Reggio’s Weblog

El director del CIS en casa del oráculo, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 10 febrero, 2008

CUADERNO DE MADRID

Lo prometido es deuda. Le dije, amigo toro, que vendría a consultar el oráculo antes de la luna nueva de marzo.

Veo que viene usted acompañado. Le presento al señor Fernando Vallespín, director del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Entonces, vayamos al grano. ¿Quién ganará las elecciones? ¿Cómo? Me había dicho Enric Juliana que veníamos a visitar el oráculo de la plaza Mayor. Que el oráculo era usted: Segador, el toro parlante del bar La Torre del Oro, el toro que lee el pasado y adivina el futuro. Su fama empieza a extenderse por Madrid.

Doctor Vallespín, déjese de puñetas, ¿quién ganará las elecciones? Esa pregunta no se la puedo responder. Los datos de la última encuesta del CIS todavía están en bruto. Y como comprenderá… Era yo quien quería aclarar unas dudas. Vivimos tiempos complejos, amigo Segador. El mundo se ha vuelto líquido, y la sociología, también. Mientras veníamos para acá, le comentaba al señor Juliana el fenómeno Sarkozy en Francia, esa desenfadada exhibición de la biografía personal, la presidencia de la República en formato Facebook, ya sabe, la red de internet en la que tantos adolescentes explican su vida, día a día… ¿Sabe lo que pasa?

¿Qué pasa? Pasa que la política ya no encuadra la vida de la gente como antes. La política es un subsistema más, al que unas veces prestamos atención, y otras, no. Estamos dejando de percibir la política como el marco general de nuestras vidas.

Para que lo sepa amigo toro, aquí, el señor Vallespín es un buen lector de Zygmunt Bauman, maestro de la metáfora social, y del filósofo Peter Sloterdijk, una de las mejores cabezas de Occidente.

Yo soy más clásico. Yo soy de Nietzsche. Y esta, su casa, es la gruta de Zaratustra. Amigo Juliana,guarde las cursivas, sírvase un caldo y déjenos al señor Vallespín y a mí, mano a mano. Doctor Vallespín, de oráculo a oráculo, ¿quién ganará?

Hay que partir de dos datos. A lo largo de la legislatura, el Partido Popular nunca ha logrado colocarse por delante en los sondeos, y el PSOE tampoco ha conseguido una gran ventaja. De ahí se deduce una cierta perspectiva, un cierto horizonte. Pero lo digo con mucha cautela, porque el caldo está espeso.

Lo siento, el gazpacho con comino sólo lo servimos en verano.

No, no… Me refiero al caldo sociológico. Hay un cruce de tendencias de muy distinto signo. Y está el gran interrogante de la economía. Todos los grandes referentes de esta legislatura – la cuestión territorial, el terrorismo y la política social…- están cediendo el paso a la economía. La gente está preocupada por la economía; cada vez más preocupada.

Mala noticia para el Gobierno.

No necesariamente. Mire, ganará las elecciones el partido que sepa ofrecer mayor credibilidad en la gestión de la economía. Y en estos momentos, la percepción que la gente tiene del Gobierno en esta materia no es mala. Por ejemplo, en la confrontación de valoraciones entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro, el nuevo referente económico del Partido Popular, gana Solbes. Piense que, en situaciones complejas como las actuales, las percepciones son muy importantes.

Las percepciones serán importantes, pero también son contradictorias. Según he leído en La Vanguardia,las mujeres son las que tienen una visión más negativa del momento económico y en cambio son las que más apoyan a Zapatero.

Ya le he dicho que el Gobierno no está mal colocado en ese frente. Créame. Más importantes son las percepciones por franjas de edad. Los más preocupados son los sectores más débiles: los jubilados, los pensionistas… La clase media madura sigue siendo el sector social más potente. Un baluarte.

Como sabe, soy un devoto seguidor de Zaratustra…

Claro, el toro era el animal sagrado de los zoroastrianos…

… pero no le quito el ojo al Papa de Roma. ¡Cuánta sabiduría acumulada en Roma! Con su beligerancia antigubernamental, ¿la Iglesia da votos al PSOE o se los quita?

La Iglesia ha querido captar la atención. La Iglesia está preocupada por la secularización de la sociedad, pero lo cierto es que lo religioso vuelve. De otra manera, pero vuelve. Se está viendo en todo el mundo. Al secularizarse la sociedad, la Iglesia se siente minoría y como tal gesticula para ser oída. La sociedad española no es antirreligiosa, ni anticatólica. Pero sí es una sociedad postradicional, en la que cada uno se confecciona las creencias a medida.

¿Y qué cohesiona a esa España postradicional en la que cada uno va a lo suyo?

La fuerza que ha adquirido la ciudadanía democrática. En este aspecto, España se ha acercado muchísimo a Europa. Hay en nosotros un gran apego a la democracia. Se lo digo en serio. La paradoja española es la siguiente: la gente cree mucho en la democracia y a la vez tiende a un cierto apoliticismo. Por eso es tan difícil el vaticinio. Por eso he venido a ver al oráculo. ¿Cómo lo ve usted Segador?

“¿Quién será el más odiado? El que rompa la tabla de valores, el quebrantador, el infractor…”

¿. ..?

Así hablaba Zaratustra.

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Las primarias de la sorpresa, de Carlos Nadal en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 febrero, 2008

WEEK-END POLÍTICO MUNDIAL

Los meses finales de George W. Bush en la Casa Blanca acaban en esto: el aumento inusual en la participación activa del pueblo norteamericano para decidir quién ha de suceder al actual presidente se hace visible en uno de los periodos de elecciones primarias más apasionantes de la historia del país. Algo así como un fin de época. O mejor, el deseo de que nazca otra nueva. No parece que se trate de reponer la vitalidad del sueño americano, sino de la necesidad de devolver a la gobernación de Estados Unidos, con dignidad, el papel destacado que le corresponde, después de un fatigante, demasiado largo tiempo de errores y falsas invocaciones al patriotismo para acabar mostrando una de las caras más engañosas y decepcionantes del país.

Que ocurra así en las primarias en curso adquiere carácter de símbolo en el hecho de que el interés de la contienda se haya centrado en dos personas cuya condición de presidenciables hubiera sido impensable hace cinco, diez años: una mujer y un negro. Hillary Clinton y Barack Obama. Que los dos aspirantes a candidato se postulen para serlo por el mismo partido, el Demócrata, tiene también su carga simbólica. Centra la capacidad de apasionar en la fuerza política que ha constituido la oposición a Bush. Hasta el punto de que casi la liza se dirime entre quien aparezca más o menos situado en las antípodas político-ideológicas del actual inquilino de la Casa Blanca. Cada uno con su propio mensaje. Los años del mandato de Bush y el predominio de los neocons han provocado así de la manera más clara y manifiesta el rechazo del inmediato pasado. Querer colocar a una mujer o un negro en la Casa Blanca muestra la voluntad de marcar en la historia de Estados Unidos un hito muy visible. E indica un cambio de mentalidad sustancial.

Sucedió con Kennedy, el primer – y único- presidente católico. Pero ahora la posibilidad tan previsible de que una mujer o un afroamericano lleguen a la presidencia abre al futuro la necesidad de repensar qué es EE. UU., el gigante que se encuentra al borde de la recesión económica, enfangado en compromisos militares no precisamente brillantes, con cifras alarmantes de déficit y endeudamiento, cogido en la red de la economía de mercado global y sin límites que él mismo contribuyó a imponer como un dogma. Y que ha sido bien aprendido por otros. ¿Gigante de pies de barro? Nada más susceptible de conducir a juicios excesivamente condicionados.

Algo ha fallado. Pero no debe olvidarse que es una sociedad en proceso rápido de transformación. El año pasado alcanzó los 300 millones de habitantes. Es constante receptáculo de inmigrantes de la más heterogénea procedencia. También una sociedad dinámica que en estas primarias demuestra no resignarse. Un sinfín de cálculos cruzados indica que Hillary Clinton recibe mayoritariamente la adhesión de las clases trabajadoras y menos pudientes, de un sector importante de la población femenina, de la inmigración hispana y oriental. Oen qué medida los blancos repartirán sus preferencias. Mientras, se acentúa la adhesión a Obama de gente de estudios superiores o de negros. Aunque mucho queda por delante para aventurar conclusiones fiables. Pero lo más estimulante es que la juventud parece estar movilizándose, interesándose. Las encuestas cifran en un 20 por ciento los jóvenes entre 18 y 29 años del cuerpo electoral. Son unos 43 millones, procedentes en un porcentaje elevadísimo de la inmigración. Basta saberlo para entender lo que ocurre.

Las primarias tienen connotaciones paleodemocráticas, como otros aspectos del sistema electoral norteamericano. Pero en ellas, en su formulación abierta y en lo que tienen de informal, radica uno de los más profundos secretos de la vitalidad política de Estados Unidos. Es verdad que las primarias pueden dar pie a todo lo contrario. Constituir un formulario recurso débilmente participativo. Sin embargo, en determinados momentos cruciales como en este año se convierten en conductos por donde darle al sistema democrático un aire de colectiva apuesta por la renovación. Atrae entonces la sensación de que entra vino nuevo en odres viejos. De que la más antigua democracia del mundo no ha entrado en esclerosis. Sería ingenuo creer que esto es todo. Lo sería igualmente, sin embargo, desmerecer escépticamente lo que hay de auténtico y espontáneo en la gran fiesta nacional de las primarias.

Hay una infinidad de conjeturas sobre si lo que importa es más la capacidad de seducir que la de convencer; si representa mayormente el cambio Obama que Hillary Clinton. ¿Obama es más libre, sinceramente renovador? ¿Hillary Clinton está más ligada a los vicios políticos de Washington pero también es más experimentada? De alguna manera – posiblemente con cierta ligereza- esto pasa a segundo término. Cuenta la vibración de los caucus,al parecer el convencimiento muy extendido entre los norteamericanos de que el pase de página ha de hacerse sentir. Y el debate entre los dos candidatos demócratas apasiona precisamente porque responden a este deseo. En definitiva, dos opciones creíbles de que se puede cumplir un cambio de fondo en la política norteamericana.

¿En qué medida esto está presente en el bando republicano? El bullicio de las primarias demócratas, la tensión de sus dos insólitas ofertas en pugna, apaga – a lo mejor excesivamente- el interés de las republicanas. En las cuales no conviene desperdiciar el seguro y sólido paso a primer plano del senador McCain, un setentón con suficiente crédito para ser escogido por la población conservadora, ultraconservadora o simplemente neutra o independiente como amparo donde acogerse en los tiempos difíciles que Bush dejará a su sucesor. Porque también él es, a su manera, la antítesis del presidente actual.

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Mejor ‘Billary’ en mano que ‘Obambi’ volando, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 10 febrero, 2008

CARTA DEL DIRECTOR

Como es evidente que nada de lo que se escriba en la prensa española -o de cualquier otro lugar del mundo, excepto los propios Estados Unidos- va a tener la menor influencia en el desenlace de ese admirable y envidiable proceso ombliguista que son las primarias norteamericanas, no me duelen prendas en proporcionar una pequeña pistola humeante a quienes sostienen que la candidatura de Hillary Clinton no es sino la suma de la ambición insaciable y el sueño dinástico compartidos con su marido; y por ende una burla encubierta a la prohibición constitucional de volver a la Casa Blanca que ambos ya ocuparon entre el 92 y el 2000.

No aludo a ningún testimonio de referencia, ni a ningún documento perdido en los agujeros negros de la memoria, sino a lo que escucharon mis oídos cuando hace poco menos de tres años tuve la suerte de que me sentaran a la derecha de Bill Clinton durante una cena organizada por uno de sus mejores amigos españoles en la localidad mallorquina de Calviá. Dando por buenos los cada vez más insistentes rumores de que su mujer sería candidata a las primarias y refiriéndose a la formidable maquinaria de propaganda que los republicanos activan cada vez que llegan unas elecciones presidenciales, lo que me dijo no pudo ser más elocuente: «Les ganamos ya dos veces y podemos volver a ganarles una tercera».

Con mucho menos que esa primera persona del plural ante un testigo directo se han escrito capítulos enteros de libros dedicados a desvelar el supuesto pacto secreto que habría impulsado hace 30 años a la brillante y prometedora abogada Hillary Rodham a dejar el confort y las excitantes oportunidades de Washington para seguir a su novio Bill Clinton al atrasado estado de Arkansas, casarse con él y convertirse en su mejor agente electoral.

Concretamente en el publicado el año pasado por los periodistas de The New York Times Jeff Gerth y Don Van Natta Jr. (Her Way: The Hopes and Ambitions of Hillary Rodham Clinton) se mantiene que ambos planearon meticulosamente el asalto a la Casa Blanca, que lo bautizaron como «un proyecto para 20 años» y que así queda acreditado en una carta de Hillary que asegura haber visto una ex novia de Bill. La guinda del pastel es que, según un historiador amigo de los Clinton, el pacto secreto habría incluido el reparto de ocho años de Presidencia para él y otros ocho para ella.

¿Bueno, y qué?, venía a preguntarse el crítico de The New York Review of Books Michael Tomasky, pasando incluso poco menos que por alto el hecho de que el historiador en cuestión hubiera desmentido el dato al verlo publicado: «Apostaría a que un elevado porcentaje de los 435 miembros de la Cámara de Representantes, los 100 senadores y los 50 gobernadores comparten hoy en día ambiciones parecidas con sus esposas». O lo que es lo mismo, de ilusión también se vive. Sólo falta cumplimentar un pequeño detalle que a menudo soslayan los virulentos críticos del matrimonio Clinton: para llegar a la Presidencia hay que conseguir que los votantes te elijan.

Lo único verdaderamente chocante no es, pues, que dos personas inteligentes compartan una misma pasión por la vida pública y aspiren a alcanzar en ella las cimas más altas, sino la secreción adicional de antipatía y bilis que a sus adversarios políticos parece producirles el hecho de que formen pareja. La misma derecha republicana que consideraba de lo más natural que la Presidencia de Bush padre diera paso al cabo de ocho años de intervalo a la de Bush hijo, encuentra ahora tan insoportable que la esposa pueda ocupar tras un lapso equivalente el cargo que ocupó el marido que ha inventado una especie de monstruo hermafrodita bautizado como Billary cuya avidez de poder termina siendo el compendio de todos los males imaginables.

Además de unas grandes dosis de machismo, esa intensa campaña de desprestigio personal enraizada en los escándalos inventados o sacados de quicio del pasado (Whitewater, Lewinsky) denota el pánico que el bien organizado movimiento conservador norteamericano siente ante un nuevo triunfo del pragmatismo centrista que representa el clintonismo. De ahí el paradójico entusiasmo con que desde esa derecha dura se ha visto la meteórica irrupción en escena de un Barack Obama posicionado a la izquierda de Hillary Clinton, no tanto porque su plataforma ideológica -de momento bastante gaseosa- sea muy distinta, sino porque encarna un viento de cambio mucho más radical.

Cualquiera diría que a una parte importante de los republicanos les ha producido mucha más satisfacción este pasado supermartes ver cómo la detestada antagonista las pasaba canutas para mantener la delantera sobre el explosivo senador de Illinois, que contemplar cómo se decantaban rotundamente sus propias primarias a favor del moderado McCain, pese a que esto implica disponer de varios meses de ventaja para preparar el asalto a la Casa Blanca.

Lo que se dilucida no es si el electorado norteamericano está más dispuesto a elegir por primera vez a una mujer o a un negro, sino cómo se gestionará la árdua tarea de rediseñar el liderazgo global de los Estados Unidos tras el desastre de la era Bush, una vez que el último aspirante que podía representar una opción continuista -Mitt Romney- ha tenido que tirar la toalla tras sus sucesivos descalabros. Aunque los ultraconservadores están que trinan por la tibieza de McCain en algunos de los asuntos prioritarios de su agenda de agitación mediática -la columnista Ann Coulter ha llegado a escribir que «lo más apropiado» habría sido que McCain hubiera recibido el apoyo del también moderado gobernador Schwarzenegger «delante de una clínica abortista»-, los portavoces más sensatos del Great Old Party se frotan las manos ante la hace unas semanas inesperada perspectiva de que sean los propios republicanos los que tengan la oportunidad de recomponer sus estropicios.

Cuanto más dure la agónica pugna entre los dos aspirantes demócratas, mejor para ellos. Y si al final, el vencedor es Obama, pues miel sobre hojuelas. Sus dedos ya se les hacen huéspedes sólo de imaginar cómo el veterano ex combatiente de Vietnam que tantas veces ha demostrado hablar claro a la América profunda sin meterse en las honduras de las fantasías neocon puede comerse con patatas al tierno cervatillo al que nadie ha tocado aún ni un botón de la camisa y al que la malvada Maureen Dowd ha bautizado como Obambi.

No es sólo el mote sino también su gran capacidad de comunicación, su atractivo perfil mediático al servicio de un discurso muy superficial e incluso propuestas como la de dirimir las grandes cuestiones internacionales a través de una especie de Conferencia Mundial entre las democracias occidentales y los países musulmanes lo que acerca la figura de Barack Obama a la de Zapatero. Al presidente español eso le gusta y su cuento de la lechera viene a ser algo así como: yo gano ahora en marzo, el negrito gana en noviembre y yo llego a la Casa Blanca pisando fuerte y con la Alianza de Civilizaciones como estandarte.

Ya que en una de las poquísimas cosas en las que me ha hecho caso durante esta legislatura ha sido al seguir el consejo de acercarse a Bill Clinton -Talk to him, se titulaba el artículo que escribí aquel 2005-, yo ahora le diría a Zapatero que más vale Hillary en mano que Obama volando. Con el ex presidente ha logrado establecer una relación tan buena como la que tuvo Aznar -¡qué tiempos aquellos en los que el líder del PP coprotagonizaba con Clinton y Blair la llamada tercera vía!- y como la que tendría Rajoy si llegara a La Moncloa. Clinton se adapta a todas las circunstancias y hace unos días, después de haber disculpado como pecados veniales el desplante a su bandera e incluso la abrupta retirada de nuestras tropas de Irak, declaró al corresponsal de EL MUNDO en Estados Unidos Carlos Fresneda que su esposa estaría encantada de servir de anfitriona a Zapatero en Washington.

No sería una colega en la causa del buenismo planetario, pero a cambio podría contagiarle algo de su probada capacidad de alcanzar compromisos y consensos, de acuerdo con la ya legendaria técnica de la «triangulación» atribuida a los Clinton, básicamente consistente en identificar los problemas en los que el adversario pone el foco electoral y adelantarse ofreciendo soluciones y respuestas moderadas que los van desactivando. Es por ese pragmatismo -identificado a veces como rendición ideológica al credo neocon-, que llevó a Hillary a votar a favor de la resolución del Senado que respaldó la invasión de Irak, por lo que los activistas demócratas más jóvenes quieren ahora pasar factura a la pareja. No queremos más de lo mismo, queremos algo nuevo, queremos a Obama.

Y, sin embargo, lo único que tiene de nuevo este Obama es su nombre, su rostro y su singular biografía de afro-norteamericano hijo de musulmán y criado en Indonesia. Porque, por lo demás, cada cuatro años en el Partido Demócrata siempre ha irrumpido en escena como mínimo un Obama, es decir un candidato inesperado, surgido no se sabe muy bien de dónde, que a base de carisma personal se presenta como alternativa al stablishment y, apoyado en el entusiasmo de los campus universitarios, alimenta el mito de que cualquiera que tenga méritos -y logre recaudar el dinero suficiente- puede llegar a presidente de los Estados Unidos. Atractivos Obamas que se quedaron por el camino han sido John Edwards, Howard Dean, Bill Bradley, Gary Hart, Eugene Mc Carthy, Jesse Jackson o -aunque su caso fuera distinto- el malogrado Robert Kennedy, tal vez el más parecido al novato senador de Illinois en su ardiente retórica y capacidad de movilizar a los jóvenes.

En dos ocasiones el Obama de turno logró llegar a la Casa Blanca: Jimmy Carter en el 76 tras el trauma de Watergate y el propio Clinton en el 92. Pero aunque se tratara de gobernadores de estados relativamente pequeños -Georgia y Arkansas- ambos tenían ya cierta experiencia en la gestión, cosa que no sucede en absoluto con Barack Obama. Carter terminó siendo uno de los peores presidentes del siglo XX y Clinton uno de los mejores, lo cual implica que es imposible catar los melones antes de abrirlos. Por eso lo que tendrán que decidir durante las próximas semanas los votantes demócratas de media docena de estados clave es si prefieren lanzar una moneda al aire o aferrarse a un valor seguro tanto en sus pros como en sus contras.

Este Obama tiene importantes factores a su favor como el radicalismo engendrado por las frustraciones de los ocho años de presidencia de Bush Jr o la fuerza amplificadora de internet que a punto estuvo de otorgar ya hace cuatro años la nominación a Dean. En un reciente mitin en Nueva York Robert de Niro presentó su bisoñez como un activo: «Es lo suficientemente inexperto como para no permitir que los grupos de presión dirijan el Gobierno». Incluso una revista de jóvenes de tendencia evangélica presentó hace poco una encuesta según la cual Obama sería el candidato por el que habría votado Jesucristo.

Su gran espaldarazo ha llegado con el apoyo de la familia Kennedy, que ha depositado en sus manos la antorcha simbólica que, según el legendario Discurso Inaugural de 1961 -hace bien poco glosado y prologado por éste su seguro servidor-, debe pasar cada equis tiempo de una generación a otra. Pero al margen de que ya he dicho que se podrían encontrar más paralelismos con el impulsivo Bobby que con el astuto Jack, en este respaldo no deja de haber una trastienda mezquina que tiene mucho que ver con el deseo de los Kennedy de que no sean los Clinton quienes se queden ante el país y ante la Historia con la herencia de Camelot.

Al parecer el detonante de la decisión fueron los elogios dirigidos por un colaborador de Hillary a la memoria de Lyndon Johnson como artífice de la legislación sobre derechos civiles que acabó en los 60 con la discriminación racial. Para los Kennedy fue un pretexto perfecto. Atribuir al detestado «usurpador», aquel grosero tejano que se jactaba de mear más lejos que nadie en el jardín de la Casa Blanca, el mérito de lo que había sido diseñado y anunciado por el presidente asesinado era un pecado de lesa majestad. Hillary se dio cuenta pero cuando llamó a Edward Kennedy para disculparse se encontró con un muro de hielo. ¿Cómo no ver en la actitud del senador por Massachussets el propósito de impedir que los Clinton consumen, pese al caso Lewinsky, la continuidad dinástica dentro del progresismo norteamericano que lo ocurrido en Chappaquidick le impidió a él mismo protagonizar?

Obama cabalga ahora a lomos de su momentum electoral y la subida a bordo de nuevos financiadores y compañeros de viaje no deja de incrementar el efecto bandwagon del que se beneficia, pero hay ya suficientes indicios como para temer que el soufflé mediático empezaría a desinflarse en el caso de que obtuviera la nominación. Sin llegar a los extremos de quienes desde la izquierda inteligente le presentan como una especie de Lady Di de la política norteamericana y equiparan con buen tino su videoclip Yes we can con el Candle in the win de Elton John, no es aventurado pensar que su desconocimiento de la mayoría de los asuntos importantes, sus contradicciones ideológicas, su ascendencia musulmana e incluso sus coqueteos juveniles con el incendiario predicador negro Jeremiah Wright le harán presa fácil de la máquina de picar carne republicana.

A su lado McCain emergerá como un estadista realista y consistente y lo más probable es que sus 72 años se conviertan en un mal menor frente a un rival al que siempre le faltará un hervor. Incluso si saliera airoso de esa prueba, un Obama presidente de los Estados Unidos supondría una caja de sorpresas en un tiempo histórico con poco margen para experimentos y equivocaciones.

En cambio la nominación de Hillary, con su larga experiencia en pro de la reforma de la SeguridadSocial, con sus seis años de brega en los comités de mayor trascendencia y responsabilidad del Senado, con su probada sensibilidad en defensa de los derechos de las minorías -en especial de la hispana-, con su demostrada capacidad de hacer frente con entereza a todas las miserias de la vida pública, con su enorme proyección internacional… y la garantía del respaldo y la implicación de Bill Clinton como superconsejero y embajador especial, abriría la puerta no sólo a la histórica llegada de una mujer a la Casa Blanca, sino también a un reequilibrio de la política norteamericana y a una espectacular mejora de las relaciones transatlánticas, sin que ello suponga ni un salto en el vacío ni un viaje a lo desconocido. ¡Quién pudiera votar este año en los Estados Unidos!

pedroj.ramirez@el-mundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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PSOE y PP siguen en tablas pese a la crisis económica, la carta de los obispos y el ‘caso Gallardón’, de Marisa Cruz en El Mundo

Posted in Política by reggio on 10 febrero, 2008

SONDEO EL MUNDO-SIGMA DOS (I)

Los socialistas conseguirían una apretadísima victoria electoral con sólo 2,6 puntos de ventaja sobre los ‘populares’

 Crece la intención de votar al partido de Rajoy entre los más jóvenes

El PSOE y el PP siguen encerrados en el cuadrilátero del empate técnico cuando ya sólo falta un mes para la celebración de las elecciones generales. Ninguno de los dos partidos registra cambios sustanciales en intención de voto pese a que en las últimas semanas se han producido acontecimientos políticos y económicos de gran relevancia.

Según el sondeo realizado por Sigma Dos para EL MUNDO con 1.000 entrevistas telefónicas hechas entre el 4 y el 7 de febrero, el Partido Socialista lograría un 41,8% del voto, en tanto que el Partido Popular acapararía el 39,2%.

En definitiva, la ventaja del PSOE sobre el PP sería de 2,6 puntos, sólo una décima superior a la que se registraba en la última encuesta de este periódico, publicada en la primera semana de enero.

Los datos perfilan por tanto un Parlamento bipolar y prácticamente simétrico, en el que la diferencia de escaños entre los dos grandes partidos será muy pequeña.

Ni la lluvia de promesas electorales de la precampaña, ni los malos datos económicos que parecen vaticinar una etapa de vacas flacas, ni la polémica suscitada por el pronunciamiento político de los obispos, ni la decisión de excluir al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, de las listas del PP al Congreso de los Diputados, ni tampoco el reconocimiento del presidente del Gobierno de que hubo contactos con ETA después del atentado mortal de la T-4 parecen haber hecho la más mínima mella en la intención de los españoles por votar a uno u otro partido.

Respecto a la encuesta de enero realizada por EL MUNDO, el PSOE ha perdido en las últimas cuatro semanas una décima en intención de voto, en tanto que el PP se ha dejado en el camino dos.

El sondeo parece indicar que los electores ya han elegido el color de su papeleta y que lo han hecho en función del debe y del haber que cada uno de los dos grandes partidos ha acumulado a lo largo de la legislatura -los socialistas al frente del Gobierno y los populares encabezando la oposición-, y no cambiarán su decisión en función de las ofertas y avatares de campaña.

Esta premisa es positiva en opinión del PSOE, que en los últimos meses siempre ha defendido que los ciudadanos deben acudir a las urnas valorando esencialmente la gestión y la actitud de unos y de otros en los últimos cuatro años y teniendo en cuenta que dicho bagaje será el que marque la actuación de Gobierno y oposición con vistas al próximo periodo. Sin duda tras este mensaje se oculta el temor de los socialistas a que el goteo de datos económicos oscurezca cuatro años de bonanza y provoque un vuelco en el voto.

En cualquier caso, el resultado que perfila este sondeo queda lejos de la foto finish que surgió de las elecciones de marzo de 2004 con una ventaja de los socialistas sobre los populares de 4,9 puntos.

En el análisis del voto por edades es donde se registran los movimientos más interesantes. Respecto a la encuesta de enero, el PSOE pierde 0,4 puntos en la franja de electores más jóvenes (entre 18 y 29 años) y otro tanto entre los que tienen entre 30 y 44 años. También registra un descenso de 0,3 puntos en la intención de voto de los mayores de 65. Por el contrario, gana 1,1 entre los votantes de 45 a 64 años de edad.

En sentido contrario, los populares remontan de forma importante (3,4) entre los electores de 18 a 29 años. Ganan (1,5) entre los mayores de 65. Sin embargo, pierden intención de voto en las franjas centrales de edad, es decir, entre 30 y 44 años (2,4), y entre 45 y 64 años (2,8).

De esta manera, el Partido Socialista obtiene sus mejores pronósticos entre los votantes situados entre los 45 y 64 años (44% de intención de voto), en tanto que el PP lograría su mejor cosecha entre los electores de más de 65 años (47,3%).

Estos datos inducen a pensar que el PSOE no está logrando atraer masivamente como pretendía a los 1,7 millones de jóvenes que tendrán derecho a voto por primera vez en las elecciones del 9-M.

En cuanto al sexo, la encuesta refleja que las mujeres siguen decantándose por los socialistas (44,8%) frente a los populares (38,9%). Los hombres, por su parte, se reparten más igualitariamente entre los dos partidos. Un 38,9% opta por el PSOE y un 39,4% elige al PP.

El sondeo también pone de manifiesto que la fidelidad electoral es un atributo que adorna especialmente a los votantes del Partido Popular.

Así, un 84% de quienes eligieron la papeleta del PP en las elecciones generales de marzo de 2004 se muestra dispuesto a volver a depositar su confianza en este partido el próximo 9-M. No obstante, este porcentaje es 1,4 puntos más bajo que el que se registró en la encuesta publicada por EL MUNDO en la primera semana de enero.

Por lo que se refiere al PSOE, un 80,8% de quienes les votaron en 2004 confiesa que volverá a elegir el logotipo del puño y la rosa. El partido que lidera José Luis Rodríguez Zapatero consigue mejorar el índice de fidelidad de sus votantes en un 1,1% respecto al nivel logrado hace un mes.

La mayor fidelidad de los votantes del PP viene a demostrar que este partido tiene menos problemas que el PSOE a la hora de movilizar a sus propios simpatizantes.

Tradicionalmente, los socialistas tienen en la abstención y en la apatía de sus votantes naturales a uno de sus peores enemigos electorales.

El bipartidismo político es, desde luego, una realidad incuestionable. Las demás formaciones juegan con bolsas de votantes pequeñas y cosecharán resultados bastante parecidos a los que lograron en las elecciones de marzo de 2004.

Los cambios más importantes, según la encuesta de Sigma Dos, afectarán a los independentistas catalanes de ERC. Si hace cuatro años lograron un 2,5% del total de votos, en la cita con las urnas del mes que viene descenderán hasta situarse en el 2,1%. En su caso, el recorte es significativo, ya que para ellos cuatro décimas significan prácticamente el 20% de sus votos.

En el caso de Izquierda Unida, la tercera fuerza política del panorama nacional a muchísima distancia de PP y PSOE, el sondeo de EL MUNDO ofrece una mejoría de dos décimas respecto a los resultados que cosechó hace cuatro años. En marzo de 2004, IU logró el 5% de los votos y para el próximo 9 de marzo se le pronostica un 5,2%.

Por lo que se refiere a los dos mayores fuerzas políticas de carácter nacionalista -PNV y CiU-, la encuesta ofrece resultados idénticos a los que lograron en las pasadas elecciones. Los nacionalistas vascos se mantendrán con un 1,6% del total de votos, en tanto que los nacionalistas catalanes conservarán el 3,2%.

Hace apenas un mes, el sondeo de Sigma Dos para este periódico arrojaba dos décimas más para CiU y una menos para el PNV.

MADRID.- El PSOE y el PP siguen encerrados en el cuadrilátero del empate técnico cuando ya sólo falta un mes para la celebración de las elecciones generales. Ninguno de los dos partidos registra cambios sustanciales en intención de voto pese a que en las últimas semanas se han producido acontecimientos políticos y económicos de gran relevancia.

Según el sondeo realizado por Sigma Dos para EL MUNDO con 1.000 entrevistas telefónicas hechas entre el 4 y el 7 de febrero, el Partido Socialista lograría un 41,8% del voto, en tanto que el Partido Popular acapararía el 39,2%.

En definitiva, la ventaja del PSOE sobre el PP sería de 2,6 puntos, sólo una décima superior a la que se registraba en la última encuesta de este periódico, publicada en la primera semana de enero.

Los datos perfilan por tanto un Parlamento bipolar y prácticamente simétrico, en el que la diferencia de escaños entre los dos grandes partidos será muy pequeña.

Ni la lluvia de promesas electorales de la precampaña, ni los malos datos económicos que parecen vaticinar una etapa de vacas flacas, ni la polémica suscitada por el pronunciamiento político de los obispos, ni la decisión de excluir al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, de las listas del PP al Congreso de los Diputados, ni tampoco el reconocimiento del presidente del Gobierno de que hubo contactos con ETA después del atentado mortal de la T-4 parecen haber hecho la más mínima mella en la intención de los españoles por votar a uno u otro partido.

Respecto a la encuesta de enero realizada por EL MUNDO, el PSOE ha perdido en las últimas cuatro semanas una décima en intención de voto, en tanto que el PP se ha dejado en el camino dos.

El sondeo parece indicar que los electores ya han elegido el color de su papeleta y que lo han hecho en función del debe y del haber que cada uno de los dos grandes partidos ha acumulado a lo largo de la legislatura -los socialistas al frente del Gobierno y los populares encabezando la oposición-, y no cambiarán su decisión en función de las ofertas y avatares de campaña.

Esta premisa es positiva en opinión del PSOE, que en los últimos meses siempre ha defendido que los ciudadanos deben acudir a las urnas valorando esencialmente la gestión y la actitud de unos y de otros en los últimos cuatro años y teniendo en cuenta que dicho bagaje será el que marque la actuación de Gobierno y oposición con vistas al próximo periodo. Sin duda tras este mensaje se oculta el temor de los socialistas a que el goteo de datos económicos oscurezca cuatro años de bonanza y provoque un vuelco en el voto.

En cualquier caso, el resultado que perfila este sondeo queda lejos de la foto finish que surgió de las elecciones de marzo de 2004, con una ventaja de los socialistas sobre los populares de 4,9 puntos.

En el análisis del voto por edades es donde se registran los movimientos más interesantes. Respecto a la encuesta de enero, el PSOE pierde 0,4 puntos en la franja de electores más jóvenes (entre 18 y 29 años) y otro tanto entre los que tienen entre 30 y 44 años. También registra un descenso de 0,3 puntos en la intención de voto de los mayores de 65. Por el contrario, gana 1,1 entre los votantes de 45 a 64 años de edad.

En sentido contrario, los populares remontan de forma importante (3,4) entre los electores de 18 a 29 años. Ganan (1,5) entre los mayores de 65. Sin embargo, pierden intención de voto en las franjas centrales de edad, es decir, entre 30 y 44 años (2,4), y entre 45 y 64 años (2,8).

De esta manera, el Partido Socialista obtiene sus mejores pronósticos entre los votantes situados entre los 45 y 64 años (44% de intención de voto), en tanto que el PP lograría su mejor cosecha entre los electores de más de 65 años (47,3%).

Estos datos inducen a pensar que el PSOE no está logrando atraer masivamente como pretendía a los 1,7 millones de jóvenes que tendrán derecho a voto por primera vez en las elecciones del 9-M.

En cuanto al sexo, la encuesta refleja que las mujeres siguen decantándose por los socialistas (44,8%) frente a los populares (38,9%). Los hombres, por su parte, se reparten más igualitariamente entre los dos partidos. Un 38,9% opta por el PSOE y un 39,4% elige al PP.

El sondeo también pone de manifiesto que la fidelidad electoral es un atributo que adorna especialmente a los votantes del Partido Popular.

Así, un 84% de quienes eligieron la papeleta del PP en las elecciones generales de marzo de 2004 se muestra dispuesto a volver a depositar su confianza en este partido el próximo 9-M. No obstante, este porcentaje es 1,4 puntos más bajo que el que se registró en la encuesta publicada por EL MUNDO en la primera semana de enero.

Por lo que se refiere al PSOE, un 80,8% de quienes les votaron en 2004 confiesa que volverá a elegir el logotipo del puño y la rosa. El partido que lidera José Luis Rodríguez Zapatero consigue mejorar el índice de fidelidad de sus votantes en un 1,1% respecto al nivel logrado hace un mes.

La mayor fidelidad de los votantes del PP viene a demostrar que este partido tiene menos problemas que el PSOE a la hora de movilizar a sus propios simpatizantes.

Tradicionalmente, los socialistas tienen en la abstención y en la apatía de sus votantes naturales a uno de sus peores enemigos electorales.

El bipartidismo político es, desde luego, una realidad incuestionable. Las demás formaciones juegan con bolsas de votantes pequeñas y cosecharán resultados bastante parecidos a los que lograron en las elecciones de marzo de 2004.

Los cambios más importantes, según la encuesta de Sigma Dos, afectarán a los independentistas catalanes de ERC. Si hace cuatro años lograron un 2,5% del total de votos, en la cita con las urnas del mes que viene descenderán hasta situarse en el 2,1%. En su caso, el recorte es significativo, ya que para ellos cuatro décimas significan prácticamente el 20% de sus votos.

En el caso de Izquierda Unida, la tercera fuerza política del panorama nacional a muchísima distancia de PP y PSOE, el sondeo de EL MUNDO ofrece una mejoría de dos décimas respecto a los resultados que cosechó hace cuatro años. En marzo de 2004, IU logró el 5% de los votos y para el próximo 9 de marzo se le pronostica un 5,2%.

Por lo que se refiere a los dos mayores fuerzas políticas de carácter nacionalista -PNV y CiU-, la encuesta ofrece resultados idénticos a los que lograron en las pasadas elecciones. Los nacionalistas vascos se mantendrán con un 1,6% del total de votos, en tanto que los nacionalistas catalanes conservarán el 3,2%.

Hace apenas un mes, el sondeo de Sigma Dos para este periódico arrojaba dos décimas más para CiU y una menos para el PNV.

© Mundinteractivos, S.A.

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Otra vez a la sombra de Marx, de J. Bradford DeLong en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 10 febrero, 2008

Hace siglo y medio, Karl Marx predecía que el capitalismo moderno sería incapaz de producir una distribución de la renta aceptable. La riqueza crecería, pero beneficiaría a unos pocos, no a la mayoría, y esta injusticia provocaría revueltas y revoluciones, las cuales tendrían como consecuencia un sistema nuevo, mejor, más justo, más equitativo y mucho más igualitario.

Desde entonces, los economistas convencionales se han ganado la vida explicando por qué Marx se equivocaba. Sí, el trauma del desequilibrio inicial de la revolución industrial estuvo y está asociado con un rápido aumento de la desigualdad, a medida que se abren oportunidades para la agresividad y el espíritu emprendedor, y el precio de mercado exigido por unas aptitudes escasas y esenciales se pone por las nubes.

Pero esto era -o se suponía que era- transitorio. Una sociedad agrícola tecnológicamente estancada está destinada a ser extremadamente desigual: mediante la fuerza y el fraude, la clase alta hace bajar el nivel de vida de los campesinos hasta reducirlo a la mera subsistencia y se queda con el excedente en forma de renta sobre la tierra que controla. Las elevadas rentas pagadas a los terratenientes nobles aumentan la riqueza y el poder de éstos, al proporcionarles recursos para mantener controlados a los campesinos e incrementar su excedente.

Los economistas convencionales sostienen en cambio que una sociedad industrial tecnológicamente avanzada tenía por fuerza que ser diferente. En primer lugar, los recursos esenciales que alcanzan precios elevados y, por lo tanto, producen riqueza no son fijos, como la tierra, sino variables: la capacidad de los trabajadores cualificados y de los técnicos, la energía y la experiencia de los emprendedores, y las máquinas y los edificios son cosas que pueden multiplicarse. En consecuencia, los precios elevados de los recursos escasos no conducen a juegos políticos de transferencia de suma cero o suma negativa, sino a juegos económicos de suma positiva basados en la formación de más trabajadores cualificados y técnicos, en el apoyo a más emprendedores y administradores, y en la inversión en más máquinas y edificios.

En segundo lugar, la política democrática equilibra el mercado. El Estado educa e invierte, con lo que aumenta la oferta y reduce la prima obtenida por los trabajadores cualificados. Además proporciona seguridad social mediante la imposición de tributos a los ricos y la redistribución de beneficios a los menos afortunados. El economista Simon Kuznets planteaba la existencia de un aumento de la desigualdad con la industrialización, seguido de un descenso a niveles socialdemócratas.

Pero, en la pasada generación, la confianza en la curva de Kuznets ha desaparecido. Los Gobiernos socialdemócratas se han mantenido a la defensiva contra los que afirman que redistribuir la riqueza supone un alto coste para el crecimiento económico, y se han mostrado incapaces de convencer a los electores de que financien otra ampliación masiva de la enseñanza superior. En el lado de la oferta privada, el aumento de los beneficios no ha fomentado más inversión en las personas, y el aumento de las remuneraciones en la cúspide cada vez más angosta de la distribución de la renta no han fomentado en el mercado empresarial la competencia necesaria para erosionar esa cúspide.

Así, los pilares de los poderes establecidos se parecen cada vez más a críticos estridentes. Tomemos el ejemplo de Martin Wolf, columnista de The Financial Times. No hace mucho, Wolf vilipendiaba a los grandes bancos por considerarlos un sector con “talento para privatizar los beneficios y socializar las pérdidas”, algo que, teme él, podría destruir “la legitimidad política de la economía de mercado”.

Para Wolf, la solución radica en exigir que a los directivos bancarios se les pague a plazos a lo largo de la década posterior a aquella en la que hayan efectuado su trabajo. De ese modo, accionistas e inversores podrían juzgar como es debido si el asesoramiento dado y las inversiones realizadas son realmente sensatas, y no un mero reflejo del entusiasmo del momento.

Pero el problema no se limita a las altas finanzas. La pega es la incapacidad más general de la competencia de mercado para generar proveedores alternativos y rebajar las fortunas que nuestra actual generación de príncipes mercantiles exige por su trabajo.

J. Bradford DeLong es catedrático de Economía de la Universidad de California en Berkeley y ex secretario del Tesoro de EE UU.

© Project Syndicate, 2008.

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Candidatos, de Manuel Vicent en El País

Posted in Política by reggio on 10 febrero, 2008

Cándido en latín significa blanco: de ese vocablo se derivan candor y candidato. En la antigua Roma, a los aspirantes a un puesto en el Senado se les llamaba candidatos porque en el periodo electoral se paseaban por el foro ataviados con una toga blanca para mostrar públicamente que tenían un pasado limpio y que también eran limpios sus propósitos. Hoy, el candor es una virtud poco apreciada en política. Si ante las próximas elecciones generales los políticos se presentaran en los mítines y debates de televisión vestidos con una túnica blanca para demostrar su honestidad, serían tomados por simples fantasmas. En los parques de atracciones suele haber un túnel del infierno donde los niños son asaltados por toda clase de momias y fantoches que suelen provocarles una risa nerviosa. En la vida pública existe también otro túnel negro que viene directamente de la Edad Media, lleno de espectros esquinados que causan los mismos nervios, no exentos de espanto, a muchos ciudadanos. Estos fantasmas no van enmascarados bajo una sábana, sino cargados con ornamentos bordados en oro. Lucen en lo alto del cráneo una mitra, vestigio de las astas de toro que simbolizaban el poder del hechicero de la tribu y que luego se convirtió en el bicornio de los faraones. Al verlos adornados con arreos tan terribles se podría esperar que hablaran con voz cavernosa desde el más allá con la ambigüedad de los oráculos. Nada de rodeos. Estos espectros hablan desde el altar con frases melifluas y el cuello blando para recordarnos que el infierno no es un parque de atracciones sino un fuego real donde vamos a arder por nuestros pecados aunque podríamos librarnos de ese castigo si votamos a la derecha. Frente al pistolerismo verbal de otros mensajeros de idéntica ideología, con una dulzura pastelera que esconde el garfio de acero, el Papa y los obispos alimentan el terror ante la nueva peste del socialismo. Los candidatos de la antigua Roma, al final, paseaban la toga sucia por el foro cubierto de basura. También el suelo de la política y de la Iglesia está lleno hoy de excrementos y ladridos. Pasar sobre ellos salvando el candor es toda una hazaña. Hay que votar al que llegue con la sábana más limpia y no sea un fantasma.

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De los malos pensamientos, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 10 febrero, 2008

El estrépito de las elecciones internas de republicanos y demócratas tapa algunas cositas: por ejemplo, los golpes que ambos partidos, juntos, asestan a las libertades democráticas estadounidenses desde el ámbito legislativo. Por 404 votos a favor, 6 en contra y 22 abstenciones, la Cámara de Representantes aprobó en el 2007 el proyecto de la ley de prevención de la radicalización violenta y del terrorismo local, ahora a examen del Senado. Las definiciones del texto producen cierto sobresalto. Véanse algunas asentadas en el párrafo A del artículo 899 (www.gov track.us/congress, 24-10-07).

“Radicalización violenta: el término ‘radicalización violenta’ se aplica al proceso de adoptar o promover un sistema de creencias extremista con el propósito de facilitar la violencia basada ideológicamente a fin de fomentar un cambio político, religioso o social.” Otra: “Terrorismo local: el término ‘terrorismo local’ se aplica al uso, el uso planeado o la amenaza del uso de la fuerza o la violencia por un grupo o un individuo nacido, formado o que opera principalmente dentro de Estados Unidos o de cualquier posesión del gobierno de Estados Unidos, la población civil de Estados Unidos o cualquiera de sus segmentos, con el objeto de alcanzar objetivos políticos o sociales”. Una más: “Violencia basada ideológicamente: el término ‘violencia basada ideológicamente’ se aplica al uso, el uso planeado o la amenaza del uso de la fuerza o la violencia por un grupo o un individuo a fin de promover las creencias políticas, religiosas o sociales del grupo o del individuo”. Casi nada.

Se supone que la ley está destinada a combatir el terrorismo interno, pero los únicos grupos que practican esa clase de violencia son fundamentalistas de derecha. Y no parece que éstos sean el objetivo. Sucede, entonces, que cualquier ciudadano norteamericano puede en cualquier momento ser sospechado de terrorista y acusado y procesado por su “mala” manera de pensar. La redacción del documento es vaga, imprecisa y su alcance, muy abarcador. No es casual: semejante ambigüedad permite multiplicar el miedo en procura de una obediencia incondicional a los dictados del gobierno. Finalmente, serán sus organismos policiales, de seguridad y de Inteligencia los encargados de aplicar la ley a voluntad. Si esto no es un rostro de los regímenes totalitarios que el mundo padeció y padece, el sol sale de noche.

En efecto: ¿qué será de la libertad de reunión, manifestación y petición, actividades que podrían calificarse de “uso planeado o amenaza del uso de la fuerza o la violencia… con el objeto de alcanzar objetivos políticos o sociales”? También peligra la libertad de prensa. En el párrafo B del artículo 899 se subraya: “El Internet ha contribuido a facilitar la radicalización violenta, la violencia basada ideológicamente y el proceso de terrorismo local en Estados Unidos al proporcionar a sus ciudadanos el acceso a los flujos nutridos y constantes de propaganda relacionada con el terrorismo”. Esto casa perfectamente con un plan del Pentágono elaborado en el 2003 y filtrado al público en el 2006: se titula “Hoja de ruta de operativos atinentes de información” y, entre otras cosas, propone “la degradación sutil de la red (de Internet) en vez de su destrucción” (www.information retrieval.info, 13-2-06). El mejoramiento de los operativos militares en este campo incluye “una serie de ofensivas vigorosas que comprendan la gama completa de los medios electrónicos y los ataques contra la red informática”. Tal cual.

En virtud del párrafo D del proyecto de ley de prevención de la radicalización violenta, etc., se crea un Centro de Excelencia que encarará el tema y determinará los procedimientos para combatir y castigar esos “delitos”. Pero el fragmento tal vez más ridículo del texto es el párrafo F del artículo 899, por el cual se encarga al Departamento de Seguridad Interior que vele por la aplicación de la ley “sin violar los derechos constitucionales, los derechos civiles y las libertades civiles de los ciudadanos de Estados Unidos y de los residentes permanentes legales”. Una tarea espinosa, tomando en cuenta que esa legislación permite al gobierno definir a gusto en qué consisten los delitos que ha de penalizar, incluida la mala costumbre de no pensar como la Casa Blanca.

Este proyecto cierra el círculo de hierro contra las libertades democráticas del pueblo estadounidense que comenzaron a forjar la Ley Patriótica y la Ley de Seguridad Interior, entre otras. “Si esta ley abominable se promulga, corren peligro todos los ciudadanos (de EE.UU.) y no sólo esos pocos individuos y extranjeros de los que habla el gobierno, sino todos nosotros”, señaló Gary D. Barnett, presidente de Barnett Financial Services, Inc., de Montana (www.fff.org, 1-2-08). Sí.

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Estímulos, de Naomi Klein en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 10 febrero, 2008

La calificadora Moody’s asegura que la clave para resolver los problemas económicos de Estados Unidos es recortar de modo drástico el gasto en seguridad social. La Asociación Nacional de Manufactureros dice que la solución es que el gobierno federal adopte su lista de deseos de nuevos recortes fiscales. Para el Investor’s Business Daily, la respuesta es hacer perforaciones petroleras en el Refugio Nacional Ártico de la Vida Silvestre, “quizá el más importante estímulo de todos”.

Pero, de todos los intentos cínicos por vestir los esfuerzos pro empresariales por acaparar dinero como “estímulos económicos”, el premio tiene que ser para Lawrence B. Lindsey, ex asistente en política económica de George W. Bush y su asesor durante la pasada recesión. El plan de Lindsey es resolver la crisis, disparada por préstamos mal hechos a través de proveer muchos más cuestionables créditos. “Una de las cosas más fáciles que se podría hacer es permitir que los manufactureros y los minoristas” –de modo notable Wal Mart– “abran sus propias instituciones financieras, mediante las cuales podrían prestar y pedir prestado dinero”, escribió recientemente en The Wall Street Journal.

No importa que un número creciente de estadunidenses dejó de pagar sus tarjetas de crédito, atraca sus cuentas 401k (un tipo de fondo de retiro en acciones. N de la T) y pierde sus hogares. Si Lindsey se saliera con la suya, Wal Mart, en vez de perder ventas, podría simplemente prestar dinero para mantener a los consumidores comprando, transformando, en los hechos, las cadenas de megatiendas en tiendas de raya, al viejo estilo, a las cuales los estadunidenses podrían deber sus almas.

Si este tipo de oportunismo en tiempos de crisis suena familiar, es porque lo es. Durante los pasados cuatro años he estado investigando un área poco explorada de la historia económica: la manera en que las crisis han pavimentado el camino para la marcha de la revolución económica de derecha alrededor del mundo. Una crisis pega, se difunde el pánico, y los ideólogos llenan la brecha rápidamente reconstruyendo sociedades, acatando los intereses de los grandes jugadores empresariales. Es una maniobra que yo llamo “el capitalismo de desastre”.

A veces, los desastres que permitieron esto fueron golpes físicos: guerras, ataques terroristas, desastres naturales. Más seguido, fueron crisis económicas: espirales de deuda, hiperinflaciones, choques monetarios y recesiones.

Hace más de una década, el economista Dani Rodrik, entonces en la Universidad de Columbia, estudió las circunstancias en las cuales los gobiernos adoptaban políticas de libre comercio. Sus hallazgos fueron impactantes: “Ningún caso significativo de reforma comercial en un país en desarrollo en los años 80 tuvo lugar fuera del contexto de una seria crisis económica”. Los años 90 mostraron, de modo dramático, que tenía razón. En Rusia, el desplome económico puso el escenario para el remate de las empresas estatales. Luego, la crisis económica asiática en 1997-1998, abrió los “tigres asiáticos” a una frenética actividad de apropiarse de las empresas por parte de extranjeros, un proceso que The New York Times llamó “la mayor venta-por-cierre del mundo”.

Los países desesperados normalmente harán lo que haga falta para conseguir que los rescaten. Un ambiente de pánico también libera las manos de los políticos para que puedan rápidamente promover cambios radicales que de otra manera serían extremadamente impopulares: la privatización de servicios esenciales, el debilitamiento de las protecciones laborales, los acuerdos de libre comercio. En una crisis, el proceso democrático y el debate pueden hacerse a un lado como lujos que no están al alcance del bolsillo.

Las políticas de libre mercado empaquetadas como si fueran curas de emergencia, ¿de verdad remedian las crisis del momento? Para los ideólogos involucrados, eso poco ha importado. Lo que importa es que, como una táctica política, el capitalismo de desastre funciona. El fallecido economista del libre mercado Milton Friedman, en 1982, en el prefacio a su manifiesto Capitalism and Freedom (Capitalismo y libertad), fue quien articuló la estrategia más sucintamente. “Sólo una crisis –de verdad o percibida– produce un cambio real. Cuando esta crisis ocurre, las acciones que se toman dependen de las ideas que andan por ahí. Eso, creo, es nuestra principal función: desarrollar alternativas a políticas existentes, mantenerlas vivas y a la mano hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable”.

Una década más tarde, John Williamson, consejero clave del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial (mejor conocido por acuñar la frase “el consenso de Washington”), fue más allá. Le preguntó a una conferencia llena de encargados de políticas públicas de alto nivel “si podría ser concebible que tuviera sentido pensar en deliberadamente provocar una crisis para quitar del camino de la reforma el atasco político”.

Una y otra vez, la administración del presidente George W. Bush ha tomado las crisis como una oportunidad para romper los obstáculos a las piezas más radicales de su agenda económica. Primero, una recesión puso el pretexto para hacer un drástico recorte fiscal. Luego, la “guerra contra el terror” abrió la puerta a una era de privatización de la seguridad interna y militar sin precedentes. Tras el huracán Katrina, el gobierno proveyó de condonaciones fiscales, normas laborales reducidas, cerró proyectos de vivienda pública y ayudó a transformar Nueva Orleáns en un laboratorio para escuelas charter (escuelas públicas controladas por una junta autónoma). Todo en nombre de la “reconstrucción” a partir del desastre.

Con este historial, los cabilderos de Washington tenían todo para creer que el miedo a una recesión provocaría una nueva ronda de regalos para los empresarios. Sin embargo, parece que el público se vuelve sabio en lo que se refiere al capitalismo de desastre. Seguro, el paquete de 150 mil millones de dólares es poco más que un disfrazado recorte fiscal, incluyendo un nuevo lote de “incentivos” para los negocios. Pero los demócratas vetaron el más ambicioso intento republicano de apalancar la crisis a través de establecer los recortes fiscales de Bush e ir tras la seguridad social. Por ahora, parece que una crisis creada por un tenaz rechazo a regular los mercados no será “resuelta” a través de darle a Wall Street más dinero de los contribuyentes con el cual apostar.

Sin embargo, si bien los demócratas en la Cámara logran (apenas) mantenerse firmes, al parecer renunciaron a extender los beneficios para el desempleo e incrementar la asistencia alimentaria y el Medicaid (programa de salud para individuos y familias con bajos ingresos, financiado por los gobiernos federal y estatales, N de la T), como parte del paquete de estímulo. Más importante aún, fracasan rotundamente en usar la crisis para proponer una agenda alternativa, una que contenga soluciones reales a un status quo marcado por crisis periódicas, ya sea ambientales, sociales o económicas.

El problema no es que falten las ideas “vivas y a la mano”, por tomar prestada la frase de Friedman. Hay bastantes por ahí, desde el seguro de salud universal a legislar un salario digno. Cientos de miles de empleos de “cuello verde” (se refiere a empleos relacionados con la sustentabilidad ambiental, N de la T) pueden ser creados a través de reconstruir la debilitada infraestructura pública, de modo que incluya más transporte público y energías renovables. ¿Necesitan fondos para comenzar? Cierren el vacío fiscal para los fondos de riesgo e impongan el impuesto Tobin, propuesto desde hace mucho tiempo para las transacciones monetarias. ¿El extra? Un mercado menos volátil y menos propenso a las crisis.

La manera en que elegimos responder a las crisis siempre tiene una gran carga política, una lección que parece que los progresistas han olvidado. Hay una ironía histórica: las crisis han abierto la puerta a algunas de las mayores políticas progresistas. Destaca un caso: tras la dramática falla del mercado, en el crack de 1929, la izquierda estaba lista, con ideas: pleno empleo, enormes obras públicas, campañas sindicales masivas. El sistema de seguridad social que Moody’s está tan entusiasmado por quitar fue una respuesta directa a la Gran Depresión.

Toda crisis es una oportunidad, alguien la explotará. La pregunta que enfrentamos es ésta: la actual turbulencia, ¿se volverá un pretexto para transferir aún más riqueza pública a manos privadas, para acabar con los últimos vestigios del Estado de bienestar social, todo en nombre del crecimiento económico? ¿O este último fracaso de los mercados sin restricción será el catalizador que se necesita para revivir un espíritu de interés público, para tomar en serio las apremiantes crisis de nuestros tiempos, desde la abismal desigualdad al calentamiento global a una fracasada infraestructura?

Los capitalistas del desastre han llevado las riendas durante tres décadas. El tiempo ha llegado, una vez más, para el populismo del desastre.
http://www.naomiklein.orgCopyright 2008 Naomi Klein.

Naomi Klein. Autora de La doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre.

Traducción: Tania Molina Ramírez.

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Paradojas aparentes, de Javier Ortiz en Público

Posted in Derechos, Política by reggio on 10 febrero, 2008

La ex Batasuna prometió que su corriente política estará presente en las elecciones del 9-M y muchos se han quedado perplejos al ver que no ha presentado ninguna candidatura camuflada en la que apoyarse a la hora de las urnas.

Sin embargo, eso tiene explicación. La ex Batasuna desdeña hacerse un hueco en el Parlamento de Madrid, en el que tendría un margen de acción mínimo, si es que no nulo. Estar en el Congreso de los Diputados para que le hagan el vacío, incluso en el propio Grupo Mixto, no le compensa. De modo que en estas elecciones (en éstas, en concreto), le da igual carecer de candidatos.

Pero puede estar presente en las elecciones del 9-M. ¿Cómo? Podría hacerlo recomendando la abstención, como en 2000 (se notó bastante), o promoviendo el voto nulo, como hizo en 2004 y como algunos auguran que volverá a hacer esta vez. Hace cuatro año hubo en la Comunidad Autónoma Vasca 104.017 papeletas anuladas, frente a las sólo 12.299 de 2000. Si lograra arrastrar al voto nulo a los más de 150.000 electores que respaldaron a EHAK en las últimas autonómicas, qué duda cabe que habrá conseguido su objetivo: mostrar que su peso social es aún significativo, pese a todo.

Otra paradoja que es sólo aparente la aportan los distintos partidos vascos en su actitud ante la marginación electoral de ANV y EHAK. Resulta que aquellos que más pueden sacar tajada de la ausencia de listas de los dos partidos neutralizados (el PNV, EA y, sobre todo, Ezker Batua, Aralar y Nafarroa Bai) son los que más protestan por ella, en tanto que los dos a los que más les interesaría que los de Otegi acudieran a las urnas, para fragmentar el voto nacionalista (PSE-PSOE y PP), son los que más respaldan la medida censora.

También esto tiene sentido. Los partidos de ámbito vasco se la juegan en Euskal Herria, donde la mayoría social desaprueba las ilegalizaciones. Pero el PSOE y el PP no consideran decisivo lo que pase o deje de pasar en unos territorios que albergan a sólo el 6,4% del censo estatal. Buscan el favor electoral de otro público, muchísimo más numeroso y muy distinto.

Lo de Euskadi les parece casi calderilla. Y como tal lo tratan.

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Los usuarios de la Sanidad deben exigirle al Gobierno que entregue los documentos sobre la sanidad pública, que tienen, hace ya meses, patronal y sindicatos, de Juan Vega en su Weblog

Posted in Asturias by reggio on 10 febrero, 2008


El Comentario TV anunciaba en la tarde del sábado que “un total de 18 asociaciones de la comarca del oriente forman parte de la plataforma de usuarios del Hospital de Arriondas. Un colectivo que surgió por iniciativa de los ciudadanos del oriente, bajo el lema ‘Nos merecemos un hospital mejor’ y al que posiblemente en los próximos días, se unan diez asociaciones más de la comarca, tal y como avanzó hoy, en declaraciones a Europa Press, el portavoz de la plataforma de usuarios del Grande Covián, Domingo Goñi”. Txomin Goñi Tirapu, presidente de la Agrupación de Colectivos Asturianos, es un actor plurifuncional que intenta aglutinar, en los más diversos frentes, a la dormida ciudadanía asturiana; una tarea de titanes. Ya iba siendo hora de que los ciudadanos asturianos empiecen a exigir públicamente que el Gobierno publique, dé a conocer, los datos reales sobre la situación del sector que más nos afecta a todos, y que el propio ejecutivo reconoce en privado que camina hacia la quiebra, si es que ésta no es ya un hecho.

Una oleada de opiniones de los vecinos del Oriente, que claman por la integración de la Fundación privada que administra el dinero público destinado a Arriondas, en la red pública de hospitales, contrasta con las posiciones de la administración y sus defensores, partidarios de mantener la situación como está, es decir, en el limbo de las situaciones absurdas. ¿Por qué este empeño? Muy sencillo: porque el Principado tiene una prioridad bastante más urgente que Arriondas, evidentemente aplazada para después de las elecciones, como es el inicio de la reconversión sanitaria con la privatización parcial de los servicios, tal y como está pensada –de manera no muy clara- en el diseño del nuevo HUCA de La Cadellada, que si algo está claro en su vaporoso plan funcional, es que va a suponer una brutal reducción de camas, con relación al actual hospital de El Cristo, cuyo servicio de urgencias -al igual que el de Cabueñes y los demás-, vive a veces situaciones de auténtico colapso.

Asturias, apenas un millón de habitantes, con una población envejecida y en claro retroceso, que ni siquiera es un foco de inmigración a pesar de la elocuente inversión de su pirámide demográfica, expulsa a sus jóvenes más capacitados fuera de sus fronteras, puesto que en la España federalizada, su gobierno no se siente cualificado para desarrollar una apuesta industrial que vaya más allá de almacenar gas y carbón en Gijón, para ir creando centrales de ciclo combinado, tal y como reconoce el candidato socialista al congreso de los diputados Álvaro Cuesta, en una elocuente declaración realizada en El Comercio. Los patéticos polígonos “tecnológicos” de Asturias, apenas si acogen un par de empresas dedicadas a la innovación, puesto que la única oferta tecnológica son puestos de trabajo para ingenieros “ochocientoseuristas” que pican código para las aplicaciones informáticas de la propia administración pública. Por eso, la emigración es la única salida para nuestros jóvenes más preparados, y para los que no lo están.

Las transferencias sanitarias supusieron dos cosas. Una, la irrupción de la competición salarial entre comunidades autónomas para el personal del sector, con la implantación de la llamada “carrera profesional”, que se extendió a todos los funcionarios de la administración, generando no pocos agravios y un discutido sistema de acceso a las mejoras salariales. La segunda, y mucho más preocupante, la posibilidad para nuestras autoridades de adjudicar más ladrillo y hormigón. Vicente Álvarez Areces no necesitaba más estímulo para empeñarse en Un nuevo hospital, pretexto para un gran pelotazo urban�sticoconstruir un hospital nuevo –apoyado por una legión de irresponsables que ahora nada tienen que decir ante la evidencia de la situación del sector-, que como decimos, va a tener muchas menos camas que el actual, cuando las necesidades van a ir creciendo al ritmo del envejecimiento de la población, con lo que el resultado es el que está a la vista: un crecimiento loco de los costes de la Consejería de Salud, que en estos momentos tiene que mantener el actual hospital en El Cristo, y además construir uno nuevo en Mieres, mientras las cuentas del Principado se colocan al borde del infarto, con el esqueleto paralizado del nuevo HUCA de La Cadellada, sometido a una ilegal negociación entre el Ejecutivo y la UTE adjudicataria de las obras, que va a por el segundo modificado, para el que se habla de cuarenta millones de euros –el PP dice que son cien-, cuando la sociedad instrumental Gispasa ya había aprobado un modificado anterior, para hacer las mismas obras para las que se tramita el actual, por seis millones de euros.

Al final, sólo los ciegos, los peores, los que nunca quieren ver nada, ni lo evidente, insisten en ignorar que el detonante de la quiebra de la sanidad asturiana va a ser una obra que no es otra cosa que un pretexto para un fantástico pelotazo en el impresionante solar de nueva creación, entre el nuevo HUCA, la autovía “Y”, y los barrios ovetenses de La Monxina y La Carisa, que ya está perfectamente urbanizado y listo para generar las comisiones -si no están ya todas liquidadas- por esta injustificable operación que liquida el futuro de nuestra sanidad pública.

Recientemente se ponía en evidencia la situación financiera de las cuentas de la comunidad autónoma, caracterizada por la ocultación del estado real de las mismas, cuando la Sindicatura de Cuentas, órgano de auditoría, ve obstaculizada continuamente su labor, para intentar saber cuánto debemos realmente los asturianos, puesto que se niegan a este organismo los datos de un rosario de chiringuitos financieros, como es el caso de la propia Gispasa, sociedad creada para sacar de las cuentas regionales la financiación y la adjudicación de las obras sanitarias. Nadie sabe, en realidad, a ciencia cierta, cuál es nuestro pufo, pero la evidencia es, como decimos, que las obras del mayor reto de la historia del Principado de Asturias, que es el HUCA, se van haciendo a trancas y barrancas, a golpe de modificado, y en estos momentos están paradas porque se acabó la gasolina.

¿Cómo va a resignarse pues, el Gobierno, a incorporar el Hospital de Arriondas a la red pública, por mucho que el grupo parlamentario socialista haya engañado a sus usuarios y empleados, una y otra vez, con el juego de las proposiciones no de ley –papeles que se tramitan en el buzón de reclamaciones de la Junta General del Principado, que no sirven para nada-, alentando las expectativas de unos y de otros, cuando estamos en puertas de una reconversión del sector a la vuelta de las Elecciones Generales?

Mi pregunta es la siguiente. En el pasado mes de octubre, el Gobierno entregó a la patronal FADE y a los sindicatos UGT y CCOO un documento, en el que pergeñaban las líneas maestras de la reconversión. De ese documento trascendieron algunos párrafos a la prensa, como éste: “En 2005 los servicios públicos sanitarios de Asturias consumieron el equivalente al 6,4% del producto interior bruto (PIB) de la comunidad, cuando la media española está en el 5% (Madrid, por ejemplo, destina el 3,5%), y representaron el 37,2% del gasto público, mientras que en el conjunto español es el 35. Además, Asturias mantiene una capacidad hospitalaria y dotación de equipos de alta tecnología superior a la media; el gasto farmacéutico sigue creciendo y los costes de personal se han incrementado el 23,46% entre 2003 y 2007”.

Nadie exigió que ese documento se presentase en la Junta General del Principado y se entregase a las asociaciones de usuarios de la sociedad civil. Aquí transigimos con todo, incluso con las prácticas mafiosas, antidemocráticas, oscurantistas y antisociales, de un ejecutivo, que negocia los presupuestos en una mesa informal creada con los sindicatos y la patronal, sin luz ni taquígrafos, alimentada al margen del Consejo Económico y Social –que es el órgano legal de concertación y está lleno de telarañas- y del Parlamento elegido por los ciudadanos. En esa mesa antidemocrática entregó el Gobierno el borrador de la propuesta de reconversión sanitaria, en el que evidentemente se proyecta una reducción de la capacidad hospitalaria de Asturias, que se intentará vestir con un impulso a las áreas ambulatorias, cuando lo que está en juego no es ni más ni menos que enmascarar como se puede la quiebra del sistema, pues es evidente que la Asturias librada a su suerte en la España federalizada e insolidaria del zapaterismo, los servicios públicos del Principado no van a poder sobrevivir en su actual dimensión.

¿Se puede discutir seriamente qué es lo que se pretende para el hospital de Arriondas, como para el resto de los hospitales de Asturias, sin que la sociedad asturiana conozca ese documento que manejan los tercios sindical y patronal de la democracia orgánica neofranquista, en la que Areces gestiona el futuro de nuestra sanidad, emboscado en la oscuridad de unas negociaciones opacas y misteriosas? ¿Nadie va a pedir que se haga pública esa conspiración del poder, aliado con la patronal y los sindicatos estabulados, contra los intereses de los usuarios y los trabajadores de la sanidad?

http://www.youtube.com/watch?v=ZbnBjDHTFPg

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