Reggio’s Weblog

Y entonces llegó Aznarín, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Política by reggio on 29 febrero, 2008

El alcalde moscón, Antonio Rey, como primer telonero. No estuvo brillante. Sarta de tópicos y una queja en torno a cómo fue tratado en la reciente inauguración de la variante de Grao, donde no se le dio el uso de la palabra. Lo malo es que tendría que haberla tomado antes, protestando por un retraso en cuya casuística pesó más la agenda de la Ministra que el bienestar del pueblo soberano.

Ovidio Sánchez derrochó ardor. Levanta su voz, mueve el flequillo en cada final de frase. Y habla de dos grandes triunfadores: Gabino de Lorenzo y Aznar. De voluntad anda sobrado. Los partidos acaso necesiten también entusiastas. Ovidio lo es.

Y entonces llegó Gabino, a ritmo de pasodoble. Estribillo sobre las promesas incumplidas de Zapatero para con Asturias, que iba siempre seguido de unas palabras de Rubalcaba que hablaban de que los ciudadanos se merecían un Gobierno que no mintiese. Curiosamente, apenas se ocupó de Álvaro Cuesta, a quien conoce bien y sabría de sobra por dónde atacarlo. Prefirió centrarse casi en exclusiva en los incumplimientos de Zapatero para con Asturias, especialmente el peaje de Huerna. Arrancó carcajadas imitando la voz de Solbes y estuvo gracioso, en ocasiones, aunque no explotó hasta el final esa faceta suya tan conocida. Y -miren por dónde- se mostró muy preocupado por quienes perciben las rentas más bajas. Eso es sensibilidad social, y lo demás, cuento, oiga.

Y entonces llegó Aznar. Hasta el momento de intervenir parecía levitar. Apenas hacía muecas cuando le llovían elogios de todos los teloneros. Los males de España, centrados en un Gobierno que no confía en su país y que, además, pacta con fuerzas separatistas. En un Gobierno que, además, remueve el pasado, rompiendo así, según él, el espíritu de la transición. La salvación inmediata será que vuelvan a ganar los populares. En un Gobierno que tiene como aliados principales, según él, a Chávez y a Castro. En un período en el que dice haber soportado insultos y descalificaciones de continuo. Como era de esperar, ni la más mínima autocrítica. Y, como estaba en el guión, declaraciones de amor a Asturias, incluido el nombre de su nieto. Covadonguismo que no cesa.

Aznar se estrenó en Grao en esta campaña electoral. La pena es que su experiencia política no le lleve a un pequeño distanciamiento en su discurso. Entonó su versión del «Volver, volver» sin el más mínimo matiz. Lejos queda aquel Aznar que decía admirar y leer a Azaña.

Así que un Alcalde que no se salió de los tópicos, covadonguismo incluido. Un Ovidio que vibraba, un Gabino que se lució sobre todo en sus humoradas. Y un Aznar que se humanizó más con la palabra que con el gesto.

Ovidio puso el entusiasmo. Gabino, la diversión. Y Aznar, la experiencia, parece que conducente a reafirmarlo en que sus ocho años fueron los mejores que España vivió desde la muerte del dictador.

Auto de fe, acto de fe.

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