Reggio’s Weblog

Votar en libertad, de Miquel Roca i Junyent en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 5 febrero, 2008

No voy a entregar mi voto a cambio de un cheque. No manifestaré con el voto mi condena al terrorismo porque esto no sería novedoso: lo vengo haciendo desde las primeras elecciones democráticas. Ni, de otra parte, esto sería un elemento diferencial: todas las fuerzas políticas democráticas coinciden, demagogias aparte, en idéntica voluntad.

No votaré por miedo ni con miedo. No quiero dar a mi voto ningún especial dramatismo, tan injustificado como oportunista. No otorgaré mi voto desde el olvido o la ignorancia. Ni olvidaré lo que se ha hecho, desde el Gobierno o la oposición, para defender el progreso del país, ni podré ignorar las promesas incumplidas o los errores cometidos.

No será un voto conformado, impotente y triste. No quiero conformarme, ni acepto la impotencia como excusa ni la tristeza como horizonte. No será un voto ciego ni sordo. Será un voto que habrá visto y oído; que retiene las imágenes de lo ocurrido y los ecos de las palabras que se han dicho.

No voy a dar mi voto para retroceder en la historia. Para volver de donde salimos, cuando hemos demostrado que allí se encontraban los peores vicios de nuestra historia.

No quiero que mi voto sirva para derrotar a nadie; ya hemos avanzado demasiado para depositar en la derrota del adversario la satisfacción por no haber sabido ganar en positivo. No será con mi voto con el que vayan a destruirse puentes de diálogo y escenarios de pacto.

No será mi voto la expresión de una falta de respeto por los que se manifiesten de distinta manera. Hemos luchado demasiado para aprender esta asignatura, como para olvidarla tan rápidamente. Un voto sin respeto no puede aspirar a ser respetado.

No quiero que mi voto sea instrumentalizado al servicio de la división radicalizada entre bandas irreconciliables. No será mi voto el que abone y refuerce la leyenda de las dos Españas.

No votaré para evitar las penas eternas del infierno o para ganar el cielo. Sería demasiado fácil. No será el mío un voto sin libertad, con miedo, sin respeto.

Votaré desde y por la libertad; sin y contra el miedo; desde el respeto y para el respeto. De todos.

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Los que no salen, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política, Religión by reggio on 5 febrero, 2008

Si la vida imita al arte, la política puede acabar imitando a los tebeos. Es lo que está ocurriendo en esta larga, inacabable, precampaña política que desembocará en las elecciones del 9 de marzo. Se han puesto a la venta sendos libros cómic que, actualizando la rica tradición panfletaria hispánica, ofrecen dos visiones militantes y satíricas de la actual contienda partidaria. Se trata de volver al esquema de las dos Españas a través del lenguaje del tebeo, tan entretenido. Desde la derecha más reaccionaria, César Vidal, figura de la Cope, ha escrito La Ezpaña de Zp, resumen para todos los públicos de los tópicos habituales que maneja el entorno mediático popular, grandes patrañas incluidas. Desde la izquierda más anquilosada, Enric Sopena, periodista con mando oficial durante los años del felipismo, ha escrito La Esppaña de Rajoy, compendio, también para todos los públicos, de las consignas habituales que lanzan los medios prosocialistas, incluida la deificación naif del talante de Zapatero.

Pero las viñetas se han quedado cortas. Gracias a la absurda guerra de religión que enfrenta al Gobierno central con la Conferencia Episcopal Española, y a la histeria que anima a la parroquia más excitada de cada trinchera, la realidad está superando, con mucho, las ocurrencias de los propagandistas jocosos. La última y preocupante nota de los obispos alimenta la tensión ideológica y, de paso, le hace gratis la campaña al PSOE, que así puede ocultar fácilmente sus errores e incumplimientos detrás de la polvareda eclesial.

Las dos Españas del tópico están servidas de nuevo. Es un plato recalentado que empieza a oler mal. Choque de demagogias. Si unos tienen la cara dura de defender que el atentado del 11-M fue obra de ETA, los otros tienen la cara dura de sugerir que, tras la retirada de las tropas de Iraq, ya estamos a salvo del terrorismo islámico. Se está con unos o se está con otros, se compra el pack de la España A o el pack de la España B, no hay salida. En la mayoría de provincias del reino, la cosa es así de pobre, las elecciones son una reproducción a tamaño natural de los tebeos de Vidal y Sopena. Pero hay algún pedazo del mapa que desmiente la caricatura. Hay gente muy rara en las Españas, por ejemplo, los catalanes, empeñados en escapar de este esquema. No es que Catalunya sea mejor ni peor, es que es diferente. Tan diferente que, para muchos catalanes, la pugna Zapatero-Rajoy es marciana. Del mismo modo que, desde aquí, no se ven diferencias entre un Acebes y un Bono.

Me lo comentaba el otro día un amigo, votante socialista y catalanista moderado al que ponen enfermo los ecos guerracivilistas que provienen de Madrid: “La mayoría de catalanes no existimos en la propaganda de Zapatero y Rajoy, no salimos en la foto”. Es verdad. El PSOE y el PP manejan dos cromos excluyentes que, además de expulsar a los moderados, resultan falsos e inservibles en Catalunya, un país donde incluso la Iglesia es de otra manera.

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Gestionar la crisis en tiempo de elecciones, de Antón Costas en El País de Cataluña

Posted in Economía, Política by reggio on 5 febrero, 2008

Hace unos meses les hablé en esta misma columna de que lo que venía era “algo más que una suave desaceleración”. Lo que en aquel momento pudo ser visto como la expresión de la llamada “enfermedad de los economistas”, es decir, el pesimismo crónico, ahora es una realidad evidente.

Ya nadie duda, ni el propio Gobierno, de que hemos entrado en una fuerte desaceleración de la actividad económica y del empleo. Desaceleración que será especialmente intensa en el sector de la construcción residencial, en el que el frenazo puede convertirse en recesión hacia final de este año.

No se trata de una nueva manifestación de pesimismo antropológico, sino de simple deducción de los datos que vamos conociendo. Por ejemplo, los publicados anteayer, domingo, por este diario, que muestran que el 45% de ciudadanos cree que la situación económica es mala o muy mala, y que el 41% cree que este año la situación económica empeorará, percepción negativa que no se producía desde la crisis de inicios de los noventa.

Hace seis meses, el Panel de Previsiones elaborado por FUNCAS, el servicio de estudios de las Cajas de Ahorro, situaba el crecimiento económico español para 2008 en el 3,3%. La nueva previsión dada a conocer la semana pasada lo reduce al 2,7%. Y la tendencia es a la baja. (La previsión de The Economist para la economía española en este año es de 2,4%).

Para el sector de la construcción, los analistas esperan para 2008 un crecimiento medio de 0,3%. Si ése es el crecimiento medio esperado para el conjunto del año y hemos comenzado el año con tasas superiores, eso significa que las tasas del último trimestre tendrán que ser negativas. Es decir, estará en recesión. Dado que la construcción es ahora nuestra principal locomotora productiva, una recesión en este sector puede contaminar profundamente al resto de la economía. Pero lo que toca ahora no es lamentarse de la falta de previsión, sino actuar ante la crisis para limitar el alcance y la profundidad de la desaceleración.

La gestión de esta crisis, sin embargo, va a ser más compleja que la que se produjo a inicios de los noventa, la posolímpica de 1992. Ahora no disponemos de varios instrumentos que sí teníamos antes. De la política monetaria propia, para abaratar el precio del dinero y favorecer la demanda. Del tipo de cambio de la peseta, para corregir el fuerte desequilibrio exterior. Tampoco se podrán utilizar ayudas públicas para auxiliar a sectores en crisis, ya que pueden ser rechazadas por la Unión Europea como anticompetitivas.

Sin esos instrumentos, la palanca principal que le queda al Gobierno para combatir la recesión es la política fiscal. Es decir, el uso de los gastos y los ingresos públicos. Pero mucho me temo que la coincidencia de crisis económica y tiempo de elecciones puede llevar a utilizar la política fiscal más como instrumento para ganar votos que como palanca para la expansión del gasto y la salida de la crisis.

Permítanme que me explique.Metidos en una fuerte desaceleración como la que vivimos, que deprime la confianza de los consumidores en el futuro y retrae la demanda de consumo de bienes y servicios, el objetivo a corto plazo de la política fiscal debe ser frenar esa caída de la confianza y del consumo.

Para estimular el consumo a corto plazo lo mejor es dar dinero a los que tienen más propensión o necesidad de gastárselo. Por el contrario, si el Gobierno da dinero a ciudadanos que en vez de gastarlo lo meten en su cuenta bancaria, el remedio es peor que la enfermedad, porque profundizará en la desaceleración de la economía y del empleo y además habrá menos recursos para atender los mayores gastos sociales que trae la crisis.

Ahora piensen en lo que probablemente hará alguien que gane 40.000 o más euros al año cuando el Gobierno le diga, pongo por ejemplo, que le va a devolver 400 euros de los impuestos. ¿Cree que esa persona acomodada dará saltos de alegría y se pondrá a pensar en qué necesidades podrá cubrir ahora con los 400 euros que le devolverá el Gobierno? Seguramente, los verá con indiferencia y sencillamente los mantendrá en su cuenta bancaria. Toda la evidencia teórica y empírica que tenemos los economistas dice claramente que la gente que tiene buenos ingresos, acceso fácil al crédito y está cubierta frente al desempleo toma sus decisiones de gasto basándose en sus ingresos de largo plazo, no en unos pocos euros que les pueda devolver el gobierno de turno, que pasarán a engrosar su cuenta bancaria.

Si es así, ¿por qué entonces el Gobierno de Rodríguez Zapatero y el Partido Popular de Rajoy nos anuncian medidas fiscales que, en general, tienden a dar dinero a los que ya lo tienen? Porque estamos en tiempos de elecciones y ambos suponen que las reducciones de impuestos ganan votos. No sé si es cierto o no que los anuncios de recortes fiscales atraen los votos de los acomodados. Pero considero que los recortes de impuestos a los más ricos no son una buena medida para frenar la desacelaración y evitar el peligro de recesión.

Los superávit presupuestarios que se consiguieron en estos últimos de años de vacas gordas dan ahora un margen para llevar a cabo una política fiscal anticíclica. Y eso es una buena cosa. Pero siempre que se empleen en dar el dinero a quien más lo necesita y que además lo gaste de inmediato, para tirar del consumo, tanto en bienes corrientes como en bienes duraderos.

Suerte que las elecciones durarán poco. Quiero creer que el Gobierno que los ciudadanos elijan para gestionar la crisis, ya sea presidido por Zapatero o por Rajoy, será más coherente en el uso de la política fiscal como instrumento anticrisis de lo que son ahora sus propuestas electorales.

Antón Costas es catedrático de Política Económica de la UB.

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El voto de los obispos, de Ximo Bosch en El País de la Comunidad Valenciana

Posted in Política, Religión by reggio on 5 febrero, 2008

La jerarquía eclesiástica nos recomienda el voto que hemos de depositar en la urna. Y con ello culmina un proceso de implicación política en el que ha actuado sin complejos como ariete de un partido concreto. No parece casualidad que el núcleo duro de este discurso, entre ataques al divorcio o a la homosexualidad, se haya centrado en numerosas referencias a la guerra civil, con renovadas beatificaciones de cientos de mártires. Es cierto que aquéllos fueron tiempos en los que la curia también recomendó quién tenía que gobernar, y el éxito de su sugerencia se mantuvo durante varias décadas. Pero no se pueden olvidar los peligros de que una institución religiosa, de manera opuesta a los principios evangélicos, se identifique de manera escandalosa con una fuerza política, en contradicción con la evidente y sana pluralidad de sus fieles.

Debe recordarse que aquella guerra se inició cuando numerosos mandos del Ejército se sublevaron contra el orden constitucional, con una brutalidad sin precedentes, y aplicaron una represión sangrienta que provocó durante los primeros días de la contienda el exterminio de miles de personas, en un modelo de golpe intimidatorio que luego imitaron otros dictadores como Pinochet. La jerarquía eclesiástica bendijo el golpe de Estado y sus más destacados obispos lo bautizaron en seguida como cruzada, en consonancia con su línea anterior de oposición a la democracia liberal y a las reformas sociales. Además, el apoyo de la Iglesia al alzamiento no fue solo verbal, sino que se extendió a la cesión de medios materiales y a las labores de reclutamiento. El conocimiento de los crímenes de los sublevados provocó una reacción desmedida de numerosos incontrolados en la zona donde fracasó la rebelión, que acabaron dirigiendo sus iras contra los sectores que patrocinaban la insurrección, entre ellos la Iglesia, pese a la condena enérgica de estos desmanes por parte de las más relevantes figuras republicanas, como Azaña, Prieto o Peiró. Es decir, el respaldo explícito de la curia a los golpistas, incompatible con los más elementales valores cristianos, convirtió a los religiosos en miembros de uno de los bandos contendientes. Sin embargo, las matanzas ejecutadas por los golpistas se incardinaban en la estrategia de la sublevación y continuaron durante largos años en la posguerra, mientras los obispos llevaban a Franco bajo palio y no formulaban oposición pública al asesinato de inocentes.

Se ha asegurado que la Iglesia no tuvo más remedio que secundar el alzamiento. Pero su actuación pudo ser diferente, como lo atestigua la actitud de algunas personalidades aisladas, como el cardenal Vidal i Barraquer, que se negó a suscribir la carta colectiva de los obispos a favor de los sublevados, al estimar que no era función de la Iglesia avalar a uno de los bandos y que resultaba necesaria la apuesta por la paz y la reconciliación; la conducta de Vidal i Barraquer, propia de un verdadero cristiano, tuvo como recompensa la imposibilidad de volver a ejercer su ministerio en España.

En este contexto, el cardenal-arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, asegura que los mártires beatificados eran inocentes. Y lo eran sin ninguna duda, como tantas víctimas de ambos lados que murieron solo por sus opiniones o creencias. No obstante, con todos los matices que se quiera, no se puede calificar de inocente a la jerarquía eclesiástica, pues debe considerarse culpable a quien alienta un golpe de Estado ilegítimo y contribuye al derramamiento de sangre que le siguió. Es cierto que la culpabilidad en los crímenes contra los religiosos, muchos de ellos de una crueldad sobrecogedora, debe atribuirse a los asesinos materiales. Pero, en un plano distinto, existe también otra responsabilidad moral, la de la cúpula eclesiástica que, con su apoyo a los golpistas, identificó a sus sacerdotes como integrantes de una de las facciones en guerra, de manera contraria a las enseñanzas evangélicas.

Nuevamente, los obispos pretenden eliminar el pluralismo social y alinear a todos sus fieles en una sola facción política. En lugar de actuar al servicio de un partido, resultaría más conveniente que la Iglesia se esforzara en desempeñar un ministerio espiritual activo e independiente en la mejora de las conciencias morales de todos los ciudadanos, el cual podría resultar sobradamente beneficioso en una época de incertidumbres éticas como la presente. Y ello guarda poca relación con las cuatro banderas enarboladas en los últimos años, las cuales afectan únicamente a antiguos prejuicios y no a los verdaderos problemas morales que inquietan al ser humano actual. La opción elegida parece que seguirá provocando más bancos vacíos en los templos, nuevas declaraciones de apostasía y el creciente descrédito social de la Iglesia que se detecta en los estudios de opinión. Por cierto, el arzobispado de Valencia construye un faraónico templo en honor de los mártires de la guerra civil ¿No sería más cristiano, además de honrar legítimamente a los mártires propios, enmendar también el silencio del pasado y erigir un templo dedicado a la reconciliación y a todas las víctimas de la contienda? ¿No sería más cristiano dejar la campaña electoral en manos de los partidos políticos y dedicarse a predicar auténticas alternativas espirituales que favorezcan la concordia entre los ciudadanos?

Ximo Bosch es juez.

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Vivíamos mejor, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 5 febrero, 2008

AL ABORDAJE

En tiempos, hizo fortuna la idea de que «contra Franco vivíamos mejor». Frase con la que Vázquez Montalbán describió el aburrimiento posterior a la agitación más o menos gauche-divine y a las carreras delante de los grises de las que todavía presumen tantos como de un pedigrí que no alcanza ya a la generación de ‘Zetapé’. En definitiva, era una añoranza de la juventud, cuando el felipismo envejeció a la izquierda a base de poder enquistado, de avaricia y de latas de fabada Litoral llevadas a un pobre hombre cautivo.

El aire ramplón de la última gala de los Goya revela que también hay quien vivía mejor contra Aznar. Quien se divertía más ejercitando pasiones tardías como en un anti-franquismo recreativo. Al menos, la casta del cine, que encontró en la pegatina un pretexto para tomar conciencia de sí como grupo organizado capaz de asumir nada menos que la custodia de la moral colectiva y la aprobación de la política nacional.

Cuán huérfanos de pensamiento nos hemos quedado con su desmovilización. Porque, por más que se esforzara Alberto San Juan, quien antes de salir al escenario preguntó qué era lo último que había dicho ‘Pepiño’ para repetirlo como el loro sobre el hombro del pirata, la gala defraudó en cuanto a las expectativas políticas y nos dejó apenas con las dedicatorias a mamá y con Corbacho. Poca cosa.

No es que ahora habitemos un mundo perfecto que haga innecesaria la protesta. Tampoco tenemos por fin ese Gobierno que nos merecemos, el que no nos mienta. Pero, igual que aquella izquierda que Umbral llamaba «de la utopía cuatrocaminera», los actores se nos han envejecido, aburguesado, ahítos de canon, sobornados de subvenciones, desactivados por la complacencia sectaria de saber que ahora es su gente la que ocupa el poder y se estropea ejerciéndolo. Así, no quedan grises delante de los cuales correr, no hay motivos para juntarse a firmar manifiestos ni ocasiones para alcanzar esa temperatura de ira con la que uno va haciéndose una carrerita de intelectual. Tan solo hay sumisión y esto se lo dedico a Mari Puri. O sea, infinito tedio pos-aznarista apenas disfrazado con algunas collejas al PP que no lucen lo mismo porque carecen del prestigio del contrapoder y en cambio atufan a cultura orgánica que no se juega el plato de comida caliente.

Para rejuvenecerse, la mafia del cine necesita que el PP gane las elecciones. Porque ni Bush les va a quedar para anunciar el Apocalipsis. No es que Rajoy, tan señor de Pontevedra, tenga mucho morbo ni valga lo mismo que Aznar para anunciar el regreso de la España golpista. Pero a los agitadores les bastaría. Con él en Moncloa, los actores dispondrían otra vez de alguien contra quien tener conciencia y las veladas de los Goya volverían a ser airadas y divertidas. Como ganen Obama y Zetapé, espantados los demonios recurrentes, no habrá sino chistes de Corbacho y zapping.

© Mundinteractivos, S.A.

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Llamazares propone ’10 mandamientos laicos’ para lograr un Estado aconfesional, de Agustín Yanel en El Mundo

Posted in Política, Religión by reggio on 5 febrero, 2008

Dice que los obispos tienen derecho a hablar pero no a imponer la moral pública como quieren IU pide reformar más de 120 leyes e iniciativas

Izquierda Unida ha elaborado 10 mandamientos laicos, que ayer presentó Gaspar Llamazares, con la intención de conseguir un «verdadero estado aconfesional», tal y como establece la Constitución. El primero de ellos consiste en revisar los acuerdos del Estado español con la Santa Sede.

El líder de IU afirmó que, con esta propuesta, no pretenden que los obispos guarden silencio -«no se callan ni debajo del agua», subrayó-, porque tienen derecho a hablar, sino que tratan de dejar claro que ellos «no mandan» en la moral pública ni pueden imponerla.

«Pasar la mano por el lomo a la Iglesia Católica ha favorecido que ésta muerda la mano que le da de comer, la del Estado, la de las Administraciones Públicas y la del Gobierno», afirmó, en referencia a la actitud que ha mantenido el PSOE con la Iglesia y a los acuerdos firmados con la Santa Sede.

Entre otras cosas [ver recuadro adjunto], IU propone que la Religión sea enseñada fuera de los colegios, porque «las aulas deben ser para la educación y las iglesias y mezquitas para las creencias»; revisar los conciertos con los colegios privados, para evitar que éstos hagan una «selección clasista» del alumnado, y derogar los privilegios económicos y fiscales de la Iglesia y que ésta se autofinancie.

Además de este decálogo, IU va a proponer al próximo Gobierno -en el caso de que mantenga después de las elecciones la misma capacidad de «influencia» que ha tenido durante los últimos cuatro años- la reforma de 66 leyes y de otras 57 iniciativas aprobadas por las Cortes en la última legislatura.

Llamazares recordó ayer que muchas leyes importantes han sido aprobadas con el apoyo de IU o a propuesta de esta formación, pero que deben ser mejoradas para que sean más progresistas.

Aprobar lo pendiente

A la hora de tramitar diversas leyes, los diputados de IU dieron su apoyo a las mismas porque, aunque no lograron todo lo que querían, prefirieron que fueran aprobadas, con la posibilidad de modificarlas después, a que no salieran adelante y no se pudiera beneficiar de ellas la ciudadanía. Lo que pretende ahora Llamazares es precisamente que se apruebe lo que quedó pendiente en esas normas al tener que ceder para lograr el consenso.

Algunas propuestas de IU son: más dinero contra la violencia de género, para las personas dependientes y para integrar a los inmigrantes; ampliar los permisos de paternidad y maternidad; más inspectores de Trabajo en la construcción, y convertir el Valle de los Caídos en un centro de interpretación de la represión franquista y trasladar los restos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera.

También plantea IU avanzar hacia la custodia compartida de los hijos; aprobar la Ley General Audiovisual y una autoridad audiovisual independiente; que la Guardia Civil dependa únicamente del Ministerio del Interior; fijar un límite para poder percibir el cheque bebé; que el fiscal general sea elegido por las Cortes, y regular por ley los derechos de los militares y su asociacionismo, entre otras cosas.

Otras reformas se refieren a las leyes del suelo, aborto, disponibilidad sobre la propia vida, Educación, Universidades, parejas de hecho, financiación de los partidos, medicamentos, trabajo autónomo, carné por puntos, sector eléctrico, IRPF, horario de los comercios y carrera militar, tropa y marinería.

A esas propuestas se unen las de modificar otras muchas iniciativas, siempre para beneficiar a la ciudadanía, según Llamazares.

EL DECALOGO DE IU

Revisar los acuerdos del Estado español con la Santa Sede.

Enseñar la Religión fuera de las escuelas.

Revisar los conciertos con los centros de enseñanza privados.

Anular los privilegios económico-fiscales de la Iglesia Católica y que ésta se autofinancie.

Cambiar la Ley de Libertad Religiosa por una Ley de Creencias.

Eliminar en los actos públicos institucionales la presencia religiosa.

Ley de plazos para interrumpir un embarazo.

Ley de cuidados paliativos y muerte digna.

Retirar los símbolos franquistas de las iglesias.

Regular la apostasía para quien quiera renunciar a la fe cristiana.

© Mundinteractivos, S.A.

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Toca ilegalizar, de Javier Sádaba en Gara

Posted in Derechos, Política by reggio on 5 febrero, 2008

El filósofo Javier Sádaba considera una pérdida de tiempo analizar el aspecto jurídico del proceso de ilegalización de EAE-ANV y EHAK, toda vez que, según el autor, no es más que un adorno. En este artículo se centra en la ausencia de voces de denuncia en el Estado español, concluyendo que «uno de los escollos con los que choca la izquierda española más real es Euskal Herria».

Tanto EAE-ANV como EHAK-PCTV van a ser ilegalizados. Son dos, se dice, las vías por las que van a desaparecer de la vida política. Una es la administrativa, referida a un invento llamado Ley de Partidos y promovida por la abogacía del Estado y el fiscal general; y la otra, la penal y en donde decidirá el juez Garzón. Las vías podían haber sido cinco, como las de Santo Tomás para demostrar la existencia de Dios o diez, como los mandamientos. Este juego de madeja jurídica nos deja indiferentes a más de uno. No en su contenido, desde luego, sino en su forma. Hablen de lo que hablen, no se trata sino de la escenificación de una decisión que se toma con el cinismo propio con el que obra el Estado cuando le interesa. Tocaba ilegalizar y se ha hecho. El resto es adorno. Pocos pueden dudar de que es así y mucho es el descaro que hay que tener para negarlo. Por eso, introducirse en las entrañas legales de tal ilegalización lo considero una pérdida de tiempo. Más aún, lo que han hecho no me sorprende en absoluto. Y si alguien pudo tener alguna esperanza de que con este gobierno las cosas serían distintas, lo único que puedo decir es que les rodeaba una extraña ingenuidad; o una culpable ignorancia.

Lo curioso, por tanto, no es que se actúe usando interesadamente la justicia, que es lo que se ha hecho siempre y en función de mantener el poder. Lo curioso es que pocas o ninguna voz (recientemente, nobleza obliga, se ha puesto en marcha un manifiesto de protesta) se alcen en el territorio español para denunciar con fuerza lo que está sucediendo; es decir, privar del derecho a voto a una parte nada despreciable de Euskal Herria; y eso independientemente del valor que uno le dé a votar o no votar. Permítaseme, en este punto, recurrir a mi experiencia personal. En el último mes, y entre otras cosas, me han llamado a participar en el Foro Social Mundial o en la Plataforma para encausar a Aznar por la invasión de Irak. Me parece muy bien. Pero nadie me ha llamado ni a mí ni, en lo que conozco, a nadie para discutir y tomar postura sobre lo que está ocurriendo en nuestra tierra. Es como si este tipo de problemas se hubieran tachado de la agenda de cualquier programa de la izquierda. Es como si los restos de un pensamiento resistente ante el poder en curso se hubieran secado en lo que atañe el País Vasco. Por miedo, por desencanto, por indiferencia o por otros motivos pseudoideológicos, la soledad es total y el desierto no permite ver el más mínimo oasis.

Se objetará que han sido los defectos achacables a la izquierda abertzale los que han producido tales actitudes. No seré yo quien niegue que una seria autocrítica es necesaria en las filas del independentismo vasco. Pero de ahí a la dejación total hay un abismo. Porque existe el derecho a la libre autodeterminación con su consiguiente aplicación real y no ficticia, a la libertad ideológica que no tiene por qué acomodarse a éste u otro partido ya domesticado, y a no aceptar los límites de todo tipo que imponen los estados existentes. Y, sobre todo, porque la gente realmente demócrata ha de llegar hasta el final, ser consecuente; ser, en suma, radicalmente demócratas. Y lo que está ocurriendo, por el contrario, es la anulación de la democracia.

Recientemente un veterano y admirable abertzale me expresaba su decepción por la pasividad general ante lo que él llamaba «la caza del vasco». No sabría muy bien qué contestarle. Por un lado, no es el momento para cargar las tintas sobre los defectos antes apuntados. Y, por otro, no puedo por menos que constatar una vez más que uno de los escollos con los que choca la izquierda española más real es Euskal Herria. En este caso suele suspender. Quién sabe si habrá un septiembre para aprobar. Pero entre suspenso y aprobado, ¿no se tendrían que haber cuidado más las relaciones con otros pueblos, empezando por los más cercanos?

Javier Sádaba, filósofo.

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‘Votantes exquisitos’, de Javier Ortiz en Público

Posted in Política by reggio on 5 febrero, 2008

Los dirigentes del PSOE están muy preocupados por el comportamiento que vayan a tener el próximo 9 de marzo aquellos a los que ellos mismos catalogan como “votantes exquisitos”. Se refieren a la parte de la izquierda que se muestra más crítica con la acción del Gobierno y que, según vea las cosas de aquí al mes que viene, puede decidirse o por dar su apoyo a otras candidaturas o por no votar.

Me preocupa ese modo de encarar la realidad social. Es inquietante que den por hecho que ellos son la medida de toda la izquierda. En su concepción unilateral de la política, el ciudadano de izquierdas se define por votar o por no votar a Zapatero, y punto. Pero, si una persona de izquierdas se siente más cercana a otro partido, sea de ámbito estatal o autonómico, lo lógico es que dé su apoyo a la candidatura de sus preferencias. ¿Qué tiene de “exquisito” votar en conciencia? Tal como se expresan, se diría que lo que han convocado para el 9 de marzo es un referéndum sobre Zapatero, no unas elecciones legislativas.

Eso sin contar con el lado chusco que tiene que llamen “votantes exquisitos” a gente que puede optar por abstenerse. Si se abstiene, no será ni exquisita ni tosca: no será votante, sin más.

Reducen la condición de ciudadano a la de votante.

Convendrá tal vez recordarles que hay una abstención que es fruto de la despolitización, por supuesto, pero que hay otra abstención que nace del aburrimiento ante el triste espectáculo que ofrece el escenario político, y otra más que es militante y sirve para expresar el rechazo al tinglado electoral mismo, viciado por la desigualdad de medios económicos y propagandísticos que hay entre las candidaturas.

Que los dirigentes del PSOE hablen de “votantes exquisitos” para referirse a la parte de la izquierda a la que no consiguen motivar (o a la que han desmotivado) presenta otro aspecto digno de mención: en el uso del término queda implícito que, según ellos mismos, para darles el voto es condición necesaria no ser exquisito. O sea, estar dispuesto a votar sin hacerse demasiadas preguntas. “Con las narices tapadas”, que se decía en tiempos.

Tiene todo el aire de un lapsus freudiano.

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A la espera de lo que digan los obispos vascos y catalanes…, de José Oneto en Estrella Digital

Posted in Política, Religión by reggio on 5 febrero, 2008

Aunque los obispos, preocupados por las reacciones que ha producido el documento de la Comisión Permanente del Episcopado, sieguen sosteniendo que ellos no se han pronunciado por una opción política concreta, la mayoría de los grandes periódicos internacionales interpretan que la Iglesia católica española ha entrado de lleno en campaña contra el PSOE, apoyando que se vote al Partido Popular.

Desde el italiano La Stampa (“Los obispos contra Zapatero. Españoles no le votéis”) hasta The New York Times (“la iglesia irrumpe en la campaña electoral española”) pasando por Corriere de la Sera (“España ante las urnas. Los obispos: no votéis a Zapatero”, llamamiento de la Conferencia Episcopal a una “opción responsable”), por el francés La Croix (“Los obispos reprochan a Zapatero sus negociaciones con ETA”) o el portugués Jornal de Noticias (“Los obispos católicos entran en campaña contra el PSOE”), el efecto mediático del documento episcopal “orientando el voto” y en contra de la posición de Zapatero ha sido interpretado como una pérdida de la neutralidad de la Iglesia y en contra del criterio establecido en importantes sectores de la ciudadanía que practica el catolicismo que pasa por “la defensa del Estado laico contra las intromisiones de la Iglesia, dentro del respeto a la religión católica pero en el mismo plano que las demás. En esta clave los socialistas han modernizado la sociedad española” (Il Sole 24 Ore).

El documento episcopal, que sigue ocupando el mayor y principal interés informativo y, sobre todo, que está sirviendo de argumentario para los mítines del Partido Socialista y de su líder, José Luis Rodríguez Zapatero, ha dado oxigeno al PSOE, ante el silencio de Rajoy y del Partido Popular, que se están dando cuenta de que los obispos no le han hecho precisamente un favor sino todo lo contrario.

Ha sido tan notable el error de los obispos, que si mañana se celebrasen las elecciones generales, los ciudadanos estarían más interesados en votar o vetar lo que han dicho los obispos en ese doble lenguaje en el que cabe todo pero que es perfectamente coherente con una posición política concreta.

Ante esta situación e intentando interpretar ese doble lenguaje, el cardenal primado de Toledo, y probablemente el obispo que mayor amistad tiene con el Papa desde que fue su mano derecha en la Congregación de Defensa de la Fe, ha aclarado que los obispos no quieren hacer “partidismo” y ha dado un paso más al advertir a los católicos “Dios aprueba nuestras actuaciones”, refiriéndose al polémico documento que, a medio plazo y si siguen las reacciones, dividirá a la jerarquía y a la Iglesia española.

Por lo pronto, el arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo, que no participó en la redacción del documento, se ha alejado de la posición oficial al declarar que “hay que estar unidos para buscar el bien, la paz y la concordia entre todos”.

En ese mismo sentido se ha manifestado el abad de Montserrat, Josep Maria Soler, que ha insistido en un mensaje fundamental: “Hay que respetar —ha dicho— la autonomía de los políticos. En nuestra sociedad plural, los miembros de la Iglesia no podemos pretender ningún monopolio. Hemos de trabajar por la paz con todos los medios éticamente legítimos. Y lo hemos de hacer a través del diálogo y la misericordia, y no desde la confrontación”.

El terremoto mediático que ha producido el documento episcopal ha obligado a políticos catalanes y vascos a posicionarse. Y mientras el líder de Convergència i Unió, Josep Antoni Duran i Lleida, socialcristiano y católico prácticamente, ha pedido a la Iglesia catalana que hable “sin tapujos”, dirigentes del Partido Nacionalista Vasco han comenzado a movilizarse para que los obispos vascos, especialmente el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Blázquez, y monseñor Uriarte, que hizo de mediador en las negociaciones con ETA, con la autorización y el visto bueno del Vaticano, se pronuncien claramente sobre esos diez mandamientos redactados por la Permanente del Episcopado.

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El empleo se desploma en enero: mal de muchos, consuelo del PP, de Antonio Casado en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 5 febrero, 2008

El paro se disparó en enero: más de 130.000 trabajadores se suman a las colas del INEM. Cifras desconocidas desde hace veinticuatro años. Mala noticia. Sobre todo por su carácter anticipatorio de un período de vacas flacas en todas partes. Pero mala noticia para todos. Y el mal de todos no puede ser el consuelo de nadie, ni siquiera del adversario político.Sin embargo, eso parece. Los malos datos económicos de los últimos tres meses, como consuelo electoral del PP. Es legítima, incluso obligada, su crítica a la política económica de Zapatero, aunque no hasta el punto de endosarle la responsabilidad de una crisis de causas ajenas a la política económica del Gobierno de España. No se trata de aplaudir ésta, de hacerle la ola a Pedro Solbes o mirar hacia otro lado. Ni mucho menos. Se trata de distinguir entre nuestros males y los ajenos, valorar los datos con cierta perspectiva y no crear más alarmas de las justas, pues todos nos jugamos mucho con el rumbo que acabe señalando la brújula de la economía mundial.

No es este, precisamente, el discurso del PP, que achaca las últimas cifras a la marginación de la economía en estos cuatro años de Legislatura. Eso decía ayer Rajoy, que “la economía ha sido la gran abandonada del Gobierno”. Se arriesga a un recuento de las iniciativas del PP en estos cuatro años de vida parlamentaria, no solo en el último mes de la Legislatura ¿Cuántas dedicadas a la situación económica y cuántas, por ejemplo, dedicadas al terrorismo o las historias para no dormir del 11-M?

En un agradable encuentro particular, explicaba ayer tarde el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, que el grueso de los parados del mes de enero afecta a sectores poco productivos y no vitales en el funcionamiento de la economía. En la mayoría de los casos, precisa, “no se trata de despidos sino de contratos temporales que no son renovados”. Afectan sobre todo a personal sin cualificación y, por ello, con bajos salarios.

Tampoco vamos a rasgarnos las vestiduras por la tendencia del ministro a matizar los malísimos datos de enero. Está en su papel. Pero sus precisiones sobre la naturaleza de estos nuevos parados no pueden ocultar el drama de esas 130.000 nuevas familias que pasan a depender del sistema de protección social y que se unen a una creciente masa de españoles con problemas para llegar a fin de mes.

Esa es la tecla electoral que conviene a Rajoy, la de la cesta de la compra. No tanto para recrearse en los síntomas del “drama”, sino para convencer a los españoles de que el PP podría hacerlo mejor. Las últimas encuestas, efectivamente, reflejan una creciente preocupación general por la situación económica. Sin embargo, a la hora de decidir quién lo haría mejor en ese terreno, la gente, aunque por poca diferencia, sigue prefiriendo al actual presidente del Gobierno. Ese es el sesgo que debería intentar alterar el PP, pero no en base a convencernos de que estamos en vísperas del juicio final.

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