Reggio’s Weblog

Caras y caretas, de Carlos Sentís en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 29 febrero, 2008

El cara a cara Zapatero-Rajoy del lunes pasado fue un monumento al bipartidismo. Lo que sería explicable para unas elecciones presidenciales -como las estadounidenses-, resulta exagerado y exclusivista para otras opciones, puesto que la democracia parlamentaria no es cosa de dos. Ni una rendija para otros candidatos que encabezan listas, que pueden tener peso político o parlamentario una vez elegidos sus componentes. Prueba de ello es que Catalunya no apareció más que un par de veces y siempre como sujeto pasivo. Durante la última legislatura ha sido empleada como herramienta útil para el jaque mate. En cierto momento, Zapatero reprochó a Rajoy que éste utilizara a una mayoría de españoles para lanzarlos contra Catalunya o su Estatut, con idea de que el puñetazo repercutiera en la cara del presidente, que había propiciado una reforma estatutaria. La cuestión es que Zapatero acusó a Rajoy de que con el pretexto de defender la llamada unidad de España enfrentara y separara a comunidades.

El bipartidismo puro y duro excluye otras opciones políticas apropiadas para la expresión de la democracia. Un par de días antes del debate escuché, en la cadena Ser, cómo Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que aunque no es presidente de Extremadura continúa siendo un barón del PSOE, dijo que él deseaba una mayoría absoluta del PSOE y, si no, una del PP. “La cuestión es evitar la presencia de unas minorías siendo, como son, insolidarias”. Digamos de paso que llamar insolidarios a los catalanes es una gran sinrazón, a la vista del desequilibrio entre la contribución catalana y el déficit de devolución en infraestructuras, como ahora mismo, lamentablemente, podemos comprobar. En efecto, estas minorías pueden contribuir a solidificar cuando la mayoría de uno de los dos grandes partidos es notoriamente escasa. Rodríguez Ibarra es partidario de una reforma electoral que impida a los nacionalistas poder actuar, lo que sería como expulsarlos, nuevos Adán y Eva, del paraíso terrenal.

Son buenos los cara a cara televisados, que no se habían realizado en España desde hacía unos quince años. El del lunes pasado lo contemplaron más de trece millones de españoles, lo cual si no contribuye a decidir su voto sí, en cambio, puede hacer que muchos ciudadanos tomen interés y acudan a votar. En las mesas de los cara a cara hubieran podido sentarse los cabeza de lista de otros partidos. Me hubiera gustado ver entre ellas el perfil romano de la cabeza de Duran Lleida quien, por una intervención quirúrgica, superada favorablemente, retrasó unos pocos días su incorporación a la campaña electoral. En realidad Duran Lleida no necesita actuaciones de última hora, puesto que durante la legislatura ha tenido ocasión de lucir sus dotes parlamentarias. En las encuestas siempre ha sido calificado como uno de los oradores más sobresalientes del Congreso de los Diputados. Es un parlamentario de dicción clara como su pensamiento y siempre con tono moderado, sin aspavientos y defendiendo el sentido común. Precisamente así se denomina la plataforma de apoyo que han constituido un grupo de sus amigos políticos. En el Congreso de los Diputados, Duran Lleida ha sucedido en el tiempo a Miquel Roca Junyent como hombre equilibrado, pausado y tenaz en la defensa de las cuestiones que atañen a Catalunya, además de las de España. Son, grosso modo, las actitudes que tomaron en el primer cuarto del siglo pasado el gran Francesc Cambó y su equipo. Se trata de actuar seriamente y con conocimiento de las cosas para defender a la España en la que estamos incluidos, y en cuanto a Catalunya, debe evitarse ser tratados como ciudadanos de segunda categoría, cosa que ya reprochó en su tiempo, en una intervención parlamentaria, el que era en aquel momento diputado por Barcelona Joan Prim i Prats, general victorioso del ejército español. Desde la misma Catalunya se ha acusado a Duran Lleida de querer ser ministro, de igual forma que se acusó, en su día, a Miquel Roca Junyent. Se demostraría no conocer a ninguno de ellos si se creyera que todo es una cuestión de ambición por vestir la casaca de ministro. A lo que no se rehúsa es a tener un puesto en el Gobierno central para, desde allí, si no obtener favores para Catalunya, por lo menos evitar sinsabores. Si se tercia hay que estar en el Gobierno central, pero no para disfrutar de un sitial representativo, sino para ejercer una función eficaz. Muchos opinantes coinciden en creer que en el debate Zapatero-Rajoy hubo victoria por unos puntos para el presidente del Gobierno, aunque no falten los entusiastas de Rajoy que desde el local de su partido afirmaban que este “arrasó”. Por puntos también se decidirá probablemente el resultado final de las elecciones llegada la hora de la verdad. Unos puntos que podrían convertirse en sólidos con la prestación de algún grupo parlamentario, como el que constituirá CiU.

Unos shows a la americana nos han librado, estos días, del transcurrir aburrido de la campaña electoral. Que sea para bien debería ser el deseo de todos. La desatención o el desinterés del electorado no ayudarían a superar amenazantes crisis.

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