Reggio’s Weblog

El peligro de nuestro inexistente bipartidismo, de Manuel Ramírez en ABC

Posted in Política by reggio on 19 marzo, 2008

LA TERCERA DE ABC

A poco de comenzar nuestra actual andadura democrática, ya aparecieron algunas opiniones sosteniendo la definición de bipartidismo para el todavía poco rodado sistema de partidos. Es cierto que, en ocasiones y quizá por no andar muy segura la afirmación, lo que se vino a usar fue eso de «bipartidismo imperfecto». Y, a la sazón, este parecer descansaba sobre una casi previsible alternancia entre dos fuerzas con mayoría de votos: UCD y PSOE. Personalmente y en diversos trabajos científicos me opuse a tan prematuro veredicto, sosteniendo que, por el contrario y de acuerdo con los clásicos criterios del maestro Sartori, en España de lo que había que hablar era de «pluripartidismo limitado», definición que permitía perfectamente el pacífico juego de la política. Antes de avanzar habrá que aclarar algo que para mí parecía obvio en aquellas circunstancias (fines de los setenta y comienzos de los ochenta). Unión de Centro Democrático, con ser la fuerza que más y mejor había contribuido al nacimiento de nuestra democracia, estaba llamada a desaparecer pronto. Existían varias razones para tan triste destino. Sea suficiente el recordatorio de que la UCD mucho más que un partido sólidamente consolidado se quedaba en valiosa agrupación de notables, no siempre de acuerdo en las soluciones para los grandes problemas y con permanentes presiones hacia el liderazgo de su reagrupador, Adolfo Suárez. Por supuesto que a él y a algunos de sus ministros (y los nombres de Rosón, Gutiérrez Mellado o Abril Martorell quedarán para la historia, junto a los finales esfuerzos de Calvo-Sotelo) debemos muchos logros claramente meritorios. Sin embargo, la mera imposibilidad de una adecuada Ley para la Universidad, boicoteada desde el mismo seno del partido, bien puede servir de ejemplo de las opuestas presiones del conjunto de barones.

En los actuales momentos y tras los claros resultados de las últimas elecciones, vuelve la tendencia a la denominación de bipartidismo. Y ahora, en boca de perdedores, como algo nefasto. Va de suyo que la vigente ley electoral está pidiendo a voces una reforma, como al igual las culpas sobre notables pérdidas de votos pueden estar, igualmente, en los programas o en las campañas electorales de quienes se duelen. No me corresponde entrar en el fondo de este problema. Diré únicamente que, en mera teoría, el bipartidismo no es ni bueno ni malo. Sencillamente, es o no es. Y, a mi entender, en la España de nuestros días, claramente no es. Dos son los tipos de razones en que me atrevo a justificar la afirmación.

En primer lugar, las razones que podríamos denominar teóricas o generales. Andan entre los expertos de la Ciencia Política hace ya bastante tiempo. Ante todo, no estamos en el contexto geográfico, cultural ni social del bipartidismo, que no es algo que florezca de pronto ni en cualquier lugar. Una situación de bipartidismo requiere, sobre todo, una larga trayectoria electoral que haya ido conformando el sistema de partidos hacia la competencia entre dos grandes fuerzas políticas asentadas que se turnan en el poder y que no resulta afectada por ningún otro tipo de competencia real con posibilidades. Algo, entre nosotros, todavía inexistente. Y se requiere, en segundo término, un contexto sociopolítico muy diferente al español. Un contexto de sociedad consensual, sin cleavages, plenamente integrada, con sistema democrático plenamente consolidado y plenamente asimilado por los ciudadanos al menos en sus grandes puntos de partida (forma de gobierno, estructura del Estado, modelo de partidos, etc). Es decir, un tipo de sociedad específico, no exportable. Es el sistema que, como señalara Neumann, conviene a los pueblos satisfechos, «que están siempre de acuerdo sobre los principios generales de la Constitución y sobre la política de sus Gobiernos, no disintiendo con demasiada intensidad sobre los puntos en que están de acuerdo», con lo que se perpetúa frecuentemente una tendencia hacia el conformismo. Un sistema sobre todo propio de la cultura anglosajona, donde la integración es grande y donde las opciones se han atenuado. Los dos grandes partidos, por ello, se convierten más bien en máquinas electorales y pertenecer a uno u otro no descalifica democráticamente al contrario. Un único ejemplo: en EE.UU. tan demócrata es considerado quien defiende la pena de muerte como quien la ataca.

¿Vale esto para nosotros? Evidentemente, no. Quizá porque subsiste la influencia de la carga ideológica con origen en la Revolución Francesa. O quizá por la misma falta de total integración de nuestra sociedad. Lo cierto es que, sin ningún tipo de reparo, nuestros partidos y con mayor o menor fuerza suelen sostener puntos de partida que pueden afectar al mismo sustento básico de la propia comunidad: tipo de Estado, una o varias naciones, monarquía o república, opción religiosa, política exterior, etc. Sin llegar ni siquiera a catalogar un grupo de temas que deben requerir acuerdos de Estado: sanidad, educación, Universidad (por cierto ésta no ha aparecido ni una sola vez en los debates electorales: ¡es que es tan buena!), justicia, etc. Frente al acuerdo básico, lo de cambiarlo todo. Y así nos va, claro.

Y en segundo lugar estarían las razones que yo llamaría «hispánicas». Es decir, las derivadas de otra forma de ser. Algo que choca frontalmente con la idea del pacífico bipartidismo. Siempre nos ha costado mucho aceptar los puntos de partida y opiniones del otro. Este, «el otro», no suele ser el distinto, sino el adversario a eliminar. Escribía el maestro Dahrendorf que «El demócrata es el individuo que ha llegado con los demás al acuerdo de ser distinto de ellos». Y allá, hace ya tiempo, en su famoso ensayo «Sobre la libertad» nos legaba John Stuart Mill esta sentencia: «Nunca podemos estar seguros de que la opinión que tratamos de acallar sea una opinión falsa; y si estuviéramos seguros, también sería incorrecto acallarla».

¡Qué lejos estamos de estos postulados! La verdad ha sido siempre la de cada uno y por ello hay que despreciar la ajena. Y dentro de esa verdad también siempre ha cabido todo: la interpretación o manipulación del pasado (¡léase Ley Memoria Histórica!) economía, fronteras (¿Cataluña o Países Catalanes?), idioma, cultura y hasta la misma apropiación u olvido, según convenga, del todo común llamado España.

Entonces, mal camino para el bipartidismo. Sería algo construido desde el «apasionamiento atropellado y pueblerino» que condenara Ortega. El que existió durante la Restauración no puede servir de precedente por estar lastrado, desde el comienzo, por un enorme falseamiento llamado caciquismo. Dejemos que el innegable pluripartidismo limitado se vaya limando, mientras, a la vez naturalmente, se vayan limando también las aristas de nuestra sociedad. Si no es así, si es artificial y creado para la lucha política, siento terminar diciendo que a mí, en vez de a bipartidismo, me suena a «bifrentismo». Y de eso ya tuvimos las consecuencias en un pasado no tan lejano y tan poco asumido. Al igual que de eso, de un tanto irascible, es lo que para la sociedad ha dejado la última consulta electoral.

Manuel Ramírez. Catedrático de Derecho Político.

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España no negocia, de Antonio Alvarez-Solís en Gara

Posted in Política by reggio on 19 marzo, 2008

Tras las últimas elecciones generales vuelve a hablarse con cierta intensidad de la necesaria negociación entre el Gobierno de Lakua y el Gobierno español, aunque los socialistas muestran de nuevo su cara más intransigente. El PSE insiste con dureza en el debilitamiento de Sabin Etxea, ya que los resultados de esas elecciones representan un varapalo para el PNV, sin tener en cuenta las singulares condiciones en que se desarrolló la consulta por lo que se refiere a Euskadi. Y con la idea de ese varapalo los socialistas empuñan la bandera y tratan de hacerse con la Lehendakaritza para recomponer la unidad de la patria española, dándole unos brochazos de regionalismo vasco.

Quizá resulte audaz lo que voy a decir, pero no creo que el Sr. López piense en su intimidad, por un principio de lógica elemental, que los resultados vascos habidos por el socialismo expresen una situación realmente sólida del PSE. Fío en la autenticidad de los votos «populares», pero no en la veracidad de muchos sufragios socialistas. Frente a la cesta total de ambos votos lo que parece evidente es que los vascos siguen siendo notablemente nacionalistas y de ahí la crecida abstención habida en los comicios. El Sr. López ha ocupado una tierra facialmente vacía y se limita a enaltecer su relativa victoria porcentual. Es más, yo no confiaría en la proclamada derrota del PNV, ya que una cierta cantidad de sus miembros podría haber engrosado circunstancialmente la abstención, cuya cifra total rebasa obviamente al abertzalismo de izquierda. A mi juicio ha funcionado en la abstención algo parecido a un principio de pacto por la soberanía. La abstención engloba, creo, a unas capas soberanistas del PNV diluidas en el histórico partido. Siempre he tenido la sensación de que un número apreciable de vascos peneuvistas cultivan en el recaudo de su alma, con grave tensión de ánimo, la idea de la independencia. Esos vascos podrían haberse quedado en casa en las últimas elecciones y aguardan a la clarificación de su partido. El Sr. López debe saber todo esto mucho mejor que yo, pero su servicio a Madrid le obliga a hacer análisis de una tremenda simplicidad. Una parte sustancial de la nación vasca se ha retirado a sus cuarteles de invierno y espera que experimentos tan pirotécnicos como el del Sr. Zapatero en este caso acaben por mostrar su entretela adustamente españolista. Ante todo, creer que el Sr. Zapatero va a sentarse a una mesa de negociación seriamente planteada equivale a desconocer radicalmente la psicohistoria española, que está hecha de caverna y rugido.

Hablemos, pues, un poco de la posible y cacareada negociación en torno a la cuestión vasca, que más bien he tenido siempre por cuestión española.

Si es que se negocia algo, ¿qué es lo que se va a negociar? Algunos observadores que funcionan desde Madrid han advertido que esa negociación podría hacerse si hay renuncia al plan del lehendakari o se transforma ese plan en una propuesta deshuesada con un adormecedor propósito a largo plazo. Es posible, pero han de hacerse a esa postura dos objeciones muy importantes por su fuerza argumental. La primera de ellas es que la propuesta política del lehendakari contiene un principio irrenunciable si el nacionalismo conservador vasco quiere seguir subsistiendo como una fuerza de arrastre ciudadano. Se trata de la autodeterminación. Y la autodeterminación va a ser vetada por Madrid. Es más, manipular la esperanza de un mayor autogobierno vasco degradándolo a la catalana agudizaría el conflicto en Euskadi. A estas alturas creo que no puede haber un PNV significativo si la consulta autodeterminatoria deja de realizarse o se falsifica groseramente. Como asimismo sería imposible una nueva escalada del PSE si se empecina en su política españolista. Yo deduzco que el lehendakari tiene claras estas cosas, aunque haya de resistir olas como las del reciente temporal.

La cuestión soberanista se ha impuesto a toda clase de manipulaciones, tales como ofertas de mejoras económicas o de rango secundario. Los vascos, mayoritariamente, exigen un respeto a su nación, que no se puede confundir con mercadeos de zoco.

La segunda objeción que ha de formularse a una negociación con las condiciones previas en que insiste Madrid se deriva del propio contenido con que quiere alimentar el hecho negociador. La negociación se niega a sí misma cuando previamente se excluye coactivamente el contenido fundamental de lo aportado por una de las partes, en este caso la parte que sufre la castración de su nacionalidad. El Sr. Zapatero ha de tener presente esta obviedad, aunque tampoco sé hasta donde llega la solidez dialéctica del Sr. Zapatero, que corre por la política con algo tan simple como un monopatín. No existe negociación si en la mesa negociadora, que constituye el instrumento resolutivo, no se depositan las propuestas con toda nitidez, amplitud y limpieza de intención. Sentarse a esa famosa mesa con una propuesta que equivalga a un contrato de adhesión, según el cual una de las partes solamente tiene el derecho a la aceptación total o la renuncia completa, parece una burla a la razón y a la dignidad del negociador vasco en este caso. Y con el horizonte españolista al fondo, yo no creo que el Sr. Zapatero proponga a los vascos otra cosa que un contrato de adhesión, por lo menos teniendo detrás a un Partido Socialista que vive la dolorosa eliminación de una generación de dirigentes y está por tanto plagado de rencores, crepitaciones y «esperas».

Claro que esta situación de un nuevo choque frontal por parte de Madrid puede soslayarse durante un tiempo yendo y viniendo de la capital del Reino y contando con la lógica fatiga que puede sufrir una parte relevante de la sociedad vasca, que lleva muchos años dolida por acontecimientos sangrientos y por las intrincadas labores encajeras de una parte de sus dirigentes nacionalistas. Pero no puede tampoco olvidarse que la aspiración vasca a su independencia crece hacia la hondura por obra de una lógica elemental y penetra con su raíz a una juventud rebelde al menos en estos aspectos fundamentales. En Catalunya, por ejemplo, está claro el daño que ha producido a las formaciones nacionalistas este balanceo dubitativo frente a Madrid. Es más, la misma dinámica de independencias que se está dando en Europa mantiene viva la brasa del soberanismo de los pueblos, pese a las contradicciones que alimentan, en razón a los intereses de sus clases dirigentes, las grandes potencias.

La cuestión que queda fundamentalmente por dilucidar, una vez que se ha prometido a un pueblo lo que se ha prometido por su Gobierno al vasco, es el qué hacer si la negociación con España se torna imposible. Ahí solamente resta un enérgico posicionamiento institucional, formando con partidos, sindicatos, universidades, instituciones sociales y cuantas organizaciones puedan aportar segmentos ciudadanos de todo tipo. Cabe suponer que este frente reclamaría la atención de entidades internacionales y de la misma Unión Europea, que no echarían en saco roto la importancia de Euskal Herria en conjunto y de la pugna actual en los tres territorios históricos que forman la comunidad de Euskadi. Mientras esta conjunción de voluntades no se produzca con energía y determinación las negociaciones con el Gobierno español, sea el que sea su color político, producirán un desgaste preocupante en el nacionalismo vasco, excesivamente segmentado para abordar la gran batalla común por la libertad nacional.

Repitamos el principio: a lo largo de su historia, lo que constituye España, su entraña significativa, jamás ha sido propensa a la negociación que afecte a sus concepciones patrióticas. Aupada sobre un basamento teológico y militar, sobre el que se aúpa un capital reticente a cualquier modernización, por modesta que sea, España alimenta a su ciudadanía con los fuegos artificiales de un heroísmo perpetuo y gratuito. España siempre quemó todos los brotes de libertad interna y de conciliación externa.

Antonio Alvarez-Solís, periodista.

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Izquierda-derecha, de Antonio García Trevijano en el Diario de la República Constitucional

Posted in Política by reggio on 19 marzo, 2008

Editorial

La ley no da los mismos derechos al pobre que al rico (Plauto). Éste goza de libertades que aquél no tiene posibilidad de ejercer. En materia de libertades económicas y culturales, la igualdad ante la ley es un principio teórico que solo tiene aplicación práctica entre sujetos pertenecientes a la misma categoría social. La legislación sobre concesiones administrativas, por ejemplo, tiene la naturaleza excepcional de los privilegios, aunque el destinatario de los mismos no sea una persona singular, sino la pequeña comunidad de empresarios con capacidad económica y tecnológica para explotar las licencias. La igualdad de derechos solo tiene relación con la justicia en comunidades de individuos con igualdad de capacidades. Cuanto más bajas sean éstas, mayor será la extensión de aquellos. Es el secreto patentado por la socialdemocracia estatal.

Esto explica la fácil adopción por las masas de las doctrinas igualitarias que nivelaban hacia abajo (anarquismo, comunismo, socialismo) y su apoyo a cualquier tipo de Estado que suprimiera la libertad politica. Aunque pocos lo adviertan, la desigualdad entre derechos y capacidades ha sido también la base sentimental de la doctrina liberal, que identificó el liberalismo económico con las libertades personales, ignorando que la libertad política es, por esencia y definición, libertad colectiva.

La coincidencia de todos los partidos actuales en el desprecio de la libertad politica, junto a la universalización de los derechos sociales, permitió la transformación de las dictaduras en Estados de Partidos, mediante un consenso socialdemócrata que, sin libertad política, redujo las diferencias ideológicas a eso que los partidos llaman, con mentalidad cursi, “distintas sensibilidades”, y que en realidad son matices poco refinados del lenguaje demagógico usado tradicionalmente por las autoridades estatales.

Si todos los partidos reconocen la propiedad privada de los medios de producción y aceptan las leyes del mercado capitalista, ninguno puede ser socialista o de izquierdas. Si todos defienden el escrutinio proporcional ninguno puede ser liberal o de derechas. Si todos se han transformado en órganos del Estado, ninguno puede ser representativo de la sociedad civil.

Florilegio

Es de izquierdas todo lo que crea algo de interés para la humanidad. Es de derechas lo que lo conserva y reproduce. Es reaccionario lo que se opone al cambio social. Es revolucionario todo lo que impulsa el progreso moral. Y ninguno será más consistente que el conquistado por la libertad política.”

Los tambores de Calanda, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 19 marzo, 2008

EL RUIDO DE LA CALLE

El ruido de la calle es hoy de campana. ¿Por quién dobla la campana de Wall Street? Dobla porque el tigre de papel moneda, el que bebe en el barril de Brent, tiene un arpón en el pecho. Ha llegado la terrible simetría de los ciclos, la recesión. Lo anuncia aquella campana que sustituyó al gong chino, la misma que anunció el crack del 29 (Groucho Marx lo contó así: «Wall Street lanzó la toalla y se derrumbó. Eso de la toalla es la frase correcta, porque el país estaba llorando. Gordon me telefoneó desde Nueva York y me dijo: ‘La broma ha terminado’; cuando le iba a contestar se había quedado mudo… Se suicidó»).

Se mueven los siete candeleros de oro y retumbarán los tambores de Calanda, los que truenan cuando mueren las campanas, para avisar que el terremoto se aproxima. Durante tres días los mensajeros de las tinieblas dejarán su sangre en la piel de los tambores; estallará la rompida en los instantes en los que la campana de Wall Street informa de que los bancos se pueden comprar a pedo de clueca en las casas de empeño.

ZP se fue el sábado a meditar a Doñana, «sólo con su familia y con Miguel, su ayudante personal». Me cuenta uno de sus hombres de confianza que está preocupado porque tendrá que prescindir de un grupo de personas que le acompañaron en la difícil legislatura. Los zapateristas llaman a eso «la dimensión humana del presidente». Tiene huevos: llegan los primeros tañidos de la crisis más dolorosa desde la Guerra Mundial y ZP, aquejado del ternurismo de moqueta, preocupado en Doñana por cómo cesar a los ministros gamberros. Menos mal que no es cierto. ZP maneja la cuchilla de cortar cabezas con crueldad sonriente y caligulesca. Decapita como un avezado matachín. Contad sus enemigos, contaréis sus muertos. Cuando le pregunto a mi interlocutor por su destino, contesta: «Yo soy ZP-dependiente; donde me diga». Esto me confirma lo que siempre pensé: Zapatero es una droga de diseño o socialdemocracia de síntesis, adictiva, que ha acabado con la droga dura de la derecha. La totalidad de los políticos socialistas dependen de él, porque a casi nadie debe la victoria. Zapatero ha hablado en su footing-paseo con los flamencos y le han dicho: cruzarás el cabo de las tormentas prescindiendo de los derrochadores, los arbitristas, los gilipollas, las marujas retroprogres, olvidando la España plural y predadora para afrontar el sol negro de dos millones de parados.

La crisis empieza a llamarse recesión. Según mi asesor en cuestiones financieras, al que sorprendo con el pie en el estribo de un jet, «el virus es mutante». «Se activaron todas las medidas; fueron inútiles. Se diga o no se diga, los Estados Unidos han entrado en recesión».

Las medidas de corrección para conjurar la crisis no evitarán el batacazo. El himno del oro va a ser sustituido por los tambores de Calanda.

© Mundinteractivos, S.A.

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La fe mueve patrañas, de Javier Ortiz en Público

Posted in Política by reggio on 19 marzo, 2008

Se dice que hay que condenar el pecado, pero no al pecador. Hoy me hallo en el extremo contrario, así que mentaré la beatería, pero no al beato.

Esto fue en una emisora provincial de la cadena Ser (de la Ser, no de la Cope) y aconteció el pasado sábado. Hablaba el encargado de las noticias locales sobre la Semana Santa con una señora a la que presentó como especialista en santidades semanales. El locutor afirmó, como quien constata una evidencia, que en la Semana Santa “todo es muy emotivo”. Ya lanzado, añadió que la emoción viene de suyo, “tengas o no tengas fe”. Establecido lo cual, su especialista adosada explicó que si colocas una palma bendita en el mirador de tu casa te asegurarás buena suerte por un año, y si metes una rama de laurel santificado entre el somier y el colchón de tu cama, con fe o sin ella, disfrutarás de toda suerte de venturas (no precisó si todas ellas en la cama. A saber.)

Qué singular país, éste nuestro. Según la Constitución, aquí ninguna religión es oficial, pero no paran de suceder cosas que prueban lo contrario. ¿Por qué las autoridades desfilan bajo palio en el Corpus Christi toledano? ¿Por qué el jefe del Estado español, no confesional (el Estado), hace no sé qué ofrenda anual al Apóstol Matamoros, julio sí julio también? ¿Por qué se autorizan por estas fechas comportamientos ilegales, como las autoflagelaciones públicas y otras muestras de exhibicionismo sacro-masoquista?

La palma, en todo caso se la llevan las Cofradías religiosas que propician indultos de presos con ocasión del Jueves Santo. ¿Qué carajo pinta una Cofradía católica interfiriendo en las labores del Ministerio de Justicia? O, mejor dicho: ¿qué carajo pinta el Consejo de Ministros tomándose en serio semejantes peticiones? Para el Gobierno laico español tanto deberían valer las demandas de la malagueña Cofradía católica de Jesús el Rico como las reclamaciones de la célula comunista de Jesús el Pobre, de Entrevías, Madrid. O sea, nada.

¿A cuento de qué nos mezclan las penas carcelarias con pasiones místicas, saetas, viacrucis, costaleros y penitentes? ¿Cuándo decidirán apartar ya de una vez de nosotros este cáliz?

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Trichet, el dólar y el crecimiento, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 19 marzo, 2008

Hace unos días un diario de Madrid titulaba un artículo: El Euro no da tregua, refiriéndose a la evolución del tipo de cambio con el dólar. El hecho resulta evidente. Desde su creación, la moneda única se ha apreciado con respecto al dólar aproximadamente un 33%. Y todo apunta a que la tendencia continuará en el futuro. La explicación no es difícil. Existe un factor estructural y otro que podríamos llamar instrumental.

El factor estructural se encuentra en el enorme déficit exterior que presenta EEUU. Un país con un permanente desajuste en su balanza de pagos tiene por fuerza que terminar depreciando su moneda. Haciendo un inciso, podíamos aplicar esta evidencia a nuestro país. Desde siempre el talón de Aquiles de la economía española ha sido el déficit exterior, originado, en buena medida, por mantener tasas de inflación superiores a las de la mayoría de los países desarrollados. La única forma de restituir el equilibrio pasaba por devaluaciones periódicas que volvían a situar nuestros precios en consonancia con los de nuestros competidores. En los momentos actuales, el déficit de la balanza corriente de España ha superado todos los récords, pero hoy las devaluaciones no son posibles al pertenecer a la Unión Monetaria, lo que nos coloca en una situación muy crítica.

Pero volviendo a la economía americana, hay que reconocer que la posición de EEUU, al menos hasta ahora, era única y singular; su moneda, el dólar, era aceptada como moneda de reserva con lo que éramos el resto de los países los que financiábamos su déficit sin que Norteamérica se viese obligada a depreciar su divisa. Con la creación de la Unión Monetaria el escenario ha cambiado. Le ha surgido un competidor; el euro puede y de hecho está actuando también como moneda de reserva. EEUU ha perdido en parte su puesto de privilegio, y su divisa se hace vulnerable ante el permanente desequilibrio en la balanza de pagos que presenta su economía.

El factor que podemos llamar instrumental —y que explica también en parte la evolución del tipo de cambio entre el euro y el dólar— se encuentra en la diferente política monetaria aplicada por el Banco Central Europeo (BCE) y la de la Reserva Federal de EEUU (RF), mucho más flexible siempre la de este último. Esta realidad se está constatando de manera evidente en los últimos tiempos. Desde el inicio de la crisis de los mercados financieros, Ben Bernanke ha reducido 2,25 puntos el tipo de interés hasta situarlo en el 3% (es posible que cuando se publique este artículo esté ya en el 2%), mientras que Trichet no ha tocado el de la eurozona manteniéndolo en el 4%. Y eso que la inflación se sitúa en EEUU por encima del 4%, alrededor de un punto superior a la europea.

La postura del BCE resulta bastante incongruente pues, si bien es cierto que la inflación en la eurozona supera el 2% —cifra por lo visto mágica y milagrosa para la autoridad monetaria—, no es menos cierto que las señales de debilidad en la marcha de la economía son cada vez más alarmantes y las previsiones se revisan una y otra vez a la baja. Pretender que la crisis va a afectar únicamente a EEUU sin repercutir en Europa es una ingenuidad que los hechos se están encargando de desmentir.

Por otra parte, si por algo se caracterizan las tensiones inflacionistas actuales es por tener su origen en los costes y no en la demanda; costes además exteriores a la propia Unión Europea (precios del petróleo, materias primas y productos alimenticios) y en los que desde el interior poco se puede influir. En este panorama las restricciones monetarias pueden resultar totalmente ineficaces, cuando no perjudiciales. Actúan sobre el PIB nominal pero es difícil calibrar si van a influir en el componente precio, reduciendo la inflación, o en el componente real de la economía, deprimiendo el crecimiento. En las actuales condiciones, ante una inflación de costes, y de costes exteriores, parece bastante probable que una política monetaria contractiva no reprima las tendencias inflacionistas sino que las avive mediante un incremento de los costes financieros.

La apreciación del euro frente al dólar, y frente a todas las otras monedas que siguen al dólar, hace perder competitividad a los países que componen la Unión Monetaria y, por lo tanto, daña el crecimiento. La demencia se adueña de la economía cuando Trichet repite, una y otra vez, que su única obligación es contener la inflación, desentendiéndose así de lo que ocurra con la economía real. Lo más grave es que, según el estatuto del BCE, tiene razón. A diferencia de la Reserva Federal cuyo cometido es múltiple, cuidar de los precios pero también del crecimiento económico, al BCE solo debe preocuparle la inflación. Es decir, poco importa que la economía se hunda con tal de que se mantenga la tasa mágica de inflación del 2%.

Poco a poco nos vamos dando cuenta del monstruo que hemos construido. Ya hay mandatarios europeos que comienzan a ver con recelo el modelo de autonomía dado al BCE, al igual que Francia y Alemania comienzan a ser conscientes de a dónde conduce la libre circulación de capitales sin cortapisa alguna, a los paraísos fiscales como el de Liechtenstein. Hasta la política agrícola de la Unión está quedando en entredicho con la escasez de los productos alimenticios. ¿Seremos capaces algún día de reconocer que el modelo de Unión Europea está equivocado de principio a fin?

www.telefonica.net/web2/martin-seco

FT: “Spain is chic, pero el milagro español está llegando a su fin”, de Fátima Martín en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 19 marzo, 2008

“Spain is chic”, asegura el columnista jefe de Internacional de Financial Times, Rideon Rachman, quien valora este martes en una columna la situación española tras el 9-M y hace un repaso amable de la primera legislatura de Zapatero, contradiciendo las tesis de ataques furibundos que la prensa anglosajona dedica a nuestro país. Pero “el milagro español está llegando a su fin”, considera Rachman, lo que supondrá un test para la estabilidad del país. “Los españoles están a punto de darse cuenta de que la dolce vita no es eterna”, concluye.

Hay un prejuicio establecido en la Europa occidental. Los británicos miran por encima del hombro a los franceses, los franceses a los italianos, los italianos a los españoles y los españoles a los portugueses. Y todos ellos temen y ridiculizan a los alemanes. Pero los españoles han roto esa xenófoba jerarquía. España es ahora más rica, más moderna y más dinámica que Italia. Posee el chef más laureado de Europa, Ferrán Adriá, el cineasta más trendy, Pedro Almodóvar y el club de fútbol más rico, el Real Madrid. Barcelona es la ciudad de la que más se habla como modelo de metrópolis. España es chic ahora, como Italia fue chic en los 60.

Estos cambios culturales reflejan cambios en el mundo real. En 2006, la renta per capita española superó a la de Italia. El español medio es ahora más rico que el italiano medio –una idea inimaginable cuando España salió del aislamiento franquista a principios de los 80-.

La gobernancia española también se muestra como un modelo de previsibilidad comparada con la frenética inestabilidad italiana. José Luis Rodríguez Zapatero ganó la reelección el pasado 9-M. Por el contrario, los políticos italianos aún luchan por sobrevivir, cuanto más por gobernar.

Las elecciones italianas del próximo mes parecen apuntar la caída de la coalición de izquierdas y el retorno al poder de Silvio Berlusconi –un flamante tycoon que es visto como un siniestro bufón en el resto de Europa-. Mr. Zapatero no es una gran figura en Europa, pero al menos no hace el ridículo.

El bajo perfil internacional del presidente español contrasta con su fuerte presencia en su propio país. Zapatero es un líder político inusual, que no parece estar particularmente interesado ni en la política internacional ni en la economía. En su primera legislatura, se especializó en políticas sociales tales como reexaminar la Guerra Civil, legalizar el matrimonio homosexual y el divorcio express, e impulsar medidas de igualdad de género. Si hubiera un premio al primer ministro más políticamente correcto de Europa, Zapatero, sin duda, lo ganaría.

Cuando las cosas van bien, hay mucho tiempo para la política identitaria, pero el milagro español está llegando a su fin, lo que requerirá un esfuerzo adicional por parte de Mr. Zapatero. El socialista ha sido reelegido en unos comicios de los que se desearían perder.

Boom inmobiliario

España, como EEUU, se encuentra en el final de un boom inmobiliario y el principio de un credit crunch. El desempleo, que nunca bajó del 8%, incluso en los buenos momentos, ha comenzado a subir en los últimos meses. Buena parte del milagro español se ha debido a la construcción y el consumo. Una economía más débil amenaza con poner de manifiesto problemas no resueltos, como altos niveles de endeudamiento y baja productividad.

Los problemas económicos supondrán un test para la estabilidad de la nueva España. El boom económico ha atraído a un número extraordinario de inmigrantes de Latinoamérica, Norte de África y Este de Europa. En los últimos ocho años, la población española ha pasado de 39 millones a más de 45. Zapatero, en su primera legislatura, legalizó a 700.000 inmigrantes que, con el cambio de ciclo, son los primeros candidatos a perder sus empleos.

El intento desafortunado de la oposición conservadora de usar la inmigración ilegal contra Zapatero sugiere que los españoles están –hasta ahora- razonablemente cómodos con el rápido cambio social. Pero el agrio tono político sugiere lo contrario: una sociedad profundamente dividida.

Uno de los vicios del Gobierno de Zapatero ha sido la reapertura del debate sobre la Guerra Civil.La otra fuente de ponzoña ha girado en torno a los atentados del 11-M. Mientras que el terrorismo de Al Qaeda despertó un sentimiento de unidad nacional en EEUU, en España ha sucedido lo contrario. Muchos en el Partido Popular insistieron –contra la evidencia- en que ETA había participado en dichos atentados. El liderazgo popular parecía tener problemas para aceptar la legitimidad de la victoria socialista en 2004.

El hecho de que Zapatero haya ganado la reelección puede forzar a los conservadores a reconocer su legitimidad. Esto ayudaría a quitar algo de amargor a la política española. El que Zapatero ahora se concentre en la economía, más que en la política social, ayudará a normalizar la vida política. Sin embargo, la segunda legislatura amenaza ser mucho más dura. En los últimos 20 años, los sucesivos presidentes españoles han disfrutado los beneficios de presidir en un entorno favorable. Ahora, como los italianos antes, los españoles están a punto de descubrir que la dolce vita no es eterna.

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Galopando…, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Política by reggio on 19 marzo, 2008

El ojo del tigre

Hace treinta años que la democracia liberal les cambió (relativamente) la vida social y política a los españoles. Entonces, fue cuando la convivencia nacional empezó a funcionar a tenor de nuevas leyes mecanicistas; a partir de las cuales, se establecieron unas reglas de juego fijas, que hicieron innecesaria la función reflexiva individual. Paradójicamente, tres décadas después de aquella revolución controlada , que se llamó Transición, el sistema político con el que se quería resolver los problemas de la participación, del respeto a las minorías y la igualdad -derechos que estuvieron ausentes durante cuarenta años-, basa su supervivencia en el mecanicismo de una peculiar democracia meticulosamente tutelada. Es decir, los españoles, después de recorrer, durante casi tantos años (nueve menos) como fueron flageladas por la dictadura, el camino que va desde el final de aquel régimen implacable hasta la virtual plenitud de la madurez democrática, que se le adjudica tan alegremente a la sociedad española actual, vuelven a estar en el mismo sitio en donde les pilló la muerte del dictador: en el kilómetro cero de la democracia pluralista.

La vida pública de hoy en este país aún no ha sido empapada directamente por la lluvia de la cultura democrática. Todavía existen resabios (los fundamentales) del régimen anterior. Son tan evidentes en la derecha posfranquista, tan bien representada por el PP, como en la nueva izquierda condicional -en realidad, una socialdemocracia de ocasión- igualmente tan bien materializada por el PSOE. Esto quiere decir que, después de treinta años de democracia supuestamente pluralista, siguen estando vivos ciertos vínculos ideológicos con el anterior sistema autoritario. Gracias a la existencia de esos vínculos, se corre el riesgo de acabar aceptando la supervivencia de aquella reprobable tendencia histórica que los españoles, mayoritariamente, creían haber eliminado gracias a su racional liberación democrática.

Al desarrollo actual de la actividad política pública (severamente monopolizada por dos únicos grandes partidos), como se puede comprobar observando atenta y objetivamente su proceso disciplinario, le fallan ciertos aspectos que son indispensables para lograr su concreción histórica y, sobre todo, para robustecer su particular estructura ideológica como un hecho estrictamente original; por lo tanto, diferenciador.

Fijémonos en dos de esos grandes fallos. Uno, los españoles, al día de hoy, aunque parezca mentira, todavía no votan libremente. Lo hacen condicionados por una ley electoral que, sorprendentemente, legitima las candidaturas cerradas por los partidos. Concretamente, por las oligarquías que los controlan. Esas candidaturas equivalen a las que se configuraban en la época de aquel general. Recordemos las famosas candidaturas del tercio sindical y las del tercio familiar -porque el otro tercio era singularmente digital– en la época del deshielo totalitario. Con ellas, la promesa de la soberanía popular es un fraude político.

Otro fallo ligado al anterior: tales candidaturas cerradas demuestran la imposibilidad de aportarle al sistema democrático resoluciones individuales. Lo cual, quiere decir que los partidos neodemocráticos de este país rechazan también la participación individual de los ciudadanos. Un rechazo que es característico de los sistemas políticos rigurosamente dictatoriales. A propósito de esto, voy a cometer la osadía de citar a dos personajes de singular relevancia histórica, que tuvieron una enorme influencia ideológica; cada uno en su tiempo: Engels y Sartre. Ambos pusieron su empeño pedagógico en intentar convencer a los demás de la enorme importancia que tienen las resoluciones individuales para que un sistema político se flexibilice adecuadamente. No les hicieron caso. Prefirieron seguir con sus dóciles masas impersonales.

Si aplicamos este mismo conflicto al actual fenómeno sociológico español, se puede decir que los españoles actuales son, pura y simplemente, demócratas serializados . Es decir, dándole la razón a Sartre; el padre del existencialismo, aquella teoría filosófica que fascinó a cientos de jóvenes universitarios españoles antifranquistas en los años 60. No les llamaré progres para no alegrarles las orejas a ciertos intrépidos gurús mediáticos ultraderechistas que, después de haber compartido aquel desbordado entusiasmo por el existencialismo y el antifranquismo, se pasaron a la otra acera desde donde ahora se dedican a atacar miserablemente a la antigua progresía; antifascista, entonces; pero, en este momento, partidaria de una democracia convenientemente pasteurizada…

Tampoco les voy a reprochar a esos maduros exradicales ilustrados que, después de galopar y galopar, cuando se cansaron de hacerlo se tumbaron en la orilla de la mar. Hasta que vieron pasar el primer coche oficial. Se subieron a él y, desde entonces, únicamente les interesa conciliar la libertad democrática con el orden tradicionalmente secular de la derecha ultraconservadora. Solo son capaces de regresar melancólicamente a los tiempos heroicos del antifranquismo si se les excita con la voz y la música de aquellos veteranos (hoy) juglares que protagonizaban la mística de la resistencia ideológica a la dictadura. Pero si se les recuerda a ciertos escritores, filósofos e ideólogos que estuvieron de moda hace cuarenta o cincuenta años, y que les ayudaron a comprender el mundo en el que vivían además de descubrirles la existencia de otros mundos distintos y mejores, les entra la pereza intelectual, se sonríen -como quien está de vuelta de todo-, se apoyan afectuosamente en tu hombro y te dicen en voz baja: “Eres muy antiguo”. Después, regresan al coche oficial que les espera mientras tú sigues galopando, galopando, galopando. Porque estás convencido de que la democracia pluralista aún queda lejísimos para los que van a pie. Los que viajan en el coche(rito, leré…) hace mucho tiempo que la dejaron atrás.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Mirando hacia el occidente de Asturias, de Jesús Arango en La Nueva España

Posted in Asturias, Economía, Política by reggio on 19 marzo, 2008

Escribir sobre el occidente de Asturias desde una aldea que contempla cómo el río Nalón se va acercando a la mar puede dar como resultado unos apuntes idílicos sobre una realidad variada y compleja. Sin embargo, no es ningún disparate el que la visión sobre una realidad esté determinada por el estado de ánimo del escribidor, al fin y al cabo refleja más limpiamente los juicios de valor que están presentes en cada uno de nosotros al acercamos a interpretar cualquier realidad.

Cuando en Asturias llevamos un largo período de buen tiempo, al amanecer de un día donde la niebla impide ver más allá de cinco pasos, sonando el esquilón de una vaca en el monte, y con el auxilio de un mapa de Asturias, comienzo a interrogarme sobre lo que significa el occidente de Asturias.

El Occidente constituye un amplio territorio delimitado entre esa muralla natural que es la cordillera Cantábrica y el bravo mar del mismo nombre. En términos políticos, es una zona que incluye a treinta y dos concejos que representan aproximadamente la mitad de la superficie de Asturias y en donde residen 175.000 asturianos que, en términos relativos, significan en torno al 15 por ciento de la población regional.

El Occidente es algo plural como el nombre de Asturias: en él se configuran diferentes paisajes -las sierras, los valles interiores y las rasas costeras- que conforman varias comarcas: el Suroccidente, la Marina, los Oscos, la cuenca del Navia, el bajo Nalón… Es una tierra donde los colores tienden a tener unos tonos predominantemente oscuros: brezales, enebros y, en algunas zonas, las techumbres de pizarra. En ese solar tan desconocido para muchos asturianos, en el que se dice «Asturias» y «fabas», los ríos marcan sus límites y delimitan sus zonas: el Nalón-Narcea, el Navia y el Eo.

Así, cuando se viaja hacia el Occidente desde el centro de Asturias por esa autovía que cada vez nos lleva más rápido hasta los confines del Eo, al llegar al río Nalón avistamos las iglesias de Muros y Somao que imprimen un estilo arquitectónico diferente, que se mantendrá a lo largo de la franja costera. Nada que ver con las iglesias del interior, menos estilizadas y generalmente más antiguas.

Entramos en la zona donde se cata y no se mece, donde la yerba se lleva en goxas y no en maconas, donde el pote de berzas es el plato más característico y las casadielles se convierten en bollinas. En esa amplia comarca donde habitaron los pésicos y en donde aún se pueden ver en muchas construcciones el símbolo del trisquel como referencia de un pasado celta, conviven la utilización de la «ts» y la fala de más allá del Navia y del otro lado del puerto del Palo.

En ese Occidente plural se encuentran sitios tan singulares como las brañas de La Pornacal en Somiedo y El Campel en Allande, las playas de Barayo en Valdés y Gavieru en Cudillero, o las cascadas de Oneta en Villayón, para enfrentar paisajes muy dispares.

Más aun, existen parajes como el amplio valle que riega el río Narcea y que se extiende desde Cornellana hasta San Martín de Lodón, que presenta la singularidad, quizás única en Europa, de que se puede ver en un mismo lugar el oso pardo, los salmones y multitud de viejos naranjos.

Es la vieja Asturias de los vaqueiros y los xaldos, de las minas de oro de Montefuráu y el Valledor en Allande. Es la Asturias de las ferrerías de los Oscos y Taramundi y de los mazos de Besullo, Belmonte y Aguillón, como manifestación de un pasado floreciente en los tiempos del Antiguo Régimen.

Es esa parte de Asturias que vivió de espaldas a la industrialización minero-siderúrgica del siglo XIX y que se mantuvo aislada como una reserva en la que la economía, hasta los años sesenta, era subsistencia y autoconsumo. Por eso, hasta fechas relativamente recientes, se podía visitar a los madreñeros de Villar de Vildas en Somiedo, la cerámica negra de Llamas de Mouro en Cangas del Narcea, los cunqueiros de Bao en Ibias, o probar el vino de Pelorde en Pesoz y Villarpedre en Grandas de Salime.

Si en una tarde de buen tiempo se sube desde la costa a Resiellas, Brañaseca, o Gallineiru, todas brañas del concejo de Cudillero, la visión, al mismo tiempo, de la mar abierta, casi al alcance de la mano, y de las sierras que se elevan hasta la Cordillera, constituye una sensación que expresa mejor que nada la contradicción entre la belleza del paisaje y la dureza de la vida cotidiana.

Dureza de paisaje y belleza de la soledad se siente cuando se camina desde Borres en Tineo hasta lo alto del puerto del Palo en Allande, por la ruta de los Hospitales. Sin árboles, con las heridas de la erosión creciente, la vista se pierde en un sinfín de montañas y valles desde la Sierra de Carondio en ese Allande, tan solitario y a la vez tan hermoso. Los valles del Occidente donde resuenan canciones de mil años, que se escapan por los ríos en busca del concierto de las olas de la mar.

Sin embargo, en el Occidente, donde la economía todavía sigue teniendo una base fundamentalmente agraria, conviven en estos momentos procesos tan dispares como la ganadería de carne del valle de Saliencia en Somiedo y las explotaciones lecheras más desarrolladas de Asturias en la zona costera. O bien, los conceyos abiertos, que siguen existiendo en algunos pueblos de la montaña y el movimiento cooperativo de los valles y la costa.

Es una tierra en donde las gentes son, sobre todo, hospitalarios con el visitante, aunque para quien no los conozca pueden parecer reservados. Son pueblos donde también se corre la galga con fina ironía y respeto cuando algún forastero se quiere pasar de listo.

Hasta hace relativamente poco tiempo, el Occidente representaba en Asturias la búsqueda del tiempo perdido, de lo que pudo haber sido y no fue. Estaba ahí a pocos kilómetros, pero a mucha distancia, en espera resignada de que se mejorasen sus comunicaciones para poder aportar al desarrollo de Asturias su potencial de recursos y de gentes.

Desde hace décadas, el Occidente está tendiendo la mano para integrarse plenamente en el futuro de nuestra región. Es necesario que a esa llamada se conteste por parte de las instituciones asturianas con hechos y signos que alimenten las esperanzas y respeten las raíces de su diversidad cultural. De lo contrario, después de tantos años de abandono, sería una nueva oportunidad perdida.

P. D.: Aunque pueda parecer actual, este texto fue escrito hace veinte años. Parece como si en algunas cuestiones el tiempo se hubiese detenido. Sin embargo, actualmente dos autovías caminan hacia el Occidente y esa ancha franja de la tierra asturiana está experimentando un cambio profundo en sus comunicaciones y con ello también está cambiando la vida de sus gentes. Hoy su paisaje se está transformando con sus sierras adornadas de parques eólicos y con las nuevas urbanizaciones que avanzan con la autovía de la costa. A pesar de todo, y después de haber recorrido el pasado otoño el Camino Primitivo desde Oviedo a Grandas de Salime, estoy cada vez más convencido de que esta parte de Asturias volverá a jugar un papel relevante en la vida económica y social de nuestra región, como lo hizo durante siglos, antes de que se descubriese el carbón y el acero. Uno siempre sueña con encontrar un centro de I+D en Chao Revoqueira, allá por los Oscos: sería el desarrollo difuso de una visión de Asturias menos centralista.

Jesús Arango es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo.

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Un momento difícil, de Jesús Iglesias Fernández en El Comercio

Posted in Asturias, Política by reggio on 19 marzo, 2008

Los resultados conseguidos por Izquierda Unida este pasado 9 de marzo son claramente insatisfactorios. Medidos en función de los objetivos perseguidos son un fracaso con pocos matices. Nos proponíamos en estas elecciones mejorar ligeramente o asegurar nuestra representación y tratar de condicionar el futuro escenario político mediante un giro a la izquierda. Es evidente que no hemos conseguido nada de eso y que una pérdida de trescientos mil votos nos han dejado con dos diputados y sin grupo parlamentario.

El PSOE ha ganado claramente, pero no ha alcanzado aquello por lo que luchó con todos sus medios a lo largo de la campaña: la mayoría absoluta.

Por su parte, el PP mejora sus resultados pero, después de una durísima legislatura, ni tan siquiera acorta la distancia que le separaba de los socialistas.

En términos generales los partidos mayoritarios mantienen la correlación de fuerzas preexistente, lo que demuestra que el clima de crispación que vivimos los dos últimos años les viene bien a ambos y por ello, es de temer, tendrá continuidad en el periodo que ahora se abre.

De otro lado, el PSOE se ha quedado con lo nacionalistas vascos y catalanes como socios preferentes y ello le concede una fácil coartada para dar continuidad a la deriva derechizante que ya había iniciado. Que nadie espere que la Ley de Atención a la Dependencia se vaya a desarrollar en base a una red pública de servicios, que la de la Memoria Histórica se ponga en marcha a corto plazo, que se modifique la regulación del aborto hacia una norma de plazos o que el coste del enfriamiento económico no acabe siendo endosado a los trabajadores, por no hablar de lo peligroso que resultarán para Asturias tales alianzas a la hora de determinar el nuevo sistema de financiación autonómica o concretar inversiones en los Presupuestos Generales del Estado.

En Asturias Izquierda Xunida-Bloque por Asturies-Los Verdes tuvimos la mejor candidata y realizamos la mejor campaña. Sabíamos que el PSOE tenía garantizada la victoria y peleaba por la mayoría absoluta ocultando a su cabeza de lista bajo el paraguas de Zapatero; también en que el PP no iba a ser capaz de incrementar su respaldo con un candidato que generaba fuertes recelos fuera de Oviedo.

Obtuvimos casi 50.000 votos (cincuenta mil votantes a los que damos las gracias), nueve mil menos que en las legislativas anteriores. Laura consiguió el mejor resultado que nadie en Izquierda Xunida podía haber alcanzado en las actuales circunstancias. Dentro del fracaso general, con el 7,26% tuvimos el mejor resultado de todo el Estado.

Las razones del descalabro de IU están en la imperfección de un sistema democrático cuya ley electoral fué diseñada para castigar a la tercera fuerza política de ámbito estatal, contribuyendo a asentar en la mentalidad de los electores de la mayoría de las circunscripciones, convocatoria tras convocatoria, la certeza de que resulta imposible que IU obtenga representación. Es un escándalo que con casi un millón de votos tengamos dos diputados y Convergencia i Unió con trescientos mil menos tenga diez escaños. Es éste el terreno que facilita el cultivo del voto útil que tan buenas cosechas proporciona al PSOE.

También están en un bipartidismo artificial, provocado no tanto por la voluntad de los electores cómo por el sistema electoral, que en estas generales se ha visto escandalosamente apuntalado por la sumisión de los medios de comunicación y, especialmente, por los patéticos debates electorales a dos, absurdos monólogos sucesivos, que presentaban como única opción la de tener que elegir entre el PP y el PSOE. Sin duda, ello ha contribuido de forma destacada a que casi la totalidad de las formaciones políticas pequeñas hayan perdido representación y que la próxima legislatura sea la que menos grupos parlamentarios vaya a tener, cinco, de nuestra joven democracia.

Igualmente, por el abuso del argumento del miedo a una derecha montaraz y clerical por parte de un PSOE que aspira a ocupar todo el espacio de la izquierda.

Finalmente, por la irrupción sangrienta de ETA en el cierre de campaña que de nuevo se convirtió en un llamamiento al inconsciente colectivo trayendo a primer plano la polarización en torno a la lucha antiterrorista de toda la legislatura anterior.

En todo caso, IU necesita una reflexión a fondo sobre las características de nuestro proyecto político y afrontar los cambios necesarios.

No hay duda de que hay un espacio a la izquierda del PSOE, un espacio de cambio y transformación social que apuesta por superar las desigualdades, vincular desarrollo y medio ambiente y avanzar hacia un modelo federal del Estado, porque hay muchos ciudadanos que no se sienten representados ni por el PSOE ni por el PP y porque alguien debe asumir el compromiso de defender los derechos de la mujer, de las ‘leyendas urbanas’, de los desempleados, los pensionistas, Pero ni tenemos la propiedad de dicho espacio, ni parece que estemos acertando en la manera de ocuparlo.

La convocatoria de una Asamblea para mediados de junio debe de servir para iniciar ese debate.

Vivimos un momento difícil, pero que nadie se apresure a darnos por liquidados; seguimos representando la historia y la tradición de luchadores heroicos, por lo que no nos planteamos ni renunciar ni rendirnos. Sobre todo en Asturias, dónde mantenemos nuestra fuerza, nuestros concejales, alcaldes y diputados y ratificamos la voluntad de continuar trabajando políticamente cada día para sacar adelante el programa electoral con el que concurrimos a las elecciones autonómicas y municipales y los compromisos que asumimos en estas generales, además de ir sentando las bases que garanticen que dentro de tres años estemos en las mejores condiciones para afrontar los retos electorales.

Jesús Iglesias Fernández. Coordinador general de IU en Asturias.