Reggio’s Weblog

Lo que importa ahora, de Jordi Pujol i Soley en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 6 febrero, 2008

Comprendo que es difícil evitarlo. Comprendo incluso que algunos comentarios míos sean interpretados o utilizados políticamente en un marco preelectoral. Y por otra parte, mi participación en seminarios, conferencias no propiamente políticas, etcétera, así como las sesiones de presentación de mi libro de memorias provocan comentarios que, como decía, pueden ser interpretados y utilizados por terceros, no siempre en forma coincidente con mi pensamiento o propósito. Como ejemplo reciente están las declaraciones del president Montilla a propósito de un comentario mío en Girona. Por consiguiente es preferible que yo mismo exprese mi opinión, breve y condensada, sobre algunas cuestiones de gran actualidad. Lo hago – lo subrayo- a título personal, es decir, de forma que sólo a mí compromete.

1. Es evidente que el 9-M reviste gran importancia política para Catalunya y para el conjunto de España. Y por supuesto la reviste, en alto grado, para el catalanismo, que según cuál sea este resultado estará o no en condiciones de defender la identidad, las instituciones y las necesidades económicas y sociales de Catalunya, así como recuperar y activar el proyecto de país moderno, integrador, convivencial y, en todos los aspectos, de calidad.

2. Todo esto requerirá, aparte de un buen resultado electoral, un programa serio, viable y no demagógico. Este programa existe y es actualmente objeto de presentación sistemática.

3. Hasta aquí el planteamiento es claro. Más dudas hay sobre cómo se puede incidir en la política española -y en la catalana- después del 9-M. Y ahí la atención se centra en con quién podría o debería colaborar CiU.

4. Opino que CiU no debe ni puede pactar con el PP porque durante los últimos cuatro años directamente o indirectamente ha fomentado campañas de calumnia y ha excitado los ánimos contra Catalunya. Ha creado un ambiente de gran hostilidad y animadversión. Ha sido un ataque brutal que hace imposible un pacto. Rotundamente. Esto está muy claro.

5. Lo del PSOE es más sutil, pero también grave. Durante la pasada legislatura, el PSOE y el presidente Rodríguez Zapatero han engañado constantemente. Lo han hecho a propósito del Estatut, desde el principio y hasta hoy mismo en que no lo aplican. Lo han hecho con las promesas incumplidas de la publicación de las balanzas fiscales. Lo han hecho votando partidas presupuestarias que luego no han aplicado. Lo han hecho con las infraestructuras. Lo han hecho invadiendo competencias catalanas en temas de gran importancia. Y ambos – PSOE y PP- han utilizado Catalunya como munición de guerra para su enfrentamiento cainita. No merecen confianza.

6. Por consiguiente, sólo se puede tratar con ellos si pagan por adelantado. Hay que colgar el letrero de “no se fía”. Llegado el caso esto limitaría mucho el alcance y el grado del compromiso de CiU. En realidad, haría imposible un compromiso duradero y que obligase de forma sistemática. Sólo quedaría el recurso del día a día, y en cada ocasión desde cero.

7. Pero todo esto desde la perspectiva catalana ahora es o debería ser muy secundario. Ahora lo que Catalunya se juega en estas elecciones es otra cosa. Es la seriedad como sociedad y la dignidad y autoestima como país. Teniendo en cuenta que si un país no es serio no será tomado en consideración. Y no podrá negociar nada con éxito. Por desgracia, las cosas han evolucionado en esta dirección durante los últimos años. Sólo una actitud de afirmación y de orgullo puede devolvernos la credibilidad perdida. Y en este sentido el 9-M será un buen indicador.

8. Si después de todo lo que ha sucedido durante esta legislatura el electorado catalán no manifiesta su repulsa – es decir, si los partidos responsables de esta conducta, de este perjuicio y de este menosprecio salen incólumes del 9-M-, con razón se podrá llegar a la conclusión de que a Catalunya se la puede maltratar y engañar sin riesgo alguno.

9. Por consiguiente, hoy y el 9-M lo principal – lo realmente importante- no es pedir nada. Ni es negociar nada, ni lanzar cables a nadie porque mientras no restablezcamos la dignidad y el respeto no nos tomarán en serio.

Hemos sido defensores a ultranza de la gobernabilidad española, y por consiguiente hemos contribuido en gran medida a la estabilidad y al progreso del conjunto de España. Pero tal como hoy están las cosas, nada de esto está a nuestro alcance, como no lo está defender eficazmente los intereses morales y materiales de Catalunya y de los ciudadanos de Catalunya. Volveremos a estarlo el día que recuperemos dignidad y respeto. Y que demostremos, a unos y a otros, que maltratar a Catalunya tiene un coste importante. Serio. Grave.

10. Lógicamente esta debería ser la actitud del electorado catalán. Y con seguridad lo será si la decepción que hay en Catalunya no induce a buena parte de la ciudadanía a abstenerse. Hay en Catalunya un profundo malestar, que puede tomar dos direcciones bien distintas. La de la decepción, el desánimo y la renuncia, que electoralmente conduce a la abstención. Y también al gesto cívico y noble, pero no productivo, del voto en blanco. En la práctica el voto en blanco favorecerá indirectamente las opciones – socialistas y populares- para las que la prioridad no son los intereses políticos, económicos y nacionales de Catalunya.

La otra dirección es la de la reacción. La de la afirmación, la del rechazo del engaño, la de la exigencia de la dignidad y del respeto y la de la autoestima. Esa es la dirección que el 9-M hay que tomar.

