Reggio’s Weblog

Versión laica del ‘non possumus’, de Gregorio Peces-Barba Martínez en El País

Posted in Política, Religión by reggio on 15 agosto, 2008

Con la solemne afirmación del rechazo total formulada en latín non possumus, (no podemos), la Iglesia católica ha expresado en muchas ocasiones su distancia y su rechazo de situaciones civiles radicalmente innegociables. Es el no de Clemente VII a Enrique VIII para divorciarse de Catalina de Aragón, el de Pío IX que se opuso a devolver a un niño judío a su familia en el terrible caso Mortara, o todos los non possumus del siglo XIX frente a la modernidad.

Esta tajante negativa ante situaciones sociales y humanas supone desde el punto de vista de la Iglesia la existencia de unos espacios exentos, de unas zonas inmunes, de unos cotos vedados reservados a su decisión, donde el poder soberano no puede entrar ni resolver. Para la Iglesia es el límite de la democracia que choca con su ética de la verdad. Es también intelectualmente el límite para el siglo de las luces y de su idea del hombre centro del mundo y centrado en el mundo.

La Iglesia reclama un derecho de veto frente al contrato social, a los acuerdos de las mayorías, y la idea de soberanía popular. Son los signos más evidentes del carácter antimoderno de la Iglesia católica que quisiera para sí lo que está institucionalizado en países como Irán, donde un poder religioso está por encima del poder de un presidente de la República elegido por sufragio. ¡Quién iba a decir a la Iglesia de Lepanto que envidiaría con el paso del tiempo a las estructuras jurídicas de sus enemigos ancestrales!

No sólo el Vaticano ni el Papa, también la Iglesia institucional española ha repetido en innumerables ocasiones que es depositaria de verdades que están por encima de las coyunturales mayorías y de la soberanía popular. También algún arzobispo ha recordado no hace mucho a un congreso de laicos que no son de este mundo, resucitando la vieja idea de san Agustín de las dos ciudades, la de los justos y la de los pecadores.

Desde esas coordenadas intelectuales antimodernas que desconfían del impulso social y político desde la idea un hombre un voto, se puede afirmar la difícil coexistencia y la más difícil lealtad de la Iglesia con la democracia, que no actúa desde la ética de la verdad sino desde la difícil ética que se mueve entre la dialéctica de dudar y decidir.

Por eso está justificado desde el lado de la democracia, en la cultura jurídica y política moderna, poner límites a la soberbia pretensión de la Iglesia de tener la última palabra en el ámbito público y señalar las incompatibilidades radicales de su visión premoderna del mundo y de la vida, desde un non possumus laico y secularizado frente a los abusos eclesiásticos. También frente a esa laicidad “descafeinada” que pretende la convivencia del pluralismo y de la neutralidad del Estado con privilegios y con una situación de diferencia con las demás religiones, en base a una “realidad social” mayoritaria, de su función nacional y de su influencia sobre la cohesión de España.

El principio de la Paz de Augsburgo -cuis regio euis relegius- como forma transitoria para que el poder político, en cada caso, decida sobre la religión de su pueblo, hasta la proclamación de la paz religiosa y de la tolerancia del Tratado de Westfalia se transformaría hoy para estos eclesiásticos resistentes en cuius religio ius et regio.

Frente a toda esa cultura institucional católica que niega la modernidad, es necesario ese non possumus, para señalar lo que desde la cultura democrática no se puede aceptar de las posturas de la Iglesia.

Son todos aquellos comportamientos que llevan a la conclusión de la incompatibilidad de la Iglesia con la democracia, pese a la solemne declaración de la Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, hoy abandonada en la práctica.

No podemos olvidar las bases de nuestra convivencia, la tolerancia, la libertad, la igualdad, el respeto a la conciencia individual, el pacto social, el constitucionalismo, la separación de poderes o los derechos humanos rechazados reiteradamente por la doctrina de la Iglesia en el siglo XIX y también después, casi hasta nuestros días. La Iglesia católica se siente incómoda en un escenario que contempla desde su verdad y desde una idea del bien incompatible con cualquier punto de vista que no lo acepte.

Ante ese panorama no podemos asumir la idea de que la Iglesia es el puntal ético para fundamentar a “estas sociedades desmoralizadas y desorientadas”, ni que es poseedora de un patrimonio de verdades últimas sobre el ser humano que condicionan la democracia.

No podemos tampoco aceptar el rechazo de la laicidad que es la esencia de la democracia moderna, con igual trato a todos los ciudadanos. No podemos facilitar la presencia de símbolos religiosos que discriminen a las demás religiones, ni tampoco equiparar a las autoridades eclesiásticas con las civiles ni podemos escenificar alianzas excluyentes y discriminatorias en la necesaria cooperación con las iglesias, ni basar el orden público en la moralidad de una sola religión ni aceptar un vínculo sustancial previo de una concepción del bien que limite la soberanía del Estado.

Tampoco podemos aceptar que problemas éticos sean decididos por la Iglesia, sin perjuicio de regular en su caso la objeción de conciencia y siempre respetando su libertad de expresión, en temas como el matrimonio, las relaciones familiares, la investigación científica, sobre la forma de acabar las vidas indignas y de imposible recuperación.

No podemos aceptar límites a la libertad y al pluralismo desde una verdad que se esgrime dogmáticamente, ni acusaciones de relativismo a una realidad que tiene sólidas raíces históricas desde la recuperación de la luz por los seres humanos en la Ilustración, fuente última de la autodeterminación individual y de la democracia.

No podemos aceptar la tesis de la esencia católica de la identidad nacional ni confundir ciudadanos con creyentes. Es el rechazo de los reduccionismos simplificadores de la identidad como hecho histórico incontrovertible, de la historia de Europa con el cristianismo y del cristianismo con la Iglesia católica. No podemos tampoco aceptar su acrítica inocencia histórica con la que afronta sus errores, sus desviaciones o sus graves ataques a la dignidad humana, ni tampoco la consideración como inferiores de todos sus interlocutores en los planos moral y racional, incluyendo a las máximas autoridades civiles representantes de la soberanía popular.

Finalmente, no podemos aceptar la postura de la Iglesia respecto a la democracia ni que nunca la haya reconocido como el único régimen legítimo, ni la consideración del relativismo como un mal puesto que es expresión de la libertad de conciencia y del respeto a la autodeterminación, expresión de la dignidad humana. ¡Non possumus! No podemos si queremos ser dignos de respeto.

Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

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Una amenaza para Europa, de Jean-Marie Colombani en El País

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 15 agosto, 2008

Todavía es difícil extraer conclusiones de los combates que han enfrentado a Rusia y Georgia con el pretexto oficial de la suerte de las provincias de Osetia del Sur y Abjazia, aparte de ésta: se confirman los peores temores que podíamos tener sobre la Rusia de Putin. Año tras año, suceso tras suceso, el país se reafirma en su oposición a lo que denomina Occidente y vuelve a ser una amenaza para Europa.

Desde luego, siempre es posible explicar su actitud y atribuirle razones válidas para haber querido dar una lección a Georgia y, a través de ella, a Estados Unidos. Hay que recordar que, con la desintegración de la URSS y el nacimiento de la Georgia independiente, las dos provincias en disputa hicieron público su rechazo a integrarse en esta última república y su deseo de situarse bajo la tutela rusa. Fue la Rusia de Yeltsin la que quedó encargada de “mantener la paz” en Osetia y luego en Abjazia; en la práctica, los dos territorios, bajo la protección del Ejército ruso, no aceptaron nunca formar parte de Georgia.

Por lo tanto, era no sólo arriesgado sino ilógico por parte del presidente Saakashvili querer restablecer su autoridad por la fuerza. Lo que ha conseguido ha sido permitir una demostración de fuerza a Putin y una prueba de la impotencia de Estados Unidos en la región, aunque el derecho internacional estuviera claramente de parte de Georgia.

Pero habría sido conveniente acordarse de la advertencia que hizo Rusia en el momento en el que se aceptó la independencia de Kosovo. Los rusos avisaron, en nombre de la protección que consideraban que debían otorgar a los nacionalistas serbios, que, si se aceptaba la independencia de Kosovo, ellos la considerarían como un precedente aplicable a las provincias separatistas de Georgia. Salvo España, que lo había advertido en su momento, los norteamericanos y los europeos hicieron mal en no tener en cuenta la amenaza rusa: si los occidentales violaban el Derecho Internacional en Kosovo, los rusos advertían que harían lo mismo en Georgia.

Además, con esa mezcla de cinismo absoluto e ironía hiriente que caracteriza el vocabulario de Putin, Rusia ha resaltado que ha actuado en Osetia como los estadounidenses lo hicieron en Irak. No importa que Georgia sea una democracia, sólo importa el hecho de poder dar la vuelta a la doctrina de los neoconservadores que justificó la guerra de Irak y que Rusia dice haber aplicado en Georgia, en este caso para un cambio de régimen que quizá ha sido uno de los objetivos de Rusia para la guerra. Es decir, los norteamericanos han recibido una dosis de su propia medicina.

En este contexto, Europa ha desempeñado el único papel al que podía aspirar: el de la diplomacia y el alto el fuego. Desde este punto de vista, el presidente Sarkozy ha cumplido su tarea lo mejor que ha podido, con una relativa eficacia, más meritoria todavía porque la Europa a la que representaba no era unánime. Entre la postura radical de Polonia y los países bálticos y la preocupación de Alemania, para no hablar de Berlusconi, ayer portavoz de Bush y que ahora parece haber querido serlo de Putin. Porque, más allá de este episodio, es preciso valorar el peligro que representa hoy para Europa la ambición de Putin.

Recordemos la frase clave que explica el comportamiento de Putin en el escenario internacional: la de que la caída del imperio soviético fue “la mayor catástrofe estratégica de la historia”. Un poco después, en febrero de 2007, durante la conferencia de seguridad en Múnich, agitó la amenaza de la vuelta de la guerra fría.

La obsesión de Putin, formado en la escuela del KGB, es el regreso de la potencia rusa; no una potencia que contribuya al equilibrio mundial, sino una potencia con objetivos estrictamente nacionalistas.

Representa, pues, una amenaza para países como Georgia, Ucrania y los países bálticos, a los que Moscú considera parte de su cinturón de seguridad, de las marcas del Imperio. Ya se sabe que, para Moscú, la adhesión de Ucrania y Georgia sería un casus belli. A ello hay que añadir el chantaje permanente que la condición de productor de gas y petróleo de Rusia le permite ejercer sobre los países europeos, que cometen el error de presentarse ante ella de forma dispersa. Ésa es la gran pregunta estratégica que debe hacerse la UE: cómo comportarse ante una Rusia que ya no duda en pasar de la amenaza a la ejecución.

Jean-Marie Colombani, periodista francés, fue director de Le Monde. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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¿Necesitamos otros Pactos de La Moncloa?, de Manuel Lagares en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 15 agosto, 2008

TRIBUNA LIBRE

Tras conocerse el plan del Gobierno contra la crisis, el autor compara la actual coyuntura con la de 1977, cuando fue posible salir del túnel gracias al consenso

En estos días son ya muchos los que, ante la creciente gravedad de la crisis económica, piden unos nuevos Pactos de La Moncloa para superarla. Esa petición ha sido respaldada, además, por diversas organizaciones sociales, por periódicos y revistas -entre ellos, EL MUNDO- e incluso por algunos partidos políticos. Para quienes en 1977 estuvimos en primera línea de aquella aventura, nos impresiona cómo después de tantos años aquellos acontecimientos permanecen tan positivamente valorados en la conciencia colectiva de los españoles.

¿Necesitamos hoy unos nuevos Pactos de La Moncloa? Recordemos que aquéllos consistieron en un compromiso solemne del Gobierno con todas las fuerzas políticas, formulado ante las Cortes y aprobado unánimemente por ellas, para ejecutar un programa de saneamiento y reforma económica en el plazo de dos años, ante la gran magnitud de la crisis que nos afectaba y la sentida necesidad de cambiar el modelo económico de crecimiento, como también ocurre ahora. Sin duda, las circunstancias de nuestro país y su capacidad de resistencia son hoy, afortunadamente, bien distintas a las de 1977; pero también ahora como entonces nos golpea una crisis profunda de consecuencias muy graves y no bien evaluadas, e igualmente la economía española necesita de reformas importantes que exceden de un mero saneamiento coyuntural y de la capacidad de gestión en solitario de cualquier Gobierno.

No resulta descabellada la idea de unos nuevos Pactos que nos ayuden a superar la crisis y, sobre todo que, mediante las reformas adecuadas, sienten las bases para una nueva etapa de prosperidad como la que terminó derivándose de los de 1977. Ni tampoco sorprenderían esos Pactos en una democracia cuando han de afrontarse problemas tan graves y de tanta envergadura. Ejemplos similares se han dado en muchos otros países de nuestro entorno. Pero casi nada de lo necesario para unos nuevos Pactos es ahora igual que entonces. Como estuve presente en los entresijos de los Pactos de La Moncloa, he analizado en estos días las similitudes y diferencias que existen entre ambas situaciones y creo echar en falta, al menos, una decena de requisitos esenciales sin los que, a mi entender, resultaría muy difícil alcanzar unos nuevos Pactos con el éxito de los anteriores.

El primero de esos requisitos es la existencia de un equipo de expertos que haya analizado en profundidad las características de esta crisis, formulando un programa coherente para superarla. En 1977 estaba el llamado Equipo Fuentes Quintana, que, durante los tres años anteriores, había estudiado la crisis, sus repercusiones para la economía española, las soluciones que se aplicaban en otros países y, lo más importante, los ajustes coyunturales y las reformas de fondo que debían instrumentarse en aquellas difíciles y complejas circunstancias.

Hoy un equipo como aquél no parece existir, a la vista de las reiteradas y manidas propuestas del Gobierno que, además de negar otra vez la crisis, han consistido en poco más que en anunciar de nuevo la supresión del impuesto del patrimonio; la transposición de una directiva comunitaria del 2006; la reducción de algunos trámites administrativos -que ya veremos en que quedan, a la vista de las ideas y actuaciones de los gobiernos autonómicos y locales-; apoyar una vez más a la vivienda oficial y a las pequeñas empresas; devolver 400 euros de impuestos a algunos españoles, arruinando el superávit público; y entregar gratuitamente un par de bombillas de bajo consumo a todos los hogares. Con actuaciones de este calibre y otras aún más sorprendentes sobre corbatas y velocidad de acceso a las ciudades, me temo que tardaremos en resolver nuestros problemas actuales.

El segundo requisito se refiere a la ausencia de una autoridad científica y moral que avale el programa sobre el que tendrían que fundamentarse los nuevos Pactos. Como ocurre casi siempre, ante un determinado problema pueden plantearse diversas soluciones, aunque no todas sean igualmente eficientes. Elegir la más adecuada no suele resultar fácil ni comprensible para todos si no existe alguien con prestigio y autoridad moral que avale la elección. Ese papel y el de dirección del equipo de estudio de la crisis lo desempeñó brillantemente en 1977 el profesor Fuentes Quintana, el más prestigioso y conocido de nuestros economistas del siglo XX.

Además, el programa exigiría de importantes sacrificios, que tendrían que ser igualmente avalados por esa autoridad científica para que se admitiesen por todos. Por eso la tercera circunstancia que debería darse para unos nuevos Pactos es que sus medidas impliquen un reparto equitativo de los costes del ajuste. Sin que eso se perciba con nitidez, no se alcanzará el consenso ni para los ajustes necesarios contra la crisis ni para las reformas que abran un futuro de esperanza a nuestra economía.

La cuarta condición es que el programa mire al futuro y no solo a los problemas del momento. Para despertar interés y suscitar el consenso, ese programa tendría que dibujar un atractivo futuro a largo plazo, una vez superada la crisis. Desde luego ese futuro no podría delimitarse con absoluta precisión, pero se aseguraría razonablemente si las políticas del programa fueran muy coherentes con un sistema de libre competencia y mercado. Por eso, impulsar la economía de mercado, evitar cualquier fragmentación regional de éstos y liberalizar al máximo nuestro sistema económico constituiría la quinta condición necesaria para esos nuevos Pactos.

El programa al que venimos refiriéndonos tendría que ser formulado, además, por escrito y estar cuantificado adecuadamente. No bastaría con lanzar algunas ideas etéreas ni establecer previsiones sin cifras creíbles sobre las que nadie podría confiar. De ahí que en la elaboración de ese programa, escrito y cuantificado, tuvieran también que comprometer su prestigio las instituciones públicas más representativas de la economía española, lo que constituiría el sexto requisito para esos nuevos Pactos.

El séptimo requisito señala que no tiene sentido pretender unos nuevos Pactos sin que el programa de política económica sobre el que se asienten se haya debatido por las fuerzas políticas y sociales, aceptándose las correcciones que éstas sugieran si no afectan sustancialmente a los objetivos, medidas y plazos que le presten coherencia y sentido. El octavo estriba en que el Gobierno se comprometa, formal y solemnemente, a llevar a término, sin dilaciones ni subterfugios, las medidas del programa consensuado bajo un control parlamentario riguroso y periódico. Sin la decisión abierta y franca del Gobierno y sin la vigilancia atenta de las Cortes, poco podrá lograrse.

La novena condición, a mi entender, es la de comunicar a los ciudadanos, resuelta y sinceramente, la gravedad de la situación por la que atravesamos. Utilizar la semántica para ocultar lo que todos de sobra conocemos o recurrir a frases cabalísticas de los segundos o terceros niveles del Gobierno para rectificar las erróneas y triunfalistas manifestaciones de quienes integran su cúspide, socava la confianza en ese Gobierno e imposibilita recabar el apoyo de todos los ciudadanos para las duras medidas que habrán de aplicarse.

Por eso la décima y última condición para los Pactos es que hay que solicitar a todos los españoles que colaboren abiertamente con la política económica aprobada. Sin el convencimiento de los ciudadanos de que estamos ante una difícil situación que podrá resolverse, pero cuya solución exigirá del sacrificio y el compromiso de todos, poco podrá hacerse para salir con éxito de esta profunda crisis.

Si todos esos requisitos se cumpliesen, quizás pudieran alcanzarse unos nuevos Pactos similares a los de 1977. Al instrumentar un programa coherente y extenso de política económica, apoyado por las fuerzas políticas y sociales más representativas, en lugar de aplicar medidas inconexas y parciales no debatidas con nadie, coadyuvarían mucho mejor a superar la crisis, aunque no nos evitasen soportar algunos de sus costes y consecuencias. Sin duda, aliviarían enormemente la situación coyuntural y, sobre todo, nos pondrían en la senda de un futuro económico más brillante que el que hoy se intuye para después de la tormenta. Lamentablemente, y por todo lo expuesto, esos Pactos me parecen todavía muy lejanos.

Manuel Lagares es catedrático de Hacienda Pública y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

© Mundinteractivos, S.A.

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Expansión de EEUU, no agresión rusa, de Seumas Milne en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 15 agosto, 2008

GUERRA EN EL CAUCASO: EL ANÁLISIS

Las consecuencias de seis días de derramamiento de sangre en el Cáucaso han desencadenado toda una efusión de la hipocresía más nauseabunda de los políticos occidentales y de sus medios de comunicación. Como meros bustos parlantes, han tronado contra el imperialismo ruso; el vicepresidente de los EEUU, Dick Cheney, del que con lealtad se ha hecho eco el primer ministro británico, Gordon Brown, ha declarado que «la agresión rusa no puede quedar sin respuesta».

George Bush ha denunciado a Rusia por «haber invadido un estado vecino soberano» y por amenazar a «un Gobierno democrático»; semejante acto, ha insistido, «resulta inaceptable en el siglo XXI». ¿No serán éstos por casualidad los jefes máximos de los mismos gobiernos que en el año 2003 invadieron y ocuparon (con la colaboración de Georgia) el Estado soberano de Irak escudándose en un falso pretexto y con un coste de centenares de miles de vidas? ¿No son tampoco los dos gobiernos que impidieron un alto el fuego en el verano del 2006, mientras Israel pulverizaba el Líbano?

Después de toda la excitación que ha despertado la agresión rusa, a cualquiera le va a resultar difícil recordar que fue Georgia la que desencadenó la guerra con un ataque contra Osetia del Sur para «restaurar el orden constitucional»; en otras palabras, para tomar posesión de una zona que nunca ha controlado desde el hundimiento de la URSS. Tampoco ha habido, entre el escándalo que se ha montado por los bombardeos rusos, apenas nada más que unas brevísimas referencias a las atrocidades cometidas por las fuerzas georgianas contra ciudadanos en la capital de Osetia del Sur, Tsjinvali. Durante la semana pasada, más de 100 civiles han resultado muertos en la capital a manos de las tropas georgianas, junto con soldados rusos que trabajaban allí al amparo de un acuerdo de paz firmado en los 90. «He visto a un soldado georgiano lanzar una granada al interior de un sótano lleno a rebosar de mujeres y niños», manifestó el martes a los periodistas un habitante de Tsjinvali.

Puede que Georgia, como dice el ministro británico para Europa, Jim Murphy, sea «una pequeña democracia perfecta», pero tanto el actual presidente, Mijail Saakashvili, como su predecesor llegaron al poder gracias a sendos golpes de Estado con el respaldo de Occidente. Saakashvili recibió posteriormente el refrendo oficial para continuar en el cargo al obtener un 96% de los votos, antes de poner en práctica lo que el International Crisis Group ha descrito recientemente como un Gobierno «cada vez más autoritario», que el pasado mes de noviembre reprimió violentamente a los disidentes de la oposición y a los medios independientes de comunicación. Parece que «democrático» significa pro occidental.

El conflicto en torno a Osetia del Sur, que lleva mucho tiempo sin resolverse, así como el de Abjasia, la otra región de Georgia en disputa, es consecuencia inevitable de la desmembración de la URSS. Como en el caso de Yugoslavia, unas minorías que se sentían satisfechas con ir tirando en cualquiera de los lados de unas fronteras internas experimentan unos sentimientos diferentes en cuanto se encuentran en un lado de las fronteras internacionales de un Estado que no les gusta.

Estos problemas siempre serían muy difíciles de solucionar. Ahora bien, si se añaden la promoción que EEUU hace de Georgia como la posición más avanzada de Occidente contra Rusia en el Cáucaso; su empeño en meter a Georgia en la OTAN; el trazado de un oleoducto por su territorio, clave para el transporte del crudo del mar Caspio, con el objetivo de debilitar el control de Rusia sobre los suministros, y el reconocimiento, patrocinado por los EEUU, de la independencia de Kosovo, cuyo status había ligado explícitamente Rusia al de Osetia del Sur y Abjasia, el conflicto no era más que cuestión de tiempo.

Desde el hundimiento de la URSS, la CIA no ha dejado de mangonear en Georgia y este país se ha convertido bajo el Gobierno Bush en un satélite de EEUU. Las fuerzas armadas de Georgia reciben armas e instrucción militar de EEUU e Israel. Georgia tiene destacado en Irak el tercer contingente militar más numeroso, y de ahí la necesidad de que EEUU transportaran por vía aérea durante el fin de semana a 800 militares georgianos de vuelta a su país para combatir contra los rusos.

Los vínculos de Saakashvili con los neoconservadores de Washington son especialmente estrechos: el despacho de influencias encabezado por Randy Scheunemann, el principal asesor del candidato republicano a la presidencia, John McCain, ha obtenido unos ingresos cercanos a los 600.000 euros en pagos del gobierno georgiano desde el año 2004.

Sin embargo, bajo el enfrentamiento de la semana pasada late la determinación explícita y más ambiciosa del Gobierno Bush de reforzar la hegemonía global de los EEUU y de impedir toda la oposición en la zona de una Rusia en pleno renacimiento, un objetivo ya anunciado por Cheney cuando era el secretario de Defensa con Bush padre.

En la pasada década, la expansión de la OTAN hacia el Este ha llevado la alianza militar hasta las fronteras de Rusia. Han proliferado bases militares estadounidenses por toda la zona. Al mismo tiempo EEUU ha contribuido a instalar gobiernos clientelares contrarios a Rusia a base de una serie de revoluciones de colores y pretende colocar un sistema de defensa que claramente apunta a Rusia.

A todas luces, ésta no es una historia de agresión rusa sino de expansión imperialista de EEUU. A nadie le sorprenderá el hecho de que una Rusia más poderosa haya aprovechado el follón de Osetia del Sur para comprobar hasta dónde llegan esas ansias expansionistas. Lo que resulta más complicado de averiguar es por qué Saakashvili lanzó el ataque y si contó de algún modo con el aliento de Washington.

Si ha sido así, le ha salido el tiro por la culata. Por otra parte, a pesar de los esfuerzos que ayer hizo Bush por ponerse gallito, la guerra ha puesto de manifiesto los límites del poder de EEUU en esa parte del mundo. Mientras se respete la independencia de Georgia propiamente dicha, que estará mejor protegida si opta por la neutralidad, la cosa no tendría por qué terminar mal. La dominación unipolar del mundo ha restringido el espacio de la auténtica autodeterminación y hay que dar por bueno el retorno de alguna forma de contrapeso. Pero todo proceso de ajuste acarrea enormes peligros. Si Georgia hubiera sido miembro de la OTAN, el conflicto de esta semana habría corrido el riesgo de propagarse hasta niveles tremendos.

Eso habría sido aún más evidente en el caso de Ucrania, que ayer ya dio un aviso cuando su presidente pro occidental amenazó con restringir los movimientos de los barcos rusos que entran y salen de su base de Sebastopol. Como vuelva a plantearse un conflicto entre grandes potencias, lo más probable es que Osetia del Sur no haya sido nada más que un aperitivo de lo que está por venir.

Seumas Milne es columnista de The Guardian.

© Mundinteractivos, S.A.

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Falsos protectores, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Cultura, Derechos, Ecología, Medio ambiente, Política by reggio on 15 agosto, 2008

Vanoise es un parque nacional situado en las estribaciones francesas del Mont Blanc. Aunque rodeado de hoteles y urbanizaciones, pistas de esquí y centros turísticos de toda índole, el afán preservador de las autoridades competentes, presionadas por sus técnicos, les lleva a prohibir sobrevolar la zona incluso sin motor.

Podríamos multiplicar los ejemplos a miles, hasta llegar al absurdo -compartido por algunos de los museógrafos serios que conozco- de cerrar los museos al público con la misma argumentación que impide visitar las cuevas de Altamira: la luz, la presencia humana o la combinación de ambas cosas deteriora las obras de arte. Sin ir más lejos, los bañistas de algunas zonas de la Costa Brava que acostumbran a salir con sus lanchas se están quejando ya de que no les permiten fondear en las calas, que cierran con cualquier excusa, desde la posidonia, ya desaparecida o que nunca estuvo, hasta la protección de los bañistas que, cuando no se puede llegar por tierra en coche, han dejado de acudir porque llegaban en barca. Los prohibicionistas de profesión podrían poner boyas, sujetas a bloques de cemento depositados en el fondo, como en las Medes -por cierto, insuficientes y muy disputadas-, pero parece que eso está cada vez peor visto entre los gestores de la naturaleza. De lo que tratan los protectores profesionales es de evitar al máximo la presencia humana en los espacios protegidos, como si esas porciones de naturaleza fueran para su privilegiado uso y disfrute personal.

No caen en la cuenta de que los parques naturales pueden existir y ampliarse, porque o bien la acción humana sobre esos territorios no los ha degradado, o bien los ha transformado con acierto, caso de los arrozales de Pals, de manera que el paisaje es ahora más atractivo que cuando se encontraba en estado salvaje. Los usos de un parque natural compatibles son, desde luego, muchos más de los que presumen quienes cobran un sueldo público para protegerlos. ¿O es, por ejemplo, que deberían volverse a inundar las grandes lagunas del Empordà desecadas con tanto tino, esfuerzo y provecho en los últimos siglos? Por ahí avanza un fundamentalismo del que nos deberíamos proteger antes de que sea demasiado tarde.

La gestión integral de territorio es, además de un bonito nombre, una entelequia. La coherencia entre los distintos departamentos de la Administración consiste en ignorarse mutuamente, si bien se observan de reojo, a fin de que la acción de uno no impida la del otro, por contradictorias que sean, y allá se las apañe el ciudadano. Sobre nuestro litoral inciden, cada cual por su lado, los de Ports, los de Turisme y los de Medi Ambient. Jamás, según los lugareños consultados, han acudido conjuntamente a explicar sus planes. Por la sencilla razón de que no son compatibles. Los de Política Territorial se devanan la mollera pretendiendo aumentar el número de amarres sin ampliar otro puerto que el de l´Estartit. Lo que, además de constituir un atentado paisajístico a las Medes y al pueblo, entra en flagrante contradicción con el proyecto de parque natural del Montgrí, les Medes i el Baix Ter, de orientación desertizadora. Si usted veranea en la Costa Brava y posee una barca o lancha, véndasela antes de que no pueda salir de puerto si no es para alejarse a toda prisa de la costa. Si está pensando en comprarse una, desista, por lo menos hasta que la Generalitat le dé garantías de que dispondrá de calas en las que tomar su baño. ¿Y los de Turisme? Ellos van a la pela. Su norte es independiente y opuesto al de Medi Ambient. Por ello engañan al posible visitante: las fotos promocionales que hacen la costa catalana tan atractiva corresponden a lugares que jamás podrán visitar, de los que está casi vedado disfrutar, a los que pronto estará prohibido siquiera aproximarse. ¿Es eso incremento de la calidad de la oferta? Más bien tomadura de pelo.

Ocultan los técnicos y sus jefes, los responsables políticos, que la degradación de ciertas zonas sumergidas del litoral se debe a factores ajenos a los bañistas y navegantes. Por ejemplo, los agentes químicos que bajan por los ríos, ante cuya desembocadura han desaparecido los peces de arena. Ciertas algas como de moco rojizo, antes desconocidas, que se pegan a las rocas hasta hace muy poco llenas de mejillones, erizos, tomates marinos, flora y fauna multicolor. Eso, no sólo les da igual, sino que lo silencian porque no les conviene. En el colmo de la incongruencia, el famoso proyecto de parque natural del Montgrí, les Medes i el Baix Ter excluye el propio río, el Baix Ter. A lado y lado, miles de hectáreas protegidas, hasta hoy por la sabia mano de sus habitantes, a partir de mañana por mentes ajenas al territorio. Pero lo que es el lecho del Ter y sus inmediaciones, eso queda fuera, salvo en los últimos tal vez dos centenares de metros. ¿A santo de qué? Tal vez no hay presupuesto para erradicar las cañas, que son especie invasora. Y no digamos la maleza que vuelve el Ter invisible a todo ojo humano, salvo el de quienes lo sobrevuelen en pequeños artefactos, con o sin motor… ¡hasta que se lo prohíban!

