Reggio’s Weblog

El Vaticano ha tenido información constante de la negociación con ETA, de Enric Juliana en La Vaguardia

Posted in Política, Religión by reggio on 2 febrero, 2008

El conflicto Iglesia-Gobierno

La comisión permanente de la Conferencia Episcopal española ha reanudado hostilidades con el Gobierno socialista con una brusca e inesperada condena a las negociaciones con ETA. La nota del episcopado ha causado sensación en los medios conocedores de la negociación, puesto que la Iglesia católica ha desempeñado un papel relevante en ella. En un gesto sin precedentes, los obispos de Catalunya tomaron ayer distancias pidiendo a los fieles que el comunicado episcopal sea leído en tono menor.

En los últimos tres años, la secretaría de Estado de la Santa Sede -órgano equivalente a la jefatura de Gobierno del Estado vaticano- ha estado puntualmente informada de los preparativos y del desarrollo de las negociaciones llevadas a cabo por el Gobierno español, previa autorización del Parlamento, incluidos los acontecimientos posteriores al atentado contra el aparcamiento de la terminal T4 del aeropuerto de Barajas, el 30 de diciembre del 2006. Tal flujo de información ha sido canalizado por prelados del País Vasco, bajo la tutela del presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao, según fuentes eclesiásticas conocedoras del proceso.

Al igual que en la tregua de 1998-99, el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, ha desempeñado un papel importante en el intercambio de mensajes entre el Gobierno y ETA, sin que haya constancia oficial de una participación directa del obispo donostiarra en las conversaciones mantenidas entre ambas partes. En mayo de 1999, previa autorización del Vaticano, monseñor Uriarte ejerció de mediador en la reunión que mantuvieron en Suiza representantes del gobierno Aznar y miembros de la banda. En aquella ocasión, el Vaticano arropó la vía negociadora con gestos muy explícitos. Representantes de Batasuna tuvieron la oportunidad de dar a conocer sus opiniones en Roma, entrevistados en directo por Radio Vaticana.

Según las mismas fuentes, monseñor Uriarte ha viajado regularmente a Roma en los dos últimos años -con una periodicidad aproximada de unos tres meses- para informar a la secretaría de Estado, que en estos momentos dirige el cardenal italiano Tarsicio Bertone. Tales contactos se habrían realizado sin una intervención directa de la nunciatura en Madrid, legación que encabeza el arzobispo portugués Manuel Monteiro de Castro.

Los esfuerzos negociadores del Gobierno Zapatero nunca han topado con la hostilidad del Vaticano. Perfectamente informado del proceso en curso, el Papa Benedicto XVI pidió desde la plaza de San Pedro de Roma, el 5 de abril del 2006, oraciones en favor de “los horizontes de paz que parecen abrirse en el País Vasco y en toda España”.

La contradicción es evidente. Quizá por ello el documento difundido el jueves por la permanente del episcopado contiene algunas precauciones. Aprobado tras cinco horas de intensa discusión, el texto no cita en ningún momento a ETA y se limita a condenar que una organización terrorista sea tratada como interlocutor político. En la reunión no participó el cardenal arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, interlocutor permanente del episcopado con el Gobierno.

El documento tiene más lecturas. Constituye una evidente censura a los prelados vascos, con la consiguiente carga de profundidad contra la cada vez más improbable reelección de Ricardo Blázquez como presidente de la Conferencia Episcopal, el próximo 4 de marzo. La candidatura conservadora del cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, avanza con ardor.

Se reabren las tensiones Iglesia-Gobierno cuando faltan 37 días para las elecciones del 9 de marzo. El PSOE -que anteayer calificó de “hipócrita” al episcopado- toma aire. Zapatero, personalmente, salió ayer al ataque. El PP, con el viento centrista en contra, se puso a cubierto.

Y los obispos catalanes tocan a retirada. La Conferencia Episcopal Tarraconense señaló anoche en un comunicado que la vehemente declaración del episcopado español “no debe ser interpretada como una limitación de la libertad de opción política”.

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Por si no ha leído ‘Crematorio’, de Gregorio Morán en La Vanguardia

Posted in Literatura by reggio on 2 febrero, 2008

SABATINAS INTEMPESTIVAS

No es fácil que, fuera de un puñado de lectores avezados, uno se adentre en una novela como Crematorio.Y no porque se trate de un libro difícil, ni hermético, ni con referencias crípticas y culturales. Todo lo contrario. Es una novela directa como una patada al bajo vientre y tiene la virtud, si es que se puede hablar de virtudes en la literatura, de que una vez sobrepasadas las primeras treinta páginas, hay algo en ella que te obliga a seguir; como esas ocasiones en las que uno casualmente cruza delante de un espejo, y se para y se mira y remira, contemplándose, sin saber si se trata de narcisismo o masoquismo. Pero hay que decirlo todo. Crematorio tiene dos problemas.

El primero. Que no es una novela para simples, y a la gente que usa la lectura como si se tratara de marcas comerciales, la literatura les parece un producto y de ahí deducen que todo producto es literatura. Se lleva el libro bajo en calorías pero que llena mucho, como las pastillas para culturistas, llenas de mierda pero bajas en colesterol. Libritos promocionados especialmente para gente que afirma no tener tiempo pero que dedica un mínimo de tres horas diarias a la televisión, porque distrae, y quieren algo que les enganche y que la literatura no sea la huérfana de su consumo cultural. El segundo problema es el autor, Rafael Chirbes.

Debo confesar que yo me interesé por Rafael Chirbes gracias a una particularidad insólita entre la gente que escribe. Ocurre que nuestro mundo editorial tiene la singularidad, creo que única entre los países que leen libros, de concederse premios a sí mismos. Toda gran casa editora española, sin excepción que yo sepa, tiene un par de premios que se otorgan ellos mismos con un descaro sólo comparable a la beatería del personal participante en el festejo. Me explico y lo digo con sus nombres, porque si no la gente, acostumbrada a desayunar con ruedas de molino, no se da por enterada. Planeta, Alfaguara, Tusquets, Anagrama… y así sucesivamente, programan anualmente una serie de premios que podrían denominarse los Juan Palomo, porque ellos se los guisan y ellos se los comen. Ponen el jurado, los participantes y hasta la edición, y luego llaman a los medios de comunicación para que bendigan el acto y se lo vendan a una ciudadanía ignorante y atolondrada. Del mecanismo funcional de los premios existe un anecdotario tan rico como perplejante, pero ahí siguen. Premios de novela, de ensayo, de biografía, de lo que sea con el ánimo de provocar una cierta expectativa publicitaria y aumentar las ventas. Nada que objetar salvo que está dirigido a un lector cándido y engañadizo, poco frecuentador del mundo de los libros fuera de los saraos y los comentarios de sociedad. En general a los autores, y no digamos a los agentes literarios, les parece de perlas porque suponen unos ingresos añadidos por una pequeña trampa que al fin y a la postre no denuncia nadie. Los premios en España consisten en que te publica la misma editorial que te contrata, pero te aumenta la cuota de publicidad y el adelanto.

Rafael Chirbes no participa de esta fórmula, o lo que es lo mismo, no tiene el más mínimo inconveniente en recibir premios sin calzador, y a texto publicado, igual que se hace en el mundo editorialmente maduro. Y yo confieso que llegué a él por esa singularidad; el resto vino acompañado de una novela que me impresionó como una punzada en el costado izquierdo, que es en algunos nuestro lado malo. Crematorio,recién publicada por Anagrama, me tuvo sumido en la sorpresa sobre algo que no lograba entender. No sólo se trataba de saber quién demonios era el tal Chirbes sino cómo era posible que uno pudiera descubrir a un escritor curtido en muchas batallas -es decir, en muchas derrotas- que sin embargo no había sobrepasado ni siquiera el ámbito de lo más propio, de lo suyo, de lo inmediato. Me explico. Rafael Chirbes nació en 1949 junto al pueblo valenciano de Tabernes que no figura en la más reciente y canónica enciclopedia de Valencia, donde no hay idiota meritorio que no tenga sus líneas. Es más, si usted busca a Chirbes en Wikipedia tendrá que saber alemán porque su biografía no está en castellano.

Y entonces ya nos vamos acercando a la realidad. Quizá por eso de que Chirbes es huérfano de un ferroviario desde los cuatro años debe tener muy claro que la historia de la literatura, al menos la española, es la cosa más parecida a Renfe. Cuando se hicieron mayores las gentes como Chirbes había tres clases de vagones -para pobres, clases medias y gente asentada-. Ahora, fíjense si la vida se ha simplificado, incluida la literatura, que sólo hay dos, y tienen nombres geniales: turista y preferente. O sea que en la vida, y en la literatura, en el siglo que acabamos de empezar se puede ir de turista o de preferente. Chirbes me da la impresión que pertenece por voluntad y derecho propio a la época donde con sólo dejar caer el culo sobre madera, escay o badana, era posible saber la posición de cada cual. Estudió Filosofía y hasta terminó, en Madrid, con una licenciatura y un máster en la cárcel de Carabanchel -¿por qué no empezamos a llamar másters a las estancias carcelarias del franquismo; eso ayudaría mucho a que la gente entendiera el pasado?- y vivió intensamente el periodismo frenético y entusiasta de la transición. Lógicamente salió corriendo, o lo que es lo mismo, cuando empezó a entender lo que pasaba se retiró primero a un pequeño pueblo de Extremadura, de esos donde la vida es barata y todos lo demás muy caro, y cuyo nombre no oso decir para evitarme problemas con el ibarrato extremeño.Y luego a otro de Alicante, igualmente difícil pero con mejor clima.

Rafael Chirbes es un escritor español fundamental de nuestra literatura que vive gracias a los lectores alemanes. Y no porque tenga una de esas agentes literarias que abren mercados, otra expresión de la posmodernidad editorial más palpitante, sino porque Rafael Chirbes a pesar de ser un tipo orgulloso, locuaz, espléndido, buen gastrónomo, avispado catador, divertido, defensor de Galdós y Faulkner sin esquizofrenia, soltero, depresivo e inestable de carácter. Además, y sobre todo, tiene suerte. Esa fortuna del perdedor sonriente y con encaje, y resultó que una traductora alemana le buscó a él y al editor -genial la historia de nuestra literatura exportable, donde vienen a buscar lo que no está en el expositor- y así Chirbes se convirtió en autor leído en Alemania. ¿Por qué se dice que Javier Marías fue elogiado por los críticos alemanes, con Reich-Ranicki a la cabeza, y nadie señala que Chirbes también lo fue y en mayor medida? Pues por la misma razón que se mantiene la vieja concepción de Renfe, sigue habiendo tres clases de vagones, al menos para la gente que espera a los escritores en la estación. Me hace gracia pensar que de su soberbia narración /La buena letra/, la editorial Anagrama debió colocar unos diez mil ejemplares, como mucho, aventuro, y sin embargo en Alemania pasó de los doscientos mil, y hasta le dedicaron una semana en Colonia, donde por cierto no apareció autoridad española: ni literaria ni consular ni periodística.

¿Y qué es Crematorio? Las novelas no se explican, se leen, y lo más que puede hacer un comentarista es acercar el libro a los lectores. Ahí encontrarán nuestro mundo; el que nació en la posguerra, creció en la transición y se hizo grande gracias al socialismo especiado y los populares imperturbables. Una familia, un constructor, un mundo. Cuando los sueños se hacen realidad y resulta que la realidad no tiene nada que ver con aquellos sueños. Pero así es la vida que hemos ido creando relatada por un escritor que un día decidió retirarse a vivir en un pequeño pueblo y se limita a la cosa más difícil de cuantas tareas puede tener un novelista: abrir bien los ojos del recuerdo, afilar el lápiz y ponerle una cierta distancia a lo indescriptible. A esto, algunos chicos de la crítica brillante lo llaman moralismo, cosa que no he entendido en mi vida, porque ellos lo aprendieron de sus abuelas, mientras que las gentes como Rafael Chirbes y los protagonistas de Crematorio no conocen ninguna moral como no sea la frustración de no haber llegado más lejos. ¿Habrá algún día quien cuente que si no fuera por escritores como Chirbes buena parte de nuestra literatura podría pasar por andorrana? Algo así como una variante del antiguo duralex; para todos los usos y todos los gustos.

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Tres preguntas, de Luis García Motero en El País de Andalucía

Posted in Política, Religión by reggio on 2 febrero, 2008

Los obispos andaluces, siguiendo el espíritu del obispado español, publican un manifiesto en apoyo del Partido Popular, convocando a sus fieles para que voten en las próximas elecciones de acuerdo con la moral católica. Sin ánimo de ofender a nadie, por pura curiosidad democrática, me atrevo a hacer tres preguntas. La primera está dirigida a los responsables del Partido Popular. Todos sabemos que los apoyos y las intervenciones de carácter partidista llevan implícitos una negociación. ¿Qué le ha prometido la derecha española a los obispos para conseguir su apoyo electoral? Me interesa saber si el Partido Popular va a incluir en sus reformas la prohibición del divorcio, del preservativo, del aborto, de los matrimonios homosexuales y de los cuidados paliativos. Sería conveniente que los votantes de una sociedad del siglo XXI supieran si van a poder divorciarse cuando su amor se acaba, si van a poder evitar un embarazo no deseado, si sus hijos estarán expuestos a enfermedades venéreas mortales, o si los homosexuales van a ser respetados como ciudadanos con plenitud de derechos. La agresión contra la sanidad pública de Madrid, utilizando el credo moral católico para interferir en el trabajo profesional de los médicos, ha condenado a cientos de abuelos, padres y amigos a agonizar sin cuidados paliativos, es decir, sin el consuelo de la ciencia, en medio del dolor y el desamparo. Estaría bien saber si esta crueldad es asumida por el Partido Popular como norma de conducta para la próxima legislatura.

La segunda pregunta va dirigida al PSOE. ¿Qué piensa de la Iglesia, o qué piensa hacer con los obispos y con la Iglesia Católica? Al día de hoy, todo sabemos lo que la Iglesia opina del PSOE, pero nadie sabe lo que el PSOE opina de la Iglesia. Y la verdad es que resultaría justo, democrático y necesario mantener una opinión clara sobre una institución que, al calor de un concordato preconstitucional, se empeña en ocupar con su fe privada los espacios públicos del Estado. El PSOE ha mantenido los privilegios económicos, pedagógicos y festivos de la Iglesia. No hay ninguna democracia en Europa que permita a una religión desempeñar un papel tan descarado en el funcionamiento de los asuntos públicos. Por lo que se refiere al debate religioso, el único acto llamativo del Gobierno en esta legislatura socialista ha sido el de viajar al Vaticano para arrodillarse delante de un Papa que beatificaba a 500 agitadores contra el gobierno democrático y legítimo de la II República Española. Insisto, ¿qué piensa hacer el PSOE respecto a la Iglesia Católica?

La tercer pregunta va dirigida a los votantes que se identifican con la izquierda, o con la mentalidad progresista, o con las libertades y los derechos cívicos, o con las preocupaciones sociales de los ciudadanos que aspiran a vivir en una sociedad laica y republicana, porque temen la limitación de la libertad, y el contagio de enfermedades venéreas para sus hijos, y el dolor innecesario en la agonía de sus mayores, y la opresión que supone la persistencia de una pareja fracasada, y la angustia de un embarazo no deseado. ¿Qué tipo de culpa o de sacrificio católico supone esa condena del voto útil? Quiero decir, ¿es necesario arrodillarse en política, renunciar a defender nuestros principios, ocultar nuestra opiniones sobre la Iglesia, votar por un partido que no se atreve a poner en duda los privilegios de una institución consagrada por el franquismo (más que por Dios)? La democracia es una tarea que necesita también de la pasión. Nos estamos acostumbrando a dejar que la pasión sea un asunto de nacionalistas, fundamentalistas o terroristas, y sería muy conveniente volver a defender con pasión los valores democráticos. Dejemos que la derecha vote a sus políticos. Pero vamos a defender con orgullo democrático a nuestros políticos y a nuestra política.

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El grito, de Rafael Argullol en El País de Cataluña

Posted in Educación, General by reggio on 2 febrero, 2008

Hace poco estuve de nuevo en Lisboa, una ciudad que siempre apacigua. Fue una estancia breve de apenas dos días, con escaso tiempo, por tanto, para dedicarme a la mejor actividad que ofrece la ciudad, el paseo. Sin embargo, pese a esta brevedad experimenté otra vez la misma sensación que ya había tenido en estancias anteriores. A las pocas horas de estar en Lisboa sentí, sin que sucediera nada especial, un bienestar singular, lo que me empujó a pensar en el contraste entre aquellas percepciones y las que había dejado en Barcelona por la mañana, antes de coger el avión.

De pronto se me ocurrió que allí en Lisboa la gente no gritaba al hablar, o gritaba mucho menos que aquí, y que ésta podía ser una razón que explicara el cambio que percibía. Como no tenía nada que hacer hasta la noche, me puse a observar la forma de comunicarse de los lisboetas: hablaban, en efecto, en voz baja e incluso los turistas e inmigrantes compartían este tono como si fuera una exigencia del espíritu de la ciudad.

En cambio, pensé, en Barcelona -en Cataluña, en España- el grito parece consustancial al habla. Con todo, lo significativo es que la necesidad de gritar no es únicamente un fenómeno fonético, sino también un hecho ontológico: aquí la gente grita para desprenderse de la intimidad de las palabras. Fíjense, si no, en tantos hombres y mujeres que se dirigen a interlocutores cercanísimos y, sin embargo, se sienten en la necesidad de gritar. Lo comprobamos continuamente en la calle, en los restaurantes, en la playa. Quien habla gritando lo hace a un metro, a un palmo de quien recibe el grito. Fisiológicamente no haría falta para nada elevar la voz. Sospecho que, aun inconscientemente, nuestros gritones gritan para evitar la soledad, que les parece abrumadora, del cara a cara y para buscar la genérica aprobación del involuntario espectador. Un país de gritones se convierte automáticamente en un país de fisgones. El gritón, que quiere llamar la atención, está encantado de estar rodeado por otros gritones que, a su vez, llamen su atención. Todo con tal de no tener que responsabilizarse de la autenticidad de sus propias palabras. Aquí para convencer el grito se hace imprescindible, como nos demuestran permanentemente parlamentarios, alcaldes, tertulianos, cómicos o padres de familias, y quien no grita para persuadir queda relegado a una indeseable marginalidad.

Volviendo a esa tarde en Lisboa me pareció averiguar otros factores, estrechamente vinculados al antigrito, que contribuían a la serenidad del visitante. Puesto que la gente por lo general no berreaba, tenía su lógica que los distintos individuos con que uno se topaba hicieran gala de una cierta discreción o de lo que en otros tiempos se llamaba educación. El recepcionista del hotel te trataba con amabilidad, al igual que el empleado del aparcamiento e, increíblemente, también el taxista y hasta el camarero. Además, en toda una tarde por Lisboa nadie me apabulló con nuestro brutal tuteo, perfecto para el gritón, pero desconcertante para la mayoría de los habitantes del planeta, incluidos los italianos, afines en el cultivo del grito, aunque con ritos lingüísticos bastante más esmerados.

Por la noche, al ir al Barrio Alto para cenar con unos amigos, me alegró ver una pintada en una pared que confirmaba mis pensamientos: “Tourist: respect the portuguese silence or go to Spain!” (guardo la foto de esta magnífica proclama que quizá algunos españoles encuentren revanchista). Imaginé lo que hubiera pensado el autor de la pintada al ver el comportamiento de los turistas en nuestras ciudades. En la patria del grito todos se sienten libres para aullar.

Junto con los amigos portugueses participaba en la cena una señora originaria de Madrid que trabaja en el Instituto Cervantes y reside desde hace más de veinte años en Lisboa. Al transmitirle mis impresiones acerca del silencio lisboeta y el bienestar que éste procura cuando se procede de una tierra de gritones, ella me comunicó tajantemente que va lo menos posible a España porque se le hace insoportable el trato que recibe. En su opinión el deterioro se ha acentuado mucho en esas dos décadas en que ha estado ausente.

Estuvo de acuerdo con respecto a la función siniestra que juega el griterío en nuestra vida colectiva y en cuanto el uso soez y despiadado del tuteo, piedra angular de nuestra pésima educación, similar a la de muchos latinoamericanos que, sin embargo, visitan por primera vez la Madre Patria y quedan horrorizados por los abruptos ritos maternos.

La lisboeta de adopción me dio más pistas con respecto a nuestro malestar y todas me parecieron razonables. Por ejemplo, según ella, los horarios laborables españoles, tan dilatados como ineficaces, acentúan la ansiedad general. Los españoles duermen poco, pues no pueden prescindir de una amplia dosis de televisión y de una concepción neurótica del ocio. Con respecto a esto último, mi interlocutora insistía mucho en la calidad de que todavía goza el noctámbulo portugués frente al pillaje absurdo y puramente cuantitativo de la noche que representa nuestra universalmente famosa marcha, que, como se sabe, no es nada si no se grita mucho.

Al volver al hotel pasé por delante de la estatua de bronce de Pessoa, sentado silenciosamente en el café A Brasileira. Su silencio le hacía compañía a la hermosa noche lisboeta. Nosotros, más bien, deberíamos colgar reproducciones de El grito, de Munch, por todas partes. Igual así aprendemos algo.

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La política y su enfermedad, de Arcadi Espada en El Mundo

Posted in Memoria, Política by reggio on 2 febrero, 2008

EL CORREO CATALAN

Querido J:

No acabo de comprender la fascinación que genera el Alzheimer. Debe de tener que ver con la época arcaica, cuando no se distinguía entre mente y cuerpo. La evidencia de que un hombre vaya perdiendo poco a poco sus recuerdos, hasta el último, que es él mismo, resulta mágicamente perturbadora cuando se separa el espíritu de la cosa. Pero en la época de las imágenes cerebrales, cada vez más precisas, el Alzheimer no debe despertar una curiosidad suplementaria respecto a una lesión de rodilla. En la bienintencionada película (Bucarest) que Albert Solé ha dedicado a su padre, Jordi Solé Tura, afectado desde hace ocho años por la enfermedad, hay un momento incómodo en que el hijo le lee al padre unas cartas que éste envió a su familia desde la cárcel. El padre no las reconoce y ni siquiera recuerda que estuviese preso. La escena, que dura demasiado, pretende subrayar el rasgo inexplicable de la enfermedad. Pero, a menos que se incruste en la inexplicabilidad general de la vida, la insistencia resulta tan poco convincente como sería la de insistir en que un cojo no puede correr ni saltar vallas. La memoria no es más conceptual que el movimiento y, como él, depende de mecanismos orgánicos que pueden lesionarse.

La fascinación también proviene, seguramente, del pletórico arsenal de metáforas que la enfermedad provee. En este sentido, su superioridad sobre el resto de enfermedades (incluso sobre el resto de las muy metafóricas enfermedades cerebrales) es indiscutible. El Alzheimer es la más perfecta y cruel representación de la muerte en vida, ya que no hay vida humana sin memoria.

Las metáforas se han multiplicado recientemente en el caso español al haber afectado la enfermedad a tres políticos muy importantes del inmediato pasado: los presidentes Adolfo Suárez y Pasqual Maragall y el ya citado Solé Tura, uno de los redactores de la Constitución. Yo mismo no pude eludir el otro día la metáfora del alzheimer social a propósito del presidente Suárez. Impulsado por la lectura de su discurso de dimisión, que publicó este periódico donde te pongo las cartas, empecé a buscar en la red las huellas de su vida política. No sabes lo que ha sido este viaje a ninguna parte.

Puedes hacerlo conmigo. Puedes empezar en la web de La Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno. En el apartado dedicado a los presidentes encontrarás una biografía de agencia, formularia y espesa, cuyo detalle más espectacular, tratándose de una publicación digital, es la ausencia de cualquier link. Dada tu formación puramente libresca y tu alergia al medio sería improbable que buscaras algún vídeo célebre: pero no hay cuidado porque la videoteca gubernamental sólo se retroextiende hasta el año 2006. Las cosas están algo mejor en el Congreso porque, al menos, son accesibles las transcripciones de sus intervenciones parlamentarias. Por desgracia, el archivo de imágenes es inexistente, más allá del año 2007. Ahora bien, donde el asunto se vuelve completamente surrealista es en Radio Televisión Española. Buena parte de sus fondos están ya digitalizados por la ejecución de un proyecto que se acordó en el año 2002.

RTVE ha puesto incluso a la venta un cedé donde están algunos de los hits audiovisuales del siglo, sean los goles de Zarra, la llegada del hombre a la Luna o el que se anuncia como el documento más antiguo del mundo, donde habla Sir Arthur Sullivan, compositor de óperas. En el cedé figuran tres fragmentos de discursos fundamentales de la vida de Suárez: el de la toma de posesión, su letanía electoral del Puedo prometer y prometo o el discurso de dimisión, de 1981. Pero la radio televisión pública ni siquiera permite que esas cuñas sean accesibles por internet. Ni siquiera pagando. Digitalizar para qué.

Las sorpresas continúan en YouTube. Si tienes paciencia y tino encontrarás, desperdigados, algunos fragmentos de programas donde Suárez aparece en algunas secuencias históricas. Todo desordenado, parcial y de discreta calidad. Ni siquiera está completo su breve discurso de dimisión, cuyo texto sólo se encuentra en el archivo del diario El País (y, desde hace unos días, también http://blogs.elmundo.es/elmundo/blogs/elmundopordentro/index.html). YouTube es un indicador muy fiable de la sensibilidad de una comunidad determinada hacia determinados hechos o personas: la marginalidad de Adolfo Suárez ni siquiera cabe interpretarla como una metáfora. Sigue en la red. Busca blogs; sólo encontrarás el de un voluntarioso y limitado admirador (http://adolfosuarezes.blogspot.com/). Ve a la Wikipedia. Por fortuna anuncian que unos cuantos wikipedistas están trabajando sobre su página. Para que tengas un punto de referencia, y no especialmente despiadado, sobre lo que sucede en otros lugares de memoria acude a la wikipágina de Valéry Giscard d’Estaing, presidente francés en aquella época, que con tanto desdén trató a Suárez, no sólo por sí mismo, sino como sinécdoque de los españoles. La pregunta, muy obvia, es si resultaría excesivo para este país, para su Gobierno, para sus miles de fundaciones la construcción de una web sobre la figura del presidente español, donde su vida estuviese ordenada con inteligencia, eficacia y buen gusto. La pregunta es, de nuevo, sobre la extensión del alzheimer social cuando la memoria histórica no puede utilizarse políticamente.

Sigo con ella. Ahora vuelvo a Solé Tura y la película que ha filmado su hijo. Un documental patrocinado por todas las instituciones catalanas, empezando por su Gobierno. Todas las vertientes de la vida política, y hasta personal, de Solé Tura están más o menos presentes con la profundidad que cabe exigirle al cine, y especialmente al cine sentimental. Todas, a excepción de una. Ya puedes figurártela. De pronto, en la película irrumpe Jordi Pujol, que conserva plenamente su retranca. Desde ella, y sin ocultación, ensalza a Solé Tura, aunque señala sus grandes discrepancias políticas. «Unas discrepancias muy fuertes», precisa. Es una gran noticia; debe de ser la primera vez que Pujol habla de Solé Tura sin insultarlo. El documental no quiere complicarse la vida; ni subraya la gran noticia ni señala cuáles son esas discrepancias: sólo una transeúnte y fugaz referencia al federalismo de Solé Tura, mal visto por los nacionalistas. Es una lástima. Solé Tura fue el más importante antagonista de Pujol, y del pujolismo. Por dos veces. La primera en 1967, cuando publicó Catalanisme i revolució burgesa, apuntando al centro del antifranquismo nacionalista, cuyos postulados no duda en calificar de reaccionarios. «Curiosamente, cuando se publicó, la principal y más violenta polémica la tuve con Jordi Pujol, que en una conversación personal me aseguró que me equivocaba y que ése no era el camino correcto para Cataluña», me dijo el propio Solé Tura sobre ese libro hace 16 escalofriantes años. La segunda vez que le llamaron traidor fue a partir del 27 de mayo de 1984, cuando publicó su artículo El respeto a Pujol y la querella de Banca Catalana. Tú no recordarás otro artículo como ése en Cataluña. Un artículo que simplemente dijera que Cataluña no era un sólo hombre. Ni tú lo recuerdas ni yo tampoco, y no estamos enfermos. Desde aquel momento Solé Tura se convirtió en uno de los muñecos de trapo del nacionalismo. En los palacios, cuando era ministro, le quitaban la silla; y en la calle lo asaban a botifarres. La memoria perdida de Solé Tura no está en Bucarest, a menos de que esto nuestro (en fin, tuyo ya no) no sea el más exacto bucarest de la subvención, la ocultación y la farsa.

Muertos en vida, eso creo.

Sigue con salud

A.

© Mundinteractivos, S.A.

‘Z’ saca los colores a tirios y troyanos, de Víctor de la Serna en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 2 febrero, 2008

LA POLEMICA NACIONAL: ESPIRAL DE PROMESAS ELECTORALES

Los columnistas y los editorialistas se han unido a los sindicalistas y a buen número de socialistas en el universal rechazo de la repentización de ‘Z’ con esos famosos 400 euros regalados.

Si los españoles se formasen su opinión ante las elecciones generales leyendo los periódicos y no contentándose con los cortes y demás pildorazos de esos telediarios tan rendidos al poder, es probable que esa gruesa ocurrencia de los 400 euros habría significado una rebaja muy seria en las expectativas electorales del vendedor de alfombras persas de La Moncloa. Como la prensa escrita no es desde hace decenios la que más influye en los votantes, el resultado electoral queda en el aire. Pero, esta vez, nadie se ha atrevido a defender la tercermundista humorada.

Los diarios económicos, renuentes inicialmente, han dejado a lo largo de la semana la iniciativa a la altura del betún. De los demás, El País es el que más se ha hecho esperar, como casi siempre. Pero el miércoles, al fin, se manifestaba en un editorial titulado Fiscalidad de campaña, en el que algo sí que se concedía a Zapatero, con la boca pequeña: «Si algo bueno se puede predicar de la medida es que tiene un coste tasado, al contrario que la del PP, que nadie sabe cuánto costará ni cómo se aplicará». Claro que nada más de bueno encontraba, aunque suavizaba su crítica con el habitual argumento que lo que promete el PP es igual de malo. (Como otras veces, desde ABC se juega también a la equitativa equidistancia; en este caso, Antonio García Barbeito: «La misma copla de Zapatero la tararea Rajoy, que aquí el que no corre, vuela, y si se trata de hacerse con el poder, lo que haga falta. Han entrado en una especie de puja que puede acabar en cachondeo o en algo peor»). La cabecera financiera de Prisa, Cinco Días, se lamentaba editorialmente a la vista de la crisis económica que llega: «Hoy, más que nunca, todo aconseja no frivolizar con la merma de ingresos».

Por lo demás, un estruendoso concierto de pitos, desde la izquierda nacionalista (Pilar Rahola, en La Vanguardia: «Creo que jugar con el dinero público, y hacerlo, además, sabiendo que algunas capas de la sociedad están en clara recesión, es un acto de pornografía política, que no sólo no debería animar al voto, sino actuar como eficaz repelente») hasta la derecha de Madrid.

Así lo veía, en efecto, un editorial de La Razón: «El empate técnico que tozudamente muestran las encuestas entre las expectativas de voto del PSOE y del Partido Popular parece incidir mucho más en el ánimo del Gobierno que entre los responsables de la oposición. No es la primera vez que se demuestra con los hechos que Rodríguez Zapatero es demasiado vulnerable a los vaivenes de la opinión pública. Pero gobernar a golpe de encuestas, ajustando y reajustando las prioridades según se tabula el sondeo de turno, aunque pueda ser beneficioso en el corto plazo, es práctica que casi siempre acaba por volverse en contra. España es una sociedad madura que distingue perfectamente entre una ocurrencia para salir del paso y una propuesta económica seria y bien estudiada».

La sorna la pone Ignacio Camacho, en ABC: «Por lo menos deberían cuidarse de no llamar ‘devolución’ a esta dádiva, porque si tienen algo que devolver a los ciudadanos habrá que suponer que antes nos lo habían birlado». (Pero, ¿es que alguien lo dudaba?).

© Mundinteractivos, S.A.

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Soy anticlerical, de Javier Ortiz en Público

Posted in Política, Religión by reggio on 2 febrero, 2008

Los señores obispos matizan: ellos no sostienen que sea moralmente reprobable dar el voto a un partido que haya “dialogado” con terroristas; lo inaceptable –dicen– es votar a un partido que haya “negociado políticamente” con terroristas. Se ve que sus eminencias estaban pensando en el Gobierno de Adolfo Suárez, que negoció la desaparición de ETA político-militar concediendo a sus integrantes contrapartidas políticas. Porque, que yo sepa, los demás gobiernos de España han hablado con ETA de todo un poco (en Argel, en Zúrich, en Bayona, en Escandinavia, en Santo Domingo…), pero sin llegar jamás a nada concreto.

De todos modos, ¿quién establece dónde termina el mero diálogo y empieza ya la negociación política? ¿La Conferencia Episcopal?

Durante años tuve en la pared de mi despacho una vieja fotografía –muchos estudiosos de la Guerra Civil la recordarán– en la que se ve a varios generales y oficiales franquistas posando en la entrada de una catedral acompañados de unos cuantos obispos y clérigos que levantan el brazo (los obispos y los clérigos, no los militares) haciendo el saludo fascista. En total hermandad. Nadie puede acusar a la jerarquía católica española de entonces de haber negociado políticamente con una banda de golpistas criminales: se echó en sus brazos por puro amor, sin negociar nada. Pero, en cambio, el Vaticano sí negoció, y mucho, y muy políticamente, con las autoridades del III Reich. ¿Será inmoral votar a un partido que se lleva a partir un piñón con una Iglesia que negoció políticamente y colaboró con un régimen genocida?

He conocido a lo largo del tiempo a muchos curas, e incluso a varios obispos. Sé que entre ellos hay de todo: desde gente excelente y entregada a las causas más nobles hasta personajillos repulsivos, a quienes, si les das la mano, lo mejor que puedes hacer es ir a lavártela cuanto antes. No generalizo.

En castellano, la palabra “anticlerical” tiene dos posibles sentidos. Es anticlerical quien se enfrenta al clero en masa, sin distingos. No es mi caso. Pero también se define como anticlerical a quien rechaza que el clero trate de condicionar los asuntos políticos. Ése sí es mi caso.

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Los tiempos cambian que es una barbaridad, de Floren Aoiz en Gara

Posted in Memoria, Política by reggio on 2 febrero, 2008

Corría el año 1936 cuando el PSOE y ANV se presentaban unidos en el Frente Popular a las elecciones del Estado español. Frente Popular, la bestia negra del fascismo español, fascismo que no cejó hasta poner fin a la experiencia democratizadora republicana mediante un baño de sangre y una dictadura cuyas sombras todavía nos atenazan.

Han pasado muchos años. El PSOE, casi ausente de la lucha antifranquista, reaparecería como por arte de magia en la transición. No había en ello nada de milagroso y sí el fruto de un plan preconcebido, con participación de los servicios secretos franquistas, la CIA y la socialdemocracia alemana, que se encargaron de que Felipe González y Alfonso Guerra se hicieran con el control del partido en Suresnes. Como han confesado miembros de la Policía franquista, el apoyo del régimen al PSOE para debilitar a la izquierda rupturista fue tan descarado que la Brigada Político Social llegó a participar en el reparto de la propaganda del partido.

Los jóvenes dirigentes del PSOE llevaron el partido a La Moncloa, dejando en el camino cualquier atisbo de dignidad. Olvidaron la ruptura, el no a la OTAN, la defensa de la clase obrera, el republicanismo, el derecho de autodeterminación… No permitieron que nada ni nadie se interpusiera entre sus ambiciones y las poltronas. Y no tardaron en chocar con la dignidad de amplios sectores de la sociedad vasca, que se negaban a participar en ese fraude que llamaron transición. Y decidieron seguir el mismo camino que sus predecesores. Así, un partido con una tradición republicana, colocado fuera de la ley por el franquismo, fue el gran aliado del sucesor designado por Franco, acentuó la represión franquista contra Euskal Herria, y creó los GAL.

Y este es el partido que va a ilegalizar (entre otros) a ANV. 69 años después de ir coaligados a las elecciones y firmar un manifiesto demandando la unidad de los territorios vascos peninsulares, porque una Nafarroa aislada convenía a los intereses de la derecha. Tras entregar Nafarroa a la derecha posfranquista, quieren dejar claro que nada tiene que ver con su pasado republicano, por más que Zapatero cuente batallitas de su abuelo.

Floren Aoiz. Escritor.

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Calles de Oviedo, de Luis Arias Argüelles-Meres en La hora de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 2 febrero, 2008

Parece tranquilizador que, ante la posible aplicación de la llamada Ley de la Memoria al callejero de Oviedo, se fije como criterio base que los cambios en la nomenclatura sólo deberán ser aplicados a partir del momento en que tuvo lugar la sublevación militar contra el Estado republicano.

Así pues, la Comisión nombrada ad hoc por el Alcalde cuenta con una directriz inequívoca. Cuando se emita el informe pertinente ocasión tendremos de comprobar hasta qué punto se respetaron la letra y el espíritu de una ley con la que no todos los elegidos se manifestaron de acuerdo. Esperemos, pues.

Como bien se sabe, el nomenclátor de Oviedo homenajea a un considerable número de personajes adscritos al franquismo. Habrá quien considere que se pretende retirar esos nombres y sustituirlos por otros cuya adscripción fue exactamente la contraria.

Pues bien, no se trata de eso, sino de muy distinta cosa. Y es que, con independencia de la posición ideológica de cada cual, tendría que llegarse al acuerdo de que en un Estado democrático no debe haber cabida en sus callejeros a personas que se significaron por su participación activa en una dictadura.

Si para tantas cosas se suele tomar como referencia el conjunto de los países europeos, es bien sabido que ni en Italia ni Alemania hay calles dedicadas a personajes que tuvieran que ver con el nazismo o con el fascismo. Y que en Francia tampoco se homenajea a nadie que haya colaborado con Petain.

No me parece inadecuado que la figura de José Calvo-Sotelo permanezca en el callejero de nuestra ciudad. Se trata de un personaje histórico, asesinado con vileza y cobardía, muy pocos días antes del estallido de la guerra civil.

Al mismo tiempo, vuelvo a reivindicar que pueda haber en Oviedo una calle dedicada a Manuel Azaña, personaje histórico de gran talla intelectual, muerto en el exilio en noviembre de 1940.

Dicho lo anterior a modo de ejemplo, no parece de recibo que haya en nuestro callejero militares que participaron en la guerra civil del lado franquista.

Se puede argüir que estas personas forman parte de nuestra historia, lo que es indudable; pero no menos innegable sería que también forman parte de nuestra historia los militares que perdieron la guerra. Porque, de continuar así el actual nomenclátor vetustense, habrá que concluir que lo que tenemos es una continuidad del franquismo, no un régimen democrático totalmente desvinculado de la dictadura. Hay cosas en las que no caben términos medios, y ésta es una de ellas.

Calles de Oviedo. No soy un erudito en materia de historia local, como el inolvidable personaje regentiano. Pero estoy seguro de que, al menos sobre el papel, cabe un acuerdo aceptable desde el punto de vista democrático sobre la base de que no es revanchismo reivindicar que el callejero de una ciudad perteneciente a un Estado inequívocamente democrático no debe dar cabida en su callejero a personalidades cuya vinculación con el franquismo fue inequívoca. Y es de suponer que a estas alturas nadie discuta que el régimen de Franco fue una dictadura.

Tampoco hace falta traer a colación una vez más los horrores y atrocidades de una guerra que tuvo lugar en los dos bandos. Casi todos tenemos en nuestro pasado familiar historias de sangre, dolor y lágrimas en ambas trincheras y retaguardias. Fue el paso del tiempo y la madurez de la sociedad española quienes llevaron a cabo en la práctica una reconciliación que tuvo lugar no sólo al margen, sino también a contracorriente de los postulados de aquella España oficial que duró hasta noviembre de 1975.

La cosa es muy sencilla sobre el papel: no homenajear en nuestro callejero a gentes que se implicaron a fondo con la dictadura. Para un demócrata, algo así debería resultar indiscutible. Conseguido ello, el paso siguiente, sospecho que no inmediato, sería premiar la excelencia: es decir, que en el callejero de Oviedo no sólo no hubiera sitio para cómplices y copartícipes de una dictadura, sino que además figurasen en él todas aquellas personalidades que destacaron en sus distintas facetas y que dieron prestigio a nuestra ciudad.

Al respecto, habría mucho que debatir y plantear. Esperamos y deseamos asistir a ello como espectadores interesados. Al tiempo.