Jordi Pujol i Soley, ex presidente de la Generalitat. Presidente de Convergència Democràtica de Catalunya

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¿Nos toman por tontos?, de Salvador Cardús i Ros en La Vanguardia

Posted in Derechos, Política by reggio on 6 febrero, 2008

La coincidencia de la campaña electoral en España con las primarias norteamericanas permite, y casi obliga, a hacer algunas comparaciones verdaderamente odiosas. Principalmente, lo que no resiste comparación es el sistema electoral y el modelo de partidos estadounidense, que somete a los candidatos a un proceso de selección abierto y competitivo de larga duración, lo que asegura no sólo que gane el mejor, sino que el candidato tenga que buscar y encontrar su mejor encaje con los diferentes grupos de interés y con las mayorías y las minorías que constituyen el cuerpo electoral, estado por estado. Pero además, todo este encaje entre política y sociedad viene alimentado por la creación de un sólido discurso político sobre el que deberá descansar la credibilidad de las propuestas políticas de cada candidato. Allí el sistema funciona de maravilla, de manera que los primeros en salir de la carrera, más allá de los programas, son los que no consiguen ser creídos.Aquí, todo lo contrario.

Los candidatos a presidente, y los que les siguen en las listas, no han sido sometidos a ningún escrutinio popular previo. Son resultado de los equilibrios y los encajes producidos por las burocracias de los partidos, al margen incluso de la propia militancia. De manera que se llega a la campaña electoral sin que los candidatos hayan tenido ninguna necesidad de escuchar ni aproximarse a un electorado políticamente culto. Todo queda sometido a las encuestas generales sobre “lo que importa y preocupa a la gente”, entiéndase bien, una “gente” entre la que son mayoría los individuos despolitizados – cuando no antipolíticos- y sólo sensibles a la satisfacción de sus intereses egoístas. Así, no es extraño que los directores de campaña orienten los mensajes según el modelo de las rebajas, del dos por el precio de uno, y particularmente, del “yo no soy tonto”, pensado para una mayoría políticamente ignorante que, indiferente al producto, sólo atiende al mejor precio.

Ni que decir tiene que se trata de un modelo que simplifica mucho el trabajo de partidos y candidatos. La consigna “hablar de lo que interesa a la gente” es fantástica para dirigirse a un electorado desmovilizado, desorganizado y sin compromiso político ni social. El discurso político puede prescindir de los horizontes ambiciosos y puede bajar al trapicheo de los 400 ¤ por votante.

Como se da por descontado que el electorado no se fía de nadie, ningún candidato se atreve a pedirle ningún sacrificio por el país y, en cambio, para hacerle participar de algo en lo que no cree, lo único que se le ofrece son algunas migas del botín que repartir. Aquí, el candidato no ofrece esperanza a cambio de compromiso, sino rapiña a cambio del voto. Finalmente, los gobiernos se convierten en gestores de intereses privados camuflados de oficinas de consumidores intemperantes e insaciables de servicios públicos.

Precisamente, en nuestras campañas, los asuntos de más calado no llegan al elector como resultado de debates previos o como afirmación de principios sólidos, sino como consecuencia de los fuegos que el oponente prende en casa del adversario, es decir, como incendios que hay que extinguir lo antes posible. El debate sobre el aborto llega para los socialistas tras la acción pirómana de los obispos, pongamos por caso, y la respuesta consiste en abrir la manguera de una vaga amenaza sobre revisión del concordato con la Santa Sede. Vaya, todo propuestas muy meditadas… Y el PP promete libertad de elección de la lengua vehicular en las escuelas de acorde con la lengua materna, lanzando la oferta a modo de cóctel molotov en territorio catalán. Porque se entiende que eso solo afecta en las comunidades con dos lenguas oficiales pero con una única red escolar, y esto se aplica sólo en Catalunya. Y no creo que prometan este derecho “individual” a los padres catalanohablantes en las escuelas madrileñas, ni a los padres que hablan amazig en las escuelas extremeñas, ni tampoco sabemos si los padres vallisoletanos tendrán la libertad de escoger como lengua vehicular de la escuela de sus hijos a una que no sea la materna como, por ejemplo, el chino mandarín.

La pregunta clave que estos días se oye con más frecuencia en la calle es la siguiente: “¿Es que nos toman por estúpidos?”. La pregunta, de naturaleza retórica, no asegura ninguna inteligencia por parte de quien la formula y sólo da cuenta de la actitud de desconfianza básica que se establece entre el individuo, presunto ciudadano, y el político, presunto servidor público. La respuesta, por otra parte, está bien clara: sí, nos toman por estúpidos, probablemente porque políticamente es en lo que nos hemos convertido. Llevamos demasiado tiempo midiendo la madurez democrática del país por el orden con que hacemos las colas en los colegios electorales un día cada cuatro años. Pero la estupidez de la situación no tiene su origen en algún tipo de incapacidad atávica de unos u otros, sino en la lógica del sistema político y electoral. Un sistema que nos trata de, nos convierte en y nos obliga a votar como si fuéramos estúpidos. No es de extrañar que, en Catalunya, dos “molt honorables” de larga y comprometida trayectoria política, sin ninguna sospecha de antipoliticismo, hayan aconsejado votar en blanco, en una huida comprometida hacia la única inteligencia política posible del momento.

Una de las frases de campaña de Barack Obama es la siguiente: “Os pido que creáis. Pero no sólo en mi capacidad para llevar el verdadero cambio a Washington. Os pido que creáis en vosotros mismos”. Una frase inimaginable en nuestra campaña de duros a cuatro pesetas dirigida a los desconfiados que lo único que creen es que no son tontos.

salvador.cardus@uab.cat

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Los extranjeros censados cuentan pero no votan, de Eduard Sagarra Trias en El País de Cataluña

Posted in Derechos, Política by reggio on 6 febrero, 2008

Todos los españoles estamos convocados a la celebración del acto democrático por excelencia, es decir, a participar en las elecciones generales del próximo 9 de marzo. En ellas se elegirá a los representantes de los ciudadanos españoles en el Congreso de Diputados y en el Senado. La pregunta que se plantea la ciudadanía es: ¿la inmigración y los extranjeros pueden influir en el resultado de las urnas? ¿Pueden o podrán votar en las elecciones generales?

