Reggio’s Weblog

La caza, de María Toledano en Rebelión

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 26 febrero, 2009

Es más fácil cazar moscas con miel que con vinagre

El señor Mariano Fernández Bermejo, Ministro de Justicia, ha dimitido. Es decir, a Fernández, el fiscal prosperado, le han echado a gorrazos del Ministerio de Justicia. Llegar ministro de un gobierno progresista, míticos gobiernos de ZP, y que te echen así, haciendo el ridículo entre bestezuelas muertas, sangre derramada y cuernos retorcidos de venado, debe ser asunto delicado, triste, casi un discreto drama personal. Me imagino a su suegra, si la tiene, la pobre, el Señor Todopoderoso la conserve muchos años, la carita de estuco que se le habrá quedado. A Mariano Fernández Bermejo, que es de natural bravucón y malencarado, hombre firme y determinado de izquierdas (sic), le han puesto de patitas en la calle, con cajas destempladas y un rumor de siemprevivas que invade las cartucheras, por irse de cacería, una montería se decía en otros tiempos, con colegas y amigos del mismo jaez, intrépidos cazadores, gentes todas responsables y de intachable reputación. Fernández es el cazador cazado, cazado in fraganti, guárdate de los fotógrafos y de los conocidos con cámara de fotos, haciendo eso que en la noble nación española -y en algunos sectores de la vida civil- está tan mal visto: el franquista.

Esto de hacer el franquista, con perdón, es costumbre que se debe adquirir por el uso y frecuentación prolongada del poder, de todos los poderes. Será algo así como los pertinaces hongos que brotan en los zapatos de la gauche -si la suela es mala y suele ocurrir- de tanto andar por moquetas y recepciones de lujo y oropel. Recuerdo así, sin pensar mucho, a nuestro señorito González, don Felipe, surcando las aguas en el Azor, la embarcación del Generalísmo, la misma que el pequeño caudillo asesino llenaba de atunes y peces espada a los que tanta devoción religiosa tenía. La diferencia, señor Mariano, es que a don González, “queremos un hijo tuyo”, se le perdonaba y se le perdona todo, sabido es, tanto por sus méritos -que alguno tendrá, aunque una los ignore- como por su arrolladora gracia sevillana, españolísima y olé, mientras que a usted, de natural malencarado y bravucón, repito, y con una huelga de jueces en la recámara -el año que acomete la reforma de la carrera judicial y aumenta el presupuesto-, no le perdonan ni una. Siendo de Arenas de San Pedro, Ávila, y habiendo nacido en 1948, IX año triunfal, ya debería estar usted curado de espanto, trampas y cartuchos. ¿Cómo se puede ir de cacería, siendo Ministro de Justicia de PSOE, cuando tenemos presente La escopeta nacional de Berlanga y Azcona? Poco importa el resto de los cazadores, sus acompañantes; poco importa si había jueces u otras destacadas personalidades civiles y/o militares. El mero hecho de salir de montería, con la que está cayendo y lo que significa en el imaginario colectivo, merece el despido. A nadie le importa, señor Mariano, si los disparos se produjeron en Jaén y si tenía o no licencia actualizada; poco importa, señor Mariano, si la broma (con el reparador “taco” incluido) costó mil euros o dos billones. La cuestión es otra. La caza mayor, ex ministro socialista Bermejo, no está bien vista por millones de personas que han sufrido la dictadura y han visto a Franco, sus parientes, consejeros y amigos, con un pie en el hocico de un animal abatido. Para redondear el circo campestre sólo hubiera faltado, como en la película, un maduro empresario catalán, con su amante, tratando de vender porteros automáticos. La historia vuelve, más que nunca, como farsa. Farsa y esperpento. Y Mitrofán sin enterarse.

Con tres complicadas elecciones a las puertas, el presidente Rodríguez Zapatero, ha aceptado -los eufemismos más vivos que nunca- la dimisión del Ministro de Justicia, Fernández Bermejo. Los asesores de Moncloa, los mismos que contemplaron atónitos la fotografía, han hecho sus interesados cálculos. Mejor ahora, cuanto antes, aguantemos el chaparrón y en una semana se habrá pasado. No les falta razón a los cualificados miembros del ala oeste de la Moncloa. El tiempo juega a su favor: este suceso pasará pronto, sin duda, resta fuerza al discurso crítico del PP (inmerso en sus cuestiones de espías, corruptelas, gominas y demás) y la prensa, necesitada de carne fresca cada día, atenderá, en breve, otros asuntos. Los analistas tendrán razón pero permitirán, espero, que nos quedemos con este magnífico suceso para la posteridad, para contar y contar a nuestros nietos. Hay cosas que, pese al paso del tiempo, seguiremos recordando cada vez que surja la ocasión, toque disfrutar con recuerdos cínicos y tengamos ganas de reír. Ay, Mariano, Mariano, y todo este entuerto por pegar unos tiros al alba.

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Salve, Cayo Lara, de María Toledano en Rebelión

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 2 febrero, 2009

En política hay que curar los males, jamás vengarlos
Napoleón Bonaparte

Hace poco escribí en www.rebelion.org que Izquierda Unida estaba agonizando, como aquellas niñas de la guerra, quizá primera posguerra, delgadas, pálidas y tuberculosas, a las que los esputos de sangre decoraban sus vestidos con fogonazos de muerte. Creo que la situación no ha mejorado mucho, Cayo, Cayo Lara, y sin embargo, me levanto hoy dispuesta -con la ayuda de mi nieta Lola y su joven energía revolucionaria- a escribir sobre nuestro común futuro político, coordinador federal de difícil consenso, y sobre la posibilidad de articular un discurso coherente, vanguardista, moderno, atrevido y sólido -menos rock o rap o pasodoble torero y más Marx- para afrontar lo que se nos viene encima y vendrá, que -como sabemos por experiencia- será peor. Wallerstein hablaba algunos años atrás de “fascismo democrático” como posibilidad del porvenir. No lo descartemos. Frente a eso, frente a un futuro inmediato que se presenta como lobo hambriento al acecho de los derechos y las conquistas sociales, deberíamos, Cayo, Cayo Lara, agricultor de nombre romano y visigodo, organizar la resistencia y el combate: armarnos para desafiar, una vez más, a nuestros históricos enemigos. La empresa parece titánica, una tarea imposible, casi heroica. La empresa parece imposible, repito, una misión suicida hacia la que caminas -arrancas tu mandato- con una maleta de principios éticos, una importante deuda económica, un equipo humano reducido y una desafortunada y perversa entrevista -La caza (1965) es una excelente película de Carlos Saura, y no debería se mucho más que eso- en la contraportada de El País. Sabemos todos, Cayo Lara, que la izquierda necesita un espacio para la política, para hacer política, para explicar propuestas diferentes, convencer con hechos y avanzar. Vivimos tiempos de incertidumbre y psicofármacos, tiempos de neón e hiperconsumo. El mundo ya no es el que era -el que conocíamos y combatíamos con munición ideológica clásica- y el nuevo, el que impera, el del control del pensamiento, la guerra permanente, la sofisticada subjetividad y la influencia de los medios de comunicación y los think tanks, parece insuperable con nuestras obsoletas herramientas. Sin embargo, existe otra forma de vivir y de sentir, otra forma de ser. Eso ha sido siempre la izquierda, la izquierda real, la izquierda desesperada y alegre, hambrienta y consciente que hizo las grandes revoluciones -desde Espartaco hasta nuestros días- y aportó el desarrollo colectivo e individual. Se repite hasta el hastío que otro mundo es posible, sin que hayamos oído todavía cómo, cuándo y dónde. La respuesta a estas tres cuestiones debe estar contenida en el discurso crítico que Izquierda Unida debe recuperar, antes que tarde, un discurso anticapitalista que contenga ideas socialistas, ideas sobre lo común, lo colectivo, lo comunista, y una praxis política nueva, espontánea y transgresora, que devuelva la ilusión al cuerpo electoral, a la gente: una política de acción radical que no se limite a su testimonial presencia en las instituciones. Con un único diputado de Izquierda Unida en el Congreso, el ex-coordinador G. Llamazares, por capaz y abnegado que sea -aunque fuera Dimitrov, ¿te acuerdas?-, poca política real se puede hacer. La ley electoral, asunto conocido, perjudica a IU. Mientras esto siga siendo así y la presión popular no consiga una modificación de esta ley, será mejor plantear la actividad política fuera de las instituciones, en los centros de trabajo, en colegios y universidades, en el resbaladizo terreno de la cultura, en los medios de comunicación, en los sindicatos de servicio y en los de clase (quedan), acercándose a las miles de voces que, pese al desastre europeo de la izquierda, creen, creemos (más Lola que yo misma, será la edad) en la transformación radical de las estructuras económicas y las relaciones de producción. Álzate Cayo, Cayo Lara, y recoge el testigo de la historia en marcha, de la vida en marcha, y plantea un discurso que sacuda las conciencias y los músculos de la multitud, de todos, ideas y energía necesarias para construir -en la izquierda estamos todo el día construyendo como fuéramos masones o estuviéramos todavía electrificando Siberia- una verdadera alternativa al PSOE, a la derecha montaraz, al modelo de democracia de libremercado. Esta parece, Cayo, Cayo Lara, nuevo Coordinador Federal, una magnífica oportunidad. Una de las últimas ocasiones para recuperar la identidad desarbolada, desmadejada, deshilvanada de la izquierda real, transformadora. La tarea es ingente para un solo hombre o mujer. La fuerza de choque está en la colectividad, en el pensamiento y la acción común. Recuerda que, tras la derrota generalizada de la izquierda, nada tienes, tenemos, que perder. Nada.

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Juegos florales en la izquierda, de María Toledano en Rebelión

Posted in Política by reggio on 29 mayo, 2008

Una democracia no es en realidad más que una aristocracia de oradores, interrumpida a veces por la monarquía temporal de un orador.

Thomas Hobbes

Recuerdo cuando éramos famélica legión y recorríamos las calles de las principales ciudades del mundo. Recuerdo el orgullo que suponía asistir a las manifestaciones, el orgullo de sentirse parte de un inmenso movimiento internacional, proletarios del mundo, voz de la conciencia universal del trabajo, determinación consciente, voluntad firme y decidida. Recuerdo cuando éramos millones, millones de gritos, millones de votos (algunos no votábamos, se entiende, que para eso se vivía bajo la dictadura católica y militar), millones de esfuerzos rojos que hacíamos pancartas por la noche: una fuerza (casi) revolucionaria y transformadora. Las relaciones entre el capital y el trabajo venían mediadas por la potencia de los sindicatos de clase, nuestros representantes ante el capital. Entendíamos el mundo (ahora apenas sabemos quiénes somos) y conocíamos bien el lugar que ocupaba cada uno. No pienso que fuera sencillo, antes al contrario, pero al menos distinguíamos con claridad amigos, aliados tácticos y/o estratégicos, compañeros de viaje, traidores y enemigos. Los referentes eran claros y las fuerzas hostiles se presentaban sin avergonzarse. Las máscaras sociales, antes de la irrupción de lo líquido y los neones, reflejaban la identidad de cada uno con precisión. Con una mirada era suficiente para entendernos, con un gesto, con una palabra. Mundo Obrero, en España, circulaba clandestino por las casas, de mano en mano, en arrugadas carpetas, cuatro hojas, en ocasiones, seis. MO traía la visión del mundo de los comunistas, todos éramos clandestinos y, aunque habláramos mal de Carrillo (sin saber -inocentes- lo que después nos depararía el futuro), leíamos con interés y miedo artículos e informaciones. El universo era claro y distinto, hubiera dicho Descartes.

La lluvia ha anegado nuestros recuerdos. Los carteles y libros que leíamos navegan por las alcantarillas, es un decir, de la historia. Repaso fotografías y veo rostros y gestos que se han perdido para siempre. Veo amigos y camaradas, sepia, muertos ya, que desaparecieron sin saber en qué nos convertiríamos. Mejor. Ahora, queridos muertos, estamos, cada dos por tres, refundando la izquierda. Nos pasamos la vida reconstruyendo, levantando, forjando, edificando. Las metáforas de la construcción, masones de opereta, nos persiguen. Ahora, digo, estamos inmersos en un nuevo proceso de (re)definición ideológica (sic), imaginamos cómo será el futuro y concebimos -como si a alguien le importara realmente- el papel que jugaremos en el siglo XXI europeo y mundial. Cada vez que los electores nos dan la espalda, tampoco pueden hacer otra cosa visto las opciones, el mercadeo electoral y las posibilidades reales de la izquierda anticapitalista, el fantasma de la crisis recorre nuestros pasillos. Asoman los afilados cuchillos, luego resulta que son de plástico, y se abre la batalla por la dirección, por el salario. Leo estos días las memorias del inteligente Pietro Ingrao, “Pedía la luna” (Península), y admiro tanto su magnífica visión del siglo XX como la sorprendente capacidad para el olvido. Tengo sobre la mesa, un regalo envenado, un libro ¿nuevo? de Carrillo sobre Pasionaria. ¿Contará, por fin, la verdad? ¿Se atreverá -después de cuatro libros de memorias- a decir algo que no sepamos? Estos días anda levantisca la derecha españolísima con aquello del poder (ellos tienen menos problemas con los salarios). Se pelean los nacional-católicos (de origen reaccionario y fascista) y los nacional-católicos (de origen reaccionario). Estos últimos han comprendido -a la fuerza, ahorcan- que sin arrimarse a la bolsa de votos centristas no ganarán nunca al PSOE. Deberían consultarnos. Nuestra especialidad histórica ha sido tirar secretarios generales por la ventana tras haber besado sus pies (y las huellas que dejaban sus zapatos en el pavimento de la leyenda) durante lustros. Rajoy, en nuestros buenos tiempos del XX congreso del PCUS, nos hubiera durado 15 minutos.

Juegos florales en la izquierda. Cada dirigente presenta su programa (el caso es perpetuarse) y busca apoyos en comidas, meriendas y cenas. Hasta en los programas de eso que llaman televisión-basura. Las líneas maestras de sus discursos políticos se confunden con la apatía y el consumo. Aparece, de nuevo, remotamente, la posibilidad. La ilusión dura un segundo. Es mentira. Están peleando por intereses ocultos. Los intelectuales orgánicos -algunos poetas, otros novelistas- organizan fiestas y recepciones y aparecen en las fotos junto con los líderes. La izquierda pavonea su miseria moral -es imposible pensar el mundo y la transformación con las categorías intelectuales impuestas por la socialdemocracia- mientras el capitalismo ha instaurado un nuevo y violento orden mundial. Hace años me hubiera gustado tener una fotografía con M. Suslov. Al menos, eran otros tiempos, los soviéticos -equivocados o no- sabían lo que estaba en juego.

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