Reggio’s Weblog

En la calle, el síndrome es de aúpa, de José Manuel Garayoa en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 3 agosto, 2008

Pedro, un autónomo, recibe cada mañana una llamada del banco (desde un call center)recordándole que tiene un descubierto de 400 euros. Hoy no, porque es domingo, pero mañana volverán a llamarle. De ese modo, vive en estado de alerta permanente. Y el problema que tiene es que carece de fondos para pagarlos porque no cuenta con ingresos fijos ni ahorros.

“No es una cantidad para que te acosen de esa manera. Ya los pagaré cuando pueda”, dice. Su caso es muy común últimamente debido a que los bancos tratan de rascar donde pueden para mejorar sus posiciones de liquidez, muy cortas.

“Pues a mí no me pagan ni a tiros una chapuza fuerte que hice en una casa y voy apuradísimo”, suelta un albañil en la cola de la panadería.

La morosidad hace estragos y mucha gente pide dinero a los próximos para salir del paso.

El otro día, en un descanso, un autobusero llamaba desesperadamente por teléfono móvil. “Ahora mismo no necesito dinero, pero la semana que viene tenemos que hablar”, dijo. A continuación, marcó la salida en la máquina de control, subió al autobús, lo puso en marcha y minutos después lo metió cuesta arriba en contradirección. Si no hubo un accidente fue porque en ese momento no bajaba ningún coche. La gente alucinaba.

El 15% de los españoles ha pasado por dificultades financieras en el último año y no prevé que su situación mejore, según el índice de vulnerabilidad económica y financiera de la aseguradora Genworth Financial.

En Murcia se han detectado recientemente tres suicidios por causas económicas. Un parricida hablaba de ello en una carta que dejó. En otro de los casos, un suicida llevaba en un bolsillo una carta de una empresa dedicada a la concesión de créditos rápidos. En el tercer caso, en el domicilio del suicida se halló una carta de un banco en el que le requería urgentemente el pago de unas deudas.

Los de las tiendas de muebles están pasando las de Caín, como los pescateros, que no venden ni las raspas. Los restaurantes ni lo cuentan y, ahora mismo, de los que montan bicicleta por Barcelona, los ecologistas son minoría. Por la desesperación con que algunos las conducen, cualquiera diría que los persiguen. El síndrome es general. Y es de aúpa.

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