Reggio’s Weblog

Ruiz versus Jiménez, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 30 marzo, 2008

CARTA DEL DIRECTOR

Lo que el político arrogante no pudo soportar fue que el periodista impertinente dijera que anteponía su carrera política al sufrimiento de las víctimas y que por eso prefería sepultar la verdad a averiguarla, pasar página antes que leer hasta el final el libro del horror. Aquello era un intolerable ataque a su honor, una ofensa a su dignidad que no podía quedar impune. Por muy alto cargo público que fuera, había cosas que no estaba dispuesto a tolerar; y menos por parte de un individuo así. Acusarle a él de medrar sobre los cadáveres de los inocentes, insensible a todo dolor, ajeno a la trascendencia histórica del drama, era traspasar todos los límites. Lo ocurrido merecía un escarmiento. Acudió a los tribunales y, como no podía ser menos, el ministerio público se puso de su parte. Las leyes de su país no le permitían meter en la cárcel a aquel deslenguado, pero sí ponerle en la picota pública y dejarle marcado para siempre con una condena firme por injurias graves.

No estoy refiriéndome a la querella interpuesta por Alberto Ruiz-Gallardón contra Federico Jiménez Losantos por haberle afeado con durísimos reproches su actitud ante la investigación de la masacre del 11-M, sino a la que el canciller austriaco Bruno Kreisky presentó hace más de 30 años contra el redactor jefe de la revista Profil, Peter Michael Lingens, por haberle acusado con acritud y saña de encubrir el pasado nazi de su potencial aliado el líder del Partido Liberal, Friedrich Peter, y por ende de soslayar la gravedad del Holocausto en beneficio de su juego de poder.

Aunque en España se aguarde con gran expectación el que lleva camino de ser el juicio del año, nunca hay nada nuevo bajo el sol. No sólo los hechos que dan pie al contexto político en el que se produce el ataque a la yugular del divo -una convocatoria en pro de la verdad del 11-M de la que Gallardón se distancia; una denuncia contra su colega del cazanazis Simon Wiesenthal que Kreisky trata de desacreditar- componen situaciones siamesas. No sólo la argumentación del atrevido transgresor de la docilidad informativa y la corrección política es también prácticamente simétrica en uno y otro caso. Ocurre que incluso las palabras ofensivamente «innecesarias», según los respectivos tribunales nacionales, son casi idénticas.

Donde Lingens puso «odioso oportunismo», Jiménez Losantos ha puesto «farsante redomado». Donde el austriaco dijo «monstruoso», «indigno» e «inmoral», el turolense ha dicho «miserable», «traidor» y también «inmoral». A este paso el alcalde de Madrid va a terminar haciendo al director de La Mañana de la Cope tan famoso en la historia del Derecho a la Información como le ocurrió al extrovertido canciller amigo de Felipe González con el periodista al que pretendía machacar.

Tanto el Tribunal Regional como el Tribunal de Apelación de Viena condenaron a Lingens en base a dos argumentos que han hecho ya suyos contra Jiménez Losantos tanto la Fiscalía de Madrid como la Sala de la Audiencia Provincial que ha convalidado la decisión de abrir el juicio oral señalado para el próximo 28 de mayo. En primer lugar, las expresiones empleadas son objetivamente ofensivas y desbordan los límites de la libertad de expresión. En segundo lugar, no cabe alegar la exceptio veritatis pues tanto Kreisky como Gallardón se cuidaron muy mucho de que sus palabras no tuvieran una interpretación tan unívoca y rotunda como sus respectivos fustigadores les dieron. En mi ánimo no había algo tan terrible como lo que buscando difamarme me atribuyen, ¿cómo voy a poner yo, que soy un hombre de Estado, la ambición de poder por encima de la memoria de los sacrificados por la barbarie?, vienen a alegar a dúo los dos avezados bucaneros de colmillo retorcido.

Y es que, claro, lo que Lingens escribió sobre sus frías cuartillas era verdaderamente fuerte: «Han pasado los tiempos en los que por razones políticas no sólo se debía tener en cuenta a los nazis, sino también a sus víctimas». Y es que, claro, lo que Jiménez Losantos dijo en el calor de los micrófonos era verdaderamente fuerte: «Tú lo que estás diciendo, alcalde, es que te da igual que haya 200 muertos… con tal de llegar al poder».

Total, que condena pecuniaria al canto. A Lingens le impusieron una multa de 20.000 chelines austriacos que al cambio de la época no deben de andar muy lejos de los 72.000 euros que pide la Fiscalía a Jiménez Losantos. También le obligaron a publicar la sentencia que es con lo que sueña Gallardón: levantarse una mañana y escuchar a su pertinaz azote entonando el mea culpa por prescripción judicial.

Pero, ojo, porque de Viena nos vamos a Estrasburgo. Aunque en nuestro caso ni siquiera se ha celebrado aún el juicio en la primera instancia, pensando en el supuesto de que la juez encargada de dictar sentencia coincida con la Fiscalía -y con el criterio anticipado por la Audiencia- y que el Supremo y el Constitucional llegaran a avalar la pretensión punitiva de Gallardón, conviene advertir que los argumentos que invoca la letrada Cristina Peña en defensa de Jiménez Losantos también son idénticos a los que esgrimió la representación de Lingens ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Como la de su colega austriaco, la reacción de Losantos tampoco se produjo en el vacío. El sentido de la intervención del alcalde de Madrid, que desencadenó su diatriba, quedó nítidamente reflejado en el titular del Abc del día: «Ruiz-Gallardón invita a su partido a obviar el 11-M y huir de la radicalización». Es evidente que asociar el radicalismo al afán por esclarecer la masacre de Madrid suponía una disonancia, una separación y por ende una «deslealtad» y una «traición» política a la línea pública que entonces seguía el PP. Y también lo es que esa conducta quedaba potenciada y realzada por la «intrahistoria» de quien siempre se ha jactado de ser un «verso suelto».

Lo que, por lo tanto, se pretende demostrar citando como testigos a Esperanza Aguirre, Acebes y Zaplana o a los directores de EL MUNDO y La Razón es que esas «críticas duras y ásperas» encajaban a la perfección en el relato veraz de lo sucedido y que, por «gruesas o hirientes» que pudieran parecer fuera de contexto, las expresiones empleadas se convertían en «necesarias por estar conectadas con los hechos que las justificaban». ¿O es que acaso no debe ser lícito, más allá de las normas de estilo que libremente se aplique cada uno, llamar «farsante redomado» a quien, tras realizar las aludidas declaraciones, acudió como si tal cosa a la manifestación convocada por la AVT que tenía entre sus lemas la exigencia de la verdad del 11-M? Farsante es, según el diccionario, «la persona que finge lo que no siente o pretende pasar por lo que no es».

La sentencia finalmente absolutoria -e indemnizatoria- del caso Lingens dio por buenos estos argumentos porque «la libertad de expresión es uno de los principales fundamentos de la sociedad democrática y una de las condiciones más importantes para su progreso» y «no se aplica solamente a las informaciones o ideas que se reciben favorablemente, sino también a las que ofenden, hieren o molestan» porque «la libertad de las controversias políticas pertenece al corazón mismo del concepto de sociedad democrática» y «una condena así amenaza disuadir a los periodistas de participar en la discusión pública de cuestiones que interesan a la vida de la sociedad».

Glosando esta histórica resolución, suscrita unánimemente en julio de 1986 por una veintena de jueces de otros tantos países, el premio Pulitzer y durante más de 30 años columnista de The New York Times Anthony Lewis, acaba de poner el énfasis en esa libertad para «ofender, herir o molestar». El la vincula en concreto a la jurisprudencia del legendario magistrado del Tribunal Supremo norteamericano Oliver Wendell Holmes, el hombre que actualizó la volteriana defensa a ultranza del derecho de expresión de las opiniones ajenas, proclamando la «libertad para las ideas que detestamos».

Con este título -Freedom for the thought that we hate- Lewis acaba de publicar un libro maravilloso en el que narra la lucha por la libertad de expresión en los Estados Unidos, a través de la evolución de la interpretación judicial de la Primera Enmienda, que en su literalidad se limita a establecer que el Congreso no promulgará ninguna ley que restrinja la labor de la prensa. Desde la Sedition Act, que permitía meter en la cárcel a los que criticaran al presidente, hasta la actual situación en la que -oído cocina- «en las tertulias de la radio, totalmente abiertas y a menudo poco rigurosas, se puede decir prácticamente cualquier cosa sobre una persona pública sin miedo a tener que indemnizarle», se ha producido una mutación jurisprudencial, cincelada por la sensibilidad de grandes magistrados hacia las ideas básicas de la democracia.

Es emocionante repasar cómo el juez Holmes aplicó su criterio permisivo en 1929 al caso de una inmigrante pacifista que se negaba a cumplir el requisito de comprometerse a defender con las armas a los Estados Unidos para adquirir la ciudadanía; y cómo lo hizo frente a las presiones no sólo de otros miembros del Tribunal, sino de su propia esposa.

Es emocionante leer la sentencia del célebre pleito «Sullivan versus The New York Times», redactada por el juez Brennan: «Consideramos este caso en el contexto de un profundo compromiso nacional con el principio de que el debate sobre asuntos públicos debe ser desinhibido, robusto y completamente abierto y que puede muy bien incluir ataques vehementes, cáusticos y a veces desagradablemente hirientes hacia el gobierno y los cargos públicos».