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Zapatero ve cumplido el Estatut y avisa que la financiación es un pacto entre 17, de Carmen del Riego en La Vanguardia

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 15 agosto, 2008

EL DEBATE TERRITORIAL

El presidente advierte a Montilla que el Estatut no impone al Gobierno lo que debe hacer

Los acuerdos son cosas de dos, luego si no ha habido acuerdo Gobierno-Generalitat en materia de financiación, no se puede acusar sólo al Gobierno de incumplir el Estatut. Es más, “el Gobierno ha cumplido escrupulosamente el Estatut” al presentar dentro del plazo su propuesta en financiación, el plan Solbes. El Govern algo tendrá de responsabilidad en que no haya habido ese acuerdo, luego, con su misma tesis, ha incumplido el Estatut.

Esta es, en resumen, la tesis que ayer defendió el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Aun sin citar ni al Govern ni a José Montilla, quedó claro a quién dirigía su mensaje. y el mensaje es que el Estatut no dice “el Gobierno debe hacer esto o lo otro” como, insinuó, ha pretendido imponer el Govern, sino que en dos años debe haber un acuerdo. Y lo dice quien – recordó a quienes le acusan de incumplir el Estatut- intervino en la redacción final del Estatut “de manera directa y personal”.

Y para que haya ese acuerdo previsto en el Estatut, subrayó el presidente del Gobierno, “se requieren dos voluntades” y en este caso, además, es asunto “de dos partes… y de 17, porque si es verdad que el Estatut plantea la bilateralidad, hay una parte de acuerdo bilateral y otra multilateral con las demás comunidades autónomas”. Es decir, habrá negociación de tú a tú con Catalunya, pero en cualquier caso el modelo final será por consenso entre todas las comunidades autónomas, en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera: “Una financiación armonizadora y de equilibrio general”. Zapatero no se resistió a subrayar que la novedad es que “el PP pide al Gobierno que cumpla el Estatut”.

Zapatero quiso así poner los puntos sobre las íes en su primera respuesta al enojo catalán. Pero no quiso entrar en polémicas con el PSC, que junto a Montilla lideran la denuncia contra el Gobierno. “No voy a responder. Estoy aquí para buscar consensos”, dijo. Pero dejando claro que él cumple el Estatut, “como he cumplido todos los compromisos con Catalunya”. Y para muestra un botón, el cumplimiento de una de las partes esenciales del Estatut, la disposición que garantiza un nivel de inversión en infraestructuras durante siete años equivalente al PIB catalán, “que el Gobierno ha cumplido, como ha reconocido Castells”.

Zapatero hizo hincapié en que ese consenso tiene que incluir a todas las comunidades autónomas. Su compromiso es que el acuerdo que se pacte suponga una mejora para todas. En lo que hay que trabajar ahora, subrayó, es en determinar cuánto mejorará una u otra, con una sola condición: que el Estado mantendrá el 50 por ciento de los recursos públicos, para cumplir sus compromisos, entre otros, las inversiones previstas en los estatutos de Catalunya y Andalucía.

El presidente no dejó de hacer un guiño a otras comunidades como Madrid y Valencia, al subrayar que la prioridad es mejorar la financiación de la sanidad y en educación, sobre todo en las comunidades que han aumentado la población. Hay margen para ello, dijo Zapatero, para eso España viene de tener un superávit del 2,5%, lo que supone 25.000 millones de euros de los que ahora el Gobierno puede disponer.

Es algo que la crisis no va a impedir. Y eso que Rodríguez Zapatero, que compareció ayer tras el Consejo de Ministros, para dar cuenta de las medidas adoptadas, incrementó un tono el grado de gravedad con la que describió la situación económica, al calificarla de “estancamiento y frenazo económico” (véase más información en la página 43). Eso sí que le preocupa y se le notó en la diferente expresión que utilizó cuando se refería a la crisis o cuando hablaba de la financiación. Sobre este último asunto, se mostró convencido de que habrá acuerdo y que este será razonable “porque todos lo necesitan”.

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Especulación urbanística contra Numancia, de José Barea en Cinco Días

Posted in Cultura, Derechos, Historia, Medio ambiente, Política by reggio on 15 agosto, 2008

El Ayuntamiento de Soria aprobó en 2006 su Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), como han hecho otros ayuntamientos, y en él no se incluyó el Proyecto Soria II, posteriormente (2007) aprobado como modificación puntual del PGOU. La finalidad de dicho proyecto es aumentar en 115 hectáreas el suelo industrial, cosa que podría ser razonable si en Soria existiera escasez de dicho tipo de suelo y su localización no afectara el patrimonio histórico de Soria.

Con respecto a la primera cuestión, según el estudio realizado por Gregorio Izquierdo, profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, resulta que la actual oferta de suelo urbanizable del municipio de Soria cubre sus necesidades de 180 años y esto considerando una demanda anual del municipio de Soria máxima de 1,5 hectáreas, muy por encima de la real de los últimos años. Por tanto, la oferta actual de suelo industrial del municipio de Soria no sólo no es escasa, sino que es excesiva y sobrante, por lo que llama poderosamente la atención que se apruebe el Proyecto Soria II que amplía en 115 hectáreas el suelo industrial.

El Ayuntamiento de Soria no ha dado explicaciones de las razones por las cuales se ha aprobado, cuando tiene un excedente de suelo industrial, de la magnitud que hemos señalado. Podría ser que, una vez consumada la expropiación de los terrenos y al demostrarse la inutilidad de la inversión a realizar para ofrecer más suelo industrial, se pretenda recalificar el suelo con destino a viviendas, para las cuales sí habría demanda, constituyéndose así en una verdadera especulación del ladrillo contra Numancia.

Respecto al segundo tema, la literatura sobre la nueva geografía económica, de la que Krugman fue el iniciador de estos estudios en 1991, aconseja que el Polígono Soria II debería situarse junto a los polígonos industriales ya existentes (Las Casas y Valcorbe), por las economías externas que ello origina, los outputs de una empresa podrían servir de inputs a otras, con un ahorro de costes evidente, ya que existen mecanismos acumulativos en la geografía económica.

Estamos a tiempo de impedir otro desastre como el de la reestructuración del Teatro Romano hace veinte años de Sagunto. El Ayuntamiento de dicha ciudad acordó renovar el aspecto ruinoso de tal monumento histórico, dándole un aspecto más moderno y funcional. Tal decisión originó una fuerte polémica y los detractores de la misma interpusieron los oportunos recursos; al cabo de 17 años, el Tribunal Supremo ha fallado este año que se proceda a una reconversión de las obras realizadas para recuperar el teatro original, lo que evidentemente supondrá al Ayuntamiento de Sagunto un fuerte coste, originado por el empecinamiento que tal Corporación tuvo, rechazando las múltiples reclamaciones que se le formularon.

El informe del Comité Nacional Español del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) analiza los efectos del Proyecto Soria II sobre los Bienes de Interés Cultural (BIC) y sobre el paisaje, ambiente y entorno de Soria, poniendo de manifiesto que está emplazado entre varios Bienes de Interés Cultural (BIC). Cita a estos efectos: Numancia y el Cerco Romano de Garay, Iglesia y Claustro de San Juan de Duero, Casco antiguo de la ciudad, muralla medieval, Iglesia Concatedral de San Pedro, claustro de la Iglesia de San Pedro, así como otros elementos arquitectónicos (puente sobre el río Duero, antigua parroquia de San Millán, Nevero,….), catalogados en el Plan General de Ordenación Urbana de Soria.

