Reggio’s Weblog

Rajoy al ataque, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

ELECCIONES 9M: El debate

DIARIO DE CAMPAÑA

Empate. El debate había adquirido una importancia tal que, opacados los mítines y el transcurrir futuro de la campaña, se habría dicho que el electorado no tendría que esperar hasta el 9 de marzo, que esta misma noche elegiría presidente mediante SMS. Trabados al final en un empate, que era lo que pretendía el presidente cuando anunció que vendría a amarrar para no averiar la aureola de triunfador con que ha ido revistiéndole la campaña, lo más probable es que ninguno haya ganado o perdido un solo voto en el debate.

El burladero. Eso sí, fue el advenimiento de un nuevo Rajoy, mucho más combativo, que concentró en una sola intervención inaugural toda su potencia de fuego, como en la táctica de la Blitzkrieg. Como al hombre tranquilo de John Ford, a Rajoy le ha costado trabarse en pelea, pero, cuando lo ha hecho, los golpes han retumbado como los de John Wayne en las praderas de Innisfree. Lo malo para él es que un Zapatero escurridizo se resistió como el toro con querencia a los toriles, al que no hay modo de arrastrar a los medios, y jamás entró en los terrenos que le eran desfavorables -la inmigración, el proceso con ETA, el desbarajuste del marco territorial y de la nación cuestionada, el patriotismo sobrevenido, las mentiras impropias del Gobierno que, según Rubalcaba, es el que nos merecemos-. Y, cuando lo ha hecho, ha sido siempre en la última palabra del bloque, cuando ya no había ocasión para la réplica de Rajoy. Con tal de refugiarse en el burladero, Zapatero ha empleado recursos previsibles y no por ello menos arteros, volver a Irak y al 11-M, como si fuera Rajoy y no él quien debiera rendir cuentas por una legislatura en Moncloa. Como el pitcher, Rajoy lanzó bolas. Y Zapatero usó a Aznar como bate para desviarlas todas, implicando además a Rajoy en algunas de las imágenes más infaustas del aznarismo, tales como la fotografía de las Azores.

Huidizo. Es probable que a Rajoy le cueste emanciparse del influjo de Aznar, y ahí está, atrapado en una responsabilidad ajena que le impide consagrarse como hombre en el que sólo hay porvenir, una frescura necesaria para el cambio. Pero no lo es menos que logró retratar a Zapatero como un presidente huidizo, consciente de que había argumentos en los que sólo podía perder, que demostró cobardía dialéctica cuando corrió a refugiarse en Irak y el 11-M, como en la casilla del seguro en el parchís, cada vez que intentaron obligarle a rendir cuentas por uno de esos asuntos de Estado que vertebraron su política y que fracasaron. A Rajoy, Zapatero se le fue vivo. Pero hubo una tanda memorable, la que argumentó las veleidades del presidente respecto de De Juana Chaos y Otegi: de las rosas blancas a las detenciones. Ese nervio nuevo que afloró es el que debe servirle ahora para calentar la campaña, donde acaso pueda provocar el vuelco en las percepciones del electorado para el que no le alcanzó con lo de ayer.

Está vivo, mira a los ojos y ha logrado que Zapatero salga del campo con todas las heridas marcadas en la espalda, que es donde las llevan los que escapan.

© Mundinteractivos, S.A.

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Rajoy acorraló a ZP, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

EL RUIDO DE LA CALLE

Un globero hubiera visto a los cinco minutos del debate que el ansiolítico que se tomó Rajoy era mejor que el que se metió Zapatero. Al presidente se le quedó lengua pastosa y cara de vampiro pacífico. Ninguno pidió la toalla y el árbitro no contó hasta nueve en la Academia de Televisión, en un plató gris leve. No hubo KO en el combate a cinco asaltos de quince minutos. Rajoy ganó, por puntos.

A los quince minutos del debate me llamó una dama envuelta en la intimidad de la lluvia y me dijo: «Mariano se lo está tragando». No estoy seguro, ZP fue el bueno de la película y los buenos ganan al final. Pelearon con los puños recubiertos de vendas, en un torneo de monólogos y spots superpuestos. Mariano empezó y finalizó con fuego graneado y mensaje pesimista. Acusó a su adversario de sembrar la tensión y la cizaña, de gobernar a base de ocurrencias. «No le ha dado cuerda al reloj y el reloj se ha parado». Le acusó de frívolo, de mentiroso, de fracasado, de imprudente, de irreflexivo, de haber engañado con ETA a los españoles, de no tener una idea de España.

Un ZP, adormilado, pidió cuatro años más para la España que ha sobrepasado a Italia en renta per cápita. Predicó crecimiento, fortaleza, la tasa de paro más baja de la Historia, ley de dependencia, becas, ayuda a la familia. Dijo que estamos preparados para afrontar la crisis, pero lo hizo sin coraje. Mientras Rajoy, con un discurso cartesiano, iba a la cabeza de la nación, ZP movía a la sentimentalidad.

Para Mariano, terno azul lengüeta roja, y para ZP, traje gris, corbata de boda, pudo ser el de anoche el penúltimo combate. Si perdían por puntos, tendrían que esperar al último match, en el que sólo les salvaría de volverse a casa que la derrota fuera sobria. Había enterados que pensaban que ZP salía a empatar, porque las últimas encuestas dan una victoria amplia del PSOE y les interesaba más la invulnerabilidad que la arrogancia. José Blanco me dijo: «Queremos un debate responsable, sereno y positivo. Aquí no hay partido de vuelta, ni aspiramos al empate. El único partido es el del día 9 de marzo». Si ZP salió a empatar, perdió. Mariano mostró los dientes al dulce socialdemócrata que hacía mercedes a las viejas y a los escolares sin beca. El salmonete de ría se fue volviendo tiburón.

Mira que nos avisó Umberto Eco, en este siglo vamos al paso del cangrejo, es decir, hacia atrás. En paso de cangrejo hemos perdido aquellos hombres de Estado que se grababan en las riscas. En la época de políticos en chándal y periódicos gratuitos, los políticos son como los que los eligen. Pero un registrador memorión acorraló al presidente ante un tribunal de más de diez millones de españoles.

La revancha, el próximo lunes. ZP debe cambiar de ansiolítico.

© Mundinteractivos, S.A.

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Una agenda política, de Adela Cortina en El País

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

Si la política debe ocuparse del bien común -y no es fácil determinar qué sea eso del bien común en una sociedad pluralista-, para conseguir una aproximación sería necesario al menos priorizar entre los bienes posibles, atenerse a la máxima de que “lo primero es lo primero”.

Lo primero para un partido político es ganar las elecciones, según se echa de ver, pero no debería serlo a cualquier coste. Comprar el voto con dinero contante y sonante no es de recibo, ni tampoco prometer lo que no se piensa cumplir. Más vale atender a las necesidades prioritarias, que consisten -a mi juicio- en satisfacer las exigencias del Estado social de Derecho que, según la Constitución, somos: en proteger los derechos de primera y segunda generación.

Para defender los civiles y políticos basta con poner en vigor los instrumentos del Estado de derecho, en casos como el del terrorismo o la seguridad de la vida personal. Es la forma en que las gentes pueden disfrutar de vida y libertad. Pero igualmente importa proteger los derechos económicos, sociales y culturales, como es propio de un Estado social, cosa que de algún modo consiguió el Estado del Bienestar.

Impedir que los bienes básicos queden al solo juego del mercado es una cuestión de justicia y también una medida de prudencia, porque la solidaridad institucionalizada genera la cohesión social sin la que una sociedad no prospera. No por casualidad las sociedades más prósperas, como es el caso de los países del Norte de Europa, son aquellas en que los derechos sociales se encuentran más protegidos.

La economía de alto riesgo necesita la paz social para funcionar. Justicia y prudencia van aquí de la mano.

Sin embargo, el advenimiento de la sociedad postindustrial y más tarde el proceso de globalización han producido cambios tan sustanciales que es necesario renovar el utillaje del que se sirvió el Estado providencia. La pregunta no es entonces “Estado social, ¿sí o no?”, sino “Estado social, sí, pero ¿cómo?”. Aplicar los instrumentos hoy apropiados es tarea prioritaria de una agenda política.

Articular tres factores resulta, a mi modo de ver, indispensable: la flexibilidad que necesitan las empresas para adaptarse a los cambios; la economía del conocimiento y la innovación, y la seguridad social, sin la que caemos bajo mínimos de justicia y perdemos cohesión social. Al parecer, son estas claves las que tienen en cuenta los países nórdicos, especialmente, la propuesta de Flexiseguridad. Y, a mi juicio, son éstas las que deberíamos tener en cuenta en España, articulándolas desde nuestra realidad social, y atendiendo a tres cuestiones prioritarias: educación, empleo y seguridad.

En cuanto a la educación, urge invertir en la educación universal, pero no distribuyendo libros, inundando de ordenadores las escuelas, mucho menos pagando a los muchachos para que vayan a clase. Más vale apoyar a los profesores en la tarea de promover la responsabilidad, el esfuerzo bien orientado y la curiosidad por saber. Dar poder a las personas siempre es mejor que atiborrarlas de objetos, con los que no sabrán qué hacer si no los valoran. En cuanto a las universidades, es necesario invertir en innovación, sabiendo que procede tanto de las tecnologías como de las ciencias y las humanidades.

Por lo que se refiere al empleo, la creación de empleo estable es una prioridad, tanto desde el Estado mismo como mediante ayudas a las empresas que creen puestos de trabajo, potenciando la Responsabilidad Social Empresarial. Pero también urge diversificar el empleo estable, que puede ser a tiempo completo o parcial, siempre que genere derechos sociales proporcionales; ligar los trabajos temporales a la posibilidad de capacitación y cambio de empleo, porque “flexibilidad” no puede identificarse con disponibilidad del trabajador, despido libre y trabajo precario; incentivar el autoempleo; retrasar el plazo de jubilación obligatoria, para reducir la ratio de trabajadores-jubilados; incentivar el empleo juvenil; ajustar un ingreso básico de ciudadanía, siempre que no sustituya las prestaciones sociales.

Por último, pero en modo alguno en último lugar, el cuidado de quienes no pueden valerse por sí mismos exige garantizar una atención sanitaria universal y eficiente; crear empleos en áreas imprescindibles para el bienestar, como residencias de ancianos, centros de día, empresas de atención domiciliaria, guarderías; asegurar permisos por maternidad y paternidad, pero también para quienes se comprometen a cuidar de sus mayores, reconociendo como un derecho social el cuidado de niños y ancianos, amparado por el sistema público, e integrar a los inmigrantes desde la asistencia sanitaria, la escuela y la vida cotidiana.

Todo ello resulta difícil si no existe también el empeño explícito y militante de potenciar desde estas propuestas una Europa social, que parece en precario.

Lo primero es lo primero. Y hay muchas cosas de las que hablan hasta la saciedad los medios de comunicación y los partidos políticos y por eso parecen nucleares. Pero si se hablara de ellas un poco menos y bastante más de estas otras, tal vez estaríamos más cerca de dar a cada uno lo que en justicia le corresponde.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y directora de la Fundación ÉTNOR.

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Dos derechas, dos izquierdas, de Manuel Peris en El País de la Comunidad Valenciana

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

Las elecciones del día nueve son triples. Entre derecha e izquierda, sí. Pero también, dentro de la derecha y dentro de la izquierda. No estamos solo ante la posibilidad de un simple cambio de Gobierno. Parece que este país no puede tener unas elecciones aburridamente democráticas como Dios y la tradición europea mandan. Tal vez todo sea fruto de esa anomalía histórica, por decirlo suavemente, que fue el franquismo y cuyos coletazos, como los rabos moribundos de los lagartos, se prologan aún. Lo cierto es que en casi todas las elecciones generales los españoles se juegan algo más que la lógica alternancia. Las interferencias han sido muchas: los intentos de golpe de Estado en la transición, las presiones atlantistas del final de la guerra fría, la sumisión de José María Aznar a los intereses de la ultraderecha norteamericana. Ahora, como un epifenómeno de la larga transición, nos quedan los obispos, tipos espectaculares por sus vestimentas y sus trasnochados discursos en nombre de Dios, pero, a fin de cuentas, una anécdota, pura comparsa, de los intereses en juego.

La forma cómo se ha saldado el enfrentamiento entre Gallardón y Aguirre avanza con claridad la cuota de poder que tendría la llamada derecha moderada tras un hipotético triunfo del PP. Cero patatero. Por el contrario, una nueva derrota de Rajoy abriría una batalla interna en la que el PP podría plantearse la superación de la herencia aznarista, de forma que el concepto “derecha civilizada”, dejara de ser en España algo más que una leyenda urbana.

En el campo de la izquierda también es mucho lo que se juega. Y no porque Izquierda Unida vaya a ser más o menos decisiva. A pesar de los esfuerzos de su líder, Gaspar Llamazares, apenas puede aspirar a repetir resultados. Máxime tras el desastre de Valencia, donde el sectarismo de Glòria Marcos se ha juntado con la irresponsabilidad de Isaura Navarro y, como consecuencia de la división, el escaño de Esquerra Unida podría ir a parar al PP. Ambas han conseguido dejar a sus votantes y a los del Bloc Nacionalista sin más alternativa electoralmente rentable que votar a María Teresa Fernández de la Vega.

Una vez más el futuro de la izquierda en España va a depender de los resultados que obtengan los socialistas. Si Zapatero perdiera las elecciones se abriría en el PSOE una crisis de consecuencias profundas. José Bono, que nunca ha ocultado sus ambiciones, aspiraría a pilotar los restos del naufragio con el apoyo del viejo aparato del partido. Zapatero lidera un PSOE modernizador que además de avanzar en la política social (Ley de Dependencia) ha abordado sin complejas cuestiones como la deslegitimación del franquismo (Ley de la Memoria Histórica), las relaciones con EE UU (salida de las tropas de Irak), la concepción federal del Estado (reforma de los Estatutos), o las nuevas realidades de la familia (matrimonios homosexuales). Una segunda derrota del PP le abriría la posibilidad de avanzar en las reformas. Por el contrario, Bono, aunque solo fuera como líder de los escaños de penitencia de la oposición, representaría la vuelta del discurso de los paños calientes con los poderes fácticos y el regreso del nacionalismo español en su versión más pizpireta.

Nada va ser igual en España después del 9 de marzo.

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Prácticas electorales, de Lluís Foix en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

Sigo con interés las campañas electorales en España y en Estados Unidos. Las diferencias son enormes porque también son distintas las dimensiones del poder que está en juego y muy discontinuas las tradiciones democráticas de los dos países. Estados Unidos vivió el trauma de una guerra civil (1861-1865) entre unionistas y confederados y desde la victoria de Abraham Lincoln, posteriormente asesinado, el país no ha conocido ni un solo golpe de Estado ni una interrupción de sus procesos democráticos. En España también conocemos la amargura de una guerra civil (1936-1939), precedida de revoluciones, golpes de Estado, asonadas militares, destronamiento de monarquías y seguida de una larga dictadura que se prolongó hasta 1975 con la muerte de Franco. Es cierto que gozamos del sistema de libertades más largo de nuestra historia. Pero el pasado nos pesa y nos persigue, siempre atentos a aquel poema machadiano, cantado por Serrat: Españolito que vienes / al mundo te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón.

Vi en directo el último debate entre Obama y Clinton en Texas y me admiró la capacidad dialéctica del senador por Illinois. Obama habla bien, utiliza el lenguaje de los oradores políticos clásicos, a lo Churchill, De Gaulle y Roosevelt, hasta el punto de que una de las acusaciones sutiles de la senadora Clinton ha sido la de calificarle de candidato de la palabra, una fotocopia del pensamiento y del lenguaje prestadas de sus speechwriters.Obama le respondió que las palabras son muy importantes. Yo también lo pienso, sobre todo cuando un discurso sintoniza con el pensar y el sentir de amplios sectores de la sociedad norteamericana que piden un cambio tras la muy deficiente gestión de los dos últimos mandatos de Bush. Si Obama fuera un charlatán de feria no habría ganado las primarias demócratas celebradas en los últimos doce estados.

Al margen de que Solbes ganara a Pizarro en el último debate, me pareció un choque dialéctico civilizado, respetuoso y democrático. Espero que los que libren Zapatero y Rajoy se mantengan en este nivel de respeto. Pero la campaña en su conjunto me parece cainita, tabernaria, generosa con el dinero de todos, despreciativa hacia el otro, envuelta en un lenguaje obtuso. Esa práctica que se arrastra desde el 2004 me hace pensar que hay vida fuera de la política y, además, vida inteligente.

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Rajoy pone en aprietos a Zapatero, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

ELECCIONES 9M

El líder del PP sale en tromba apelando a la vida cotidiana del ‘currante’

Aprendida la lección de Manuel Pizarro, muy flojo de remos ante Pedro Solbes, Mariano Rajoy salió anoche en tromba para ganar la batalla de la opinión con puño de hierro y continuas referencias a “lo que de verdad importa a los españoles”; a la vida cotidiana del currante. Enérgico en el ademán y esforzado en el manejo de los datos, José Luis Rodríguez Zapatero aguantó la avalancha, tuvo buenos contraataques, destellos fulgurantes al hablar de ETA y del 11-M, palabras suaves para Catalunya, pero no pudo imponer el ritmo con afirmaciones de estadista.

La iniciativa estuvo casi siempre en manos del oponente, con gran percusión retórica en cada uno de los asaltos. En términos estrictamente dialécticos, Rajoy ganó el debate. Ganó por puntos, pero lo ganó. (Las encuestas encargadas por las cadenas de televisión Cuatro, La Sexta y Antena 3 diagnosticaban anoche lo contrario, dando ganador a Zapatero por notable margen. También lo apreció así el jurado de La Vanguardia).

Se sabía de memoria, Rajoy Brey, el precio del pan, de la leche, de las verduras, de la ternera y de las legumbres. Su foco pronto estuvo claro: se trataba de contraponer la vida cotidiana de la gente -mejor dicho, los afanes y asperezas de la vida cotidiana de la gente- al balance global del presidente del Gobierno, obligatoriamente coloreado en positivo. El aumento del precio del pan y el incremento del paro en enero contrapuestos al 3,8% de crecimiento de la economía el 2007; la evolución del garbanzo frente al optimismo estadístico.

Mirando muy de frente a las cámaras, Rajoy apeló continuamente a la vida del currante, al trabajador medianamente despolitizado que en los últimos meses ha comenzado a percibir el encarecimiento de los productos básicos y el endurecimiento de las perspectivas económicas.

El debate fue veloz, enérgico y duro como una sesión de control de los miércoles en el Congreso. Zapatero aguantó el chaparrón como pudo. En unos momentos, bien, con energía, con eficaces contragolpes, con un buen conocimiento de los datos que ilustran la gestión de su gobierno, pero con algún trastabilleo. Zapatero cometió un desliz importante que en caliente pasó casi inadvertido, pero que hoy le puede doler. En un momento determinado, el presidente, que hasta la fecha se ha esforzado en minimizar las dificultades del cuadro económico, habló de la existencia de una “recesión mundial”.

Bastante apabullado por la furia del adversario, Zapatero tuvo que recurrir a la vieja táctica de la oposición de la oposición, esto es, a la crítica sistemática de los anteriores gobiernos del Partido Popular y a la gestión de Rajoy como ministro de los mismos. Tuvo en este campo, contragolpes fulgurantes. Por ejemplo, cuando mostró el bonobús que, en tiempos de Rajoy como ministro del Interior, documentó el expediente de regularización de un inmigrante. Rajoy apretó fuerte, muy fuerte, con el discurso temeroso sobre la inmigración.

Obligado a emplear los recursos más afilados de la brega parlamentaria, Zapatero no pudo levantar el vuelo con un discurso de futuro. No pudo ponerse el traje de estadista. Amarrado a la pista por el estudiado pressing del adversario, consumió las casi dos horas de debate en la defensa de su gestión, en el contraataque y el reproche al estilo de oposición del PP, que Rajoy remató ayer ante millones de espectadores.

El ritmo fue casi siempre trepidante, pero decayó un poco cuando pan, leche, garbanzos e inmigrantes -en definitiva, la problemática del hispánico, reiterado y sudoroso currante-,dejaron paso a la cuestiones más arduamente políticas: el terrorismo y la cuestión territorial.

Zapatero defendió con mucha convicción su consenso con la política antiterrorista del Gobierno Aznar -de nuevo, el pasado- y pilló a Rajoy en una flagrante contradicción. Dijo Rajoy que ETA estaba prácticamente acabada al final de la anterior legislatura. No fue difícil para Zapatero recordarle a su oponente que el PP quiso endosar a ETA la autoría de la salvajada del 11-M en Madrid, algo impropio de un grupo terrorista al borde del colapso.

Zapatero también defendió con vehemencia el Estatut de Catalunya -leyó un párrafo sobre los derechos de los enfermos a los cuidados paliativos- y dejó sin respuesta a Rajoy en lo referente al trasvase del Ebro.

El líder del PP, sin embargo, esquivó con agilidad todas las referencias al pasado. Y consiguió poner nervioso a Zapatero en más de una ocasión. En algunos momentos, la cejas, las famosas cejas de ZP, se enarcaron más de la cuenta. De principio a fin, quedó ubicado en campo contrario.

La aspereza de la discusión -cabe insistir en ello, más propia de un miércoles de furia en el Congreso que de un debate televisado-, condicionó la necesaria emotividad de los discursos finales. Rajoy habló a los televidentes de las esperanzas de una ignota niña española acabada de nacer. Una niña, no un niño. En tiempos de Obama, Zapatero acabó a la norteamericana manera: “Buenas noches y buena suerte”.

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Desde Lanio sin ardor, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

Más mordaz Rajoy. Zapatero no se bajó de su optimismo, acaso desmesurado para el sentir general. En aquello que pudo haber hecho más daño a su antagonista, como la no aceptación de la derrota de 2004, así como la utilización del terrorismo, olvidándose de lo que Aznar había dicho en su momento, no tuvo la suficiente perseverancia para arrinconar a Rajoy, le faltó contundencia.

Empieza el debate, pues, y Rajoy parece tomar cierta ventaja. Llegó la economía. Y don Mariano lanza la alarma con la subida de precios, recordándonos a su viejo patrón con aquello del precio de los alimentos. Zapatero sigue encantado con los datos, esta vez: menos paro, menor inflación, cuentas públicas saneadas, para hacer frente a la desaceleración que viene, por la que no hay que alarmarse. Presenta el Presidente gráficos que se ven muy bien. Y le recuerda a su oponente que de economía no se ocupó apenas en los debates hasta ahora celebrados sobre el estado de la nación. Buena andanada, a la que también esta vez le faltó la mordida final. Creo que es la parte más aburrida del debate y -¡vaya por Dios!- la más igualada.

Llega la inmigración. Rajoy la plantea como problema. En primera instancia, el Presidente no aborda el asunto, lo que, creo, supone el primer grave error en este debate por parte del político leonés. Se pone a hablar de «educación» (¿por qué no dicen enseñanza?) y el principal argumento es el aumento del número de becas. Y luego esboza leyes de contenido social que se aprobaron, incluido el «cheque bebé».

Rajoy vuelve a la emigración, dando el porcentaje de población reclusa de este colectivo.

Se enroca la discusión sobre este asunto sin que apenas se hable de futuro. En este momento, creo que la balanza empieza a estar desnivelada. Cuando llega el terrorismo, en el momento en el que Rajoy le recuerda a Zapatero sus contradicciones, ilegalizando ahora a partidos como el PCTV y la ANV que en su momento pudieron presentarse a las elecciones, el revés que sufre el Presidente es preocupante, y no replica como necesitaría hacerlo, le lanza sin fuerza el recordatorio de lo dicho y hecho por Aznar, pero sin garra.

En política exterior, el debate apenas da de sí. Zapatero recuerda la guerra ilegal de Irak, mientras que Rajoy le reprocha sus alianzas con gentes como Chávez. No se toca la Constitución europea, como si eso no fuese con nosotros. Y llega el sempiterno debate sobre la idea de España. Cuando Rajoy pone sobre la mesa el referéndum que piensa convocar el presidente vasco, así como el anunciado por Carod, Zapatero no se pronuncia al respecto. Tampoco lo hace cuando el líder de la oposición le recuerda las críticas vertidas sobre política territorial por parte de Leguina, González y Guerra. Mal iba el presidente del Gobierno al no tener respuesta para esos envites. Sólo sale al paso con las contradicciones del PP apoyando el Estatuto de Andalucía, al tiempo que rechazó totalmente el de Cataluña. Pero, además de otras consideraciones, la idea de España de Zapatero, si es que la tiene, no la expuso, ni siquiera la insinuó más allá de las obviedades. Ocurrencias sobre la política de vivienda que pone de relieve Rajoy.

De la burbuja inmobiliaria y de la corrupción urbanística nadie se ocupó. En eso parece haber acuerdo, lo que es indignante; esperemos que los politólogos de oficio hayan tomado buena nota.

Y llegados a los tres minutos finales, la niña de la que habló Rajoy fue un discurso cursi, no sé hasta qué extremo eficaz, mientras que lo que prometió Zapatero no pasó de lugares comunes. Debate de muy bajo nivel en lo retórico y en lo dialéctico. Intenso en los enfrentamientos. No hubo brillantez, no se habló apenas de futuro, sólo de vaguedades, cuando no de reproches al pasado más cercano o inmediato. Seguro que mañana, dependiendo del medio de comunicación que sea, se dará distinto ganador. Triunfó la mediocridad. No hubo lugar para la ilusión. Más allá de esto, Rajoy estuvo más incisivo, y Zapatero, demasiado a la defensiva. No obstante, a ambos les queda septiembre, es decir, el próximo debate. En el que espero que se hable algo más en serio sobre la enseñanza y sobre la idea de España. Mientras, con la luna en menguante, con el Narcea, a pesar de su bajo caudal de este invierno, dejándose oír, pienso en la mediocridad que nos asuela en la vida pública.

En este debate que acaba de concluir, no sé si el medio fue el mensaje, pero resultó mucho más atractivo el envoltorio que el contenido. De esto no quedará una sola frase para el recuerdo, porque ni siquiera el idioma recibió un buen tratamiento. Demasiado prosaísmo.

Solbes contra Pizarro, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

La Tribuna

El primer debate electoral protagonizado ante las cámaras de Antena 3 por el vicepresidente segundo del Gobierno y el candidato número dos de la superderecha –reactivada por el pensamiento orgánico del intelectual José María Aznar- sirvió para dejar muy claro quiénes son los que cortan el bacalao en esta democracia decretada hace ya tres decenios y pico. Por un lado, está el PSOE; por el otro el PP. Pedro Solbes, en representación del Gobierno socialdemócrata (PSOE) y Manuel Pizarro interpretando el papel de candidato de oro del partido de la oposición (PP), inauguraron institucionalmente el nuevo campo de debates electorales, que tendrá su apoteosis final el próximo domingo 9 de marzo. En realidad, esta campaña se inició hace cuatro años, cuando el Gobierno de la derecha perdió las generales de 2004; precisamente, por un exceso de soberbia autocrática. Los excesos, como es bien sabido, siempre se pagan. Además salen carísimos. Y si esos excesos son políticos, tardan en serle perdonados a quien los comete.

Desde entonces, la política en este país se practica como si se tratara de un intenso y duro debate electoralista. Evidentemente tan larguísima campaña electoral ha contaminado el clima democrático y endurecido el alma de muchos, demasiados, electores que, aburridos, han decidido abstenerse de votar.

Hay tantas razones teóricas para votar como argumentos prácticos para no hacerlo. Cuando racionalizas tus dudas ante las urnas, se complican los argumentos a favor del voto en conciencia; o sea, coherente con tu manera de pensar. Pero se complican aún más los razonamientos que también podrían admitir, por parte de los demás, de que no cumplas con ese precepto político, que es tan viejo como la democracia misma.

Escuchando a los dos candidatos antagonistas, en la noche del pasado jueves día 21, se pudo comprobar la enorme diferencia que hay entre el buen uso de la lógica economicista que usó Solbes, y la demagogia populista que derrochó Pizarro. Si se tratara de elegir entre las razones del primero y las simples hipótesis del segundo, cualquiera, medianamente bien cultivado, no tendría duda alguna: votaría por la lógica del tecnócrata del Gobierno. Pero no se trata sólo de eso, sino de algo mucho más complejo: votar significa elegir a uno de los dos partidos que representan la diarquía política que comparte el protagonismo del sistema con la monarquía que lo representa. Aunque ambas –la diarquía y la monarquía- constituyan el sistema democrático que nos han colado para llenar el hipotético vacío franquista. Por ley, la monarquía está fuera de toda duda o crítica. La diarquía partidista, no. En esta democracia puedes criticar a los partidos pero no a la monarquía restablecida.

La pregunta es: ¿a quién le doy mi voto? ¿A la lógica o a la hipótesis? Desde el raciocinio, no hay duda alguna: a la lógica. Pero desde la pasión política, que excita las conductas emocionales de los individuos, es probable que el candidato de la derecha haya convencido a los que prefieren especular con hipótesis antes que razonar con argumentos lógicos.

A los indecisos les queda por presenciar (esto está escrito antes del debate de los dos líderes principales) aún el gran espectáculo electoral: Zapatero vs. Rajoy. O viceversa a ver quién levanta con más elegancia y vigor el peso místico de esta España nuestra, pero más de ellos.

Los dos partidos quieren obtener la mayoría absoluta de los votos que se depositen en las urnas por los españoles que creen en la democracia de las libertades (prometidas, pero estrictamente tuteladas…) y en el juego electoral.

Si después de presenciar el número electoralista televisado usted insiste en no votar, pues cumpla con su conciencia: no vote. No se caerá el tinglado de la Transición. Ni la democracia se resquebrajará. Quienes la fabricaron lo hicieron garantizándola contra la duda y ausencia del fervor popular. Esta es una democracia técnicamente dura y resistente. En realidad su nombre real es el de sistema. Pero este queda fuera de la consulta electoral. O sea es lo que no se discute. Solo se discuten cuestiones de competencia política.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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“Saludo a los emigrantes que me estarán escuchando”, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

¿Dice algo la imagen? ¿Es cierto que el traje hace al monje? Rajoy apareció en pantalla con cierto aspecto acalorado y la chaqueta conscientemente abierta, sonriendo en exceso, como dispuesto a competir en galanura impostada con su oponente. Traje azul y corbata roja. Favorecido. ZP, está de más decirlo, llegó regalando sonrisas por doquier, su especialidad, la chaqueta cerrada y cierto aire de intranquilidad también. Traje azul marino y corbata sin contraste, aunque con perfecto nudo. En medio de ambos, un hombrecito llamado Campo Vidal. Capas de maquillaje desfigurando los años en una jornada de gloria reverdecida, reina por un día, tras mucho tiempo en el desván del recuerdo. Un horrible traje gris, corbata azul marino y nudo indescriptible. Y un afán de protagonismo que rozó lo patético.

Al grano. Reconozco que mi entusiasmo por Mariano Rajoy es perfectamente descriptible, ergo manifiestamente mejorable, pero anoche me llevé una sorpresa, no sé si grata o no, porque todavía no he decidido mi voto. Lo que está bastante claro, al menos para mí, es que ayer literalmente sacó del cuadrilátero al candidato socialista, que quedó retratado como pocas veces lo ha sido a lo largo de su vida política. Es ahora cuando alcanza toda su dimensión el error que cometió el PP en la campaña electoral de marzo de 2004, al negarse a celebrar debates televisados con el aspirante del PSOE, porque si ahora, tras cuatro años de la mejor coyuntura económica que ha conocido el país, con el viento a favor de todas las estadísticas, se ha mostrado romo a la hora de formular un discurso de convivencia convincente, entonces hubiera quedado meridianamente clara su condición de aventurero de la política, capaz de abrir todos los melones sin la menor idea de cómo cerrarlos.

Recuerdo un texto que un estrecho colaborador suyo en la Moncloa, el periodista de El País Javier Valenzuela, escribió en un libro al final de su aventura al lado de ZP. “A Zapatero le cuesta trabajar con equipos bien definidos, de modo que, en algunas ocasiones, se embarca en grandes proyectos sin elaborar un plan detallado de acción, sin formar un equipo que asuma claramente la gestión del asunto, sin atribuir responsabilidades bien definidas a unos y otros, sin jerarquizar esas responsabilidades, sin preparar respuestas a los obstáculos previsibles” (…) “Esto fue patente en su gestión de la reforma del Estatuto de Cataluña” (…) “Que si el asunto lo llevaban Maragall y los socialistas catalanes, que si lo llevaba Rubalcaba, que si lo llevaba él mismo. Que si se aceptaba el texto como saliera de Cataluña, que si se retocaba en Madrid hasta dejarlo limpio como una patena. Al final, Zapatero se sacó un conejo de la chistera, su pacto personal con Artur Mas”. (…) “lo mismo ocurrió con el proceso para terminar con el terrorismo de ETA”.

Son unos párrafos que describen la categoría política de Rodríguez Zapatero. Ayer, Mariano Rajoy le dio un repaso echando mano sencillamente de eso que la gente del común pide a quienes le gobiernan: cierto amor a la verdad, bastante sentido de la responsabilidad, algo de patriotismo, nada de aventuras, y mucho sentido común. Y el candidato quedó desplazado, sin encontrar jamás el sitio, refugiándose constantemente en las tablas del recurso al pasado, lo mal que lo hizo el Gobierno Aznar, lo pésimamente que se manejó Rajoy durante su paso por los distintos ministerios que ocupó. Pero ocurre que, precisamente porque lo hizo mal, el Partido Popular perdió el Gobierno, de modo, señor mío, que esa ya es materia juzgada, y no puede usted, ni sus asesores, escamotear a los españoles el juicio crítico que merece todo Gobierno al final de su mandato con el truco del “y tú más”, porque esa es ofensa intolerable al talento de los electores.

Algunas frases textuales pronunciadas por el candidato socialista evidencian la arquitectura intelectual del personaje, por no mencionar otras categorías de orden moral: “Hemos reducido lo que representan impuestos…” (sic) “Desde hace 30 años no han movido ustedes un dedo a favor de…” -¿Pero hubo alguna vez un Gobierno, varios, presidido por Felipe González?- “Cataluña está más unida porque hay alta velocidad…” (sic) “saludo a los emigrantes que me estarán escuchando” y así sucesivamente en una sucesión de boutades que provocarían el sonrojo del más pintado. Pero el torito estaba herido, y al final del debate tiró de navaja barbera –ahora hablamos de su dimensión moral- para afear a Rajoy no sé qué comentario crítico sobre los artistas que, en uso de su derecho, han pedido el voto para la opción socialista.

Una frase pronunciada por el candidato popular definió a la perfección la personalidad de ZP: “Usted dice una cosa y luego hace exactamente la contraria”. No se puede resumir de manera más acertada lo que han sido estos cuatro años de Gobierno Zapatero. Las vergüenzas de “la sonrisa como máscara y el talante como excusa” quedaron ayer puestas en evidencia en plaza pública. Detrás del populismo rampante del personaje se esconde lo que ya sabíamos: un demagogo de altos vuelos, capaz de asegurar varias veces que durante su mandato “el precio de la vivienda se ha desplomado”. Decía Pío Baroja que “los españoles hemos tenido desgracia con nuestros políticos”, y es más que probable que lo ocurrido anoche no tenga ningún impacto el 9-M, cuando los españoles sean llamados a las urnas, pero, con la vista puesta en 2012, nadie podrá decir después de lo visto anoche que no estaba advertido

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Los obispos maleducados, de Javier Ortiz en Público

Posted in Política, Religión by reggio on 26 febrero, 2008

El adjetivo “católico”, que proviene del griego katholikós –cosa que todos ustedes saben, pero que me permito reiterar, por si alguien hubiera sufrido un momentáneo desliz memorístico–, significa “común a todos”. La Iglesia vaticana se define simultáneamente  como “católica” y como “ecuménica” (más etimologías griegas: oikomenikós quiere decir “universal”) para remarcar que tanto sus postulados, concepciones e imperativos como la estructura organizativa y jerárquica con que los promueve no se acomodan a ninguna contingencia espacio-temporal. Que los defiende y aplica del mismo modo en todas partes y en todo momento.

Sería curioso si fuera así, pero no lo es.

Repasen ustedes los últimos decenios de la vida política francesa (digo, por poner un ejemplo próximo). Hagan recuento de las ocasiones en las que la Conferencia Episcopal gala se ha permitido abroncar al Gobierno de turno y convocar manifestaciones en su contra. Verán que no es su especialidad. Deja al César lo que es del César.

Durante mi larga estancia en Francia, sólo recuerdo una ocasión en la que un dignatario de la Iglesia católica apareció en las primeras páginas de los periódicos: fue cuando el cardenal Jean Daniélou murió súbitamente “en epectasis de santidad”, según explicación de un teólogo. (Pocos días después, Le Canard Enchaîné aclaró que el epectasis en cuestión se llamaba Mimí y era una bella bailarina de streptease ante cuyos encantos el cardenal había sucumbido del modo más literal de los posibles.)

La Iglesia católica francesa no recibe ayudas económicas especiales del Estado, que se proclama laico y que no tolera ninguna incursión confesional en la escuela pública. Huelga decir que no tiene firmado ningún Concordato con la Santa Sede, ni le paga ni un euro a cuento de las posesiones que le fueron confiscadas tras 1789. Y si su primer ministro se toma de vez en cuando un caldito con el Nuncio, será como Aznar con el habla catalana: en la intimidad.

O sea, que los obispos franceses lo tienen mucho peor que sus colegas españoles, pero se aguantan. ¿A qué se debe eso? Es sencillo: a que a los de aquí nadie les ha puesto todavía en su sitio.

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Rajoy mejora, Zapatero defiende, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2008

Digan lo que digan las encuestas, Rajoy ganó, por poco, pero ganó, en el primer debate televisado que mantuvo con Zapatero. Por la sencilla razón de que esas encuestas sobre ambos candidatos —como la que se hizo con Solbes y Pizarro— carecen de la menor credibilidad, porque en ellas, como no están abiertas a todos los partidos, como en las de intención de voto, el PSOE siempre cuenta con los votos de sus seguidores, más los de IU y los nacionalistas, que, en un debate a siete, por ejemplo, se habrían votado a sí mismos y no a Zapatero como suelen hacer en estos casos, a sabiendas de que el líder de los socialistas es su aliado. Dadas estas circunstancias, se puede decir, incluso, que en las encuestas —al menos en la de Antena 3, cadena menos militante que La Cuatro o La Sexta, que son de obediencia PSOE— Rajoy ha salido bastante bien, y si les quitas los apoyos a Zapatero de los votantes de IU y nacionalistas, seguramente, mejor que Zapatero. Lo que tampoco quiere decir que Rajoy haya arrasado a su adversario, porque eso no es verdad, entre otras cosas por su exceso de agresividad.

Mariano Rajoy salió bien parado del debate que mantuvo con José Luis Rodríguez Zapatero, y en el que, dada su condición de aspirante, le bastaba con empatar para mejorar su posición, porque, de entrada, partía de unas posiciones de desventaja en lo político y en lo personal, si nos atenemos a valoraciones que sobre ambos líderes políticos se han hecho a lo largo de los últimos años en las encuestas sobre intención de voto. Y es posible que Rajoy —las urnas dirán si es así— haya mejorado sus expectativas de voto entre los electores del centro e indecisos, porque apareció, como un posible gobernante, con ideas —como pregona su cartel electoral— más claras sobre España, y sobre lo que hay que hacer ante la crisis económica. Aunque el líder del PP pecó, quizás, de un exceso de agresividad en lo personal, como ha sido habitual en él a lo largo de pasados debates parlamentarios sobre el estado de la nación. Además, Rajoy no fue todo lo claro y contundente que merecía el caso en el cierre de su intervención, que convirtió en un cuento, infantil, ya conocido, de esos que fabrican los asesores de imagen.

Estuvo mejor Zapatero en el cierre del debate, pero peor y a la defensiva a lo largo del cara a cara, durante el cual se refugió en la pasada y lejana legislatura del gobierno de Aznar, para poder rebatir las contundentes acusaciones de su adversario, en materias importantes como el terrorismo, la inmigración, la educación, la cohesión nacional, y en parte, en el ámbito económico, donde Rajoy se centró más en las necesidades cotidianas, y Zapatero en la macrocifras.

Fue más hábil y eficaz Zapatero en las cuestiones sociales, en política exterior (donde Rajoy no dijo nada), y en medio ambiente, pero en muchas ocasiones transmitió en su rostro la tensión que le provocaba el relato de sus errores en la política autonómica, la inmigración y, sobre todo, en la negociación con ETA, discusión que alcanzó sus cotas de mayor tensión cuando Rajoy, en un exceso verbal, acusó a Zapatero de haber agredido a las víctimas del terrorismo. Todo ello, después de llamarle, reiteradamente, mentiroso, al presidente, y especialmente cuando Rajoy le preguntó, esta vez con moderación y eficacia sobre: ¿a qué Zapatero tenía que creer?, si al de Otegi libre, o preso, al de ANV legalizada o ilegalizada, al de que no habrá más negociación con ETA tras la bomba de Barajas, o al de la negociación secreta en el 2007, etcétera. Discurso al que Zapatero, tocado, respondió con su reiterada acusación al PP de falta de apoyo en política antiterrorista y citando, por dos veces, la mención que, años atrás, hizo Aznar sobre ETA presentándola como Movimiento Nacional de Liberación Vasca.

También Zapatero acusó a Rajoy de mentir en varias intervenciones. Así como de crispar a la sociedad y hacer relatos apocalípticos de la situación española, repitiendo ambos discursos ya oídos en tribunas y declaraciones a los medios de comunicación. Aunque, en este caso, la novedad, y ello fue lo que enervó a Zapatero, estaba en que Rajoy machacaba, una y otra vez, los puntos flacos del adversario, con réplicas en cadena, algo que nunca había podido hacer en los debates parlamentarios, donde el Gobierno siempre tiene todo el derecho de cerrar la discusión sin límite de tiempo.

Parece claro que Zapatero no transmitió, al menos a los votantes indecisos del centro, la confianza necesaria ni las explicaciones pertinentes sobre sus graves errores de la legislatura, y por ello prefirió hablar de Aznar, mirando al pasado ya lejano, lo que era una forma de reconocer que muchas cosas las había hecho mal. En su despedida, donde estuvo mejor que Rajoy, el aún presidente del Gobierno reconoció errores, pero a lo largo de la noche no los citó.

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