Reggio’s Weblog

Votar en blanco, de Pasqual Maragall en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 4 febrero, 2008

Seguramente votaré en blanco, porque nadie ha dicho claramente lo que piensa hacer con los temas importantes. La Constitución sigue sin recoger la existencia de nacionalidades históricas. ¡Ni siquiera el nombre de las autonomías figura en ella!

No hay manera de saber si el Constitucional modificará o no el Estatut de Catalunya, porque el sainete de la sustitución de los miembros que cesan no se acaba nunca. Parece como si quisieran decirnos: primero votad, que luego en Madrid ya decidiremos.

Con las infraestructuras, lo mismo: todo se andará.

El área metropolitana de Barcelona no vuelve. Ninguno de los partidos que se presentan a las elecciones reclama su restablecimiento.

Las propuestas de reforma educativa del conseller Maragall topan con la oposición de los maestros y no sé si de los padres. Sólo los directores parecen estar de acuerdo.

Los centros de asistencia primaria funcionan bien, pero el plazo para obtener visita con un especialista es demasiado largo. El otorrino puede tardar un mes, excepto en caso de urgencia.

Seguridad: en Catalunya tenemos cuatro policías distintas. Mejor no entrar en detalles.

Afortunadamente, los hermanos Nadal siguen adelante contra viento y marea. Las infraestructuras van: se desdobla el Eix Transversal y el de la costa. Faltan algunas conexiones de la Catalunya interior y pirenaica.

Recientemente estuve en el municipio de El Papiol y me pareció que la espantosa especulación de años anteriores en el área metropolitana se está frenando.

Esto en cuanto a los temas primordiales en Catalunya y España. ¿Y Europa?

Mi modesto Partit Català d´Europa, aún por estrenar, nació europeo, seguramente porque cuando era alcalde de Barcelona ya me tocó ir a Bruselas a defender los intereses de las ciudades en el Comité de las Regiones y acabé siendo su presidente (gracias al excelente trabajo de Ana Terrón y Margarita Obiols).

No veo que los partidos catalanes y españoles se tomen Europa muy en serio. Javier Solana es nuestro hombre allí, afortunadamente. Y ahora parece que Felipe González será el responsable de echar a andar la Constitución europea, gracias a Merkel y Sarkozy y, supongo, Solana.

Solana nombró como delegado de la Unión en Mostar a Ricard Pérez Casado. Mostar era el punto más difícil de la geografía política europea. Y Ricard lo arregló.

Total: tenemos un cierto pedigrí europeo: la España que se había vuelto de espaldas a Europa y al Mediterráneo a partir de 1492 estaba hace unos años regresando a ella con prestigio, a pesar de la insuficiencia más que evidente de la política euromediterránea, denominada también Proceso de Barcelona.

Otro lazo que nos une a Europa es la eurorregión. Siendo alcalde de Barcelona, la construimos alcaldesas y alcaldes de Montpellier, Toulouse, Barcelona, Valencia, Mallorca y Zaragoza. Y ahora parece que vuelve a tomar impulso.

En resumen: todo son argumentos a favor de crear desde Catalunya una fuerza política de vocación europea.

Con la alcaldesa de Roses asistimos, por invitación de Francesco Rutelli, al congreso del Partido Democrático Italiano que eligió a Veltroni como candidato a la presidencia del gobierno italiano, en principio, dentro de cuatro años. Tenemos que entendernos con esta gente y con los demócratas americanos, como he dicho en otro lugar.

Bien, ahora lo que hace falta es un proyecto a la vez catalanista y europeísta que se anuncie en las elecciones de marzo y se consagre definitivamente en las europeas del próximo año.

De lo que se trata, más que de tener un diputado en Madrid -cosa que estaría muy bien pero que cuesta tiempo y dinero-, es, por ahora, de lo siguiente: proponer desde el PCDE un voto singular, el voto en blanco.

Estamos diciendo que hay que votar pero que no tenemos aún los medios suficientes para hacer una propuesta articulada. Sólo tenemos un puñado numeroso de amigos con ideas claras.

No hay peor desprecio de la democracia que la abstención. El crecimiento del voto en blanco es la mejor preparación para el futuro que queremos. Por tanto, hay que votar en blanco.

En estas elecciones podríamos utilizar las bellas palabras del poeta a la entrada de la primavera: “Déu te guard, bandera blanca / dies ha que t´he delit/ no ets encara al millor temps / però en tens tota l´alegria”.

PASQUAL MARAGALL, ex presidente de la Generalitat de Catalunya

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Churchill, el jugador y los obispos, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Política, Religión by reggio on 4 febrero, 2008

Cuando se está atravesando un infierno, conviene no detenerse. Lo recomendaba Churchill, con su habitual mezcla de retranca y lucidez (olorosa de whisky, naturalmente). Desconocemos a estas alturas si las llamas que han prendido en la economía mundial alcanzarán la dimensión de un metafórico infierno. Pero el impacto psicológico del incendio desatado es ya evidente. Se masca el pánico a pasar aceleradamente del tiempo de las burbujas doradas al de los cinturones apretados. La casualidad, siempre tan caprichosa, ha dispuesto que la campaña electoral tenga lugar en tal angustiosa expectación.

Es fácil imaginar cómo habríamos encarado este trimestre electoral si las perspectivas económicas no estuvieran amenazadas por el azufre trágico. Pero el miedo al infierno económico lo ha transmutado todo. Tirios y troyanos se dirigen al campo de batalla como si la pasada legislatura no hubiera existido. Los temas que mayor tinta han suscitado en estos últimos años parecen completamente agotados. De la ficción sobre el 11-M nadie se acuerda. Son material de derribo las tremendas abolladuras que la confección del Estatut ha dejado en todos los vehículos políticos. Y la negociación con ETA ya sólo parece preocupar al tremendista obispo portavoz de la Conferencia Episcopal. Los temas clásicos del enfrentamiento PP-PSOE están más que respirados: ETA puede dar, ciertamente, más de una fúnebre sorpresa, pero todo el mundo da por supuesto (desde el excitado Sarkozy hasta el elector español menos atento, pasando por el inescrutable Rubalcaba) que más sorpresas van a recibir los inexpertos y resabiados terroristas encuadrados a toda prisa en las células asesinas.

Tampoco puede dar más rendimiento electoral el cultivo de la flor negra del anticatalanismo, tan sobreexplotada. Ni la exprimida fruta roja de la irritación catalana, en cuya capacidad de movilización no confían ni los independentistas. Estos cultivos ideológicos sólo apetecen a los adictos: la cosa se ha liado tanto que, a estas alturas, es difícil saber, como en la historia del huevo y la gallina, qué parte de la culpa en el enfrentamiento sentimental entre Catalunyay España corresponde a las frivolidades de la política catalana y qué parte corresponde a la tendencia del españolismo a explotar la tradición del prejuicio anticatalán, del que ya Quevedo dejó constancia. Muy distinto sería preguntar, sin prejuicios de partida, si España está pidiendo a Catalunya que acepte sin rechistar la provincianización económica. Pero esta pregunta sólo puede hacerse en situación de cierto sosiego, no en campaña electoral.

En fin, que por desgaste de los viejos temas y por el incendio que se ha desatado en la economía global, la campaña se presenta más igualada y reñida de lo esperado. El infierno de la economía enseña su azufre y las bolsas bajan enloquecidas. Acompañado del flamante espadachín Manuel Pizarro (Sarkozy de Teruel y temible tiburón de las finanzas), Rajoy recorre los caminos de España predicando el fin de los buenos tiempos. “¡Por culpa de Zapatero se acaban los años de vino y rosas!”. Y el presidente Zapatero, en lugar de atravesar este infierno a toda prisa, como recomendaba Churchill, se detiene asustado. Y se saca una extravagancia de la chistera presidencial: “Si venzo, os regalo 400 euros”.

La promesa provoca un formidable revuelo. “Compra de votos”, “retorno del caciquismo”, “infantilización del votante”, “perversión de la socialdemocracia”, RAÚL se afirma y no sólo desde las huestes de la derecha. Más fríos, algunos observadores se limitan a explicar el objetivo publicitario de la extravagancia: distraer al personal del efecto Pizarro: “A la manera de Dalí, se trata de que no se hable más de Pizarro, sino de Zapatero, aunque sea mal”. Pero al margen de lo que opinasen Dalí o Churchill, al votante raso no se le escapa que la medida, buena o mala, expresa fundamentalmente nerviosismo. “Zapatero está aterrorizado y sale por peteneras”. Los 400 euros son el gesto que delata al jugador de póquer. Si, al estudiar las cartas, el jugador hurga en la oreja o se mesa los cabellos, todo el mundo deduce que su baraja es mala.

Deteniéndose en el infierno de una crisis económica apenas esbozada, practicando la extravagancia y revelando la fragilidad de sus nervios, Zapatero no está precisamente suscitando confianza. Y si se pone nervioso tan fácilmente, ¿aguantará el rumbo de España cuando el incendio económico arrecie? Dándole vueltas a esta pregunta estaba el personal que tiene que ir a votar en marzo, cuando unos piadosos personajes han entrado en el infierno para salvar a Zapatero de sus dudas. Son los obispos, encabezados por un jesuita que parece sufrir de úlcera. Obispos dispuestos a centrar el debate electoral, no en las propuestas del Benedicto XVI (que no se defienden en la arena política), sino en la nostalgia del nacionalcatolicismo. Y ahí está de nuevo Zapatero, sonriente. Encantado de que unos piadosos publicistas (a quienes, por cierto, no paga) sitúen la campaña lejos de la economía, en el más fácil de los escenarios ideológicos: el del viejo anticlericalismo. Un escenario que permite despreocuparse por completo de la fatigosa necesidad de argumentar.

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Votar o no, de Jordi Borja en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 4 febrero, 2008

Votar o no votar, he aquí el dilema. ¿Votaré al que puede evitar que gane el peor, aunque sea un voto a favor de un partido o candidato que no quiero y que con mi voto se sentirá reforzado y hará más difícil que emerja una alternativa mejor? ¿No votaré para que se enteren de que ninguno me gusta y si mucha gente hace lo mismo podremos esperar que en el futuro surjan opciones mejores? ¿Pero con mi abstención no contribuyo a que ahora gane el peor de todos, lo cual seguramente aleja aún más las posibilidades futuras de que aparezca algo nuevo? ¿Votaré a una candidatura muy minoritaria, pero con la que me siento más próximo aunque quizá no obtenga ningún electo, y que si lo tiene es muy posible que no pueda evitar que el peor alcance el poder, puesto que votos como el mío habrán debilitado a la opción que podría impedirlo?

No son especulaciones, son reflexiones que nos hacemos muchos, en España y en Europa también. ¿Votar a Ségolène que me irrita o al PS lastrado por su interminable batalla interna? ¿Votar al irritante vaticanista Rutelli o al posmoderno Veltroni que no cambiarán casi nada? ¿Y si no lo hago facilitaré que ganen los Sarkozy o Berlusconi?

Ninguna de las respuestas posibles nos gusta. Ni votar a unos o a otros, ni no votar. En los encuentros que he tenido con amigos de muchos años, la mayoría de ellos que estuvieron o están incluso hoy muy implicados en la vida política, este ha sido el tema de conversación. ¿Cómo puede ser que gente como nosotros, que hemos deseado siempre que hubieran elecciones libres, que hemos trabajado para hacerlo posible, ahora no sepamos a quiénes votar y estemos tentados por la abstención? Intentaré aportar alguna explicación que no se limite a expresar el desagrado que nos producen los modos de la política hoy vigente, como ya hice en mi artículo anterior al comentar el proceso de designación del Consejo de la Radio y Televisión de Cataluña.

Es lógico que se produzca un desfase entre las dinámicas contradictorias que se manifiestan en la vida social, de frustraciones y miedos colectivos y de demandas y esperanzas individuales, y las ofertas de los partidos políticos, los cuales deben encontrar respuestas simples a situaciones complejas, para lo cual no están preparados, por su cultura, por su modo de organización y por sus intereses electorales a corto plazo. Y llegamos al quid de la cuestión: los principales partidos buscan salir del atolladero priorizando el corto plazo, las elecciones y los mensajes más simplistas, situados entre la banalidad y la magia.

Las respuestas partidarias en Cataluña, simplificando, son de tres tipos. Los muy reaccionarios mensajes de la derecha política y religiosa, que parecen salidos del túnel del tiempo. Los horizontes más o menos míticos de los nacionalistas que en nombre del esencialismo nos dicen que con más autonomía o independencia los problemas se resolverían. Y las posiciones estructuralmente ambiguas de una izquierda que no puede ser ni centralista como su partido estatal ni nacionalista como sus necesarios aliados presentes o futuros, ni tan conservadora como el Gobierno de España al que apoya ni tan progresista como sería necesario para liderar un proyecto de izquierda en Cataluña.

Las respuestas reaccionarias son las que pretenden construir una base social y, sobre todo, electoral a partir de excitar las emociones más irracionales, españolistas, incluso xenófobas, y juegan con los miedos e incertidumbres de gran parte de la ciudadanía. Afortunadamente, tienen poco peso en Cataluña, pero no en el conjunto de España. Son equivalentes a las de Sarkozy y Berlusconi, máximos representantes de una política que representa la mayor regresión de la democracia europea desde el final de la II Guerra Mundial. En España, el actual PP y la cúpula de la Iglesia católica son hoy por hoy la principal amenaza al progreso democrático y pacífico del país.

La equidistancia, o casi, del centro derecha catalán entre el PP y el PSOE es una muestra de las ambigüedades del nacionalismo y, lo que es peor, su proximidad con unas políticas que en muchos aspectos parecen más próximas al franquismo o al viejo autoritarismo españolista. La extremada moderación del PSOE hace difícilmente justificable la equidistancia convergente. Y la comprensión que los líderes democristianos manifiestan ante las posturas de la retrógrada cúpula eclesial creo que no permite hacerse muchas ilusiones sobre su disponibilidad para un proyecto “democrático”.

La principal dificultad para optar por la izquierda gobernante reside en un hecho estructural y otro coyuntural. La izquierda, y especialmente el partido socialista, no promueve un proyecto de cambio, ni en la teoría ni en la práctica. Nos ofrece una política conservadora y lo decimos reconociendo que pretende conservar también los progresos democráticos de las últimas tres décadas. Este conservadurismo básico no sería un obstáculo insalvable para movilizar el voto de izquierda si no fuera acompañado por la debilidad que ha demostrado ante la demagogia reaccionaria del PP, de la Iglesia e incluso la que se expresa en sus propias filas (véase el discurso del señor Bono). Esta debilidad ha llevado a múltiples concesiones en materias que son propias del liberalismo progresista: resistencia a la memoria democrática, nacionalismo españolista en vez de federalismo, aceptación de los privilegios de la Iglesia, limitaciones al aborto, etcétera. Haría falta una reacción muy dura ante las recientes provocaciones de la Iglesia para movilizar un voto de izquierda que probablemente tenderá a la abstención o irá a los partidos minoritarios.

Reconozco su imposibilidad material por ahora, pero me declaro partidario del voto negativo. Si para muchos lo más importante es que no ganen los aznares o los berlusconis, los de la Cope y los rajoys, pues implantemos el voto negativo. Un voto negativo anula un voto positivo. Sería la mejor manera de reducir la abstención.

Jordi Borja es profesor de la UOC.

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Soplan vientos constantinianos, de Hilari Raguer en El País de Cataluña

Posted in Historia, Religión by reggio on 4 febrero, 2008

La Iglesia ortodoxa venera como santo al emperador Constantino, pero Dante lo relega al infierno. En el círculo superior, el de los que casi se salvan, están los que pecaron por amor, como Paolo y Francesca de Rímini, mientras que los simoníacos, y entre ellos Constantino, están mucho más abajo, en el octavo círculo. Dante lo increpa duramente: “¡Ay, Constantino! ¡De cuántos males fue madre, no tu conversión, sino aquel dote que de ti recibió el primer Papa rico!”. Dante acertó en los considerandos y en el fallo condenatorio, pero estaba equivocado en los resultandos. La conversión de Constantino es más que dudosa, y en todo caso debió de recibir el bautismo poco antes de morir. En cuanto a la dote, Dante se refería a la llamada donatio Constantini, un documento entonces tenido por auténtico, según el cual el emperador, tras recibir el bautismo de manos del papa san Silvestre, le habría hecho donación formal de la ciudad de Roma y su territorio: sería el título de propiedad de los Estados Pontificios. El humanista florentino Lorenzo Valla demostró en 1440 su falsedad, por lo que, perseguido por la Inquisición, estuvo en un tris de arder en la hoguera, de la que sólo le salvó la protección de Alfonso V el Magnánimo, de quien un tiempo fue secretario en Nápoles. Pero con razón denunciaba Dante el daño espiritual que para la Iglesia había entrañado el constituirse en un Estado político poderoso y rico.

Hablando con rigor histórico, Constantino no fue constantiniano. En el llamado edicto de Milán, del 313, él y el coemperador Galerio se limitaron a legitimar la religión cristiana, con la sincretística motivación de que, cuantos más dioses se veneraran, más saldría ganando el Imperio. Constantino siguió ostentando la dignidad de pontífex máximus de la religión pagana oficial. Más adelante favoreció de distintos modos a la Iglesia y a sus jerarcas, pero no fue hasta Teodosio I el Grande (por cierto, hispano) que se empezó a imponer por la fuerza el cristianismo y a perseguir a paganos y judíos.

Podríamos definir el constantinismo como aquel sistema de relaciones entre la Iglesia y el Estado en virtud del cual el Estado presta todo su poder político, económico y social a la Iglesia, y ésta avala moralmente a la potestad civil y exige en conciencia a sus fieles que se le sometan.Parece entonces que las cosas se le ponen fáciles la Iglesia. Después de la Guerra Civil el obispo Eijo Garay visitaba una parroquia de suburbios de Madrid y el párroco decía que “ahora” todo iba muy bien. “¿Y los jóvenes?”, preguntó el prelado. “¡Magnífico!”, contestó el cura. “Antes no me venía ninguno a misa, y ahora me los traen formados”. Un obispo brasileño, Geraldo de Proença Sigaud, fundador y alma del grupo más reaccionario en el concilio Vaticano II, el Coetus Internationalis Patrum, sostenía que a Dios le es más fácil salvar las almas en una “sociedad cristiana” (léase: constantiniana) que en una “sociedad revolucionaria” (democrática): “En una sociedad revolucionaria Dios pesca las almas con anzuelo. En una sociedad cristiana las almas se pescan con redes”.

Posiciones parecidas, aunque más elegantemente, sostenía el P. Jean Daniélou, futuro cardenal, en su libro L’oraison, problème politique (1965). Polemizando con el dominico Jean-Pierre Jossua (delfín del P. Congar), decía que los fuertes, como el P. Jossua, pueden ser fieles a su fe aun en un ambiente adverso, pero los “pequeños”, los débiles, no serán cristianos practicantes sin la protección de un contexto político favorable.

Siempre ha sido una tentación de la Iglesia entenderse con los dictadores, que le ponen las cosas fáciles, pero al precio de renunciar a toda crítica. Óscar Romero refiere que en una visita ad límina, el 7 de mayo de 1979, Juan Pablo II le recomendó “mucho equilibrio y prudencia, sobre todo al hacer las denuncias concretas [se refería a las largas homilías en las misas dominicales, en las que Óscar Romero se hacía eco de todas los casos que le llegaban de la represión policiaca, militar y paramilitar], que era mejor mantenerse en los principios, porque es riesgoso caer en errores o equivocaciones al hacer denuncias concretas”. Replica el obispo: “Yo le aclaré, y él me dio la razón, que hay circunstancias, le cité por ejemplo el caso del padre Octavio (un sacerdote asesinado), en que se tiene que ser muy concreto porque la injusticia, el atropello, ha sido muy concreto”. En otra audiencia, el 30 de enero de 1980, el Papa le dijo que “tuviéramos en cuenta no sólo la defensa de la justicia social y el amor a los pobres, sino también lo que podría ser el resultado de un esfuerzo reivindicativo popular de izquierda, que puede dar por resultado también un mal para la Iglesia”. No era un mal para la Iglesia el asesinato de campesinos, o de sacerdotes defensores de los campesinos, pero sí lo era perder favores constantinianos.

Los inconvenientes del sistema constantiniano se denunciaron ya en una época muy temprana. El emperador Constancio, hijo de Constantino, metido a teólogo para poner paz entre los ortodoxos -que defendían que el Hijo es igual al Padre- y los arrianos -según los cuales era inferior-, creyó oportuno imponer un razonable término medio entre ambos, que sería el semiarrianismo: el Hijo es casi igual al Padre, sólo un poco inferior. Por otra parte, la subordinación del Hijo al Padre sugería la del Papa al emperador. No fue ningún revolucionario, sino un obispo proclamado después santo y doctor de la Iglesia, Hilario de Poitiers (315-367) quien, en una apología dirigida al emperador Constancio, afirmaba que hubiera preferido ser obispo en tiempos de Nerón o Diocleciano, porque no hubiera tenido miedo a las torturas, seguro de la ayuda divina. “Aquel combate contra enemigos declarados me sería ventajoso, porque no cabría duda de que serían perseguidores (…). Pero ahora luchamos contra un perseguidor engañoso, contra un enemigo que acaricia, contra el anticristo Constancio, que no hiere las espaldas, sino que acaricia el vientre; no proscribe para la vida, sino que enriquece para la muerte; no encierra en la cárcel para la libertad, sino que honra en el palacio para esclavizar; no tortura los costados, sino que se apodera del corazón; no corta la cabeza con la espada, sino que mata el alma con el oro; no amenaza públicamente con el fuego, sino que a escondidas enciende el infierno. No combate, para no ser vencido, sino que adula, para dominar. Confiesa a Cristo para negarlo; dice que trabaja por la unidad, pero es para que no haya paz. Fuerza a los herejes, para que no sean cristianos; honra a los sacerdotes para que no sean obispos; construye techos de iglesias para destruir la fe”, asegura.

Estamos palpando la pesada herencia de 40 años de prácticas cristianas forzadas y de control eclesiástico de modas, espectáculos, prensa y playas, pero un importante sector de la Iglesia española quisiera volver a aquellos tiempos. En 1913, en el clima retauracionista y antimodernista del papa Pío X, se conmemoró triunfalmente el VI centenario del edicto de Milán, que puso fin a las persecuciones romanas. Si no hay cambios profundos en el vértice de la Iglesia, el VII centenario, el 2013, se celebrará con más alharacas aún, porque soplan vientos constantinianos.

Hilari Raguer es historiador y monje de Montserrat.

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¿Principios? Escasos, pero muy flexibles, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 4 febrero, 2008

A FONDO

Hacía tiempo que no recibía en mi correo los siempre ingeniosos mensajes de mi apreciado en la lejanía J. Ybarra. Saborear sus siempre apetitosos perritos, elaborados en el caserío familiar de Maruri, es placer que no hay que desdeñar.

El viernes, cuando leí su última carta, estaba precisamente releyendo El Príncipe. Dice Ybarra que, según Maquiavelo, sólo hay dos maneras de motivar a la gente: mediante el amor o el temor. Y cita: «Como el amor es demasiado inconstante, motivémonos a través del miedo».

Coincide nuestro mensajero del norte con Pedro J. Ramírez en que Zapatero confía en el amor, mientras que Rajoy, en el miedo. O, para mejor explicarlo, que el presidente es el patrón ideal para manejar la nave en un día claro de viento suave; mientras el líder de la oposición genera más confianza cuando se aproxima la tormenta y la mar se torna embravecida.

Amor o temor. ¿Qué motivará más a los votantes el 9-M? Interesante pregunta. O también: ¿Podemos permitirnos el lujo de otros cuatro años bajo el mandato de Zapatero?

Pero, volvamos a Maquiavelo. No era esa reflexión la que me llevó a hojear una vez más las sabias páginas donde el mejor analista político de todos los tiempos derramó sus enriquecedoras enseñanzas. Fue la máxima que muchos consideran esencia de su ensayo: «El Príncipe, que se ocupe de ganar y mantener el poder; los medios se considerarán siempre honorables y dignos de general alabanza».

Es decir, el fin justifica los medios. Y el fin, para algunos políticos, de entonces y de ahora, no es otro que mantenerse en el poder.

¿Puede considerarse a Zapatero como maquiavélico en el sentido esencial del término? Otra buena pregunta.

Profundicemos un poco más en el ideario del maestro florentino. Afirma en el capítulo XVIII (Quomodo fides a princibus sit servanta, De cómo deben los príncipes mantener su palabra): «Cuan loable es que un príncipe mantenga la palabra dada y viva con integridad, y no con astucias, todo el mundo lo entiende. No obstante, vemos por experiencia que, en nuestro tiempo, los príncipes que han sabido incumplir su palabra y embaucar astutamente a los demás han hecho grandes cosas y han superado, finalmente, a los partidarios de la sinceridad».

Antes de pasar a analizar el comportamiento de nuestro presidente de Gobierno a la luz de esa esclarecedora observación, no puedo por menos que hacer mención de la recomendación que hace Maquiavelo a los que aspiran a tener el poder: «Debe el príncipe tomar como ejemplo la zorra y el león… Hay que ser zorra para conocer las trampas y león para causar temor a los lobos. Los que actúan siempre como el león no entienden el arte del estado. Por eso, un señor prudente no puede, ni debe observar la palabra dada cuando tal observancia se le vuelve en contra por no existir las causas que dieron lugar a la promesa».

Llamo la atención sobre esta conexión zoológica entre la visión que daba ayer Pedro J. Ramírez (en su caso extraída de Isaiah Berlin, por cierto, un experto maquiavelista) del presidente -a quien asimila al zorro- y lo que el renacentista funcionario de Florencia considera cualidad esencial para su modelo de príncipe.

La negociación con ETA ha sido para el presidente fundamental en esta legislatura. Ha hecho de ella la columna vertebral de su mandato y, por tanto, todo lo que tenga que ver con ella es definitorio del modelo, de su estilo de gobernar.

El loable fin era la paz y, para ello, empeñó sus mejores dotes y esfuerzos. Al presidente le hubiera gustado comenzar su mandato con la retirada de las tropas de Irak y concluirlo con la entrega de las armas por parte de ETA. No ha podido ser. Pero en el fracaso no está su responsabilidad, sino en la gestión del proceso. Es decir, en los medios utilizados para lograr el fin deseado.

Cuando ETA asesinó a dos personas en la T-4 de Barajas, el Gobierno dio por rotas las negociaciones. La ambigüedad del presidente fue disipada por su ministro del Interior. Rubalcaba despejó todas las dudas: «Quedan rotos los contactos con la banda terrorista».

Las informaciones periodísticas (fundamentalmente de EL MUNDO), siempre basadas en fuentes de los cuerpos de seguridad del Estado o cercanas a los implicados, pusieron de manifiesto que, tras el atentado del aeropuerto, se mantuvieron los contactos a dos niveles: con representantes de la ilegal Batasuna (básicamente con Otegi) y con ETA.

Las informaciones fueron brusca y repetidamente desmentidas por la vicepresidenta Fernández de la Vega, por el secretario de Organización socialista, José Blanco, y por el propio ministro Rubalcaba.

Pero otros datos incontestables hacían pensar que el proceso seguía vivo. La excarcelación de De Juana Chaos y la decisión de permitir que ANV presentase la mitad de sus candidaturas a las elecciones municipales del 27 de mayo eran una puerta abierta para que ETA siguiera manteniendo, al menos formalmente, su tramposo alto el fuego.

Según publicó el diario oficial de la izquierda abertzale, Gara, hubo conversaciones con el Gobierno en Ginebra hasta bien entrado ese mes de mayo.

El Ejecutivo insistió en la falsedad de esas informaciones y situó a los que sostenían lo contrario en esta inmoral tesitura: «Creen más a ETA que al Gobierno».

Fue el presidente del Gobierno quien, en su entrevista con el director de EL MUNDO, deshizo el entuerto. Hubo contactos tras la T-4, pero fue a petición de organismos internacionales. Había que intentarlo y no haberlo hecho «hubiera sido una irresponsabilidad», dijo.

El ministro de Justicia, Fernández Bermejo, ha ido aún más lejos al reconocer que se mantuvieron las conversaciones para conocer lo que había sucedido y «saber a qué atenernos».

¿Se autorizaron desde el Gobierno esos contactos? En la entrevista de Zapatero se trasluce que así fue. ¿Hubo representantes españoles en las reuniones con Batasuna y con ETA tras el atentado de la T-4? Es obvio que sí. No tardaremos mucho tiempo en conocer los pormenores de esas reuniones, incluidos sus partícipes.

Lo importante de este asunto no es la forma en que el Gobierno trata de convertir en media verdad lo que es una flagrante mentira. Hubo contactos con ETA tras los asesinatos de Madrid y ese hecho se negó para no erosionar la credibilidad del Gobierno.

Zapatero ha creído justificados los medios (la mentira) para lograr un buen fin: la paz.

El presidente del Gobierno no sólo ha sido fiel a la principal enseñanza de El Príncipe, sino que se ha comportado como un astuto zorro que ha incumplido su palabra porque, para él, ya no existen «las causas que dieron lugar a la promesa».

Esa moral de situación que impregna toda la acción del Gobierno se ha exhibido de forma burda con la ilegalización de PCTV y ANV. Lo que hace sólo unos meses significaba la pretensión de hacer del País Vasco un «Guantánamo electoral» (frase antológica de Conde-Pumpido), ahora es necesidad imperiosa ante la que no caben ni las mínimas garantías procesales.

De nuevo, el fin (dar la sensación de dureza contra el brazo político de ETA antes del 9-M) ha justificado los medios. No son los principios. ¡Son los resultados, estúpidos!

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

Al votante exquisito catalán le queda el voto antitaurino, de Iván Tubau en El Mundo de Cataluña

Posted in Política, Religión by reggio on 4 febrero, 2008

BULEVAR

Josep Ramoneda publicó un estupendo aunque largo artículo, «La nueva alianza de la derecha y el altar» (El País, 31/1/8). Mi espacio es exiguo, sintetizaré la argumentación del filósofo reduciéndola a lid y conclusión: Nicolas Sarkozy y Benedicto XVI pretenden que la sociedad recupere los valores de la religión (dogmas inamovibles en lugar de provisionalidad científica basada en constataciones empíricas, verdad revelada, Dios y no los hombres como fuente de legitimidad). A la pata la llana: quieren liquidar la laicidad y el pensamiento libre, por tanto la sociedad democrática, incompatible con los valores de la religión. Nada menos que eso pretenden.

En un periódico de ámbito regional, cuya cabecera es tan religiosa como La Verdad, se dice que el PSOE teme al votante exquisito. Que a mí, perro viejo periodístico, no puede sino recordarme La izquierda exquisita (Radical Chic) del Tom Wolfe de los años 60 del siglo pasado. Traducida al español por José Luis Guarner, un catalán que jamás habló ni mucho menos escribió en el idioma de Pompeu Fabra, por más que ahora la FilmoTeca de Catalunya [sic] publique en los programas sus textos traducidos al ‘català com cal’ como si él los hubiera escrito así, ofensa post mortem suprema para el fino estilista que fue mi añorado amigo y coetáneo.

Tras lo dicho por Sarkozy y Ratzinger y la foto del omnipresente Sarky y Angela Merkel juntando amorosamente las manos con Rajoy, los del PSOE pueden estar tranquilos: una buena porción del votante exquisito, sin ningún entusiasmo pero como mal menor, volverá a votar PSOE con tal de impedir que vuelva el PP. El de 2008, infeudado como nunca, de la A a la Z, al fundamentalismo religioso, al episcopado y a la especulación inmobiliaria salvaje. No dispongo de espacio para argumentarlo más, pero comparen la pareja Acebes/Zaplana con Rato/Piqué y lo verán diáfano enseguida. Al votante exquisito algo más radical, Luis Antonio de Villena pongamos, que quiera contrapeso en la izquierda para evitar que el céntrico PSOE se escore demasiado a la derecha, le queda el recurso de votar IU, o sea Llamazares.

Eso, claro, en Murcia o en Sevilla, en España en general. En Cataluña, no. En Cataluña la religión nacionalista lo impregna y lo desvirtúa todo. Si IU quiere decir Izquierda Unida, en Cataluña no existe. La representa sedicentemente una sopa de siglas, ICV-EUiA, donde se juntan los restos del naufragio comunista con el conservacionismo verde y una fe nacional-catalana digna de ERC. Lean los artículos de mis compañeros de página Josep Miró i Ardèvol (cristiano catalanista píamente preconciliar) y Eudald Carbonell (comunista catalanista de piedra picada del pleistoceno estaliniano), tal para cual, integristas ambos y me estoy quedando corto: exactamente lo opuesto a la sensatez ilustrada. Al votante exquisito catalán, si no quiere abstenerse o votar en blanco, solo le queda una posibilidad, modesta, honesta e inútil pero en conciencia: el Partido Antitaurino.

© Mundinteractivos, S.A.

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El PSOE intensifica las críticas a la Iglesia para movilizar a sus votantes más de izquierdas, de Julia Pérez en El Confidencial

Posted in Política, Religión by reggio on 4 febrero, 2008

El próximo mes de marzo se celebrarán dos elecciones que marcarán el futuro de España. Por un lado, el día 9 serán los comicios generales. Por el otro, el 4 de marzo, la Iglesia católica elegirá al nuevo presidente de la Conferencia Episcopal. Esta confluencia ha provocado la colisión de las respectivas campañas, de tal forma que el PSOE pesca en río revuelto mientras el PP no sabe cómo transmitir a la cúpula católica que algunas de sus actuaciones públicas son perjudiciales para los intereses del centro-derecha, aunque las respete.Los socialistas llevan semanas magnificando las iniciativas de los simpatizantes del arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, dispuesto a arrebatar la presidencia de la Conferencia al obispo Ricardo Blázquez, quien le quitó el poder en 2005 por sólo un voto. Así ocurrió en diciembre pasado, con la concentración organizada en Madrid en el día de la familia. Y así ha ocurrido ahora con la Nota ante las elecciones generales emitida el jueves por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal. En ambos casos, el mensaje del PSOE ha sido el mismo: la Iglesia invade el terreno de la política e intenta imponer su modelo a toda la sociedad.

José Luis Rodriguez Zapatero ha convertido las críticas de los obispos en uno de los ejes de su campaña con la intención de captar al electorado de Izquierda Unida que le apoyó en 2004, mientras intenta identificar a Mariano Rajoy y al PP con la derecha “radical” y retrógada. Su pulso con la jerarquía le llevó a expresar el “malestar” de su Gobierno ante el Vaticano, y a tensar tanto el debate que el obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, le pidió que no los utilice “para agitar a las masas”.

El documento sostiene que una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer como representante político a una organización terrorista, “ni puede tenerla como interlocutor político”. Observación que, para los socialistas, supone un cuestionamiento del proceso de negociación con ETA en el que se embarcó Zapatero y un apoyo implícito al PP. Los obispos replican que ese párrafo es copia literal de la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España, de noviembre de 2006. Pero el documento actual omite algunos matices que hubieran aguado la polémica. Entonces aseguraron que los “eventuales” contactos con los terroristas debían excluir todo lo referente a la organización política de la sociedad y aceptaron “alguna medida de indulgencia que facilitara el fin de la violencia”.

La famosa Nota es interpretada también en clave interna, como una crítica implícita al actual presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Blázquez, quien ha mantenido una línea caliente con el Vaticano para informar sobre las negociaciones del Gobierno español con ETA. Se da la circunstancia de que uno de los principales impulsores del documento fue un fiel colaborador de Rouco Varela, el obispo auxiliar de Madrid Juan Antonio Martínez Camino.

La jerarquía católica suele emitir notas con motivo de las elecciones. Las de los años 2000, 2004 y 2008 tienen consejos similares para que sus feligreses voten en coherencia con sus principios. Por ejemplo, en todos ellos figura el respeto a la vida y el rechazo al aborto; la defensa de la familia y del matrimonio; la garantía a la libertad de los padres para escoger el modelo de educación de sus hijos o la condena a la violencia o el terrorismo.

Respecto al terrorismo de ETA, en el año 2000 la jerarquía eclesiástica pidió a sus fieles que tuvieran presente para su voto la “búsqueda sincera de la paz y de la reconciliación y condena de la violencia y del terrorismo”. Mientras, para las elecciones del año 2004, reclamó “soluciones a los retos de convivencia en el mundo actual guiadas por la búsqueda sincera de la paz y basadas en el respeto al derecho, nacional e internacional, y en el consecuente rechazo incondicional del terrorismo”.

¿Estrategia o reacción visceral?

“Hipócritas”, los tildó el secretario de Organización del PSOE, José Blanco. Al fin y al cabo, la Iglesia ha estado en todas las negociaciones con los terroristas, incluido el de Zapatero donde los jesuitas prestaron el monasterio de Loyola para los contactos políticos. Por si fuera poco, la jerarquía vasca no es ajena precisamente al propio origen de la banda, mientras que ha actuado de forma contraria al sentimiento de las víctimas. Lo recuerda Bárbara Dürhkop, la viuda del senador socialista Enrique Casas, asesinado por ETA en 1984. El hoy obispo de San Sebastián, José María Setién, se negó a oficiar una misa en la catedral donostiarra por su marido: se sintió “vapuleada”, entonces y ahora.

“Sabemos que nos hace daño, pero no encontramos la forma de decir a la Iglesia que deje de hablar; está en su derecho”. Así se manifiesta una fuente de la dirección del PP, quien reconoce el perjuicio que les suponen las últimas manifestaciones de la jerarquía católica por la utilización que hace de ello el PSOE. “Los socialistas se agarran a un clavo ardiendo y no pierden una oportunidad para así llamarnos retrógrados, inmovilistas… Y, de paso, rehúyen de los auténticos debates, como es la inflación, la caída de la actividad económica, la reforma territorial, la escasa presencia internacional de España…”, reflexiona un líder popular. “Ya sólo nos faltan los cuernos”, sentencia.

“Ya sea por táctica como por una actuación visceral, la reacción del PSOE es un error”. Esta es la reflexión de estratega del PP que opina que para los ciudadanos “la Iglesia no es un agente perturbador”. Desde esta visión, las directrices que marca la Conferencia Episcopal son para la mayoría de la sociedad una referencia cultural más que un escrito a seguir a pies juntillas. Al fin y al cabo, se calcula que hay 1.250.000 españoles que se reconocen católicos y votan al PSOE.

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Retóricas electorales, de Javier Ortiz en Público

Posted in Política by reggio on 4 febrero, 2008

La idea de Zapatero de que España “tiene derecho a una nueva derecha” es, aparte de cacofónica, incongruente. ¿Qué quiere decir eso? La derecha política tiende a ser reflejo de la derecha sociológica. Es posible que el PP haya perdido una parte de su sintonía con la derecha social española (ya lo veremos el 9 de marzo), pero la experiencia de las últimas citas electorales no autoriza a pensar que los españoles de derechas quieran tener una representación política sustancialmente distinta de la que tienen. Y tanto da lo que pensemos de ello quienes no estamos en su longitud de onda.

A Zapatero le habría gustado un PP más colaborador con su Gobierno. ¡No te giba! A mí también me habría gustado un Gobierno más de izquierdas, y más federalista, y menos subordinado a intereses imperiales. Pero las realidades son las que son. La derecha española podrá ser todo lo que él quiera, e incluso bastantes cosas más, pero tiene memoria. Recuerda que hubo un tiempo en el que, bajo la batuta de Manuel Fraga, decidió pastelear con el Gobierno del PSOE en muchos terrenos, incluyendo el de la política antiterrorista (“en los asuntos de Estado”, que decían), lo que contribuyó decisivamente a que Felipe González pudiera mantenerse 13 años en el poder. Ya, para estas alturas, los jefes de la derecha saben que, como enseñara el latino Fedro y repitiera por estos lares el fabulista Samaniego bastantes siglos más tarde, no es muy buena idea seguir “del enemigo el consejo”.

Ellos van a lo suyo, y es normal. Al de la trinchera de enfrente cabe reclamarle que respete la Convención de Ginebra, pero es absurdo exigirle que no dispare.

De todos modos, tampoco debemos tomarnos demasiado en serio nada de lo que dicen en vísperas electorales los candidatos más postineros. Se dedican a un juego como el que, con no demasiada benevolencia hacia la gitanería, caricaturizó en 1936 Antonio Machado en su Juan de Mairena, citando una coplilla burlona: “Cuando dos gitanos hablan / ya es la mentira inocente: / se mienten y no se engañan”.

A lo que añadió, inmisericorde: “El deber de la mentira / es embaucar papanatas; / y no es buena la piadosa, / sino la que engaña”.

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Frivolidades fiscales, de Luis de Velasco en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 4 febrero, 2008

Asistimos últimamente a un zoco fiscal, con el Gobierno a la cabeza, en una carrera a la baja en los impuestos. Naturalmente, de los impuestos directos, que se supone que son aquellos en los que se cumple, o se debe cumplir, el principio, cada vez más en desuso, de la equidad, ese de que pague más quien más tiene. Estamos en lo que podemos calificar como la banalización de la imposición. El sistema tributario de un país debe ser algo más serio y responder más a un diseño coherente que a impulsos esporádicos y demagógicos. Estamos ante algo, sin duda, importante.

“Los impuestos son el precio que pagamos por la civilización”. Es una frecuentemente citada frase del magistrado del Tribunal Supremo de Estados Unidos Wendell Holmes y que figura en una placa en la entrada del IRS, la agencia tributaria de ese país. Es una referencia obligada frente a esta creciente banalización, moda que llega a nuestro país procedente de las tesis de Reagan y Thatcher y que ha encontrado un terreno receptivo no sólo en el PP, algo lógico, sino también, y crecientemente, en el PSOE.

Los últimos quince años de crecimiento económico en nuestro país, según un modelo que ya está mostrando dramáticamente sus carencias, se han caracterizado por una creciente desigualdad social, algo ya reconocido por todos. Desde 1995, el salario medio real ha bajado un 4 por ciento. En ese periodo, la participación de los salarios en el ingreso nacional ha bajado cerca de tres puntos a pesar del gran aumento de los empleados. La pobreza relativa, es decir, el porcentaje de la población que ingresa menos del 60 por ciento de la media nacional, alcanza al 20 por ciento de la población, mientras en la UE-15 es el 16. Hay muchos más indicadores de esta situación, que tiende a empeorar.

El principal, ya casi el único, mecanismo de redistribución, de acrecentar lo que se llama el salario social, sigue siendo el presupuesto de un país. En el nuestro cada vez cumple menos este objetivo. Una consecuencia más del desbordamiento del Estado de las Autonomías es que el presupuesto del Gobierno de la nación es ya algo residual, un escaso tercio del total, mientras que por parte de los gobiernos autonómicos se ha instalado una carrera para rebajar impuestos (siempre los directos, por supuesto), carrera en la que también participa el Gobierno central. Ya no se trata de no subir impuestos. Ello a pesar de que los indicadores comparativos con la UE-15 muestran que hay margen para ello y mucho más equitativamente. Ahora la carrera es para bajarlos. Se olvida que si queremos buenos servicios públicos hay que pagarlos. España sigue a la cola de la UE-15 en gasto público en términos de PIB y por habitante, un 65 por ciento del promedio de ese grupo. El impuesto sobre la renta es prácticamente ya un impuesto sobre las nóminas, mientras el fraude y diversas formas de elusión fiscal crecen, especialmente en los segmento de rentas más altas. La progesividad del sistema fiscal disminuye mientras arrecian las voces que, bajo supuestos planteamientos neutros y técnicos de eficiencia y sencillez, piden el aumento de la imposición indirecta, regresiva por definición.

Frente a toda esta marea se imponen dos cosas. Una, labor didáctica de explicar para qué son y cómo deben ser los impuestos. Dos, voluntad política para enfrentar las injusticias. Seguramente demasiado para los tiempos que corren.

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