Reggio’s Weblog

China, materia oscura, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 agosto, 2008

CARTA DEL DIRECTOR

Hace 17 años fue noticia de portada y ahora han hecho una película. El viernes 1 de noviembre de 1991 un chino de 28 años, recién licenciado en Física, llamado Gang Lu, irrumpió en un aula de la Universidad de Iowa esgrimiendo un revólver del calibre 38 y una pistola del 22. Sin pensárselo dos veces asesinó a tiros al profesor Christoph Goertz, director de su tesis doctoral, a un miembro del tribunal y a un alumno que competía con él por el premio a la mejor disertación. A continuación fue a la oficina del jefe del Departamento de Física y Astronomía y lo liquidó por el mismo procedimiento. Cambió de edificio, preguntó por la Vicepresidenta de Asuntos Académicos y también se la llevó por delante, dejando paralítica a una secretaria a la que hirió en la médula espinal. Por fin se fue a un salón de actos vacío y se descerrajó la pistola en la cabeza.

El título de la película, Dark Matter, alude a uno de los grandes misterios de la física que obsesionaba a Gang Lu: la composición de la materia oscura, esa descomunal masa informe, imposible de catalogar dentro del universo observable, en la medida en que no emite radiación alguna. El director, Chen Shi-Zeng -famoso por sus montajes operísticos-, ha tratado de responder a la pregunta que entonces se hicieron todos los que conocían al fulano: ¿cómo es posible que un alumno brillante que había llegado pocos años antes a la universidad imbuido de su particular visión del sueño americano -«Resolveré el problema de la materia oscura, ganaré el Premio Nobel y me casaré con una chica de ojos azules»- terminara transformándose en un asesino en serie?

La respuesta está en una palabra china, guochi, cuya mejor traducción sería «humillación nacional». Gang Lu se sentía víctima de una injusticia porque el tribunal le había puesto objeciones, le había mandado revisar unos cálculos que él consideraba perfectos y eso echaba por tierra sus ilusiones de obtener los máximos honores académicos. Y sobre todo se sentía personalmente maltratado por unos profesores que oscilaban entre la arrogancia («Discúteme lo que quieras, pero ten en cuenta que siempre tengo razón», le dice en la película el actor que hace el papel de Goertz) y la condescendencia («Estos chicos vienen de un país donde la astrología es una ciencia y los urinarios son un lujo y por eso te agradecen cualquier trabajo que les des», alega otro miembro del claustro cuando le reprochan que Lu siempre tenga que quedarse en el laboratorio por la noche).

En unas declaraciones incluidas en la crítica firmada por Orville Schell en el número de esta primera quincena de agosto de The New York Review of Books, Shi-Zeng explica que ha tratado de convertir el caso de Gang Lu en una parábola sobre «la complejidad de las actuales relaciones de China con el mundo exterior», y añade: «El se siente superior debido a la antigüedad y profundidad de la civilización china de la que proviene. Sin embargo, y al mismo tiempo, a pesar de su gran cambio y extraordinario desarrollo, él es consciente de que China sigue estando muy por detrás de Norteamérica, personaliza esta realidad y se siente inseguro. Al final, su agudo sentido de la humillación alcanza tal grado de psicosis que en un estallido de rabia asesina mata a las mismas personas a las que había idealizado».

Obviamente, Shi-Zeng no está sugiriendo que todo estudiante procedente de un país en vías de desarrollo con una cultura ancestral tenga la predisposición de liarse a tiros con los profesores que le contraríen, pero sí trata de enfatizar lo arraigado que está el «victimismo histórico» en la sociedad china: «Hay algo que casi forma parte de nuestro ADN y que dispara respuestas autónomas, a veces extremas, cuando un extranjero nos critica o nos hace de menos».

Personalmente viví esa experiencia cuando hace una década formé parte de la misión de la Asociación Mundial de Periódicos que se desplazó a Pekín para pedir en vano la puesta en libertad de nuestra colega Gao Yu, condenada a seis años de prisión y encarcelada en condiciones de extrema dureza por publicar artículos hostiles al régimen del partido único. Todos los interlocutores oficiales se declararon agraviados por nuestra demanda -unos decían que no sabían que esa persona existiera, otros que si estaba en la cárcel tenía que ser una delincuente- y el entonces vicepresidente y ministro de Exteriores Qian Qicheng zanjó la cuestión: «China es una víctima de la prensa occidental. Todo lo que se escribe sobre nuestro país es negativo y oscuro… Si esa persona de la que me hablan vulneró la ley, lo que le haya ocurrido no tiene nada que ver con la libertad de expresión».

¡«Negativo y oscuro»! De ese viaje recuerdo al repartidor de escupideras del Diario del Pueblo -una por redactor, con agua hasta los bordes, para encauzar de manera ordenada y socialista el deporte nacional de echar un lapo a media mañana- y el aspecto de la momia de Mao. Así es como lo encontré en su cripta de la plaza de Tiananmen:

«Arropadito con su uniforme verde oliva por un edredón rojo con sus correspondientes estrellas amarillas -por colores que no quede-, rodeado de flores como un Cristo yaciente, escoltado por dos soldados impasibles, el camarada Mao está guapo y lustroso como esos travestones maduros y entrados en carnes que dibuja Nazario. Tiene los labios cerrados, los lóbulos de las orejas cincelados con primor y de él emana una luz parecida a la de esos cerditos de cartón a los que les ponen una bombilla dentro».

Más de una década después la cripta de la veneración continúa abierta bajo la advocación de la mirada pragmática -aun doctrina oficial- con la que Deng Xiaoping contemplaba a su jefe, amigo, enemigo y torturador: «Sus aciertos fueron esenciales y sus errores secundarios».

Es, efectivamente, el reino de la materia oscura. El tiempo ha ido transcurriendo y China ha sido incapaz de exorcizar ni siquiera los demonios más aberrantes de su pasado reciente. Los ciclistas esprintaron ayer bajo el retrato del Gran Timonel porque el hombre responsable de más de un millón de muertes por cada año que vivió sigue siendo el padre de la patria. Episodios como el Gran Salto Adelante que arruinó a los campesinos al obligarles a convertir sus graneros y establos en chapuceras siderurgias, o la Revolución Cultural en la que las vejaciones de los diablillos rojos desatados por el camarada Mao y su juerguista Banda de los Cuatro desembocaron incluso en el canibalismo -cómete el hígado de tu profesor e invita a los amigos- han sido amortizados como parte de esos «errores secundarios» para que la narrativa oficial encaje con lo que conviene recordar.

Desde las Guerras del Opio hasta la revuelta en el Tíbet, pasando naturalmente por la invasión japonesa, la Guerra Fría y el cisma con la Unión Soviética, todo tiene como hilo conductor el maltrato de China por las grandes potencias. «No podemos evitar asociar la forma en que se nos trata en el presente con las pasadas heridas, derrotas, invasiones y ocupaciones extranjeras», explica Shi-Zeng.

En 2001 el Congreso del Partido Comunista llegó incluso a aprobar una resolución a favor del establecimiento de un Día de la Humillación Nacional. Pero ese año todo cambió cuando el Comité Olímpico Internacional adjudicó a Pekín la organización de los Juegos. De repente todos los debates políticos y económicos entre la llamada nueva derecha del partido, propensa a acelerar las liberalizaciones, y los burlonamente denominados neocoms, defensores de mantener algunas de las esencias del régimen comunista, quedaron aparcados a favor de un gigantesco objetivo nacional. Había llegado la oportunidad de mostrar al mundo el prodigioso desarrollo -fazhan- y la capacidad de afrontar una gran empresa colectiva -dashi- que caracterizan a la China de hoy.

Había que construir grandes infraestructuras -la terminal de Norman Foster- y recintos deportivos de ensueño -el estadio de Herzog & De Meuron-, había que demostrar precisión organizativa, había que deslumbrar con una ceremonia de apertura que convirtiera la cultura china en el parque temático más telegénico de la historia, pero sobre todo, había que poner los medios para conseguir muchas medallas de oro y llegar a desbancar a los Estados Unidos de su hegemonía universal en el deporte.

Así surgió la llamada Operación 119, una oportunidad única para reconciliar la praxis de un país en el que crecientemente impera el capitalismo más salvaje con la fe en la planificación socialista que teóricamente aún anida en las altas esferas. Tras identificar hasta 119 pruebas olímpicas a las que pocos prestan atención -canotaje, esgrima, tiro-, la Administración General del Deporte rastreó todos los confines del antiguo imperio hasta reclutar a 200.000 jóvenes con aparentes aptitudes para ganar medallas en estas disciplinas. De esa cantera ha surgido la mayor parte del equipo olímpico chino que desde hoy pugna con el talento espontáneo fruto del libre mercado de las universidades norteamericanas. Como alega Matthew Forney en The New York Times, lo que ha comenzado este fin de semana es una pelea de las de antes de la caída del Muro: «En la cancha, Lenin contra Adam Smith».

Es comprensible la frustración que debieron de sentir las autoridades y gran parte del pueblo chino cuando, en pleno tramo final de la cuenta atrás hacia el gran evento, los sucesos del Tíbet volvieron a colocar a su país en la picota internacional. Pero sorprende el radicalismo de su reacción a las protestas o los incidentes en el recorrido de la antorcha olímpica. En lugar de buscar fórmulas de apaciguamiento y compromiso el régimen activó una vez más todos los resortes del victimismo frente a las arrogantes potencias occidentales que conspiraban para volver a negar a China su merecido momento de gloria.

Yo mismo me quedé muy impresionado por la indignación y el apasionamiento con que un alto representante diplomático de China en Europa me relató la agresión a los relevistas chinos -uno de ellos disminuido- cuando transportaban la antorcha por las calles de París. Era un problema de Estado, era una crisis gravísima en las relaciones entre Francia y China y Sarkozy debía ir a Pekín -como efectivamente hizo- a pedir disculpas a los 1.300 millones de agraviados. En cuanto al fondo de la cuestión, ni el menor indicio de autocrítica: Tíbet es parte de China, cada país interpreta a su modo los derechos humanos y el principio de respeto y no interferencia debe regir las relaciones internacionales.

Más o menos por las mismas fechas el secretario general del Partido Comunista en la Región Autónoma del Tíbet, Zhang Jingli, definía al Dalai Lama como «un lobo disfrazado de monje, un monstruo con rostro humano y corazón de bestia». Ahora Jingli es uno de los siete altos cargos imputados por genocidio en el extravagante auto del juez Pedraz en el que la Audiencia Nacional hace su brindis al sol de la justicia universal, reflejando en el fondo la impotencia del mundo democrático por responder al desafío del mayor Estado totalitario jamás engendrado por la civilización humana.

Pese a las multas a las familias con más de un hijo, cada día nacen 44.000 chinos. Con más de dos millones de hombres en armas, la República Popular China mantiene el mayor ejército de la historia en tiempos de paz. Como miembro permanente del Consejo de Seguridad tiene derecho de veto en la ONU y su realpolitik no le hace ascos ni a apoyar al gobierno de Sudán facilitando su cruel genocidio en Darfur ni a mantener estrechas relaciones con un tirano como Mugabe ni a colaborar con el programa nuclear de Irán. El desarrollo económico, con crecimientos sostenidos del PIB por encima del 10%, es tal que se calcula que la mitad de las grúas del mundo trabajan en estos momentos en China.

A diferencia de lo ocurrido en España, 30 años de liberalización económica no han servido para iniciar en China un proceso de apertura política o, menos aún, de transición hacia la democracia. Como acaba de subrayar mi amigo Jonathan Fenby en la introducción a su brillante Historia Moderna de China, recién editada por Penguin, se trata de un país oficialmente socialista en el que las diferencias entre pobres y ricos son mucho mayores que en los Estados Unidos -han aumentado un 35% en la última generación- y en el que «los jóvenes millonarios de ese Manhattan con esteroides que es Shanghai se quejan de que el desarrollo urbano está cambiando las calles tan deprisa que los sistemas de GPS se quedan viejos antes de que se los instalen en sus nuevas limusinas».

Fenby, director del South China Morning Post de Hong Kong hasta que la devolución de la colonia supuso el declive del pluralismo y la libertad de prensa, disecciona en su libro las contradicciones de un régimen basado en una doctrina atea que busca refugio en los valores religiosos de Confucio para mantener la cohesión social en medio de una jungla económica en la que el desprecio por el medio ambiente compite con la falta de protección social y todo arroja un aroma que recuerda los tiempos de los llamados robber barons en Estados Unidos. Su veredicto es que China es «un Estado autoritario que crecientemente pierde autoridad y -vista la mediocridad de los sucesores de Mao y Deng- un imperio sin emperador».

Ni él ni ningún otro historiador se atreve a pronosticar cual será la salida de una situación objetivamente insostenible, pero todos recuerdan que cuando una dinastía china dejaba de proporcionar felicidad a su pueblo los dioses le retiraban el Mandato del Cielo y era derrocada por la siguiente. Antes lograrán los científicos descifrar el misterio de la composición de la materia oscura que los sinólogos iluminarnos sobre el futuro de esa interminable masa opaca que ocupa todo el espacio central de Asia. Por lo tanto, a la espera de tan impredecible desenlace y puesto que es obvio que sólo el estímulo del orgullo nacional mantiene en pie la bicicleta, yo hago votos porque los atletas chinos ganen durante estos próximos días el mayor número posible de esas 119 medallas, pues todas las demás formas de pedalear se me antojan bastante más peligrosas.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

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Vuelve el ‘Imperio’, de Jesús López-Medel en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 agosto, 2008

GUERRA EN EL CAUCASO

En agosto de 1991, tras el fallido golpe de Estado contra Gorbachov, la URSS se descomponía. Surgieron en su lugar 15 estados independientes. Uno de ellos, Georgia (la patria originaria de Stalin), ya lo había intentado el año anterior, algo que evitaron con los tanques soviéticos. Tras el derrocamiento del presidente Sheverdnadze (el otrora rostro amable como ministro de Exteriores de la perestroika) por fraude electoral, la revolución de las rosas llevó al poder en 2003 al joven alcalde de Tiflis. Mijail Saakasvili, quien dio al país un impulso democrático y un alineamiento muy firme con Occidente, con especial apoyo de EEUU. Después llegaron los cambios revolucionarios en Ucrania y Kirguizistán. Tras el declive ruso, Putin pretendió recuperar el orgullo perdido de ex potencia y antiguo Imperio (así se titula un magnífico libro de viajes de Kapuscinski). En mayo de 2005, en el 60 aniversario del final de la II Guerra Mundial, desfilaron por la Plaza Roja miles de jóvenes con enseñas de la chatarrería (la hoz y el martillo) y, en presencia de los dirigentes mundiales, calificaba la desaparición de la URSS como «el mayor desastre en la Historia del siglo XX». Diversos fueron los mecanismos para la realineación de los países ex soviéticos. En lugar de ideología, se exportaban intereses estratégicos y comerciales. El uso de su potencial energético y los intereses comunes de algunos países productores o de tránsito está siendo un arma para reafirmarse en su vocación imperial e intentar el reagrupamiento de «la gran madre rusa».

Otro mecanismo para desplegar su influencia es la utilización de las situaciones territoriales diseminadas que pasaron de la guerra fría a conflictos congelados. Moldavia (Transnierter), Azerbaiyán (Nagorno-Karabaj) en conflicto con Armenia, se suman a Georgia donde, apagado un tercer foco, se mantienen alimentados por Moscú dos regiones secesionistas: Absajia y Osetia del Sur. Esta última ya tuvo autonomía en la época anterior. En 1990 fue objeto de fuertes conflictos con más de 1.000 muertos. Los georgianos huyeron y quedó casi en exclusiva población rusófona. Las aspiraciones separatistas han sido siempre alentadas desde Moscú como elemento desestabilizador. Las incursiones militares rusas en territorio georgiano vienen siendo frecuentes, habiéndose producido hace dos años la primera guerra cibernética de la Historia a base de bloqueos de internet. También ha sufrido cortes en el suministro de petróleo este país, importante en el paso de oleoductos.

Los intentos de Georgia (o Ucrania) de incorporarse a la OTAN vienen produciendo reacciones nerviosas del Kremlin sin aceptar que no son colonias sino estados independientes. Hace meses hubo una crisis política interna en la que a Saakasvili le surgió una importante contestación. Las elecciones presidenciales de enero (junto a un referéndum sobre la incorporación a la Alianza Atlántica) y las parlamentarias de mayo, le reforzarían, aunque las críticas sobre determinadas actitudes de nepotismo han producido un ligero despego de EEUU y otros sectores occidentales. Sin embargo, una cosa distinta es permanecer indiferente ante el desprecio de Moscú ante la soberanía de Georgia sobre este territorio que forma parte de su Estado, aunque sean fuertes las posiciones secesionistas.

Pretender volver a la guerra fría de equilibrio frente a EEUU mediante la guerra caliente armamentística e invasora es mala y muy grave noticia para toda la comunidad internacional cuyos organismos (ONU, OSCE o UE) deberían ser más operativos de esta batalla en un tablero que es algo más que de ajedrez.

Jesús López Medel, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Democracia de la Asamblea de la OSCE, es autor del libro de inminente publicación La larga conquista de la libertad. De la URSS a la independencia.

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Juegos de manos, de José García Montalvo en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 10 agosto, 2008

EL DEBATE

En un artículo reciente, la Ministra de Vivienda señalaba que «utilizar el dinero público para intervenir en el mercado, ayudando a que los promotores vendan su stock a precios superiores a los de la vivienda protegida, sería destinar el dinero de todos a garantizar el beneficio de unos pocos». Como declaración de principios es loable. Pero tiene truco: consiste en aumentar el precio de la vivienda protegida. Por ejemplo, en la última modificación del Plan Estatal de Vivienda el precio máximo de la vivienda de precio concertado subió un 20,56% para ciudades zona A (por ejemplo Madrid, Barcelona o Valencia) y un 28,15% en la zona B (por ejemplo Alicante). Esta subida se añadía a otras que se han producido desde 2006. Con la última, el precio máximo de la vivienda concertada en la zona A llegó a 3.001 euros/m2.

Pero por si esto fuera poco, diversas comunidades autónomas han decidido hacer sus concertados particulares. Por ejemplo, en Cataluña se aprobó recientemente el llamado «concertado catalán» donde una vivienda de protección oficial de 80 m2 en Barcelona puede llegar a costar 300.000 euros. Pasémoslo a pesetas: ¡Qué son 50 millones de pesetas por 80 m2 de VPO! En Madrid, un convenio firmado entre el Gobierno regional y la Asociación de Promotores permitirá que se vendan viviendas de 100 m2 al módico precio de 320.000 euros.

Cierto: el precio del módulo de VPO hace años era bajo. Pero las grandes subidas producidas desde la aprobación del Plan de Vivienda 2005-08 no se ven justificadas en absoluto por los costes de construcción (sin contar el suelo). Es cierto que el precio del suelo subió mucho, pero dicha subida era especulativa: se estaban valorando las expectativas de enormes subidas del precio de la vivienda que se construirían encima y que, para los que compraron suelo en los últimos años, no se cumplirán. No parece razonable trasladar la burbuja a los precios de los módulos de VPO. ¿O deben nuestros impuestos subsidiar a los especuladores?

Cierto: existe un enorme inventario acumulado de viviendas nuevas sin vender. A final de este año habrá inventario suficiente para cubrir 5 años al ritmo de ventas actual. Pero recordemos algo obvio: el objetivo de la VPO es favorecer el acceso a la vivienda de personas con renta baja y no dar salida a los inventarios no vendidos de los promotores privados. Además, subir el límite máximo de los precios de VPO no es la medida adecuada para favorecer la salida al mercado del stock de viviendas que no encuentran comprador.

Lo normal es que los promotores bajen los precios sin necesidad de recalificar como VPO las viviendas libres. Sólo cuando hayan recorrido toda la curva de demanda sin encontrar comprador debería permitirse la transformación, pero a un precio de VPO razonablemente bajo. ¿Son razonables los módulos de VPO actuales? Hagamos un cálculo fundamental sencillo: dividamos los precios máximos de cada tipo de VPO por el salario máximo de los beneficiarios.Dependiendo de la tipología y lugar esta ratio se encuentra entre 7 y 9. La ratio normal en España antes del comienzo de la burbuja inmobiliaria era aproximadamente de 4 años de salario completo.Confirmado: parece que la burbuja se ha trasladado satisfactoriamente a la VPO.

¿Cuál es el peligro de unas administraciones públicas tan intervencionistas que hasta quieran poner precio a las viviendas libres? Pues que acabe vendiéndose VPO por un precio superior al de las viviendas libres si hubieran dejado al mercado ajustarse.

¿Cómo saben que han acertado al fijar los precios máximos de transformación? Hace unos días coincidí en un programa de televisión con Valentí Oliveras (director de la Asociación Corporativa de Empresarios Inmobiliarios). Me comentaba que muchos de sus asociados ya estaban vendiendo viviendas con descuentos cercanos al 40%.Las rebajas de los concertados especiales oscilan entre el 20% y el 35% del precio de tasación de las viviendas libres que, como sabemos, están claramente inflados y no representan los precios de transacción. No me digan que no sería paradójico que se acabaran vendiendo viviendas de VPO a precio superior al que tendrían si fueran viviendas libres.

Es cierto que el mercado de la vivienda en España no funciona bien. Pero, ¿no podría ser la causa un exceso de intervención pública? Pues bien, ahora lo que falta es que las administraciones públicas quieran sustituir al mercado y determinar también los precios de la vivienda libre. Abracadabra: era libre y ¡tachán!, ahora es VPO. Y me sumo otra VPO para las estadísticas a presentar en las próximas elecciones.

José García Montalvo es catedrático de Economía en la Universidad Pompeu Fabra.

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Se cierra el ciclo, de José A. Herce en El País

Posted in Economía by reggio on 10 agosto, 2008

El próximo día 14 de agosto el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicará el avance del PIB correspondiente al segundo trimestre de este año. La Contabilidad Trimestral se publicará el 27 de agosto, poco antes de que el país vuelva de vacaciones y se reintegre a la actividad. No será una rentrée como las que se han vivido en los últimos 13 años. Apenas en 2002, por un solo trimestre, se registraron tasas de crecimiento del PIB y del empleo tan moderadas como las del inicio del presente año, pero hoy sabemos que aquella desaceleración ya ha quedado claramente superada por los datos de afiliación, producción industrial, paro registrado y otros que hemos ido conociendo en los últimos meses.

Los datos inminentes de la Contabilidad Trimestral del INE para el segundo trimestre de este año nos acercarán a los balbuceos observados a principios de 1996, pero, por desgracia, todo apunta a que el deterioro de la economía acabará el año en registros similares a los que rodearon la recesión de 1992-1993. En esa ocasión, el PIB cayo en tasa intertrimestral durante tres trimestres consecutivos (el último de 1992 y los dos primeros de 1993), pero en tasa interanual lo hizo durante un trimestre adicional (el tercero de 1993). Sin embargo, el empleo estuvo cayendo en tasa intertrimestral durante 11 trimestres consecutivos (del tercer trimestre de 1991 al primero de 1994), y lo hizo durante 10 trimestres seguidos en tasa interanual (del primero de 1992 al segundo de 1994). Entonces, técnicamente, la recesión del PIB duró poco, es decir, los tres trimestres a caballo de 1992-1993, pero en términos de empleo dejó un saldo de casi 700.000 empleos netos desaparecidos.

Como consecuencia de la dinámica del PIB y el empleo, la productividad aparente del trabajo, que no es otra cosa que el cociente entre ambas magnitudes (y su tasa de crecimiento, la diferencia de las tasas de crecimiento del PIB y el empleo), registró una trayectoria muy oscilante, pero, con excepciones, creció a tasas muy elevadas. Los economistas creemos que es bueno que crezca la productividad, pero cuando ésta crece en medio de un ciclo tan adverso como el que se dio en aquellos años, hay que sospechar que este crecimiento de la productividad no era debido a un avance del progreso tecnológico, la capitalización de las empresas o los trabajadores, las infraestructuras o la regulación de los mercados, sino, más bien, a la destrucción de empleo y, especialmente, de empleo poco cualificado. La productividad es como el colesterol, que lo hay del bueno y del malo, y aquellos aumentos tan considerables de la productividad eran claramente de los malos.

El portentoso ciclo alcista que ha vivido la economía española desde finales de 1994 hasta prácticamente principios de 2008 se acaba. Se cierra este ciclo y se inicia otro que, por lo que sabemos ahora, será más parecido a la recesión de principios de los noventa que a la desaceleración de principios de la presente década, algo que parecía improbable a finales del año pasado a la mayoría de analistas.

La productividad aparente del trabajo, ese testigo ambiguo de lo que está sucediendo con el PIB y el empleo, lleva unos trimestres apuntando al alza, aunque no muy decididamente. Muy probablemente, los datos del INE nos mostrarán un salto apreciable en este indicador en el segundo trimestre, quizás hasta el 1,5% o superior. No será una buena señal. El colesterol malo de la economía española habrá aumentado y cuanto antes nos pongamos a dieta mucho mejor. La vuelta de las vacaciones suele ser un periodo plagado de buenas intenciones, como aprender idiomas, comer menos, hacer más ejercicio, organizarse mejor en el trabajo, atender más a la familia… Lo malo es que las buenas intenciones raramente acaban convirtiéndose en buenas prácticas.

José A. Herce es socio-director de Economía de Analistas Financieros Internacionales (AFI), profesor de Economía de la Escuela de Finanzas Aplicadas de AFI y de la Universidad Complutense de Madrid.

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Perspectivas económicas en ‘L’, de Paul Krugman en Negocios de El País

Posted in Economía, Internacional by reggio on 10 agosto, 2008

Los precios de las viviendas están en caída libre. El desempleo aumenta. La confianza de los consumidores está alcanzando profundidades no vistas desde 1980. ¿Cuándo acabará todo? La respuesta es que probablemente no antes de 2010 o después. Barack Obama debería tomar nota.

Es cierto que algunos expertos en pronósticos siguen esperando una recuperación en “V”, en la que la economía se recupere rápidamente de su contracción. Según este punto de vista, uno de estos días volverá a amanecer en Estados Unidos.

Pero si la experiencia de los últimos 20 años sirve de guía, la perspectiva para la economía no tiene forma de “V”, sino de “L”: en lugar de una recuperación, tendremos un periodo prolongado de resultados planos o, en el mejor de los casos, una lenta mejora.

