Reggio’s Weblog

¿Por qué la salud es de pago en EE UU?, de Vicenç Navarro en El País

Posted in Derechos, Economía, Política, Sanidad by reggio on 6 agosto, 2008

Grandes empresas médicas y farmacéuticas financian las campañas electorales en la gran potencia. Es lo que impide que se realice una reforma sustancial que universalice un sistema público de sanidad

El proceso de las primarias de los partidos Demócrata y Republicano de Estados Unidos que termina este agosto ha sido presentado por gran número de comentaristas que escriben en las páginas de opinión de medios de información españoles como un indicador de la vitalidad, madurez y calidad democrática de aquel país. Ni que decir tiene que tal proceso ofrece muchas enseñanzas positivas que explican que se haya convertido en un punto de referencia internacional. Varios partidos en España y en Europa han introducido prácticas de gobierno interno claramente inspiradas en las primarias de los partidos mayoritarios estadounidenses.

Ahora bien, en el análisis de aquella experiencia de Estados Unidos hay dos hechos que no reciben suficiente atención crítica. Uno es que el sistema electoral no es proporcional, sino mayoritario. Es decir, el número de escaños que se asignan a un partido no es proporcional al número de votos que recibe. El sistema electoral favorece el bipartidismo, el cual requiere unas primarias que permitan conocer la fuerza de las distintas sensibilidades existentes en cada partido. En un sistema proporcional, tales sensibilidades probablemente serían partidos políticos.

El otro hecho que merece subrayarse y que disminuye la calidad democrática de las primarias (y de cualquier proceso electoral en Estados Unidos) es la financiación primordialmente privada del proceso. Los candidatos requieren grandes cantidades de dinero para tener acceso a los medios de información, de los cuales los medios televisivos son los más importantes. Las televisiones, todas ellas privadas, venden su espacio al mejor postor, sin límites y sin estar sujetas a ningún tipo de regulación en cuanto al contenido, al espacio o al tiempo de exposición.

Así, antes de comenzar la campaña de las primarias del Partido Demócrata, los dos candidatos más importantes, Barack Obama y Hillary Clinton, tenían ya recogidos más de 100 millones de dólares que provenían en gran parte de empresas financieras (como la banca y las compañías de seguros), empresas comerciales (como cadenas de supermercados), empresas manufactureras (como la industria farmacéutica), asociaciones profesionales (como la Asociación Médica Americana) y otros intereses económicos y profesionales (conocidos todos ellos en el lenguaje popular como componentes de lo que se llama en Estados Unidos la Corporate Class). Tales fondos proceden también de aportaciones de personas que pertenecen sobre todo al 40% de renta superior del país. Esta privatización en la financiación del sistema electoral discrimina a aquellos candidatos -en su mayoría voces críticas del sistema económico y político, con sensibilidad de izquierdas o centro-izquierda, tales como Kucinich y Edwards- que no pudieron conseguir fondos de la Corporate Class, y por lo tanto tienen muchas menos posibilidades de acceder al público.

Esta privatización del sistema electoral tiene enormes repercusiones en la configuración de las políticas públicas de los candidatos, incluidas las políticas que configuran el escasamente desarrollado Estado de bienestar. Un ejemplo de ello es la sanidad. El hecho de que los candidatos más importantes en las primarias de ambos partidos recibieran fondos de las compañías de seguros sanitarios privados (525.188 dólares Hillary Clinton, 414.863 Barack Obama y 274.729 John McCain), explica que ninguno de ellos haya propuesto una financiación pública del sistema sanitario que se caracteriza por una financiación privada gestionada por tales compañías de seguros. El aseguramiento privado es la forma más común de financiación de la atención sanitaria y se realiza bien mediante las aportaciones de los empleadores y de los empleados de las empresas a las compañías de seguros (que contratan la provisión de servicios con las instituciones sanitarias mayoritariamente privadas) o bien individualmente, siendo en este último caso difícil conseguir tal aseguramiento cuando la persona tiene una enfermedad crónica. El Gobierno Federal financia el aseguramiento sanitario de los ancianos, cubriendo cerca del 50% de sus gastos sanitarios.

Tal sistema es enormemente costoso. Estados Unidos se gasta un 16% del PIB en sanidad, calculándose que alcanzará el 20% en 10 años. Como contraste, España se gasta el 5,8% del PIB en sanidad pública, ofreciendo cobertura sanitaria completa a todos sus ciudadanos, y garantizando el derecho humano de tener acceso a los servicios sanitarios en tiempo de necesidad, un derecho no existente en aquel país.

Cuarenta y siete millones de habitantes no tienen ninguna cobertura sanitaria y no son suficientemente pobres para beneficiarse del programa federal Medicaid, un programa para personas pobres que es financiado conjuntamente con los Estados, y que atiende a menos del 20% de la población que se llama “indigente médica” (es decir, que no pueden pagar sus facturas médicas), porcentaje que varía de Estado a Estado, pues son los Estados los que definen el nivel de indigencia médica. Según el doctor David Himmelstein, profesor de Health Policy de la Universidad de Harvard, más de 100.000 personas mueren al año por no poder tener acceso a los servicios sanitarios por causas económicas. Esta dificultad para pagar las pólizas de seguros, copagos y facturas médicas es un problema generalizado y alcanza dimensiones de gran dramatismo humano: el 48% de las personas con una enfermedad terminal expresó en una encuesta reciente que estaba preocupado de cómo ellas o sus familiares pagarían sus facturas médicas. La imposibilidad de pagar las facturas médicas es la primera causa de bancarrota de las familias estadounidenses.

No hay duda de que Estados Unidos tiene excelentes centros médicos y la calidad del personal sanitario es elevada. Pero la inseguridad que crea en la población tal sistema de aseguramiento y financiación privada, su gran carestía y su enorme ineficiencia (el 28% del gasto sanitario total lo absorbe la Administración del sistema) es la causa del gran descontento de la población hacia la organización y financiación del sistema sanitario. El 69% de la población está insatisfecha con la financiación de la atención sanitaria (la población estadounidense es la población de la OCDE que está más descontenta con su sistema sanitario), lo cual explica que la reforma sanitaria se haya convertido en uno de los temas más importantes en las campañas de las primarias y presidenciales (para mayor detalle de las propuestas de los candidatos, ver www.vnavarro.org, sección Estados Unidos).

En respuesta a esta insatisfacción, los candidatos están proponiendo políticas públicas que respondan a esta demanda de cambio. En realidad, el 62% de la población desea que el Gobierno Federal garantice el derecho de acceso a los servicios sanitarios a través de una financiación pública, tal como existe en la gran mayoría de países de la UE-15. Pero ninguno de los candidatos está haciendo propuestas que permitan alcanzar tal deseo. Y ello se debe a la enorme influencia que los grupos económicos, financieros y profesionales que dominan el sector tienen en la vida política, como consecuencia de la privatización del sistema electoral. Una influencia de la que la mayoría de la población es consciente y que explica la animadversión que gran parte de la población tiene hacia la clase política (un 74% de la población señala que el Congreso de Estados Unidos no representa sus intereses).

De ahí que todos los candidatos, Obama, Clinton e incluso McCain, se tuvieran que presentar durante las primarias como anti Washington (el centro de la clase política) y anti Corporate Class, siendo Barack Obama el que más se ha beneficiado de este sentimiento popular al haber estado en Washington sólo un par de años y haber expresado su oposición a la intervención en Irak cuando Washington apoyó tal medida. Ahora bien, es altamente improbable que en caso de salir presidente (hecho que favorezco), universalice el derecho de acceso a la sanidad por parte de la población, tal como en la práctica ocurre en España y en la mayoría de países de la UE-15. En realidad, una reforma sustancial de la sanidad y de otros servicios del Estado de bienestar estadounidense no tendrá lugar a no ser que haya un cambio muy profundo del sistema electoral.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra, España, y profesor de Políticas Públicas y Sociales en la Johns Hopkins University, Estados Unidos.

Anuncios
Tagged with:

En Galicia falla la política, de José Luis Gómez en El País de Galicia

Posted in Economía, Política by reggio on 6 agosto, 2008

Amancio Ortega se convirtió en el empresario más rico de España sin pisar la Xunta. Su ex mujer Rosalía Mera empezó a dejarse ver con los políticos cuando ya era la más rica de España. Manolo Jove transformó Fadesa en la primera inmobiliaria de Europa sin que ningún gobierno le organizase una fusión. José Somoza, el dueño de Azkar, jamás montó a los conselleiros en sus camiones. Y cosas similares podrían decirse de otros multimillonarios gallegos como Souto, Collazo y tantos otros hombres de negocios de los que habla Julián Rodríguez en su libro Señores de Galicia.

Galicia y, en particular, la ciudad de A Coruña dan cobijo a varias de las primeras fortunas de España, que se dice pronto. Puede ser casualidad, pero desde luego parece demasiada casualidad. Sin embargo, por mucho que buceemos en el dichoso libro, no encontraremos operaciones económicas de gran calado político. Bueno, sí, pero remontándonos al franquismo y al legado del viejo imperio del Pastor que levantó Pedro Barrié, el fundador de Fenosa.

¿Por qué será? ¿Por qué en España cuando hablamos de operaciones con mayúsculas siempre aparecen Florentino, Botín, Galán, Entrecanales e inmediatamente detrás Zapatero, Sebastián, Montilla…? ¿No será que Galicia no sabe hacer política y que aquí lo que se hace es otra cosa, que no pasa de gestionar la educación, la sanidad y cuatro asuntos más?

¿Por qué los gallegos tienen que hacerse de oro como llaneros solitarios en sectores emergentes y los madrileños, catalanes y vascos se reparten los bancos y las eléctricas -es decir, las cosas importantes- y a lo sumo a nosotros nos llaman por teléfono para pedirnos que seamos discretos y no le estropeemos sus operaciones? ¿O no fue eso lo que le hizo Florentino a Touriño cuando le telefoneó para anticiparle que le iba a vender Fenosa a Gas Natural?

Qué curioso resulta todo. Mucha gente piensa que fue Amancio Ortega quien quiso comprar Fenosa antes de que Florentino se la birlara en una subasta organizada por Botín, que casi sin colgar el auricular por el que hablaba con Oporto le dio un toque al presidente de ACS. No es verdad. El grueso de la pasta lo iba a poner Jacinto Rey, apoyado por Julio Gayoso, de Caixanova, y el propio Ortega. Todos ellos saben lo que es triunfar sin la política de por medio y también saben que otros con menos talento encuentran los atajos en la política. Digamoslo todo. Aquella operación se frustró porque Galicia no tiene poder propio en Madrid, donde a lo sumo cuenta con políticos nacidos aquí, como Rajoy o Blanco, que están bien empleados allí. Pero poder, poder, lo tienen los vascos y, sobre todo, los catalanes, como acaban de demostrar ahora llevándose Fenosa a Barcelona. Eso es tener poder y demostrarlo.

El problema -digásmolo también- no es por el nacionalismo. Al contrario, el problema es justo por tener poco nacionalismo, estando como está Galicia dentro de un Estado donde o funcionas con las mismas armas que los de Madrid o te toman de coña. Y si no que se lo cuenten a Anxo Quintana, líder del BNG, que como vicepresidente de la Xunta también bendijo desde Oporto el ya histórico intento de recuperar Fenosa para Galicia. ¿Cree alguien que Quintana es más torpe que Montilla? ¿O qué Jacinto Rey sabe menos de empresas que Brufau? ¿O qué Ortega tiene menos dinero que Gabarró? ¿O que Gayoso sabe menos de finanzas que Fainé?

Para nada está ahí el problema de Galicia, como lo prueba el hecho de que Ortega levantó Inditex hasta convertirla en la primera multinacional de la moda, o de que Jacinto Rey aflorará en unos días en Bolsa una de las grandes compañías de España. El problema de Galicia no es de empresarios, es de que la política aquí se reduce a la gestión y de que los partidos sucursalistas ni siquiera entienden las ventajas de tener una fuerza política como el PSC. Y así nos va, que nos dan una palmada en el hombro y nos invitan a un pincho.

Los catalanes nos ganan -y hay que felicitarles por ello- porque tienen dinero y poder. Nosotros perdemos porque tenemos algo menos de dinero, pero, sobre todo, porque Galicia no tiene suficiente poder político. Y eso depende de los gallegos, no de los catalanes, que aquí no votan.

xeira@mundo-r.com

Tagged with:

Solzenitsin, la verdad, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Cultura, Educación, Literatura, Política by reggio on 6 agosto, 2008

Se ha muerto Alexander Solzenitsin, autor del monumental Archipiélago Gulag,testimonio definitivo sobre el terror que sustentó la desaparecida URSS y ese experimento social y político que llamaron “socialismo real”. La obra de Solzenitsin demuestra que un tipo que tenga memoria y que además lo registre todo detalladamente es tremendamente poderoso a la hora de mover conciencias, incluso frente a un poder tiránico que – nunca hay que olvidarlo- gozó de amplias simpatías y complicidades en Occidente. La fuerza de las páginas de Solzenitsin no nace tanto de ciertas convicciones filosóficas o religiosas del prisionero/ literato como de algo que está más allá y más acá de estas: la verdad. La verdad sobre la persecución y destrucción de millones de hombres concretos para moldear un “hombre nuevo”. Solzenitsin tenía la verdad de su lado y ello le dio fuerzas para soportar todas las mentiras y todas las calumnias que vertieron sobre él. Para los que ya hemos pasado el sarampión posmoderno, la verdad no es algo puramente sujeto a la deconstrucción de los discursos. La verdad es la materia que coloca a cada uno en su sitio.

El autor de Archipiélago Gulag pasó por España en 1974. Le entrevistó José María Iñigo en la única tele de la época y fue un acontecimiento sonado, tanto que, a los dos días, volvieron a emitir el programa. Al parecer, Franco quería verlo y disfrutar de las palabras del Nobel, que – nadie es perfecto- cometió el enorme error de comparar la dictadura de la que él había sido víctima con la España franquista. Solzenitsin vino a decir que había muchas más libertades en Madrid que en Moscú, un ejercicio absurdo que dejó en segundo plano su impecable denuncia del régimen soviético y disgustó a la oposición democrática, además de dar munición gratis a quienes acusaban al escritor de ser un reaccionario a sueldo de la CIA, un enemigo de la clase obrera y un divulgador de patrañas sin fundamento. En alguna revista aperturista de la época, incluso se llegó a ironizar sobre la conveniencia de que existieran campos de concentración para personajes como Solzenitsin. Lo curioso del caso es que muchos de los que se indignaron con las palabras de Solzenitsin sobre España eran, a su vez, adictos felices a esa geometría de moral variable que permitía estar contra la dictadura de Franco y, a la vez, apoyar las dictaduras de Brezhnev, Ceausescu, Mao, Castro y demás. El jorobado nunca se ve su propia chepa.

Con la perspectiva que da la caída del muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS, sabemos que Archipiélago Gulag contenía y contiene una verdad extrema que debía ser contada. Como la de los libros de Shalamov, Razgon, Ginzburg o Grossman. Y quienes, entre nosotros, negaron lo que explican estos autores deberían hacer hoy algo más que pedir perdón por el caso Comorera. Mucho más.

Tagged with:

El temor a parar, de Ángel Gabilondo en La Vanguardia

Posted in General by reggio on 6 agosto, 2008

Lo deseamos y, sin embargo, lo tememos. Necesitamos detenernos, descansar, parar. No resulta fácil. Y no porque el trabajo nos apasione, sino porque en el corazón del vacar puede habitar un silencio y un vacío que en modo alguno habría de achacarse a los demás. Entretenidos durante meses en tantas ocupaciones y actividades, su interrupción nos produce algo similar a un pánico. Y, entonces, ocurre eso que no tiene nombre, un sopor que no se reduce a calor. Y brotan cuestiones que adoptan la forma de preguntas sobre lo que hacemos a diario. Y, quién sabe, sobre el sentido mismo de la vida. No es preciso ser muy dado a las ensoñaciones para que aparezca con contundencia y realidad algo que nos abruma. Incluso al parar pueden surgir molestias y malestares de esos que llamamos físicos, dolores, jaquecas, mareos, que nos llevan a frases tan expresivas como indeterminadas, tales como “no me encuentro bien”. Precisamente se trata de eso, de que uno no se encuentra.

Los días quizá transcurran velozmente y, a la par, son cada uno de ellos lentos. Hay algún oasis, pero en última instancia todo tiene la velocidad de lo que parece o doblegar el tiempo o arrodillarse ante él.

Tal vez no pase de ser un estado de ánimo, quizá un cansancio, una falta de fuerzas para dar sentido. Los días nos enseñan sus afiladas uñas, capaces de arañar, de escarbar, de labrar surcos en nuestra tibieza. Y amanece y anochece una y otra vez.

Pero cabe habitar el latir de las horas, desayunar, pasear, tal vez leer, quizá subir o bajar, a lo mejor nadar, o mecerse adormilado, o mirar sin necesidad de ver, o escuchar el ritmo del aire o de la música, o la voz, o a alguien, o saborear el improbable soñar y a veces dormir de verdad, eso que apenas ya recordábamos. Así se va tejiendo un ánimo, se cultiva lo que en ausencia de otra denominación llamaremos alma. Y nos cuidamos.

En ocasiones parecemos trabajar para olvidar, pero al dejar de hacerlo recordamos la necesidad de no perder de vista los límites. Postergar para un tiempo vacacional el cuidado de uno mismo y de los otros es tanto como pretender limitarnos a vivir, en el mejor de los casos, una breve temporada.

Así pronto comprobamos que hemos olvidado no sólo cómo hacerlo, sino en qué consiste. Por eso es tan importante parar a diario. Los días no pueden interrumpirse únicamente por el dormir de la noche. De vez en cuando es preciso tomar distancia para ver. En esta nueva infancia que recobramos, nada nos traerá más descanso que una cierta reiteración, un dejarnos acariciar por las horas, por los otros, una sencillez que acallamos con la complejidad algo ficticia de nuestra labor diaria. No hace falta quedarse quieto para parar. Hay otro hacer. Por ejemplo, reír, desear, respirar o esperar.

Tagged with:

De banderas y lenguas, de Antonio Gómez Rufo en El Mundo

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 6 agosto, 2008

TRIBUNA LIBRE

Los signos y símbolos de identidad de un país son muchos y, en ocasiones, estrafalarios. Los habituales son la bandera, el himno nacional, la moneda (en otro tiempo más que ahora) y quizá alguna singularidad, como les sucede a los australianos con su canguro. Pero también ha llegado a suceder que un deportista, un músico o un actor se han convertido en enseña de su país. Por eso, en cuestión de distintivos nacionales puede discutirse hasta la saciedad, a menos que nos atengamos a los principios pactados en las convenciones internacionales y respetemos los fundamentos del Derecho Público, que además no son inmutables.

También la lengua puede ser una seña de identidad de un país. O las lenguas, en el caso de disponer de varias. En realidad, todos los países del mundo disponen de diferentes modos de hablar, peculiaridades idiomáticas, sistemas de acentuación y vocablos procedentes de localismos. Hasta Extremadura tiene el suyo, el castúo, que Gabriel y Galán utilizó para contar las costumbres, pesares y maneras de sentir de la gente humilde («Estamos perdíos / no hay que dali güeltas, / que ya estoy mu jarto / de jechal la cuenta, / y cá ves que güelvo / se me poni dolol de cabeza»). Pero, en mi opinión, esas formas verbales, voces y vocablos han de ser algo más que un modo de hablar para ser consideradas un idioma, porque necesitan de una gramática y de una ortografía única.

España dispone, oficialmente, de cinco lenguas. Otras, como, por poner sólo dos ejemplos, el castuó y el bable no tienen la condición de oficialidad. También en el mundo hay miles de lenguas y decenas de ellas desaparecen cada año, un hecho que preocupa a la Unesco, con razón, porque cada muerte es una mutilación, ya sea de una lengua, de una especie animal, de una construcción milenaria o de un paraje natural.

En estos días se están produciendo adhesiones y críticas a un Manifiesto de apoyo a la lengua castellana que, desde el punto de vista de su redacción, tiene muy poco de criticable. Tal vez sea cierto que no es el momento más oportuno para ese debate, considerando la existencia de otros problemas en la sociedad española, pero incluso esa crítica carece de pilar donde sostenerse porque la oportunidad de una acción, en democracia, la deciden los ciudadanos, y el Manifiesto es un acto ciudadano al margen de cualquier otra consideración política.

Las respuestas al documento, que hablan de aconstitucionalidad pero no de anticonstitucionalidad, provienen casi exclusivamente de Cataluña en defensa del catalán, que es, por otra parte, la lengua que menos preocupa a lo que entiendo que es la intención del Manifiesto. Que la Generalitat ponga una multa a un comerciante por no rotular en catalán su escaparate es una anécdota que, con el tiempo, se curará sola por pura estupidez. Que los niños catalanes no aprendan castellano en su escuela queda subsanado porque, a la postre, ven la televisión y el cine en español, juegan en este idioma en los videojuegos y trabajan en internet. Y aunque luego cometan enormes faltas de ortografía a la hora de escribir, tampoco es que los niños de Toledo o de Burgos sean un ejemplo en gramática, ortografía y sintaxis castellana.

El verdadero problema, a mi juicio, pueden tenerlo los niños vascos, con las imposiciones de sus instituciones, cuando quieran salir al exterior sin conocer bien otros idiomas y vean sus posibilidades reducidas a casi nada en un mundo que cada vez se verá más restringido al conocimiento del inglés, el chino y el español.

Mi padre se crió en Bilbao. Y lamento profundamente no ser bilingüe. Es más: ojalá en los tiempos de mi formación hubiese tenido la suerte de aprender dos idiomas en casa y otros dos en la escuela. Hoy mi hija habla cuatro idiomas, porque sus padres conocíamos el enriquecimiento cultural que las lenguas suponen para la formación integral de la persona. No seré yo quien, por esa parte, busque la persecución ni aniquilación de idioma alguno; todo lo contrario. Pero cosa bien distinta es que un ciudadano español no pueda ejercer su profesión en Rentería o en Granollers si no añade a su formación el aprendizaje de una lengua específica del lugar de España donde ha encontrado un trabajo. Si un día el País Vasco o Cataluña fueran Estados independientes, no habría razones de queja, como ningún español puede protestar por tener que hablar francés para ejercer su oficio público en París. Entre tanto, la exigencia, por muy estatutaria que sea, me parece discriminatoria e injusta.

El mundo se universaliza y el imperialismo del inglés daña los idiomas nacionales de un modo tan arrollador que no admite resistencia. Muchas voces anglosajonas (barbarismos) se incorporan en todas las nuevas ediciones al Diccionario de la RAE, y han de admitirse. Pero el castellano también goza de una espléndida salud en el mundo, extendiéndose cada vez más, de modo que uno puede entenderse en ciudades como Nueva York en español. Esa expansión también enriquece el castellano con voces locales que provienen de Latinoamérica. No hay, por tanto, que sufrir por nuestra lengua. Lo único que cabe advertir, en mi opinión, es que sea precisamente dentro de nuestras fronteras nacionales donde más se minusvalore desde los puntos de vista educativo y social un patrimonio de todos, como también lo son, sin duda, el catalán, el vasco o el gallego (incluso los dialectos y formas propias locales de acentuación).

A nadie debería molestarle que todos los españoles crecieran en el bilingüismo o con tres o cuatro idiomas aprendidos desde la infancia. Cuantos más, mejor. Como tampoco debería sentirse nadie ofendido por escuchar que, el día de mañana, para viajar por el mundo, manejarse en internet, establecer relaciones internacionales y comerciar con el exterior será imprescindible saber uno de los tres idiomas con los que se encontrará siempre el interlocutor. Y ninguno de ellos será el catalán.

Una cosa más: no creo que el uso del término español para definir nuestra lengua deba herir la sensibilidad de nadie. Creo que hay muchas razones para empezar a llamar a nuestro idioma español en lugar de castellano, aunque la RAE los considere sinónimos. Esta segunda denominación sólo tiene sentido como elemento diferenciador con otras lenguas del Estado, pero parece ignorarse que el español es la lengua de España y Latinoamérica, y no sólo de Castilla. Piénsese que la primera gramática del castellano se debe a Antonio de Nebrija (un sevillano) y que se trata de una lengua romance con influencias vascas, germánicas y árabes (y en su desarrollo también de distintas lenguas indígenas americanas), aunque su origen se encuentre en las confluencias de Cantabria, Alava, Burgos y La Rioja.

En definitiva, que decir español no es terminología fascista, como no lo es respetar la bandera constitucional ni ser del Real Madrid. Opino que ha llegado el momento de romper con clichés que tuvieron una honda fuerza simbólica cuando iniciamos la Transición, pero que en el siglo XXI huelen a nostalgia de una ruptura democrática que entre todos decidimos no llevar a cabo hace 30 años.

Entre las críticas recibidas por este Manifiesto o declaración ciudadana hay una especialmente molesta, desde mi punto de vista. Y ni siquiera fue una crítica: fue el comentario expresado por el presidente del Gobierno cuando dejó caer en un acto público, con un desdén cercano al desprecio, que esperaba que no se hiciera con el castellano lo que se había hecho con la bandera española. Cuando le oí decirlo me produjo la sensación de que lo que en realidad quería decir es que hubo un momento en que el Gobierno permitió (por omisión) la instrumentalización de un símbolo nacional, la bandera, y que ahora no quería más de lo mismo aunque sabía que su Gobierno estaba repitiendo el error.

Es obvio que la adhesión al Manifiesto por la Lengua Común no incluye autorización alguna para que se use el idioma castellano desde el partidismo; ni como arma arrojadiza contra el legítimo Gobierno español que yo apoyo, como vengo haciéndolo con el socialismo español desde hace más del 30 años. Por eso la respuesta de los míos me parece tan exagerada como desafortunada. Y, además, nadie ha podido probar, hasta ahora, que esa iniciativa ciudadana sea injusta o malintencionada porque, sinceramente, creo que no lo es. Coincido con Fernando Savater al decir que «el Manifiesto no pide inmersión en castellano de los que tienen otras lenguas maternas, sino que no se imponga otra lengua a los que prefieren el castellano».

No me parece una declaración a desoír.

Antonio Gómez Rufo es escritor. Su última novela publicada es La Noche del Tamarindo (Planeta). (www.gomezrufo.net)

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Bajo el bosque de abedules, de Pedro G. Cuartango en El Mundo

Posted in Cultura, Educación, Literatura, Política by reggio on 6 agosto, 2008

TIEMPO RECOBRADO

Alexander Solzhenitsin, condecorado por su valor como oficial del Ejército Rojo durante la II Guerra Mundial, fue condenado a 11 años de prisión y destierro por un comentario jocoso en una carta sobre el «bigotudo» Stalin. Osip Mandelstam había muerto en un campo de concentración en Siberia por un poema en el que comparaba al dictador con un oso mugriento.

Solzhenitsin tuvo más suerte y sobrevivió para transmitirnos cerca de 250 testimonios de la represión estalinista que él había recopilado durante la guerra, sus ocho años de estancia en la cárcel y su posterior confinamiento en Kazajistán. Son casos con nombres propios, que surgen de la tumba para contarnos con la voz del escritor ruso la tragedia de una época de infamia y horror.

Puedo imaginarme a Solzhenitsin en su cabaña de Rodzhdetsvona, una casita de madera sin calefacción y luz eléctrica, situada en medio de un bosque de abedules, contando con su letra menuda y apretada tanto sufrimiento. Los folios que salían de su pluma eran cuidadosamente ocultados en un arcón bajo tierra para evitar que el KGB se los incautara, como así sucedió tras torturar a una de sus amigas y colaboradoras, que posteriormente se ahorcó.

Lo que no sabían los servicios secretos soviéticos es que una copia de Archipiélago Gulag estaba ya en París, a punto de salir a la luz. Igual le había sucedido a Boris Pasternak con su inmortal Doctor Zhivago -tal vez la mejor novela del siglo XX-, rescatada por Feltrinelli y publicada en Italia a finales de los años 50, a partir de una versión en francés.

Solzhenitsin, como Pasternak, Mandelstam, Bulgakov, Ajmatova, Platonov, Babel, Tsvetayeva y una larga lista de escritores, representa el triunfo de la voluntad individual frente a un sistema concebido para aniquilar cualquier atisbo de crítica o creación. Todos ellos fueron aplastados por la maquinaria soviética: sufrieron cárcel, persecución y la mayoría acabó sus días en Siberia, en el suicidio o ambas cosas, como la citada Tsvetayeva, la gran poetisa del amor y uno de los valores literarios que la posteridad pondrá en su lugar.

Ninguna de las citas que aparece en este artículo es superficial o retórica porque todos y cada uno de esos escritores apostaron su vida y la perdieron para transmitirnos ese infinito horror que hoy nos parece tan distante pero que sigue tan cercano en el tiempo. Su espíritu pervive en ese bosque de abedules en el que se inspiraba Solzhenitsin y que simboliza lo mejor de todos nosotros.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Solzhenitsin y la «intelligentsia» hispana, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Cultura, Educación, Literatura, Política by reggio on 6 agosto, 2008

Fue un 20 de marzo de 1976, justo cuatro meses después de la muerte del dictador. Presidía el Gobierno Arias Navarro. Fraga hacía de gran estrella mediática en la prensa europea. Areilza intentaba convencer al mundo de que el cambio en España iba en serio. Los conflictos sociales estaban a la orden del día. Los clamores en las calles se sucedían. El llamado búnker no dejaba de rugir sus recordatorios y avisos. España convulsa y confusa. España agitada, llena de esperanzas y no exenta de miedos. No sólo se asomaba el destape en el cine y en determinadas revistas, también en política. ¡Tantas y tantas eclosiones de quienes se declaraban demócratas con pedigrí y, sin embargo, habían guardado silencio, cuando no incurrido en complicidades, durante la dictadura! Las siglas, de partidos y sindicatos, eran una especie de diluvio. La política, con mayor o menor información y claridad, lo acaparaba todo. Un país adicto a la conversación política, tras cuatro décadas de silencios obligados y de fracasos conspirativos contra el régimen.

Y entonces llegó Solzhenitsin. Aquel escritor ruso, con aspecto decimonónico, comparecía en el programa «Directísimo» que conducía José María Iñigo. No pudo ser más claro al decir que la España de entonces gozaba de unas libertades impensables en Rusia, empezando por la presencia en los quioscos de los principales diarios europeos. No pudo ser más contundente al hablar del estalinismo en particular y del sistema soviético en general.

La memoria no puede traicionarme. El literato ruso nacido en 1918 no pudo no recordar lo que para él y para la juventud del mundo de entonces significó aquella República española amenazada tras el estallido de la Guerra Civil. Sin embargo, al mirar hacia el futuro, aquel hombre parecía temer que aquellos primeros balbuceos de democracia en España no acabasen bien. Parecía la más elocuente imagen del título de uno de los más conocidos libros de Erich Fromm, es decir, de «El miedo a la libertad».

Pero lo más inolvidable de aquella entrevista fueron las reacciones ulteriores que hubo por parte de algunos de los más conspicuos representantes de la «intelligentsia» hispana. Se escribieron auténticas atrocidades contra el escritor ruso y no hubo ni una sola crítica al sistema soviético, ni siquiera al estalinismo.

No perdamos de vista que en 1976, cuando el eurocomunismo estaba ya en el discurso político, la flor y nata de la intelectualidad española no parecía haberse enterado de los horrores del estalinismo. Iban y estaban por detrás de los líderes políticos. ¡Caramba con la intelectualidad, caramba con su lucidez, con su capacidad de adelantarse, con análisis claros, a los hechos! Y lo más curioso de todo era que los que arremetieron con mayor virulencia contra el Nobel ruso se las habían apañado para vivir en España durante el franquismo. ¡Con qué maestría habían sabido ocultarse algunos prosoviéticos del llamado exilio interior, cuando se daba el caso de que anticomunistas viscerales como Madariaga no regresaron a España hasta después de la muerte de Franco! ¡Qué extraño era aquello!

¿Cómo era, Dios mío, cómo era posible tamaña ceguera? Primero, no haberse enterado del estalinismo y sus crímenes, luego de lo acontecido en Hungría y Checoslovaquia, y, sin embargo, haber sobrevivido en la España de Franco. Lo que Orwell había denunciado antes acerca del totalitarismo soviético no llegó a nuestros intelectuales más preclaros.

Aquello no era lógico para nadie y menos aún para un adolescente que no podía ser ajeno a la pasión política que se vivía entonces. No hubo más remedio que esperar, no muchos años para comprobar la asombrosa capacidad de adaptación de algunos de aquellos al primer felipismo, porque, si los datos no me engañan, entre los más furibundos detractores de Solzhenitsin estuvo alguien que, andando el tiempo, se adhirió al sí a la OTAN preconizado por González. ¡Admirable coherencia, vive el cielo! Solzhenitsin y la «intelligentsia» hispana. La reacción a las declaraciones televisivas de aquel hombre hacían presagiar que las anheladas libertades que tanto se insinuaban no significarían, al menos de inmediato, la recuperación de una intelectualidad lúcida e independiente.

¿Sería inapropiado pensar que el llamado desencanto se asomó por vez primera al ver una intelectualidad cuyo discurso no sólo iba por detrás de la clase política, sino que además era ciego, sordo y maniqueo?

Pues, mire usted, puede que sí, puede que aquello fuese ya un atisbo.

¿Dónde están los fondos distressed de Real Estate?, de Pelayo Goizueta en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 6 agosto, 2008

En los últimos meses, la doble crisis inmobiliaria y financiera está atenazando el sector del ladrillo, dejándolo prácticamente estrangulado: por un lado, las promotoras no consiguen dar salida a su stock de producción ante la caída en picado de la demanda; y, por otro, están encontrando grandes dificultades –cuando no una imposibilidad total– para refinanciar su deuda. ¿Consecuencia? El agotamiento de la liquidez de estas compañías.

Hay que considerar el hecho de que la mayor parte de las empresas inmobiliarias en España están dedicadas, casi en exclusividad, al negocio promotor y no al patrimonialista, que en estos momentos de crisis podría ayudarles a superar sus compromisos de pago a corto plazo (si no todos, al menos una parte de ellos).

Ante esta situación de presión acuciante, ¿dónde están los fondos distressed?

Muchas promotoras están esperando la llegada de estos fondos como salvadores que conseguirán sacarlas del pozo actual de falta de liquidez en el que se encuentran mediante la aportación de equity. No obstante, estos fondos no están por la labor: primero, porque están asignando un valor nulo al equity –e incluso negativo en algunos casos– y, segundo, porque su filosofía no es la de los “Business Angels” empresariales: buscan “chollos” en base a situaciones cada vez más desesperadas de las compañías.

Los escasos fondos que han aparecido hasta la fecha son extranjeros –en su mayoría anglosajones– y tienen una visión muy negativa del sector, impulsada en muchos casos por las noticias catastrofistas que aparecen en la prensa de sus países de origen. De acuerdo a esta visión negativa –y también a su propia filosofía de inversión– buscan llevar a cabo inversiones de forma muy oportunista. Entre las operaciones que están considerando se encuentran algunas tan agresivas como asumir la deuda de la compañía, “coger las llaves de la misma” y gestionarla unilateralmente durante el periodo de tiempo necesario para generar una plusvalía que se repartirá con el promotor, en función del acuerdo previo que se haya alcanzado con el mismo. En otros casos se está barajando la posibilidad de meter deuda en la compañía, pero con rentabilidades cercanas a las del equity.

Todavía quedan muchos fondos por entrar en nuestro mercado, ya que están esperando una caída aún mayor para conseguir un precio de entrada más atractivo, que les reporte mayores rentabilidades de salida. Pero estos fondos no van a ser tampoco los salvadores que esperan las promotoras. Todo lo contrario: propondrán estrategias aún más agresivas como fondos oportunistas que son, ya que durante muchos años han tenido que contemplar desde la distancia subidas indiscriminadas de precios en un mercado en el que no escaseaba la liquidez, sino producto que comprar.

El mercado inmobiliario no ha tocado fondo. Las promotoras van a tener que ser más flexibles, con una mentalidad más abierta si quieren salir victoriosas del “envite”. Muchas de ellas considerarán que en estos años han hecho sus deberes y realmente están pagando justos por pecadores, pero… ¿quién dijo que el mundo fuera justo?

Tagged with:

Los partidos catalanes hacen piña frente a Zapatero por la financiación autonómica, de Alberto Mendoza en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 6 agosto, 2008

El 9 de agosto se ha convertido en una fecha sin valor para el Gobierno central, pese a que el Estatuto catalán, con rango de ley orgánica, recoge que ésa debe ser la fecha límite para acordar el nuevo sistema de financiación autonómica. Tras presentar una oferta a la baja, Pedro Solbes ha postergado el grueso de la negociación para septiembre, pero los partidos catalanes han decidido aprovechar el simbolismo de la fecha. El próximo sábado, CiU se unirá a los partidos que conforman el tripartito en la Generalitat (PSC, ERC e ICV) para escenificar su alianza frente al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero en materia de financiación. Será en la sede del departamento de Economía, en presencia de su titular, Antoni Castells (PSC), y según se informa en un comunicado, funcionará como “una ronda” para analizar cuál ha de ser la actuación de la Generalitat “después de que no se haya concretado el modelo de financiación en el plazo previsto”.

Esta vez, los partidos catalanes aseguran haber aprendido la lección de las negociaciones del Estatut, en que Zapatero logró romper el frente catalán pactando el texto en La Moncloa con Artur Mas. La clave en este nuevo proceso es el cambio de actitud de CiU, que respalda sin fisuras al Govern, y que ha promovido la reunión del 9 de agosto para escenificar el nuevo escenario de unidad. La posición de CiU supone, por un lado, una dificultad añadida para Solbes a la hora de afrontar la negociación bilateral con la Generalitat; y, por otro lado, afecta a los acuerdos parlamentarios que el Gobierno necesita alcanzar en el Congreso para sacar adelante los Presupuestos Generales de 2009.

La firmeza del PSC, dentro del Gobierno catalán, en la defensa del modelo de financiación que prevé el Estatut, ha servido también de adherente para sus socios ERC e ICV. Los nacionalistas de Esquerra confían en que los socialistas catalanes defiendan la financiación como una cuestión ‘de Estado’ y no de partido. No obstante, su vicesecretario de Coordinación Institucional, Eduard López, señaló a este diario que estarán vigilantes para que no se produzca ningún acuerdo en Madrid que “cierre en falso la negociación”, como ocurrió con el Estatut.

López subrayó la necesidad de que los partidos catalanes permanezcan unidos e incluso invitó a sumarse al acuerdo al Partido Popular de Cataluña. “Si el Gobierno encuentra un resquicio para romper la unidad, como con el Estatut, tenemos las de perder”, señaló López, quien indicó que el retraso de las negociaciones y el incumplimiento de los plazos del Estatut podría ser una estrategia del Gobierno para tratar de quebrar el frente común en Cataluña.

Protestas para el 11 de septiembre

ICV también confía el éxito de la negociación con el Gobierno a la unidad de los partidos catalanes, por lo que fue este grupo quien propuso el encuentro del 9 de agosto en el Consejo de Seguimiento para el despliegue del Estatut. “Si CiU mantiene su papel de respaldar al Govern, todo irá bien”, apuntaron fuentes de ICV, que valoran el apoyo del partido de Mas, pero que tampoco olvidan su maniobra política en la negociación del Estatut, sobre todo en un contexto en que el PSOE busca un socio estable en el parlamento. Por otra parte, ICV no renuncia a la movilización social para presionar a Zapatero en septiembre. De no llegarse antes a un acuerdo, esta formación propondrá convertir las celebraciones del 11 de septiembre, día nacional de Cataluña, en una jornada de protestas contra la actitud del Ejecutivo de Zapatero.

Sin embargo, a la hora de pactar el nuevo modelo de financiación con Cataluña, el Gobierno central está obligado a tener en cuenta las exigencias de otras comunidades autónomas, que temen perder parte de sus fondos que reciben a través de los fondos de solidaridad. En forma de aviso, Leire Pajín, secretaria de Organización del PSOE, afirmó ayer que el Gobierno “tiene la responsabilidad” de buscar un modelo de financiación autonómica que “esa bueno par todas las comunidades autónomas y no para una”. Sobre la incidencia que pueda tener este asunto en el apoyo que las fuerzas catalanas presten en el Congreso a los próximos Presupuestos, Pajín aseguró que el Ejecutivo “está dialogando” y que aún no se conocen las cuentas, por lo que es prematuro que nadie exprese su rechazo.

Tagged with:

Manifiesto por la lengua, de Iñaki Egaña en Gara

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 6 agosto, 2008

Desde hace años tengo crecientes razones para preocuparme en mi país, y en otros que visito, por la situación de la lengua castellana que, como bien indica su nombre, procede de Castilla. Yo no soy castellano, y mira que me gustaría al menos probarlo, pero nací en distinto lugar y ya se sabe que la naturaleza no se elige a pesar del dicho de Gabriel Celaya del nacer y del pacer. Conozco la lengua, como puede comprobarse por estas letras, y me expreso habitualmente en la misma, aunque debo descubrir que no es la única. Con mis hijos, su madre y la mayoría de amigos me manifiesto en vascuence (esa idioma que la Academia de la Lengua española define como «lo que está tan confuso y oscuro que no se puede entender»), navego en internet y me relaciono con la comunidad internacional en inglés y gracias a esa lengua, lo reconozco, me entiendo en medio mundo. En francés leo un par de revistas semanales y los libros que me suministran los colegas de una editorial con la que colaboro y, en fin, pecando de pedantería les puedo añadir que hace más de veinticinco años me ganaba la vida enseñando esperanto, esa lengua cargada de utopía que había inventado un tal Zamenhof y que yo aprendí en EEUU, de la mano de un políglota natural de Bilbao.

Siempre he sabido, porque los miembros de mi familia fuimos picados durante unas calurosas vacaciones estivales por el mosquito de la curiosidad, que un antepasado mío estuvo en canteras castellanas y dejó descendencia por esas tierras, pero fue hace tanto tiempo que se perdió la pista. Pero, oigan, lo de la curiosidad tiene ahora remedio desde que un laboratorio norteamericano hace pruebas de ADN, confidenciales según dicen, por poco más de 100 dólares. Y, como a mi edad los caprichos ya son pocos, envié de inmediato a la dirección indicada, tras el pago correspondiente, el kit que previamente me proporcionaron. En unas semanas la respuesta me produjo una tremenda conmoción y gracias a la misma he sabido de números racimos étnicos que se han mezclado en mi sangre, lo cual me ha producido, asimismo, una gran emoción. Hoy aprovecho cualquier encuentro en la intimidad para enseñar a los más cercanos el informe sobre la mezcla singular en los glóbulos de mi sangre.

Por la descripción de mis orígenes he sabido de antepasados en Chile, lo cual me reconforta pues una de las plazas de su capital, junto a su correspondiente parada de autobús, lleva mi apellido. Los antepasados sin embargo, no cruzaron el océano en sentido a poniente, sino al contrario. Perplejo, descubro en la biblioteca que aquellos cuyos restos corren por mi sangre hablaban kunza y que la lengua, extendida por el desierto de Atacama, fue arrasada por los colonizadores españoles que llevaban la suya para la conquista y el latín del misal para asegurarse la salvación. Me ocasionó un profundo impacto el conocer que aquellos autóctonos eran asados a la parrilla, prologando su sufrimiento y que los crueles cruzados se mofaban de sus víctimas en la lengua del gran Cervantes.

La pista del ribonucleico descifrado por el laboratorio me llevó no lejos de Atacama, a zonas también desérticas donde los wari, paracas y nascas desarrollaron sus culturas antes de la llegada de las espadas y del rosario. Se alegró mi ánimo por semejante pedegree, pero pronto decayó al conocer que sus idiomas, de la familia del aru, del tronco del aymara, fueron desplazados por el castellano hasta hacerlos desaparecer. Algo había oído al respecto, por lo que tomé de nuevo el camino de la biblioteca, cerca de mi casa, para repasar la extinción de lenguas en el territorio que ahora llaman Perú. La sorpresa fue mayúscula: kuli, den, uro, cholón, chiribaya, muchik, puquina… hasta 18 lenguas aniquiladas por la lengua cuya Academia se blasona con el eslogan: «brilla y da esplendor».

¡Horror! Las dudas comenzaron a borrar esas ideas de colegio de que los idiomas son incoloros, como el agua. ¿Y sí un idioma no es así? Elio Antonio Martínez de Cala e Hinojosa, natural de Lebrija y por asociación conocido con el sobrenombre de Nebrija, ya lo avanzó a su reina, Isabel la Católica: «Su Majestad, la lengua es el instrumento del Imperio». Castilla ya no es, sin embargo, el ombligo. En la actualidad, México es el estado con mayor número de castellano-parlantes, más de 100 millones, o lo que es lo mismo, más del 95% de su población. Desde que se creó Nueva España, la lengua de Castilla fue oficial y la única de la Administración. A partir de entonces, la política colonial y la criolla fue nítida: castellanizar a los indígenas. En ese proceso, impuesto nuevamente con sables y misales, llegaron a desaparecer un centenar de lenguas. Diez veces diez.

Entre las peculiaridades de las que me alientan ciertamente la vanidad, decía mi ADN que un antepasado lejano provenía de las llamadas Islas Canarias. El pariente, o los parientes, debieron de habitar en las islas africanas hace muchos siglos. Se comunicaban en una lengua que los modernos lingüistas han apellidado «guanche», término inadecuado para los más puristas que la llamaron «amazighe», emparentada con las bereberes en una historia a la que Federico Krutwig puso su envoltorio romántico cuando escribió «Garaldea». Los bereberes insulares, junto a su lengua milenaria y hoy desconocida, fueron exterminados por los castellanos, empalados y desollados vivos, tal y como hacían los mongoles con sus prisioneros japoneses en las previas a la última contienda mundial.

No piensen, sin embargo, que mis antecesores provenían todos del otro lado del océano. También los tengo en la cercanía. Una tatarabuela, o algo así, era natural de Beasain. Su madre de Aia. Como a estas alturas el tema de la sangre me iba ya de lado y únicamente me preocupaba el de la comunicación, es decir el de la lengua, envié sendas cartas a esos ayuntamientos, con un asunto del que tenía referencias, aunque no muy concretas: los castigos a quienes no hablaran castellano. El primero me contestó al poco tiempo, con una orden de 1730: «Y que no se permita hablar en vascuence sino en castellano, poniendo anillo y castigándoles como merecen». El segundo se demoró varias semanas y sólo cuando mandé una nueva carta, recibí la contestación, ésta con un documento de 1784: «Dará orden estrecha de que nunca hablen entre sí el vascuence, sino el castellano. Y para puntual observancia de esta orden se valdrá del medio común o sortija, tomando cada sábado razón de su paradero y reprendiendo, apercibiendo o castigando directamente al que se hallare con él». Lo del anillo es una historia más reciente, contada por escritores refutados. El anillo, símbolo del castigo, circulaba entre los que no conocían el castellano. Una humillación. Un pensamiento pasajero me sugirió que lo del anillo quizás se trataba de una versión moderna de los viejos castigos hacia los indígenas, que en aquella época, al no tener alma, eran decapitados por no aprender la lengua romance, sin saber, precisamente, qué era eso del romance. Pero me pareció demasiado atrevido hacer semejantes suposiciones con tan pocas certezas y abandoné la idea. La retomé, sin embargo, cuando reparé que en 1936 un vecino de Arrasate fue detenido por hablar en vascuence por la calle y fusilado de inmediato. ¿Casos aislados? Probablemente.

No me gustaría, sin embargo y gracias a las informaciones sobre mi ADN, dejar pasar la ocasión para manifestar algunas reflexiones sobre esas preocupaciones que me perturban en estos últimos años. Debo reconocer que no he sido el único en efectuar las pruebas y que, siguiendo la estela abierta, algunos de mis amigos han realizado por internet sus respectivas peticiones. Las respuestas, como era de esperar son variopintas. Sus antepasados más cercanos fueron sefardíes, mozárabes, astures, catalanes… Como he dicho antes, después de tantas vueltas, la sangre había perdido su valor y centraba mis indagaciones en las lenguas. También éstas citadas habían desparecido o reducido su área de influencia, como la del vascuence, por castigos, prohibiciones… Y, aunque no soy muy amigo de la simplificación y me gustan los matices, he llegado a un conclusión rotunda. Una lengua romance de ámbito reducido como el castellano, se convirtió en lengua de ámbito extendido por cuestiones de conquista y colonización. Y que su expansión fue como la de los mejillones cebra que acaban de llegar a nuestros humedales: depredadores voraces que terminan en un santiamén con las especies autóctonas cuya supervivencia había sido posible gracias a la paciencia de la evolución.

Así que las razones de mi preocupación se acrecentaron al comprobar en mi país y en otros que visito que una serie de mefistos modernos quieren revivir viejos laureles y darle un nuevo impulso a la depredación. Nos acaban de anunciar los lingüistas que en Oaxaca desaparecerá en unos años la lengua xwja, hablada únicamente por ocho personas mayores de 70 años. Es la próxima de las cientos de lenguas que se desvanecerán en un abrir y cerrar de ojos por cuatro grandes agentes exterminadores, a decir del canadiense Mark Abley: castellano, chino, ruso e inglés. Las razones para estas preocupaciones son poderosas y, desde mi humilde posición, influenciada sin lugar a dudas por la riqueza que he descubierto recientemente portan mis glóbulos sanguíneos, me gustaría llamar la atención sobre estas, precisamente, lenguas exterminadoras. Quizás merecería la pena realizar un manifiesto común de depredados. No lo sé. Para eso están las asociaciones y las cabezas pensantes. Yo sólo alerto de los devastadores, porque percibo en la circulación de mi sangre, que sus efectos son letales.

Iñaki Egaña, historiador.

Tagged with:

Solbes, la Banca, Morgan Stanley y los buitres, de José Oneto en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 6 agosto, 2008

Por si no fueran suficientes las noticias, las diarias malas noticias de dentro, llegan, ahora, otras, desde fuera y llegan con una inoportuna polémica sobre la situación de nuestras Cajas de Ahorro y de nuestros Bancos, probablemente los más diversificados e internacionalizados de Europa.

La señal de alerta la ha dado “Morgan Stanley” según publica de forma destacada el periódico británico “The Daily Telegraph”. “Avisos de la posibilidad de que en España haya mas problemas. “Morgan Stantley” alerta públicamente sobre la situación de los bancos del país”.

“Morgan Stanley, banco inversor- es la noticia de la polémica– ha lanzado una importante alerta por la salud de los bancos españoles, advirtiendo de la crisis de los mecanismos de tipo cambio (ERM), garantías, de comienzos de loa años noventa podría exterminar el capital base de las debilitada entidades crediticias expuestas a un crack inmobiliario .El desalentador informe llega en medio de una ráfaga de horrorosos datos de España”.

Para añadir ,mas dramatismo a la situación el “Telegraph” afirma que “los buitres están empezando a volar en circulo en torno al desventurado señor Solbes .Los críticos piden su cabeza, acusándole de ocultar la autentica dimensión de la desaceleración antes de que tuviera lugar la reelección de los socialistas el pasado mes de Marzo, Esto parece injusto, Solbes, durante mucho tiempo después continuo desestimando las advertencias de una crisis considerándolas “enormemente exageradas” .Ahora parece estar realmente estupefacto por lo que ha ocurrido”.

En el otro extremo, el periódico francés “La Tribune” que titula “El sistema financiero español parece estar bien preparado frente a las turbulencias” sostiene que frente a la crisis nuestro país dispone de una baza innegable: un sistema financiero que, hasta ahora, es el que en Europa ha aguantado mejor en primer lugar la importancia las turbulencias internacionales.

“Hay varios factores que contribuyen a ello- según el análisis de sus expertos – y en primer lugar, esta la importancia de las actividades del banco al por menor en sus cuentas”.

.En efecto, son ellas las que han actuado como colchón estabilizador frente a las fluctuaciones de la coyuntura de las que están menos sometidas .Además los Bancos y Cajas de Ahorro españoles constituyen formidables maquinas de captación del ahorro de los particulares que hacen que sean menos vulnerables en estos tiempos y son ellos los que deberían permitir dar respuesta a lo que seria “El Talón de Aquiles” del sector: el preocupante incremento de créditos dudosos e impagados. Por su parte el diario económico italiano.“Il Sole 24 Ore” que se sitúa en una posición mas ecléctica destaca en un articulo que titula “los Bancos españoles salvan sus prestamos”, el hecho de que se ha elevado la tasa de morosidad., que los Bancos han aumentado en seis meses hasta el 67 por ciento los fondos de garantía, pero que la salud del sistema financiero es buena.

En los próximos meses no deberían presentarse problemas en el sector de las finanzas en España exceptuando el caso de los pequeños bancos locales que podrían ser absorbidos por instituciones más grandes.

Y vuelve a salir a relucir el informe de Morgan Stanley al recordar que las ganancias del primer semestre de 2008 no despeja un futuro incierto que podría ser difícil a causa de la crisis inmobiliaria.

Tagged with:

La nacionalidad de las empresas, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 6 agosto, 2008

La indignación de los patriotas se ha desatado una vez más. En esta ocasión, con el anuncio de que Chávez está dispuesto a nacionalizar el Banco de Venezuela, filial del Santander. “En el extranjero se está maltratando a las empresas españolas”. ¿Españolas? ¿No habíamos quedado en que con eso de la globalización las empresas no tienen nacionalidad?

En un orden económico presidido por la libre circulación de capitales, ¿cabe hablar de empresas nacionales y extranjeras? ¿Qué criterios emplear para clasificarlas en uno u otro grupo? Cuando todo español -si tiene dinero, claro- puede invertir por Internet en las empresas de Europa y todo europeo invertir en las que llamamos españolas, ¿podemos saber en qué manos está y de qué nacionalidad es el capital de, por ejemplo, las sociedades del Ibex? El mismo hecho de que el Banco de Venezuela pertenezca al Banco de Santander ¿no es señal clara de lo relativo que resulta asignar nacionalidad a las sociedades cuando son privadas? Las únicas empresas nacionales son las públicas. Quizás por eso Chávez y algún que otro mandatario latinoamericano se plantean nacionalizar las compañías estratégicas.

Cada vez son más los países latinoamericanos que están de vuelta de la aventura neoliberal, y sus poblaciones son conscientes del desastre al que les han conducido sus postulados. Por eso, aunque no les guste a los países desarrollados y a pesar de las presiones desatadas en contra por las fuerzas económicas, están eligiendo a mandatarios que, con todos sus defectos e incluso equivocaciones, quieren desandar el camino emprendido, en el convencimiento de que nada podrá ser peor que la situación a la que la globalización y el neoliberalismo les han abocado. Es en este escenario donde se encuadra el ansia de muchos países por recobrar las empresas vitales que fueron malvendidas al capital extranjero y que este explota con pingües beneficios y condiciones muchas veces leoninas para los consumidores y naturales del país.

Los voceros de la derecha española, que son muchos más de los que se confiesan tales, arremeten contra el Gobierno porque, según ellos, no defiende a las empresas nacionales. Quieren identificar los intereses del Banco de Santander, del BBVA, de Repsol, de Endesa, de Telefónica, etc., con los intereses de los españoles, cuando la gran mayoría carece de cualquier capacidad de ahorro y por lo tanto de jugar a la bolsa, e incluso aquella minoría que invierte en acciones lo hace, casi en su totalidad, en una cantidad tan nimia que sin duda resulta una exageración afirmar que sus intereses están unidos a los de estas grandes sociedades.

El llamado capitalismo popular es uno de los mayores embustes del neoliberalismo económico. Creado con el único objetivo de buscar la complicidad de un número mayor de ciudadanos, insuflándoles el espejismo de que, por el hecho de poseer unas pocas acciones de las empresas, sus intereses son los de éstas y los de sus grandes accionistas o gestores.

De tener algún interés en ellas, es mucho más como consumidores y usuarios que como propietarios. De nada les vale ganar unos cuantos euros en bolsa si la contrapartida va a consistir en mayores gastos al consumir los servicios que esas sociedades proporcionan. Nadie puede llamarse a engaño. Alguien, por ejemplo, va a pagar las revalorizaciones que se han producido en el sector eléctrico, y ese alguien no puede ser más que el consumidor, tal como lo estamos viendo, a través de notables incrementos en las tarifas y una mayor concentración en el mercado.

Con la paparrucha del capitalismo popular se pretende que todos cerremos filas y defendamos el patrimonio de un número reducido de familias, identificándolo con el interés nacional. El interés de la mayoría de los españoles, que es el que tiene que defender el Gobierno, está más cerca del bienestar de los venezolanos que de los beneficios de los grandes accionistas, sean nacionales o extranjeros, de estas compañías. Incluso, una vez que estas empresas gigantes han sido privatizadas, al español medio poco le importa que el capital de la empresa que le suministra el gas o la electricidad, le vende la gasolina o le concede la hipoteca sea español o foráneo. Se van a portar de igual manera.

www.telefonica.net/web2/martin-seco