Reggio’s Weblog

¡Noticia¡ ¡Noticia! A las puertas de una recesión, va ZP y descubre a Keynes, de Federico Quevedo en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 10 julio, 2008

Si algo me quedó claro de la entrevista que Gloria Lomana, Julia Otero y Carlos Alsina le hicieron al presidente del Gobierno el pasado martes en Antena 3 es que José Luis Rodríguez Zapatero adolece de alguna clase de afección en la psique muy preocupante. Hasta ahora, los presidentes del Gobierno sufrían de ese mal que se ha dado en llamar el Síndrome de La Moncloa cuyos efectos, en pocas palabras, se traducían en una actitud distante de todos y hacia casi todos, y en algunos casos ese distanciamiento iba acompañado de un cierto desprecio hacia los demás. Lo de Rodríguez va más allá: no es que viva aislado o que niegue la realidad, ni siquiera puede decirse que viva en una burbuja intelectual. No, es que vive en otro mundo, en otro planeta. Es como si lo hubieran abducido los extraterrestres y ahora fuera un clon de si mismo el cual se repite incesantemente que nada es lo que parece, y además le hubieran inyectado el néctar de la felicidad y mientras los demás estamos más que jodidos, a él parece que nada le afecta porque todas las desgracias chocan contra un poderoso karma que las rechaza.

Es verdad que en la citada entrevista Rodríguez se avino a llamar “crisis” a la crisis. Pero también lo es que lo hizo no porque realmente piense que estamos en una crisis económica, sino para que no parezca obsesivo su empeño en negar la evidencia. Lo cierto, y me consta que es así, es que la orden en el Gobierno es la de evitar a toda costa la palabra crisis, y los informes que salen del Ministerio de Economía lo hacen obviando el citado término y siempre tienen que reflejar ese optimismo antropológico que tanto gasta Rodríguez, es decir, no pueden responder a la realidad, sino a los deseos del jefe y a cómo él se imagina la realidad. Con este panorama, lo nuestro no es solo una crisis… Lo nuestro es una pesadilla. Rodríguez se ha encasillado, por tanto, en dos únicos mensajes que traslada indistintamente a la opinión pública dependiendo del foro que sea: el primero es un reconocimiento de ciertas dificultades superables en el corto plazo gracias a la enorme confianza que él –y sólo él- tiene en la economía española, que sigue formando parte de la champios league de las economías mundiales. El segundo es que el Gobierno va a mantener e, incluso, ir más allá, en las ayudas sociales que el PP negó a los más necesitados cuando gobernaba. Y eso, combinado con una repentina animadversión al ánimo de lucro y el beneficio empresarial que ya empieza a dilucidarse en las declaraciones de algunos de sus lacayos.

Una falacia detrás de otra. Sería bueno que los ciudadanos pudiesen escuchar con más frecuencia las palabras de alguien tan sensato y coherente como Cristóbal Montoro. El responsable del área económica del PP dio ayer una rueda de prensa que fue todo un baño de realismo. Lo cierto es que lejos de ser una de las mejores economías del mundo, somos una economía enormemente vulnerable, y que mientras en otros países la crisis tiene uno o dos componentes esenciales, en el nuestro sufre de cuatro grandes shocks que la convierten en una de las crisis más dramáticas que ha vivido este país en el último siglo: la crisis financiera, la crisis energética, la crisis de precios y la crisis inmobiliaria. La combinación de estos cuatro elementos es lo que ha llevado a una caída muy brusca del PIB debido a que en los últimos años hemos crecido gracias a una fuerte dependencia del crédito exterior. Eso, unido a un tremendo deterioro de nuestra balanza de pagos que ha debilitado enormemente la competitividad de nuestra economía, ha hecho que ésta caiga a plomo en cuanto esos cuatro factores se han puesto de acuerdo en actuar al unísono sobre esta estructura de crecimiento tan vulnerable. ¿Resultado? En el segundo trimestre la economía se ha estancado en un 0% de crecimiento, y la perspectiva es que se mantenga otro trimestre más así y que, después, decrezca. Es decir: RECESIÓN.

Ahora vendrán los de siempre a decir que soy un pesimista, un alarmista y un trágico, pero solo recuerdo que, hace un año, éste que suscribe ya avisó de que no habría una desaceleración suave, sino que la economía caería de manera brusca, precipitada al abismo por culpa de un Gobierno irresponsable que no ha tenido ni la valentía ni el coraje de tomar las decisiones que tenía que haber tomado para hacer frente a esta situación. Y sigue sin hacerlo. En lugar de eso, ¿qué nos propone Rodríguez? El peor escenario posible. Como si acabara de tener una larga conversación telefónica nada menos que con John Mayard Keynes, Rodríguez nos sale ahora con una desmedida pasión por el gasto social comparándolo, además, con los supuestos despropósitos del Gobierno de Aznar en esta materia. En primer lugar, miente, porque en ningún caso el Gobierno del PP mermó las prestaciones sociales de nadie. Cabría recordar que fue un Gobierno socialista el que puso en peligro el pago de las pensiones, y que fue uno del PP el que logró el superávit presupuestario –aunque lo niegue Blanco, pero ya se sabe que donde no cabe un libro, menos cabe una idea sensata- y creó el fondo de reserva de la Seguridad Social. Si a eso le llamamos recortar prestaciones, ancha es Castilla.

Pero ese no es el quid de la cuestión. La política económica del PP consiguió, como bien recordaba ayer Montoro, que de doce millones de ocupados en este país, cifra que no variaba en los veinte años anteriores al Gobierno de Aznar, se pasara a casi veinte millones, con una constante incorporación de la mujer al mercado laboral. Esa es, sin duda, la mejor política social que puede tener un Gobierno: crear trabajo, porque el trabajo permite mejorar el bienestar, aumentar ingresos y consolidar los servicios públicos y las prestaciones sociales. Es decir, cocinar una tarta consistente y repartirla convenientemente. Ahora lo que se nos ofrece es un souflé de destrucción del empleo y aumento del gasto, una combinación muy peligrosa que lejos de contribuir a suavizar los efectos de la crisis o de la recesión, lo que va a hacer es acelerar el deterioro de la economía que se desinfla vertiginosamente.

Pero es que, además, es falso que Rodríguez vaya a poder mantener o mejorar las prestaciones sociales salvo que la presión fiscal suba notablemente en los próximos meses, y ese tercer factor –desempleo, gasto y más presión fiscal- es ya determinante a la hora de conseguir el que puede ser el peor escenario para nuestra economía: un periodo muy largo de estancamiento económico con precios altos, es decir, una estanflación en toda regla de la que países como Japón no han logrado salir en décadas. Inflación, déficit público, intervencionismo… Rodríguez ha encontrado a Keynes, al Keynes más prosoviético, y sólo le falta declarar, como hiciera Beatrice Webb, su amor por la “democracia multiforme, la igualdad de sexo, clase y raza, la planificación de la producción para el consumo de la comunidad y, sobre todo, por la penalización del afán de lucro”. ¡Sálvese quien pueda!

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