Reggio’s Weblog

No hay puerta trasera en Madrid, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 18 febrero, 2008

Todos los sondeos señalan, también el último de La Vanguardia, que los partidos nacionalistas volverán a tener un papel destacado después del 9 de marzo a la hora de fraguar una mayoría gubernamental. El PNV está llamado a esta responsabilidad, con esa proverbial habilidad de los vasquistas para combinar pragmatismo en Madrid y grandes proclamas en Vitoria. Con todo, la anunciada voluntad del lehendakari Ibarretxe de impulsar próximamente una consulta democrática sobre su plan soberanista introduce un elemento de conflicto agudo que ningún presidente de Gobierno, socialista o popular, podría pasar por alto a la hora de establecer alianzas. Así las cosas, y dejando a un lado la pequeña presencia canaria o gallega, sólo los nacionalistas catalanes (en su doble oferta CiU y ERC) están en disposición clara de brindar sus escaños al vencedor de las elecciones.

Si es Rajoy quien queda primero y necesita pactar, el gran lío está servido, pues el PP ha quemado todos sus puentes. Sería suicida para CiU, condenada a la oposición en Catalunya, el convertirse en responsable final del ascenso de los populares, teniendo en cuenta, además, que el líder conservador ya ha dicho que no retirará el recurso contra el nuevo Estatut en el Tribunal Constitucional. Consideremos, pues, la hipótesis que apuntan las encuestas e imaginemos que es Zapatero quien debe recabar el concurso de otras siglas para asegurar su continuidad en la Moncloa. Al hacer balance de su legislatura, el líder del PSOE mostró sus preferencias por CiU y PNV a la hora de buscar aliados para su segundo mandato. Como esto ocurrió el viernes 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, tal vez estemos ante otra de las bromas del líder socialista, al estilo de su promesa de apoyar el Estatut que saliera del Parlament. En todo caso, y al margen de las borrosas intenciones del talante, esta opción es – curiosamente- la menos valorada por la opinión pública; como si la etapa de González y de Aznar gobernando gracias a Pujol hubieran sido malas épocas para las Españas. Hay aquí motivo para una larga (y amarga) reflexión sobre los prejuicios destructivos en la sociedad española, que ya abordaremos otro día. Según los datos del sondeo ofrecido ayer por La Vanguardia,el acuerdo con CiU y PNV es la opción que menos prefieren los ciudadanos, sólo un 10% con Zapatero y un 8% con Rajoy. Lo que más gusta entre el electorado es una gran coalición de socialistas y populares, extremo que contempla hasta un 25% de los votantes socialistas, lo cual apunta que, tarde o temprano, veremos grandes acuerdos entre PP y PSOE, empezando por una reforma de la ley electoral que tratará de restar peso en el Parlamento español a CiU y ERC. Para esta operación tan delicada, una buena excusa será IU, partido tan centralista como los dos grandes, que vería primada así su representación mediante algunafórmula cercana a una circunscripción nacional complementaria de las provinciales. Por otro lado, más de la mitad de los electores socialistas se inclina hoy por un pacto de izquierdas con IU y (si no hay más remedio) con ERC.Con este cuadro tan elocuente, resulta inaudito que varios dirigentes de CiU, incluido Mas, relacionen su eventual protagonismo en la nueva legislatura española con la caída del Govern Montilla. Si realmente lo piensan, incurren nuevamente en el error que les llevó a confiar ingenuamente en Zapatero durante la tramitación del Estatut. Si, convencidos de ello o no, lo dicen públicamente para atraer votos, se equivocan en lo estratégico y en lo táctico: un partido que ha hecho del catalanismo su razón de ser no puede ni debe esperar este tipo de rebotes y, mucho menos, debe basar su campaña en ello. Aunque, ayer, intuyendo el error, Mas corrigió el mensaje y habló de un pacto para “respetar la lista más votada”, batalla ciertamente inútil. Por otro lado, y para evitar malentendidos entre su parroquia, Zapatero se vio obligado, anteayer sábado desde l´Hospitalet, a comprometerse con la continuidad de Montilla en la presidencia de la Generalitat, horas después de que el líder del PSC mandara, de matute, una advertencia a la calle Ferraz. No hay puerta trasera en Madrid para que Mas alcance la presidencia de la Generalitat. Me he cansado de repetirlo a todos los dirigentes de CiU.

Zapatero les engañó una vez y lo hará de nuevo. Y si por un casual la hubiera, Mas debería renunciar a ese atajo, porque el trato laminaría su autoridad presidencial e iría contra la naturaleza de CiU. Lo cual, como queda claro, obliga a los convergentes a prepararse para aguantar fuertes presiones a cambio de nada. Y para aprovechar la travesía del desierto para agudizar el ingenio. Otra cosa es que la inestabilidad crezca, a partir del 10 de marzo, en el Govern Montilla por causas bien alejadas de Madrid. El factor de mayor incertidumbre en el tripartito será, sin lugar a dudas, la impredecible lucha por el liderazgo en ERC. El combate a cara de perro entre Carod y Puigcercós encrespará a las bases de un partido seducido siempre por la huida hacia delante. Claro que el gusto que le han cogido los cargos republicanos al coche oficial es hoy un seguro muy efectivo contra cualquier locura. Y eso lo saben bien Montilla y Zapatero.

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Operación Triunfo, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 18 febrero, 2008

Nada mejor que un apretado sprint electoral para esta política que se ofrece en el mercado de las emociones en competencia con el fútbol y los reality show.Sin duda, el ir y venir de las encuestas entre el empate técnico y el despegue de José Luis Rodríguez Zapatero añade suspense y dramatismo a la próxima convocatoria electoral del 9 de marzo.

El suspense es un enérgico abono para los sentimientos. Y el dramatismo, la principal fábrica de emociones. Según sugiere la encuesta del Instituto Noxa para La Vanguardia,la alarma y el temor estarían ya dando sus frutos entre los votantes de Rodríguez Zapatero más apáticos o indolentes. Y entre los decepcionados por su inconsistencia ideológica. Y entre los engañados por su mirada azul y circunfleja. Indolentes y críticos, perezosos, puristas y desencantados habrían visto las orejas al lobo y estarían ya movilizándose.

Aunque nada está muy claro. El suspense en el tramo final también refuerza los ánimos de la parroquia del líder del PP, Mariano Rajoy. Como sucede con el ciclista que ha estado resistiendo el ritmo del líder durante toda la escalada, pegado a su rueda y aguantando todos sus cambios de ritmo, ahora el votante del PP se cree con fuerzas para intentar, con agonístico golpe de pedal, el asalto a la cima. Incluso aquellos que consideran a Mariano Rajoy un pálido reflejo del cesarista José María Aznar, están viendo recompensada su pétrea fidelidad: llegan al sprint volando sobre un viejo refrán: “Querer es poder”. Viendo como el Partido Popular pisa los talones del PSOE, el votante de izquierdas se pregunta, asustado: “¿Ganará la derecha?”. Y la única respuesta que está en condiciones de articular es muy vieja, pero también muy emotiva: “No, no pasarán”.

De la misma manera que incluso el telespectador más escéptico puede ser atrapado por la expectación que suscita un concurso televisivo del que todo el mundo habla; y de la misma manera que puede llegar a sentirse concernido por la emoción de una final copera incluso aquel tipo que no sabe que Ronaldo y Ronaldinho son dos jugadores distintos; de la misma manera, el apretado sprint de la campaña contribuye a convertir la política – generalmente irritante- en un poderoso cebo de audiencias, en un magnífico sucedáneo de Operación Triunfo. En eso se ha convertido la política. En una especie de Liga, Tour o show televisivo que suscita interés y atrae al público, no en virtud de lo que representa o propone, sino gracias a las expectativas y a los procesos de identificación que suscita el competitivo juego electoral. Un juego que atrae audiencias, no ciudadanos. Que suscita pasiones instintivas, no reflexivos votos civiles. El suspense electoral fomenta un interés por la política que la ideología y los programas nunca despertarán.

Los caminos de la adhesión a un club de fútbol son racionalmente inescrutables. Sentir una pasión ilimitada por una camiseta que defienden futbolistas vendidos al mejor postor es raro. Es raro que, cuando pierde tu equipo, te sientas deprimido o de un humor de perros. Es raro, pero es humanísimo: responde a sentimientos de carácter tribal, originados en la infancia y cultivados en situaciones de desbordada emoción colectiva que facilitan la desconexión mental y la liberación de los instintos. Pues bien, la identidad política tiende a confundirse con el sentimiento instintivo y tribal del fútbol. De la misma manera que los celestiales regates de la estrella contraria producen rabia o resentimiento, pero nunca la tentación de cambiar de equipo, el votante incluso cuando está profundamente irritado con el juego de su equipo, se mantiene sordo a los argumentos del político rival.

La lucha política está llena de rarezas que aceptamos instintivamente, pues, si las analizáramos desde un punto de vista racional, llevarían a risa o a llanto. Votar, por ejemplo, consiste en desear el triunfo democrático de unos partidos que funcionan antidemocráticamente. Apropiándose de unas siglas mediante el control de los aparatos, unos pocos personajes deciden, no solamente sobre listas y programas, sino sobre la tendencia. Lo de la tendencia es fundamental para entender la irracionalidad del proceso.

A causa del extremismo de los dirigentes políticos (o de su ligereza, tremendismo, incompetencia o frivolidad), muchos ciudadanos se sienten muy molestos o engañados. Sienten que les han ensuciado algo propio e íntimo: su ideología, aquella a la que tienden por familiaridad, tradición, origen social o nacional. Y, sin embargo, en el momento de la verdad, en lugar de castigar a los dirigentes que han ofendido su sensibilidad ideológica, los premian. Y tragan todos los sapos que no les gustaban. Y votan al líder que tanto les ha desagradado, irritado u ofendido.

Algo parecido consiguen los futbolistas más cantamañanas. Cuando está en juego el título, el forofo deja todas sus ofensas en el bolsillo y apoya a rabiar a los jugadores que más le han desagradado durante toda la temporada. ¿Cómo consiguen los políticos tal milagro? Cultivando la ambición negativa. Demonizando al rival. El otro día citábamos a Churchill. Volvamos a su irónica retranca: “El éxito – decía- es ir de derrota en derrota sin perder el ánimo”. Sin perder el ánimo de destrozar al contrario, hay que añadir hoy.

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Empate en beneficio de los nacionalistas, de Casimiro García Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 18 febrero, 2008

A FONDO

Comienza el sprint final, la campaña para las elecciones más reñidas desde la muerte de Franco.

En 30 años, nunca antes los dos principales partidos se presentaban a las generales tan igualados y con sus bases tan movilizadas. Sólo en 1993 se dio una situación parecida de proximidad en las encuestas. El PSOE, acosado por la corrupción y la crisis económica, recurrió entonces a la imagen del dóberman, a la identificación del PP con la dictadura, y le dio resultado: ganó por cuatro puntos y logró 18 escaños más que los populares. Sin embargo, entonces, entre ambos partidos apenas si superaron los 17 millones de votos (un 73% del total).

En esta ocasión y sea cual sea el resultado, la foto finish, más de 20 millones de españoles van a votar por el PSOE y el PP, lo que supone superar el 80% del total de votantes. Con un sistema electoral diferente, estaríamos ante un bipartidismo en estado puro.

La última encuesta del CIS (que da 1,5 puntos de ventaja al PSOE, lo que supone unos cinco escaños más) viene a corroborar lo que otros sondeos ya venían apuntando en las últimas semanas: un empate técnico muy consolidado.

Esa sensación es la que impera también en los cuarteles generales de los dos partidos. Fue esa impresión la que llevó al presidente Zapatero a comentar ante Iñaki Gabilondo que al PSOE le convenía ahora tensionar la situación.

¿Qué le está ocurriendo al PSOE? Sencillamente, que no está consiguiendo movilizar el millón y medio de votos inesperados que le dieron la mayoría en 2004. Por contra, el PP tiene movilizadas a sus bases desde hace meses. La victoria en las elecciones municipales fue la muestra más evidente de que el partido conservador podía derrotar a Zapatero si éste no conseguía, en el año escaso que faltaba para las generales, ilusionar de nuevo a los votantes de izquierdas.

La clave está, básicamente, en Cataluña y, parcialmente, en Andalucía. El mismo día en que el CIS hacía públicos sus datos, el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat sacaba a la luz su barómetro, en el que resaltaba un dato sobre todos los demás: el PSC cae 10 puntos respecto al sondeo de noviembre y obtiene el peor resultado de los últimos cuatro años.

El director del CEO, Gabriel Colomé, resumió así la debacle de los socialistas catalanes: «Los indecisos que se fueron al PSC han vuelto a la indecisión».

Hay que recordar que en las elecciones de 2004 el Partido Socialista le sacó al PP 15 escaños de ventaja en Cataluña.

En una entrevista publicada por El Periódico el pasado viernes, el presidente del Gobierno afirmaba: «Apoyo y doy la cara por Cataluña. Lo he hecho durante estos cuatro años, y eso me ha costado un durísimo ataque de la derecha más reaccionaria de este país. Esta es la legislatura con más inversión y de más transformación en Cataluña».

Si las encuestas no engañan, podría decirse que el presidente ha hecho la peor apuesta estratégica para su partido. Porque no sólo es que el PSC esté en caída libre en intención de voto en Cataluña, sino que la percepción de que el Gobierno le ha dato un trato especial (sobre todo con su nuevo Estatuto) le ha creado al PSOE muchos problemas en otras autonomías. Por ejemplo, en Madrid, donde el PP tiene su plaza fuerte.

¿Hasta qué punto la escasa valoración que les merece a los ciudadanos catalanes el Gobierno tripartito va a hacer mella en la propia imagen de Zapatero? ¿En qué proporción puede el PP rentabilizar la desafección de los votantes socialistas en Cataluña?

Esas son las cuestiones que van a determinar, finalmente, si se produce o no un vuelco electoral en la comunidad con mayor peso político y donde, tradicionalmente (a excepción de las elecciones de 2000) el PP ha sido un partido no determinante.

El desgaste del PSOE en Andalucía es menor que el que se percibe en Cataluña. Chaves, según las encuestas, puede mantener la mayoría absoluta en su comunidad. Sin embargo, el PP, de la mano de Arenas, se apunta una notable ascensión en intención de voto, que va en detrimento directo de los socialistas. Si en toda España se va perfilando un modelo bipartidista, en Andalucía prácticamente es así, ya que tanto IU como CA pasan a ser formaciones irrelevantes.

Ahora bien, ¿qué ocurrirá si, en lo que queda de aquí al 9-M, ninguno de los dos grandes partidos logra despegarse del contrincante? Es decir, si ni siquiera los debates electorales sirven para deshacer el empate que apuntan todos los sondeos.

¿Se imaginan un gobierno del PP o del PSOE con una ventaja mínima de sólo cinco o seis escaños sobre el principal partido de la oposición?

Los partidos nacionalistas (CiU, PNV, BNG y ERC) se frotan las manos ante esa perspectiva. Se podría dar la siguiente paradoja. Que, justamente en una legislatura en la que dichos partidos pueden obtener el menor respaldo electoral de toda su historia, y en virtud de los pactos necesarios para gobernar, tengan efectivamente mayor capacidad de decisión de la que han tenido nunca hasta ahora.

Lo que está ocurriendo en los últimos días apunta en esa dirección. El pasado miércoles, Artur Mas (CiU), Iñigo Urkullu (PNV) y Anxo Quintana (BNG) acordaron en Madrid adoptar una posición unitaria ante las elecciones. La llamada Galeuscat es consciente de su «papel determinante» dado su convencimiento de que ni PSOE ni PP obtendrán escaños suficientes para gobernar en solitario y de que el mayor peligro para sus intereses es precisamente un pacto postelectoral entre ambos partidos.

Mas ya ha puesto condiciones para apoyar al PSOE tras el 9-M: gobernar en Cataluña. Para lo cual, según sus palabras, habría que «disolver» el tripartito. Montilla ya ha puesto pies en pared y ha manifestado que, como presidente de la Generalitat, no va a «subordinar el futuro de la política catalana a la lógica de la política española».

Por su parte, Urkullu también ha puesto precio al apoyo que su partido daría para conformar la mayoría parlamentaria: el respeto al derecho de decisión de los vascos. Es decir, a que el nuevo gobierno de España permita a Ibarretxe llevar adelante su plan soberanista en todos sus términos.

Gobierne quien gobierne, PSOE o PP, van a tener que hacer frente a tres retos de enorme calado: la desaceleración económica, el aumento de las tensiones separatistas en Cataluña y País Vasco y los sangrientos coletazos de los terroristas.

Sin duda, como ya ha hecho, ETA volverá a ofrecer al Gobierno la oportunidad de otro alto el fuego si se aviene a negociar políticamente «la solución al conflicto de Euskal Herria».

Las principales cuestiones que tanto el PSOE como el PP tendrán que aclarar a los ciudadanos en los próximos días, al margen de sus programas y propuestas económicas, son las siguientes: ¿Qué están dispuestos a ceder ante los nacionalistas a cambio de obtener la mayoría parlamentaria? ¿Qué posibilidades hay de que se vuelva a abrir un diálogo con ETA?

Por desgracia, el único partido que, hoy por hoy, podría jugar el papel de bisagra sin poner en peligro el modelo de Estado, UPyD de Rosa Díez, aún no ha tenido tiempo para consolidarse como una opción sólida a nivel nacional. Pero el tiempo juega a su favor.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

Kosovo: acto final de una agresión, comienzo de un abismo, de Araceli Mangas Martín en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 18 febrero, 2008

TRIBUNA LIBRE

Desde que el 24 de marzo de 1999 el entonces secretario general de la OTAN, Javier Solana, ordenara, sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, la agresión a Yugoslavia (tan ilegal y tan brutal como la ordenada años después por el trío de las Azores sobre Irak), muchos expertos vimos en aquella agresión -que tuvo el aplauso de ONG’s supuestamente ecologistas y pacifistas que jaleaban los bombardeos éticos sobre el país balcánico- el primer acto de una farsa cuyo acto final iba a ser la independencia de Kosovo.

Los responsables de aquella agresión no cesaron de asegurar que la independencia de esta provincia no tendría lugar. Pero del mismo modo que cuando contemplamos obras de teatro o películas sobre Troya nadie cree que las negociaciones entre Ulises y Héctor vayan a tener éxito, los invasores-negociadores sobre el futuro de Kosovo (entre ellos Javier Solana, ahora en el papel de Alto Representante de la UE) han estado administrando el tiempo del espectáculo para echar el telón a una independencia anunciada. Sin medir nunca las consecuencias, entonces y ahora, de violar la soberanía e integridad territorial de un Estado sin la autorización del Consejo de Seguridad.

Cierto es que el régimen yugoslavo cometió en los años 80 y 90 un gran cúmulo de dislates políticos y crímenes de guerra y contra la Humanidad, lo que acarreó el desgajamiento de su unidad nacional de cinco nuevos estados (Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Montenegro). Fue éste un alto precio para los serbios y una factura imprevisible para todos los europeos cuyo importe en rupturas de unidades nacionales está lejos de tener final.

Los serbios hicieron limpieza étnica en los años 90 asesinando a más de 15.000 albaneses y desplazando de su territorio a 800.000. Pero también el grupo terrorista Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) había asesinado a cientos y cientos de serbios y romaníes, forzando la huída de 200.000 serbios. La única diferencia entre la brutalidad de ambas limpiezas étnicas es de cantidad. En estos nueve años de protectorado internacional su grupo terrorista fue reconvertido en el Cuerpo de Protección de Kosovo (KPM), que ha asesinado y torturado a gusto, como denunció la ONU en repetidos informes, tanto a albanokosovares, como a serbios y gitanos. Además, las iglesias ortodoxas de la provincia y su gran patrimonio cultural han sido objeto de agresiones por los albaneses, crecidos por la protección las fuerzas internacionales. Así, víctimas y verdugos se intercambiaron los papeles. Pero, salvo alguna excepción, los crímenes de las víctimas, como los de los invasores europeos, han quedado impunes.

Estados Unidos propicia el nuevo Estado que favorece su idea de una Europa dividida, frágil e inestable y, ante el mundo, se pavoneará de haber sido la partera de un Estado musulmán, amén de lograr un territorio servil desde el que presionar de cerca a Rusia e Irán. EEUU nunca mide las consecuencias de su política exterior y se volverá en contra de todos los europeos, como cuando armó a los talibanes y al mismo Osama Bin Laden contra el Gobierno comunista afgano.

Asistimos al nacimiento del sexto nuevo Estado en la ex Yugoslavia: Kosovo, lo que parece nimio en aquel contexto de divisiones, pero que tendrá un efecto multiplicador en las fronteras. Los otros cinco estados ex-yugoslavos nacieron a la independencia mediante acuerdos internacionales aceptados por la antigua Yugoslavia, en dos casos tras sendas guerras salvajes. Hubo formalmente un cambio de fronteras aceptado por el Estado soberano cuya integridad territorial se quebraba. Ahora, en cambio, Serbia no da ese consentimiento. Esta es una clave; y la otra es que la Resolución 1244 de 1999, que recondujo la agresión ilegal de la OTAN a un protectorado internacional de la ONU, reafirma el compromiso con el «principio de la soberanía e integridad territorial del República Federativa de Yugoslavia». En uso de esa responsabilidad, el Consejo de Seguridad se niega a aprobar un proyecto de Resolución patrocinado por EEUU y la UE (Francia y el Reino Unido) que reconozca a Kosovo como Estado independiente. Entre otros, Rusia y China lo impiden.

En la UE ha habido una fuerte presión para ir quebrando la resistencia de los estados más sensatos en esta cuestión (Grecia, Italia, Chipre, Rumania, Bulgaria, Eslovaquia) que estiman que puede ser un abismo para Europa. España nunca ha sabido donde situarse y no ha hablado alto y claro. Desde la Segunda Guerra Mundial, el principio de la intangibilidad de las fronteras se ha respetado en Europa: sólo se han modificado por acuerdo entre las partes interesadas. La independencia de Kosovo es un premio a la violencia salvaje y un premio a la invasión en violación del Derecho Internacional por una decena de estados de la OTAN.

Es más que probable que, de forma intencionada, la administración y las tropas internacionales nada hayan hecho por la reconciliación. Separaron a serbios de albaneses (lo que no impidió más de 800 asesinatos de serbios y gitanos) pero no les ayudaron ni enseñaron a convivir y a compartir. La reconciliación no podía ser más difícil que la conseguida de forma tan ejemplar por Francia y otros estados democráticos con Alemania en 1945. También se pudo haber acelerado la adhesión de Serbia -con su provincia autónoma en su integridad territorial- a la UE. Resulta grotesco que a Serbia se le compense con ingresar en la UE en los próximos años a cambio de la ruptura de su unidad nacional y que ingrese también Kosovo. No se puede frivolizar sobre las fronteras alegando la unidad virtual que supone la Unión Eeuropea; si basta la argamasa de la UE, entonces, ¿por qué no se acepta la independencia del País Vasco, Escocia, Cataluña, Córcega, el Estado turco-chipriota, etcétera, dentro de la UE?

Se crea un nuevo Estado por el hecho, sin duda grave, de que la convivencia es imposible entre los ortodoxos serbios y los musulmanes albaneses, pero entonces, la minoría serbia, que precisa de escoltas para moverse de una aldea a otra, tiene también derecho a un Estado separado de Kosovo. Y ya hace tiempo que la ficticia Bosnia-Herzegovina tiene los días contados. Si todo depende de la voluntad de vivir separados cuantos odien y asesinen, la República serbia de Bosnia tiene todos los puntos que exige la UE para crear un Estado. Y en Macedonia la ensalada de pueblos que la forman, en concreto los albaneses fronterizos con Kosovo, verán su oportunidad. Y los húngaros de la Voivodina, y los de Transilvania… Estados étnicamente puros: la solución final para Europa.

Kosovo es una independencia falaz y en violación del Derecho Internacional. Se crea un Estado ficticio al que le faltan dos de los cuatro elementos (población, territorio, organización política y soberanía). Se viola una regla básica: existe un Estado cuando no tiene sobre sí otra autoridad que no sea la el Derecho Internacional. Será un Estado ficticio, falso, en la medida en que no tiene una competencia exclusiva y excluyente y que no puede decidir por sí en función de sus propias valoraciones, percepciones e intereses.

Y la UE incumple sus propias normas (Declaración de 16 de diciembre de 1991), pues Kosovo no reúne ninguno de sus requisitos: proceso pacífico y negociado, Estado de Derecho, respeto a los derechos humanos, respeto a los grupos étnicos y minorías, inviolabilidad de fronteras, etcétera. La UE impone de forma unilateral contra el Derecho Internacional y el Derecho europeo la existencia de un Estado, fruto de una invasión previa, cuya única base jurídica es la violencia. Al reconocer a Kosovo como Estado, ¿qué nos impide reconocer a la República turca de Chipre que sólo existe por la fuerza y bajo el control de Turquía? ¿Por qué no se permite su adhesión a la UE? El Derecho Internacional sólo tiene una vara de medir.

La UE y EEUU son conscientes de que Kosovo no es un Estado viable sino desestructurado antes de nacer y que las bandas criminales organizadas lo dominan todo. Se reconoce que será una independencia «limitada» y «vigilada» y para evitar (¿durante cuanto tiempo?) que maten a la minoría serbia y gitana que aún han dejado con vida, el Consejo de la UE enviará una misión civil (1.800 funcionarios civiles, policías y jueces) a Kosovo sin autorización del Consejo de Seguridad, con el único amparo de una carta del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, fiel servidor de Estados Unidos.

Frente a la negativa del Consejo de Seguridad a dar su autorización, se argumenta que ésta no es necesaria al ser una acción multilateral de EEUU y la UE. Lo mismo que hicieron el trío de las Azores y los cuarenta que invadieron Irak. Se consuma el desprecio a la ONU y al Derecho Internacional. Primero buscaron con ahínco la autorización de la ONU para arroparse con la legalidad internacional. Cuando ésta se torna imposible, se desprecia y su acción unilateral se disfraza con el marco multilateral.

Lo que el Derecho Internacional prohíbe hacer a un Estado, igualmente prohíbe realizarlo (sólo o) en compañía de otros. La asociación para violar el Derecho Internacional, como para delinquir, no es una eximente sino una agravante. Una irresponsable Unión Europa, con España a la cabeza, se asoma al abismo.

Araceli Mangas Martín es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Salamanca.

© Mundinteractivos, S.A.

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El miedo como política, de Jordi Borja en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 18 febrero, 2008

La dictadura dejó como herencia la desconfianza y, sobre todo, el miedo a la política. Es propio de cualquier tiranía no sólo provocar el temor al dictador, al Estado. También instalar el miedo en la cotidianidad, de los unos a los otros. Como decía Tocqueville, a los gobernantes autoritarios no les importa no ser queridos, lo que se proponen es que unos no se quieran a los otros, que desconfíen todos de todos y se teman. Hoy, en democracia ésto no debiera ser así. Sin embargo, asistimos a unos usos perversos del miedo por parte de algunos responsables políticos, de medios de comunicación y de la sociedad civil que degradan la democracia y la convivencia entre los ciudadanos.

En el reciente acto de recuerdo a Gregorio López Raimundo el rememorar a la persona se mezclaba con el retorno de las vivencias pasadas durante la dictadura, la preocupación absorbente por la seguridad, la ansiedad incorporada en la vida clandestina y también la imposibilidad para muchos de soportar esta tensión. Diana Garrigosa, en una honesta y bella intervención, recordó a su padre, detenido a finales de los años 40 y condenado a muerte. En aquellos tiempos, Gregorio pasaba las mañanas en su casa, que le servía de despacho, pero la detención se produjo durante su ausencia y no estaba relacionada con él. La sentencia fue conmutada y cuando el padre regresó su esposa le pidió que nunca más la política entrara en la casa. A nadie se le puede exigir que conviva con la muerte. El rechazo de la política en este caso fue un acto de afirmación de la vida.

En el mismo acto otras mujeres, de edades cercanas a los 90 años o más, como María Salvo, Trinidad Gallego, Carme Casas, dones del 36, explicaron momentos de su vida. A los 20 años ya habían convivido con la guerra y con la muerte. Su discreto y tenaz heroísmo posterior fue su modo de enfrentar la muerte que se había incorporado a sus vidas. Solamente manteniendo sus creencias y luchando contra la dictadura portadora de la muerte podían ellas afirmar su amor a la vida. En ambos casos, el rechazo de la política para vivir en un caso, y el hacer de la militancia política la razón de ser de su vida en los otros, se explica por la no aceptación del miedo como política. Para la esposa del ingeniero Garrigosa la proximidad de la política era la amenaza permanente de la muerte, el miedo para siempre y para cada día. Las mujeres del 36, que se habían hecho adultas antes de cumplir los 20 años, como Las Trece Rosas, luchando en la Guerra Civil y en la aterradora posguerra, afirmaban su voluntad de vivir resistiendo a la dictadura portadora del miedo.

Hoy, la vida política y nuestra vida cotidiana son otra cosa. Por ello resulta inaceptable que la política del miedo, por otros medios, pretenda llevarnos de nuevo al miedo a la política. No nos referimos ahora al invento malvado de George W. Bush y sus amigos como José María Aznar a un hipotético, poderoso e invisible eje del mal. El discurso del miedo también se utiliza cada vez más en múltiples aspectos de la cotidianidad política y económica.

Hay indicios de recesión económica, probablemente no catastrófica, pero parece como si hubiera interés en provocar un miedo irracional en vez de una prudencia razonable. Se nos dice que la “crisis” nos acecha, sabiendo que en economía este tipo de amenazas actúan como la predicción de autocumplimiento, se reduce la inversión y el consumo, se retraen bienes y capitales del mercado, la recesión se multiplica. Mejor sería analizar y explicar que el capitalismo especulativo, como el que ha seguido España, haciendo del negocio inmobiliario el motor del desarrollo, lleva necesariamente a un final similar al del juego de la pirámide. ¿Por qué razón se difunde el miedo de esta forma? Es lógico suponer que reporta ventajas a algunos. Ventajas políticas a una oposición irresponsable. Y ventajas económicas a los interesados en atemorizar a los asalariados para que acepten reducciones en sus ingresos y a los inmigrados para que se adapten a condiciones de trabajo cada vez más duras.

En el ámbito local ya hemos criticado en anteriores artículos el uso perverso del miedo, por ejemplo en relación con la inmigración. O mediante las mal llamadas “ordenanzas de civismo”, que criminalizan a colectivos sociales y agravan el problema. Hoy corresponde referirnos a una cuestión de especial actualidad: el AVE y su llegada a Barcelona. El AVE llegará, pero esto no es lo más importante. Es una buena noticia saber que podremos ir a Madrid sin depender del puente aéreo, pero siempre se ha dicho que lo que importa no es que llegue el AVE a una ciudad sino que pase por ella. Lo cual significa, en nuestro caso, que atraviese la ciudad y conecte con la red europea. Por cierto, echamos en falta una política más activa de los poderes públicos y económicos catalanes respecto a la conexión con Francia, pues si bien el túnel de los Pirineos avanza y podremos llegar hasta Perpiñán, el tramo hasta Montpellier está muy verde.

Pero para que esta conexión sea posible falta un detalle: resolver el pase por Barcelona. Nos parece irresponsable la campaña tan poco fundamentada como la supuesta amenaza que gravita sobre las viviendas del Ensanche y la Sagrada Familia. En un artículo anterior ya expusimos que, a nuestro parecer, fue un error optar por Sants como primera estación de llegada, atravesando una zona de suelo incierto y mal estudiado, en lugar de dar prioridad a la entrada por la Sagrera, sin perjuicio de una conexión posterior. Ahora hay que denunciar la irracional campaña del miedo, cuando se trata de un suelo conocido y se han tomado el doble de protecciones de las necesarias. Que haya habido una pésima gestión política del asunto y una ministra empeñada en que los catalanes no voten al actual Gobierno del PSOE no justifica una campaña demagógica digna de la España provinciana de otros tiempos. Se crea artificialmente alarma social basada en la desconfianza atávica respecto de la política y el temor ignorante a lo desconocido, como si se tratara de un túnel satánico que hará temblar las paredes del templo. Si la Sagrada Familia ha resistido a la fechoría arquitectónica perpetrada por los continuadores de la obra hasta desnaturalizar la idea y el espíritu de Gaudí mucho más puede resistir a un túnel que probablemente será no el mejor, pero sí el más estudiado que se haya hecho nunca.

Jordi Borja es profesor de la Universitat Oberta de Catalunya.

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¿Caballerosidad impositiva? ¡No, gracias!, de María Pazos en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 18 febrero, 2008

La reducción de impuestos a las mujeres trabajadoras tiene, según el PP, una doble finalidad: incentivar el empleo femenino y compensar a las mujeres por su menor renta. Ambos objetivos son loables, pero ninguno de ellos se verá favorecido por este camino.

En cuanto a las diferencias salariales, a primera vista parece evidente que un ingreso adicional para todos los componentes del grupo que tiene menores ingresos disminuirá la diferencia de medias entre ambos grupos. Sin embargo, parte de esta rebaja de impuestos a las mujeres se trasladará a los beneficios empresariales. Si ahora una mujer está dispuesta a trabajar por un determinado salario, con la rebaja estaría dispuesta a trabajar por menos, lo que presionaría a la baja los salarios de las mujeres, introduciendo un peligroso factor de permanencia de la desigualdad: los empresarios encontrarían justificación para pagar menos, las mujeres perderían argumentos para exigir igualdad de trato y, en definitiva, se vería conculcado el principio de “a trabajo igual salario igual”.

La baja tasa de empleo femenino, por su parte, es una rémora para la economía y también un grave problema social, pero no se están poniendo los medios para atajarlo. Aunque la existencia de programas y subvenciones especiales a la contratación de mujeres puede dar la impresión de que se les da trato de favor, la realidad es muy diferente. Según datos de la Comisión Europea, los servicios de empleo españoles dedican menos tiempo y proporcionan menos ofertas de trabajo a las mujeres que a los hombres. Las categorías de desempleados compuestas mayoritariamente por mujeres no obtienen la dedicación específica y el presupuesto que se requeriría. Ojalá se pusieran medidas para que los indicadores nos demostraran lo contrario de ahora en adelante.

Si, además de disminuir el paro de las ya activas, se quiere aumentar la tasa de actividad femenina, debe tenerse en cuenta que las mujeres solas, con o sin cargas familiares, registran ya tasas de actividad similares a las de los hombres. La reserva de mano de obra está compuesta, mayoritariamente, por mujeres casadas y otras que desarrollan tareas de cuidados en el entorno familiar. Pero actualmente las políticas públicas incitan a las mujeres a caer y/o a continuar en situación de cuidadoras a tiempo completo. La tributación conjunta en el IRPF y las crecientes oportunidades de retirada del mercado de trabajo para el cuidado de hijos/as y dependientes (por ejemplo las excedencias por cuidado de hijos/as, y muy especialmente ahora el artículo 18 de la Ley de Dependencia), la desigualdad entre los permisos de maternidad y paternidad desincentivan la participación laboral de las mujeres casadas. Parecería lógico, también en este ámbito, empezar por eliminar los obstáculos actuales.

Pero, ¿se quiere realmente que las mujeres casadas se incorporen al empleo de calidad? Parece que en todo esto se olvida un importante detalle: si su oferta es tan elástica, ello se debe al coste de oportunidad (su disyuntiva no es ocio-trabajo, sino trabajo doméstico-trabajo asalariado). ¿O es que se pretende que estas mujeres, ante unos salarios reales más atractivos, se incorporen al empleo a tiempo parcial, en posiciones precarias y con doble jornada de trabajo? Esto no les proporciona independencia económica y es una fuente de ineficiencias en el mercado de trabajo: los empresarios, ante la mayor probabilidad de ausencia de las mujeres, tienden a contratar hombres para los puestos de responsabilidad aunque las mujeres estén mejor formadas. Queda, pues, pendiente la pregunta clave: ¿qué hacemos con el trabajo doméstico y de cuidados?

Que las mujeres se incorporen al empleo y a la vez sigan cuidando, todo ello sin participación de sus maridos y sin servicios públicos. Esta solución puede alcanzar, a costa del empleo precario de las mujeres inmigrantes, a un sector de la clase media; y ni siquiera permitirá que esas mujeres profesionales tengan la misma disponibilidad y las mismas posibilidades de promoción que sus compañeros hombres. Pero la mayoría de las mujeres no podrá permitirse pagar con su sueldo el cuidado de sus hijos/as y, aun con doble jornada, se verá abocada al trabajo precario, a periodos de inactividad y al tiempo parcial.

Ni los hasta 75 euros más al mes de ingresos prometidos por el PP ni cualquier subvención o desgravación generalizada para todas las mujeres trabajadoras alcanzará a ser una ayuda significativa al cuidado infantil para aquellas familias necesitadas. No moverá tampoco la tasa de actividad de las mujeres no casadas, pues éstas ya están plenamente incorporadas. ¿A qué viene entonces este despilfarro? Es además un intervencionismo sin precedentes pretender incidir en los desequilibrios del mercado de trabajo subvencionando el 50% de la oferta. Sería divertido si no fuera trágico: los neoliberales convertidos en el colmo de intervencionistas. ¿Qué fue de la mano invisible?

A estas alturas tenemos ya suficiente experiencia acumulada para no tener que discutir en el vacío. Sabemos que, para que la mayoría de las mujeres puedan compatibilizar maternidad y empleo de calidad, son necesarias dos condiciones: servicios públicos de cuidado y corresponsabilidad de los hombres. Y sabemos las políticas que aumentan la dedicación de los hombres al cuidado: permisos de paternidad intransferibles, políticas educativas igualitarias, eliminación de los topes de cotización a la Seguridad Social y de todos los demás incentivos a las jornadas excesivamente largas, entre otras. Estas medidas, y no las llamadas tradicionalmente políticas natalistas, son las que se han demostrado eficaces para combatir la crisis de fecundidad, que es uno de los más graves problemas de la economía. ¿Cómo es posible que los mismos que hacen oídos sordos a todas estas evidencias científicas inventen medidas tan imaginativas, por no decir rocambolescas?

Tanta imaginación unidireccional sólo tiene una explicación: en realidad estas personas no se imaginan ni por un momento que las mujeres puedan incorporarse al empleo en igualdad de condiciones con los hombres, y mucho menos se imaginan que los hombres puedan compartir el trabajo doméstico en pie de igualdad. De hecho, siguen defendiendo un modelo de familia tradicional donde la mujer esté sometida al marido y cuide de los hijos en casa. Por eso ni piensan en eliminar la tributación conjunta, proponen alargar el permiso de maternidad y no impulsan un sistema público de educación infantil.

Las supuestas ventajas para las mujeres, como la rebaja de impuestos propuesta, nunca son tan generosas como para llegar a equilibrar las diferencias. Tampoco atienden las necesidades de las personas realmente necesitadas. Mucho menos eliminan los factores que empujan a las mujeres a la dependencia económica. Sin embargo, desvían la atención de los verdaderos problemas: en lugar de atajar las causas de la desigualdad, contribuyen a la falsa impresión de que se da preferencia a las mujeres. No se necesitan políticas para las mujeres por ser mujeres, sino aplicar los principios de la actuación de los poderes públicos y de la política social a toda la ciudadanía.

Ofrecer a las mujeres una compensación en lugar del salario y la posición que se han ganado por su formación y su trabajo supondría un enorme gasto y sería negativo tanto para la equidad como para la eficiencia económica. ¿No sería más sensato emprender, de una vez por todas, el camino de la igualdad?

María Pazos Morán es investigadora del Instituto de Estudios Fiscales.

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El presupuesto de la Casa del Rey, de José Manuel Adán Carmona en Cinco Días

Posted in Economía, Política by reggio on 18 febrero, 2008

La sección 01 de los Presupuestos Generales del Estado (PGE), denominada Casa de su Majestad el Rey, consigna inicialmente los créditos que, en virtud del artículo 65 de la Constitución, el Rey debe recibir para sostenimiento de su familia y casa. El citado artículo señala que ‘El Rey recibe de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su familia y casa y distribuye libremente los mismos’. Sin embargo, el resto de los créditos correspondientes a la jefatura del Estado se encuentran incluidos en otras secciones del Presupuesto, en unos casos directamente relacionados con la jefatura del Estado y en otros sin posibilidad alguna de conocer esta relación por la mera lectura de los PGE.

El modelo que se ha elegido ha sido el de sólo incluir claramente las cantidades procedentes del artículo 65 de la CE y el resto de créditos que pertenecen a la jefatura del Estado, en unos casos integrarlos junto a otros créditos sin diferenciación alguna y en otros no mostrarlos con la suficiente claridad al estar en otra sección del Presupuesto.

Como sabemos, los PGE están estructurados en programas que a modo de ríos financieros van nutriendo las distintas parcelas del Presupuesto. Pues bien, en relación con la Casa de S. M. el Rey encontramos solamente dos programas: el 911M Jefatura del Estado, que incluye lo derivado del artículo 65 de la CE -este programa sólo tiene un concepto económico, transferencia corriente por importe en 2007 de 8.289.970 euros (en 2006: 8.048.510 euros; en 2005: 7.776.340 euros)-, y el programa 911Q Apoyo a la gestión administrativa de la jefatura del Estado, que se encuentra incluido en la sección 22, Ministerio de Administraciones Públicas, con un importe en 2007 de 5.213.150 euros (en 2006: 5.4433.840 euros; en 2005: 5.282.130 euros). En este último programa se configuran los créditos de parte del personal civil destinado en la Casa del Rey.

El resto de créditos, en unos casos se encuentran en el Ministerio de Defensa (personal de la Guardia Real), Ministerio del Interior (personal de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que realizan las labores propias de seguridad del jefe del Estado), y en otros casos se encuentran ubicados en organismos que atienden servicios de la Casa Real (Patrimonio Nacional, Patrimonio del Estado, etcétera). Además, dentro de los créditos de libre disposición se encuentran lo que sirven para pagar retribuciones de personal directivo de la Casa Real (alta dirección, dirección …).

Por otra parte, además de la dispersión de fondos a lo largo del Presupuesto, existe un dispersión en el control de dichos fondos. En unos casos no es necesario control alguno, como es el caso de los créditos derivados del artículo 65 ya que son de libre albedrío del Rey y, por otro, los créditos consignados en ministerios y organismos deben ser fiscalizados por las unidades delegadas de la Intervención General del Estado (IGAE), de acuerdo con lo establecido en la Ley General Presupuestaria, por lo que confluyen fondos sin necesidad de fiscalización alguna con fondos fiscalizados por diversos órganos de control aun cuando pertenecientes a la IGAE.

El nombramiento por real decreto como interventor de la Casa de S. M. el Rey de un particular causa cierta sorpresa. En primer lugar, porque solamente podrá fiscalizar los fondos derivados del artículo 65 que el Rey puede gastar libremente sin estar sujeto a fiscalización alguna. El resto de créditos confluyentes en la jefatura del Estado serán fiscalizados de acuerdo con la Ley General Presupuestaria por la Intervención Delegada de la IGAE (Defensa, Interior, Administraciones Públicas), por lo que la figura de un administrador parecía más adecuada que la de un fiscalizador de una parte de los créditos que pueden ser gastados libremente. El interventor de la Casa del Rey deberá ajustarse únicamente a las reglas internas de la Casa de S. M., sin necesidad de respetar los principios de la LGP (eficiencia, eficacia, economía), ni la Ley de Contratos de las Administraciones Públicas.

Por ello, hubiera sido más acorde con la transparencia presupuestaria que se demanda al resto de créditos, el haber aunado todos los créditos relacionados con la jefatura del Estado en una sola sección presupuestaria que debería denominarse Jefatura del Estado, donde se incluyan los créditos derivados del artículo 65 y los ahora incluidos en los distintos ministerios. El órgano fiscalizador de créditos lo sería para los créditos ahora incluidos en los ministerios y la parte de los de libre albedrío que el Rey consigne para el sueldo de los directivos de la Casa (alta Dirección, dirección).

Existiría pues un presupuesto que consignara todos los créditos y un solo órgano fiscalizador, como en la actualidad tienen otras instituciones de Estado, de esa forma podríamos conocer el presupuesto total de la Casa de S. M. y el interventor designado por el Rey podría realizar su verdadera función.

José Manuel Adán Carmona, Economista e inspector de Finanzas del Estado

Kosovo: de nuevo sin el derecho internacional, de Paz Andrés Sáenz de Santa María en La Nueva España

Posted in Internacional, Política by reggio on 18 febrero, 2008

Con la proclamación unilateral de la independencia de Kosovo termina el proceso de desintegración de la antigua Yugoslavia tenazmente impulsado por los Estados Unidos y algunos miembros de la Unión Europea. Para justificar este hecho, algunos analistas invocan el realismo, la moral o incluso el castigo del nacionalismo exacerbado. Así, se dice que «con esta merecida lección, termina la Gran Serbia de Milosevic y su proyecto criminal de limpieza étnica, para que vayan aprendiendo los aprendices de brujo» (Lluís Bassets, Blog, 15 de febrero) y que «la responsabilidad última de su independencia hay que buscarla en el nacionalismo serbio» (José Ignacio Torreblanca, «El País», 15 de febrero). Dejando a un lado la ligereza con la que se condena a todo un pueblo sin discriminación alguna, que afortunadamente no proyectan sobre otros casos de genocidios y crímenes de guerra pasados y presentes, llama la atención el olvido del derecho internacional, pese a constituir el marco normativo desde el que hay que valorar la cuestión.

La resolución 1244 (1999) del Consejo de Seguridad, adoptada cuando finalizó la intervención de la OTAN, es el texto fundamental de referencia. En ella, se reafirma el principio de la soberanía y la integridad territorial de la RF de Yugoslavia, se determina el establecimiento de una administración provisional bajo la cual el pueblo de Kosovo pueda gozar de una autonomía sustancial en la RF de Yugoslavia y se prevé que el arreglo final sobre el estatuto político del territorio debe ser el resultado de una negociación entre las partes, a la que pueden colaborar la ONU y otras organizaciones internacionales pero sin que ninguna de ellas pueda imponer una solución. Con posterioridad, cuando Naciones Unidas decide poner en marcha el proceso para determinar el estatuto futuro de Kosovo con el nombramiento de Martti Ahtisaari como enviado especial, el Consejo de Seguridad asume unos detallados principios rectores entre los que cabe destacar que ha de tratarse de una solución negociada, el proceso deberá facilitar la participación efectiva de los serbios de Kosovo y otros ciudadanos y comunidades de Kosovo, y además se deberá consultar con los vecinos de la región y otras partes interesadas. La solución debe ajustarse plenamente al derecho internacional, el acuerdo debe favorecer la sostenibilidad de una sociedad multiétnica y la participación de todas las comunidades en el Gobierno, garantizar el imperio de la ley, la seguridad y el desarrollo económico, a lo que se añade la afirmación de que «cualquier solución unilateral… sería inaceptable». Pues bien, los informes de Naciones Unidas sobre Kosovo vienen poniendo de relieve que la situación económica es muy negativa, la tasa de desempleo alta, la pobreza generalizada, el imperio de la ley no está suficientemente arraigado, la delincuencia organizada y la corrupción son las mayores amenazas, la seguridad es frágil y la situación de las minorías es preocupante.

En este escenario, la proclamación unilateral de la independencia kosovar efectuada por su primer ministro Hasim Thaçi -que antaño fue líder del Ejército de Liberación de Kosovo, cuyos actos de terrorismo fueron condenados por la resolución 1160 (1998) del Consejo de Seguridad- y su reconocimiento por Estados Unidos y miembros de la Unión Europea, contradice los principios establecidos por este órgano y vulnera la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional general.

España hace bien resistiéndose a reconocer esta independencia y manteniendo un perfil bajo dentro de la misión de la Unión Europea que sustituirá a la de la ONU. De un lado, porque con ello demuestra respeto hacia las normas internacionales. De otro, porque la decisión ha sido tomada exclusivamente por la mayoría albanesa, puesto que el nivel de participación de las minorías es mínimo, la mayor parte de los más de doscientos mil desplazados fuera del territorio aún no han podido ejercer su derecho al retorno en condiciones de seguridad y la voluntad de los ciudadanos de Serbia, expresada por sus representantes elegidos democráticamente, no ha sido tenido en cuenta. Esto supone que los Estados que aceptan la declaración unilateral de independencia están admitiendo al mismo tiempo la existencia de un ámbito autónomo y excluyente de decisión. Pese a las afirmaciones voluntaristas en el sentido de que Kosovo no representa un precedente, lo cierto es que políticamente tiene trascendencia.

Cuando en 1999 se llevó a cabo la intervención militar en el territorio, esgrimiendo razones humanitarias, algunos señalamos los problemas jurídicos de esa acción y su falta de base legal. Hoy nos encontramos de nuevo con una actuación al margen del derecho internacional que va a dar lugar a un Estado tutelado con una presencia militar importante de la OTAN y otra civil de la Unión Europea y que seguramente no podrá ingresar en las Naciones Unidas pues es una decisión de la Asamblea General que ha de basarse en una previa recomendación del Consejo de Seguridad que no es previsible que se produzca, dada la oposición de Rusia. Pero nada de esto importa a quienes se mueven por intereses geoestratégicos y además no tienen asuntos internos que puedan verse contaminados por el mal ejemplo.

Paz Andrés Sáenz de Santa María es catedrática de Derecho Internacional Público en la Universidad de Oviedo.

Democracia de baja calidad, de Javier Ortiz en Público

Posted in Derechos, Política by reggio on 18 febrero, 2008

Una de las paradojas más preocupantes que presentan los actuales sistemas tenidos por democráticos, como el nuestro, es que el pueblo –la población con derecho a voto, porque la inmigración también es pueblo, pero no cuenta– se ve obligado a decidir acerca de cuestiones sobre las que no tiene un conocimiento mínimamente fundado. En muchos casos, porque la complejidad técnica de los asuntos supera su nivel de información, e incluso de comprensión, y en otros porque ha sido desinformado a propósito, y se cree que sabe lo que no sabe.

De todo ello cabría poner muchos ejemplos.

De lo primero me conformaré con uno: en cierta ocasión, hace años, en una tertulia radiofónica, el conducator del programa me preguntó si yo creía que era verdad que el PSOE estaba haciendo triquiñuelas fiscales para beneficiar a sus amigos. Le respondí que no tenía ni idea. “¡Ah, pillín! No quieres mojarte, ¿eh?”, me soltó. ¡Qué majadería! Sencillamente, no tenía ni idea. ¿O es que los participantes en las tertulias tenemos que saber de todo y saberlo todo? Pues el  ciudadano medio, con más motivo.

Ejemplo de lo segundo: los jefes del PP valenciano cuentan a la población local que los aragoneses y catalanes son unos egoístas, porque dejan que el agua del Ebro “se pierda en el mar”, donde se salina, lo que obliga a gastarse luego mucho dinero para desalinizarla. La patraña, de un simplismo que clama al cielo, hace agua (nunca mejor dicho) por los cuatro costados, pero sirve para engañar a gente con muy pocos conocimientos científicos y muchas ganas de agua barata.

Por supuesto que los grandes partidos tienen las suficientes posiciones prácticas, contantes y sonantes, que pueden ser analizadas sin necesidad de tener altos estudios, y que bastan y sobran para retratarlos. Pero eso tampoco es suficiente: obliga a analizar. Y es demasiado el personal que renuncia a pensar por su cuenta –no tiene costumbre– y opta por ponerse en manos de los muchos gurús que proliferan en los medios de comunicación y en el escenario político.

El resultado es lo que un amigo mío define como “una democracia de muy baja calidad”.

Que va a peor, para más inri.

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Miguel Sebastián o el cuento de la cigarra que promete ser hormiga. No hay duda. El invierno económico está aquí, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 18 febrero, 2008

No imaginaba servidor que Miguel Sebastián iba a dar casi tanto juego en su faceta de columnista dominical como en su atribulado y desafortunado papel de instigador de conjuras empresariales primero y candidato suicida al Ayuntamiento de Madrid después. Siempre he pensado que fueron precisamente los “embolaos” en los que metió al gobierno desde la Oficina Económica de Presidencia del Gobierno, y en especial el sonado affaire Sacyr-BBVA, los que contribuyeron a que fuera enviado a luchar contra los elementos en una pugna electoral de la que, siendo mal intencionado, a más de uno le podía interesar que Gallardón saliera reforzado, vía de dinamitar un PP al que le pesa en la mochila, no de Vallecas precisamente, la manifestada incapacidad de renovarse, siquiera mínimamente, en estos cuatro años de oposición “a huevo” que le ha brindado el PSOE. Sólo la impericia del alcalde a la hora de medir los tiempos, y el menosprecio al poder real de la presidenta de la comunidad, habrían frustrado una operación que, de culminarse, hubiera sido de manual. Qué se le va a hacer. Pero esa no es la historia que hoy nos ocupa.

Sebastián y su pluma nos brindan cada semana un scoop informativo de alcance. Y eso es algo que como analista, uno no puede dejar de agradecer. Leo con fruición su artículo, buscando claves que me permitan descubrir paternidades encubiertas de ideas ya conocidas o directrices económicas para el mañana, ése que quiere seguir escribiendo con Z de zozobra, al menos en el futuro inmediato. Este domingo, el menú del día ha ido más de lo segundo que de lo primero. Y, sinceramente, me ha sorprendido. Sobre una percha buena, la discutible afirmación de que España ha superado a Italia en renta per cápita en 2007 (merece la pena leer el artículo que nuestro gran Carlos Sánchez escribiera el 4 de enero sobre el particular, desarrolla un discurso cargado de buenas intenciones (“fijarse metas ambiciosas es un requisito para conseguir objetivos colectivos como el que ahora se plantea España”) que defiende la posibilidad de que nuestro país culmine el camino de la convergencia con Francia y Alemania en el plazo de cinco años a partir de ahora. De paso, enumera las, a su juicio, recetas para alcanzar dicha meta. Error. Es ahí donde se le ve el plumero. Su tesis no es más que una huida hacia delante. Enseguida sabrán por qué.

En primer lugar, Sebastián se olvida de mirar por el retrovisor. La convergencia respecto a Europa se basa en un modelo de creación de riqueza que se encuentra a día de hoy frente a su particular prueba del algodón. Está por ver cómo la economía española va a soportar la brusca desaceleración del que ha sido su principal motor de generación de empleo y crecimiento en los últimos años, el boom inmobiliario. Pensar que lo que se ha alcanzado bajo esas extraordinarias circunstancias puede consolidarse como estructural, plataforma a partir de la cual ambicionar metas mayores, forma parte de ese optimismo antropológico legítimo pero que pierde su razón de ser cuando se impone el realismo social, que es el que es. Bastante tendremos si conseguimos, de un modo u otro, consolidar lo logrado hasta ahora. Que no está el patio para competir en términos de quién la tiene más grande, la economía claro está, sino de cómo solucionamos nuestra propia situación con el único recurso de la política fiscal, bendito superávit. Hombre, que esto de buscar “enemigos” exteriores para esconder las miserias internas puede ser servir de guía de actuación de las Venezuelas y los Iranes que en el mundo haya, pero es un discurso agotado en el mundo occidental. Claro que, dicen en mi pueblo, que de casta le viene al galgo. Saber popular.

Pero ésa es, aunque no lo parezca, una parte irrelevante del artículo de Sebastián en comparación con lo que se despacha a continuación. Él, que ha sido el enreda por naturaleza, aboga por políticas de consenso (“adelantar o superar a Francia o Alemania requiere ambición política y, probablemente, políticas de estado consensuadas entre todos los partidos”). A ver. Me lo rebobinen, por favor. ¿Cómo? Aquí hay algo raro. Tiene truco. Evidente. La respuesta en el párrafo siguiente: “será necesaria una mayor inversión en nuestro aparato productivo, así como en infraestructuras y en investigación y desarrollo. Harán falta importantes reformas en el ámbito fiscal, laboral, industrial, profesional, educativo y en el funcionamiento de los servicios públicos. Habrá que abordar el reto energético y el del fomento empresarial. Atraer talento y capital extranjeros. Apoyar a nuestras empresas en su proyección internacional. Favorecer la incorporación de la mujer a nuestro mercado de trabajo. Pero, sobre todo, será necesaria una actitud distinta de nuestra clase política”. Im-presionante, en dos palabras. ¿Quién ha gobernado estos últimos cuatro años? Y, sobre todo, ¿a qué se ha dedicado? De lo dicho parece que está todo por hacer, que no ha dejado títere con cabeza. Pedazo de reconocimiento implícito a la inacción como modo de ejercer, hasta ahora, del gobierno ZP en materia económica. No está mal como punto de partida. Sólo quien confiesa su pecado puede encontrar misericordia. No es sino plasmar negro sobre blanco lo que para muchos era una certeza. Y reconocimiento explícito de que necesita ayuda para salir del atolladero, que esto sí que es novedad. Esperemos que el consenso se refiera a quien se tiene que referir, que no veo yo a Tardá con elevadas miras en la materia que nos ocupa, la verdad.

No sé qué les parece a ustedes pero a mi esto me recuerda al archiconocido cuento infantil de la cigarra y la hormiga. La primera, mientras el sol calentaba sus alas y podía cantar las excelencias de la economía nacional, poco se preocupaba de prepararse para el invierno que los fríos vientos que sustentaban el crecimiento patrio amenazaban con traer. Ahora que empiezan a caer las nieves de la ralentización, la subida de los precios, el paro, el déficit exterior y todo lo demás, llama desesperada, en vísperas de las elecciones, a la puerta de los votantes, aquellos que no sacan la vida adelante con el sudor del de enfrente sino con sus propias manos y sacrificio, hormigas anónimas, con la promesa de un sorprendente cambio de actitud, prueba de que el nuevo entorno les pilla con el engranaje poco lubricado, sin equipo y con una ausencia palmaria de políticas eficaces que poner en práctica. Claro que, si la materialización de ese nuevo rumbo es la entrega generosa de una parte sustancial de los fondos públicos a cualquier colectivo con una mínima capacidad de influencia, apaga y vámonos. Veremos en qué se concreta. La suerte que tenemos todos, es que somos, cada uno en su pequeño papel, los protagonistas de este cuento. Cómo se desarrolle esta historia depende, en gran medida, de nuestra capacidad de elección. Ya saben lo que hay. ¿Voto de confianza o voto de castigo? Ustedes mismos. Me he enrollao demasiao. Buena semana a todos.

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El “crimen” de Zarzalejos en ‘ABC’, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Medios, Política by reggio on 18 febrero, 2008

El cese de José Antonio Zarzalejos como director de ABC, a manos de la familia Luca de Tena (Guillermo, Catalina y Soledad, responsables de la Junta de Fundadores, que decide el director y la línea editorial), constituye un lamentable ejemplo de la crisis y el desconcierto que habitan en la derecha desde que José María Aznar, en un ataque de soberbia e idiotez, tiró por la ventana la mayoría absoluta que el PP consiguió en el año 2000, algo único en la historia de la derecha española, donde la burguesía de nacionalistas y regionalistas siempre condicionó a la mayoría conservadora nacional.

Este episodio de ABC habría sido un capítulo más de la derecha tontuna —la que ahora llora la independencia de Kosovo, sin culpar a los gobiernos conservadores de Estados Unidos, Francia y Alemania— si no fuera por las dosis de infamia y vileza que han rodeado el “crimen” de Zarzalejos, en plena campaña electoral, para que Esperanza Aguirre pudiera controlar el ABC antes de que el Congreso del PP, tras la esperada derrota del día 9 de marzo, decida a su favor la sustitución de Rajoy, y para que ningún medio conservador reclame, en las exequias del líder, la primacía y el liderazgo de Gallardón.

El alcalde de Madrid, a quien, humillándolo como lo hizo Rajoy, puede que le hayan hecho un favor forzándole a abandonar el PP con todos los honores del centro. Sobre todo si Gallardón tuviera la audacia para sacar de la orfandad política y democrática a los desamparados y hartos de la partitocracia mediocre del PSOE y del PP, y a los jóvenes de la “nueva frontera” española, camino de una nueva mayoría que tendría, en el 2009, su primera oportunidad de las elecciones europeas, donde, tiempo atrás, logró dos diputados el esforzado y pintoresco José María Ruiz Mateos.

El “crimen” de Zarzalejos —uno más de esa asesina en serie de la libertad de expresión que es la doña Cuaresma de la Puerta del Sol— incluye otros agravantes que no se pueden soslayar, como que el ABC se acaba de subir al carro de la derrota del PP —donde ya estaban La Razón, El Mundo y la COPE—, cuando los resultados de las elecciones del 9 de marzo les iba a dar a ellos, como ocurrió con la sentencia del 11-M, la razón. Lo ha confirmado Zapatero pidiendo “dramatismo y tensión”, que es, exactamente, lo que ha fomentado el PP en estos años y lo que le salvó de la debacle al desastroso Gobierno del PSOE.

Aunque lo más degradante de semejante operación ha sido comprobar la postración de los Luca de Tena a los pies de Federico Jiménez Losantos, quien, tras insultarles y pasearlos en el “Dragón Rapide” de Franco, en la ilustre compañía de sus socios accionistas y cómplices ¡los vascos! —Ibarra, Urrutia, Bergareche, Echevarría y Castellanos—, ha pilotado, a las órdenes de Esperanza Aguirre y Pedro J. Ramírez, una repugnante campaña contra el diario ABC.

Aunque ninguno de ellos recibió de la COPE episcopal tantas agresiones como el director Zarzalejos (hasta en lo personal), por haber cometido el pecado mortal de decir la verdad sobre la conspiración del 11-M y defender al “maricomplejines” de Rajoy de las intrigas de doña Cuaresma, Acebes, Zaplana, El Mundo y la COPE, los mismos conspiradores que violaron la libre competencia contra ABC. Y, sobre todo, por dar Zarzalejos la cara en defensa del liberalismo y la dignidad de ABC, de su Consejo y accionistas. Incluso en defensa del Rey Juan Carlos, al que el matador radiofónico le pidió la abdicación, tras mofarse más de una vez de la familia real, lo que dio pie al grotesco episodio en el que Esperanza Aguirre, en defensa de su locutor, le faltó, ante destacados invitados y en palacio, el respeto al Rey.

Los Luca de Tena y los vascos, además de traicionarse a ellos mismos, han traicionado a ABC y a su trayectoria liberal, a sus lectores, a su director y ¡al Rey! Sí señor, también ¡al Rey! Y lo han hecho desvelando una secreta y sorprendente pasión masoquista, lo que me anima a pensar que, por este artículo, me pueden dar el premio Mariano de Cavia, completando el Luca de Tena que, en una inolvidable jornada, me entregó Don Juan de Borbón. Y buena prueba de todo esto, y para que no quede duda de su postración y autoflagelación ante semejante infamia, los Luca de Tena han contratado como directivos del diario, se supone que para su salvación (sic), a cuatro sicarios de Jiménez Losantos que, además de donnadies en el periodismo español, fueron tránsfugas de ABC y ahora de La Razón, lo que nos lleva a concluir que para semejante viaje, de ida y vuelta, más lógico habría sido recuperar a Luis María Anson.

El colmo de la vileza podría estar si se confirma que Vocento va a recibir ingentes ayudas en la difusión, promociones (¿el librito del 2 de Mayo?) y la publicidad por parte de la Comunidad de Madrid, para que la cabeza de Zarzalejos, servida en bandeja de plata a la presidenta, tenga un precio ¡en dinero! Lo que justificaría la explicación que, sin sonrojo, ofrecen algunos de los miembros del Consejo de Administración, cuando afirman que dicho cese se debía a una exigencia del mercado. O cuando explican la escasez de currículum del nuevo director con el argumento de que presenta con cierta habilidad esos coloquios insufribles de los desayunos de Madrid, a los que acuden los “gundisalvos” de profesión, como diría Mingote.

De la desleal actuación del presidente Alcázar y del consejero delegado Vargas, y de sus intrigas indecentes a espaldas del director, de momento, mejor no hablar. A fin de cuentas, los dos sólo son unos empleados de los Luca de Tena —nunca imaginé que Guillermo acabaría haciendo algo así— y están a lo que les mande la Junta de Fundadores y la propiedad.

Los que no parecen entender en Vocento y ABC —ahora que se extinguen los últimos rescoldos de periodismo independiente— es que se equivocan al dejar el campo liberal para lanzarse a tumba abierta por el tobogán de ese periodismo militante de la ultraderecha. Enrolándose, como “zombies”, en la bacanal que anima el combo mediático de El Mundo y de la COPE. Los que, en eso de hacer ruido y de montar fiestas de disfraces, en el Halloween español, o de manipular la información y tergiversar la buena opinión, son imbatibles por más que, en su nueva etapa, desvaríe y se esfuerce el ABC.

Lo que está por ver, en el centro derecha y en el centro izquierda, es uno o dos diarios de la máxima calidad y el mayor prestigio, con informadores y analistas independientes, con menos suplementos, menos páginas y ningún regalo. Unos periódicos que, en este tiempo editorial de descarada sumisión a los partidos de izquierda y derecha, se orienten al mundo de la cultura, la economía, la sociedad, los líderes de opinión, a los nuevos profesionales de la modernidad y al corazón del poder. Puede que con menos venta pero con gran prestigio e influencia, mientras esperan el gran vuelco del papel hacia internet. Este mágico lugar donde, en ESTRELLA DIGITAL y con cierta modestia, llevamos diez años disfrutando del periodismo independiente y en libertad, para poder decirle, con admiración, a José Antonio Zarzalejos, ¡chapeau!.

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