Reggio’s Weblog

Creer otra vez, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 7 febrero, 2008

Tras el famoso supermartes norteamericano, la contienda entre Hillary Clinton y Barak Obama no se ha resuelto aún. Pero la irrupción de este último en la política norteamericana, con su actitud claramente anti-establishment, su modesto punto de partida y, a pesar de ello, el muy considerable apoyo que ha recibido por gran parte de los electores demócratas, ha restablecido en parte la confianza en la democracia estadounidense, tan gravemente desprestigiada por Bush. Desde España, todo ello se contempla con una cierta envidia. Nuestra situación es inversa: cada día que pasa el desprestigio de los políticos va en aumento. El sistema electoral, la esclerosis de los partidos políticos, el alineamiento sectario de la mayoría de los medios de comunicación, no hacen posible que surja con fuerza un Obama español, un candidato independiente que devuelva la ilusión y la confianza. En efecto, nos encaminamos hacia las próximas elecciones generales con escepticismo, cansancio y malhumor.

Es ya un tópico sostener en España que el nivel de los políticos ha bajado sensiblemente en los últimos años y, a partir de ahí, como mancha de aceite, se extiende la percepción general de que estamos en una crisis de la política que provoca desconfianza en los cargos públicos y en los partidos que los designan. Probablemente este clima empezó a notarse primero en Catalunya -los resultados electorales lo demuestran- cuando se puso en el primer plano de las necesidades públicas una precipitada, inmadura e innecesaria reforma del Estatut que ahora a nadie satisface y, como era evidente, nada soluciona. Pero en un país sin crítica, con un miedo generalizado a discrepar del rebaño que discurre cansinamente de acuerdo con la corrección política, es natural que se aprueben las cosas más inútiles y se descuiden las importantes. Hoy estamos sin agua, sin energía eléctrica, sin buenas infraestructuras, con un mal sistema educativo, pero con un nuevo Estatut. ¡Bravo!

En los últimos años, esta desconfianza en los políticos se ha extendido al resto de España. Realmente, el Gobierno Zapatero ha hecho poco y lo poco que ha hecho, con alguna excepción, o bien ha sido polémico e innecesario, o bien ha complicado las cosas sin lograr solucionarlas. Y ahora, en las postrimerías de su mandato, justo antes de las elecciones, intenta enmendarlo con medidas precipitadas y demagógicas.

Por su parte, tampoco el PP inspira confianza alguna. Como oposición se ha entretenido durante cuatro años en justificar su derrota del 2004 en lugar de plantear una alternativa política clara; como partido aparece dividido y sin un liderazgo creíble. Para colmo, la imagen de ambos grandes partidos empeora cada día que pasa. La banalidad de su propaganda electoral basada sobre todo en el descrédito del adversario conduce directamente a no votar a ninguno de los dos.

Pero hay más, los partidos nacionalistas están situándose peligrosamente en los márgenes del sistema constitucional.

Hace pocos días el lehendakari Ibarretxe acusaba al Estado (sic) nada menos que de “romper el pacto de la transición” porque el Tribunal Supremo había condenado a su correligionario Atutxa por haber incumplido una sentencia de dicho tribunal. CiU, por su parte, no se queda atrás: sólo respetarán la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya si este es declarado conforme a la Constitución. Amenazas de tal calibre a los máximos órganos jurisdiccionales, a los árbitros del sistema, suponen un desprecio inaceptable en democracia a la esencia misma del Estado de derecho. Sin embargo, lo dicen y lo repiten con total impunidad, sin apenas reacción de la opinión pública y, sobre todo, de la publicada. Por mucho menos, o por nada, la Conferencia Episcopal ha sido tachada de retrógrada y franquista. Las cosas son según quien las dice. A esto hemos llegado. Por último, ERC ha rendido público homenaje a Martí Marcó, uno de los fundadores de Terra Lliure. Y no pasa nada: su líder es vicepresidente de la Generalitat.

En este clima general, resultan más que oportunas para España unas palabras pronunciadas por Barak Obama hace pocos días: “Estamos contra la idea de que es aceptable decir lo que sea o hacer lo que sea para ganar una elección. Sabemos que esto es exactamente lo que está equivocado en nuestra política. Por eso la gente no cree ya en sus líderes. Por eso desconectan. Y esta elección es una oportunidad para dar al pueblo estadounidense una razón para creer otra vez”. Creer otra vez, volver a creer en la política y en los políticos: esto es lo que se echa en falta también en España, esta debería ser la principal finalidad de nuestras fuerzas políticas. Pero no será así. Al contrario: aumentan los descreídos.

El próximo martes por la tarde se rinde homenaje en el Palau de la Música de Barcelona al recientemente desaparecido Gregorio López Raimundo, un protagonista de la lucha contra la dictadura franquista, un artífice de lo que fue la transición, aquellos años en los que confiamos en que no llegaríamos a esto. Sería un buen momento para reclamar a los políticos, con independencia de su ideología, la seriedad y coherencia que mantuvo siempre el dirigente del PSUC.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

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Trece frases para la historia (1 y 2), de Quim Monzó en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 7 febrero, 2008

Ocho mil carteles en cabinas telefónicas, tres mil más en medios de transporte, y tres mil quinientas vallas publicitarias. Ese es el despliegue de la precampaña del PSOE. Los titulares que utilizarán durante estas semanas -a la espera de que, a partir del 22, ya se pueda pedir el voto- son trece, e irán siempre rematados por el eslogan “Motivos para creer”. Un eslogan, por cierto, que habrá hecho que más de un obispo se haya detenido un momento a analizarlo, a ver si detectaba alguna invasión de competencias.

Está bien que los titulares de precampaña sean trece porque, en pleno plante ante esa Iglesia cada vez más afirmada en el nacionalcatolicismo, sería incoherente caer ahora en supersticiones. Y aquí viene al pelo recordar lo que dijo, en La idea del progreso, William Inge, que fue profesor de Teología en la Universidad de Cambridge y deán de la catedral londinense de San Pablo: “Para que una superstición triunfe como religión sólo necesita coger una filosofía y esclavizarla”.

