Reggio’s Weblog

Ideología y crisis económica, de Carlos Mulas-Granados en El País

Posted in Economía by reggio on 13 agosto, 2008

Desde que el Gobierno zanjó el debate semántico sobre el actual periodo de débil crecimiento y lo llamó crisis, la discusión se centró por fin en las medidas que debían adoptarse para salir de la misma.

Conocedores de su relevancia pública, los partidos políticos comenzaron a gotear sus propuestas antes del verano, y las vienen acompañando siempre de una etiqueta ideológica. El Gobierno se esforzó en explicar que, dado su carácter progresista, el mantenimiento de sus políticas sociales (sobre todo, la financiación de la Ley de Dependencia, el incremento del salario mínimo y la subida de las pensiones mínimas) es lo que le diferenciaría en esta crisis del PP. Los populares, sin embargo, dijeron que lo que los ciudadanos y las empresas españolas necesitan es más dinero a fin de mes, por lo que una rebaja impositiva generalizada es su medida estrella para salir de la crisis.

En este contexto, hay dos cosas claras: primero, el curso político que empieza en septiembre será difícil para el Gobierno por la crisis y por su minoría parlamentaria; y segundo, el discurso económico será tan importante como las medidas que se adopten, de cara a rentabilizar políticamente la fase de crecimiento que llegará antes de las elecciones de 2012.

El difícil debate presupuestario de este otoño será el primer hito en la batalla discursiva que afrontará el Gobierno a corto y medio plazo en el terreno económico. Se verá sobrepasado por la izquierda por IU o ERC cuando pidan más gasto social, y también por la derecha, cuando el PP o CiU pidan menores impuestos y ajustes en el gasto de Administraciones Públicas.

Para superar esas presiones y ganar nuevos matices en la exposición de su política presupuestaria, debe apuntalar su discurso ideológico con nuevos elementos. En este sentido, la experiencia internacional de las últimas décadas nos enseña dos lecciones que deberían ser útiles. En primer lugar, las hemerotecas prueban que los partidos en el poder (de izquierdas o derechas) siempre se pusieron a la cabeza de la protección de sus ciudadanos frente a las crisis cuando éstas llegaron. Ningún dirigente democrático afirmaría en plena desaceleración que va a abandonar a los que más sufren, por mera cuestión de supervivencia política. Así, dirigentes de centro-derecha como Kohl en Alemania, o Chirac en Francia, mantuvieron (o incrementaron) su gasto social durante la crisis de principios de los noventa, con el mismo discurso que hoy hace el PSOE, y al que también trata de apuntarse el PP.

En segundo lugar, los datos objetivos demuestran que en los países de la OCDE, entre 1970 y 2005, los gobiernos de centro-izquierda invirtieron el doble que los gobiernos de centro-derecha. Estas diferencias se mantienen aunque varíen el número de años en el gobierno o el peso de su mayoría parlamentaria. Se mantienen también aunque sólo consideremos los años de crisis y los de restricciones presupuestarias. Cuando llegaron las vacas flacas, los gobiernos de centro-izquierda prefirieron mantener la inversión pública, incluso aunque eso implicara un menor crecimiento de las transferencias sociales, el consumo público o los salarios de los funcionarios.

No es de extrañar esta apuesta por la inversión productiva por parte de los gobiernos de centro-izquierda, ya que obedece a una visión económica diferenciada. Los gobiernos progresistas creen que el Estado puede mejorar las condiciones en las que operan las empresas, mediante fuertes inversiones en educación, infraestructuras, comunicaciones y tecnología, para incrementar la productividad de los factores que utilizan esas empresas. Mientras que los gobiernos conservadores creen que la intervención del Estado es ineficiente y distorsionadora, y conceden un papel mínimo a la inversión pública. Para ellos, el capital privado invertirá en las actividades que generen mayores retornos y, al maximizar su inversión individual, estarán maximizando el bienestar de la sociedad.

Por tanto, en Estados de bienestar consolidados, como los europeos, donde realmente se establecen las diferencias ideológicas en épocas de crisis no es en el gasto social, sino en la apuesta relativa de los gobiernos por la inversión productiva. Este tipo de inversión pública incluye partidas como el gasto en formación, I+D+i, infraestructuras del transporte, rehabilitación urbana, telecomunicaciones o ahorro y eficiencia energética, que son mucho menos visibles que los gastos sociales, pero más importantes para la recuperación económica.

El Gobierno socialista ganó en 2004 y 2008 con programas electorales plenamente coherentes con esta visión, que ponían en valor al Estado como agente dinamizador de la economía. Para ello, apostaría por un círculo presupuestario virtuoso que empezaría por el gasto productivo para llegar al crecimiento económico y así financiar el aumento del gasto social, pero no a la inversa. En su primer mandato, todos los presupuestos siguieron esta filosofía.

Ahora, al principio de su segundo mandato y con el debate económico en todas las portadas, el Gobierno debe mantener esa línea y sumar a su discurso social actual un argumento inversor. Poner en valor la inversión pública que realice le permitirá capitalizar la recuperación posterior. El Gobierno podrá atribuirse el mérito de haber marcado la senda del cambio de modelo, y además será muy bueno para salir pronto y reforzados de esta crisis.

Carlos Mulas-Granados es profesor de Economía Aplicada en la UCM.

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Belén y Belem, de Ignacio Ramonet en El País de Galicia

Posted in Internacional, Política by reggio on 13 agosto, 2008

Por esas casualidades de la existencia, me ha tocado estar, a pocas semanas de distancia, en las dos ciudades del planeta que llevan por nombre Belén. Recorriendo Palestina, visité primero la legendaria localidad del pesebre, donde cuentan los Evangelios que nació Jesús. Y donde por poco fallezco yo, en los sótanos angostos de la Basílica de la Natividad, espachurrado por una caterva de fanáticos peregrinos, cristianos de la India, emperrados en tocar con sus manos el último y diminuto trozo de la gruta primitiva. Por efecto de supersticiones y fetichismos acumulados a lo largo de dos milenios, esa gruta se halla hoy tapizada de oro, plata, piedras preciosas y otras múltiples opulencias que hubieran ciertamente disgustado al que quiso “ser fiel a los pobres hasta el final”.

Esta Belén da pena. Situada en los arrabales de Jerusalén, se encuentra cercada por el avance de los asentamientos ilegales de colonos, y en gran parte asfixiada por la infame “barrera” de separación. Sólo unos pocos puestos de control, controlados por militares israelíes, permiten el acceso a la ciudad cada día más aislada, en donde ya casi no residen cristianos. Hay que recordar que la superficie total de Israel y Palestina (27.290 kilómetros cuadrados) es inferior a la de Galicia (29.512 kilómetros cuadrados), y que allí viven cerca de 11 millones de personas (menos de tres millones en Galicia). En tan áridas tierras, propicias al misticismo religioso, la lucha por el escaso territorio y por los insuficientes recursos hídricos se han convertido, desde hace varios decenios, en una guerra a muerte.

En la otra Belem, la de Brasil, también hay una guerra, aunque de distinto tipo. Porque aquí, en materia de espacio y de agua, todo es diametralmente diferente por su descomunal abundancia. Situada a orillas del grandioso Amazonas -más ancho que el estrecho de Gibraltar-, esta ciudad de unos dos millones de habitantes con sus decenas de rascacielos, sus favelas miserables, sus autopistas y su clima ecuatorial ha ido ganando terreno a expensas de la selva y se extiende ya sobre más de mil kilómetros cuadrados.

Todos los días, al caer la tarde, un aguacero feroz en forma de avalanchas de trombas de agua nos viene a recordar el castigo que debió ser aquel diluvio universal del que habla el Antiguo Testamento. Por ello quizá, aquí también las supersticiones (portuguesas, africanas, indígenas) están tan presentes y se manifiestan sobre todo en las coloridas procesiones a la iglesia de la patrona de la ciudad, Nuestra Señora de Nazaret (otra alusión a la Palestina bíblica).

Para tener una idea de la inmensidad del espacio, recordemos que Belem, es la capital del Estado de Pará, y que la superficie de éste es de casi 1.250.000 kilómetros cuadrados, ¡dos veces y media la de España! Enteramente recubierto al principio por la jungla amazónica, el Estado de Pará posee el mayor yacimiento de hierro del mundo, y las principales reservas brasileñas de bauxita (aluminio) y de cobre. También está entre los principales productores de piña, de yuca, de coco, de aceite de palma y de plátanos. Y es el mayor exportador de madera de Brasil.

Por sí mismos, estos datos económicos deberían entusiasmar, pues traducen el despegue de un gran país como es Brasil. En realidad no dejan de preocupar, porque significan que el desarrollo de estas actividades se hace a expensas de la selva amazónica, la mayor reserva de biodiversidad del planeta.

La sección brasileña de la ONG Greenpeace ha constatado que el 18% del bosque amazónico ya ha sido destruido, y afirma que cuando se alcance el 40% será demasiado tarde para salvar al pulmón del mundo.

La gobernadora de Pará, Ana Julia Carepa, del Partido de los Trabajadores (el del presidente Lula) se muestra muy consciente del peligro. Denuncia sobre todo la tala ilegal, principal responsable de la deforestación la deforestación salvaje de este inmenso territorio. Propone un plan ambicioso: ¡plantar mil millones de árboles! Y lo quiere tener listo para anunciarlo en el próximo Foro Social Mundial que tendrá lugar en enero de 2009, precisamente en Belem.

Según los Evangelios, en la Belén de Judea nació el que vino a “salvar al hombre”. Esperemos que, 2.000 años después, en la Belem amazónica nazca por fin el modo de salvar el planeta.

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El ruido habitual, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 13 agosto, 2008

Según el conseller de Economia i Finances de la Generalitat, Antoni Castells, los gobiernos españoles tienen una especialidad para con Catalunya: “Tratan de intimidar, no de hablar ni de poner argumentos sobre la mesa. Hacen ruido para que no se oigan los argumentos de los que los tenemos. Pero eso ya lo conocemos. Ha sido así durante muchos años”. Castells lo dijo al escuchar la respuesta destemplada, estilo Maleni, de la vicepresidenta Fernández de la Vega a las mesuradas palabras del president Montilla sobre la insuficiente propuesta de financiación presentada por Madrid. Tiene mucha razón Castells al recordar que “ha sido así durante muchos años”, pero se queda corto. Ha sido así siempre, tanto que muchos catalanes ya ni sienten ni padecen. Cuando Jordi Pujol se quejaba de lo mismo (ante gobiernos de la UCD, el PSOE y el PP), muchos decían que el ex president practicaba el victimismo fácil. Los socialistas catalanes, entonces en la oposición en el Parlament, se apuntaron siempre a esa tesis errónea. Hoy, en cambio, comprueban directamente lo que hay. Sean bienvenidos.

El ruido es algo consubstancial a la vida política española porque nace de una sociedad acostumbrada al grito, a la falta de respeto y a la solución arbitraria del “porque lo digo yo”. Debería escribirse una obra sobre la influencia del ruido en la mentalidad española. Basta con medir el nivel de decibelios habitual en cualquier local público para hacernos una idea del poso de la cultura política que respiramos. En España, quien grita más se impone, pero Catalunya siempre pierde en esta competición absurda. Por dos motivos: los catalanes no sabemos meter ruido en serio (creemos, como buenos fenicios, que la conversación tranquila es lo mejor para los negocios) y, además, tenemos menos altavoces y más precarios que Madrid.

Hay una mentalidad entrenada en la exclusión del argumento racional. Hace pocos días, un amigo se reunió con colegas de Madrid y salió en la conversación el asunto de las balanzas fiscales, que, certificadas por el Ministerio de Hacienda, prueban la realidad del déficit fiscal catalán. Ese dato no importa, al parecer. Esos colegas madrileños lo han entendido al revés: “Bueno, ahora que ya tenemos las dichosas balanzas, se ha roto el mito de que los catalanes sois los que aportáis más”. Mi amigo no tuvo fuerzas para comenzar la discusión de nuevo.

Ahí está el problema profundo de toda negociación entre la Generalitat y el Gobierno: Catalunya debe empezar cada vez desde cero, explicándolo todo mil veces, como si nadie, más allá del Ebro, tuviera memoria. La cantidad de energías que destinamos a este tortuoso ritual de reconocimiento previo – se hable de becas, del traspaso de cercanías o de la alcachofa- nos deja exhaustos. Cansados y rotos por el ruido, al final siempre nos dan a elegir entre susto o muerte.

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Los ayuntamientos también somos Govern, de Manuel Bustos en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 13 agosto, 2008

Estamos en un momento histórico en el que se está negociando un nuevo modelo de financiación autonómica y no podemos perder la oportunidad de revisar el cambio de modelo de financiación de los ayuntamientos. Así lo hemos expresado desde el municipalismo catalán, representado por la Federació de Municipis de Catalunya y la Associació Catalana de Municipis i Comarques, en un documento conjunto que reivindica que es urgente y prioritario que en el 2008, además del establecimiento de un nuevo modelo de financiación autonómica, se defina un nuevo marco de competencias y de financiación adecuado para los municipios. Además, hemos propuesto una serie de medidas de carácter extraordinario a emprender hasta que este acuerdo se haya cerrado.

Los ayuntamientos tenemos unos recursos claramente insuficientes por el grado de responsabilidad y competencias que estamos asumiendo. Llevamos 30 años reivindicando este cambio de modelo y si no se aborda ahora no será ni justo ni legítimo. Por eso, desde la lealtad institucional y el pleno apoyo al Gobierno de la Generalitat en este momento de negociación, queremos expresar que no aceptaremos un cambio de modelo que no dé respuesta positiva a nuestras necesidades. Necesitamos financiación para poder hacer frente a la inversión pública y dar respuesta a las competencias que hoy asumimos desde el ámbito local, propias o no. Debe cubrirse el 100% de las competencias impropias de los ayuntamientos, el 100% de las competencias derivadas del Estatut y para el resto de la actividad municipal la cantidad que sea necesaria y que corresponda a los entes locales.

Y más aún en un momento en el que la economía ha entrado en un proceso de fuerte desaceleración. Esta situación económica afecta directamente y en primer término a los ciudadanos y ciudadanas, a los vecinos y vecinas de los municipios que representamos. Por este motivo, los ayuntamientos debemos potenciar más que nunca las políticas sociales, especialmente para las personas más frágiles, y también, en la medida de lo posible, impulsar políticas activas de ocupación combinándolas con medidas de replanteamiento del gasto, de austeridad y de la máxima eficacia en la gestión pública. No podemos dejar de asumir responsabilidades que hasta ahora, en muchos casos sin tener las competencias, hemos desarrollado. De forma especial, en vivienda social, para compensar en lo posible el descenso de la inversión privada.

Para poder asumir estos objetivos, en un contexto de reducción de los ingresos asociados a la construcción y de caída de los ingresos de otras administraciones, sobre todo de ámbito europeo, es totalmente necesario y urgente que el Estado y las autonomías reconozcan el papel fundamental de los entes locales en la prestación de servicios a la comunidad y los doten de los recursos necesarios para hacerles frente. Este nuevo modelo de financiación local tendrá que revisar los recursos tributarios propios bajo la perspectiva de mejorar su gestión y eficacia y no para incrementar la presión fiscal. La fiscalidad municipal debe ser, sobre todo, un instrumento de redistribución económica y social.

La Comissió Municipalista de Catalunya propone una serie de medidas provisionales mientras no se resuelva el problema de la financiación. Algunas de estas, podrían ser el estudio de una moratoria en la aplicación de la ley general de Estabilidad Presupuestaria y su reforma urgente, que permita que aquellas administraciones que cumplan con el resto de ratios legales y que demuestren una suficiente capacidad financiera puedan aumentar su capacidad de endeudamiento en un número limitado de ejercicios o la creación de un fondo específico que permita retornar el IVA pagado por las inversiones realizadas por los ayuntamientos, con la obligación de reinvertirlos en nuevos proyectos.

Son sólo algunas propuestas. Pero hay otras. Todo con un objetivo claro: que los ayuntamientos, de una vez por todas, dispongamos de los recursos que son justos y que nos permitan continuar dando respuesta a las necesidades y demandas de nuestros vecinos y vecinas. Una negociación catalana de la financiación con el Gobierno español que no tenga en cuenta el mundo local no será una negociación que los ayuntamientos podamos sentir como nuestra.

Manuel Bustos. Alcalde de Sabadell y presidente de la Federació de Municipis de Catalunya.

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¿SOS Georgia?, ¡SOS Europa!, de André Glucksmann y Bernard-Henri Lévy en El Mundo

Posted in General by reggio on 13 agosto, 2008

TRIBUNA LIBRE

Ante lo que consideran el momento más decisivo de la historia europea tras la caída del Muro de Berlín, los autores hacen un llamamiento para plantar cara a Rusia y sus abusos en Georgia

No crean que estamos ante un asunto puramente local. Se trata probablemente del momento más decisivo de la historia europea desde la caída del Muro de Berlín. Lo demuestran fehacientemente los gritos procedentes de Moscú. «Genocidio», acusa Putin, que no se dignó a pronunciar esa misma palabra durante la conmemoración del 50 aniversario de Auschwitz. «Múnich», evoca el tierno Medvedev, insinuando que Georgia, con sus 4,5 millones de habitantes, es la reencarnación del III Reich.

No seremos nosotros los que subestimemos las capacidades mentales de ambos dirigentes. Lo que adivinamos es que, simulando indignación y jugando a fondo esa carta, manifiestan su voluntad de asestar un gran golpe. Está realmente claro que los spin doctors del Kremlin han revisado los clásicos de la propaganda totalitaria: cuanto mayor es mi mentira, más efecto tiene.

¿Quién fue el primero en disparar esta mañana? La pregunta es obsoleta. Los georgianos se retiraron de Osetia del Sur, territorio que la legislación internacional -conviene recordar- coloca bajo su jurisdicción. También se retiraron de las ciudades vecinas. ¿Es necesario que se retiren igualmente de su capital? La verdad es que la intervención del Ejército ruso fuera de sus fronteras, contra un país independiente y miembro de la ONU, es una novedad desde hace varias décadas. Más en concreto, desde la invasión de Afganistán precisamente por parte de los rusos. En 1989, Gorbachov se negó a enviar los tanques soviéticos contra la Polonia de Solidarnosc. Cinco años después, Yeltsin se cuidó mucho de permitir a las divisiones rusas entrar en Yugoslavia para apoyar a Milosevic. El propio Putin no asumió el riesgo de enviar a sus tropas a sofocar la Revolución de las Rosas (Georgia, 2002) ni la Revolución Naranja (Ucrania, 2004). Pero hoy, toda esa praxis se está viniendo abajo. Y corremos el riesgo de que, ante nuestros ojos, aparezca un mundo nuevo, con nuevas reglas.

¿A qué espera la Unión Europea y Estados Unidos para detener la invasión de Georgia, su país amigo? ¿Veremos a Mijail Saakashvili, líder prooccidental, democráticamente elegido, expulsado del país, exiliado y reemplazado por un fantoche o ajusticiado con una cuerda al cuello? ¿Va a reinar el orden en Tiflis como reinó en Budapest en 1956 y en Praga en 1958? A estas sencillas preguntas sólo cabe contestar con una respuesta. Hay que salvar, aquí y ahora, a una democracia amenazada de muerte. Porque no se trata sólo de Georgia. El caso afecta también a Ucrania, a Azerbayán, a Asia Central, a Europa del Este y, por lo tanto, a Europa. Si dejamos que los tanques y los bombarderos arrasen Georgia, les estamos diciendo a todos los vecinos, más o menos cercanos a la Gran Rusia, que jamás los defenderemos, que nuestras promesas son papel mojado, que nuestros buenos sentimientos se los lleva el viento y que, por lo tanto, no pueden esperar nada de nosotros.

Nos queda poco tiempo. Comencemos, pues, por denunciar claramente al agresor: la Rusia de Vladimir Putin y de Dmitri Medvedev, ese «liberal» famoso y desconocido que se suponía que iba a suavizar el nacionalismo de Putin. A continuación, rompamos con el régimen de la tergiversación y de las mentiras vendidas como verdades: los 200.000 muertos de Chechenia; la suerte del Cáucaso Norte como un «asunto interno»; Anna Politkovskaya, una suicida; Litvinenko, un ovni… Y admitamos, por fin, que la autocracia putiana, nacida por obra y gracia de los oscuros atentados que ensangrentaron Moscú en 1999, no es un socio de fiar y, mucho menos, una potencia amiga.

¿Con qué derecho esta Rusia, agresiva, amenazadora y con mala fe, sigue siendo miembro del G8? ¿Por qué se sienta en el Consejo de Europa, institución dedicada a defender los valores de nuestro continente? ¿Para qué mantener las grandes inversiones, especialmente alemanas, del gasoducto bajo el Báltico para beneficiar sólo a Rusia, cuyo objetivo es cortocircuitar los que pasan por Ucrania y Polonia? Si el Kremlin persiste en su agresión caucásica, ¿no es conveniente que la Unión Europea reconsidere el conjunto de sus relaciones con su gran vecino? Porque Rusia necesita más vender su petróleo que nosotros comprárselo. A veces, es posible cazar al cazador. Si Europa encuentra audacia y lucidez, es fuerte. De lo contrario, es una Europa muerta.

