Reggio’s Weblog

Con los intereses por delante, de Salvador Cardús i Ros en La Vanguardia

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 23 julio, 2008

Hay que recibir con entusiasmo -siempre con una cierta reserva, para evitar futuras depresiones- que el Gobierno y el principal partido de la oposición se hayan puesto de acuerdo para hacer un frente común en la negociación del sistema de financiación que deriva del nuevo Estatut de Catalunya. Hasta ahora, sólo se había producido un acuerdo formal de este tipo cuando nuestros parlamentarios se pusieron de acuerdo aquí y luego presentaron en las Cortes el proyecto de Estatut. La alegría duró poco, y de inmediato se comprobó que Catalunya no sabría defender sus intereses de manera conjunta. Tampoco esta vez. El resultado es conocido. En Madrid “pasaron el cepillo” al Estatut que tenía el apoyo del 90 por ciento del Parlament de Catalunya, luego vino la maniobra chapucera que ha tenido tan graves costes para todos los partidos catalanes -incluso los supuestamente favorecidos- y, finalmente, se llegó al referéndum en un clima de depresión nacional, salvado in extremis por la movilización de las instituciones de orden -casi todas- a los llamamientos dramáticos a favor del sí.

El nuevo acuerdo para la financiación, en cambio, me parece mucho más sólido. No porque Gobierno y CiU hayan cambiado mucho, sino por que ya no estamos hablando de principios sino de intereses. Fue Winston Churchill quien dijo que los países no tenían principios, sino intereses. Y bien, parece que finalmente se ha descubierto un interés común capaz de someter los vagos principios partidistas a las conveniencias nacionales. En cierta manera, podría decirse que la zozobra nacional catalana que va de noviembre del 2003 a julio del 2008 ha mostrado, precisamente, el recorrido que lleva desde la soflama patriótica, cargadísima de principios, a la dura realidad dominada por el pragmatismo de los intereses. Y, de un modo u otro, este camino lo han tenido que recorrer todos los partidos. El discurso del domingo pasado del presidente Montilla ante Rodríguez Zapatero, anteponiendo los intereses de Catalunya y sus ciudadanos a los amores al líder, es justo la expresión de ese viaje que, también retóricamente, había empezado en aquello de que si ganaba Zapatero, ganaba Catalunya, para llegar hasta el pragmático “quien bien te quiere te hará llorar”, anunciado por Montilla.

No se crean que me acabo de caer del caballo, y que a partir de ahora voy a creer a pies juntillas que los discursos políticos anuncian toda la verdad y nada más que la verdad de las cosas. No: los discursos forman parte de la realidad, ya sea para mostrarla, para ocultarla o para enmascararla. Pero, valgan para lo que valgan, no pueden menospreciarse. No se puede matar tot el que es gras,como hacía Felip Puig, considerando que el discurso de Montilla era puro teatro. Teatro lo es todo: también las apariciones en el escenario de Felip Puig, la casa gran del catalanismo, y, en un cierto sentido, lo es la actual apuesta por un frente común. Por no abundar en esos grandes actores, Tarradellas y Pujol, tan versátiles para pasar cómodamente de la tragedia al vodevil y la prestidigitación. De manera que no parece muy inteligente intentar desenmascarar al principal actor justo cuando está a punto de recitar el monólogo que más conviene al país. La gestión de los intereses nacionales exige este tipo de teatralidades. Y la gran novedad es que, en este momento, la teatralidad está al servicio de los intereses y no al contrario como hasta ahora.

Por todo ello, repito, recibo con entusiasmo el frente común, el frente de país, con el cual se va a negociar el nuevo modelo de financiación. Preguntarse si hay tongo en la voluntad de unos u otros, o en el propio acuerdo, es no tener en cuenta que, excepto en las guerras cruentas, el resto de las negociaciones políticas -y de todo tipo- se basa en la capacidad de hacer creíble la amenaza de utilizar toda la fuerza a disposición de cada una de las partes. Lo fundamental es que en esta ocasión se tiene la capacidad de coacción que supone la suma de los diputados de los partidos del Gobierno catalán y de los de CiU. A esta capacidad, debe añadirse el hecho de que los intereses de Gobierno y oposición coinciden, ya que cualquier gestión futura, gobiernen unos u otros, dependerá de lo que ahora se vaya a conseguir. Además, lo que es verdaderamente extraordinario: los intereses particulares de los partidos también coinciden con los de Catalunya. Y por si fuera poco, después de tanta sequía de victorias, incluso de esperanzas, los dioses incluso parecen dispuestos a ser generosos a la hora de acercar los intereses de valencianos y baleares. Sin ironías: mejor, imposible.

Ciertamente, la posición catalana, en estos momentos, es óptima. Y, en consecuencia, la responsabilidad de nuestros dirigentes es máxima. El contexto de crisis económica, al contrario de lo que parece, podría ayudar a asentar unas bases más realistas para el nuevo modelo, sin los engaños fáciles de los tiempos de bonanza. Debemos añadir la circunstancia de un Gobierno más bien frágil en Madrid. Quizás no sea lo más deseable, pero también habría que saberlo utilizar a favor nuestro. Estoy seguro de que España va a comprender mejor las razones de los intereses catalanes que los principios, siempre confusos, de nuestros corazones. Se trata de una gran oportunidad.

salvador.cardus@uab.cat

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