De terroristas “buenos”, de Juan Gelman en Página 12
Que los hay, los hay. Al menos para el gobierno de W. Bush: los Mujaidines del Pueblo (MEK, por sus siglas en inglés) pasaron de la lista oficial de terroristas “malos” establecida por el Departamento de Estado a la de los “buenos”. Son disidentes iraníes que perpetraron atentados terroristas para Saddam Hussein cuando su guerra contra Irán y más que una organización es un culto. Luego de la invasión a Irak, sus miembros se instalaron en los campos de entrenamiento de Ashraf, Habib –en plena Basora– y otros con el conocimiento y el consentimiento de los ocupantes. Un reciente estudio de Human Rights Watch denuncia a lo largo de 28 páginas las violaciones de los derechos humanos perpetradas por los MEK (hrw.org, 1-5-08).
El objetivo es Irán. A mediados de marzo W. firmó una disposición secreta destinada a expandir “con una amplitud sin precedentes” la ofensiva encubierta ya en marcha contra el régimen de Teherán (www.counterpunch.org, 2-5-08). Y no se trata sólo de Irán: la directiva presidencial abarca un área geográfica muy extensa, del Líbano a Afganistán, y ensancha el tipo de operativos clandestinos a realizar. Ahora incluyen las ejecuciones extrajudiciales en las que los servicios israelíes son maestros. Desde luego, hay que financiar esas actividades.
No hubo problema: demócratas y republicanos del Congreso aprobaron a sabiendas y casi por unanimidad una partida de más de 300 millones de dólares a ese efecto. Fluirán fondos para el MEK y otras organizaciones terroristas, como el sunnita Jundullah o Ejército de Dios, que perpetra atentados en el Beluchistán iraní en la frontera con Afganistán, el Pejak kurdo iraní, los militantes árabes ahwazi del sudeste de Irán, y aun los terroristas sunnitas libaneses aliados de Al Qaida (The New Yorker, 5-3-07). La directiva incluye más acciones contra Siria: la explosión que sacudió a Damasco en febrero pasado es un anticipo de lo que vendrá y fue una sorpresa para los libaneses, acostumbrados a padecer tales acciones en su país, siempre atribuidas a Siria. La cruzada antiterrorista de la Casa Blanca se ha convertido en el financiamiento de grupos terroristas.
W. Bush es el presidente más impopular de la historia de EE.UU.: logró romper la barrera del 70 por ciento de desaprobación de sus conciudadanos, un índice que ni siquiera le asestaron a Nixon en pleno Watergate. La razón principal, claro, es Irak. Una encuesta que la cadena CNN y la Research Corporation Poll llevaron a cabo del 28 al 30 de abril pasado encontró que el 68 por ciento de los interrogados se opone a la guerra y la aprueba sólo el 30 por ciento (www.pollingreport.com, 28/30-4-08). Esa mayoría quiere la retirada parcial o total de las tropas. La falsa presunción de que el aumento de efectivos estadounidenses en Irak ha empezado a calmar la situación es otro rey desnudo. W. no encuentra más salida que la fuga hacia delante.
Los “incidentes” en el Golfo Pérsico se repiten: portaaviones estadounidenses irrumpen en sus aguas “porque el Pentágono ha ordenado a los comandantes militares que desarrollen nuevas opciones para atacar a Irán” (www.cbsnews.com, 29-4-08). Se espesan las acusaciones de que Teherán arma a los insurgentes iraquíes: “Lo que los iraníes están haciendo es matar a efectivos estadounidenses en Irak”, profirió el jefe del Pentágono, Robert Gates. Autoridades iraquíes pro EE.UU. lo han negado, pero da lo mismo. Se reitera la técnica que sirvió para invadir Irak. Como reveló la encuesta mencionada, el ciudadano norteamericano corriente está cada vez menos dispuesto a mascar vidrio.
Es posible que los demócratas ganen la presidencia en las elecciones de noviembre próximo. Esto no preocupa mucho a los neoconservadores: Hillary ha insistido en que no había que excluir el uso de bombas nucleares para “combatir al terrorismo” –léase Irán– y la postura de Obama al respecto es evasiva. El domingo que pasó fue entrevistado por la MSNBC, que había ya informado que existen planes para bombardear Irán, y se le preguntó si los apoyaría en caso de resultar electo el candidato titubeó antes de responder: “Siempre dije que, como comandante en jefe, no descarto ninguna opción militar y creo que es apropiado prepararse para (hacer frente a) todas las contingencias” (www.msnbc.msm.com, 4-5-08). ¿Es decir?
El almirante Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas norteamericanas, declaró al canal 10 de la televisión israelí que “sería un reto muy significativo para EE.UU. entrar ahora en un tercer conflicto en esa parte del mundo”. “El designio del lenguaje político es que las mentiras suenen a verdades, que el asesinato sea algo respetable y sirva para dar una apariencia de solidez a lo que es puro viento” (George Orwell).
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Dos derrotas, de Juan Gelman en Página 12
La Casa Blanca está descontenta: no pudo lograr que sus aliados del Medio Oriente boicotearan la conferencia cumbre que la Liga Arabe llevó a cabo en Damasco –capital de otro miembro del “Eje del Mal”–, ni que las tropas del gobierno iraquí, con el apoyo de efectivos estadounidenses y británicos, derrotaran a las milicias de Moqtada al Sadr, tan chiítas como los que tuvieron enfrente. Estos dos fracasos fortalecen la cadena Siria-Irán-Hamas-Hezbolá y hacen tambalear el plan que los partidarios del “poder inteligente” esbozaron para reducir la intervención militar de EE.UU. en guerras que tanto rechazo interior han provocado: consiste en dominar la región delegando tareas en naciones árabes amigas, en especial Egipto y Arabia Saudita, convirtiéndolas en regentes de otras menos poderosas. Una suerte de neocolonialismo posmoderno.
La secretaria de Estado norteamericana, Condo- leezza Rice, dedicó meses enteros y giras frecuentes para evitar que los países árabes “moderados” participaran en la conferencia. Consiguió que no asistieran Yemen y Jordania –sus gobiernos vacilaron hasta el último momento–, pero ni siquiera pudo evitar que concurriera Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina enfrentada con Hamas, al que había trasmitido el compromiso de Israel, a cambio de su ausencia, de levantar 50 retenes en Cisjordania. Cabe señalar que mientras Condi negociaba con Abbas, el número de retenes israelíes pasó de 500 a más de 580. Las promesas sólo comprometen a quienes las escuchan, dijo alguno.
Las presiones del Departamento de Estado no rindieron frutos. Que la reunión se realizara en el lugar y en los días previstos de finales de marzo sin incidente alguno, y que asistiera la mayoría de los jefes de estado de la Liga Arabe, incluidos los muy cercanos a W. Bush, es un revés diplomático de proporciones para Washington. Este pretendía aislar definitivamente a Siria y ocurrió exactamente lo contrario. La conferencia terminó aprobando la posición intransigente de Damasco en el problema palestino: en su declaración final subraya que la retirada israelí de los territorios ocupados desde 1967 es condición previa a la paz y no materia de negociación. Corrobora además las resoluciones de la ONU sobre el tema, es decir, que los palestinos tienen el derecho inalienable a crear su propio estado con Jerusalén de capital. En una palabra: la Liga se opone a las políticas de Tel Aviv de manera enérgica y, para EE.UU., muy inesperada. Esta postura es nueva y anunciaría cierta voluntad de emancipación política de los países árabes “moderados” respecto de la Casa Blanca. Siria fue elegida para ocupar la presidencia rotativa de la Liga por un año.
El segundo fracaso estadounidense, esta vez militar, se produjo casi en los mismos días. El primer ministro iraquí Nuri al Maliki lanzó una vasta ofensiva contra las milicias chiítas de Al Sadr que controlan Basora. Le fue mal: aun ayudado por los bombardeos aéreos y de artillería de las tropas de EE.UU. y Gran Bretaña, el ejército iraquí no pudo desarmar a los sadristas, propósito declarado de la operación. Bush elogió este “momento definitorio” del gobierno bagdadí, en tanto que demostración de su control del país. Tras seis días de combates iniciados el 25 de marzo, que arrojaron más de 400 muertos y unos dos mil heridos, Al Sadr declaró una tregua unilateral y sigue dominando Basora. W. pretende ahora deslindarse del descalabro.
Altos funcionarios de la Casa Blanca y del Pentágono han filtrado a la prensa que Maliki decidió la ofensiva “sin consultar a sus aliados estadounidenses” (The Washington Post, 27-3-08), o “informan” que “Maliki calculó mal” (The New York Times, 30-3-08). Son falsedades obvias. Los que calcularon mal fueron los jefes norteamericanos: atribuyeron la inacción de Al Sadr durante varios meses a la desorganización y la disminución de sus efectivos que, en realidad, habían emprendido el proceso contrario, el entrenamiento y la concentración de milicianos bajo centros de comando dispersos sobre todo en el sur petrolero del país, del que Basora es puerto. Es, por otra parte, impensable que la operación fuera planeada sin el conocimiento de los militares estadounidenses. Así lo prueba la participación en combates terrestres de grupos especiales de EE.UU. estacionados en Irak.
La tregua unilateral que declaró Al Sadr no ha de durar mucho. Se pasaron a sus filas dos regimientos de infantería del ejército iraquí y miles de policías fueron echados porque se negaron a combatir en Basora. Al Sadr quiere que las fuerzas norteamericanas se vayan de Irak. Los dirigentes árabes “moderados”, amigos de EE.UU., quieren que Israel se retire de los territorios palestinos ocupados. En efecto, la Casa Blanca está descontenta.
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No, pero sí, de Juan Gelman en Página 12
Washington y Moscú no se cansan de proclamar que la Guerra Fría no ha vuelto. Tal vez. Lo cierto es que en el plano militar actúan como si la hubiera. La Casa Blanca insiste en ubicar parte de su escudo antimisiles mundial en Polonia y la República Checa. El Kremlin ha advertido que, si eso ocurre, suspenderá su participación en el tratado de limitación de las fuerzas armadas convencionales y, más grave aún, que apuntará sus misiles contra esas dos naciones. ¿Y la población civil? Bien, gracias. La lógica de las grandes potencias no sólo es peculiar, es nuclear. Se recuerda la teoría de Huxley: el progreso tecnológico sólo nos ha provisto de medios más eficientes para avanzar hacia atrás.
Es notorio que EE.UU. procura imponer al planeta su dominio mediante el uso o la amenaza de la fuerza, incorporando a su empeño a las ex repúblicas soviéticas. Esta concepción unipolar choca con una realidad: Rusia, aunque debilitada, recompuso su economía después de Yeltsin y sigue poseyendo un considerable arsenal nuclear y un vasto territorio, para no hablar de un manejo político de sus reservas de petróleo y gas natural que obstaculiza el avance estadounidense en los países que alguna vez dependieron de la URSS. La instalación del escudo antimisiles en Europa central persigue obviamente el objetivo de intimidar a Moscú so pretexto de que serviría para detectar y destruir los presuntos misiles de cabeza nuclear que Irán no tiene.
La cuestión no se presenta fácil para el gobierno de Bush. La instalación del radar en la República Checa debe ser aprobada por un Parlamento dividido en partes iguales entre el oficialismo y la oposición. Lubimir Zaoralek, futuro ministro de Relaciones Exteriores si el partido socialdemócrata llegara a ganar las próximas elecciones, señaló que Washington tiene una “percepción falsa” del peligro que Irán significa para Praga y el 70 por ciento de los checos se manifiesta contra ese plan (The Financial Times, 22-1-08). “Este proyecto no es polaco, es estadounidense. No nos sentimos amenazados por Irán”, declaró a su vez Radek Sikorski, ministro de Relaciones Exteriores de Polonia, país donde el rechazo de la sociedad civil alcanza el 55 por ciento (The Guardian, 11-1-08). Y luego planea sobre estos gobiernos una incertidumbre: quieren seguridades de que el proyecto seguirá adelante si los demócratas ganan las elecciones de noviembre en EE.UU.
La “Iniciativa Bases No” (IBN) gana consenso entre los checos. “La realización del plan de EE.UU. no ampliará la seguridad, por el contrario: traerá nuevos peligros e inseguridades. Aunque se lo califica de ‘defensivo’, en realidad permitirá que EE.UU. ataque a otros países sin temor a represalias”, se lee en la Declaración de Praga 2007 que emitió la IBN (www.abolition2000@europe.org). En noviembre pasado organizó densas manifestaciones contra el escudo antimisiles en Praga y Brno, y se preparan otras frente a las embajadas checas en varias ciudades europeas. Este movimiento por la paz es más débil en Polonia, pero Varsovia no ha logrado aún que Washington concrete el ofrecimiento de fortalecerle la defensa antiaérea. Al término de la reunión del 1º de febrero de este año entre Condoleezza Rice y Sikorski, el portavoz del ministro polaco señaló que “definitivamente no hay acuerdo” en el tema (The Washington Post, 2-2-08). “En última instancia habrá que venderle (el proyecto) a la gente”, remachó. Como solía decir H. L. Mencken, siempre hay una solución para todo problema humano: elegante, plausible y equivocada.
La OTAN, por su parte, no se queda atrás del Pentágono: patrocinó la redacción de un informe titulado “Hacia una estrategia central para un mundo incierto: renovar la asociación transatlántica” (www.csis.org). Los ex jefes de Estado Mayor general John Shalikashvili (EE.UU.), general Klaus Naumann (Alemania), mariscal de campo Lord Inge (Reino Unido), almirante Jacques Lanxade (Francia) y Henk van den Breemen (Países Bajos), elaboraron dicho informe en el que se propone el empleo preventivo de armas nucleares como “instrumento final de una respuesta asimétrica” al terrorismo (www.noaber.com, diciembre de 2007). Si se toma en cuenta que el Pentágono ha preparado planes similares sin descartar su aplicación a Rusia y China, no es muy alentador para la humanidad lo que en el horizonte asoma.
Los autores del informe para la OTAN justifican de manera muy curiosa el lanzamiento anticipado de bombas nucleares: consideran que “la guerra nuclear podría muy pronto ser un hecho posible en un mundo cada vez más brutal”. Cabe preguntarse si piensan arrojarlas sobre la Casa Blanca.
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Balcanizar los Balcanes, de Juan Gelman en Página 12 (24-02-2008)
Parecía imposible recortar aún más a la mermada ex Yugoslavia, pero no: con el reconocimiento inmediato de EE.UU. y de la mayoría de la Unión Europea, la llamada independencia de Kosovo es cosa hecha. Poco importa que este acto viole el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y resoluciones de su Consejo de Seguridad. Lo decisivo es que así lo quisieron los “halcones-gallina” de Washington con el sostén de una porción bien armada de la OTAN y el mirar hacia otro lado de la ONU. Las consecuencias son inimaginales y se recuerda la profética frase que Otto von Bismarck acuñara a fines del siglo XIX: “Cuando estalle la Gran Guerra, será por alguna maldita cosa en los Balcanes”. Así fue.
España y otros países europeos rechazaron la autoproclamación. También Rusia, China, Indonesia y otros países con movimientos separatistas que el ejemplo podría alentar. Hasta Turquía se quejó: si la secesión de Kosovo es bienvenida, ¿por qué no se apoya la de la zona turca de la isla de Chipre? Pero Rusia teme además que el asunto tenga alcances más vastos: el débil Kosovo independiente se supeditará por completo a las políticas de EE.UU., que tendría la intención de establecer allí otro segmento del escudo antimisiles a fin de reforzar los de Polonia y la República Checa. El Kremlin está convencido de que se trata de un cerco peligroso para la seguridad de Rusia. ¿No lo sería también, en algún momento, para la seguridad de Europa Occidental? El centro europeo permite vigilar a la derecha y a la izquierda.
EE.UU. empezó el trabajo kosovar hace años ya. Belgrado combatía contra el brazo armado de los separatistas serbo-albaneses, el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), una criatura de la CIA, como Osama bin Laden. Esto fue reconocido por la propia agencia de espionaje, que le proporcionó entrenamiento, armas y dinero, especialmente en 1998 y 1999, poco antes de que EE.UU. y la OTAN bombardearan la ex Yugoslavia durante 11 semanas. El Departamento de Estado calificó oficialmente al ELK de “movimiento insurgente”, aunque sus altos funcionarios decían off the record que eran terroristas. Sí. Milosevic no fue ninguna rosa cándida, pero la minoría serbia de Kosovar no olvidará el 17 de marzo de 2004: el ELK atacó, mató una veintena de civiles, quemó todas las iglesias ortodoxas y dejó en la calle a 60.000 serbo-kosovares. Ante la indiferencia de las fuerzas de paz de la ONU estacionadas en Pristina, la capital, y en la provincia.
W. Bush felicitó cálidamente al primer ministro de la nueva república kosovar, Hashim Thaci, líder del ELK convertido en Partido Democrático de Kosovo (PDK), aunque sus referencias no son precisamente halagüeñas. “El PDK, dirigido por Hashim Thaci, tomó el control de muchas municipalidades después de la guerra. El partido tiene vínculos estrechos con el crimen organizado en la provincia” (The Observer, 29-10-00). “El ELK está relacionado con todos los carteles de la droga conocidos del Medio y Lejano Oriente. Interpol, Europol, y casi todas los organismos de seguridad y de combate al narcotráfico de Europa poseen expedientes de los sindicatos de la droga que conducen directamente al ELK”, subrayó Michael Levine, ex funcionario de la DEA. Se estima que Hashim Thaci, además, controla del 10 al 15 por ciento de variadas actividades delictivas en Kosovo: contrabando de armas y cigarrillos, robo de coches, prostitución y otras menudencias.
Muchos periódicos del mundo reprodujeron en estos días una fotografía célebre tomada en 1999: muestra al jefe terrorista, Hashim Thaci, al observador de la ONU en Kosovo y hoy ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Bernard Koucher, a Sir Mike Jackson, entonces comandante de las tropas de ocupación de la OTAN en Kosovo, a Agim Ceku, jefe militar albano-kosovar acusado de crímenes de guerra por los militares canadienses, y al general Wesley Clark, en aquel momento comandante supremo de la OTAN, uniendo sus manos en una montañita juramentándose para lograr la independencia de Kosovo. Las actividades de Hashim Thaci eran ya bien conocidas.
El muy francés Observatorio Geopolítico de Drogas informó que el ELK ayudaba a introducir en Europa Occidental heroína y cocaína por valor de 2000 millones de dólares cada año. Los agentes alemanes que combaten a los narcotraficantes afirmaron que los de Kosovo “lavan anualmente 1500 millones de dólares por intermedio de 200 bancos privados o agencias de cambio” (The Washington Times, 4-5-99). Son los aliados de W. Bush en la presunta tarea de expandir la democracia y la libertad en el mundo. De paso, anuncia que vetará cualquier proyecto de ley que impida a las fuerzas de seguridad estadounidenses aplicar la tortura. Por qué no.
De los malos pensamientos, de Juan Gelman en Página 12
El estrépito de las elecciones internas de republicanos y demócratas tapa algunas cositas: por ejemplo, los golpes que ambos partidos, juntos, asestan a las libertades democráticas estadounidenses desde el ámbito legislativo. Por 404 votos a favor, 6 en contra y 22 abstenciones, la Cámara de Representantes aprobó en el 2007 el proyecto de la ley de prevención de la radicalización violenta y del terrorismo local, ahora a examen del Senado. Las definiciones del texto producen cierto sobresalto. Véanse algunas asentadas en el párrafo A del artículo 899 (www.gov track.us/congress, 24-10-07).
“Radicalización violenta: el término ‘radicalización violenta’ se aplica al proceso de adoptar o promover un sistema de creencias extremista con el propósito de facilitar la violencia basada ideológicamente a fin de fomentar un cambio político, religioso o social.” Otra: “Terrorismo local: el término ‘terrorismo local’ se aplica al uso, el uso planeado o la amenaza del uso de la fuerza o la violencia por un grupo o un individuo nacido, formado o que opera principalmente dentro de Estados Unidos o de cualquier posesión del gobierno de Estados Unidos, la población civil de Estados Unidos o cualquiera de sus segmentos, con el objeto de alcanzar objetivos políticos o sociales”. Una más: “Violencia basada ideológicamente: el término ‘violencia basada ideológicamente’ se aplica al uso, el uso planeado o la amenaza del uso de la fuerza o la violencia por un grupo o un individuo a fin de promover las creencias políticas, religiosas o sociales del grupo o del individuo”. Casi nada.
Se supone que la ley está destinada a combatir el terrorismo interno, pero los únicos grupos que practican esa clase de violencia son fundamentalistas de derecha. Y no parece que éstos sean el objetivo. Sucede, entonces, que cualquier ciudadano norteamericano puede en cualquier momento ser sospechado de terrorista y acusado y procesado por su “mala” manera de pensar. La redacción del documento es vaga, imprecisa y su alcance, muy abarcador. No es casual: semejante ambigüedad permite multiplicar el miedo en procura de una obediencia incondicional a los dictados del gobierno. Finalmente, serán sus organismos policiales, de seguridad y de Inteligencia los encargados de aplicar la ley a voluntad. Si esto no es un rostro de los regímenes totalitarios que el mundo padeció y padece, el sol sale de noche.
En efecto: ¿qué será de la libertad de reunión, manifestación y petición, actividades que podrían calificarse de “uso planeado o amenaza del uso de la fuerza o la violencia… con el objeto de alcanzar objetivos políticos o sociales”? También peligra la libertad de prensa. En el párrafo B del artículo 899 se subraya: “El Internet ha contribuido a facilitar la radicalización violenta, la violencia basada ideológicamente y el proceso de terrorismo local en Estados Unidos al proporcionar a sus ciudadanos el acceso a los flujos nutridos y constantes de propaganda relacionada con el terrorismo”. Esto casa perfectamente con un plan del Pentágono elaborado en el 2003 y filtrado al público en el 2006: se titula “Hoja de ruta de operativos atinentes de información” y, entre otras cosas, propone “la degradación sutil de la red (de Internet) en vez de su destrucción” (www.information retrieval.info, 13-2-06). El mejoramiento de los operativos militares en este campo incluye “una serie de ofensivas vigorosas que comprendan la gama completa de los medios electrónicos y los ataques contra la red informática”. Tal cual.
En virtud del párrafo D del proyecto de ley de prevención de la radicalización violenta, etc., se crea un Centro de Excelencia que encarará el tema y determinará los procedimientos para combatir y castigar esos “delitos”. Pero el fragmento tal vez más ridículo del texto es el párrafo F del artículo 899, por el cual se encarga al Departamento de Seguridad Interior que vele por la aplicación de la ley “sin violar los derechos constitucionales, los derechos civiles y las libertades civiles de los ciudadanos de Estados Unidos y de los residentes permanentes legales”. Una tarea espinosa, tomando en cuenta que esa legislación permite al gobierno definir a gusto en qué consisten los delitos que ha de penalizar, incluida la mala costumbre de no pensar como la Casa Blanca.
Este proyecto cierra el círculo de hierro contra las libertades democráticas del pueblo estadounidense que comenzaron a forjar la Ley Patriótica y la Ley de Seguridad Interior, entre otras. “Si esta ley abominable se promulga, corren peligro todos los ciudadanos (de EE.UU.) y no sólo esos pocos individuos y extranjeros de los que habla el gobierno, sino todos nosotros”, señaló Gary D. Barnett, presidente de Barnett Financial Services, Inc., de Montana (www.fff.org, 1-2-08). Sí.
Fundamentalismos, de Juan Gelman en Página 12
Los hay de variado tipo y el multimillonario George Soros acaba de identificar uno: el fundamentalismo del mercado, al que atribuye la grave crisis financiera que sacude a las bolsas de valores del mundo entero. Se originó en EE.UU., la superpotencia que en el 2008 ya no será el país más rico del mundo: su PBI per cápita será inferior al de la Unión Europea por primera vez desde el siglo XIX (CIA, “World Factbbok”, www.cia.gov/li brary, 17-1-08) y al de Gran Bretaña en particular por primera vez en 94 años (Oxford Economics, www.oef.com, 7-1-08). Las políticas de la Casa Blanca han logrado que los fantasmas de los suicidados por la Gran Depresión del ’30 vuelvan a pasear por Wall Street.
Hace más de 60 años que los gobiernos estadounidenses aplican lo que Chalmers Johnson, profesor emérito de la Universidad de California, califica de “keynesianismo militar” (“Nemesis: The Last Days of the American Republic”, Metropolitan Books, Nueva York, 2007). Consiste en la falacia de que las políticas públicas basadas en las guerras frecuentes, los gastos enormes en armas y municiones que aquéllas exigen y el mantenimiento de fuerzas armadas numerosas pueden sostener indefinidamente la salud de una economía capitalista. El gobierno Truman estableció oficialmente esta doctrina en 1950, durante la Guerra Fría, y ocurre exactamente lo contrario.
El valor del armamento, de los equipos y de las fábricas que producen para el Pentágono ascendía al 83 por ciento de todo el parque industrial estadounidense en la década de los ’90. Esa proporción es hoy seguramente mayor y, además, la fuente de esos intereses creados, económicos y políticos, que el general Eisenhower definió como el complejo militar–industrial. Los presupuestos militares sumados de 1947 a 1990 alcanzaron la friolera de 8,7 billones de dólares, es decir, 8,7 millones de millones de dólares. “La mayoría de los modelos económicos muestra que el gasto militar desvía fondos que podrían destinarse a fines productivos y a la inversión, y su efecto último es frenar el crecimiento económico y aumentar el desempleo” (Center for Economic and Policy Research, Washington, D.C., www.cepr.net, 1-5-07).
Y ahora EE.UU. ocupa el primer puesto en rubros varios.
Desde luego, en lo que hace al presupuesto militar: el del año fiscal 2008 ascenderá a más de un billón de dólares y será con creces el doble de la cifra correspondiente a los de las nueve naciones del mundo que más gastan en armamentos. También va primero en deuda pública: el Tesoro de EE.UU. anunció el 7 de noviembre pasado que ésta había roto la barrera de los 9 billones de dólares por primera vez en la historia del país. Aumentó en un 45 por ciento desde que G. W. Bush asumió la presidencia en el 2001 y la deuda externa raya en los 700 billones de dólares. Hace 15 años, EE.UU. no tenía un déficit comercial con China. Hoy es de 200 mil millones de dólares y el acreedor pekinés posee un billón de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, es decir, financia buena parte de las deudas del gobierno de Bush (www.alter net.org, 23-1-08). Qué curiosa situación.
EE.UU. ha perdido la supremacía económica del planeta, es el país que más debe y su influencia se sostiene merced a sus notorias “proezas” bélicas. Mantiene más de 800 bases militares en todo el mundo, invierte sin cesar en la obtención de nuevos armamentos y procura establecer un escudo antimisiles no se sabe contra qué enemigo. Es el keynesianismo militar que, de hecho, incrementa la desocupación y mutila los fondos de los servicios públicos. Habrá más de todo esto: “Washington debe enfrentar el hecho de que casi cinco años de guerra (en Irak y Afganistán) han dejado a las fuerzas armadas de EE.UU. peor de lo que han estado en una generación, sí, desde Vietnam, y recomponerlas exigirá un presupuesto sin antecedente”, señala un editorial de la revista Aviation Week & Space Technology (www.aviationweek.com, 21-12-07). El Pentágono ya piensa cómo hacerlo: se propone alistar a 90 mil nuevos efectivos en los próximos cinco años a un costo de casi 11.000 millones de dólares (www.msnbc.com, 11-1-08).
Hay 13 estados norteamericanos al borde de la quiebra: Arizona, California, Carolina del Sur, Florida, Kentucky, Maine, Massachusetts, Minnesota, Nevada, New Jersey, Nueva York y Rhode Island, que acumularán un déficit de 23.000 millones de dólares el año que viene. Otros 11 estados padecerán lo mismo en el 2010 (www.voltaire net.org, 20-12-07). ¿A dónde irá a parar esta estrategia de guerra permanente que alienta al fundamentalismo del mercado, mejor dicho, la libertad de mercado –para pocos– y acelera la crisis económica de EE.UU. y sus repercusiones en el mundo entero? ¿No presagia acaso el fin de los sueños imperiales que G. W. Bush repasa en sus conversaciones con Dios?
No acierta ni una, de Juan Gelman en Página 12
El propósito declarado de la reciente visita de W. Bush a Israel y de su gira por cinco países árabes del Golfo era contribuir a la paz entre palestinos e israelíes. Pero no. El mandatario norteamericano preconizó la necesidad de una alianza EE.UU./Israel/Emiratos Arabes Unidos/ Kuwait/Egipto/Arabia Saudita/Bahrein contra “el peligro iraní”. Hizo algo más que discursos: prometió entregarles armamentos por valor de 20.000 millones de dólares y el mensaje es claro. No es nuevo. Lo notable es cómo W. varía la escala de argucias para atacar a Teherán, que cambia de mayor a menor.
Primero fue el peligro del programa iraní de desarrollo de bombas nucleares, un latiguillo que no se cansó de repetir. Y hete aquí que, en diciembre pasado, la Estimación de Inteligencia Nacional (NIE, por sus siglas en inglés) acordada por los 16 servicios de espionaje norteamericanos estableció que eso no existe. Dice el NIE: “Estimamos con un alto grado de certidumbre que Teherán interrumpió su programa de armamento nuclear en otoño de 2003… Estimamos con un alto grado de certidumbre que la interrupción de los trabajos mencionados dura al menos varios años… Estimamos con un nivel de certidumbre moderado que a mediados de 2007 Teherán no había relanzado su programa de armamento nuclear… Estimamos asimismo, con un grado de certidumbre de mediano a alto, que Irán no posee actualmente armas nucleares” (www.odni.gov, 17-12-07). La razón de esta bofetada que la CIA y Cía. propinaron a Bush es materia debatible. Algunos opinan que sería la manifestación de una puja entre “halcones-gallina” que quieren fugarse hacia adelante y los llamados conservadores realistas –incluyendo a ciertos mandos militares– que están hartos del pantano iraquí. Sea lo que fuere, W. se vio obligado a cambiar de canal.
Esgrimió entonces al incidente naval en el estrecho de Ormuz: cinco lanchas patrulleras iraníes se acercaron a un destructor, un crucero y una fragata de la 5ª Flota estadounidense que patrulla las aguas del golfo. Bush calificó el hecho de “grave” y lo evaluó como otra prueba de las intenciones terroristas de Irán. En el video que preparó el Pentágono se observan las maniobras iraníes y en cierto momento se escucha una voz que amenaza en mal inglés: “Voy por ustedes…, van a explotar… en pocos minutos” (AP, 8-1-08). La voz está sola: ningún ruido de oleaje o de máquinas la acompaña, como es habitual en las transmisiones navales. Un pequeño detalle, no más.
“Funcionarios navales y del Pentágono dijeron que el video y el audio se grabaron por separado y luego se mezclaron”, informó New York Times (10-1-08). “La lista de quienes menos confían en el video/audio del Pentágono sobre maniobras agresivas de lanchas iraníes que se aproximaron a buques norteamericanos en el estrecho de Ormuz incluye al propio Pentágono. Funcionarios del Pentágono que guardaron el anonimato señalaron que la voz amenazadora del video fue grabada separadamente de las imágenes y mezclada con ellas a posteriori…” (www.theledeblogs.nytimes.com, 14-1-08). Se desvanecía la posibilidad de volver a montar el escenario del Golfo de Tonkin, cuando en 1964 tres lanchas torpederas nordvietnamitas supuestamente atacaron al “USS Madox”. Fue el pretexto que la Casa Blanca amañó para intervenir militarmente en Vietnam contra Ho Chi Ming. Se conoce el final.
La cuestión es delicada: Irán y los Emiratos Arabes Unidos reclaman para sí la mitad de las aguas de Ormuz y la franja de aguas internacionales es angosta allí. Por el estrecho pasan los buques-tanque de Irak, Irán y los países árabes del Golfo para abastecer de petróleo a EE.UU. y a buena parte del Occidente desarrollado. Si la Casa Blanca inventa otro Tonkin en Ormuz, el resultado sería catastrófico. Para no hablar de la enorme pérdida de vidas humanas: el precio del oro negro podría llegar a 200 dólares por barril, se desataría una inflación galopante, el sistema financiero internacional conocería su desastre y volverían al siglo XXI los tiempos de la gran depresión del ‘30. Pero la respuesta de W. al informe NIE fue tajante: “Irán fue un peligro, es un peligro y será siempre un peligro”. No hay ciego peor que el que no quiere saber.
Durante su gira, W. cambió nuevamente de canal: acusó a Irán de apoyar a la insurgencia iraquí, a los terroristas de Al Qaida y a Hamas. Lo primero es improbable: son chiítas los gobiernos de Irán y de Irak y han concertado acuerdos de seguridad mutua. Teherán no olvida que el sunnita Saddam Hussein le impuso una larga guerra. En cuanto a Al Qaida, su nido es Pakistán, no Irán. Y Bush “se equivoca” cuando habla del terrorismo de Hamas, un movimiento armado y, por lo visto, popular: ganó las elecciones en los territorios palestinos ocupados. Es más que posible que Teherán lo alimente por su tozuda negación de la existencia del Estado de Israel. Harina de otro costal.
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De la lobotomía moral, de Juan Gelman en Página 12
No es el mero lavado de cerebros, del que se ocupan cotidianamente gobiernos como el de la Casa Blanca donde asientan sus traseros –única materia pensante que, al parecer, poseen– los fautores de guerras infinitas, o ciertos medios, ciertas audiciones de radio, ciertas cadenas de televisión. Es algo más: es la mutilación de sentimientos morales como el arrepentimiento, la culpa, la memoria del horror, la solidaridad, la compasión, la repugnancia de matar a otros seres humanos y hasta la dignidad del combate. El Pentágono ha tomado medidas para que nada de eso asalte a sus soldados, que considera apenas material desechable. Se lo ha oficializado el Congreso de EE.UU.
La Ley de psicología Kevlar de 2007 faculta a la Secretaría de Defensa “a desarrollar y aplicar un plan de medidas preventivas y de intervención temprana, de prácticas o procedimientos que reduzcan la posibilidad de que el personal en combate padezca desórdenes post traumáticos (PTSD, por sus siglas en inglés) y otras psicopatologías relacionadas con el estrés, incluyendo la utilización de substancias” (www.opencongress.org, 31-7-07). La sustancia es el propanolol y esa preocupación tiene razones: casi el 40 por ciento de los soldados, un tercio de los marines y la mitad de los guardias nacionales que han luchado en Irak sufren graves trastornos mentales, según se asienta en un informe del Grupo de Tareas sobre Salud Mental del Pentágono (www.defense link.mil, 15-6-07). En el informe relativo a los suicidios en las fuerzas armadas estadounidenses después de la invasión y ocupación de Irak se registra que la tasa de efectivos que se dieron muerte por mano propia en el 2006 es la más alta desde 1980 (www.armymedicine.army.mil, 2006). La CBS informó en diciembre que, con base en una investigación que llevó a cabo, más de 6250 veteranos se suicidaron en el 2005, unos 17 cada día. Las bajas en el frente fueron mucho menores. La muerte no cesa de trabajar después de los tiros.
La lógica de la ley Kevlar es sencilla: si los chalecos antibalas protegen el físico de los militares estadounidenses, ¿por qué no emplear drogas para proteger su subjetividad? Desde la Segunda Guerra Mundial, el Pentágono viene desarrollando métodos para modificar los valores éticos que las familias y la escuela inculcaron a los reclutas. El teniente coronel Peter Kilner fue muy claro al respecto: “El entrenamiento militar moderno condiciona a los soldados para que reaccionen ante los estímulos y esto maximiza su capacidad letal, desbordando toda autonomía moral. Se condiciona a los soldados para que actúen sin considerar las repercusiones morales de sus acciones, se los torna capaces de matar sin tomar la decisión consciente de hacerlo. Si no pueden justificar ante sí mismos el acto de matar a otro ser humano, probable y comprensiblemente se sentirán muy culpables y esto se manifestará en un PTSD y dañará la vida de miles de hombres que cumplieron su deber en el frente” (The New Yorker, 5-7-04). El coronel Kilner es profesor de filosofía y ética en West Point. ¿Cómo definirá la ética en sus clases?
La cápsula de propanolol destinada a los efectivos estadounidenses tiene efectos varios. Es como una pastilla del día siguiente, atenúa o apaga la memoria de los horrores vistos y cometidos. Esta técnica de congelación de la sensibilidad y la memoria explica el miedo de las familias que se instala en los hogares cuando los veteranos vuelven y ejercen una violencia indiscriminada. También el número de violaciones dentro de las fuerzas armadas de EE.UU.: ascendieron a 2374 casos en el 2005, un incremento del 40 por ciento respecto del año anterior, y se trata apenas de los casos denunciados. El general K.C. McClain, comandante del grupo de tareas del Pentágono encargado de la prevención y respuesta a las agresiones sexuales en las propias filas, subrayó: “Los estudios indican que sólo se notifica el 5 por ciento de esos hechos” (www.defenselink.mil, 16-3-06). Si así fuere, tales agresiones habrían superado la cifra de 47000 en el año investigado, más de 130 por día. Una friolera, vamos.
Es notorio que el propanolol se emplea con fines terapéuticos, entre otras cosas para aminorar la presión sanguínea y poner coto a las arritmias del corazón. Algunos atletas lo utilizan a manera de dopping con el objeto de mejorar su rendimiento. Para el Pentágono es otra cosa: una garantía de que las tropas perpetren cualquier crimen sin cuestionamiento alguno y puedan seguir cometiéndolos. La ley Kevlar facilita la “cura” de los impulsos suicidas y los trastornos mentales que experimentan los efectivos norteamericanos mutilando su memoria y sentimientos. La lobotomía moral existe.
Apellidarse Fernández, de Juan Gelman en Página 12
O Hernández, o González o Martínez y hablar mal inglés es un grave riesgo en EE.UU.: se corre el peligro de una detención sin más trámite y la expulsión del país por portación de apellido si el que lo lleva es un indocumentado. Las cifras del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) indican que el número de estas detenciones aumentó casi un 30 por ciento en el año fiscal 2007 respecto del año anterior: 27.900 y 19.700 personas, respectivamente. Y hoy no es como antes, cuando al arresto seguía casi inmediatamente la deportación. Ahora procesan a no pocos inmigrantes y pasan períodos imprevisibles detenidos en cárceles de ciudades y condados, incluso privadas –aunque el delito es federal–, conviven con delincuentes comunes y son inopinadamente trasladados de un estado a otro, dificultando así la tarea de los abogados defensores. Cuando hay.
De los 37,9 millones de inmigrantes de EE.UU. indocumentados o no –uno por cada ocho habitantes del país– que el Centro de Estudios de Inmigración registra (EFE, 28-11-07), unos 21 millones son mexicanos y más de la mitad carece del permiso de estadía, según ciertas estimaciones. El Independent Media Institute (IMI) señala que la histeria anti-inmigrante ha llevado a 46 legislaturas estatales a aprobar, apenas en once meses de este año, unas 250 leyes contra los indocumentados (www.alternet.org, 29-12-07). Y más: se presentaron 1560 proyectos de ley con la misma finalidad, el triple de los propuestos en el 2006. Diferentes ciudades y condados adoptaron centenares de medidas de idéntico sentido. El ayuntamiento de Hazleton, Pennsylvania, votó una ordenanza que prohíbe a los propietarios de viviendas rentarlas a extranjeros indocumentados. El ejemplo cundió.
Las autoridades de Lake Avazu, Arizona, cerraron en febrero pasado un acuerdo con la Policía Federal para que sus agentes entrenaran a los policías locales en métodos de interrogatorio y detención de los llamados “ilegales” a fin de deportarlos. Otras ciudades siguieron este modelo. En junio del 2007, el ayuntamiento de Green Bay, Wisconsin, votó una disposición por la que se anula la licencia de dueños de comercios que contratan a indocumentados. En el condado William Country, Virginia, se creó en octubre una unidad policial especialmente dedicada a perseguir indocumentados y se cancelaron prácticamente todos los servicios que se prestaban a inmigrantes. El mismo mes, la policía de Missouri detuvo a los pasajeros indocumentados de una camioneta con el pretexto de que seguía muy de cerca a otro vehículo. Matt Blunt, gobernador del estado, elogió profusamente el operativo y la entrega de las personas arrestadas a las autoridades de migración. Más: se comprometió a “hacer todos los esfuerzos necesarios, adoptar todas las medidas necesarias y dar cada paso necesario para garantizar que se apliquen las leyes contra la inmigración ilegal”. Al parecer, a Matt Blunt le resulta necesario.
El investigador Peter Schrag señala que algunos ayuntamientos que aprobaron medidas similares tuvieron que dar marcha atrás. En Riverside, Nueva Jersey, se derogó la ordenanza anti-inmigrantes que provocó el éxodo de indocumentados –en su mayoría, brasileños– que trabajaban en restaurantes, peluquerías y comercios. Es que algunos tuvieron que cerrar y, como es notorio, la ideología dominante en EE.UU. pasa por el dinero más que por el racismo. No sorprende entonces que las autoridades de ocho estados, entre ellos algunos de los más conservadores de EE.UU. –Georgia, Carolina del Sur, Montana– estén solicitando la derogación o postergación de la Ley federal de identificación genuina de 2005 que, a partir de mayo próximo, impondrá una serie de severos requisitos para obtener la licencia de conductor y otros documentos de identidad estatales. Tampoco esto es producto de un pensamiento liberal: entre otras cosas, se agravará la escasez de conductores con consecuencias para el público, los burócratas y los políticos.
El otorgamiento de licencias de manejo es la más candente de todas las cuestiones relativas a los indocumentados porque constituye de hecho un documento de identidad. Hasta los legisladores más proclives a la legalización de los inmigrantes confiesan que lograrlo es, por ahora, una batalla perdida. La Arquidiócesis de Chicago emitió una declaración en la que subraya que la ley mencionada “abusa del temor de la comunidad con el argumento de que esta acción incrementará la seguridad nacional”. A partir de mayo próximo, los Fernández tratarán de no chocar con otro vehículo: irán presos pues no tienen licencia de conductor ni seguro. Los Hernández enfermos no buscarán tratamiento. Con el bachillerato y 18 años cumplidos, los González no podrán entrar a la universidad ni conseguir un empleo en blanco y muchos Martínez seguirán temiendo los allanamientos nocturnos y las detenciones en la calle. La democracia estadounidense es ciertamente curiosa.
Fin de año, de Juan Gelman en Página 12
Otra pesadilla. Soñó que invadían EE.UU. y que un tanque con iraquíes arriba pasaba frente a su casa. El soldado ametralló su puerta y, de paso, a algunos perros que andaban por ahí. El no moría, pero escuchaba gritos humanos y perrunos que finalmente lo despertaron. Peter Sloter se levantó con el olor agrio de siempre. Se preguntó cómo pude soñar eso. Trató de olvidar. Era 31 de diciembre y lo esperaban varias cosas: cumplir el último día de trabajo del año, comprarse una corbata, soportar la fastidiosa cena de familia con un padre y una madre con vocación de pergamino antiguo. El frío de la calle le recordó el calor de Bagdad.El jefe, lo de siempre. “Vamos, viejo Pete, ya te soltaron, alegría, hoy es fin de año”. Alegría, sí, mucha alegría. ¿Quién le sacaría al almanaque ese 21 de junio en que una bomba casera en la ruta les dio vuelta el tanque que patrullaba el distrito de Adhamiya y causó la muerte de cinco camaradas de la compañía Charlie 1-26? Llevaba más de un año combatiendo en Irak y era la más aguerrida, la más condecorada. Qué idea ésa. Extraer un día del tiempo como si fuera una muela y que dejara de doler. Habían colocado la bomba frente a un vecindario y tan cerca de un puesto policial iraquí que alguno sin duda vio quién la enterraba. Nadie abrió la boca. ¿Y éstos nos iban a recibir con flores?
La comida, como siempre. “El sargento no tiene apetito”, “¿A cuántos mataste?”, “Te habrás violado a más de una”, “¿Es verdad que la tienen horizontal?”. Etc. Un Pete callado se decía que la estupidez humana es larga como la eternidad. Larga como esa guerra estúpida. Cuando se enteraron del desastre, los de la compañía lloraban, se arrodillaban en la arena, pateaban las paredes del sótano del palacio de un hijo de Saddam Hussein donde estaban alojados. Una furia asesina les nubló la mirada. Vamos a ocupar toda la ciudad, decían, vamos a matar a todo el mundo, ¿de qué vale combatir por gente que no nos quiere aquí? Ya no estamos peleando por Irak, decían. ¿Cuándo terminará esta guerra? Esto no tiene sentido.
Eligió una corbata amarilla, con un desgano que ni la linda vendedora disipó. La cena, como siempre. Papá, mamá, qué extraños parecían, serán en realidad mis padres, cuándo te vas a casar, hijo, ya estás grande, gracias a Dios que volviste con vida, no nos hables de allá, es terrible, debiste pasarla muy mal. Por la mente de Pete jamás había cruzado ni la sombra del deseo de tocar el tema con ellos. Civiles iraquíes muertos en las calles cuando la Compañía Charlie entró en Adhamiya, muchos con los brazos rotos, un chico con 10 o 15 disparos en el cuerpo, sangre por todos lados. ¿Ni siquiera una muchacha que te guste? Recordó una, vista al pasar en Bagdad, sentada contra un coche con la cabeza erguida, fue bella y la muerte no había tocado su rostro.
No encontró un taxi cuando salió de la casa paterna. Caminó. Dijimos no cuando al día siguiente del desastre nos ordenaron patrullar la misma zona. Eran las 2 de la mañana y fumábamos, sentados en ronda, luego de intentar, sin suerte alguna, echar al menos un sueñito. Uno dijo estoy harto, voy a incendiar todo, yo me quedo. Los demás, igual. Estábamos furiosos y con ganas de hacer una matanza que podría llevarnos a la cárcel, aunque en realidad pocas veces castigan eso. Pero la desobediencia, sí. Lo llamaron un motín y esperábamos lo peor. También nos negamos a ver al comandante. Pete cruzó la calle esquivando una camioneta negra que se le echaba encima. Envió saludos un tanto ásperos a la madre del conductor.
Sí que entiendo a David Rice, lo condecoraron tres veces y se pegó un tiro cuando regresó a casa, qué pecado ni pecado, no era un cobarde, no quiso qué, tenía mujer, hijos. Pete chocó contra un trío de borrachos que gritaban feliz Año Nuevo, uno intentó robarle la cartera, torpe, torpe, y ese sargento primero de la compañía Alpha, cómo se llamaba, Jeffrey McKinney, fue con sus hombres a Adhamiya después, allí dijo “no aguanto más”, tiró una ráfaga contra una pared, se llevó la M4 a la garganta y se voló la cabeza, no aguantaba más, no aguanto más, sáquenme estos recuerdos como si fueran una muela.
Pete entró a un bar milagrosamente abierto, hombres solos ahí, había leído en una revista de medicina que el 14 por ciento de los soldados y el 28 por ciento de los marines volvían de Irak con trastornos mentales, psicosis de guerra, ansiedad, depresión, pesadillas cada noche, se volvieron drogadictos, seguro que son muchos más, mataron niños, mujeres, viejos, los matamos por las dudas, no eran combatientes, una epidemia de locura, eso, una epidemia. Y vos, Pete, ¿qué harás?
La realidad que motivó esta narración puede verse en www.militarytimes.com/forum/forumdisplay.php?f=178 (21-12-07).
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Un club de millonarios, de Juan Gelman en Página 12
Un senador estadounidense gana 165.200 dólares anuales por ocupar la banca y está obligado a declarar su patrimonio. Pero cerca de la mitad de los 100 miembros del Senado está constituida por potentados que, en promedio, poseen 8,9 millones de dólares en bienes muebles, inmuebles, acciones, bonos, inversiones y otras menudencias. En cambio, sólo el 1 por ciento de los norteamericanos cuenta con un millón o más (Forbes, 20-11-06). Claro que algunos son más iguales que otros y a la cabeza figura el demócrata John Kerry, ex candidato a presidente, con una fortuna estimada en 750 millones de verdes, según el diario Roll Call, que cubre las noticias del Capitolio desde 1955 (www.rollcall.com, 10-9-07). Le sigue el senador también demócrata Herb Kohl, pero lejos, con apenas 243 millones. Kerry inició su ininterrumpida carrera senatorial en 1984 y Kohl en 1988. Hay que darle tiempo al tiempo.El investigador Donald Ritchie afirma que así ha sido la historia del Senado desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando hombres de negocios como George Hearst, padre de William Randolph, se convirtieron en miembros de esa rama del Congreso. El escándalo de su riqueza provocó que en 1913 se estableciera la elección directa de los senadores, que antes eran designados por las legislaturas estatales. Tampoco faltan representantes acaudalados en la Cámara baja: el Center for Responsive Politics de Washington compiló informaciones que atribuyen al republicano Darrell Issa la friolera de 677 millones de dólares. Issa es un magnate de la industria electrónica que de joven fue acusado de alzarse con un par de coches y de haber fabricado el robo de su propio Mercedes Benz. Es conocido en el rubro por la invención de la alarma Viper contra el robo de autos. No le faltaría experiencia en la materia.
Es éste apenas un aspecto de un fenómeno general. Los estadounidenses más ricos han batido un record: su participación en el ingreso nacional es la más alta desde comienzos de la década de 1920 (The Wall Street Journal, 12-10-07). Según datos del Internal Revenue Service (IRS, por sus siglas en inglés), en 2005 el 1 por ciento acumuló el 21,2 por ciento del ingreso total –un aumento del 2,2 respecto del año anterior–, mientras el 50 por ciento de abajo sólo accedió al 12,8 por ciento, un descenso del 0,6 por ciento. Para Jason Furman, investigador de la Brookings Institution, esta desigualdad se ha acentuado en los últimos 30 años. Steven Kaplan y Joshua Rauh, de la Universidad de Chicago, estiman que es difícil soslayar la noción de que ello se debe en parte “a una cuestión financiera e industrial (manejada) por Wall Street”. W. Bush no se intranquiliza: subraya que “nuestra sociedad ha tenido una desigualdad de ingresos durante mucho tiempo”. Costumbres son costumbres.
EE.UU. es probablemente el único país del mundo cuyo banco central es privado y no es posible comprender la crisis financiera actual y el aumento del abismo que separa a los ricos de los pobres sin tomarlo en cuenta. Un consorcio de 12 grandes bancos estadounidenses constituye el sistema de la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés), imprimen dólares y su cliente principal es el gobierno. Se caracteriza por manipular el sistema monetario y la crisis financiera más reciente, motivada por el pésimo manejo del crédito en el marco de un déficit presupuestario brutal, tuvo repercusiones mundiales. La FED ha emitido una cantidad de billetes que supera ampliamente las reservas de oro del país, nada pequeñas gracias a sus imposiciones de posguerra a las exportaciones a una Europa exhausta. En 1971, Richard Nixon canceló la relación oro/dólar y desde entonces el billete no está cubierto por el metal amarillo ni garantizado por el Estado.
El funcionamiento de la FED parece fábula de una mente afiebrada: presta al gobierno los dólares que imprime a bajo costo contra obligaciones en títulos y los bancos perciben los intereses anuales que éstos devengan. No está mal, tratándose de papeles de color llamados dólares. La Justicia estadounidense ha rechazado sistemáticamente las acciones civiles destinadas a anular la ley que creó la FED en 1913. John F. Kennedy intentó modificarla con un decreto presidencial, la orden ejecutiva 11110. Poco después fue asesinado. Curiosamente, el primer acto de gobierno de su sucesor, Lyndon Johnson, fue anular la orden en el avión que lo trasladaba a Washington desde Dallas, el lugar del magnicidio. Simple casualidad, desde luego.
Los bancos privados de la FED procuran por todos los medios mantener el ingente ingreso que el sistema les proporciona y los Estados que, como Irán, desean basar en el euro sus intercambios comerciales internacionales son rápidamente tachados de terroristas. Los bancos centrales del mundo se ven obligados a tener reservas monetarias en dólares y los países exportan sus productos a EE.UU. contra papeles sin resguardo en oro que sólo cuestan el proceso de imprimirlos. El dólar es otro instrumento de dominación de EE.UU. Parafraseando un antiguo proverbio chino, cuando el dólar habla, la verdad calla.
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