Reggio’s Weblog

La catarsis de Izquierda Unida, de Enrique Bellido en El País de Andalucía

Posted in Política by reggio on 15 octubre, 2007

Coincidían días pasados Julio Anguita y un grupo de allegados políticos, a través de un documento que hicieron público, con lo que una semana antes, en la sobremesa de una comida, yo le había manifestado a un destacado dirigente provincial de IU en Córdoba.

Digo coincidía, si bien sólo lo hacíamos en la dirección a tomar, aunque creo que no en el sentido de la misma.

Lo cierto es que el proceso de descomposición interna al que ha llegado la coalición de izquierdas, lo que podría convertirla incluso en una fuerza extraparlamentaria, obliga a sus dirigentes y bases a plantearse con inmediatez un proceso de refundación si no quiere difuminarse definitivamente en el seno del PSOE -muchos de sus dirigentes ya han dado ese paso- o quedar reducida a una presencia testimonial en la vida política del país.

Cierto es que esta refundación puede producirse en dos sentidos bien distintos. Uno, el que parece propugnar Anguita, regresando a la disciplina ideológica y organizativa del comunismo democrático. Otro, desligándose precisamente de éste para, desde una novedosa interpretación liberal del pensamiento de izquierdas, afrontar el reto de conjugar ambos postulados, ocupando así un espacio político que hoy está virgen y que bien podría representar lo que ahora entendemos por el centro sociológico del país.

Sería aunar en un mismo proyecto a la izquierda intelectual, independiente y libre de cualquier tipo de atavismos, con el liberalismo más progresista, para así conformar una propuesta ideológica y conceptual que pudiese calar en una amplia base social que hoy debe decidir entre socialismo o centro-derecha más por el papel hegemónico que hoy en día juegan ambas opciones en el panorama político español, que por la calidad, transparencia y definición de sus propuestas y de sus propios líderes.

Desde luego, lo que resulta de todo punto inviable es el mantenimiento de una coalición que de alguna forma viene representando un fraude en un doble sentido.

Fraude hacia el electorado, porque bajo la apariencia de una verdadera coalición de izquierdas, aglutinada por la esencia del carácter independiente de sus miembros y la autonomía de las organizaciones en ella coaligadas, se esconde simple y llanamente la organización política del partido comunista, que con mayor o menor éxito monopoliza la vida orgánica de la coalición, mediatizándola en su funcionamiento.

Y fraude, también, para la acción política, porque no dudo que muchos comunistas que conocen bien de la titularidad de Izquierda Unida, deben someter sus anhelos en brazos de una coalición que cada día da más muestras de no saber dónde se encuentra su proyecto ideológico y social, mostrándose nacionalista en según qué circunstancias, estatalista en otras, constitucionalista aquí o republicanista allí, a la vez que apoyando o criticando proyectos políticos conservadores o progresistas según el aire de supervivencia que puedan insuflarle quienes desde ellos y por su apoyo le brinden un espacio político.

De ahí que sean muchas las corrientes de opinión dentro de la coalición, no ya para matizar un proyecto común, lo cual sería sumamente beneficioso, sino para establecer ese proyecto que sigue sin ver la luz tras 21 años desde su fundación.

Reconozco que la tarea no debe ser sencilla no ya por el protagonismo que no desean abandonar la mayoría de sus líderes actuales, sino porque todos ellos, fundamentalmente los ligados al partido comunista, saben del frío que haría en la calle si el propio PC tuviese que competir en soledad, desde la desnudez de sus siglas, en nuestro actual marco electoral, lo que se traduciría en una indudable marginalidad política.

Por ello que, bajándonos al plano de lo provincial o autonómico, choque que mientras unos apuestan por la libre competencia, por liberalizar nuestro mercado laboral y empresarial y nuestro desarrollo urbanístico, otros, en la misma formación, presenten, a través de un libro, la figura de Fidel Castro como paradigma del desarrollo social de un pueblo.

Tan brutal colisión de conceptos no puede resolverse sino desde una profunda catarsis interna, traumática sin lugar a dudas, que permita, al menos, la subsistencia política de una corriente de izquierdas que oponer a la prostitución de ideas que hoy representa el socialismo gobernante y que bajo la formula que apuntaba al inicio de este artículo, avance en la búsqueda de líneas de pensamiento y acción capaces de adoptar lo más sano y progresista de la teoría liberal.

Una catarsis que no va a producirse simplemente por enunciar su necesidad o trasladarla a un documento, sino con una actuación mucho más valiente y arriesgada a la que no sé si estarán dispuestos los dirigentes y bases de IU que estuviesen de acuerdo en ella.

Enrique Bellido fue senador del PP por Córdoba.

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Rifondazione Comunista: y la izquierda, ¿dónde quedó?, de Guillermo Almeyra en La Jornada

Posted in Política by reggio on 15 octubre, 2007

Como se sabe, Rifondazione Comunista (RC) forma parte del gobierno y de la mayoría de centro que gobierna Italia. Los sapos que ha debido tragar con ese objetivo han sido muchos. Se declaró, por ejemplo, contraria a la violencia, así, en abstracto, y pacifista, aunque vota los fondos para la continuación de la aventura colonialista e imperialista en Afganistán. En el terreno de la política económica, por supuesto procapitalista, que aplica el gobierno de Romano Prodi, ex democristiano, ex responsable de la Unión Europea, no va más allá de proponer algunas enmiendas sobre impuestos y jubilaciones en la misma línea, pero no más allá de los dirigentes sindicales. En el campo internacional apoya sin pero alguno lo que dice y hace el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y da un confuso apoyo a los palestinos, privilegiando a la Administración Nacional Palestina. No hace ninguna reflexión política ni teórica sobre la lucha socialista a escala mundial, y sus federaciones y centros languidecen precisamente por la falta de vida teórica y por el desencanto de los jóvenes ante la transformación del partido en uno de tantos componentes burocráticos del gobierno, con la consecuencia de que los militantes que antes estaban en los movimientos son hoy tecnócratas, burócratas o candidatos a serlo.La izquierda, históricamente, jamás fue pacifista, porque sabía muy bien –y proclamaba– que el capitalismo lleva en su seno la guerra, como la tormenta los rayos. Una cosa era oponerse con todas las fuerzas a una guerra y al militarismo y otra desarrollar ilusiones pacifistas, como si se hubiera terminado la lucha entre los explotados y los explotadores, el conflicto, la posibilidad de guerra. De modo que el pacifismo de RC no es de izquierda, y mucho menos lo es si vota por el envío de tropas opresoras a Afganistán y expulsa a un senador que, coherentemente, vota de acuerdo con los principios socialistas tradicionales. La identificación entre el llamado socialismo real, estalinista, y el socialismo y el marxismo no es sólo una ruptura con el pasado marxista, sino que equivale a la colocación del partido en el marco del capitalismo neoliberal, como único posible. Eso también aleja a los jóvenes de RC y de la política, porque ésta es presentada como simple juego de poder por el poder en las instituciones y no como construcción osada de una utopía, de un mundo más justo.

La idea de que todas las violencias son igualmente repudiables y condenables deja impunes a los verdaderos violentos –a los belicistas, hambreadores, explotadores– y su violencia instalada y, en cambio, ayuda a éstos a frenar la reacción popular contra la violencia feroz del capitalismo y conduce al abandono de hecho del concepto de imperialismo y de la lucha contra la guerra preventiva declarada por Estados Unidos a todos los movimientos sociales. Por último, su incapacidad de ir más allá de lo que plantean los sindicatos de izquierda (que son fuerzas de clase, pero negocian salarios y condiciones de trabajo en el marco del capitalismo y no plantean nada que lo supere) coloca a RC en el campo de los reformistas, empeñados en hacer más aceptable y menos brutal la explotación y la opresión del capital.

RC no tiene un análisis realista de la situación política, económica y social que vive Italia. Los jóvenes, que en el país son minoría y forman un ejército de trabajadores desocupados o precarios, sin perspectiva alguna de cambiar esa situación, no encuentran ni una explicación de por qué les sucede eso ni una vía teórica de salida que los impulse a la lucha. RC es, así, otro elemento más de desmoralización en un país ya desmoralizado por la caída sin lucha y la putrefacción de los restos del que fuera el Partido Comunista más grande de Occidente, con 33 por ciento de los votos, centros de estudio, un enorme aparato cultural, diarios, revistas y decenas de miles de cuadros en las instituciones. RC no ha hecho un balance del pasado y por consiguiente tiene un presente de asfixia mientras carece de futuro.

¿Qué pueden hacer en ese ambiente mefítico los pocos jóvenes que desean hacer de RC lo que ésta declaraba querer ser cuando el suicidio del partido comunista, es decir, un partido comunista democrático, revolucionario? Hacer un balance del pasado de Italia desde la posguerra, del pasado del PC italiano y de sus características, retomar el marxismo que RC ha abandonado como herencia nefasta del siglo pasado. Además, trabajar en los movimientos sociales esperando que éstos puedan arrastrar lo que queda del partido, reanimar una parte del mismo y hacer que se apoye en el llano (sobre todo si el gobierno de Prodi cayese, debido a sus contradicciones internas y a su similitud con la centroderecha). En tal caso, RC podría hacer una cura de oposición y de rejuvenecimiento y encontrar nuevas fuerzas, renovando su dirección anquilosada y cansada. Es raro tener que esperar que la derecha recupere el gobierno para entonces retomar una esperanza.

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