A juicio del Comité Nacional Español de Icomos, el Polígono Soria II tiene efectos muy alarmantes en lo referente a la conservación y protección de un patrimonio cargado de valores culturales y naturales, que lo hacen irrepetible y altamente frágil, poniendo en grave riesgo la integridad y conservación adecuada de cada uno de los citados bienes.

Con independencia de lo anterior, Soria II pone en peligro el paisaje como bien protegido y protegible, como establece el artículo 42 de la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León, que menciona expresamente la ‘silueta paisajística’ y el propio Informe Icomos se pregunta: ‘¿La construcción de un polígono industrial en un suelo rústico situado en el centro de los tres BIC, Numancia y el Cerco Romano de Garay, margen izquierda del río Duero, y casco antiguo de la ciudad de Soria, tiene incidencia paisajística y ambiental en los citados BIC?’. La respuesta es contundente: ‘Sí, porque en realidad estamos ante una misma silueta paisajística, ante un mismo paisaje, tenga la catalogación legal que tenga cada uno de sus importantes componentes. Porque el todo es mucho más que la suma de las partes; lo que define el todo son las interacciones entre las partes’.

En el Convenio Europeo del Paisaje (2000), ratificado por España el 6 de noviembre de 2007, el paisaje se define como ‘cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la intervención de factores naturales y/o humanos’. Para Icomos, ‘una alteración grave del paisaje que circunda la ciudad de Soria, con el desarrollo del Proyecto Soria II, o una destrucción de este paisaje, echará a perder la imagen por la inevitable e irreparable pérdida de la autenticidad, de la ciudad histórica de Soria’. Los que hemos vivido allí, estamos totalmente de acuerdo con esta opinión. Se perdería lo que Bécquer, Machado y Gerardo Diego pusieron, como se ha dicho, ‘palabra literaria a sus vivencias y nostalgias, mirando y sintiendo el paisaje soriano en torno al Duero’. Estos valores se conocen en la economía pública como bienes públicos puros, y en la empresarial como intangibles.

Yo me atrevería a sugerir al Ayuntamiento de Soria que reconsidere la decisión tan importante que va a tomar, no sólo para la ciudad de Soria, sino para un patrimonio de la Humanidad. Que tome como ejemplo a la corporación de Toledo por su minuciosa atención a su patrimonio histórico, que la convierte en la ciudad más visitada de España por su atractivo histórico. Soria reúne un patrimonio cultural mucho más antiguo que el de Toledo; bastaría que, tanto a nivel nacional como internacional, se promocionara tal hecho, y se organizaran rutas turísticas de visita de los monumentos históricos y del paisaje, para que Soria se convirtiese en otro icono turístico, con todo lo que ello lleva de creación de puestos de trabajo, sin deteriorar su patrimonio ni su paisaje.

El Proyecto Soria II ha sido rechazado por las Academias de Bellas Artes y de la Historia, la Unesco, la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano y varias universidades, además de científicos, investigadores e historiadores tanto de España como del extranjero.

José Barea. De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

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Zapatero apuesta por aumentar la deuda pública para acentuar el perfil social del Gobierno, de A. Mendoza en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 15 agosto, 2008

“Es prioritario garantizar la política social”, insistió ayer el presidente José Luis Rodríguez Zapatero durante su comparecencia para explicar las medidas económicas que está adoptado el Gobierno para salir de la crisis. Ante la falta de nuevas ideas para mitigar el continuo deterioro de la situación económica, Zapatero ha apostado por que su Ejecutivo aparezca identificado ante la sociedad como el único garante e impulsor del gasto social, marcando así las distancias con el perfil del Partido Popular. El presidente del Gobierno reiteró que mantendrá los compromisos de su programa electoral, pese a que éste fue elaborado cuando la crisis todavía no había estallado en toda su magnitud. Y, para ello, Zapatero está dispuesto a incurrir en déficit público, pese que el superávit de las cuentas públicas es uno de los logros más publicitados por el Gobierno.

Zapatero se comprometió de nuevo ayer a incrementar el salario mínimo y las pensiones más bajas, y subrayó que el Gobierno se preocupa especialmente por “las familias con más necesidades”. Cuestionado por la capacidad de las cuentas del Estado para soportar un nuevo y más costoso modelo de financiación económica, unido a las partidas destinadas a reactivar la economía y a sufragar el gasto social, Zapatero insistió en que “tenemos margen”. Este margen pasa por aumentar el ratio de deuda pública sobre el PIB, que a principios de año se situaba en el 39,7%, 20 puntos por debajo de la media de la Unión Europea. Bruselas exige tener un nivel de deuda por debajo del 60%, por lo que el Ejecutivo podría jugar con esa diferencia para no cerrar el grifo del gasto público y “lanzar estímulos a la financiación de la economía”. Como ejemplo, Zapatero citó el “esfuerzo” de destinar 10.000 millones hasta 2010 para la construcción de vivienda protegida y reactivar así el sector de la construcción.

El incrementjo de la deuda pública emerge así como uno de los instrumentos más importantes que el Ejecutivo está dispuesto a utilizar a la espera de que, de acuerdo con sus expectativas, las tasas de crecimiento vuelvan al 3% a partir de 2010. Y es que al otro recurso con que contaba el Gobierno, el superávit, le queda poco recorrido. Pese a que Zapatero se refirió a los cerca de 25.000 millones de superávit con que se cerró 2007, los resultados de 2008 serán muy diferentes. A comienzos de año, las previsiones del Gobierno indicaban un superávit del 1,2% del PIB para 2008, pero el primer semestre de 2008 arrojó un déficit de 4.638 millones, un 0,42% del PIB.

Gasto contra moderación

El ministro de Economía, Pedro Solbes, admitió en julio que las cuentas públicas podrían cerrar este año con déficit si finalmente la economía crece por debajo del 2,3%, aunque matizó que no era una cuestión que le preocupara. Medidas como el “cheque bebé” o la devolución de los 400 euros, que han acaparado una buena parte del gasto público, son la prueba de la orientación política que Zapatero pretende dar a su Gobierno en plena crisis. Un corte social acentuado que contrarreste el deterioro de la imagen del Gobierno como gestor que, según los sondeos, ha ido calando en la sociedad por su negativa a reconocer la existencia de la crisis. Esta estrategia opone las prioridades del PSOE a las del PP, que recomienda moderar el gasto público, de forma que no pase del 2% durante el periodo de desaceleración.

A la afirmación de Zapatero de que las medidas económicas aprobadas por el Gobierno no hipotecan el futuro ni son “pan para hoy y hambre para mañana”, el portavoz de Economía del PP, Cristóbal Montoro, respondió que se trata de un “refrito desafortunado” que no hace sino agravar la crisis económica, y la “crisis de confianza hacia el Gobierno”. Las medidas del Ejecutivo tampoco gustaron a CiU, pero convencieron a sectores de la izquierda, como el sindicato a UGT, que valoró que no supongan recortes sociales. Además, Zapatero lanzó un guiño a los grupos parlamentarios de izquierda, al asegurar que confía en aprobar los Presupuestos Generales de 2009, porque en el Congreso hay una mayoría que está a favor de aumentar las pensiones y mantener el gasto social.

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La economía europea se asoma al abismo de la recesión, de Elena Sanz en El Confidencial

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 15 agosto, 2008

De Francia a Alemania, pasado por Italia o España. Los últimos datos macroeconómicos –inflación, crecimiento económico, productividad- no dejan lugar a dudas: la salud económica de la Zona Euro atraviesa por un delicado momento. De hecho, se encuentra a un paso de la recesión, para lo que serían necesarios dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo del PIB. El primero ya se ha producido.

La economía del conjunto de países que componen la Unión Económica Monetaria (UEM) se contrajo en el segundo trimestre de este año por primera vez desde la puesta en funcionamiento de la moneda única, hace ya casi una década. El PIB ha registrado una caída del 0,2% respecto al primer trimestre, cuando la economía creció un 0,7%. En términos interanuales, la tasa de crecimiento ha vuelto a desacelerarse por tercer trimestre consecutivo, hasta el 1,5%.

Sólo la inflación ha dado cierto respiro a la Europa Monetaria (UEM), al permanecer en el 4% en julio, por debajo de lo inicialmente previsto, aunque todavía significativamente por encima del límite del 2% establecido por el BCE para conseguir la estabilidad de precios, una estabilidad que se ha visto seriamente dañada por el fuerte repunte de los precios de los alimentos -6,7% en julio- y de la energía -17,1%-.

Así, los precios del crudo –aunque han caído un 10% desde que fijaran máximos históricos en 147,27 dólares en julio- se encuentran un 60% por encima de las cifras de hace un año. El encarecimiento del ‘oro negro’ ha tenido un efecto muy negativo en el bolsillo de los consumidores y está siendo devastador sobre los resultados de algunas compañías, como las aerolíneas. Ryanair, la mayor low cost de Europa, sin ir más lejos, aseguraba el mes pasado que podría presentar sus primeras pérdidas anuales desde que salió a bolsa en 1997 debido a los elevados precios de los carburantes.

Tampoco el euro está ayudando a las economías de la UEM. La moneda única alcanzó su máximo histórico el 15 de julio al tocar los 1,6038 dólares. La fortaleza de la divisa comunitaria está pasando factura a las exportaciones del Viejo Continente.

Contracción económica en Alemania y Francia; frenazo en España

Por países, el panorama económico es desalentador. En Alemania, el PIB ha caído un 0,5% durante el segundo trimestre, su primer descenso en cuatro años, hasta situar la tasa interanual en el 3,1%. Con estos datos en la mano, la oficina federal se ha visto obligada a revisar sus estimaciones de crecimiento del primer trimestre, reduciéndolas al 1,3% desde el 1,5% anteriormente anunciado. Tampoco invitan al optimismo los datos publicados esta semana sobre Francia. La economía gala experimentó un descenso de un 0,3% entre abril y junio frente al crecimiento previsto del 0,2%. En Italia, por su parte, ya se habla de estanflación. Su PIB tiene crecimiento cero y la inflación sube al 4,1%.

También pintan bastos en Holanda, donde la economía se ha estancado, o en España, con el crecimiento económico más bajo desde la recesión de 1993 y con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria como principal causante de este fuerte parón. Tampoco ayuda la inflación, que se encuentra en máximos de 16 años y que alcanzó en julio el 5,3% interanual, ni la producción industrial, que ha registrado en junio la mayor caída en quince años.

A EEUU y Reino Unido no les va mejor

El frenazo económico no se restringe a la Unión Monetaria. Otros países europeos, como Reino Unido, tampoco atraviesan por su mejor momento. El Gobierno se ha visto obligado esta semana a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento económico ante el mayor aumento del desempleo registrado en el país en casi 16 años. Incluso el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, ha llegado a hablar de la “posibilidad de un trimestre o dos de crecimiento negativo”. Fuera del Viejo Continente, las cifras de Estados Unidos tampoco invitan al optimismo.

Al otro lado del Atlántico, los precios se han disparado en julio un 0,8% respecto a junio, el doble de lo previsto, y situando la tasa interanual en el 5,6%, su nivel más alto desde enero de 1991. Además, el Gobierno espera un crecimiento medio anual del 0,7% entre julio y diciembre, la mitad que en la primera mitad del año.

Las cifras no invitan al optimismo y así lo reflejan economistas. Los primeros aseguran que “no se puede hablar de aterrizaje suave de la economía de la eurozona”, o “la verdadera desaceleración sólo acaba de comenzar y lo peor está aún por llegar”. Dentro de la Unión Europea, por el contrario, optan por la prudencia y aunque reconocen que “existen riesgos a la baja sobre el crecimiento” y aseguran que hablar de recesión es exagerado, según la portavoz comunitaria de Asuntos Económicos y Monetarios, Amelia Torres. Por su parte, varios expertos consultados por el BCE prevén una inflación mayor este año, así como un menor crecimiento económico para 2009.

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La viva imagen de la impotencia, de José Antonio Zarzalejos en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 15 agosto, 2008

El arreón de imagen del Gobierno, interrumpiendo las vacaciones presidenciales en plena canícula, ha logrado, quizá, contrarrestar al “gabinete de crisis” montado por el PP, pero no ha conseguido el efecto que los agentes sociales deseaban: una fuerte dosis de confianza en que el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero será capaz de hacer revertir, al menos en parte, la pésima coyuntura económica. Es verdad que la presencia gubernamental simultánea a la publicación de datos muy negativos (IPC por encima del 5% y crecimiento del PIB de sólo 0,1% en el segundo trimestre), ha amortiguado el golpe estadístico. Es verdad también que el desplome de las economías alemana, francesa y japonesa ha acompañado a la española. Pero, aún así, el Gabinete de Zapatero está estigmatizado politicamente: su negativa a reconocer en su momento la existencia de una crisis económica que nos remite a los peores episodios de los años ochenta y noventa, ha inoculado la desconfianza social hacia el discurso gubernamental. El resultado es que el Ejecutivo es contemplado como la viva imagen de la impotencia ante una marea de datos que componen un escenario preocupante de la economía nacional e internacional.

El Gobierno, además, ha agudizado esta sensación de incapacidad al diferir las medidas ayer aprobadas en el Consejo -siendo la más importante el estudio de la trasposición de la directiva de servicios de la UE al ordenamiento interno nacional- nada menos que ¡a dos años vista!, cuando lo que requiere la coyuntura es una panoplia de medidas de choque que hagan reaccionar los sensores de la confianza financiera y empresarial. Como el presidente, por si fuera poco, sigue haciendo equilibrios discursivos, ha sido incapaz de explicar que las medidas liberalizadoras que se quiere implantar -muchas de la cuales requieren, como la de servicios, cambiar decenas de normas y conciernen competencialmente a las autonomías- buscan lograr un cambio sustancial de nuestro modelo de crecimiento para evitar dependencias excesivas de sectores concretos -sea la construcción, el turismo o cualquier otro- y permitir que el propio mercado vaya buscando progresivamente sus equilibrios y adaptaciones. La falta de convicción que transmite el Gobierno y que se torna en desconfianza ciudadana en su competencia y capacidad tiene que ver igualmente con las contradicciones que implica mantener un disursos socialdemócrata puro con el que proclama la liberalización y, por lo tanto, la activación de los mecanismos del mercado. Se adentra el Gobierno en el terreno de la incoherencia: sí hay una manera de gestionar la crisis desde una concepción liberal-conservadora y sí la hay desde otra, opuesta, de carácter socialista. Rodríguez Zapatero no se ha decantado y permanece en un equilibrio inestable que es percibido así por los agentes sociales que son los que crean -con los medios de comunicación- el ambiente psicológico en el que se desenvuelve la crisis. Rodríguez Zapatero tampoco ha desvelado cómo va a afrontar dos crisis que están concatenadas: la de la financiación autonómica y la generada por el desacuerdo en torno a los Presupuestos Generale del Estado. Y, así, sumando todo, y admitiendo que el Gobierno no se ha dejado mecer por “ferragosto”, no queda más remedio que subrayar que su solvencia en la gestión de la crisis no ha mejorado un ápice.

Siguen ofreciendo una preocupante sensación de impotencia.