Los dos firmantes de este artículo conminábamos públicamente, en una carta fechada el 29 de marzo de 2008, a Angela Merkel y a Nicolas Sarkozy a no bloquear el acercamiento de Georgia y de Ucrania a la OTAN. Una decisión positiva, escribíamos entonces, que «convertiría en un santuario a los dos países. Y el gas seguiría llegando. Y la lógica de la guerra, que tanto hace temblar a algunos, se encasquillaría de inmediato. De lo contrario, estamos convencidos de que nuestro rechazo enviaría un signo desastroso a los nuevos zares de la Rusia nacional-capitalista. Les demostraría que somos débiles y veletas, que Georgia y Ucrania son tierras a conquistar y que nosotros las inmolamos sin rechistar en el ara de sus ambiciones imperiales redivivas. No integrar, o más exactamente no pensar en integrar, a estos países en el espacio de la civilización europea desestabilizaría a toda la región. En definitiva, cediendo ante Vladimir Putin, sacrificando nuestros principios ante él, reforzaríamos, en Moscú, el nacionalismo más agresivo». Era imaginarnos lo peor, sin querer creerlo demasiado. Pero lo peor ha llegado. Para no disgustar a Moscú, Francia y Alemania pusieron su veto a esta perspectiva de integración. Y Putin recibió el recado y, como agradecimiento, desencadenó su ofensiva.

Es hora de cambiar de método. Los europeos asistieron, impotentes por estar divididos, al sitio de Sarajevo. Vieron cómo se destrozaba Grozni, impotentes por ciegos. ¿Va a obligarnos la cobardía, también esta vez, a contemplar, pasivos y timoratos, la capitulación de la democracia en Tiflis? El Estado Mayor del Kremlin jamás creyó en una «Unión europea». Pofesa, más bien, que, bajo las buenas palabras de las que Bruselas es sumamente pródiga, bullen las rivalidades seculares entre soberanías nacionales, manipulables a conveniencia y mutuamente paralizadoras. El test georgiano es la prueba de la existencia o no de Europa. La Europa que se construyó contra el telón de acero, contra los fascismos de antaño y de hoy, contra sus propias guerras coloniales, la Europa que festejó la caída del Muro y saludó la Revolución de Terciopelo, se encuentra hoy al borde del coma. ¿Veremos sellar el final de nuestra breve historia común en las olimpiadas del horror del Cáucaso?

André Glucksmann y Bernard-Henri Lévy son filósofos franceses.

© Mundinteractivos, S.A.

Gamoneda y los meneos políticos, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Cultura, Literatura by reggio on 13 agosto, 2008

“Me jode ser meneado por la derecha española”. Así reza (con perdón) el titular de una entrevista reciente que le hizo un diario madrileño al poeta Antonio Gamoneda.

¿Qué es lo que viene aconteciendo con la presencia en la vida pública de este poeta desde que se le concedió el Premio Cervantes en 2006? Pues que, con todo el descaro y sin apenas reparo, se puso énfasis en la vecindad entre Gamoneda y el presidente del Gobierno. Sin embargo, se pasa por alto la relevante relación entre la capital leonesa y la poesía, entre otras cosas, porque fue en la ciudad en donde reside Gamoneda donde se creó la revista Espadaña de la mano de Antonio González de Lama, un cura, lector de Bergson y de Maritain. Porque hay poetas leoneses como Eugenio de Nora, muy vinculados a la referida publicación poética. Porque el burgalés Victoriano Crémer tuvo un protagonismo indudable en la vida poética leonesa y española a través de la misma revista.

Meneos políticos. O Gamoneda les sirve como arma arrojadiza contra el presidente del Gobierno, o, de lo contrario, hay que vituperarlo. Que su obra haya alcanzado la excelencia literaria, o que, antes bien, no pase de discreta, no quiere ser tenido en cuenta.

Ahora bien, como el propio interesado declara, desde el ámbito del que procedió tan insidiosa afirmación, no hubo el más mínimo inconveniente en considerarlo figura insigne desde el momento en que se adhirió al manifiesto savaterino en defensa de la lengua común en determinados territorios, y, tan pronto se desdijo y retiró su firma, las acusaciones contra él cobraron mayor virulencia.

¿Para esto les sirve la poesía a muchos de quienes la ponen sobre el tapete del debate público? Se trata, en efecto, de “meneos políticos” de muy mal gusto,

Uno no puede no preguntarse si, con todo, esto que está ocurriendo no despertará la curiosidad del público lector para adentrarse en la obra poética de Gamoneda, frente al deplorable espectáculo de cuya existencia se nos obliga a enterarnos al margen de nuestra voluntad por los imperativos que marca el mundo mediático.

En una ciudad periférica y, a la vez, estrechamente vinculada a la poesía, se desarrolla la obra de este poeta que pertenece a la llamada Generación de medio siglo, o niños de la guerra, la misma de Ángel González, Gil de Biedma, Claudio Rodríguez y Valente, entre otros. ¿Estamos hablando de un caso aislado, o nos encontramos ante un poeta que comparte los principales rasgos de su generación, ello al margen de las limitaciones y matices que el propio método generacional plantea?

Gamoneda y el ruido y la furia de los meneos políticos que quisieron convertir al poeta y su obra en una especie de proyectil contra el que supuestamente fue uno de sus grandes mentores a la hora de recibir uno de los principales galardones oficiales.

Tan poco edificante utilización debería propiciar otro debate que solapase el que se está produciendo, un debate que debería contribuir al análisis y valoración de una obra poética a la que tan poco se atendió desde que su nombre consiguió celebridad más allá del ámbito propiamente literario. Una celebridad que colisiona con el aislamiento que toda obra poética necesita, máxime si se trata de un poeta periférico no sólo en lo meramente geográfico en el caso que nos ocupa.

El pleno de las coces, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 13 agosto, 2008

El ojo del tigre

El Pleno municipal celebrado el pasado día 4 de agosto, en el Ayuntamiento de Oviedo, fue tan lamentable para una recta gobernanza del municipio ovetense y tan bochornoso para la intelligentsia neodemocrática de la heroica ciudad que es posible que no se recuerde ni tan siquiera como una pintoresca anécdota municipalista. Aquel penoso episodio no merece perpetuarse en la historia política de la sociedad ovetense por su condición de esperpéntico debate doméstico cuyo momento apoteósico se alcanzó cuando una voz interrumpió el acalorado intercambio de lindezas, entre ediles del gobierno municipal y concejales de la oposición, para exigirles a éstos últimos que pidieran perdón por el “apocalipsis” que había arrasado a Oviedo en octubre de 1934.

Esa extravagancia historiográfica sirvió para hundir aún más -en la merde política- a la ética ideológica y a la estética dialéctica, ambas indisociables de cualquier debate político civilizado. ¿Se discutía de caballos o se hablaba de la memoria histórica? Esto es lo que, al parecer, no tenía muy claro alguno de los ediles del gobierno local. Es verdad que no todos tenemos caballos, pero no cabe la menor duda acerca de que (casi) todos tenemos nuestra propia historia instalada en la memoria. La diferencia entre quienes van a caballo y los que caminamos a pie, no necesita candil para ratificarla; pero las diferencias entre unas y otras memorias no sólo están en el yo de cada cual; sino, sobre todo, en cómo interpreta cada uno esa historia que es común.

Unos, lo hacen siguiendo al pie de la letra la historia-relato que, desde 1940, difunde la peculiar escuela historiográfica fundada por los creadores del mito social de la grandeza de España, y de su salvación del acoso al que estaba sometida por la furia comunista y por el satánico Anticristo, gracias al heroico servicio prestado por el providencial general Francisco Franco… Otros, en cambio, lo hacen procurando separar la realidad histórica de la propaganda política; cuestionando ciertas conclusiones esenciales, hechas a partir de hipótesis poco o nada creíbles por su carga de subjetividad; rechazando las interpretaciones simplistas porque sólo sirven para relatar sucesos, pero no para explicarlos; y, también, reclamándoles a los historiadores profesionales que procuren articular los hechos históricos entre sí, sin olvidar la necesidad de conectar tales sucesos con los momentos históricos en que se producen.

Imagínese lo que hubiera ocurrido en el ring del pleno municipal si a uno de los concejales del grupo aludido por la extravagante petición histórica, se le hubiera ocurrido contestarle que cuando el franquismo -que aún colea- haya pedido perdón por los desmanes cometidos contra los vencidos y sus familias, durante casi cuarenta años de gobierno despótico y cruel. Pero, aunque no es necesario insistir en lo obvio, conviene tener en cuenta que los actuales militantes del PSOE, que fue renovado en Suresnes (Francia) y, poco tiempo después, meticulosamente depurado políticamente en Madrid por don Felipe González, cuando renunció al marxismo como fundamento ideológico, no tienen nada que ver con aquellos obreros socialistas del PSOE original, que decidieron (en octubre próximo se cumplirán 74 años) responder a los desafíos del capital con su pretensión de hacer una revolución social coherente con el contexto histórico en el que se desarrollaba el obrerismo en aquella lejana época.

Será porque les parece poco la durísima represión militar, que se llevó a cabo entre los obreros asturianos de 1934, después de fracasar su utópico proyecto revolucionario…? Tal vez.

El lamentable pleno de los caballos, que pudo haber sido una culta partida de ajedrez; disputada con meditada cautela y con limpieza política, solamente sirvió para demostrar que a los que se consideran legítimos herederos de la victoria del 1 de abril de 1939 -y lo son, evidentemente- les molesta muchísimo que alguien se atreva a plantear dudas sobre determinadas conductas públicas personales, y, muy especialmente, cualquier paripé que sirva de apoyo para revisar la historiografía del próximo pasado de los españoles. Ni aunque se le rebaje considerablemente -como ha hecho el Gobierno de Rodríguez Zapatero– el elevadísimo nivel de insania que alcanzó el desahogo represivo durante la larga posguerra (in)civil.

Si, a pesar de mi vaticinio inicial, este desagradable incidente municipalista mereciera ser convertido en un notable episodio histórico, convendría advertirle a quien se decida a escribir la historia del esperpéntico debate que no se olvide de articular ideológicamente, ni de conectarla con la época neodemocrática en que se produjo.

Porque no sería descabellado temer que un historietógrafo de la vieja escuela españolista, relate que, un día, unos caballos que estaban reunidos en un pleno municipal se vieron obligados a dar “una coz de estado” para salvar a Oviedo del acoso comunista. Y que, cincuenta años después de aquel suceso, a los socialistas aún no se les ocurrió pedirles perdón a los caballos.

Lorenzo Cordero. Periodista,

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Montilla acentúa su tono catalanista con vistas a unas elecciones anticipadas en 2009, de Albert Camps en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 13 agosto, 2008

José Montilla y Artur Mas consideran muy probable unas elecciones catalanas anticipadas a finales de la primavera próxima, quizás en junio. Asimismo, sus encuestas les indican que CDC volvería a obtener más votos que el PSC, con una diferencia de entre ocho y doce escaños.

Ambos hechos determinan la ofensiva de tono catalanista del presidente de la Generalitat, centrada en la financiación y destinada a sobrepasar en votos a CDC. Como es lógico, Montilla busca los votos de quien tiene más que él.

Los dos mayores partidos de Cataluña consideran que un gobierno de coalición entre ambos – la llamada “sociovergència”- es la única solución racional al “desastre” que ha representado el Tripartito. Ello también lleva al PSC a expresar o a escenificar posiciones más duras respecto a la financiación y el Estatut. No quiere aparecer como la prolongación estatal de un partido catalán.

Una alta fuente socialista catalana manifestó a El Confidencial que “Montilla expuso previamente a Zapatero las razones de lo que Fernández de la Vega después llamó ‘excesos verbales’. A la vez, Montilla aseguró al presidente del gobierno que en ningún caso los diputados del PSC dejarían de votar los presupuestos del Estado. No hay un problema de fondo entre el PSOE y el PSC, sino la necesidad de éste último de un ‘sorpasso’, que decían en Italia, de CDC en escaños, posiblemente dentro de pocos meses”.

La ruptura del Tripartito será obra de Esquerra, partido dividido en clanes antagónicos y de organización asamblearia. La poca cohesión que le queda se basa en el deseo de poltronas y prebendas. “El día treinta de cada mes es el único en que, al cobrar por sus numerosos cargos políticos y de confianza, son partidarios del Tripartito. El resto del mes están en contra”, afirmó una fuente del Govern. Las encuestas indican que, en caso de elecciones catalanas anticipadas, Esquerra perdería entre tres y cuatro escaños. Iniciativa perdería uno o dos. El PP, por su lado, ganaría uno.

La sociovergència de CDC y PSC

CDC y, hasta ahora en menor grado, el PSC están abiertos a una ‘sociovergència’, comparable a la coalición que existe en Galicia. Pero ambos consideran indispensable que la presidencia de la Generalitat corresponda a la fuerza más votada. De ahí la importancia que da Montilla al ‘sorpasso’, tanto si se concreta la posibilidad de elecciones anticipadas como si no.

“Un día creo que habrá elecciones anticipadas y al siguiente tengo mis dudas, en cambio siempre estoy convencido de que si funciona la actual escenificación catalanista de Montilla -afirma a El Confidencial un parlamentario de CDC-, el PSC se puede cargar a mi partido. De momento ha conseguido algo prácticamente inédito: que todas las fuerzas políticas de Cataluña, incluido el PP, apoyen a Montilla en el tema de la financiación. Desde su último congreso, el PSC ha obrado muy bien a nivel de imagen. Su problema es que su digamos combate con el PSOE está amañado, como los de lucha libre de la televisión. Si se llega percibir, le pude resultar muy negativo. Ambos – PSC y PSOE – están interesados en poder concluir con un empate técnico, bien visto por sus respectivos electorados, que son diferentes. Montilla debe atraer votos catalanistas de Mas y Zapatero antinacionalistas del PP”.

El mismo parlamentario de CDC dice que “no hay que olvidar a la UDC de Duran Lleida. Si Zapatero le ofrece un ministerio puede contar con el apoyo de sus diputados, sin la más mínima duda”. En privado, es un hecho banal que quienes peor hablan de UDC sean los dirigentes de CDC y viceversa.

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Las dos españas de la financiación: las comunidades autónomas se pelean a la sombra del Estatut, de Alberto Mendoza en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 13 agosto, 2008

La unión de los partidos catalanes para reclamar al Gobierno central que cumpla con el sistema de financiación previsto en el Estatut ha desenterrado, una vez más, las viejas diferencias entre comunidades autónomas. Ante la posibilidad de que un pacto bilateral entre el Estado y la Generalitat acabe por recortar los fondos destinados a otras comunidades, los líderes autonómicos, tanto en el gobierno como en la oposición, se han lanzado a una batalla dialéctica a la que el Gobierno no ha sabido poner freno. Además, las comunidades se han dividido entre las que apoyan las reivindicaciones catalanas y aquellas que las rechazan de plano.

La Comunidad Valenciana y Baleares están en sintonía con las demandas catalanas para que el nuevo modelo de financiación incremente el peso de la población. Como sucedió con el Estatut, el listón que marque Cataluña en su acuerdo con el Gobierno servirá a estas comunidades para exigir ventajas similares. El presidente balear, Francesc Antich (PSOE), advirtió el lunes que Baleares debe ser “la comunidad más beneficiada por el nuevo sistema de financiación”, ya que, a su juicio, es el territorio más perjudicado por el actual. Enfrente se sitúan otras como Aragón, Cantabria, Andalucía, Extremadura o Castilla La Mancha, que consideran que cuestiones como la dispersión de la población o su envejecimiento deben ser factores fundamentales a la hora de calcular la financiación y no solo la cantidad de habitantes. Asimismo, estas comunidades rechazan las balanzas fiscales como argumento para que Cataluña recorte sus aportaciones al fondo de solidaridad que debe garantizar los servicios básicos en todo el Estado.

Marcelino Iglesias, presidente de Aragón (PSOE), aseguró ayer que la Generalitat “se equivoca” cuando plantea sus condiciones “como si fueran las únicas a contraponer a la posición del Estado”. Para Iglesias, el Estado debe atender al “conjunto de los estatutos”, que son igualmente leyes orgánicas. Desde Castilla La Mancha, el vicepresidente Fernando Lamata (PSOE), mostró su preocupación por que el Gobierno catalán esté “tensando la cuerda” en un asunto que, consideró, requiere prudencia y responsabilidad. Por ello, Lamata pidió que “se baje un poco el tono del debate”.

En Galicia, tanto PSOE como PP criticaron las exigencias catalanas. “Cada euro que va al modelo catalán es un euro menos para Galicia”, sostuvo Mar Barcón, secretaria socialista de organización, que garantizó que el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, “defenderá los intereses de los gallegos por encima del compromiso de partido”. Alfonso Rueda, número dos de los populares gallegos, lamentó que Galicia puede ser “la primera víctima” de las disputas entre el PSOE y el PSC por la financiación. El domingo, el propio Touriño apeló directamente a su homólogo, José Montilla, para que no cuestionara ni tensara “las posturas del estado plural”. El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla (PRC), que gobierna en coalición con el PSOE, también rechaza los argumentos de población y las balanzas fiscales para asignar los fondos para las autonomías.

“Cataluña, más pobre que Extremadura”

Sin embargo, los nacionalistas catalanes insisten en la necesidad de que la Generalitat se mantenga firme ante el Gobierno central y el resto de autonomías. Ayer, el conseller catalán de Innovación, Universidades y Empresas, Josep Huguet (ERC), definió de “califato” la oposición andaluza al cambio de modelo de financiación. En declaraciones a la emisora RAC-1, Huguet afirmó que “hay una especie de alianza histórica entre las dos Castillas y Madrid y lo que podríamos denominar el Califato que se permiten el lujo de dictaminar quién ha de pagar y quién ha de recibir”. En este sentido, Joseph Lluís Carod-Rovira (ERC), vicepresidente de la Generalitat, aseguró: “Gracias o por culpa de nuestro déficit, tienen más inversión por habitante en sanidad; lo cierto es que en Cataluña hoy padecemos más pobreza que Extremadura”.

Por su parte País Vasco y Navarra, gracias a sus privilegios forales, asisten como espectadores a esta batalla. De esta forma, el portavoz del Gobierno de Navarra, Alberto Catalán, abogó el lunes por que la financiación se consensúe entre PSOE y PP. “Aunque a nosotros no nos afecte directamente, debemos estar también pendientes de la situación que se pueda dar”, añadió.

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Con una lata al rabo, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 13 agosto, 2008

Decían que un francés con una idea en la cabeza es como un perro con una lata atada a la cola. Podría hacerse una traslación: un político nacionalista con una reivindicación ─y el problema es que tienen siempre muchas─ es como toda una jauría de canes, cada uno con su lata correspondiente.

En este país que es España, si se le puede seguir llamando así, parece que solo existen los vascos y los catalanes. Solo ellos tienen problemas; solo ellos tienen necesidades; solo ellos tienen pobres; solo ellos pueden emplazar, chantajear y amenazar al Gobierno central. Este comportamiento viene siendo una constante desde la Transición, pero el victimismo y las presiones se han hecho insostenibles a partir de la pasada legislatura, en la que la desastrosa política territorial practicada por el Gobierno Zapatero (es imposible llamarle gobierno socialista) ha dado más alas a los nacionalistas, ha convertido en nacionalistas a los que hasta entonces no lo eran, como el PSC, y ha dejado indefensos al resto.

Desde hace algunos días, y a pesar de estar inmersos en una crisis económica de impredecibles consecuencias, parece que el único problema grave que tiene este país es que se incumple el Estatuto catalán, ya que ha pasado el nueve de agosto sin que se haya logrado un acuerdo en cuanto a la financiación de la Generalitat; no sobre la financiación de Cataluña, como se suele decir, porque de Cataluña son tanto el presupuesto de la Generalitat como el de la Administración Central.

Apenas han comenzado a surgir los problemas derivados del Estatuto catalán, que ciertamente van a ser muchos. Las huidas hacia delante tienen siempre consecuencias nefastas y Zapatero, no sabiendo como salir de la ratonera en que se había metido con lo de “Pascual, yo me comprometo a aprobar en Madrid lo que venga de Cataluña”, tiró por la calle del medio e hizo que su partido y el Parlamento español aprobasen una ley que no solo es anticonstitucional sino, algo peor, atenta contra los principios del sentido común y contra los postulados más elementales de la justicia. Además, no todo lo que es constitucional es coherente y justo.

Aunque se trata de un tema menor, resulta irracional fijar en una ley una fecha límite para llegar a un acuerdo, acuerdo que como mínimo depende de dos partes y, por lo tanto, ninguna de ellas puede comprometerse al cien por cien. Aparte de que en este caso el acuerdo debería depender de dieciocho, porque esta es otra de las incongruencias del Estatuto, exigir que la negociación tenga que ser bilateral. La financiación de una Comunidad Autónoma incumbe por fuerza a todas las demás.

Incumplir el plazo establecido en una ley, aun cuando su realización dependa exclusivamente del gobierno, ha sido algo bastante usual. Por poner un ejemplo, desde 1979 a 2003, las distintas leyes de presupuestos venían recogiendo año tras año la obligación del ejecutivo (por supuesto de distintos colores) de presentar en el plazo de doce meses un proyecto de Ley General Presupuestaria, mandato que también, año tras año, se incumplía aunque, por cierto, nadie se rasgaba las vestiduras. Pero ya hemos dicho que un político nacionalista, o similar, con una reivindicación…

Se han disparado todas las alarmas. Se ha empezado a escuchar el cacareo y las letanías. “No se puede asfixiar a Cataluña”… cualquiera lo diría. “Cataluña tiene un importante déficit de servicios sociales”; es posible que como otras muchas Comunidades Autónomas y como toda España. O se pretende afirmar que su déficit es mayor, si bien en este caso habría que preguntarse el porqué. ¿Acaso tenga algo que ver el tres por ciento (u otro porcentaje más elevado) de las comisiones que denunciaba el propio Maragall? ¿O quizás es que se emplean los recursos para objetivos identitarios o para ejercitar competencias que no se tienen, como la subvención del catalán y crear delegaciones de la Generalitat en el extranjero?, ¿o tal vez la explicación se encuentre en que los sueldos de los funcionarios y de los altos cargos son más elevados que en otras Comunidades?

Se manejan estudios construidos ad hoc para demostrar el número reducido de empleados públicos que tiene la Generalitat en comparación con otras Comunidades. Independientemente de lo sesgado que pueda estar el análisis, este hecho en ningún caso puede ser ejemplo de austeridad administrativa, en primer lugar porque las necesidades no se pueden medir solo en función del número de habitantes, lo que resulta también aplicable a efectos de cuantificar la financiación autonómica; pero, en segundo lugar y mucho más importante, porque la causa puede encontrarse en que se haya optado por externalizar los servicios con un coste más elevado, mayor descontrol y peores prestaciones a los ciudadanos. En ese mayor coste se puede encontrar también una explicación del déficit que dicen tener de servicios sociales.

Con todo, lo más indignante es ese discurso de la solidaridad y el agradecimiento. La política redistributiva de un Estado, bien sea entre personas o regiones, no es graciable, sino obligatoria; la obligación que se desprende de los principios de equidad propios de un Estado social e inscritos en la Constitución. No hay nada que agradecer. Solo la enorme distorsión que se puede estar produciendo en el ámbito político puede explicar que se llame solidaridad graciable a lo que es equidad redistributiva.

Luis Velasco, desde estas mismas páginas virtuales de Estrella Digital, escribía la semana pasada un artículo que titulaba: “Los nacionalistas ¿son tigres de papel?”. Lo suscribo desde el principio al fin, también la conclusión, los nacionalistas pueden ser tigres de papel, pero dejan de serlo cuando desde los partidos estatales se adoptan, por motivos electorales, los mismos comportamientos. Únicamente cabe una solución, volver a empezar, con un gran pacto estatal, diseñando de nuevo el modelo. Por desgracia, no parece que se esté dispuesto a ello.

www.telefonica.net/web2/martin-seco

La mayoría se aprieta el cinturón, pero no todos, de Enrique Badía en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 13 agosto, 2008

Despejadas las dudas y resuelta la estéril polémica sobre si existía o no crisis, la controversia se ha trasladado casi exclusivamente a determinar su profundidad y duración. Se discute poco o nada, en cambio, sobre medidas, recetas o actuaciones para paliar sus efectos y acelerar o cuando menos preparar una recuperación que, antes o después, acabará por llegar.

En cierta medida, la inacción de los poderes públicos suena desesperante, pero tampoco conviene exagerar su incidencia, dado que empresas y ciudadanos han asumido con apreciable mezcla de celeridad y realismo los perfiles estrictos de la situación.

Aunque el mensaje institucional no ha proliferado, la mayoría ha optado por eso que se suele llamar apretarse el cinturón o, dicho de otra manera, sustituir a toda prisa el alegre dispendio por la áspera austeridad. Se nota sobre todo en la forma que está discurriendo la etapa álgida del verano: aunque la mayoría no da la sensación de haber renunciado a las vacaciones, su duración se ha reducido y el gasto asociado a ellas se ha concentrado en lo indispensable, para desgracia entre otros de negocios dedicados a la restauración, las copas y el esparcimiento en general.

La evolución de otros renglones de consumo sigue una pauta más o menos parecida, con apreciable renuncia a lo superfluo y ajuste a lo esencial. Semejante patrón de comportamiento de empresas y ciudadanos no puede sino contrastar con la pasividad observable en la mayoría de estamentos de la esfera pública… al menos hasta la fecha. Pendientes de lo que anuncie el Gobierno tras la reunión extraordinaria convocada para esta semana, se echa en falta algo tan elemental como haber decretado una reducción de ciertas partidas presupuestarias acorde con la caída de ingresos fiscales derivada del retraimiento de la actividad. Dicho de otro modo: las administraciones, en general, han seguido gastando lo previsto, sin compartir con la mayoría de la sociedad una reorientación hacia la austeridad.

Se suele repetir que un grano no hace granero, o que determinados gastos no son más que el chocolate del loro, pero siquiera como referente valdría la pena cuidarlos un poco más. Más revelador que ejemplos concretos –los hay- es que no se haya dictado ninguna instrucción –conocida- a los distintos departamentos para que limiten sus gastos a lo imprescindible, que suele ser bastante menos de lo que acostumbran a gastar.

Alguien puede aducir que se trata más de gestos que de medidas con impacto relevante en las cuentas públicas, y en parte tendrá razón. Pero tampoco tomarse unos cuantos cafés de menos cambia sustancialmente el estándar de vida del ciudadano. La diferencia es que esos cafés salen del bolsillo individual y merman capacidad personal o familiar para gastar en otras cosas… mientras que los dispendios que siguen manteniendo los responsables públicos se cargan sobre los impuestos, presentes o futuros, de quienes no tienen más remedio que satisfacerlos por imperativo legal, determinado precisamente por quienes van a decidir como y en qué seguir gastando.

ebadia@hotmail.com

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¿Qué pasó en el alma del juez Pedraz? de Antonio Álvarez Solís en Gara

Posted in Política by reggio on 13 agosto, 2008

En esta ocasión Alvarez-Solís pausa su exhaustiva mirada en el caso del joven Ailande Hernaez y el juez Santiago Pedraz. El primero, maltratado por la Guardia Civil durante su detención. El segundo, insultado por ese mismo cuerpo y por todo el «stablishment» policial español ante la pasividad de sus mandos políticos y orgánicos.

Imaginemos la escena. El juez Pedraz interroga a Ailande Hernáez, acusado de «kale borroka». Ailande explica al magistrado las torturas que ha sufrido, dando señales muy concretas de las mismas. Día y medio en un cuartelillo de la Guardia Civil hace que Ailande pierda el sentido del tiempo, como atestigua su abogada. Tras el interrogatorio, el juez Pedraz decreta la libertad provisional del detenido, aunque imponiéndole una fianza de seis mil euros y el cese, por tanto, de su incomunicación, de la cual el arrestado describe el horror vivido.

¿Qué pasó por el alma del magistrado, que suspende la incomunicación de Ailande tras escucharle? Hay que hacerse esa pregunta. El magistrado no parece ser «un típico pijo rojo de los años ochenta», como afirma el secretario general del Sindicato Unificado de Policía, Sr. Sánchez Fornet. Es más, asegurar tal cosa -aparte la clara injuria a un juez en su tribunal- revela en quien lo dice la persistente continuidad ideológica en una Policía heredera del franquismo. ¿Dónde está, por consiguiente, el nuevo y democrático espíritu que se quería ver en la Transición? Evidentemente sigue pesando en el lenguaje del Sr. Sánchez Fornet el odio hacia los «pijos rojos». Mala cosa.

Más. El Sr. Sánchez Fornet y los representantes de la Policía, la Guardia Civil y la Unión de Oficiales de esta última organización armada subrayan que el magistrado decretó esta libertad provisional porque no ha sentido «en sus propias carnes» la acción del terrorismo. Más aún: todas estas esferas corporativas afirman, en este caso la Asociación Unificada de Guardias Civiles, que un acto de «kale borroka» como el atribuido a Ailande -el lanzamiento de un cóctel Molotov contra la subdelegación del Gobierno de Madrid en Vitoria- «amenaza la vida de los agentes que custodian el edificio». Precisamente al peligro en que viven los agentes de las Fuerzas de Seguridad se refiere por su parte la Unión de Oficiales de la Guardia Civil cuando sus representantes apoyan al Sr. Sánchez Fornet al insistir en que quizá el magistrado Sr. Pedraz cambiaría de criterio sobre su aplicación de la ley si sufriera el ataque de cócteles molotov, lo que serviría «para que estos jueces valoren el sufrimiento en el País Vasco de los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado y sus familias». En una palabra: los representantes de los agentes de seguridad no hacen referencia alguna al orden público en general sino al peligro en que viven esos agentes, lo que conduce a una alarmante personalización de la seguridad. Todo policía sabe que su misión es de riesgo, tenga éste una raíz política o provenga del llamado delito común. Pero ese riesgo no ha de justificar una respuesta perversa, si es que se prueban mediante una investigación solemne las torturas sufridas extra-lege por los detenidos, ni han de pasar a primer orden de consideraciones los peligros que dimanan del oficio policial. Insisto en que la personalización de estas amenazas o daños convierten la acción de la Policía en una irrazonable lucha entre dos bandos, cuando la Policía tiene por misión operar con la mayor asepsia para contribuir a una perfecta acción judicial.

Por cierto, ¿qué opina de todo ello el Gobierno de Madrid y especialmente el ministro del Interior, que recuerda mucho en su discurso la justificación hecha por Felipe González de los desagües del Estado? ¿Cómo es posible que las Fuerzas de Seguridad puedan agraviar con tan deleznable frivolidad a un juez sin que los mandos políticos y orgánicos de esas fuerzas tomen medidas para restaurar la higiene ética de esas fuerzas, desbocadas en su lenguaje, lo que quiere decir desbocadas en su disciplina? ¿En qué queda la solemnidad ejemplar que ha de revestir la acción policial para que todo ciudadano encuentre justamente retribuida su soberanía, que es la que en teoría sostiene a los agentes que protagonizan esa acción? ¿Estamos de hecho en una guerra sin el mínimo amparo de la Convención de Ginebra? ¿Cómo distinguir a los tenidos por justos combatientes de aquellos que no lo son, según la definición oficial?

En estas condiciones creo que debería superarse incluso el espíritu de organizaciones como Amnistía Internacional, que batallan ardidamente contra la injuria de la tortura, pero que no se deciden a dar el paso esencial de explicar qué raíces políticas, sociales y muchas veces económicas tiene esa tortura. De ello habla con una contundente brillantez Noemí Klein en su monumental obra «La doctrina del shock»: «La tortura es un indicador de que un régimen está sumido en un proyecto profundamente antidemocrático, aunque ese régimen haya llegado al poder mediante las elecciones». Y añade en méritos a su pensamiento esta magnífica frase de Simone de Beauvoir: «Protestar en nombre de la moral contra `excesos’ y `abusos’ es un error que sugiere complicidad activa. No hay `abusos’ o `excesos’ aquí, sino simplemente un `sistema’ que lo abarca todo». El párrafo de la Sra. Beauvoir lo culmina la profesora Klein con esta consideración de la tortura: «No hay ninguna forma humanitaria de gobernar a la gente contra su voluntad…». Y señala al respecto que no deben rechazarse meramente «algunas prácticas específicas (de la tortura) sino el objetivo superior que las ampara y para (cuyo logro) resultan esenciales». Ahí está la gran cuestión. No se trata, no, del ejercicio brutal de la fuerza por algún loco o sádico, que de todo hay en la viña del Señor, sino del imperio de un mecanismo perfectamente engrasado desde planos muy superiores y trascendentes para la vida colectiva. La tortura en el mundo actual ha sustituido a la razón y constituye el lenguaje de la brutal lógica de los dominadores. Sí, esta es la cuestión.

Y por ello insisto. ¿Qué debió sentir mientras interrogaba a Ailande el juez Pedraz? Cosas amargas seguramente. ¿Quizá impotencia para proceder con una justicia real? ¿Quizá un rechazo muy humano de la presunta forma de obtener unas declaraciones? ¿Quizá repugnancia acerca de lo que estaba viviendo en su tribunal? No lo sé. Sé, según los medios de comunicación, que suspendió la incomunicación y dejó en libertad provisional -lo que no quiere decir que haya dejado resuelto el caso- a Ailande.

¿Y los periodistas? ¿Qué hemos de hacer los periodistas? Pues contar las cosas con rigor y abandonar nuestro habitual comportamiento como parte en el caso. Hay unas posibles torturas, hay una decisión sensible del juez, hay una escandalosa personalización en la Policía y la Guardia Civil y hay, como siempre, un silencio del Sr. Zapatero, del que un diputado del Parlamento catalán, el Sr. Homs, ha dicho, con absoluta llaneza, que el actual presidente del Gobierno de Madrid pasará a la historia «como el más falso de España por prometer una cosa y hacer la contraria». El Sr. Homs se refería, seamos leales en la cita, al incumplimiento de lo que había asegurado el Sr. Zapatero para la nueva financiación de Catalunya, pero bueno será extender esa desautorización moral y política del Sr. Zapatero por lo que hace a su constante insistencia en el vigor del Estado de Derecho y en la protección de la libertad. ¿De qué habla usted, Sr. Zapatero? ¿Dónde está el Estado de Derecho? ¿Dónde la protectora libertad?

Imagino lo que pasó por el alma del juez Pedraz. Debió ser como una nube de tristeza, como una nostalgia de la grandeza que se pidió siempre a la magistratura, hoy maltratada por gentes que vistiendo uniforme han decidido convertir en una guerra de taifas nada menos que la seguridad del Estado. Claro que todo esto lo supongo. En cualquier caso bienvenida sea esa luz entre tanto dolor.

Antonio Alvarez Solís. Periodista.

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