrorista volvió a sembrar el miedo el domingo con tres bombas en Málaga. Para acabar con nuestra peor lacra, el autor pide el esfuerzo de toda la sociedad

La derrota de ETA es la gran asignatura pendiente de la democracia española. En los últimos cuatro años hemos perdido una oportunidad histórica para superar este desafío. Si en la pasada legislatura el Gobierno de Zapatero hubiera aumentado la presión policial, política y social contra los terroristas, en vez de optar por el atajo de una negociación con los asesinos, es muy probable que ETA se encontrara hoy al borde mismo de su extinción, si no completamente extinguida. En cualquier caso, tras el fracaso de ese proceso negociador tenemos ahora una nueva oportunidad para consumar la anhelada victoria de la democracia sobre el terror.

Es cierto que ETA, como ha hecho siempre, aprovechó su falsa tregua para rearmarse y reorganizarse, mientras el Gobierno nos aseguraba la inequívoca voluntad de paz de los terroristas. Es verdad que los asesinos utilizan ahora el fracaso de esa negociación política como una coartada ante sus fieles para seguir matando y sembrando el terror, como volvieron a hacer este domingo con las tres bombas de Málaga. Lamentablemente, ETA salió de aquel proceso con una renovada voluntad y capacidad de hacer daño, y habiendo recuperado espacios de poder en las instituciones vascas que facilitan su acción criminal.

Es más, el atentado contra la Casa-cuartel de Legutiano supuso un salto en la carrera criminal de la banda terrorista. Hacía casi una década que ETA no realizaba un atentado de esta naturaleza, una acción que nos retrotrae a las páginas más negras del largo historial asesino de la banda. El objetivo, parcialmente frustrado, de los terroristas era provocar una masacre en la que podían haber muerto familias enteras de guardias civiles. Y, por desgracia, eso es lo que ETA va a seguir intentando, como se desprende de sus últimos comunicados o de su campaña veraniega, sembrando de artefactos explosivos numerosas playas de nuestro litoral.

Pero nada de esto significa que ETA no pueda ser derrotada. La eficacia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que en los últimos meses han protagonizado importantes operaciones contra la banda, ha debilitado enormemente la estructura criminal de la organización. La cada vez más intensa cooperación de Francia hace que los terroristas tengan crecientes problemas en su tradicional retaguardia, aunque las últimas informaciones señalen que pueden haber encontrado otros países más lejanos donde cobijarse y adiestrarse. Hay una condena unánime del terrorismo de ETA por parte de los partidos democráticos y de la sociedad española en su conjunto, como puso de manifiesto la reacción al último asesinato del guardia civil Juan Manuel Piñuel.

Lograr la derrota de ETA exige, sin embargo, recuperar la determinación política de derrotarla, movilizar a la sociedad en torno a ese objetivo, volver a situar a las víctimas del terrorismo a la vanguardia de esa movilización, expulsar cuanto antes a los terroristas y sus cómplices de todas las instituciones democráticas y fortalecer el Estado de Derecho para combatir aún con mayor eficacia esta amenaza.

La primera condición para lograr la derrota de ETA es que los terroristas pierdan toda esperanza de poder alcanzar ventaja alguna por su acción criminal. Para ello es imprescindible cercenar definitivamente cualquier posibilidad de negociación con los asesinos. Porque mientras ETA exista, cualquier negociación será un chantaje inadmisible en términos democráticos, y si ya ha sido derrotada, la negociación resulta entonces innecesaria.

Tras el fracaso de su negociación, el Gobierno ha comenzado esta nueva legislatura proclamando ahora que busca la derrota de la banda. Sin embargo, el líder de su partido en el País Vasco, Patxi López, sigue defendiendo de forma persistente la fórmula de «un final dialogado de la violencia». El ministro del Interior no quiso contradecirlo en el Congreso de los Diputados, a pesar de que yo mismo le insté dos veces a hacerlo. El Gobierno se niega, además, a reconocer que su proceso de negociación de la pasada legislatura constituya error alguno, lo que implícitamente significa que en circunstancias similares volvería a actuar igual.

Hay también un déficit de credibilidad en los actores que deben protagonizar este cambio de política. ¿Cómo es posible que pueda tener la confianza de los ciudadanos como principal responsable de la lucha contra ETA el mismo ministro que negoció con la banda? ¿Cómo es posible que pueda garantizar que se exigirá la más estricta aplicación de la ley el mismo fiscal general que pedía adaptar la ley al proceso de negociación con los asesinos? Y, ¿cómo es posible confiar en que la Justicia estará en buenas manos cuando su ministro es el mismo que decía que se ilegalizaría o no a los cómplices políticos de los terroristas según conviniera a la jugada? La posibilidad de una negociación alimenta sin duda la esperanza de los terroristas de alcanzar sus objetivos. Resulta por tanto imprescindible que el Gobierno rectifique su política de apaciguamiento con mayor claridad y que los hechos respalden sus palabras.

Un segundo requerimiento para la derrota del terrorismo es la unidad política, una unidad que sólo puede lograrse en la medida que exista previamente un objetivo común. El problema es que no todos los partidos en España comparten el objetivo de la derrota de ETA, aunque todos deseen el final de ETA. Así, los partidos nacionalistas desean la desaparición de ETA como organización terrorista, pero no quieren ver derrotados los objetivos políticos que persigue la banda a través de su acción criminal porque algunos de esos objetivos les son comunes.

Por su parte, el PSOE está tratando de buscar un espacio intermedio entre quienes buscamos la derrota policial y judicial de ETA y quienes consideran que es necesaria una nueva negociación política que dé solución al conflicto político del que el terrorismo sería consecuencia y no causa. El problema es que ese espacio intermedio no existe en realidad. Zapatero tendrá que decidir en algún momento si prefiere mantenerse unido al PP para lograr la derrota -para lo que le volvió a tender la mano Mariano Rajoy en su encuentro de finales de julio en La Moncloa- u opta por un final dialogado, con el apoyo de otros partidos minoritarios.

Tan importante como la unidad política es la movilización social. La presión política y social sobre los terroristas sólo puede sostenerse sobre la base de una sociedad con una firme determinación de victoria y que mantenga su cohesión y su capacidad de movilización democrática como mejor antídoto ante la amenaza del terror. Esta movilización es incompatible con la estrategia de ocultar o ignorar el terrorismo que tanto practicó el nacionalismo vasco en el pasado y el propio Zapatero durante su proceso de negociación.

En esta movilización es esencial el papel de las víctimas, como vanguardia en nuestra lucha por la libertad. La división generada entre ellas y las ofensas que recibieron durante los últimos cuatro años fueron, sin duda, las consecuencias más tristes del fallido proceso de negociación con ETA. Es imprescindible que el Gobierno recupere la confianza plena de las víctimas en su política antiterrorista y que todos trabajemos por defender su dignidad como el mayor tesoro de nuestra joven democracia. La nueva Ley de atención integral a las víctimas, comprometida desde la legislatura anterior, debería ser un buen punto de partida para lograr este objetivo.

El paso más urgente para derrotar a ETA es, sin embargo, expulsar a los representantes políticos de los terroristas de las instituciones democráticas del País Vasco, donde jamás debieron haber regresado. Es imposible que la democracia pueda vencer al terror si dejamos que los asesinos utilicen las propias instituciones democráticas al servicio de sus fines criminales y totalitarios. Soy consciente de la dificultad que tiene expulsar ahora a los cómplices políticos de los asesinos del Parlamento Vasco y de los ayuntamientos de Euskadi y Navarra -de hecho, advertimos reiteradamente al Gobierno y al Fiscal General de su falta de diligencia para haberlo impedido-, pero ahora debemos utilizar hasta el último recurso de nuestro Estado de Derecho para que quienes pretenden asesinarnos no puedan hacerlo al menos con nuestros impuestos.

Es el momento para la derrota definitiva de ETA. Y para ello tenemos que recuperar el tiempo perdido en los últimos cuatro años. En ese camino, el Partido Popular no sólo tiene la voluntad de acompañar lealmente al Gobierno, sino de tirar de él en el caso de que le flaqueen las fuerzas.

Ignacio Cosidó es diputado y portavoz de Interior del Partido Popular.

© Mundinteractivos, S.A.

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