Reggio’s Weblog

A cada uno lo suyo, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 25 octubre, 2007

Sigue la campaña para desprestigiar al Tribunal Constitucional con un objetivo evidente: coaccionar a los magistrados e intentar deslegitimar la institución en vistas al contenido de la pendiente sentencia sobre el Estatut de Catalunya. Las líneas de ataque son dos: primera, tratarlo como un órgano jurisdiccional que actúa sólo por razones políticas; segunda, cuestionar su legitimidad para enjuiciar un Estatuto que ha sido ratificado por referéndum. Vamos a comentarlas.Un Tribunal Constitucional politizado no quiere decir que sus magistrados carezcan de ideología política sino que sus resoluciones obedecen a razones de oportunidad y conveniencia, es decir, a razones políticas, en lugar de ser fruto de la interpretación jurídica. Cualquier magistrado que mantuviera una línea de conducta semejante cometería un delito de prevaricación y, por tanto, acusaciones no probadas de este tipo pueden constituir delitos de calumnias o injurias si atacan gravemente el honor de dichos magistrados. En efecto, la campaña de dar por supuesta la posición final de los magistrados en la resolución de la sentencia antes dicha puede ser constitutiva de delito. El silencio de la Fiscalía ante estos ataques comienza a resultar incomprensible.

Además, desde el punto de vista exclusivamente informativo, muchas de estas informaciones son manifiestamente falsas. Hace poco el TC ha aprobado la abstención de su presidenta (y de su vicepresidente) en el proceso de inconstitucionalidad sobre la reciente reforma de la ley orgánica del Tribunal Constitucional. Una abstención, en su sentido procesal, significa que un determinado juez o magistrado pide al órgano competente no formar parte del órgano que debe juzgar un determinado asunto debido a que, dada su implicación en dicho asunto, ello podría dañar la imparcialidad del órgano juzgador. Así como la recusación es formulada por las partes en conflicto, la abstención es pedida por el mismo interesado.

Pues bien, el pleno del Tribunal, al acceder a la petición de su presidenta (y de su vicepresidente) ha considerado que su abstención era correcta. La prensa, por su parte, lo ha destacado con informaciones muy distintas: “La presidenta ha sido despojada de su cargo”, la presidenta ha sido “destituida” para que no pueda participar en la sentencia sobre el Estatut de Catalunya. Afirmaciones ambas tan tendenciosas como falsas. Lo cierto es, primero, que la presidenta ha seguido siendo presidenta y nunca lo ha dejado de ser, y, segundo, que se ha excluido únicamente en el procedimiento sobre la reforma de la ley orgánica del Tribunal Constitucional, no en el del Estatut de Catalunya. La confusión, sin embargo, ya se ha sembrado y la finalidad de desprestigiar al Tribunal se está así consiguiendo.

Más grave todavía es el cuestionamiento de la legitimidad del TC para enjuiciar el Estatut por el simple hecho de que ha sido aprobado en referéndum y, peor todavía, por tratarse de una ley eminentemente política. Sostener tal cosa es hoy moneda corriente, al olvidar que nuestro sistema es una democracia constitucional: todas las normas están subordinadas a la Constitución y quien debe garantizar esta supremacía es el Tribunal Constitucional. Pues bien, algo tan obvio y tan fundamental, algo que está dicho explícitamente en la Constitución y en las leyes, es puesto en cuestión por políticos, por comentaristas de prensa y por algún profesor que si leyera eso mismo en el examen de uno de sus alumnos debería suspenderlo. Una posición, por otra parte, que tiene más de una similitud con la deslegitimación de la Constitución alemana que condujo a Hitler al poder. Mucho Carl Schmitt está aflorando en nuestro país por razones de partidismo político.

Ahora bien, a esta preocupante situación ha contribuido también, con sus actos, el mismo Tribunal Constitucional. Especialmente por la lentitud con la que está actuando. Si la justicia tardía es injusticia, este tribunal parece ser partidario de la injusticia. Desde el exterior se le intenta politizar, de eso no hay duda, pero es inexplicable que para resolver incidencias procesales cuya tramitación no debería durar más de un par de horas, tarde el Tribunal varias semanas.

Un Tribunal Constitucional serio debe saber que su papel en el sistema jurídico y político de un país es decisivo. En muchos casos – en Estados Unidos, en Alemania, también en España-, las decisiones judiciales de estos tribunales han tenido trascendencia histórica. Nuestro Tribunal está compuesto por doce CASAS magistrados, tiene un excelente servicio de letrados y doctrina acumulada suficiente como para haber dictado hace varios meses la sentencia en un asunto tan importante como es la constitucionalidad del Estatut de Catalunya. Todo retraso consolida situaciones con difícil vuelta atrás y cada vez la sentencia tendrá más dificultades de aplicación.

El Tribunal Constitucional, por primera vez en 28 años, está demostrando que no está a la altura de las circunstancias históricas. O miedo al veredicto de la sentencia o pereza en su estudio y debate, señores magistrados. No hay otras explicaciones razonables a la tardanza con la que ustedes están actuando. Tienen razón en quejarse por el trato que reciben de los políticos y de la prensa. Pero – a cada uno lo suyo- también ustedes contribuyen, con su inactividad, a esta lamentable situación.

F. DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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Lucha por la sucesión en Izquierda Unida, de Lorenzo Contreras en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 25 octubre, 2007

La “otra izquierda”, quizá la única verdadera, con todos sus defectos, frente a la izquierda probablemente falsa que represente el zapaterismo sectario, va a elegir a finales de este mes, en votación por correo de su militancia, el candidato de la coalición a la presidencia del Gobierno para el 2008. Hablamos de Izquierda Unida (IU), que actualmente se debate en una pugna sorda entre el actual coordinador de la coalición, Gaspar Llamazares, y el núcleo duro del PCE, que es en realidad el que verdaderamente representa lo que queda del viejo Partido Comunista de España.Es la primera vez en sus veintiún años de existencia como organización que IU celebra unas elecciones primarias, en consulta no vinculante, pero cuyo resultado la actual dirección se compromete a respetar. En este conglomerado, el PCE equivale al sector crítico de IU. Los censos no están revisados y Llamazares teme que el PCE los “engorde”.

A Llamazares le ha salido una competidora en esta batalla postal, sin urnas. Se llama Marga Sanz, es valenciana, nacida en 1951, licenciada en Ciencias Económicas, profesora en el Instituto De Tavernes Blanques y catedrática de Administración de Empresas. Su vinculación ideológica netamente comunista, ya que ostenta la Secretaría General del Partido Comunista del País Valenciá y es miembro del Comité Federal y de la Comisión Ejecutiva del PCE.

En la presentación de su candidatura, Marga Sanz dice que la credibilidad de IU se ha visto dañada con actuaciones del grupo parlamentario a espaldas de la organización. Estima incomprensible el apoyo del grupo a la Ley de Educación, a la Ley de Defensa Nacional y a la pretendida “estabilidad presupuestaria”. Desconfía del resultado final de la Ley de la Memoria Histórica y critica la “subalternidad” de IU respecto a la estrategia política del Gobierno Zapatero.

En línea con su intención programática, Marga Sanz cree que el crecimiento económico del que tanto se alardea se ha financiado hipotecando los salarios futuros de millones de personas y explotando la necesidad básica de una vivienda. Denuncia que se privaticen los servicios públicos y que los adelantos técnicos se utilicen para deslocalizar, reestructurar y precarizar la producción, elevando así la indefensión de los trabajadores. Entiende, en este sentido, que vamos hacia una sociedad cada vez más clasista, desestructurada e insolidaria.

La candidata formula una apuesta radical por la república federal y aboga por la reforma de la actual Constitución en un sentido progresista y participativo. Y como medidas urgentes propone la reforma de la Justicia mediante el control democrático sobre jueces y fiscales; la supresión de los privilegios de la Iglesia católica, empezando por la enseñanza de la religión en el sistema educativo público; el sometimiento del ejército al control de la representación popular; la reforma electoral a favor de un sistema proporcional real…

Piensa Marga Sanz que la izquierda o es anticapitalista o no lo es, y que o es feminista o tampoco es izquierda. Respecto a política exterior, aspira a que Europa se convierta en un contrapeso a las políticas imperialistas de EEUU.

Finalmente, en su presentación, la candidata a la presidencia del Gobierno en las primarias de IU manifiesta que “estamos decididos a recuperar y aumentar la influencia que hemos tenido no hace tanto tiempo”.

Cualquiera diría, a la vista de estos clásicos maximalismos, que Llamazares conservará sin novedad la coordinación de IU. Según su adversaria, la candidatura que ella representa ha reunido avales de las tres candidaturas que se presentaron en la última Asamblea Federal de IU, mientras que Llamazares sólo cuenta con parte de su lista del 2004.

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Los ejércitos y la fiesta nacional, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 24 octubre, 2007

El 12 de octubre pasado, como todos los años, se celebró la llamada fiesta nacional. La conmemoración suele ser bastante parca. Todo queda reducido a un desfile militar en Madrid que, todo lo más, los niños ven —tan solo algún trozo— por televisión. Este año, sin embargo, se ha querido ir más allá y el líder de la oposición, sin demasiado éxito, ha realizado un llamamiento para que todos los ciudadanos, prietas las filas, mostrasen con algún gesto su devoción a la nación española y el culto a la bandera y demás signos. Mala estrategia la de querer atacar el nacionalismo periférico promoviendo el centralista.Lo que hay que cuestionar es toda pretensión identitaria, las falsas hipóstasis sociales, la construcción de ídolos y fantasías colectivas. Frente a la nación, el internacionalismo y el Estado, entendido en términos funcionales, lo más extenso posible en un mundo globalizado, para que el poder democrático pueda regular y controlar al económico. ¡Ojala tuviéramos un Estado europeo! Carece de toda lógica suspirar por éste y querer debilitar y dinamitar el español.

Se ha dicho que el patriotismo es el último recurso de los canallas. Casi todos los males de la historia tienen su origen en palabras grandilocuentes, altisonantes: nación, patria, religión, cultura, civilización. Bush inmola a cientos de miles de personas y destruye ciudades en nombre de la gran nación americana y de la civilización occidental, y en nombre de la civilización occidental países como España mandan a sus mercenarios a morir a miles de kilómetros de distancia.

Hace más de un siglo, Pío Baroja realizó en su novela “Parados, rey” un buen retrato de esa dinámica colonizadora que se extiende hasta los momentos presentes. La acción se desarrolla en un país imaginario de África, Uganga. El ejército colonial francés, bien pertrechado, provisto de artillería y ametralladoras, en un solo día rompe la resistencia de los salvajes y arrasa la ciudad y las aldeas vecinas. Con la paz se introduce —según cuentan en la narración— el modo de vida europeo, empieza la violencia, la explotación racional del trabajo, la prostitución, los asesinatos y por supuesto enfermedades desconocidas para los aborígenes, la variolosis, el alcoholismo, la sífilis, etcétera. El novelista los denomina beneficios de la civilización occidental. La obra acaba con las palabras del sacerdote capellán del ejército: “Demos gracias a Dios, hermanos míos, porque la civilización verdadera, la civilización de la paz y la concordia de Cristo han entrado definitivamente en el reino de Uganga”.

Pío Baroja sin duda exagera. Utiliza la ficción para describir, cual Rousseau, una situación idílica del mundo salvaje. En la realidad no existen Arcadias, pero ¿cómo no reconocer en algunos de los elementos de la novela un relato fehaciente de lo que ha supuesto la dominación colonial? ¿Cómo no acordarse de la destrucción de las reducciones de los jesuitas en Paraguay? ¿Cómo no establecer cierto paralelismo con el lenguaje hipócrita de eso que se autotitula “comunidad internacional” y que es tan solo la comparsa del imperio?

Hoy, según parece, tenemos a todos nuestros ejércitos desempeñando labores humanitarias, misiones de paz, pero curiosamente matan y mueren, al igual que lo hacían en la época colonial, y, como en la época colonial, son solo los pobres los que perecen. Téngase la opinión que se tenga de Rodríguez Ibarra hay que reconocerle una cualidad, que no suele morderse la lengua y termina afirmando aquello que no cabe en lo políticamente correcto. Hace algunos días, cuando el fallecimiento en Afganistán de soldados españoles, proclamó una gran verdad: que a las misiones de paz solo van los pobres. Pero precisamente por eso levantó todo tipo de protestas de los bien pensantes y de los bien hablantes.

El ejército español, desde que es profesional, se nutre en su gran mayoría —por no decir en su totalidad— de las clases bajas, incluso en una proporción muy importante de emigrantes. En eso nos asemejamos a EEUU cuyas tropas las forman negros y chicanos El fenómeno, desde luego, no es nuevo y tiene antecedentes en nuestro propio país. Son múltiples los escritos y artículos de Blasco Ibáñez (“que vayan todos, pobres y ricos”, “el patriotismo de los capitalistas”, “carne de pobre”) en los que criticaba la forma en que se movilizaban los soldados que debían ir a combatir a Cuba. Podían librarse del reclutamiento pagando al gobierno 1.500 pesetas, es decir, a la guerra solo iban los que eran tan pobres como para no tener seis mil reales que les librasen de la contienda.

Hoy realizamos algo parecido los que tenemos “posibles” pagamos impuestos con el fin de comprar a otros que vayan a combatir en nuestro lugar o en el de nuestros hijos. Hoy, en el ejército, solo se enrolan los que son suficientemente pobres para no poder obtener recursos por otros medios. Como decía aquel torero, “más cornadas da el hambre”. Habría que preguntarse si las llamadas misiones de paz tendrían la misma aquiescencia oficial si los enrolados fuesen, por ejemplo, los hijos de los ministros, de los directores de periódico o de las cadenas de televisión, de los banqueros, de los empresarios, de los escritores, de los altos cargos.

Hay, sin embargo, una diferencia con lo que ocurría al final del siglo XIX. Entonces nadie dudaba, por lo menos en las filas de la izquierda, de que el sistema era injusto, y se reivindicaba una y otra vez su abolición y la implantación del servicio militar obligatorio. Hoy, por el contrario, lo progre parece que es el ejército profesional y se califica de loco al que propugna lo contrario.

http://www.telefonica.net/web2/martin-seco

Miseria de la politica, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Política by reggio on 24 octubre, 2007

El ojo del tigre

La explosiva confrontación entre los dirigentes de IU por un lado, y los del evanescente PCE, por otro, nunca podrá ser considerada como un debate ideológico formal suscitado en el seno de un único partido, y protagonizada por dos supuestas corrientes políticas que brotan de un mismo manantial: el marxismo. Como mucho -teniendo en cuenta el sistema que hace funcionar esta democracia pluralista– se podría considerar que es un conflicto laboral… En el que se ventilan meros intereses personales de cargos dirigentes; los cuales, como es obvio, se traducen en la realidad como puestos jerárquicos que proporcionan alguna relevancia social.

O sea, que este terremoto doméstico, que sacude –malgré lui…- a los escasos supervivientes asturianos del histórico PCE, está provocado por unos agentes absolutamente diferentes de los que se pretende convertir en protagonistas reales de esa disputa, tan absurdamente provocada por los respectivos sanedrines de las dos caras de esa única moneda, cuyo curso -por mucho que se quiera demostrar- sigue siendo tan ilegal como lo fué con la dictadura. Si no jurídicamente, sí moralmente. Lo cual, es muchísimo peor para el presente y el porvenir de los comunistas asturianos (y españoles todos…)

El título de esta columna está inspirado en una obra escrita por Carlos Marx para rebatir las ideas políticas y económicas que Proudhon exponía en uno de sus libros: Sistema de contradicciones, o filosofía de la miseria. En el preámbulo de la réplica de Marx -titulada Miseria de la filosofía, (1847)-, dice que Proudhon, en Francia, tiene derecho a ser un mal economista porque pasa por un buen filósofo alemán. En Alemania, tiene derecho a ser mal filósofo porque pasa por ser un economista francés de los más importantes.

Si los actuales comunistas españoles se dedicaran a leer a Marx, en vez de a discutir desaforadamente entre ellos, probablemente servirían mucho mejor a la democracia aportándole ideas compatibles con ella, que lo que hacen ahora: administrar míseramente la hipotética política de la izquierda. Caer en este error, es una irresponsabilidad imperdonable; sobre todo, cuando la bipolarización del sistema, que ordena a la monarquía digital española, es cada ver más dura: entre un PSOE empeñado en reencarnar a la política centroderechista de la antigua UCD, y un PP dedicado a despertar violentamente el viejo león de la España Imperial…

Para equilibrar este protegido desequilibrio político, que tanto marea a la sociedad española (ayuna -todavía!- de la práxis pluralista de la democracia liberal), entre el PSOE ucedeo y el PP orgánico hace falta introducir una izquierda inteligentemente responsable de sus actos; cabal en cuanto a sus planteamientos políticos, y coherente con su ideología histórica. Esto, que pudo serlo Izquierda Unida -si no se hubiera dedicado a la pirotecnia lúdica…-, cada día que pasa es más imposible. Lo cual, significa que la izquierda en este país es una utopía. Y si usted me apura un poco más, diría que es un delito perseguible por la vigente ley (orgánica), que tanto nos confunde.

En el fondo de esta inútil batalla librada entre intereses particulares, lo que más bulle son las animadversiones personales y las disputas por el cajón del pan. Con lo cual, la única solución sensata estaría en acudir al Juzgado de guardia y no ventilarlas públicamente, como si estuvieran planteándose la divina resurrección del PCE, al que la Transición mató muy muerto

Siguiendo el hilo irónico del preámbulo de Miseria de la filosofía, se podría afirmar que Francisco Frutos tiene derecho a ser un mal militante de IU porque pasa por ser un buen comunista; mientras que Gaspar Llamazares tiene derecho a ser un mal comunista porque está considerado como un buen dirigente de Izquierda Unida.

No es mi intención la de sugerir que entre IU y el PCE (hasta hace poco, la mayoría de los españoles creía ingenuamente que ambos eran lo mismo: el Partido) eliminen cualquier posibilidad de competencia interna. Entre otras razones, porque, como decía Marx en su época (soy consciente de que esta cita me obliga a correr el riesgo de ser acusado de antiguo…), la sociedad se funda sobre la competencia. Ahora, sucede lo mismo. Pero, como se ve, esa competencia que cultivan, en sus respectivos huertos, los más o menos comunistas de Izquierda Unida y del Partido Comunista de España, solo sirve para conducirlos hacia su destrucción total.

Y todo esto, por querer monopolizar el cargo, ya que, al parecer, es verdad que la soberanía vale, por lo menos, la silla. (Marx, otra vez).

Lorenzo Cordero. Periodista.

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El “tiki taka” de El Musel se comió el dinero de la Autovía La Espina-Ponferrada, del Editorial en El Comentario

Posted in Política by reggio on 23 octubre, 2007

El pasado 12 de octubre, se publicaba en La Nueva España un revelador artículo, con el expresivo titular “El Musel, modificado va, pelotazo viene”, firmado por el ex senador por el Partido Popular y ex presidente local de este partido en Gijón, Isidro Martínez Oblanca.

Oblanca, que fue buen colaborador del a su vez ex ministro Francisco Álvarez-Cascos, salió corriendo de la escena política gijonesa y asturiana, cuando Cascos se dio de baja para apuntarse al PP de Madrid.

En su artículo, Oblanca anunciaba en las páginas de La Nueva España, con visionaria –más bien informada- oportunidad, lo que ahora se presenta como una sorprendente novedad, como “información”, cuando en realidad se trata de una cosa sabida y bien sabida, como lo demuestra el hecho de que Oblanca, hombre bien conectado aún con la red capilar de la rumorología política, tuviese la habilidad de anunciar, semanas antes de que se produjese la noticia, lo que todos conocían en el pútrido mundillo de la alimentación asistida mediente suero público.

Cuando el admirado Mandeville reflexionaba en el siglo XVIII sobre los oscuros caminos por los que el vicio privado hace la pública prosperidad, atribuyendo a la vocación de los ingleses por el lujo, el fomento de la riqueza y el empleo en el naciente capitalismo británico, aún no existía el fenómeno posmoderno de la economía subvencionada, que ha convertido esos vicios privados en la pública ruina. Así se derrumbó el comunismo, víctima de la afición al lujo de la nomenklatura soviética, y así se derrumba Asturias, víctima de la nomenklatura astur. Los burócratas soviéticos, como los asturianos, predicaban el “déjalo todo y sígueme” socialista, para llenar la faltriquera con lo que van dejando losObras ampliación del Musel incautos seguidores de las buenas nuevas del bienestar colectivo. Resta por saber quién será el Mijail Gorbachov que haga aquí la imprescindible perestroika.

Estamos ante un caso de manual de repercusiones ilimitadas para el desastre público, y no sólo por el saqueo de los fondos que son de todos. Bien sabía Martínez Oblanca que sin Cascos en Asturias tal y como dice en su artículo-, Gijón sería pasto de los artistas del negocio del “modificado”, pues cuando se organizan estos gigantescos mordiscos privados al dinero público –“malversación” dicen los juristas- que nos dejan con la boca abierta y sin respiración –algo muy similar podría predicarse del inmenso, soberbio, por no decir espectacular “pelotazo” de los astilleros, en el que asistimos a similares silencios-, somos muchos ya los que nada esperamos de la llamada “oposición”, pues ante tan abultadas cifras, es evidente que hay para todos, para los que gobiernan y para los que dicen que se oponen, es decir, que sobra, que hay mucho, y de ahí la explicación para el singular fenómeno o regla de nuestra política, que viene a decir que cuanto mayor es un pelotazo, más abrumador resulta el unánime silencio de todos cuantos rumian la pación que se distribuye en estos descomunales comederos emplazados en los establos de la política.

La prensa nos informaba este martes de que el Musel va a costar un 40% más de lo que se presupuestó. Ésa es la noticia. Martínez Oblanca se quedó corto, eso sí, en sus previsiones, pues decía en su artículo: “Hace año y medio ya se hablaba de un sobrecoste para El Musel de 100 millones de euros (o sea, 16.000 millones de pesetas) respecto a los 579 millones de euros en los que fue adjudicada la obra. Entonces se argumentaba -entre la hilaridad de los hombres de la mar y públicoHormigón tirado al mar en general- no sé qué cambios en la tabla de mareas del Cantábrico. Ya veremos finalmente el camelo con el que van a justificar el “tiki-taka”.

El “tiki taka” que anunciaba Oblanca era de 100 millones de euros, pero en realidad va a ser muy superior según cuentan ahora los periódicos -el 40% de 580 millones nada menos-, que han recibido la información convenientemente envuelta en un estúpido pretexto, que responsabiliza a las canteras -las pobres- de estos sobrecostes, como si algo hubiera cambiado en las humildes piedras que de ellas se extraen, desde que fueron formadas en la génesis geológica del suelo patrio.

La culpa es de las canteras, de las piedras que hablan bien de Horacio Fernández Inguanzo, tal y como cantó el cantor manuelino de Francisco Franco y su dictadura. Por algo el Redentor de la humanidad utilizó la piedra como metáfora, a la hora de referirse a San Pedro, como la piedra sobre la que había de asentarse la Iglesia, una institución de bases tan firmes que aguantó, de momento, el doble de lo que Adolfo Hitler tenía previsto para su Reich.

Decía el ex senador Martínez Oblanca en su visionario artículo, que “ya se ha encargado Álvarez Areces de colocar en el consejo de administración de la Autoridad Portuaria a políticos camuflados de técnicos con los que dar lustre y envolver en celofán decisiones que apestan y que, como la que se prepara respecto a El Musel, dejarán pequeños los escandalosos apaños en las adjudicaciones a los fondos mineros a favor de las mismas empresas beneficiarias”.

Se refería Oblanca con esta alusión, no sólo al presidente de la cosa portuaria, el ínclito experto en gestión de públicos dispendios Fernando Menéndez Rexach, también aludía a la presencia en este pródigo organismo de Luis Arias de Velasco, el presidente de la Cámara de Comercio de Gijón, de la Feria de Muestras y de la empresa publicitaria oficial del régimen, Bitácora, que tiene adjudicada la publicidad externa de la RTPA y todas las sabrosas campañas de publicidad presidenciales, como la del Oso Yogui y su compañero de fatigas Boo Boo.

No podemos dejar de citar el oportuno escrito de Oblanca, sin referirnos a un detalle importante del mismo. Recuerda el ex senador que “la Ley de Contratos del Estado contiene el antídoto para estas infecciosas prácticas –se refiere a los atracos a mano armada a los prespuestos-, El mar se lleva el hormigónla facultad de la Administración pública titular para segregar la parte de la obra a reformar y sacarla a concurso de nuevo, dando a todos la misma oportunidad de participar, de manera que el adjudicatario del reformado y el nuevo precio resultante sean fruto del mercado transparente y no del chanchullo en la trastienda, evitando así presiones, influencias y dádivas inconfesables, antesala de la prevaricación y del cohecho”.

¡Qué malo es Oblanca! Ya, ya; a ver quién es el guapo, que desde la oposición propone que la ampliación se saque a concurso, como es de rigor, una vez que todos han cobrado ya lo que tenían que cobrar a cuenta del sobrecoste cantado.

Digamos que en realidad todo estaba previsto, y que hay mucho más que los vaticinios de Oblanca, pues no es difícil encontrar, a poco que se trabajen los buscadores, todo tipo de referencias periodísticas que anunciaban este monumental asalto al Tren de Glasgow que se han montado en El Musel, que justifican con la extracción de unas piedras que siempre han estado ahí, y que siempre ha costado lo mismo sacarlas.

En el año 2005, en el venturoso show de Rodiezmo, José Luis Rodríguez Zapatero anunció la aportación de 500 millones de pesetas para la construcción de la autovía La Espina-Ponferrada, a la vez que anunciaba que el Estado aprobaría el Plan del Gas de Asturias, con la construcción de la regasificadora. Es decir, la ampliación de El Musel ya estaba en marcha, pero había que hacer algo para justificarla, y por lo tanto tenían una buena nueva que vender para la ciudadanía del suroccidente de Asturias, porque aún no habían decidido hasta dónde podían exprimier el limón de El Musel, y de paso construir un acceso rodada a Hullas de Coto Cortés, la mina que unos meses después compraría el amigo leonés Victorino Alonso.

Pero, ¡ay amigos!, no hay para todo, y si ordenamos las prioridades, primero hay que atender los sobrecostes y después los costes, así que la víctima cantada del “pelotazo” de El Musel iba a ser esta autovía.

Los ciudadanos de Cangas del Narcea, Ibias, Degaña y del Valle de Laciana, ya saben por qué se han quedado sin el dinero para la Autovía. Las piedras molidas, machacadas y encofradas del monstruo sobre el que se está construyendo la iglesia gaseadora de Areces, se han comido el presupuesto de esta vía de comunicación.

El espectáculo, a partir de ahora, va a tener las instituciones europeas como escenario, pues allí se ponen “estrechos” cuando les van con recados del tipo de estos sobrecostes. A los alemanes, sin ir más lejos, les molesta mucho destinar su IVA a las fortunas que acumulan los políticos españoles en los paraísos fiscales.

A los asturianos, al menos a nuestros representantes, les da igual todo, porque paraísos fiscales hay muchos y sus bancos no piden explicaciones de nada.

Este Editorial se publica también en El Blog de Juan Vega

Leitariegos es hoy sinónimo de belleza, pero también de aislamiento

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Montan un lobby para reformar la Constitución: España “es objeto de todo tipo de vandalismo”, de Julia Pérez en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 23 octubre, 2007

Un grupo de entidades cívicas se han constituido en lobby para conseguir una reforma de la Constitución al considerar que ésta “ha sido liquidada” por José Luis Rodríguez Zapatero y su agenda territorial, en especial con el nuevo Estatuto de Cataluña. La propuesta “pone orden a la casa, una casa que ha sido objeto de todo tipo de vandalismo”, explica a El Confidencial Alejo Vidal Quadras, europarlamentario popular, quien ha formado todo un eje de acero para elaborar el documento junto a Iñaki Ezkerra, del Foro de Emua, y expertos en derecho público que desean permanecer en el anonimato.

Los impulsores pretenden que la reforma de la Constitución forme parte del debate público durante las próximas elecciones generales. Para ello han constituido una plataforma de asociaciones cívicas – llamada Por la concordia nacional y la reforma constitucional- en la que se han integrado Convivencia Cívica Catalana, Foro Ermua, Fundación Concordia, Fundación para la Defensa de la Nación Española y Fundación Papeles de Ermua.

Proponen reformar la Carta Magna para cerrar “las vías de agua abiertas” en el edificio construido en 1978. A juicio de sus promotores, la situación actual pone en peligro la propia supervivencia de España a causa de los “abusos y desmanes” cometidos. Simultáneamente, asisten con preocupación a la ofensiva de los partidos nacionalistas: “todos, desde ERC a los que se definen moderados, como CiU o PNV, quieren referendos de autodeterminación”, sentencia Vidal Cuadras, que los tilda de “fuerzas secesionistas-separatistas”.

En su intento por demostrar que la reforma es posible, han elaborado un documento de cien páginas donde proponen una modificación de casi cuarenta artículos de la Constitución y que presentarán a la sociedad el próximo jueves, 25 de octubre, en el casino de Madrid. Les guía una convicción: regresar al espíritu de 1978 y que el Estado garantice la unidad nacional y la igualdad ante la ley de los ciudadanos en todo el territorio español, así como la cohesión y la solidaridad por encima del lugar de residencia.

La reforma que buscan requiere necesariamente del acuerdo entre socialistas y populares, pero parten de una llamativa premisa: creen necesario que, primero, el PSOE sea derrotado en las elecciones de marzo y este partido sustituya a su actual secretario general “por una persona dotada de sentido de Estado y del bagaje conceptual y moral apropiado para dirigir un gran partido nacional”, proclama uno de sus documentos.

Desde su paradigma, ven imposible hacer nada si Zapatero continúa al frente del PSOE. Y construyen el siguiente escenario político: que el presidente del PP, Mariano Rajoy, asuma sus postulados en el programa electoral de marzo de 2008; que éste gane las elecciones y que los socialistas se libren de un Zapatero fracasado y un nuevo PSOE se alíe con el ganador para reformar la Constitución. Tal alianza sería en forma de pacto de Estado o bien por medio de un gobierno de coalición, la famosa Grossen Koalitionen alemana.

Impulsados por Vidal Quadras -vicepresidente del Parlamento Europeo, ex presidente del PP catalán y catedrático de física-, en el documento han trabajado un grupo de expertos durante casi dos años. Entre ellos se encuentran catedráticos de derecho constitucional, abogados del Estado y juristas que han pedido que no se revele su identidad. “La gente está inquieta, ve que Zapatero ha puesto en peligro el sistema y quieren una reacción”, diagnostica el político catalán. Esgrime como prueba que en la reciente recepción del Día de la Hispanidad se le acercaron una decena de personas “para pedir que se haga algo, que esto no puede ser”. Reconoce que eran invitados “de las fuerzas armadas y la sociedad civil en general”.

Alfonso Guerra conoce la propuesta

El lobby ya está en marcha. Los impulsores se han reunido con Rajoy para explicarle el documento, con la esperanza de que lo incluya en su programa electoral, pero aún no tienen respuesta. También ha sido detallado a dirigentes socialistas críticos, incluido Alfonso Guerra, ex vicepresidente del Gobierno, inspirador de la Carta Magna y presidente, precisamente, de la Comisión Constitucional del Congreso.

El consenso entre PSOE y PP es necesario porque los artículos a alterar tienen las máximas garantías de blindaje de la Constitución. Cualquier cambio de texto exige del procedimiento más grave y sereno de los dos existentes. Es lo que técnicamente se denomina reforma agravada (artículo 168 ): modificación aprobada por mayoría cualificada de dos tercios de las Cortes, disolución inmediata de las Cámaras y convocatoria de elecciones legislativas, que son las que elaborarían la reforma, y referéndum posterior.

El documento defiende devolver al Estado aquellas competencias que le son propias, delimitarlas claramente y suprimir el artículo (150.2 ) que permite transferir las competencias del primero. También pretende garantizar la igualdad de los españoles, incluida la educación, y el uso del castellano como lengua común y oficial del Estado, sin perjuicio de las restantes lenguas españolas.

Respecto a Navarra, recomienda acabar con su interinidad suprimiendo la disposición adicional que deja la puerta abierta a su anexión al País Vasco. Además, pide la supresión de la distinción entre “nacionalidades” y “regiones” (artículo 2 ) y, en su lugar, explicar en el Preámbulo cómo surgió la unidad nacional: a través de las antiguas Coronas de Castilla y León y de Aragón, con las posteriores incorporaciones a la primera de los territorios históricos vascos y del Reino de Navarra.

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Humanidad de Aguirre, vídeo de Zapatero y regreso de Aznar, de Pablo Sebastián en ABC

Posted in Política by reggio on 22 octubre, 2007

LA CRÓNICA DEL LUNES

Se ha cumplido un año desde que Esperanza Aguirre liquidara el «Diario de la Noche» que dirigió Germán Yanke, con reconocido éxito y moderación, y acabamos de conocer que la presidenta de la Comunidad de Madrid le ha dicho al Rey Don Juan Carlos, hablando de la Cope, que «lo peor es que se le quite el micrófono a un periodista» (sic). Añadiendo Aguirre, en su sorprendente y descortés interpelación al monarca, que Federico Jiménez Losantos «merece un trato más humano» de la Casa Real. La presidenta madrileña hizo estos comentarios en el Palacio de la Zarzuela ante el lógico malestar del Rey, que se vio en la necesidad de recordar que da un trato humano a todo el mundo, y la estupefacción de una notoria concurrencia entre la que estaba el presidente Zapatero y que conocía la reciente petición de abdicación del Rey hecha por Jiménez Losantos en la Cope.

No resulta difícil de comprender los motivos por los que la presidenta de Madrid ha interpelado así al Rey, que es quien necesitaría un trato, no ya humano, de la Cope, sino simplemente de respeto. Pero todo apunta a que Aguirre está inmersa, o la han embarcado, en una estrategia con la que se pretende que Jiménez Losantos nunca pueda ser desalojado de la Cope, porque si ello ocurriera se lo imputarían al Rey.

Además, mientras esto no ocurra, Aguirre disfrutará del apoyo que recibe del ruidoso locutor para promocionarse como la sucesora de Rajoy en el PP, en caso de derrota electoral en 2008. Y su adversario, Alberto Ruiz-Gallardón, seguirá siendo el más insultado —a medias con ABC— por Jiménez Losantos. Lo de darle «un trato humano» al inhumano parece una sutil referencia de Aguirre para decir que con regalos o favores —como los muchos que ella hizo al locutor— se puede comprar el halago o el silencio del comunicador de la Cope.

Aunque para silencio, en tan sonora reunión, el del presidente Zapatero, que debió intervenir en defensa del Rey. Pero ya se sabe que al presidente toda estridencia que provenga del PP o de su entorno mediático más ruidoso le conviene para vestir al Partido Popular como abanderado de la crispación y la extrema derecha postfranquista. Es el único argumento del que dispone Zapatero para contrarrestar los destrozos constitucionales —véase el ataque al Tribunal Constitucional— que ha perpetrado en la legislatura, a favor de la liquidación del consenso y los pactos de la transición, camino de la reforma confederal del Estado por vía encubierta de leyes orgánicas.

La misma vía que sirvió para aprobar el estatuto soberanista de Cataluña y con la que pretende alterar la mayoría del Tribunal Constitucional para favorecer la prórroga en la presidencia de María Emilia Casas con una ley que vulnera el artículo 160 de la Constitución, donde se dice que sólo los miembros de esta alta Corte, y no el Gobierno o el Parlamento, pueden proponen el nombramiento del presidente y por tres años.

Y el mismo atajo encubierto de las leyes orgánicas por el que Zapatero, si vuelve a ganar las elecciones, reformará el estatuto vasco reconociendo en él la base del pacto de Loyola (nación vasca, autodeterminación y conexión Navarra), hallado entre el PSE/PSOE, PNV y Batasuna. Pacto que Ibarretxe citó en la Moncloa durante su visita a Zapatero, quien seguramente pidió al lehendakari mucha paciencia hasta después de las elecciones. Momento en el que reabrirá la negociación con ETA, como declaró el ministro Bermejo con la calculada intención de enviar a ETA el mismo mensaje de Zapatero a Ibarretxe: paciencia, poco ruido y, en este caso, sin bombas. No vaya a ser que pierda las elecciones el PSOE.

El Partido Socialista desde donde Zapatero, amén de pilotar la escabechina de sus barones (Maragall, Bono, Redondo, Ibarra, Vázquez, Puras, Pla y Simancas), ha liderado un giro hacia una izquierda radical, confederada y prerrepublicana, abandonando el centro político con la misma facilidad que empuja al PP hacia una derecha extrema de «Dios, Patria y Rey», para que nadie ocupe ese espacio central donde se podría decidir la victoria en 2008. Al tiempo, el líder del PSOE lanza vídeos de campañas sonrientes juveniles con las que Zapatero pretende atraer a los jóvenes y quitarle hierro al hierro candente con el que marcó el dolido cuerpo español su paso por el poder. ¿Quién puede creer en la capacidad destructiva de un joven tan sonriente? El ángel exterminador.

Mientras tanto, en el PP, José María Aznar inunda la escena política y los medios de comunicación, confirmando que no se ha retirado, que se siente, en algo o en mucho, responsable de la llegada de Zapatero al poder, que no puede vivir sin la política y todavía tiene mucho que decir y hacer. Y, entonces, ¿por qué no regresa Aznar al escenario público con todas sus consecuencias? Sería más lógico y puede que más beneficioso para el PP. Porque su presencia acabaría con las preocupaciones humanitarias de Aguirre, los ataques a Gallardón, la «extraordinaria placidez» de Mayor Oreja, las conspiraciones de Zaplana, la marginación de Rato y Cascos y la parsimonia de Rajoy, que está muy ocupado ultimando los preparativos de la que se espera como la ¡espectacular y asombrosa Convención del PP!

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¿Es pecado pedir la abdicación del Rey?, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 22 octubre, 2007

Pues, al paso que vamos, parece que sí. Parece que se va a convertir en un pecado y, lo que es peor para quienes nos sentimos agnósticos, podría convertirse incluso en un delito, tal es la imparable y degradante deriva que ha emprendido nuestra mal llamada democracia. Como habrán advertido enseguida los lectores, la pregunta está relacionada con el gran asunto -el otro tenía que ver con la desoladora imagen de un Mario Conde que, incapaz de respetar lo que antes se llamaba “el duelo”, el silencio del duelo, aparecía en la portada de El Mundo impetrando la piedad ajena, patético Conde, enésima equivocación, otra vez manipulado por quien tantas veces le usó para vender más periódicos- que la prensa dominical sacaba ayer a colación: la riña entre Esperanza Aguirre y el Rey de España a propósito de Federico Jiménez Losantos (FJL).Huelga decir que lo último que pretendo es salir a defender al locutor de radio, en cuyo programa participo en las mañanas de los miércoles y con quien suelo discrepar a menudo, entre otras cosas porque Jiménez Losantos ya es mayor y sabe defenderse muy bien solito, asomado como está todas las mañanas a unos micrófonos que escuchan cientos de miles de españoles. Porque ahí le duele, esa es, en mi opinión, la clave del problema: que la polémica sobre la Monarquía, hasta ahora confinada en el gueto apacible de la charla de café o en la esperanza añeja de algunos grupitos de republicanos irredentos, está empezando a llegar a la gente, esa lluvia fina comienza a calar, Juan Español empieza a hacerse preguntas y a cuestionar las bases mismas sobre las que se asienta una democracia enferma, de la que sigue sacando tajada un establishment –en cuya cúspide vive instalado el Monarca- totalmente refractario a cualquier amago de regeneración democrática.

Que se sepa, pedir la abdicación del Monarca en su hijo no está tipificado como delito en nuestra Constitución ni en el Código Penal, porque, si así fuera, ¿qué haríamos con quienes se declaran abiertamente republicanos? ¿qué, con los millones de españoles que pasan de abdicación y reclaman directamente una reforma constitucional que, entre otras cuestiones no menores, se cuestione la forma de Estado y pida opinión a los españoles al respecto? ¿Va a ser delito disentir de la doctrina oficial que propaga y defiende el Sistema desde la muerte de Franco? Lo cual nos lleva por derecho al nudo gordiano de la cuestión: estamos ante un problema de libertad de expresión. Un problema como una catedral. Hasta aquí llegan las aguas de la riada de una democracia podrida, víctima de la corrupción galopante, que lleva años pidiendo a gritos un movimiento regenerador.

Hacerse el haraquiri

¿Es que debe FJL pedir perdón o hacerse el haraquiri por haber hablado de la abdicación del Monarca? ¡Faltaría más! El Rey es el titular de la primera institución del Estado, institución que, como todas las demás, está al servicio de los españoles. Salvo error u omisión, desde las Cortes de Cádiz a esta parte la soberanía reside en la nación, es decir, en el pueblo español, conjunto de ciudadanos libres con plena capacidad para opinar y juzgar la conducta de quienes ocupan el vértice del Sistema. De modo que no es FJL quien debe dar explicaciones. Son otros quienes, por ejemplo, deberían explicar cómo es posible hacer una gran fortuna sin llamarse Amancio Ortega y partiendo de la nada.

Ya sabemos, pues, que al Monarca no le gusta la crítica. Nos lo temíamos. Hasta ahora, sin embargo, jamás habíamos asistido al espectáculo de un almuerzo donde el Jefe del Estado, en presencia del presidente del Gobierno y de una serie de comensales más o menos ilustres, realiza una serie de manifestaciones lesivas para la libertad de expresión de un ciudadano, ante el silencio cómplice de los presentes, singularmente del jefe del Gobierno, un personaje tan en la onda de la degradación democrática que padecemos que, por primera vez desde 1975, acaba de enviar los tanques de la Abogacía del Estado para tomar al asalto un Tribunal Constitucional cuya mayoría no controla.

La excepción en aquel almuerzo fue la presidenta de la Comunidad de Madrid. Monárquica reconocida pero también liberal, Esperanza Aguirre antepuso su condición de tal para defender la libertad de expresión de un ciudadano y dejar en entredicho a quienes constantemente apelan a las libertades y al republicanismo de guardarropía. ¡Vivir para ver!, habrá que rendir homenaje a la señora Aguirre, que ha sabido estar en su lugar. En cualquier país democrático, las manifestaciones del Rey –no digamos ya esa velada amenaza a que “si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”- y la complicidad del jefe del Gobierno, constituiría un auténtico escándalo político. En la España de nuestros días, lo ocurrido se toma como normal, síntoma evidente de la escasa calidad de nuestra democracia.

Metido en el tobogán del “¿pero esto qué es?”, el Monarca se permitió incluso dar lecciones a la Conferencia Episcopal, para indirectamente decir a los obispos lo que tienen que hacer con FJL. ¿Y qué es lo que han hecho los señores obispos desde el 75 a esta parte? Pues tutelar y amparar -cuando no encubrir determinados comportamientos- a la Institución Monárquica y al propio Monarca desde los tiempos del cardenal Tarancón. Este es el pago que reciben.

Y toda la escena, repito, ante el silencio complaciente del resto de comensales –con la excepción referida-, gente principal que cuando toca poder o habita en sus aledaños abdica de su dignidad para comportarse como auténticos siervos, algo que explica el por qué en este país no existe una sociedad civil digna de tal nombre. Falta fibra moral, faltan hombres dispuestos a ejercer plenamente su condición de tales; sobran hombrecitos dispuestos a caminar a cuatro patas y a bailar al son que toca el amo del tambor. Este es el país que tenemos, y esta es la razón de fondo que explica la mayoría de los problemas que nos abruman: la carencia de material humano de calidad. Cosas de “la mala suerte colectiva de España” que decía Caro Baroja.

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EL MUNDO se hace mayor, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 21 octubre, 2007

CARTA DEL DIRECTOR

Nuestro periódico no regala ni relojes, ni edredones, ni tazas, ni sartenes. Pero vaya por delante mi agradecimiento a estos apreciados colegas que al convertir cada quiosco en una chamarilería y orquestar este fin de semana su ruidosa kermesse heroica han contribuido a fijar la atención del público en los busilis de la prensa, precisamente en el momento en que EL MUNDO cumple 18 años. Hubiera sido preferible asistir estos días a un despliegue de grandes piezas de periodismo de investigación o a un alarde de voces genuinamente críticas con los disparates del poder, poniendo los acentos correctos en las amenazas reales que se ciernen sobre España. Pero cada uno saluda con lo que tiene a mano y, a falta de otros estandartes, bienvenidos sean los relojes, los edredones, las tazas y las sartenes como ingredientes de este inesperado arco triunfal. Los colegas han formado el pasillo promocional para saltar al césped a recoger su trofeo de autoproclamado campeón de Liga y nosotros nos colamos por en medio, para que el foco de todas las miradas del estadio se vuelva hacia esta vigorosa mayoría de edad.

Cuando tal día como pasado mañana, el 23 de octubre de 1989, mi compañero de página Ricardo Martínez -ahora mismo el mejor y más codiciado ilustrador de la prensa europea- y yo mismo comparecimos por primera vez ante ustedes, estábamos lejos de imaginar lo alto que volaría esta cometa. A la vez que miraba a las estrellas, la tripulación cruzaba los dedos. Había que ser desde luego muy audaces para lanzar un nuevo periódico con cuatro duros de capital social, mientras se gestaba la gran crisis económica de los 90. Novecientas y pico semanas después podemos ufanarnos de haber protagonizado la crónica de un éxito sin parangón en la prensa europea del último cuarto de siglo porque podemos rendir cuentas del cumplimiento de un compromiso sagrado.

Nos presentamos como «un nuevo periódico para una nueva generación de lectores» y lo hemos sido. Dijimos que «EL MUNDO no servirá jamás otro interés sino el del público» y que «jamás utilizará la información como elemento de trueque u objeto de compraventa en el turbio mercado de los favores políticos y económicos» y lo hemos cumplido. Dijimos que «toda noticia de cuya veracidad y relevancia estemos convencidos será publicada, le incomode a quien le incomode» y ahí están las hemerotecas para acreditarlo. Dijimos que «toda investigación periodística, alentada por el derecho a saber de los lectores, será culminada, le pese a quien le pese» y aquí nos tienen, esperando respetuosamente la sentencia del 11-M para relanzar nuestras pesquisas, sea cual sea el veredicto de los jueces, sobre esas zonas de sombra incompatibles con la memoria de los muertos y la dignidad de los vivos.

Con cerca de 350.000 ejemplares de difusión controlada, casi un millón y medio de lectores de nuestra edición impresa y más de 10 millones de usuarios únicos de nuestra versión electrónica, EL MUNDO es ya el verdadero líder de la información mundial en castellano. En total cerca de 12 millones de personas extendidas por todo el planeta, incluidas las elites de la sociedad española e iberoamericana, sin olvidar un creciente número de hispanos residentes en Estados Unidos, confían en nuestros criterios informativos y analíticos. Al menos entre dos y tres millones más que los que lo hacen en los de nuestro principal competidor.

Las opiniones son libres, pero los hechos son sagrados, máxime cuando media una auditoría o incluso, en el caso de Internet, la certificación de la huella electrónica que deja cada clic en los archivos informáticos. Las cifras de OJD y Nielsen se publican con regularidad en España y cualquiera puede hacer la comprobación de entrar en el medidor Alexa (www.alexa.com), integrado en el grupo Amazon y especializado en comparar la audiencia de todos los sitios electrónicos del mundo. Si se rastrea el ranking de los 500 primeros, encabezado por los grandes buscadores y proveedores de servicios como Yahoo, Google y Microsoft, sólo aparecerán dos grandes diarios de información general: el mítico The New York Times en el puesto 216 y EL MUNDO en el puesto 308. The Guardian -el mejor diario británico en la Red- aparece en el lugar 553, The Washington Post en el 726 y Le Monde en el 1.087.

El siguiente periódico español es el Marca, líder mundial de la información deportiva en cualquier idioma y desde hace unos meses parte también del grupo Unidad Editorial que los promotores de EL MUNDO fundáramos en aquel vertiginoso año 89 como instrumento empresarial al servicio de nuestro proyecto intelectual. Para encontrar otro diario generalista en castellano en el ranking de Alexa hay que descender hasta el puesto 598 donde aparece ese mismo colega que, entre los relojes y la loza, acaba de quedarse sin sitio para exhibir un atributo -la independencia- hace tiempo sacrificado en el altar de los negocios de toda índole de sus propietarios. El mismo colega que fue expulsado de la OJD por hacer trampas de forma aleatoria, con tan mala suerte que uno de sus días con mayor número de accesos resultó ser el Viernes Santo. El mismo colega al que Nielsen acaba de reducir en un 38% su estimación de audiencia tras comprobar serias irregularidades en el cómputo de su tráfico.

Traigo a cuenta todos estos datos y sucedidos no sólo to set the record straight, es decir, para dejar las cosas en su sitio en términos de liderazgos y de audiencias, sino también como representación de la descomunal impostura que viene escenificándose desde hace unos meses en el periodismo español. Asistimos a la farsa mediante la que un grupo edificado sobre los favores gubernamentales más obscenos pretende cerrar el paso a un audaz y animoso competidor que trata de acampar en su mismo espacio ideológico, negándole no ya el pan y la sal del reconocimiento al mérito de todo emprendedor, sino el propio derecho a la existencia. Y encima lo hace con el estigma de su presunta proximidad al poder, sin que se le caiga la cara de vergüenza. Ahí tenemos al implacable y despótico Tlaloc, dios azteca de la lluvia, quejándose del chirimiri.

Es cierto que el concurso que ganó la última concesionaria de la televisión analógica estaba hecho a la medida de este nuevo grupo con el que tantas sonrisitas intercambia el presidente. Pero otros pudieron presentarse y no lo hicieron y el verdadero escándalo, por no hablar una vez más de lo ocurrido con la concentración en la radio, estuvo en la graciosa transformación por el artículo treinta y tres -aprobado el día de la festividad de San Queremos- de una licencia de televisión de pago en una licencia de televisión en abierto. ¿Por qué se rechazó la solicitud de nuestro grupo de que, aplicando un criterio de flexibilidad equivalente, se nos permitiera emplear la licencia de televisión digital de Veo TV para emitir provisionalmente en analógico, en consonancia con el principio de neutralidad tecnológica vigente en la UE? Muy sencillo, porque el Gobierno de Zapatero tampoco se fía de nosotros.

Y escribo «tampoco» porque esa misma fue la actitud coincidente de un gabinete como el de González que nos era hostil hasta los tuétanos y de un gabinete como el de Aznar con cuyo acceso al poder tanto tuvo que ver nuestro periódico. No es casualidad que ni la editora de EL MUNDO ni el Grupo Recoletos que ahora han confluido en la nueva Unidad Editorial tuvieran la menor opción en un sector como el audiovisual, sometido a un régimen de arbitrarias concesiones administrativas. Si la fusión de ambas casas ha puesto de relieve que hemos sabido hacerlo mejor que bien en la prensa diaria -la suma de lectores de EL MUNDO, Marca y Expansión supera a la de cualquier otro grupo español-, que hemos alcanzado posiciones hegemónicas en casi todos los sectores clave de la prensa especializada -Telva, Yo Dona, Actualidad Económica, Diario Médico, Marca Motor, La Aventura de la Historia, Descubrir el Arte- y que somos los requetelíderes mundiales en la prensa electrónica en español, ¿cómo es posible que no hayamos tenido nada que decir en la radio o en la televisión? Es obvio que porque no nos han dejado.

A veces alego medio en serio (por el fondo de la argumentación), medio en broma (por lo inverosímil del supuesto), que si yo hubiera estado en el lugar de tales gobernantes, acostumbrados a lo que un grupo de profesores de la Universidad de Chicago acaba de describir como «esa deferencia de la prensa hacia el poder, tan profundamente arraigada en la cultura y rutinas del periodismo», tampoco me habría fiado de nosotros. Tanto EL MUNDO como Recoletos nacieron bajo el impulso de profesionales empeñados en elevar el listón de la excelencia informativa y en desempeñar la función social propia de los medios de comunicación en una democracia; y eso ha sido siempre difícilmente compatible con la actitud genuflexa que demandan los reyezuelos repartidores de los permisos de circulación por las ondas.

En el aludido ensayo titulado «When the press fails…» -«Cuando la prensa falla…»- sus autores (*) sostienen que gran parte de la prensa norteamericana no es que esté de rodillas, sino que ha pasado ya, abierta de piernas, a la pasiva entrega del decúbito supino y eso explica su fracaso al no detectar las mentiras de la Administración Bush sobre las armas de destrucción masiva y apoyar la catastrófica invasión de Irak. De ese pecado no podrá acusarnos nadie. Si alguien pensaba que aunque, fieles a nuestro espíritu pacifista, hubiéramos estado en contra de la primera guerra del Golfo, íbamos a ser en cambio complacientes con la segunda por el hecho de que quien implicara a España en el conflicto, en un grado o en otro, no fuera ya un adversario como González sino un amigo como Aznar, pronto quedó en evidencia cuán equivocado estaba.

Debo reconocer que al repasar las 900 Cartas del Director que han ido apareciendo en esta página durante los últimos 18 años, la que me produce una sensación más agridulce es la que publiqué al filo de la reunión de las Azores con el título de Cien argumentos contra la invasión de Irak. Siempre es reconfortante que los hechos hayan avalado una postura que parte de nuestros lectores no compartía entonces, pero vistas las averías que ese monumental error de José María Aznar ha causado durante el último lustro en la mecánica y carrocería política de un vehículo tan fundamental para la cohesión de la España constitucional como el Partido Popular, casi podría añadir que me apena haber tenido razón.

A esta hora de hacer balance de nuestra contribución adolescente al proceso democrático español lo relevante, en todo caso, es constatar que hubo un periódico que llegó a la conclusión de que un gobierno al que había apoyado durante una legislatura y media y al que le unían lazos ideológicos y personales de cierta entidad, estaba cometiendo una equivocación grave; y se puso a la cabeza de la manifestación cuando llegó el momento de denunciarlo. Una pauta de conducta bien distinta a la de quienes, disponiendo de todos los datos que vinculaban a sus amigos al crimen de Estado, el saqueo de los fondos reservados y la corrupción prefirieron mirar para otro lado, criminalizar a quienes íbamos poniendo las pruebas de todo ello encima de la mesa y convertir en oro su silencio protector.

Por cierto que, no teniendo nada que ver en el orden moral los errores del poder con los delitos del poder, cuando hace unos días atisbé un artículo con el título de «Mentiras y mentirosos» y la firma de Felipe González no pude por menos que dar un respingo, imaginando que por fin -más vale tarde que nunca- el don de la contrición había sido otorgado al ex presidente. Incluso la lectura de su primer párrafo llegó a hacerme presentir una completa confesión para la posteridad: «Rectificar es de sabios. Hacerlo a medias cuando las evidencias son tan abrumadoras es quedarse atrapados en la mentira. Para colmo, en política, la verdad es lo que los ciudadanos perciben como verdad, no lo que los políticos tratan de que parezca verdad». ¡Cáspita, el reconocimiento del montaje de los GAL en los propios labios de su mayor protagonista! Estaba empezando a emocionarme, cuando ya en el segundo párrafo me di cuenta de que se refería a unas confusas declaraciones de Rajoy sobre Irak. «Los milagros, Sancho, son cosas que suceden rara vez».

Cuánto ha llovido en estos 18 años, antes y después de que primero en el tribunal de las urnas (marzo del 96) y luego en el de la Sala Segunda del Supremo (julio del 98) viviéramos el memorable triunfo de la información sobre el encubrimiento. Ahora estamos en un periodo de sofronización colectiva en el que los derechos y deberes constitucionales se diluyen en el batido de fresa de la simpática ética indolora gubernamental. Ya se sabe, parafraseando a Thomas de Quincey, que el tobogán de la degradación humana es tan irreversible que se empieza negociando políticamente con ETA y se termina haciendo bromas con la ortografía. A nadie le puede sorprender en este contexto que haya quien, ocupando uno de los más altos sitiales del presbiterio, se pregunte en voz alta para qué sirve el periodismo y se vea obligado de inmediato a aumentar el cuerpo de la letra para camuflar su incapacidad de responder, de igual manera que los malos predicadores alzan el tono cuando no tienen nada que decir.

El periodismo sirve para buscar la verdad. Así de sencillo. La verdad accesible, la verdad parcial, la verdad incompleta, la verdad posible, la humilde verdad con minúscula, pero la verdad a fin de cuentas. Por eso frente a esa «deferencia hacia el poder que implica la disposición a asumir la narración de los hechos del Gobierno» que tanto escandaliza a los profesores de Chicago, EL MUNDO pone el foco día tras día en la vulneración de los derechos humanos más básicos por parte de los aliados nacionalistas de Zapatero, mantiene todas las luces de alerta encendidas ante la inquietante evolución de nuestra economía y, desde luego, se reafirma en las principales conclusiones de la investigación independiente sobre el 11-M que ha venido realizando, prácticamente en solitario, durante los últimos tres años y medio.

En primer lugar tenemos claro que aunque la mano de obra fue islamista, nadie ha podido determinar -y eso incluye al juez Del Olmo, la fiscalía y las acusaciones particulares que lo han intentado en la vista oral- quién concibió, planificó, organizó y puso en marcha la masacre. O sea, la decisiva «autoría intelectual». Consideramos en segundo lugar que no se ha demostrado cual fue el explosivo que estalló en los trenes y eso amplifica todas las sombras de duda sobre la fiabilidad de algunas de las pruebas clave. Estamos seguros en tercer lugar de que existen importantes responsabilidades por depurar en las Fuerzas de Seguridad dada la condición de confidentes de gran parte de los imputados. Y nadie podrá apartarnos, por último, del convencimiento de que la instrucción sumarial ha sido tal mezcla de negligencia, manipulación y chapuza que han quedado por explorar importantes caminos alternativos al de la versión oficial en relación a aspectos esenciales de la trama.

Si el criterio del tribunal -que en todo caso analizaremos con tanta minuciosidad como respeto- avala alguna de estas premisas sentiremos por primera vez un soplo de viento en las velas, pero si no lo hace continuaremos remando contra corriente, pues no estamos ni desanimados, ni aburridos, ni cansados.

Tanto en la cultura hebraica como en la china, el número 18 es signo de buena suerte. A los hindúes les conduce directamente hasta su gran poema épico el Mahabarata, dividido en 18 secciones, durante las que 18 ejércitos libran la guerra durante 18 años. En la más prosaica sociología occidental constituye el umbral de la madurez y por lo tanto el momento en que alguien puede votar, firmar contratos o ser perseguido penalmente. Puesto que nosotros fuimos lo suficientemente precoces como para que todo esto nos sucediera hace ya bastante tiempo, bien lo podemos compensar, ahora que nos hemos hecho mayores, conservando todo el ímpetu, el entusiasmo y el anhelo por perseguir la felicidad, contribuyendo al conocimiento de causa de los españoles, con que hace 18 años empezamos a ser EL MUNDO.

(*) When the Press Fails: Political Power and the New Media from Iraq to Katrina by W. Lance Bennet, Regina G. Lawrence and Steven Livingston. University of Chicago Press.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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Azar y continuidad, de Antonio García-Trevijano en su Weblog

Posted in Política by reggio on 21 octubre, 2007

Octubre 20, 2007

El azar es a la Naturaleza lo que la suerte a los asuntos humanos. Así como la teoría de la evolución ha dado valor constitutivo al azar y la necesidad, la teoría política no tendrá valor predictivo hasta que integre la suerte como factor de continuidad de la sociedad civil en el Estado. Eso permitiría prevenir aquellas situaciones donde factores ajenos a la voluntad de los agentes del orden repúblico, como guerras, pandemias, catástrofes naturales, depresiones económicas o terrorismos imprevisibles, alteren el equilibrio dinámico mantenido con el principio de mediación en la continuidad de la relación normal de la sociedad con el Estado. Pues nada que sea previsible puede legitimar, en la República Constitucional, la declaración del estado de excepción.

Esta reflexión sobre la influencia de la fortuna en la política no extrañaría a los hombres del Renacimiento. Pero puede parecer extravagante a la tradicional mentalidad del positivismo causal. Dos ejemplos bastarán para disipar esa creencia. El atentado de las Torres Gemelas cambió la política occidental. El de Atocha, con diferente grado azaroso que los previsibles de ETA, aumentó repentinamente la opinión contraria a la continuidad del partido gobernante. Pero la fortuna del partido de oposición no hizo del actual Jefe del Gobierno, un Presidente “per accidens”. La presidencia de Zapatero es tan legítima como hubiera sido la de Aznar, sin la intervención de aquel azaroso atentado. La contemplación expectante de la fortuna, y su introducción en el principio de continuidad, habrían evitado las reacciones histéricas de Bush, los extravíos internacionales de Aznar y el despiste táctico del PP, en su oposición al PSOE durante esta legislatura.

A diferencia de los sistemas políticos perfectos, los incompletos y los meros regímenes de poder (Monarquía española) pueden peligrar por alguna circunstancia azarosa. “Si el azar de una batalla, o sea, una causa particular, arruina un Estado, había una causa general que lo debía hacer perecer por una sola batalla” (Montesquieu). Donde dice batalla léase cualquier causa pequeña o personal que tuerza la “barraca” de los gobernantes.

La intuición de Montesquieu ha sido confirmada en las modernas investigaciones sobre la relación del azar con la contingencia. El determinismo se asoma como ley de la generalidad, mientras que el azar reclama sus dominios sobre la particularidad. La realidad política es tanto más azarosa cuanto más particular. La contingencia de los Estados de Partidos, su ocasionalidad posbélica, los hace vulnerables a los dardos de la fortuna que, en situaciones de libertad política, solo acertarían en las dianas privadas o particulares del personal de la gobernación estatal.

Un accidente fortuito de la familia real, o un indeseable magnicidio, imposibilitarían la continuidad de la Monarquía. Y el principio de la continuidad de la sociedad en el Estado realizaría, de modo ordenado y pacífico, la instauración de la República. La previsión de esta continuidad social, en el paso de un régimen de poder a un verdadero sistema político, es una exigencia moral que obliga a tener disponible, para su aplicación inmediata, el más perfecto de los sistemas de poder que hoy se puede concebir. Urge acabar y difundir, por ello, la teoría de la República Constitucional. Una teoría de la acción política que debe incluir la previsión del azar en el método natural de su realización, para alcanzar cuanto antes la libertad política de la democracia.

En contraste con la importancia que dio Maquiavelo a la fortuna del Príncipe, los apologistas de la Monarquías de origen divino rechazaban la intervención del azar. Bossuet no creía en la suerte: “no hay azar en el gobierno de las cosas humanas, y la fortuna no es más que una palabra sin sentido”. Y para la refinada ironía de Chamfort, la Providencia era el nombre de bautismo del azar y éste, el apodo de aquella.

Los católicos partidarios del PP no han aceptado con resignación los designios socialistas de la Providencia, a través de la segunda causa islamista. No son senequistas. Desconocen el poder del azar y de la fortuna sobre los asuntos humanos. Ignoran que vivimos por sus gracias, y que “su sagrada Majestad el Azar lo decide todo” (Voltaire). Todo lo que siendo previsible por la inteligencia resulte imprevisto a causa de la miope necedad de los gobiernos.

En una carta de 13-6-1907, William James dijo a Bergson que ambos estaban salvando, con el tiquismo (afirmación del azar), un mundo en crecimiento: “yo, con armas intelectualistas, mediante adición o sustracción espontáneas de elementos discretos del ser; usted, pone las cosas en su sitio de un plumazo mediante la idea de la naturaleza continuamente creadora de la realidad”.

La doctrina llamada tiquismo estudia la contingencia y el azar como causas escondidas a la razón humana. Fue creada por Peirce, colega de James en la Universidad de Harward, para dar al azar el rango de categoría cosmológica, muy relacionada con el principio de continuidad (sinequismo) y con la categoría fenomenológica correspondiente a la facticidad o actualidad de los modos de existencia. Peirce descubrió que el azar, al engendrar hábitos, hace evolutiva la continuidad. Lo cual abre una perspectiva desde la que se podrían distinguir los grados de azar en los modos de existencia política. Por ahora, me limito a meter en la teoría política los ámbitos habituales de los efectos del azar.

Casi todo el mundo atribuye a sus méritos personales los éxitos sociales, y al infortunio, sus fracasos. Pero si en la famosa sentencia de Dilthey, “la vida es una misteriosa trama de azar, destino y carácter”, el destino de los individuos y los pueblos es sustituido por la cultura colectiva, estaremos más próximos al conocimiento de las discontinuas determinaciones del azar en la normal continuidad de la vida de personas y sociedades.

Si no podemos dominar del mismo modo los grados del azar, al menos podremos domesticar sus habituales efectos, diluyéndolos en la continuidad de la materia social, sin dejarlos repercutir directa y concentradamente sobre la estructura política. Para ello, es condición necesaria y suficiente que la forma del Estado no haya sido determinada por la voluntad de un dictador, ni por el consenso de un grupo de oligarcas, que son causas particulares, sino por la libertad política actuante sobre la materia societaria, que es la causa general de la inmunidad, frente al azar, del principio de continuidad, donde se crea y reproduce el equilibrio dinámico de la res publica en la forma constitucional del Estado.

No se trata de aplicar la teoría de las catástrofes a la previsión de las discontinuidades o rupturas políticas. El propio René Thom declaró a “El País” que su teoría matemática no era aplicable a la realidad ni a la previsión de desastres, aunque se enseñara en escuelas de bomberos. La polémica (1830) entre el catastrofismo de Cuvier y el uniformismo de Saint-Hilaire, la resolvió el principio de continuidad en la evolución de las especies y de la materia inorgánica, donde la discontinuidad del azar contribuye al desarrollo continuo de la necesidad material.

El factor de la fortuna puede incorporarse a la ciencia política, cuando afecta al tránsito de un régimen de poder a un sistema político, si se hace al modo como Spencer explicó, con la teoría darwinista de la evolución de las especies, “la integración de la materia y la disipación concomitante del movimiento por el que pasa de un estado a otro”.

Los efectos del azar se disipan cuando el modo de existencia política absorbe los desperfectos causados por la discontinuidad de la fortuna, o cuando se consolida el nuevo modo de existencia a que dio lugar con su concurso. Esta diferencia de grado en el azar explica la mayor inseguridad de las voluntades, y la generalidad de la incertidumbre de las inteligencias, en las Transiciones de una forma de Estado a otra, respecto de las que produce la fortuna en los cambios de gobierno.

La teoría de la República Constitucional no tiene en consideración la influencia del azar en los cambios de gobierno. El principio de continuidad de la sociedad civil en el Estado, y el de la mediación que realiza la representación política de aquella, no resultan afectados por el azar que tal vez obligue a cambiar de gobierno. En cambio, la ruptura de la Monarquía, aún producida por azar, responde al progreso evolutivo que supone el paso de la “res publica”, desde su estado de homogeneidad incoherente en el Estado de Partidos, a la coherente heterogeneidad del pluralismo social, traducida en la necesidad moral de libertad política, que es precisamente la garantía institucional que presta la democracia a la República Constitucional.

Pero a la teoría constitucional pertenece el tratamiento político de los desastres causados por las catástrofes naturales, según el grado de azar que intervenga en ellas. Si todos los años, en las mismas épocas y en los mismos lugares, incendios forestales o inundaciones pluviales producen víctimas mortales y daños cuantiosos a la economía nacional, no se puede culpar de ello al azar de un dudoso cambio climático, sino a la imprevisión de los planificadores estatales, que no calcularon, porque no sabían, las consecuencias de sus irresponsables audacias con la Naturaleza.

La declaración de zona catastrófica no puede quedar en manos de los causantes de la catástrofe, cuando esta no viene del cielo, sino del suelo edificado por metro cuadrado, en sitios donde antes transcurrían las aguas por sus cauces naturales. La tragedia de Nueva Orleáns dispensa de más explicaciones.

Debe ser el diputado de cada mónada electoral quien dirija “in situ” la investigación de las causas del siniestro y la valoración de los daños. Si es procedente, y sin perjuicio de la facultad del gobierno para decretar medidas urgentes, la Asamblea Nacional declarará la zona catastrófica, y las responsabilidades políticas si las hubiere. Así se evitaría la corrupción administrativa que suele incluir daños ficticios y aumentar el valor de los sufridos por la clientela del partido gobernante.

La Constitución de Monarquía (art. 116) entrega al Gobierno la administración del azar. La Ley orgánica de los Estados de alarma, excepción y sitio, concede al Gobierno la facultad discrecional de restringir o suspender derechos y libertades fundamentales, en caso de catástrofes, calamidades o desgracias públicas, sin necesidad de ser autorizado por el Congreso de los diputados. En compensación, el art. 17.5 de esa Ley realiza el sueño de Locke y Condorcet, haciendo obligatorio y coactivo el derecho de resistencia a la Autoridad: “la resistencia de los vecinos requeridos para presenciar el registro (domiciliario) será obligatoria y coactivamente exigible”. Este inaudito precepto revolucionario justifica la fama de la Monarquía española como “democracia avanzada”.

¿La indiscutible Monarquía?, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Política by reggio on 20 octubre, 2007

¿Qué puede estar ocurriendo para que los afanes antimonárquicos se escenifiquen con las llamas purificadoras tan del gusto durante siglos y siglos de lo más arcano de nuestro más recio y rancio reaccionarismo? ¿Están permitiendo los medios de comunicación la discusión sosegada, civilizada y argumentada al respecto? ¿La Monarquía es un asunto tabú en la discusión política, hasta el extremo de que un senador vasco, severamente crítico con ella, se manifiesta al respecto casi siempre en su página de internet, más que en las instituciones parlamentarias y más que en la opinión publicada?

¿De quién se está defendiendo la propia institución monárquica en sus últimos discursos? ¿Acaso de periodistas que no se caracterizaron nunca por su progresismo? ¿También de jóvenes independentistas crispados?

Me llamó mucho la atención una pancarta que hablaba de que en Cataluña no tenían rey. Como si tal cosa fuese una cuestión puramente territorial. ¿No puede haber republicanos fuera de las llamadas «nacionalidades históricas»? Se puede constatar que sí.

Si la nación es, según la celebre sentencia de Renan, una especie de refrendo cotidiano, ¿tanto les cuesta a los paladines de lo políticamente correcto caer en la cuenta de que, sin entrar en otras consideraciones, cosa que podría hacerse, el papel del actual Monarca durante el 23-F no garantiza para siempre jamás del mundo la aceptación de ese marco político?

Cierto es que la democracia, manifiestamente mejorable, que tenemos arranca con la actual Monarquía. Tal cosa es insultantemente obvia. ¿Pero eso quiere decir que no hay otra forma posible de democracia, aún más profunda y plena?

Si, de otro lado, se acepta, soslayando la discusión, oceánica bibliográficamente, que las dos experiencias republicanas resultaron fallidas, ¿acaso se puede negar que hubo reinados nefastos al menos desde Carlos IV en adelante? ¿Lo que vale para negar la viabilidad de una futura República es inservible para plantear lo mismo con respecto a la Monarquía? Débil argumentario esgrimimos, señores míos. Por lo demás, siguiendo con lo incendiario, lo que hay al propósito son cortinas de humo. Tiene bemoles que un periodista como don Luis Herrero, al que no se le conocen veleidades izquierdistas, publique un libro cuyo título es una parodia de un conocido volumen que en su momento firmó Josefina Carabias hablando de Azaña: «Los que le llamábamos don Manuel». Tan lejos está don Luis de Josefina Carabias como el señor Suárez de don Manuel Azaña. En el mismo orden de cosas, que el radiofonista de la emisora episcopal le envíe andanadas al actual Monarca parece un episodio propio de eso que se conoce como el mundo al revés. Tanto como que Zapatero, republicano confeso, sea tan entusiasta con la Monarquía. Pablo Iglesias estaría encantado con que su partido evolucionase de esta guisa.

Y lo cierto es que, por mucho que quiera obviarse, los hechos demuestran que la Monarquía nunca estuvo tan discutida como ahora, al menos desde el año 78 a esta parte, les guste o no a los partidos mayoritarios y a los principales medios de comunicación.

Y, por lo demás, las cortinas de humo de las que venimos hablando no son más que la inevitable consecuencia de una discusión que se quiere soslayar, de un debate que se quiere posponer indefinidamente.

No es éste un país que tenga la Monarquía tan asentada como en otras latitudes. Y aquel debate que no se consideró oportuno tener en la tan santificada transición llama a la puerta de los foros de discusión de una sociedad que se dice libre y democrática.

Y a eso no se le puede cerrar el paso. Y cuanto más se prorrogue, mayores y más hediondas serán las cortinas de humo. Son cosas de democracia.

Fría, lejana, inaccesible UE, de Javier Ortiz en su Weblog y en Público

Posted in Política by reggio on 20 octubre, 2007

Fría, lejana, inaccesible UE

Dos circunstancias relacionadas con la Cumbre de Lisboa me han llamado muy en particular la atención.

La primera: que se congregara en la zona de la Expo, donde se reunían los presidentes y jefes de Gobierno, la manifestación de protesta más concurrida que ha vivido Lisboa en las últimas dos décadas. El contraste era tan escandaloso que cualquier comentario resultaba innecesario: de un lado, los mandamases de los Veintisiete, sonrientes, encantados de lo bien que les va todo cuando se ponen de acuerdo; del otro, la muchedumbre de trabajadores portugueses, hartos de los muchos males que les aquejan y de lo poco que hace la UE por solucionárselos.

La segunda circunstancia para mí especialmente llamativa: cuentan las crónicas que los jefes máximos de los Veintisiete mostraron su honda preocupación ante la posibilidad de que el premier británico, Gordon Brown, se vea forzado a convocar un referéndum que le permita ratificar o le obligue a rechazar el nuevo Tratado. La preocupación viene dada porque todos ellos creen muy probable que la población británica votara mayoritariamente en contra. Brown tuvo el detalle, tranquilizador para sus colegas, de asegurar que esa consulta no se realizará, es decir, que se prepara para obrar prescindiendo de los deseos mayoritarios de su pueblo.

La actitud de Brown puede parecer particularmente cínica, y cínica sí que lo es, pero no particularmente. Sus homólogos continentales tienen tan pocos deseos de someter el asunto a votación popular como él mismo. Para evitar ese peligro, han recurrido a diversas argucias jurídicas que permitirán a algunos Gobiernos vadear los imperativos constitucionales que tantos problemas les causaron cuando quisieron sacar adelante la abortada Constitución Europea.

No parece nada exagerado afirmar, a la vista de cómo están las cosas, que los gobernantes europeos tienen miedo de sus propios pueblos.

Es una situación que se han ganado a pulso, conformando unas estructuras de poder que la ciudadanía del Viejo Continente percibe como frías, lejanas e inaccesibles. Una percepción bastante razonable porque, en muy buena medida, son exactamente así.

[Aparecido en Público el 20/X/2007, en la sección El dedo en la llaga]

Coda

Me preguntan cómo pude escribir ayer lo que escribí sobre el suplemento Babelia, de El País, y sobre su ex responsable, habiendo estado yo tantos años trabajando para El Mundo.

No es que el asunto sea apasionante pero, como no es la primera vez que me lo sacan a relucir y tampoco quisiera dar la callada por respuesta, contesto. Brevemente y por puntos.

1º) En el mismo momento en el que Aznar ganó las elecciones, comuniqué al director de El Mundo mi deseo de abandonar la jefatura de la sección de Opinión y ser destinado a otros cometidos. Más que nada, porque me veía venir la que luego vino. Me pidieron que esperara algún tiempo, para preparar un relevo adecuado. Lo acepté, pero solicitando que se me permitiera no escribir aquellos editoriales cuyas tesis me suscitaran un mayor desacuerdo, a lo que la dirección accedió.

2º) Pese a ello, y aunque figurara en el staff del periódico como subdirector y responsable de la Sección de Opinión, dediqué muchas –muchísimas– de mis dos columnas semanales a refutar las ideas más características de la línea editorial cada vez más pro-PP exhibida por el periódico. Seguí haciéndolo de manera sistemática hasta que, ya harto de que la Dirección no me asignara otras funciones, pedí una excedencia y abandoné la Redacción, aunque seguí escribiendo mis columnas. Al acabar la excedencia, negocié mi abandono definitivo de la plantilla del diario, quedando ya como mero colaborador externo.

3º) La Dirección de El Mundo nunca me presionó para que callara o dulcificara mis opiniones políticas. En los 18 años que ejercí de columnista para ese periódico –unas 2.000 columnas, en total–, sólo me objetó el contenido de una, que no se refería a ningún político, sino a un banquero. (Ahora que ya no trabajo allí puedo reconocer que, además, aquel incidente fue en buena medida culpa mía. Quizá alguna vez lo explique.)

En conjunto, y por resumir: lo mío no tiene comparación posible con lo de la ex responsable de Babelia, que jamás ha manifestado públicamente divergencia alguna con la línea de El País y que ha aguantado en ese periódico hasta que la han despedido.

La cuestión no es que ella y yo no nos parezcamos. Cualquiera sabe; quizá sí. La cuestión es que en El País impera un monolitismo político-ideológico del copón de la baraja. Sólo los que dibujan (El Roto y Máximo, sobre todo) osan de vez en cuando salirse de la fila. En El Mundo también se las traen, pero siempre ha sido algo más caótico (cosa nada difícil, todo sea dicho).

No insistiré ni en la utilización que ellos hacían de mi disidencia ni en el beneficio que yo obtenía de que les viniera bien tener algún hereje perdido entre tanto acólito. De eso ya he escrito en anteriores ocasiones y no vale la pena insistir más: saltaba a la vista.

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