Reggio’s Weblog

Ley Maragall, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 1 agosto, 2008

Así como en Francia bautizan sistemáticamente las leyes según el ministro que las promueve, deberíamos al menos por una vez denominar la que en estos días el Govern manda al Parlament ley Maragall, en reconocimiento al conseller Ernest Maragall, que con tanto tesón y entre tantas dificultades la está sacando adelante. Toda Catalunya se ha llenado la boca durante años destacando que la gran prioridad es la enseñanza y señalando los innumerables defectos de nuestro doble sistema, que en teoría equipara la enseñanza pública a la concertada.

Según este punto de partida, y atendiendo a la idea de que la preparación de las futuras generaciones es la mejor de las inversiones, no había otro remedio que sentar unas nuevas bases, o por lo menos iniciar una profunda reforma. El cambio contó con diversos principios, siendo a mi entender muy relevantes la mayor igualdad entre centros públicos y privados -evitando así que con el dinero de todos se consolidaran dos calidades diferenciadas- y la autonomía de cada centro de enseñanza.

Lo primero se conseguía, grosso modo, repartiendo mejor las inevitables cargas del alumnado menos deseado, según la democrática idea de que los criterios de admisión de los alumnos deben ser iguales (hoy, la concertada selecciona, ergo discrimina). Lo segundo, mediante un extraordinario refuerzo de la figura del director y la diferenciación de categorías, según capacitación, responsabilidad y resultados entre los maestros. Un reforma, en definitiva y resumiendo demasiado, cuyo ambicioso norte busca no sólo mejorar la calidad, como aseguran todos, sino que lo hace a través de incrementar la competencia interna del sistema educativo, con reglas más equitativas, del respeto e incremento de la diversidad y el refuerzo de la autoridad y las competencias del director.

El texto inicial, su espíritu, y la resistencia a las primeras embestidas de los guardianes de sus privilegios o de los que temen perder con cualquier retoque en el statu quo consolidado después de tantos años, me parecieron, en términos generales, acertados, ambiciosos y dignos del mejor respeto y consideración. También la voluntad gubernamental, del conseller y el president, de llevar la ambiciosa ley a buen puerto, aunque con el mayor acuerdo posible, a fin de que no ocurriera como en las últimas leyes de iniciativa ministerial, que han ido cambiando según el color político del Gobierno, lo cual es un desastre mayúsculo. Sin embargo, resulta que en Catalunya, el supuesto país de los consensos y el pactismo, los intereses creados y las preferencias ideológicas de cada grupo, todas contrapuestas, han estado y siguen amenazando en el trámite parlamentario con desvirtuar la ley hasta hacerla en aspectos fundamentales casi irreconocible. Según noticias que no son las últimas ni siquiera las penúltimas, de tanto como todos tironean a la vez del proyecto hacia su lado, lo esencial está a salvo, si bien con importantes concesiones a la concertada. A fin de no ser malinterpretado o tildado de partidista o de añadir leña al fuego, me he guardado mis opiniones durante estos últimos meses, pues creo con el conseller que el consenso es tan precioso como peligrosa su búsqueda. También es lógico que hayan preferido, en lo irreconciliable, dejar a CiU y no a ICV dentro del círculo favorable a la ley.

El principal y primer puerto al que debía llegar entre tanto temporal, la aprobación por el Govern, es ya un hecho. Veremos en el trámite parlamentario hasta qué punto queda desvirtuada o mantiene los ejes fundamentales, aun con las imprescindibles negociaciones a uno u otro lado. El campo de batalla sigue encarnizado, y veremos hasta qué punto la belicosidad inicial se convierte en aceptación generosa en bien del conjunto. De todos modos, mientras, aun con los imprescindibles matices e imprecisiones en el redactado, subsistan los principios que inspiraron la ley Maragall, el esfuerzo habrá valido la pena. En todo caso, nunca se le podrá acusar, al hermano del ex president, de ser un conseller gris o anodino, o poco negociador, o poco firme. Si en algunas conselleries predominan la apatía y las ganas de pasar inadvertidos, a fin de evitar conflictos, eso no reza en Educació.

No quisiera acabar sin una defensa de la figura reforzada del director. Sin la personalidad, la autoridad y los principios pedagógicos del director, que su equipo debe compartir y para ello debe agruparlo según afinidades, no hay escuela sino centro adocenado de impartir materias. Todos los lectores que han asistido o mandado a sus hijos a una escuela orientada por un director con personalidad, ideas pedagógicas propias y capacidad de llevarlas a término, saben que es lo mejor. Tuve la fortuna de ser alumno de la Escola del Mar, creación de Pere Vergés, que además era pública. Conozco además de cerca algún centro privado de línea marcada por la impronta de su director fundador. Los maestros con ideas pedagógicas propias son tesoro para los niños y la sociedad. Démosles también, en la escuela pública, la posibilidad de desplegarlas.

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Al borde de la recesión, de Manuel Estapé Tous en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 1 agosto, 2008

PERSPECTIVA INTERNACIONAL

El PIB de Estados Unidos se contrajo un 0,2% a finales del 2007

El crecimiento del 1,9% en el segundo trimestre coincidió con un elevado bajón de las existencias

La economía norteamericana se contrajo en el último trimestre del 2007 (-0,2%) y creció menos de lo esperado en el segundo trimestre de este año, según las cifras divulgadas ayer por el Departamento de Comercio. Estas estadísticas y la revisión del crecimiento en el último trimestre del 2007 (del 0,6% anunciado previamente al -0,2%) causaron cierto estupor y provocaron división de opiniones acerca de lo que le espera a la primera potencia económica mundial.

“Estamos en una recesión”, explicó Allen Sinai, economista jefe de Decision Economics en Nueva York. “Y va a ampliarse y profundizarse”, añadió en una entrevista a la televisión de la agencia de noticias financieras Bloomberg. En su opinión, la economía va a debilitarse en el tercer trimestre al no contar con el estímulo temporal de las exenciones fiscales aprobadas por la Administración y el Congreso y que los contribuyentes han recibido entre abril y junio. Con relación al mismo periodo del 2007, el PIB creció un 1,9% en el segundo trimestre, frente al 0,9% en el primer trimestre del año.

Este resultado fue unas décimas inferior al que pronosticaban los economistas de Wall Street pero lo más preocupante fue el desglose de los componentes del producto interior bruto en el segundo trimestre. Las empresas aceleraron la reducción de sus existencias, lo que sugiere un periodo prolongado de ventas muy moderadas. El descenso de las existencias fue el mayor desde el cuarto trimestre del 2001, cuando hubo la última recesión.

Comercio ofreció también una revisión definitiva del PIB de los años 2005, 2006 y 2007. El año pasado, creció un 2% en vez del 2,2% anunciado; en el 2006, un 2,8% en lugar de un 2,9%, y en el 2005, un 2,9% en vez del 3,1%. El cuarto trimestre del 2007 fue el más débil desde el tercer trimestre del 2001, cuando el PIB se contrajo un 1,4%.

El presidente del Consejo de Asesores Económicos de Bush, Ed Lazear, saltó a la palestra y desde el canal televisivo financiero CNBC aseguró: “Estamos convencidos de que los efectos que hemos visto en términos de estímulo continuarán. Queda mucho por gastar y esperamos que así ocurra en la segunda mitad del año”. En su opinión, desde la ligera contracción a finales de año “los pesimistas que pronosticaban una recesión se han equivocado; los optimistas, no”. El paquete de estímulo fiscal sumó 170.000 millones de dólares (110.000 millones de euros).

Menos claro lo tiene el prestigioso economista Martin Feldstein, que preside el organismo que dictamina el principio y final de las recesiones (con entre seis y doce meses de retraso). El presidente del National Bureau of Economic Research (NBER) comentó ayer que se “confirma el panorama general de debilidad pero es sorprendente que el PIB declinara”. Feldstein añadió que las cifras del último trimestre del 2007 confirmaban su pronóstico de que el cambio de ciclo (de expansión a recesión) empezó en diciembre o enero. “No veo la recuperación. La recesión puede ser muy larga”, añadió. La definición más usual son dos trimestres consecutivos de contracción pero el NBER es más preciso y especifica en qué mes empezó y acabó basándose en datos mensuales sobre empleo, producción industrial y ventas al detalle.

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Migraciones y progreso, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Derechos, Economía, Internacional, Política by reggio on 1 agosto, 2008

Calificar de progresista la directiva europea que regula la expulsión de los inmigrantes es una provocación. En vez de satanizarlas, habría que considerar las migraciones como un bien público para todo el mundo

Según el informe Migraciones Internacionales y Desarrollo, del Secretariado General de Naciones Unidas, mayo de 2006, la expansión de los procesos migratorios en los últimos 30 años ha sido extraordinariamente importante. El número de migrantes, que en 1965 era de 75 millones, pasa a 155 millones en 1990 y a 195 en 2005, lo que representa un aumento anual superior al 2,60%, mientras que el de la población mundial total apenas llegaba al 1,7% al año. El sectarismo de los Estados, la interesada demagogia de los políticos y la ignorancia general sobre este tema exigen una clarificación de sus supuestos básicos, comenzando por deshacer la confusión que reduce las migraciones a las solas emigraciones.

No se ha logrado que exista el derecho total de migrar, pues, aunque el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos reconozca el derecho de emigrar, ha sido imposible introducir en ningún marco legislativo el derecho complementario de inmigrar. Cierto que el derecho de asilo y el derecho de reagrupación familiar han sido brechas posibles, pero que han dado poco de sí, por lo que ahora se están explorando las posibilidades que ofrece el derecho a la “migración de instalación” en el marco de las integraciones regionales, como es el caso de la Unión Europea y sobre todo de la Comunidad Económica de los Estados de África Oriental (CEDEAO).

El principio de la seguridad y en general de los intereses estatales, que es el que rige absolutamente el flujo migratorio actual, ha aumentado las dificultades de las políticas de emigración a escala planetaria y ha agravado la vulnerabilidad de los migrantes, cuya precariedad se alimenta de la inestabilidad de la política migratoria de los Estados, de la brutal conveniencia de las grandes empresas y de sus importaciones masivas de mano de obra laboral, casi siempre socialmente contestable, sin olvidar la inaceptable situación de los empleados del hogar, que, en particular, en numerosos países asiáticos y del Golfo es de una abusiva, insoportable, dependencia de sus patronos, sobre todo para las mujeres.

Todo lo cual coincide con un fuerte desarrollo de los factores de movilidad y, en consecuencia, con el aumento de las migraciones. En primer lugar, la mundialización, que es un extraordinario dinamizador global, pero también los medios de comunicación, en especial, la televisión, que nos presentan una sociedad alternativa de la abundancia y el consumo, con altos salarios y libertades para todos, lo que conlleva un notable efecto de atracción. También la urbanización de las grandes metrópolis de los países en desarrollo que promueven el espíritu de cambio y de mejora de sus elementos más dinámicos, lo que les empuja a emigrar. Así como el abaratamiento del transporte y la multiplicación de las redes transnacionales que han hecho del viaje y de la movilidad casi un modo de vida cuya expresión más lograda es la migración pendular entre los países de la Europa Occidental, los antiguos países europeos comunistas y en el ámbito de los países árabes.

Hay que mencionar también la casi plena libertad de circulación de los grandes espacios integrados, como la Unión Europea, y la existencia de solidaridades transnacionales de condición familiar, económica, cultural, religiosa, asociativa, que producen consecuencias de atracción, “de llamada”. Finalmente, la práctica del asilo, que había tenido un crecimiento considerable en los años noventa, se ha estabilizado, siendo sustituida por el fenómeno de las personas desplazadas, de destino mayoritariamente dramático, por la pobreza extrema de los países de acogida.

En la bibliografía sobre el tema migratorio ha habido un enconado debate sobre sus ventajas y desventajas, tanto en el análisis por países como en una consideración global, cuya dominante fue negativa hasta finales del siglo pasado, en que se invirtió la tendencia. Ello se debió a la modificación de la orientación actual de la demografía y de las consecuentes dinámicas migratorias. En efecto, según el informe de 2007 del Sistema de Observación Permanente de las Migraciones (Sopemi) de la OCDE, el mayor incremento de la inmigración legal a partir de 2005 se ha experimentado en EE UU, España, Reino Unido, Italia y Nueva Zelanda, contextos en los que, a pesar de ello, comienza a plantearse el grave problema de la penuria de inmigrantes, no sólo para los empleos altamente cualificados, sino para aquéllos de nivel tecnológico menor, pero fundamentales en el sector servicios. Por lo demás, según este informe, a partir de 2030, el factor más seguro de progreso será el aumento de la población productiva y, por tanto, la inmigración.

En cuanto a los países de origen, es ya opinión unánime que la emigración se ha convertido en un factor capital para su desarrollo. De acuerdo con los datos del Banco Mundial, entre 1995 y 2006, el volumen de estos fondos ha pasado de 102 millardos de dólares a 232 millardos, y, centrándonos en Europa, los fondos remitidos por los trabajadores extranjeros hacia los países de que eran originarios han superado los 14.000 millones de euros.

La actual reputación mayoritariamente positiva entre los técnicos y los expertos del fenómeno migratorio no ha calado, sin embargo, en la opinión pública general con las consecuencias que ello tiene en los resultados electorales. La posición restrictiva del presidente del Gobierno español fue consecuencia de los resultados de los sondeos practicados sobre el tema migratorio. Tal vez por ello, desde una opción de progreso, haya que configurar la migración como un bien público mundial. Y, en ese sentido, insistir en su función como agente decisivo en la mundialización del saber, por obra de la diáspora científica procedente de los países del Sur y de las redes de contactos y proyectos que induce, determinantes para la transferencia de conocimientos; así como en su insustituible condición de estabilizador global del espacio mundial.

Recordemos que la División de la Población de Naciones Unidas evalúa en 1,6 millones los inmigrantes necesarios para que la UE mantenga su nivel actual de bienestar y que Japón tendrá que incorporar antes de 2050 una población extranjera de cerca del 30% de su población actual.

Es necesario, por lo demás, dotar al proceso migratorio de un marco jurídico común flexible y eficaz que debe ser interinstitucional y multifactores. Lo que es muy difícil, como prueba que no se haya logrado siquiera formular una carta común de derechos y obligaciones de los migrantes con efectividad real, pues el convenio internacional para la protección de los trabajadores migrantes y de sus familias, adoptado en 1990 por la Asamblea General de Naciones Unidas y ratificado, después de un laboriosísimo proceso de casi 20 años, por sólo 37 Estados, apenas funciona. Ni siquiera el Foro Mundial para la Emigración y el Desarrollo de la ONU, ambiciosa creación del entonces secretario general, Kofi Annan, animado por el esforzado Peter Sutherland, ha llegado a convertirse en el instrumento de promoción normativa y de coordinación ejecutiva que se necesita.

Calificar de progresista, como se ha hecho, la aprobación de la última directiva europea que regula, de manera injusta, la expulsión de inmigrantes y la deportación de menores es una nueva provocación del derechismo dominante. En cualquier caso, las razones para rechazarla han sido presentadas con fundamento y consistencia en la columna de Soledad Gallego-Díaz del 20 de junio en este diario y a ellas me remito. Pero no sin apostillar que en esta sociedad de penosa dominación mediática, nada hay más movilizador, a favor o en contra, que su carga simbólica. Y que en este caso, el aura negativa de la directiva lamentablemente aprobada es abrumadora. Con lo que el problema sigue en pie y la responsabilidad en este tema de quienes nos hemos apuntado al progreso no ha variado. Seguimos comprometidos en la promulgación de una carta común de referencia sobre las migraciones que, aunque no logremos que sea obligatoria, tenga al menos una fuerte capacidad indicativa y funcione como código inspirador del organismo mundial que hay que habilitar con urgencia. En él, los Estados estarán acompañados por las organizaciones regionales y las colectividades locales, así como por las empresas, los sindicatos y las ONG nacionales y transnacionales, con el fin de asociar poderes políticos y sociedad civil, única garantía de legitimidad y de eficacia.

José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela.

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Fue posible. En peor momento, de Soledad Gallego-Díaz en El País

Posted in General by reggio on 1 agosto, 2008

“La eficacia del Tribunal Constitucional depende de la independencia de sus magistrados y de la no consideración del tribunal como una continuación de la política por otras vías (…) Es posible que los magistrados tengan unas ciertas simpatías ideológicas o determinados criterios sobre problemas económicos, sociales o culturales, pero todo ello se pone entre paréntesis en el momento en el que se es juez (…) Esto no es sólo una condición de la magistratura constitucional sino de todas las especies de magistraturas. Un juez puede tener un criterio sobre el divorcio, pero cuando juzga un caso tendrá que aplicar la ley y no otra cosa”. Quien así hablaba fue el primer presidente del Tribunal Constitucional español, Manuel García Pelayo.

García Pelayo no era un ingenuo que desconociera el funcionamiento de la justicia y de la política española de la época. En aquellos momentos era, probablemente, el mejor y más reconocido experto español en derecho constitucional, aunque llevara años ejerciendo su magisterio en la Universidad de Caracas. Simplemente sabía que ningún Tribunal Constitucional del mundo puede desarrollar su función sin esa total independencia de criterio. Lo ingenuo no era exigirla, sino pensar que se podía mantener el prestigio y la eficacia de un tribunal semejante sin demostrar, día a día, la autonomía de sus integrantes respecto al Gobierno, a los diferentes partidos políticos y a todo tipo de instituciones, incluidas, por supuesto, las religiosas.

En un país en el que tanto se reivindica la memoria histórica no estaría mal que se recordara también lo que pasó no hace un siglo sino algo más de 20 años. Los magistrados (y magistradas, puesto que había una mujer) de aquel primer Tribunal Constitucional fueron nombrados por el Gobierno de UCD (dos), por el Congreso de los Diputados (cuatro), por el Senado (cuatro) y por el Consejo General del Poder Judicial (dos). Eran momentos difíciles, bastante más difíciles que los actuales, con una situación económica muy deteriorada y con una actividad terrorista brutal (más de 90 víctimas en 1980).

En esas circunstancias, los miembros del Constitucional fueron capaces de hacer caso omiso de las indicaciones del Gobierno, que hizo llegar su deseo de que Aurelio Menéndez fuera elegido presidente. Los magistrados decidieron, por unanimidad, designar a García Pelayo, en reconocimiento a su mayor magisterio y prestigio. Así, un catedrático emigrado, que había sido oficial de Estado Mayor de la República, se convirtió en el primer intérprete de la recién aprobada Constitución. García Pelayo, un hombre independiente, fue la primera demostración de la independencia del tribunal. Menéndez, ilustre jurista y un caballero muy discreto, esperó unos meses para presentar su dimisión y volver, sin el menor ruido, a su cátedra. “Es fundamental que todos los actores de nuestra vida política renuncien a la tentación de hacer del tribunal un órgano político”, aseguró.

Todo esto viene a cuento de la próxima renovación del Tribunal Constitucional y de la exigencia que debe tener toda la sociedad para evitar que se reproduzcan las manipulaciones cometidas en los últimos años. No es una ingenuidad exigir que los nuevos magistrados sean, por encima de todo, independientes y competentes. No hacerlo no es una lección de pragmatismo político sino de grave y peligrosa dejación democrática.

Los nuevos magistrados deben ser independientes y deben, además, parecerlo, porque llegan a un tribunal que ha estado sometido a presiones políticas intolerables y que necesita, urgentemente, recuperar la discreción y el prestigio. De nada valdrá que los dos principales partidos del país, PSOE y PP, hayan alcanzado un acuerdo para la necesaria renovación de cinco de los 12 magistrados del tribunal si esa renovación se produce, de nuevo, con criterios inexplicables, por no hablar de decisiones de carácter claramente partidista.

Los ciudadanos con memoria sabemos perfectamente en qué consiste la independencia de ese tribunal: en exigir las condiciones que explicitó García Pelayo en 1980. Y si para evitar que lleguen al tribunal candidatos indeseables no queda más remedio que ejercer el derecho de veto, ejérzase y plántese cara, de una vez, al deterioro irresponsable de una de las principales instituciones de este país.

(Entre los nombres de los candidatos que ya empiezan a circular figuran algunos que pertenecen a organizaciones religiosas católicas muy conocidas por su fuerte militancia contra el derecho a abortar. ¿Sería posible que, llegado el momento, los diputados y senadores ante los que deberán comparecer esos candidatos les exijan una declaración expresa en el sentido de que su creencia y militancia religiosa no influirá en su criterio cuando tenga que interpretar la Constitución y analizar la nueva ley de interrupción del embarazo? ¿O que se comprometan a no participar en esas deliberaciones?).

solg@elpais.es

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Nosotros los liberales, de Joaquín Calomarde en El País

Posted in Política by reggio on 1 agosto, 2008

La historia de las palabras es fundamental a la hora de saber de qué hablamos. Mucho más si lo hacemos del término liberal. Hoy, todo el orbe político se califica como tal, en detrimento del sentido profundo de ese concepto, que ni es unívoco ni significa lo mismo en la tradición anglosajona o en la continental europea. Así pues, voy a la búsqueda de la tradición española, y encuentro en el Tesoro de la Lengua Castellana de Sebastián de Covarrubias (1611) la siguiente definición de liberal: “Generoso, bizarro y que, sin fin particular ni tocar en el extremo de prodigalidad, graciosamente da y socorre; no sólo a los menesterosos, sino a los que no lo son tanto, haciéndoles todo bien”.

Entrañables palabras que concurren al sentido cervantino de la liberalidad expuesto por don Miguel en las Novelas ejemplares o El Quijote, y que identifica al liberal como la persona en la que se encarna la liberalidad; esto es, el desprendimiento, la generosidad, la inclinación a dar a las personas lo que tiene y la toma de partido a favor de la libertad. Recuérdese al respecto el maravilloso verso de Cervantes: “Y he de llevar mi libertad en peso / sobre los propios hombros de mi gusto”. Pues se es liberal, precisamente, por esto: por gusto, por la imposibilidad vital y racional de ser otra cosa.

Bien lo expusiera Gregorio Marañón en sus Ensayos liberales cuando escribía: “Ser liberales es, precisamente, estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin. El liberalismo es, pues, una conducta y, por tanto, mucho más que una política. Y, como tal conducta, no requiere profesiones de fe, sino ejercerla de un modo natural, sin exhibirla ni ostentarla. Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio o como por instinto, nos resistimos a mentir”.

En Cádiz, en la Constitución de 1812, se insiste en la misma idea de Covarrubias y Cervantes. El liberal es el amante de la liberalidad, la dadivosidad, el desinterés, el despego, el desprendimiento, la esplendidez, la guapeza, incluso la hidalguía, largueza, rumbo y tronío. Así pues, en español, el liberalismo es sinónimo de la cualidad propia del liberal; es decir, del conjunto de ideas y conductas que amparan y defienden entrañablemente la libertad social e individual. Podríamos ensayar una definición del liberalismo diciendo que no es sino la organización social de la libertad de todos.

Nada más lejos, pues, del espíritu liberal que el dogmatismo partidario, incluido, claro, el de los liberal-leninistas (en magnífica expresión de Rubert de Ventós) o los neoconservadores al uso, que reducen este término a una expresión exclusiva de mercantilismo anarco-conservador y a la socorrida teoría del Estado mínimo y de la privatización del derecho y de las instituciones democráticas representativas.

En España, hoy día, no existe un partido liberal. Ignoro si tal opción, aquella que prima al individuo y a la sociedad civil frente al Estado, podrá tener cabida en nuestro futuro institucional. No, desde luego, con nuestra actual ley electoral (que, a mi juicio, cabe mejorar reformándola por consenso y con alcance universal). Ahora bien, lo que sí cabe afirmar es lo siguiente: el PP no es un partido liberal, habiendo, como hay, liberales en el PP; el PSOE no es un partido liberal, habiendo, como hay, social-liberales en la izquierda española…, y no tenemos tercera opción.

¿De qué opción hablo? Del necesario centro democrático y liberal. Una opción de esa naturaleza estabilizaría nuestro sistema parlamentario; influiría de forma decisiva en nuestra política general, y ayudaría a vertebrar más y mejor la realidad española. Sin ataque alguno a los nacionalismos democráticos, donde también, claro es, hay liberales (y tradiciones liberales, como por ejemplo el fuerismo liberal vasco o gran parte del nacionalismo democrático catalán); practicando con ellos el diálogo y la búsqueda de acuerdos y consensos generales en el seno del Estado de derecho y dentro del marco que establece la Constitución.

Ese espacio liberal, que busque conjugar lo mejor del pensamiento de Stuart Mill, Condorcet o I. Berlin, es absolutamente necesario en España. Un liberalismo profundamente democrático, que cree en la libertad del mercado, por supuesto, pero siempre dentro de la ley, el derecho y el Estado. Un liberalismo institucionalista, que combina la libertad soberana del individuo con su plasmación concreta en las instituciones democráticas que la amparan, justifican y avalan. Un liberalismo europeísta, que no reniega de la relación Unión Europea-Estados Unidos, pero no proclama el modelo americano como el futuro del modelo social, económico, político y jurídico europeo. Un liberalismo que apuesta por la globalización humanizadora para todas las sociedades del planeta, que tienen derecho, lo mismo que las nuestras, a la libertad y a la democracia. Y que lo haga fomentando los foros internacionales que amparan el derecho y la legalidad internacionales. En suma, un liberalismo humanista por cuyo futuro conviene trabajar desde ahora mismo en España.

Joaquín Calomarde, ex diputado al Congreso, es catedrático y escritor.

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Lectores de Ángel González, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Cultura, Educación, Literatura, Sociedad by reggio on 1 agosto, 2008

Podría hablarse de dos minorías muy significadas y selectas en nuestra heroica y muy novelada ciudad. La primera estaría compuesta por todas aquellas personas que no recibieron en las calles de Oviedo abrazos de don Antonio Masip. La segunda, y más reciente, la de los lectores de Ángel González que, sin embargo, no tomaron copas con él en la noche vetustense. No puedo no preguntarme si algunos se consideran copartícipes de la gloria del poeta por tal motivo, porque, a juzgar por ciertas actitudes, pudiera llegar a pensarse que algo de eso hay. Y, sin embargo, no logro explicarme que, habiendo sido el poeta profesor de nuestra Universidad, por muy poco tiempo, eso sí, apenas existan testimonios de los que tuvieron la suerte de asistir a sus clases. Nada descartable sería pensar que esa experiencia les pudo haber aportado a estos últimos no menor satisfacción y aprendizaje que a los compañeros de farras. Pero el hecho es ése. Se airean las copas en interminables noches y se silencian las clases recibidas. ¡Oh, la bohemia!

Por otro lado, no seré yo quien me pronuncie, tras haber leído atentamente los artículos que publicó en este periódico don Ignacio Quintana, acerca de cuál sería la ubicación más idónea para la sede de una especie de Fundación que llevase el nombre del poeta. Mejor será que decidan los expertos a partir de la disponibilidad de espacios.

En el palacio del conde de Toreno, la proximidad de los escenarios regentianos darían mucho de sí, por no hablar de la vecindad que allí tendría con los muchísimos títulos que tratan de Asturias. En el Fontán, la cercanía de don Ramón también tendría un interés enorme. En cualquier caso, la figura de Ángel González merece, sin duda, tener parada y fonda en la ciudad que lo vio nacer y que tan magníficos poemas le inspiró. A tal efecto, sólo cabe esperar que se tome la decisión más adecuada.

Dicho esto, yo me atrevería a abundar en lo pesadísimo que está resultando que, desde la muerte del poeta, cada vez que se le nombra, más que de su obra, de lo que se habla es de sus amigos, mentores y recitadores, que llegan a casi todo, incluso a recordarnos algunos supuestos enemigos que tuvo en los últimos tiempos.

Asturias, y, con ella, todo el universo literario, no puede ni debe prescindir de Ángel González. Eso es indudable. Pero acaso no sería no pertinente rogar que se nos permita acceder a su obra sin tantos intermediarios de una supuesta «gauche divine» llariega. Pero acaso sería reivindicable que algunos políticos no pretendiesen ocupar lugares que no les corresponden. Permítanme, a este respecto, decir la perogrullada que sigue: si hay dirigentes políticos que declaran haber sido grandes amigos del poeta, eso no les convierte en coautores de su obra, ni tampoco en críticos literarios ni en teóricos de la literatura. El presidente de todas las Asturias seguro que sabe que no es Dámaso Alonso.

La poesía de Ángel González aborda dolores e injusticias, sinsabores y miserias que pueden y acaso deben ser leídas más allá de un contexto inmediato en que fueron escritas. Y, en todo caso, más allá de decidir una sede para su Fundación, más allá del fomento del estudio de su obra, más allá de acercar su poesía a todos aquellos que quieran disfrutarla, conviene dejar el espacio libre entre el poeta y su público lector.

No fueron sus compañeros de copas quienes lo convirtieron en gran poeta. No fueron los dirigentes políticos, tan dados algunos de ellos, a escribir prólogos a obras maestras los que hicieron grande la poesía de Ángel González.

¿Sería mucho pedir que no se invadiese un espacio que no corresponde más que al poeta y a sus lectores? ¿Sería mucho pedir que nos permitan leer y releer a Ángel González sin necesidad de que acudan aquí a cantarnos y a contarnos unas excelencias a las que podemos acceder sin determinados intermediarios? ¿Sería mucho pedir que se dejase de jugar a una pantomima de «gauche divine» que, como tengo escrito, es tan regentiana y tan provinciana como la mayoría de los personajes clarinianos?

¿Nos obligarán a considerar seriamente la conveniencia de crear esa asociación de lectores de Ángel González que no hemos tomado copas con él, asociación que tendría como primer objetivo librarnos de aquellos que no se resignan a dejar expedito el camino entre el poeta y sus lectores?

A todo gas, naturalmente, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 1 agosto, 2008

Se anuncia la opa que Gas Natural, con el respaldo de sus dos grandes accionistas Repsol y Criteria, el holding industrial de La Caixa, va a lanzar sobre la eléctrica Unión Fenosa, donde reinaba el admirado Florentino Pérez de ACS. Se cumple aquello de que a la tercera va la vencida, después de los intentos fracasados de Gas Natural respecto de Iberdrola y de Endesa. Todavía resuena el numantinismo constitucional de Manuel Pizarro, dispuesto a defender la plusvalía de los accionistas y capaz de convencer al común de la población de que todos saldríamos ganando al mejorar a los propietarios de la compañía. Luego hemos averiguado que quienes compran al precio más alto quieren repercutir esos costes en el consumidor y buscan la elevación consiguiente de las tarifas.

Al final, el revés de la trama reveló también las habilidades desplegadas como impulsor y desalentador de diversas iniciativas en este campo por el entonces director de la Oficina Económica del Presidente, Miguel Sebastián, que, después de prestarse a ser candidato a la alcaldía de Madrid cuando Zapatero sólo cosechaba negativas, ha recibido en premio el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.

Pronto vuelve la burra al trigo y estamos advertidos por el proverbio bíblico que prescribe aquello de ‘no pongas bozal al buey que trilla’. Además, sabíamos por tantos antecedentes históricos que donde muchos ven la ruina, algunos más perspicaces atisban la fortuna, encuentran entre las basuras las buenas ocasiones, como sucedió en Valdemingómez con nuestros rehabilitados Albertos, que tantas tardes de gloria nos dieron.

Ahora nos repiten las autoridades y los expertos que se han terminado los tiempos de la energía abundante y barata y que debemos adaptarnos a su escasez y carestía. Unas dobles parejas, en cada una de las cuales el segundo término resulta ser una función dependiente del primero. Así, la baratura se presenta como consecuencia inexorable de la abundancia, de la misma manera que la carestía ha sido aceptada como derivada necesaria de la escasez. Si para representar los valores de la variable escasez-abundancia elegimos el eje de las abscisas y en el eje de ordenadas representamos los precios (correspondientes a los valores de la función carestía-baratura), la intersección de ambos valores sobre el plano dibuja la curva geométrica de la función precios y ofrece el cumplimiento en cada caso de la ley de la oferta y la demanda, que viene a ser para los economistas lo mismo que la ley de la gravitación para los físicos newtonianos.

Claro que en la mecánica clásica a la ley de la gravitación no se le conocen excepciones, mientras que la ley de la oferta y la demanda presenta incumplimientos clamorosos, agujeros negros, espacios ingrávidos, pendientes de ser explicados con un mínimo de coherencia, abriendo campo al papel desempeñado por la manipulación y las especulaciones.

Así, por ejemplo, seguimos a la espera de conocer por qué el incremento de los precios de la vivienda ha podido producirse en paralelo con la multiplicación exponencial de su oferta. Pero volvamos al gas, y por el gas a la energía eléctrica, una cuestión que echa chispas, porque teníamos pendiente desde hace semanas dar cuenta de los comentarios que el informe complementario de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) sobre precios y costes de la generación de electricidad.

Veamos que la reacción de las compañías eléctricas ha sido contundente y que no han dudado en impugnar los planteamientos de la CNE, que en su opinión carecerían de sustento teórico y estarían basados en datos falsos utilizados deslealmente y con una clara intencionalidad intervencionista.

Uno de los argumentos de las compañías del sector es que en todas las actividades en competencia -como la propia generación eléctrica- el precio se establece de forma marginalista, ‘que nadie vende un mismo bien a distinto precio en función de cómo lo produzca’ y que ‘en cualquier mercado libre, el precio no lo determinan los costes, sino la oferta y la demanda’. Por eso acusan a la CNE de propugnar veladamente que cada tecnología de producción con costes diferentes tenga una retribución diferenciada y parecen advertir en esa pretensión un regreso al control público de los costes y al marco legal estable.

Claro que si hay un sistema tarifario bajo control público, las pretensiones de la CNE sobre los costes tampoco pueden presentarse como absurdas sin más. En todo caso, la imposibilidad de concluir el programa de la asignatura de la energía nos obliga a emplazar a los interesados para septiembre. Vale.

Miguel Ángel Aguilar.Periodista

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La crisis inmobiliaria durará como mínimo cuatro años y será tan dura como la de Irlanda. de J. R. Estévez Pozo en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 1 agosto, 2008

Se puede decir más alto pero no más claro: España sufrirá un ajuste inmobiliario de, aproximadamente, cuatro años y será más intenso en actividad que en precios. Esta es la principal conclusión del estudio Situación Inmobiliaria, del BBVA, que además apunta que nuestro país vivirá una de las mayores correcciones junto a Irlanda y a Dinamarca.

“El ajuste será largo y la aplicación de los planes de infraestructuras tendrá un impacto positivo, sobre todo a largo plazo, pero de magnitud limitada”, afirma José Luis Escrivá, economista jefe del Grupo.

El choque financiero global ha provocado un severo deterioro del entorno internacional. Las tensiones en los mercados financieros han repuntado durante las últimas semanas, lo que condicionará más aún la posibilidad de la financiación. No hay que olvidar que el aumento de la inflación está erosionando la capacidad de compra de los hogares.

El ajuste inmobiliario está siendo generalizado en los países de la OCDE. Para encontrar la razón de esta debilidad “hay que apuntar en dirección a los factores financieros”: la subida de los tipos de interés a partir de finales de 2005; la desaceleración en Estados Unidos y en algunos países europeos, y, sobre todo, la crisis financiera desencadenada en el verano de 2007.

Ajuste intenso en España

Desde mediados de 2006 el mercado residencial español está inmerso en un período de ajuste, intensificado en los últimos meses. Este proceso está siendo más intenso en cantidades que en precios.

El ajuste de la actividad constructora se está acentuando desde el segundo semestre de 2007. Si vamos más atrás en el tiempo, comprobamos que los visados de obra nueva residencial se vienen desacelerando desde septiembre de 2006. Esta sorpresa de crecimiento a la baja también se registra en las transacciones de compraventa de vivienda: en marzo de 2008, mostraron caídas del 32% para la vivienda usada y del 13% para la vivienda nueva.

Por otro lado, el ajuste de los fuertes crecimientos de precios observado durante los primeros años de la década se inició en 2005. La dinámica de crecimiento moderado ha continuado hasta la actualidad, de manera que en junio de 2008 se presentó un crecimiento del 2% interanual.

La obra pública compensará parcialmente

En dos de las tres últimas desaceleraciones, la tasa de inversión en infraestructuras aumentó, contribuyendo a suavizar el ajuste. Las infraestructuras “tendrían un impacto positivo y significativo pero sería a largo plazo”, tal y como afirma Escrivá. No obstante, como instrumento de estabilización económica en España, si impacto es limitado.

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Iberia y British. La fusión fantasma que nunca se concretará, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 1 agosto, 2008

Me encanta cuando la gente hace de la necesidad virtud, la verdad. Miren, si no, ustedes al presidente de Iberia, Fernando Conte. Un crack. Resulta que la aerolínea de bandera española tiene un socio, British Airways, que le viene complicando la vida desde tiempo inmemorial; que ha estado como el perro del hortelano, sin comer pero impidiendo que otros lo hagan -ni contigo ni sin ti, amor mío-; que le ha mirado siempre con la falsa superioridad de quien se cree todavía parte de un vasto imperio geográfico; y que se ha mostrado extraordinaria rácano y corto de miras en sus planteamientos comerciales. Una joyita, vamos, con sus propios y profundos problemas internos, tanto operativos como financieros. Y resulta que, pese a todos estos antecedentes, cuando el paso de los años y el deterioro evidente del entorno hacen más necesaria que nunca la búsqueda de un compañero que apoye y sostenga a la firma española, ésta elige un aliado tan poco fiable como la compañía británica y consuma su unión en el lecho de una fusión que llega cogida por las pinzas de las urgencias y cuyo desenlace final es de todo menos cierto. ¿Por qué?

Bueno, no hagamos que paguen justos por pecadores. Esta es la fusión de Cajamadrid, verdadera alma mater del proyecto. Sólo así se entiende la precipitación de un anuncio sin ecuación de canje fijada, sinergias potenciales de ingresos o costes a obtener estimadas ni, y éste es un matiz sustancial en todo este proceso, estructura de organigrama establecida. Harta de ver cómo sus acciones en Iberia transitaban de forma mortecina por el parquet a la mitad del precio al que políticamente comprara el año pasado, 3,60 euros, casi nada, la caja ha dicho enough is enough y ha decidido tirar por la calle de en medio. Una apuesta, sin duda, con un enorme riesgo potencial por varios motivos. El primero y principal es que va a poner de manifiesto la capacidad de los directivos de la entidad financiera para gestionar adecuadamente un paquete accionarial significativo, llamado a formar parte de una Corporación Cibeles que ha pedido su turno para salir a bolsa. Se trata de una prueba de fuego que no debería a escapar del escrutinio severo del mercado. De momento el comienzo es de todo menos alentador. Nadie invita a una boda sin indicar la hora, la iglesia o el juzgado y el lugar de celebración. Pues bien, en la tarjeta que han recibido el resto de los accionistas, mayoritarios o minoritarios, todos estos pequeños detalles no se encuentran visibles lo que hace que la unión, de momento, sea más fantasma que real.

Hay un segundo considerando de riesgo y es el plazo acordado para fijar los términos definitivos de la transacción. Para este escéptico McCoy que les escribe ya desde la playa, un elemento clave para entender las posibilidades de que la operación salga o no definitivamente adelante para gloria o condena de sus impulsores. Vamos a ver, aun entendiendo que pueda haber una serie de limitaciones temporales derivadas de la aprobación de las autoridades correspondientes, el dar un margen de doce meses para concretar las condiciones finales del acuerdo es una forma tácita de poner de manifiesto las dudas sobre su concreción final. Un plazo tan amplio otorga un cierto margen de maniobra a los accionistas más disconformes, permite reaccionar a la competencia y puede propiciar un potencial cambio de escenario que haga innecesarias las urgencias que alientan el pacto. Se trata de un periodo, a mi juicio, excesivo que es un contrasentido si es que las compañías verdaderamente desean su unión. Sería bueno que alguien explicara el por qué de la laxitud temporal si, intuitivamente, uno puede ver que se trata de un resorte de supervivencia, probablemente inevitable, que ayuda a optimizar rutas, centralizar aprovisionamientos y proteger cuotas de mercado. Desaprovechar la tracción inicial y no limitar la incertidumbre pueden dar al traste con la operación para vergüenza de sus impulsores.

Por último están los economics de la operación, un tercer aspecto a tener en cuenta para ver si este teatrillo corporativo concluye en drama o en comedia. Algún periódico nacional, en un alarde de patriotismo, ha afirmado sin rubor que Iberia forzaba a British a una fusión entre iguales tras la compra de un paquete de acciones, directo y a través de derivados, cercano al 10%. Una, grande y libre, sí señor. Bueno, les garantizo que es un aro por el que la británica no va a pasar, como publicó ayer este mismo Cotizalia con base en un informe sobre el particular de Citigroup. De materializarse finalmente la unión, se tratará de un acuerdo desigual donde el peso, y por tanto la capacidad de decisión, recaerá en mayor grado en British Airways. A partir de ahí las sinergias serán las que determinen la creación de valor que se derive de la transacción. Aunque el abanico de opiniones es muy desigual, si nos situamos en la parte central de rango del mercado, 500 millones de euros, lo traemos a valor presente, ya que se generarán durante varios años, y le aplicamos múltiplos sectoriales a nivel Ebitdar (beneficios antes de intereses, arrendamientros financieros, depreciaciones, amortizaciones e impuestos), para limitar el impacto contable y fiscal, tareas estas últimas que obvia el analista del Citi, la aportación adicional estaría, en principio, en el entorno de los 1.300 millones de euros. Repartidos proporcionalmente entre ambas compañías (dos tercios BA y un tercio Iberia), el efecto sobre la sociedad española sería de 0,40 euros por acción sobre un precio objetivo ex ante cercano a los dos euros. Total 2,40 euros como recompensa máxima con un riesgo de ejecución innegable.

Conclusión. Aunque no necesariamente todo lo que empieza mal termina necesariamente mal, la posible fusión entre Iberia y British, en la forma en que está concebida de partida y con todos los interrogantes que pesan sobre ella, tiene pocos visos de salir adelante salvo que haya una conjunción de circunstancias que, a día de hoy, están lejos de materializarse. Tal y como señalaba el miércoles la Lex Column del FT, la comparativa con Air France y KLM no es válida porque allí estaba claramente identificado quién era el adquirente y quién el comprado, cosa que no ocurre ahora. British necesita la caja de Iberia, no hay duda. Iberia necesita crecer para no quedarse en un mero operador de ámbito reducido, es evidente. Pero el camino hacia un punto de encuentro que satisfaga a ambas partes va a ser complicado siendo más importantes, probablemente, las cesiones que las conquistas. ¿Quién cederá más? El deseo de Cajamadrid puede verse, por tanto, frustrado. Una más en la frente en un año que empieza a ser horribilis para la caja. Claro que, el que tiene boca, se equivoca. Y puede ser perfectamente el caso. Y les digo una cosa: la sospechosa coincidencia del anuncio del acuerdo con el anticipo de que los resultados se conocerán el próximo cinco de agosto hace imaginar lo peor.

Nada más. Acaba el cole, al menos para mí, por lo que nos veremos de nuevo en septiembre. Muchísimas gracias por estar ahí todos los días. El éxito de esta columna, que personalmente me abruma, es el éxito de todos ustedes que hacen de ella, con sus comentarios y sugerencias, un punto de encuentro pleno de inteligencia y conocimiento. Aprendo cada día algo nuevo en su compañía y trato, simplemente, de que a ustedes les suceda lo mismo. Mis opiniones son todo lo válidas que pueden ser las de cualquier otro. Ni más ni menos. Siento de verdad si mis errores de apreciación les han podido provocar algún quebranto económico. Es una responsabilidad que se me escapa pero que me afecta, sin duda. Trataré a la vuelta de ser menos cenizo. Siempre he creído que mi tarea era aplicar el sentido común a lo que pasa, anticipar lo que está por venir y educar al lector en la medida de mis limitadas posibilidades intelectuales. Y la realidad es la que es. Esta gran familia que es El Confidencial es su casa y la mía. Aunque servidor baja las persianas y echa el cierre temporal a su negociado, seguimos contando con su fidelidad en agosto. Pasen sin llamar. Felices vacaciones a todos.

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Rouco, un hombre de poder en Moncloa, de José Antonio Zarzalejos en Estrella Digital

Posted in Derechos, Política, Religión by reggio on 1 agosto, 2008

La entrevista del cardenal de Madrid con el presidente del Gobierno, hoy en la Moncloa, tiene un valor simbólico especial. Porque acaece cuando desde el PSOE y el Gobierno se prometen medidas de corte laicista, y normativas que incidirán en la actual despenalización del aborto —para facilitarlo— y en lo que se denomina eutanasia, estando las espadas en alto respecto de la asignatura de Educación para la Ciudadanía que una parte de la jerarquía eclesiástica —y Rouco Varela desde luego— quiere evitar mediante la objeción de conciencia de los padres. Y por supuesto, media entre ambos interlocutores la COPE, o mejor dicho, Federico Jiménez y sus conmilitones que depredan la radio de los obispos, al parecer, con el beneplácito de muchos de ellos, y específicamente con el visto bueno del presidente de la Conferencia Episcopal, que parece ser uno de sus más decididos valedores.

En alguna ocasión ya he escrito que a Rodríguez Zapatero le va bien la COPE actual porque deteriora la imagen y la credibilidad de la Iglesia en España e introduce serias contradicciones en la derecha política. ¿Por qué habría Rodríguez Zapatero de reclamar al cardenal que evite al injuriador y difamador —según recientes sentencias que le han condenado tanto por injuria como por difamación— cuando presta servicios tan caros al PSOE y propio Gobierno? Si el presidente hubiera querido, Jiménez y su entorno no estarían en la radio de los obispos, cuyos dineros —los de la Iglesia— recauda el Estado que, además, la subvenciona para que alcance la suficiencia financiera que no logra conseguir con las aportaciones —menguantes— de los católicos. Con el tiempo se verá que los mejores servicios que ha prestado Jiménez habrán sido a la izquierda y no a la Iglesia y, mucho menos, a la derecha democrática española.

Pero también el cardenal de Madrid es beneficiario de los despropósitos de Jiménez: la desmesura del radiofonista le confiere al prelado un estatuto de poder social y político que sin el turolense no tendría. Por el despacho arzobispal de la calle San Justo de Madrid pasan líderes políticos, empresarios y profesionales interesando del señor cardenal que Jiménez deje de zaherirles, atacarles e insultarles. Y el teléfono del cardenal registra llamadas petitorias: desde S. M. el Rey, que recrimina a don Antonio María Rouco Varela que desde la emisora de los obispos se reclame su abdicación y se zahiera al Príncipe de Asturias y su esposa, hasta de Rajoy, que reclama un poco de moderación y respeto. El arzobispo de Madrid siempre responde de la misma manera: “haré lo que pueda”; “ese asunto es responsabilidad del Consejo de la COPE” y “rezaré para que se convierta (Jiménez)”. Esto que relato no es una fabulación: me consta y, en alguna ocasión, de manera personal y directa.

Rodríguez Zapatero y Rouco Varela saben perfectamente que esta situación está ya agonizando y que Jiménez ha dado de sí cuanto podía. El radiofonista será arrojado a la cuneta cuando su utilidad para unos y para otros —él siempre ha sido un conseguidor de logros apetecidos por ajenos que han utilizado su visceralidad y obcecación— sea puramente marginal. Comienza a serlo y muy pronto Jiménez será el objeto de transacción para sentar un modelo de relación entre la jerarquía y el Gobierno acorde con los aires de esta nueva legislatura, una vez que el PP se ha apeado del 11-M y la extravagancia y el Gobierno, con la crisis a cuestas, haya cesado, de momento, de perpetrar desaguisados, dividir a la sociedad española y cargarse los valores que cohesionaban la convivencia nacional.

Pero aún queda tiempo para que el esquema de relación Iglesia-Estado se normalice, entre otras razones porque Rouco Varela quiere vender cara la cabeza de Jiménez. El cardenal de Madrid es un canonista especializado en las relaciones entre la Iglesia y el Estado en el siglo XVI (fue su tesis doctoral elaborada en Múnich) y sostiene —ahí están todos sus escritos al respecto— unos criterios según los cuales la Iglesia debe disponer de un estatuto de poder real en la sociedad y en el entramado político. Rouco Varela es un cardenal que se niega a aceptar la reformulación necesaria de la forma de estar de la Iglesia en la sociedad contemporánea. Y para resistir emplea desde un Jiménez en la COPE —en detrimento del ideario de la cadena, hasta el punto de consentir el insulto de “masón” espetado por locutor al Nuncio de S.S. el Papa en España o la agresión institucional a la Corona o el menosprecio al cardenal de Barcelona— hasta el “ejército” de los “kikos” (los neocatecumenales), que son los que le movilizan la archidiócesis cuando lo considera oportuno, todo ello en detrimento de cualificados profesionales católicos en el ámbito de la radio o de institutos religiosos como la Compañía de Jesús o el Opus Dei, instancias de las que recela por su autonomía e independencia de criterio.

Rouco Varela, además, es un hombre ambicioso porque, aunque condicionado por achaques de salud, dio un sibilina batalla para descabalgar de la presidencia de la Conferencia Episcopal al pastoral y moderado titular de la diócesis de Bilbao —Ricardo Blázquez— y encaramarse de nuevo él en el sillón de mando que consiguió por un voto de diferencia después de proponer a dos nuevos obispos —uno de ellos su actual auxiliar, Martínez Camino— que fueron los que le dieron la victoria sobre el prelado de la capital de Vizcaya. Así es el arzobispo-cardenal de Madrid: un hombre de poder y para el poder. Y esas sus características explican la postración de la Iglesia en España, que refleja en una revista —Alfa y Omega, distribuida cada jueves con ABC— en la que sonroja contemplar el “culto” a la personalidad que se rinde al prelado gallego como si la jerarquía se quintaesenciase en su persona y en su criterio. Y Cañizares, primado de España y arzobispo-cardenal de Toledo, otrora aliado de Rouco, se ha dado perfecta cuenta de todo esto que relato sin ápice alguno de especulación.

Pues bien: con este hombre de la Iglesia, con su poder y con su capacidad política e intelectual, habrá de vérselas hoy el presidente del Gobierno, que sabe muy bien con quién está jugando la partida. Mientras tanto, Rajoy, al fondo, permitiendo —por acción y por omisión— que el prelado en cierta medida le suplante.

Sebastián se sale por la tangente, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 1 agosto, 2008

A Miguel Sebastián se le ha ocurrido la luminosa idea de presentar un plan de ahorro energético en plena crisis del petróleo, la tercera crisis del petróleo, como él mismo reconoce. No es mala idea, entre otras cosas porque hace ya tiempo que se viene reconociendo que una de las principales fuentes de energía es el ahorro y nada mejor que disciplinar a la gente en el consumo para evitar el dispendio. Habría que hacer también, por el mismo motivo, un plan de ahorro del agua. Ambos, energía y agua, son bienes escasos y por ello exigen que los economistas se ocupen del asunto. Al fin y al cabo, la economía es el arte (nadie se atreve a llamarla “ciencia”) de administrar de forma eficiente los bienes escasos, como nos enseñan de pequeños.

Pero si la oportunidad era buena, el resultado dista de haber gozado de éxito de crítica. Será porque los periódicos tenían poco sobre qué editorializar el jueves por la mañana, pero lo cierto es que a Sebastián le han puesto tibio, tanto que un medio generalmente afín al poder socialista ha dicho que su plan de medidas de ahorro energético, el de Sebastián, se parece más a un prospecto de electrodomésticos que a una meditada estrategia de ahorro de energía en todas las vertientes posibles de la vida ciudadana.

Ya en Industria reconocían que el plan en cuestión había sido preparado de forma urgente, lo que es una forma de ponerse la venda antes de recibir la crítica, como si las prisas fueran motivo suficiente como para disculpar la endeblez del resultado. La precipitación con la que se ha preparado el plan de ahorro ha dado pie incluso a alguna adversidad: si Sebastián pretende regalar bombillas de bajo consumo a millones de ciudadanos, resulta ahora que los fabricantes han salido raudos a informarle de que la producción de estas bombillas es insuficiente para tamaño propósito. Es decir, los autores del plan de ahorro parece que no se molestaron en chequear si sus promesas eran técnicamente viables, lo que en efecto confirma que el plan ha sido preparado con notoria ligereza.

Parece necesario preguntarse si los esfuerzos preferentes de Industria en materia energética deberían ir ahora mismo orientados a pergeñar un plan de ahorro, uno más de la docena de planes de estas características que han elaborado los Ministerios de Industria y Energía desde los años 70 del siglo pasado, o más bien a organizar una estrategia de oferta energética a largo plazo, que es realmente lo útil en materia de energía, un sector en el que la demanda está asegurada y en el que las inversiones requieren a veces periodos de hasta dos o tres lustros para convertir en realidad los proyectos. Es, desde luego, una tarea mucho menos vistosa y que no produce efectos inmediatos ni siquiera en la presente legislatura, recién iniciada. Pero si por algo puede pasar a la Historia un titular de Industria y Energía no va a ser por pequeños planes de vida fugaz y utilidad escasa sino por la puesta en marcha de una serie de proyectos industriales que permitan resolver las necesidades de suministro en el futuro, un futuro que se presenta complicado para todo aquellos que depende de los combustibles fósiles.

Industria sigue, por ejemplo, sin tener una política clara con relación a las energías renovables (parte del sector está en abierta oposición con el Ministerio) y sigue sin clarificar su posición ante la energía nuclear, no tanto por razones técnicas como por motivaciones ideológicas, ya que al parecer al presidente del Gobierno le gusta presumir de anti nuclear devoto al que nadie se atreve a llevarle la contraria en asunto de tanto alcance para el futuro de la sociedad española. No es necesario recordar que en Europa hay varios países en pleno rearme energético nuclear (Gran Bretaña y Francia, ninguno de ellos muy alejado de nuestras fronteras). La oferta de energía del futuro es lo que importa porque preparar al país para un estado de emergencia de bajo consumo es una solución que sólo arregla de forma parcial el problema. Bien están los planes de ahorro, pero ahí no acaba el problema, sino que realmente es en donde empieza.

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Agosto, de Pablo Antoñana en Gara

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 1 agosto, 2008

El autor dirige su mirada hacia el gris paisaje actual, que hipoteca viviendas y agosta futuros. Con su habitual estilo, describe desde un realismo sin miramientos una coyuntura en la que «aturde la mordedura del paro y el dinero miedoso se esconde». Repara en el drama de la inmigración, cuando habla de «esos negros que, agotados por la sed, tienen al océano por cementerio». Y habla igualmente de corrupción, de especulación, de conculcación de derechos… de ese «mundo al revés» que es «una interrogación siniestra, sin respuesta alguna».

En este agosto lleno de inquietud, quienes administran nuestra felicidad nos dan cada día noticias desgraciadas, y las recibimos con la resignación del mismo día que vimos la luz por primera vez, la que se nos obligó a aceptar para poder caminar por el viaje de la vida. Cada día un susto, una caída, un sobresalto, como si la cosa no tuviese remedio, o se quisiese aliviar con el discurso florido, la predicación cautivadora, pura palabrería manejada con destreza por los que se otorgaron a sí mismos el procurarnos pedacitos de dicha, «nuestro bien». El acoso del negro porvenir que se aproxima lo atribuyen a la globalización, ciega fuerza mayor como el fuego, el viento o el agua y discuten si el nubarrón es «crisis», «desaceleración» o «estancamiento», pero qué más da. Mientras, aturde la mordedura del paro, el dinero miedoso se esconde, los bancos ayer generosos, hoy esquivos, aparece el expediente de embargo y el ejecutor cobratorio implacable (el viejo «portero» de nuestras antiguas leyes), la corrupción de los electoreros ansiosos de figurar en «la lista», la sustitución, de inmediato, de la «presunción de inocencia» a los detenidos del «entorno» por «la presunción de delito», anunciado en el mismo instante por los medios, antes de pasar por el juzgador.

Usan las palabras con muchos sentidos que siempre fueron propiedad de muy pocos, y con ellas disfrazan, ocultan, quieren apaciguar nuestra rabia, para someterla a doma o domesticación.

No entiendo nada, nada sé, aunque me lo expliquen los expertos en lenguaje esotérico, corre la voz de «ya se venía venir», cuando a toda prisa se convertían los campos en planchas de cemento, los árboles en edificios de cinco pisos, el cielo perdía pájaros, la tierra insectos, hierbas y lombrices. Advierte y culpa con autoridad Moneo hija, arquitecto también, a los del ladrillo el haber tenido como beneficios limpios el 130%, cuando ya pudo bastarles el 20%.

El capitalismo puro y duro, el de siempre, ofreció el cebo del dinero barato, tendieron las redes de pesca de las hipotecas que luego serían rica cosecha aunque forzados grilletes para la gente pobre, y con ello cubrirían los balances generosos de fin de año los bancos. Provechos que según la «escolástica tomista», la del «nacional catolicismo», la que nos enseñarían como precepto dogmático cuando mandaba «Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios», entrarían en la calificación de «préstamos leoninos». Es decir, castigados los réditos excesivos (decían mas del 5%) con pecado mortal. Y vinieron más y más estropicios, teorías de Keynes, de la escuela de Filadelfia, etcétera, que hemos de admitir a ojos ciegas, como lo inexorable de «doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrán responder», y a nosotros como consuelo nos toca «oír ver y callar», el «palo y tente tieso», y el voto.

Aún así todo, nos queda el alivio de saber que, para viajar por el caos de los números, se nos enseñó a leer de corrido, a juntar letras con esfuerzo, y así librarnos en algo de la condición heredada de hijos de cabrero, cavadores de sol a sol, labrantines adeudados, que componían aquella oscuridad del ochenta por ciento del grupo estadístico de «no firma por no saber, y lo hace por mano ajena».

Es que en tiempos fuimos cabreros, soldados rasos en guerras que no eran nuestras, frailes legos de religión hecha para pobres, ornamento en una sociedad en que la caridad reemplazaba a la justicia. Se nos daba todo hecho y agobiados por lo religioso, el trascendente Mas Allá, nos costaba comprender las leyes del juego, es decir la ley del mas fuerte, impuesta y dictada por señores jineteando caballos, obispos y generales, mirándose en espejos de cuerpo entero, con capillita de privilegio donde, reverentes, oían misa particular.

De lo que no estoy seguro es de si estamos mejor o peor, si sabemos o no entender e interpretar las sentencias judiciales, los informes médicos, las oscilaciones de la Bolsa y su porqué, las predicaciones de esos «picos de oro», que se empeñan en darnos todo comido y mascado, como pienso compuesto para descargo de nuestras entendederas, despreciando la autonomía debida para pensar y decidir por cuenta propia. Dudamos en lo más hondo, los hijos de cabrero, de viñador o de arriero sobre cuanto nos rodea, y ya algo es algo.

Pero al mismo tiempo repaso noticias atrasadas y sigo entendiendo nada. He conocido otros agostos en que no había tantas guerras, parecía que con la ONU habían acabado todas, pero se multiplicaron y reprodujeron como epidemia endémica, copia fiel del Medievo. No tenía tanto país el mapamundi, tanta frontera dibujada con pluma y cartabón, tanta disputa a resolver, no con flechas o piedras sino con armas sofisticadas, juguetes en manos de quien acababa de salir de la selva habitada por espíritus en los huecos de los árboles. Las suministraron, las suministran, las multinacionales judeo-cristianas ávidas del petróleo de Obiang, de las maderas de Níger, las esmeraldas de no sé qué país africano, la negritud expulsada por el hambre de tierras que ya eran suyas, desde que Javeh creó al hombre del barro, y a la mujer de una de sus costillas. Esos negros que, agotados por la sed, tienen al océano por cementerio.

Al hacer este exordio o cavilación, cualquiera sabe que transito por país y tiempo que ya no existe, no es el mío, y si me refugio en el pasado es porque me busco y a pedazos me encuentro en desparramadas cenizas, barco astillado. Y en este agosto, además de lo que se avecina, leo, oigo, me dicen, cosas que carecen de sentido, o si lo tienen es como si hubiesen sido recogidas en libro de sucesos imaginarios, difícil de creer por quien carezca de brújula orientadora en el descamino. Parece que la historia de los hombres, desde el principio de los tiempos, la hubiera escrito sin enmienda la misma mano, y su relato es igual a sí mismo, una repetición que de no estar amasada con sangre y muerte sería un sarcasmo.

Este «mundo al revés» es una interrogación siniestra, sin respuesta alguna, con la solemne declaración de los Derechos Humanos, papel mojado, los ofendidos y humillados, la espera que no llega, y mientras tanto vemos con escándalo la foto de los dos principales protagonistas, Bush y Benedicto XVI, dándose la mano, sonrientes. El uno, emperador indiscutido, cómplice al menos de la muerte de miles de humanos en las guerras declaradas y no declaradas, complacido en ser recibido por el Sumo Pontífice de la Catolicidad, que le elogia por la defensa y contribución al «progreso de los valores humanos», y en mérito le entrega la Orden de Cristo, que ya recibió en su día el Caudillo. Y de la visita queda la recomendación para remediar los males del mundo, «rezad, rezad».

Sé que poco o nada puedo hacer para aligerar el drama de los parados, los sin casa, los hipotecados, los jubilados, las viudas, los sin papeles ni derechos, víctimas del fantasma que llaman «recesión», «desaceleración», «enfriamiento» y en el horizonte «crisis». Como hijo de la guerra, la del 36, siento miedo de que aquel tiempo pueda volver, y diré con aquel abuelo que conocí y que al nacer cada nieto exclamaba: «ay, hijo, a qué mundo has venido, a qué mundo».

Pablo Antoñana. Escritor.

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