Los extranjeros, inmigrantes o no, residentes o no, en situación regular o irregular, visibles e invisibles, no pueden ni podrán votar en unas elecciones generales en España mientras no se modifique nuestra Constitución. Contrariamente a lo que muchos piensan, los ciudadanos nacionales de los 27 países de la Unión Europea tampoco tienen, ni tendrán, el derecho al sufragio activo ni pasivo en las elecciones generales, ya que ellos también -no lo olvidemos- son extranjeros en España.

Quienes sí pueden votar, y votan, son los emigrantes españoles que residen en el exterior, que se cifra en más de un millón de personas en todo el mundo, aunque éstos no vengan o no hayan venido nunca a España o tengan, además, otra nacionalidad.

Ante esta evidencia y respuesta negativa, la cuestión que planteamos con nuestro titular parece baladí e innecesaria. Pero no lo es ni mucho menos, ya que la inmigración o extranjería censada tiene una especial y directa incidencia -de acuerdo con la legislación electoral española- en orden a distribuir los 350 escaños provinciales del Congreso de los Diputados y, a su vez, las políticas que se hagan o prometan hacer, en cada lista electoral, con la inmigración galopante y sin freno, influirá mucho en la tendencia de voto del electorado español que, actualmente y en especial estos días, es muy susceptible en este difícil asunto, y consecuentemente en los resultados finales tras la contienda electoral.

La asignación de escaños para cada provincia se hace de conformidad con el último censo (1 de enero de 2007), que arroja la cifra de 45.200.773 habitantes, de los que 4.519.554 son extranjeros. Los censados en esa misma fecha en Cataluña son 7.210.508, con un censo extranjero sobre el 11%, distribuido desigualmente. Estas cifras, por lo que respeta a Cataluña, no influye directamente en la reasignación de escaños, que son 31 en Barcelona, 6 en Tarragona, 4 en Lleida y 6 en Girona.

Ahora bien, quienes están censados y por ello sirven para la asignación de escaños, no son únicamente los nacionales españoles, pues dentro del censo se hallan inscritos los citados 4.519.554 extranjeros (se computan como tales los que están en situación regular, pero también los inmigrantes en situación irregular), todos ellos sin voto. De todo ello se deriva que en las próximas elecciones, provincias con escasa inmigración censada perderán un escaño -A Coruña, Córdoba y quizá Soria, a favor de Alicante, Murcia y Almería-. No se hallan computados, evidentemente, los inmigrantes llegados durante el último año ni tampoco los que ya vivían con nosotros pero no estaban censados, que según fuentes periodísticas recientes, unos y otros suman más de un millón de personas, a las que podríamos llamar residentes de hecho pero invisibles.

Por el contrario, en el censo no están inscritos los más de un millón de españoles que viven en el extranjero, y éstos, sin embargo, sí tienen derecho al voto e influyen mucho en el resultado. En Galicia, si se computara en el censo electoral a todos los emigrantes de origen gallego se calcula que obtendría en su conjunto cinco diputados más, en perjuicio de otras provincias.

En definitiva, partiendo del principio legal de que el padrón municipal es el registro administrativo donde constan los vecinos de un municipio, y este dato sirve para fijar el censo electoral, la consecuencia es que en el mismo no están todos los que son, ni todos los que están pueden votar y aquellos que siendo españoles son emigrantes, no están pero pueden votar.

Aunque parezca contradictorio y un tanto paradójico, en las elecciones del 9 de marzo en España estaremos ante las siguientes situaciones con referencia a su derecho a votar o a no votar:

-Españoles residentes: cuentan y votan.

-Extranjeros censados y empadronados: cuentan pero no votan.

-Españoles emigrantes que viven en el extranjero. No cuentan, pero votan,

-Inmigrantes no censados en España (se presume que pueden ser casi un millón de personas). No cuentan ni votan. Pero aun sin derecho a votar, tendrán una trascendental influencia en el resultado de las elecciones y en la política de extranjería que figure en los programas electorales o el enfrentamiento o arma que se haga con la extranjería.

La situación no es fácil de entender y vaticinamos, desgraciadamente, que a pesar de todo ello nuestros políticos seguirán enzarzándose en hacer y confrontar una peligrosa política con la extranjería que está reñida con el modelo de sociedad que España necesita en 2008, es decir, la que exige una buena política de extranjería que, sobre todo, debe ser una política de Estado para la extranjería en beneficio de todos, nacionales y extranjeros.

Eduard Sagarra Trias es abogado y profesor de ESADE y de la UB.

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Una vela a Dios y otra al Diablo, de José Antonio Martín Pallín en El País

Posted in Política, Religión by reggio on 6 febrero, 2008

La sabiduría ancestral de la curia italiana se puso de relieve en los tiempos en que la hegemonía política de la democracia cristiana se veía amenazada por el eurocomunismo. En los períodos electorales, los curas italianos, manteniendo esa exquisita equidistancia de los que saben que el cielo comienza en la tierra, advertían desde sus púlpitos que no querían inmiscuirse en política, pero recordaban a sus feligreses que ellos eran demócratas y eran cristianos.

