Reggio’s Weblog

El ‘felipismo’ ha muerto. ¡Viva el ‘zapaterismo’!, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 31 marzo, 2008

A FONDO

Nada más ganar el PSOE las elecciones del 14 de marzo de 2004, Rodríguez Zapatero cumplió una promesa que le había hecho al secretario general de la UGT, Cándido Méndez. El líder socialista se había comprometido con el sindicalista a que, si se producía el triunfo del PSOE, irían los dos, el lunes 15 por la mañana, al cementerio de La Almudena de Madrid para visitar la tumba de Pablo Iglesias.

Un amigo que le acompañó a la discreta cita le preguntó al futuro presidente si había podido dormir la noche anterior, a lo que éste le respondió con un convincente «sí». Pero Zapatero, de camino al cementerio, parecía circunspecto. «¿Te preocupa algo?», le interrogó su acompañante. «No», respondió, esbozando una malévola sonrisa: «Estoy pensando en la cantidad de compañeros que ahora se estarán preguntando si voy a contar o no con ellos».

Ese es uno de los componentes de la llamada erótica del poder. Saber lo que otros no saben, jugar con la incógnita, ser consciente de que uno puede colmar o frustrar muchas aspiraciones.

La semana pasada, con los rumores sobre futuros ministrables cruzando de un lado a otro como puñales envenenados, Trinidad Jiménez, una de las personas que suena siempre para casi todo (por méritos propios), confesaba: «Nadie sabe nada. Sólo lo sabe José Luis. Guardará el secreto hasta el último momento. Ya lo hizo cuando llevó a cabo la última remodelación del Gobierno. Algunos se enteraron una hora antes de que iban a ser ministros. Eso al presidente le encanta».

Si Zapatero, ya en 2004, era absolutamente consciente de su poder, ¡imagínense ahora! Señoras y señores, acaba de comenzar en la vida política española una nueva etapa: El zapaterismo.

Hasta ahora, lo único cierto, más allá de las quinielas más o menos bien intencionadas, es que el presidente ha elegido como portavoz del Grupo Socialista en el Congreso a su amigo José Antonio Alonso. Y eso es una señal muy importante.

Claro que Alonso tiene virtudes. Seguro que es uno de los hombres que puede hacer mejor la tarea para la que se le ha elegido (en primer lugar, pactar la renovación del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional). Nadie puede negarle el reconocimiento a su callada labor en Interior y Defensa. Pero esas cualidades necesarias no hubieran sido suficientes si Alonso, Toño, no fuera, sobre todo, un hombre absolutamente fiel a Zapatero.

Ese va a ser el tono del Gobierno: la fidelidad.

Sabemos que María Teresa Fernández de la Vega no sólo seguirá siendo la vicepresidenta política, sino que el presidente quiere que gane aún más peso en el nuevo Gabinete. La vice ha conectado bien con Zapatero durante la primera legislatura. Es una persona de su confianza, aunque sin llegar a alcanzar la relación de intimidad que sí que mantiene con Alonso.

Sabemos también que Solbes seguirá siendo vicepresidente económico. Zapatero se fía de él. Aunque, a partir de ahora, va a tener que enfrentarse a una situación nueva: caída del crecimiento, inflación y aumento del paro.

Solbes es una herramienta útil para Zapatero. Le quita presión del lado del mundo del dinero y le da respetabilidad a su Gabinete. «Aunque le cuesta tomar decisiones», dice un socialista que le conoce bien, «es un artista manejando la caja del Estado. Ha conformado un equipo sólido (el dúo Taguas, Ocaña) de su cuerda y que sigue sus instrucciones al pie de la letra».

Para muestra de esa habilidad como cajero, un botón. El secretario de Estado de Hacienda anunció la semana pasada una reducción del superávit de la Administración central en los dos primeros meses del año del 27%. Se trata de dar un mensaje claro: defensores a ultranza del gasto público como remedio a la crisis, ¡abstenerse!

Una de las batallas más interesantes que nos deparará el nuevo Ejecutivo es ésa. La que se producirá entre el prudente Solbes y los partidarios de combatir la crisis con un giro social más pronunciado (léase Caldera). Será también bonita la que provoque el resultado de la combinación de mentalidades del ministro de Economía y de Miguel Sebastián, que, a buen seguro, formará parte del Gobierno en esta nueva etapa aún más zapaterista que la anterior.

Solbes, como ya hizo hace cuatro años, juega a hacerse querer. Dice que sólo estará dos años más. Ya veremos.

Uno de los asuntos clave, aún por determinar, es si habrá una tercera vicepresidencia y, naturalmente y más significativo todavía, quién la ocupará. Es decir, quién será la estrella ascendente en esta segunda legislatura.

Bien. Hablemos de Rubalcaba. Nadie duda de que el ministro del Interior en funciones se ganó el puesto a pulso desde la portavocía del Grupo Socialista. Y que su gestión en ese complicado Ministerio, sobre todo tras la ruptura de las negociaciones con ETA, ha merecido un notable.

Pero, ¿seguirá Rubalcaba en el Gobierno? Fue él mismo quien desató todo tipo de especulaciones cuando dijo en una emisora de radio que había «abierto un periodo de reflexión» sobre su continuidad. Alegó problemas personales que, en este caso, no son una mera excusa, sino que se corresponden con una cruda y dramática realidad familiar.

Ahora bien, ¿es sólo esa situación la que provoca sus atormentadas reflexiones? Rubalcaba es un político de los pies a la cabeza y, como tal, una persona ambiciosa. Muy ambiciosa.

El titular de Interior persigue desde hace ya tiempo una vicepresidencia en el Gobierno. Ya lo intentó cuando trató de patrocinar a María Teresa Fernández de la Vega como candidata socialista a la Alcaldía de Madrid. A pesar de que hizo todo lo posible por enfrentarla a Alberto Ruiz-Gallardón, la jugada no le salió bien.

Sin embargo, ahora piensa que se ha ganado con creces el puesto que le situaría claramente en la primera división del Ejecutivo.

Para su desgracia, Rubalcaba tiene varios inconvenientes. El primero de ellos es que pertenece a otra etapa. Ha sido, por así decirlo, un nexo entre el felipismo y el zapaterismo. Y él lo sabe. ¡Qué mal le sentó ese titular del diario progubernamental Público en el que se aludía a Alonso como «el Rubalcaba de Zapatero». Sabiendo la influencia que La Moncloa y José Blanco tienen en ese rotativo, el ministro en funciones interpretó perfectamente el mensaje. Si Alonso era el Rubalcaba de Zapatero, ¿qué diantres había sido él cuando ejerció como portavoz socialista?

¿Acaso no quiere Zapatero que continúe? Por supuesto que sí, pero no a cambio de darle tanto poder como a Fernández de la Vega. Su velada amenaza de dejar la primera línea (aunque manteniendo su acta de diputado por Cádiz) no es más que el último intento para tratar de ablandar el corazón de hielo del presidente.

No es el momento de hacer el epitafio del felipismo, pero que a nadie le quepa duda de que Zapatero quiere marcar su propia impronta en el gobierno de España y en la trayectoria del Partido Socialista. Si en la primera legislatura -lograda, como la Secretaría General, contra pronóstico- mantuvo necesarios lazos con el pasado, ahora no tiene ninguna necesidad de ello. González, prepárate para el partido de homenaje.

Ciudadanos: el zapaterismo utópico ha dado paso al zapaterismo científico.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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