Vayamos a los titulares. Dice uno de ellos: “Por todo lo que merece la pena”. Es hueco. De hecho no dice nada. Sin ningún problema podría utilizarlo también el PP, y otros partidos. Cada persona, cada grupo de personas, tiene siempre una serie de cosas que cree que merecen la pena. Por eso, este lema desideologizado es ideal para no comprometerse. “Lo que merece la pena” para un lector es diferente de “lo que merece la pena” para otro, pero para cada uno de ellos hay algo “que merece la pena”. Es remarcable que, cada vez más, partidos diferentes utilicen lemas semejantes, intercambiables: se trata de mojarse lo mínimo.

Veamos el siguiente: “Vivimos juntos, decidimos juntos”. Sí, pero -por favor- pongan el titular entero, sin comerse el final: “Vivimos juntos, decidimos juntos y luego se hace lo que nosotros decimos”. Visto que las cosas son así y no cambian por tiempo que pase, más de uno ha decidido que la solución es dejar de vivir juntos.

Otro: “La octava potencia económica, los primeros en derechos sociales”. Cuando se exhiben clasificaciones así, habría que acompañarlas de las fotos de los clasificadores, sus padres, sus hermanos y sus primos. Todos de frente y de perfil.

Un titular más: “Porque lo estamos consiguiendo”. No dicen qué están consiguiendo, pero cabe suponer que sus correligionarios sí lo sabrán. ¿Insinúan que están consiguiendo mejoras sociales? ¿Una de esas mejoras es el caos ferroviario en Catalunya? ¿Entra ahí la perpetuación del expolio? Pues todo eso y más, porque de hecho ese titular es una súplica: ¡por favor, no nos quitéis ahora el poder de las manos, con lo bien que se está aquí…!

Otro de los titulares dice: “No es lo mismo”. Hay que tener en cuenta que los titulares van siempre junto a una foto de Zapatero. En este caso, “No es lo mismo” intenta hacer meditar a los ciudadanos hastiados, esos que dicen que tanto da Zapatero como Rajoy. Los encargados de la precampaña querrían que bastase mirar la cara del líder socialista y compararla con la de Rajoy para ver que, efectivamente, no son lo mismo y que hay que votar al primero. Lo que no sé es si quieren aplicarle la letra de No es lo mismo de Alejandro Sanz: “No es lo mismo ser que estar. / No es lo mismo estar que quedarse, ¡que va! / Tampoco quedarse es igual que parar. / No es lo mismo. / Será que ni somos ni estamos, / ni nos pensamos quedar, / pero es distinto conformarse o pelear. / No es lo mismo… es distinto”. Puro Perogrullo.

Otro: “Comprometidos con la igualdad”. ¿Igualdad social? Vale, a ver si cuela. Pero también el PP hubiese podido firmarlo, y entonces esa “igualdad” sugeriría “café para todos”.

El siguiente: “Somos más”. El 9 de marzo se verá si es verdad pero, ahora, el objetivo de ese titular es inyectar ánimos a sus votantes, evitar la sensación de avance enemigo.
Otro: “Soñar con los pies en la tierra”. Qué lindo. Normalmente, como dormimos tumbados en una cama, soñamos con los pies descansando sobre el colchón. Sólo sueñan literalmente con los pies en la tierra aquellos presos a los que -en las celdas de tortura- obligan a permanecer de pie durante días. Esos sí que de verdad sueñan con los pies en la tierra.

Más: “Por todo lo logrado”. Otra súplica, como el “Porque lo estamos consiguiendo” que vimos ayer. Yo sustituiría ambos por “¡No nos arranquéis de las poltronas, por favor!”

Sigamos: “Por el pleno empleo”. Un chiste, sobre todo ahora. Anteayer, martes, decía La Vanguardia: “En enero el paro se ha incrementado en 132.378 personas, el mayor ascenso que se conoce en este mes desde hace diez años (contabilizado en términos homogéneos; de no ser así, sería el mayor en 24 años…)”

¿Y ese titular que reza “Porque no todo está hecho”? Yo lo hubiese redactado de otra forma: “Aún hay obras por contratar”.

Me gusta el de “Podemos llegar tan lejos como queramos”. A la Luna incluso. Lo malo es que luego, a veces, se avería el cohete y no puedes volver.

Y, para acabar, “Ahora que avanzamos, ¿por qué retroceder?”. Ahí, el PP tendría fácil su respuesta: “Pues porque os habéis equivocado de carretera y, si seguimos por esa, vamos directos al precipicio”. Fíjense, por cierto, en lo solidarios que son los publicistas, unos con otros, que se sirven las réplicas en bandeja.

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Una encrucijada histórica para la nación española, de Jorge de Estéban en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 7 febrero, 2008

DOCUMENTOS

CIEN PROPUESTAS

UNA ENCRUCIJADA HISTORICA PARA LA NACION ESPAÑOLA, DE JORGE DE ESTEBAN EN EL MUNDO

EL PRESIDENTE DEL CONSEJO EDITORIAL DE ‘EL MUNDO’ CONSTATA EN ESTE ARTICULO LA CRISIS DEL MODELO DE ESTADO, PROVOCADA POR LAS INSACIABLES REIVINDICACIONES NACIONALISTAS. ABOGA POR UNA REFORMA DEL SISTEMA ELECTORAL Y POR UN PACTO ENTRE LOS DOS GRANDES PARTIDOS COMO UNICO MEDIO PARA PODER LLEVAR A LA PRACTICA ESTAS PROPUESTAS.

Por quinta vez consecutiva (1993, 1996, 2000, 2004 y 2008) este periódico, con una iniciativa que no tiene parangón en ésta u otras latitudes, ha venido formulando diariamente durante un mes, una serie de propuestas para defender y fortalecer nuestra democracia constitucional, de forma previa a la convocatoria de unas elecciones generales.

Ahora bien, es evidente que el escenario político actual no es similar al de las veces anteriores, por la sencilla razón de que, además de los propiamente coyunturales, hay dos elementos nuevos y significativos que convierten a las próximas elecciones en una encrucijada histórica para el futuro de la Nación española. En efecto, la política que el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha llevado a cabo en estos cuatro últimos años, sin perjuicio de algunos logros que se podrían mencionar en otros dominios, ha supuesto, por un lado, un fuerte deterioro de nuestro Estado de Derecho, como consecuencia de las negociaciones (y cesiones) con la banda terrorista ETA y, por otro, un desbordamiento del Estado de las Autonomías, tras la aprobación del Estatuto catalán, puesto que son muchos ya los que desean convertirlo en un Estado de las Soberanías, lo que es sin duda una grave perogrullada constitucional, dicho sea con la boca pequeña.

