Reggio’s Weblog

Agua: de la necesidad a la virtud, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 31 marzo, 2008

Parece imposible que el Govern d´Entesa sea tan ingenuo, a estas alturas de la película. ¿Creyeron realmente los consellers Baltasar y Saura y el president Montilla, políticos bregados en mil batallas, que la propuesta de trasvasar agua del Segre al Llobregat sería contemplada angélicamente por los políticos de las comunidades que se sienten agraviadas por el no catalán al trasvase del Ebro? Baltasar les ha servido en bandeja la copa de la venganza. Ya se levanta el polvo de la indignación nacional catalana: “¡Deslealtad!”, afirma Saura, después de escuchar el rotundo no de la vicepresidenta. ¿Acaso no recuerda Saura que Teresa F. de la Vega encabezó la candidatura valenciana? ¿Puede decir sí a un trasvase catalán – aunque se trate de un trasvase desesperado, pequeño y provisional- aquella que defendió ante sus propios votantes el no del delta catalán al trasvase valenciano?

Ya sé que no es lo mismo. Las bocas que necesitan imperiosamente el agua no equivalen a los proyectos inmobiliarios, turísticos y agrarios que necesitaban el trasvase del Ebro para prosperar. Pero los catalanes nos permitimos, en aquellos años de falsa discusión sobre el Ebro, dar lecciones a valencianos, murcianos y almerienses sobre economía, sobre desarrollo, sobre cultura del agua. “No al agua para el derroche”. “No al agua para las obras faraónicas”, dijimos, como si estuviéramos limpios del pecado del derroche. Pero la vida da muchas vueltas. ¿Puede extrañar que los perjudicados de aquel entonces se levanten ahora para beberse, en frío y en vaso largo, el agua de la venganza? (La España de las autonomías es un laberinto para Catalunya: cada día está más claro, y más claro se verá con la financiación catalana, que va a discutirse en la diabólica coyuntura de una crisis. Todo el mundo ha copiado el sistema de la queja y el agravio. El lobo feroz ya no es el Estado. Cada agravio catalán encuentra el rebote de otros múltiples agravios.)

Baltasar es un hombre risueño y preparado, alejado de cualquier dogmatismo, con gran experiencia en la gestión. Apenados por tener que afearle sus errores de estos días (su sigilo ocultista, su obsesión por buscar un nombre falso al trasvase), algunos comentaristas han buscado una explicación psicológica. “Es que, con la solución del Segre, Baltasar está defendiendo una política contraria a sus ideas”, decía un tertuliano el otro día. No es eso. Alguien que ha pasado del comunismo al ecologismo está curado de espantos ideológicos: Baltasar sabe mirar a la realidad cara a cara. Sucede que tiene sentido de culpa, que es otra historia. O vergüenza. Por lo del Ebro. Un error del que participó toda la izquierda.

Las reivindicaciones del delta del Ebro eran y son justas. Muy justas. Pero discutibles. No pudo y no quiso discutirse nada. El clima emocional lo impidió. Cabalgando sobre la gran emoción, las izquierdas catalanas encontraron en la batalla del Delta la gran oportunidad de apuntillar al pujolismo y de empezar a construir el gran muro de contención contra el aznarismo. Como el grandioso “no a la guerra” y como el “no al PP” que se repite en cada elección, el “no al trasvase del Ebro” resume las características de la política catalana. Sabemos negar muy bien, con gran aparato sonoro. Pero cuando tratamos de construir un sí, el fantasma del no cobra sus préstamos. Y los cobra muy caros. En España, Catalunya no tiene aliados. Aragón dijo “no al trasvase” porque pretende para sí toda el agua del Ebro (no hace falta que construya Las Vegas de los Monegros para que podamos hablar de despilfarro: regar inmensas extensiones de maíz, en plena canícula feroz y en tierras antaño desérticas, será beneficioso económicamente, será desarrollo, pero nunca podrá considerarse expresión de la nueva cultura del agua).Aragón quería lo suyo y lo tiene. Valencia y Murcia no lo tienen y están que trinan. El fantasma del no cobra sus préstamos: del embrollo sólo puede salirse reconociendo el error de no aceptar, al menos, la discusión sobre la posibilidad de repartir agua para todos.

No será fácil convertir el caso del Segre en un nuevo agravio a Catalunya. Ni siquiera en un nuevo ataque al tripartito. Primero, porque la conurbación barcelonesa no va ducharse con banderas: exigirá respuestas, no soflamas. Y segundo, porque en las tierras de Lleida este trasvase amenaza con amargar un momento muy dulce. El Manifest de Vallbona-Compromís per Lleida, que está convocando grandes adhesiones en los últimos tiempos, no es un movimiento defensivo e irredentista al estilo del Delta. Al contrario: es un movimiento civil que une a gente del campo, de la empresa y de la universidad para impulsar el desarrollo de la región leridana alrededor, precisamente, de otra manera de entender el agua y el territorio. Este movimiento, sensato, lúcido y razonable, sólo contribuirá a hacer posible desde el Segre la demanda de agua de Barcelona si el Govern accede a situarlo en un contexto general. Desde Lleida creen que es posible hacer de la necesidad de agua virtud territorial. Ellos ven el canal Segarra-Garrigues como la nueva línea costera que podría compensar la superpoblada franja mediterránea y contribuir a reequilibrar demográfica y económicamente el país. He ahí una respuesta interesante. Válida para Lleida, para Catalunya (y para Valencia o Aragón: para España). Hablemos del agua, dicen. Pero no solamente de agua: hablemos del territorio. De cómo crecer sin despilfarrar. De cómo ser solidarios sin agotar los recursos. De cómo solucionar una emergencia no confirmando las irracionalidades del presente, sino poniendo las bases de un futuro más equilibrado y racional.

Anuncios
Tagged with:

Una respuesta

Subscribe to comments with RSS.

  1. Brian said, on 31 marzo, 2008 at 1:31 pm

    “Hablemos del agua, dicen. Pero no solamente de agua: hablemos del territorio. De cómo crecer sin despilfarrar…”

    Exacto. Y yo añadiría: dejemos hablar a quienes entienden y gobernar a los gobiernos. Y si no saben gobernar, que se vayan; pero un país no puede funcionar en plan asambleario, con decisiones ‘a mano alzada’ por decirlo de alguna manera. Hay que decidir si queremos vivir como anacoretas o según la civilización moderna. Y una vez decidido, acatar la decisión.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: