Reggio’s Weblog

Aprendices de brujo, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 14 agosto, 2008

La madrugada del pasado jueves, las tropas de Georgia atacaron por tierra y aire Tsjinvali, capital de Osetia del Sur, de forma imprevista y brutal. A las pocas horas, Rusia pasaba al contraataque con todo su potencial militar. Poco más tarde, Abjasia se sumaba a la defensa de Osetia enfrentándose a Georgia. Con facilidad, las tropas rusas pasaron a controlar la situación en Osetia, traspasaron la frontera de Georgia y acosaron Gori, la segunda ciudad del país y muy cercana a Tiflis, la capital. Ante tan contundente reacción, Georgia declaró el alto el fuego pero Rusia siguió penetrando “preventivamente” en territorio georgiano hasta que aseguró sus posiciones de retaguardia y, poco antes de recibir en Moscú a Sarkozy como presidente de la UE, también declaró el alto el fuego mediante una tregua provisional.

En plena “paz olímpica”, de entrada resultó desconcertante el inesperado ataque de Georgia contra Osetia del Sur. El viernes, horas después de desencadenarse la conflagración, Putin y Bush no sabían muy bien qué decirse en Pekín cuando coincidieron en la apoteósica ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, es muy improbable que el ataque de Georgia a Osetia del Sur fuera decidido autónomamente por el insensato presidente Saakashvili, un fiel peón de Bush en la zona. Aunque los cálculos del ataque todavía no están del todo claros, todo lleva a pensar que el propósito era tantear la capacidad de respuesta de Rusia a una provocación en el Cáucaso tras haber perdido su influencia en los Balcanes. Lo que se ha demostrado, al fin, es que la Rusia de Putin y Medvedev no es la de Yeltsin: su actual capacidad de reacción e inteligencia política en defensa de sus específicos intereses es mucho mayor. Lo más probable es que se trate, por el momento, del último error de Bush en política exterior y de la primera actuación positiva, valiente y autónoma de la Unión Europea en esta materia. Ya era hora que empezara a utilizar su real peso específico en una zona donde debe ejercer influencia.

De todas formas, más allá de la tregua, circunstancial o no, la zona del Cáucaso es potencialmente explosiva. Precisemos algunos aspectos históricos que pueden servir para comprenderlo. Los osetios son un pueblo caucásico, étnicamente distinto a los georgianos, que ha tenido tradicionalmente una buena relación con Rusia, gozando de autonomía desde los tiempos zaristas. Con la independencia de Georgia tras la desintegración de la URSS en 1991, los osetios del sur -los del norte forman parte de Rusia como provincia autónoma- quedaron como un enclave en territorio georgiano. Ello provocó un conflicto militar que acabó en un acuerdo precario mediante el cual Osetia del Sur, bajo tutela rusa, se constituía de facto como un territorio independiente de Georgia. Los abjasios, también en territorio de Georgia pero étnicamente distintos a los georgianos y de religión musulmana, quedaron en una posición similar, lo cual contribuyó a ampliar un poco más la estrecha franja de salida al mar Negro que le quedó a Rusia tras la independencia de Ucrania.

A todo ello hay que añadir que desde el 2006 transcurre por Georgia el único oleoducto de petróleo que no pasa por Rusia, proveniente de los yacimientos de la zona del mar Caspio, el norte de Iraq y los estados ex soviéticos al norte de Afganistán. Por este motivo, Georgia ha pasado a ser un enclave estratégico en el control occidental del petróleo en aquella zona. En la última cumbre de la OTAN, celebrada en abril pasado, Georgia y Ucrania fueron candidatos a formar parte de la alianza militar occidental. Por presiones de Rusia no fueron admitidas. Por otra parte, Rusia no ha forzado hasta ahora la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, dejando su situación en el incierto limbo jurídico de una independencia de facto. No obstante, el ministro de Asuntos Exteriores ruso anunció este invierno que el reconocimiento de Kosovo como Estado independiente tendría repercusiones en la situación de Osetia del Sur y otros territorios del Cáucaso. Tras los acontecimientos bélicos de estos días, algunos observadores se han preguntado: ¿por qué Kosovo sí y Osetia del Sur y Abjasia no? El precedente jurídico que suponen los diversos incumplimientos del derecho internacional en los Balcanes es un factor más del conflicto. Téngase en cuenta, además, que otros países de la zona -Daguestán, Chechenia, Ingushetia, Azerbaiyán, Alto Karabaj, Armenia- son también notorios focos de inestabilidad. En este sentido, los Balcanes son un tema menor si los comparamos con el Cáucaso.

Por tanto, los ingredientes del conflicto están servidos: etnias, religiones y nacionalismo, para excitar al pueblo; petróleo y política energética como factores económicos reales; salida al mar Negro de Rusia y límites a la zona controlada por la OTAN, como factores geoestratégicos de fondo; cercanía relativa a zonas de guerra (Afganistán e Iraq) o de conflicto (Irán y Oriente Medio), como centros de interés militar. Por tanto, jugar a la guerra en el Cáucaso es jugar con fuego. Esperemos que estos breves y trágicos días hayan servido de lección a ciertos aprendices de brujo.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

Tagged with:

El Gran Juego en Asia Central, de Lluís Foix en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 14 agosto, 2008

Asia Central ha sido el cementerio de los grandes imperios de la historia. Desde las estribaciones del Himalaya hasta las montañas caucásicas pasando por las llanuras de la Mesopotamia, han pasado en las dos direcciones todas las invasiones para controlar unos territorios que son el quicio entre Oriente y Occidente.

Los rusos construyeron su imperio incorporando pueblos y culturas a la órbita del Kremlin. Pedro el Grande dejó recomendado en su testamento, en la primera mitad del siglo XVIII, que sus compatriotas no se detuvieran hasta que pudieran bañarse plácidamente en las aguas del golfo Pérsico. No lo consiguieron nunca, pero fueron añadiendo tierras casi de forma continuada hasta configurar lo que era el imperio zarista en la Revolución de Octubre. Lenin había proclamado que aquellas conquistas habían convertido Rusia en la cárcel de los pueblos, pero al poco de tomar el poder los bolcheviques mantuvo las viejas fronteras.

Un siglo más tarde disputarían el control de Asia Central con la majestuosidad de la Inglaterra imperial y victoriana. Fue el llamado Gran Juego, el Big Game, el que estrelló a los ejércitos británicos tres veces consecutivas en Afganistán en su frustrado intento de controlar las llanuras de Kabul y alcanzar la vecindad con los límites de la gran Rusia.

El imperio soviético se vino abajo, entre otras razones, por la absurda invasión de Afganistán en las Navidades de 1979. Rusia perdió aquella guerra y el imperio se resquebrajó hasta su descomposición a partir de 1991.

Catorce repúblicas se escindieron de la Unión Soviética, que quedó desprotegida del cordón de seguridad que iba desde el mar Negro hasta los límites siberianos. Fue un imperio que se desplomó por sí solo.

Pero Rusia no ha desistido de recuperar lo que considera su inmenso espacio natural. Estados Unidos tienen desplazados en la mitad de las 14 repúblicas independientes fuertes contingentes militares. Para asegurar el suministro de energía a Occidente han impulsado el ingreso de Georgia y Ucrania en la OTAN, algo que Putin, el que de verdad manda en el Kremlin, no está dispuesto a aceptar.

El presidente georgiano, Mijail Saakashvili, no calculó bien las consecuencias de una invasión de dos provincias que no han querido someterse a Georgia. En plena tregua olímpica atacó Osetia y Abjasia. El presidente Medvedev estaba de vacaciones por el Volga y Putin asistía a la inauguración de los Juegos Olímpicos en Pekín.

La respuesta militar, desproporcionada, se perpetró en 24 horas. Bush pidió contención al Kremlin y Europa se movilizó. Aparentemente, se ha alcanzado una tregua, quizás para tener tiempo y contar los muertos. Pero Rusia no cederá con la intención de recuperar total o parcialmente el imperio que perdió en 1991.

Tagged with:

La política y el amor, de Fernando Savater en El País

Posted in Política by reggio on 14 agosto, 2008

De las órdenes que dejó dadas Franco, casi todas ellas duraderas, la que parece más destinada a perdurar es una que transmitió cierta vez a Emilio Romero: “Haga como yo, no se meta en política”. Se la suele considerar como una ironía galaica o como exhibición de cinismo, pero en realidad no es sino puro y declarado realismo: y no digo “realismo socialista” porque no quiero molestar a nadie. Franco era realista, a falta de mayores virtudes (aunque hoy tenemos algunos gobernantes que carecen hasta de ésa): sabía por tanto que allí donde manda exclusivamente uno -o unos pocos elegidos- no debe hablarse de política. Las dictaduras sólo pueden hacer política exterior -porque fuera mandan también otros-, pero hacia dentro no hay más que represión de la política, es decir, persecución de los competidores en la facultad de mandar. Y trucos para seguir mandando a pesar de los pesares, como podrán ver si se fijan un poco los que asistan en Pekín a los Juegos de la Villanía Olímpica.

La política (para Franco, para los dictadores chinos, para la familia Castro y para tantos otros) no es más que la actividad sediciosa de quienes se oponen al régimen y tratan de derrocarlo con malas artes, es decir, con artes subversivas que pueden poner en peligro el monopolio antipolítico de la autoridad establecida.

Cuando digo que la orden de Franco de no meterse en política sigue vigente no pretendo insinuar que hoy en España mande sólo uno o sólo unos cuantos, lejos de mi tan comprometedora insidia. Pero creo que aún perdura cierta nostalgia de los tiempos en que las decisiones importantes estaban reservadas a una casta restringida, excluyente y poco acogedora para quienes no tenían debidamente aprobadas las pruebas de acceso.

Ahora la libertad de opinar está reconocida, faltaría más: se puede criticar severamente a quienes gobiernan, a diferencia de la época franquista felizmente dejada atrás. Incluso está comúnmente admitido que se puede despotricar y dar coces contra el aguijón, con todo el estruendo del caso. No son prácticas recomendadas, pero se las acepta como males inevitables que acompañan las sencillas alegrías populares de la vida democrática, un poco como el ruido ensordecedor de los fuegos de artificio es a la vez un inconveniente (y también un aliciente para muchos) de las jornadas festivas en nuestro país propenso a la traca.

Criticar, vociferar, patalear… pues venga, que no falte de nada, también el Gobierno tiene sus adictos dispuestos en los medios de comunicación a devolver como frontones las censuras que se le hacen contra los partidos de la oposición que pudieran beneficiarse de ellas. Pero cosa diferente es que ciudadanos sin mejores títulos políticos (es decir, simples especialistas en obedecer) pretendan con descaro plantear iniciativas y promover acciones que puedan interferir de algún modo eficaz en lo que los especialistas en mandar han acordado entre ellos. Tanto atrevimiento es visto e inmediatamente descalificado como intrusismo profesional por parte de los políticos que manejan el mundo de las decisiones, no ya de las opiniones.

El dicterio que utilizan para derogar esa injerencia resulta cuando menos sorprendente: pretenden insultarla tachándola de “política”. No hay nada peor que hacer política o moverse por razones políticas si uno no tiene la debida autorización oficial. Hacer política cuando no es político reconocido equivale a poner multas sin ser guardia municipal: una forma de usurpación. Y de poco sirve recordar a quien corresponda que en una democracia los políticos -no por afición sino por institución- somos todos los ciudadanos.

Se nos dirá entre dientes que puede que así sea en teoría pero que no hay derecho a tomárselo tan en serio en la práctica… fuera de las debidas y reguladas convocatorias electorales. Para hacer política hay que sacarse licencia, igual que para dar de comer los restaurantes londinenses exhiben en la puerta, a fin de evitar problemas legales, su fully licensed.

A los aficionados a las novelas decimonónicas estas precauciones institucionales nos resultan sobradamente conocidas. Son muy similares a las que rodeaban en aquellos días ese otro negocio oscuro y peligroso, el amor.

Tal como la política, el amor es también ardiente y sucio pero imprescindible para el mantenimiento de la sociedad. El amor no es nada de lo que hay que ser: no es objetivo, ni desinteresado, ni equilibrado, ni renunciativo (en amor nadie dice “pase usted primero” salvo los gilipollas y Humphrey Bogart en Casablanca): exactamente igual que el afán político, que comparte esas características apasionadamente viciosas y también lo tempestuoso de sus consecuencias.

Amor y política tienden a la obsesión monotemática, a excluir todo lo demás para imponerse, es decir -en los casos más graves e incurables-, al romanticismo. Como expuso Gregory Vlastos en su excelente estudio sobre la figura de Sócrates (Cambridge University Press, 1991): “Singularizar uno de los muchos valores de nuestra vida, elevarlo tan alto por encima del resto que debamos elegirlo a cualquier precio, es una de las muchas cosas que han sido llamadas romanticismo en la época moderna. Su típica expresión es el amor sexual”. Añado por mi cuenta que la política es otra de ellas. Y por supuesto el aura romántica no disculpa ni aminora las barbaridades que en último extremo algunos posesos pueden cometer al dejarse arrastrar por su manía fatal: los celosos que asesinan a su pareja cuando decide abandonarles o los terroristas que matan sin escrúpulos a quienes se oponen al cumplimiento de su ideal son probablemente románticos en fase terminal y no por ello menos abominables.

De modo que el amor y la política son obnubilaciones arrebatadoras aunque socialmente imprescindibles, y por lo tanto las autoridades pretenden encauzarlas para minimizar riesgos. En cuestiones de amor se aconsejaba un noviazgo largo y casto (si es posible, dirigido por los padres de ambos), un matrimonio conveniente bendecido por la Iglesia (“es mejor casarse que abrasarse”, San Pablo dixit), los hijos que correspondan, la resignación a un aburrimiento digno y sin encharcamientos sensuales.

Dentro de tales rutinas y normas el amor resultaba cosa productiva, tan edificantemente provechosa como la inversión en fondos del Estado. Fuera de ellas podía convertirse en una fiebre lujuriosa, destructiva, tal como atestiguan los tristes destinos de Emma Bovary o Anna Karenina. Y después lo mismo ocurre en política: quien sienta la comezón participativa, debida a una sobreexcitación de sus hormonas democráticas, debe afiliarse a un partido sólido y acrisolado, pasar en él los largos y abnegados años de meritoriaje, ascender poco a poco en la jerarquía burocrática, obedecer a los líderes hasta llegar a serlo uno mismo y sobre todo barrer siempre para casa. Por esta vía cualquier peón indocumentado adicto a la propaganda sectaria puede convertirse en un respetable hombre de Estado: ejemplos no faltan, miren a su alrededor.

En caso contrario, la pasión política asilvestrada lleva a los más atroces desvaríos: crispación, hacer el juego al adversario y sobre todo inoportunidad. Ninguna iniciativa política propuesta desde fuera de los partidos puede corresponder al espíritu del momento ni a lo que pide la situación presente, porque la oportunidad y lo que pide el momento presente son la principal manufactura monopolizada por los partidos. Fuera de la Iglesia no hay salvación, ni en el amor ni en la política… y así para siempre.

Bueno, para siempre no. Hace más de un siglo que los amores se libraron del corsé pudibundo y hoy leemos las desventuras de los viejos amantes con melancólico alivio. Esperemos que no haga falta otro siglo más para que la participación política reciba también de forma pública y efectiva la bendición del libertinaje.

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

Tagged with:

Lo sobrenatural y lo antinatural, de Xosé Manuel Pereiro en El País de Galicia

Posted in Derechos, Política by reggio on 14 agosto, 2008

“Quitad lo sobrenatural, y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural”, decía G. K. Chesterton, el escritor británico empecinado propagandista de la paradoja y del catolicismo. La frase podría aplicarse perfectamente a la polémica del voto emigrante, paradójicamente conocido como el de los residentes ausentes. Lo sobrenatural es que hay 750.000 descendientes de gallegos que tienen derecho a la nacionalidad española, según el Ministerio de Asuntos Exteriores. Casi la misma cifra que todos los franceses residentes fuera de Francia. También lo es que casi uno de tres posibles electores ni viven, ni, en general, han vivido ni vivirán en Galicia. Y que puedan votar, ellos o quienes lo hagan por ellos, sin necesidad siquiera de identificarse.

Lo natural sería que el voto de los ciudadanos, intra o extraterritoriales estuviese regulado de una manera razonable, como acontece en el resto del mundo donde hay elecciones. Según un estudio del mexicano Carlos Navarro Fierro, España es el país que regula el voto exterior con más generosidad -o desidia-. Sólo ocho estados permiten participar en todos los comicios, y en todos con más controles -es decir, con alguno-. De los países analizados, en 39 se vota en las embajadas o consulados y en 24 por correo, pero con muchísimos más trámites y requisitos. Por ejemplo, el Reino Unido, Estado que manda un escuadrón de Harriers a cualquier rincón del mundo donde precise auxilio uno de sus ciudadanos, le retira el derecho a voto a cualquiera que supere los 15 años de residencia en el extranjero.

El resultado es que en el llamado Censo Electoral de Residentes Ausentes se producen casos que avergonzarían a aquellos diputados de la Restauración que compraban votos en las ciudades a cambio de colchones. El periodista Anxo Lugilde (O voto emigrante, Galaxia, 2007), que se pateó el continente, estima que el precio del voto mediante intermediario va de los 1,5 a los 3,5 euros la unidad (un e-mail interceptado a un candidato pontevedrés del PSOE contenía precisamente órdenes de compra similares a las del mercado de valores). Y con contactos, sale hasta gratis, según un antiguo discurso del actual diputado del PP Manuel Castelao Bragaña: “Vós tenés un amigo en correos, vas a verlo y te da una saca. Volvés a casa y votás por 100”. Los posibles beneficios incluyen casos como la primera victoria de Fraga, o la última de un alcalde arousano que logró la mayoría absoluta por centenar y medio de votos, más o menos los mismos que obtuvo en el centro bonaerense de su pueblo, cuyos asociados le dieron un respaldo mucho más unánime (todos menos dos) que sus convecinos.

Lo habitual en estos asuntos, además de lo políticamente correcto, es que se exija respeto a la dignidad del emigrante (sobre todo por parte del que le toca recibir mayoritariamente su apoyo). Y con toda razón, por el que no los respeta es el que trafica con sus votos, desde cualquiera de los lados del mostrador. Es más, no es exclusivamente ultramarino ni el nulo respeto a las normas electorales, ni las nulas sanciones que acarrea. Aquí son frecuentes los casos de hospitalidad censal, los del candidato que acoge en su domicilio a decenas de electores, o el del alcalde que da unilateralmente de baja a los desafectos para que no puedan contaminar las urnas con su desacuerdo.

Pero como argumentaba Chesterton a favor del catolicismo, la pretensión de despejar lo sobrenatural no nos deja en lo natural, sino en lo antinatural. El sistema español, que proclama con práctica certeza a los vencedores de las contiendas apenas hora y pico después de cerrar las urnas, que deja en ridículo las ambiguas papeletas tipo mariposa que le dieron en Florida la victoria a Bush, o los tres días que tardan los italianos en saber lo que han votado (en el caso de que sepan lo que votan) es incapaz de establecer un método racional que evite fraudes.

Una docena de años pidiendo el voto en urna -unos, otros los tres últimos años- para que al final los expertos, por boca de la vicepresidenta del Gobierno y de ahí para abajo, digan que es muy difícil técnicamente porque, por ejemplo, en Generales habría que instalar 104 urnas por consulado (en las gallegas bastarían cuatro y en las municipales harían falta miles). En un país en el que basta que a un ciudadano se le suponga alfabeto para presidir una mesa electoral, supongo que nos podríamos fiar de los funcionarios consulares para que manejasen sobres con los nombres de las provincias y ensacar cada papeleta en el respectivo. Si a mí se me acaba de ocurrir ahora mismo, que no lo haya pensado alguien en tres años no sé si calificarlo de antinatural o de sobrenatural.

Tagged with:

¿Es Karadzic un criminal de guerra?, de Henry Kamen en El Mundo

Posted in Internacional, Justicia, Política by reggio on 14 agosto, 2008

TRIBUNA LIBRE

A propósito de la detención y entrega a La Haya del ex líder serbobosnio, el autor reflexiona sobre el concepto de ‘crímenes de guerra’, analizando su origen y evolución a lo largo del siglo XX

El concepto de crímenes de guerra es una novedad del siglo XX. No había crímenes de guerra antes de la victoria de los Aliados sobre Alemania y Japón en 1945. Al acabar la II Guerra Mundial, los vencedores decidieron usar métodos judiciales para castigar a los asesinos y revisar las reglas de la guerra. En los Juicios de Núremberg de 1945 y 1946, se colgó a 11 dirigentes criminales de guerra alemanes. No es muy conocido que tribunales semejantes en Asia, especialmente uno en Tokio (1946-48), también condenaron a muerte a unos 900 políticos y generales japoneses. ¡Dios sabe que los vencedores tenían motivos suficientes para estar indignados! Eran totalmente conscientes de las masacres perpetradas por los agresores. En 1937, en la ciudad china de Nanking, los japoneses masacraron sistemáticamente a 300.000 personas y violaron a 20.000 mujeres. Se estima que 20 millones de soldados y 40 millones de civiles murieron como resultado de la agresión germano-japonesa que condujo a la II Guerra Mundial.

Los vencedores se sintieron con el derecho de castigar a los vencidos, y eligieron el criterio de crímenes de guerra. Sin embargo, el problema era cómo definir tal crimen. No existía una definición judicial del delito antes de Núremberg, de modo que a los nazis condenados se les ejecutó por acciones que no eran crímenes en el momento en que se cometieron. Los expertos legales que guiaron a los jueces durante los Juicios de Núremberg se hallaron ante una tarea enormemente difícil; aún hoy existen profundas diferencias de opinión entre los abogados. Un abogado estadounidense, hermano del presidente Eisenhower, informaba: «Los Juicios de Núremberg son una página negra en la Historia del mundo… He discutido la legalidad de estos juicios con algunos abogados y con algunos de los jueces que participaron. No intentaron justificar sus acciones sobre ningún fundamento legal».

¿Qué es un crimen de guerra? Las acciones que se toman en contra de los soldados no se consideran normalmente crímenes de guerra. El concepto de crimen se refiere principalmente a acciones que se dirigen contra civiles. Estas acciones incluyen la exterminación en masa de civiles por su raza (genocidio), destrucción incontrolada de la propiedad civil, uso indiscriminado de terror contra civiles, y así sucesivamente. Más sencillamente, el Tribunal Penal Internacional, constituido en La Haya en 2002, define crímenes contra la humanidad como crímenes cometidos en un conflicto armado pero dirigido contra la población civil. Los delitos considerados criminales se revisan constantemente. Entre los últimos actos definidos como crímenes, por ejemplo, se encuentra el de violación en masa.

Sin embargo, se ha cuestionando tanto la naturaleza del crimen de guerra como la validez del Tribunal Penal Internacional como tribunal para enjuiciar a los involucrados en la guerra serbo-bosniana. Hasta ahora el Tribunal ha recibido la adhesión de 107 países. Pero algunos de los más grandes, como Rusia, China, Estados Unidos e India, han declinado dar su apoyo formal. Esto indica que la definición de crimen de guerra, y la validez de los tribunales, sigue estando en serias dudas. La crítica principal -hecha, por ejemplo, durante el juicio de Slobodan Milosevic entre 2002 y 2006- es que los juicios por crímenes de guerra son siempre políticos y, por tanto, motivados por intereses propios e injustos. Esta fue en su momento la crítica fundamental en contra del Tribunal de Núremberg, que fue visto por algunos como un tribunal partidista constituido por los victoriosos, con un propósito específico de venganza. El senador estadounidense Robert Taft hizo una famosa declaración por entonces sobre Núremberg: «Todo el juicio está marcado por el espíritu de venganza, y la venganza rara vez es justicia. La ejecución en la horca de 11 hombres será una mancha en la Historia Americana que lamentaremos durante largo tiempo».

Estas críticas también se pueden hacer al Tribunal Penal Internacional en su intento actual de juzgar a Radovan Karadzic. Ha habido crímenes contra la humanidad en todas partes del globo, sobre todo en Africa Occidental, en Camboya, en Timor Oriental y en Darfur, pero los factores políticos siempre han complicado el proceso. En el corazón del concepto de crímenes de guerra existe la idea de que unos pocos individuos son los responsables de las acciones de un país o de sus soldados. ¿Pero son realmente ellos los únicos culpables? ¿En qué fase la responsabilidad criminal de un pueblo, una cultura, un régimen y un gobierno debe reducirse a una sola persona? ¿O debería ser la misma guerra la que tendría que cargar con la culpa? Me encontraba la semana pasada esperando en el metro de Londres, cuando vi un anuncio para el Museo Imperial de la Guerra de esa ciudad. El anuncio afirmaba inequívocamente que toda guerra es criminal. Si es verdad, entonces todos los actos de guerra pueden considerarse criminales. Todas las naciones tienen las manos manchadas de sangre.

Por ejemplo, los mismos fiscales rusos que ayudaron a condenar a los nazis en Núremberg, encubrieron el hecho de que sus propias tropas habían, unos años antes, masacrado a 22.000 oficiales del Ejército polaco en el bosque de Katyn. El Gobierno ruso no admitió el crimen hasta 1990. Las guerras más inhumanas son aquellas dirigidas contra países indefensos. Muchos estadounidenses han argüido, con buenas razones, que la invasión de Irak por parte de George W. Bush fue criminal. La guerra de Bush ha sido responsable de más muertes estadounidenses que Al Qaeda en Nueva York hace siete años. Además, hay que añadir que decenas de miles de iraquíes han muerto también desde que empezó la invasión. Un abogado estadounidense que participó como fiscal en Núremberg ha declarado recientemente que «se puede presentar a Estados Unidos como culpable del supremo crimen contra la humanidad, por constituir una guerra ilegal de agresiones contra una nación soberana (Irak)». Y, por supuesto, lo mismo se puede decir de todas las acciones militares a lo largo de la Historia. Siguiendo la misma definición, si retrocedemos hasta el siglo XVI, el ataque que Hernán Cortés y sus aliados indios dirigieron contra el pueblo azteca en 1520, que provocó la masacre de más de 200.000 personas inocentes, la mayoría civiles, fue un crimen de guerra masivo. ¿Se atreven los libros de Historia a declarar la verdad sobre esto?

En la publicidad que hoy rodea el arresto de Karadzic, hay un sentimiento palpable de pública satisfacción. No hay duda alguna de los sanguinarios excesos que deliberadamente cometieron las fuerzas militares dirigidas por Radovan Karadzic y su general Ratko Mladic. Sólo hay que observar la impresionante evidencia que contiene el acta de acusación inicial que redactó Richard Goldstone contra los dos hombres en 1995, con respecto a sus actividades en Bosnia (especialmente las acciones en Sarajevo, Srebrenica y Banja Luka), para darse cuenta que los serbios se habían convertido en bárbaros. La condena de Karadzic, considerado culpable de la muerte de 20.000 personas, sería un gesto simbólico importante. ¿Pero resolverá las causas reales del sangriento conflicto en Bosnia? ¿Favorecerá que se eviten tales conflictos en el futuro?

Uno tiene la sospecha de que el juicio en La Haya será poco más que un circo romano, en el que los perseguidores intentarán aislar y destruir a la presa indefensa. Los jueces que le condenen demostrarán que han defendido a la civilización contra la barbarie. Podremos dormir mejor, esperando al próximo líder provincial, en quien sabe qué rincón del mundo, para soltarnos otra Banja Luka, otra Srebrenica. Una vez más otra gran potencia, dirigida tal vez por Obama, empezará una nueva invasión en algún lugar. Y, cuando todo haya acabado, sólo el líder provincial aparecerá ante el Tribunal Penal Internacional, y una vez más dormiremos tranquilos sabiendo que otro criminal de guerra ha sido capturado.

Henry Kamen es historiador; su último libro publicado es Imagining Spain: Historical Myth & National Identity (Yale University Press, 2008).

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

La amnistía y la amnesia, de Marcos Ana en El Mundo

Posted in Historia, Memoria, Política by reggio on 14 agosto, 2008

CHEQUEO A 30 AÑOS DE DEMOCRACIA

Acabo de regresar de América Latina, donde había sido invitado a presentar mi libro de memorias. Me detuve con especial interés en los países del cono sur, que sufrieron la represión más atroz cuando la Noche cayó sobre esos pueblos hermanos. No me sorprendió el tesón con el que defendían la memoria frente al olvido. Como lo hizo el poeta Juan Gelman, cuando recibió en abril de este año el Premio Cervantes en reconocimiento a su obra.

Esa coincidencia con España no es casual y, aunque las situaciones sean peculiarmente diferentes, la conclusión es la misma: después de sufrir una dictadura no hay que arrancar esa página de la Historia para que se la lleve el viento del olvido, sino subrayarla con trazos de sangre para que no pueda olvidarse nunca.

La memoria es el mejor legado que podemos dejar a nuestros hijos para que el luctuoso pasado que nos tocó vivir y sufrir a los españoles no sea posible nunca más, ni para nadie, en España.

A finales del año pasado se proclamó una Ley de la Memoria Histórica que, pese a algunas insuficiencias -como las que contiene en la parte referida a la anulación de las condenas dictadas por los tribunales franquistas-, incluye avances positivos y reparaciones impostergables frente a los opositores, que pretendían, augurando como siempre los peores presagios, imponernos un olvido inaceptable.

Fuimos muy generosos en la Transición. Renunciamos a muchos derechos y acordamos una amnistía general para que la democracia llevara la paz y la seguridad a todos los españoles. Ese espíritu ya estaba, desde muchos años antes, en la política de reconciliación nacional que propugnamos los comunistas. Pero no hay que confundir la amnistía con la amnesia, ni la venganza con la justicia. No se puede olvidar, ni cercenar, ese periodo de la Historia de nuestro país. Conocerlo y estudiarlo es la mejor vacuna para que no se repita y para proteger la libertad y la vida de las generaciones futuras.

Ahora, a partir de esa Ley de la Memoria Histórica, que debemos ir mejorando, se abre la tarea oficial, y pública, de vigilar su aplicación. Hay ya casos de resistencia o intentos para descafeinar los contenidos de la ley, buscando soluciones salomónicas como si fuese igual haber defendido la libertad que luchar contra ella.

En España no se están abriendo procesos contra nadie por su pasado, se procesa a la Dictadura y se reparan viejas injusticias, sin ningún espíritu de venganza.

En mi reciente libro de memorias, titulado Decidme cómo es un árbol, abordo este tema con generosidad, sin resentimiento alguno, porque la venganza no es un ideal político ni tampoco es un fin revolucionario.

La única venganza a la que yo aspiro es ver un día el triunfo de los ideales por los que he luchado y por los que tantos hombres y mujeres en España perdieron su vida o su libertad.

Marcos Ana es poeta y estuvo preso 23 años de forma continuada en cárceles franquistas.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Zapatero trata de recuperar su imagen ante la crisis con un paquete de viejas medidas, de Alberto Mendoza en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 14 agosto, 2008

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, interrumpió ayer sus vacaciones para presidir, por primera vez, la Comisión Delegada de Asuntos Económicos. Un gesto destinado a aparecer al mando del equipo económico del Ejecutivo cuando el agravamiento de la crisis parece imparable. Y una maniobra que tiene su continuidad este jueves con la celebración de un Consejo de Ministros extraordinario destinado a evaluar la situación económica, pero, sobre todo, a convencer a los españoles que el Gobierno no está de vacaciones mientras se deterioran sus condiciones de vida. Sin embargo, la Comisión Delegada, a la que acudieron pesos pesados del Ejecutivo como Pedro Solbes, Miguel Sebastián, Magdalena Álvarez, Celestino Corbacho, Beatriz Corredor, Elena Espinosa y Elena Salgado, se limitó a recuperar viejas medidas ya anunciadas, así como a presentar un nuevo plan de financiación que se suma a las líneas habituales del ICO.

Ningún miembro del Gobierno compareció ante los medios de comunicación tras la reunión, pero el Ministerio de Economía emitió una nota de prensa en la que anunció, sin más detalles, la puesta en marcha de un programa de 24 reformas económicas para sectores como la vivienda, el transporte, la energía, las telecomunicaciones y los servicios. Entre ellas, destaca la mejora de la financiación para la adquisición de vivienda protegida y de las pymes, “que supondrán la inyección de 20.000 millones de liquidez en 2009 y 2010”.

Pese a que el comunicado de Economía no lo confirmó, estaba previsto que el Gobierno tratara una vez más sobre la aplicación en España de la directiva europea de servicios. No obstante, la transposición de esta norma comunitaria todavía no está lista y no será hasta septiembre cuando el Consejo de Ministros estudie otro informe al respecto. Sobre la mesa estuvo también la conocida eliminación del Impuesto sobre el Patrimonio, que, según el Gobierno, permitirá ahorrar un total de 1.800 millones a 1,3 millones de contribuyentes, puesto que en 2009 ya no tendrán que hacer la declaración de patrimonio correspondiente al presente año. Asimismo, dentro de la Ley de Medidas Fiscales que prepara el ministerio de Economía, se contempla la devolución mensual del IVA desde el 1 de enero de 2009, frente a la actual devolución cada tres meses. Por otro lado, la pymes verán reducidas sus cargas administrativas, como las relacionadas con la gestión telemática de trámites.

Pero el grueso de estas iniciativas ya fueron expuestas por Zapatero durante la clausura de las Jornadas del Círculo de Economía de Barcelona. Entonces, el presidente del Gobierno habló de “intensa desaceleración” y tejió su discurso con una batería de propuestas poco novedosas que ayer volvieron a repetirse. Concretamente, Zapatero blandió en junio la transposición de la directiva de servicios como un remedio para “el impacto inflacionario en el sector”, y prometió una reducción de un 30% de las cargas administrativas para las empresas.

Por otra parte, la Comisión Delegada sirvió para que diversos ministerios presentaran sus informes sobre la coyuntura económica. De acuerdo con el comunicado oficial, Solbes insistió en “la incidencia que la crisis financiera internacional, la subida del precio del petróleo y el ajuste del sector inmobiliario está teniendo sobre nuestro país”. El ministsro reiteró que 2008 y 2009 serán “años complicados”, pero destacó “las fortalezas de la economía española”, y situó el objetivo del Gobierno en “volver a las tasas de crecimiento en torno al 3% a partir de 2010”.

Aceleración de declaraciones de impacto ambiental

La principal novedad fue anunciada por la ministra de Medio Ambiente, Elena Espinosa, que pretende acelerar las declaraciones de impacto ambiental para no frenar las inversiones e infraestructuras, una medida que este jueves estudia el Consejo de Ministros. En una entrevista con Efe, la titular de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino aseguró que su propuesta tendrá una repercusión económica “tremenda”, ya que afecta a prácticamente todas las infraestructuras del país e inversiones industriales importantes. En todo caso, matizó, la modificación de las actuales declaraciones ambientales mantendrá “el respeto que hay que tener a cualquier actuación y su impacto en los territorios y en el medio ambiente”. “No se rebajan los estándares” medioambientales, enfatizó.

La propuesta del Gobierno establece, por primera vez, plazos a los promotores de las infraestructuras u obras para la presentación de la documentación y, además, promueve la tramitación vía electrónica de la mayor parte del procedimiento. “Pensemos que podemos estar hablando de tener colgados en la red 2.000 ó 3.000 proyectos, pero a lo mejor uno de ellos es un tramo del AVE o de un gasoducto”, indicó Espinosa.

“Gobierno a golpe de foto”

Cristóbal Montoro, portavoz de economía del PP, en declaraciones a Onda Cero, cargó contra las reuniones de la Comisión Delegada y del Consejo de Ministros. Montoro acusó a Zapatero de buscar “la foto” presidiendo ambas reuniones: “Rodríguez Zapatero gobierna a base de fotos, de encuentros vacíos, palabras huecas, y no está cogiendo el toro por los cuernos en la crisis económica que está padeciendo España. Es muy posible que ambas reuniones vuelvan a ser nada, un toque de campanas”. En este sentido, el dirigente popular recordó que el encuentro que el jefe del Ejecutivo mantuvo a finales del mes pasado con los agentes sociales, sindicatos y Patronal, y de la que sólo salió “un documento de análisis”. Por ello, Montoro aseguró que “después de ver el comportamiento de Rodríguez Zapatero, no se puede esperar que vaya a tomar decisiones”.

El PP celebra este jueves la tercera reunión de su Comité de seguimiento de la crisis económica, esta vez, bajo la presidencia de Ana Mato. La reunión supone una forma de contraprogramación al Gobierno en la pugna que PP y PSOE mantienen por mostrarse ante la sociedad como el partido más fiable para gestionar la crisis económica.

Tagged with:

Temor entre los bancos a que el aumento de la morosidad se coma todas sus provisiones, de Eduardo Segovia en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 14 agosto, 2008

La banca española ha presumido desde que comenzó la crisis de estar mejor que la del resto del mundo gracias a las provisiones genéricas o contracíclicas que le obligó a dotar el Banco de España durante los años de bonanza. Pero este salvavidas puede no ser tan seguro o tan duradero como parece: a la vista del espectacular incremento de la morosidad, algunas entidades empiezan a temer que se les acabe el colchón antes de que termine la crisis.

Oficialmente, nadie admite esta posibilidad, como se ha puesto de manifiesto en las presentaciones de resultados del primer semestre. Pero algunas entidades confiesan sus temores en petit comité. “La situación es peor de la que se refleja en los resultados”, aseguran en una importante entidad española. “Es verdad que estamos mejor que el resto de Europa gracias al Banco de España, y mira que le hemos criticado por las provisiones genéricas. Pero cuando se acaben las provisiones, estaremos igual”, vaticinan en otra entidad.

Esta posibilidad choca frontalmente con el mensaje que han lanzado todos los bancos y cajas hasta ahora: que el colchón es más que suficiente para aguantar la crisis. “Dependerá de lo que dure la crisis y del caso concreto de cada entidad, pero, tal como se están poniendo las cosas, es probable que las provisiones se acaben antes que la crisis”, responden en la segunda entidad citada.

El motivo de este pesimismo es el vertiginoso aumento de la morosidad en el conjunto del sistema financiero. “Están entrando en mora créditos a espuertas”, afirma gráficamente otra fuente del sector. Al cierre del segundo trimestre, la tasa de morosidad en las cajas alcanzó el 1,8% y superó holgadamente el 1% en las cinco mayores entidades del país. Pero incluso las previsiones oficiales son muy superiores: la caja predice una mora del 4% el próximo año y algunos analistas, como Morgan Stanley, creen posible que se acerque al 6% en la banca si las cosas se ponen tan feas como en 1993.

Miedo en la bolsa y en la prensa internacional

Estos temores llevan tiempo presentes entre los inversores, de ahí que el castigo en bolsa a las entidades españolas no haya sido menor que al del resto de bancos europeos. Ayer volvimos a tener un ejemplo, puesto que fueron las duras caídas de los bancos los que hicieron desplomarse al Ibex después de las fuertes caídas de los beneficios de ING y EuroHypo.

La prensa internacional también lleva tiempo alertando de este peligro para la banca española, aunque sus críticas han sido achacadas con frecuencia a una supuesta “animadversión” de los extranjeros hacia nuestro país. El último en hablar del tema ha sido el Wall Street Journal, que este martes advertía de que las probabilidades de que los sectores de la construcción y el inmobiliario sufran “un aterrizaje duro” se han incrementado y, por ello, “en algunos casos, el colchón de las entidades financieras españolas podría no ser suficiente” para asumir la morosidad, citando a María Cabaynes, vicepresidente senior de Moody’s.

El diario financiero norteamericano considera a las cajas de ahorros como las más vulnerables en el entorno actual por su alta exposición al ladrillo. Aunque reconoce que las provisiones genéricas y la prohibición de crear vehículos de inversión fuera de balance por parte del Banco de España ha evitado que nuestras entidades hayan sido arrolladas por la crisis subprime, advierte de que un efecto dominó de suspensiones de pagos después de la de Martinsa-Fadesa puede acabar con esta fortaleza.

Tagged with:

Gestos de verano, de Enrique Badía en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 14 agosto, 2008

Entre ayer y hoy el Gobierno ha decidido escenificar preocupación. El presidente Rodríguez Zapatero ha interrumpido 48 horas sus vacaciones y, como es preceptivo, forzado que sus ministros hagan lo propio, en particular los económicos, con ánimo de transmitir la sensación de que la inhibición que muchos ciudadanos le están atribuyendo frente a la crisis no es verdad. Pero no va a ser fácil que lo consiga, a menos que surjan sorpresas y el consejo de ministros adopte medidas que trasciendan lo gestual.

No hay modo de apreciar urgencia que justifique haber elegido la mitad de agosto para actuar. Nada de la situación presente es nuevo ni mucho menos se ha gestado o evidenciado en las últimas dos semanas, desde que el Ejecutivo mantuvo su última reunión semanal, previa a la diáspora vacacional. De hecho, la única novedad de la última quincena ha sido una relajación de tensiones en los mercados de materias primas, con caída apreciable del precio del petróleo: algo más del 20 por ciento desde el récord alcanzado en la segunda mitad del pasado julio, aunque ayer volvió a repuntar. Sin embargo, tampoco hay que descartar que el Gabinete conozca un dato de momento oculto al resto: la tasa de crecimiento de la economía española en el segundo trimestre: ¿cero?, ¿negativa?, ¿camino de la temida recesión?

Independientemente de ser más o menos criticable, la deriva emprendida por el Gobierno socialista en ésta, su segunda legislatura consecutiva, presenta perfiles difíciles de entender. La forma de afrontar la situación económica es una, sin duda, pero tampoco se comprende del todo el modo en que está conduciendo el espinoso asunto de la reforma del sistema de financiación de las administraciones públicas, con las autonómicas como sujeto principal.

Hay que reconocer que no es fácil, especialmente por el embrollo derivado del nuevo estatuto de Cataluña, que ha dado rango de ley orgánica a la resolución bilateral de un asunto que otra norma previa determina debe ser resuelto de forma multilateral, por acuerdo del Consejo de Política Fiscal y Financiera donde se sientan las quince comunidades autónomas sujetas al régimen común.

Precisamente por eso no es comprensible la opacidad con que se está conduciendo la negociación desde el Gobierno central. Como no lo fue la decisión de publicitar las discutibles balanzas fiscales, que han añadido más sombras que luces al complicado proceso de cuadrar las aspiraciones de los territorios afectados: lógicamente, disponer de más recursos que gestionar de forma directa.

El último episodio de esta actitud se está sustanciando estos días en torno a la comparecencia parlamentaria del presidente del Gobierno para debatir el tema en el Congreso, auspiciada por el grupo del Partido Popular en la Cámara. Lo trascendido hasta ahora sugiere que los socialistas van a hacer lo posible por impedirla, con la probabilidad de que la decisión final acabe en manos del Partido Nacionalista Vasco (PNV), sin implantación fuera de los dos territorios sometidos al privilegio foral –Euskadi y Navarra- y por tanto sin interés directo en la cuestión.

Hay que reconocer que la petición de los conservadores puede resultar un tanto extraña, dado que teóricamente se enfrentan a las mismas o parecidas dificultades que los socialistas para expresar posturas en un debate de alcance estatal. Ambos partidos han de desarrollar ímprobos esfuerzos para conciliar posturas y sobre todo discursos entre sus intereses territoriales y su condición de organizaciones de ámbito estatal.

Nada de eso desmiente, todo lo contrario, que el debate tenga interés. Es más: los ciudadanos tienen derecho a conocer de primera mano cuál es la postura de cada uno, por inconsistente que pudiera resultar… precisamente por eso con mayor razón.

Sería hora de conocer qué tipo de Estado, qué forma de vertebración territorial e institucional tienen en la cabeza los dos partidos mayoritarios con aspiraciones de gobernar. Claramente, sin circunloquios ni trampas dialécticas, sin eufemismos ni ambigüedades, sin diferencias de matiz dependientes de dónde y a quién se dirija la disertación. Se acabarían con ello muchas cosas: en especial, las oportunidades de practicar la insidia y la demagogia, los unos contra los otros, y hasta pudiera ser que fuesen capaces de ponerse de acuerdo en qué tipo de país aspiran conformar.

ebadia@hotmail.com

Tagged with:

La inflación, un problema añadido, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 14 agosto, 2008

La tasa de inflación ha desbordado la mayoría de las previsiones. No es de extrañar ya que pocos imaginaban el precio del petróleo por encima de los 140 dólares por barril. Parece que, no sin sobresaltos (este mismo miércoles el precio del crudo ha vuelto a subir a causa de las bajas reservas de crudo y productos que han anunciado en Estados Unidos), la tendencia del precio del crudo es hacia la normalización, lo que a estas alturas significa un precio en torno a los 100 dólares por barril. Hay que tener en cuenta que, de forma simultánea, y quizás por un juego de interacciones, el dólar se está fortaleciendo y la bajada del precio del petróleo es ahora, en dólares, menos acusada, de la misma forma que hace unos meses, con el dólar en caída, las subidas del crudo eran menos gravosas.

Con la inflación por encima del 5%, la economía española afronta dificultades crecientes, ya que la erosión que causa la subida de precios sobre la disposición al consumo contribuye a restar fortaleza al crecimiento de la economía y genera temores entre los ciudadanos, que se traducen en actitudes defensivas que frenan la actividad. En condiciones normales, la tasa de inflación tendría que plegarse por debajo del 5% y acabar el año en torno al 4%, aún contando con el impacto de la subida de las tarifas eléctricas. Incluso un poco más abajo del 4%, la tasa de inflación tendría más lógica habida cuenta de que el crecimiento de la economía está siendo en la actualidad, de acuerdo con las estimaciones oficiales y algunas privadas, próximo a cero.

Con una economía parada, los precios deberían respirar con mayor normalidad, sobre todo si el nivel de inflación importada por la vía de los productos energéticos se mantiene estable o incluso a la baja. Se ha cruzado en las últimas dos semanas un factor nuevo, la fortaleza del dólar. Con un dólar más fuerte, la inflación tenderá a fortalecerse. Este será, por lo tanto, un factor a tener en cuenta ya que jugará en sentido contrario al que los tipos de cambio han venido actuando e n estos últimos tres años desde el punto de vista de la inflación importada. La fortaleza del euro frente a todas las divisas, y en particular frente al dólar, ha sido un escudo protector importante que ha evitado males mayores en las tasas de inflación europeas.

No es de extrañar que el Banco Central Europeo haya presionado con los tipos de interés al alza porque la fortaleza del euro debería haber facilitado una tasa de inflación en Europa más en línea con el objetivo oficial del 2%. No ha sido así y, a pesar del escudo del euro, la inflación en Europa se ha disparado hasta cotas del 4% y en España ha superado el 5%. Ahora, en movimiento contrario, el euro ya no será de ayuda para frenar la inflación importada. Aún así, sin la ayuda del euro, la economía europea está en fase de estabilidad y poco crecimiento, lo que debería mitigar las tensiones inflacionistas.

En el caso español, es probable que el cuarto trimestre nos traiga menores tasas de inflación si el crudo lo permite, pero sobre todo debido al frenazo en el consumo privado. Todo parece indicar que el retorno de las vacaciones va a ser este año bastante más duro que en el pasado. Es una lástima que la inflación se frene a causa de la paralización de la economía. Pero peor es lo que ha estado sucediendo hasta este mes de julio pasado, es decir, tasas de inflación cada vez más elevadas y economía en fase de estancamiento.

Si la tasa de inflación se corrige a la baja, como es de esperar, las presiones para aumentos salariales en el curso del año entrante serán lógicamente menores, ya que la negociación salarial suele hacerse con la inflación pasada, no son las previsiones de futuro, entre otras cosas porque estas últimas han gozado por lo general de escasa credibilidad por su bajo grado de cumplimiento. Para corregir estas desviaciones se han inventado las polémicas y discutidas cláusulas de revisión, tan criticadas por los bancos centrales por su negativa influencia en la “indiciación” de la economía, una forma de blindar las subidas de salarios que a la postre se traducen en blindaje de la propia inflación y en obstáculos reforzados para el empleo.

Tagged with:

La guerra entre dólar y euro, de Alejandro Nadal en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 14 agosto, 2008

En 1971 John Conally, secretario estadunidense del Tesoro, lo dijo con toda claridad: “el dólar es nuestra moneda y su salud es el problema del resto del mundo”. Hoy comienza a desplegarse la peor crisis financiera en 60 años, y la estructura macroeconómica en la que estuvo basada la hegemonía del dólar estadunidense está llegando a su fin. Pero la sentencia de Connally es más certera que nunca.

Nadie sabe a ciencia cierta cuánto durará la crisis económica y financiera. Lo que sí sabemos es que está por concluir el reinado del dólar como única moneda de reserva en el mundo. De ahora en adelante tendrá que compartir ese papel con el euro. Los beneficios de ser banquero del mundo ya no serán exclusivos para Estados Unidos, lo que sin duda tendrá que reflejarse en cambios estructurales en su economía.

Para analizar el proceso de ajuste monetario a escala mundial es importante tomar en cuenta el mandato de la Reserva Federal. Por ley, su misión es “mantener el crecimiento de los agregados monetarios compatibles con el potencial de crecimiento económico de largo plazo, promoviendo efectivamente las metas de máximo empleo, estabilidad de precios y tasas de interés moderadas de largo plazo”.

Para una moneda de reserva internacional, este triple mandato es un problema. Por definición, cualquier divisa que aspire a desempeñar el papel de moneda de reserva debe estar vinculada a un mecanismo que le permita conservar su valor. Si la Fed aumenta la oferta monetaria y reduce la tasa de interés, eso puede estimular la inversión y el empleo en Estados Unidos. Pero puede llevar a depreciar el dólar y eso ya no es buena noticia para los tenedores del billete verde o de activos denominados en esa moneda. En ese caso se desencadenan ajustes en la cartera de inversiones y reservas hacia otras monedas juzgadas fuertes. Algo de esto ha estado sucediendo en los últimos 20 meses.

En el contexto de la crisis financiera y la recesión en Estados Unidos, el problema para la Fed se complica. Por una parte debe pensar en estimular la economía para que la recesión no sea tan larga o profunda, y debe asegurar la liquidez del sistema bancario. Eso conduce a una expansión de la oferta monetaria y a debilitar todavía más al dólar. (De hecho, eso es lo que ha hecho la Fed en años recientes, alimentando burbujas como la del mercado de bienes raíces.)

Ahora bien, una devaluación puede ser saludable para corregir un desequilibrio en las cuentas externas. Pero cuando se trata de una moneda de reserva, la devaluación afecta a todos aquellos que confiaron en el sistema y detentan reservas en esa moneda. Las cosas se complican si el país que emite la moneda de reserva se ha convertido en el deudor de última instancia para la economía mundial. En ese caso, los acreedores sufrirán el ajuste devaluatorio y tratarán de evitar pagar el costo.

En los pasados doce meses los inversionistas privados se han alejado del dólar, buscando diversificar sus carteras de inversiones. Algunos bancos centrales también: Rusia e India son dos ejemplos importantes. Divisas como el euro, la libra y el franco suizo han visto aumentar su demanda, con su consiguiente apreciación.

En cambio, los bancos centrales que mantienen una política cambiaria vinculada al dólar han aumentado sus reservas en esa divisa: es una forma de ayudar a mantener el valor de sus activos. Estos bancos centrales y los llamados fondos soberanos de riqueza (constituidos con los excedentes petroleros de los principales exportadores de crudo en el golfo Pérsico) son los que hoy compran bonos del Tesoro para financiar el colosal déficit en cuenta corriente de Estados Unidos. Su comportamiento responde más a consideraciones políticas que a un análisis financiero riguroso. ¿Hasta cuándo van a seguir la estrategia de tragar más agua para no ahogarse?

Estamos en el inicio de un complejo proceso de ajuste en la composición de reservas y en el modo de financiar el déficit externo de Estados Unidos. Esto abrirá el camino para consolidar el euro como moneda de reserva, pero nadie dice que el viaje será fácil. De hecho, la apreciación del euro ya es un problema serio para la economía europea. Alemania, por ejemplo, ya acusa los síntomas recesivos debido al efecto de la apreciación sobre sus exportaciones.

La guerra entre dólar y euro apenas está comenzando. Quizás concluya con un ajuste ordenado que permita a las economías capitalistas otro ciclo de expansión. Pero la expansión desorbitada del sector financiero en las últimas tres décadas puede llevar en otra dirección: hacia una pesadilla de estancamiento, inflación y desorden monetario universal. Si éste es el caso, recuerden la primera lección de los mercados financieros: si va a cundir el pánico, es mejor ser el primero en salir corriendo.

Tagged with:

El cambio climático debe acercar a EE.UU. y China, de Joseph Nye en Clarín

Posted in Ciencia, Ecología, Medio ambiente by reggio on 14 agosto, 2008

DEBATE

El calentamiento global es uno de los desafíos transnacionales con mayores implicancias ambientales, económicas y, también, de seguridad.

Algunos científicos predicen que el cambio climático causará desastres naturales vinculados con el clima, sequías y hambrunas, que pueden derivar en una cuantiosa pérdida de vida. El calentamiento global en las próximas tres décadas haría crecer los niveles del mar en medio metro. Este es un cálculo conservador, y si el calentamiento avanza más rápidamente por la pérdida de la reflectividad del hielo del Artico podría conducir al sumergimiento de islas bajas y, por ende, amenazar la supervivencia de naciones enteras. En Africa y Asia central, el agua se volverá más escasa y las sequías reducirán el suministro de alimentos.

Los shocks externos producidos por el cambio climático afectarán directamente a las economías avanzadas. Si los crecientes niveles del mar inundan las Islas Maldivas, los efectos serían tan devastadores como una bomba nuclear, y hasta para EE.UU. y Europa, el daño ocasionado, digamos en Florida u Holanda, podría ser igualmente costoso. Pero estos shocks externos también pueden tener efectos indirectos al agravar las disparidades entre países desarrollados y en desarrollo y crear incentivos adicionales para la migración masiva a regiones ricas, menos afectadas y más adaptables. Por otra parte, el cambio climático ejercerá presión sobre los gobiernos débiles en los países pobres, y puede generar un incremento en la cantidad de estados fallidos así como convertirse en una fuente indirecta de conflicto internacional.

Este tipo de efectos directos e indirectos de la actividad humana, si bien no tienen intenciones malevolentes como el terrorismo, son un argumento para la ampliación de nuestro concepto de seguridad y la adopción de nuevas políticas. Existen instrumentos básicos para reducir las emisiones de carbono y, por ende, mitigar el calentamiento global. La innovación tecnológica y la mayor eficiencia energética tienen un potencial considerable.

Pero la innovación tecnológica por sí sola tal vez no sea suficiente. El otro instrumento básico incluye incentivos y desincentivos económicos. El llamado sistema de intercambio de emisiones apunta a controlar las emisiones de carbono asignando permisos comerciables.

No todos adoptarán este tipo de instrumentos. En 2007, China superó a Estados Unidos como el principal emisor de CO2 del mundo. Pero China señala que, sobre un cálculo per capita, las emisiones norteamericanas son cinco veces superiores. China, India y otros países sostienen que el desarrollo económico en los países ricos causó la mayor parte del problema existente, y que es injusto que los países en desarrollo tengan que reducir sus emisiones hasta alcanzar los niveles de emisiones de los países ricos. Pero se trata de una fórmula para el desastre global.

El clima del mundo se ve afectado por las emisiones totales, no importa su origen. Dado que las bombas, las balas y los embargos de la política de seguridad tradicional son irrelevantes, ¿qué pueden hacer EE.UU. y otros países ricos respecto de esta amenaza a la seguridad? Para impedir un cambio climático peligroso y promover su propia seguridad, EE.UU. y otros países ricos quizá tengan que forjar una sociedad con China, India y otros países para desarrollar ideas creativas, tecnologías y políticas. Cada vez se reconoce con más frecuencia que el cambio climático es uno de los desafíos transnacionales con mayores implicancias ambientales, económicas y de seguridad. Los primeros pronunciamientos de McCain y Obama son alentadores, pero buscar un acuerdo internacional seguirá siendo un desafío no importa quién resulte electo.

Joseph Nye; profesor de relaciones internacionales (Universidad de Harvard)

Copyright Clarín y Project Syndicate, 2008.

Traducción de Claudia Martínez

Tagged with: