Reggio’s Weblog

Italia: derecha extra large, izquierda inexistente, de Guillermo Almeyra en La Jornada

Posted in Política by reggio on 3 febrero, 2008

La izquierda en Italia comenzó a inmolarse en 1991, cuando el secretario general del Partido Comunista Italiano, que tenía cerca de 30 por ciento de los votos, decidió echarle agua, mucha agua, hectólitros de agua, al poco vino comunista que aún contenía ese recipiente político y formar con esa Coca-Cola all italiana otro más “flexible y amplio”.

En el rápido deslizamiento barranca abajo subsiguiente esa “izquierda de oposición y de gobierno” organizada por PalmiroTogliatti sobre el cadáver de Antonio Gramsci y en contra de las ideas de éste, se transformó en Partido de Izquierda Democrática (PID), luego en Partido Democrático de Izquierda (PDI, véase el “sutil” orden de los adjetivos) y por último (¿realmente por último?) en Partido Democrático (PD) agrupación que toma como modelo al partido de los Clinton y a los Clinton mismos, tan radicales, simpáticos y atractivos…

Los miembros del Partido Comunista que se opusieron al hara kiri y los comunistas que estaban a la izquierda del PCI, en Democrazia Proletaria y en algunos otros pequeños grupos, intentaron la vía de la Refundación Comunista (RC), teórica y organizativa. Pero este partido, nacido en 1991, llevaba en su sangre el ADN togliattiano-estalinista no sólo por el origen de la mayoría de sus integrantes y dirigentes sino también porque, entre quienes venían de la Nueva Izquierda, figuraban maoístas y ex comunistas o catocomunistas que no conocían otra forma de política que la del PCI, agregándole quizás un poco de pimienta a los platos demasiado desabridos del reformismo parlamentario.

Eso hizo que el primer secretario de RC, Sergio Garavini, renunciase porque quería que su partido se uniera con el entonces PID, e hizo después que su presidente Armando Cossutta escindiese el partido para tener algunas poltronas en un gobierno Prodi y fundase el Partido de los Comunistas Italianos (PCI), miembro permanente de cuanto gobierno de centroizquierda necesitó un taparrabos medio rojito y, por último, que, guiado por su secretario Fausto Bertinotti, como el carnero mayor guiaba a los demás carneros de Panurgo hacia el sacrificio, Rifondazione Comunista integrara el gobierno Prodi y se adaptara al mismo a cambio de puestos parlamentarios y ministeriales (bastantes, porque vendió bien su pescado no muy fresco).

Además, mientras se formaba el PD clintoniano de Walter Veltroni y Massimo D’Alema, Rifondazione se lanzó de cabeza a la caldera donde se cocinaba “La Cosa”, una alianza que, abandonando sus principios, la bandera roja y la hoz y el martillo, adoptó como símbolo al Arco Iris y como definición el pacifismo, la ecología, la no violencia y un socialismo vago que permite unir a todos los partidos ex comunistas menos el PD, más unos socialistas y algunos verdes. Como Occhetto en 1991, la dirección Bertinotti-Giordano de RC llevó así al suicidio a su partido, que está perdiendo jóvenes y militantes por millares, que está desprestigiado, que ha roto con los movimientos sociales en los que tuvo un papel dirigente y que sólo piensa en asegurar en lo posible el máximo de espacios a sus cuadros, convertidos en concejales, diputados, senadores, ministros atornillados a sus poltronas con tal de no tener que trabajar nuevamente en las fábricas y en la sociedad.

La izquierda, integrante del gabinete de Prodi, votó fondos (inconstitucionalmente y contrariamente a sus declaraciones programáticas) para la ocupación imperialista en Afganistán, no cambió la ley electoral que desestabiliza el país pero que le otorga algunos privilegios a los grupos menores, abandonó las luchas obreras, de los “precaristas” (con contratos precarios), de los jubilados, abrió el camino al Vaticano, no mejoró en nada la situación de los más pobres.

El resultado de esta política que tuvo en cuenta sólo al gran capital, y que contó con el apoyo del mismo, fue la caída de Romano Prodi y la posibilidad de que en las próximas elecciones generales gane, con el voto de los más pobres y de parte de los obreros, Silvio Berlusconi, gran magnate y demagogo fascistizante, que tiene indudablemente la mayoría popular. Por lo tanto se equivoca mucho quien, como Rossana Rossanda, llevada también por su togliattismo, saluda como un progreso la fusión de todos los ex izquierdistas en el Arco Iris. Porque ésta quizás les permita defender, como alianza electoral, si llegase a formar una lista única –cosa que dudo–, algunos cargos en las instituciones pero, en cambio, les impide hacer política tout court y, mucho más aún, política de izquierda, ya que los aliados de Rifondazione tienen el gobiernismo en su ADN y dan la espalda a las luchas, los movimientos y la sociedad. O sea, a lo único que podría hacer menos desfavorable para los trabajadores la actual relación de fuerzas entre las clases y frenar la prepotencia de los neofascistas berlusconianos y del clericalismo de asalto del pastor alemán que gobierna el Vaticano.

La dirección de Rifondazione llevó a sus bases al Arco Iris sin consultarlas. Ahora tendría que reunir un congreso: esperemos, sin muchas ilusiones, que la base, aunque confundida, desorganizada y sometida a un hecho consumado, pueda destejer el chaleco de fuerza que le han encajado.

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El PSOE y la Iglesia se entregan a un combate inédito en la democracia, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política, Religión by reggio on 3 febrero, 2008

LA PRECAMPAÑA ELECTORAL

La tensión que durante toda la legislatura ha dado forma a las relaciones del Gobierno de España con la Iglesia católica acaba de estallar de manera abrupta en el umbral de las elecciones generales del 9 de marzo. La crisis está servida y sazonada con adjetivos de grueso calibre, nunca oídos desde la restauración de la democracia en 1977. Un fuerte balanceo sacude el debate electoral, hasta ahora centrado en las incertidumbres de la economía.

La decisión del episcopado de incluir el fallido intento de negociación con ETA en su catálogo de reproches tiene tres consecuencias inmediatas: la acentuación del mensaje laicista del PSOE, deseoso de evitar una campaña electoral obsesivamente centrada en el porvenir económico; la incomodidad táctica del Partido Popular ante el riesgo de aparecer frente a la opinión pública como una fuerza de estricta obediencia clerical, y un avivamiento de las tensiones latentes en la jerarquía católica española, donde las posiciones de dureza tienen clara mayoría.

Zapatero tensará el debate, sin romper el statu quo

El presidente Rodríguez Zapatero ha tenido una mala semana, posiblemente la peor desde septiembre. Su oferta de devolución de 400 euros de la declaración de la renta ha cosechado muchas más críticas de las esperadas (incluidas las del sindicato socialista UGT), dando un cierto tinte bolivariano al programa electoral socialista. Y la exclusión de España de la cumbre del martes en Londres entre los cuatro grandes (Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia) para abordar la crisis financiera internacional ha puesto en evidencia las debilidades estructurales de la política exterior española en el tablero europeo, donde nadie regala nada.

El jueves por la mañana, la estrategia socialista carecía de foco. El jueves por la tarde, leída la nota episcopal, ya lo había recuperado.

La respuesta socialista ha tenido tres movimientos: un duro comunicado del PSOE acusando a los obispos de hipócritas e incluso de inmorales; un primer mensaje de Zapatero al público de izquierdas: “No lo vamos a aceptar”, y un segundo mensaje del presidente, esta vez urbi et orbi, desde Ourense: “La actitud de la Iglesia va a abrir un debate social en España, pero una reacción que contemplase la ruptura de los acuerdos con la Santa Sede sería un error”. El PSOE amagará con denunciar los acuerdos, pero no dará el paso.

El Gobierno pidió ayer al embajador ante la Santa Sede que comunicase su malestar al Vaticano. La queja no es formal.

El Vaticano ve en el actual PSOE un peligro estratégico

Las conferencias episcopales nacionales disponen de plena autonomía para trazar sus líneas de actuación pastoral; autonomía que Joseph Ratzinger recortó en el ámbito doctrinal cuando presidía como cardenal la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio). En este sentido, la nota del episcopado español sobre las elecciones del 9 de marzo no obedece a una orden de Roma o a la voluntad personal del Papa, pero refleja los temores que el Vaticano alberga ante el nuevo ciclo socialista en España.

La Santa Sede considera a Zapatero un peligro público desde que dio forma de contrato matrimonial a la unión civil de personas del mismo sexo. En el mapa de Europa europeo sólo hay tres países con tanta liberalidad: Bélgica y Holanda (Flandes y las antiguas Provincias Unidas, foco de la revuelta protestante en el siglo XVII) y España (cuna y motor de la Contrarreforma).

El Vaticano teme un mayor debilitamiento de la influencia católica en el país europeo que fue su principal bastión. Y teme, aún más, que el ejemplo español se proyecte sobre los países latinoamericanos, en fase de gran efervescencia política. Sin una clara hegemonía en Latinoamérica, el catolicismo dejaría de ser una confesión de carácter universal.

Se teme, también, la contaminación de Italia, donde Zapatero se ha convertido en icono de izquierdas. El Vaticano vuelve a estar interesado en la política italiana. Romano Prodi, de cuerpo presente, lo ha podido comprobar.

Roma ha seguido al minuto las negociaciones con ETA

El Vaticano, sin embargo, nunca ha utilizado la Guardia Suiza como los españoles los tercios de Flandes. Hay en el Palacio Apostólico una visión georreligiosa del mundo y sus peligros; pero hay también una tradición diplomática caracterizada por la habilidad, el matiz, la inteligencia y la sutilidad. Ello explica que la Santa Sede nunca haya emitido un mensaje contrario a la negociación del Gobierno Zapatero con ETA.

Al contrario. La secretaría de Estado vaticana aceptó de facto que el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, volviese a llevar a cabo una discreta pero tenaz labor de mediación con los terroristas; labor tutelada por Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal española desde marzo del 2005.

Blázquez y Uriarte establecieron un sistema de comunicación directa y confidencial con la Santa Sede, que obviaba la nunciatura del Vaticano en Madrid y los círculos eclesiales de la capital, controlados por el cardenal Antonio María Rouco Varela, amigo personal del Papa Benedicto XVI. Pura sofisticación vaticana.

La Santa Sede ha tenido información constante y detallada de los contactos entre el Gobierno socialista y ETA, incluido el periodo posterior al atentado en la terminal 4 de Barajas y la huelga de hambre del etarra Juan Ignacio de Juana Chaos.

Rouco Varela acelera el jaque a Ricardo Blázquez

La nota de la comisión permanente de la Conferencia Episcopal (órgano ejecutivo que reúne a 20 prelados), declarando inadmisible toda “negociación política” con los terroristas, en plena sintonía con las actuales tesis aznaristas, no sólo apunta contra el Gobierno. Es también una velada moción de censura a los obispos vascos y en particular a Ricardo Blázquez, que preside la Conferencia Episcopal en minoría, tras la inesperada derrota de Rouco Varela en el 2005 (por ser su tercer mandato necesitaba dos tercios de los votos: le faltó uno).

Rouco quiere recuperar la presidencia de la Conferencia el próximo 4 de marzo y erigir la diócesis de Madrid en el epicentro de la reconquista moral de España, flanqueada por Toledo y Valencia. El mitin católico del pasado 30 de diciembre en defensa de la familia, en el que se acusó al Gobierno de atentar contra los derechos humanos y de disolver la democracia en España, fue una primera demostración de fuerza en este sentido.

La reelección de Blázquez (suele ser habitual un segundo mandato) pende de un hilo, frágil, más frágil cada día. El Vaticano no ha emitido ninguna señal favorable al obispo de Bilbao.

Martínez Camino, nuevo guardián de la fe en Madrid

Rouco Varela pilota la reconquista con un fiel escudero a su lado: el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, secretario portavoz de la Conferencia Episcopal y desde fecha reciente obispo auxiliar de Madrid. Hace unos meses, su destino parecía ser la curia vaticana, como posible secretario de la Congregación de la Educación Católica. Tal nombramiento no se produjo.

Hombre de carácter fuerte, convencido de que la España católica está en serio peligro y claro defensor de la línea editorial de la Cope, Martínez Camino ha tenido un papel relevante en la redacción de la nota emitida el jueves. El debate del borrador consumió cinco horas y en la reunión no estuvo presente, por hallarse de viaje en Roma, el cardenal arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, amigo personal de Rouco Varela e interlocutor permanente de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Fuentes eclesiásticas de perfil conservador creen que Cañizares podría haber evitado el “error táctico” de un documento al que le falta sutileza y le sobra vehemencia.

Los obispos catalanes, entre dos fuegos, miran a Roma

Los obispos catalanes se han visto atrapados, de nuevo, entre dos fuegos. El cardenal de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, y el obispo de La Seu d´Urgell, Joan Enric Vives, contribuyeron a limar el borrador inicial y acabaron pactando el documento. El viernes, hallándose reunida la Conferencia Episcopal Tarraconense en Vic, recibieron un sinnúmero de llamadas de protesta. Y tuvieron la oportunidad de conocer el disgusto de Josep Antoni Duran Lleida, líder electoral de CiU, quien desde un primer momento juzgó nefasto el documento emitido en Madrid.

Por la noche, el comunicado de la Tarraconense efectuaba un giro inédito: en sólo veinticuatro horas matizaba públicamente la declaración de los obispos españoles, aprobada el día anterior por Martínez Sistach y Vives. “El documento no debe ser interpretado como una limitación de la libertad de opción política”, declaraban los obispos catalanes, reunidos en un clima de fuerte desazón por el ambiente reinante.

El episcopado catalán -en cuyo interior hay diferencias y matices importantes- no ha cerrado filas con el núcleo visigótico. Pero le falta fuerza para impulsar una alternativa. El cardenal Martínez Sistach ha estado recientemente en Roma…

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Venceréis pero…, de Jordi Barbeta en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 3 febrero, 2008

Los nervios preelectorales son evidentes en el PSOE, pero no se deben a que los sondeos les pronostiquen un mal resultado. Ni una sola encuesta prevé la derrota de los socialistas el 9 de marzo y todos los indicadores son favorables al PSOE, especialmente la estadística histórica: para que en España haya un cambio de gobierno es necesario que se produzca antes un cataclismo, como la crisis de UCD y el golpe de Estado del 23-F, la proliferación de casos de corrupción y de guerra sucia o un macroatentado como el del 11-M. Pese a todo lo que está cayendo, España no atraviesa una etapa tan convulsa como las que propiciaron un cambio político, así que el partido del Gobierno debería estar la mar de tranquilo. ¿A qué se debe, pues, tanta angustia?

Zapatero ha respondido a la pregunta sacándose de la manga la idea de devolver 400 euros a cada contribuyente. Son en suma 5.000 millones de euros. Los podría haber dedicado a mil causas justas o perdidas para reforzar su identidad política progresista, pero no. Ha preferido copiar una idea que utilizó su colega y sin embargo amigo George W. Bush para dinamizar la economía norteamericana con el espectacular resultado de todos conocido.

Vivía tan ricamente el PSOE de acusar al PP de ser más facha que Millán Astray y con eso le bastaba para dominar el partido. Por si fuera poco, los obispos se prestaron a hacerle el juego organizando concentraciones tan multitudinarias que parecía un revival del padre Peyton. Luego va Rajoy y para ganar votos y cariño en Catalunya, donde algunos sitúan la clave de las elecciones, ficha a Manuel Pizarro, también conocido como El Hombre del Opagón. Y a continuación, el líder conservador da con la puerta en las narices al alcalde de Madrid, que pasaba por ser el pepero más simpático de El País…Todo han sido magníficas noticias para el PSOE… pero sin el PSOE. Los socialistas van ganando pero sin controlar el balón y a sus hooligans se les ve peligrosamente aburridos, así que había que hacer algo que diera que hablar siguiendo la máxima daliniana “que hablen de mí aunque sea bien”. Objetivo cumplido. Todo el mundo habla, escribe y opina. Ahora bien, el ministro Jesús Caldera, que es, precisamente, candidato por Salamanca, dijo en La Vanguardia que la gente vota por unos valores. Exacto. Antes sabíamos que había que votar al PSOE por miedo… el miedo que da pensar que vuelva a gobernar el PP. Ahora nos han añadido otro motivo: 400 euros… ¿Los enemigos de la maldad, de la hipocresía, de la injusticia… han sucumbido ante el vil metal? ¡Cómo han cambiado los tiempos! Unamuno le dijo a Millán Astray en Salamanca: “Venceréis pero no convenceréis”, y unos años más tarde, en otra galaxia, alguien cantó “no és això, Companys, no és això…”.

jbarbeta@lavanguardia.es

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¿Podrá el erizo quijotesco con el zorro hamletiano?, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 3 febrero, 2008

CARTA DEL DIRECTOR

El privilegio coyuntural de ser el único ser humano que en el transcurso del último mes ha hablado durante horas y horas tanto con Zapatero como con Rajoy ha aumentado exponencialmente los requerimientos privados a emitir un pronóstico que, como director de este periódico, habría recibido en todo caso al acercarse las elecciones. «¿Cómo has visto al presidente a micrófono cerrado?». «¿Qué tal encontraste a Mariano el día que cenasteis en Santiago?». «¿Pero de verdad tú quién crees que va a ganar?».

Los propios términos en los que una y otra vez se me formula esta última pregunta podrían parecer bien poco halagadores no sé si para mi persona o para el conjunto de la profesión, pues presupondrían que los periodistas realizamos un diagnóstico de mentira -o de conveniencia- ante nuestros lectores y, como si fuéramos vulgares políticos, guardamos la franqueza -a menudo inconveniente- para nuestro círculo más íntimo.

Yo lo interpreto, sin embargo, como una elocuente muestra del estado de ansiedad que se ha apoderado de los cenáculos madrileños -o gallegos o granadinos- ante la inesperada falta de contundencia de la mayoría de las encuestas. Y el hecho de que, tal y como ya reflejé de forma sucesiva en esta misma página, ni Zapatero ni Rajoy dejaran de interrogar al interrogador en términos similares es la prueba de que más allá del optimismo adolescente del uno y del puntilloso egotrip del otro, en el fondo a ninguno de los dos les cabe la camisa en el cuerpo.

Tal vez lo inteligente en esta situación sería susurrar en los oídos de mis comunicantes nuevas claves o pronósticos que a ellos les hicieran sentirse mejor informados y a mí más cotizado en la escala de su aprecio. Pero por mucho que lo intento -será que ni mi conciencia ni mi caletre dan ya más de sí- no consigo perfeccionar ni lo que le dije a Zapatero cuando le comenté que «el vencedor será aquel de vosotros dos que logre completar su imagen pública con una parte de los atributos positivos que los ciudadanos ven en el otro», ni lo que le auguré a Rajoy cuando le espeté que «si los españoles piensan que la cosa no va mal podrán permitirse el lujo de que vuelva a ganar Zapatero, pero si se dan cuenta de que sus problemas son serios entonces recurrirán a ti como valor refugio».

A través del blog desde el que ha empezado a enriquecer el debate diario que todo lector que se precie debe mantener con su periódico, Arcadi Espada ha planteado una pregunta y detectado una presunta contradicción en torno a estos dos remedos de juicio salomónico. Paso a contestarle en pos del hilo conductor de esta carta.

«Convendría saber por qué el Director deja claro que la eliminación del tuteo -entre políticos y periodistas- es un mero artificio y por qué lo mantiene». Respuesta: porque quiero que quede constancia de que no me limito a suministrar una versión editada, limpia de ruidos sintácticos y en cierto modo teatralizada de una conversación concebida para quedar expuesta en el escaparate, mientras el relato del encuentro real con todas sus sorpresas e imperfecciones queda oculto en la trastienda de las confidencias para unos pocos. Es decir, que aunque es cierto que el trato humano crea un espacio de intimidad coloquial antes o después de que la entrevista haya adquirido el ropaje formal de un acto público, no por eso el periodista -y por lo tanto el lector- deja de estar ahí si lo que se hace o se dice tiene valor informativo. Por eso conté lo del melón con sal en La Moncloa o la escena en la que «Mariano» describía en qué sillas había sentado a «Alberto» y «Esperanza». ¿O es que alguien pudo creer que yo estaba en el balcón de Carabaña porque me gustaban las procesiones?

La segunda observación tiene mucha más enjundia: «Enredado en la equivalencia, el Director parece tener problemas con la lógica. Al presidente Zapatero le dice que ganará en la medida que logre parecerse a Rajoy. Y a Rajoy le augura el éxito en la medida en que la percepción general de la situación económica le permita exhibir hasta qué punto es diferente del otro».

No hay tal contradicción e intentaré explicarlo mediante la clásica representación cruzada de un eje de abscisas y otro de ordenadas. Pongamos en la barra horizontal, en el extremo izquierdo, el máximo nivel de satisfacción social imaginable en la ciudad alegre y confiada, y en el derecho, un frenético estado de alarma roja fruto de la acumulación de todo tipo de desconfianzas y preocupaciones. ¿Verdad que entre el pánfilo don Optimo y el avinagrado don Pésimo cabe una amplia panoplia de sensaciones intermedias?

Centrémonos ahora con más detalle en la línea vertical, situando en la parte de arriba el perfil de Zapatero y en la de abajo el de Rajoy, pero no clasificándolos en función de convencionales etiquetas ideológicas, sino al modo de los zoólogos y de acuerdo con la célebre distinción que Isaiah Berlin hizo entre zorros y erizos. Si tomo esta referencia no es sólo como público desagravio al inteligente diputado del PP José María Lassalle, que de resultas del absorbente plan de trabajo de mis conversaciones con Rajoy se quedó sin dos de sus ponentes -el entrevistador y el entrevistado- en las jornadas que organizaba como homenaje al gran pensador liberal británico, sino también a modo de explicación de lo que tenía en la cabeza cuando formulé mi cábala ante el presidente y de lo que hubiera expuesto en la Fundación Ortega si hubiera podido cumplir con un compromiso tan atrevido como el de dictar una conferencia titulada Isaiah Berlin ante las elecciones del 9-M.

La dicotomía procede de un verso del poeta griego Arquíloco: «El zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una cosa grande». Para Berlin esto implica que «los escritores, los pensadores y los seres humanos en general» se dividen entre quienes «relacionan todo con una visión central única… un principio organizativo universal que por sí mismo da sentido a todo lo que son y lo que dicen» y quienes «persiguen muchos fines, a menudo sin relación entre sí y a veces contradictorios, conectados en todo caso por alguna causa psicológica o fisiológica». Los erizos son, pues, centrípetos, y los zorros centrífugos. Erizos son quienes se empecinan en la firme defensa de sus convicciones, sean éstas cuales sean, y zorros, aquellos merodeadores que entran y salen, suben y bajan, disfrutando siempre con la propia experiencia de la búsqueda. Los erizos lo tienen claro y con ellos sabes siempre a qué atenerte. Los zorros hacen de la duda un arte y transmiten una atractiva sensación de aventura y reinvención de la realidad.

Si aun advirtiendo que se trata de una catalogación un tanto arbitraria y nada rígida, Berlin identifica como zorros a Shakespeare, Montaigne, Molière, Balzac o Joyce, y como erizos a Platón, Hegel, Dante, Dostoievski o Nietzsche, espero que no me retiren el Premio Internacional de Periodismo que me concedieron el año pasado bajo su advocación si traslado tales analogías a la fauna política de nuestra democracia. Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, Tierno Galván, Miguel Roca, Josep Tarradellas, Pío Cabanillas Gallas o Alberto Ruiz- Gallardón pertenecerían como Zapatero a la especie de los zorros, mientras que José María Aznar, Alfonso Guerra, Julio Anguita, Jordi Pujol, Marcelino Camacho, Xabier Arzalluz, Esperanza Aguirre o José Bono acompañarían a Rajoy en la de los erizos.

Se trata, como se ve, de una división transversal que no distingue ni las ideologías, ni las afinidades personales, ni las experiencias vitales, ni las categorías morales, ni el mayor o menor ardor guerrero, sino tan sólo dos formas distintas de mirar e interpretar cuanto sucede. Los zorros son poliédricos, camaleónicos y caleidoscópicos. Los erizos son monistas en el sentido de que todo lo enfocan a través de un determinado prisma, sea conservador, izquierdista o liberal, españolista o separatista: como diría uno de los ya mentados, «programa, programa, programa». Los zorros adaptan sus posiciones hasta a los resultados del Campeonato Nacional de Liga -«en realidad este Ronaldinho siempre ha sido más bien pálido de cara…»-, mientras los erizos se resisten como gato panza arriba a que la realidad les estropee un buen titular.

A los zorros se les tacha a menudo su oportunismo y frivolidad; a los erizos, su rigidez y soberbia. El zorruno Zapatero alardea, cómo no, de «cintura», proclamando que la suya está en el cerebro; y el erizado Rajoy reivindica cuatro atributos arquetípicos de su condición: «Seré un presidente previsible, patriota, independiente… y resolutivo». Sólo añadió el ingrediente de «moderado», dándonos una buena pista, al no ser capaz de imaginarse en una situación como la de Sarkozy con Carla Bruni -«Oiga usted, es que yo soy de Pontevedra»-, de que también en estas escalas zoológicas hay todavía clases.

Zapatero puede ser liberal en una casilla del tablero e intervencionista en la de al lado; kennediano y antiyanqui, simpático y sectario, magnético y poco de fiar: estamos ante el hombre en cuya boca las mismas palabras pueden querer decir una cosa y su contraria; ante el gobernante que ha logrado tardar nueve meses en recorrer la distancia más corta imaginable entre los dos puntos contiguos que ocupan Batasuna y ANV. Rajoy es el hombre del sentido común, la continuidad, la coherencia, la fe en el esfuerzo, la defensa de la unidad de España, el apego al principio de autoridad y la preocupación por la cesta de la compra. No es una cuestión de carácter sino de fuste. El uno comunica muy bien su embarullamiento, el otro nubla su claridad unidimensional a través del filtro de su ironía. Al campo del uno no hay manera de ponerle puertas… y al otro no lo saques de ahí.

En un ensayo sobre su admirado Turgueniev, Isaiah Berlin identificó elogiosamente a los zorros con las dudas de Hamlet, y a los erizos, de forma más crítica, con el dogmatismo con que Don Quijote persigue su ideal. En un brillante artículo publicado en el último número de los Cuadernos de Pensamiento de FAES, el propio José María Lassalle abraza esa misma preferencia al advertir que mientras los erizos quijotescos «son víctimas de la pasión existencial de querer comprender todas las cosas desde el prisma de un todo unitario», los zorros hamletianos «están expuestos a las contradicciones y tensiones que genera el pluralismo de los valores y el relativismo de la verdad».

¿Un quinta columnista en la cocina ideológica de Aznar? ¿Un infiltrado de talante zapateril en la corte del Rey Mariano? No, en este caso la explicación es tan sencilla como la vida misma: un profesor de universidad y diputado del PP casado con una profesora de universidad y diputada del PSOE o, para ponerlo más difícil, del PSC. O sea, alguien que, como el propio Lassalle escribe, glosando la laudatio de Berlin sobre Turgueniev, «valoró lo ajeno incluso en medio de la zozobra y agonía de lo propio, pero que supo que entender al otro no significa tener que aprobar su conducta ni sus ideas».

El hecho de que los dos dirigentes políticos más elogiados por Berlin fueran simultáneamente el requetezorro Roosevelt por su «capacidad de integrar una enorme amalgama de datos cambiantes» y el archierizo Churchill por su «diamantina firmeza de propósito» demuestra no sólo que cada situación -incluso en un mismo momento histórico- requiere de un tipo de liderazgo distinto, sino también que partiendo desde actitudes políticas prácticamente opuestas puede convergerse no ya en un proyecto compartido sino en un fin idéntico.

Podrá alegarse que menos mal que el hamletiano Roosevelt no era el inquilino de Downing Street, porque entonces los nazis habrían ganado la Batalla de Inglaterra, y menos mal que el quijotesco Churchill no habitaba en la Casa Blanca, porque ningún New Deal habría sacado a los Estados Unidos ni de la Gran Depresión ni del aislacionismo. Pero como, por fortuna, raras veces las sociedades humanas viven situaciones tan límites como las que moldearon la era de la Segunda Guerra Mundial, habrá que comprender que, puestos a elegir entre un prestidigitador y un centinela, la predilección de la mayoría de nuestros contemporáneos se incline por el mestizaje.

De hecho la mejor descripción que he leído del propio Isaiah Berlin es la que hace su biógrafo Michael Ignatieff, cuando lo define como «el tipo de zorro que anhela ser erizo: saber una cosa, sentir una cosa con más autenticidad que otra». Después de haberse retratado mordazmente a sí mismo como una especie de «taxi intelectual», Berlin encontró, según Ignatieff, «esa única cosa grande que iba a ordenar toda su vida intelectual en el tema de la libertad y la libertad traicionada». Se refiere obviamente a sus famosas conferencias de finales de los 50 en defensa de la «libertad negativa», es decir, de la libertad como «no interferencia», un concepto, por cierto, fronterizo con la insistencia del zapaterista Philip Pettit en el baremo de la «no dominación».

Esa misma metamorfosis del zorro convertido en erizo detectada en su evolución intelectual la encontramos también en su comportamiento público cuando, invitado por Philip Toynbee a sumarse a una campaña a favor del Desarme Nuclear Unilateral, el «liberal bien intencionado, vacilante, meditabundo, testigo de la compleja verdad» que Berlin veía en sí mismo a través de Turgueniev, decidió plantarse: «A menos que haya un punto en el que estés dispuesto a luchar contra viento y marea, y sean cuales sean los peligros, no solamente para ti, sino para cualquiera, todos los principios se vuelven flexibles, todos los códigos se deshacen, y todos los fines mismos para los que vivimos desaparecen».

Volviendo a nuestro propio zoo de cristal, los mejores momentos de la Transición son fruto de esas mutaciones parciales y en gran medida reversibles: por ejemplo, cuando todas las zorrerías de Adolfo Suárez quedan aparcadas para interponerse ante el golpismo militar -erguido en su escaño la tarde del 23-F- como el más numantino y berroqueño de los erizos; o cuando Alfonso Guerra, el hombre del saco de la derechona, deja todas sus púas de erinácido insectívoro en el guardarropa del restaurante donde se sienta a negociar, de zorrezno a zorrezno, la Constitución con Fernando Abril. El zorro González se convierte en erizo cuando decide jugársela, primero obligando al PSOE a abandonar el marxismo, y luego, ya en el poder, doblando la mano a la izquierda social en el referéndum de la OTAN: «El que me echa un pulso lo pierde», dice para bien y para mal. El erizo Aznar conquista la mayoría absoluta cuando asombra a tirios y troyanos negociando y pactando astutamente con casi todo el espectro político y las fuerzas sociales.

Tanto Rajoy como Zapatero son conscientes de que la sociedad española -o al menos esos decisivos sectores intermedios que inclinarán la balanza dentro de 34 días- se mueve entre el anhelo de votar por alguien que reúna la inteligencia del uno y la belleza del otro y el riesgo de que, como en la broma de Bernard Shaw, la criatura salga con los atributos cambiados y hagamos un pan como unas hostias. Ambos saben que en el transcurso de la campaña y en especial durante los debates televisados tienen que encontrar un punto de equilibrio consistente en combatir el estereotipo de sus defectos sin dejar de reafirmar las virtudes conexas a ese estereotipo.

Zapatero necesita aparecer más fiable, sólido y solvente sin dejar de resultar simpático, moderno y audaz. Rajoy necesita exhalar más simpatía, modernidad y audacia sin dejar de transmitir fiabilidad, solidez y solvencia. Por eso en su entrevista Zapatero se comprometió «rotundamente» a no volver a negociar con ETA, dejando sin embargo en el ambiente la sensación de que estaría dispuesto a correr de nuevo riesgos en pro de la «causa noble de la paz»; y en la suya Rajoy se desmarcó de la foto de las Azores y de las posiciones de la Iglesia sobre el aborto, el divorcio y el matrimonio homosexual, pero sin olvidarse de remachar su occidentalismo y su defensa acérrima de la familia. Por eso el PSOE ha introducido en su campaña el rancio y misionero lema Motivos para creer y el PP se ha inventado el innovador truco de la llamada personalizada de Rajoy a través de internet. En todo ello consiste, hoy en día, el viaje hacia el centro político.

Pero claro, estas estrategias no suceden en el vacío, sino que entre tanto los acontecimientos fluyen en el sentido incontrolable y en cierto modo caótico en el que el Tolstoi estudiado por Berlin veía avanzar la Historia, mientras Napoleón y el zar Alejandro creían fatua y ridículamente dominarla. De ahí que interrelacionar la necesidad de ganar aceptabilidad a base de capturar parte de las virtudes del otro, con la conveniencia de modular esa aproximación según la atmósfera colectiva que vaya consolidándose de aquí al 9-M, pues en definitiva las elecciones reflejarán la fotografía instantánea de una jornada determinada, no es, querido Arcadi, atentar contra la «lógica», sino por el contrario tratar de exprimir todo su zumo.

Nadie duda de que si ETA hubiera abandonado el terrorismo, Ibarretxe hubiera renunciado a su plan, la inflación estuviera en el 2% y el crecimiento en el 5%, Zapatero ganaría por goleada. Y tampoco que si todas las semanas hubiera un atentado con víctimas mortales, la secesión del País Vasco fuera cuestión de días y tuviéramos, al revés, una inflación del 5% y un crecimiento del 2%, estaríamos en puertas de un triunfo apabullante de Rajoy.

Sin llegar a ninguno de esos dos supuestos extremos, hasta muy finales del otoño todas las hipótesis electorales tenían como escenario el cuadrante superior izquierdo de nuestro gráfico: en líneas generales la situación se percibía como buena, la confianza dominaba sobre las preocupaciones y a Zapatero le bastaba mover relativamente poco su imagen porque sólo una minoría tenía la sensación de necesitar un cirujano con sentido de estadista. Las elecciones anticipadas eran una baza segura y su convocatoria, lo que dictaba la prudencia; pero claro, quien llevaba cuatro años siendo imprudente, no iba a tener un súbito ataque de sensatez y realismo.

En apenas tres meses la voltereta en política antiterrorista y sobre todo la evolución de la economía nos han trasladado a un escenario muy diferente. Rajoy ha tenido la habilidad de enfatizar el paralelismo entre la manipulación y el engaño -el «ocultamiento de la verdad»- en la negociación con ETA y la táctica del avestruz en la gestión de la economía: «Quien niega la realidad no es capaz de reformarla». Con el crecimiento cayendo hacia el 2% y la inflación subiendo hacia el 5%, con los desplomes de la Bolsa y la bajada del empleo y el consumo, todo empuja el desenlace electoral hacia el cuadrante inferior derecho, es decir hacia el territorio del erizo.

¿Significa esto que la victoria del PP se ha convertido ya en la más probable de las hipótesis? No, sólo significa que si quiere consumar sus expectativas triunfales Zapatero va a tener que hacer un esfuerzo mucho mayor para reinventarse a sí mismo y recorrer un trecho más grande del previsto en pos de los atributos que adornan a Rajoy. Y eso sin descuidar al mismo tiempo la movilización de la «izquierda volátil» con los mensajes radicales de estos días a base de anticlericalismo y culto al doctor Montes. Total, el más difícil todavía.

Pero como Rajoy tampoco puede quedarse inmóvil, pues ni ha sobrevenido la catástrofe ni la popularidad del Gobierno se ha venido a pique -lo idóneo para él habría sido que la legislatura durara tres meses más-, la niebla de la incertidumbre es más espesa que nunca. Hoy por hoy su «cintura» de zorro hamletiano sigue proporcionando a Zapatero más reflejos para reaccionar ante el desplazamiento de las prioridades y expectativas del electorado, pero el carácter chapucero innato a su forma de entender el ejercicio diario del poder no deja de jugarle malas pasadas como este boomerang del cheque regalo de 400 € destinado sólo a una parte del personal.

En el rincón opuesto, y pese a que está soltándose bien los músculos en el calentamiento, veo a Rajoy aún demasiado rígido y no del todo dispuesto a correr los riesgos que ampliarían notablemente sus opciones de victoria. Si su estrategia termina siendo la de esperar a que Zapatero se derrumbe solo, mucho me temo que se quedará corto en ese juego de las siete y media. Si por el contrario se lanza a por él en tromba, puede llegar a pasarse de frenada y acrecentar esa mala fama de catastrofista frente a la que de nada le servirá que el tiempo termine dándole la razón en la próxima legislatura. Lo que de él se requiere, en suma, es un trabajo de orfebrería fina.

Tenemos, pues, en el trapecio al zorro hamletiano y sobre la cuerda floja al erizo quijotesco. Sólo queda contener la respiración hasta que uno de los dos caiga, la noche del recuento, exánime sobre la pista. Hace tres meses advertí que la suerte parecía echada, pero hoy me rindo a la evidencia de que los dados están rodando.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

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La encrucijada del Grupo Vocento, de Mariví Casanueva en El Mundo

Posted in Medios by reggio on 3 febrero, 2008

La guerra de las familias tradicionales de la compañía y el divorcio entre el consejo y los gestores pone en riesgo un futuro independiente

¿Qué va a pasar con Vocento? La pregunta se ha repetido una y otra vez en los mercados, en el sector y, cómo no, en los pasillos de todas y cada una de las dependencias de la compañía, después del fulminante cese del consejero delgado, Belarmino García, a los pocos meses de su fichaje. El núcleo duro del accionariado de Vocento saltó por los aires el pasado verano, por las desavenencias de las familias tradicionales del grupo. Con los accionistas de referencia divididos y sin la necesaria complicidad entre los gestores y el consejo de administración, Vocento se presenta como una presa fácil para cualquier fondo de capital riesgo o grupo de comunicación. Para salir de la encrucijada tiene muchos y variados caminos.

Con el 40% del capital de la compañía, más o menos el porcentaje en manos de las familias, se puede controlar Vocento. Pagando una buena prima sobre el actual precio de mercado, supone el desembolso de unos 600 millones de euros, una cifra accesible para un fondo de capital riesgo o para grandes grupos de comunicación como Prisa o Planeta, sin descartar alguna empresa foránea. Otra salida a la crisis es que una parte de los accionistas de referencia compre su participación al resto, poniendo fin a las diferencias. Lo que no parece viable por mucho tiempo más es el actual statu quo.

El atractivo de Vocento para un fondo de capital riesgo es la posibilidad de trocear la compañía para vender cada parte al mejor postor, sacando un precio mucho más elevado que por el conjunto. Y sex appeal no le falta a su 13% en Telecinco, a su división de diarios regionales, a la concesión de televisión digital terrestre -Net TV- e, incluso a ABC, a pesar de la profunda crisis de ventas y resultados en la que está inmerso. Al cierre del viernes, la capitalización de Vocento se cifraba en 1.337 millones de euros. Una venta a trozos le reportaría a un fondo de capital riesgo sustanciosas plusvalías, sin arriesgar nada en la gestión.

Si la solución de un fondo de capital riesgo es la más extrema, en el lado opuesto cabe pensar en una salida interna a la crisis de Vocento. Es decir, que una parte de las familias compre a la otra su participación, dando carpetazo a la confrontación. En este supuesto, quienes conocen bien el grupo apuestan por los Ybarra para quedarse como accionistas mayoritarios. Las razones son simples: tienen dinero y Vocento es el único reducto empresarial que le queda a una familia que hace no demasiado tiempo era en España un referente en sectores clave como el financiero y el eléctrico.

La entrada de un grupo de comunicación supondría una operación muy diferente y también cambiaría el destino de Vocento. Fuentes del mercado, intentando adelantar acontecimientos, señalan a Prisa y a Planeta como posibilidades a tener muy en cuenta. En ambos casos la complementariedad es evidente, salvo por ABC y la participación en Telecinco.

Integrar la división de periódicos regionales es fácil para los dos grupos. No plantea redundancias, está distribuida prácticamente por toda la geografía nacional y, además, está en beneficios. Ni Planeta ni Prisa le harían ascos a las emisoras de Punto Radio. En el caso de Onda Cero, la cadena de radio del grupo de José Manuel Lara, la suma de esas emisoras sería el empuje casi definitivo para disputar el liderazgo de audiencia a la cadena Ser de Prisa. A ésta, en cambio, la pondría en una posición casi inalcanzable para el resto de los competidores.

La participación del 13% de Vocento en Telecinco no sería precisamente un handicap en un operación de compra. La venta de ese porcentaje superaría los 400 millones de euros a los actuales precios de mercado. Una ayuda considerable a la hora de financiar la adquisición del paquete de control de Vocento. Por otra parte, ninguno de los dos grupos necesita esa participación. Planeta y Prisa cuentan con Antena 3 y Cuatro, respectivamente, como cadenas generalistas.

ABC, en cambio, no encaja ni en Prisa ni en Planeta. Incluso en la hipótesis de que la familia Ybarra se hiciera con la mayoría, es muy posible que el centenario diario se quedara fuera del grupo con los Luca de Tena, sus antiguos dueños. Pero no le faltarían novios, a pesar de sus muchos problemas. Es más, hay quien sostiene que podría recalar en el grupo Murdoch, de la mano del ex presidente del Gobierno, José María Aznar, que vería cumplirse así uno de sus sueños.

La encrucijada en la que se encuentra Vocento se ha ido fraguando a lo largo de los últimos años. La guerra fratricida entre las familias vascas que dieron vida al Grupo Correo, posteriormente fusionado con Prensa Española, editora de ABC, hunde sus raíces en los desacuerdos por la gestión de José María Bergareche, ilustre representante de una de las familias presentes en el accionariado y en el consejo. Unos y otros le han acusado de carecer de la cintura necesaria para contentar a todo el mundo y mantener cohesionado al consejo de administración.

El periodo de José María Bergareche como consejero delegado coincide con el de mayor crecimiento del grupo y al resto de las familias les resultó muy cómodo imputarle la responsabilidad de todo lo que no salía bien. Fuera ya del cargo, lo dejó de manera efectiva en julio pasado, sus adversarios siguen haciendo recuento de los supuestos o reales errores del todavía vicepresidente del grupo.

Entre otras muchas cosas, a Bergareche se le reprocha no cerrar bien la fusión con Prensa Española, de la que todavía quedan importantes flecos pendientes; descartar la compra de Recoletos, un grupo tan complementario para Vocento como lo es para Unidad Editorial que acabó adquiriéndolo, o gestionar mal la crisis de ABC cuando ésta empezó a dar los primeros síntomas. Incluso se le censura todavía por la venta de un 12% de Telecinco en 2003, a pesar de las importantes plusvalías que le reportó la operación a la cuenta de resultados del grupo.

Cuando la situación comenzó a hacerse insostenible y el acuerdo parecía imposible entre las familias, el consejo decidió buscar un nuevo consejero delegado fuera de la casa y del sector. El encargo recayó en un head hunter, responsable final de la selección de Belarmino García, que no de su contratación. El fichaje se anunció en abril y en julio tomó el relevo de Bergareche. Tan sólo seis meses después, el consejo lo destituyó por unanimidad. La crisis interna era de tal calibre que los Ybarra, Bergareche, Echevarría, Urrutia, Aguirre Castellanos y Careaga, acompañados de los Luca de Tena, aparcaron por un momento sus disputas para poner fin a la etapa de Belarmino García.

«El ambiente entre los ejecutivos de la casa se tornó irrespirable en los pocos meses que Belarmino estuvo al frente del grupo» dicen quienes han vivido de manera directa esta etapa. Todo indica que en su intento por aislarse de los problemas derivados de la guerra abierta en el consejo, García también se aisló de los ejecutivos. Tanto que incluso el plan estratégico del grupo hasta 2010 lo hizo en colaboración con una auditora externa, sin contar apenas con el resto de la dirección. Uno de los pocos que sí tuvo acceso a este proceso de planificación fue José Manuel Vargas, el hombre al que recurrió el consejo el pasado lunes para pilotar la gestión del grupo, cuando relevó a Belarmino García.

Todas las alarmas saltaron con su destitución, incluso fuera de la casa. Tres consejeros delegados en tan pocos meses, y con el consejo a la greña, se presenta como un exceso, máxime para una empresa cotizada en Bolsa. Precisamente la salida a los mercados fue otro momento álgido del grupo, con más de un rifirrafe entre las familias, aunque finalmente sellaron un acuerdo de accionistas, que sumó el 43,68% del capital.

La falta de consenso también ha llevado a la presidencia del grupo a un hombre ajeno a las familias, Diego del Alcázar, quien sustituyó a Santiago Ybarra en septiembre pasado. El relevo en la presidencia catalizó todas las desavenencias de años. El propio Santiago Ybarra planteó el cambio con tan sólo 24 horas de antelación al otro sector del consejo, que se opuso y perdió por poco la votación. El resultado final es que Vocento está presidido por un hombre capaz, pero sin el liderazgo ni los apoyos necesarios para afrontar las distintas salidas a la encrucijada en que sus principales accionistas han puesto al grupo.

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España, SA, de Josep Ramoneda en el Domingo de El País

Posted in Economía by reggio on 3 febrero, 2008

Como si de una sociedad anónima se tratara, el Estado español cierra el ejercicio económico con un resultado positivo, y su Gobierno -quizás de ahora en adelante habrá que decir su Consejo de Administración- decide repetir dividendo entre los accionistas, en este caso, los contribuyentes. Debe ser un signo de los tiempos: el mimetismo del poder político respecto del poder económico. Pero puestos a imitar, cabría decir también que las empresas bien gestionadas dedican a menudo sus resultados a inversiones que les garanticen una mayor competitividad con vistas al futuro, o sea, dinero para mañana.

Tratándose del Gobierno de un Estado cuya obligación no es ganar dinero, sino atender las necesidades de los ciudadanos y crear las condiciones más favorables para que éstos puedan desarrollar libremente sus vidas y sus proyectos, la decisión de repartir el dinero del Estado como si del dividendo se tratara sólo puede entenderse a partir del análisis de la psicopatología de las campañas electorales. Son éstas unos periodos muy intensos en los que la presión por ganar -o el miedo a perder- genera comportamientos que probablemente provocarían la hilaridad de los que los practican si, pasado el furor de la batalla, los pudieran contemplar con distancia crítica suficiente.

El polémico dividendo de 400 euros que el presidente Zapatero nos promete podría describirse como síndrome Irak. Sin duda, la promesa de retirar las tropas españolas de Irak jugó un papel muy importante en la victoria de Zapatero en 2004. Él mismo, consciente de que muchos votantes, especialmente jóvenes, le habían hecho confianza por esta promesa, se blindó del peligro de incumplirla, convirtiéndola en decisión el mismo día en que tomó posesión de su cargo. Da la impresión de que Zapatero busca el equivalente a la retirada de Irak que le dé la mayoría absoluta. Pero no hay una guerra de Irak cada legislatura, y una promesa de este calado no puede ser el resultado de una tarde buscando soluciones imaginativas.

Tal como se formuló inicialmente, la promesa de los 400 euros podía tener eficacia electoral. De ahí la rápida y agresiva reacción de sus adversarios, que intuyeron el peligro. Una paga de 400 euros en el mes de junio era una promesa cuyo cumplimiento no estaba sometido a interpretación o ambigüedad. Y tocar 400 euros de golpe podía ser tentador para mucha gente. Pero el mismo Gobierno y el mismo PSOE han disuelto este efecto a la hora de concretarlo, porque se han dado cuenta de las enormes dificultades legales y técnicas que tenía el pagarlo todo de una sola vez. Con lo cual se transmite una alarmante sensación de que se están improvisando los golpes de efecto sin haber previsto su concreción práctica. Moraleja: haría bien Zapatero en liberarse del síndrome Irak. Hay cosas irrepetibles.

Lo que es más difícil de entender es por qué Zapatero ha malgastado con esta ruidosa propuesta una carta potente como era el superávit presupuestario, en un país que ofrece unos servicios sociales todavía muy inferiores a los que se dan en las principales naciones europeas. Probablemente, la explicación esté en el peso de la ideología dominante hoy en Europa. Es sano que los gobiernos cierren las cuentas de modo equilibrado. Pero es difícil de entender que no se gaste todo lo disponible cuando se tienen todavía tantos déficits en cuestiones básicas. La ortodoxia económica ha hecho del superávit horizonte ideológico insuperable de nuestro tiempo. Y Zapatero parece perfectamente poseído por este espíritu. Si se dispone de un margen de recursos muy importante, lo lógico era presentar a la ciudadanía un programa concreto de cómo invertirlo y a qué destinarlo (desde la investigación hasta la educación, desde las listas de espera hasta las guarderías, hay espacio para mucho). La sociedad entera se beneficiaría de este modo de la buena Administración pública.

Pero el presidente, entregado a otro de los lugares comunes ideológicos del presente, ha preferido optar por el reparto de dividendo. Y entrar en un bizantino debate sobre si es o no es redistributivo. ¿Es tan difícil en las campañas electorales presentar propuestas políticas coherentes y articuladas, en vez de ocupar toda la escena con ocurrencias más o menos graciosas para consumo mediático? ¿O hay que entender que estamos avanzando hacia una visión empresarial de la política para convertir el Estado en una sociedad anónima? Si fuera así, ya sólo quedaría asumir la receta de la derecha: el Gobierno administra y la religión se ocupa de la narcotización de la ciudadanía. Adiós a la política.

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Sombras sobre nosotros, de Jesús Ferreiro Aparicio en El País del País Vasco

Posted in Economía by reggio on 3 febrero, 2008

Desde mediados del pasado año las economías europeas y norteamericana están siendo sacudidas por sucesivas oleadas de noticias que ensombrecen las perspectivas de crecimiento económico. Aunque inicialmente se pensaba que las tensiones en el sector financiero generadas por las hipotecas subprime quedarían circunscritas a dicho sector, afectando tan sólo a un número reducido de entidades norteamericanas, pronto quedó claro que la crisis era mucho más amplia y repercutiría en el conjunto del sector bancario internacional. No obstante, en el peor escenario, además del sector financiero, el único sector de la economía real que se vería afectado sería la construcción. En todo caso, la desaceleración de su actividad permitiría un aterrizaje suave del mismo, desinflando la burbuja inmobiliaria que padecían algunos países, como España, reconduciendo la construcción residencial hacia una situación más normal y sostenible. A nivel agregado, la menor actividad de este sector se compensaría con la mayor actividad en otros, al tiempo que el consumo privado, la inversión productiva y las exportaciones reemplazarían a la construcción como motor de la actividad económica.

Pues bien. Este escenario optimista ha saltado por los aires en las últimas semanas. Las turbulencias en el sector bancario internacional han contagiado al conjunto del sistema financiero, como lo muestra el reciente desplome de los índices bursátiles, con su consecuencia directa en forma de reducción de la riqueza financiera de las familias. El resultado es un descenso tanto de la inversión inmobiliaria como del consumo de las familias. Además, la crisis de los sectores financiero y de la construcción se empieza a trasladar a la industria y a los servicios, lo que impide hablar de problemas de índole sectorial.

Por tanto, ya no cabe hablar de una suave desaceleración, sino de una profunda desaceleración, cuando no de una recesión, que afecta al conjunto de las economías desarrolladas. El pasado 29 de enero, el Fondo Monetario Internacional vaticinaba un fuerte descenso en el crecimiento europeo y norteamericano: si las estimaciones de crecimiento para 2007 son el 2,2% para Estados Unidos y el 2,6% para la zona euro, las proyecciones de crecimiento anuales para el cuarto trimestre de 2008 son el 0,8% y el 1,3%, respectivamente. Asimismo, según un informe gubernamental publicado el 30 de enero, el crecimiento anual de la economía norteamericana en el cuarto trimestre de 2007 se desplomó hasta el 0,6%, la cifra más baja de los últimos cinco años y la mitad de la cifra prevista. Aunque este menor crecimiento tan sólo afecta a las economías desarrolladas, los informes más recientes de los organismos internacionales reconocen la posibilidad de que acabe por extenderse a las economías emergentes y en desarrollo.

En este escenario, la cuestión no es si la economía vasca se verá o no afectada, sino cuál será la dimensión del impacto tanto sobre la actividad y el crecimiento de la economía vasca como sobre el empleo. Las predicciones del Gobierno vasco publicadas la semana pasada planteaban un suave descenso del crecimiento de la economía de poco más de 0,5 puntos para el próximo año, con un aumento en la tasa de paro de apenas una décima.

Sin embargo, la velocidad a la que se suceden los últimos acontecimientos invalidan los supuestos sobre los que se elaboraron dichas proyecciones optimistas. El deterioro generalizado de la confianza y la incertidumbre creciente entre los agentes y mercados, fruto tanto del desconocimiento de la verdadera dimensión y efectos del freno al crecimiento económico como de la capacidad de las autoridades económicas para adoptar las medidas correctoras necesarias, hace que las más recientes proyecciones de crecimiento de las economías de nuestro entorno se estén revisando a la baja, lo que afecta negativamente a la economía vasca.

Nuestra economía es altamente dependiente del exterior, tanto del resto de España como del extranjero, principalmente de las economías europeas. Dos tercios de nuestro PIB se exportan al resto de España o al extranjero. Una menor actividad en estos ámbitos se traduce en menor producción en la economía vasca y en menor creación de empleo y mayor desempleo. Por otro lado, no hay que olvidar que los mismos factores que operan en el conjunto de la economía mundial (mayores tipos de interés, restricciones en el acceso al crédito, descenso del valor de la riqueza financiera e inmobiliaria, etc.) también afectan a las familias y empresas vascas, reduciendo su capacidad de gasto y, por tanto, la actividad económica.

Además, la intensa internacionalización de las empresas vascas ha supuesto que un alto número de ellas se haya implantado en el exterior para abastecer unos mercados, fundamentalmente europeos y norteamericanos, ahora en deterioro. Ello hace que el impacto de la recesión afecte tanto a la producción de estas empresas en Euskadi como a la actividad de sus filiales exteriores. Este elemento introduce nuevas fuentes de incertidumbre. Una menor actividad de estas filiales afectará a las empresas matrices vascas.

Dominique Strauss-Khan, director gerente del FMI, declaró el pasado día 30 que en las actuales circunstancias no hacer nada eleva los riesgos de tener peores resultados. De las medidas adoptadas por las autoridades económicas internacionales, pero también por las españolas y vascas, depende el futuro comportamiento de la economía de Euskadi. No es hora de la autocomplacencia por los resultados pasados, sino de reconocer y afrontar los riesgos ya existentes.

Jesús Ferreiro Aparicio es profesor Titular de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU).

¿‘CRACK’ 2008?, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Febrero 2008. Num. 148)

Posted in Economía by reggio on 3 febrero, 2008

El desplome de las Bolsas el pasado 21 de enero, “lunes negro”, constituye un claro indicador de la falta de confianza en el plan de relanzamiento de la economía norteamericana, anunciado unos días antes por George W. Bush, con un montante de más de cien mil millones de euros. La urgente intervención de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) con una espectacular bajada de los tipos, ha permitido calmar los ánimos. ¿Por cuánto tiempo? ¿Podrán esas medidas evitar una recesión en Estados Unidos y alejar el espectro de un verdadero crack mundial? Numerosos expertos así lo creen. Pero también piensan que una reducción de las previsiones de crecimiento y una ralentización de la economía mundial serán inevitables.

El desplome de las Bolsas el pasado 21 de enero, “lunes negro”, constituye un claro indicador de la falta de confianza en el plan de relanzamiento de la economía norteamericana, anunciado unos días antes por George W. Bush, con un montante de más de cien mil millones de euros. La urgente intervención de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) con una espectacular bajada de los tipos, ha permitido calmar los ánimos. ¿Por cuánto tiempo? ¿Podrán esas medidas evitar una recesión en Estados Unidos y alejar el espectro de un verdadero crack mundial? Numerosos expertos así lo creen. Pero también piensan que una reducción de las previsiones de crecimiento y una ralentización de la economía mundial serán inevitables.

Otros analistas, adeptos al capitalismo, se muestran mucho más alarmistas. Así, por ejemplo, en Francia, Jacques Attali profetiza que “en breve (…) la Bolsa de New York, garante de la pirámide de deudas, se hundirá (1)”. Por su parte, Michel Rocard estima que “la crisis mundial es para mañana mismo”, y no duda en añadir: “Tengo la convicción de que esto va a explotar de un momento a otro”.

Lo cierto es que los signos de desconfianza se multiplican. Prueba de ello, la actual “fiebre del oro”. El metal amarillo -cuya cotización en 2007, aumentó un 32%- vuelve a su papel de valor refugio. Y todos los grandes organismos económicos, en particular el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ya prevén un descenso del crecimiento mundial.

Todo comenzó en 2001 con el estallido de la burbuja de Internet. Para preservar a los inversores, Alan Greenspan, presidente entonces de la FED, decide orientar las inversiones hacia los valores inmobiliarios (3). Mediante una política de tipos de interés muy bajos y de abaratamiento de los gastos financieros, exhorta a los intermediarios financieros e inmobiliarios a incitar a una clientela cada vez más amplia a invertir en “el ladrillo”. Se pone así en marcha el sistema de los subprime , créditos hipotecarios de alto riesgo y de tasa variable concedidos a familias económicamente muy frágiles. Pero cuando, en 2005, la FED aumenta los intereses del dinero, deteriora la máquina y acarrea un desastroso efecto dominó que, a partir de agosto de 2007, va a hacer tambalearse al sistema bancario internacional.

La amenaza de insolvencia de cerca de tres millones de hogares, endeudados en unos 200.000 millones de euros, provoca la quiebra de importantes establecimientos de crédito estadounidenses. Para protejerse contra ese riesgo, éstos habían vendido una parte de sus hipotecas dudosas a otros bancos que los habían cedido a fondos de inversión especulativos los cuales, a su vez, los habían diseminado por bancos del mundo entero. Ejemplar demostración de la locura actual de los mercados financieros.

Resultado: como una fulgurante epidemia, la crisis se ha extendido al conjunto del sistema bancario. Algunos de los principales establecimientos financieros -Citigroup y Merrill Lynch en Estados Unidos, Northern Rock en el Reino Unido, Swiss Re y UBS en Suiza, la Société Générale en Francia, etc- han acabado por reconocer pérdidas colosales y prevén depreciaciones suplementarias. Para limitar la brutal caída y hasta la bancarrota, varios de ellos han tenido que aceptar capitales provenientes de fondos soberanos controlados por potencias del Sur (China, Corea del Sur, Singapur, Taiwan) y petromonarquías.

No se conoce todavía la amplitud exacta del desastre. Desde agosto de 2007, los bancos centrales norteamericano, europeo, británico, suizo y japonés han inyectado a la economía centenares de miles de millones de euros. Sin consegir restablecer la confianza.

La crisis se propagará, con seguridad, de la economía financiera a la economía real. Y una conjunción de factores complementarios -bajón acelerado de los precios inmobiliarios en Estados Unidos así como en el Reino Unido, en Irlanda y en España, restricción de liquidez de capitales, regreso de la inflación, reducción de créditos- auguran efectivamente un neto retroceso del crecimiento mundial. A esto se han añadido últimamente otros fenómenos como el alza de los precios del petróleo, de las materias primas y de los productos alimentarios. O sea, todos los ingredientes de una crisis duradera. La más importante desde que la “especulación financiera” es la característica principal de la economía. Y desde que la globalización se ha convertido en el marco estructural de la economía mundial.

Esta crisis marca el fin de un modelo: el de sesenta años de supremacía del dólar y de una economía basada en el consumo estadounidense. Su salida se halla en la capacidad de las economías asiáticas de relevar al motor norteamericano. En este sentido, la crisis constituye también una nueva manifestación del declive de la supremacía de Occidente. Y presagia quizá el desplazamiento próximo del centro de la economía-mundo de Estados Unidos a China.

Notas:
(1) L’Express , París, 13 de diciembre de 2007.
(2) Le Nouvel observateur , París, 13 de diciembre de 2007.
(3) Leer: Crises financières à répétition: quelles explications? Fondation Res Publica, París, 2008.
(4) Cf. André-Jean Locussol-Mascardi, Krach 2007. La vague scélérate des “subprimes”, éditions Le Manuscrit, París, 2007.

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Autocrítica, de Javier Ortiz en “Apuntes del Natural”

Posted in General by reggio on 3 febrero, 2008

Algunos amigos creen que últimamente estoy más crispado e irascible de lo que debería. Y me lo dicen.

En mi tradición ideológica y de pandilla, la crítica franca, por severa que sea, nunca nos la hemos tomado como un insulto, sino como un intento de ayuda. Entre los amigos solíamos citarnos, medio en serio medio en broma, una sentencia de Mao Zedong, que decía: “Y si crees que quien te critica es injusto, no lo condenes: tómate sus palabras como una advertencia”.

Quien no te quiere no te criticará jamás: le importas un bledo y no ve razón para tomarse ese trabajo y arriesgarse a que te cabrees.

Vista así, la crítica es una demostración de afecto.

En concreto, creo que las críticas que me han dirigido los amigos a los que me he referido antes pueden ser en buena medida justas. Es verdad que, aunque no creo que lo haya dejado traslucir demasiado en lo que escribo en los medios de amplia difusión, los diversos avatares personales que me ha tocado padecer en los últimos meses, con sucesivas visitas a hospitales y funerarias, no me han mejorado demasiado el humor. Y eso es muy fácil que haya influido en mi comportamiento social. Soy materialista: concibo el cuerpo humano como un todo, en el que se funden razonamientos y sentimientos.

Me vigilaré más. Recordaré el verso de César Vallejo: “¡Cuídate de ti mismo!”

En serio: gracias por las críticas.

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Economía real y economía financiera, de Antonio-Álvarez Solís en Gara

Posted in Economía, Política by reggio on 3 febrero, 2008

En el contexto de una crisis económica de dimensiones mundiales pero que, como todas, afecta sobre todo a las economías particulares de los más desfavorecidos, Alvarez-Sólis critica «la resistencia a admitir que es el modelo económico lo que naufraga».

En 1988 Raví Bartra, un superman de la economía americana, publicaba un libro que fue record de ventas: «Como sobrevivir a la gran depresión de 1990». En él aconsejaba diversos comportamientos para superar una crisis que se agudizó diez años después de lo previsto por el autor. Como tantos otros expertos Bartra creía en una depresión de carácter temporal y confiaba en una reacción del sistema. Como tantos otros teóricos jamás supuso Bartra que el crujir del modelo de sociedad neoliberal supusiese algo más que un momento complicado. La resistencia a admitir que es el modelo económico lo que naufraga ha malogrado, una vez más, el tránsito menos doloroso a un socialismo que un gran economista de la burguesía, Joseph Schumpeter, declaraba como nuevo e inevitable rostro del mundo. Aclaremos: hablamos de socialismo y no de socialdemocracia, que constituye un miserable placebo para ocultar el desastre neoliberal.

Bastarían, sin embargo, dos párrafos del Bartra de 1988 para situarnos ante la realidad económico-social sin veladuras. En el primero afirma este economista indoamericano: «El océano de endeudamiento en que actualmente flota la economía estadounidense no tiene ningún precedente en la historia de nuestro país». A finales del 1987 esta deuda era de ocho billones de dólares en cifras absolutas, de los que 3,2 billones había que contabilizarlos en la deuda de los consumidores. La deuda total superaba con un índice de 2 el producto nacional bruto. Esta deuda es la que ha hecho imposible reparar la herida mortal del mercado inmobiliario, por ejemplo.

Segundo párrafo: «Lo que interesa son los beneficios grandes y fáciles, pero estos beneficios no pueden darlos las verdaderas inversiones sino sólo las especulaciones». Los ricos, proseguía Bartra, no invierten sino especulan. Y ponía como ejemplo de dinero fácil, pero improductivo socialmente, el que generan las absorciones de empresas, negocio de carácter altamente especulativo y que destruye puestos de trabajo. Las absorciones expresan la autofagia que practica el sistema para sostenerse en pie.

Pero la clave para entender la ruina económica que nos maltrata a todos está ahí: en la destrucción de puestos de trabajo, o lo que es igual, en la destrucción del consumo. Digamos, en este punto, que la creación millonaria de puestos de trabajo que mencionan los líderes de los partidos turnantes constituye una falacia estadística, ya que trata de ocasiones coyunturales de trabajo, no de puestos asignados firmemente y que sólo puede crear la economía cuando crece en mancha de aceite y mantiene su organicidad, esto es, su carácter integral, en cuyo marco el empresario, el trabajador y quien consume habitan el mismo espacio. Los teóricos que hablan ahora de anarcocapitalismo señalan como imposible una economía en la hipótesis, tan real ya, de que el empresario sea alemán, el trabajador radique en Marruecos y el consumidor sea español. La llamada deslocalización empresarial revela la perversidad y hondura de la crisis. Muchos consumidores, que se lanzan sobre los productos de bajo precio provenientes de pueblos hundidos en la miseria, no calibran que un mercado así es de plazo corto y que contribuye a la ruina de la población que se cree favorecida, ya que anula su mecánica productiva. El endeudamiento social, que nos lleva a pensar en meses de quince días para sobrevivir, tiene en esa desintegración del mercado su explicación. El dinero que se maneja es un dinero sin respaldo productivo, puro cebo bancario en una pesca que se agota en si misma. Moneda de plástico creada por el negocio neocapitalista, que ha convertido el dinero en la única mercancía válida. El rey Midas murió de hambre cuando consiguió que todo lo que tocara se convirtiera en oro.

Como era de esperar, a fin de que la responsabilidad de los gestores de la economía actual quede impune, hubo que crear recursos dogmáticos -la nueva religión- para que la ciudadanía no se duela de la extenuación a la que es sometida y crea, por el contrario, en el carácter puramente cíclico de la crisis actual -«todo mejorará en el próximo semestre»-. Entre los dogmas que han calado en la mentalidad popular, para ocultarnos la dificultad creciente para sobrevivir, tres tienen particular importancia. En primer término el dogma de la superioridad de la empresa privada sobre la pública. En segundo término la repetición machacona de que la superación de la crisis, que es estructural y no transeúnte, está en el aumento de la productividad. Y en tercer lugar figura el dogma de que reducir la presencia del Estado en la economía estimula la competitividad.

Vamos a darles una vuelta somera a estos tres dogmas que impiden una verdadera reacción popular encaminada al cambio radical del modelo de sociedad. El dogma de la superioridad de la empresa privada no resiste un mínimo análisis si se tienen en cuenta los fabulosos despilfarros que caracterizan a la gran empresa, cuyos dirigentes consagran cantidades ingentes, sobre todo de dinero público, para conseguir el poder social que ambicionan. La simbiosis entre empresa privada y poder público, que genera un escandaloso intercambio de dirigentes entre ambos sectores, constituye hoy la base de la economía especulativa de índole financiera, tan fugaz e irresponsable. La gran empresa privada ha dejado además de ser responsable de sí misma dado el respaldo del poder público mediante las intervenciones de achique desde el estado. Finalmente cabe decir que la supuesta privacidad en la economía reduce a nada la presión ciudadana, obviamente más ejercitable sobre la empresa pública.

El segundo dogma, dirigido a confiar al aumento de la productividad el remedio de la radical crisis económica que sufrimos, parte de una falsificación flagrante del concepto de productividad, que no debe significar una mayor producción con trabajo barato y salarios antisociales, sino un mejor trabajo a fin de multiplicar las implantaciones empresariales, suscitar un firme consumo mediante la mejora de las condiciones salariales y laborales y, finalmente, racionalizar la producción para atender a las necesidades reales, sin crearlas artificialmente. La pobreza actual, en aumento verificable, no sólo es absoluta en los pueblos declarados innecesarios y condenados por ello a muerte, sino que se multiplica en forma relativa en las sociedades llamadas desarrolladas. La pobreza relativa viene significada por la incapacidad para acceder con cierta facilidad a los productos que nos inundan, muchos de ellos absolutamente prescindibles para gozar una vida benéfica.

En cuanto al tercer dogma, que subraya, sin mayor explicación, la necesidad de reducir la intervención estatal en la economía, encubre una falsedad terminante. Cualquier mediano observador de la realidad económica sabe que las grandes empresas que usufructúan los seis sectores poderosos -según Bairoch, las armas, la alimentación, la quimiofarmacia, las materias primas, el transporte y la información, dejando aparte la riqueza y el poder que apareja la droga- son potentes en razón a la cuota de estado de que disfruten, ya que el quehacer económico en esos sectores está poderosamente protegido por una minuciosa legislación. El estado es ya una larga mano de quienes reinan en los sectores indicados mediante una pirámide que se estrecha crecientemente y que producirá al fin su propia destrucción, habiendo de pagar la ciudadanía, en forma de impuestos crecientes y salarios menguantes, el gasto del inmenso cataclismo. El estado es ya el activo fundamental de esas poderosas corporaciones.

No llegamos al veinte de cada mes. La fisiología empresarial burguesa ya no funciona. Sólo existe la libre competencia en el ámbito de la pequeña o mediana empresa. En la pequeña la proletarización de sus gestores es evidente, pero ¿quién acepta que es un nuevo proletario? La religión que desvela ha sido sustituida por la religión que encubre.
Antonio Alvarez-Solís, periodista.

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