Reggio’s Weblog

La democracia en España, de Francisco Sosa Wagner en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 14 febrero, 2008

TRIBUNA LIBRE

Se acerca la fecha de la gran fiesta de la democracia, fiesta entreverada de lo profano y lo sagrado pues aúna palpitaciones religiosas con calambres bien terrenales. En estos días, el político, ectoplasma televisivo, se nos aparece en carne mortal por calles y mercados, expuesto al contagio de ese votante que ha sido para él durante toda la legislatura apenas un garabato de humo. Es el de las elecciones día de ilusión y en esa ilusión que genera radica su fuerza de seducción. Por eso, los dictadores, que fusilan las ilusiones antes que a los hombres, las prohíben.

En las elecciones creemos como en los Reyes Magos, hasta que nos damos cuenta de que los diputados que elegimos son los padres. Porque la democracia tiene mucho de gran trampantojo, de papel pintado de la voluntad popular. De esas calcomanías que repiten imágenes con desesperante rutina y falta de estro. Es así en todos los países europeos, pero uno lamenta que en el nuestro la democracia haya perdido con tantas prisas su lozanía. Porque todo parece indicar que hemos sido demasiado aplicados en el empeño de quitarle la careta y el resultado es que la tenemos, joven aún, pero ajada y deslucida.

Sin los polvos cosméticos de nuestra mirada piadosa la democracia española no enseña más que arrugas y una piel sin irrigar.

Ahora bien, justo porque no hay alternativa al sistema democrático, es por lo que resulta necesario cavilar sobre él y someter a nuestra mirada crítica cada uno de sus ingredientes porque nosotros no podemos vivir la ensoñación que vivieron nuestros abuelos cuando se dejaron arrullar por los cantos de la sirena totalitaria, comunista o fascista. Esas experiencias, terribles, han convertido a la tal sirena en un escualo, del que procede huir resueltamente.

A todo ciudadano consciente deberían preocuparle las patologías de la res pública aun sabiendo que extirparlas no es tarea fácil, pues se cuenta con obstáculos poderosos: de un lado, la animadversión de una clase política que, por ser muy conservadora, rechaza hablar de enfermedades y de medicinas; de otro, la indiferencia de una población que se limita a contemplar el tiovivo -entre carnavalesco y religioso- de los procesos electorales y a descalificar sin matices a sus protagonistas.

Pero si en el pasado Locke no se hubiera entregado a sus cogitaciones, Rousseau no hubiera ensayado con la voluntad general, o Tocqueville se hubiese limitado a estudiar los establecimientos carceleros en América, hoy todos seríamos bastante más pobres y padeceríamos instituciones angustiosamente más birriosas.

En esta campaña electoral estamos viviendo esos males de una manera bien elocuente. Decirlo no sé si contribuirá a algo; por lo menos, será hacer una señal expresiva de que estamos vivos.

El de mayor bulto es el de los partidos políticos mayoritarios y su comportamiento vulgar. En algún sitio he escrito que la democracia española es adúltera porque ha engañado al pueblo, su legítimo cónyuge, y se ha ido de picos pardos con los partidos, que encima la han dejado embarazada de tópicos y consignas.

La democracia de partidos, en los términos en que ha desembocado la nuestra, deja de ser democracia para convertirse en oligarquía de secretarios generales y secretarios de organización, los personajes que con más denuedo -y con mayor eficacia- adulteran el sistema. Hemos vivido esta legislatura acontecimientos de una gran magnitud, el más clamoroso es sin duda el de una revisión a fondo de la estructura del Estado, a partir de la aprobación de los nuevos estatutos de autonomía, y se quería llegar más lejos, con la modificación constitucional, la del Senado, la línea sucesoria en la Corona, etcétera. Esas fueron, al menos, las intenciones iniciales del Gobierno. Pues bien ¿alguien ha sabido de un debate en el seno del partido del Gobierno sobre estas cuestiones de tanto calado? ¿Se ha convocado un Congreso para que los militantes y sus delegados debatan, aclaren, propongan y resuelvan? ¿En el seno de los grupos parlamentarios de las Cortes se han oído voces razonadoras apoyando ésto, discrepando de aquéllo? El más espeso de los silencios ha sido un clamor. Y en el partido de la oposición las cosas han circulado de modo parejo. A la vista de esta decepcionante realidad, advertimos cómo las organizaciones partidarias se hallan presas de la voluntad de un puñado reducido de sus dirigentes máximos que, en el colmo de su autoritarismo, no se fían ni tan siquiera de quienes son sus parciales o incluso comparten con ellos la singladura en las instituciones del Estado.

A ello se une el hecho de que los partidos políticos se han acostumbrado a ocupar todo aquel espacio que a su alrededor carezca de los pertinentes anticuerpos. Es lo que podríamos llamar la tentación tentacular del partido, la irrefrenable vocación que se le despierta por meter baza y enredar en todo achaque o negocio humano: da igual que se trate de una operación empresarial relevante o de conceder un premio literario (son clamorosos los galardones importantes que se dan sin escrúpulos desde las más altas instancias políticas). Ocurre, además, que los actuales dirigentes de los partidos, al carecer la mayoría de ellos de una vida profesional fuera de sus organizaciones partidarias, tienden a ver la vida toda sub specie del enfrentamiento con ese adversario que da sentido a su pobre existencia.

Por su parte, el acto-estrella de esta campaña, a saber, los mítines, se convierten en la suma de todas sus letras y de todos sus argumentos. Pero el mitin es la bazofia de la democracia y los ciudadanos deberíamos rechazarlos como un acto de mínima indisciplina y de higiene intelectual. Los debates o no existen o son debates ortopédicos donde se discute antes la forma que el fondo, antes el color de la corbata del presentador que el asunto del meollo o sustancia. ¿Por qué no están ya debatiendo los cabezas de lista en las provincias al amparo de actos que siempre están dispuestos a propiciar los periódicos e instituciones locales? ¿Qué les impide el torneo dialéctico y, de paso, enterarse de por dónde circulan los intereses de los ciudadanos? Cabezas de lista algunos de los cuales llevan años de cabezas sin que haya sido posible advertir qué albergan en ellas.

Y, para colmo, los actuales partidos nacionales, como una empresa que no confiara excesivamente en la bondad de sus productos, son expertos en falsear la competencia. Ahí están los esfuerzos que desarrollan en Cataluña los Ciudadanos y, en el resto de España, el partido Unión, Progreso y Democracia de Rosa Díez y Fernando Savater para empinarse y conseguir alzarse con esos trofeos de la representación nacional que rompan un duopolio exasperante. Muy pocos periódicos -éste entre ellos- acogen sus movimientos y las declaraciones de sus portavoces en sus páginas.

Es preciso quebrar esta inercia. ¿Cómo? Desde el seno mismo de las organizaciones partidarias, reivindicando sus militantes y los representantes elegidos en sus listas -diputados, concejales, etcétera- espacios de libertad y de discusión de los grandes asuntos. Lo que he dicho respecto de la arquitectura del Estado se puede trasladar a grandes problemas como el urbanismo, la vivienda, la sanidad y otros que han estado en la agenda de las instituciones políticas sometidos todos ellos sin excepción al envaramiento de la consigna y la frase hecha. Consigna y frase hechas que procede casi siempre de un indocumentado que, desde lo alto de un artificial organigrama, rellena con tópicos sus clamorosas carencias de lecturas y de reflexión.

En fin, desde la ciudadanía que ha de emitir un grito de rebeldía contra tanta farsa. Un grito, seco, hiriente y bravo.

Francisco Sosa Wagner es catedrático de Derecho Administrativo en la Facultad de Derecho de la Universidad de León y autor (junto a Igor Sosa) de El Estado fragmentado, Trotta, 2007.

© Mundinteractivos, S.A.

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La austeridad como valor de la izquierda, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 14 febrero, 2008

A FONDO

¿Es inherente la austeridad a la izquierda?

Acudamos a los clásicos. El innovador multidisciplinar Juan Guerra se preguntó en cierta ocasión cuando alguien le afeó su elevado patrimonio: «¿Es que los de izquierdas no podemos ser ricos?». Naturalmente que sí. Recordemos otro caso paradigmático: el de Miguel Boyer. Su problema tuvo que ver con los 13 (los cronistas no se ponen de acuerdo en la cifra exacta) cuartos de baño de la mansión que se construyó para vivir con Isabel Preysler.

Al margen del origen de sus receptivas fortunas (uno, dudoso; el otro, inobjetable), la cuestión era su falta de ética y de estética, precisamente por su militancia.

¿Cómo se podía pedir «austeridad» desde el Gobierno socialista a los trabajadores mientras el ex ministro de Economía hacía tal ostentación de poderío? Eso dijeron los sindicatos en plena huelga general del 14-D. En el caso del hermanísimo, la crítica tenía que ver con el doble rasero que Alfonso utilizaba desde su todopoderosa posición en el Gobierno y en el partido: implacable con la derecha, complaciente y permisiva con «los del convento». El caso de la reforma del ministro Bermejo también tiene que ver con la ética y con la estética. Pero, con un elemento añadido esencialmente distinto: el dinero público.

Decía Kant que no se debe actuar más que del modo en que uno pueda convertir su criterio en ley universal. Por más explicaciones que dé Bermejo, no hay manera de justificar los 250.000 euros de la reforma de su vivienda.

Sobre todo, tras conocer la opinión de la anterior inquilina, la ex ministra de la Vivienda María Antonia Trujillo. Para ella, la reforma era «innecesaria». «Uno», dice, «se puede duchar igual con una ducha nueva o con una antigua». La candidata del PSOE por Cáceres hace de la austeridad activo concomitante a la izquierda. Para ella, es suficiente con «tener un piso estupendo en el centro de Madrid» pagado con los impuestos de todos los españoles.

Bermejo no ha cometido ninguna ilegalidad. Pero, para un hombre que presume de izquierdismo, tiene mala venta su actual modus vivendi.

Zapatero quiso recuperar para su nuevo socialismo el valor de la austeridad. Y de ahí el código del Buen Gobierno de Jordi Sevilla. Bermejo ha atentado precisamente contra su quinto mandamiento, «Administrarán los recursos públicos con austeridad…».

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es
© Mundinteractivos, S.A.

Personas, partidos, elecciones, de Joan Subirats en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 14 febrero, 2008

La campaña electoral en Estados Unidos está generando pasiones y movilizando gentes de tal manera que puede llegar a incomodarnos si comparamos su dinamismo con lo previsible que resulta todo en estos nuestros lares. No es en absoluto ajeno a ello la fuerte personalización de la campaña en el bando demócrata, y la conexión de las candidaturas de Obama y Hillary Clinton con precedentes tan significativos como fueron los de los Kennedy (y su capacidad de ruptura con las tradiciones anteriores, subrayadas por su final trágico), y el de Bill Clinton (cuyo valor se acrecienta al situarse como un paréntesis demócrata en un largo invierno republicano lleno de agresividad y ensimismamiento). En este sentido, la política norteamericana ha recuperado buena parte de su capacidad histórica para vincular personas y sentimientos comunitarios. Los discursos de Obama tiene resonancias de relato, de renovación de ideales que no por conocidos resultan menos atractivos en momentos en que la política española tiende a empequeñecerse, llenándose de ofertas y rebajas. En las listas de los discursos políticos con más impacto, figuran ya, junto a los de Martín Luther King o alguno de Kennedy o Roosevelt, los pronunciados por Obama en Iowa o tras la derrota en New Hampshire.

Como bien sabemos, los partidos norteamericanos no son de hecho partidos en el sentido fuerte (europeo) de la palabra. Agregan individuos, permiten grandes disonancias, y destacan más por su capacidad de articular liderazgos personales que por su homogeneidad política. Por ello las primarias resultan tan significativas, ya que permiten construir colectivamente consensos y legitimar liderazgos conjuntos, cuando en nuestras latitudes la cosa se arregla de manera mucho más opaca. Aquí los partidos están cada vez más en entredicho y no despiertan muchas pasiones, pero en cambio, o por ello, han reforzado notablemente su maquinaria de selección de élites y su capacidad de reclutamiento para las estructuras de poder institucional. Pero mantenemos entre todos, los de dentro y los de fuera, ese extraño pacto por el cual si eres miembro de un partido tienes que estar de acuerdo con todo lo que ese partido y sus dirigentes manifiestan, ya que de no ser así, inmediatamente te conviertes en disidente, corriente o escisión en ciernes. El paso hacia adelante de Walter Veltroni, postulándose en solitario para oponerse a Berlusconi y de paso dejar en entredicho a una izquierda dividida y acusada de obsolescencia, ha sido calificado por algunos como un proceso de americanización de la política italiana, ya que se pone en primer plano la persona y su carisma, antes que la ideología o las opciones de fondo sobre cómo organizar la vida en sociedad.

Hace unos días, Pasqual Maragall sorprendió a propios y extraños recordando que tiene inscrito un partido (Partit Català Europeu) y que ha estado tanteando a diversas gentes la posibilidad de activarlo ante las próximas elecciones. Y ha seguido sorprendiendo aconsejando el voto en blanco el próximo 9 de marzo. Mal deben de andar las cosas cuando Maragall propone votar en blanco y Jordi Borja en estas mismas páginas reflexionaba sobre votar en negativo, más “en contra de” que “a favor de”. Entiendo que, frente a partidos que no acaban de funcionar como organizaciones para discutir y hablar de política, para debatir sobre valores y proyectos sociales, para mantener un fuerte sentido crítico sobre la propia acción política, no es precisamente una buena alternativa construir otros partidos, distintos, pero partidos a fin de cuentas, llámense Partido Democrático o Partit Català Europeu. Hemos de buscar nuevas maneras de hacer política.

Los norteamericanos vibran ante mensajes emitidos por personas, no por siglas o emanaciones de grandes opciones ideológicas. Lo significativo es la capacidad de esas personas para transportar mensajes, ideas, proyectos de futuro para la comunidad. Y lo relevante es si esos mensajes, ideas y valores resultan consistentes con la historia, el trabajo y la mentalidad de la persona que los emite. Evidentemente, cuenta también la capacidad de conectar todo ello con la historia política norteamericana y sus grandes protagonistas, buenos y malos. En España vamos cortos de liderazgos. Con talante y optimismo (Zapatero) y, aún peor, con firmeza y mala gaita (Rajoy), no podemos ir muy lejos, y ello se nota en esa política de la no política que sólo ofrece simplicidad en sus respuestas. Parece predominar más en nuestra campaña el interés por los votos más que las convicciones, y sólo la reacción antijerarquía eclesiástica o los peligros de ruptura de la unidad patria anima un poco la cosa en cada casa. Pero lo significativo es que no hay vibración alguna, no hay en el aire un sentido de proyecto colectivo que transmita ilusión.

Estos días pasados se ha rendido homenaje a Gregorio López Raimundo. El desaparecido dirigente comunista supo granjearse simpatías más allá del círculo más directo de psuqueros y comunistas de toda la vida. Y creo que ello tiene que ver con la sensación que transmitía de dignidad, de fidelidad a unas ideas y a una forma de entender la historia que, si bien le llevó sin dudas a errores y decisiones poco comprensibles a la luz de las derivas posteriores, no le erosionó esa determinación y tranquilidad segura que transmitía casi sin querer. Parece absurdo tratar de conectar las vicisitudes de Obama, Hillary, Veltroni, Zapatero y Rajoy con la figura de López Raimundo, pero precisamente lo que quiero expresar es que al final lo que entiendo que ha acabado pesando en el homenaje al desaparecido dirigente comunista, no ha sido su fidelidad al partido, su papel como secretario general, sino más bien su personalidad, una solidez y consistencia que transmitía más que sus palabras y sus decisiones. No resolveremos las frustraciones actuales de la política contemporánea si nos limitamos a verla sólo como un juego partidista e institucional. Recuperar la política significa recuperar relatos, visiones, pero también personas que las transmitan, trayectorias vitales que las representen, movimientos que las encarnen, entendiendo que no hay transformación social sin transformación personal.

Joan Subirats. Catedrático de ciencia política de la Universidad Autónoma de Barcelona

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Despolitización y sensatez, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 14 febrero, 2008

Las recurrentes polémicas sobre la política lingüística catalana tienen casi siempre un punto de partida que hace estéril el debate. En efecto, quienes mantienen posiciones críticas con algunos aspectos de la política lingüística suelen ser descalificados previamente a través de tres falacias argumentativas: el ataque personal, la deformación de sus argumentos y el juicio de intenciones. En esto se distingue esta polémica de las demás.

Un ejemplo de ataque personal lo formuló recientemente desde estas mismas páginas Francesc-Marc Álvaro en su artículo Frankenstein vuelve a casa (La Vanguardia,14/ I/ 2008). Entre otras lindezas, Álvaro tacha a los discrepantes -destacando algunos ejemplos- de “monstruos”, “bichos”, “engendros” que se han alimentado “en las ubres de la derecha españolista, sector neofalangista”. Ante tal prodigio de sutileza, sobran los demás argumentos. En otros casos, se rebate (sic) a los críticos diciendo que estos alegan que el castellano ha desaparecido de Catalunya o que está prohibido, lo cual es obviamente falso: el problema que estos críticos señalan es otro, al cual ni se alude.

Por último, el juicio de intenciones sobre estos críticos es siempre el mismo: quieren acabar con el catalán.

Con ello el razonamiento se da por concluido; sin argumentos válidos, con meras falacias. ¿Por qué?

Creo que lo que se pretende es infundir miedo para que una de las partes no pueda expresarse con argumentos y razones ante la opinión pública. Es una opinión común – y equivocada- que la política lingüística en Catalunya ha permanecido inalterable desde los comienzos de la autonomía. Ello no es así: la legislación ha ido cambiando y la práctica también. Lo que se quiere ocultar es, precisamente, este cambio, esta sigilosa sustitución del bilingüismo por el monolingüismo catalán – por supuesto en las instituciones públicas, no en la sociedad- que todavía no ha terminado. Lo que se pretende es anular la crítica diciendo que desde el principio ha habido acuerdo y que no hay motivos para revisarlo.

Porque en el principio, efectivamente, hubo acuerdo, un amplio acuerdo básico que se plasmó en la Constitución, en el Estatut de 1979 y en la ley catalana de normalización lingüística de 1983. Este acuerdo puede sintetizarse en tres grandes ejes: primero, el catalán y el castellano son lenguas oficiales; segundo, la libre opción lingüística es un derecho de todos los ciudadanos; tercero, el catalán es una lengua minoritaria en el mundo y debe protegerse de manera adecuada. Este acuerdo, oficial y formalmente, todavía subsiste (estos tres principios, por ejemplo, están reconocidos en el nuevo Estatut); sin embargo, cierta legislación posterior y, sobre todo, la práctica, lo han vulnerado repetidamente.

Así, del catalán como lengua oficial que podía utilizarse con total libertad y que debía ser protegido por tratarse de una lengua débil, se ha pasado – desde la segunda mitad de los años ochenta- al catalán como instrumento de la construcción nacional de Catalunya. La lengua es utilizada como arma de la política, como signo de identidad colectiva.

La lengua es, antes que nada, un instrumento de comunicación entre los seres humanos. Dado que una sociedad es, además de otras cosas, un conjunto de personas que necesitan comunicarse entre sí, los poderes públicos deben cuidar de que ello se lleve a cabo respetando la libertad de cada uno, sin imposiciones desproporcionadas a su finalidad, a su libre comunicación. Lo importante no es la lengua que se habla, sino que los ciudadanos se entiendan entre sí lo mejor posible. Para ello, los catalanes poseen un gran bien cultural: dos lenguas. Desde la infancia pueden aprender fácilmente estas dos lenguas, lo cual les servirá para comunicarse mejor con los demás y estar en mejores condiciones para aprender otras, hoy indispensables en un mundo globalizado. La lengua vehicular de la escuela no debe ser sólo el catalán sino, además, también el castellano. Ambas deben utilizarse con normalidad desde la primera infancia, sin grupos separados por aulas ni por centros. Así lo dice la ley catalana de política lingüística: “El alumnado no ha de ser separado en centros ni en clases diferentes por razón de su lengua habitual” (art. 21.5). Y también dice: “Los niños tienen el derecho a recibir la primera enseñanza en su lengua habitual, ya sea esta el catalán o el castellano” (art. 21.2).

La actual polémica sobre el derecho de los niños a ser educados en el primer tramo de enseñanza primaria -de 6 a 8 años- en la lengua que sus padres deseen no exige cambios legislativos, ni separación en grupos o centros. Solo exige lo que ahora, en teoría por lo menos, no sucede: una interpretación razonable de la ley vigente. Los jóvenes aprenden sin darse cuenta dos y tres lenguas -o más- a la vez. ¿Tan difícil es que un maestro o maestra se dirija a sus alumnos de estas edades indistintamente en ambas lenguas – y a ser posible en inglés- con total naturalidad, como tantos padres y madres hacen en las propias familias? La política lingüística necesita, antes que nada, despolitización y sensatez, la sensatez que tienen los ciudadanos de Catalunya en sus relaciones personales.

Francesc de Carreras. Catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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Cejas, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Cultura, Política by reggio on 14 febrero, 2008

En el principio fue el verbo; en la presente ocasión sucede al revés. Empezamos por la «z» no sólo alterando el orden alfabético, sino, peor aún, arremetiendo contra la propia ortografía. Una embestida más entre tantas de las que viene sufriendo el idioma. La izquierda española se escribe con «ñ» y con «z», ambas de Azaña, y no con la «z» de Zapatero, timorata y bailona. El paso siguiente es que ya no hay letras, ya no hay palabras. Ahora desembocamos en lo gestual, en las cejas. Muy desesperados tienen que estar quienes le hacen la campaña a Zapatero para acudir a este lenguaje de los signos, que, con perdón, parece concebido para un público ágrafo. Hay algo peor que ser analfabeto, y es no querer leer.

Ahí está, como una mala pesadilla, el informe Pisa, que habla de las dificultades de la lectura, o dicho de otro modo, del analfabetismo funcional. En lugar de enmendar y corregir, pues más madera. Vamos a los gestos, dejemos los textos. Así nos entenderemos. ¡Mola mazo!

Y, a resultas de tamaña carnavalada, unos cuantos famosos con el gesto de la ceja. Hela ahí, la apuesta por Zapatero, dirigida, sobre todo, a un público joven, o sea, al que sufrió y sufre la LOGSE. ¡Fantástico, oiga!

Cejas. Lo gestual, el signo. Haciendo esto comparecen conocidos cantantes, algunos de ellos con una obra artística admirable, lo que hace que uno lamente más y más que se presten a semejante cosa. Libertad para hacerlo, toda. Para representar la apuesta electoral que tengan por conveniente, plena. Para opinar al respecto, ídem de lienzo.

Las críticas les llueven como chaparrones. Hay quien establece una casuística, si no canalla, sí al menos tremendamente sórdida. Son los beneficiados del llamado canon digital y, como tales, defienden al gobernante que garantiza tal cosa. Permítanme, con toda rotundidad, no aceptar semejante planteamiento, que no deja de ser un juicio de intenciones, en todo caso, indemostrable.

Se entiende -y hasta se comparte- que, entre lo malo y lo peor, se prefiera a Zapatero. No seré yo quien critique algo así, que además pertenece a la libertad de cada cual. El problema no está ahí, es decir, en manifestar su preferencia electoral, algo a lo que -perdón por la perogrullada- no sólo tienen todo el derecho, sino que además resulta totalmente comprensible. Se trata de muy distinta cosa: de prestarse a semejante puesta en escena, que, para empezar, es una negación de la palabra y, para seguir, parece cumplir el guión de postergar la comprensión del lenguaje, no ya escrito, sino también hablado. Y en el susodicho ceremonial participan (perdón por la cursilería) verdaderos artistas de la palabra. Pongamos, entre otros, a Sabina y a Serrat.

Me aflige este asunto, al ver que gentes con una trayectoria artística laudable están siendo objeto de insultos y descalificaciones de brocha gorda por parte de sectores del más rancio reaccionarismo.

Pero no me duele menos que parte no desdeñable de los adalides de esta campaña vengan mostrándose tan ciegos y sordos con lo que viene acaeciendo en la vida pública en los últimos años, y no me refiero a los más recientes. Por ejemplo, cuando el felipismo convirtió la política en un patio de Monipodio, no se oyeron ni las voces ni los ecos de algunos de estos artistas pronunciándose al respecto. Por ejemplo, cuando la enseñanza pública atraviesa una situación como la actual, no consta que se manifiesten al propósito.

Se podría argüir que son muy dueños de administrar sus silencios y declaraciones como les venga en gana. Obviamente, es así. Lo que pasa es que no encaja que se tenga una visión tan selectiva, por no decir bizca y tuerta, de la inquietud por la cosa pública. Si determinados cantautores y cineastas actúan como intelectuales comprometidos, conviene que su perspectiva sea más amplia, es decir, que exista un espacio para la crítica, no sólo para el apoyo.

El artista o intelectual comprometido, si tomamos el modelo de Zola, no es sólo la claque. No debe serlo. A quienes se erigen, con sus actos, en conciencia de la sociedad, cabe exigirles independencia y lucidez. Ni siquiera la miopía les es permitida, sobre todo cuando estamos hablando de creadores de obras maestras en lo suyo, mentemos una vez más como patrón de estas costuras a los dos cantautores citados más arriba.

Cejas. Quienes hemos conocido a intelectuales emergentes que traían la semiología en su cartapacio creíamos y creemos que los signos y su interpretación eran otra cosa. Me atrevería a hablar, dadas las circunstancias, de un grado cero en la compostura, en lugar de «El grado cero de la escritura».

Y, créanme, me produce desaliento.

Pájaro en mano, de Javier Ortiz en Público

Posted in Política by reggio on 14 febrero, 2008

Se tiene en general por prueba de sensatez atenerse a los dictados del refranero popular, considerado como el destilado de muchos siglos de observación realista y a ras de suelo de los vaivenes de la vida. Abunda la gente que cree que basta con que una afirmación se presente respaldada por un refrán para que quede revestida con todos los atributos de la sabiduría popular.

Pero de eso, nada. Primero, porque es de lo más frecuente que haya refranes para cada cosa y su contrario. “A quien madruga, Dios le ayuda”, sí, pero “no por mucho madrugar amanece más temprano”. Así es imposible equivocarse. En segundo lugar porque, si el pueblo se hubiera hecho tan sabio con el lento devenir de la Historia, habría aprendido a no dejarse tomar el pelo con tanta contumacia (y no sólo cada cuatro años en las urnas, sino de manera mucho más permanente y multiforme). En fin, porque hay refranes que sirven con frecuencia para respaldar posiciones tan estúpidas como detestables (a modo de acabado ejemplo: “De Aragón, ni hembra ni varón”).

Me produce gran desconfianza, pensando en los grandes desastres que amenazan o aquejan ya a nuestro mundo de hoy, el muy popular refrán castellano que sostiene que “más vale pájaro en mano que ciento volando”. No porque el refrán nos aconseje mal –que también, porque viene a ridiculizar cualquier planteamiento utópico–, sino porque ofrece una coartada a la ambición de beneficio inmediato con que los hombres se tratan entre sí y tratan a la Naturaleza. Explotan a sus congéneres hasta allí donde la ley de la oferta y la demanda se lo permite, aunque para ello deban violar la ley; practican la pesca sin tasa, arrasando los mares; talan e incendian los bosques, pulmones del planeta y favorecedores de lluvias; producen más y más industrias y artilugios basados en el consumo de combustibles fósiles… El “pájaro en mano” es la rentabilidad instantánea. ¿Y mañana? Mañana Dios dirá.

No tener la cabeza llena de pájaros no significa que lo mejor sea sustituir el cerebro por una escopeta de caza. Al final, el ciento de pájaros volando se lanzará en picado contra el depredador de la escopeta para tomarse venganza.

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ZP no quiere vérselas con Rajoy y está haciendo lo imposible para que se anulen los debates, de Federico Quevedo en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 14 febrero, 2008

Pregunto a los foreros quisquillosos: decir que Rodríguez tiene miedo de debatir con Rajoy ¿es insultar o no? Porque en fin, si por algunos fuera, mi libertad de expresión estaría ahora mismo laminada, hundida, aniquilada. Yo no he llamado a nadie imbécil, ni he pedido cordones sanitarios ni fusilamientos al amanecer. Es verdad que he comparado a Rodríguez con Franco, pero eso se lo ha buscado él y no es propiamente un insulto sino una verdad fruto de la reflexión, y los que se quejan de que lo haga son los mismos que llamaron a Aznar asesino, tengo que recordar. Pero en fin, corramos un tupido velo sobre este asunto de los insultos, condenando con la misma firmeza a los fanáticos que agredieron a Maria San Gil en Santiago como a los fanáticos que insultaron a Rodríguez en Toledo, y caminemos por las procelosas aguas de los debates electorales, que no es el asunto moco de pavo (perdón).Como en mi opinión decir que Rodríguez tiene miedo no es un insulto, me reafirmo: lo tiene. Ayer lo pinceló Alberto Mendoza en una crónica sobre el tema de los debates y la importancia que va a tener en la decisión final las dos entrevistas que el periodista independiente Iñaki Gabilondo les ha hecho en Cuatro a Rayoy y Rodríguez. Decía Mendoza que el líder del PP se había batido en duelo -duelo muy bien reseñado, por cierto, en su día por Nacho Gay-, con el periodista independiente, lo que le sirvió de entrenamiento para el debate con Rodríguez, papel que yo nunca pensé que debiera interpretar un comunicador pero, en fin, doctores tiene la Santa Casa de PRISA. Si Gabilondo se portó con Rajoy como si tuviera delante al asesino de la baraja, con Rodríguez fue todo candor y compasión, y aún así la entrevista es que no había por donde cogerla, y al presidente se le vio tan crecido en sus mentiras que casi daba miedo.

Seguro que Rodríguez, si ha visionado –se dice así, ¿no?- el programa de nuevo, estará encantado de haberse conocido, pero los estrategas de Ferraz, que son algo más listos, se habrán acojonado: “A este se lo merienda Rajoy”. Ultimamente los dirigentes del PP están muy acertados en sus debates. Zaplana se desayunó a López Garrido en el Foro Nueva Economía, y este lunes Soraya Sáenz de Santamaría le dio un repaso, en el mismo lugar, a la socialista Carmen Hermosín que pasará a los anales de las derrotas más gloriosas. Ver a Hermosín al lado de Sáenz de Santamaría y escuchar sus reiteradas referencias a que el PP es el pasado, daba grima. La socialista fue incapaz de ofrecer un solo argumento de defensa de la política territorial de Rodríguez, y la ‘popular’ acabó por sacarle la verdadera ‘fe’ del PSOE en lo que al modelo de Estado se refiere: una España plurinacional. Vamos, todo lo contrario de lo que dice la Constitución.

Digo esto porque entrevistas por un lado y debates por otro, en el Comité de Estrategia de Ferraz están poniendo velas a San Froilán – es que a Pablo Iglesias todavía no lo han canonizado y es el primer santo que se me ha venido a la cabeza- para que no se celebren los dos debates Rodríguez-Rajoy. Y si además consiguen que parezca que el que se opone es el PP, mejor. Pero eso es tan falso como que Rodríguez no negocio con ETA tras la T-4. Es verdad que Rajoy cometió un error de partida negándose al debate en TVE, pero lo cierto es que no le faltaba razón porque el grado de manipulación informativa de la cadena pública registra unos niveles insoportables. El PSOE, sin embargo, no ha dado todavía ninguna explicación de porqué se niega a que los debates se celebren en Antena 3 y Tele 5. ¿Quieren que yo les de una? Pues allá va.

La intención de Ferraz es que, como mucho, se celebre un debate, y que sea en Televisión Española. ¿Por qué? Muy sencillo. Una vez celebrado ese debate, por ley está la cadena pública obligada a concertar otro en el que participen todos los partidos con representación parlamentaria. Es decir, un segundo debate de ‘todos contra el PP’ al que, por supuesto, ¿cómo se iba a negar Rajoy? Y en el que Rodríguez simplemente se limitaría a ver pasar el cadáver de su enemigo cosido a puñaladas –verbales, claro-. Ahora proponen que el debate sea en TVE, pero con la señal en abierto, y que lo modere Lorenzo Milá. Hombre, yo les voy a dar otra idea mejor, que seguro que les gusta: que el debate se celebre en la sede socialista de Ferraz y que lo modere Pepiño Blanco asesorado por María Antonia Iglesias –por si se le olvida alguna pregunta, digo-. Eso sí, con señal para todos para que se vea que el debate es muy plural.

Y como temas para el debate propongo los siguientes: los obispos, los matrimonios gays, la Ley de Igualdad y la situación económica pero sólo hasta el verano de 2007. ¿Para que se va a hablar de terrorismo, modelo de Estado, crisis económica, inmigración, seguridad ciudadana, etcétera, etcétera? Miren, cuando se ponen tantas trabas, y tanta mordaza a los temas sobre los que se debe hablar, es evidente que no se quiere debatir. Rajoy ya ha dicho que está dispuesto a hacerlo hasta debajo de un puente, si fuera preciso, pero siempre que el PSOE no imponga por la fuerza de su mayoría sus criterios. Es un debate a dos, y debe ser equilibrado para los dos. Pero, claro, en igualdad de condiciones Rodríguez –o más que Rodríguez su equipo de campaña- sabe que Rajoy tiene todas las de ganar, y él nada que vender, salvo humo, mentiras y, eso sí, muchas cintas de vídeo.

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Asaltar los cielos, de Roberto Sánchez Ramos “Rivi” en La Nueva España

Posted in Asturias, Cultura, Derechos, Economía, Justicia, Política by reggio on 14 febrero, 2008

«El desarrollo cultural genera desarrollo económico, pero en cambio el desarrollo económico, por sí mismo, no genera desarrollo cultural»

UNESCO. «Nuestra diversidad creativa» (1977).

Hace tiempo que venimos denunciando que en Oviedo hasta el subsuelo público se ha puesto en manos privadas y que sólo el aire está pendiente de privatizar. Pues bien, por lo visto en los últimos días, parece que ya llegó el momento también de privatizar las alturas. Y es que tras la cortina de humo de un falso debate sobre las esencias arquitectónico-artísticas con nuestra ciudad de conejillo de indias asistimos en realidad a la apropiación del espacio público, del paisaje, de las plusvalías y, más allá, de la historia de una ciudad y de los recuerdos de sus habitantes. Todo para apoderarse de unas plusvalías por parte de quienes pretenden aumentar sus ya considerables patrimonios particulares.

La operación de Jovellanos XXI en su doble vertiente (el edificio descontextualizado en Buenavista y el insulto a la razón de las «trillizas» en Jovellanos) está a punto de pasar a constituirse en un monumento a la especulación urbanística, además de un atropello al derecho urbanístico y a la razón. Las urgencias económicas de un gobierno municipal, el del PP, cuyos resultados conoceremos tras las elecciones generales del próximo 9 de marzo, y la complicidad activa de un Gobierno regional en la anterior legislatura -denominado de la izquierda plural- hicieron viable la operación de compra de miles de metros cuadrados de oficinas; rechazadas y puestas en la picota por quienes tienen que utilizarlas, y a los que nadie ha consultado (trabajadores y usuarios) y por las cuales se han abonado cerca de ¡¡60 millones!! de euros de dinero público a una empresa privada, cuando previamente el Ayuntamiento de Oviedo le había entregado a dicha empresa el suelo, de forma totalmente gratuita.

La discusión bizantina entre crecimiento urbanístico en altura o en extensión no es más que un truco en el debate, porque en Oviedo la expansión urbanística se está dando en las dos dimensiones simultáneamente. La última revisión del PGOU supuso, bajo el señuelo de la vivienda protegida, la incorporación de decenas de miles de metros cuadros de suelo rural en los confines del concejo (Colloto, San Claudio, La Manjoya…) e incluso recalificaciones en la misma falda del monte Naranco (Loma del Canto).

Los crecimientos en altura que ahora proliferan (San Lázaro, Teatinos, el Cristo, La Ería…) no hacen sino acompañar la barbarie de las «trillizas» de Calatrava que, a sólo 200 metros del corazón de Vetusta, pretenden alzarse hirientes, atentatorias a la dignidad misma de la ciudadanía ovetense, en unos terrenos hurtados a lo público de forma indecente. ¿Dónde está y dónde estuvo nunca el interés público de esta operación? ¿Cuántos pisos se van a destinar a fines sociales o a servicios públicos? ¿Dónde van a ir ubicados? La respuesta a ambas preguntas es rápida y contundente: en ninguna parte. Se han quedado con todo el bocado de las mejores y más céntricas bolsas de suelo público del municipio.

Pero no termina aquí la película. Si la ciudadanía no reacciona, vendrán nuevos episodios. Algunos, los mismos de siempre, ya están afilando los colmillos ante nuevas oportunidades de atacar suelos públicos, sin respetar siquiera la actividad productiva y los puestos de trabajo que en ellos todavía viven. Si no ponemos coto a la lógica de la acumulación, La Vega será en breve un remedo de Benidorm y el Cristo, de Hong Kong.

Es hora ya de parar los pies a los especuladores. Oviedo City no puede seguir siendo una ciudad sin ley, porque el volumen de la deuda que Gabino de Lorenzo y los suyos han acumulado en las arcas municipales, más el inmenso socavón adicional de la pésima gestión del PP en la expropiación de «Villa Magdalena» pueden hacer que los ovetenses de a pie, los que nos movemos a ras del suelo, la inmensa mayoría, nos quedemos sin poder mirar los cielos de Oviedo nunca más.

No podemos quedarnos para siempre a la sombra de las torres. Entre torres y caballos, Oviedo se parece más a un juego de Monopoly que a un tablero de ajedrez. Es necesario cambiar las reglas del juego o, cuando menos, hacer que se respeten las que hay. La participación vecinal sobre operaciones como la de Jovellanos XXI, La Vega, el Cristo o «Villa Magdalena», por su profundo calado tanto urbanístico como económico y social, es exigible por ley, a través del estudio y pronunciamiento de un órgano no creado por Gabino de Lorenzo, como el Consejo Social de la Ciudad. Es preciso, pues, abrir el debate, acercarlo a los vecinos y vecinas y alejarlo de los tecnócratas pagados de sí mismos y de los asaltacielos que los dirigen. O eso o seguir asistiendo atónitos al festín de los tiburones en nuestro municipio. De esta disyuntiva depende el futuro de la ciudad.

Roberto Sánchez Ramos, portavoz de Asamblea de Ciudadanos por la Izquierda en el Ayuntamiento de Oviedo.

Los trabajadores de Salud y Servicios Sociales rechazan ir al «Calatrava», en Cartas al Director de La Nueva España

Posted in Asturias, Derechos by reggio on 14 febrero, 2008

Los trabajadores y trabajadoras de la Consejería de Salud y Servicios Sanitarios, ante su cercano traslado a las oficinas que tenemos reservadas en el edificio conocido como «Calatrava», en Buenavista, quieren hacer llegar a la opinión pública asturiana su oposición a dicho traslado, en base a las siguientes razones:

Ante todo exigimos ser escuchados, tanto nosotros como nuestros representantes (junta de personal y comité de empresa), algo que hasta ahora no ha sucedido, y eso que esta negociación viene marcada por la ley.

El edificio Calatrava no fue concebido como edificio administrativo, ha sido una decisión posterior; este edificio, y ésta es una opinión extendida entre arquitectos de todo el mundo, está conllevando una serie de medidas posteriores que justifiquen su construcción. Las oficinas de cualquier administración pública han de ser ante todo accesibles a la ciudadanía. El edificio tiene una altura equivalente a 15 pisos, teniendo como único acceso, a disputar entre ciudadanos y empleados públicos, dos ascensores de cuestionado funcionamiento. Las medidas de seguridad y evacuación son a simple vista deficientes, la única escalera existente es la de emergencia, muy estrecha, excesivamente inclinada y con una altura inadecuada para poder posibilitar una evacuación rápida. En caso de necesidad, ¿hay garantía de un 100 por ciento de seguridad?

También queremos reclamar la atención sobre el aspecto más importante de cualquier administración pública, y que en nuestro caso no es una excepción: la atención al público. En la Consejería de Salud se recibe una cantidad importante de visitas diarias de usuarios, por cuestiones relacionadas con programas y vigilancia de la salud, centros y establecimientos sanitarios privados, a la extinta farmacia para solicitar y recoger medicación extranjera, obras y contratación, personal, etcétera. Es evidente que este caudal de personas no podrá ser atendido con comodidad y eficacia en un edificio con las dificultades de acceso del que nos ocupa.

Tenemos miedo, manifestamos nuestro más absoluto desacuerdo y oposición a ser trasladados a un edificio en obras y con una seguridad en entredicho, solicitamos que el traslado se realice a un edificio totalmente adecuado y seguro. Asimismo, pedimos la salida inmediata de los compañeros de las consejerías de Presidencia y Cultura que ya están trabajando en el edificio Calatrava, en malas condiciones, y la declaración de inhábil del edificio Calatrava a efectos administrativos.

Julio Rodríguez y 90 firmas más
Oviedo

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La mar de Oviedo de Pepe Monteserín en La Nueva España

Posted in Asturias, Cultura by reggio on 14 febrero, 2008

Diálogo

La inminente construcción de las «trillizas», donde la desaparecida estación del Vasco, y un rascacielos en mi antiguo Instituto de San Lázaro (ahí estudié PREU), abren varios debates: la edificación en altura para liberar el suelo a costa del cielo; los cambios de planes de ordenación urbana, para liberar dinero a costa también del cielo; las obras monumentales, para entronizar al mismo Dios, y, por último, la importancia de que los edificios dialoguen con su entorno. Acerca de esto último, diría que el «centollo» de Calatrava no dialoga, gana su sitio a codazos. Antes de ejecutar la obra, y amén de que se adapte a las normas, sea útil para su cometido, económica en su realización y agradable a la vista, ¿hay que procurar que dialogue también con su entorno? ¿Sería preferible que los políticos, urbanistas, arquitectos y empresarios dialogaran además con su conciencia?

Mangado
Patxi Mangado diseñó dos rascacielos para el barrio de San Lázaro, o, mejor dicho, uno y pico, que quiere afilar en los pisos superiores para que el creyente vea más cielo; una genialidad inspirada, según dice, en el Rockefeller Center, de Nueva York. En cambio, sus palabras no concuerdan con su maqueta, dos torres prismáticas, ni se parece en nada a la «city beautiful» que menciona, concebida como ciudad autosuficiente, construida sobre cien mil metros cuadrados, que consta de 19 edificios con simbólicos retranqueos y reminiscencias «art déco», situados en torno a una gran plaza, una pista de hielo y un abeto gigantesco. Mangado se inspira más bien en la torre de Teatinos y en las de Otero. Pero, si quiere respetar la luz natural, reducir sombras y abrir la panorámica de la bóveda celeste, está a tiempo de copiar las pirámides de Egipto, o los zigurats de Mesopotamia.

¿Salvador?

Puestos a decir barbaridades, Salvador Pérez cree que «un rascacielos no daña el patrimonio», que «se puede colgar un Velázquez junto a un Picasso»; y es cierto, se hizo hace cuatro años en el Museo del Prado, y también puede volver a descolgarse, pero con criterios como el del arquitecto madrileño, aplicados a la construcción, correríamos el riesgo de dañar ciudad y patrimonio de manera irreversible. No debe colgarse a Kandinsky junto a Vermeer; no debe colgarse «En el asilo», de Augusto Junquera, junto a «Mediodía», de Emilio García Noriega; no deberían construirse las torres de Montenuño (y no lo están, gracias a las normas) al lado de Santa María del Naranco; se pegarían juntas la pirámide de Chichén Itzá y la de Giza; fueron incompatibles la presa de Asuam y el templo de Abu Simbel; no cabe el «centollo» de Calatrava en Buenavista, cojona.

Trillizas

Diría que, de la escuela de Manuel Arboleya o Telesforo Cuevas, el óleo representa la ciudad desde La Manjoya; lo enmarcan en primer plano, con pincelada suelta, magnolios japoneses típicos de La Bolgachina; detrás, el caserío amurallado, con esa armónica disposición de la Catedral (volvió a oscurecer un poco), la parte nueva, estirada de Este a Oeste, en rojos casi rosas y finos grises, acomodada la urbe en torno a un afayadizo y equilibrado modelo humano, en el que se integra todo Dios, con el retablo del Naranco al fondo, en ocres suaves. Impone el ambiente seco, la atmósfera caliginosa y el apático cielo azul, sin paraguas a la vista, ni charcos. Y en el medio del lienzo, tres insolentes y verticales rectángulos blancos, fuera de proporción; el artista, objetor de conciencia, se negó a pintar las «trillizas»; no captó el infeliz que lo que sobra es Oviedo.

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