Reggio’s Weblog

Kosovo como catástrofe, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Derechos, Internacional by reggio on 21 febrero, 2008

Se ha sostenido con frecuencia que la antigua Yugoslavia era un Estado artificial porque en él habitaban personas de distintas religiones, culturas, lenguas y etnias, con pasados históricos diferentes, que no podían convivir en paz y armonía debido a esta diversidad humana. Pues bien, ¡bendita sea la antigua Yugoslavia!, aquel país en el cual, hasta que se empezaron a resaltar y acentuar estas diferencias, las personas convivían pacíficamente, respetándose unas a otras. Sólo a mediados de los años ochenta, cuando los nacionalismos serbio y croata comenzaron a exaltarse y a proclamar su incompatibilidad entre sus dos pretendidas naciones, surgieron los problemas. El drama todavía no ha acabado.Desde Hobbes, en el siglo XVII, sabemos que todos los Estados son artificiales porque son un instrumento creado por el hombre -un ser libre, igual y racional- para resolver sus conflictos por métodos no violentos. No hay, por tanto, estados naturales y estados artificiales: hay estados que funcionan bien y estados que funcionan mal. Los primeros son aquellos que resuelven sus conflictos mediante normas jurídicas previamente acordadas por todos, los segundos son aquellos que para resolver sus conflictos desprecian el derecho y acuden a la violencia física y a las guerras para que se imponga la ley del más fuerte. En Yugoslavia se fueron imponiendo, mediante la violencia, los más fuertes: primero violando las leyes internas y, muy poco después, mediante apoyos externos, vulnerándose también el derecho internacional.

Pues bien, dentro de este proceso, en un momento dado, con la independencia de Montenegro hace un par de años, el mismo Estado yugoslavo dejó de existir y se convirtió en seis estados jurídicamente independientes: Serbia, Eslovenia, Croacia, Macedonia, Bosnia-Herzegovina (dividida, a su vez, en tres territorios administrativamente separados) y Montenegro. La proclamación unilateral de independencia de la región serbia de Kosovo por parte de su Parlamento autónomo añade un Estado más: ya son siete.

Además, no hay visos de que la cosa se acabe ahí, ni de que se pacifiquen las relaciones entre las partes. Estos seis estados han justificado su ruptura por razones étnicas, lingüísticas, culturales y religiosas. Pero aún hay más diferencias de la misma naturaleza en la antigua Yugoslavia a las que no se ha dado satisfacción, empezando por las internas de Bosnia-Herzegovina -un Estado artificial, según el mismo criterio- y siguiendo por las minorías húngaras y serbias en Croacia, las múltiples de Macedonia y las serbias en Kosovo. En fin, el cuento de nunca acabar, porque a estas seguirán otras, como en un juego de muñecas rusas. Sin olvidar el efecto contagio de algunos estados de la zona: Chipre, Abjasia, Osetia del Sur, Chechenia, entre otros. El modelo palestino dentro de Israel se ha exportado a otras zonas del mundo.

En definitiva, se trata del fracaso de los estados basados en la homogeneidad étnica y cultural, imposibles de concebir en el mundo de hoy. Con este criterio se han constituido en los Balcanes estados económicamente inviables, dependientes absolutamente de la ayuda exterior, tanto económica como administrativa y militar. No sólo se vive mucho peor que antes, sino que ni siquiera son independientes: en realidad son más dependientes que nunca. Estados, por otra parte, enormemente corruptos y, en el caso de Kosovo, con unas autoridades que han sido -y probablemente siguen siendo- pieza clave en el tráfico de drogas provenientes de Asia, especialmente del opio de Afganistán. No deja de ser sospechoso que desde la ocupación de Afganistán en el 2001, tras el 11-S, el cultivo del opio en este país haya recuperado el volumen que tenía antes de que los talibanes lo prohibieran: el 80% de la producción mundial.

Toda esta catástrofe ha sido bendecida por los más poderosos estados occidentales al margen del derecho internacional. La actual ocupación de Iraq es claramente antijurídica, así como lo fueron también los bombardeos diarios de la OTAN sobre Kosovo y Belgrado, en 1999, durante más de dos meses, bajo la excusa de ser intervenciones humanitarias. Resulta un sarcasmo que estas intervenciones se justifiquen invocando la defensa de los derechos humanos. Desde la Revolución Francesa, por lo menos, sabemos que no existen derechos al margen de la ley. Quien invoca una justicia abstracta contra la justicia legal, está subvirtiendo el derecho y propiciando la más absoluta arbitrariedad. El reconocimiento de Kosovo como Estado independiente, impulsado desde la Unión Europea, supone una violación de la soberanía y la integridad territorial de Serbia y vulnera el principio de intangibilidad de las fronteras, básico en el derecho internacional. Además, supone también otorgar un premio a quien ha logrado sus propósitos mediante acciones terroristas, en contra de la expresa normativa europea desde 1991.

Ante este panorama, hay que felicitar al Gobierno español por su coherencia y respeto a la legalidad. Como ha dicho el ministro Moratinos, si retiramos las tropas de Iraq por ser una intervención contraria al derecho internacional, ahora no podemos dar nuestro apoyo a la independencia de Kosovo.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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La hora de Raúl, de Carmelo Mesa-Lago en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 21 febrero, 2008

Ahora que Fidel ha renunciado a aceptar los cargos de presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe es seguro que el 24 de febrero Raúl será escogido para uno y probablemente ambos cargos. Su discurso del pasado 26 de julio prometiendo introducir “cambios estructurales” pero notando que “todo no puede resolverse de inmediato, no esperen soluciones espectaculares”, desató uno de los debates socioeconómicos más vivos bajo la revolución y ha levantado enormemente la expectativa de cambios entre la población. Raúl probablemente abrió el debate para generar presión del pueblo y los cuadros a fin de facilitar y legitimar los cambios necesarios, pero ha introducido muy pocos y de escasa importancia; ninguna reforma fue discutida durante la Asamblea Nacional el pasado diciembre donde él advirtió: “No somos magos”. La razón es la falta de poder institucionalizado de Raúl (que sólo ocupa sus cargos interinamente) con un Fidel vivo, aunque incapacitado, enviando sus Reflexiones a los medios de comunicación que podrían bloquear cualquier reforma importante. Su último mensaje concluye con palabras admonitorias: continuará sus Reflexiones, “un arma más del arsenal que se podrá contar. Tal vez se escuche. Seré cuidadoso”.

