Reggio’s Weblog

El final de la utopía, de Fernando Ónega en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 5 abril, 2008

TRANSBORDO, MONCLOA

Dentro de tres días, Zapatero desvelará sus intenciones. Nos dirá qué piensa hacer y cómo piensa gobernar. Los antecedentes crean escasas ilusiones. Lo dicho en la campaña electoral sirve poco. Los debates que mantuvo con Rajoy no se fijaron para nada en los problemas reales que acucian al país. La última intervención ante sus diputados fue un fervorín lleno de beatíficas intenciones sociales, pero sin mención a las urgencias nacionales. Si de esos indicios depende el futuro, lo menos que se puede decir es que Zapatero se dispone a arrancar en vacío.

Esta semana ha puesto sobre el tapete qué pide España a un gobierno que empieza. ¿Más derechos sociales, como predica Zapatero? No en primer lugar. ¿Invocaciones al diálogo y al buen rollito, tan vacías de contenido como fáciles de expresar? Como programa de gobierno, suena más antiguo que La Parrala. Lo que está pasando en este país es un cambio total en las demandas a los poderes públicos. Si hace cuatro años el objetivo parecía borrar huellas del estilo aznarista, reinventar el Estado y dar otra entrada a la España plural, hoy Zapatero hereda de sí mismo un clamor de eficacia. La España que él gobierna no se rompe por los nacionalismos; se deshilacha por lo que hemos visto esta semana.

El problema del agua, por ejemplo.

Nadie duda de la dificultad de abastecer a Barcelona. Nadie. Pero, si alguna solución existe, es la solución técnica. ¿Dónde se estropea? En la intromisión de los intereses políticos, que impiden que haya salidas razonables, crean añoranza del Plan Hidrológico Nacional, o nos llevan a la conclusión de hacer rogativas en Montserrat. Y encima, amenazan con llevarse por delante el tripartito, el apoyo catalán a Zapatero y la leve esperanza que surgió de las elecciones. Las generaciones futuras no entenderán que, por razones políticas, se busquen las soluciones más caras, las más enrevesadas y a veces las que parecen más cómicas.

El caso de la justicia, a continuación. ¿Alguien oyó de Zapatero y Rajoy una palabra sobre ese desastre? Pues ahí está, con medio millón de sentencias sin ejecutar, con fallos que se descubren a diario, con una carcoma en el pilar del Estado de derecho. Y un detalle menor: cuando los funcionarios estatales van a la huelga, ¿por qué lo hacen? Por agravio comparativo con los sueldos de las autonomías. No levantaron una voz cuando Aznar les congeló los salarios. Se sublevan cuando se comparan. Se está creando otra división de una España de satisfechos y otra de agravios comparativos. ¿Qué ocurrirá cuando se hurgue en las diferencias entre policías?

Añadamos lo elemental: la economía general, que vive en un ay; la vivienda, que ahora no ahoga por sus precios, sino por su desplome; la energía, mientras Sarkozy y Brown hablan de una nueva generación de centrales nucleares; el aumento de los colectivos irritados; esa foto de la soledad internacional… Este es el nuevo sonido de España. ¿Algún parecido con el de hace cuatro años? Señor Zapatero, ha terminado el bonito juego del “buenismo” y la utopía. Comienza la realidad.

El desplante

No se entiende por qué Zapatero busca a Bush. Gente muy influyente cree que el presidente debería pasar de la actitud mendicante a la exigencia. ¿Saben cómo llaman en el ejército los movimientos de las fuerzas americanas en España? “Barra libre”. Cada día hay una operación naval. Y cada hora, una aérea. Y en Morón, lo que quieran. Zapatero no tiene por qué soportar esa humillación.

La crisis de papel

La supuesta crisis del PP está muy bien: da que hablar en tertulias y alimenta comentaristas. Si Rajoy va en serio en la renovación, es natural que se rebele la vieja guardia. También tiene su misterio: aparece una web pro Esperanza Aguirre, y nadie sabe quién la hizo. Como Rajoy es gallego, ¿serán las meigas? Pero hay un misterio mayor: es la crisis sin nombres. Mucha conspiración, pero nadie tiene el nombre de un solo conspirador.

La promesa

Queda un revolucionario: José Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda. Prometió como diputado en el Parlamento andaluz. Y nada de trucos de “imperativo legal” ni de formalismos. Su fórmula es directa: “Como militante de izquierda anticapitalista, estoy comprometido en subvertir el orden establecido hasta que no lleguen los derechos humanos a todos los andaluces desde la no violencia”. Eso es sinceridad.

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