Desintegración territorial

Sin embargo, cuando vamos a entrar en la recta final de la campaña electoral, después de una larga y ácida precampaña, los líderes de los dos partidos nacionales, los únicos que pueden gobernar por sí solos, se han dedicado hasta ahora a una especie de competición absurda entre ellos para apropiarse de los votos indecisos, a cambio de las más insólitas promesas. En este sentido, cualquier observador imparcial estaría asombrado de que cada vez son más profundas las tendencias centrífugas del llamado Estado de las Autonomías, hasta el punto de que diversos partidos nacionalistas ya no disimulan que su objetivo prioritario, utilizando esa maleabilidad que permite la falta de concreción del modelo de Estado todavía vigente, sea claramente la creación de un Estado asociado (¿), (o incluso independiente), en el marco de un sedicente Estado Confederal, desconocido en el mundo actual. Dicho con otras palabras: se trataría de la desmembración de uno de los más antiguos Estados existentes hoy, para caer en el ya ominoso vicio del cantonalismo o taifismo, propio de algunos periodos de nuestra historia. Pero de la gravedad de esta situación no parecen darse cuenta los políticos de los grandes partidos nacionales, ensimismados únicamente en ganar las elecciones «como sea», según frase atribuida al presidente del Gobierno.

Es más: la actual situación, según las encuestas más fiables, hace presagiar que se producirá un empate técnico, según el cual cualquiera de los dos grandes partidos podría aventajar por poco al otro. Pero este resultado no resolvería nada, sino más bien al contrario, en cuanto al problema de la integridad territorial, que es lo que representa el decorado del fondo del escenario político en donde se está desarrollando la lucha por la pervivencia de España como Nación. Por ello, hay que decirlo claramente: el mayor problema que tiene planteado España en estos momentos, es el peso abrumador de varios pequeños partidos nacionalistas que han condicionado la política del Gobierno en estos años.La solución evidentemente pasaría, como se dice en nuestras propuestas, por la reforma de la Ley Electoral, a fin de evitar que esos pequeños partidos sigan teniendo una representación desmesurada en el Congreso de los Diputados. Pero para conseguir ese beneficioso objetivo ya llegamos tarde, pues será en la próxima legislatura cuando los nacionalistas descubrirán -los que no lo han hecho ya- las cartas que una legislación electoral y un Título VIII de la Constitución absurdos, les han regalado para conseguir sus fines, vendiendo entonces su apoyo, a cambio de incrementar sus competencias para la creación de su propio Estado, al partido nacional que gane las elecciones con una mayoría insuficiente para gobernar por sí solo. Por supuesto, caben tres posibilidades fundamentalmente para superar esta perversa orientación, pero las tres son difíciles en la práctica. La primera consistiría en que uno de los dos partidos nacionales obtuviese la mayoría absoluta y pudiese así prescindir de los partidos nacionalistas y de sus apoyos chantajistas, a fin de reorientar el rumbo equivocado de estos años. La segunda sería que los líderes de los dos partidos tuviesen una conversión parecida a la de San Pablo en el camino a Damasco, y llegasen a un acuerdo para formar una gran coalición a la alemana, marginando a los partidos nacionalistas, y poder entablar un periodo semiconstituyente para lograr la reforma de mutuo acuerdo de la Constitución y de la legislación de su desarrollo, según los diversos puntos que se exponen en estas Propuestas, con el objetivo de acabar de una vez el diseño del modelo de Estado, mediante su cierre definitivo. Conseguida esa meta y ya con una nueva legislación electoral podrían disolver las Cortes para proceder a unas nuevas elecciones y entablar de una vez una vida democrática normal. Y, la tercera sería, en el caso de que uno de los dos partidos, como parece lo más probable, logre una mayoría minoritaria que le permitiese formar Gobierno, que las dos grandes formacones hicieran un Pacto de Estado, ignorando a los nacionalistas, para llevar a cabo un programa de reconstrucción nacional, que es lo que pide la mayoría de los españoles, sean de derechas o izquierdas.

El director de este periódico ha mantenido, tanto de palabra en la televisión como por escrito en estas páginas, «que el vencedor, entre los dos líderes de los partidos nacionales, en las próximas elecciones, será el que logre completar su imagen pública con una parte de los atributos positivos que los ciudadanos ven en el otro». Pues bien, si tuviéramos que descifrar estas palabras, me atrevería a mantener que los atributos positivos que los ciudadanos ven en el actual presidente del Gobierno es una especial sensibilidad para ampliar el campo de los derechos humanos, por supuesto con alguna notoria contradicción, mientras que el líder de la oposición se ha inclinado más por defender la integridad de España y su mantenimiento como Nación. Según el desiderátum de Pedro J. Ramírez, el ganador sería el que lograse amalgamar ambas metas, que constituyen sin duda las aspiraciones de muchos españoles. Circunstancia que se podría conseguir si cualquiera de ellos alcanzase la mayoría absoluta y adoptase el papel de hombre de Estado en una coyuntura especialmente delicada para el futuro de España. Pero como no parece que vayan por ahí los tiros, no cabe más remedio que aspirar a que esas dos concepciones -la de la izquierda más sensible a los derechos humanos de los españoles y la de la derecha más orientada a la defensa de una abstracción encarnada en una patria llamada España, hoy ciertamente en entredicho por los nacionalistas-, se unan en un Gobierno de coalición, o en Pacto de Estado, que serían las únicas vías posibles susceptibles de llevar a la práctica gran parte de las Cien Propuestas que este diario ha elaborado con la ayuda de muchos de sus lectores.

Reforma de la Constitución

Y si lo señalo así es porque la adopción de todas ellas requeriría doce reformas de artículos de la Constitución, para lo cual se necesita el acuerdo indispensables de los dos partidos nacionales, merced a las mayorías cualificadas que se exigen (tres quintos o dos tercios) de los miembros de cada Cámara y, en este último caso (reforma agravada de algunos artículos) disolución de las Cortes, aprobación por las nuevas elegidas y, además, referéndum nacional. Pero este consenso se requeriría igualmente para la reforma de 37 leyes (algunas orgánicas) y de algún Tratado internacional, para la adopción de 30 nuevas leyes y para muchas actuaciones políticas concretas. Desde luego, en el caso actual, como hemos dicho, se trata de propuestas fundamentales para la defensa y el fortalecimiento de la democracia constitucional, hoy amenazada por los partidos nacionalistas, y no garantizada, a lo que se ve, por el Tribunal Constitucional, último reducto del Estado de Derecho. Pero no sólo se trata de eso, sino que también se formulan otras propuestas que se dirigen a lograr una vida más digna de los ciudadanos y, especialmente, en unos momentos en que la economía con sus depresiones más o menos predecibles, está amenazando el nivel económico logrado en los últimos años.Nadie sabe, por tanto, cuál será el resultado del 9 de Marzo, pero lo que sí sabemos es que si existen elecciones es para rectificar el rumbo de la política, cuando se ha equivocado la navegación, porque elegir al mismo u otro capitán que se empeñe en seguir por ese itinerario erróneo, no conduce más que a un previsible naufragio. Nosotros hemos contribuido modestamente, con estas Cien Propuestas, para que eso no ocurra. Y esperamos ardientemente que no ocurra.

© Mundinteractivos, S.A.

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Cuando la Iglesia mete la pata, de Lázaro Covadlo en El Mundo de Cataluña

Posted in Política, Religión by reggio on 7 febrero, 2008

BULEVAR

Tenía preparado otro artículo para el día de hoy, pero al leer ayer el de Arcadi Espada, en este mismo medio, sentí el estímulo de contribuir con mi propia voz a la difusión de su idea respecto de que la Iglesia debería prescindir de las opiniones políticas.No creo que pueda aportar mucho de nuevo a la brillante exposición de mi colega, tampoco lo pretendo, pero al menos quiero darme el gusto de poner de relieve los principales puntos de su discurso, porque destaca Arcadi el hecho de que tantos critiquen (con sobrada razón, agrego por mi parte) los usos de la teocracia islamista, y en cambio miren para otro lado, o recurran a la libertad de expresión, cuando los opinantes son los herederos de Torquemada (esto último, lo de Torquemada, lo pongo yo, claro).

También señala Arcadi Espada, con sus propias palabras, que en su momento los socialistas no dijeron ni mu el día que la Iglesia se largó a opinar en contra de la decisión de Aznar sobre la guerra de Irak, de modo que su actual (simulada) indignación difícilmente pueda aventar la sospecha de que se trata de una pasión oportunista. Y que les viene muy bien la metedura de pata eclesiástica. No así, en cambio, a los señores del PP, éstos deberían plantearse que con aliados de esa índole casi no necesitan enemigos.

Pues bien, hubiera sido una gran cosa que los señores de sotana, y también los curas que prescinden de este atuendo, hubiesen permanecido en silencio tanto antes como ahora, pero al parecer estos meteretes que no se casan pero opinan sobre el matrimonio, ni tienen hijos y sin embargo pretenden dar clases de paternidad, no pueden renunciar a la vocación de orientar a su antojo las cosas mundanas.

Por otro lado, si trabajara mi mente de manera aún más retorcida de como lo hace actualmente, llegaría a sospechar que todo el asunto no es más que una confabulación de Blanco y Rubalcaba, en connivencia con las altas esferas del Vaticano, para llevar más agua a su molino. Una confabulación digna de ser llevada a cabo por Richelieu y Fuché, aunque no fueran contemporáneos.

Dejando las fantasías de lado, es bien cierto que desde hace mucho tiempo ciertos estilos de socialcatolicismo y fundamentalismo misticoide-buenista perviven entre las filas de la demigauche, que está siempre muy pendiente de los discursos del Vaticano.Los conservadores, por otro lado, jamás disimularon la beatería, y aunque al mantenerse en tal postura no puede acusárselos de inconsecuentes, tampoco es correcto que algunos de ellos se cuelguen el letrero de «liberales», sobre todo cuando obstaculizan la investigación sobre las células madre con fines terapéuticos, se oponen al matrimonio homosexual, e insisten en la moral de sacristía para la vida pública.

En fin, tal como está el patio uno ya no sabe para qué lado tomar (¿UpyD, quizá?), pero en cualquier caso lo más adecuado para los señores curas sería que se dedicaran a la oración y la meditación.Y en todo lo demás «¿Por qué no te callas?».

www.covadlo.com

© Mundinteractivos, S.A.

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9-M: la batalla por el electorado del centro, de Ignacio Sánchez-Cuenca en El País

Posted in Política by reggio on 7 febrero, 2008

El centro es la región más imprevisible ante las urnas. El PP podría haber intentado ganar ese espacio ofreciendo un programa moderado, pero ha preferido una estrategia negativa, destructiva y catastrofista

En las democracias desarrolladas, la política está organizada en torno a la confrontación entre la derecha y la izquierda. Aunque se pueden añadir muchos matices a esta afirmación, en última instancia la cuestión capital gira en torno al papel que debe desempeñar la política en la economía. Según la derecha, el Estado garantiza el funcionamiento del mercado, pero no debe interferir en sus resultados. Según la izquierda, el Estado debe corregir en lo posible las desigualdades que el mercado produce.

Tradicionalmente, la izquierda ha defendido la necesidad de construir un Estado de Bienestar, así como de realizar políticas de redistribución e igualdad de oportunidades. Además, propugna valores laicos de libertad y autonomía personal. La derecha pone más énfasis en la seguridad, la tradición y la defensa de la propiedad.

Por descontado, estas diferencias se dan sobre todo en la teoría. La experiencia comparada e histórica pone de manifiesto que en ocasiones se producen variaciones e incoherencias muy notables. No obstante, estas diferencias siguen siendo útiles para entender cómo se organizan y actúan las distintas familias ideológicas.

En España hay una mayoría clara de ciudadanos de izquierdas. Las encuestas de los últimos 30 años así lo demuestran. Y los resultados electorales revelan que el número de votos de los partidos de izquierda siempre ha sido mayor que el de los partidos de derecha, con la única excepción de las elecciones de 2000.

Si sólo hubiera un partido en la izquierda y la gente votara solamente por consideraciones ideológicas, de afinidad con los principios y las políticas que defienden los partidos, en España gobernaría siempre la izquierda.

Esta descripción tan simplificada de la política puede que no convenza a muchos, entre otras razones porque olvida la existencia de un nutrido centro político. ¿Pero qué es realmente el centro?

El centro no es una ideología. Cuando en las encuestas se le pide a la gente situada en el centro de la escala ideológica que se identifique con alguna familia ideológica, se descubre una variedad enorme de respuestas. Se trata de un territorio muy heterogéneo, poblado por prácticamente todas las familias ideológicas. De acuerdo con una encuesta del CIS de abril de 2006, en las posiciones 5 y 6 de la escala ideológica (en la que 1 representa la extrema izquierda y 10 la extrema derecha) había casi un 30% de liberales, un 16% de conservadores, un 11% de demócrata-cristianos, un 12% de socialdemócratas y un 14% de socialistas (el resto son grupos menores o no respuesta). Tan sólo en el caso de los liberales cabría hablar de una ideología de centro o mixta (comparte con la derecha la aceptación de los resultados del mercado y con la izquierda la libertad individual). Sin embargo, a la luz de los datos que acabo de mencionar, sería excesivo reducir el centro al liberalismo. Hay mucha gente de centro que no ve a sí misma como liberal, pues apoya políticas de corrección del mercado.

Aun no siendo una ideología en sentido estricto, el centro tiene algunas características propias. La primera y más importante es que los centristas, por no tener unas creencias políticas bien definidas, son mucho más sensibles a consideraciones no ideológicas que el resto del electorado. Por consideraciones no ideológicas me refiero a todos aquellos rasgos de los partidos y de los candidatos que no guardan relación con la división entre la izquierda y la derecha. Así, los centristas otorgan mayor importancia que otros grupos a asuntos como el liderazgo, las divisiones internas de los partidos, la capacidad de lograr consensos, la confianza que despiertan los candidatos, o la eficacia a la hora de traducir las propuestas en resultados.

En segundo lugar, los centristas encuentran ciertas dificultades para integrar en un mismo esquema cuestiones políticas heterogéneas. La ideología proporciona una visión totalizadora e integradora de la política: sus principios se pueden utilizar como criterio de decisión en contextos muy distintos. Una persona de derechas no sólo considera justas las desigualdades que el mercado produce. Además, por ser de derechas, está en contra del aborto, apoya políticas de mano dura contra la delincuencia, etcétera.

Pensemos en la disputa territorial en España. Aunque no sea una cuestión de derechas o de izquierdas, en la práctica, por motivos históricos complejos, la izquierda es más partidaria de la descentralización del poder político y la derecha lo es menos. La izquierda entiende que el sistema debe hacer todo el hueco que pueda a los nacionalismos, mientras que la derecha tiende en mayor medida a la confrontación. La ideología, aunque sea forzadamente, al final termina asimilando una cuestión transversal como ésta.

En cambio, los centristas tienen mayores dificultades. Al no poseer unos principios ideológicos firmes, examinarán el asunto de acuerdo con otras consideraciones, quizá más pragmáticas. De ahí que sea en este grupo donde quepa encontrar mayor variedad de posturas. Habrá centristas para todos los gustos: partidarios del statu quo institucional, partidarios de una mayor centralización del poder y partidarios de una mayor descentralización.

Estas dos características del centro (su alta sensibilidad hacia cuestiones no ideológicas y su dificultad para encajar otras dimensiones en el esquema tradicional izquierda/derecha) resultan de gran relevancia para entender el funcionamiento de la política en España. Si tenemos en cuenta que, de acuerdo con el continuo ideológico tradicional, hay más centristas próximos al PSOE que al PP, no resulta tan misteriosa la estrategia de la crispación del PP. La derecha, si quiere recabar apoyos de los centristas, o si pretende que los centristas dejen de votar al PSOE, tiene que orientar su discurso hacia cuestiones que rebajen la importancia de la proximidad ideológica en el voto.

El PP ha optado durante esta legislatura, igual que lo hizo en la de 1993-1996, por intentar que el electorado centrista no vote al PSOE. Para ello, ha evitado el disenso en materias estrictamente ideológicas, votando por ejemplo a favor de la Ley de Dependencia. Su oposición ha consistido más bien en destruir la imagen del Gobierno y especialmente la del presidente.

Por un lado, la derecha ha utilizado el terrorismo para presentar a José Luis Rodríguez Zapatero como un incompetente. De Zapatero se ha dicho que es amigo de los terroristas, que ha vendido España a los etarras, que ha roto la Constitución, que está con los verdugos y contra las víctimas, que no quiere saber la verdad sobre el atentado del 11-M. Cuanto peor opinión tenga el centro de Zapatero, más probable es que los centristas no voten al PSOE a pesar de ser éste en la mayoría de los casos el partido al que ideológicamente están más próximos.

Por otro lado, la cuestión territorial, explotada demagógicamente a cuenta del Estatuto catalán, ha sido en manos de la derecha un arma formidable para sembrar dudas en el electorado de centro.

El centro es la región más imprevisible del espectro político. Quienes barajan la posibilidad de dejar de votar al PSOE (para votar al PP o abstenerse) son sobre todo los centristas, no quienes se sitúan claramente en la izquierda. De ahí que para los partidos sea mucho más atractivo el centro que el resto del electorado, que se mantiene más o menos inmóvil.

El PP podía haber intentado ganar el centro ofreciendo un programa de moderación más atractivo que el del PSOE, pero ha preferido jugar una estrategia negativa, meramente destructiva, consistente en asustar al electorado moderado mediante un mensaje catastrofista que debilite la percepción sobre la capacidad del Gobierno actual y sitúe el debate en cuestiones como la territorial y la terrorista que escapan a la división tradicional entre la izquierda y la derecha.

Una de las lecciones que podrá extraerse de los resultados electorales del 9 de marzo es si esta estrategia de la crispación tiene éxito. La sobreactuación del PP quizá socave apoyos moderados y centristas al PSOE, gente que no soporte el clima que la derecha ha provocado y decida no votar. Pero puede también generar una reacción de hartazgo y rechazo de los principales responsables del envilecimiento de la política en estos años.

Ignacio Sánchez-Cuenca es profesor de Sociología, Universidad Complutense.

Farrucos ellos, de Julio A. Máñez en El País de la Comunidad Valenciana

Posted in Política, Religión by reggio on 7 febrero, 2008

Ya va siendo un poco cansino ocuparse de esos obispos trabucaires habituados a arremeter contra algunas medidas del Gobierno que no comparten, haciéndoles de paso el caldo gordo a sujetos como Zaplana o Acebes. Pero las declaraciones del cardenal primado de Toledo el domingo pasado, cuando tocaba hablar de las Bienaventuranzas, exceden ya todos los límites. En un pasaje de esas declaraciones brilla por derecho propio la gran agudeza mental de esta gente, cuando dice: “Nuestra exhortación no procede de error o de motivos turbios, ni usa engaños, y lo predicamos no para contentar a los hombres, sino a Dios, que aprueba nuestras intenciones”. Nada más natural: se inventan un Dios a su medida, que no puede por menos que estar de acuerdo con cualquier atrocidad que se les ocurra, como buena criatura suya. Pero ocurre que como Dios tiene la sensata precaución de no manifestarse jamás, ni para lo bueno ni para lo malo, cualquier cantamañanas puede jurar que habla en su nombre, a sabiendas de que no habrá de ser desmentido jamás, lo que autoriza a los obispos a bramar que no callarán jamás tampoco. Así las cosas, se ve que hasta las trolas injuriosas de Federico Jiménez Losantos están pactadas con el Altísimo por mediación de la cadena de radio de los obispos, que, o mucho me equivoco o financiamos en buena parte todos los contribuyentes españoles y algunos miles de extranjeros de obediencia no muy católica en materia religiosa. También Dios se equivoca, pero siempre a favor de sus obispos.

Volviendo al terreno estrictamente humano, porque aquí todos somos humanos, incluidos César Vidal, Pedro Yihad Ramírez y García-Gasco; cosa distinta, y susceptible de tratamiento médico, es que algunos se crean divinos. Hay otro parrafito en la declaración que se las trae: “La Iglesia no callará jamás la palabra de Cristo, no la silenciará a pesar de los poderes de este mundo que quisieran silenciarla o verla reducida a los espacios sacrales”. Hombre, si se me pone usted así de cabreado, vamos listos. Primero, porque la palabra de Cristo, o la versión que los obispos prefieren de ella, es tan contradictoria y estrafalaria como cualquier otra expresión redentorista de la experiencia humana, esto es, un cúmulo de despropósitos. Segundo, porque no se conocen fehacientemente poderes distintos de los que culebrean en este mundo, de lo que constituye un buen ejemplo la muy humana actitud de lo más florido de los obispos, y tercero porque es precisamente la insuficiencia recaudadora de los “espacios sacrales” lo que lleva a la Iglesia a convertir cualquier otro lugar en púlpito privilegiado de su aparatosa como caprichosa colección de obsesiones restrictivas.

Lo que más sorprende de todo esto es que no se alcanza a comprender en qué reside exactamente la fuerza que los obispos creen tener a su disposición, más allá de lo que consiguen de los presupuestos públicos. ¿Amedrentar al personal? Pero, hombre, si ya casi nadie cree en lo que hace, cómo va a temer que su vida concluya en otro Infierno. Excomulgar cuando ya casi nadie comulga tampoco parece una amenaza susceptible de acoquinar a nadie. Y en cuanto a las llamadas a la rectitud de conciencia, que convoquen a capítulo a sus banqueros, a sus pederastas, a sus profesores de religión que atemorizan a los niños con las expectativas más atroces. ¿En qué reside, pues, la fuerza que se atribuyen? ¿En qué? En su patética, humana desconsideración.

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El pacto imprescindible, de Gracián en ABC

Posted in Derechos, Política by reggio on 7 febrero, 2008

Ante la próxima legislatura, dada la muy delicada situación de nuestro país, los dos grandes partidos, muchos de cuyos miembros tienen acreditado un alto sentido del Estado, deben proponer unos pocos puntos comunes dentro de sus programas electorales.

Creemos que PP y PSOE deben abandonar sus pasadas políticas «frentistas», de derechas o de izquierdas, y formar entre si un Gobierno de Coalición, temporal, para aplicar esos puntos comunes, como con éxito se ha hecho en otras naciones democráticas. En su defecto, ambos habrían de ofertar que harán lo preciso para que gobierne la minoría mayoritaria, comprometiéndose a sostener ese Gobierno, a fin de que pueda realizar las políticas que apuntamos como imprescindibles para el mantenimiento del Estado y la nación española.

No ignoramos que frente a la posición extrema de esos españoles que niegan España están creciendo opiniones radicales a favor de un neocentralismo. Nosotros nos mantenemos en la vía de hacer compatible una nación grande y unida con el respeto de ámbitos autonómicos en sus territorios integrados. Pero, ante el desbordamiento producido de las corrientes desintegradoras, tras muchos estudios y debates, hemos llegado a la conclusión de que la Reforma Constitucional es ya la única vía posible para que sea precisamente el pueblo español -único titular de la soberanía nacional- quien restablezca un Estado cuyos Órganos centrales y comunes tengan competencias no inferiores a las que corresponden a los Poderes federales; para mantener la nación española, cuya realidad metaconstitucional no es susceptible de discusión; para proteger y fomentar el interés y la cultura de España como un todo, manteniendo en Poderes autonómicos y locales las funciones de defensa de intereses o culturas particulares dentro de lo general. 

Si así lo hacemos, el Gobierno de España recuperará la fuerza y capacidad negociadora que otorga el poder real de un Estado efectivo, ante el resto de las naciones e intereses que con nosotros compiten en Europa y en el Mundo; y podrá volver a ser instrumento de convivencia y solidaridad interna, sin verse obligado a dar más a las comunidades más ricas y a contemplar inerme cómo se usan poderes periféricos para propagar sentimientos antiespañoles. 

Una reforma que, observada la disparatada realidad a la que hemos llegado con un sistema educativo sesgado contra España en no pocos lugares, si no recuperara el Estado la íntegra gestión de la enseñanza, al menos reserve al Poder Central el señalamiento íntegro de una magnitud en torno al 70 por ciento de los curricula, sin posibles desarrollos ni complementos de esos mínimos comunes por otras administraciones, como condición para poder expedirse títulos académicos; disponiendo que la Alta Inspección también ejercerá sus controles sobre el cumplimiento de los requisitos estatales, en los Centros y en las Aulas. 

Una reforma que imponga a todas las Administraciones expresarse siempre en la lengua común, aunque puedan hacerlo también, si la tienen y lo desean, en otra particular; que permita a todos los ciudadanos, en cualquier punto, manifestarse y recibir mensajes en castellano o en otra lengua cooficial del territorio; que además de obligar a los alumnos a aprender el castellano y la lengua cooficial en su tierra, reconozca el derecho a elegir, entre las lenguas cooficiales del lugar, la que prefieran como vehicular de la enseñanza.

Una Reforma que, por ser la Justicia en toda la nación un servicio estatal y no autonómico o local, disponga que todo tipo de recursos de casación y no sólo los de unificación de doctrina, se atribuyen al Tribunal Supremo, con la única excepción de la interpretación de normas autonómicas; y que tanto la selección y promoción de todo el personal al servicio de la Justicia, como las dotaciones de medios para la misma, corresponden a los órganos del Estado.

Una Reforma que en defensa de la unidad de mercado prohiba a todas las Administraciones atribuir fondos públicos o dar ventajas fiscales contra los principios de igualdad de derechos, deberes y oportunidades entre españoles, vetando expresamente la competencia desleal de entidades promovidas directa o indirectamente por Poderes Públicos territoriales y confiriendo competencias efectivas al Poder Central en materias de ordenación del territorio, medio ambiente y recursos hídricos.

Una reforma que concrete la posible intervención del Estado en las comunidades admitida por el art. 155 C.E., expresando que podrá llegar a la disolución de los Órganos legislativos autonómicos y a la asunción por el Estado de las funciones normativas y ejecutivas precisas, con la duración necesaria que se fije; y que atribuya al Estado la capacidad para dictar leyes de amplio consenso (por ejemplo con 2/3 de los miembros del Congreso), con rango normativo superior a los Estatutos de Autonomía, para delimitar o aclarar las competencias dentro del territorio. 

Una Reforma que cierre el reparto competencial y que, respecto de las delegaciones del art. 150,2 CE, establezca su carácter excepcional y por plazo limitado, quedando sin efecto las ya efectuadas salvo ratificación expresa; legitimando para recurrir al Tribunal Constitucional en esta materia de competencias, a grupos de ciudadanos (por ejemplo 10.000), sin plazo para la interposición, aunque sin eficacia suspensiva; y que elimine y prohiba la existencia de miembros propuestos o elegidos por Órganos o territorios autonómicos, en el TC, en el Senado, o en cualquier otro órgano que gestione competencias del Estado.

Una Reforma que modifique las bases de la ley electoral con procedimientos que aseguren que los temas nacionales, tanto en el Congreso como en el Senado, e indirectamente en otras Instituciones, sólo sean decididos por quienes integren formaciones de ámbito y proyecto nacional español. Estos contenidos deberían pactarse como comunes de PP y PSOE. Pero si alguno de los dos no quiere, el otro debe hacerlos suyos, para la próxima legislatura, o para la primera siguiente en que el pueblo le de los votos suficientes para implantarla. 

¿Merecería ser considerada una oferta electoral que no contenga las anteriores propuestas?

Gracián. Colectivo que reúne a 60 intelectuales y profesores de reconocido prestigio.

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Una ley muy maleable, de Javier Ortiz en Público

Posted in Derechos, Política by reggio on 7 febrero, 2008

El fiscal dice tener pruebas de ANV sufragó diversos actos de Batasuna durante 2007 y el juez Garzón se ha basado en ello para imputar al partido abertzale un delito de colaboración con ETA.

Sin embargo, los actos de referencia –que no fueron mítines, sino encuentros con la prensa y conferencias de muy limitado aforo–, no fueron convocados en nombre de Batasuna y, allí hasta donde la memoria me alcanza, Otegi, Permach y compañía nunca hablaron en nombre de Batasuna, sino de “la izquierda abertzale”, en general.

Este aspecto, que a muchos seguramente les parecerá formal, tiene su trascendencia, porque el propio Baltasar Garzón manejó durante meses la teoría de que una cosa era actuar como Batasuna, partido ilegalizado, y otra hacerlo como izquierda abertzale, corriente ideológico-política informal y, por ende, no ilegalizada. Ahora vuelve sus pasos y decide que en realidad actuaban en nombre de Batasuna, lo proclamaran o no.

¿Qué es lo que ha cambiado de entonces a ahora? No la ley, sino la coyuntura política.

Otro ejemplo. El 6 de julio de 2006 se reunieron en un hotel de San Sebastián, con luz y taquígrafos, una delegación del Partido Socialista de Euskadi, encabezada por Patxi López, y otra de Batasuna, a cuyo frente estuvo Arnaldo Otegi. El juez Garzón autorizó el encuentro, rechazando las demandas en contra, argumentando que lo había convocado el PSE, partido legal. Pero tampoco hizo nada cuando, tras la reunión, Batasuna ofreció una conferencia de prensa, obviamente no convocada por el PSE. 19 meses después, un acto organizado en Pamplona sin  mención expresa a Batasuna lleva al mismo juez a ordenar la inmediata detención y encarcelamiento de quienes tomaron la palabra en él.

Cada cual es muy dueño de pensar que fue entonces cuando se equivocó y que ahora acierta. O al revés. No hablo de eso. Sobre lo que llamo la atención es sobre la evidencia de que tenemos una legislación (la Ley de Partidos Políticos, en este caso) tan difusa, tan surtida de generalidades, que los jueces pueden ampararse en ella para justificar cualquier resolución y quedarse tan anchos. Y eso es precisamente lo que algunos están haciendo.

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El ajuste se acelera: la economía crecerá sólo un 2,3% en el segundo trimestre, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 7 febrero, 2008

Lo que empezó siendo una desaceleración de la actividad económica comienza a parecerse, cada vez más, a un ajuste brusco. Al menos, eso es lo que puede desprenderse de las últimas proyecciones macroeconómicas elaboradas por el Servicio de Estudios de la Caixa, que sitúa el crecimiento del PIB de España para el segundo trimestre de este año en un 2,3% en términos interanuales.Lo verdaderamente relevante no es sólo la tasa de aumento del Producto Interior Bruto -la más baja desde el pinchazo de la burbuja tecnológica a comienzos de la década-, sino, sobre todo, la velocidad de deterioro de la actividad, toda vez que un año antes (en el primer trimestre de 2007) la economía crecía a ritmos del 4,1%. A partir de ahí, comenzó una moderada desaceleración (4% en el segundo trimestre, 3,8%, en el tercero y 3,5% en el cuarto), pero la llegada del nuevo año ha derivado en un ajuste cada vez más severo. Según la Caixa, la economía crecerá en el primer trimestre un 2,9% (por debajo ya del su potencial), mientras que en el segundo lo hará ya al 2,3%.

El rápido descenso se explica por un doble motivo. En primer lugar, por la ralentización del consumo de los hogares, el componente que más pesa en el PIB, que crecerá únicamente un 2,3%, en línea con el incremento previsto del Producto Interior Bruto. Hay que tener en cuenta que el consumo de los hogares creció en el segundo trimestre de 2007 un 3,3%, es decir, un tercio más de lo que prevén las estimaciones de la caja de ahorros catalana.

Las inversiones, a la baja

El ajuste más severo, sin embargo, vendrá de la mano de la Formación Bruta de Capital Fijo, las inversiones públicas y privadas, que de crecer un 6,6% en el segundo trimestre del año pasado lo hará a un 2,1%, prácticamente la tercera parte.

El deterioro será especialmente intenso en la construcción, que únicamente crecerá un 0,4% (frente al 4,6% del año anterior); mientras que la inversión en bienes de equipo aumentará un 6%, muy lejos del 13,1% que crecía un año antes.

Para el conjunto del año, la Caixa estima un crecimiento del 2,5%, cuatro décimas por debajo de sus anteriores previsiones, y 1,3 puntos inferior al aumento del PIB estimado para 2007. De cumplirse las previsiones del servicio de estudios de la caja catalana, eso significa que el año 2008 acabará más cerca del 2% que del 2,5%.

La población ocupada sólo crecerá la mitad

El menor ritmo de creación de empleo explica en buena medida la ralentización de la actividad económica, toda vez que la Caixa estima que este año la población ocupada crecerá un 1,5%, la mitad de lo que habrá aumentado en 2007. Esto significa la creación de unos 280.000 puestos de trabajo. El deterioro del mercado laboral será especialmente intenso en el primer trimestre de este año, ya que, según sus estimaciones, la tasa de desempleo escalará hasta el 8,9%, tres décimas más que en el último trimestre del año pasado. Entre abril y junio, sin embargo, se producirá un ligera mejoría por razones estacionales, lo que servirá para rebajar el paro al 8,5%. En media anual, el desempleo se situará en el 8,7%, una décima más que ahora.

En cuanto a la inflación, la Caixa considera probable que el IPC se mantenga en tasas elevadas durante el primer semestre del año. En concreto, estima que el Índice de Precios de Consumo se situará en el 4,4% durante el primer trimestre (media del periodo) para bajar al 4,1% en el segundo trimestre, lejos de las previsiones oficiales.

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A vueltas con la crisis económica, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 7 febrero, 2008

La valoración de la situación económica en la recta final de una campaña electoral muy apretada (todas suelen ir justas) está sesgada por preferencias políticas e intereses partidistas. Los del Gobierno tienden a ver la situación mejor y mejorable, y los de la oposición culpan a los otros de la sequía y de la lluvia. Casi todos con argumentos que producen bochorno, defendidos por líderes que dejan de serlo al convertirse en repetidores mecánicos de consignas de marketing. Líderes a los que cabe exigir que ofrezcan horizonte, proyecto, visión, propuesta, esperanza.

Bastaría con repasar el sesgo de la campaña norteamericana. Obama ha rechazado estrategias de descrédito del adversario, y le ha ido mejor que bien. Y cuando Clinton utilizó ese procedimiento, especialmente en las primarias de Carolina que perdió, le fue mal, tanto que corrigió la estrategia inmediatamente. Estas dos últimas semanas han estado presididas por el respeto mutuo.

¿Se imaginan que Rajoy y Zapatero ordenaran a sus huestes predicar desde el recíproco respeto y consideración al adversario? Es igual quién pegó primero o quién pega más, lo cierto es que el clima dominante es el de la desconsideración.

La política española durante los últimos treinta años se construyó con fórmulas de consenso, especialmente hasta el año 2000. Desde entonces, la mayoría absoluta de Aznar y los complejos pactos de la legislatura actual (copia del infausto Pacto del Tinell, en Cataluña, excluyente y sectario) dieron de lado ese sustrato de fondo en demérito de la política grande y en perjuicio del ciudadano.

La referencia viene a cuento del juicio que los líderes políticos trasmiten sobre la actual coyuntura económica. Alegre y confiado el uno, fatalista el otro. Si hacemos caso omiso de las palabras gruesas y de la propaganda, ambos partidos tienen confianza en el futuro de la economía española y no son tan ingenuos como para imaginar que será por la magia de su gestión. El impacto de las políticas gubernamentales (trama nacional y autonómica) en la economía es modesto y a largo plazo puede estropear mucho a medio plazo y arreglar muy poco a corto.

Si los dos partidos consideran probable la creación de más de dos millones de nuevos empleos en España durante la próxima legislatura (y no les faltan razones para ello) no imaginan una inminente recesión. Son proposiciones contradictorias.

La Bolsa cayó un 30% entre el 2000 y el 2003 y el conjunto de las economías lo asimilaron sin inmutarse. Es probable que este trimestre las bolsas caigan un porcentaje semejante (ya han hecho la mitad del camino), pero tan probable como eso es una recuperación semejante antes de fin de año.

El ajuste de empleo que se ha producido en España durante las recientes vacaciones navideñas (entre el 20 de diciembre y el 7 de enero) revela que los agentes económicos están al tanto, reaccionan rápido y saben ajustar. El indicador de confianza del consumidor (ICC-ICO) conocido el martes, al que algunos atribuyeron la caída de la Bolsa de ese día (erróneo) es el más bajo de la historia del indiciador (que data del 2004), ratifica una tendencia bajista desde julio, pero también es cierto que la caída de enero es la menor de los últimos seis meses, poco más de un punto frente a una media de cuatro puntos al mes desde julio.

De manera que sosiego. En las bolsas cotizan el riesgo de recesión de Estados Unidos, que es una economía muy flexible que ajusta muy rápido y muy intensamente. La anterior recesión en EEUU pasó factura en Europa pero con tasas mucho más matizadas, al igual que en la fase de acreciento allí se cree más que aquí.

P.D.: No es fácil entender a los inmobiliarios del llamado G-14. Reclaman más agilidad para sacar al mercado suelo y producto, ¿pero no estamos con sobreoferta? ¿Se puede financiar más producto cuando sobra en el mercado?

fgu@apmadrid.es