Reggio’s Weblog

La teoría de la bofetada, de Paul Krugman en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 23 marzo, 2008

Los datos sobre empleo publicados hace unos días -tan débil que muchos economistas declaraban que ya estamos en recesión- son una mala noticia. Pero en realidad son menos preocupantes que lo que está ocurriendo en los mercados financieros. Lo más terrorífico que he leído recientemente es un discurso pronunciado por Tim Geithner, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Geithner estuvo todo lo cerca de decir que estamos al borde del desastre económico que un funcionario de la Reserva Federal puede permitirse.

Para entender la gravedad de la situación hay que saber qué hizo la Reserva Federal (Fed) el pasado verano, y de nuevo el pasado otoño. En agosto, la palabra de moda entre las autoridades económicas era “contenidos”: los problemas de las hipotecas basura no se extenderían a otros mercados financieros, ni al conjunto de la economía.

Poco después, sin embargo, se desataba un pánico financiero general. Los inversores retiraron cientos de miles de millones de euros de papel comercial respaldado por activos, un mercado poco conocido pero importante que ha asumido buena parte del trabajo del que solían encargarse los bancos. Este pánico bancario enviaba ondas expansivas a todo el sistema financiero.

La Reserva Federal respondió aportando dinero a los bancos, y los mercados se calmaron en parte, durante un tiempo. Pero en diciembre volvía el pánico y, una vez más, la Reserva Federal respondió inyectando dinero a los bancos, esta vez mediante un nuevo sistema denominado Programa de Subasta a Plazo [Term Auction Facility]. Una vez más, los mercados se calmaron, durante un tiempo. Una consecuencia de la crisis es que si bien la Reserva Federal ha estado recortando los tipos de interés que controla, los tipos que influyen de manera más directa en la economía, como los hipotecarios y los de los bonos empresariales, han seguido subiendo. Y eso agudizará la crisis económica.

¿Qué está ocurriendo? Geithner describe un círculo vicioso en el que todos los bancos y otros actores del mercado que asumieron riesgos excesivos intentan librarse de las inversiones inseguras todos a la vez, lo cual está causando “significativos daños colaterales en el funcionamiento del mercado”.

Un informe publicado por JP Morgan Chase es incluso más contundente. Describe lo que está ocurriendo como una “exigencia sistemática de reposición del margen de garantía” en la que todo el sistema financiero se enfrenta a exigencias de aportar un dinero en metálico que no tiene.

A los bancos que pudieran recaudar dinero en metálico mediante la venta de activos se les anima a solicitar dinero a la Reserva Federal, usando los activos como garantía. En el peor de los casos, la Reserva Federal se vería convertida en propietaria de unos 131.000 millones de euros en títulos con garantía hipotecaria.

A algunos observadores les preocupa que la Reserva Federal esté asumiendo el riesgo financiero de los bancos. Pero lo que a mí me preocupa más es que la medida parece insignificante en comparación con el tamaño del problema: 131.000 millones de euros pueden parecer muchísimo dinero, pero cuando se comparan con el tamaño de los mercados que se están viniendo abajo (hay 7,5 billones de euros en hipotecas estadounidenses pendientes de pago), es como una gota en el océano.

El único modo de que la medida de la Reserva Federal pueda funcionar es mediante el efecto bofetada: si impone un tiempo muerto en esta fiebre de ventas, la Reserva podría dar a los mercados histéricos la oportunidad de recuperar el sentido de la perspectiva. Pero la bofetada sólo funciona si los problemas del mercado son cuestión de mera psicología. Y dado que la Reserva Federal ya ha abofeteado al mercado en la cara dos veces, sólo para que la crisis financiera volviese enseguida a rugir, resulta difícil de creer.

Puede que a la tercera vaya la vencida, pero lo dudo. Probablemente pronto se tendrá que hacer algo de verdad para reducir los riesgos a los que se enfrentan los inversores. Un plan para restaurar la credibilidad de los bonos municipales sería un punto de partida (¿no es una locura que a este respecto sea el Estado de Nueva York el que lleva la delantera, y no el Gobierno federal?).

Nadie quiere poner en aprietos a los contribuyentes por las locuras del sector financiero; todos podemos esperar que, al final, no haga falta una ayuda de emergencia. Pero una esperanza no es lo mismo que un plan.

© New York Times News Service.

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Un respiro, de Santos Juliá en Domingo de El País

Posted in Política by reggio on 23 marzo, 2008

Llevamos unas cuantas legislaturas con las identidades a flor de piel. Se diría que no hay cosa que más inquiete a la gente que saber de una vez por todas quién es, de dónde viene y adónde va. Los historiadores están volcados en el estudio de lo que llaman procesos de construcción nacional: no hay cosa que venda hoy más que todo lo relacionado con la memoria y la identidad, ambas colectivas. Las ciencias sociales llevan ya tiempo empeñadas en dilucidar lo que los más madrugadores en este negociado definieron como nation-building en compañía del state-making (igual pudo haber sido al revés: nation-making acompañando a state-building, pero así quedaron las cosas). Y si se vuelve la vista a la agenda de los políticos, aquella vieja obsesión por recuperar las señas de identidad que llenó a rebosar los años de la transición ha vuelto con fuerza crecida en forma de recuperación de la memoria; histórica, naturalmente.

Sumergidos, pues, en esa ola sin cesar rampante, estas elecciones han supuesto un respiro -¿a lo peor sólo un espejismo?- en la pendiente identitaria por la que tan alegremente vamos cantando, vamos bajando. El PNV ha conseguido en 2008 un número de votos sensiblemente igual -aunque en términos relativos, casi un tercio menor- al alcanzado en 1977: alrededor de 300.000. Tres décadas transcurridas desde las primeras elecciones, un montón de años de gobierno a las espaldas, empleando todo el presupuesto necesario para trenzar sólidas tramas caciquiles, predicando a todas horas, adoctrinando desde todos los púlpitos, construyendo nación sin parar, con la oposición asediada, amenazada de muerte, y ahí sigue, empantanado: ni siquiera dos de cada diez ciudadanos vascos votan al PNV en elecciones generales.

No son muchos más los que votan al resto de partidos nacionalistas. En Cataluña, por ejemplo, donde es más sutil la divisoria entre nacionalistas y catalanistas, la suma de los votos obtenidos por los dos grandes partidos de ámbito estatal supera en las cuatro circunscripciones el 50% del total, y en Barcelona llega al 63%. Ciertamente, se trata de elecciones generales, y ya se sabe que tanto en Euskadi como en Cataluña no se vota igual en legislativas que en autonómicas, pero, en fin, algo querrá decir, respecto a la penetración del ansia de independencia en las otrora llamadas masas populares, que las tales prefieran enviar al Parlamento español diputados pertenecientes a partidos de ámbito estatal que a los candidatos de partidos nacionalistas, sobre todo si ponen fecha a la proclamación de soberanía o a la convocatoria de algún sucedáneo.

Y el nacionalismo español, ¿qué suerte ha corrido en estas elecciones? Más difícil de sopesar, parece claro que allí donde las identidades son más, y más plurales, el españolismo se estanca o retrocede ligeramente, mientras parece reforzarse en esa columna vertebral del poder de la derecha consolidado en la línea ferroviaria Madrid-Valencia con parada en Murcia. Habría que ver, sin embargo, si ese refuerzo, como el avance en Andalucía, se debe a la incesante agitación en torno a la desintegración de España o al reflejo defensivo ante el peso de la inmigración, gran argumento de la derecha, no sólo en España, pero que aquí será más acuciante a medida que el eufemismo de la desaceleración económica se convierta en crisis pura y dura. En todo caso, ha sonado la hora de que el PP eche las cuentas de los resultados de la mezcla de españolismo y clericalismo que le ha servido de refugio durante la última legislatura: su suelo es sólido, pero su techo no alcanza para albergar a la mayoría.

De manera que entre las posibles lecciones de esta última muestra de la celebrada sabiduría popular, una podría ser que los esforzados obreros de la construcción nacional-identitaria se tomen unas vacaciones y nos dejen en paz durante un buen rato. Que se vayan tranquilos, que ninguna de las naciones se rompe, que todas gozan de buena salud y que mejor será que cada cual se las avíe como quiera para fabricarse su propia identidad -nacional, regional o, en su defecto, local- tomando de aquí y de allá lo que más le apetezca. Que la mayoría del personal no tiene mayor problema en sentirse tan, un poco más o un poco menos, catalán, vasco, andaluz, aragonés, como español, europeo o ciudadano del mundo. Que las gentes de una sola identidad, o de identidad de una pieza, nos han traído en el pasado las mayores de las desgracias y que, en el mundo que nos espera, o que ya se nos ha metido hasta el tuétano, las identidades, mientras más, mejor.

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La izquierda y sus deberes pendientes, de J. J. Pérez Benlloch en El País de la Comunidad Valenciana

Posted in Política by reggio on 23 marzo, 2008

No por esperado ha escocido menos en la izquierda el palo recibido en las pasadas elecciones, aunque a nada conduce lamerse las heridas y reconcomerse el coco. A lo sumo, la desolación podrá mitigarse tomando en consideración las circunstancias que han debido afrontarse en esta ocasión y que se han condensado en tres principales inconvenientes: la crisis interna, con el cisma y las lacerantes broncas, el apremio del voto útil para beneficiar al PSOE y frenar la ofensiva derechista, y el descrédito de una oferta programática sosa y confusa, servida por dos salpicones de siglas condenadas a diluirse, acentuando su ya mortificante testimonialismo, o refundarse con otros moldes. Sin ánimo didáctico alguno, pues doctos y con años de militancia hay en el cotarro, creemos que para superar el embrollo son del caso algunas observaciones elementales percibidas entre las resignadas bases partidarias y simpatizantes, tan cualificados -unas y otros- como escasos. Y la primera alude a la necesidad de tomar conciencia del calado del problema que aboca a la mera inanidad a todo este segmento político. El sistema no le ampara, sino todo lo contrario: prima el bipartidismo en torno a un disputado eje centrista y la izquierda queda desplazada al repertorio de las formaciones pintorescas en proceso de liquidación o con etiqueta de prescindibles. Algo obvio y percibido, pero que está por ver qué respuesta provoca entre los grupos concernidos que a menudo dan la impresión de ser insensibles al riesgo que les apremia.

Entendemos que algunas hipótesis y análisis habrían de elaborarse en términos inteligibles y sensatos, aunque es muy posible que en este aspecto estemos confundiendo los deseos con la realidad y los cuadros partidarios de la izquierda y sus magines pensantes ya han dado de sí todo lo que pueden, que ha sido bien poco hasta ahora. Cierto es que tanto socialistas como populares tampoco son muy fecundos por estos pagos en lo concerniente a la reflexión teórica, pero en su caso pueden aducir que están acomodados en el poder o bien esperan, decimos del PSPV, que algún día cambie por sí sola la veleta.

Mientras se acomete ese debate pendiente ya se podría ir demoliendo algún tópico como el tan manido de las culturas políticas reputadas de distintas que se concitan en la izquierda y que frenan su fusión. No vamos a pisar el charco de la cultura en tanto que concepto y placebo válido para todo, ya sea un roto como un zurcido. No hay a nuestro entender en ese universo culturas diferentes, o a lo sumo sólo una que chirría y es la comunista, tan rígida y amortizada que en realidad navega a su aire -mero eufemismo de su autismo- y constituye un lastre para las restantes. Pero éstas, ya sean nacionalistas, verdes de tonalidad varia o republicanos indefinidos no son otra cosa que componentes de un mismo crisol en el que habría de prevalecer y asumirse la unidad del colectivo. Insistir en la peculiaridad es tanto como abonar la jaula de grillos y garantizar su fracaso en las urnas.

Es posible que superadas las flaquezas anotadas y cumplidos los deberes -entre los que figura elaborar propuestas con un mínimo de imaginación- la nueva izquierda emergente consiga cubrir un objetivo que se le viene escapando o al que ni siquiera apunta y que consiste en rejuvenecer su censo. Se trata de una carencia que, acaso con la excepción del Bloc Nacionalista, delata la caducidad del discurso, la pobreza de la praxis partidaria, la desconexión con el pulso de la calle y el abono de la endogamia. Podría argüirse que le despolitización es un fenómeno general e incluso inducido, pero sería forzar la realidad y, en todo caso, es evidente que afecta incomparablemente más a la izquierda que sobrevive. Anotar que la juventud habría de ser el principal caladero es una obviedad que a menudo olvidan quienes solo o especialmente confían en ensanchar la afiliación dando cobijo a los socialistas decepcionados o cabreados. Que esperen sentados.

Y un acuse de recibo: el domingo pasado quise citar en esta columna el libro Pais complex, pero mencioné el Pais perplex del amigo y gran sociólogo José Vicente Marqués. Un lapsus que los lectores habrán disculpado.

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La banalización del Aberri Eguna, de Ander Gurrutxaga Abad en El País del País Vasco

Posted in Política by reggio on 23 marzo, 2008

El Aberri Eguna -Día de la Patria Vasca- es una celebración con fuerza para el nacionalismo vasco. El primero de ellos se celebró en 1932. Se organizó como fiesta reivindicativa para celebrar las bodas de oro del nacionalismo vasco, que hasta entonces carecía de un Día de la Patria, a diferencia del catalanismo, que celebraba la Díada desde 1886, o del galleguismo, que organizaba el Día de la Patria Gallega desde 1919. La celebración de este día es un ritual imprescindible. A través de él, el PNV se define como la organización que es “mucho más que un partido”. Construye el imaginario de sociedad vasca y asocia las virtudes que le adornan a las que posee la comunidad vasca. Por eso, la celebración es una fiesta, pero, a la vez, es más que una fiesta. En ella se hace visible que la política está al servicio de altos ideales que se confunden con las características más apreciadas de la comunidad de los vascos y con el programa máximo del nacionalismo. Ese día se exhiben con convencimiento los signos y símbolos que permiten entrever quiénes y cómo son los nacionalistas. El ritual aglutina y cohesiona a los miembros de la comunidad, les permite identificarse y reconocerse, a la vez que indican a todos los que no son la importancia y la fuerza de los que son.

El franquismo encierra la jornada en la prohibición hasta 1975. Son los años donde la celebración es interna. En la sociedad del silencio recordar es un acto de voluntad y de asentimiento personal. Cuando se puede, el acto se celebra en el interior del hogar y con los amigos, en pequeñas reuniones, o, pasados los primeros años del franquismo, en manifestaciones prohibidas. Cuando llegan los albores de la democracia, el Aberri Eguna es un hito, la memoria y el símbolo que queda en el recuerdo de muchos ciudadanos vascos de aquello que pudo haber sido y no fue. La fiesta emerge con fuerza en la democracia y se transforma en un canto a la esperanza compartido por nacionalistas y no nacionalistas.

En los primeros años de la transición, la llamada a celebrar el Domingo de Resurrección trasciende siglas y particularismos y está un poco más allá de los horizontes políticos de cada cual. Pero, a partir de 1979, y poco a poco, el Aberri Eguna vuelve a ser la celebración de los nacionalistas. El PSE deja de acudir a ella a partir de 1979, mientras que a la derecha que representó primero AP y después el PP nunca le interesó.

En los últimos treinta años ocurren algunos hechos que truncan la refundación de la unidad que quiso representar esta fecha. El primero es la consolidación democrática. La democracia rutiniza lo que habían sido momentos de exaltación y todo vuelve poco a poco a su lugar. Este tiempo hace nacionalistas a los nacionalistas, socialistas a los socialistas, de derechas a los de derechas. Progresivamente, primero pierde el carácter unitario, después deja de ser multitudinario y, por fin, vuelve a los orígenes, a ser la fiesta de los nacionalistas. En este período, éstos tampoco están sólo representados por el PNV. Éste sufre la escisión y de ella nace EA. La izquierda abertzale da origen a Batasuna y a un largo listado de siglas que se suceden unas a otras para representar casi siempre lo mismo. La reciente aparición de Aralar, procedente de una escisión del mundo de Batasuna, completa el panorama político vasco, tan rico y prolífico en organizaciones nacionalistas. En estos momentos, ya ninguno de ellos necesita estrictamente las alusiones al Aberri Eguna para celebrar su identidad política.

Al final del período de la transición, y transcurrida las décadas de los ochenta, noventa y lo que llevamos del nuevo siglo XXI, la consolidación de la democracia recoloca todo, lo hace más fácil, menos siniestro, quita carga dramática y simbólica a la celebración, pero no restaura el principio de unidad ni la unanimidad sobre cuál es la fiesta de todos los vascos, ni tampoco eliminar los dramas que han encogido el alma de esta comunidad. ETA lo recuerda con su presencia macabra y los conflictos políticos siguen encerrando en su cofre una parte sustancial de la naturaleza política que tanto se reivindicó en la historia del Aberri Eguna. Es como si los discursos y las identidades políticas no hubiesen podido desprenderse de los estigmas de la división entre nacionalistas y no nacionalistas. Pero, dentro del universo nacionalista, la competencia por el valor del espacio propio lo inunda todo. El PNV compite con EA, ésta con el PNV, Aralar con EA y PNV, los peneuvistas con Aralar y Batasuna con todos los demás. De los partidos que están fuera de este espectro político, nunca más se supo. Sencillamente, el Aberri Eguna no es su día ni su fiesta.

La secularización intensa y acelerada de la sociedad vasca ha hecho el resto. La Semana Santa ha pasado de ser el patrimonio de la democracia a serlo de la vacación y la banalidad del descanso obligatorio. Es como si los ciudadanos hubiesen descubierto que, además de vascos, son propietarios de segundas residencias, les gusta viajar y acordarse de su patria cuando están lejos.

En sociedades desarrolladas, la vacación es un disolvente poderoso incluso de los símbolos más preciados y de las manifestaciones más queridas, o al menos casi todos creemos que nada es tan grave como para que no pueda esperar al regreso del descanso de cada cual.

Al Aberri Eguna le pasa como a todos los valores que parecían eternos e irrenunciables; deben pugnar con la secularización de la Semana Santa, con la exposición al espectáculo de la vacación y con la rutina de la democracia. Formar parte del mundo actual es vivir impregnados de compromisos tenues. El presente no huye de estas tendencias, simplemente las padece. La enseñanza es relevante. No es la confrontación la que resitúa símbolos queridos, sino el movimiento de la historia y los procesos que la atraviesan ¿Quién nos iba a decir que el enemigo más encarnizado de la celebración multitudinaria del Domingo de Resurrección iban a ser la secularización de las costumbres, la democracia consolidada y la banalización de la vacación y el tiempo libre? Claro está que contra esto, ¿quién puede y, sobre todo, quién se opone?

Ander Gurrutxaga Abad es catedrático de Sociología de la Universidad del País Vasco (UPV).

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El Cristo de las herraduras, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 23 marzo, 2008

CUADERNO DE MADRID

Andalucía desmiente estos días uno de los desasosiegos de Fernando Pessoa. Aquel que dice: “Los campos son más verdes en su descripción que en su verde natural”. Los campos andaluces son, esta tímida primavera, más verdes y más hermosos que en la más lograda de las narraciones. Encerrado en su radical soledad, en su inteligencia cristalina; condenado a la eterna perplejidad en su oficina lisboeta de la Rua da Prata, Pessoa resulta tan apasionante como discutible.

Traducidos por primera vez al catalán, acaban de publicarse sus pensamientos sobre la cuestión ibérica (Escrits sobre Catalunya i Ibèria, L´Avenç), de muy recomendable lectura para la interesante legislatura que empieza pasado mañana con la elección de José Bono, socialista a fuer de español, como presidente del Congreso de los Diputados.

Son esbozos políticos de una cierta ensoñación -“bonitas ocurrencias”, escribía recientemente Jordi Galves en el suplemento cultural de nuestro diario- que iluminan el presente desde el sebastianismo, corriente mesiánica nacida de la legendaria y misteriosa desaparición del rey Don Sebastián en la batalla de Alcazarquivir (norte de África, 1578). Fantasía que dio aliento al nacionalismo portugués; pensamiento mágico del que Pessoa fue partícipe. Viejas palabras para un nuevo mapa. Una cartografía poco romántica, por cierto. Muy poco sebastianista. Un mapa verdaderamente posnacional: la actual reaparición de la península Ibérica como sistema logístico y económico.

Pero en Andalucía, decíamos, el paisaje desborda. Los campos de Andalucía -que es tan grande como Portugal- son más verdes que en cualquier descripción. Y desde Córdoba, capital comarcal con mezquita, es difícil hablar de lo andaluz sin caer en el amaneramiento. Ese tópico dulzón de las tres culturas en grácil armonía -el médico judío Maimónides, el filósofo musulmán Averroes y vete a saber si Alfonso X el Sabio-, que alimenta un turismo cultural con empalagoso sabor a miel y pistacho. En fin, una postal de Julio Romero de Torres en horas bajas. (Acusado de folklorista por sus competidores, el pintor cordobés siempre fue defendido con ahínco por Valle-Inclán y eso basta para tenerle un respeto. Es oscuro, literario y magnético Romero de Torres).

Pessoa, sin embargo, dice que no. Que ni hablar de grácil armonía ibérica, ni siquiera en el campo católico. En el ensayo El regreso de los dioses, afirma que en la Península conviven tres naciones (Portugal, Castilla y Catalunya) y dos religiones, la cristiana y la mahometana, en cierto grado de fusión. Así lo teoriza: “Decaído el arabismo, quedó su parte inferior: el fanatismo religioso.Y este produjo una de las formas crististas más desoladoramente antipáticas que han existido: este catolicismo de salvajes de nuestra península; esta fe que había de producir la Inquisición”.

Pessoa era un visionario, sí. Le pesaba la soledad y algunas noches se entregaba al ocultismo. Rezaba por el regreso del rey Sebastián. Prefería el verde escrito al verde natural. Era ocurrente. Era uno y muchos a la vez. Estaba como una cabra, pero, caray, paseando por la mezquita de Córdoba, uno diría que tenía razón.

De la mezquita cordobesa impresiona todo, pero lo más rotundo -lo más novedoso en términos occidentales- es la tenacidad con la que la cristiandad se aferró al templo musulmán. No lo destruyó; vampirizó su belleza. No cejó hasta encajar una nave de catedral en el fantástico bosque de columnas. Ahí está el Cristo entre arcos de herradura.

Córdoba es en Semana Santa hermosamente tópica. El lunes había cinco procesiones marchando a la vez, de manera que resultaba imposible cruzar la ciudad. Aquí y allá, una tropa de nazarenos siempre lo impedía. Como en un cuento kafkiano. Como en una alucinación del sabio portugués que prefería la vida descrita a la vida vivida.

(El martes, la legislatura arranca con la entronización de Bono, parlanchín y perfectamente descriptible. Comienza la fusión del zapaterismo).

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¿Qué será, será?, de Jordi Barbeta en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 23 marzo, 2008

Las elecciones generales han deparado un resultado que abre mil incógnitas a corto plazo en la política catalana y lo más curioso es que, a priori, todos los escenarios probables parecen imposibles y apuntan a situaciones tan insólitas que hasta resulta divertido analizarlas.

Por primera vez en su historia el PSC se encuentra en la obligación de liderar la reivindicación catalanista en Madrid, no sólo porque tiene más votos y diputados que nadie en el Congreso, sino también porque su primer secretario es el president de la Generalitat. No es una cuestión romántica ni identitaria. No. Ahí Montilla se juega su credibilidad política y seguramente las posibilidades de ganar algún día las elecciones al Parlament de Catalunya, que, puesto a ejercer de president, tampoco estaría de más. Teniendo como tiene los votos y el poder, lo que no consiga ahora no lo va a conseguir nunca. Y tampoco se trata de que se convierta de la noche a la mañana en un almogávar. Con que logre que se cumpla el Estatut ya hay bastante, Lo que ocurre es que con el Estatut va incluido un nuevo sistema de financiación bilateral que, sin ser nada del otro mundo, los barones regionales del PSOE ya han dicho que ni hablar. Lo han dicho antes y después de las elecciones, y también después de los comicios ha dicho el presidente Zapatero que no está dispuesto a que desde Catalunya le vuelvan a amargar la legislatura. Ah, amigo, pero santa Rita, Rita, Rita… antes del 9 de agosto eso ha de estar firmado… lo dice una ley orgánica.

Y bueno, de entrada habrá que ver cómo se las tienen el PSC y el PSOE. ¿Alguien cree que PSC y PSOE pactarán un sistema de financiación para Catalunya que será aplaudido y apoyado por las demás fuerzas políticas? Ese es el primer escenario imposible. Si las cosas no van del todo bien, el PSC podría enfrentarse al PSOE y hacer valer el peso de sus 25 diputados. En tal caso, Carme Chacón, por poner un ejemplo, se vería obligada a seguir la disciplina de Montilla, que es el jefe de su partido, y no la de Zapatero, que es el jefe de su Gobierno… Tendría que votar en consecuencia… o salir del Gobierno… Bueno… está claro que nada de eso va a ocurrir porque se trata de otro de los escenarios imposibles.

Algo menos imposible es que PSC y PSOE lleguen a una entente rudimentaria que no satisfaga a nadie; eso, si a Montilla no se le adelanta Artur Mas cargado de razón de Estado, o Duran Lleida, Príncipe de la Estabilidad. Pero esta vez se encontrarán por el camino con el intrépido Joan Puigcercós, abanderado de los republicanos en el Parlament para demostrar su sintonía con las bases independentistas y poner en evidencia las renuncias de CiU y del Govern que preside Montilla y vicepreside Carod-Rovira. ¿Conducirá ello a una crisis? ¿Provocará elecciones anticipadas en Catalunya? Nooooooo. ¿Por qué?

jbarbeta@lavanguardia.es

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Motivos de alarma, de Alfredo Pastor en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 23 marzo, 2008

Hasta ahora, la crisis en EE.UU. llama la atención, no tanto por lo nuevo, como por lo que contiene de lecciones no aprendidas y de enseñanzas olvidadas de crisis anteriores; y por la creciente capacidad, ya advertida por algunos, que muestran los grandes intereses financieros para doblegar a las autoridades

Antes de la extraordinaria reducción de tipos del pasado martes, la Reserva Federal ya había adoptado tres medidas de gran importancia, poniendo de manifiesto su voluntad de resolver, a toda costa, la crisis del sistema financiero norteamericano: las dos primeras medidas consistieron en suministrar liquidez al sistema; la última, en ayudar a una entidad privada a hacerse con el control de otra; vale la pena detenerse por un momento en éllas, porque resumen la percepción que tienen las autoridades de la situación del sistema y de la evolución de la crisis.

La primera de ellas es la más convencional: la inyección de liquidez a la banca comercial, por valor de 200.000 millones de dólares (unos 130.000 millones de euros); la segunda es la apertura de líneas de crédito por un importe igual al anterior, pero esta vez directamente para los bancos de inversión; la tercera, la decisión de hacerse cargo de la cartera de activos de Bear Stearns, uno de los grandes bancos de inversión de Wall Street, para ayudar a JP Morgan a comprarlo.

UN PRESTAMISTA GENEROSO

Las inyecciones de liquidez asombran por su magnitud: el total, 400.000 millones de dólares (unos 260.000 millones de euros), equivale al PIB de un país como Suiza, y supone la mitad del valor de la cartera total de activos de la Reserva Federal; sin embargo, los mercados no reaccionaron a la primera parte de esa inyección. ¿Por qué? Pues porque la que tiene dificultades de liquidez es sobre todo la banca de inversión, y la primera inyección estaba destinada a la banca comercial; ésta, al no fiarse de los balances de aquélla (el dichoso asunto de las hipotecas basura) no quería prestarle: como decía un observador, recibía la liquidez y la enterraba en un hoyo en el suelo.

La solución fue prestar directamente a la banca de inversión, algo nunca hecho desde los años treinta: porque, si el Banco Central facilita liquidez a un banco comercial, es para evitar que, por un rumor cualquiera, los ahorradores acudan en masa a retirar sus depósitos, y que el no poder hacerlo sea causa de un pánico generalizado; pero un banco de inversión no tiene depósitos, y ese riesgo no existe. Ocurre, sin embargo, que la línea entre banca comercial y banca de inversión, trazada por la ley Glass-Steagall en 1933, precisamente para evitar diabluras como las que ahora padecemos, se ha vuelto borrosa desde que la ley fue derogada en 1999 durante la presidencia de Clinton; y resulta más difícil atender a unos y no a otros. Por eso la Fed se ha visto obligada atomar una medida sin precedentes. Una primera lección, que nunca aprenderemos: antes de derogar una norma, vale la pena recordar por qué nació.

LA LIQUIDEZ NO BASTA

Pero las consecuencias de una burbuja no desaparecen hasta que los activos que estuvieron de moda vuelven a tener un valor que pudiera considerarse normal; lo que implica, naturalmente, que quienes los compraron por encima de ese valor normalhayan de sufrir pérdidas. Suministrar liquidez puede ayudar a aguantar, porque, con más liquidez, la banca puede mostrarse más inclinada a prestar. Sin embargo, el poco éxito de las medidas anteriores ya pone de manifiesto que esto no es así: la banca no prestará sobre activos que no valen nada, o que valen menos de lo que costaron. Por eso, cuando las inyecciones de liquidez no dan el resultado esperado, hay que dar el paso siguiente, que consiste en tasar los activos con criterios rigurosos. El resultado puede ser que esos activos valgan mucho menos de lo que se decía, y que, por consiguiente, su legítimo propietario amanezca mucho más pobre de lo que se figuraba: esto es lo que le ha ocurrido a Bear Stearns.

Este proceso, que llamamos de reestructuración, puede detenerse ahí o ir mucho más lejos, como ocurrió con la banca española, o la escandinava, en los años ochenta: las entidades que, por razones diversas, no puedan sobrevivir, serán compradas o liquidadas. El resultado será, como en los dos casos citados, un sector bancario mucho mejor; pero el proceso no será del gusto de todos.

Hasta ahí, nada nuevo: lo extraordinario del caso es que la Reserva Federal no sólo ha prestado a JP Morgan el dinero para la compra de Bear Stearns (treinta mil millones de dólares, una fracción de su valor en bolsa hace un año), sino que se ha hecho cargo de la cartera de activos de la entidad, es decir, ha asumido todo el riesgo de posibles pufos en su balance. Hasta la creación de la Reserva Federal, en 1913, era JP Morgan el que se cuidaba de suministrar liquidez a los bancos en dificultades; pero ya ve el lector que su innegable espíritu de servicio público tiene límites: esta vez , ha logrado que sean las autoridades quienes corran con el riesgo.

AL CONTRIBUYENTE

La explicación anterior puede resultar muy aburrida, por técnica; lo que sigue no es ni una cosa ni otra. Si la cartera de Bear Stearns no vale lo que se dice, las pérdidas las sufrirá la Reserva Federal; ésta las trasladará al Gobierno, por la vía de menores beneficios (en todos los países, los resultados del Banco Central van a parar a Hacienda); éste nos las trasladará a nosotros, vía mayores impuestos o menores gastos. Ya ve, pues, el lector si le conviene seguir este asunto: lo que tarde enresolverse la crisis es lo que tarde cada cual en asumir las pérdidas que le tocan, o en pasárselas al vecino, y el ciudadano corriente es el perdedor de última instancia, ya que no puede pasarle las pérdidas a nadie.

Hasta ahora, la crisis en Estados Unidos llama la atención, no tanto por lo que presenta de nuevo, como por lo que contiene de lecciones no aprendidas y de enseñanzas olvidadas de crisis anteriores; así como por la creciente capacidad, ya advertida por algunos (entre ellos el ex vicepresidente de la Reserva Federal, Alan Blinder) que muestran los grandes intereses financieros, en nombre de los mercados, para doblegar a las autoridades. Ambas cosas son, en el fondo, lo mismo: las lecciones no se aprenden, y las enseñanzas se olvidan, cuando conviene; pero el ciudadano confía en que sus gobiernos, en nombre de la innovación, no pierdan la memoria.

Alfredo Pastor. Profesor de Economía del IESE. Doctor en Economía por el MIT y licenciado en Economía por la UB. Fue secretario de Estado de Economía con Pedro Solbes como ministro de Economía, en uno de los gobiernos de Felipe González

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Victorioso vampiro envenenado, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 23 marzo, 2008

CARTA DEL DIRECTOR

Si yo fuera Iñigo Urkullu, cuando Zapatero le invite a La Moncloa a concretar su temerario ofrecimiento de pacto de legislatura, acudiría pertrechado de una ristra de ajos, un litro de agua bendita, un espejo lo más luminoso posible y una estaca de madera de rosal o de espino, convenientemente afilada.

No estoy alegando que el vencedor de las elecciones sea tan sanguinario como Gilles de Rais, ni tan morboso como Elizabeth Batory, ni tan sádico como Vlad El Empalador, a cuya imagen y semejanza Bram Stoker entronizó al mismísimo Conde Drácula en el reino de los bebedores de sangre ajena. Pero algo les ha pasado en sus idas y venidas a ese castillo del poder al pobre Llamazares, a los a la postre pánfilos perros ladradores Carod y Puigcercós o a los hermanos separados de EA, que se han quedado a dos velas en Guipúzcoa por primera vez desde su escisión.

Alguien debió haberles prevenido de que, según las leyendas medievales, los vampiros siempre duermen con el ojo izquierdo abierto y de que, desde que el doctor Polidori, médico y amigo de Lord Byron, los incorporara a la literatura contemporánea con un halo romántico y seductor, esas criaturas de la noche adoptan siempre la forma de lo que su estudioso Paul Barber describe como «un villano suave y carismático».

Incluso pertrechado de esa guisa, el líder del PNV debería pensárselo dos veces y preguntarse si la mala cara que a lo largo de la pasada legislatura se les fue poniendo tanto a Imaz como a Ibarretxe, los dos tan pálidos, tan enclenques, tan… chupados, no tendría que ver con los amables agasajos monclovitas que de vez en cuando recibían, con ikurriña a la entrada, aurresku de honor virtual y lo que hiciera falta. No sabemos lo que pasaba luego entre esas cuatro paredes, pero ahí ha tenido que estar la clave de la pérdida de vigor electoral de su partido.

Algo parecido podría plantearse también Artur Mas, todavía convaleciente de aquellas sesiones de Estatuto y tabaquismo tras las que CiU ha vuelto a perder 60.000 votos, aun conservando los 10 escaños hasta los que cayó en 2004. ¡Qué tiempos aquellos de las generales del 93, cuando liderados por el marido de Marta Ferrusola los convergentes obtuvieron casi un millón doscientos mil votos -un 50% más que ahora- y 17 escaños con los que tuvieron a González y a Aznar cogidos por los Presupuestos durante dos legislaturas!

Al menos su socio, el democristiano Duran debería haber advertido a Mas que los casos de vampirismo suelen ser especialmente frecuentes entre los individuos que mantienen actitudes de público desafío hacia la Iglesia. Y todos deberían haberse dado cuenta de que las cejas puntiagudas de Zapatero, la extremada delgadez de De la Vega o de la propia Sonsoles Espinosa, los continuos achaques de Rubalcaba y el mal color de Moraleda delataban prácticas ocultas. Por algo salió huyendo del castillo Miguel Barroso. Qué necios fueron todos al no comprender a tiempo que si en aquella famosa fotografía del presidente haciendo footing en Doñana no se formaba ningún tipo de huella sobre la arena de la playa era precisamente porque los muertos vivientes sólo conservan en sus correrías la apariencia corpórea.

Total, que no era masón, sino directamente vampiro. Valga la broma de esta metáfora -la historia democrática ha dejado notables casos de víctimas de vampirismo político, desde los liberales ingleses de Lloyd George succionados por los conservadores a los verdes alemanes vaciados de votos por el SPD- como uno de los pocos consuelos que nos quedan a quienes deseábamos un cambio en La Moncloa como requisito imprescindible para restablecer el equilibrio constitucional tras cuatro años tan acentuadamente escorados a favor de los nacionalistas.

A propósito de la negociación con ETA y el Estatuto de Cataluña también podríamos alegar con Séneca que «mientras los pequeños sacrilegios reciben su castigo, los sacrilegios a gran escala son la materia de la que están hechos los triunfos». Pero, claro, eso supone reconocer lo que por otra parte es la incómoda verdad: que el pasillo de honor que hace ocho días le hicieron los miembros del Comité Federal del PSOE a Zapatero es lo más merecidamente parecido a aquellos recibimientos apoteósicos que el pueblo romano brindaba en el Foro a su miles gloriosus de turno.

Con el mismo pragmatismo y sangre fría que Adrian Goldsworthy atribuye a César en la cojobiografía publicada por La Esfera, Zapatero ha jugado las limitadas bazas que le proporcionaba su extravagante gestión a través de una campaña electoral casi perfecta. Y digo casi porque su único error de bulto -la confidencia a Gabilondo sobre la necesidad de «tensionar» y «dramatizar»- sirvió para que se le viera el plumero. Pero aun así -y con la indeseable e indeseada ayuda final de ETA- la jugada le salió redonda.

La estupenda cosecha de votos del PP, movilizando a su electorado hasta quedar exhausto, resultó absolutamente estéril porque Zapatero logró obtener la máxima eficiencia de sus dos objetivos estratégicos: disparar la participación y agrupar el voto útil de toda la izquierda y parte del nacionalismo. El que se quedara a sólo tres escaños del pronóstico -172- que escribió dos meses antes de las elecciones mientras me obligaba a mirar para otro lado es el mejor baremo de la pericia de quien sabe lo que está a su alcance, pone los medios para ello y finalmente termina consiguiéndolo poco menos que al completo.

El mérito es mayor si cabe, teniendo en cuenta la escasa materia prima con la que contaba para la demonización de un PP casi siempre moderado, correcto y razonable, como resorte para catalizar el voto del miedo. Con un espantapájaros tan poco terrible como Rajoy hay que ser muy persuasivo para crear la hipnosis colectiva del cuidado, que viene la derecha; y encima, conseguirlo a la vez en Andalucía, pretendiendo que lo que amenaza esa derecha es la igualdad de los subsidios, y en Cataluña, alegando que su victoria pondría en grave riesgo la desigualdad conquistada por el Estatuto.

No queda más remedio, pues, que admitir la destreza en la ejecución del truco -cuando el equipo contrario controla el partido, la grada debe reconocerlo-, lamentar que enfrente no haya habido tanta pericia como honradez, y empezar a preocuparse por las consecuencias.

Lo que distingue a Zapatero de un prestidigitador cínico, dispuesto a reírse de la credulidad del público, es que, además de vencer, le obsesiona convencer. De ahí que ahora su ofensiva de primavera anticipada consista en alardear ante los más sensibles defensores de la unidad nacional de que ha sido él quien, por primera vez en mucho tiempo, ha hecho recular hacia la cueva de lo testimonial a la rugiente hidra Galeusca: al cabo de cuatro años de alarmismo, no sólo España no se ha roto, sino que el avance del PSOE en Cataluña y, sobre todo, en el País Vasco, proporciona una oportunidad histórica de fortalecer los valores constitucionales allí donde han sido más cuestionados.

El problema es que, como bien han planteado las novelas de Anne Rice -incluida la excelente Entrevista con el Vampiro que ella misma adaptó para el cine-, el vampirismo es una carretera de doble dirección y si a través de la sangre la víctima puede transmitir incluso sus tendencias sexuales a su depredador, no digamos nada sus ideas políticas. ¿O es acaso el Zapatero que les ha chupado la sangre a Esquerra, el Bloque, el PNV, Eusko Alkartasuna y CiU el mismo dirigente que ofreció a Aznar el Pacto Antiterrorista, avalaba la línea de Redondo Terreros y se escandalizaba cuando algunos le contábamos que Maragall estaba siendo no ya cómplice sino punta de lanza de la vulneración de los derechos de los padres castellanoparlantes en Cataluña?

Sin duda, lo más grave que ha ocurrido en mucho tiempo y también el punto de inflexión simbólico de la campaña fue el momento del segundo debate en el que Rajoy puso a Zapatero entre la espada del nacionalismo lingüístico y la pared de los derechos de todos los españoles y Zapatero se arrojó sobre la espada, avalando las multas por rotular en castellano y negándose a respaldar una ley que garantice -¡quién nos iba a decir que sería necesaria!- la enseñanza en español en toda España.

¿De qué nos sirve ver retroceder al dragón, si resulta que es San Jorge el que empieza a echar fuego por la boca? Veremos en qué les ayudan los buenos resultados del PSOE a los padres que, con el estupor de tener que pelear por lo obvio y la espontaneidad de la sociedad civil, están saliendo a la calle en Cataluña, Galicia y el País Vasco para hacer frente a las apisonadoras lingüísticas de los respectivos gobiernos nacionalistas. Dos de esos gobiernos están presididos por socialistas y nadie duda de que si algún día regresaran al tercero sería para seguir impulsando el disparate de la imposición del euskara.

El malabarismo de Zapatero ha consistido hasta ahora en defender una cosa a nivel nacional y permitir que en su nombre se defendiera la contraria en los lugares concretos en los que a la sucursal de su partido le resultaba útil. Si en algún momento -como el ya reseñado- la contradicción era insostenible, primaba el principio de rentabilidad electoral: si en Cataluña sólo hubieran estado en juego cuatro diputados, el caso del señor Nevot le habría hecho rasgarse las vestiduras como paladín de la ampliación del derecho a la no dominación.

Y para más muestra, he aquí el último botón. Por supuesto que en este año de Eurocopa y Juegos Olímpicos el Gobierno y su secretario de Estado para el Deporte reiterarán que la representación en las competiciones internacionales le corresponde en exclusiva al Estado. Pues bien, ¿saben de qué partido es la alcaldesa de Gerona que esta misma semana acaba de firmar el convenio con el presidente de la Plataforma Proselecccions Esportives Catalanes para celebrar y sufragar en su ciudad el reivindicativo Dia de les Seleccions? Pues, naturalmente, del PSC.

Pese a tan flagrante doble juego, fielmente reflejado en una política exterior que denuncia la ilegalidad de la declaración de independencia de Kosovo pero contribuye con hombres y tanques a imponerla por la fuerza; y pese a la pasividad dolosa con que el Gobierno ha asistido al deterioro de la situación económica, todavía hay almas benditas en el PP que, sin terminar de caerse del guindo, propugnan que su partido se abstenga en la votación de investidura de Zapatero.

Y ya que invocan una supuesta justa correspondencia con lo que Rajoy dijo que, caso de ganar, solicitaría al PSOE -como si fuera lo mismo el margen de confianza que merece todo nuevo Gobierno con el de rotunda desconfianza que se ha ganado a pulso éste que ahora repite-, espero que despeje sus dudas la evocación de lo que sucedió en marzo de 1996, cuando, entre bromas y veras, Felipe González planteó en el Comité Federal del PSOE que, si Aznar no lograba el respaldo de Pujol, unos cuantos diputados socialistas podían irse al cuarto de baño en el momento de la votación, facilitando así su investidura para tenerle como rehén de una legislatura breve, controlada desde la oposición.

Apenas se había esbozado tal hipótesis cuando un miembro de aquella asamblea de notables socialistas, habitualmente silencioso y dócil, saltó como impulsado por un resorte para decir que eso sería una farsa, perjudicial para la democracia, pues el Gobierno estaba para gobernar y la oposición para oponerse. Prácticamente nadie tomó nota de su intervención. Se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

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La verdadera dependencia entre autonomías, de Rafael Flores de Frutos en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 23 marzo, 2008

TRIBUNA

Es un hecho que las comunidades autónomas que integran el Estado Español mantienen un elevado nivel de relaciones comerciales.En un trabajo reciente (A una Constitución duradera), Jaime Requeijo calcula un coeficiente medio de interdependencia (cociente entre las ventas de bienes y servicios de cada autonomía al resto y sus ventas al extranjero) para el período 1995-2001, del 3,42.Esto es, en media, cada comunidad autónoma vende al resto de comunidades 3,42 veces más que al extranjero y sólo una comunidad autónoma, Baleares, muy dependiente del turismo exterior, mantiene un coeficiente de interdependencia menor que uno.

Solamente por este dato, parece claro que uno de los principales determinantes del crecimiento y dinamismo económico de cualquier comunidad autónoma tiene que ser precisamente el crecimiento del resto. Tomando esta idea como base y aproximando el nivel de actividad económica de una comunidad con su nivel de empleo, voy a definir el índice de dependencia económica de una comunidad autónoma frente al resto de comunidades. Lo llamaré gi y será la variación porcentual, a largo plazo, de la actividad económica de una comunidad autónoma, como consecuencia de variar en un punto porcentual la actividad económica del resto de comunidades.Así, si el valor del índice es cero, la actividad económica de dicha comunidad será independiente de la del resto, mientras que si es distinto de cero su propia magnitud será una medida del grado de dependencia que dicha comunidad mantiene del resto.

Dejando a un lado los detalles técnicos, que el lector interesado puede consultar en el trabajo Un Indice de Dependencia Económica entre Regiones: El Caso de España versus el Reino Unido, en la página web www.cu-cisneros.es, la tabla de la derecha presenta la estimación del gi para cada una de las comunidades autónomas españolas, con excepción de Ceuta y Melilla, para las que no existen series de ocupados suficientemente largas (1977-2004).

La lista la encabeza Andalucía, con un gi de 1,24 y la cierra Galicia, con uno de 0,41. En el caso de Andalucía, por cada punto porcentual que aumente el número de ocupados en el resto de España, los ocupados en esta comunidad aumentarán 1,24 puntos porcentuales.En el caso de Galicia el aumento se limita a 0,41 puntos porcentuales.Así pues, el nivel de dependencia de Andalucía es tres veces superior al de Galicia.

Dado que el índice se ha construido con datos de ocupados, un valor superior a uno (Andalucía) indica que cuando el resto de la economía española genera empleo, la economía de esa comunidad es capaz de generar empleo más rápidamente que el resto de España.Por otro lado, cuando la economía española destruye empleo, como en estos momentos, la economía de dicha comunidad también lo destruye más rápidamente que el resto de España. Un índice menor que uno (Galicia) indica que cuando el resto de España está generando (destruyendo) empleo, la comunidad autónoma también lo generará (destruirá) pero a un ritmo más lento.

Resumiendo, podría decirse también que cuanto mayor es gi, más flexible es el empleo en dicha comunidad, comparado con el del resto de España. Las desviaciones típicas asociadas a las estimaciones puntuales de los índices (los datos entre paréntesis), nos permiten matizar los resultados. Por ejemplo, se puede asegurar, con una probabilidad del 95%, que Andalucía, Murcia y Valencia tienen un índice superior a la unidad, mientras que País Vasco, Castilla-León, Asturias, Canarias, Castilla-La Mancha, Aragón, Extremadura y Galicia, lo tienen por debajo. Para el resto, podría ser igual a uno.

Las razones económicas y/o sociales que pudieran explicar la ordenación de comunidades establecida por el índice constituye un tema de estudio y abierto al debate. Sin embargo, lo que si se puede decir, a la vista de estos resultados, es que todas las comunidades autónomas que integran España mantienen un elevado nivel de dependencia económica con el resto, y que dicha dependencia condiciona en gran medida su nivel de actividad y crecimiento.Cualquier perturbación negativa externa que afecte directamente a una comunidad, acabará afectado indirectamente al resto. Sería miope la política de una comunidad que pretendiera mejorar su situación económica a costa de la del resto, ya que la debilidad de sus vecinos condicionaría negativamente su crecimiento a largo plazo. Parece ser que, en este caso, la solidaridad no sólo es un valor justificable desde la ética, sino también desde los datos económicos.

No obstante, la Tercera Ley Fundamental (o Ley de Oro) de Las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana, el ensayo más famoso y divertido del genial catedrático de Historia Económica de Berkeley, Carlo M. Cipolla, establece que todos los seres humanos están incluidos en alguna de las cuatro categorías fundamentales: (a) los incautos, (b) los inteligentes, (c) los malvados y (d) los estúpidos. Cipolla define a los incautos como aquellas personas que no obtienen ningún provecho de sus acciones, pero si que resultan beneficiosas para el resto. A los inteligentes como aquellas personas que con sus acciones no sólo obtienen un provecho para sí, sino también para los demás. A los malvados como aquellos que actúan para obtener un beneficio aún a costa de un perjuicio seguro para los demás. Y por último, defina a una persona estúpida como aquella que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

Desgraciadamente, la Segunda Ley, o Ley de Hierro, establece que la probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona. Existe por tanto, una constante universal «que fija el porcentaje de estúpidos en cualquier población: profesores universitarios, bedeles, premios Nobel, etc». Dado que la Segunda Ley también aplica a Presidentes Autonómicos, estoy seguro que un porcentaje de ellos escogerá la vía insolidaria cuando se aborde el problema de la financiación autonómica, perjudicando al resto de comunidades y perjudicando también a la suya.

Rafael Flores de Frutos es catedrático de Econometría de la UCM, CUNEF y CES Cardenal Cisneros.

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Y, al segundo año, resucitó, de Miguel Sebastián en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 23 marzo, 2008

MANO IZQUIERDA

Nadie parece dudar de que el sector inmobiliario español va a atravesar, o más bien ya está atravesando, una crisis. El principal indicador adelantado, los visados de superficie a construir para el sector de la vivienda, ha caído un 36% anual en el último dato disponible, el de diciembre de 2007. Este retroceso es menor que el del tercer trimestre de 2007, en que cayeron un 52%, pero en cualquier caso anticipa una fuerte desaceleración del sector en los próximos trimestres.

En otros artículos he tenido la ocasión de argumentar que el impacto del ajuste inmobiliario sobre el conjunto de la economía no tiene por qué ser importante, dado el peso relativamente pequeño del sector inmobiliario sobre la economía, siempre que se produzca el relevo, tanto por el resto del sector de la construcción, fundamentalmente la obra civil, como por el sector servicios, para lo cual es fundamental que haya flexibilidad laboral y que la desaceleración del consumo no vaya a más.

Pero en este artículo quiero centrarme en la posible amplitud y duración de la crisis inmobiliaria. En palabras propias del domingo de Resurrección, intento responder a la pregunta de si hay vida después de la muerte en este sector. Por supuesto que la hay. Lo bueno de las crisis inmobiliarias es que, pese a su intensidad, son relativamente rápidas en su resolución.

Cuando hablamos de crisis inmobiliaria nos referimos a un ajuste de la cantidad de vivienda construida, partiendo de un nivel excesivo que genera un exceso de oferta y que se ajusta hacia niveles sostenibles o de equilibrio. Para dar unos números, se trataría de pasar de casi 800.000 viviendas iniciadas en 2006 y 600.000, en 2007, a un ritmo más explicable por los fundamentos de la demanda y que se sitúa en torno a las 500.000. Por supuesto que el ajuste no tiene por qué ser gradual y puede haber fenómenos de sobrerreacción o de undershooting, en los que la iniciación de viviendas caiga incluso por debajo de la demanda de equilibrio, con apenas 350.000 viviendas iniciadas en 2008.

La crisis inmobiliaria puede venir acompañada o no por una caída de los precios del sector. La caída de los precios puede tener efectos positivos sobre el sector, porque reactivará la cantidad demandada de vivienda, cerrando el exceso de oferta. Pero puede tener una contrapartida negativa sobre el conjunto de la economía, si es muy brusca y daña la solvencia del sistema financiero, cuya cartera de activos está fuertemente cargada de créditos hipotecarios.

Es importante destacar que las viviendas iniciadas en un año no son en absoluto una proxy de la inversión en vivienda de ese periodo. Es decir, que pasar de 800.000 a 600.000 viviendas iniciadas no supone una caída del 25% de la inversión residencial, como muchos parecen calcular para posteriormente extrapolar esta caída al conjunto del PIB. De hecho, con ese 25% de ajuste de las viviendas iniciadas sufrido de 2006 a 2007, la inversión en vivienda, que había crecido un 6,4% el primer año, pasó a incrementarse un 3,1% en el segundo. La razón principal es que las viviendas tardan unos 18 meses en construirse. Así, la inversión en vivienda, que es el componente que entra en el PIB, resulta ser una función suavizada de las viviendas iniciadas en el año en cuestión y en el año y medio precedente. Por ello, una caída brutal de las viviendas iniciadas del 25% -como el ya vivido en 2007- seguido de otro del 30% -como el que se está viviendo en 2008- se traducirá en una caída de no más del 10% de la inversión residencial en 2008 y de una magnitud menor en 2009, para recuperarse fuertemente en 2010. Y cuanto mayor sea la caída, mayor será el crecimiento o recuperación posterior.

¿Y qué ha pasado en otras crisis inmobiliarias? He analizado la experiencia de crisis inmobiliarias de varios países desarrollados, utilizando datos disponibles en Eurostat. Son datos de Contabilidad Nacional de inversión en viviendas en términos constantes para 21 países en el periodo 1990 a 2007, incluyendo Bélgica, Dinamarca, Alemania, Grecia, España, Francia, Italia, Holanda, Austria, Finlandia, Suecia, Reino Unido, Islandia, Suiza, EEUU, Japón, Canadá, México, Corea, Australia y Nueva Zelanda. Se define el inicio de una crisis inmobiliaria como el primer dato anual negativo de la inversión residencial. He calculado el promedio de las crisis residenciales analizadas, que puede denominarse una crisis inmobiliaria típica, dado que la variable no es muy elevada.El gráfico recoge el perfil de ese promedio.

Una crisis inmobiliaria típica dura poco más de un año. El primer año presenta una caída brusca, en términos de formación bruta de capital residencial, de en torno al 8% en términos reales, que en el segundo año rebota hasta el -1,2%, recuperando su senda de crecimiento tendencial en el tercer año.

Quiero destacar que la experiencia española de 1991 supuso una suave caída de la inversión residencial del 2,5%, pero que se prolongó tres años consecutivos, separándose de ese perfil internacional típico. Pero el dato de las viviendas iniciadas en 2007, comentado al principio de este artículo, sugiere que esta vez el ajuste será más rápido, aunque sea más profundo, asemejándose al promedio de otros países.

Otra de las enseñanzas de la experiencia internacional es que el ajuste de las crisis inmobiliarias más recientes ha sido incluso más rápido que el del gráfico. Así, si tomamos la media de las 19 crisis inmobiliarias desde 1995 hasta 2002, las tasas de crecimiento negativas apenas se prolongan durante un año, con una magnitud cercana al -8%. Y al segundo año, el sector residencial escapa de la crisis con tasas de crecimiento ligeramente positivas y que recuperan su ritmo tendencial ya en el tercer año.

La fuerte desaceleración de las viviendas iniciadas, junto a la mayor flexibilidad de la economía española, me hace pensar que España seguirá, esta vez, el ejemplo internacional y que en 2009 podremos decir: «y, al segundo año, resucitó».

msebasti@ccee.ucm.es

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