Empecemos por la vivienda. De acuerdo con el índice Case-Shiller, ampliamente utilizado, el precio medio de la vivienda en Estados Unidos caía un 17% el año pasado. Pero estamos deshinchando una enorme burbuja inmobiliaria, y es probable que el precio de las viviendas siga bajando mucho más. En concreto, los precios reales de las viviendas, es decir, los precios ajustados a la inflación experimentada por el resto de la economía, subieron más del 70% entre 2000 y 2006. Desde entonces han bajado bastante, pero siguen estando un 30% por encima del nivel de 2000.

¿Deberíamos esperar que bajen hasta alcanzar ese nivel? Bien, a finales de la década de 1980, Los Ángeles experimentó una gran burbuja inmobiliaria localizada: los precios reales de las viviendas aumentaron aproximadamente un 50% antes de que la burbuja estallase. Los precios empezaron a caer un 25%, lo cual, combinado con la inflación constante, hizo que los precios reales de la vivienda cayesen otra vez hasta el nivel anterior a la burbuja.

Y he aquí el tema: este proceso tardó más de cinco años. Los precios de la vivienda en Los Ángeles no alcanzaron su punto mínimo hasta mediados de los años noventa. Si la actual contracción inmobiliaria sigue el mismo calendario, no veremos una recuperación hasta 2011 o más tarde.

¿Y qué hay de la economía en general? Podríamos sentir la tentación de consolarnos con el hecho de que las dos últimas recesiones, la de 1990-1991 y la de 2001, fueron bastante cortas. Pero en ambos casos, el fin oficial de la recesión fue seguido por un largo periodo de lento crecimiento económico y un aumento del desempleo que a la mayoría de los estadounidenses les parecía una recesión continuada.

Así, la recesión de 1990 acabó oficialmente en marzo de 1991, pero el paro siguió creciendo durante buena parte de 1992, y eso permitió a Bill Clinton ganar las elecciones basándose en la frase “es la economía, estúpido”. La siguiente recesión empezó oficialmente en marzo de 2001 y acabó en noviembre, pero el desempleo siguió aumentando hasta junio de 2003.

Estos prolongados episodios parecidos a una recesión probablemente reflejan la naturaleza cambiante del ciclo empresarial. Las recesiones anteriores fueron más o menos diseñadas deliberadamente por la Reserva Federal, que subió los tipos de interés para controlar la inflación. Las contracciones modernas, en cambio, han sido como resacas después de los brotes de exuberancia irracional: el ahorro y el crédito inmobiliario gratis para todos en la década de 1980, la burbuja tecnológica en los años noventa y ahora la burbuja inmobiliaria.

Poner fin a las antiguas recesiones era fácil, porque todo lo que la Reserva Federal tenía que hacer era aminorar el ritmo. Acabar con las contracciones modernas es mucho más difícil, porque la economía necesita encontrar algo que sustituya a la burbuja pinchada.

A la Reserva Federal, en concreto, le está resultando difícil encontrar tracción en las recesiones modernas. En 2002, se tenía la fuerte sensación de que estaba “tirando de un hilo”: seguía rebajando los tipos de interés, pero nadie quería endeudarse hasta que empezó la burbuja de la vivienda. Y ahora está volviendo a ocurrir. The Onion, como es habitual, daba directamente en el clavo con su reciente titular: “Nación plagada de recesiones busca nueva burbuja en la que invertir”.

Pero probablemente no encontraremos otra burbuja, o al menos una lo suficientemente grande como para alimentar una recuperación rápida. Y esto tiene, entre otras cosas, importantes implicaciones políticas.

Teniendo en cuenta la situación de la economía, es difícil ver cómo puede Barack Obama perder las elecciones de 2008. Una anécdota: esta semana, al pasar por delante de una multitud que esperaba ante una sucursal de IndyMac, el banco que ha quebrado, un conductor gritó al pasar: “¡La economía de Bush no ha funcionado! ¡Ladrones republicanos de derechas!” La multitud lo vitoreó.

Pero lo que la economía da, también lo quita. Si la actual recesión sigue el típico patrón moderno, la economía seguirá deprimida hasta bien entrado 2010, o incluso más; suficiente tiempo para que la ciudadanía empiece a culpar al nuevo titular, y lo castigue en las elecciones de mitad de mandato.

Para evitar ese destino, Obama -si se convierte en el próximo presidente- tendrá que moverse con rapidez y energía para dar solución al descontento estadounidense con la economía. Eso supone otro plan de incentivos, mayor, mejor y más sostenido que el que ha aprobado el Congreso a principios de año. También significa aprobar medidas a más largo plazo para reducir la ansiedad económica: sobre todo, atención sanitaria para todos.

Si me preguntan a mí, no hay mucho suspense en las elecciones de este año: si no comete errores extraordinarios, Obama ganará. Suponiendo que gane, la verdadera cuestión es qué hará con su victoria.

Paul Krugman es profesor de Economía de la Universidad de Princeton.

© The New York Times News Service.

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Al rescate obligado de bancos y Wall Street, de Paul A. Samuelson en Negocios de El País

Posted in Economía, Internacional by reggio on 10 agosto, 2008

Debido al fracaso total que ha tenido anteriormente la regulación firme por parte del gobierno de los bancos comerciales, los bancos de inversión, los fondos de cobertura, las entidades de crédito hipotecario y otros fondos privados de capital riesgo, Estados Unidos se encuentra ahora sumido en una crisis financiera semiletal, y seguirá así durante un tiempo considerable.

Las alzas y los bajones del mercado inmobiliario son algo que se ha ido repitiendo a lo largo de siglos de historia económica. En una columna anterior, en mayo, aparecían especificados los sospechosos de rigor a los que tenemos que culpar de provocar este último desplome financiero, el peor de la historia, en Estados Unidos y fuera de sus fronteras. Desgraciadamente, una semana tras otra, los titulares ponen ahora en evidencia lo grave que es el desastre que han dejado tras de sí estos sospechosos.

Por consiguiente, mi tarea en este artículo es proporcionar un análisis serio de cómo y por qué será necesario un gasto gubernamental de calado en ayudas para restablecer la estabilidad en los principales bancos, en Wall Street y en los mercados extranjeros.

Las pérdidas tanto de prestamistas como de prestatarios son tan inmensas que ningún banco privado de inversión, ningún banco privado comercial, ningún grupo privado de inversiones y ningún superrico Warren Buffet podrían verse impulsados jamás a rescatar a los principales afectados.

Sí, es verdad que el interés público exige que se salve a Fannie Mae y a Freddie Mad. Pero sólo un ingenuo podría pensar que cuando se les salve, sus bienhechores gubernamentales vayan a librarse de sufrir pérdidas grandísimas.

El capitalismo privado puro nunca se puede salvar a sí mismo después de haber generado burbujas especulativas muy extendidas. Ésa es la razón por la que se fundaron en un principio los bancos centrales, como el Banco de Inglaterra, el Banco de Suecia y el sistema de la Reserva Federal de 1913. A todos los sistemas capitalistas de mercado les resulta imprescindible una “entidad crediticia de último recurso”.

La tarea del Gobierno consiste en perder dinero, no en favor de magnates ricachones ni de especuladores cegatos, sino de organismos de interés público, como Reconstruction Finance o las agencias nacionales de la vivienda.

La policía y los bomberos consumen la recaudación fiscal presente y futura. Esto no es un despilfarro. Es una asignación razonable y prudente de los recursos de la sociedad.

El presidente Franklin Roosevelt no llevó a Estados Unidos a la bancarrota cuando salvó al capitalismo de la Gran Depresión. Todo lo contrario: en 1939, cuando Hitler amenazó con conquistar el mundo entero, el Estados Unidos de Roosevelt era tan sólido económicamente que fue capaz de derrotar a los agresores alemanes por segunda vez, en 1945, al igual que lo había hecho en 1918.

Los lectores se preguntarán si la Reserva Federal y los sistemas financieros estadounidenses podrían acabar quebrando como consecuencia de la carga que representan actualmente los rescates.

La comprensión profunda de los recursos macroeconómicos del Gobierno da a entender que entre el gasto fiscal deficitario del Tesoro estadounidense, primero, y el dinero nuevo que crea el sistema de la Reserva Federal, en segundo término, se podrían saldar todas las deudas del erario público denominadas en dólares, incluso si el caos de las hipotecas subprime fuera el doble de fuerte de lo que va a ser entre ahora y 2010. Por tanto, no hay realmente que temer que vaya a producirse la clase de depresión que el presidente republicano Hoover le legó al presidente demócrata del New Deal, Franklin Roosevelt.

Una vez que hayan comprendido este punto, deberían seguir preguntándose si el éxito de la ayuda a Fannie Mae, a FDIC y a otros organismos nuevos de préstamo hipotecario no hará que Estados Unidos se convierta en una economía típica de una república bananera, con una inflación galopante como la Alemania de 1923 o el Zimbabue de 2008.

Mi sobria respuesta a esto hace referencia una vez más a la historia económica de la Gran Depresión, entre 1929 y 1939, y a las macrohistorias de la II Guerra Mundial, entre 1940 y 1946. Durante la guerra, cerca de la mitad de nuestro PIB se gastaba en librar la guerra.

En comparación con esa época y con la de la Depresión, las actividades futuras del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, y del secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, parecerán nimias.

De hecho, hasta el momento, nuestra inflación anual actual del 5% se debe a los sobresaltos de la oferta microeconómica y no a la expansión de la moneda impresa.

Actualmente, el dinero no es en absoluto “fácil”. El crédito está anormalmente restringido para cualquier inversión que implique un riesgo considerable. Como estamos en una época de bancarrotas y de embargos, casi todo será arriesgado ahora mismo. Pregúntenle a cualquier pistolero de un fondo de cobertura o intenten lograr financiación para comprarse una ganga de casa que se ha puesto barata en su barrio.

Durante demasiado tiempo, los expertos de Wall Street y los economistas de la Casa Blanca contaban con que hubiera un aterrizaje suave y modestamente débil. En sus habituales cálculos “consensuados” incluían una caída en torno al 1% en el crecimiento del PIB por los empleos perdidos en la construcción y quizás un descenso adicional del 1,5% por la pérdida de valor neto de los propietarios de viviendas. Y está claro que nadie podía dejar de notar que los efectos de los elevados precios del petróleo y de los productos básicos de la cámara de comercio estadounidense iban a sentirse en el gasto de los consumidores en 2008.

Esto es igual que la diferencia entre diagnosticar una gripe suave y un cáncer en fase de metástasis. Utilizo esta temida palabra a propósito: la radiación puede frenar el crecimiento del cáncer en el cuello, pero no hay ningún escáner moderno ni Rayos X que puedan detectar a priori en qué parte del dedo gordo del pie va a aparecer ese tipo de cáncer.

Un colapso financiero se le parece mucho. Ayudar a la moribunda empresa Bear Stearns puede mantener su caparazón con algo de vida. Pero en pocas semanas, Merrill Lynch y Lehman Investment Bank estarán a las puertas de la muerte. Y quizás un centenar de bancos comerciales locales sean los siguientes en la lista de rumores. Quizás.

Todo se vuelve “quizás” cuando la transparencia se acaba y tiene lugar un hiperapalancamiento no realizado.

Una vez que se devuelva con seguridad a Bush a su rancho de Crawford, Tejas, un nuevo Congreso recuperará para el pueblo estadounidense la base fiscal original que el presidente Bush y el vicepresidente Cheney han estado desperdiciando en las clases con ingresos multimillonarios.

Después de 1929, ninguna democracia razonable va a volver a seguir el lema del secretario del Tesoro Mellon: liquida, liquida y liquida; paciente, cúrate a ti mismo.

El poeta Robert Frost escribió: “El hogar es el lugar en el que, cuando tienes que ir a él, te tienen que acoger”. Lo mismo ocurre con los votantes de la actualidad. Cuando las cosas se vienen abajo, tenemos que empezar a reconstruir el lugar en el que vivimos.

(c) 2008, Paul A. Samuelson. Distribuido por Tribune Media Services.

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Los Juegos de Pekín y la libertad, de Carlos Nadal en La Vanguardia

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 10 agosto, 2008

WEEK-END POLÍTICO MUNDIAL

Tal vez la libertad es algo demasiado grande para creer en ella. Toda forma de poder está asentada con distintos grados sobre esta sospecha. De cualquier manera que esté constituido, institucionalizado, el poder dice existir por una necesidad imperiosa: hacer posible la convivencia. Y esta, ineludiblemente, exige distintos niveles y criterios en la limitación de libertades. Sin embargo, tiranía u oligarquía no valen lo mismo que la democracia porque en esta el pluralismo representativo permite el debate abierto sobre cuál es la forma más adecuada para aproximarse a la regla de oro de conseguir que el hombre sea, por fin, lo que libremente quiera. Desde siempre las teorías sobre las formas de gobierno giran en torno a esta cuadratura del círculo. Y en estos comienzos de siglo y de milenio estamos en lo mismo.

De ahí el debate -tan actual- sobre la licitud de injerencias internacionales en menoscabo del principio de soberanía nacional. Acerca de si debe prevalecer esta sobre cualquier forma de opresión contraria a los derechos humanos Lo cual plantea la legitimidad o no de las llamadas “guerras humanitarias” y las “preventivas” contra la amenaza del “mal”. En el fondo, se trata de la libertad, inaprensible y por esto mismo manipulable, expuesta a ser escamoteada por las más variadas formas del poder.

A propósito de los Juegos Olímpicos en Pekín, el dilema poder-libertad se hace especialmente visible. Hay dos imágenes que lo ponen singularmente de relieve. Una, la de aquel muchacho pekinés que, en la revuelta del año 1989, se puso ante un tanque del ejército para impedirle el paso. Solo, con un valor y un aplomo impresionantes. Si el tanquista intentaba desplazarse hacia la derecha, el muchacho se corría de aquel lado; si hacia la izquierda, lo mismo. Pocas veces con tan sobria, desnuda actitud, la libertad sin gritos, sin violencia, sin recurso ninguno a la retórica, se colocaba ante el mutismo del poder en su forma más brutalmente impersonal, inmediata y evidente.

En aquella imagen televisada se ve claro ahora lo que estaba ocurriendo. Era el fin definitivo del maoísmo, una de las dictaduras que mayormente han puesto del revés los cimientos de un país, un pueblo. La revuelta de la plaza de Tiananmen, que de hecho ya había sido abortada, quedaba fijada de manera indeleble en aquella heroica apuesta por la libertad de un joven pekinés. Con el agravante de que Mao ya había muerto. De que mandaba Deng Xiaoping, un genial político, dispuesto a acabar de hecho con el maoísmo, pero convencido de que la libertad no era precisamente válida para conseguirlo.

Deng Xiaoping era un gran pragmático. Le define aquella frase tan repetida de que “poco importa que el gato sea blanco o negro mientras dé caza al ratón”. Era -ironías de la historia- un desarrollista de a tocateja. Quería para China la sociedad del crecimiento, de la abundancia. Pero había aprendido del desmoronamiento de la URSS, de aquel confiado Gorbachev que se creía llamado a dar al comunismo un rostro humano y ocasionó el caos. Por esto, la revuelta de Tiananmen alertó al previsor líder chino. Había que aplastarla brutalmente. Y ahora la gran plaza pekinesa sigue mostrando viva la represión contra la aspiración a la libertad. Por la manera como hay un cuidado especial en vigilarla, en impedir que pueda ser escenario de algún tipo de protesta. Es -con el recuerdo del valiente muchacho frente al tanque en 1989- otra imagen que se proyecta desde el pasado, quieran o no, sobre los Juegos Olímpicos de Pekín.

Se alega que en los JJ. OO. China tiene ya un símbolo más que suficiente para oscurecer a un mismo tiempo las grandes concentraciones populares del maoísmo y las desvalidas algaradas juveniles de la plaza de Tiananmen en que los estudiantes levantaban en alto una mala y pobre copia de la neoyorquina estatua de la libertad. ¿Por qué entonces tanta prevención contra posibles expresiones de disidencia, tanta censura y coacciones a la prensa internacional, tanto enfado por que se diga que bajo el comunismo capitalista las libertades fundamentales permanecen aherrojadas? Aquel mozo de 1989, enfrentado a un tanque, difícilmente entendería por qué se sigue ahogando la libertad política en una China en que brilla el esplendor de los grandes rascacielos de las ciudades de la costa, de las gigantescas obras públicas y el crecimiento de una sociedad que en buena medida ha seguido otra de las sabias consignas de Deng Xiaoping: “Enriquecerse es bueno”.

La China que posee una buena parte de la deuda estadounidense, que extiende su capacidad económica y técnica a África, a Latinoamérica, se atiene a la realpolítik.Los Hu Jintao y Wen Jiabao manejan con prudencia y realismo la complejidad, las contradicciones, las desigualdades, las luces y las sombras que produce la cercanía del paso de potencia emergente a potencia de primera línea. El patriotismo chino y los beneficiados por los cambios económicos constituyen fundamentos sólidos para dar por válida la idea nada original de que primero hay que consolidar al país para que, en un futuro impreciso, pueda aceptarse el Estado de derecho.

Pero este bien imponderable que se llama libertad es de mal silenciar. No lo desmiente que exista un marco cada vez más amplio de creación, de iniciativa personal y colectiva, de ausencia de coerciones sociales, si toda libertad política de expresión, crítica y de asociación en busca de la libertad es reprimida sin contemplaciones en China, Tíbet y Xinjiang. Y con graves medidas restrictivas en torno a los mismos Juegos Olímpicos, que no tienen por qué estar amparados en nombre de una supuesta asepsia política de la fiesta olímpica donde la libertad se pretende que no es tema que discutir.

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Observatorio con dioptrías, de José Luis Nueno en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 10 agosto, 2008

Los precios de los alimentos siguen su trayectoria alcista, tan intensa como desconcertante. Según la tabla de incrementos de precios presentada por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, esta misma semana, productos tan básicos como los limones, el aceite de girasol o la harina suben en lo que va de año un 60%, un 47% y un 35%, respectivamente.

Los portavoces de los agricultores apuntan que este comportamiento obedece a la codicia de los distribuidores, que de acuerdo con sus datos aplican multiplicadores de cuatro o más veces a los productos que ellos les venden y por los que no obtienen ni lo necesario para cubrir los aumentos en los costes de energía que afectan al gasóleo o los fertilizantes. Algunos acusan de sus males a los intermediarios de la cadena de suministro y sostienen que introducen ineficiencia y opacidad, y son la causa principal de la inflación alimentaria.

Una de las promesas electorales de Zapatero fue la creación de un observatorio de precios y márgenes con el fin de trazarlos a lo largo de la cadena. Se olvidó de que ya lo tenía. De hecho tiene uno en el Ministerio de Industria, otro en el INE, y el que recoge la dirección general de Política Comercial, entre otros. Los agricultores conjuntamente con asociaciones de consumidores, por ejemplo, presentan el índice de productos en origen y destino.

LAS SOLUCIONES DE LOS POLÍTICOS

La desconfianza del consumidor se agrava cuando escucha del ministro de Economía que para reducir el diferencial de inflación con Europa “es necesario seguir trabajando a medio plazo para mejorar la competencia (y) los canales de distribución”. O al secretario de política económica y empleo del PP, Miguel Arias Cañete, cuando sugiere que “los agricultores se agrupen para que puedan comercializar directamente sus productos desde origen a destino… introduciendo más transparencia en el proceso comercial”.

La inflación en los alimentos es un fenómeno que ha cogido a todos por sorpresa. Sin embargo, pocos sectores han sido más efectivos en conseguir el suministro, variedad, seguridad y ahorro.

En Europa existía la certeza de que la comida no volvería a ser cara nunca más. En el 2003, en Alemania, en Holanda o Francia tuvieron deflación en los precios de los alimentos que vino siempre de la mano de la competencia entre distribuidores. Una competencia que vino a través del aumento de cuota de mercado de las tiendas de descuento, el desarrollo por parte de los distribuidores de marcas propias (los productos que llevan la marca de la enseña y cuyos precios bajos eran un dique para las tentaciones inflacionistas de otros concurrentes). EL CASO ESPAÑOL En un estudio que llevamos a cabo para Aecoc en el año 2006, concluíamos que en España no hubo deflación como en sus vecinos porque en cuatro años había pasado de un estancamiento demográfico, que hacía imposible un escenario de crecimiento, a recibir más de cinco millones de inmigrantes jóvenes, empleados… y que comían. La agricultura y la industria tenían la capacidad ajustada, y la demanda superó a la oferta, sosteniendo los precios. Luego llegó septiembre del 2007. donde se disparó un fenómeno de inflación global en los alimentos, que en casos se atribuyó erróneamente a la distribución.

Aun así, cuesta entender este fenómeno que debe ser tratado distinguiendo los productos envasados (los manufacturados) de los frescos. Entre los primeros, la existencia de competencia entre los distintos fabricantes, entre los productos de estos y los del distribuidor, o la disponibilidad de formatos y tipos de tienda o la publicidad convierten el mercado en el árbitro más efectivo en materia de precios.

Cada intervención de la administración pública en la regulación de las condiciones de competencia en el sector ha sido una tragedia. En España, imitando el modelo francés y con el objetivo de proteger al pequeño comercio, se introdujo la ley 7/ 1996, que prohibía la venta de un producto a un precio por debajo de aquel que figuraba en la factura del proveedor (pero ni prohibía ni controlaba las aportaciones fuera de factura al distribuidor); restringía las licencias de apertura de grandes superficies, y regulaba los horarios comerciales.

Todas estas medidas han tenido el efecto contrario al que buscaban. El pequeño comercio ha desaparecido al no poder resistir la expansión de supermercados y tiendas de descuento fortalecidas por el lastre impuesto por la ley 7/ 1996 a las grandes superficies.

Pero lo peor es que todas estas intervenciones han sido inflacionistas. Han supuesto aumentos de precios en las categorías en las que la venta a pérdida era habitual, y sobre todo han creado mecanismos de fair play entre concurrentes a través de esa transparencia que ha permitido formular tanto precios techo o máximos, como suelo o mínimos.

LOS PRODUCTOS FRESCOS

Y ¿en los frescos? La mayoría de las quejas que se escuchan provienen de la dialéctica entre agricultores y distribuidores. Estos argumentos de marcajes abusivos, demandas de erradicación de los intermediarios o de su sustitución por un funcionario olvidan dos conceptos que son centrales al problema.

El primero es que la comparación entre valor en origen y final es un tanto limitada. Hoy se añade mucho más valor al asegurar la disponibilidad, la comodidad, la seguridad, regularidad, el calibre u otros servicios de lo que se vende, que en su producción. Cuando un agricultor acude a un grower market o mercado de payeses, capta ese concepto rápidamente, ya que sus precios empatan los de cualquier comercio estacionario. Justificadamente, pide ese precio porque ha seleccionado y calibrado su oferta, generando una merma. Ha transportado su surtido del huerto al puesto. Es el más fresco del mercado. Y es escaso, natural, dirá orgánico, por lo que puede pedir más. Nada que ver con la producción. El precio se forma en los servicios. Por eso es esencial que integren más servicio si quieren más margen.

Que los agricultores no se unan, se coordinen y reemplacen a esos a los que tachan de parásitos es chocante. Si el mayorista no tiene un papel, debería desaparecer, como ha pasado en el textil, en la electrónica de consumo o en la venta de perfumes.

Los perecederos son la clave del comercio alimentario. La mayoría de las cadenas que los tratan ganan dinero si gestionan bien los hortofrutícolas. Hay que ser bueno para empatar con la carne, y extraordinario para no palmar con el pescado.

Mirando la precariedad de los márgenes de última línea de cualquier cadena de distribución de alimentos se constata el rigor y la eficacia del mercado como árbitro. Los que nos administran tienen que ayudar de verdad a los productores de perecederos. Pero que dejen lo demás como está.

José Luis Nueno. Profesor del IESE. Miembro del consejo de administración de varias compañías, de la American Marketing Association y de la Académie des Sciencies Commerciales. Ha trabajado en la Universidad de Michigan y ha enseñado en la escuela de negocios de la Universidad de Harvard.

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¿Qué van a hacer los inmigrantes?, de Jose Manuel Garayoa en Dinero de La Vanguardia

Posted in Derechos, Economía, Laboral by reggio on 10 agosto, 2008

¿Qué va a pasar con los inmigrantes si la economía española va a peor? Es una cuestión que salta ahora tras conocerse que se duplica el número de los que quieren volver a su país ¿Qué harán, quedarse o irse? Ambas cosas, no habrá una respuesta única. “Un patrón mixto”, resumen expertos de Fedea.

Hace unas semanas, refiriéndose a esta cuestión en Madrid, el ministro de Economía de Marruecos, Salahedin Mezuar, dijo que hay emigrantes que están regresando allí para aprovechar la formación adquirida estos años en España.

Ciertamente, en el norte de Marruecos, en Tánger, y en industrias como la automoción, puede haber puestos intermedios por cubrir, pero son limitados. Así que la mayoría de los trabajadores marroquíes que se vean inmersos en el ajuste inmobiliario o en el de la hostelería (en la agricultura su situación puede ser más estable) no van a encontrar en su país la salida a sus problemas.

Los expertos creen que aquí pueden seguir el modelo chino, desarrollando negocios propios en barrios específicos, donde viven, ofreciendo comida jalal, poniendo en marcha pequeños talleres textiles, etcétera. Un poco al estilo del barrio Saint Denis en París. La réplica de los modos de vida de los países de origen se va a reforzar así, concentrándose en algunas zonas.

De los procedentes de la África negra nadie espera regresos significativos. Les cuesta dos años ir de Mali a Ceuta, así que cuando llegan no se van a ir porque la coyuntura esté floja.

Las familias de los ecuatorianos, segundo grupo de inmigración más importante, están transmitiendo a la gente de allá que la fiesta ha acabado en España, recomendándoles que no vengan. Además, la situación general en Ecuador ha mejorado, entre otras cosas, gracias a las remesas de los emigrantes.

El panorama es mejor para rumanos y búlgaros por la entrada de sus países en la UE, con lo que el regreso en este caso sí se puede producir si cuentan con ayudas para montarse algo.

En cualquier caso, el balance general de la inmigración es que las cosas se pueden aguantar siempre y cuando la crisis económica dure un año y medio o dos, gracias al seguro de paro. Puede haber problemas, pero no como en Francia. Pero, más allá, tierra ignota.

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Todas las opciones están sobre la mesa, de Noam Chomsky en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 agosto, 2008

Las amenazas y contramenazas en materia nuclear son un subtexto de nuestra epoca y, al parecer, se están haciendo más insistentes. La reunión de julio en Ginebra entre Irán y seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní concluyó sin progresos. Se elogió al gobierno de George W. Bush por adoptar un tono más conciliador, al permitir a un diplomático estadunidense que asistiera a la reunión, aunque sin participar. Y se criticó a Irán señalando que no había negociado con seriedad. Y las potencias advirtieron a Teherán que podría enfrentar sanciones más severas a menos que ponga fin a su programa de enriquecimiento de uranio. Entre tanto, se aplaudió a India por aceptar un pacto nuclear con Estados Unidos que lo autoriza a desarrollar armas nucleares fuera de los controles del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN). Esas armas serán desarrolladas con la asistencia de Estados Unidos, además de otras recompensas. Entre ellas, a empresas de Estados Unidos ansiosas por ingresar al mercado indio de desarrollo de armas atómicas y amplios beneficios a legisladores que firmaron el acuerdo, un tributo a la floreciente democracia de India.

Michael Krepon, cofundador del Centro Stimson y uno de los principales especialistas en amenazas nucleares, señaló de manera razonable que la decisión de Washington “ubica las ganancias por encima de la no proliferación”. Eso podría significar el fin del TNPN si otros se guían por sus pautas, acrecentando de manera drástica los peligros alrededor del mundo.

Durante ese mismo periodo, Israel, otro país que ha desafiado el TNPN con respaldo de Occidente, realizó grandes maniobras militares en el Mediterráneo oriental que, se presumió, eran un ensayo general antes de atacar instalaciones nucleares iraníes.

En un artículo en la página editorial del The New York Times, titulado “Usando bombas para evitar una guerra”, el prominente historiador israelí Benny Morris escribió que los líderes iraníes deberían agradecer que Israel utilice bombas convencionales, pues “la alternativa es un Irán transformado en un erial nuclear”.

De manera intencional o no, Morris está reviviendo un tema antiguo. Durante la década de los años 50 del siglo pasado, importantes figuras del entonces gobernante Partido Laborista de Israel recomendaron, en discusiones internas, “volverse locos”, y amenazaron con derrumbar los muros del templo imitando al primer “atacante suicida”, el venerado Sansón, que mata más filisteos con su suicidio que en toda su vida.

Las armas nucleares de Israel tal vez dañen su propia seguridad, como señala de manera persuasiva el experto en estrategia Zeev Maoz. Pero la seguridad no es con frecuencia algo que los planificadores estatales consideran de gran prioridad, como la historia lo enseña. Y el “complejo de Sansón”, como lo llaman los comunicadores israelíes, puede ser exhibido para advertir al amo que lleve a cabo su anhelado trabajo de destruir a Irán, o de lo contrario los israelíes inflamarán la región y tal vez el mundo.

El complejo de Sansón, reforzado por la doctrina de “todo el mundo está en contra nuestra”, no puede ser ignorado a la ligera. Poco después de la invasión de 1982 a Líbano, que dejó entre 15 mil y 20 mil muertos en un esfuerzo para asegurar el control de los territorios ocupados por parte de Israel, Aryeh Eliav, uno de los más famosos pacifistas de Israel, escribió que la actitud de aquellos que “trajeron el complejo de Sansón aquí, según el cual debemos matar y enterrar a todos los gentiles en torno nuestro mientras morimos con ellos”, es un tipo de “locura” bastante extendido. Y todavía lo es.

Los analistas militares de Estados Unidos han reconocido eso. Tal como afirmó el teniente coronel del ejército Warner Farr en 1999, uno de los “propósitos de las armas nucleares israelíes, no siempre señalado, aunque obvio, es mencionar a Estados Unidos su ‘uso’”. Tal vez para asegurar el constante apoyo de Estados Unidos a la política israelí. O de lo contrario, atreverse a cargar con las consecuencias.

Otros ven peligros ulteriores. El general Lee Butler, ex comandante en jefe del Comando Estratégico de Estados Unidos, dijo en 1999 que “es peligroso que en ese caldero de odios que llamamos Medio Oriente, que un país se arme de manera ostensible con arsenales de armas nucleares… y que inspire a otros países a hacer lo mismo”. Ese hecho es difícilmente irrelevante con respecto a las preocupaciones acerca del programa nuclear de Irán, pero no forma parte de la agenda.

También está fuera de la agenda el artículo 2 de la Carta de Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza en asuntos internacionales. Tanto Estados Unidos como los partidos políticos proclaman de manera insistente su criminalidad, al declarar que “todas las opciones están sobre la mesa” en relación con los programas nucleares de Irán.

Algunos van más lejos, como John McCain, quien ha bromeado de lo divertido que sería bombardear Irán y matar a los iraníes, aunque el chiste tal vez no sea muy bien recibido en esos pueblos invisibles del mundo que, según el historiador británico Mark Curtis, no merecen la atención de los privilegiados y de los poderosos.

Barack Obama declara por su parte que hará “todo lo que esté en mi poder” para evitar que Irán consiga producir armas nucleares.

El coro de denuncias sobre los nuevos Hitler de Teherán y la amenaza que plantean a la sobrevivencia de Israel se ha visto estropeado por algunas voces. Ephraim Halevy, ex jefe del Mossad, el servicio de inteligencia israelí, advirtió en fecha reciente que un ataque israelí a Irán “podría tener un impacto en nuestro país durante los próximos 100 años”.

Uno de los participantes en la reunión de julio fue el ministro de Exteriores de Egipto, Ahmed Aboul Gheit, quien esbozó la “posición árabe: trabajar hacia un acuerdo político y diplomático bajo el cual Irán mantendrá el derecho a usar la energía nuclear con fines (exclusivamente) pacíficos”.

La “posición árabe” es compartida por el Movimiento de Países No Alineados. El 30 de julio, sus 120 miembros reiteraron el respaldo a Irán a enriquecer uranio de acuerdo con el TNPN.

También la mayoría de los estadunidenses respaldan esa posición, según las encuestas, y apoyan la “posición árabe” que propone una zona libre de armas atómicas en toda la región. Ese paso reducirá drásticamente las amenazas, pero no figura en la agenda de los poderosos. Y tampoco se puede mencionar en campañas electorales.

Benny Morris nos asegura que “cada servicio de inteligencia en el mundo cree que el programa iraní tiene como propósito fabricar armas”. Como es bien conocido, el estimado nacional de inteligencia de Estados Unidos, que fue difundido en noviembre de 2007, señaló que existía “alta confianza en que en el último trimestre de 2003 Teherán cesó su programa de armas nucleares”.

Tal vez Morris está ofreciendo información de fuentes de inteligencia israelíes. Y que generaliza al hablar de “cada agencia de inteligencia” del mundo.

Se dice, en círculos neoconservadores, que si Barack Obama gana las elecciones, el dueto Bush-Cheney debería bombardear Irán, pues la amenaza iraní es demasiado grande para dejarla en manos de un demócrata timorato. Tambián han existido versiones de prensa –recientemente de Seymour Hersh en The New Yorker– sobre “operativos encubiertos” de Estados Unidos en Irán, un método también conocido como terrorismo internacional.

En junio, el Congreso de Estados Unidos estuvo a punto de aprobar una resolucion (H. Con. Res. 362), vigorosamente respaldada por el lobby israelí, exigiendo el virtual bloqueo de Irán. Se trata de un acto de guerra que podría haber causado una conflagración a escala internacional. Presiones del movimiento pacifista parecen haber derrotado ese esfuerzo en particular, según Mark Weisbrot en Alternet.org, pero seguramente otros le seguirán.

El gobierno de Irán merece una severa condena por muchas cosas, pero la amenaza iraní sigue siendo una desesperada elaboración de quienes se arrogan el derecho a regir el mundo, y consideran cualquier impedimento a su justo gobierno una agresion criminal. Ésa es la amenaza principal que debe preocuparnos, como preocupa a las mentes más sanas en Occidente y a los pueblos del resto del mundo.

Los ensayos de Noam Chomsky sobre linguística y política acaban de ser recolectados en The Essential Noam Chomsky, editados por Anthony Arnove y publicados por The New Press. Chomsky es profesor emérito de linguística y filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, en Cambridge.

© Noam Chomsky

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El comercio de las Olimpiadas, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 10 agosto, 2008

Pekín 2008 continúa la saga inaugurada en los años 80 del siglo XX. Si recordar es un ejercicio intelectual de mal gusto para los pragmáticos del deporte de competición, las Olimpiadas constituyen el mejor ejemplo del abandono de los referentes éticos y la llegada del deporte mercancía en su más alta expresión. Celebrar Olimpiadas constituye una orgía para el comercio de las grandes marcas deportivas y un escaparate de los deportistas profesionales atiborrados de dinero cuyos domicilios fiscales están en Andorra, Suiza, Mónaco o Islas Caimán. Los mismos que gozan de becas de alto rendimiento y se preparan a costa del erario mostrando su patriotismo en momentos de las Olimpiadas o la Copa Davis. Todo cambia de sitio. Rafael Nadal, Federer, Messi, Sastre, Contador, Gasol, Ronaldinho, son profesionales sin espíritu olímpico, salvo el atribuido simbólicamente para cuantificar el medallero de sus respectivas delegaciones nacionales. Los principios abandonan las causas. Ello sucede en todo los órdenes de la vida. Por ejemplo, el camino de Santiago Matamoros. En sus orígenes buscó contrarrestar la fuerza de El Corán y el peregrinaje a La Meca. Santiago desenfundó su espada, cortó cabezas y degolló infieles. Una reconquista para la Iglesia. Hoy, el camino de Santiago lo realizan agnósticos, ateos, católicos, cristianos, protestantes, judíos, incluso algunos musulmanes. Se puede iniciar desde cualquier parte del mundo. Es un viaje turístico que transita entre hoteles, paisajes, comidas, buenos vinos, sexo, fotos y recuerdos de viaje. La ruta se hace en función de la Xunta de Galicia y el papado anunciándose en los medios de comunicación social como tours en función del número, edad, del tiempo disponible, el país, el acercamiento a la fe, lo que otorga prioridad en alberges y rango compostelano. Eso sí, hay que llegar, besar el santo y entrar en la Catedral.

En las Olimpiadas de 2008 ocurre algo parecido, todo está decidido de antemano. Los patrocinadores sacan sus cuentas para rentabilizar sus inversiones. Los fabricantes de estampitas están pensando en su agosto. No pueden fallar. Los atletas tienen que cumplir con las expectativas. Incluso deberán producirse descalificaciones por dopaje y alguna que otra anomalía. Las luchas por los derechos humanos y la crítica a China entran en lo previsto, nada está fuera del guión. Incluso algún deportista podrá ser increpado por declaraciones sobre el Tíbet. Para las grandes marcas deportivas, los atletas son un portaestandarte de sus últimas creaciones. En definitiva, un pie, una mano, un torso, una cabeza o un muslo. Constituyen un maniquí donde exhibir la moda. Incluso algunos irán firmados por alta costura. Jugadores tendrán su propia línea. Gorra, camisa, sudadera, muñequera, calzoncillo, pantalón. Ellos se presentan como un producto. Se venden, ganen o pierdan. En las Olimpiadas se mide el caché, del cual obtienen y se reparten beneficios. Para todos aquellos que pululan a su alrededor, cada uno de ellos desea llevarse una parte. Pero el maniquí, en medio de esta vorágine, se siente un profesional de los pies a la cabeza. Un ser con talento natural, dotado físicamente, cuyo trabajo y constancia lo llevan a transformar su cuerpo en un objeto de deseo del cual sacar provecho. Ha sido su sacrificio la razón del éxito. Horas y horas de pegarle a la pelota, lanzar la jabalina o saltar vallas. Pero en la actualidad, su actividad, su disciplina, se desnaturaliza. Sólo tiene valor de cambio, un precio, y lo pone el mercado. Él debe ser un buen negociante. Su carrera es corta. Se prepara para llegar a las Olimpiadas y ser poseedor de medalla. Las marcas deportivas deben apostar por él. Si hay suerte y su formación es adecuada, el resultado será optimo. La complicidad con los medios de comunicación asegura la audiencia en los momentos estelares. El corte publicitario preciso justo antes de iniciar la carrera de los 100 metros, tirar el penalti, etcétera. Si el deporte que practica el maniquí elegido es de masas, la pugna por conseguir la exclusiva puede ser de órdago, llamese como se llame. Las Olimpiadas son escaparates de ventas, sus participantes un producto. En esta lógica se diseña una estrategia de mercadotecnia para lograr objetivos. ¿Y el espíritu olímpico? El mercado lo engulle y lo copa todo. Un agujero negro cuyo centro de gravedad, el dinero, está en todas y ninguna parte.

Las Olimpiadas del amateurismo, creadas para mostrar facultades de los atletas, no perviven en China 2008 ni estarán presentes en Londres ni cualquiera que sea su afincamiento futuro. En los actuales juegos hay tenistas, futbolistas, yudokas, baloncestistas, nadadores profesionales, con cuentas de millones de dólares. Objetos de veneración y culto por las casas comerciales de artículos tan variados como prendas de vestir, condones, coches, bancos, empresas turísticas. Ellas se disputan sus servicios. Cuando los gobiernos de los países imperialistas deciden enviar como emisarios a los Juegos Olímpicos a profesionales cuyas ganancias superan los dos dígitos en millones de euros no hacen sino mostrar su avaricia y dejar patente cuál es su condición en el orden mundial. Y al revés, cuando otros gobiernos crápulas de países pobres los emulan y despilfarran cientos de miles de dólares en delegaciones para obtener una medalla de oro por la vía de atletas profesionales de dudosa reputación y no invierten en deporte de base es chovinismo lo que aflora. Obtener una mayor cantidad de oro en medallas es sinónimo de codicia. Pan y circo.

Bajo el espíritu de negar el carácter económico de las Olimpiadas modernas se esconde la hipocresía del Comité Olímpico Internacional. Su realidad sería diferente si se celebraran manteniendo como referente el amateurismo y se pusiese en entredicho la política neoliberal y la falta de democracia que son la base de la actual organización del olimpismo internacional. Pero pensar de esta forma es proponer otra manera de entender el deporte. Volver a competir sobre la base de mejorar la condición humana y no buscando el egoísmo individual del éxito asentado en el dinero.

Conflicto en el Cáucaso, del Editorial en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 agosto, 2008

Las hostilidades iniciadas entre Rusia y Georgia, después de la ofensiva lanzada por este último país en la capital de Osetia del Sur –que derivó, a decir de dirigentes de esa región separatista, en unos mil 400 muertos–, revelan el fracaso de Moscú en sus esfuerzos por ser un garante de paz regional, y ponen en relieve, además, sus afanes por evitar el resquebrajamiento de la enorme influencia política que ejerce en el Cáucaso, una región que la desaparecida Unión Soviética dominó ampliamente hasta su disolución en 1991.

Para comprender la naturaleza de este conflicto es necesario remitirse a la importancia que Georgia tiene para Rusia en materia de política exterior: se trata de un enclave geoestratégico fundamental, con importantes recursos energéticos propios y ubicado en un corredor de tránsito obligado para las redes de hidrocarburos proyectadas desde el mar Caspio hasta el Negro y la costa oriental del Mediterráneo.

Por añadidura, el rumor de una eventual integración de Georgia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una de las principales metas del actual presidente, Mijail Saakachvili, ha cobrado fuerza en fechas recientes: el país mantiene buenas relaciones con Washington y, de hecho, en abril pasado la propia OTAN evaluó su adhesión al pacto militar. Es de suponer que tal perspectiva resultaría indeseable para Rusia: aunque ya no existe la hegemonía que tuvo durante los años de la guerra fría, sigue siendo una potencia militar a la que no le agradaría tener como vecino a otro miembro de la alianza atlántica, algo que implicaría un factor de perturbación en su propia frontera.

Así, si bien Rusia no ha reconocido oficialmente la independencia de Osetia del Sur –obtenida de facto en la década de los 90–, y aunque afirma respetar la integridad territorial de Georgia, el Kremlin ha reforzado sus lazos con el separatismo osetio, y su apoyo a éste ha sido ostensible: además de la ayuda militar se ha otorgado indiscriminadamente la ciudadanía rusa a ese pueblo, situación que evidencia, ciertamente, un contraste de la política de Moscú hacia movimientos separatistas como el checheno y el kosovar.

Adicionalmente, es previsible que la conflictiva realidad que hoy se vive en el Cáucaso derivará en el surgimiento de mayores tensiones entre Rusia y Occidente, de por sí recrudecidas a partir de las divergencias en torno al cinturón antimisiles que Washington pretende emplazar en Europa del este, la referida secesión kosovar y el tratado sobre fuerzas convencionales en Europa, suspendido por el gobierno del ex presidente y actual primer ministro Vladimir Putin.

Por lo demás, los ataques emprendidos ayer entre ambas naciones plantean la posibilidad indeseable de insertar a la región en una dinámica de violencia y sufrimiento cuya fórmula es harto conocida: se presentó cuando las huestes de Slodoban Milosevic perseguían con fines de exterminio a la población albano-kosovar, y cuando la OTAN, en respuesta, bombardeó aglomeraciones civiles serbias. Significativamente, fuentes del gobierno de Saakachvili denunciaron ayer un bombardeo perpetrado por aviones rusos en la base militar Vaziani, situada a unos 25 kilómetros de Tbilisi, la capital georgiana. Todo apunta, por desgracia, a que entre los llamados “daños colaterales” del conflicto que se desarrolla en esa región del planeta se incluirá una cuota enorme de zozobra y más muertes de civiles inocentes, tanto sudosetios como georgianos.

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