Y es emocionante sobre todo la anécdota que Lewis atribuye a Fred Friendly, el productor, ángel guardián y amigo del alma de Edward Murrow, coprotagonista de la película de la que Zapatero tomó prestado su «buenas noches y… buena suerte» con tanta naturalidad que cualquiera diría que no había hecho otra cosa en toda su vida más que despedirse al final del telediario.

Resulta que Friendly había escrito un libro sobre el primer caso -«Near versus Minnesota»- en el que el Tribunal Supremo había derogado en 1927 una ley estatal por considerarla contraria a la Primera Enmienda. Esa decisión había implicado además la reapertura de un semanario de Minneapolis llamado Saturday Press que había sido clausurado por orden judicial después de que su propietario y director, Jay M. Near, lo utilizara para difundir sus virulentas ideas antisemitas y acusar a las autoridades locales de estar en connivencia con la mafia judía.

Pues bien, unos cuantos años después Friendly coincidió en el patronato de la Fundación Ford con el consejero delegado del grupo Du Pont, Irving Shapiro, quien, ante su asombro, le dijo que él había conocido a Jay Near. Le contó que su padre tenía una pequeña lavandería en Minneapolis y que cuando se negó a pagar la protección de una banda de gánsteres, le regaron con ácido corrosivo la ropa que había en la tienda. El pequeño Irving lo vio todo desde el cuarto trasero y recordaba muy bien lo que pasó después: «Ninguno de los periódicos locales más respetables dijo nada sobre lo ocurrido. Pero vino el señor Near, publicó la noticia y los gánsteres fueron procesados». La historia demuestra que si se trata de impulsar la calidad de vida democrática de una sociedad no hay mayor valor constitucional a proteger que el pluralismo y el derecho a disentir bajo las formas pacíficas más extremas. Aunque probablemente las hubiera expresado de otra forma -cada maestrillo tiene su librillo-, yo no sólo no detesto las ideas de Jiménez Losantos, sino que en este caso me siento además en cierto modo corresponsable de su brote de indignación contra Gallardón pues fue mi reflexión, comparando su conducta con la de Giuliani y alegando que si alguien no podía desentenderse de la investigación de una masacre era el alcalde de la ciudad en la que se había cometido, lo que le puso en el disparadero.

Pero lo esencial en este debate no es quién tenga razón o si el pasarse de frenada en las formas puede a veces hacer perderla a los ojos de los demás a quien la tiene, sino cuál va a ser el rumbo que en materia de libertad de expresión adoptará la sociedad española. Por eso será tan importante observar de qué lado irán decantándose aquellos sedicentes demócratas que sí que detestan -y están en su derecho- no sólo las ideas y el estilo, sino también la actitud desacomplejada, valientemente subjetiva, apasionadamente parcial e inevitablemente partisana con que Jiménez Losantos tiene en vilo cada mañana con su brillante erudición a nuestra clase dirigente. Sus juicios de valor podrán ser exagerados, injustos o incluso, como digo, detestables, pero en ningún caso delictivos.

Sólo un inesperado rasgo de lucidez in extremis del querellante podría ahorrar al PP el trauma de ver reproducidas sus disensiones en el juzgado y a todos nosotros el riesgo de una condena con visos de escarmiento hacia el único estamento -la prensa- que el poder político no ha podido aún terminar de domesticar. No es el huevo -la Cope no va a quebrar por esa multa- sino el fuero lo que está en cuestión. Máxime cuando al final siempre nos quedará Estrasburgo con la inequívoca jurisprudencia del caso Lingens.

Vistas las cosas desde la otra orilla, qué triste sino sería para un fiscal de carrera pasar a la historia del Derecho, cuando de las vanidades de cada uno ya no queden ni los segundos apellidos, como un tal Ruiz que con ayuda del más politizado ministerio público que se recuerda -«Cándido, malo»- trató en vano de amordazar a un tal Jiménez. Se lo he dicho en privado al menos en media docena de ocasiones y se lo digo ahora por primera vez en público: señor alcalde, si cree de verdad en la libertad de expresión, retire la querella.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

Anuncios
Tagged with:

¿Do you speak Mandarín?, de Miguel Sebastián en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 30 marzo, 2008

MANO IZQUIERDA

Todo el mundo coincide en la necesidad del conocimiento de la lengua inglesa para poder desarrollar una actividad profesional, empresarial o científica en esta sociedad cada vez más globalizada.España sigue teniendo una asignatura pendiente en este tema y, sin duda, tendrá que ser uno de los retos a abordar en esta legislatura, con un plan de choque para que decenas de miles de niños y jóvenes tengan una estancia suficientemente larga en un país anglosajón como para aprender la lengua de Shakespeare y de Wall Street, o atraer a miles de profesores nativos para reforzar la oferta de enseñanza de inglés de nuestras escuelas de idiomas.

Sin el inglés es difícil acceder a los mercados, al conocimiento científico y técnico o incluso a la mayoría de la información disponible en internet. La productividad, la renta y el bienestar de la nación crecerán de forma significativa si conseguimos que un porcentaje importante de la población española domine, o al menos se desenvuelva con comodidad, en el principal idioma global.Este no puede ser un objetivo de largo plazo. Requiere una atención masiva e inmediata.

Si se trata de pensar en el largo plazo, el inglés seguro que va a ser necesario, pero puede que no sea suficiente. La población de China, que alcanza los 1.320 millones de personas, tiene un conocimiento muy escaso del inglés, al contrario que el otro gigante asiático, la India, donde una parte significativa de sus 1.000 millones de personas hablan el idioma de la que fue su metrópoli hasta bien entrado el siglo XX.

Si China no ha extendido el uso de su idioma por el mundo ha sido en parte por su carácter de país cerrado al exterior, y en parte, por su escasa renta per cápita. Pero ambas cosas están cambiando de forma bastante rápida. China se abre al exterior, tanto comercialmente como en inversión extranjera, directa y de cartera. Y también es uno de los principales países exportadores de ahorro del planeta.

En lo que se refiere a la renta per cápita, la de China, medida en paridad de poder de compra, alcanzó en 2007 los 8.800 dólares.Ello supone algo menos de la quinta parte de la renta per cápita de EEUU, el país más rico del planeta, con una renta per cápita rondando los 45.000 dólares, según los datos del Fondo Monetario Internacional. Que Estados Unidos sea el país más rico y tenga una población de 300 millones de personas guarda relación con el hecho de que el inglés sea el principal idioma del planeta.

Pero ¿que ocurrirá cuando China adelante en renta per cápita a EEUU? «Eso no lo verán mis ojos», pensarán muchos lectores.Puede que no. Pero también puede que sí. ¿Cuántos años tendrían que transcurrir para que China lograse adelantar al país norteamericano? Lógicamente, la respuesta a la pregunta depende de cuál sea el crecimiento de cada uno de los países.

Arriba se presenta una tabla de doble entrada. En la fila superior, se indican posibles crecimientos de la renta per cápita de China; y en la primera columna, posibles crecimientos de la renta per cápita de EEUU. Cada una de las celdas recoge el número de años que tardaría China en adelantar a Estados Unidos bajo esa doble hipótesis.

Así, la primera celda indica que si China crece de forma permanente a un ritmo del 7% anual per cápita y EEUU lo hace a un ritmo del 2,5%, transcurrirían 38 años hasta que China adelante a Estados Unidos. Sin embargo, si China crece a un ritmo del 12% y EEUU al 1% anual, el adelantamiento se produciría en apenas 16 años.En los últimos cinco años, el crecimiento de la renta per cápita china se ha situado por encima del 10% anual y el de EEUU apenas ha logrado un 2% en promedio, exactamente un 1,9%. En la tabla se presentan ambas entradas coloreadas. Si se repitiera este escenario, China adelantaría a EEUU en 22 años, es decir, en el 2030.

Parece que está muy lejos, pero no está tan lejos. Por poner un ejemplo, en 2030 Zapatero será más joven de lo que es hoy McCain, el candidato republicano que opta a la presidencia de EEUU. Para poner otro ejemplo más agradable para algunos lectores de EL MUNDO, mis alumnos de Primero de Económicas, que hoy tienen 19 años, apenas habrán cumplido los 40 en 2030. Estarán en pleno apogeo profesional, empresarial o científico. Y sus carreras y éxitos, que son los de todos nosotros como país, quizás puedan verse sustancialmente mejorados si disponen del chino como herramienta lingüística. Pero ¿cuántos años cuesta aprender mandarín?

Si consideramos el tamaño relativo de la población de China y EEUU, hay otro factor a tener en consideración: no hace falta esperar a que el conjunto de la población china adelante en renta per cápita a la norteamericana para que sea económicamente determinante.Bastaría con que lo hiciera la cuarta parte más rica. De esta forma habría tantos chinos ricos como total de americanos hoy.Suponiendo que la distribución de la renta en China fuera similar a la de EEUU, esto ocurriría en la cuarta parte del tiempo que se presenta en la tabla. Es decir, habría que dividir la tabla por cuatro y concluir que probablemente en 4 o 5 años habrá tantos chinos ricos como americanos hay hoy. Con un mercado al que vender bienes de alto valor añadido hechos en España.

España tiene la suerte de poseer la segunda lengua más importante del mundo, que se convertirá en la tercera en un futuro no muy lejano. También tenemos a 108.000 chinos dentro de nuestras fronteras.No es descabellado pensar que muchos de ellos podrían enseñar a nuestros jóvenes la lengua de Confucio y de Shanghai, que complemente a la necesaria lengua de Shakespeare y Wall Street.

Así, a España se le abre una oportunidad que, convenientemente articulada, puede ser extraordinariamente rentable en el largo plazo, dotando a nuestro país de una ventaja comparativa en relación a nuestros socios europeos.

msebasti@ccee.ucm.es

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

El dinero fácil y la crisis de EE UU, de Jeffrey Sachs en El País

Posted in Economía by reggio on 30 marzo, 2008

Con su política de dinero barato para la compra de viviendas, la Reserva Federal sentó las bases de la actual crisis financiera norteamericana. Ahora la Fed persiste, lo que puede provocar una recesión con inflación

Los desesperados intentos de la Reserva Federal de Estados Unidos, popularmente conocida como Fed, para impedir que la economía de este país se hunda son notables por al menos dos razones. En primer lugar, hasta hace tan sólo unos meses, la opinión general era la de que Estados Unidos evitaría la recesión. Ahora ésta parece segura. En segundo lugar, las intervenciones de la Reserva no parecen eficaces. Aunque se han reducido drásticamente los tipos de interés y la Reserva ha prodigado liquidez a los bancos que se han quedado sin ella, la crisis se ha acentuado.

En gran medida, la crisis de Estados Unidos fue provocada por la misma Reserva, ayudada por las ilusiones que se hizo el gobierno de Bush. Un culpable principal no fue otro que Alan Greenspan, que dejó al actual presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, una situación terrible, pero este último fue uno de los gobernadores de la Reserva en el periodo de Greenspan y tampoco él diagnosticó correctamente los problemas en aumento debidos a sus intervenciones.

La crisis financiera actual tiene sus raíces inmediatas en 2001, en medio del fin del auge de las empresas puntocom y de la conmoción provocada por los ataques terroristas del 11-S. En aquel momento la Reserva abrió los grifos monetarios para intentar luchar contra una desaceleración económica. Derramó dinero en la economía estadounidense y redujo drásticamente su principal tipo de interés -el de los fondos federales- del 3,5 por ciento en agosto de 2001 a tan sólo el 1% a mediados de 2003. La Reserva mantuvo ese tipo demasiado bajo y durante demasiado tiempo.

Por lo general, la expansión monetaria facilita el endeudamiento y reduce sus costos en toda la economía. También suele debilitar la moneda y aumentar la inflación. Todo eso empezó a suceder en Estados Unidos. Lo distintivo de esta ocasión fue que el nuevo endeudamiento se concentró en la vivienda. Por lo general, es cierto que los tipos de interés más bajos estimulan la compra de viviendas, pero esta vez, como ahora ha quedado de manifiesto, los bancos comerciales y de inversión crearon nuevos mecanismos financieros destinados a ampliar el crédito para viviendas a personas poco solventes. La Reserva no quiso regular esos procedimientos dudosos. Prácticamente cualquiera podía endeudarse para comprar una casa con poco o ningún pago inicial y pago de intereses durante muchos años en el futuro.

Cuando el auge de los préstamos para viviendas se consolidó, pasó a autointensificarse. El aumento de la compra de viviendas aumentó los precios de éstas, con lo que los bancos pensaron que era seguro prestar dinero a personas poco solventes. Al fin y al cabo, si no hacían frente a sus pagos, la propiedad de sus casas pasaría, revalorizada, a los bancos: al menos ésa era la teoría. Naturalmente, esa teoría sólo funciona mientras suban los precios de las viviendas. Una vez que llegan a su tope máximo y empiezan a bajar, las condiciones de los créditos se endurecen y los bancos se encuentran con la propiedad de casas cuyo valor no cubre el valor de la deuda.

Lo asombroso ha sido que la Reserva, dirigida por Greenspan, se quedara con los brazos cruzados mientras el auge del crédito se aceleraba y se disparaba hacia un desplome posterior. Hubo algunos que no participaron en la fiesta, pero no muchos en el propio sector financiero. Los bancos estaban demasiado ocupados cobrando las mensualidades de los nuevos préstamos y pagando a sus directores primas extravagantes.

En un momento decisivo de 2005, cuando era gobernador pero aún no presidente de la Reserva, Bernanke describió el auge de la vivienda como el reflejo de un sistema financiero prudente y bien regulado, no como una burbuja peligrosa. Sostuvo que cantidades inmensas de capital extranjero pasaban por los bancos estadounidenses hacia el sector de la vivienda porque los inversores internacionales apreciaban “la profundidad y la complejidad de los mercados financieros de este país, que, entre otras cosas, han permitido un acceso fácil de las familias a la riqueza inmobiliaria”.

Durante 2006 y 2007, la burbuja financiera que ahora está derribando a instituciones financieras en tiempos poderosas llegó a su tope máximo. Entonces los balances de los bancos se llenaron de enormes cantidades de hipotecas en peligro, envueltas en complicados productos financieros que dificultaban la evaluación de los riesgos. Los bancos empezaron a aminorar su ritmo de concesión de nuevos créditos y la morosidad en las hipotecas empezó a aumentar. Los precios de las viviendas llegaron a su tope máximo a medida que se redujeron los préstamos y después los precios empezaron a bajar. La burbuja inmobiliaria estaba reventando en el otoño pasado y los bancos con gran cantidad de hipotecas empezaron a comunicar pérdidas enormes, a veces lo bastante grandes para destruir a toda una entidad, como en el caso de Bear Stearns.

Al reducirse el gasto con el desplome de la vivienda, la Reserva, para intentar prevenir una recesión y ayudar a los bancos con balances frágiles, ha estado reduciendo los tipos de interés desde el otoño de 2007, pero esta vez la expansión del crédito no se está dirigiendo a la construcción de viviendas, sino a la especulación con los precios de las materias primas y las divisas extranjeras.

La política de dinero fácil de la Reserva está alimentando ahora la inflación en Estados Unidos y no la recuperación. Los precios del petróleo, los alimentos y el oro han saltado hasta niveles sin precedentes, y el dólar se ha depreciado hasta niveles nunca vistos. Ahora un euro cuesta casi 1,60 dólares frente a 0,90 dólares en enero de 2002. Sin embargo, la Reserva, con sus intentos desesperados de evitar una recesión en Estados Unidos, sigue derramando dinero en el sistema e intensificando las presiones inflacionistas.

Tras haber alimentado un auge, ahora la Reserva no puede impedir al menos un descenso durante un periodo corto de la economía de Estados Unidos y tal vez algo peor. Si intensifica demasiado la continua expansión monetaria, no impedirá una depresión profunda, sino que, al contrario, podría crear estanflación: inflación junto con contracción económica. La Reserva debe procurar evitar el menor desplome de la liquidez al tiempo que mantiene controlada tanto la inflación como una ayuda injustificada para los préstamos bancarios con riesgo financiada por los contribuyentes.

En todo el mundo puede haber efectos similares, en la medida en que los bancos extranjeros se encuentren también con hipotecas estadounidenses impagadas en sus balances o si, en el peor de los casos, se consolida una crisis financiera general. Sin embargo, aún existen posibilidades de que el bache económico de Estados Unidos quede limitado principalmente a este país, en el que se han concentrado el auge y la depresión de la vivienda. Creo que los daños para el resto de la economía mundial pueden seguir siendo limitados.

© Project Syndicate, 2008.

Jeffrey Sachs es profesor de Economía y director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Colombia. Traducido por Carlos Manzano.

Derecha e izquierda, de Josep Ramoneda en Domingo de El País

Posted in Política by reggio on 30 marzo, 2008

Las últimas elecciones españolas han acentuado el carácter bipartidista del sistema político. Con Izquierda Unida en vía muerta, sólo la realidad plurinacional ha evitado que la representatividad del Congreso de los Diputados quedara reducida a dos grupos parlamentarios. En tiempos en que está de moda decir que la distinción entre derecha e izquierda está superada, la política se simplifica en dos bloques, que acostumbran a recibir precisamente estas denominaciones: derecha e izquierda.

Ciertamente, no hay en el horizonte alternativa alguna al sistema capitalista. Los regímenes comunistas que han sobrevivido al descalabro de los sistemas de tipo soviético lo han hecho sobre la base de su plena incorporación al sistema capitalista internacional. La fascinación que buena parte del empresariado manifiesta ante China y la condescendencia con que se responde a sus excesos en comparación con la Unión Soviética incitan a pensar que los regímenes de tipo soviético no eran detestados tanto por comunistas como por ineficientes en la explotación de los trabajadores. Pero la tendencia a la unificación de la economía en un sistema global no quita la diversidad de modalidades que toma en los diferentes lugares, en función de una suma de factores históricos y culturales.

La oposición derecha e izquierda que dio vitalidad y legitimidad a la democracia representativa se formó en momentos de gran intensidad de la lucha de clases. Cuando el conflicto era relativamente simple (burguesía y proletariado eran la fórmula tradicional), la oposición derecha-izquierda resultaba indiscutida. La estructura de clases se ha hecho sumamente compleja y el conflicto -por la falta de alternativa y por la evolución del propio capitalismo- se ha hecho más difícil de simplificar.

Siendo el panorama tan distinto, ¿por qué sigue funcionando la oposición derecha-izquierda? Se podría hacer una interpretación estrictamente funcionalista: la agrupación en dos bloques es necesaria para la dinámica de la democracia y para la realización efectiva de la alternancia. Es insuficiente. Derecha e izquierda aglutinan diversas culturas políticas. La derecha, las tradiciones conservadoras, autoritarias y liberales; la izquierda, las socialdemócratas, comunistas y libertarias. Ambas se mezclan en proporciones distintas según los países. Por ejemplo, en la derecha española, la tradición autoritaria y conservadora es mucho más importante que la liberal.

Cuando se dice que la división derecha-izquierda está superada, lo que se está queriendo decir es que el conflicto de clases no existe y que lo único que importa es un ente abstracto llamado interés general. Y aquí las diferencias se clarifican. Unidad, autoridad, crecimiento y competitividad configuran el horizonte ideológico de la derecha. En muchos países, y no sólo en España, la derecha está regalando a la izquierda, por la presión de lo religioso, la liberalización de las costumbres y la ampliación de los derechos civiles, dos elementos muy propios del patrimonio liberal. Cazar este botín ha sido la principal aportación de Zapatero a la renovación de la izquierda.

La izquierda ha vivido demasiado tiempo colgada en una idea irreal de alternativa al sistema. Por eso, los partidos que se alimentaban de este mito están condenados a la marginalidad. Los herederos de la socialdemocracia tienen dificultades en definir su identidad. La izquierda siempre ha pretendido ser el sujeto del cambio social y del progreso. En tiempos de globalización capitalista, le resulta complicado encontrar su lugar como motor de cambio. El principio rawliano que considera justa aquella decisión que favorece a un mayor número de personas, y especialmente a los que están en peor posición, no siempre es coherentemente interpretado desde la izquierda. Al mismo tiempo, la imposibilidad de inventar un nuevo internacionalismo ha debilitado enormemente la capacidad de dar respuestas políticas a un poder económico que ha sabido globalizarse. La tentación de mimetizar el programa de la derecha -el papanatismo de la izquierda en las promesas de reducción de impuestos es antológico- da argumentos a los que piensan que todo es lo mismo.

Si todo es lo mismo, ya sólo queda la tribu. La patria y la fe que tanta violencia han generado. Negar la oposición derecha-izquierda equivale a decir que todo es lucha descarnada por el poder entre dos grupos de intereses, con una agresividad directamente proporcional a la pobreza de sus propuestas. A menudo, derecha e izquierda parecen confirmar esta impresión.

Tagged with:

En medio del desierto informativo, algunos políticos pretenden crear un espejismo, del Editorial en Gara

Posted in Política by reggio on 30 marzo, 2008

La semana de Pascua es tradicionalmente una de las más pobres a nivel informativo en nuestro país. Las vacaciones escolares en Hego Euskal Herria parecen contagiarse de niños a adultos y todas las esferas de la sociedad -la política, la cultura…- relajan su habitual ritmo frenético. Por lo menos en lo que a generar «noticias» se refiere. Y eso, por supuesto, afecta a los medios de comunicación, que llevan a sus primeras páginas cuestiones que en otro momento no hubiesen pasado de ser una nota breve en una página interior. Es lo que se suele denominar un «desierto informativo».

Sin ir más lejos, la lluvia se convierte en noticia en un país como el nuestro, donde lo realmente noticiable sería que en esta época hiciera buen tiempo durante más de tres días seguidos. Incluso las deportistas femeninas -habitualmente relegadas a un segundo plano- o los deportes exóticos -normalmente subyugados bajo el imperio del fútbol- encuentran sitio en las páginas de deportes.

En política ocurre algo parecido. Además, en el caso del Estado español la semana ha estado condicionada por los diferentes trámites que se deben superar antes de formar Gobierno y restablecer el funcionamiento de los foros parlamentarios. En principio, no es éste momento de declaraciones públicas, sino de negociaciones destinadas a recabar apoyos suficientes y a lograr acuerdos para conseguir la mayor representación institucional posible en comisiones, mesas, órganos directivos y demás organismos. Todo ello ha hecho que durante esta semana, en lo referente a la política, haya habido más especulaciones que noticias.

Espejismo frente a realidad

A falta de información, algunos partidos políticos han considerado que éste era un buen momento para fomentar una visión de la sociedad vasca que case con su particular proyecto político a corto plazo. Aunque se trate de un espejismo que ni ellos mismos se creen.

Es el caso del PSOE, cuyos cargos políticos han intentado dibujar con brocha gorda una imagen panorámica de la sociedad vasca que les posicione en situación ventajosa para afrontar la legislatura española y, de paso, la vasca. Y eso, según parece, se traduce en ejercer presión sobre el nacionalismo institucional y en negar la existencia de un nacionalismo que no es institucional, entre otras cosas, porque el PSOE le ha cerrado a machamartillo la posibilidad de refrendar electoralmente su proyecto pero que, aún con la persecución brutal que padece, sigue siendo uno de los pilares de esta sociedad.

Recuperados del golpe sicológico que, a pesar de su incontestable victoria electoral, supusieron los datos de la abstención para los militantes del PSE tras el atentado de Arrasate, los diferentes cargos públicos del Partido Socialista han seguido regando las dos palmeras con las que intentan decorar su particular «oasis vasco». Se trata de la negación del conflicto y, por ende, la negación de la solución. La parsimonia con la que el todavía titular de Interior une en una misma sentencia que «ETA está derrotada» pero que todavía tiene capacidad para actuar y que, en consecuencia, los militantes de su propio partido deben asumir estoicamente las consecuencias que se derivan de la incongruencia anterior es, cuando menos, escandalosa.

¿Negociación o cambio de cromos?

Aunque parezca mentira, el espejismo social que dibuja el PSOE para Euskal Herria parece ejercer la presión necesaria sobre el PNV como para que su dirección asuma las críticas y las propuestas de los primeros como propias. La retirada de la hoja de ruta del Plan Ibarretxe o el adelanto electoral responden a las necesidades del PSOE, pero son verbalizadas y acuñadas por políticos jelkides. La reforma del Estatuto de Gernika o del Amejoramiento navarro puede ser un objetivo del Estado, pero difícilmente puede ser asumido sin mayor recorrido por la sociedad vasca, cuando ni siquiera se han cumplido los términos de esos acuerdos previos.

En ese contexto, la búsqueda de un acuerdo parcial, que no dé una salida real al conflicto vasco y que además suponga asumir las condiciones de debilidad inducidas por el adversario no puede ser calificada como una negociación. Más bien corre el riesgo de convertirse en un vulgar cambio de cromos. La obsesión del PNV por pisar moqueta le está haciendo perder de vista la frontera que separa el deslizarse por la alfombra roja de las instituciones y el convertirse en alfombra de proyectos políticos ajenos.

Más allá de las necesidades partidistas, la sociedad vasca no ha cambiado de la noche del 9-M a la mañana del 10-M. Las opciones políticas estratégicas siguen siendo el unionismo, el federalismo, el autonomismo y el independentismo. Y el problema político de fondo es que sólo el unionismo y el autonomismo tienen posibilidades de desarrollo real. Y, dicho sea de paso, que ante esa imposibilidad algunos independentistas y federalistas prefieren agachar la cerviz y amoldar sus proyectos a la legalidad vigente. La sociedad vasca corre el peligro de caer en la apatía, pero está lejos de padecer ningún tipo de alienación. Los partidos no dan las respuestas que necesitan, pero la pregunta clave que se hacen las vascas y los vascos es clara: ¿Por qué deberíamos apoyar o aceptar un acuerdo que no soluciona el conflicto cuando se puede conseguir uno que lo hace? El resto es puro espejismo.

Tagged with:

Yo también he abortado, de Javier Ortiz en Público

Posted in Derechos, Justicia, Política, Sanidad by reggio on 30 marzo, 2008

Bueno, no es verdad que yo también haya abortado, ni de acuerdo con la ley actual ni al margen de ella, mayormente porque nací hombre y los hombres preñamos sin preñarnos, pero sí que he abortado por connivencia y complicidad, y en algún caso como colaborador necesario.

Escribiré unas pocas líneas sobre esto último.

Hubo un tiempo en el que en España la maternidad estaba mucho más difícil que ahora, que ya es decir. Entonces, quienes vivíamos en tierras algo menos yermas que éstas (en Francia, en mi caso) ayudábamos como podíamos a las mujeres que nos pedían socorro.

Me pesan en el recuerdo tres casos de mujeres que abortaron con mi ayuda en Francia en los años setenta porque, hechos sus cálculos más elementales, no podían permitirse algo que sin embargo las atraía, y mucho: ser madres. Y sufrí con ellas su frustración, en lo que me fue dado.

Hubo una cuarta a la que no pude ayudar porque ni siquiera tuve ocasión y que se nos murió desangrada: Adela, “nuestra flor alavesa, roca guipuzcoana, hierro vizcaíno”, como tan hermosamente cantó en euskara Natxo de Felipe en aquellos años, cuando la mayoría ni siquiera tenía noticia de la historia de la que trataba su triste canción.

Yo, que sé muy poco de paternidades y casi nada de maternidades, pero que he visto a algunas mujeres llorar, enteras pero deshechas a la hora de tomar esa tremenda decisión más relacionada con sus sueños que con sus ovarios, me sumo al clamor soterrado de cuantas dicen que un Gobierno que afirme que no está entre sus principales prioridades ayudar a esas crías (porque suelen serlo) a encarar su propia vida con la necesaria dignidad no sólo no se merece nuestro voto: es que ni siquiera se merece nuestro desprecio.

Yo no he abortado. Pero, si bien lamento que algunas mujeres lo hayan hecho obligadas por una realidad legal, social y política a la que no podían hacer frente, con la ilusión que les habría proporcionado no verse forzadas a ello, no lamento menos, y por las mismas razones, que otras se abstuvieran de abortar, con el favor…

En fin, dejémoslo estar.

Tagged with:

Las excusas son como las nalgas, todo el mundo tiene más de una, ¡Échale la culpa a D’Hondt!, de Pablo M. Fernández Alarcón en Rebelión

Posted in Política by reggio on 30 marzo, 2008

Las excusas son como las nalgas, todo el mundo tiene más de una

¡Échale la culpa a D’Hondt!

Pablo M. Fernández Alarcón

Rebelión

Ahora resulta que la culpa del desastre electoral de Izquierda Unida la va a tener Víctor D’Hondt, ese villano totalitario que ha venido la robar la representación al pueblo. Él solito -y un poco la circunscripción provincial- ha robado los escaños que la izquierda merece tras su participación electoral. Vamos a recoger firmas contra él y hasta le hemos puesto una denuncia. Faltaría más…

Y no se crean, no. No es un chivo expiatorio o -al menos- no es el único: también tenemos a las fuerzas de la naturaleza que mandan tsunamis bipartidistas, a una maldición bíblica llamada “voto útil” y -si hace falta- al mismísimo Zapatero que “rebaña los votos que no le corresponden”, es decir, que son nuestros por designio histórico o vaya usted a saber por qué.

¡La de tonterías que llevamos oyendo sobre el sistema electoral español, sobre el matemático y jurista belga y sobre el “sufragio igual”!

Porque encima no es cierto. No es cierto que D’Hondt diseñara un sistema mayoritario. Más bien lo que hizo D´Hondt fue crear un ponderado sistema proporcional, algo que matizara el sistema mayoritario imperante entonces, un sistema mayoritario que, por otra parte, responde a la doctrina de que el gana gobierna, aunque sea por un voto más que los demás. Cosas de la historia de la democracia…

Es más, parece que el éxito del sistema de D´Hondt fue precisamente el miedo a que los partidos socialistas del XIX ganaran las elecciones, dificultando y moderando así su acceso al gobierno, obligándolos a pactar en un parlamento proporcional. El sistema mayoritario es desde luego discutible, tiene sus ventajas y sus inconvenientes, yo no lo defiendo, pero aceptemos que tampoco es una barbaridad democrática (sobre todo porque suele venir unido al hecho de que los ciudadanos puedan elegir a su gobierno, no como aquí, que se cocina en un parlamento que ya no responde más que ante sus propios pactos e intereses).

Es más, apuesto a que si le preguntamos a un inglés será muy difícil que no nos responda que así se evitan los partidos minoritarios, los clientelismos de intereses de lobby y los extremos políticos. Es verdad que si el inglés es de derechas nos dirá que su sistema ha librado a Inglaterra del comunismo, pero no es menos verdad que si el inglés es de izquierdas nos dirá que ha librado a Inglaterra del fascismo.

Digo todo esto porque la campaña en marcha a favor de la estricta proporcionalidad me recordó de golpe una conversación que hace algunos años tuve con un brillante y extraparlamentario izquierdista inglés -“never mind the ballots…”-, en la que vehemente defendía el sistema electoral mayoritario porque es, en esencia, un culto a la razón, es decir, supone que cualquier idea realmente razonable tendrá el apoyo suficiente para ser defendida al menos por el partido de la oposición.

–A veces una verdad empieza siendo absolutamente minoritaria –le respondí.

–Vale, pero mientras se demuestra o no, puede hacerlo fuera del Parlamento. Y así nos evitamos tener que aguantar a cualquier fool con un 3% hablando en Hard Talk.

–¿Por qué el 3%? –pregunté.

–Es sólo una cifra… más o menos la de los que creen que Elvis aún vive…

Sigo pensando -pese a mi interlocutor inglés- que es mejor, como propone D´Hondt, un sistema que corrija algo las mayorías, dando representación a otras opciones políticas sin llegar a ese sistema proporcional puro según el cual Rosa Díez tendría 4 escaños.

Tampoco es realmente cierto que el sistema de circunscripciones español –que data al menos de las Cortes de Cádiz- penalice tanto a Izquierda Unida.

Al menos si se cree –como de hecho se cree en todas partes (despreciando la común opinión en contra de Jiménez Losantos, de Rodríguez Ibarra y del 97% de los lectores del Diario EL MUNDO)- que la territorialidad debe verse representada, es decir, que si en un territorio se piensa diferente que en el resto, esa diferencia se ha de reflejar en el parlamento, pese a que su peso en la totalidad del Estado sea necesariamente pequeño.

Así, es verdad que el PNV ha obtenido el triple de escaños que IU con un tercio de sus votos, pero es que sólo se presentaba por tres circunscripciones.

Y esa es una gran diferencia… al menos desde el punto de vista de mi interlocutor inglés, ya que mientras el PNV ha obtenido en ellas más del 27%, IU ha obtenido un resultado homogéneo en todas ellas, hasta alcanzar una media del 3,8%, es decir, más o menos el mismo porcentaje de los que creen que Elvis aún vive…

¿Sería diferente si la circunscripción fuera autonómica? No mucho, la verdad, aunque siempre se puede encontrar un criterio electoral que mejore tus resultados ¿Deberíamos acabar con el carácter territorial de la representación? Pues habría que empezar por modificar los propios estatutos de IU que priman –como es obvio- la territorialidad en la elección del Consejo Político Federal. ¿O más bien deberíamos centrarnos en la esencia del problema, es decir, en que Izquierda Unida ha obtenido un porcentaje patético de los votos emitidos?

Se nos dirá que con este sistema se pierden muchos votos, que los restos se tiran a la basura, etc. Vale, pues tampoco me parece tan mal… Si los restos se tiran a la basura todos los votos son importantes en general pero ninguno lo es en particular, al menos no lo suficiente como para que se puedan comprar -como ocurriría de otra manera-. Además los restos son iguales para todos los partidos. El problema –insisto- viene cuando sólo tienes “restos”…

Por no hablar del “voto útil”, algo así como reconocer que votar a Izquierda Unida se ha convertido en algo bastante inútil. Cosa que, al menos electoralmente, no es del todo cierta… De hecho fue por mor del “voto útil” por lo que el PCE pactó el Decreto Ley del 77, germen fundamental de nuestro sistema electoral. Lo hizo desde luego hizo pensando en el “voto útil”, es decir, en quedarse con todos los votos a la izquierda del PSOE, un ámbito electoral –especialmente en el 77- mucho más complejo de lo que el sistema electoral reflejó. Y además le fue bien. De hecho, son ya varias las veces que yo mismo he votado a Izquierda Unida por estrictas razones de “voto útil”, pues había otras opciones –más minoritarias- que en realidad me representaban más.

Y es que lo del voto inútil y el espacio a la izquierda del PSOE es quizá el aspecto más sangrante de este asunto. Pues parece ser que en España hay entre un diez y un veinte por ciento de personas que se sitúan políticamente a la izquierda del PSOE. Incluso, planteados ciertos temas, hay porcentajes mayores. Esto supone que si Izquierda Unida hiciera propuestas coherentes y atractivas, tuviera una actividad política relevante e integradora e hiciera un discurso electoral inteligente podría llegar a obtener –pongamos- al menos un 15% de esos sufragios. Esto supone, grosso modo, unos 50 escaños. Es decir, que en España no se podría gobernar sin el concurso de la izquierda. Y entonces el sistema electoral no sería una antigualla totalitaria sino una conquista a defender por los demócratas…

Y desde luego que habría que defenderlo, porque si IU consiguiera un 15% no sólo el sistema electoral correría verdadero peligro. De hecho Anguita consiguió un diez y medio en el 96 –hasta un 13,6 en unas europeas- y casi le cuesta la vida. Es probablemente cierto, como decía hace poco Pascual Serrano, que Izquierda Unida no pueda conseguir ser nunca en nuestra democracia una alternativa de gobierno, pero no es menos cierto que respecto a eso lo de menos es el sistema electoral.

Pues si hablamos en serio, que la izquierda sólo pueda legitimar el sistema en las democracias bendecidas por la OTAN y el FMI no es una cuestión electoral. El bipartidismo (entendido como que sólo haya dos partidos con posibilidades reales de alcanzar el poder) no es un tsunami, es el mar. Es el mismo error que el del primo de Rajoy: confundir climatología con meteorología. Las razones que impiden que la izquierda pueda gobernar son mucho más poderosas que un sistema electoral. En este sentido, el sistema electoral actual podría ser, en efecto, un magnífico aliado para una izquierda que tuviera algo de fuerza.

De hecho, si hablamos en serio, resulta tan falso decir que el problema es el sistema electoral como echarle la culpa a Soria del bipartidismo, por ser la –única- circunscripción donde sólo se reparten dos diputados.

Sobre todo cuando has obtenido no ese posible 15% sino un 3,8% de los votos, es decir, -aventuro- menos porcentaje que el de personas que creen que en Marte hay hombrecillos verdes.

Puede que haya un momento para que la izquierda proteste por la farsa de la democracia electoral tutelada por Maastricht, Breton Woods, Davos, Bilderberg y –sobre todo- esas Azores en cuya foto se intercambian sucesivamente las caras para justificar una guerra que es, cada vez más, una sola y continua, cada año más global y cada argumento más descarada… pero ese momento no es cuando se obtiene un porcentaje menor –aventuro, esta vez de forma patriótica- que el de personas que creen que la Virgen Nuestra Señora se trajo a hombros desde Jerusalén a Zaragoza un pilar… En fin, se puede pedir el cambio de sistema electoral, pero hay que elegir el momento con un poco de dignidad.

Porque al final es la propia Izquierda Unida, con estas películas de tsunamis y liberticidas belgas de hace dos siglos, quién nos da una idea del problema. Especialmente cuando nos apunta pistas de lo que va a ser su actividad política en la magra oposición que le toca hacer: la de no pactar con ningún partido que no se comprometa a cambiar la ley electoral. Es decir, nada importa la educación, la sanidad o el empleo… nada comparado con lo fundamental: conseguir grupo parlamentario y cambiar la ley electoral.

¿Para qué? ¿Para conseguir los 13 escaños que en estricta proporcionalidad nos darían ese 3,8%? Y si el porcentaje sigue bajando ¿pediremos unos cuantos escaños “por cualidad”, como los que en su día tuvieron la Iglesia o la Universidad de Oxford? Por qué no. Al fin y al cabo somos “la izquierda esencial” y tenemos que tener grupo parlamentario aunque sea por designación real.

En fin, ya se sabe que las excusas son como las nalgas, todo el mundo tiene más de una. Podemos echarle la culpa al tsunami, a D’Hondt, a las Cortes de Cádiz o incluso a Soria. Tal vez todo ello nos ayude a no pensar qué se está haciendo en Izquierda Unida para obtener un porcentaje electoral similar al de los que creen que hay cocodrilos en el Guadalquivir.

Se me acaban las alegorías. Así que paso ya al motivo de este artículo, que no es otro que el de hacer mi contribución al “debate”, adelantando un “malo” para la próxima contienda electoral… Un nuevo chivo, más negro y más cornudo, el máximo del robo electoral, conocido en la ley como “El umbral”.

Al tiempo…

“La próxima tempestad subprime arrastrará a rentas medias que viven en urbanizaciones residenciales”, de Fátima Martín en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 30 marzo, 2008

“La próxima tempestad subprime arrastrará, no ya a pobres y minorías, sino a rentas medias que viven en hermosas casitas en urbanizaciones residenciales”. Quien pronuncia estas palabras, Robert D. Manning, no es un Jim Cramer cualquiera. La solvencia y solidez de sus conocimientos sobre los consumidores estadounidenses le sitúa en las antípodas de los alucinados e interesados telepredicadores económicos que ya la ficción retrató magistralmente en Network en los años 70’s y a los que el tiempo y la tozuda realidad se encargan de poner en su sitio.

El rigor de sus estudios, la gravedad de los acontecimientos y la ausencia de sectarismo de este profesor y director del Center for Consumer Financial en el Rochester Institute of Technology (en el estado de Nueva York) permiten que sus análisis sobre la actual crisis financiera global sean requeridos tanto por el Congreso de EEUU, por un periódico comunista italiano como Il Manifesto, como por el programa Good Morning America, de la cadena ABC. Manning coincide con el profesor de Economía, Nouriel Roubini, en que lo peor de la crisis subprime, especialmente para los consumidores aún está por llegar.

Manning ofrece su propia versión del fin del boom inmobiliario en EEUU y de la actual situación: “La deuda, especialmente la deuda inmobiliaria a través de las hipotecas, prácticamente se ha triplicado en los últimos diez años, y actualmente llega a la increíble cifra de 12 billones de dólares. El motivo de este enorme crecimiento es que se ha atraído al mercado inmobiliario a gente que no tenía recursos para estar en él. Y luego ha habido esta operación concertada para empujar al consumidor endeudado a refinanciar la deuda acumulada del consumo con las tarjetas de crédito, a través de préstamos sobre el valor de la casa, que crecía rápidamente. Todo esto ha durado hasta finales del 2005. El 2006 ha visto el inicio del colapso del mercado inmobiliario”.

¿Cómo se ha llegado a esto? “Ha ocurrido lo que defino como ‘una suspensión de la ley de la gravedad económica’. Hacia el fin de los años 90, los salarios reales en EEUU crecían, pero el aumento de los valores inmobiliarios no se alejaba de la media histórica, en torno al 2-3% anual. Con la recesión de 2001, rentas y salarios declinan, pero en el quinquenio 2001-2005 el valor medio de los inmuebles en las áreas metropolitanas se duplica. Lo que se ha dado es una tremenda disrupción del papel de los ingresos como motor del crecimiento económico, cuyas consecuencias son graves y de momento incalculables. Tampoco es previsible la manera de reparar todo esto. En síntesis, hemos asistido a una redistribución masiva de la riqueza de la clase media a los muy ricos”.

Sólo el 40% de los poseedores de tarjetas de crédito pagan el saldo completo a fin de mes

Robert Manning, estudioso del fenómeno de la concesión de tarjetas de crédito entre los norteamericanos desde hace dos décadas, muestra un panorama desolador entre los consumidores y su adicción a la deuda. “Sólo el 40% aproximadamente de los poseedores de tarjetas de crédito pagan el saldo completo a fin de mes. El 60% restante, que paga amortización más intereses, es de todas formas un dato que se mantiene artificialmente bajo gracias a los préstamos obtenidos sobre el valor de la casa. Pero aun así, la deuda por consumo está ya a niveles de saturación y asistimos a una verdadera explosión de quiebras personales. Nunca antes había sucedido: la gente hacía bancarrota debido a la pérdida del trabajo, no cuando lo tenía. Pero a fines de los años 90 las quiebras personales han llegado a la cuota de un millón, en una fase de casi pleno empleo”.

“Cuando llegó la crisis de 2001, para no exacerbar la situación se eliminaron todos los obstáculos que limitaban las concesiones de préstamos e hipotecas, atrayendo al mercado a minorías urbanas, a personas subocupadas, a gente que no tenía realmente medios financieros. Esa fue la primera fase de la crisis de las hipotecas subprime, y el último coletazo de la burbuja inmobiliaria: hipotecas concedidas en el 2004, 2005 e inicios del 2006. Se trataba de préstamos que venían “empaquetados” por operadores de Wall Street y revendidos a inversores institucionales. Los préstamos subyacentes preveían intereses bajos, al 3-4% durante los primeros 2 o 3 años. Después, los intereses se han disparado al alza, y los titulares de las hipotecas, frecuentemente sin otros recursos financieros a los que recurrir, han perdido su casa de inmediato. El hecho, además, de que estas casas tuvieran un valor muy bajo y de que, por lo mismo, los bancos se encontraran con propiedades no revendibles, ha creado la crisis de liquidez del pasado otoño, con una desestabilización profunda del sistema”.

“Ésta, repito, es la primera fase, que los Estados Unidos están atravesando actualmente. La gente piensa equivocadamente que estamos próximos a tocar fondo y que la recuperación no está lejos. En realidad, es como un huracán y nosotros estamos en el ojo. La segunda tempestad subprime arrastrará, no ya a pobres y minorías, sino a un gran número de rentas medias que viven en hermosas casitas en urbanizaciones residenciales, gente que habría debido obtener hipotecas de 250-300 mil dólares, pero que las ha tenido de 600 u 800 mil. Se trata de gente con algo de recursos, pero que se enfrentan ahora a hipotecas de 600 mil dólares sobre casas que ahora valen 500 mil. Intentarán pagar la hipoteca endeudándose con las tarjetas de crédito hasta que puedan, esperando una recuperación del mercado que, sin embargo, no llegará antes de dos años. Esta segunda fase se manifestará plenamente dentro de un año y medio. Luego están las ilegalidades cometidas por las instituciones financieras para vender estos préstamos. Muchas causas llegarán pronto a los tribunales. Los bancos se verán forzados a la recompra hipotecaria, pero no podrán hacerlo. Citibank, técnicamente, ya es insolvente, y podría no sobrevivir”.

Robert Manning escribió hace 8 años un libro de gran éxito, Credit Card Nation, y, más recientemente, Living with Debt. En la primavera pasada salió un excelente documental basado en sus trabajos, In Debt We Trust, subtitulado “América antes de la explosión de la burbuja”.

Tagged with:

La democracia bajo sospecha, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Política by reggio on 29 marzo, 2008

A la democracia la ha contaminado de desconfianza nuestra sociedad. Una sociedad en la que lo único que cuenta es ganar dinero, tener poder, ser famoso, a cualquier precio, a golpe de lo que sea, engaños, timos, trampas. Una sociedad del chanchullo generalizado en la que nadie se fía de nadie, en la que nada se da por bueno. Y así cuando nos presentan una hazaña -en estos días, en los campeonatos europeos de natación de Amsterdam, Alain Bernard pulverizando los récords de los 50 y lo 100 metros libres- sólo nos preguntamos a qué treta se debe, qué producto potenciador se ha añadido al submutamol que toma para su asma, para lograr hacer el milagro.

Pierre Rosanvallon ha apostillado su libro La contrademocracia, con el subtítulo de La política en tiempos de desconfianza, cuyo propósito es proponer las medidas que puedan combatirla. Al resultado le llama una democracia de vigilancia, que articula en torno de tres funciones: vigilar, denunciar y anotar.

Atrincherado en su posición de profesor del Collège de France, sostiene que, contrariamente a la interpretación dominante, los nuevos movimientos sociales y las modalidades de su militantismo no son comportamientos de ruptura y transformación, sino práctica de vigilancia y estabilización al igual que las intervenciones espontáneas en Internet no son espacios de libertad total sino que han dado lugar a lo que ya se llama la e-democracia de control.

Este clima general de recelo y suspicacia en lo social y cotidiano se agrava sobremanera en lo político. En los dos libros de denuncia puntual de la realidad norteamericana -Suzanne Garment Scandals, The Crisis of Mistrust in American Politics, Times Books; y Mertha C. Nussbaum, Hiding from Humanity: Disgust, Shame and the Law, Princeton University Press- y en las dos formulaciones globales más brillantes de este fenómeno -Mark E. Warren, Democracy and Trust, Cambridge University Press, y Mattei Dogan, Political Mistrust and the Discrediting of Politicians, Leyde and Boston Brill- abundan los ejemplos, los análisis y las conclusiones, que no cabe resumir. Sólo una procedente del último texto citado. Para el profesor Dogan, lo que mejor ilustra la situación actual es la absoluta falta de ejemplaridad de la inmensa mayoría de los líderes políticos, que acompañan su mediocridad con una bien retribuida y visible circulación entre el poder político y el poder económico. Nombres tantos, en la España de hoy, que dan cuerpo cotidiano a la sospecha y fragilizan el régimen democrático. Los analistas, al encarar este malestar múltiple de la democracia, la califican de crisis y con esa designación y desde esa perspectiva, pasan del centenar los libros que en los últimos 25 años lo han abordado.

Uno de los últimos y además de los más penetrantes es el breve texto La démocratie d’une crise à l’autre, de Marcel Gauchet, Edit. C. Deffaut, 2007, en que nos describe el proceso de circularidad crísica que a partir de finales del siglo XIX zarandea la democracia desde el individuo a la sociedad y desde ésta de nuevo a la soberanía individual.

En ese decurso, gracias al sufragio accede a la condición de liberalismo democrático y aprovechando el triunfo de éste frente a los totalitarismos fascista y estalinista, así como la consagración de los derechos sociales en el Estado providencia instala a la democracia en un horizonte sin más allá. Pero a partir de la década de los años ochenta la pujanza del individualismo y el primado de las iniciativas individuales sobre la creatividad de la sociedad civil, la impotencia parlamentaria y la economización de la gran mayoría de los procesos sociales acaban con la vigencia de las clases sociales, arrinconan al mundo del trabajo, reducen la importancia de los grupos y reinstituyen al derecho individual en motor de la historia. Lo que equivale a un adelgazamiento considerable del contenido democrático, que prescinde de todo lo no referido directamente a los individuos.

La soberanía del pueblo desaparece engullida por la soberanía del individuo y la comunidad en su doble dimensión de pública y de lo público es sustituida por la sociedad política del mercado y por la sociedad del mercado político. Al régimen resultante se le ha calificado de democracia mínima, en la que la sustancia decisiva son los derechos humanos, de aquí su apelación de Democracia de los Derechos Humanos. Por lo que la política contra ellos del presidente George Bush -Guantánamo, Bagram y, sobre todo, el veto a la ley del Congreso que prohíbe la tortura- deja a la democracia absolutamente vacía y sin sentido.

Tagged with:

Profesión de alto riesgo, de Josep Lluís Barona en El País de la Comunidad Valenciana

Posted in Internacional, Medios, Política by reggio on 29 marzo, 2008

Difunden los medios la noticia de que Ilias Shurpáyev, corresponsal del canal 1 de la televisión rusa, ha aparecido estrangulado y apuñalado en su apartamento de Moscú. Tenía apenas treinta y dos años y su especialización periodística en la situación política del Cáucaso le había convertido al parecer en un peligroso disidente. Hace poco más de un año el cuerpo de Anna Politkóvskaya apareció acribillado a balazos en el ascensor del edificio donde vivía en el centro de Moscú. Unos meses antes de morir, en el curso de un congreso dedicado a la libertad de prensa que había organizado Reporteros sin Fronteras en la ciudad de Viena, Politkovskaya había declarado: “La gente a veces paga con su vida por decir abiertamente lo que piensa… No soy la única que está en peligro”. Y años antes, mientras realizaba una crónica de guerra en Chechenia, rodeada por carros de combate blindados, soldados armados y civiles asustados, la periodista rusa miraba alrededor y se preguntaba: “¿Dónde está el frente de guerra?”. Politkovskaya escribía sus notas pensando en el futuro; quería que fueran un “testimonio de las víctimas inocentes”. Politkovskaya sabía que el frente de guerra era ella, como también lo ha sido Ilias Shurpáyev o los periodistas escandinavo que publicaron las viñetas de Mahoma, y tantos otros que ejercen la libertad de opinión desde los medios, amenazados por todas y las más variadas formas de coacción. El frente de guerra contra el que apuntan todas las armas de la intolerancia son todos los ciudadanos libres.

Mucho ha cambiado el mundo desde aquella época en que las apuestas innegociables del sabio Karl Popper por la sociedad abierta nos parecían una propuesta conservadora e insuficiente, una especie de expresión conformista del liberalismo burgués. Con el transcurso del siglo XX hemos podido comprobar que todas las revoluciones y contrarrevoluciones han derivado en pretextos autoritarios para atropellar lo que, en definitiva, es la única medida de la grandeza del ser humano: el respeto a la libertad de pensamiento y a la universalidad de la dignidad y los derechos del hombre. Dos atributos hoy en día amenazados y en el frente de guerra de muchos poderes que tienen una influencia creciente en la dinámica de poderes del mundo actual. ¿Quién le iba a decir al filósofo de Viena que preservar los principios más elementales de la Ilustración llegaría a convertirse en un planteamiento radical o incluso revolucionario? Que nunca falte una flor en la tumba de Shurpáyev y Politkóvskaya.

Tagged with:

Irak: los costes de una agresión, de Araceli Mangas Martín en El Mundo

Posted in Derechos, Internacional by reggio on 29 marzo, 2008

TRIBUNA LIBRE

No fue la decisión correcta. Fue una decisión estratégicamente equivocada, además de ilegal. Cinco años después y todavía durante mucho tiempo la población iraquí y la Humanidad en su conjunto seguiremos sufriendo las consecuencias de aquella decisión. No voy a malgastar mucho espacio en argumentar sobre la ilegalidad de la acción armada de Estados Unidos y Reino Unido jaleada de forma bufonesca por el ex-presidente Aznar. La inmensa mayoría de los especialistas de Derecho Internacional de los más variados estados calificaron aquella acción como ilegal. Fue una agresión armada sin fundamento jurídico alguno. El Derecho Internacional no permite usar la fuerza a ningún Estado ni a grupos de estados para derribar una dictadura (por definición, todas las dictaduras violan los Derechos Humanos).

Es bien sabido que EEUU y Reino Unido buscaron con ahínco la autorización de la ONU. Al no obtenerla, declararon que no era necesaria por tener el concurso de varias resoluciones «concatenadas». Se dijo que no es una en concreto la que legitimaba implícitamente el uso de fuerza sino todas en una lectura «sistemática» y «entre líneas». Otro argumento fue el de la intervención humanitaria dado que el régimen de Sadam Husein había violado los Derechos Humanos. Tras cinco años de ocupación militar en Irak, la democracia es invisible y los derechos humanos se siguen violando con la misma impunidad por las fuerzas norteamericanas, los mercenarios y las guerrillas locales. El pueblo iraquí ha cambiado de gobernantes pero no de brutal dominación.

Un tercer argumento era la supuesta posesión de armas de destrucción masiva. Era insultante ya entonces, pues todo el mundo pudo seguir en directo diversos informes del jefe de los inspectores de Naciones Unidas al Consejo de Seguridad sobre los resultados negativos de tales inspecciones. Ni los expertos ni la opinión pública habían olvidado que el «temible» ejército iraquí quedó diezmado en apenas seis semanas de campaña militar en 1991 y había sufrido un fuerte embargo y aislamiento desde entonces. También los especialistas de varios continentes aseguraban que era racionalmente imposible que el régimen de Sadam Husein tuviera armas de destrucción masiva, teniendo en cuenta que no las usó en la primera guerra y, sobre todo, porque Estados Unidos no ataca a otro que tenga armas nucleares. Hoy ya todo el mundo sabe, lo han confesado los diversos departamentos del Gobierno norteamericano involucrados, que mintieron; no que se equivocaran en sus análisis, sino que lo hicieron a sabiendas.

Un cuarto argumento: atribuyeron al régimen de Sadam vínculos de apoyo a Al Qaeda para conectar con la legítima defensa reconocida en la Resolución 1368 (2001), tras el 11-S, que legitimó la invasión de Afganistán. Pero ninguna resolución del Consejo vinculó a Irak con el terrorismo internacional; tal vínculo era negado claramente por los expertos debido a las características del régimen iraquí. El tiempo ha demostrado que el trío de las Azores mintió una vez más y, lo que es más grave, que Al Qaeda llegó a Irak con los agresores norteamericanos y británicos… Con Sadam Husein no había el menor cobijo para Al Qaeda.

Por el contrario, los costes fueron previsibles en todos los análisis de la época: violaciones del Derecho Humanitario, desestabilización, aumento del terrorismo internacional, etcétera. De menor a mayor, un primer coste: humillación y deterioro de la ONU por su gestión posterior. Las resoluciones posteriores a la invasión no la mencionan, como si fuera «la guerra que nunca existió». Es más, la ONU nombró un representante ante las fuerzas de ocupación, levantó las sanciones contra Irak y delegó sus propios poderes de administración del territorio iraquí a favor del invasor a pesar de que el Convenio IV de Ginebra de 1949 no autoriza al ocupante a hacerse con los recursos naturales del ocupado. La ONU claudicó a la voracidad de EEUU y sus nuevos aliados sin prever los costes de credibilidad ante la opinión pública mundial, en especial entre la población y estados árabes, al ver colaborar amigablemente a la ONU en la ocupación.

Un segundo coste: se ha perdido autoridad moral por la hipocresía del discurso de EEUU y de las democracias europeas sobre el respeto a los Derechos Humanos. La invasión de Irak en 2003 pasará a la Historia por los aberrantes crímenes de guerra y contra la Humanidad cometidos por las Fuerzas Armadas norteamericanas y británicas, de los que tuvimos abundantes pruebas desde la primavera de 2004 (cárcel de Abu Ghraib) sin que hayan cesado totalmente. Los informes del Comité Internacional de la Cruz Roja son rotundos en la exposición de los hechos. Ante todo el mundo civilizado y, en especial, ante el mundo árabe y musulmán se ha perdido fuerza moral y legitimado el terrorismo internacional. La doble moral ha sido descubierta, no ya por Al Qaeda y sus células dispersas por todo el mundo, sino por la gran mayoría de la población musulmana. Y, además, algunos estados democráticos, como Estados Unidos y Reino Unido, responden al terrorismo islamista desmantelando el Estado de Derecho. Al Qaeda sabe que su victoria está en la respuesta histérica a sus brutales ataques.

Tercer coste: fue una guerra estratégicamente equivocada. Si pretendían luchar contra el terrorismo internacional, los invasores lo han fortalecido. El Irak de Sadam era una dictadura, como la que padecimos con Franco; como otras muchas dictaduras con las que EEUU y los europeos hacemos negocios, pero no era un régimen islamista sino «laico». El vacío de poder que existe desde mayo de 2003 lo provocó irremediablemente Estados Unidos con su forma de hacer tabla rasa de las estructuras civiles y administrativas del país y con su persecución de los suníes dejando el control a las milicias chiíes (próximas a Irán). Los terroristas islamistas, que se vieron forzados a dispersarse tras la invasión de Afganistán, encontraron cobijo en la anarquía propiciada por los invasores de Irak. La invasión forzó el reclutamiento y la concentración de los criminales que comulgan con la lucha de Al Qaeda. La invasión fortaleció a los chiíes en la región y provocó el enfrentamiento armado entre ambas facciones musulmanas, y en ese río revuelto Al Qaeda ha encontrado su vivero de yihadistas. Por fin, en 2007, EEUU percibe el error y cambia de aliados, propiciando la alianza con sus antiguos enemigos, los suníes, rearmando a antiguos integrantes del ejército de Husein para que combatan a Al Qaeda y puedan hacer frente al dominio chií en la zona que ellos favorecieron y a la casi inevitable guerra civil.

Cuarto coste: Estados Unidos lanzó un mensaje siniestro al mundo favoreciendo la proliferación nuclear horizontal. Atacaron a Irak porque no tenía armas nucleares. Quien tenga el arma nuclear tiene un seguro de no agresión. Los EEUU jamás atacarán a un Estado con armamento nuclear. Ahí está la prueba: a la brutal dictadura norcoreana se la tolera y se negocia con ella o al dictador pakistaní se le tolera su política de una de cal y otra de arena con los talibán refugiados en su territorio y los viveros de terroristas de sus madrasas; por ello, Irán se apresura a tener el arma nuclear. Y algún caudillo sudamericano sueña con tenerla.

Quinta consecuencia: por si fuera poco lo anterior, el mayor error estratégico fue eliminar el dique de contención sobre Irán. Irak era un aliado de Occidente para contener al Irán fundamentalista. Y le apoyó en su guerra contra Irán de 1980 a 1988. Pero la moderación de los sucesores del Ayatolá, Rafsanyani y Jatami (1989-1997) hizo caer en un espejismo a EEUU que, desorientado, se inventó otro enemigo. Al derrocar a Sadam desestructurando a Irak, se perdió el contrapeso a Irán y al fundamentalismo chií. El régimen suní de Irak era el mejor dique de contención del provocador régimen chií de Irán. Otra prueba más de la suicida e insensata política norteamericana es su intermitente aproximación a Irán recabando ahora su ayuda para controlar a Irak… O haciendo depender su entendimiento con Irán de una ascendente Rusia.

Controlar y reconstruir Irak será imposible. Estados Unidos se inventa sus propios enemigos o los multiplica. Con el único argumento de su fuerza militar, ha demostrado que no tiene capacidad de liderazgo global. Tras la derrota en Vietnam, añade esta segunda colosal derrota militar y política: ha fortalecido el terrorismo internacional y el ascenso fundamentalista propiciando la desestabilización de los regímenes musulmanes moderados y ha favorecido el triunfo del chiísmo (Hamas ganó las elecciones en Palestina, Hizbulá provocó la guerra en Líbano y humilló a Israel, se protegió a la minoría chií en Irak) convirtiendo a Irán en la potencia determinante de Oriente Próximo. ¿Alguien de buena fe puede decir que invadir Irak fue una decisión correcta?

Araceli Mangas Martín es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Salamanca.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Caixa Inglés, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Cultura by reggio on 29 marzo, 2008

SABATINA SABATICA

La democratización de la cultura es lo que tiene, que una vez producida es inflacionaria. Una inundación. La milla de oro del arte mundial, en Madrid, entre el Thyssen y la Casa Encendida, es una riada humana difícil de contener, canalizar y, sobre todo, achicar. Lo que faltaba para el duro era el Caixa Forum y su jardín vertical. Las masas toman el edificio, con acceso gratuito -que eso influye-, como si se tratara de las escaleras mecánicas de El Corte Inglés. O de un centro comercial de ocio asegurado. O de un parque temático.

Bien cierto es lo que se maliciaban los expertos ante el fulgor arquitectónico de los nuevos museos. A la que te descuidas, interesan más las formas del contenedor que los fondos del contenido. La muchedumbre irrumpe, toma los ascensores, asalta las escaleras y se derrama por los pasillos a saciar su infinita curiosidad. No es la actitud de quien va a contemplar, es la ansiedad de quien se propone refitolear, comprobar, poder decir: yo estuve allí y qué bonito era. El parangón con el centro comercial o con el parque temático no es baladí. La llamada modernización de los museos ha dado en configurar un espacio de recreo y consumo en el que, si no el día, se puede pasar la mañana tan ricamente. Se puede dejar a los abuelos en la cafetería, después de la experiencia del ascenso o del descenso, y atender al tirón de manos de los niños que se precipitan hacia la tienda. Los libros de arte y ensayo de importación esperan un comprador con criterio de día laborable, pero el surtido de imanes, camisetas, tazas, bolígrafos y bolsitos estampados excita la adrenalina consumista del sobreestimulado grupo. Los cuadros están allí para quien los quiera ver, para quien tenga la paciencia de detenerse y la oportunidad de sortear a quienes transcurren por delante de ellos. Para quien consiga, maleado por el ritmo televisivo, hacer el casi imposible ejercicio de metabolizar interiormente la mirada que ha lanzado hacia el exterior del lienzo. Pero tampoco hay que pararse mucho para ver sin mirar.

Mirar, lo que se dice mirar, se mira por el objetivo de las cámaras digitales y de los teléfonos móviles que todo el mundo empuña. El tópico de las nubes de japoneses sitiando El Prado con sus cámaras fotográficas se ha desmoronado. Ahora somos los aborígenes, gracias a la otra democratización -la del consumo en tecnología-, quienes flasheamos a destajo con nuestros bien ganados y mínimos artefactos digitales.

Las broncíneas e imponentes esculturas de Igor Mirotaj, a lo largo de la verja del Jardín Botánico, son escenario codiciado. Los paseantes urgen a sus acompañantes a que se posicionen junto a las enormes piezas para ser fotografiados. Se podría deducir que la bullente multitud, más que ver las esculturas, quiere verse junto a ellas. Se ordena al niño, al padre o al novio que se sitúe, y zás, el suave disparo digital certifica para siempre que estuvimos allí. No miramos mucho la obra, pero nos miraremos junto a ella. No es seguro que se incremente nuestra cultura, pero es indubitable que estuvimos en el ajo.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with: