Reggio’s Weblog

Muertos de lujo en los armarios de FJL y Pedrojota, de Federico Quevedo en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 17 mayo, 2008

No piensen que esto que se está viviendo en el lupanar de la derecha nace en la noche del 9 de marzo, cuando las urnas vuelven a dejar al PP al borde de una victoria que se hace imposible. Esto viene de mucho más atrás. De hecho, el origen habría que situarlo en 2003, cuando el ‘Dedo de Dios’ –es decir, el de Aznar-, designa a Rajoy como hijo suyo y lo envía a su particular Vía Crucis que acaba en el Gólgota del 11-M. Aquel mes de septiembre de 2003 hubo un vencedor y dos derrotados que, sin embargo, no se dieron por vencidos y dejaron que el plato de la venganza se enfriara, mientras se afilaban las armas mediáticas. Después de la muerte en la cruz de las bombas de Atocha, vino la resurrección de Rajoy, pero como hablamos de mortales y no de dioses, desde ese mismo momento unos y otros tomaron la decisión de volver a crucificarlo.

Puede parecer una comparación poco afortunada. Aún así, lo cierto es que durante toda la pasada legislatura Rajoy lideró el PP mientras estos de los que hablamos intentaban, por todos los medios, arrebatarle la silla. El intento más claro, sin embargo, se produjo el verano pasado cuando Pedrojota -que ya hemos dicho que es menos constante es sus filias y en sus fobias- se sacó de la manga aquel artículo titulado ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, en el que recomendaba vivamente a Rajoy que metiera al enemigo en la cocina de su casa, dicho de otro modo, que llevara a Rodrigo Rato en la lista.

Un Rodrigo Rato que había anunciado su vuelta del exilio americano en el momento oportuno, es decir, a menos de un año de las elecciones y con su imagen inmaculadamente limpia de polvo y paja, y al que algunos le organizaron incluso una ‘operación Rato’ destinada a ponerle a él de candidato y dejar a Rajoy como presidente del partido… Una bicefalia imposible. De aquella aventura pedrojotística Rato salió, francamente, bastante mal parado, hasta el punto de que es poco probable que se encuentre en condiciones de volver a la política activa salvo que, como decía ayer Jesús Cacho, sea por la puerta grande que le lleve a las escalinatas del Palacio de la Moncloa. Pero no le veo haciendo oposición desde el banquillo.

A partir de ahí, la COPE y El Mundo se repartieron los papeles: por las mañanas Jiménez Losantos no daba tregua a Rajoy, mientras desde las páginas del diario de Pedrojota se le ofreció el beneficio de la duda, petición de voto para él incluida, hasta el 9 de marzo. Pasó lo que pasó, no vamos a andar recordándolo, y entonces desde el papel y desde las ondas arreció la campaña de acoso. La primera en lanzarse al ruedo, animada por ambos protagonistas del periodismo participativo, fue Esperanza Aguirre. La presidenta, sin embargo, fue consciente de que se estaba metiendo en un callejón sin salida y se apartó oportunamente.

Además, a Aguirre le salva que tiene poder y un partido, el de Madrid, que hoy por hoy está con ella, pero es consciente de que la aventura le ha infligido daño en su imagen y en sus aspiraciones. Una retirada a tiempo… ya saben. De esa operación y de otras menores salió mucho más dañado y perdido para la política Eduardo Zaplana, aunque los suyos digan que es una retirada temporal… Las retiradas temporales casi siempre acaban siendo definitivas.

Y van tres bajas. La cuarta, probablemente, la forzó el propio Rajoy marginando a Ángel Acebes en lo que yo mismo he considerado una acción poco noble por su parte con quien le guardó lealtad todo este tiempo, pero enseguida utilizaron Pedrojota y Jiménez Losantos la retirada del secretario general como una causa propia. Y van cuatro. Las opciones iban mermando considerablemente, aunque, eso sí, el daño al partido crecía proporcionalmente. Había que intentar un nuevo asalto, y ya desde la semana pasada se fueron calentando los motores de la ‘operación San Gil’, liderada por Mayor Oreja. Si salía bien, Rajoy podía quedar muy, pero que muy tocado, porque ahora ya no se trata de ir a por él en el Congreso, sino de que no llegue al Congreso.

Pero fallaron en la excusa, es decir, la ponencia, y María San Gil quedó en evidencia cuando el texto que se facilitó a los medios recogía todas y cada una de sus propuestas. Mayor Oreja corrió al auxilio de su pupila, mientras el resto de compañeros del País Vasco empezaban a mirar para otro lado… Dos bajas más, y van seis, y a Rajoy le resuelven, de un plumazo, el problema del País Vasco, porque no iba a ser él quien le dijera a San Gil que no podía ser la candidata. Obviamente, si Rajoy gana el Congreso, Mayor Oreja no tiene más remedio que abandonar la política activa dado que su apuesta contra el líder del PP ha sido muy firme. La cara, para Rajoy, es que cada vez quedan menos pesos pesados que puedan hacerle sombra… Superados estos trances, si Aznar no se presta a una jugada de este tipo, poco más se puede hacer, aunque en estos cuarenta días lo seguirán intentando.

La cruz, para él pero, sobre todo, para el PP y para sus diez millones y pico de votantes, es que, en efecto, el líder se va quedando sólo, pero también se descapitaliza el partido, falto de figuras de peso y renombre, de referentes a los que la sociedad pueda mirar y sentir esa seguridad que aportan nombres como el de Rato, Mayor Oreja, San Gil… Me he preguntado muchas veces si no hay nadie en el PP que se dé cuenta de lo que de verdad está ocurriendo, de cómo por la obstinación casi enfermiza de dos medios de comunicación el partido más importante de España, la única alternativa real al Gobierno de Rodríguez, se está quedando sin todo aquello que le confiere cuerpo y alma.

Era lógico que después de una derrota que, sin embargo, no era una catástrofe, el PP afrontara un cierto debate en su Congreso sobre ideas y estrategias. En lugar de eso, se ha dejado llevar por quienes han visto en la crisis del PP una oportunidad de negocio, y como había cuentas pendientes desde el año 2003, no hubo que esforzarse mucho para encontrar a quienes estuvieran dispuestos a colaborar. El resultado, armarios llenos de cadáveres, y quién sabe cuántos más de aquí a junio. A lo mejor, incluso, consiguen el de Rajoy, pero entonces habrá que ir a buscar un líder para el PP en algún head hunter.

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