Reggio’s Weblog

En Madrid ha estallado la guerra del halago a Zapatero, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Política by reggio on Mayo 12th, 2008

Ha estallado la guerra del halago al Jefe. El peloteo, la adulación, la lisonja, la elevación de lo trivial a la condición de categoría moral o estética. El lametazo al poder. Casi un deporte de elite, una forma de ser ante la vida, una weltanschauung, una cosmovisión construida con material del derribo de la renuncia de tanto petimetre a vestirse por los pies y caminar con la cabeza alta -el paso erguido del hombre, que decía Bloch-. El halago al líder es vicio viejo que ya denunciaron los sabios de la Grecia clásica, y que en estos tiempos vacuos que vivimos ha cobrado nuevos bríos. Verdaderos maestros de ese arte viejo perennemente reverdecido hay ahora mismo en la Argentina de los Kirchner, la Venezuela de Chavez, y la Rusia de Putin, nuevo Zar de Todas las Rusias. Como es fácil colegir, un producto excelso de dictaduras o de democracias a medio cocinar.

Ayer, El País y El Mundo rivalizaban en incensar a Zapatero y su elenco familiar más próximo, tratando de elevar a los altares la sacralización de la nada. El envite se decantó claramente a favor de El Mundo, que en materia de dar coba y hacer coro Pedrojota es maestro, talento sin parangón posible. Rizando el rizo del intento de fumigarse a Rajoy ad maiorem gloriam suam –dicen en Génova que todo tiene su origen en la negativa del gallego a “dejarse mangonear por nadie”-, el periódico le endiñaba una nueva patada en la espinilla con el recurso, divertido de puro oportunista, de un reportaje sobre la vida “íntima” de ZP, a quien el diario, en un forzado triple salto, enfrenta de nuevo a Rajoy con frase culta incluida, maestro Ciruela, nada menos que de Aristóteles: “Rajoy no entiende que el comienzo es más de la mitad de todo…”

El Mundo remata la faena asegurando que “este es el torpedo en la línea de flotación del buque popular que el jefe del Ejecutivo lanza a su adversario”. Para partirse. Y para constatar lo mal que anda la información en España, lo sometida a compromisos, lo atada que lleva las manos de la libertad a la espalda del poder. El “Zapatero íntimo” incluía visita al bar El Infierno de León, queso gallego, pulpo a feira y morcilla cruda, nouvelle cuisine… Y todo esto, ¿para qué? Pues a recordar al distinguido público que aquí está él, rey del oportunismo, al socaire de todas las ideologías, en la mitad ese centro que permite por igual manipular a derecha e izquierda. De eso de trata. De marcar la agenda de PSOE y de PP. Si se dejan, claro está. De operaciones de poder personal. “Como hay más dolor que placer en la tierra” escribió Schopenhauer “cualquier satisfacción no es sino transitoria, y crea nuevos deseos y nuevas desesperaciones, y la agonía del animal devorado es mayor que el placer del que lo devora”. Nada que ver con el periodismo entendido a la anglosajona manera.

El reportaje “íntimo” de Zapatero nos permite conocer algunas cosas preocupantes del sujeto, rasgos de una sicología de asustar, como cuando, ante su madre moribunda, confiesa haberle preguntado: “Mamá, ¿tu crees que voy a ser Presidente del Gobierno?”, y ella le contestó: “Sí, lo vas a ser”. Hace falta tener un cuajo muy especial para, en tales circunstancias, preocuparte por asuntos terrenales tales como si vas a ser presidente de Gobierno o te va a tocar el Gordo de Navidad. De nuevo una anécdota que vale más que mil palabras. El cuento también nos permite conocer, aunque ya lo sabíamos, lo contento que está el Monarca con Zapatero en Moncloa. Más que unas castañuelas.

También El País dedicaba este domingo al presidente su ración de jabón, presentando en sociedad al primo “fontanero” del presidente, José Miguel Vidal Zapatero, que ya se sabe que desde los tiempos de los hermanos Guerra, con los socialistas la política es siempre cosa de dos, va por parejas. He ahí un hombre a seguir de cerca, llamado a tener mucho poder, demasiado, sin necesidad de haber ganado unas elecciones. Ojo, no obstante, con El País, porque las relaciones entre el Grupo y el Gobierno Zapatero prometen darnos días de divertimento. Está por ver cómo bandea Prisa el problema que Telefónica -¿con el visto bueno de Moncloa?- le ha puesto sobre la mesa acudiendo a la OPA de Sogecable, una sociedad endeudada hasta las cejas; y está por ver qué respuesta va a dar ZP a las presiones de los Polancos intentando retrasar el apagón analógico. Zapatero ya ha elegido sus amigos mediáticos, pero da la impresión de que aun no se ha enterado de lo que vale el peine de tener al grupo Prisa en frente.

Con todo, lo mejor de la prensa de ayer fue la confesión (El País) de Beatriz Corredor, madrileña, 39 años, nueva ministra de Vivienda, quien, con candor digno de elogio, revelaba sus miedos de primeriza al verse en el Consejo de Ministros: “¿Pero qué pinto yo aquí?”. Una anécdota que, de nuevo, define la calidad de este Gobierno mejor que un grueso tratado. El día, sin embargo, no estaba para tomárselo a broma desde el punto de vista de la gran política. Al margen del drama interno que vive el PP, acosado por la jauría de quienes pretenden desgarrarlo para manipularlo a conveniencia, este fin de semana la España constitucional le ha visto la cara a dos de sus fantasmas, problemas de alto calado con lo que el Gobierno Zapatero tendrá que lidiar, si es que, de entrada, no decide entregar las llaves de la fortaleza constitucional sin lucha.

Por un lado Ibarretxe, que ha ganado la batalla interna que en el seno del PNV le enfrentaba a Iñigo Urkullu. El lehendakari, y el ala abiertamente independentista que le apoya, ha impuesto su criterio, de forma que el sector más moderado o pragmático que encabeza el propio Urkullu ha dado su brazo a torcer. Ibarretxe arrastra al PNV a ese anunciado referéndum -consulta soberanista, lo llaman con mimo- que planteará ante el parlamento vasco el próximo junio. ¿Qué piensa hacer Zapatero al respecto? Por si el arroz del País Vasco no fuera suficiente para tan poco pollo, el presidente de la Generalitat daba el sábado un puñetazo sobre la mesa, planteando las exigencias del nacionalismo catalán y reclamando una financiación más justa para Cataluña en una España “federal”.

Montilla proclama, reclama y, finalmente, amaga con la amenaza: “la España democrática, plural y federal debe ser la solución para todos sus pueblos. Si España deja de interesar y convenir a todos, no será de todos (…) el riesgo es grande, porque podría acarrear el desafecto con la política española”. En otras palabras, si no nos dan lo que pedimos, rompemos la baraja. Y bien, ¿qué piensa hacer Zapatero al respecto? ¿Cómo piensa lidiar con semejantes morlacos? Para empezar, ¿nos podría aclarar si España es ya ese Estado Federal que proclama Montilla? Simplemente para saber a qué atenernos. Comprenderán que, dada la importancia del envite que plantean los nacionalismos catalán y vasco, lo mejor que podemos hacer en Madrid es dedicarnos al halago a Rodríguez Zapatero.

Tagged with:

Zapatero amaga de nuevo con el tocomocho de una ‘reformita’ constitucional, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Derechos, Política by reggio on Mayo 6th, 2008

El pasado sábado, el presidente del Gobierno, a través de uno de sus periodistas de cámara, habitual relator de las exclusivas de Moncloa en el diario gubernamental (una condición, cierto, disputadísima en los últimos tiempos), nos anunciaba su intención de “ofrecer a Rajoy una reforma reducida de la Constitución”. Palabras mayores, sin duda. Fraude de proporciones mayúsculas, por lo que luego se dirá. Timo del tocomocho para aquellos cientos de miles de españoles, quizá millones, conscientes de que una reforma en profundidad de la Constitución de 1987, en línea con esa regeneración democrática tantas veces reclamada como desairada por la clase política, es la única medicina, la única cirugía, si se quiere, capaz de recuperar a nuestra feble democracia de sus achaques.

Es evidente que esa reforma constitucional en profundidad, no la que pastorea Zapatero, debería convertirse en eje o columna vertebral de la actual legislatura y, si me apuran, de las dos próximas, puesto que el proyecto debería concluir con un referéndum y nueva convocatoria electoral. El presidente del Gobierno del PSOE, en cambio, nos ofrece una “reformita” –acabar con la prevalencia del varón sobre la hembra en la línea de sucesión a la Corona, y convertir el Senado en una cámara de representación territorial- que está en las antípodas de las preocupaciones de los españoles, no digamos ya de los españoles demócratas, y que en realidad está destinada, dicho sea en corto y por derecho, a asegurar la supervivencia del tinglado, llámenle ‘Sistema’ si quieren, surgido a la muerte de Franco y edificado en torno a los intereses del Partido Socialista, la derecha política salida del franquismo, los dos grandes partidos nacionalistas, y el capital financiero surgido al calor del desarrollismo franquista, con el Rey Juan Carlos como guinda coronando el gran pastel del inmovilismo que nos gobierna.

Por desgracia para Zapatero, el fallecimiento de Leopoldo Calvo Sotelo –tremendo espectáculo de impudicia el de esa misma clase política, dispuesta a echarse flores a golpe de botafumeiro con la disculpa del deceso- le ha privado, al menos de momento, de recibir el ansiado feed back del resto de fuerzas políticas y sociales, como sin duda buscaba la filtración a El País. Las verdaderas razones –si es que tiene alguna sólida- por las que ZP se embarca de nuevo en una oferta de reforma de la Constitución son un misterio. Recuérdese que ya en 2004 planteó esa posibilidad, para lo cual encargó un dictamen al Consejo de Estado. Recuérdese también que el citado Consejo, plagado de gente con sapiencia y sentido común bastante, se descolgó con un trabajo muy serio que causó grave escozor en la entrepierna del de Moncloa, porque iba en dirección contraria a los secretos intereses de su impulsor, razón por la cual la idea fue archivada.

Hasta cierto punto o, si se quiere, en falso, porque el señor Zapatero, al frente del Gobierno más minoritario de la democracia y necesitado de los votos del nacionalismo radical experto en el tironeo de España, siguió adelante con sus designios de reforma constitucional por la puerta de atrás y por la vía de los hechos consumados, es decir, vía reforma del Estatuto de Cataluña y los que vinieron después, un proceso que ha abierto la puerta a una especie de Estado Confederal de imposible encaje en la Historia española. ¿Se ha caído del burro el señor Presidente después de su experiencia con ETA, y después de constatar, también, que la insaciable voracidad del nacionalismo –ahí está Artur Mas exigiendo “bilateralidad”, y ahí sigue, inhiesto, el famoso referéndum de Ibarretxe- no se conformará con otra cosa que no sea la ruptura de la Nación, con el riesgo que eso conlleva para el bienestar y el ejercicio de las libertades de todos los españoles?

Frente a tales maquinaciones rupturistas que nada tienen que ver con el reconocimiento de la España plural, son legión los demócratas que reclaman una reforma de la Constitución que consolide los principios de libertad y de igualdad de todos los españoles ante la ley, en la que predomine los valores del individuo sobre los del grupo, que recupere para el Estado central una serie competencias que jamás debió perder –trágico error de esos padres de la Constitución que estos días se regalaban elogios mutuos ante el cadáver de Calvo Sotelo- en cuestiones que van desde la Educación –afirmando el derecho de todo español a recibir enseñanza en español si así lo desea, en cualquier rincón de España- a la gestión de emergencias y catástrofes, que asegure la existencia de una misma Justicia dentro del territorio español, una Justicia independiente de la voracidad de una clase política dispuesta a poner los jueces a su disposición, una reforma de la Ley Electoral que haga realidad el viejo principio de “un hombre, un voto” y evite espectáculos como el que le toca sufrir a IU, que articule mecanismos para luchar de forma efectiva contra la corrupción institucional, y tantas y tantas cosas más tendentes a hacer realidad esa regeneración democráticas tantas veces idealizada.

Por desgracia cuesta mucho trabajo imaginar al presidente Zapatero comprometido con un proyecto de esta clase. Cuesta imaginar también en ello comprometido a un Partido Popular convertido hoy en un volcán a punto de explotar. La inminencia del fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña en la dirección no por temida menos esperada, no permite abrigar esperanzas de que la clase política que representa al 90% del electorado sea capaz de estar a la altura de las circunstancias. La prueba más evidente es que este debate, que es el debate de fondo del futuro de España, en realidad el único debate, ha quedado fuera del discurso político en la reciente campaña electoral. Mejor hablar del agua (“mientras yo sea Presidente, no habrá trasvase del Ebro”), de los 400 euros, y de la niña de Rajoy. Por desgracia, sin esa patria común e indivisible, capaz de asegurar la libertad, igualdad y prosperidad de todos, difícilmente habrá futuro para ninguna niña, emigrante o indígena.

Tagged with:

El ‘caso Taguas’ o el hedor a corrupción que despide nuestra democracia, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Economía, Política by reggio on Mayo 5th, 2008

Criticaba yo el pasado miércoles el fichaje (je, je, je, perdonen, es que me da la risa floja) de Eduardo Zaplana por Telefónica y en el chat de aquel Con Lupa no faltaron las buenas gentes de obediencia sociata que censuraron que para criticar la conducta de Zaplana yo sacara a colación el fichaje previo, no menos llamativo, del socialista Javier de Paz como miembro del Consejo de Telefónica. Pues bien, sorpresas te da la vida que decía la canción, en la tarde de ese mismo miércoles nos enterábamos del nombramiento de David Taguas como nuevo presidente de SEOPAN, la patronal de la construcción, que es quizá el caso más llamativo, por escandaloso, de colusión entre lo público y lo privado, vale decir simplemente que de corrupción, de los muchos que se han dado en la Historia de nuestra renqueante democracia.

Y es que el caso que nos ocupa se me antoja bastante más grave que cualquiera de los habidos hasta ahora, porque afecta directamente a la presidencia del Gobierno y a la persona del Presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. La salida por peteneras de David Taguas viene a certificar el fracaso sin paliativos de la que quizá fue la gran novedad del primer Gobierno Zapatero: esa pomposa Oficina Económica del Presidente, con sede en la propia Moncloa, convertida de inmediato, como no podía ser menos en un país sin tradición democrática como España y con un presidente provisto de una idea borrosa de lo que es la economía de mercado y la libre competencia, en un gran lobby al servicio de empresas constructoras e inmobiliarias.

La cierta discreción de que hizo gala, o al menos lo intentó, el primer titular de dicha Oficina, el ahora ministro Sebastián, se convirtió con Taguas en abierto compadreo. Por su despacho pasaban un día sí y otro también los grandes popes de la obra civil, los Luis del Rivero, Florentino Pérez, José Manuel Entrecanales, etcétera, que como todo el mundo sabe dependen de la obra pública que licita el Estado, y los nuevos millonarios del sector inmobiliario. Los unos para entrar a saco en el sector eléctrico, una peculiar diversificación que, huyendo de la libre competencia, como es norma en España, todavía se ciñe, se pliega, se somete más al Estado, que es quien fija la tarifa; los otros para pedir árnica cuando al crisis del ladrillo hizo su aparición estelar en la burbuja española.

Lo relataba Carlos Sánchez en este diario con ajustada crudeza: “¿Que había que articular una alternativa española a la OPA de la alemana E.On sobre Endesa? Ahí estaba Taguas -junto a su mentor, Miguel Sebastián- para favorecer la opción Acciona-Enel. ¿Que había que dejar de considerar a Panamá un paraíso fiscal para que las constructoras pudieran participar en la ampliación del canal? Ahí estaba Taguas. ¿Que había que diseñar una línea de crédito oficial para que las inmobiliarias obtuvieran liquidez? De nuevo Taguas, dispuesto a defender esta opción frente a Solbes. ¿Que había que lanzar a la opinión pública el mensaje de que la falta de liquidez podía ahogar al ‘ladrillo’? Ahí estaba Taguas para escribir los discursos del presidente”. En los últimos meses, el trabajo de este David nada ejemplar se ha centrado en sacarle las castañas del fuego a Sacyr, a cuenta del callejón sin salida en que el audaz señor de Murcia se metió con el caso Eiffage.

Pero, ¿está la Presidencia del Gobierno de un país supuestamente democrático para hacer ese tipo de “trabajos” en favor de intereses privados? ¿Han elegido los ciudadanos a Zapatero para que dedique su tiempo a defender la cuenta de resultados de cuatro o cinco grandes empresas, cuentas a menudo puestas en peligro por los groseros errores de gestión de sus directivos? ¿Es que no hay nadie, en el entorno de Moncloa o del propio PSOE, capaz de advertir la dinámica de corrupción en cadena que provoca ese tipo de servicios? ¿O es que esa ayuda presidencial sale gratis? Es obvio que no. Ahora, el señor Taguas acepta la oferta de los constructores para presidir su patronal, y los españoles tienen todo el derecho para pensar que se va para cobrar los servicios prestados.

Y no es problema de que los políticos, como se ha escrito con profusión estos días, estén bien o mal pagados. Es evidente que están mal pagados, y también lo es que si los españoles queremos tener a los mejores implicados en tareas de función pública habrá que cambiar ese estado de cosas. Pero aquí hablamos de otra cosa. Hablamos de una cuestión de orden moral que tiene que ver con la obligación de todo funcionario público, lo diga o no la llamada Ley de Incompatibilidades, no sólo de no corromperse, sino de aparentarlo; de no someterse a presiones, promesas o dádivas de los poderosos, porque estará faltando a la Ley y traicionando a quienes lo eligieron.

Pero dejémonos de eufemismos. El gran culpable de este episodio, que habla otra vez a las claras de la paupérrima calidad de una democracia que despide un insoportable hedor a corrupción, es el presidente del Gobierno, de quien directamente dependía y de quien recibía instrucciones el señor Taguas hasta hace unos días. Este es un escándalo que salpica directamente a Zapatero. Por eso, esa frase repetida con profusión por la prensa adicta, según la cual el Presidente se había sentido “desagradablemente sorprendido” por la noticia, no es sino una broma pesada. Perdón, es más que eso: es una clara demostración de falta de vergüenza democrática, porque hubiera bastado una gesto suyo para el los ricos de SEOPAN se fueran con su música a otra parte. Levitando en su nube, el señor Zapatero empieza a creer que todos nos chupamos el dedo, y lo peor es que a lo mejor no le falta razón. Tontos y consentidores.

Tagged with:

Esto huele cada día más a 1993: ¿Estamos creciendo ya por debajo del 1%?, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Economía, Política by reggio on Abril 28th, 2008

La realidad económica, tozuda cual es, se nos presenta cada día que pasa con el aspecto de una de las peores crisis conocidas en nuestra historia reciente, desde luego similar o aún peor a la que, a partir del verano de 1992, una vez clausurados los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, puso en la calle a millón y pico de trabajadores en poco más de 18 meses. La Encuesta de Población Activa (EPA) difundida por el INE el pasado viernes puso los pelos de punta al respetable. Agárrense que vienen curvas. Nada menos que 246.600 trabajadores perdieron su empleo durante el primer trimestre del año, elevando la cifra total de parados a 2.174.200 personas, cifra que equivale al 9,6% de la población activa, la tasa más alta desde 2005.

Por si les suena, el aumento del paro registrado entre enero y marzo es el más elevado ocurrido en un trimestre desde el primero de 1993… La desaceleración se ha trasladado ya de lleno al empleo. De hecho, y de acuerdo con las estimaciones más solventes, el crecimiento en tasa intertrimestral anualizada (que no tasa interanual), es decir, primer trimestre de 2008 sobre el mismo periodo de 2007, está ya por debajo del 1%, seguramente entre el 0,8% y el 0,9%, lo cual concede visos de realidad al peor de los escenarios pronosticados por muchos economistas calificados de “antipatriotas” por ese genio de la lámpara llamado José Luis Rodríguez Zapatero, e inunda de sospecha a institución antaño tan prestigiosa como el Banco de España, que hace apenas cuatro días pronosticaba un crecimiento del PIB del 2,4% para el conjunto del año: Ni Mafo en una noche de juerga sería capaz de creerse semejante guarismo.

¿Y nuestro pomposo vicepresidente y ministro de Economía? El señor Solbes, convertido en el arranque mismo de Legislatura en un pato cojo a cuenta del engaño al que le ha vuelto a someter ZP con su amigo Sebastián, ha tenido a bien salir a la palestra para anunciar un recorte de hasta ocho décimas en el crecimiento del PIB previsto en los PGE para 2008. De modo que vamos a crecer este año al 2,3%, cifra que tampoco se cree Solbes ni harto de vino. Lo peor de este Gobierno es que cree que puede seguir enmascarando la realidad sine die, convirtiendo lo negro en blanco, porque todo nos lo vamos a tragar a cuenta de la natural mansedumbre que adorna a los españoles. La crisis no existía durante la campaña electoral, que todo eran exageraciones de la derecha ultramontana. Superado el rubicón del 9 de marzo, se trata de seguir negando la mayor: estamos ante una desaceleración provocada por la crisis financiera internacional, es decir, los Estados Unidos de América. Acabáramos.

Burbuja inmobiliaria

Por si acaso, el Ejecutivo se ha puesto manos a la obra para ayudar a salir del bache a los responsables de la burbuja inmobiliaria, esos humildes ladrilleros-promotores que se han hecho de oro en estos años con la ayuda de los concejales de Urbanismo y la vista gorda de nuestra clase política, a costa de hipotecar la vida de millones de españoles compelidos a pagar un piso prácticamente durante toda su vida laboral. Algunos de esos ladrilleros-promotores están hoy en coplas, como aquella Dolores de Calatayud, pero ninguno venderá sus fincas, ni siquiera sus aviones privados. Ninguno se arruinará. Para eso está el Gobierno, para evitar que sea el mercado quien purgue los excesos de toda índole cometidos por una minoría ahíta de dinero, poniendo a su disposición el ICO, y obligando a Cajas –algunas de las cuales también tendrían que pagar las copas- y bancos a seguir financiando el tinglado.

Inmediatamente después de echar las culpas al empedrado, el Ejecutivo nos dice que no nos alarmemos, porque “a partir de 2010 volveremos a recuperar con rapidez niveles de crecimiento del entorno del 3%”, pero no nos dicen cómo, no se dignan revelar al pobre mortal el ungüento mágico que obrará tal prodigio de la nada, porque, a parte de haber creado un nuevo Ministerio, más secretarías de Estado, más direcciones generales, más asesores, más gasto en el funcionamiento de una Administración que tiene transferidas casi todas sus competencias, aparte de confirmar que cumplirá los compromiso de gasto público prometido durante al campaña, este Gobierno no ha movido un dedo en la dirección de esas reformas de fondo, ese nuevo patrón de crecimiento al que aludía el viernes José María Fidalgo, líder de CCOO (“o nos ponemos de acuerdo o en 10 años no se podrán pagar las pensiones”).

Pero no pasa nada. Sin oposición que le moleste, el Presidente que nos preside lo tiene todo bajo control. Vean y juzguen sino la última de las perlas salidas de esa fuente de inagotable sabiduría económica que es el señor Zapatero: “La peor previsión de paro que podemos tener por delante será siempre mejor que la mejor que tuvo el PP en la legislatura pasada”. ¿Han entendido ustedes algo? Por desgracia se le entiende todo, a pesar de la penosa sintaxis. Pero, ¿alguien le ha contado en qué niveles dejó el Gobierno socialista en 1996 la tasa de paro? Asombra cada día más el pétreo rostro del personaje, una especie de Coolidge, aquel presidente norteamericano (que hizo famoso el eslogan Keep Cool with Coolidge) de quien Harold Laski dijo que era “un sacristán nato en una parroquia rural, que por accidente ha venido a caer en medio de los grandes problemas contemporáneos”. Que no cunda le pánico: nuestro moderno sacristán laico nos salvará de la crisis.

Tagged with:

El día de Esperanza (y un motivo de reflexión), de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Política by reggio on Abril 7th, 2008

Aunque a estas horas nadie sabe si será un día para la esperanza en la derecha española, lo que sí está claro es que hoy es el día de Esperanza. Esperanza Aguirre. La presidenta de la Comunidad de Madrid tiene prevista a mediodía una intervención, con almuerzo incluido, en el Casino de Madrid, a la que sus allegados conceden la máxima importancia. Dicen que va a hacer alguna declaración trascendente, que la ha preparado a conciencia y con todo el mimo del mundo, de modo que, visto el evento desde la barrera, doña Esperanza podría sorprendernos con el anuncio de que va a seguir dedicándose a sus labores al frente de la Comunidad madrileña, lo cual no dejaría de ser relevante a la luz de la avalancha de rumores recientes, o que, por el contrario, va a darle un disgusto a Mariano Rajoy presentando candidatura propia al Congreso del PP.

La presidenta de Madrid exponía ayer su ideario en un periódico nacional que se ha distinguido, tras el 9-M, por querer jubilar a Rajoy por la vía rápida, después de haberlo encumbrado a los altares en innumerables ocasiones. “El Congreso del PP está, ahora sí, abierto”. Difícil, si no imposible, estar en desacuerdo desde una perspectiva liberal con las líneas maestras del nuevo discurso Aguirre: un compromiso más firme con los derechos civiles (lo que incluye acabar de una vez con las neuras de los populares para con los homosexuales); una política económica más liberal –liberalizadora- y menos volcada en subsidios y subvenciones, y una política territorial donde la defensa de la unidad de España no excluya el reconocimiento del pluralismo y las “diversas identidades” regionales.

En visto de lo cual, muchos podrán preguntarse qué tiene que ver este nuevo discurso Aguirre con los principios que tradicionalmente ha defendido la presidenta –salvada, claro está, su camaleónica capacidad para atrapar discursos ajenos y convertirlos en propios-, mucho más escorados a la derecha y responsables de esa imagen de derecha dura, casi intransigente, que exhala su perfil, imagen que ella misma ha contribuido a moldear en estos últimos años y que el agit-prop de la izquierda ha logrado expandir con éxito, sobre todo en la periferia española.

A la espera de las novedades que la intervención de la presidenta pueda depararnos a primera hora de la tarde de hoy, me interesa aludir a un punto de particular importancia en la pelea ideológica que históricamente ha separado a izquierda y derecha, y que ha ido perdiendo sus perfiles hasta casi desaparecer en fecha reciente. Me refiero a la querencia que derecha e izquierda muestran hoy por lo que Aguirre llama “subsidios y subvenciones”, es decir, por las fórmulas socialdemócratas a palo seco. Es cierto que, en materia de política económica, cada vez hay menos diferencias entre PSOE y PP, como lo demuestra la similitud de propuestas lanzadas por ambos partidos de cara a las pasadas generales.

Esa similitud se convirtió en identidad plena a la hora de embarcarse ambos en la feria de regalos, la orgía de promesas fiscales, la noria de dádivas y subvenciones que prologó la jornada electoral del 9 de marzo. Esa insensata avalancha de obsequios –algunos ni siquiera imaginados por los electores-, destinados literalmente a comprar el voto, provocó la natural preocupación de personas e instituciones civiles sensibles a un tipo de política fiscal difícilmente sostenible con una economía amenazada de recesión. ¿Cómo atender esa letanía de promesas con un PIB creciendo por debajo del 2% este mismo año -hay quien sostiene que por debajo del 1% incluso-, con unos ingresos fiscales claramente a la baja y con un paro al que podrían sumarse entre 600.000 y 1,5 millones de nuevos desempleados en los próximos 6/7 trimestres?

Pedro Solbes ha dado este sábado en Brdo, Eslovenia, el primer aviso a la parroquia -Paco con la rebaja-, en el sentido de que, si continúa la desaceleración en los próximos años, el Gobierno “tendrá que revisar sus prioridades en lo que al gasto se refiere”. Naturalmente, Rodríguez Zapatero “va a cumplir todo aquello a que se comprometió en la campaña y que está incluido en el programa electoral”, faltaría más. Para el ministro, la previsión de gasto parte de unos “escenarios prudentes, que fija el ritmo de avance del PIB en torno al 3%, que es el crecimiento potencial de la economía española”, un escenario, que ni el más optimista de los economistas españoles cree hoy posible.

Los que no creen en los milagros saben que las alegrías de los Gobiernos a la hora de prometer, los dispendios de los malos gobernantes, como los del padre de familia poco riguroso con el gasto familiar, terminan en bancarrota, en unos casos, y en subidas de impuestos, casi de forma matemática, en la mayoría de ellos; es decir, aumento de la presión fiscal, que es justamente la política menos liberal del mundo. Aunque siempre cabe, claro está, que el Ejecutivo de marras se olvide de sus promesas, cosa a la que están bastante acostumbrados los electores españoles, tan propensos a votar confesionalmente, con independencia de la gestión desarrollada o el grado de cumplimiento de los programas electorales publicitados.

Con todo y con ser grave la amenaza de las subidas de impuestos que la recesión plantea, es bastante peor el modelo de sociedad que la política del regalo, la dádiva y la subvención alienta y enaltece en sociedades como la española, proclive a las soluciones milagrosas venidas de arriba, caídas de ese cielo que en nuestra sociedad laica es el Estado, el Gran Padre Estado, con desprecio del talento, el trabajo bien hecho, la libre competencia y la ilusión propia de las sociedades acostumbradas a labrar su destino sobre la base de su propio esfuerzo. Lo cual, en mi modesta opinión, debería de ser motivo de reflexión para nuestra clase política y la sociedad española entera.

Tagged with:

Las lágrimas de Rajoy en la noche triste de Génova, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Política by reggio on Marzo 11th, 2008

Me cuenta un testigo presencial que a Mariano Rajoy se le saltaron las lágrimas, literalmente lloró la noche del domingo electoral, cuando se hizo evidente que el Partido Popular había perdido las elecciones. El último cartucho que guardaba la escopeta política del líder popular había errado el tiro, había explotado cual carga hueca ante la incredulidad de un hombre convencido de que podía ganar, de que iba a ganar, hasta el punto de que fue su mujer, Elvira Fernández, una señora ejemplar en su discreción la que, crecida, mantuvo el tono vital del candidato derrotado.

Ayer por la mañana, ese ambiente depresivo seguía dejándose sentir en la sede de Génova, reflejo de la frustración causada por la sorpresa de un resultado que se creyó favorable en votos, en escaños o en ambas cosas a la vez, lo cual obliga, como primera providencia, a despedir al encargado de las encuestas del partido. Por el balcón de la calle Génova no aparecieron la noche triste del 9 ni Ruiz Gallardón ni Esperanza Aguirre, protagonistas de uno de los rifirrafes más notables del final de la legislatura, que tan fácil resulta subirse al carro del vencedor como difícil sostener el paso vacilante del vencido.

Ambos quedaron retratados de cuerpo entero en ese conflicto. La una impidiendo la presencia en las listas de un hombre que, sobre todo fuera de Madrid, habría aportado al PP la vitola de partido centrado. El otro protagonizando un berrinche fuera de lo común cuando le negaron el juguete, pésimo espectáculo que le hizo perder las razones que avalaban su causa ante el electorado más solvente. Ambos, sin embargo, van a volver de nuevo a las portadas, y no para bien, como consecuencia de los movimientos sísmicos provocados por la derrota dulce del 9-M.

Apenas unas horas después de conocidos los resultados finales, en los ambientes sociales que apoyan al PP la unanimidad era casi total en torno a la necesidad de que Mariano Rajoy encabece la comitiva –Acebes, Zaplanas, Astarloas, Arenas, Mayores- que desde la calle Génova y camino a la diáspora debe dejar el camino expedito al surgimiento, vía Congreso ordinario o extraordinario, de nuevas caras y mensajes capaces de abrir un tiempo nuevo en la dirección de un partido de derecha liberal no conservadora. Rajoy lo tiene relativamente fácil, teniendo en cuenta que los resultados del 9-M arrojan la imagen de un partido unido, casi rocoso en lo que a fidelidad de voto se refiere, capaz de abordar esos cambios sin mayores traumas.

Hará falta, sí, altura de miras, grandeza para entender la importancia del momento histórico que reclama ese cambio y obrar en consecuencia. El problema es de nombres, de figuras de talla moral, intelectual y política suficiente para liderar ese cambio. Como alguien dijo poco después de las elecciones generales de 2004, “ya sabemos quién es el Almunia del PP; falta saber quién será su Rodríguez Zapatero”. Desde esa frase han pasado ya más de tres años de tiempo perdido, y en el horizonte del PP no se divisa la figura de ese/a joven de treinta y tantos años, titulado superior, con algún master a cuestas, con idiomas, talento y formación bastante para tomar el relevo de esa nueva derecha, un hombre/mujer dispuesto a rodarse en 2012, para poder protagonizar de nuevo el asalto al poder en las generales de 2016.

Porque, nadie se engañe, tal es el calendario que, salvo milagro de mayor cuantía, le espera al PP en su travesía del desierto. El aznarismo dejó al partido convertido en un páramo y aquí están las consecuencias. “Con mano firme y verbo encendido, nuestro pequeño Napo ha conducido la nave de la derecha contra las rocas. Lo peor no es que el PP haya abandonado el Gobierno cuando, a cuenta de la gestión económica, parecía tener asegurado un nuevo mandato; lo peor es que la derecha democrática ha perdido una oportunidad de oro para haber integrado, en lugar de separado, para haber fortalecido, en lugar de debilitado, los lazos de la unidad del Estado (…) España es hoy, gracias a Aznar, un problema de grandes dimensiones. Algunos de los daños causados pueden tener rápido arreglo. Otros, como nacionalismos y separatismos, con inconcebibles cuotas de poder en Cataluña para partidos que vivían en la marginalidad, tienen solución mucho mas difícil, porque se han envenenado por culpa de la agresión política sistemática”.

Lo anterior fue escrito por un servidor de ustedes en abril de 2004 en el diario El Mundo. El brillante equipo dirigente que en 1996 tomó el relevo de la gobernación de España al felipismo exhausto está hoy en liquidación por derribo, con algunos de sus más notorios personajes, caso del propio Aznar o de Rato, dedicados a hacer dinero a espuertas, que es tarea que proporciona menos sinsabores que la política a palo seco. El resultado ha sido un PP sin banquillo, en el que no se adivina un sucesor de garantía. Y ello con un Zapatero gregario de los votos de la izquierda y del nacionalismo más radical, y en un horizonte económico más que preocupante. Malos tiempos para la lírica nos deja por herencia el lance del 9-M.

Los rumores apuntaban ayer a un Gallardón dispuesto a salir a la palestra en apoyo de la continuidad de Rajoy, movimiento que hay que entender en clave Aguirre, doña Esperanza, a quien muchos en el PP anuncian ya preparando los movimientos orquestales necesarios para el asalto a la fortaleza de Génova, dispuesta ella a jugar la baza populista que tan bien conoce. Pero si el ala más conservadora del PP cree que la solución a los males del partido pasa por Esperanza Aguirre, creo que están muy equivocados y no han entendido nada. O mucho me equivoco, o los vientos que hoy llenan las velas de la sociedad española no soplan de ese cuadrante.

NOTA. Algunos lectores del ‘Con Lupa’ de ayer se han dirigido a mi para manifestar su malestar, cuando no su protesta, por aludir a “la mugre socialista” en el contexto de las aspiraciones de las nuevas generaciones de españoles que desean una derecha distinta. Desde aquí quiero pedirles sinceras disculpas, manifestándoles al tiempo que la idea al calificar de “mugre” al socialismo tenía que ver con la doctrina, con el socialismo como ideología superada por el tiempo, dicho sea desde un punto de vista liberal no economicista. En modo alguno quise referirme a los votantes o militantes socialistas, que cuentan con todos mis respetos, como no podía ser de otro modo.

Tagged with:

El vendedor de crecepelo nos promete un jamón, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Política by reggio on Marzo 4th, 2008

En los ambientes peperos se había producido este domingo un curioso fenómeno de índole psicológica, tal vez consecuencia de las encuestas aparecidas en los últimos días: de pronto se evaporó la euforia, y la batalla se dio por perdida. Desfondamiento. La suerte está echada, repetían a media voz, o al menos tal era el espíritu con el que los fieles de Rajoy encaraban el debate de anoche.

Seguramente el bajón tenía que ver con la última de las ocurrencias del líder del PP, que ese mismo domingo había sacado a pasear a José María Aznar, un tipo que se ha convertido en una caricatura de sí mismo, una especie de teleñeco del propio Aznar, el jersey pijorosa de cashmere, la melenita al viento y esos indescriptibles gestos de histrión satisfecho de su dandismo. Lo sube al estrado y lo expone en plaza pública, se supone que para animar a los indecisos, a ese tropel de gentes que, tras darle la mayoría en 2000, le negaron el voto en 2004 hastiados de la prepotencia de franquito, y todo pareció ese domingo tan obtuso y tan necio que muchos no sabían si compadecerse del Rajoy incapaz de negarle al gran líder su minuto de gloria en plena campaña, porque no le puede negárselo, o cabrearse con el Rajoy huevón que no es capaz de plantarse ante tamaña insensatez.

De modo que, entre Aznar y las encuestas, esta historia parecía vista para sentencia, hasta el punto de que en algunos círculos de la derecha la importancia del debate quedaba circunscrita a la necesidad de alcanzar una derrota honrosa el domingo 9, aminorar los daños, reduciendo en lo posible el abismo en diputados de la victoria socialista. Pero está visto que para Mariano Rajoy no hay mejor complejo vitamínico que enfrentarse a un insolvente de la astronómica proporción de José Luis Rodríguez Zapatero, que anoche quedó retratado cual pocas veces lo ha sido como el vendedor de crecepelo capaz de prometer frondosas melenas allí donde lucen relucientes cráneos.

Y conste que el candidato socialista, un perfecto amoral en el más amplio sentido del término, es un enemigo formidable en el uso de la demagogia política, fundamentalmente porque, si se trata de prometer, es capaz de prometer un jamón con chorreras a todos y cada uno de los 45 millones de españoles, todos y cada uno de los 1.460 días que componen una legislatura. En la insolvencia de que hace gala, a Zapatero le da lo mismo ocho que ochenta, le importa un pimiento prometer cifras, e inversiones, y mejoras, y gastos y empleos (en la primera parte del debate anuncia la creación de 2 millones, “la mitad para mujeres”, y 20 minutos después repite lo de los dos millones, pero esta vez 1,2 para mujeres) y Observatorios y conferencias de Presidentes (sic), porque todo es etéreo, todo es gratis, todo un luminoso brindis al sol. En su liviandad, a ZP le suena que liberalizar el suelo es sinónimo de encarecerlo, y se espanta cuando Rajoy alude a esa cuestión, y así sucesivamente.

Y conste que el leonés se había preparado esta vez el examen a conciencia, hasta el punto de que las clases particulares de Miguel Barroso –la tarde del domingo entera oficiando de trainer- se dejaron notar enseguida. Polemista brillante en el uso de la demagogia –dispuesto, además a interrumpir al popular de forma constante, ante la pasividad de la señora Viza- Zapatero fue capaz de poner a Rajoy contra las cuerdas justamente en el tema, la política antiterrorista, en el que éste más se había lucido hace ocho días. Y lo hizo echando mano de la guerra de Irak y de los asesinatos del 11-M, es decir, retratándose de cuerpo entero. La respuesta de Rajoy no pudo, por eso, ser más oportuna: “usted quiere volver a ganar unas elecciones con Irak y el 11-M”.

Pero fue en la segunda mitad del debate cuando, al contrario también de lo que ocurriera el lunes 25, Rajoy remontó el vuelo para sacar de sitio a Zapatero y situarlo en su real dimensión de aventurero de la política, sin una idea concreta de España, sin ninguna idea de España más allá del chalaneo coyuntural y constante. Anoche, algunos amigos cercanos al PP me llamaron desilusionados porque no habían visto a Rajoy suficientemente duro y contundente. “Tenía que haber arrasado”, decía uno, y yo creo que estaban, están, en un gran error. El líder del PP, sempiternamente amenazado por la espada de Damocles de una izquierda sectaria que ve normal en ella lo que en la derecha es intolerable autoritarismo, estuvo donde tenía que estar, moderado en la forma y contundente en el fondo, como corresponde a una persona que aspira a ocupar el Gobierno de la nación.

Creo que, más allá de trucos verbales y argucias de trilero, a José Luis Rodríguez Zapatero le fue mal el debate de ayer, muy mal desde el punto de vista de la necesidad que tienen millones de españoles cultos, a derecha e izquierda, de saberse gobernados por un político solvente y fiable, un presidente que inspire al menos cierto grado de confort intelectual. Lo cual quiere decir muy poco en la España de nuestros días. Zapatero ha sabido captar a la perfección el perfume que hoy exhala la España anestesiada, enemiga del compromiso, reñida con el esfuerzo, huérfana de valores morales, entregada al hedonismo consumista, y eso le sobra para volver a ganar las elecciones del 9 de marzo. Le basta con lucir de nuevo su mejor cara de Bambi apaleado, como hizo anoche en su alegato final, para seguir en el machito. Ni dos ni doce debates que ganara Rajoy le servirían para llegar a La Moncloa. Es el signo de los tiempos.

Tagged with:

Una campaña sin grandes cuestiones, un país sin calidad democrática, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Política by reggio on Marzo 3rd, 2008

Testigos del debate electoral celebrado el lunes 25 de febrero cuentan que no habían visto nunca tanto odio acumulado en dos personas como el que José Luis Rodríguez y Mariano Rajoy exhibieron en el corto descanso de aquel primer cara a cara, moderado por Campo Vidal. Seis minutos en los que no sólo no se hablaron, sino que ni siquiera se dirigieron la mirada, ofuscados, tensos, como si no existieran el uno para el otro, dispuestos a ignorarse hasta el fin de los tiempos. El uno, porque subido en la ola de adulación al Presidente de turno, aún no se había repuesto de la sorpresa de un Rajoy que le había robado la cartera en aquella primera mitad. El otro, porque es tal el desdén intelectual que le merece la liviandad del leonés que no puede dejar de manifestarlo en todo momento.Odio y desprecio mutuo porque se trata de una pelea por el poder. Pura y descarnada pelea por el Poder. Vanidad de vanidades, egolatría al por mayor, pedestal desde el que infundir respeto y temor, capacidad para influir en la vida de los demás. Puro viento, verdura de las eras. Pero nada que tenga que ver con los cambios de fondo que necesita, pide a gritos, la democracia española, cambios resumidos en esa genérica apelación a la regeneración de la vida democrática o, si quieren, a la mejora sustancial de la paupérrima calidad de la democracia española. Las grandes cuestiones de fondo se están hurtando a los electores, que parecen conformarse con la baratijas de curso legal que se expenden en todo mitin que se precie. Timo del gato por liebre.

El candidato Zapatero, el aventurero impaciente que en 2004 abrió el melón de la reforma constitucional para cerrarla precipitadamente después de que el Consejo de Estado, a pedido del propio ZP, emitiera un dictamen recordándole algunas verdades elementales, se embarcó a continuación –en secreto y de espaldas al pueblo soberano- en una reforma del Estatuto catalán de tono abiertamente Confederal, que abrió la caja de los truenos autonómica, y detrás del cual vieron otros. Hasta el más lego sabe que ese nuevo Estatuto, sea o no sancionado por el Constitucional (TC), no es la estación término de nada, sino un simple apeadero en el largo viaje de las elites nacionalistas hacia la secesión, en un proceso imparable –a cuenta de la clase política que padecemos- de debilitamiento del Estado y desvertebración de la nación, como el referéndum planteado en el País Vasco por el camarada Ibarretxe para este mismo año se encarga de recordarnos.

Como dice el profesor Sosa Wagner (El Estado Fragmentado - Editorial Trotta) “nunca debió iniciarse el banquete estatutario sin un acuerdo previo de todos los comensales, y menos hacerlo movido por exigencias coyunturales de apoyos políticos y parlamentarios (…) Que un extremo geográfico de España quiera arreglarse su “asunto” de forma individual y de la manera que le resulte más rentable, forma parte de las humanas ambiciones y del cabildeo político local, pero que esa actitud se respalde por quienes representan al Estado en su conjunto es una manifestación de ligereza cuyo exacto alcance el futuro irá desvelando poco a poco”. Pues bien, ese especie de bombero pirómano que a partir de marzo de 2004 se puso al frente del batallón de derribos del Sistema salido de la Transición, este genio que ahora se ha propuesto él solito –recuerden que ya se comprometió a acabar con la sequía- arreglar el problema del cambio climático, no ha dicho una palabra durante toda esta campaña sobre tan esenciales cuestiones de futuro.

A cambio de un debate a fondo sobre las grandes cuestiones nacionales, empezando por esa reforma en profundidad de la Constitución del 78 que enderece la deriva de una nave colectiva que navega con rumbo de colisión a plazo fijo, que frene las ansias nacionalistas, cohesione a la nación y devuelva al Estado competencias que nunca debió perder –amén de volver del revés la actual Ley Electoral-, Zapatero nos propone, y el vulgo mansamente asume, el gato por liebre de la reinterpretación de nuestra Historia reciente (“memoria histórica”, lo llaman), la igualdad entre sexos, los derechos de los homosexuales, la alianza de civilizaciones, el cierre de la capa de ozono y otras baratijas de una época sin ideología.

Y Mariano Rajoy acepta el engaño, entra a ese trapo porque, en el fondo, lo que de verdad le interesa es el Poder, hasta el punto de pretender recuperarlo en 2008 con el mismo equipo que lo perdió en 2004. Del pecado de escamotear a los españoles los problemas de fondo es también culpable, en mi opinión, Rajoy. Si el próximo domingo pierde las elecciones, como parecen indicar las encuestas, habrá perdido por partida doble: perdido ese Poder que ansía en el corto plazo, y perdido una gran oportunidad para haber recorrido pueblos y ciudades hablando a los ciudadanos de la deriva de España hacia la balcanización, de la jibarización del Estado a cuenta del apetito insaciable de los nacionalismos, de la ausencia de libertades básicas en buena parte del territorio, del estado comatoso de la Justicia, de la corrupción galopante que se ha adueñado de la España del boom inmobiliario, de la postración de unos medios de comunicación cada vez más sectarios, y de tantas cosas más que tienen que ver con la calidad de vida democrática, que es, al fin y a la postre, lo determinantes en la vida de los ciudadanos.

Es un escándalo que ninguno de los dos grandes partidos haya dicho todavía nada de lo ocurrido con la Sala Segunda del TC en relación al caso Albertos, salvo la cínica y oportunista salida del FGE, Conde Pumpido, dispuesto a rasgarse las vestiduras ahora después de haber maniatado a la Fiscalía en el caso de las cesiones de crédito de Emilio Botín, por ejemplo. Lo asombroso del panorama español es que la cúpula del Partido Popular, única fuerza que sostiene un discurso nacional consistente, todavía no haya interiorizado primero y traducido a sus mensajes públicos después, la proximidad del abismo al que nos conduce la mezcla de relativismo moral, improvisación frívola y sectarismo del que hace gala Rodríguez Zapatero, y las haya traducido en un discurso de altura orientado hacia ese gran pacto entre PP y PSOE capaz de abordar una reforma en profundidad de la Constitución del 78.

Dice Paul Johnson en Tiempos Modernos que “la tragedia principal de la historia del mundo en el siglo XX es que la república, en Rusia como en Alemania, halló sucesivamente en Lenin y Hitler adversarios de un calibre excepcional, que expresaron su férrea voluntad de poder con una intensidad única en la época contemporánea”. Mutatis mutandis, la tragedia de España es que, cuando el tironeo de los nacionalismos ha conseguido colocar al Estado salido de la Constitución del 78, que mal que bien ha garantizado estos 30 años de libertad y progreso, al borde del precipicio, nos hemos topado con líderes como Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. La derrota de éste el día 9 augura –a menos que un cataclismo económico nos lleve a una legislatura abreviada- ración doble de Zapatero, Zapatero para cuatro años más, al final de los cuales, dando la razón a la famosa cita de Alfonso Guerra, a España no la conocerá ni la madre que la parió.

Tagged with:

“Saludo a los emigrantes que me estarán escuchando”, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Política by reggio on Febrero 26th, 2008

¿Dice algo la imagen? ¿Es cierto que el traje hace al monje? Rajoy apareció en pantalla con cierto aspecto acalorado y la chaqueta conscientemente abierta, sonriendo en exceso, como dispuesto a competir en galanura impostada con su oponente. Traje azul y corbata roja. Favorecido. ZP, está de más decirlo, llegó regalando sonrisas por doquier, su especialidad, la chaqueta cerrada y cierto aire de intranquilidad también. Traje azul marino y corbata sin contraste, aunque con perfecto nudo. En medio de ambos, un hombrecito llamado Campo Vidal. Capas de maquillaje desfigurando los años en una jornada de gloria reverdecida, reina por un día, tras mucho tiempo en el desván del recuerdo. Un horrible traje gris, corbata azul marino y nudo indescriptible. Y un afán de protagonismo que rozó lo patético.

Al grano. Reconozco que mi entusiasmo por Mariano Rajoy es perfectamente descriptible, ergo manifiestamente mejorable, pero anoche me llevé una sorpresa, no sé si grata o no, porque todavía no he decidido mi voto. Lo que está bastante claro, al menos para mí, es que ayer literalmente sacó del cuadrilátero al candidato socialista, que quedó retratado como pocas veces lo ha sido a lo largo de su vida política. Es ahora cuando alcanza toda su dimensión el error que cometió el PP en la campaña electoral de marzo de 2004, al negarse a celebrar debates televisados con el aspirante del PSOE, porque si ahora, tras cuatro años de la mejor coyuntura económica que ha conocido el país, con el viento a favor de todas las estadísticas, se ha mostrado romo a la hora de formular un discurso de convivencia convincente, entonces hubiera quedado meridianamente clara su condición de aventurero de la política, capaz de abrir todos los melones sin la menor idea de cómo cerrarlos.

Recuerdo un texto que un estrecho colaborador suyo en la Moncloa, el periodista de El País Javier Valenzuela, escribió en un libro al final de su aventura al lado de ZP. “A Zapatero le cuesta trabajar con equipos bien definidos, de modo que, en algunas ocasiones, se embarca en grandes proyectos sin elaborar un plan detallado de acción, sin formar un equipo que asuma claramente la gestión del asunto, sin atribuir responsabilidades bien definidas a unos y otros, sin jerarquizar esas responsabilidades, sin preparar respuestas a los obstáculos previsibles” (…) “Esto fue patente en su gestión de la reforma del Estatuto de Cataluña” (…) “Que si el asunto lo llevaban Maragall y los socialistas catalanes, que si lo llevaba Rubalcaba, que si lo llevaba él mismo. Que si se aceptaba el texto como saliera de Cataluña, que si se retocaba en Madrid hasta dejarlo limpio como una patena. Al final, Zapatero se sacó un conejo de la chistera, su pacto personal con Artur Mas”. (…) “lo mismo ocurrió con el proceso para terminar con el terrorismo de ETA”.

Son unos párrafos que describen la categoría política de Rodríguez Zapatero. Ayer, Mariano Rajoy le dio un repaso echando mano sencillamente de eso que la gente del común pide a quienes le gobiernan: cierto amor a la verdad, bastante sentido de la responsabilidad, algo de patriotismo, nada de aventuras, y mucho sentido común. Y el candidato quedó desplazado, sin encontrar jamás el sitio, refugiándose constantemente en las tablas del recurso al pasado, lo mal que lo hizo el Gobierno Aznar, lo pésimamente que se manejó Rajoy durante su paso por los distintos ministerios que ocupó. Pero ocurre que, precisamente porque lo hizo mal, el Partido Popular perdió el Gobierno, de modo, señor mío, que esa ya es materia juzgada, y no puede usted, ni sus asesores, escamotear a los españoles el juicio crítico que merece todo Gobierno al final de su mandato con el truco del “y tú más”, porque esa es ofensa intolerable al talento de los electores.

Algunas frases textuales pronunciadas por el candidato socialista evidencian la arquitectura intelectual del personaje, por no mencionar otras categorías de orden moral: “Hemos reducido lo que representan impuestos…” (sic) “Desde hace 30 años no han movido ustedes un dedo a favor de…” -¿Pero hubo alguna vez un Gobierno, varios, presidido por Felipe González?- “Cataluña está más unida porque hay alta velocidad…” (sic) “saludo a los emigrantes que me estarán escuchando” y así sucesivamente en una sucesión de boutades que provocarían el sonrojo del más pintado. Pero el torito estaba herido, y al final del debate tiró de navaja barbera –ahora hablamos de su dimensión moral- para afear a Rajoy no sé qué comentario crítico sobre los artistas que, en uso de su derecho, han pedido el voto para la opción socialista.

Una frase pronunciada por el candidato popular definió a la perfección la personalidad de ZP: “Usted dice una cosa y luego hace exactamente la contraria”. No se puede resumir de manera más acertada lo que han sido estos cuatro años de Gobierno Zapatero. Las vergüenzas de “la sonrisa como máscara y el talante como excusa” quedaron ayer puestas en evidencia en plaza pública. Detrás del populismo rampante del personaje se esconde lo que ya sabíamos: un demagogo de altos vuelos, capaz de asegurar varias veces que durante su mandato “el precio de la vivienda se ha desplomado”. Decía Pío Baroja que “los españoles hemos tenido desgracia con nuestros políticos”, y es más que probable que lo ocurrido anoche no tenga ningún impacto el 9-M, cuando los españoles sean llamados a las urnas, pero, con la vista puesta en 2012, nadie podrá decir después de lo visto anoche que no estaba advertido

Tagged with:

¿Una campaña electoral o un concurso de chistes malos?, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Política by reggio on Febrero 25th, 2008

Sabido es que el género cómico atraviesa horas muy bajas en nuestro país. Me refiero al cómico profesional, aquel que en la dictadura era capaz de sacarle punta a la actualidad más roma. Aquella fue la época dorada del humorista, obligados como estaban en escena a pertrecharse de talento y valor, a partes iguales, si no querían ir a parar al final de la función al cuartelillo de la Guardia Civil. Hoy no hay cómicos. Todo lo más, hay titiriteros, casi todos ubicados en la izquierda, que es territorio más proclive a la dádiva con dinero público. Los cómicos de antaño han sido sustituidos por los artistas en nómina al servicio del partido político de turno, en general, y de su líder respectivo, en particular, de modo que la tarea de hacer mofa y escarnio de la dura realidad ha sido asumida por esos mismos líderes políticos, ¡prodigio español donde los haya! que hoy se dedican a dar funciones en plazas de toros y pabellones deportivos acogidos todos al más vulgar y ramplón de los chascarrillos.Y no es que Mariano Rajoy esté libre de tan grosero pecado, ni hablar, pero la palma, el oscar a la mejor interpretación masculina en la materia se la lleva sin duda José Luis Rodríguez Zapatero. El tipo que durante los últimos cuatro años ha metido a España en una revolución de difícil vuelta atrás, se dedica ahora a escamotear las razones y explicaciones que debe a sus votantes subido en la ola del tópico garbancero, la gracieta boba, la mueca ñoña, la rima inane, la exégesis del pensamiento débil. Daniel Forcada, el joven periodista del Confi que sigue la campaña del Presidente, lo explicaba ayer con detalle: ZP sube al estrado sin papeles y ocupa 45 minutos de mitin a base de un revoltijo “en positivo” de sus tópicos más queridos, ya saben, la colaboración, el talante, el respeto, la tolerancia y las befas a costa del PP, que si el obrero de Rajoy, que si el camarero de Cañete. La profundidad del Pensamiento Alicia de ZP quedó ayer reflejada en Dos Hermanas, Sevilla: “Lo que les gusta es cómo trataban ellos a los camareros antes. Lo que añoran es el ordeno y mando (…) Yo no sé si hay camareros como los de antes, pero lo que sí hay es señoritos como los de antes”. Esa es toda su filosofía.

Y ese parece ser todo su programa para la próxima legislatura, si los Dioses no lo remedian. Hacer chirigotas a costa del Partido Popular está muy bien y sale gratis, pero, díganos, señor presidente, ¿tiene alguna idea, algún proyecto más o menos perfilado, para sacar a España del atolladero territorial en el que usted la ha metido con el nuevo Estatuto de Cataluña? ¿Alguna clave en torno a la futura estructura del Estado? ¿Sabe usted hacia dónde nos lleva? ¿Qué pasaría si el Tribunal Constitucional dentro de unos meses, interpretando fielmente espíritu y letra de la Constitución, declarara inconstitucional alguno de los artículos de dicho Estatuto? ¿Cómo afrontaría usted el conflicto institucional, conflicto de poderes, que tendría de inmediato sobre la mesa? ¿Tiene usted alguna estrategia para oponerse a las aspiraciones secesionistas de las elites políticas nacionalistas? ¿Ha reflexionado usted mínimamente sobre lo que está ocurriendo en Kosovo, o su estrategia va a seguir centrada -más de lo mismo- en abrir de par en par a los enemigos de España las puertas de lo que, hace justamente dos siglos, ya fue definido como “una sola nación, España, un solo Estado, el Estado español y una sola monarquía”, de acuerdo con los constitucionalistas de las Cortes de Cádiz.

La cuestión etarra, el gran escándalo

Las preguntas podrían continuar ad infinitum en cuestiones varias que, sin embargo, tienen todas que ver con el futuro de ese proyecto colectivo llamado España. Por ejemplo, ¿va a obligar usted a los alcaldes socialistas, al menos a los socialistas, a izar la bandera española en el balcón de los Ayuntamientos que gobiernan? ¿Va a ser posible que cualquier padre pueda escolarizar a su hijo en español, si así lo desea, en cualquier colegio público de Cataluña? ¿Va usted a aplicarle paños calientes de última hora a la derrota de ETA? La cuestión etarra, que no la economía, es el gran escándalo de este final de legislatura. En efecto, en cuanto policía y guardia civil han podido empezar a trabajar sin una mano atada a la espalda y con la plena colaboración de Francia, la banda se ha venido literalmente abajo. Con datos abrumadores sobre la mesa, resulta que usted ha estado más que dispuesto a negociar políticamente con una banda terrorista que estaba en las últimas, y si no ha negociado debemos agradecérselo a la estulta soberbia de los de las pistolas, pero solo a ellos. Y bien, ¿está usted dispuesto, si saliera reelegido, a perseguirlos hasta el final, sin ninguna clase de concesión política?

Pues bien, todas estas cuestiones, y muchas más, son las que Zapatero está escamoteando de forma vergonzante en la campaña electoral. Campaña sin mensaje, donde lo importante es el continente y no el contenido; campaña convertida en farsa, en comedia bufa, en un insulto a la inteligencia de millones de españoles que no van a los mítines. Campaña cargada de mensajes guerracivilistas subliminales, de izquierda contra derecha, de rojos contra azules, de miles de tópicos volando todos los días por el páramo español, manta gigante bajo la que se esconde la incapacidad más absoluta para gestionar con algo de talento y cierto sentido común los graves problemas de España. En una cosa estoy de acuerdo con Zapatero y es en que “España necesita una nueva derecha”. Se le olvida decir que también, y con la misma urgencia, una nueva izquierda. Quien en marzo de 2004 fuera elegido presidente sin que los españoles supieran muy bien qué iba a hacer con esa Presidencia, nos amenaza ahora con ser reelegido sin que sepamos qué planes tiene, si alguno, para los resolver de una vez el problema de fondo de la convivencia entre españoles. Pobre país.

Tagged with:

En el país de los ciegos, ganó el tuerto, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Economía, Política by reggio on Febrero 23rd, 2008

Solbes apareció en pantalla con un ojo cerrado, como si en la sala de maquillaje la especialista en la cosa le hubiera metido el dedo en el ídem, como si ya le hubiera caído encima la primera de las hostias dialécticas que los hooligans de Pizarro pensaban iba a soltarle al ministro en la noche de Antena 3, de modo que el de Teruel debutaba ante un John Silver ojo de gato, fondón y entrado en años, imagen pelín lastimosa, aquello prometía, que en la calle Génova seguían el debut en la arena política del diestro turolense Manolo Pizarro, Pizarrín, con la expectación de quien espera ver en el triunfo de su pupilo el augurio de días felices por llegar.Pero pronto se vio que en el ruedo que presidía Matías Prats había mucho toro y poco torero. Un bicho con muchos años y no menos kilos encima, muy resabiado, armado de considerable cornamenta, que se sabía la asignatura de arriba abajo, que se había preparado a conciencia el examen, hasta el punto de que muchos telespectadores pensaron la noche del jueves que Pedro Solbes había hincado los codos por primera vez en la legislatura. Ya era hora.

Entiéndanme, Solbes se sabe las generales de la ley, maneja las cifras estadísticas con soltura, ¡qué menos!, y es que un ministro de Economía tiene que ser muy romo, un necio sin recursos, como para no poner en aprietos, cuando de manejar cifras y porcentajes se trata, al economista más pintado, contando como cuenta con el respaldo del aparato estadístico oficial detrás. Si a ese oficio se le añade el mar de demagogia en el que nuestra izquierda suele tomar baños de sol todos los días, el escenario está completo.

De modo que, en un país donde las expectativas empresariales se han venido abajo de forma estrepitosa a cuenta del miedo a una crisis, que no mero ajuste, que se intuye profunda, el señor Solbes dibujó un panorama económico absolutamente idílico, no pasa nada y vivimos en el mejor de los mundos, hasta el punto de que, ante la indigencia teórica de Pizarro, llegó a afirmar cachazudo, sin que le temblara el ojo bueno, que España no tiene ningún problema de competitividad cuando somos el país que arrastra el mayor déficit exterior del mundo. ¡Con un par! Y así unas cuantas.

Pero es que en frente no había torero. Ni siquiera novillero. Enfrente había un aficionado que ha confundido su papel. Manuel Pizarro no es economista. No domina la materia y se nota demasiado, y el bagaje que puede resultar suficiente para sostener una charla con amiguetes en la barra de un bar, no lo es en absoluto cuando de mantener una confrontación ante un profesional de la materia se trata. Como decía Marx, Groucho, “más vale quedarte callado y que crean que eres un tonto, que hablar y que lo confirmen”. Pedro Solbes lo hubiera pasado mal ante un Montoro, por ejemplo, a pesar de que don Cristóbal no es precisamente familia de Castelar.

Y ese es el problema: que el problema no es de Pizarro, sino de Mariano Rajoy. La responsabilidad de lo ocurrido es de un Rajoy que, tras haber pasado cuatro años tocando la gaita gallega, en el último minuto presenta a Manuel Pizarro ante el distinguido público como el gran conejo salido de la chistera del PP. Y no es eso, no es eso, don Mariano. Al final, el de Teruel parecía un estudiante examinándose ante su profesor. Un opositor enfrentado al tribunal, que trae los temas prendidos con alfileres, atiborrado de notas, que balbucea y vuela nervioso de flor en flor, sin una línea argumental coherente. Un opositor desordenado, que no ha trabajado lo suficiente el temario y lo expone con chascarrillos, sin orden ni concierto. Un pequeño desastre. Solo le faltó echarse a llorar.

Un opositor que, cuando escuchaba la disertación del cátedro, lo miraba con cara entre arrobada y asustada, porque, para su desgracia, al de Teruel tampoco le habían explicado las cuatro reglas para manejarse con cierta soltura en la pequeña pantalla, tampoco le habían enseñado alguno de esos trucos del medio televisivo que, por ejemplo, le hubieran evitado mirar al contrario con aquel gesto de patética indigencia. Una cosa está clara: en caso de que por algún fenómeno natural de origen milagroso el PP lograra vencer en 9-M, Manuel Pizarro no sería el ministro de Economía de Mariano Rajoy. Eso sí quedó claro el jueves por la noche. Algo es algo.

Tagged with:

Zapatero y la generación de Bandung, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Política by reggio on Febrero 11th, 2008

Pronto hará 53 años que en Bandung (Indonesia) tuvo lugar la célebre Conferencia Afroasiática que marcó el devenir político de la segunda mitad de un siglo XX lastrado por las mayores matanzas de seres humanos que ha conocido la Historia. La Conferencia de Bandung marcó el nacimiento del bloque de los “países no alineados”, esencia destilada de un tiers monde –así fue bautizado por periodistas franceses ‘progres’, que ya por entonces los había- que a rebufo del proceso de descolonización creyó descubrir la posibilidad de “movilizar lo que hemos denominado la violencia moral de las naciones a favor de la paz”, en palabra de uno de sus más notables charlatanes, el presidente indonesio Sukarno.La idea de esa tercera vía, alternativa a la guerra fría que tras la derrota de la Alemania nazi libraban un primer mundo representado por el capitalismo rapaz de Occidente y el socialismo totalitario de la URSS, se basaba, en palabras Paul Johnson y sus “Tiempos Modernos”, “en la prestidigitación verbal y el supuesto de que mediante la invención de palabras y frases nuevas se podía modificar y mejorar la realidad de unos hechos insufribles” como los que el mundo acababa de vivir. Estrellas de la generación de Bandung fueron el ya citado Sukarno, el indio Nehru y el egipcio Nasser. Todos pertenecían a una nueva generación de políticos, generalmente abogados, sin la menor experiencia en la Administración pública, la empresa privada o la creación de riqueza, nacidos al calor de los imperios coloniales en retirada.

Analfabetos adoctrinados

Todos tenían el don de la palabra. Cuando afrontaba un problema, Sukarno lo resolvía con una frase, frase que después convertía en un acrónimo, que a continuación entonaba a coro una multitud de analfabetos adoctrinados por el partido único. Sukarno gobernaba a través de konsepsi, conceptos que cubrían las paredes de los edificios públicos. Una de sus frases se hizo mundialmente famosa: “El presidente Sukarno ha pedido al ciudadano Sukarno que forme Gobierno”. Gamal Abdul Nasser fue otro maestro de la retórica hueca, en cuyo ideario se mezclaban lemas marxistas, postulados liberales y dogmas islámicos en un revoltijo espumoso y superficial. Aficionado a las palabras, solo era brillante cuando se trataba de idear lemas o proclamas. Negado para la creación de riqueza, todas sus ideas tendían al consumo de riqueza.

Una auténtica celebridad de aquella generación fue Jawaharlal Nehru, un discípulo de Gandhi convertido, según Jonson, “en una figura de Bloomsbury, un Lytton Strachey politizado, transplantado desde el elegante Cambridge a la exótica India” cuya gobernación la retirada británica le puso en bandeja. Era, en palabras de Leonard Wolf, “la última palabra del refinamiento y la cultura aristocráticos consagrados a la salvación de los oprimidos”. Provisto de toda la farmacopea de la izquierda europea y enamorado de la España republicana, aceptó sin rechistar los falsos procesos de Stalin y fue un ardiente defensor del appeasement y el desarme unilateral. Nada sabía, en cambio, del proceso de creación y administración de riqueza que permitiera alimentar y gobernar a 400 millones de personas.

Zapatero y el mejor Sukarno

A estas alturas del Con Lupa, obligado por razones de espacio a obviar los matices, los lectores habrán caído en la cuenta del extraordinario paralelismo existente entre la generación de Bandung y nuestro Presidente Zapatero, y la réplica casi idéntica de sus sistema de valores basado en el uso y abuso de la retórica hueca. Ayer mismo en Vista Alegre nos obsequio con otro de sus eslóganes: “hay que movilizarse para llevar la amplía mayoría el 9M que derrote el cinismo del pesimismo que quieren sembrar en España”. Una frase digna del mejor Sukarno. Nada con gaseosa. El cinismo del pesimismo frente al optimismo del mentiroso compulsivo. Hasta Solbes, en un gesto de dignidad intelectual que le honra, ha terminado por entonar el mea culpa: “no preví una evolución tan negativa de la situación económica”, ha dicho la semana pasada en La Coruña.

ZP, que como la generación de Bandung no sabe nada que tenga que ver con la creación de riqueza, sigue, sin embargo, negando la mayor. No hay crisis ni atisbo de ella, seguimos instalados en el mejor de los mundos, y aquellos que dicen lo contrario son alarmistas y antipatriotas, cuando no miembros de esa “turba mentirosa, humillante e imbécil”, en palabras del director de cine José Luis Cuerda. Convertido en un patético remedo de aquel radicalismo tercermundista -ya sabemos que el patriotismo es el último refugio de los granujas- que enseñoreo el mundo en la segunda mitad del XX, Zapatero se ha convertido en un problema para millones de españoles que detestan las aventuras de una izquierda cada día más extrema y sin parangón en Europa, millones de españoles que aprecian en lo que vale el sentido común y la capacidad de gobernar sin sobresaltos, cualidades ambas que aseguran la continuidad del modo de vida, en paz, libertad y prosperidad, al que se han acostumbrado en las últimas décadas.

Si las masas de analfabetos que la descolonización británica y holandesa dejó tras sí en la India, Egipto e Indonesia no merecieron el respeto de Nerhu, Nasser y Sukarno, los 45 millones de españoles que hoy conforman una sociedad desarrollada como la nuestra no se merecen, esta vez de verdad, un Gobierno que mienta. Es hora de pasar factura a tanta farsa. Estamos a tiempo de rectificar el rumbo y trabajar por una España en la que todas las ideologías puedan vivir y de la que todos podamos sentirnos razonablemente orgullosos.

Tagged with: