Reggio’s Weblog

¿Una nueva guerra fría?, de Manuel Castells en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 16 agosto, 2008

OBSERVATORIO GLOBAL

Cuando el 7 de agosto el ejército de Georgia atacó por sorpresa la capital de Osetia del Sur, reduciéndola a escombros y matando al menos a 1.600 civiles, empezó un nuevo episodio en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos que algunos observadores interpretan como una nueva guerra fría. La fulminante reacción de Rusia, desmantelando al ejército georgiano en tres días, era de esperar. Desde el fin de la Unión Soviética Estados Unidos ha impuesto su geopolítica a una Rusia debilitada. La guerra de los Balcanes y la secesión de Kosovo fueron una humillación para Rusia. La ascensión de Putin se apoyó en el sentimiento nacionalista ruso que, adoptando la economía de mercado y la sociedad de consumo, no aceptaba sin embargo perder su influencia como país. Aprovechando el temor ancestral de Europa del Este con respecto a Rusia, Estados Unidos y la OTAN han ido estableciendo alianzas militares que han sido percibidas por Rusia como un cerco gradual, simbolizado por el proyectado despliegue de misiles antimisiles y la candidatura de Ucrania a la OTAN. Pero lo inaceptable para Rusia fue el reforzamiento militar de Georgia por parte de Estados Unidos e Israel y el rechazo de la autodeterminación de Abjasia y Osetia del Sur mientras se reconocía el derecho de Kosovo a la independencia. Esta vez Rusia ha dicho basta. En el Cáucaso y en el mundo. La modernización (aún incompleta) del ejército ruso, la consolidación de la autoridad del Estado y la bonanza económica impulsada por los altos precios del petróleo (Rusia es el segundo mayor productor de petróleo y gas en el mundo) sitúan a Rusia de nuevo como poder mundial. Y la Administración Bush, que se inició con la desestabilización del Oriente Medio, puede terminar su triste andanza con una crisis internacional de grandes proporciones.

No está claro por qué el osado presidente Saakashvili empezó una guerra que no podía ganar él solo. Mucha gente, incluido Gorbachov, consideran impensable que lo hiciera sin el consenso de Estados Unidos. Al fin y al cabo, Estados Unidos e Israel llevan años proporcionando armamento de última generación y asistencia militar a Georgia. Estados Unidos para anclar un aliado incondicional en una región estratégica (otro Israel). Israel para proteger el oleoducto que a través de Georgia conduce el petróleo de Azerbaiyán y que representa el 20% de las importaciones de Israel. Parece, sin embargo, que Saakashvili actuó por su cuenta para crear una situación de hecho en la que Estados Unidos tuviese que acudir en su ayuda. Algo difícil, más allá de gestos simbólicos, porque Estados Unidos no está en condiciones económicas o militares de meterse en más aventuras, reservándose como se reserva para una posible confrontación con Irán. En esas condiciones, la crisis podría calmarse. Las tropas rusas podrían retirarse a sus posiciones, Osetia del Sur y Abjasia se reafirmarían en su independencia de hecho bajo protección rusa, y los georgianos, pasado el primer momento de sobresalto nacional, podrían tener dudas sobre las aventuras de su presidente. Sobre todo si se recuerda que hace un año hubo violentos disturbios en Tiflis duramente reprimidos por el Gobierno.

Pero hay quien está por echar leña al fuego. En particular Polonia y las repúblicas bálticas, cuyo nacionalismo antirruso es tanto más virulento cuanto que se sienten protegidas por la Unión Europea y la OTAN. De ahí las peticiones de expulsión de Rusia del Consejo de Europa, la creación de un frente común antirruso de los países vecinos, incluida Ucrania, alineándose con Estados Unidos, y provocaciones como el envío de tropas de Estonia a Georgia en signo de solidaridad militar. Es decir, hay una estrategia deliberada de dirigentes nacionalistas de repúblicas ex soviéticas de llegar a una confrontación con Rusia para obligar a Estados Unidos y a la Unión Europea a defenderlos con todas las consecuencias. Es una estrategia de alto riesgo. Si Georgia hubiera sido miembro de la OTAN como pretendía, con el apoyo de Estados Unidos, el artículo 5 del tratado obliga a los estados miembros a socorrer a uno de sus miembros en caso de invasión de su territorio. Y como Georgia sostiene que Osetia del Sur es su territorio (lo que Rusia, Osetia y Abjasia no reconocen) hubiéramos tenido que entrar en guerra con Rusia (si, usted y yo también como miembros de la OTAN que somos). La Unión Europea puede verse arrastrada a una nueva guerra fría por nacionalismos extremos, como el de Georgia o Estonia, si no se gestiona la situación con cuidado. Es impensable seguir tratando a un país con la fuerza militar, económica, tecnológica, cultural y política que tiene Rusia como si fuera un oso al que hay que hacer bailar al son occidental. La construcción de una relación de cooperación con Rusia es esencial para Europa. Y no puede la Unión Europea entrar en el juego de provocación doble de nacionalismos exacerbados y geopolítica del poder estadounidense. No se puede apoyar la independencia de Kosovo y Chechenia y rechazar la de Abjasia y Osetia. No se puede armar a Georgia con la última tecnología militar y luego condenar la intervención rusa. Y no se puede entrar en la estrategia israelí que utiliza a otros peones para su objetivo final: el ataque a Irán en los próximos meses en medio de una desestabilización general de la región. No, no es una nueva guerra fría. Son las primeras escaramuzas de una guerra caliente en gestación. A menos que Europa frene el proceso y dé tiempo a que Obama llegue a presidente. Si llega, porque uno de los objetivos de esta tensión es favorecer a McCain creando una crisis internacional en la que pueda hacer valer su experiencia y su pasado militar. Saakashvili es una persona inestable que se lanzó a una aventura sin llamar antes a Bush. Pero no es un loco. Así que es probable que alguien lo llamara a él. Un alguien de esa trama que se resiste a dejar de utilizar los atributos imperiales del superpoder.

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Fotos de agosto, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 16 agosto, 2008

La semana pasada Rajoy convocó a la ejecutiva del PP para tratar sobre las medidas que el Gobierno debería adoptar para hacer frente a la crisis económica. Una reunión en pleno agosto para una cuestión tan compleja sin aportar nada sustancial es, simplemente, un acto de propaganda. Rajoy y compañía no solucionaron nada, pero se hicieron una foto. También para obtener la foto de rigor, Zapatero presidió esta semana la comisión de Asuntos Económicos del Gobierno y el jueves reunió al Consejo de Ministros para adelantar un paquete de medidas ya previstas de antemano. Había que demostrar que el Gobierno no está de vacaciones. En definitiva, tanto el Gobierno como el PP han hecho propaganda, imagen, gestos, galería.

Pero la realidad siempre llega. La realidad no es la espuma de la ola sino las poderosas fuerzas que empujan a las aguas desde su interior y que provocan la espuma de la superficie. En política, más aún en economía, la realidad es tozuda, como una mula, no hay quien la mueva si ella no quiere, hay que saber tratarla para que se levante y camine. Los políticos, y los técnicos que les asesoran, deberían adivinar a tiempo estas fuerzas oscuras y profundas que van configurando la realidad. Los ciudadanos sólo vemos la espuma, la superficie de las cosas. Los políticos, es decir, los especialistas en cuestiones públicas, deben anticiparse a esta visión superficial de las cosas justificable en el ciudadano común pero no en ellos. Ellos deben tomar las medidas a tiempo.

Esta crisis económica que ahora tanto nos preocupa tiene un componente internacional, con epicentro en Estados Unidos, que escapa a la responsabilidad de nuestros políticos locales. Las culpas hay que buscarlas en Clinton, en Bush y en los dirigentes de la Reserva Federal norteamericana. Quizás también en Bruselas. Pero la crisis tiene también una componente interna y a nuestros políticos locales hay que exigirles explicaciones sobre los deberes que no llevaron a cabo cuando podían. Hace años que la debilidad de la política económica española era la excesiva inflación, la escasa productividad y el déficit exterior. Y ahí está la responsabilidad de los gobiernos de Aznar y del anterior Gobierno Zapatero. Sabían las causas, los remedios y no hicieron nada. En épocas de aparente prosperidad, de brillante espuma, se ganan fácilmente elecciones si no se incordia al electorado. Los asesores de imagen lo saben bien: no era momento de pedir sacrificios.

Los políticos de verdad, los estadistas, deben recordar siempre la máxima del canciller Bismarck: “El político se preocupa de las siguientes elecciones, el hombre de Estado se preocupa de las siguientes generaciones”. En septiembre, nuestros políticos deberán enfrentarse a la realidad. Quizás quieran llegar a ser hombres de Estado. Por el momento, en agosto se han limitado a hacerse una foto.

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El eslabón que falta, de Alfredo Pastor en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 16 agosto, 2008

DEBATE

Nueva economía

“El modelo de crecimiento español está agotado”; la frase ha sido repetida, a lo largo de más de medio siglo (antes de los cincuenta no había aquí ni modelo ni crecimiento) cuando la economía española entraba en recesión; esta vez, nuestros creadores de opinión han considerado imprescindible sustituirla por otra: “De la economía del ladrillo a la economía del conocimiento” es el nuevo mantra. Todos parecemos entenderlo a la perfección, pero hubiera causado perplejidad entre los antiguos, para quienes el objetivo del conocimiento era el conocimiento mismo, y no los ingresos que éste pudiera proporcionar. Pero dejemos esto para mejor ocasión, y centrémonos en el enfoque convencional de la producción de conocimiento con fines mercantiles.

Una cadena borrosa. Los estudios al uso dibujan una cadena que va de la inversión en educación superior a la generación de conocimiento de calidad, de ahí a la mayor capacidad de innovación, a la mayor generación de innovación y al aumento de productividad. Aunque la mayor parte de los eslabones de la cadena son un poco borrosos, es un buen punto de partida. Estudios sucesivos se han ido concentrando en la primera parte, la que termina con la generación de universitarios mejor preparados; un informe que acaba de publicar el instituto Bruegel de Bruselas, en cuya elaboración han participado científicos de la talla de Andreu Mas-Colell, está lleno de recomendaciones que, de ser seguidas, permitirán quizá crear una auténtica formación superior de elite en el espacio europeo.

Pero es evidente que ésta es sólo una parte de la cadena; y quizá sea la parte ya mejor resuelta, como lo prueba la existencia de gran número de estudiantes españoles de excelente rendimiento en las mejores escuelas del mundo; y más aún el número creciente de investigadores y profesionales españoles en las instituciones de mayor prestigio fuera de España. El problema no es, pues, la carencia de talentos bien formados: esos ya están, y fuera de aquí pueden desarrollarse. Pero aquí parecen no tener oportunidades.

Riesgo y esfuerzo. ¿Por qué? Tratemos de contestar en dos pasos: para empezar, los responsables de dar empleo a estos jóvenes talentos – empresarios privados y públicos- rehúyen tomar los riesgos y llevar a cabo el esfuerzo que eso implica: las ideas nuevas pueden fracasar; el joven talento entra en conflicto con la organización; choca con lealtades antiguas; desequilibra la estructura de remuneraciones de la empresa o del organismo y, en resumen, da quebraderos de cabeza al empresario.

Además, el empresario carece de incentivos para adoptar riesgos, y hasta para esforzarse: todos se burlarán de él si fracasa; una carga excesiva de trabajo hará que sus pares le tomen por tonto; y, por mucho que se esfuerce, difícilmente podrá emular a quienes han acumulado grandes patrimonios por el sencillo expediente de convertir en urbanizables terrenos que adquirieron como rústicos.

Ahí está una de las raíces del problema: durante demasiados años ha sido posible en España enriquecerse sin adoptar los riesgos ni realizar los esfuerzos que otros países exigen para alcanzar los mismos ingresos. Cuando esta diferencia se haya limado, habremos pasado de la economía del ladrillo, quizá no a la del conocimiento, que eso es mucho pretender; pero sí a una con una productividad mayor.

Alfredo Pastor. Profesor de Economía del IESE Business School.

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Hacia la berlusconización de Europa, de Zouhir Louassini en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 16 agosto, 2008

El periodista Indro Montanelli, que era de derechas, se equivocó al pronosticar que la elección de Berlusconi sería útil. “Ese hombre es una enfermedad: sólo se cura con una vacuna. Una buena inyección de Cavaliere como primer ministro para inmunizarnos”. Sin embargo, el pueblo italiano le ha votado no dos, sino tres veces. “El pueblo” admira a este hombre. También se equivocaba Montanelli al insistir en que “los italianos no son capaces de virar hacia la derecha sin la cachiporra”, en referencia al fascismo. Esta derecha berlusconiana no necesita cachiporras, tiene las televisiones.

Si la demagogia es la degeneración de la democracia, aceptemos que la Italia berlusconiana es el reino de todas las demagogias posibles. Crisis económica, basuras en Nápoles, crimen organizado, corrupción en las más altas instancias. Pero el nuevo Gobierno italiano ha identificado de inmediato las causas de todos los males del país: los inmigrantes y los niños gitanos. Espero que las decisiones consiguientes no se tomen con el fin de enderezar Europa, como ha declarado il Cavaliere, que la ha encontrado cambiada tras sus dos años de ausencia. “Europa sin Tony Blair, Aznar, Chirac y yo mismo ha perdido personalidad y protagonismo y ha retrocedido”. Más claro imposible.

Cuando Silvio Berlusconi promete enderezar Europa, eso significa, en su diccionario, que en Italia ya se han alcanzado los objetivos propuestos. Tenía una receta para el país y la ha aplicado. Deseaba un país sin normas, sin espíritu crítico, con individuos adormecidos en una pasividad carente de significado. Y lo ha conseguido en dos decenios. Un proyecto nacido con la creación de su imperio mediático. Con el control de los medios de comunicación, le ha sido fácil obtener el consenso con el que sueñan numerosos políticos. Cuando Berlusconi habla de Europa, sus palabras se toman a la ligera. De hecho, con su lenguaje “colorido”, hace que todo parezca menos serio de lo que es. Racismo, xenofobia y machismo se convierten en opiniones, en bromas. Es la misma técnica que se utiliza desde siempre en sus medios: acostumbrar a la gente a este tipo de discursos hasta convertirlos en normales. Se trata de que no haya obstáculos. La democracia debe perder toda su fuerza. Debe enfermar. Hay que acabar con toda posibilidad de defensa, que a veces se apoya exclusivamente en el uso de un lenguaje comedido, respetuoso hacia el otro. El lenguaje que Berlusconi y su entorno llaman con desprecio “políticamente correcto”.

Por eso, cuando Berlusconi habla de enderezar Europa, hay que tomarle en serio. Se ha dado cuenta de las dificultades de adaptar Italia a las reglas del juego europeo y, en vista de ello, ha decidido adecuar Europa al modelo italiano. Adaptar la realidad a su medida. Si ha funcionado en Italia, ¿por qué no intentar “exportarlo” a toda Europa? En el fondo, es un gran empresario. Y está creando imitadores. ¿Qué creen que es Sarkozy, más que un alumno de la escuela de Berlusconi? Ése es el sueño del Cavaliere: una Europa a su imagen y semejanza.

La cuestión de la inmigración podría ser un buen ejemplo para demostrar que Europa se está volviendo cada día más berlusconiana. El berlusconismo es un modo de analizar el mundo, una auténtica filosofía. En vez de afrontar el problema con seriedad, basta con soltar unos cuantos eslóganes. Para los inmigrantes ilegales, leyes estrictas. La cárcel, por ejemplo. ¿Vamos a explicar después al pueblo el miedo que puede dar la idea de unos años en prisión a una persona que está dispuesta a morir para huir del hambre o la persecución?

Para hacer frente a la caída libre de su popularidad, Sarkozy propone la creación del búnquer europeo: blindar la Unión para dejar fuera a la inmigración indiscriminada. Una de las cuatro prioridades para los seis meses de presidencia francesa de la UE. Su “contrato de integración” es, en este sentido, una obra maestra, la apoteosis de la demagogia. Una muestra de berlusconismo de alto nivel. La idea de que alguien pueda integrarse sólo por haber firmado un contrato es producto de una imaginación que no comprende ni qué es la inmigración ni qué significa la pobreza. Hace muchos años, cuando colaboraba con la iglesia de Tánger en Marruecos, fui testigo de la cantidad de personas dispuestas a convertirse al catolicismo a cambio de un visado para entrar en España. Si la gente está dispuesta a cambiar de religión, ¿por qué no va a firmar una hoja de papel?

En situaciones extremas, las personas están dispuestas a firmar todos los contratos posibles, a aceptar infinitas humillaciones, pero es evidente que eso no va a resolver la situación de la inmigración ni las incomodidades de la población local. En un mundo globalizado, afrontar la cuestión de la inmigración con eslóganes y demagogia puede aumentar la popularidad de quien los utiliza, pero no ayuda a resolver nada.

Sólo con una visión abierta del mundo y aceptando la realidad actual podremos derrotar el verdadero mal: la pobreza. Cerrar las puertas de Europa es una fantasía, una gran mentira. Por el contrario, el berlusconismo, que está invadiendo el Viejo Continente, es una realidad consolidada; y el problema es “su capacidad de mentira casi conmovedora -como decía Montanelli-, porque el primero que se cree sus propias mentiras es él”.

Zouhir Louassini es periodista marroquí y trabaja en la Radiotelevisión Italiana (RAI). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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Cara y cruz de Fidel y el Che Guevara, de Juan María Alponte en El País

Posted in Historia by reggio on 16 agosto, 2008

En noviembre de 1953, Ernesto Guevara, nacido en Santa Fe, Argentina, el 14 de junio de 1928, acababa de llegar a Guatemala después de un largo viaje por América Latina. Buscaba trabajo en un periodo presidencial: el de Jacobo Arbenz. Éste, elegido en 1950, había promulgado, en 1952, la Reforma Agraria y hecho su famosa confrontación con la United Fruit. Una exiliada, perseguida por la dictadura peruana porque representaba el aprismo de Víctor Raúl Haya de la Torre, fue encargada de encontrar soluciones para el joven médico argentino. Ella se llamaba Hilda Gadea. Sería, después, la primera esposa de Ernesto Guevara. Él no era, todavía, el Che.

Fue evidente que la revolución -¿no era decir demasiado?- de Jacobo Arbenz impulsaría (en Estados Unidos se decía, sin más, que era un comunista y, con el paralelo torrente simplista de la United Fruit, se cerraba el “análisis”) y transformaría la vida de Guevara. En efecto, las tropas de Castillo Armas, bajo el concreto mando de la CIA, cruzaron la frontera el 17 de junio de 1954.

Con apoyo aéreo y metralleta en mano, durante la noche del sábado 26 al domingo 27, la resistencia se hizo imposible. El derrumbe del Gobierno de Jacobo Arbenz fue la primera experiencia seria, auténtica, del Che Guevara. Hilda dice que Ernesto Guevara escribió, en esa anochecida de bombas y fusiles, su primer artículo político de combate. Después, el texto se perdió. Se tituló así: Yo he visto la caída de Jacobo Arbenz. El artículo, según Hilda Gadea, desapareció en aquellas horas finales de la caída de un presidente a balazos. Derrumbe que Ernesto Guevara no dudó en calificar por su origen político y su dimensión, como “una intervención imperialista”.

El médico, hijo de una familia ilustrada y de la alta clase media, entraba en la historia cotidiana. Su contextualización dialéctica sería parte de su propia evolución personal. Veinte años después hablaría yo de ello con Víctor Raúl Haya de la Torre. Miro la dedicatoria que me hiciera, en Lima, en su libro El Antiimperialismo y el APRA. Acierto. Debajo de su firma está el año: 1974.

Le recordaba sus inicios en México donde, con el apoyo y protección de José Vasconcelos, se fundó el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana, que después se entendió como Alianza Antiimperialista), y el sólo nombre de Vasconcelos le revivió aquel exilio. Uno de tantos, entre opresiones. Recuerdo su casona de Lima. En su despacho había 15 o 20 personas, todas hablando al tiempo. El presidente de Perú, el general Alvarado, gobernaba un seudosocialismo militar y su esposa (las criollas blancas casadas con los hombres de la casta militar), segura de sí misma, más que él, bailaba en las fiestas populares. Hablé con Haya de la Torre de esa estructura de poder y del fascinante encuentro, en Guatemala, de Ernesto Guevara con una aprista. Todo ello en un proyecto de cambio con la dura respuesta de la CIA. La cabeza móvil y festiva de Haya de la Torre aceptaba la coincidencia del tiempo. Me preguntó: “¿Has visto al general Alvarado?”. “Sí. Le hice una entrevista para el Canal 2 de Televisa en México”.

Tuve claro, oyendo al general, que el proyecto militar, acuciado por necesidades imperiosas, naufragaría. Así fue. De todas formas, la apasionante conversación con Haya de la Torre sobre el aprismo y el nacimiento político de Ernesto Guevara en Guatemala, bajo el Gobierno de Jacobo Arbenz, nos permitió entender al joven médico. Desde Guatemala a México. Aquí, en México, Ernesto Guevara se encontró con Fidel Castro. Ninguno de ellos lo previó. Tampoco, un día, su separación.

Se lo recordaba yo al padre de Ernesto Guevara cuando vivía, me parece recordar que era en el último piso del hotel Habana Libre. Fueron conversaciones apretadas, calientes. Pensaba hacer, y le animé para ello, un libro sobre su hijo, el Che. Después lo hizo. Nuestras palabras se encendían en la terraza que miraba el esplender del cielo del Caribe. Me dijo: “Voy a enseñarte algo prodigioso”. Entró en la habitación y me trajo dos fotografías. Una era la de Ernesto Guevara, hijo que tuvo en su primer matrimonio; la segunda era la de sus tres hijos habidos en el segundo enlace. Vi y entendí lo que me quería mostrar: el parecido portentoso de sus tres últimos hijos pequeños con Ernesto Guevara. Quedé sobrecogido: como si los genes quisieran perpetuar, en las vidas humanas, el juego misterioso de la sangre y la historia.

Lo que fue Guatemala para Ernesto Guevara, lo fue Bogotá para el hijo del soldado español (Ángel Castro) que en 1898 fuera conducido desde Galicia a los campos de guerra de Cuba para combatir a José Martí, el libertador, hijo de un sargento valenciano. Ángel Castro, terminado su periodo militar, regresó a España. Pronto, fascinado, retornó a Cuba. Fue arrastrado por un imán mágico que le transformó en un grande y rico hacendado con dos familias paralelas. De la segunda descienden Fidel, Raúl y Ramón. El padre debía ser hombre consciente. Sus hijos pasaron los años en los mejores colegios de jesuitas. No sé qué les enseñarían. Ignacio de Loyola y el duque de Gandía, que fueron generales de la orden, lo pasaron mal con la Inquisición. Lo digo, obviamente, en su honor.

Lo cierto es que el universitario Fidel Castro tuvo, como Ernesto Guevara de la Serna (el último virrey De la Serna fue derrotado en la batalla de Ayacucho y hecho prisionero por el joven mariscal Sucre, que firmó con los vencidos una paz de hombre con alma grande) un bautismo de fuego especial. Aquél, en Guatemala; Fidel, en Bogotá. En efecto, en 1948, participó, con otros universitarios cubanos, en la Conferencia Estudiantil a celebrar en Bogotá, a la vez que allí se desarrollaba la Conferencia de los Estados Americanos.

Hubo parada, en el camino a Bogotá, en Venezuela, donde, por vez primera desde la Independencia, el país eligió en 1948 a un presidente en las urnas: Rómulo Gallegos, el autor de Doña Bárbara. Estuvieron Fidel y los cubanos en su casa, en La Guaira. Fidel se asombró: “No había un guardia”. Duró don Rómulo 11 meses en el poder. Hasta que mi amigo, Pablo Pérez Alfonzo, el futuro cofundador de la OPEP, obligó el fifty-fifty a las compañías petroleras estadounidenses. Una dictadura militar se impuso hasta el levantamiento popular, en Caracas, de 1958. Duro es vivir. Eso no lo sabían aún los estudiantes de La Habana.

En Bogotá los cubanos visitaron a un famoso dirigente colombiano: el liberal de izquierda Jorge Eliécer Gaitán. Su noble verbo transformaba la política. El 7 de abril estuvieron a verle en su despacho. Le entregó a Fidel Castro un texto suyo conmovedor: El discurso en favor de la paz. Quedaron en verse, de nuevo, el día 9. La cita fue para las once de la mañana. Cuando llegaron, la ciudad lloraba. Se acababa de asesinar a sangre fría a Gaitán. Bogotá la Noble entró en una furia inclemente -el Bogotazo- y, por vez primera, Fidel Castro, entre el oscuro río de la revuelta, tomó un fusil después de querer apropiarse de las botas de un militar que le gritó: “No; son las mías”. El incendio de Bogotá fue terrible. Nadie sabe lo que pasaría en el corazón de un joven universitario ante la infamia. Colombia iba a universalizar e institucionalizar, entre la agonía, la violencia que tendría para los colombianos un sentido terrible.

Crecieron las guerrillas que ahora cuentan sus muertos. Pero el epicentro de Jacobo Arbenz y el Bogotazo cambiaron la vida a dos hombres. El joven Fidel diría: “Durante esos días tuve [en Bogotá] un máuser y 16 balas en mis manos. Empleé, entonces, cuatro”. ¿Cuántas se han disparado en el edificio de la intransigencia? Tirofijo, ahora, estrena su muerte. Volvieron a Cuba aquellos del Bogotazo en un avión de ganado.

La violencia ganaría en Colombia su batalla a la concordia. Ni shalom ni salam.

Juan María Alponte es profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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Lecturas fronterizas a orillas del verano, de J. Ernesto Ayala-Dip en El País

Posted in Cultura, Literatura by reggio on 16 agosto, 2008

En el estío se rompen fronteras humanas e intelectuales. En materia de libros es recomendable y excitante practicar la promiscuidad de autores y géneros. Lo mejor es dejarse guiar por el instinto

En el prólogo a un soberbio libro (Breviario mediterráneo, del crítico e historiador croata Pedrag Matvejevic), a Claudio Magris se le escapó una pequeña jerarquización bibliográfica. Elogiando el texto de Matvejevic, un relato entre una exhaustiva catalogación marítima y la prosa casi inventiva, Magris escribe: “Es probable que hoy sea éste el género más vivo y fecundo de la literatura, al menos de la narrativa, mucho más vivo y poético que las novelas que cuentan si al señor X le va bien o no con la señora Y”. No deja de ser sorprendente la afirmación del intelectual triestino. Al hilo de esa declaración de intenciones, jugosa y fructífera, como todas las suyas, me acordé de Madame Bovary, de Guerra y Paz. Y sobre todo, no dejé de evocar con nostalgia la antigua lectura de El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell. Por citar sólo algunos de los lugares sagrados del gran arte de la ficción donde se nos cuenta todo lo bien y todo lo mal que a los señores X les va con las señoras Y. El sesgo clasificatorio de Magris, no obstante, en detrimento de la novela, no esconde una luminosa defensa de otros modelos narrativos (como el libro del croata, que él con tanta razón y razonamientos defiende), y estoy seguro de que también otros tipos de prosas, incluidas desde luego las que puede albergar un buen tratado de gastronomía o una introducción al rock contemporáneo. El pronunciamiento del autor de El Danubio, y sin ánimo de ponerme más trascendente, no hace más que invitarnos a reflexionar sobre el paisaje actual de la lectura en nuestro país. Que es saludablemente ecléctico, transversal y democrático.

Estimulantes polémicas aparte, el verano impone varios rituales. Uno de ellos es el de las lecturas llamadas tópicamente veraniegas. Aquí se mezclan los libros que no han podido ser leídos durante el año con los otros considerados sólo aptos para la canícula. Las montañitas librescas de las mesas de noche se trasladan a la segunda residencia, enriquecidas ahora con nuevos aportes bibliográficos. En estas listas es donde descubrimos la transversalidad lectora de los españoles. Un paseo por las principales librerías de las grandes ciudades indica rápidamente gustos variados. Y hasta sorprendentes, porque en una misma pila convivan generosamente autores y géneros tan distintos y hasta opuestos. Creo que va siendo hora de romper algunos tópicos. Uno de ellos es el de los lectores estancos, irreconciliables. Los que sólo, por ejemplo, leen a Carlos Ruiz Zafón y los que sólo leen a Paul Auster. (Hace pocos días, el centrocampista de la selección española de fútbol, Andrés Iniesta, declaraba que terminada de leer la última novela de David Trueba, se prestaba a iniciar la del autor de La sombra del viento). A propósito de esta cuestión, bastante menos espinosa que lo que muchos quisieran, pude comprobar en un hotel de Estocolmo, no hace más de un año, coincidiendo con unos turistas españoles, cómo durante una amable charla de sobremesa me confesaron sus gustos literarios: en sus preferencias compartían mantel en la misma mesa lectora un millonario best seller americano con las últimas novelas de Javier Cercas, Enrique Vila-Matas y Auster. En un momento dado, me rogaron una valoración. Creo que estaban más interesados en conocer mi juicio sobre el best seller que lo que pudiera opinar sobre los autores citados (tal vez porque todavía mantenían vivos unos inconscientes remordimientos por hacer coincidir en sus preferencias libros tan divergentes, y también porque de alguna manera daban por sobreentendida mi inclinación por un autor o autores en contra del aludido best seller). Les mentí diciéndoles que el millonario autor estaba bien. Y eso sólo porque descifré en sus miradas que habían disfrutado con esas lecturas. Indistintas, mestizas y confluyentes en el placer. Es lo que yo llamaría el auténtico placer burgués de la lectura. El placer maduro de las afinidades literarias fronterizas, que es al final el que contagia la elegancia estética y ensancha el gusto. En la misma línea, recuerdo una experiencia académica con un alumno (de curso preparatorio para el examen de acceso a la Universidad para mayores de 25 años). Un día me comentó su afición por las novelas de Stephen King. Su mirada parecía preguntarse si yo compartiría su elección. Le comenté que había leído algunas (y esta vez no mentí), y que me habían introducido en unos procedimientos narrativos para despertar la zozobra humana que me habían interesado sobremanera. Luego se mostró dispuesto a aceptar alguna sugerencia mía. No dudé ni un instante. Le conminé a leer El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald. A los pocos días me comentó la experiencia. Me dijo que le había gustado muchísimo. Y lo que más me sorprendió fue cuando acotó que lo que más le había conmovido era el consejo que el padre del narrador le da a su hijo a las pocas páginas del comienzo del libro: “Siempre que sientas deseos de criticar a alguien, recuerda que no todo el mundo ha disfrutado de las facilidades que tú has tenido”. Me sorprendió el comentario porque denotaba a un lector sensible. Pero sobre todo porque su observación coincidía con la de la escritora y ensayista norteamericana Siri Hustvedt en la misma dirección, a propósito de un artículo suyo sobre la novela de Fitzgerald.

Si cuento todo esto es porque ello ejemplifica el lector abierto. Y ese invisible y revelador punto de encuentro que se suele establecer entre los libros y las personas, al margen de elitismos estéticos y unidimensionales. Y que lo que realmente importa, a la postre, es esa especie de atracción fatal indiscriminada que la lectura ejerce sobre muchas personas. Ante ello, casi es irrelevante establecer categorías apriorísticas en materia de lecturas. Siempre me quedó la impresión de que ambos, los turistas españoles de Estocolmo y el chico del preparatorio, se prosternaban no tanto ante un fetiche de una u otra procedencia literaria determinada como ante el mismo acto de leer (que también, sin duda, puede ser otro fetiche de la sociedad del consumo, pero que hay antes otros infinitamente más narcóticos para la mente humana, y es el único que puede despertar en las gentes la curiosidad por otras vidas, otros caracteres, otras circunstancias nunca antes imaginadas).

Y para acabar con este tema. ¿Y si algunos libros no fueran superiores a otros, si algunos géneros (como el policiaco, el de espionaje, el de viajes o aventuras, que, por cierto, tanto se consume en las vacaciones estivales, o el ensayo político o los libros de autoayuda) tampoco lo fueran? ¿Y si sólo fueran superiores en sí mismos, ante sí mismos? Al final estamos hablando del lenguaje. El que Paul Valéry nos enseñó que lo hizo casi todo, “entre otras cosas, el espíritu”.

El verano puede ser una buena estación para romper fronteras. Humanas e intelectuales. Esa buena y excitante promiscuidad de autores y excelencias estéticas. El tiempo libre, que cada vez es más elástico y caprichoso, en verano adquiere una mundanidad gratificante e incontrolable. La misma que afecta al montoncito de libros que nos llevamos con nosotros a la playa o a la sierra. El concepto de integridad estética en verano relaja su perímetro de tolerancia habitual (que ya dije que es democrático, y hasta agregaría que tentadoramente errático). Ahora que se avecina el fin de la prosperidad, del humo especulativo, con sus consecuencias de pobreza material y espiritual, no vendría mal un poco de reflexión sobre cómo usamos nuestro tiempo libre. ¿Y si lo usáramos como en el verano? Leyendo y comentando con los amigos nuestras felicidades y desilusiones lectoras. Algún día tendremos que traer la playa y la sierra a nuestros hogares durante el resto del año. Incrementar la heterogeneidad de nuestra mesa de noche. La novela, el cuento, la poesía, la narrativa toda, como insinuaba Magris, el ensayo, el best seller (español, norteamericano, danés o sueco). He leído estos días una novela policiaca de la escritora noruega (y ex ministra de Justicia) Anne Holt. Sólo cuando la terminé, descubrí que estaba encabezada con una cita de Walter Benjamin. ¿Hubiera aprobado el filósofo su participación en un libro de detectives? Lo que importa ahora es que una autora de género (si quieren, de género veraniego) ha encontrado en la excelencia del pensamiento filosófico del siglo XX las palabras sabias, como afirma en su epílogo, que inspiraron la trama y la sustancia humana de su novela. Esa bendita porosidad de las palabras sin dueño.

J. Ernesto Ayala-Dip es crítico literario.

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La batalla por la narrativa, de Joseba Arregi en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 16 agosto, 2008

TRIBUNA LIBRE

Para el autor, sólo cuando haya seguridad de que el proyecto de ETA queda fuera del mapa político vasco, las víctimas podrán ir en paz y retirarse del plano público

Han sido muchas las victorias que las víctimas han conseguido en los últimos años. Y aunque han estado acompañadas, especialmente durante los últimos años, demasiadas veces han tenido que pelear esas victorias en soledad. Hoy las víctimas son visibles, ocupan un espacio público, se hacen sentir, se dejan oír. Y por todo ello molestan. Pero es necesario que lo hagan.

La sensibilidad de las víctimas está presente en las últimas semanas porque, en cumplimiento de las leyes, se van produciendo excarcelaciones de presos, y porque ha saltado a la conciencia de muchos ciudadanos un hecho que era sabido: que las indemnizaciones incluidas en las sentencias condenatorias pocas veces han sido materializadas por los condenados. Además se van conociendo casos de subterfugios para que no tengan que hacerlo nunca.

El caso de De Juana Chaos, así como del asesino de Baglietto y su cristalería, no han hecho más que servir de cauce de una realidad dolorosa para las víctimas: el asesino recupera la libertad, que no la conciencia, y puede establecerse donde le plazca, aunque sea en la cercanía de víctimas. Los asesinos pueden rehacer su vida profesional y poseer negocios, aunque no hayan indemnizado a las víctimas de su o sus asesinatos.

En esta situación, las víctimas dan cauce a su dolor, a su sensibilidad. Y, también en este contexto, no faltan quienes afirman la necesidad de atenerse a lo que ordena la ley -al menos mientras no se cambie- y piden cautela ante lo que pudiera parecer ensañamiento con quien ya ha cumplido la pena impuesta en la condena.

Pero es preciso saber leer en profundidad lo que se encuentra en la manifestación de dolor, en la sensibilidad especial de las víctimas. Mucho se ha avanzado en los últimos años en el tratamiento que van recibiendo de las instituciones públicas y de la sociedad en su conjunto. Hoy las víctimas son visibles en la sociedad. Hoy los políticos, del color que sean, no tienen más remedio que enfrentar la cuestión de las víctimas, incluso si les molesta. Pero la historia no ha terminado. No basta con homenajes públicos, aun institucionales, y por muy necesarios que sean.

En estos momentos, a través de algunos casos específicos como el de De Juana Chaos, se está librando la batalla por la narrativa; es decir, la lucha por establecer quién va a escribir esa narrativa y quiénes van a ser en esa narrativa los héroes y quiénes los verdugos. Lo que en estos momentos reclaman las víctimas es que no se termine escribiendo una historia en la que se oculte la existencia de los verdugos, en la que los verdugos no sean señalados como tales. Lo que en estos momentos reclaman las víctimas es que no se escriba una historia en la que parece que no ha pasado nada, en la que los asesinos salen a la calle y todo parece olvidado, todo vuelve a ser normal.

Lo que en estos momentos reclaman las víctimas es que su visibilidad, esa visibilidad conseguida con tanto esfuerzo y con tanto desprecio por parte de no pocos políticos y de parte de la sociedad vasca. Reclaman que la historia que se escriba sea una historia de la derrota de ETA y de la victoria del Estado de Derecho, de la democracia. Que la historia que se escriba sea una historia en la que aparezca con claridad que unos ciudadanos, normalmente por representar de una forma u otra a ese Estado de Derecho, a la democracia, al espíritu de pacto y al pluralismo que caracteriza a la sociedad vasca, fueron asesinados en nombre de un proyecto político que era incapaz de incluirlos.

Y con esta batalla que están librando las víctimas están haciendo un favor enorme al conjunto de la sociedad, a la española, pero especialmente a la vasca: porque ambas necesitarán para construir un futuro más democrático en el que el Estado de Derecho sea más fuerte, una narrativa en la que aparezca con claridad el significado político de las víctimas asesinadas. Si ello no sucede, la sociedad española, y especialmente la vasca, construirán su futuro sobre la ocultación de su propia cobardía, y de ello no se puede esperar nada bueno.

Las víctimas no están buscando un protagonismo inadecuado. No pretenden constituirse en agentes políticos en sustitución de las instituciones y de los partidos, a no ser que en algún momento vean quebrar, por la actuación de dichas instituciones y partidos, y por el lenguaje que se apodera de la opinión pública con ideas de negociación, de diálogo, de repartir razones, de entender la posición del enemigo, su propia narrativa, la de las víctimas.

Pero, para que puedan ceder el protagonismo que han adquirido, deben cumplirse varias condiciones, las que dotan de garantías a la narrativa que necesitan. La primera ya se está cumpliendo, en la medida en que el discurso de la derrota de ETA, de la victoria del Estado de Derecho y de la democracia, se está convirtiendo en un discurso compartido por casi todas las fuerzas políticas, al menos por las más importantes: el PSOE y el PP.

Una segunda condición no se ha cumplido todavía y es, quizá, la más importante. Es la que se refiere a la definición del futuro político de la sociedad vasca. Esta segunda condición se habrá cumplido cuando las víctimas vean garantizado que el futuro político de la sociedad vasca se sustenta en el reconocimiento de que el supuesto proyecto político que defendían los asesinos de ETA es imposible precisamente por la violencia empleada como instrumento.

Si el futuro de la sociedad vasca se sustentara en un proyecto político parecido al de ETA, significaría que hubo alguna razón que justificaba los asesinatos. Significaría que se termina dando la razón, al menos en parte, a los asesinos. Significaría quebrar totalmente la narrativa que quieren y que necesitan las víctimas. Lo que el significado político de las víctimas asesinadas implica es que el futuro político de la sociedad vasca no puede estar sustentado en el proyecto que sirvió para matarlas. Ni más, ni menos.

Sólo cuando esta garantía se materialice de forma fehaciente, cuando desaparezcan dudas acerca de su materialización, sólo entonces podrán las víctimas comenzar el tránsito a su propia privacidad, el abandono del escenario público, porque habrán ganado la batalla por su narrativa. Y ésa es la tercera condición: que las víctimas puedan acometer la gestión privada de su dolor porque existan las garantías públicas de que pueden intentar curar sus heridas en privado. Si algunos políticos, especialmente los nacionalistas, se sienten molestos con el protagonismo y el significado político de las víctimas, lo tienen muy fácil: nadie mejor que ellos para garantizarles que el futuro de Euskadi no tendrá ningún parecido con lo que ETA quiso asesinando a sus familiares.

Pero todos los movimientos del nacionalismo vasco en los últimos años apunta en la dirección contraria. Son movimientos que tratan de salvar lo insalvable, que tratan de rescatar el proyecto nacionalista común incólume de la contaminación a la que lo ha sometido el terrorismo de ETA. Y las víctimas poseen un olfato muy fino para percibirlo y ver que en ello se esconde la quiebra de la narrativa que necesitan para regresar a su privacidad, para llorar privadamente a sus muertos, porque su memoria y su significado político están recogidos en la definición política de la Euskadi futura.

Joseba Arregi es ex consejero del Gobierno vasco y actual presidente de la asociación cultural Aldaketa.

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La presión, de Rafael Martínez-Simancas en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 16 agosto, 2008

INSOLENCIA PASAJERA

Zapatero puede decir de Trichet lo mismo que el entrenador de Judo del equipo de Cuba de los árbitros de Pekín. Ronaldo Veitía, al ver cómo le quitaban la medalla de oro a Yalennis Castillo, sentenció: «Estos chinos son unos hijos de…». ¿Quiere eso decir que Veitía ofendiera a la noble historia del pueblo chino, (que por cierto tanto colaboró en Cuba cuando la construcción del ferrocarril)?, ¿quiere eso decir que Veitía se cisca en Confucio, Mencio y Xunzi, notables filósofos chinos? Pues sí, es probable.

El entrenador cubano había planteado un combate largo, de desgaste, y con la emoción de dejarlo todo al último ataque. Los árbitros no vieron las acciones de Yalennis y, en cambio, le dieron el triunfo agónico a la judoka china Yang Xiuli, («chanchi piruli», que es la traducción fonética de su nombre). Entonces el entrenador cubano lanzó el exabrupto que, de momento, va camino de llevarse la medalla de oro al juego sucio. Pero debemos esperar que lo superen, sin duda, todavía quedan más pruebas y la bilis es una sustancia que nunca deja de generar un hígado sano. Ronaldo Veitía volverá a la isla con su medalla a la lengua sucia; se la ha ganado, pero todo tiene su explicación. En su queja también está la venganza de los cubanos que durante años se han manejado con bicicletas regaladas en su día por el régimen de Jiang Zemin. Unas bicicletas que pesan como un coche de caballos con pedales y sin marchas. Con esos piñones no se levanta un régimen.

La presión libera a esa verdad que llevamos dentro pero que se contiene gracias a los buenos modales; ya sea una presión olímpica o una crisis de balances contables. Llevado por la presión económica, Zapatero ha interrumpido sus vacaciones para dar solemnidad oficial a lo que ya se nota en la calle: que este año nos quedamos sin la medalla de oro al mérito al crecimiento ejemplar. La culpa la tiene Trichet por no bajar los tipos. El presidente del Banco Central Europeo actúa como un juez chino que nos arrebata el mérito y nos hace perder posiciones en el medallero. Porque España ha hecho los deberes, es más fuerte que el resto de competidores europeos y Solbes es un experto en hacer llaves de judo a la inflación.

Ronaldo Veitía no tuvo que interrumpir nada para dar explicaciones, le valió la sala de prensa para matizar sus palabras. En el fondo, reconoció, quería ofrecer la victoria a su familia y al comandante. Y, cuando uno juega con la presión de Castro, la suegra, la memoria del cuartel de Moncada y así hasta llegar a José Martí, es mucha presión. Es como si Zapatero se tuviera que hacer cargo de la política económica del conde duque de Olivares. Ahí tiene razón Veitía: así no hay quien gane, (ni quien gobierne). Al final, cubanos y españoles, nos vamos a acordar de la madre del chino.

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Vuelco en la prensa nacional e imparable concentración, de Víctor de la Serna en El Mundo

Posted in Historia, Medios, Política by reggio on 16 agosto, 2008

CHEQUEO A 30 AÑOS DE DEMOCRACIA

Los cambios en los medios de comunicación

En 1976 no existían grupos multimedia, muchos periódicos eran de propiedad familiar y todos los grandes diarios tenían más de 40 años de antigüedad: la revolución estaba cantada

La prensa que salió del franquismo era vieja y arrastraba la losa de su cooperación, activa o pasiva, con un régimen liberticida durante 40 años. Era inevitable su transformación. Llegó, y fue radical. Pero la efervescencia inicial se extinguió, debido en buena parte al fenómeno universal del declive de la prensa impresa, mientras la concentración empresarial avanzaba y se imponía un concepto entonces nuevo: el de los grupos multimedia.

Los diarios nacionales que sobrevivieron a Franco eran ABC, Ya, Arriba, Pueblo, Informaciones y El Alcázar. Mientras que en la prensa regional muchas cabeceras (de La Vanguardia a Las Provincias, pasando por El Correo Español-El Pueblo Vasco o La Voz de Galicia) han logrado sobrevivir, en Madrid ABC ha sido el único, con múltiples vaivenes antes y después de su etapa más brillante de la era democrática, cuando Luis María Anson le imprimió un aire dinámico y hasta agresivo. Los demás, fundados entre los años 20 y 40, estaban condenados por ser medios públicos (Arriba, Pueblo) o por estar adscritos a la extrema derecha (El Alcázar); los casos de Ya e Informaciones fueron más polémicos.

El primero, periódico de la Conferencia Episcopal, había sido influyente y con una gran tirada en el tardofranquismo, pero el declive de toda prensa confesional en un entorno de libertades fue imparable y sus lectores pronto se pasaron a El País o a Diario 16. Vendido al Grupo Correo, éste hizo un periódico gris que pronto desaparecería. Fue el primer traspié madrileño de un grupo que había aprovechado muy bien el colapso de su competencia en Bilbao y San Sebastián (La Gaceta del Norte, escorada cada vez más a la derecha, perdió sus lectores; La Voz de España fue liquidada junto a los demás diarios del Movimiento) para asentarse y luego adquirir múltiples cabeceras, antaño familiares. Así se convertiría en líder de la prensa regional, pero su estilo prudente, grisáceo incluso, se adaptaría mal a la feroz competencia en el escenario nacional, esa competencia que en Madrid fue la que acrecentó la mortandad de periódicos.

El caso ‘Informaciones’

Informaciones, controlado desde 1967 por una coalición de cuatro bancos (Santander, Central, Banesto y March), fue el único periódico pro-democracia que sobrevivió a Franco, tras la liquidación por el régimen de Madrid (que había sugerido que el dictador, como De Gaulle, se jubilase…) y el estrangulamiento del grupo PESA (Nuevo Diario, El Alcázar durante unos años) controlado por el ala liberal del Opus Dei.

Dirigido por Jesús de la Serna, con Juan Luis Cebrián de subdirector, Informaciones portaba la semilla de la renovación periodística y del equipo que haría El País. Pero los bancos, que nunca se sienten cómodos en los medios de comunicación porque no les gustan nada los encontronazos con el poder, se echaron atrás a la hora de invertir en un medio tecnológicamente anticuadísimo y con escasos recursos humanos, y acabarían regalándoselo en 1978, por una peseta, al polémico editor barcelonés Sebastián Auger.

Varios protagonistas de aquella etapa convulsa opinan que, de no haber dado la espantada sus editores, Informaciones habría desempeñado el papel que acabaría representando El País. Se puede especular: ¿habría sido diferente el periódico líder, si hubiese sido editado por la gran banca, de lo que acabaría siendo con Jesús de Polanco?

El País (Prisa) ganó la carrera de los periódicos que esperaban permiso de publicación (un engorroso residuo de la dictadura en aquellos inicios de la transición), y su salida varios meses antes que Diario 16 o El Periódico de Catalunya fue una gran ventaja competitiva, que luego consolidaría con su protagonismo frente al intento de golpe de Estado de 1981. Tras su factura casi anglosajona, de diseño claro y estilo redaccional objetivo y frío, se traslucía una fuerte carga política que pronto conectó con los lectores de izquierdas.

Fue la era de la politización a ultranza de la prensa, cuando la relación entre políticos y periodistas pasó de la deseable confrontación educada a la complicidad y hasta la connivencia. Era el frenesí de la construcción de la democracia, y se vivía un ambiente fuera de las normas.

Tras la fulminación de Pedro J. Ramírez como director de Diario 16, la aparición de EL MUNDO a finales de 1989 significó la principal novedad en ese panorama. Llegaría, beneficiado por su mayor autonomía editorial, a cotas de difusión e influencia más altas que Diario 16. El conjunto de la prensa, que partía de cotas muy bajas (apenas 80 ejemplares vendidos por 1.000 habitantes) tras la dictadura, también creció. Pero poco después de 1990 empezaría el estancamiento, que en los países más avanzados y con mayor hábito de lectura ya se había iniciado. Y la concentración en prensa, que ya se había ampliado a otros medios a raíz de la toma de control por el Grupo Prisa de la cadena Ser, se convertiría en concentración multimedios. La prensa diaria perdió peso específico en el seno de los nuevos grupos.

La Ley de la televisión privada abrió la espita. Hoy, en las cuatro cadenas privadas en abierto (Antena 3, Telecinco, Cuatro, La Sexta) participan editores de diarios: Planeta (La Razón), Vocento (ex Grupo Correo), Prisa y Mediapro (Público). Todos editan revistas, todos se adentran con desigual fortuna -EL MUNDO, el que mejor lo ha hecho- en el nuevo mercado de internet.

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El profeta junto a los comisarios, de Nina L. Khrushcheva en Clarín

Posted in Literatura, Política by reggio on 16 agosto, 2008

Dicen que nadie es profeta en su tierra. Sin embargo, Moscú acaba de presenciar un espectáculo extraordinario: Alexander Solyenitzin -el escritor disidente y alguna vez exiliado, autor de Archipiélago gulag y Un día en la vida de Iván Denisovich– recibió el equivalente a un funeral de Estado en el que el primer ministro Vladimir Putin hizo las veces de principal deudo.

Hasta en la muerte, por lo que parece, Alexander Solyenitzin sigue siendo una fuerza a tener en cuenta. ¿Pero seguirá siéndolo en relación con la perspectiva liberadora de sus obras? Lamentablemente, en Rusia siempre se usa el arte para reforzar el narcisismo del poder. En la Rusia actual, que se supone libre y democrática, sin embargo, se idealiza a Solyenitzin por su nacionalismo y su mesianismo ortodoxo, por su desprecio por la presunta decadencia de Occidente. La antigua iconografía soviética se desmoronó por completo. Sin embargo, el Kremlin entiende que hace falta algo en momentos en que Rusia se adapta a su nueva autocracia alimentada a petróleo. Para la actual mentalidad rusa es un triste legado que sea el Solyenitzin antimodernista el que se recuerde, no el Solyenitzin enemigo de la mendacidad y la barbarie soviéticas.

Hoy se considera que su escritura refuerza el Estado, no la libertad individual. Putin se comprometió a resucitar la fibra moral de los rusos, su gloria y el respeto internacional. Una lección de la revolución de 1989 en Europa del Este es el valor de que figuras verdaderamente democráticas encabezaran el abandono del comunismo. La tragedia de Solyenitzin es que, si bien desempeñó un papel muy importante en la liberación de Rusia del totalitarismo, no tenía nada que decirles a los rusos comunes tras la liberación y lo único que hacía era castigarlos. Sin embargo, tal vez un día los rusos podamos abandonar nuestros falsos sueños, y cuando llegue ese día el Solyenitzin que nunca se rindió ni se corrompió, estará de vuelta entre nosotros. Pero es ahora cuando más lo necesitamos, ya que, parafraseando El paraíso perdido de Milton en lo referente a la iluminación del infierno: “Solyenitzin no es la luz, sino la oscuridad visible”.

Copyright Clarín y Project Syndicate, 2008. Traducción de Joaquín Ibarburu

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La culpa la tienen los niños gitanos, de Osvaldo Bayer en Página 12

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 16 agosto, 2008

Desde Bonn, Alemania

Si un novelista hubiera escrito en 1950 que el ejército ruso bombardearía en 2008 la ciudad de Gori, donde nació Stalin, la crítica habría señalado que el escritor estaba influido por alguna droga ultrapenetrante, o que ese día se había bajado tres botellas de vodka. Si algún literato, en la década del ’50, hubiera previsto en sus líneas narrativas que un ruso nacido, criado y educado en la Unión Soviética, compraría un castillo en la Costa Azul francesa por 500 millones de euros –como ocurrió este año–, se hubiera dicho en aquel tiempo, con sorna, que el pobre escritor tenía un carcinoma en el cerebro. Si un autor de teatro hubiera descripto en 1919, en una escena de comedia, que un dirigente de un sindicato alemán, en 2008, usaría pasajes regalados por una empresa para él y su mujer en primera clase de un avión para pasar sus vacaciones en el Caribe, ese dramaturgo habría sido calificado de “extraviado, psicópata y paranoico”. Claro, con razón, porque pensemos que en 1919 los obreros que se levantaron contra el Káiser, contra la guerra y contra la injusticia, ni siquiera llevaban un sandwich de milanesa en el bolsillo ni sus dirigentes cobraban ningún sueldo. Y ahora sí: acaba de suceder con el señor Bsirske, secretario general de uno de los más importantes sindicatos de Alemania. En la Argentina, Bsirske pasaría a formar parte de la galería de los llamados “gordos”. El capitalismo echa a perder todo, ha dicho más de un sociólogo realista.

Y ya lo estamos viendo en esta Europa: para tratar de detener la violencia, al primer ministro Berlusconi no se le ha ocurrido otra cosa que poner al ejército en las calles italianas. Violencia contra violencia. Esto ha alarmado hasta a la grey católica. El semanario católico, bien burgués, La Famiglia Cristiana, de Roma, ha pegado un verdadero alarido de alerta. En su editorial señala que Italia se acerca a un nuevo fascismo. Así, sin remilgos. Principalmente, critica la “increíble dureza” berlusconiana contra los rumanos y los gitanos que viven en Italia. Y contra la política que se lleva a cabo contra los inmigrantes. Esa publicación critica también las leyes que favorecen sólo a Berlusconi, la política de medios y la participación italiana en la guerra de Irak. Pero, claro, eso lo dice la revista católica y no el Papa. El papa Ratzinger, por supuesto, se apresuró a distanciarse de la publicación a través de su vocero Federico Lombardi, quien salió a la palestra para expresar que esa opinión no es la del Papa ni la de la conferencia de obispos italianos. A lo que el valiente cura Antonio Sciortino, director de la publicación, respondió: “Nosotros nos inspiramos en el Evangelio”. Siempre hay hermosas excepciones en la historia.

El mundo de hoy. La historia repetida: otra guerra más, bombardeos, matanzas de civiles. Pobreza. Destrucción de la naturaleza. “Basta de Realpolitik”, ha clamado un grupo de docentes alemanes. Hasta el ex secretario general de la Democracia Cristiana alemana, y antiguo ministro del gobierno conservador de Kohl, Heiner Geissler, dio la voz de alerta “ante el capitalismo desenfrenado”. Y terminó sus declaraciones con estas palabras, increíbles para un miembro de su partido: “El capitalismo es tan falso como el comunismo”.

Algo que ya tendría que adoptar todo el cristianismo como base filosófica. Porque, ¿acaso tenemos que repetir las cifras de los muertos en las guerras, de los muertos por hambre, de la destrucción de la naturaleza y la explotación de los bienes de la tierra? Acaba de publicarse el libro del historiador Karlheinz Deschner, cuyo título lo dice todo: Historia de los crímenes del cristianismo. El capítulo 9 se dedica a los acontecimientos de mediados del siglo XVI hasta principios del siglo XVIII. Es un libro no para abjurar de la fe cristiana sino para detallar cómo fue utilizado su nombre para crímenes de lesa humanidad. Por ejemplo, lo ocurrido en América. Calcula el historiador que si en 1650 vivían 4 millones de personas pertenecientes a los pueblos originarios, en 1492, cuando llegó Colón, ese número sería de 7 millones. Nos habla de la matanza realizada por españoles y portugueses, y de la reducción a la esclavitud de los originarios. En una pintura de época se muestra con orgullo cómo a los indios que se negaban a trabajar se les amputaban las dos manos y, en otros casos, también los dos pies. Nunca –nos dice el autor– se levantó una voz oficial de los organismos de la Iglesia contra esa “justicia” de los cristianos. Eso hicieron los católicos; pero los protestantes de Gran Bretaña no les fueron en zaga. Entre 1680 y 1786 transportaron a la América hispana a 2.130.000 esclavos africanos. Para los colonos norteamericanos era algo natural declarar “ilegales” a los indios que habitaban sus “regiones conquistadas”, y siempre estaban dispuestos a pagar hasta cien libras por la cabellera de un natural de esas regiones. No se encuentran documentos oficiales de la época de las iglesias protestantes en los que se juzgara, aunque fuera moralmente, estos actos de salvajismo. Lo mismo se puede decir de los musulmanes, que en trece siglos llevaron como esclavos a sus tierras 17 millones de africanos. Estos fueron obligados a trabajar hasta morir. Un verdadero genocidio. Y lo peor de esta historia es que los jeques africanos entregaban a los árabes a su propia gente a cambio de tranquilidad y buena vida.

Pero de eso no se habla; ni de lo que hicieron los españoles con los pueblos originarios –las grandes matanzas–, ni de lo que hicieron los británicos con sus esclavos africanos y también con los pueblos que conquistaron. Como tampoco se habla sobre qué hicieron los norteamericanos después de su independencia con sus esclavos y sus pueblos originarios, ni tampoco en la Argentina se enseña la verdad sobre cuál fue la historia de esos pueblos después de la independencia de España.

La actualidad nos obliga más que nunca a comenzar a aprender lo que se hizo mal en el pasado. Por eso es para aplaudir la polémica que se ha iniciado en la Argentina de algo que parece superficial o que “ya pasó” y que, sin embargo, es fundamental para lograr justicia y paz en la sociedad. Pongo por ejemplo el interesante debate que se ha iniciado para cambiar al general Roca del billete de cien pesos por Juana Azurduy. Cuando la diputada Merchán presentó su proyecto, de inmediato el diario La Nación, claro está, a través del diputado radical García Hamilton, se opuso sosteniendo que la campaña de Roca se hizo contra los indios chilenos. Un disparate histórico sostenido como tesis por Mariano Grondona. Esos “indios” existían muchos siglos antes que los límites artificiales que establecieron “los blancos”. Pero lo interesante es el debate que se ha iniciado y los argumentos que presentarán los diputados y senadores cuando se discuta el proyecto. Son pasos adelante los que se dan para no aceptar la historia que manejó “el poder”. Como en Concordia, donde el Concejo Deliberante aprobó por unanimidad el cambio de nombre de la costanera llamada “General Roca”. Y también la municipalidad de Ingeniero Huergo, que cambió de nombre la calle Roca por Aimé Painé, la sensible cantora patagónica. Otro ejemplo de coraje civil que muestra la búsqueda de ética que siempre subyace en los pueblos: el puente para entrar a El Calafate llevará el nombre de Ramón Pantín, el joven de ese pueblo que en las huelgas de 1921 decidió acompañar a los huelguistas del campo porque comprobó la razón que tenían en el movimiento. Y fue fusilado por el Ejército argentino en la estancia La Anita, acusado por el administrador inglés de esa estancia, Robert Ridell, de ser “activista”. Finalmente la Historia siempre hace justicia. Se recuerda el nombre del joven Pantín y no el del mercenario inglés.

Como lo está haciendo la Justicia argentina –con bastante demora, por cierto– con los criminales desaparecedores de personas del ’76. Y aquí debemos mencionar la actitud de la asociación H.I.J.O.S. de Alto Valle, que elaboró un magnífico cuaderno, muy didáctico, sobre en qué consistió la represión del ’76 al ’83 y por qué se debía hacer justicia. El cuaderno se llama Justicia con vos y es repartido en los colegios. Una forma noble y democrática de llevar la verdad a las bases populares.

Señor Berlusconi: la paz no se logra con el ejército en la calle ni con impresiones digitales de los niños gitanos, sino con trabajo para todos, con el digno reparto. Con la dignidad, no con la Colt 45.

Desde Bonn, Alemania

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Entre el golpismo y la democracia vigilada, de Raúl Zibechi en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 16 agosto, 2008

Lo sucedido antes y lo que está sucediendo después del referendo revocatorio en Bolivia merece ser discutido y analizado por las izquierdas antisistémicasy los movimientos sociales latinoamericanos, ya que forma parte de las nuevas estrategias para sostener la dominación, implementadas por las elites los últimos siete años, luego del 11 de septiembre de 2001. No se trata de estrategias inéditas, sino del permanente perfeccionamiento de las que van ganando impulso desde la derrota imperial en Vietnam.

Como muestran Bolivia, Colombia y Venezuela, están emergiendo nuevas derechas autoritarias, que no rehuyen los golpes de Estado, pero que ahora asumen formas diferentes a los golpes militares clásicos. Ya no pretenden derribar presidentes con tanques en la calle ni bombardeos a los palacios de gobierno. Uno de los objetivos más destacados, en esta etapa, es obstaculizar la gobernabilidad democrática y popular, no importando si los gobiernos son apoyados por la población, si son sostenidos por mayorías y si actúan dentro de la ley. Pese a haber ganado más de diez elecciones, Hugo Chávez fue acusado reiteradas veces de dictador o de autoritario.

Para impedir la gobernabilidad en procesos de cambio social, las nuevas derechas han encontrado modos para promover una suerte de inestabilidad de masas mediante grandes movilizaciones populares impulsadas desde arriba, convocadas por los grandes medios monopolizados. Aquí el papel de los medios es importante, pero no factor decisivo. Mucho más importante es fomentar la intolerancia y los miedos de las clases medias, y de importantes sectores populares, hacia los diferentes (indios, pobres, otras lenguas y culturas). Insuflar miedo da buenos dividendos, de ahí que en todos los procesos mencionados la delincuencia y la violencia urbana se hayan disparado o ésa es la impresión dominante entre buena parte de la población.

En Colombia el elemento movilizador es el “terrorismo” de las FARC, pero en Argentina un padre de familia, cuyo hijo fue asesinado por delincuentes, Juan Carlos Blumberg, movilizó cientos de miles con la excusa de la inseguridad ciudadana, codo a codo con la ultraderecha, contra el gobierno de Néstor Kirchner. Las nuevas derechas, sean las autonomistas de Santa Cruz o las que defienden una televisora golpista en Caracas, tienen capacidad de movilización de masas, apelan a demandas “democráticas” y utilizan un lenguaje familiar a las izquierdas, pero para promover fines antidemocráticos y los intereses de las elites. A menudo meten en el mismo saco a las viejas derechas y a los dirigentes de los movimientos sociales y de izquierda, como hizo el prefecto golpista de Santa Cruz, Ruben Costas, quien la noche del referendo atacó por igual a Evo y a Jorge Quiroga, dirigente de Podemos: “Con la presencia del pueblo, derrotamos el oportunismo político que sin escrúpulos unió a la derecha conservadora y al masismo totalitario para destruir a esta patria emergente, alejada de los privilegios de la verdadera oligarquía que es el MAS”. Discursos como éste son desvaríos oportunistas, pero lo cierto es que las nuevas derechas enarbolan demandas sentidas por amplias franjas de la población.

Estos discursos y esas prácticas obedecen a dos nuevas orientaciones de las elites globales. La primera fue formulada por Robert M. Gates, secretario de Defensa de Estados Unidos, en su discurso en la Universidad Estatal de Kansas, titulado “La restauración de los instrumentos no militares del poder estadunidense” (Military Review, mayo-junio de 2008). Quien sirvió a siete presidentes como director de la CIA sostiene que su país puede mantener la hegemonía mundial a condición de “fortalecer nuestras capacidades de usar el poder ‘blando’ y establecer una mejor integración con el poder ‘duro’”.

Sacando conclusiones de la experiencia en Irak y Afganistán, Gates sostuvo que “el logro del éxito militar no es suficiente para vencer, sino el desarrollo económico, la construcción institucional y el imperio de la ley”. Para conseguirlo, se trata de “atraer civiles con experiencia en el agro, gobernabilidad y otros aspectos del desarrollo”, como una de las claves de las políticas de contrainsurgencia. La segunda cuestión, íntimamente ligada a ésta, es el apoyo material y en orientación a esas nuevas elites, como sucede en Bolivia.

Según denuncia del premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, el embajador de Estados Unidos en La Paz, Philip S. Goldberg, es el gran articulador de la oposición, inspirada en su odio a los indios. En 2007, la agencia de cooperación USAID desembolsó 124 millones de dólares en ayudas a la “sociedad civil” boliviana, canalizados por los prefectos de los departamentos de la Media Luna autonomista, embanderada detrás del departamento de Santa Cruz. Una estrategia muy similar a la utilizada en Venezuela.

Para los estrategas actuales del imperio, la democracia se reduce a elecciones con resultados mínimamente creíbles. Ni la democracia ni los servicios sociales son derechos que tiene la población, sino formas de mejorar el control y asegurar la hegemonía.

A la era de los golpes de Estado le sucedieron los “golpes de mercado”, como el que obligó la renuncia del presidente argentino Raúl Alfonsín en 1989, o de Hernán Siles Suazo en Bolivia, en 1985, en medio de la hiperinflación promovida por “los mercados” para destituir gobiernos a los que consideraban poco fiables. Ahora se trata de destituir procesos más que presidentes, impedir cambios de fondo motorizados por bases sociales organizadas y que cuentan con masivo apoyo popular. Un golpe de Estado clásico sería contraproducente, toda vez que los sectores populares aprendieron a revertirlos, como sucedió en Venezuela en 2002. La estrategia del desgaste y la ingobernabilidad ocupa el primer lugar en la agenda.

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