Más pólvora en salvas, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 15 agosto, 2008

No está claro que el esfuerzo de interrumpir las vacaciones les haya servido de gran cosa a los integrantes del Gobierno que han participado en las dos últimas reuniones dedicadas al análisis de la situación económica y de las medidas adoptadas para poner freno a la crisis. Lo que parece más bien una operación de imagen, a estas alturas ya muy tardía y por lo tanto de escasa efectividad, se ha traducido en una reedición de los remedios que fueron esbozados allá por la primavera y que incomprensiblemente aún no están en vigor. El Gobierno sigue mostrando una clara lentitud de reflejos y muy escasa convicción en que las medidas que va aprobando sirvan realmente para algo.

Hay que tener en cuenta que los primeros análisis de los responsables de la Administración hicieron una evaluación del estado de cosas de la economía que quizás a estas alturas está ya fuera de contexto, aunque sigan utilizándolos. La dificultad que le asignaron a la evolución de la economía estaba apoyada en el brusco crecimiento del precio del petróleo y en las dificultades de las entidades financieras que habían intervenido en los artificios de los mercados hipotecarios norteamericanos. Lo primero era un fenómeno pasajero ante el cual, en todo caso, nada podíamos hacer. Lo segundo, afectaba a los grandes bancos de inversión, pero nunca a la sólida banca española, que no ha participado para nada en las inversiones aquejadas por los problemas de solvencia ya conocidos.

A la hora de la verdad, el precio del petróleo está retornando a cotas más razonables e incluso podría bajar a la zona de los 100 dólares el barril, pero a estas alturas pocos creen que ello bastaría para devolver el brillo a la economía española. Los problemas están en otros escenarios y la prensa internacional nos los está recordando estos días con insistencia, formulando incluso previsiones bastante alarmistas. Una de ellas, de ayer mismo y nada menos que elaborada por The Economist, viene a decir que la crisis española no sólo es grave sino que puede arrastrar a media Europa, dada la envergadura que ha ido adquiriendo la economía española en el seno de la Eurozona en estos últimos años. Según este análisis, somos víctimas de los excesos del sector inmobiliario, que no supimos frenar a tiempo o encauzar de la forma debida. Que lo digan los ingleses, que padecen problemas similares de excesos inmobiliarios (algunos en tierra española), no le quita valor al análisis.

Exagerado o no, el temor que tienen en algunos ambientes exteriores al desenvolvimiento de la crisis económica española está acelerando los problemas. Uno de ellos es el de la liquidez de la banca española, que sigue sin encontrar recursos internacionales en los mercados mayoristas y que sobrevive gracias a las masivas inyecciones de recursos por parte del Banco Central Europeo (un 10% de la liquidez de BCE está siendo absorbida por los bancos españoles). Los grandes inversores internacionales han estado desmontando sus posiciones en la Bolsa española, lo que está acelerando la caída de las cotizaciones, que ya supera a la media de la zona euro. Muchos inversores institucionales han quedado además atrapados en algunas emisiones realizadas recientemente por cajas de ahorros españolas, inversiones que sólo pueden deshacer incurriendo en importantes minusvalías.

Hay una clara pérdida del valor del papel español en el exterior y a ello está contribuyendo de forma destacada la falta de respuesta de las autoridades españolas. El carácter liviano y más cosmético que real de las medidas anunciadas este jueves servirá para remarcar aún más esa pérdida de confianza en los responsables del manejar el timón de la economía española. Pocos creerán que la presencia de Rodríguez Zapatero en el debate económico de estos días va a servir para catapultar la reacción de la economía española ya que el presidente se ha limitado a dar solemnidad a un catálogo de medidas ya conocidas, de modesta cuantía en lo numérico y de impacto a medio plazo, ya que algunas no surtirán sus efectos más que en el año 2009. Quizás demasiado tarde. La presencia de Zapatero había generado ciertas expectativas que, por desgracias, han quedado defraudadas. Es decir, un cartucho más que el país ha desperdiciado en la tarea de levantar el ánimo de los españoles y la confianza de los inversores.

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Bolivia, después de la victoria, de Ángel Guerra Cabrera en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 15 agosto, 2008

El contundente triunfo de Evo Morales en el referendo revocatorio constituiría por sí mismo una gran victoria electoral en cualquier país del mundo, pero significa mucho más que eso. Enfrentados a un implacable plan desestabilizador dentro de Bolivia y a una descomunal campaña mediática internacional orquestados por Estados Unidos, Evo y el movimiento indígena-popular boliviano han conseguido una proeza política que contribuye notablemente a afianzar el proceso de cambios sociales en lo interno e inclina más la balanza en favor de la corriente emancipadora en las tierras al sur del río Bravo. Y es más relevante porque se produce cuando Washington, incapaz de lidiar con Irak y Afganistán, frenado en seco por Rusia en el Cáucaso y precipitado internamente a una catástrofe económico-social, intenta recuperar con el garrote la iniciativa política en América Latina.

Evo fue ratificado a escala nacional con aproximadamente 67 puntos porcentuales, 13 por encima de la copiosa votación recibida cuando fue electo presidente en 2005, por lo que tiene el apoyo de dos de cada tres electores. Arrasó en la región occidental, con más de 75 por ciento de respaldo. En los departamentos de la llamada Media Luna, donde se ha atrincherado el proyecto separatista de la oligarquía, su votación subió respecto a 2005 entre seis puntos porcentuales en Santa Cruz, estado mayor de la contrarrevolución, hasta más de 30 en Pando, alcanzando en todos entre 38 (Santa Cruz) y 53 puntos porcentuales (Chuquisaca). Ganó por amplio margen, con frecuencia de 90 por ciento, en las zonas rurales del país, conservó las dos prefecturas leales y consiguió la revocación de los prefectos oposicionistas en los estratégicos departamentos de La Paz y Cochabamba, donde sus candidatos deben ganar cómodamente cuando se convoquen elecciones próximamente. Estos datos demuestran que su obra de gobierno se afianza, gana cada vez más adeptos, y que la conciencia política crece por lo que existen condiciones muy propicias para continuar profundizando en la recuperación de los recursos naturales, de las empresas del Estado y proponerse erradicar la extrema pobreza, como anunció el presidente en su mensaje posterior a la consulta. Asimismo, para lograr la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado, elaborada por la Asamblea Constituyente, paso decisivo para iniciar el desmantelamiento de la república colonial oligárquica que siente las bases de la refundación de una nueva, en clave popular, democrática e inclusiva de los pueblos indios y los excluidos de siempre. Ponerlo en práctica se dice fácil, pero exigirá nuevos despliegues de imaginación y firmeza política, y, llegado el caso, aplicar la legítima fuerza del Estado a quienes insistan en quebrantar el orden constitucional. La ratificación de una mayoría de prefectos sediciosos, aunque debilitados, es un hecho que no puede pasarse por alto.

Lejos de ensoberbecerse con la victoria, Evo los ha llamado una vez más al diálogo y ha designado una comisión de ministros del gabinete para discutir con ellos una agenda que intentaría concertar sus demandas de autonomía con la nueva Constitución, ejercicio al que serán invitados mediadores y facilitadores internacionales. Es un paso inteligente, pues si después de las reiteradas muestras de paciencia y espíritu conciliador del gobierno, del claro mensaje de apoyo de los bolivianos al presidente y al proceso de cambios, la oligarquía no da muestras de una voluntad negociadora e insiste en la ruta desestabilizadora, éste es el mejor momento para ponerle un hasta aquí. Sería ingenuo pensar que esa clase social, ahíta a costa de la explotación y exclusión sistemática de la población, y sus patrones en Washington van a aceptar el veredicto popular.

En el arduo camino del pueblo boliviano hacia su liberación y encuentro con los de nuestra América se ha ganado una gran batalla, pero no la guerra.

aguerra_123@yahoo.com.mx

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