Raúl se enfrenta a serios problemas económicos internos agravados desde la recentralización lanzada por Fidel en el 2003. A pesar de la cifra oficial de crecimiento del 10,6% del PIB en los tres últimos años (la mayor de América Latina y similar a la china), los cubanos se quejan públicamente de que no ha habido una mejora en sus condiciones de vida. La inflación ha aumentado 11 veces desde 1989 y, a pesar de los incrementos de salarios y pensiones, el salario medio real (ajustado a la inflación) en el 2006 era un 75% inferior al de 1989 y las pensiones reales un 61%.

De 20 productos clave para consumo interno y exportación en el 2007, 14 estaban entre un 50% y un 96% por debajo del nivel de 1989. La minería tiene el mejor desempeño: la producción de gas natural aumentó 35 veces (aunque era muy pequeña en 1989), el petróleo cuatro veces y el níquel 62%, pero desde el 2003 la producción petrolera ha caído y la de níquel se ha estancado; la producción doméstica solo satisface un 40% de las necesidades internas de energía.

Bajo el “periodo especial” ha ocurrido un proceso de desindustrialización, así en el 2007 la producción de la mayoría de las manufacturas estaba muy por debajo de 1989: azúcar, 86%, y la zafra del 2007 fue la más baja en un siglo; acero, cemento, textiles, fertilizantes, zapatos y jabón entre un 50% y un 96% por debajo; electricidad por primera vez superior a 1989 pero por habitante igual, y los puros un 38% por encima. El peor desempeño ha sido en la agricultura: el número de cabezas de ganado, un 24% inferior a 1989; carne de vacuno, leche, arroz, huevos, tabaco en rama, cítricos y pescado y mariscos (los dos últimos, importantes exportaciones antes de la crisis) entre un 12% y un 71% por debajo; por el contrario, los tubérculos, un 117% por encima pero su producción cayó un 24% desde el 2004. Ha caído y mucho la autosuficiencia alimentaria forzando la importación de alimentos a un costo de 1.100 millones de euros en el 2007, y aún así insuficiente para satisfacer las necesidades. Raúl ha criticado este problema en sus discursos y en el 2007 aumentó los precios estatales pagados a campesinos y miembros de cooperativas por dos de sus productos (además de sufragar las deudas con ellos), con resultados positivos en la producción de ambos.

El valor de las exportaciones en el 2007 estaba un 30% por debajo de 1989, mientras que el valor de las importaciones fue un 18% superior, por lo que el balance de mercancías generó un déficit de 4.100 millones, más del doble del déficit de 1989. El número de turistas en el 2007 (2,2 millones) fue ocho veces superior al de 1989 y el ingreso bruto por turismo (1.500 millones) lo fue 13 veces, pero ambos estaban un 6-7% por debajo del 2005. El número de habitaciones se duplicó en el periodo pero sólo 46% están ocupadas (un declive de un 38% respecto del 2000) y el gasto promedio diario de los turistas descendió un 42%.

La deuda externa en divisas ascendió a 10.300 millones de euros en el 2006, 2.5 veces la deuda de 1989, y excluyendo la contraída con Rusia y Europa del Este antes de la crisis. La inversión bruta cayó un 47% en 1989-2007 y el número de empresas extranjeras se contrajo un 41% en 2002-2006; el Gobierno cubano ha cerrado varias de ellas y el ministro de Cooperación Económica Internacional ha declarado que sólo está interesado en grandes inversiones en sectores estratégicos.

La economía estaría aún peor sin la generosa ayuda otorgada por Chávez: un subsidio a las exportaciones de petróleo de 1.370 millones de euros en el 2007; el pago de 3.425 millones por médicos, paramédicos y maestros que trabajan en Venezuela; inversión y crédito por millones de euros incluyendo la terminación de la refinería de petróleo el año pasado y la construcción de una planta de ferroníquel que los chinos prometieron pero no cumplieron; y un 36% del volumen del comercio cubano. El enorme déficit en la balanza de mercancías fue en gran medida compensado con los pagos por servicios profesionales a Venezuela. Antes de que Chávez fuera derrotado en el referéndum, Fidel advirtió de las consecuencias desastrosas que dicho evento podría provocar. Para evitar la repetición de la crisis provocada por el colapso de la URSS, Raúl comenzó a buscar otros socios, como Irán y Brasil, pero sería muy difícil reemplazar a Venezuela si Chávez pierde el poder o los precios del petróleo caen por una recesión mundial.

La mejor opción de Raúl sería una reforma económica estructural gradual al estilo de China o Vietnam, comenzando con la agricultura y moviéndose a otras áreas, lo cual incrementaría los incentivos económicos y la producción mientras que el partido mantiene el control político. Por el contrario, si él implementa sólo cambios marginales o cosméticos no ocurrirá una mejora significativa y la frustración del pueblo aumentará. Es difícil concebir ese escenario.

CARMELO MESA-LAGO, catedrático emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Pittsburg, autor de ´Economía y bienestar social en Cuba a comienzos del siglo XXI´ .

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Guía de perplejos ante el 9-M, de Ignacio Sotelo en El País

Posted in Política by reggio on 21 febrero, 2008

Aunque la fidelidad del electorado tienda a disminuir, haciendo cada vez más imprevisible el resultado, la mayor parte de los votantes tienen ya decidido el voto, incluso no pocos, desde siempre. Los partidos en campaña han de ser maestros en el difícil encaje de bolillos de apuntalar las opiniones de su electorado -los prejuicios ancestrales suelen ser los apoyos más sólidos- con guiños que, asumibles por la mayoría, obtengan votos a la izquierda y a la derecha de su espacio político, sin cuyos flecos no cabe ganar las elecciones. Las reflexiones que siguen van dirigidas sólo a esa minoría perpleja, que ni siquiera está segura de que acudirá a las urnas.

La utilidad marginal del voto es insignificante. Nadie en sus cabales emprendería una acción con rendimiento tan exiguo. Y sin embargo, por cumplir el primer deber de la democracia, que tiene en el sufragio universal su fundamento, votamos. El índice de participación marca el grado de legitimidad del orden político establecido. No cabe desentenderse de una forma de gobierno que, beneficiando en principio al conjunto, es tan frágil que necesita de los desvelos de todos. No hay democracia sin demócratas, y lo menos que se les puede pedir es que acudan a votar. Podemos ser muy críticos con el funcionamiento de nuestras democracias representativas, monopolizadas por los partidos, pero abstenerse sería la reacción más contraproducente a cualquier intento de mejorarla.

Empero, comprendo que cueste dar el voto a partidos que mantienen el sistema de “listas cerradas y bloqueadas”, tal vez justificado al iniciar un proceso democrático sin partidos ni instituciones consolidadas, pero en ningún caso presentable pasados tres decenios. Más embarazoso aún es hacerlo en favor de partidos en los que en uno su presidente decide por sí solo quién va en la lista y en qué puesto, qué alcaldía es compatible con ser diputado y cuál no, y en otros, aunque la selección de candidatos tenga mayores visos democráticos, no se discuten en público las razones por los que unos se mantienen y otros se caen de las listas, sin que podamos averiguar lo que hicieron mal los que no repiten o los méritos que acompañan a las nuevas caras. Se impone la sospecha, ampliamente compartida, de que el mayor mérito para permanecer o acceder a las listas es la total sumisión a las personas que controlan el partido, lo que no parece la mejor invitación a votarlos. Y se entiende que los críticos con el sistema electoral, que cada día son más, barajen la idea de dar un voto en blanco, con el mensaje implícito de que se sienten demócratas, pero que, precisamente por serlo, no entran en el juego.A sabiendas de que ninguna opción puede satisfacernos por completo, no faltan los que razonablemente se refugian en el “voto útil”, fluctuando entre los dos partidos que tienen probabilidad de gobernar. Votar a Zapatero es hacerlo a caballo ganador y esto siempre complace. Únicamente habrá que advertir a los que están dispuestos a votarlo desde la izquierda, superando un mar de dudas y no pocos recelos, que los cuatro años de gobierno han vacunado al presidente contra cualquier tentación de seguir ampliando derechos civiles, proponer cambios significativos en política territorial, o nuevas iniciativas en la antiterrorista.

En una etapa de mucha mayor incertidumbre, como la que se divisa en el horizonte, el objetivo es gestionar lo conseguido. Hay tarea más que suficiente con el desarrollo de las políticas iniciadas y, desde luego, no se darán los pasos pertinentes para que el Estado aconfesional de la Constitución se afiance en uno que con naturalidad lleve a cabo la separación de Estado e Iglesia, cerrando por fin un ciclo con más de un siglo de retraso en relación a la Europa en la que nos miramos.

En cambio, habrá que librar de cualquier temor de que los socialistas reincidan con experimentos, más o menos controvertidos y arriesgados, al que instalado en un centro templado vacile en darles el voto por no estar conforme con algunas de las políticas realizadas. Si Zapatero repite, se orientará por el Felipe González del que quiso distanciarse en su primera legislatura, es decir, que más que de innovar, tratará de consolidar, como Felipe la democracia, Zapatero, el Estado social.

El desplazamiento a la derecha del próximo Gobierno socialista, para alguna gente de izquierda podría ser el acicate mayor para votar IU. El candidato cuenta con la hostilidad manifiesta de la mitad de su organización por lo que considero su mayor mérito, haberla sacado de la “otra orilla”, instalándola dentro del sistema, como la conciencia crítica del socialismo gobernante. IU se ha convertido en el espolón de proa de la izquierda en el poder. En la oposición los partidos socialistas se izquierdizan y una IU se necesitaría mucho menos, pero como aguijón a un gobierno de izquierda resulta imprescindible. Como es natural, a los socialistas, con la sola excepción de una minúscula ala izquierda, no les gusta nada ser espoleados desde fuera, y en la próxima legislatura seguro que todavía menos.

El que Rajoy se haya dejado empujar tanto a la derecha, dando muestra de sus escasas dotes de líder, hace muy difícil que para personas de un centro moderado continúe siendo una opción, pero no andarían nada errados si se decidieran a votar al PP. Una nueva derrota significaría su reconversión en un partido radical de derechas, que ahondaría mucho más la ruptura de España en dos bloques antagónicos, el peor de los escenarios previsibles. Como cabe descartar que consiga la mayoría absoluta, un PP en un Gobierno de coalición, según con quién, podría ser una buena solución.

Aquí surge el fantasma de una “gran coalición”. Es natural que, a la búsqueda de la mayoría, no la mencione ninguno de los dos partidos, pero en una España tan polarizada y con los problemas que arrastra no cabe otra salida que reformar la Constitución para conseguir un Estado federal que ponga punto final al terrorismo y a las actuales tendencias disgregadoras. Tan sólo PSOE y PP juntos podrían afrontar una política de reformas imprescindibles para una sobrevivencia democrática. Aunque sólo se plantearía en el caso de un empate, la “gran coalición” parece tan necesaria, como harto improbable. Soliviantaría al electorado fijo de los dos partidos, que sólo en la hostilidad al contrincante logran una cierta identidad.

Los partidos nacionalistas, en primer lugar CiU, nada temen tanto como una “gran coalición”, y harán lo indecible por impedirla, dispuestos a coaligar con el partido que saque una ventaja de un escaño. Haber permanecido fuera del poder en Cataluña y en el Gobierno central ha debilitado al nacionalismo catalán moderado, en dura competencia con el independentista. CiU acude a las elecciones, afirmando que no se va a coaligar con el PP, por su política hostil a Cataluña, ni con el PSOE que les ha engañado mil veces. Habría llegado la hora de votar por la “dignidad de Cataluña”, es decir, por CiU. Si se recuperase el 9 de marzo, podrá imponer sus condiciones al partido ganador; si queda por debajo de sus expectativas, pero con fuerza suficiente para coaligar, siempre podrá apelar a la “dignidad de Cataluña”, para vender caro su apoyo.

La cuestión de peso que se plantea es arriesgar una “gran coalición”, con todos los peligros inherentes, o repetir la experiencia con los nacionalismos periféricos, que ya sabemos lo que da de sí.

Ignacio Sotelo es catedrático excedente de Sociología.

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Antagonismo y democracia, de Joan Subirats en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 21 febrero, 2008

La evolución de los hechos con relación a la llamada “cuestión vasca” es ciertamente tortuosa. En la anterior legislatura, se plasmó una forma de entender el tema que pasaba por la negación de cualquier posibilidad de diálogo con los protagonistas de la lucha armada, se trataba de acorralar al sector representado por Batasuna y se insistía en contraponer al amplio mundo del nacionalismo vasco un hipotético frente constitucionalista, entendiendo restrictivamente que la Constitución no permite deriva alguna de reconocimiento de la identidad nacional que no sea la española. Empezamos la legislatura que ahora termina con un evidente cambio de trayectoria del Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero. Sin dejar de presionar a ETA en el frente policial, se trazaban sendas de diálogo y se generaban expectativas de zanjar el conflicto por la vía de la negociación. Las líneas de comunicación abiertas permitían interpretaciones más amplias sobre cómo encauzar políticamente la indudable presencia de un sector de la población vasca que ha apoyado y sigue sosteniendo el área política que representaba antes Batasuna y ahora representan distintas marcas o siglas. Todo ello, en un escenario de evidente debilidad y crisis interna de ETA. Como bien sabemos, el atentado de la T4 en Madrid rompe dramáticamente esa deriva aparentemente positiva y volvemos a estar situados en una arena de confrontación directa, que parece querer llevar no sólo al deseable desmantelamiento total de la banda terrorista ETA, sino, por extensión, a la aniquilación del espacio político de la llamada “izquierda abertzale”. Recientes procesos judiciales, especialmente los relacionados con el sumario 19/98, en las que se habla de entidades, asociaciones y personas vinculadas al nacionalismo vasco como “entrañas de ETA”, “corazón de ETA”, “cerebro de ETA”, sin que en muchos casos se les haya podido imputar estar directamente implicados en la violencia política, reflejan una visión muy extensiva y organicista del terrorismo, que acaba proyectando dudas sobre cuáles son los límites reales del antagonismo político que tolera o permite nuestra democracia, e implicando en la violencia política a gentes tan alejadas como las de la Fundación Elkarbide.

En este mismo contexto, ayer se cumplieron cinco años del cierre del periódico Egunkaria. No hay noticias del juicio que sigue pendiente, que implica entre otros a Martxelo Otamendi, como director que fue de la mencionada publicación. A pesar de que, por lo que parece, la fiscalía no mantiene acusación alguna, no consta acusación particular y sólo persisten en sus alegatos la Asociación de Víctimas del Terrorismo como “acusación popular”, el periódico lleva cinco años cerrado. ¿Es justificable cerrar un periódico durante cinco años y que los poderes públicos que ordenaron su cierre no presenten acusación delictiva alguna? ¿No es razonable hablar de justicia denegada cuando ha pasado tanto tiempo y no se ha celebrado el juicio, y en cambio se ha anulado un medio de expresión como Egunkaria? Pero lo grave es que éste es simplemente un caso más de una cadena que, desde mi punto de vista, supone una extralimitación de la capacidad represiva del Estado y del poder judicial en una esfera tan sensible para calibrar la fortaleza de una democracia como es la de la capacidad para contener significativos grados de antagonismo político.

En mi opinión, una sociedad moralmente activa acepta el conflicto y se resiste a que se difuminen los límites entre actuaciones claramente condenables por su uso de la violencia, por su negación del pluralismo político o por su intolerancia contra todo aquello y aquellos que no coinciden con sus ideas, y aquellas otras actuaciones y expresiones de disidencia, de alternatividad, de no coincidencia con el mainstream social, por muy periféricas y minoritarias que sean. Creo firmemente que una democracia muestra su fortaleza cuando mayor es su capacidad de contener opiniones, ideas, actuaciones, siempre que esas expresiones se produzcan de acuerdo con los límites antes expresados. Lo que acaba cohesionando y haciendo fuerte a una sociedad es el conflicto. En la disidencia se reconoce al otro, y en ese reconocimiento de la diversidad es donde reside el efecto civilizador, fundacional de una sociedad, de un espacio público, un espacio de todos. Nos debería preocupar que las decisiones judiciales, que se deben acatar pero no forzosamente compartir, refuercen la indeterminación sobre cuáles son las actitudes rechazables por violentas y antidemocráticas, y cuáles son expresión de disidencia y posiciones radicalmente disconformes con el orden establecido. Si uno está a favor de la independencia de Euskadi y coincide con planteamientos políticos que otros tratan de conseguir matando y extorsionando, ¿puede ser equiparada una y otra actuacion? ¿Cómo es posible que se pueda condenar a un ciudadano porque lo que hace o dice sencillamente coincide con lo que dice o propone hacer alguien que comete delitos? ¿Podemos llamar a esa concatenación de elementos “responsabilidad objetiva” y asimilar una y otra cosa a terrorismo? No parece deseable que cada individuo deba luchar para demostrar que no es culpable o tener miedo de que alguien lo castigue por lo que piensa. Acabaremos condicionando todo ejercicio de derechos y libertades al sacrosanto manto de la seguridad, interpretada por unos pocos. ¿Dónde queda la libertad de disentir e impugnar pacífica y contundentemente los ejes de cualquier sistema político? Sin capacidad de disentir, de mantener la incertidumbre y el debate sobre el futuro, también en medios de expresión como Egunkaria, la democracia acaba debilitándose gravemente.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

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La cifra mágica de la estimación de voto, de Juan Carlos Rodríguez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 21 febrero, 2008

TRIBUNA LIBRE

Aparentemente, las encuestas de opinión no tienen muy buena prensa en España. Según un estudio reciente del CIS, casi tres quintos de los españoles adultos desconfía de los resultados de aquéllas, y apenas una quinta parte cree que representen de verdad a toda la población española. Las encuestas políticas salen aún peor paradas, pues más de dos tercios desconfían de ellas, y un tercio piensa que las cuestiones políticas son las que se contestan con menor sinceridad, más o menos la misma proporción que menciona el tema de los hábitos sexuales. Sin embargo, igual que se siguen llevando a cabo encuestas sobre hábitos sexuales, pocas, eso sí, pues son muy complicadas, no parece haber decaído la costumbre de las encuestas políticas. Muy al contrario, parece extenderse. Para las elecciones del 9 de marzo contaremos, como poco, con estimaciones publicadas por siete periódicos, además de las encuestas a pie de urna que suelen hacer públicas las cadenas de televisión justo al acabar la jornada electoral o los barómetros semanales o quincenales de otros medios audiovisuales. Por supuesto, los partidos políticos, al menos los dos principales, pulsan privadamente las opiniones políticas de los españoles, aumentando enormemente la frecuencia de sus sondeos en tiempos de precampaña y campaña.

La competición electoral tiene algo de espectáculo atlético, de carrera de fondo que se convierte en prueba de velocidad en las semanas previas a las elecciones. Con sus encuestas, los medios aspiran a ofrecer a su público instantáneas de la carrera en cada momento, contribuyendo, quizá sin quererlo, a extender entre los votantes la sensación de que la suerte está echada o la de que hasta el último voto importa. En la fase de carrera de fondo, a los partidos les sirven los sondeos para comprobar cómo van calando en la opinión tanto sus políticas reales como las simbólicas, y para reajustarlas, especialmente las segundas, según las expectativas del electorado relevante para cada uno. En el sprint final, son el principal indicador de los efectos de la propaganda de campaña, y sus resultados, una de las razones de peso más aducidas en la conversación interna sobre la táctica conveniente en cada momento.

Tanto las encuestas de los medios como las de los partidos suelen contener cuatro tipos de preguntas de sustancia política. Primero, miden la percepción de la situación política y económica del país. Segundo, incluyen referencias a medidas políticas ya adoptadas o propuestas en la discusión pública, con su correspondiente vertiente simbólica, claro está. Tercero, contienen juicios sobre la acción del gobierno y la oposición, así como sobre los líderes de los partidos. Por último, intentan recoger el comportamiento electoral de los encuestados, esto es, el recuerdo de su voto en las últimas elecciones y su intención de voto en las próximas. Las preguntas del segundo tipo son especialmente relevantes para los partidos, no ya como medida de la popularidad de sus políticas, sino, combinadas con las de voto, como indicio de cuánto están permitiéndoles mantener su electorado y de cuánto están contribuyendo a que los votantes del adversario cambien su voto. Lo mismo puede decirse del juicio sobre la situación política o económica. Por ejemplo, puede ocurrir que entre los votantes del PSOE en el año 2004 sean menos proclives a repetir su voto los persuadidos de que la situación económica es mala o va a ir a peor. Si es así, y el efecto parece importante, el partido intentará con sus mensajes que no cunda el pesimismo, por lo que pueda pasar. Los juicios sobre la acción de los partidos también son muy importantes para éstos, como indicio del apoyo electoral con que cuentan. También lo son, para lo mismo, los juicios sobre los líderes, y no sólo, como a veces parece, de cara a la competición interna.

De todos modos, las estrellas mediáticas de las encuestas políticas son las preguntas sobre recuerdo e intención de voto, pues, como veremos, son las que más peso tienen en el cálculo de la cifra clave: la estimación de voto. Es clave para los medios de comunicación, pues, aparentemente, resumen con un solo dato el estado de la carrera. Y es clave para los líderes de los partidos, inmersos en el día a día de la campaña electoral, de acto en acto, de ciudad en ciudad, de medio en medio, pues les resume sintéticamente lo que quieren saber: qué tal va la campaña. En este sentido, vendría a ser, salvando las distancias, como el precio en un mercado, una señal nítida que, a pesar de ello, reúne mucha información dispersa, difícil de aprehender de otra manera.

Sin embargo, esa señal no es tan clara como parece, y buena parte de la información que recoge, más que reflejar comportamientos o intenciones de los electores, es producto de hipótesis, a veces construidas sobre la marcha. Como es sabido, la estimación de voto no se obtiene directamente de los datos de la encuesta. Bastantes encuestados, simplemente, no tienen todavía claro qué van a hacer el día de las elecciones, si votar o no, y a quién; son los famosos indecisos. Otros, sabiéndolo, ocultan su intención de voto, por razones que van desde el negarse a colaborar con la averiguación que implica una encuesta hasta el no revelar, siquiera ante un entrevistador (incluso, sin verle la cara, por teléfono), un comportamiento que en el círculo social, el próximo u otro más amplio, no está bien visto. No son pocos los que no descubren, siquiera, lo que votaron en la elección anterior, y quizá son menos, pero no menos significativos, los que alteran su recuerdo, o su respuesta, según el espíritu de los tiempos, por ejemplo, afirmando haber votado al partido ganador en las elecciones anteriores, o al que se supone vencerá en las próximas. En bastantes encuestas, a quienes no revelan su intención de voto se le pregunta por el partido por el que siente más simpatía, una información suplementaria que, de todos modos, no deja de ser un sucedáneo de la intención de voto declarada sin más.

Podemos intentar asignar una intención de voto a los encuestados que se ocultan a partir de otras preguntas, como sus juicios sobre la acción del gobierno o la oposición, o la puntuación que otorgan a unos líderes u otros. Es muy improbable que quien puntúa con un seis a Mariano Rajoy y con un tres a José Luis Rodríguez Zapatero acabe votando al segundo; también lo es que vote al PSOE quien oculta su intención de voto, pero reconoce haber votado al Partido Popular en el año 2004 y tiene un juicio negativo del Gobierno actual. Así, teniendo en cuenta estos otros indicadores, indirectos y parciales, puede completarse algo más, con modelos estadísticos o métodos artesanales, el cuadro del recuerdo y la intención de voto. No olvidemos que esta segunda asignación de intenciones añade una considerable dosis de incertidumbre a la cifra de intención de voto, pues esos indicadores no se asocian con ella al cien por cien. Además, el cuadro puede quedar bastante incompleto, pues bastantes encuestados, deliberadamente o no, ocultan sistemáticamente toda información susceptible de ser interpretada en términos políticos. Muchos son apolíticos y no suelen votar, pero no todos son así.

Al final, tras esta cocina, tenemos un número de entrevistados con recuerdo y/o intención de voto asignados con mayor o menor probabilidad. Sólo queda la última cocción. Por lo general, se divide, para cada partido, la segunda cifra por la primera, obteniéndose una ratio que después se aplica a los resultados reales de cada partido en la elección anterior, estimándose así la distribución porcentual de votos que se dará en las futuras elecciones. Observen la cantidad de incertidumbre que se arrastra hasta llegar a dicha estimación, y recuerden, además, que estamos hablando de datos extraídos de muestras representativas de la población, no de ésta misma, por lo que habrá que tener en cuenta el correspondiente margen de error, no ya el global de la encuesta, sino el aplicable al número de encuestados efectivamente tenidos en cuenta al hacer la estimación, que será mayor.

Sirvan las anteriores consideraciones para que el lector se enfrente mejor con la plétora de estimaciones de voto con la que se tiene que manejar estos días, sobre todo, para entender por qué las distancias entre los dos principales partidos varían tanto de un medio a otro: cambia, sobre todo, la cocina, y no los datos directos obtenidos en la encuesta, aunque también éstos pueden hacerlo. Sirvan también para que el lector no se deje cautivar por el dato de la estimación de voto. Si quiere tener una imagen más rica de lo que ocurre en la carrera electoral, hará bien en fijarse, también, en los otros indicadores mencionados, así como en preguntas aparentemente más inocuas que la intención de voto, como ¿qué partido le gustaría a usted que ganara? o ¿quién preferiría que fuera presidente de Gobierno? En el sondeo del CIS previo a las generales de marzo del 2000, un 34% decía que le gustaría que ganase el Partido Popular, pero sólo un 25% citaba al PSOE, y un 44% prefería a José María Aznar frente al 30% que prefería a Joaquín Almunia. Todo ello sugería una distancia mayor entre los dos partidos que la que apuntaban las estimaciones de voto, en torno a los seis puntos. Igualmente, en 2004, que un 34% prefiriera una victoria del PSOE y un 32% una del Partido Popular sugería que la supuesta ventaja del segundo no era tan amplia como la que le otorgaban las estimaciones previas a los atentados de Madrid. Entonces, la ventaja actual del PSOE quizá sea superior a la que le asigna la mayoría de los sondeos, en el entorno del empate técnico, pues, por ejemplo, sólo un 25% preferiría una victoria popular, frente al 40% que la preferiría socialista. Aun con todo su apresuramiento, el liderazgo de los partidos en campaña se fija también en la evolución de estos otros indicadores. Les va mucho en ser realistas y no dejarse atrapar, del todo, por la magia de la estimación de voto. A usted, lector, quizá tampoco le convenga.

Juan Carlos Rodríguez, es investigador de Analistas Socio-Políticos y profesor asociado de Sociología de la Universidad Complutense.

© Mundinteractivos, S.A.

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Un candil, un periodista, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 21 febrero, 2008

EL RUIDO DE LA CALLE

En un país cercano, el rey envió sus ministros a buscar en toda la nación un periodista libre de toda sospecha para moderar un debate en vísperas de unas elecciones libres. Los políticos se encerraron en una sala secreta y, al final, hallaron dos arcángeles, dos mirlos impolutos, pero Maurizio Carlotti, en un ataque de lucidez, después de tomarse una grapa contestó que Antena 3 no se enchufará a la señal pool, porque con esta decisión se ignora el liderazgo y la capacidad profesional de su cadena. Se niega a ser un mero poste repetidor.

El conflicto indica que vivimos malos tiempos para la libertad. A pesar de las televisiones de plasma con sus infinitas gamas de colores, hemos vuelto a la televisión en blanco y negro de las dos Españas. Dice Sergio Ramírez, que fue guerrillero antes que periodista, que la actualidad es una telenovela donde se ve a los millonarios entrenados en los manuales del materialismo histórico enriquecerse con los partidos de izquierda o de derechas. Mientras, los periodistas se envilecen como mucamos con las siglas que se alternan en el poder. Desde hace por lo menos dos décadas en España hemos enfermado profesionalmente de terquedad e intransigencia. La visión de un solo color, el estar en contra o a favor de un partido, la imposibilidad de ver algo bueno en el adversario, nos va abrasando en el resplandor de la hoguera del televisor que ilumina nuestra caverna. La televisión es nuestro oráculo cotidiano, nuestro horóscopo electoral; los periodistas buscamos todos los días la leña necesaria para una inquisición laica.

José Blanco y Pío García-Escudero se metieron en un tonel y buscaron, inútilmente, durante largas horas a un periodista neutral. Como los clientes del prostíbulo, miraron una y otra vez las fotos de Herrera, Onega, Barceló, Urbaneja, Prego. Ninguno les parecía bien. Cuenta el historiador que, viendo en cierta ocasión cómo los sacerdotes conducían a uno que había robado una vasija perteneciente al templo, comentó Diógenes: los ladrones grandes llevan preso al pequeño. La comedia, el canibalismo y el recado de escribir en España, donde la política es sectaria e hipócrita, resulta cada vez más difícil. ¿Dónde hay un periodista objetivo ajeno a la plutocracia endogámica del sistema de partidos, no equidistante sino comprometido con la verdad, no desideologizado sino independiente frente al poder?

Yo también cogí el candil, como Goya en Moncloa; apenas vi a alguno, ni siquiera a mí mismo. Algunos grandes periodistas tenían la pluma llena de pólvora y después sufrieron una involución, que es lo que le dijo Pedro J. a Carmen Rigalt. Una noche, Carmen Calamidad le soltó en la cara al director de EL MUNDO: «Es que nuestro periódico se va desviando a la derecha». Pedro J. contestó: «¿Y qué culpa tengo de que hayáis evolucionado?». Fue necesaria toda la evolución de la Tierra para adquirir esta libertad, y a veces la libertad da saltos atrás.

© Mundinteractivos, S.A.

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La torre de Suso, de Roberto Sánchez Ramos “Rivi” en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Cultura, Economía, Política by reggio on 21 febrero, 2008

EL APUNTE

Las ciudades que deseen poseer un Calatrava deben saber a qué atenerse.

El nuevo tono moral que se presenta como aceptable, e incluso socialmente deseable, la realización de los apetitos más voraces de poder y de dinero, acabó haciendo de la construcción urbana una actitud especulativa más y motivando que ya no sea la ciudadanía sino el lucro apoyado por el hábil uso del cemento, el ladrillo y las influencias lo que de verdad hace la ciudad. Esos gigantes sin alma que significan las tres torres en la antigua parcela del Vasco escenifican la hegemonía del capitalismo más voraz y destructivo sobre las instituciones públicas, y los ciudadanos y ciudadanas que las sustentan.

LA GRAN MENTIRA DE LA PARCELA DE EL VASCO. A finales de los años ochenta Oviedo contaba con una de las estaciones de trenes más interesantes de España, la Estación del Vasco (1906) situada en el centro de la ciudad. Su importancia arqueológica-industrial era de indudable interés, su ubicación a escasos metros de la catedral y del eje de la calle Uría no dejaba lugar a dudas para jugar un papel esencial en la dinámica cultural de la ciudad como lo han hecho edificios de similares características en ciudades como París con su antigua estación de ferrocarril, hoy convertida en el Museo D’Orsay. Pero en Oviedo, el higienicismo se convirtió en el pensamiento dominante y la estación se tiró “porque estaba sucia” y, además, un nuevo proyecto invadió el nuevo sueño urbanístico local.

El Cinturón de Hierro pasó a ser Cinturón Verde y éste pasó a ser un Cinturón de Hormigón . Por el medio la Ciudad de los Proyectos sepultaba el metro de Gabino y sus múltiples palacios. 20 años más tarde (1988-2008) la historia del gran engaño de la parcela de Jovellanos continúa. Lo que originalmente era un espacio público pasa a ser un espacio mixto para luego convertirse en un suelo privado. Las Torres de Calatrava se sirven de postre en una cena-espectáculo del mejor Hollywood local. Las tres torres ven la luz de la noche como consecuencia de un proceso trilero del urbanismo ovetense.

EL URBANISMO ESPECTACULAR. Por qué nos hablan de urbanismo cuando quieren decir especulación? La nueva ciudad que se nos ofrece está basada en una arquitectura espectacular y fotogénica, propicia para los folletos turísticos y la promoción de una ciudad a través del universo de la imagen. Se trata de obras para ver más que para habitar o transitar.

Las recientemente inauguradas oficinas de las consejerías de Cultura, Presidencia y de Salud Pública, a 57 metros de altura en Buenavista son el claro ejemplo de lo que afirmamos además de lo que nunca debería hacer un gobierno con los servicios y dineros públicos. El nuevo urbanismo convertido en curvaturas, alabeados, torsiones, efectismos premeditados, llevan a que los presupuestos se dupliquen o tripliquen en un ejercicio que se expone apolíneamente para la foto y no para la función social que deben de jugar estos edificios.

En Suecia, Calatrava es el autor del edificio más alto y más costoso de la nación. El Turnig Torso inaugurado en 2005 en Mälmo, con 54 pisos y 147 viviendas de lujo, donde un penthouse de 230 metros cuadrados cuesta cerca de 1.600.000 euros. Las obras del señor Calatrava son caras, antifuncionales, vistosas y fotogénicas. Las ciudades que deseen poseer un Calatrava deben saber a qué atenerse.

Oviedo ya tiene un Calatrava que es incapaz de digerir urbanística y económicamente. Es necesario un nuevo ejemplo?, hace falta otra estafa faraónica?, resistirá Oviedo este narcisismo posmoderno? Quién demanda realmente estas bellezas evanescentes?, o por el contrario interesan estas tres torres para asentar una nueva dialéctica entre Oviedo y Gijón?

El reciente informe elaborado por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios de la UNESCO sobre las torres de Calatrava en la antigua estación del Vasco ponen en evidencia como nunca se había hecho con anterioridad hasta que punto los intereses privados y la voracidad especulativa insaciable de unos pocos son capaces de destruir la historia milenaria de una ciudad, de nuestra ciudad, Oviedo.

Entre las torres de Calatrava y el cambio de cromos sobre otras torres que se avecinan y que convertirán a Asturias en un patético tablero de ajedrez, yo personalmente me quedo con la Torre de Suso.

Injerencia clerical en la escuela, de Juan José Tamayo en El Periódico

Posted in Religión by reggio on 21 febrero, 2008

LAICISMO Y NACIONALCATOLICISMO

Del 14 al 16 de febrero se celebraron en Madrid las 48ª Jornadas Nacionales de Vicarios y Delegados de Enseñanza, cuyo tema ha sido la enseñanza de la religión católica en la escuela. Es posible que les sirviera de guión la carta que, a modo de felicitación de las Navidades, dirigió el delegado episcopal de Enseñanza de la diócesis de Cartagena-Murcia a los profesores de Religión de la región. La felicitación navideña era únicamente una formalidad o, si se prefiere, una excusa, para recordar a estos docentes, en tono aparentemente suave en la forma, pero amenazante en el fondo, las obligaciones contraídas como profesores de Religión para con la diócesis y el obispo.

El delegado episcopal les recuerda que es la Iglesia quien los elige y los llama, quien los envía, cual misioneros, a evangelizar y quien, si se diere el caso, podría destituirlos. La función que les encarga y que han de cumplir escrupulosamente como condición necesaria para seguir en sus puestos es “prestar un servicio a la Iglesia” y “enseñar la doctrina de la Iglesia”. La enseñanza de la religión católica es, a su juicio, “una ocasión estupenda” para manifestar con fuerza la adhesión al obispo como prueba de pertenencia eclesial y de comunión eclesial, hoy más necesaria que nunca, matiza.

Está claro que, para los obispos, la escuela es una prolongación de la parroquia, una sucursal de las instituciones eclesiásticas, que la clase de Religión es un acto catequético y que la función de la escuela es hacer cristianos, no ciudadanos cultos y responsables. ¿Cabe mayor confesionalización de un espacio público y mayor desnaturalización de una institución laica como es la escuela?

El eclesiástico murciano no oculta que es otra institución quien contrata a los profesores, pero se olvida citar el nombre. ¿Olvido freudiano? Esa institución es el Estado. Somos todos los ciudadanos y ciudadanos, creyentes y no creyentes, quienes pagamos con nuestros impuestos a los profesores y profesoras de Religión. Y son los obispos los que los seleccionan, los nombran y los cesan. La operación no puede resultar más rentable para la Iglesia católica.

El delegado episcopal reconoce que los profesores de Religión católica son “un colectivo de trabajadores”, pero enseguida matiza que se trata de “un colectivo bastante singular”. Es un matiz nada inocente. Con ello les está diciendo que no gozan de los mismos derechos que el resto de los trabajadores y que pueden ser despedidos si se desvían del guión fijado por el obispo. Y así es, de hecho. Cada vez es mayor el número de despidos de profesores de Religión católica porque la jerarquía eclesiástica les retira la confianza. Los profesores de las distintas disciplinas gozan de plena libertad de expresión. Los profesores de catolicismo, empero, se ven sometidos a la permanente censura de quienes los nombran. Sobre ellos pende la espada de Damocles de la ortodoxia. Hasta su vida personal y religiosa está sometida al control de la autoridad eclesiástica que, cual Gran Hermano, vigila todos y cada uno de sus comportamientos: desde la asistencia a misa los domingos, hasta la afiliación sindical y política, y el ejercicio de la sexualidad.

¿Exageración? Los hechos son tozudos al respecto. Ha habido profesores y profesoras que han sido despedidos por no ir a misa los domingos, por irse de compras con los compañeros, por estar afiliados a sindicatos y partidos políticos que no son del agrado de los obispos, por vivir en pareja sin estar casados, etcétera.

Tres son las actitudes que deben cumplir los enseñantes de Religión y Moral católicas, según la misiva del delegado episcopal de Cartagena: comunión eclesial, pertenencia eclesial y adhesión al obispo. Ni una palabra acerca de los contenidos objetivos a impartir en materia de Religión. Ni una indicación sobre la pedagogía activa y no directiva. Ni una referencia a la función docente de los profesores de Religión como miembros de la comunidad educativa. Ni una mención, tampoco, a los derechos de los docentes: tan solo tienen deberes. Lo único que importa es la fidelidad a la Iglesia. Y, como telón de fondo, la amenaza de cese, en caso de incumplimiento de las orientaciones diocesanas.

Después de leer la carta, me hice una pregunta compulsiva que ahora traslado a los lectores: ¿en qué se diferencia, en materia religiosa, la escuela de la España democrática de la escuela del nacionalcatolicismo?

Urge dar una respuesta a esta situación, que es contraria a la laicidad del Estado español y de sus instituciones. Respuesta que consiste en revisar los acuerdos del Estado con las distintas confesiones religiosas que justifican la enseñanza de la religión confesional en la escuela. Lo que dudo es que haya voluntad política para hacerlo. Para ello es necesario, ante todo, distinguir con total claridad entre la catequesis, que debe impartirse en las instituciones religiosas, y el estudio científico de las religiones como fenómenos religiosos y culturales, que puede y, a mi juicio, debe hacerse en la escuela. Me sorprende que los políticos no tengan clara esta distinción, que es tan elemental, o que, al menos, no estén dispuestos a ponerla en práctica.

Juan José Tamayo. Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid.

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Esta noche, Solbes-Pizarro: algo más que un debate de teloneros, de Antonio Casado en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 21 febrero, 2008

Esta noche, Solbes y Pizarro, Pizarro y Solbes, cara a cara en Antena 3. Mucho más que insignes teloneros de los debates anunciados del titular (Zapatero) con el aspirante (Rajoy) para los días 25 de febrero y 3 de marzo, en cuya trastienda -un día de estos alguien lo contará con detalle-, se han detectado extrañas maniobras, curiosas situaciones en la improbable frontera de lo político y lo periodístico, y no pocas mezquindades.Pero hoy lo que toca es celebrar el cruce del vicepresidente del Gobierno, Pedro Solbes, y el inesperado elefante blanco de la derecha, número dos de Rajoy en las listas del PP por Madrid. Distintos y distantes en la genética, la biografía y el estilo. Dos formas de conducir. Pizarro, deportivo, rápido y competitivo. Puede salirse en una curva. Solbes, tranquilo, solvente y premioso. Puede llegar más tarde pero garantiza la llegada.

El debate promete. No se lo pierdan. Un servidor de lo público frente a un triunfador en el mundo de los negocios.

Manuel Pizarro (Teruel,1951), hijo de un falangista utópico con aversión a la Monarquía, ex presidente de Endesa, que en su calidad de abogado del Estado colaboró con los socialistas en la expropiación de Rumasa (1983). Y Pedro Solbes (Alicante, 1942), doctor en Ciencias Políticas, cinco idiomas, que ocupó cargo de comisario europeo a propuesta de José María Aznar.

Aparte de los contenidos o la temperatura que pueda alcanzar, el debate de esta noche (22,00), moderado por Gloria Lomana, nos debe hacer ver que, cuando se actúa de buena fe y se confía en los profesionales, no es tan difícil cumplir con un derecho de los ciudadanos, que al tiempo es un deber de los candidatos a gestionar los intereses públicos.

Con ese derecho no pueden especular los partidos políticos, las cadenas de televisión, los entes corporativos ni nadie. No deben, por ser precisos. Pero mientras ese derecho no se regule por ley, mientras estos debates no se institucionalicen, para hacerlos previsibles y obligatorios, mediante reglas previamente pactadas y luego plasmadas en la correspondiente norma legal, lo más fácil es que vuelva a ocurrir lo mismo en la organización de los debates Zapatero-Rajoy. Me refiero al desmarque de las dos grandes cadenas privadas de televisión en la difusión de un acontecimiento político de primer orden.

Con cierta lógica, las dos cadenas mencionadas se han negado a ser convidadas de piedra en puesta en pie de un proyecto para el que ambas están muy bien pertrechadas de medios materiales y humanos. El debate de esta noche entre Solbes y Pizarro servirá, entre otras cosas, para demostrarlo. No es bueno convertirlas en postes de repetición. Con ninguna de las dos se ha contado. Y de ahí el desistimiento de ambas, así como el enrarecimiento del ambiente en los medios profesionales.

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La competencia del AVE, de Enrique Badía en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 21 febrero, 2008

La mejor prueba de que todo acaba llegando es que el AVE completó ayer su recorrido hasta Barcelona… casi dieciséis años después de que se inaugurara la primera línea de alta velocidad en España y doce más tarde de que se iniciaran las obras que probablemente han acumulado más retrasos, despropósitos e incidencias de la reciente historia. Son ya tres los ejes de relación que, partiendo de Madrid, permiten contemplar el tren como alternativa de desplazamiento y por tanto incorporan al transporte un nuevo y potente competidor.

Sin duda, la batalla comercial más intensa y llamativa se va a librar en la relación Madrid-Barcelona, uno de los corredores más densos de Europa, hasta ahora claramente dominado por el avión. Pero no va a ser la única. Acaso por ello, han surgido ya algunas tímidas voces sugiriendo la posibilidad de que se esté planteando un supuesto de competencia desleal.

Acabe o no planteada formalmente por alguien, esa imputación a los trenes de alta velocidad es interesante, dado que cuestiona la esencia misma del transporte intermodal. En principio, parece que la cuestión la han planteado algunas empresas dedicadas al transporte por carretera, pero no hay que descartar que las compañías aéreas la acaben secundando o incluso ya estén detrás, siquiera en términos de inducir cierto estado de opinión.

De entrada, la imputación suena bien. Renfe está ofertando unos precios más que competitivos para sus nuevas líneas AVE, no sólo frente al avión, sino hasta en relación al autobús. Se aduce —con razón— que puede hacerlo amparada en su condición de empresa pública, cuyas pérdidas están cubiertas por la subvención y las aportaciones de capital que recibe del presupuesto estatal. Además, lo cierto es que se está sirviendo de una infraestructura sufragada con cargo al erario público, pagando por el uso a su hermana Adif unas tarifas fijadas por el accionista común de ambas empresas: el Ministerio de Fomento.

Frente a esa realidad, las empresas de transporte por carretera consideran que están en desventaja porque no tienen más remedio que aplicar sus costes a las tarifas que cobran a los viajeros, lo que en muchos casos aproxima mucho sus precios a los marcados para el tren. Su argumentación es válida, pero pierde algo de consistencia cuando denuncia que el erario público ha costeado las inversiones de los tendidos de alta velocidad. ¿No cabe decir lo mismo de las carreteras y autovías por las que circulan los autobuses?

Las compañías aéreas disponen de más argumentos, entre otras cosas porque las tasas que pagan cubren con creces los costes y las inversiones que el Estado gestiona en materia de control de tráfico aéreo y red aeroportuaria. Es decir, carecen de subvención pública, directa o indirecta, que permita bonificar precios al consumidor.

El caso es interesante y no demasiado fácil de resolver para los órganos de defensa de la competencia, si es que llegan a tener que fallar sobre él. Pero su dimensión va un poco más allá, dado que incide directamente dentro del diseño de política intermodal elegida para el país, reorientada en los últimos tiempos para favorecer el ferrocarril.

Es difícil afinar el concepto de competencia en unos sectores en los que no impera precisamente la libertad de actuación. Tanto el transporte por carretera como la aviación comercial están sujetos a distintos tipos de licencias, autorizaciones y reglas administrativas que, en definitiva, restringen el número de agentes con capacidad de operar en ellos. Y en el ferrocarril sabido es que Renfe ostenta el absoluto monopolio… al menos hasta 2010.

ebadia@hotmail.com

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