Reggio’s Weblog

La crisis y la guerra revientan agosto, de José Antonio Zarzalejos en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 11 agosto, 2008

Las vacaciones se han acabado. La guerra de Osetia del Sur en la que contienden Rusia y Georgia sobre uno de los espacios más estratégicos del mundo (la ruta del petroleo y del gas) acentúa los perfiles de la crisis energética cuando parecía que los precios de referencia del crudo comenzaban a bajar. Ahora, volverán a subir porque la desestabilización del espacio caucásico introduce una variable más a las muchas que determinan el actual estado de inquietud general. Hasta la extrema politización de los Juegos Olímpicos de Pekín, que han servido para dar carta de naturaleza a un nuevo mundo bipolar (EE. UU. y China), dejando atrás el periódo histórico de USA como la “hiperpotencia”, concurre a que este agosto se haya convertido en un tiempo de turbulencias que desconoce las vacaciones y el sesteo de los mercados.

El mundo atraviesa por un grave y profundo proceso de transformación tanto económico como político en el que se ha puesto en cuestión desde la jerarquía de las potencias dominantes hasta el sistema financiero mundial. Todo lo que estaba sosteniendo el modelo político y económico de Occidente está sometido a revisión. Y de fondo, los americanos introducen una incógnita más: la posibilidad de que un afroamericano, el carismático e inexperto Barack Obama, alcance la presidencia de los EE. UU. en noviembre, lo que constituiría todo un vuelco en la convenciones políticas y sociales del gran país americano.

En este contexto mundial, España aparece como uno de los farolillos rojos. El Gobierno lo sabe y se ha precipitado a intentar determinados gestos que procuren transmitir cierta confianza. El próximo jueves, el Instituto Nacional de Estadística va a hacer público el dato de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) correspondiente al segundo trimestre del año. El dato se preve desastroso y el Ejecutivo -que ya lo conoce- se ha adelantado: el miércoles Zapatero se reunirá con la Comisión Delegada de Asuntos Económicos para evaluar el impacto de las medidas adoptadas (?) y el jueves se celebrará un Consejo de Ministros de carácter extraordinario en el que el Gobierno adoptará decisiones complementarias. Ambas reuniones, con la reincorporación a la Moncloa del Presidente, pretenden contrarrestar el efecto negativo de un dato -el del PIB de abril, mayo y junio- que nos pone en los umbrales de la recesión.

Por otra parte, el conflicto catalán crece. El Estatuto de autonomía de Cataluña que preveía que para el 9 de agosto de 2008 su Titulo VI (financiación) estaría ya operativo, ha entrado en barrena propiciando una seria crisis de entendimiento entre el PSC y el PSOE y el Gobierno. Más allá de la voluntad política del Ejecutivo, lo que ocurre es que el Estado carece de recursos para afrontar las exigencias estatutarias catalanas que, aunque de partida eran excesivas, ahora, con la merma de recaudación de tasas, impuestos y tributos, son sencillamente inviables.

En esta situación afrontar la elaboración y aprobación de los Presupuetos Generales del Estado se antoja una misión extremadamente difícil para el Gobierno que tiene dentro de su grupo parlamentario a veinticinco diputados catalanes pero de fuerte obediencia autonómica. Porque -y eso se está comprobando hasta en el Partido Popular- las políticas de los partidos en las comunidades autónomas comienzan a regirse más por criterios de interés territorial que por los de carácter ideológico o global. Y si esa tendencia se materializa -como parece sucede en Cataluña- la morfología de nuestro sistema político estaría en avanzado estado de mutación en un sentido claramente confederalizante. Estas transformaciones se aceleran, precisamente, en las situaciones de crisis como la actual.

Lo que está ocurriendo este mes de agosto, ya en plena canícula, es tan grave que dejar de subrayarlo, aunque con ello se altere el pulso de una sociedad que se niega a enfrentarse a la realidad de su situación, implicaría una omisión culpable. Por eso el Gobierno -es la primera vez que actúa con cierta rapidez en los últimos meses- rompe agosto y vuelve a Madrid porque el pesimismo ha dejado ya de ser antipatrótico.

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