Reggio’s Weblog

En Washington no hay negros, de Federico Quevedo en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 9 agosto, 2008

Compruebo, no sin algo de estupor, que mi epístola de la pasada semana ha generado cierto malestar en sectores de la izquierda. De entrada, tienden a confundirte con Zapatero. ¿Será por la Z? Puede ser, pero yo nunca habría empezado una carta Querido Z si se la dirigiera a él, sino que habría puesto Insufrible R, Inaguantable R o, simplemente, R. Pero no desvelemos más de nuestras intimidades. Quiénes somos es cosa nuestra. Z y A, ¿hermanos, primos, simplemente amigos…? Una incógnita que viene bien a nuestros intereses. Pero no es por eso, o no sólo es esa la razón por la que se han sentido molestos. Parece ser que el hecho de poner en evidencia de manera tan cruda los efectos perversos de una crisis económica, que si no es en todo culpa de Rodríguez, sí lo es en parte, y en parte no menor, les ha sentado rematadamente mal, dicho de manera vulgar, les ha jod… sobremanera. Fíjate, querido Z, que creo que la razón no es tanto por el hecho de la crisis –a estos progres, en su mayor parte pijo-progres de visa oro y vida resuelta, les importa bien poco lo que les ocurra a las clases menos favorecidas- porque como consecuencia de la misma su negocio de mentiras se está viniendo abajo. No encuentran clientela a la que engañar tan fácilmente, y todo apunta a que muchos de los engañados en anteriores ocasiones se están dando de baja en número importante.

A veces es necesario algo que sirva de acicate para que la Gran Mentira de la izquierda y todas las demás mentiras que fluyen de ella se pongan en evidencia, y en el caso que nos ocupa ha sido una crisis económica la que ha hecho este trabajo. Y ya que te hablo de la Gran Mentira, déjame que haga mención de algo que esta semana nos ha llenado de dolor a los que luchamos por la libertad en todo el mundo: la muerte de Alexander Solzhenitsin, el hombre que denunció el Gulag, la conciencia crítica de la izquierda, la voz que durante décadas recordó al socialismo que seguía sin pagar precio alguno por sus crímenes. Por eso los socialistas, querido Z, lo odiaban y estos días socialistas de todo el mundo, desde Rodríguez hasta Chávez, celebran su muerte.

Pero la verdad es la verdad. El fascismo tuvo un juicio justo en Nuremberg, y a pesar de eso la izquierda ha conseguido que la derecha liberal y, sobre todo, la conservadora, que poco o nada tenían que ver con aquello, se sigan sintiendo acomplejadas por los crímenes del fascismo. ¿Y la izquierda? La izquierda, querido Z, ha cometido tantos o más crímenes, y peores en número y calidad de la tortura que los que cometió el fascismo y, sin embargo, nunca ha pedido perdón por el modo despiadado y cruel como ha tratado, y trata todavía, al ser humano, y mucho menos se la ha juzgado y condenado por ello. Y, sin embargo, se permite el lujo allí donde puede de dar lecciones de moral y de extender certificados de demócratas a los demás. Eso es lo que llamo, querido Z, la Gran Mentira, de la que fluyen, digo, el resto de las mentiras, porque la izquierda hace del negocio de mentir una empresa provechosa y lucrativa.

La verdad, querido Z, es para la izquierda un mal menor, un accidente. En su haber, la verdad es manipulable, se retuerce hasta que deja de ser verdad y se convierte en su verdad. El otro día tuve a bien echarle un vistazo al blog de la dirigente socialista Elena Valenciano. A mí me parece buena gente, qué quieres que te diga. Creo, incluso, que hubiese sido mejor candidata a ‘número tres’ socialista que la tal Pajín, pero se ve que Rodríguez se deja engañar fácilmente por la mediocridad. Y Valenciano hace méritos. Verás, se me ocurrió leer un post ya algo pasado de tiempo respecto a un viaje que la dirigente socialista hizo a Washington donde tuvo oportunidad de charlar con gente del equipo de Obama –por supuesto, a Obama no le saludaron ni previa donación a la campaña-, y me llamó la atención un comentario que venía a decir algo así como que Washington es la ciudad con mayor porcentaje de gente de color de toda Norteamérica y que, sin embargo, en el centro de la ciudad no se ven negros. En Washington no hay negros. Curiosa afirmación, cuando menos. Me quedé, querido Z, pensando qué habría querido decir Valenciano con semejante afirmación: uno, que era una suerte que no hubiera negros en Washington o, dos, que no había negros por culpa de Bush. La primera me pareció sorprendente, aunque tal y como estaba escrito el post daba lugar al malentendido, así que opté por pensar que lo que pretendía hacer la dirigente socialista era intentar convencer al lector de su post de que Bush es un racista, que Obama es negro, y de que si de Bush dependiera Obama nunca podría llegar a ser presidente por ser negro, y que por eso no había negros en Washington, porque Bush es malo malísimo y los ha enviado a todos a Guantánamo bajo sospecha de conspiración terrorista –esta última aportación la hago yo, pero supongo que en el fondo es lo que le gustaría decir a Valenciano-. Yo no sé qué ciudad visitó la señora Valenciano, pero en Washington hay más negros que en el Congo. Y se olvida del pequeño detalle de que la segunda de a bordo de la Casa Blanca, la mano derecha de Bush, es una señora llamada Condoleeza Rice que es mujer… y negra. Muy racista el tipo, ¿no opinas lo mismo, querido Z?

¿Ves lo que te digo? Nada es como es, sino como la izquierda quiere que sea. Hace un año sacaban a pasear a De Juana y Rodríguez decía que era un hombre de bien, y hoy no saben qué hacer para devolverlo a la cárcel de la que nunca debió salir. El problema, Z, es que tenemos unas leyes obsoletas y, sobre todo, un Código Penal heredado de la transición en el que el centro-derecha se dejó avasallar por una izquierda impetuosa que obligó a claudicar al poder y aceptar la filosofía maligna de la reinserción social en lugar de la lógica del delito-castigo. A lo largo de los años se han ido poniendo parches para evitar algunos excesos como este, sin que la Justicia pueda evitar que un malnacido como De Juana acabe en la calle en edad de seguir matando, cuando debería de pasarse el resto de su vida entre rejas.

Es hora, querido Z, de cambiar la ley, pero de hacerlo de arriba abajo, y eso requiere un consenso previo por parte de los dos grandes partidos y yo, francamente, no lo veo, Z, no lo veo, porque no creo que esta izquierda radical y extremista se haya bajado de la burra de la reinserción social y haya comprendido que determinados delitos exigen un castigo proporcional y que, es más, hay crímenes para los que nunca un castigo impartido por los hombres será suficiente para hacer pagar la deuda que quienes los cometen contraen con la sociedad. Pero, por intentarlo, que no quede. ¿Ves, Z? Todo son mentiras, o medias verdades, pero nunca la verdad en estado puro. Y quieren que no reconozcamos la crisis… ¿Sabes? El otro día se ahorcó aquí un hombre joven, de unos treinta y tantos, porque no podía pagar sus deudas. En el PSOE local querían denunciarlo porque eso dejaba en muy mal lugar a Rodríguez… Menos mal que el juez no aceptó a trámite la denuncia. ¡A quién se le ocurre suicidarse en el País de las Maravillas de ZP! Por cierto, desde que llegué, querido Z, todo va bien. No sé cómo pasaré la cuesta de septiembre –que es peor que la de enero-, pero intentaremos aprovechar estos días que sabe Dios si podremos repetir dentro de once meses… Al menos, aquí, no hay tangas de leopardo. Pero recuérdame que no deje de contarte lo de Pepiño, sí, José Blanco que, según las malas –o buenas- lenguas locales, se está haciendo una urbanización en la Isla de Arosa. Blanco, metido a promotor…, promete ¿eh? ¿A que te pongo los dientes largos, Z?

Atentamente,

A.

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