Apenas habíamos asimilado las manifestaciones callejeras de cardenales y obispos por las más diversas reivindicaciones cuando nos llega el último acuerdo de la Conferencia Episcopal, leído, sin rubor aparente, por un portavoz recientemente elevado a la dignidad episcopal. Y resulta que, como diagnosticó en su día el incombustible ministro demócrata-cristiano Giulio Andreotti, a la política española le manca fineza, le falta estilo y cultura democrática.

La letanía de la jerarquía española es la habitual: aborto, eutanasia, matrimonio de personas del mismo sexo, laicismo, educación para la ciudadanía, nacionalismo y terrorismo… con una apostilla inédita: no es moral conversar con los terroristas.

A nadie puede extrañarle la posición de la Iglesia Católica sobre el aborto y la eutanasia. Personalmente, sigo sin entender su rechazo a la homosexualidad masculina. En cuanto a su oposición al divorcio, resulta jurídicamente surrealista. No lo admite, pero favorece las nulidades de los matrimonios canónicos con una flexibilidad y ligereza que desborda todas las posibilidades que establece la legislación civil. Se acuerda la nulidad, previo costoso proceso canónico, si los contrayentes son inmaduros, no creían en el carácter sacramental de la unión o no la han “consumado”. Se admite también la nulidad cuando los cónyuges lo hayan contraído con el propósito deliberado de no tener hijos o no guardarse fidelidad.

Pero la cúpula episcopal ha dado un paso adelante con su última declaración. Lanzada directamente a la arena política en pleno periodo electoral, ha roto todos los cánones de imparcialidad y equilibrio, pronunciándose a tumba abierta sobre el sentido que debe tener el voto del que comulga con sus creencias, ritos y ceremonias, y advirtiéndole del grave peligro de ganar el mundo y perder su alma.

Así que la nota emitida por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal (formada por 18 obispos) desprecia su condición de parte que actúa en función de los Acuerdos Internacionales entre el Estado español y la Santa Sede, y se pone por solideo las normas, internacionalmente admitidas, sobre el derecho de los Tratados (Viena, 23 de mayo de 1969). Cabe recordar que las obligaciones contraídas lo son para las dos partes, con arreglo a su contenido y a los principios de lealtad recíproca y buena fe.

Los obispos sugieren que su nota sólo pretende meditar de nuevo sobre la Instrucción Pastoral aprobada el 23 de noviembre de 2006 por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal bajo el título Orientaciones morales ante la situación de España. Pero lo cierto es que, vulnerando de forma explícita su posición en el marco de los acuerdos jurídicos con el Estado español, han abandonado su condición de parte institucional para expresarse como beligerantes ciudadanos implicados hasta el cuello de la sotana en la contienda electoral.

La trampa es muy burda. Conservan intacta su condición de parte contratante de un Tratado Internacional y al mismo tiempo se disfrazan de su condición de españoles para disparar contra los programas de determinados partidos políticos. Nos dicen que no pretenden que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica, pero al mismo tiempo sostienen que esta moral es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas.

En esta línea, no consiguen separar el trigo de la paja, y por ello reconocen la legitimidad de las posiciones nacionalistas no violentas, para, en el renglón siguiente, invocar la autoridad de Juan Pablo II y denunciar “los peligros del separatismo”. Una vela a Dios y otra al Diablo.

En el rosario interminable de agravios contra el Gobierno, lo verdaderamente novedoso de la declaración electoral de los obispos es alguna precisión sobre el terrorismo. No les mueve la lógica condena de esta actividad, algo que compartimos los que sabemos que gracias a los asesinos terroristas estuvo a punto de volver el nacionalcatolicismo el 23 de febrero de 1981. No, ahora perfilan más su posición partidista. Empiezan añadiendo la obviedad de que una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población. Y luego, decididos a introducirse por terrenos pantanosos y oscuros, afirman dogmáticamente que nunca se puede tener a los terroristas como interlocutores políticos. Manipulan así la Instrucción Pastoral al omitir las referencias a las medidas de indulgencia en el caso de renuncia definitiva al uso de las armas. Esta aportación, por cierto, no tiene nada que ver con la moral católica, históricamente tan acomodaticia a toda clase de situaciones terrenales.

Señores obispos, termino como ustedes en su nota: que el Señor les ilumine y fortalezca para que se den cuenta del daño que están haciendo a la convivencia entre los españoles.

José Antonio Martín Pallín es magistrado emérito del Tribunal Supremo.

La desaceleración comienza a parecerse a un frenazo, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2008

A FONDO

Hace un par de meses el Gobierno todavía negaba que hubiera un cambio de ciclo en la economía española. No sólo eso. Incluso se cuestionaba la influencia sobre el crecimiento de la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos. «En España no hay subprime», se afirmaba con ingenua arrogancia.

Ahora, por fin, ya se admite que estamos ante una «desaceleración» (ayer lo reconoció el secretario de Estado de Economía, David Vegara). Claro que, la admisión de ese hecho tiene su componente ideológico. «Llegamos al poder con la marea de las consecuencias de la guerra de Irak y ahora nos vamos con las consecuencias de los errores en materia económica de Estados Unidos», dijo en EL MUNDO el ministro de Justicia, Fernández Bermejo. O sea, que Bush tiene otra vez la culpa de nuestros males.

Sin embargo, la cuestión en estos momentos no es si estamos ante una desaceleración, sino si nos encontramos ante un brusco frenazo. Los datos no pueden ser más preocupantes. La inflación (4,3%) y el fuerte aumento del paro registrado en el mes de enero (que agudizan la tendencia de los dos meses anteriores); la caída del Indice de Confianza de los Consumidores (dato que dio a conocer ayer el ICO); la bajada del índice de producción industrial (otro varapalo que ayer hizo público el INE), etc. conforman un panorama poco halagüeño para el Gobierno.

Para colmo, la Bolsa volvió a darse otro batacazo (cayó un 5,19%) arrastrada por los malos resultados del sector servicios en Estados Unidos, que apuntan claramente a una recesión de la mayor economía del mundo.

En la cada vez más complicada situación hay, sin duda, elementos externos, como la subida de los precios del crudo o la propia restricción internacional del crédito provocada por la crisis de las subprime. Sin embargo, también hay elementos internos, atribuibles a una mala gestión del Gobierno. En primer lugar, el Ejecutivo, haciendo gala de una frívola demagogia, actuó de forma procíclica en el sector inmobiliario, acelerando su caída, sin darse cuenta de las implicaciones que esa política podía tener en el sector de la construcción, que, junto al turismo, es el que genera más empleo en España.

En segundo lugar, el Gobierno ha reaccionado tarde porque consideró perjudicial para los intereses electorales del PSOE reconocer que las expectativas habían cambiado. La reforma fiscal debía haberse aprobado el pasado verano. Los 400 euros anunciados improvisadamente por el presidente son una medida electoralista que, además, no va a afectar a los que más lo necesitan.

Pero lo peor, con todo, ha sido la pérdida de productividad de la economía española en estos últimos cuatro años. Y esa era, recordémoslo, la gran apuesta economómica de Rodríguez Zapatero para esta legislatura. Eso quiere decir que, ante un empeoramiento sustancial del panorama, nuestras empresas están peor preparadas para afrontarlo que hace cuatro años.

Hay que tener en cuenta que nuestros Presupuestos del Estado calculan para este año un crecimiento económico del 3,3%, aunque Solbes ya lo ha recortado, con su tradicional prudencia, al 3,1%. ¿Quién se cree esa cifra? Desde luego, la mayoría de los organismos internacionales y de los servicios de estudios más reputados, no. Las cifras apuntan a una fuerte caída del crecimiento en los últimos dos meses. Una previsión no demasiado pesimista situaría nuestro PIB en 2008 en torno al 2,5%. ¿Por qué le cuesta tanto reconocer la realidad a este Gobierno?

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

¿Vuelven Keynes y el Estado?, de Pedro G. Cuartango en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2008

TIEMPO RECOBRADO

La crisis económica golpea ya a nuestro país, como reflejan indicadores como el paro en enero, el descenso del consumo y el pánico bursátil. Pero convendría reflexionar sobre su origen, aunque sólo sea para evitar repetir los mismos errores.

Hay muchos factores que han coincidido en desencadenar este crash, pero casi todos los expertos coinciden en que el principal ha sido el irresponsable manejo de los créditos en EEUU, resultado de una política equivocada de la Reserva Federal.

Para salir del impasse provocado por los atentados de las Torres Gemelas en 2001, la Reserva Federal y su gran mago Alan Greenspan facilitaron dinero barato a los bancos.

Los bancos americanos abrieron el grifo del crédito y alentaron la compra de inmuebles, prestando fondos sin garantías. La facilidad de disponer de dinero hizo subir los precios de los inmuebles muy por encima de cualquier racionalidad. Y el propio alza del valor atrajo a nuevos compradores, que creían que podían obtener un beneficio fácil. Así se produjo la llamada «burbuja inmobiliaria».

Todo este castillo de naipes se ha derrumbado y ha dejado tocado al sistema financiero estadounidense y, de rebote, al europeo. El semanario The Economist cuantificaba en 200.000 millones de dólares las provisiones que deben realizar los bancos para sanear sus balances por el efecto de las hipotecas subprime.

La crisis del sector bancario ha empezado a aflorar con enorme crudeza. En las últimas semanas, Citigroup, UBS y Société Générale han anunciado pérdidas astronómicas, derivadas de negocios especulativos.

Me llama mucho la atención que ninguno de sus tres presidentes haya dimitido o haya pedido perdón a los accionistas. Por el contrario, Marcel Ospel, de UBS, pretende renovar su mandato cuando expire en abril, a pesar de haber metido a su banco en aventuras de alto riesgo que han tenido consecuencias nefastas.

Lo que ha fallado en esta crisis es la falta de controles en una economía globalizada, donde ningún Gobierno ni organismo internacional puede intervenir para frenar los excesos.

Las políticas neoliberales de los años 90 permitieron a los bancos y las grandes empresas operar sin restricciones en los mercados y redujeron el papel regulador de los Gobiernos en la actividad económica.

De aquellos polvos vienen estos lodos. En el capitalismo coexisten el lado virtuoso de la ética calvinista con ese componente autodestructivo que es la especulación. Cuando se rompe el equilibrio entre ambos factores, el sistema se desestabiliza. Tal vez veamos ahora una resurrección de Keynes y del Estado, que asusta a muchos pero que puede resultar necesaria para establecer unas nuevas reglas de juego, como sucedió en los años 30.

© Mundinteractivos, S.A.

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La democracia vertical, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Política by reggio on 6 febrero, 2008

El ojo del tigre

En la lejana época de los años 60 del siglo pasado –sobre todo, a partir de 1966; en las vísperas, que entonces ni tan siquiera se intuía que lo eran, del revolucionario 1968-, hubo miles de españoles que soñaban con una democracia abierta, participativa y pluralista, en donde a la palabra libertad (incluidas sus variantes: de conciencia, de expresión, de imprenta, de información, de pensamiento, de culto…) no le manipularan su raíz etimológica; como lo hicieron los ideólogos de la dictadura para imponer su democracia orgánica, la gran metáfora del totalitarismo fascista en España. Pero, veinte años después, cuando fue evidente el fenómeno (intransitivo) de la reforma del franquismo, aquellos españoles soñadores no tardaron en darse cuenta de que el final de su sueño anunciaba el comienzo de otra pesadilla.

En esta ocasión, la pesadilla era además un fraude político. Otro más para añadirlo a la larga lista de fraudes políticos, ideológicos, morales y económicos cometidos, con descarada felonía, por los eternos poderes oligárquicos de este país durante el siglo XX. Tan sólo unos pocos de aquellos demócratas utópicos de los 60 se resistieron a aceptarlo. La mayoría, quizás para no frustrar sus sueños de libertad, asumieron las reglas del juego que se establecía con el pretexto de que, por fin, a los españoles se nos reconocía nuestra mayoría de edad para el ejercicio personal de nuestra dignidad y para participar en el gobierno de nosotros mismos.

La historiografía oficial de esa otra gran metáfora del cambio de la dictadura franquista por una monarquía supuestamente democrática tiene varios enfoques; cada uno de ellos expresado de acuerdo con los compromisos políticos o partidistas de quien firma el relato. Sin embargo hay dos tesis comunes –al parecer, inalterables e indiscutibles- en cada una de esas historias subjetivas sobre la mutación de la dictadura. Una, que los españoles nos dimos la democracia de las libertades, como si España, en aquel momento, fuera un autoservicio…Otra, que eso fue posible gracias al rey de la nueva monarquía española.

Lo primero, no es verdad. Ni tampoco es cierto lo segundo. Los españoles de a pie fuimos, para los autores del cambio, el coro griego que necesitaba aquella epopeya. La verdadera importancia de la monarquía consistió en que gracias a ella -especialmente, por su origen fundacional- el franquismo logró legitimarse en el proyecto de reforma para encajar, luego, en la democracia constitucional con que se remató la faena.

La Transición se hizo a puertas cerradas, mientras el pueblo recorría las calles soñando en voz alta con las libertades. El cambio de la dictadura a un sistema democrático pluralista se hizo desde arriba hacia abajo. El método no era desconocido para quienes, desde aquel régimen agonizante, intervinieron en la adaptación de la vieja dictadura al medio ambiente democrático que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se había extendido por Occidente.

Ni tampoco es verdad que la reforma la realizaron únicamente los demócratas ávidos de libertades y hastiados de tutelas, junto con los franquistas convencidos de que su régimen ya no podía subsistir rodeados de tantos países abiertamente democráticos. La era de los totalitarismos había pasado a la historia.

La Transición española contó con la intervención de un gran sastre cortador: Estados Unidos. A los españoles nos vistieron de demócratas con el uniforme que nos diseñaron, cortaron y cosieron los modistos de Washington, que contaron con la ayuda de los costureros españoles. Negarse a reconocerlo es lo mismo que dedicarse a contar mentiras ahora que vamos despacio…Es lógico que ocurriera así: concluida la Segunda Guerra Mundial (1945), se inicia la llamada Guerra Fría con dos únicos protagonistas decididos a repartirse el mundo entre ellos: Estados Unidos y la URSS. El Occidente fue –y es- la gran propiedad privada de la histórica democracia estadounidense.

Pero, aún reconociendo que España pertenece al mundo norteamericano; que la Transición se hizo en sentido vertical –desde arriba para abajo- y que las instituciones y los partidos sustituyeron la voluntad popular de los españoles por los intereses generales o personales de cada oligarquía dominante, es imposible ocultar que muchos españoles hace cuarenta años, por lo menos, no se mantuvieron pasivos –ni dóciles ni sumisos- frente a la manipulación de los reformistas. Sus deseos vitales de libertad sin cortapisas fascistoides están ahí: dentro o fuera –más bien fuera- de la historiografía oficial de la Transición. Pero están.

Después de tres décadas de una democracia de adhesión y no de participación; de un sistema político férreamente controlado desde arriba –desde las instituciones y desde las cúpulas de los partidos mayoritarios-, los españolitos que soñaban con unas libertades no condicionadas por los intereses del nuevo poder, se encontraron con que la democracia, que supuestamente ellos mismos se habían dado, ha fraguado como una fantástica y sólida democracia vertical; en la que aquellos antiguos tres ejes principales de la democracia orgánica (Familia, Municipio, Sindicato vertical) continúan funcionando como si aquí no hubiera pasado nada: la Familia, la pone la Iglesia Católica; el Municipio –junto con el Estado- lo ponen los dos partidos que protagonizan el bipartidismo, esa hábil variante del partido único. Del Sindicato vertical se encarga los históricos sindicatos de la antigua clase obrera, como avalistas de las buenas relaciones del trabajo con el capital…

De aquellos miles de españoles dispuestos a sacrificarse por las libertades, sólo queda una exigua minoría. Los demás, decidieron tirar la toalla hace tiempo para dedicarse a practicar el diálogo democrático utilizando las viejas frases acuñadas por la tradicional derecha apostólica, maestra del pensamiento franquista. A esto lo llamaron desencanto hace más de veinte años. Hoy, nadie recuerda ni el nombre.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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El PP se olvida de los obispos e insiste en la economía, de José Oneto en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 6 febrero, 2008

Los malos datos del índice ISM del sector servicios, que, en el fondo, mide la confianza que los productores tienen en la economía norteamericana y que ha entrado en “alerta roja”, y los malos datos del empleo que se hicieron públicos ayer en España han hecho que la Bolsa española haya registrado un nuevo martes negro con el hundimiento del Ibex en un 5,19 por ciento, en lo que es la segunda mayor caída del año.

La Bolsa española, que ha recibido con desconfianza los últimos datos del paro (132.378 en enero), el mayor en los últimos veinticuatro años, y que no ha podido digerir lo que es el hundimiento en la confianza del consumidor, según las ultimas encuestas, ha reaccionado con una de las mayores bajadas del año después de conocerse las cotizaciones de Wall Street, que siguen a la baja ante lo que cada vez se parece más a una recesión que a un simple estancamiento.

Loa últimos datos del paro, provocado por la crisis económica y en España por los problemas que está atravesando el sector inmobiliario, suponen el mayor ascenso que se conoce en este mes desde hace diez años según se contabilice en términos homogéneos y que, según otros cálculos, estaríamos en la peor situación desde hace, nada más y nada menos, que veinticuatro años.

El propio ministro de Trabajo, Jesús Caldera, que ha venido anunciando que la subida del paro se iría moderando en los próximos meses, no ha tenido más remedio que reconocer que los datos son malos como resultado de la desaceleración económica a la que se ha venido a unir la crisis inmobiliaria. La paralización en la venta de pisos hasta el punto de que la mayoría de las inmobiliarias se están enfrentado con problemas que no tenían previsto, ha repercutido directamente en el mercado laboral.

Aunque el ministro Caldera ha señalado que el aumento del paro se ha debido a la crisis por la que está atravesando el sector inmobiliario, la realidad es que los datos de enero indican que el paro crece en todos los sectores de la economía.

Enero, que suele ser el mes que, finalizada la campaña de Navidad, aumenta el número de parados en el sector servicios, ha doblado el número de desempleados respecto al año 2007.

Por eso, el Partido Popular, que apenas ha presentado proposiciones de ley a lo largo de la legislatura relacionadas con el tema económico (era cuando la economía estaba creciendo muy por encima de la zona euro, se estaba creando empleo y los datos del superávit publico estaban situados en cifras históricas), se ha agarrado al tema económico como el principal leit motiv de la campaña electoral.

Mientras el Partido Socialista intenta por todos los medios explotar la pastoral de los obispos de la Permanente del Episcopado, que le ha proporcionado un auténtico balón de oxígeno, el Partido Popular y Mariano Rajoy, que, hasta ahora, no han hecho ningún tipo de comentario sobre lo que es el “gran error” de los obispos, intentan centrarse en el tema económico y en los efectos que la crisis está teniendo en la economía familiar y en la reacción negativa de la Bolsa.

Los datos del paro, malos sin duda según ha tenido que reconocer el propio ministro de Trabajo, Jesús Caldera, han servido de argumento al PP para insistir en que el gran debate de la campaña electoral será precisamente la economía.

Mariano Rajoy está repitiendo estos días de campaña un mensaje pedagógico que llega con eficacia al ciudadano: cada día en España, según los datos de los últimos meses, 4.400 personas se quedan sin trabajo.

Es verdad que el Partido Popular dejó el índice de paro en el 11% cuando abandono el poder y que el Partido Socialista, a pesar de los malos datos de los últimos meses, lo ha dejado situado en el 8,5%. Pero, al final, lo que cruenta es lo último que se ha hecho, no lo que se ha venido haciendo en toda una legislatura. Y ése es el mensaje que con eficacia están lanzando el Partido Popular y su líder, Mariano Rajoy.

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Rajoy, el irresoluto, de Javier Ortiz en Público

Posted in Política by reggio on 6 febrero, 2008

Lleva ya un buen taco de días Mariano Rajoy repitiendo machaconamente en todas sus intervenciones públicas que él de lo que quiere hablar de “los asuntos que realmente importan a la gente”. Y resulta que ahora esos asuntos son la carestía de la vida, el paro y la recesión económica.

Cualquiera que haga repaso mental del temario que ha alimentado su oposición durante los cuatro últimos años, tanto en el Parlamento como en los manifestódromos de Madrid, recordará que hasta hace 15 días “los asuntos que realmente importaban a la gente”, en los que tanto él como su plana mayor centraban de manera constante sus peroratas, eran las especulaciones sobre la participación de ETA en los atentados del 11-M, la supuesta disgregación de España por culpa del nuevo Estatut catalán, el matrimonio gay como atentado a la quintaesencia de la familia cristiana, las máquinas trituradoras de fetos de siete meses, el diálogo fracasado del Gobierno con ETA… y, ya puestos a ampliar el temario, Ibarretxe, ANV, De Juana, la inmigración, el trasvase de aguas del Ebro a los campos de golf de la Comunidad Valenciana y las malas relaciones Zapatero-Bush.

Si el presidente del PP sentía una honda preocupación por los apuros económicos de la gente menos pudiente, hay que reconocer que lo disimulaba con pasmosa habilidad.

Pero qué va. Es obvio que sus asesores en mercadotecnia electoral le han hecho ver que el discurso ultra que ha mantenido durante toda la pasada legislatura vale para dar cuerda a algunos medios de comunicación afines –que tampoco lo son tanto, dicho sea de paso– y para satisfacer a la feligresía incondicional, pero no para atraer a los sectores políticamente templados, cautos, sin cuyo concurso un partido como el suyo no puede vencer en unas elecciones generales. Y es eso lo que le ha decidido a cambiar de repertorio.

Pero, como le ocurre con demasiada frecuencia, Mariano Rajoy (recordemos el reciente episodio de la candidatura de Ruiz Gallardón) ha demorado la decisión hasta el último momento. De natural irresoluto, ha dado el giro demasiado tarde.

Debería saber que no es aconsejable cambiar de caballo en medio de la carrera.

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¿Se escribe el futuro de España con R de recesión? WSJ cree que así es, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2008

Demoledor editorial del Wall Street Journal ayer sobre el futuro económico inmediato de España. Dada su consideración de medio financiero de referencia a nivel internacional, permítanme que me dé la licencia de traducir para todos ustedes su contenido (en cursiva las aclaraciones pertinentes). Está bastante mal escrito (me he permitido adecuar algunos giros al castellano, manteniendo la esencia) y recoge datos obsoletos sobre la economía nacional, impropios de un medio de su prestigio. Sin embargo su contenido es muy interesante, aunque hay que aplicarle un coeficiente ideológico corrector, que ya sabemos todos de que pié cojea el rotativo norteamericano.Es apocalíptico, hasta el punto de que recoge afirmaciones que, aparentemente, están lejos de materializarse, al menos de momento. Entre ellas la posibilidad de que España entre en recesión en un futuro no muy lejano como consecuencia del crash inmobiliario. ¿Influyó en la mayor caída del Ibex ayer frente a otras bolsas desarrolladas? Puede ser, pero no creo que más que el efecto conjunto de los datos de paro y el debilitamiento de la producción industrial, el sector servicios y la confianza del consumidor conocidos en los dos últimos días. El título: “Frío invierno para el residencial, y para los políticos”. Vamos con ello.

“Estallido de la burbuja inmobiliaria, miedo a una recesión, estímulos fiscales de cara a las elecciones. Cierto: los americanos se podrían sentir en España como en casa. Y es que, tal y como ocurre en Estados Unidos, hasta fechas muy recientes la economía había quedado fuera del debate político. Durante la última década, el tigre español (analogía con los tigres asiáticos) ha crecido a mayor ritmo que el resto de la Euro zona. Sin embargo, el aumento del paro y de la inflación, unido al colapso de la construcción y la promoción residencial, pueden pasar factura al primer ministro socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, en las elecciones del mes que viene. Los españoles se las ven y se las desean para pagar sus hipotecas y la ventaja de Zapatero sobre la oposición conservadora se reduce paulatinamente.

Dos son los factores que se encuentran detrás del milagro económico español. Por una parte el boom constructor, que ha llevado al sector a alcanzar el 10% del Producto Interior Bruto y el 12% del empleo, el doble que la media europea. Por otro, el consumo de los particulares que, a su vez, se ha visto impulsado por el incremento de los precios de la vivienda. Sin embargo, lo que parecía ser un círculo virtuoso se está convirtiendo en un círculo vicioso.

El deterioro de las condiciones de crédito junto con el exceso de oferta han provocado una ralentización del mercado residencial español. El nivel de preventas ha caído abruptamente mientras que el número de nuevas hipotecas se ha reducido un 17%. Los precios de las casas, que habían multiplicado por tres en los últimos diez años, caen un 3,1% desde los máximos de julio. Y las perspectivas no son más halagüeñas. El crecimiento económico, un 3,6% de media desde el lanzamiento de la moneda única, puede caer en 2008 hasta el 2%, sólo marginalmente por encima del resto de la Eurozona. Mientras, una inflación en niveles máximos de 12 años (4,2% dato obsoleto mejor que el real) incide en el poder de compra de los ciudadanos.

Las consecuencias de un crash inmobiliario sobre el conjunto de la economía van a ser de alcance. Cerca de un tercio de los empleos creados en los últimos tiempos corresponden al sector constructor. Añadan venta inmobiliaria y servicios financieros y dicho porcentaje se incrementa hasta el 50%.

Tan fácil como llega se va. 50.000 empleos ligados al sector de la construcción (dato obsoleto mejor que el real) se han destruido sólo en 2007. Y los principales promotores españoles creen que dicha cifra se puede incrementar en otros 400.000 parados más en los próximos dos años. Y pueden quedarse cortos. Si la actividad del sector se ralentiza un 50%, algo más que probable, un total de 900.000 trabajadores del sector pueden verse abocados a la calle. En el pasado, tales repuntes del paro suelen coincidir con periodos recesivos de la economía.

Y es que el boom constructor español ayudó a ocultar deficiencias estructurales de su economía que ahora pueden frustrar las posibilidades de recuperación del país. Puede que el crecimiento haya sido sideral en la última década, pero la productividad laboral se ha reducido sustancialmente durante el mismo periodo. Por el contrario, Francia, Alemania y hasta la anémica Italia han visto mejoras, -mayores en los dos primeros casos, más modesta en el caso de Italia-, en su productividad por empleado. ¿La causa? En parte la desproporcionada proporción de capital y mano de obra que se dirigió hacia sectores de baja productividad, principalmente construcción, pero también distribución minorista y servicios ligados al turismo. El exceso de regulación y el bajo gasto en I+D no han hecho sino acentuar esta improductiva tendencia.

Por su parte, el gobierno prefirió ignorar las señales de alarma. Tras superar a Italia en términos de PIB per cápita en 2007, Zapatero sugirió en septiembre que Alemania era la siguiente. Esta afirmación debe atribuirse a la exhuberancia juvenil de un político de 47 años de edad.

Mientras que la oposición conservadora promete recortes impositivos en los impuestos de la renta y sociedades con objeto de atraer inversiones, Zapatero, después de haberlos reducidos de forma marginal en el pasado, parece hoy volver a un pensamiento mucho más keynesiano. El primer ministro ha sugerido recientemente la concesión de regalos electorales, tales como devoluciones impositivas de 400 euros a las rentas más bajas y pensionistas (errado) con el fin de “estimular” la economía. Tales soluciones de corto plazo tienen menos resultado práctico incluso que la propuesta fiscal del otro lado del Atlántico.

España necesita políticas permanentes que incentiven a trabajadores e inversores, tales como los recortes adicionales de impuestos. Y mientras el mercado de la energía mantiene una regulación excesiva y el mercado laboral se mantiene entre los más restrictivos de la OCDE, Zapatero quiere añadir leña al fuego. Si sale reelegido, ha prometido elevar el salario mínimo de 600 a 800 euros mensuales. Y es que las promesas de la campaña de Zapatero parece más encaminada a impulsar sus posibilidades de reeleción que la economía española.”

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