Reggio’s Weblog

Algunos momentos, algunas palabras, de Ignacio Ramonet en Rebelión

Publicado en Internacional, Política by reggio on Mayo 8th, 2008

Prólogo al libro de Hernando Calvo Ospina “Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado”

Dada la actualidad, y con la autorización del autor y las editoriales, publicamos el prólogo de Ignacio Ramonet al libro de Hernando Calvo Ospina sobre la historia del terrorismo de Estado en Colombia

Según la historia, a partir de la segunda mitad del siglo XIX existen en Colombia dos partidos políticos, el Liberal y el Conservador. No es falso. Pero ello no es suficiente. En realidad, desde esa época, el país está dividido entre aquellos que lo poseen todo y aquellos que nada tiene.

No entraré en los detalles de la tragedia colombiana, que Hernando Calvo Ospina desarrolla aquí ampliamente y con gran talento. A modo de introducción, me contentaré con recordar algunos hechos significativos, emblemáticos de esta penosa historia.

Elegido al Congreso en 1929, el liberal Jorge Eliécer Gaitán decidió combatir a lo que él llamó la oligarquía: los ricos de ambos partidos. Con el paso del tiempo sus discursos se hacen incendiarios. Desde la tribuna, en mangas de camisa, él remata sus arengas con “¡Contra la oligarquía, a la carga!”. A pesar de ello, aboga por un cambio pacífico. Cuando se le daba como favorito a la presidencia de la república, el 9 de abril de 1948 es asesinado en Bogotá.

Un detalle insólito: La ley estadounidense permite a sus ciudadanos examinar, después de ciertos años, los documentos que poseen organismos públicos como la CIA, el FBI, o el Departamento de Estado. La CIA tiene información sobre la muerte de Gaitán pero hasta el día de hoy se niega a revelarla.

El asesinato de Gaitán provoca una insurrección generalizada -que Washington atribuye al “comunismo internacional”-, y una guerra civil a la que se ha llamado “La época de la violencia” (1948-1957): unos 300 mil muertos quedan tirados en los campos. En ese tiempo de horror y Apocalipsis los liberales y comunistas, señalados como objetivo, son destinados al suplicio.

Como complemento del poder, políticos y terratenientes utilizan a policías que, en uniforme o en civil, demuestran una crueldad sin límite. Se les conoce como chulavitas. También a sueldo de los mismos, los llamados pájaros van “volando” de región en región haciendo del terror su compañera.

Condenados a muerte, casi vencidos, y dispersos en un primer tiempo, los opositores entienden que una lucha gigantesca ha empezado. Han sido abofeteados, tratados de hez de la sociedad, perseguidos como a vagabundos importunos. Los miles de miserables que no poseen nada, y para quienes el respeto a la vida y un pedazo de tierra es suficiente, se suman a otros perseguidos que, armados de escopetas y machetes, se están organizando en incipientes grupos. Esos, que en realidad sólo tratan de subsistir y defender la vida de sus pequeñas comunidades, ahora van a combatir. Influidos por la revolución cubana, varios intelectuales y estudiantes los apoyan.

En 1964, para acabar con esta revuelta, la de esa guerrilla de campesinos insumisos a los cuales se les denominó “moscovitas”, Estados Unidos dona 300 millones de dólares, envía asesores y armamento. Se implementa la Operación Marquetalia. En 1999, Estados Unidos aportó 1.600 millones de dólares para impulsar el llamado “Plan Colombia”. Hasta el 2006 ya había gastado 4 mil millones de dólares en el Plan. Sin más resultados que en 1964.

Se sigue diciendo que la inmensidad de las llanuras, los obstáculos naturales, la presencia de selvas inexploradas, hace imposible aniquilar a los guerrilleros. Pero no a la población civil.

Al año siguiente, 1965, para luchar contra esos “subversivos”, los consejeros militares estadounidenses sugieren la creación de organizaciones civiles armadas. Ya no se les llama pájaros o chulavitas, sino “autodefensas”, legalmente reconocidas.

En una fecha tan lejana como es el 2 de septiembre de 1958, esos campesinos guerrilleros le hacían llegar una carta al presidente Alberto Lleras Camargo: « la lucha armada no nos interesa, y estamos dispuestos a colaborar por todas las vías a nuestro alcance en la empresa pacificadora que decidió llevar este gobierno. » Entre los firmantes, Manuel Marulanda Vélez, actual jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

En carta al Parlamento, con fecha del 20 de julio de 1984, y mientras negociaban con el presidente Belisario Betancur, las FARC anuncian el lanzamiento de un movimiento político nacional, la Unión Patriótica, UP. La intención de esa guerrilla era, junto a otros partidos y movimientos democráticos, ir ingresando a la vida política legal. Este trabajo de Hernando Calvo Ospina cuenta en detalle cual fue su destino. Una tragedia para tres mil militantes, simpatizantes y dirigentes de la UP, víctimas de escuadrones paramilitares… Pocos, realmente, pertenecían a las FARC. Una intransigencia política total de la clase dirigente.

Se dice que Colombia constituye una excepción notable en América Latina: sólo ha vivido cinco golpes de Estado desde su independencia de la Corona española. En 1958 se depuso al general Gustavo Rojas Pinilla, y desde entonces el gobierno ha estado siempre en manos de civiles. Rige cierto modelo democrático. Sin embargo, tan solo en cuatro años fueron asesinados cuatro candidatos a la presidencia: Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos Galán (1989), Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo (1990). Con sus particularidades, todos reclamaban reformas. Extraña concepción de lo que es una democracia…

Es que, sobrealimentados y avaros, incapaces de confrontar la realidad, ricos y poderosos piensan que los civilizados dignos de ese nombre pueden, para reducir y acabar con los “bárbaros”, utilizar bárbaros más bárbaros que ellos. Así lanzan las hordas de paramilitares, que son las mismas “autodefensas”, y les permiten que hagan alianza con los barones de la cocaína para que ayuden a financiar “su” guerra. Las Fuerzas Armadas los convierte en parte de su cuerpo, corazón y alma. Por eso los equipa, los instruye, los informa, los apoya… Con el pláceme de un gran sector de la clase política y de los gremios económicos.

Los paramilitares se ensañan con la población civil rural. Sistemática y calculadamente van acabando con la oposición política legal. Así estos seudo clandestinos, que se hacen llamar Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, bajan uno a uno todos los escalones que separan lo humano de la bestia. El terror tiene que golpear en el corazón de quien pueda ser enemigo en potencia. Asesina a uno y asustarás a mil.

En diciembre de 1997, el presidente Ernesto Sámper Pizano anuncia la creación de un “bloque especial de búsqueda” para capturar a los jefes paramilitares. Promete que esos grupos “serán perseguidos hasta en el infierno.” Todo queda en intenciones. Tres años después, Phil Chicola, jefe de la oficina de Asuntos Andinos en el Departamento de Estado, estima que “según la ley de Estados Unidos, estos grupos deben cometer actos que amenazan los intereses nacionales estadounidenses para poder ser incluidos formalmente en la lista [de grupos terroristas].” [1] En cambio, en 1982 el embajador estadounidense en Bogotá, Lewis Tambs, sin pruebas, trató de “narcoguerrilla” a las FARC. Por decisión del presidente George W. Bush, esa guerrilla y el otro grupo insurgente, el Ejército de Liberación Nacional, ELN, se convierten en “narcoterroristas” después del 11 de septiembre 2001. Dos pesos, dos medidas.

¿“Narcoguerrilla”? ¿“Narcoterroristas”? ¿Ex revolucionarios descarriados? Provocando el empobrecimiento de importantes sectores de la población, los sucesivos gobiernos han favorecido el cultivo de la coca y las actividades ligadas al tráfico de cocaína. Pero son muchos los que tienen las manos metidas en el “negocio”: los militares, bastantes políticos de derecha y los sectores económicos. Bien metidas las tienen los paramilitares. Y aunque en una muy mínima medida, algún sector de la guerrilla también se ha untado con el pretexto de ayudar a financiar la causa.

Me conformaré con citar las palabras de Daniel García Peña, quien en 1997 dirigió una Comisión exploratoria para definir los términos y condiciones de posibles conversaciones de paz, bajo la presidencia de S

Sámper: “El discurso mil veces repetido sobre una guerrilla sin ideales y convertida en organización mafiosa es falso. Se trata de una organización político-militar que, como la guerra cuesta caro, impone su impuesto revolucionario sobre la cosecha [de coca], pero no tiene ninguna participación en el tráfico. Si se tratara de un cartel, no tomaría pueblos ni adelantaría operaciones militares.” Un poco más tarde, el 18 de mayo de 2003, el enviado especial del secretario general de Naciones Unidas, James Lemoyne, afirma: “La columna vertebral de la principal guerrilla del país se compone de personas comprometidas ideológicamente.”

Todo conflicto político se termina en una mesa de negociaciones. Y por qué no, ya que son necesarias, con reformas sociales. Eso no sucede en Colombia. Con un empecinamiento en extremo sorprendente, cada gobierno le ha declarado la guerra a las guerrillas; ha multiplicado los gastos militares; les ha subido el sueldo a las Fuerzas Armadas… Y cada presidente, desde mediados de la década de los sesenta, ha prometido acabar con la guerrilla antes del final de su mandato. Para constatar, al partir, ¡qué la oposición armada es más fuerte que cuatro años antes! La injusticia social la ha nutrido. Y, también, sin duda, la represión indiscrimada y ciega.

Nada. Aquí nada se debe al azar. La “limpieza” política realizada por el ejército y los paramilitares ha vaciado de campesinos pobres a muchas regiones colombianas. Hombres y mujeres que cometieron uno de estos “errores”, o todos juntos: vivieron en territorios inmensamente ricos; se organizaron para exigir sus derechos; militaron o dieron su voto a formaciones políticas de oposición; o quizás -quizás- simpatizaron con las guerrillas. Sus tierras pasaron a manos de terratenientes, jefes paramilitares, y de representantes de poderosos intereses económicos.

El azar no existe. En 1997, evocando el futuro de las relaciones comerciales entre Colombia y Estados Unidos, el embajador estadounidense Myles Frechette declaraba: “Mi gobierno invita con insistencia al gobierno colombiano a que abra lo más ampliamente posible el mercado de las telecomunicaciones en el marco de la ley colombiana, o de ser necesario que cambie la ley para adoptar las reglas adecuadas y efectivas de competencia.” [2] Luego reclamó lo mismo para el petróleo, la energía y la agricultura. Dos años más tarde, una de las exigencias de la enmienda al Plan Colombia que imponen algunos senadores estadounidenses, es que se les dé la prioridad a las inversiones extranjeras, y en particular al sector de la industria petrolera. El Consortium US Columbia Business Partnership –Occidental Petroleum Company, BP, Caterpillar, Bechtel & Pfizer- defendía con toda fuerza la adopción del Plan.

Todo fue aceptado. Y más: las Fuerzas Armadas y sus paramilitares se encargaron, con el apoyo del Plan y de los asesores estadounidenses, de incrementar el vaciado de campesinos e indígenas en las extensas zonas petroleras.

Dando también entera satisfacción a quienes “ordenan”, el presidente Álvaro Uribe Vélez, “negocia” desde el 2006 un Tratado de Libre Comercio con Washington. Su firma será como un asesinato a la economía colombiana…

Este mismo presidente le ofrece una reinserción “suave” a los paramilitares. Washington no se opone, aunque ya los tiene incluidos en su lista de organizaciones terroristas. Al contrario, sus diplomáticos participan en varios actos públicos con jefes paramilitares, cuya extradición pide su gobierno por narcotráfico. Es que no sólo han masacrado poblaciones: los paramilitares se han convertido en el cartel de droga más poderoso de Colombia. Washington se contenta con hacer esporádicas declaraciones. Los paramilitares no han atacado ni el mínimo de sus intereses estratégicos en Colombia: los han cuidado como si fueran suyos.

Entonces el presidente Uribe Vélez ha tenido manos libres para firmar la ley de Justicia y Paz, 21 de junio de 2005. Esta les otorga a los “paras”, también acusados de crímenes de lesa humanidad, una casi impunidad, la legalización de sus fortunas y una jubilación dorada. A pesar de que en cuatro años, desde que firmaron un “cese al fuego” el 15 de julio de 2003, hayan cometido unos 3 mil asesinatos más.

Pero, ¿este gobierno hubiera podido ser menos bondadoso con el paramilitarismo? Fue este gobierno, como los que le precedieron, quien derramó esa plaga sobre el pueblo. Fue el Estado quien formó, fomentó, animó y protegió al paramilitarismo. Porque el paramilitarismo es una estrategia estatal, avalada y apoyada por Washington, para el beneficio de los poderosos conglomerados económicos. Han sido aliados en la destrucción y la muerte para compartir el botín.

Pero se dejó que los paramilitares se convirtieran en poderosos señores de la guerra. Y esos jefes mafiosos, que casi ni aceptan el mínimo castigo, y menos aún ser los únicos en cargar con toda la culpabilidad, lanzan una amenaza a quienes los criaron y dirigieron: si la justicia se “encarniza” con ellos, podrían revelar sus inmensos secretitos.

A partir de documentos confiscados a uno de ellos, “Jorge 40”, marzo 2006, se llevó a cabo la detención de varios diputados y senadores de la costa atlántica, todos ligados a los partidos que apoyan al presidente Uribe Vélez. Desde ese momento el fuego se extendió sobre hierba seca, porque comenzó el escándalo conocido como la “Parapolítica”. Por culpa de su padre y hermano, inculpados de relaciones con los paramilitares, la ministra de Relaciones Exteriores, Maria Consuelo Araujo, ha debido renunciar. Por las mismas razones Jorge Noguera, ex jefe de la policía política -Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, que depende de la presidencia de la República-, uno de los protegidos del presidente, fue encarcelado.

Son unas muestras. Pero la lista que señala acusadoramente a la clase política tradicional colombiana, en especial a los aliados del presidente Uribe Vélez, es muy grande. La hecatombe judicial continúa, y toca a senadores, diputados y muchos altos funcionarios de Estado. Sin dejar por fuera a mandos militares y de policía.

Cierta cantidad de “personalidades” tiene cada día más dificultad en tragar saliva. Han descubierto que el perro que los cuidaba ayer, los amenaza hoy. Para impedir posibles revelaciones, 59 jefes paramilitares fueron trasladados, de repente, del centro vacacional donde habían sido concentrados, hacia una prisión de alta seguridad. Entonces anunciaron, el 7 de diciembre 2006, que consideraban el “proceso de paz” como terminado. El presidente Uribe dice que debe seguir.

Acorralado por las constantes revelaciones, el presidente Uribe responde con ataques, y se ensaña en quienes no debe. Acusa a los movimientos de defensa de los derechos humanos y a la izquierda legal, como al Polo Democrático Alternativo, de pactar “con los terroristas”. Parece que no le importa que con ello haga correr a sus miembros inmensos peligros: Al menos que sea algo deliberado. Desde hace algunos meses nuevos escuadrones de la muerte surgen por todo el país, que ya amenazan y van asesinando a los opositores…

Sin parar la arremetida, el jefe de Estado se fue contra la Corte Suprema de Justicia. Su presidente, Cesar Julio Valencia, se vio obligado a reaccionar en octubre 2007, rechazando acusaciones de Uribe Vélez. Le dijo al presidente que con ellas pretendía obstruir la acción de la justicia, en el cuadro de las investigaciones adelantadas sobre “parapolítica”. Es que los jueces estaban pisando huellas profundas de las relaciones existentes entre jefes narco-paramilitares y demasiados parlamentarios: 17 presos y más de 40 judicializados, todos pertenecientes a grupos políticos pro-Uribe. Sin contar a gobernadores y alcaldes presos “uribistas”.

No cabe duda que apenas comienza el forcejeo. ¿Quién sabe si las importantes revelaciones hechas en este libro por Hernando Calvo Ospina, sobre los mecanismos del terrorismo de Estado en Colombia, no serán a corto o mediano plazo confirmadas por los propios implicados? Por tanto este trabajo es sumamente valioso. Más aun, su atenta lectura es indispensable para entender la tragedia del pueblo colombiano.

Traducción del francés: Karine Álvarez.

“Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado”. Editorial Akal-Foca. Madrid. “El terrorismo de Estado en Colombia”. Fundación Editorial El Perro y la Rana. Caracas.

[1] El Tiempo, Bogota, 1 de mayo 2000.

[2] Apolinar Díaz Callejas, “Colombia bajo doble fuego: crisis interior y señorío de EE UU”. Papeles de cuestiones internationales, N° 62, Madrid, 1997.

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Motines del hambre, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (mayo de 2008 - nº 151)

Publicado en Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente by reggio on Mayo 3rd, 2008

Ya son más de treinta y siete los países en los que la inseguridad alimentaria ha provocado protestas. Las primeras tuvieron lugar en México el año pasado por el aumento exagerado del precio del maíz. También en Myanmar (antigua Birmania) la insurrección de los monjes, en septiembre de 2007, comenzó por manifestaciones de descontento contra la carestía de los alimentos. Y en las últimas semanas hemos asistido a tumultos en diversas ciudades de Egipto, Marruecos, Haití, Filipinas, Indonesia, Pakistán, Bangladés, Malasia y sobre todo de África Occidental (Senegal, Costa de Marfil, Camerún y Burkina Faso) (ver “Crisis cerealera”, págs. 16 a 18).

Son rebeliones de los más pobres y limitadas al ámbito urbano. El campesinado, por el momento, no se ha amotinado, y las clases medias no se han sumado al alboroto. Pero lo harán si los precios de la comida siguen aumentando. Y éstos subirán pues lo paradójico de la situación es que nunca la producción agrícola había sido tan abundante. O sea que la carestía actual no se debe a la penuria, sino a otros factores. Habrá pues nuevos amotinamientos por hambre y durante un largo periodo. Que se traducirán por nuevas oleadas de emigración. Pues la comida representa hasta el 75% de los ingresos de las familias de países pobres, contra un 15% en los países ricos.

Para prevenir las próximas algaradas, algunos Gobiernos ya han multiplicado las medidas: Kazajistán ha suspendido todas sus exportaciones de trigo, Indonesia ha decidido limitar las de arroz, Filipinas ha declarado la guerra a los especuladores, y Argentina, Vietnam y Rusia han restringido sus ventas de trigo, arroz y soja al extranjero.

Pero los precios siguen en alza. Desde marzo de 2007, el valor de los productos lácteos ha subido un 80%, el de la soja un 87%, y el del trigo, un 130%. El Banco Mundial, que no está exento de responsabilidad (léase, p. 32, el artículo de Serge Halimi), afirma que estos aumentos han empujado al abismo de la miseria a más de cien millones de habitantes de los países pobres. Y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola estima que por cada aumento de 1% del coste de los alimentos de base, 16 millones de personas se ven sumergidas en la inseguridad alimentaria. Lo cual significa que 1.200 millones de seres humanos podrían padecer hambre crónica de aquí a 2025.

¿Por qué aumentan los precios de la comida? Esencialmente, por cuatro razones. Primero porque la elevación del nivel de vida de países como China, la India y Brasil ha modificado los hábitos alimentarios. Se consume más carne, luego hay que criar más ganado. El cual consume una parte importante de las cosechas de cereales. Las nuevas clases medias comen más veces a la semana carne de pollo y de cerdo, y estos animales se nutren a base de soja y de maíz. Como la población mundial va a seguir creciendo y el poder adquisitivo de muchas personas va a continuar elevándose, se producirá un cambio estructural. El ecologista Lester Brown lo anuncia: “Cuando los chinos consuman tanta carne como los estadounidenses, absorberán el 50% de los cereales del mundo” (1).

Segundo, porque una parte de la producción alimentaria (caña de azúcar, girasol, colza, trigo, remolacha) se destina ahora a la producción de agrocarburantes. Las tierras y los cultivos que se dedican a esa actividad ya no dan alimentos para los seres humanos. Y esto también se va a agravar. La Unión Europea ha decidido que un 10% del total de hidrocarburos consumidos de aquí a 2020 deben ser agrocarburantes. Y el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pide que sea un 15%, de aquí a 2017. A tal punto que países con déficit alimentario como Senegal o Indonesia han resuelto producir agrocarburantes en vez de vegetales comestibles. Responsable en parte de esta situación, el Fondo Monetario Internacional afirma que entre un 20% y un 50% de las cosechas mundiales de maíz y de colza ya están siendo desviadas para elaborar carburantes.

Tercero, porque el estallido de los precios del petróleo -por encima de 115 dólares el barril- encarece el coste de los transportes, en particular el del traslado de los artículos del agro y por consiguiente el valor de los alimentos.

Cuarto, por efecto de la especulación financiera. Huyendo de la crisis de los subprime , los fondos de inversiones apuestan en este momento por los productos alimentarios: soja, trigo, arroz, maíz. Son valores refugio. Los fondos compran y almacenan apostando por el alza. Como los acaparadores de siempre, los nuevos especuladores no dudan en enriquecerse con las hambrunas que ellos mismos contribuyen a crear. Se estima que la especulacion está causando un 10% de las subidas de los alimentos.

Los países ricos se comprometieron hace tiempo a consagrar el 0,7% de su Producto Interior Bruto al apoyo de los países pobres. Muy pocos han cumplido esa promesa. En su conjunto, el año pasado la ayuda disminuyó un 8,4%. ¡Y la asistencia a la agricultura de los Estados del Sur bajó, en los últimos veinte años, un 50%! ¿Cómo extrañarse de la proliferación de los motines? ¿A qué se espera para crear, por fin, un gran Fondo Mundial contra el Hambre?

Notas:

(1) Capital , París, marzo 2006.

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Recordando Mayo del 68, de Ignacio Ramonet en El País de Galicia

Publicado en Política by reggio on Abril 23rd, 2008

Ocurre un día de mayo en la Plaza de la Mutualité, en el corazón del Barrio Latino de Paris. Amotinados contra el poder central, los estudiantes de la Sorbona, para estorbar la circulación, vallan las calles con toda suerte de enseres. Amontonan toneles y barricas llenas de piedras, de tierra y hasta de estiércol. Almacenan también adoquines para lanzarlos como proyectiles contra guardias y gendarmes que pronto retroceden ante semejante chaparrón de piedras.

Tan altivo ejemplo de resistencia suscita emulación. Y ya otras calles, la Saint-Severin, la de Cluny, hasta el puente Saint-Michel, se encuentran ahora tapiadas por barricadas improvisadas desde las cuales los soliviantados estudiantes machacan con elementos del empedrado a los pelotones de agentes. Todo el corazón de París está sublevado. Varios días dura aquel arrebato de furia. Se tambalea el poder mientras el país entero comenta el inaudito amotinamiento, cuyo aniversario se conmemora este año. Y que la historia menciona como “la jornada de las barricadas”.

¿Un recuerdo de mayo de 1968? No. Esa célebre jornada ocurrió hace 420 años, el 12 de mayo de 1588. No fue una revuelta más de las tantas que ha conocido París. Aquel día, en la capital francesa, se inventaron las barricadas. Por primera vez en la historia, unos sediciosos adoptaban, como modo de oponerse a la fuerza publica, el estorbo de la circulación taponando las arterias con barricas s llenas de piedras y tierra. Desde entonces, en casi todas las lenguas del mundo, para designar ese tipo de parapeto desde donde se hostiga al enemigo y a la vez se obstaculiza su avance, se usa alguna palabra derivada de la voz francesa barricade.

En un libro titulado Guía del París Rebelde que acabamos de publicar en Francia y que estará en los próximos días, en castellano, en las librerías de España, Ramon Chao y su humilde servidor revelamos el lado irónico de esa “jornada de las barricadas” de 1588. Aquellos estudiantes, en la atmósfera de rencor y odio de las Guerras de Religión entre católicos y protestantes, no fueron unos progresistas sedientos de libertad, sino unos sediciosos ultracatólicos, reaccionarios, fanáticos e intolerantes.

Con ocasión del 40º aniversario de Mayo del 68, algunos comentaristas están intentando difundir la idea de que aquella revuelta fue la madre de todas las desgracias para el pueblo francés. Entre ellos el presidente Nicolas Sarkozy. Se equivocan, claro. El propio Sarkozy no hubiera, antes de mayo de 1968, ni siquiera podido ser candidato a la Presidencia por su condición de divorciado casado con una divorciada. Y menos aún, unos meses después de haber sido elegido, divorciarse de nuevo al ser abandonado por su esposa, y casarse otra vez con una multidivorciada y simpática ninfómana.

Entumecida y agarrotada, la sociedad francesa de antes del 68 no hubiese tolerado jamás de un presidente esa conducta que hoy, por efecto de aquella revuelta, no nos parece anormal. Muchos se olvidan de cómo era Francia antes del aldabonazo del 68. Todo o casi estaba prohibido. Las chicas no podían ir en pantalones a los institutos. En la enseñanza primaria y secundaria la segregación de género era la norma. Hembras y varones estudiaban en edificios distintos. El bachillerato no daba acceso automático a la universidad. Los cursos eran sólo magistrales. Contradecir al profesor estaba proscrito. Cuestionar una tesis oficial, también. El machismo dominaba la vida pública mucho más que hoy.

Contrariamente a lo que se cree, Mayo del 68 no fue una rebelión política, sino una revolución cultural. Presentaba apariencias políticas: jerga revolucionaria, consignas subversivas, barricadas, exhibición de iconos insurrectos (Lenin, Mao, Ho Chi Minh, Che Guevara). Parecía responder al requerimiento de Marx de “transformar el mundo”. Pero en realidad respondía al postulado de Rimbaud de “cambiar la vida”.

Por uno de esos milagros que se producen pocas veces en la historia, en París hace 40 años la imaginación tomó el poder. En las paredes, aquellos jóvenes soñadores, escribían su insolente programa: “Corre camarada, deja el viejo mundo detrás de ti”. Y hedonistas al fin, no sin sabiduría concluían: “La revolución cesa a partir del instante en que hay que sacrificarse por ella”.

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Capitalismo de pánico, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Abril 2008. Numero 150)

Publicado en Economía by reggio on Abril 4th, 2008

¿Quién puede aún dudarlo? La crisis que está contagiando al resto del mundo es ya “la más dolorosa desde el final de la Segunda Guerra Mundial”. No lo afirma cualquiera, sino el propio Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal estadounidense (1). Dos cifras bastan para dar una idea de ese “dolor”: En sólo sesenta días, las mil principales empresas del planeta han perdido 158.000 millones de euros, es decir, más que el Producto Interior Bruto (PIB) anual de países como la República Checa o Colombia. Y el valor bursátil de esas mismas mil grandes corporaciones, en los últimos ocho meses, ha disminuido en unos tres billones de euros, o sea más que la suma de los PIB anuales de Alemania y Brasil (2).

España no está a salvo. La crisis de los sectores ligados al “ladrillo” (léase, p. 3, el artículo de Aleksandro Palomo Garrido) empieza a trasladarse a las entidades financieras. Según el Banco de España, al cierre de 2007, las Cajas de Ahorro acumulan ya 1.600 millones de euros en créditos dudosos concedidos a constructoras e inmobiliarias.

Y todo parece acelerarse. El verano pasado, cuando estalló la burbuja de las hipotecas basura, la Reserva Federal estimaba que las pérdidas de los bancos se elevarían a unos 100.000 millones de euros. Hoy se calcula que se sitúan entre 200.000 y 300.000 millones aunque diversos analistas consideran que alcanzan, en realidad, los 600.000 millones. Y algunos expertos hasta sostienen que el volumen real de las pérdidas no es inferior a los dos billones de euros… (3).

Tan dispares apreciaciones -¡del uno al veinte!- de la verdadera dimensión de la crisis, contribuyen a agravarla. Traducen nerviosismo, ignorancia. Nadie parece saber nada, lo cual enloquece más al sistema. Y deja perplejos a los ciudadanos. Algunos analistas señalan lo siguiente: comparadas con un presupuesto familiar ordinario, las cifras citadas pueden parecer oceánicas y demenciales. Sin embargo, referidas a la vida ordinaria de la Bolsa, son por así decirlo normales y banales. Por ejemplo, si tomamos la cifra más generalmente admitida de 300.000 millones de euros de pérdidas, y si la comparamos con el volumen del mercado financiero, representa apenas una caída del 1% del mercado de acciones estadounidense (4). Algo que se produce habitualmente en Wall Street. Sin que nadie se preocupe. Y que banqueros y agentes de bolsa absorben de modo rutinario.

¿Por qué entonces ese granito de arena ha podido engendrar semejante crisis? Porque ha habido tanta especulación y tanto engaño, que ahora domina la desconfianza. Se extienden como regueros de pólvora los rumores. Y toca el sálvese quien pueda.

Lo cual no impide, en medio de lo que empieza a parecer un naufragio, que los carroñeros financieros sigan al acecho. Conducidos por su instinto depredador, sin importarles el destino de un sistema que se tambalea. Ellos son los culpables de la espectacular caída de Bear Stearns, el quinto banco de inversión del mundo.

Detalladamente, el New York Times (5) ha relatado cómo una jauría de especuladores que el diario califica de “Gang de Wall Street” y del cual formaban parte “algunas de las personas más poderosas de Wall Street y de Washington”, organizó, en apenas tres días, la caída de Bear Stearns. Y, con la complicidad de la Reserva Federal, favoreció su compra -que el periódico llama “latrocinio”- en favor de JPMorgan Chase.

Metódicamente, desde la sede de este banco se lanzó una campaña de rumores, insistiendo en una pretendida falta de liquidez de Bear Stearns. Con llamadas telefónicas personales a grandes inversores, aterrorizándoles y empujándoles a retirar de inmediato sus fondos. En menos de cien horas, el precio de la acción se hundió de 70 a 2 dólares. El presidente de Bear Stearns, Alan Schwartz trató de lanzar una contraofensiva, demostrando, con documentos y pruebas, la falsedad de los rumores. No lo consiguió.

El propio Secretario del Tesoro (equivalente a ministro de Finanzas), Henry Paulson Jr, ex director ejecutivo del banco Goldman Sachs y que algunos sospechan que forma parte de la conspiración, intervino cerca del presidente de Bear Streans para darle el golpe de gracia. Dice el New York Times: “Le puso el cañón de la pistola en la sien: ‘o aceptas un acuerdo con JPMorgan, o abrimos expediente de bancarrota”.

Da pánico. Al borde del volcán, estos especuladores aún aprovechan la inquietud reinante para obtener ganancias, a costa de quien sea. Encarnan la versión más infernal del capitalismo. Y lo peor es que hacen escuela. Ahora, muchos quieren cometer el mismo crimen: conseguir que el valor de un establecimiento bancario, en sólo tres días, se divida por 15. Y pueda ser adquirido a precio de ganga.

Desde entonces, a base de campañas de rumores, el valor del banco hipotecario Halifax Bank of Scotland (HBOS), por ejemplo, se ha desplomado un 18%. El del Lehman Brothers ha perdido un 20%. Y Union des Banques Suisses (UBS), atacado también por la especulación, ha tenido que desmentir que esté a punto de ser comprado por el Crédit Suisse.

Los especuladores saben que arriesgan poco. Están ahora seguros -es la otra lección del asunto Bear Streans- de que, en caso de dificultad, los Estados intervendrán. Porque los Gobiernos le tienen pánico a la posibilidad de que el derrumbe de un banco, por efecto dominó, sea capaz de hundir el sistema.

Hace unas semanas, renegando de su fe absoluta en el mercado, el Gobierno británico se vio obligado a nacionalizar el banco Northern Rock. Y en muchos países de sesgo neoliberal, donde no se ha cesado de repetir el sagrado mandamiento neocon según el cual “aún hay demasiado intervencionismo del Estado”, hemos asistido a una multiplicación de intervenciones estatales: paquetes de medidas fiscales, reducción de tipos de interés, inyecciones de liquidez, y hasta nacionalizaciones. Medidas ruidosamente aprobadas ahora por los críticos de antaño. Y todas ellas -suprema inmoralidad- financiadas por los contribuyentes.

De nuevo se socializan hoy o se mutualizan las pérdidas, mientras ayer se privatizaban las ganancias y los beneficios. Y una vez más queda demostrado que el mercado, por sí solo, es incapaz de autorregularse. ¿Qué espera el Estado para poner límites por fin a este capitalismo de pánico?

Notas:

(1) Financial Times, Londres, 17 de marzo de 2008.
(2) L’Expansion, París, marzo de 2008.
(3) Ibid.
(4) Jacques Cremer y Christian Gollier, “La faute à l’incertitude”, Les Échos, París, 20 de marzo de 2008.
(5) International Herald Tribune, 19 de marzo de 2008.

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Mercado contra Estado, de Ignacio Ramonet en El País de Galicia

Publicado en Economía, Política by reggio on Marzo 12th, 2008

Con ocasión de las elecciones generales en España, una importante emisora de radio parisina entrevistó a José Maria Aznar. Como es habitual, éste elogió de modo ditirámbico el neoliberalismo, criticó a los socialistas e hizo alusión, con mayor desprecio si cabe, a los altermundialistas. Normal. Aznar sabe que el mayor adversario de sus amigos neoconservadores liberales es, en efecto, el altermundialismo. Algunos aún se preguntan: ¿Qué es eso del altermundialismo? ¿Un partido político? ¿Un sindicato? ¿Una organización no gubernamental? ¿Cuál es su programa? ¿Dónde esta su sede? ¿Quiénes son sus jefes? Las respuestas suponen que se sepa, primero, qué es la globalización neoliberal.

A estas alturas ya nadie ignora que la globalización, fenómeno esencialmente económico, favorece el libre comercio. Cada vez hay más países que intercambian una cantidad cada vez mayor de bienes y de servicios. Para que este intercambio sea más intenso, la lógica de la globalización exige la supresión de todas las barreras que pueden frenar los intercambios comerciales: aranceles aduaneros, tasas, leyes y reglamentos proteccionistas, etcétera. Esto acarrea el desmantelamiento del sector económico controlado por el Estado, ya que éste tiene tendencia a proteger ese sector y no abrirlo a la competencia. Por eso la globalización rima, en todo el planeta, con privatización de todos los sectores públicos controlados por el Estado (educación, salud, electricidad, radio y televisión públicas, teléfono, agua, energía, ferrocarriles, autopistas, compañías aéreas…)

Por otra parte, al suprimir las barreras se favorecen las importaciones, las cuales entran en competencia con la producción local. Una competencia frecuentemente desleal, ya que los nuevos países exportadores no tienen la misma legislación social, la misma exigencia ecológica, no prohíben el trabajo de los niños, etcétera. Por eso, en muchos países europeos, como consecuencia de la globalización, han desaparecido tantas industrias -astilleros, pesca, textil, minas- y tantos miles de empleos. Se acelera la huida de las fábricas, la deslocalización, hacia zonas de salarios ultrabajos (China, India).

La globalización liberal defiende el mercado y combate el Estado. Por eso es paradójico que, en España, el PP pretenda defender a ultranza el mercado contra el Estado y, a la vez, el Estado contra las autonomías. La globalización es una lucha sin cuartel que enfrenta el sector privado contra el sector público, lo individual contra lo colectivo, el egoísmo contra la solidaridad, el enriquecimiento personal contra el bien común general. La globalización y las instituciones que la promueven (FMI, OMC, Banco Mundial) se esfuerzan en reducir al máximo el Estado, disminuyendo su presupuesto, limitando el número de funcionarios y suprimiéndole toda actividad económica.

La globalización es, sobre todo, un fenómeno financiero. Lo que más circula en el mundo, sin ningún tipo de trabas, son los capitales. Aproximadamente, dos billones de euros cada día. Hay que saber que la economía real -la que crea empleos y produce bienes-, representa sólo cuatro billones de euros anuales. O sea, que equivale a apenas ¡dos días! de actividad económica mundial, que 363 días al año es puramente financiera.

Lo que más se compra y se vende, no es el trigo o el petróleo sino las divisas, el dólar, el franco suizo, el yen y el euro. Ello da lugar a una especulación colosal, que enriquece a quienes tienen capitales. Consecuencia: los ricos son cada día menos numerosos pero más ricos, y los pobres cada vez más numerosos y más pobres… En la era de la globalización, la terrible realidad social del planeta es que hay apenas 500 millones de personas que viven como un europeo medio, mientras que los que sufren necesidad son ¡más de 5.000 millones!

Entonces, ¿qué es el altermundialismo? Pues sencillamente el conjunto de protestas, en todos los continentes, de todos aquellos (mujeres, campesinos, indígenas, ecologistas, obreros, estudiantes, maestros, minorías culturales) que se ven afectados negativamente por la globalización liberal. No es un partido, es una galaxia que reune a asociaciones muy diversas, pero que coinciden en la denuncia de la globalización. No tienen sede, ni tampoco jefes comunes. Pero se dan cita para manifestar en donde se reúnen los nuevos amos del mundo: el G-8, Davos, las Cumbres europeas, el FMI, la OMC, la OCDE, el Banco Mundial. Y también en las urnas. Como el pasado domingo en España, donde todos los altermundialistas, a pesar de sus diferencias, votaron unidos contra las candidatas y los candidatos neoconservadores liberales.

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¿‘CRACK’ 2008?, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Febrero 2008. Num. 148)

Publicado en Economía by reggio on Febrero 3rd, 2008

El desplome de las Bolsas el pasado 21 de enero, “lunes negro”, constituye un claro indicador de la falta de confianza en el plan de relanzamiento de la economía norteamericana, anunciado unos días antes por George W. Bush, con un montante de más de cien mil millones de euros. La urgente intervención de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) con una espectacular bajada de los tipos, ha permitido calmar los ánimos. ¿Por cuánto tiempo? ¿Podrán esas medidas evitar una recesión en Estados Unidos y alejar el espectro de un verdadero crack mundial? Numerosos expertos así lo creen. Pero también piensan que una reducción de las previsiones de crecimiento y una ralentización de la economía mundial serán inevitables.

El desplome de las Bolsas el pasado 21 de enero, “lunes negro”, constituye un claro indicador de la falta de confianza en el plan de relanzamiento de la economía norteamericana, anunciado unos días antes por George W. Bush, con un montante de más de cien mil millones de euros. La urgente intervención de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) con una espectacular bajada de los tipos, ha permitido calmar los ánimos. ¿Por cuánto tiempo? ¿Podrán esas medidas evitar una recesión en Estados Unidos y alejar el espectro de un verdadero crack mundial? Numerosos expertos así lo creen. Pero también piensan que una reducción de las previsiones de crecimiento y una ralentización de la economía mundial serán inevitables.

Otros analistas, adeptos al capitalismo, se muestran mucho más alarmistas. Así, por ejemplo, en Francia, Jacques Attali profetiza que “en breve (…) la Bolsa de New York, garante de la pirámide de deudas, se hundirá (1)”. Por su parte, Michel Rocard estima que “la crisis mundial es para mañana mismo”, y no duda en añadir: “Tengo la convicción de que esto va a explotar de un momento a otro”.

Lo cierto es que los signos de desconfianza se multiplican. Prueba de ello, la actual “fiebre del oro”. El metal amarillo -cuya cotización en 2007, aumentó un 32%- vuelve a su papel de valor refugio. Y todos los grandes organismos económicos, en particular el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ya prevén un descenso del crecimiento mundial.

Todo comenzó en 2001 con el estallido de la burbuja de Internet. Para preservar a los inversores, Alan Greenspan, presidente entonces de la FED, decide orientar las inversiones hacia los valores inmobiliarios (3). Mediante una política de tipos de interés muy bajos y de abaratamiento de los gastos financieros, exhorta a los intermediarios financieros e inmobiliarios a incitar a una clientela cada vez más amplia a invertir en “el ladrillo”. Se pone así en marcha el sistema de los subprime , créditos hipotecarios de alto riesgo y de tasa variable concedidos a familias económicamente muy frágiles. Pero cuando, en 2005, la FED aumenta los intereses del dinero, deteriora la máquina y acarrea un desastroso efecto dominó que, a partir de agosto de 2007, va a hacer tambalearse al sistema bancario internacional.

La amenaza de insolvencia de cerca de tres millones de hogares, endeudados en unos 200.000 millones de euros, provoca la quiebra de importantes establecimientos de crédito estadounidenses. Para protejerse contra ese riesgo, éstos habían vendido una parte de sus hipotecas dudosas a otros bancos que los habían cedido a fondos de inversión especulativos los cuales, a su vez, los habían diseminado por bancos del mundo entero. Ejemplar demostración de la locura actual de los mercados financieros.

Resultado: como una fulgurante epidemia, la crisis se ha extendido al conjunto del sistema bancario. Algunos de los principales establecimientos financieros -Citigroup y Merrill Lynch en Estados Unidos, Northern Rock en el Reino Unido, Swiss Re y UBS en Suiza, la Société Générale en Francia, etc- han acabado por reconocer pérdidas colosales y prevén depreciaciones suplementarias. Para limitar la brutal caída y hasta la bancarrota, varios de ellos han tenido que aceptar capitales provenientes de fondos soberanos controlados por potencias del Sur (China, Corea del Sur, Singapur, Taiwan) y petromonarquías.

No se conoce todavía la amplitud exacta del desastre. Desde agosto de 2007, los bancos centrales norteamericano, europeo, británico, suizo y japonés han inyectado a la economía centenares de miles de millones de euros. Sin consegir restablecer la confianza.

La crisis se propagará, con seguridad, de la economía financiera a la economía real. Y una conjunción de factores complementarios -bajón acelerado de los precios inmobiliarios en Estados Unidos así como en el Reino Unido, en Irlanda y en España, restricción de liquidez de capitales, regreso de la inflación, reducción de créditos- auguran efectivamente un neto retroceso del crecimiento mundial. A esto se han añadido últimamente otros fenómenos como el alza de los precios del petróleo, de las materias primas y de los productos alimentarios. O sea, todos los ingredientes de una crisis duradera. La más importante desde que la “especulación financiera” es la característica principal de la economía. Y desde que la globalización se ha convertido en el marco estructural de la economía mundial.

Esta crisis marca el fin de un modelo: el de sesenta años de supremacía del dólar y de una economía basada en el consumo estadounidense. Su salida se halla en la capacidad de las economías asiáticas de relevar al motor norteamericano. En este sentido, la crisis constituye también una nueva manifestación del declive de la supremacía de Occidente. Y presagia quizá el desplazamiento próximo del centro de la economía-mundo de Estados Unidos a China.

Notas:
(1) L’Express , París, 13 de diciembre de 2007.
(2) Le Nouvel observateur , París, 13 de diciembre de 2007.
(3) Leer: Crises financières à répétition: quelles explications? Fondation Res Publica, París, 2008.
(4) Cf. André-Jean Locussol-Mascardi, Krach 2007. La vague scélérate des “subprimes”, éditions Le Manuscrit, París, 2007.

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África dice que no, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Enero 2008. Número 147)

Publicado en Política by reggio on Enero 2nd, 2008

Así que para mal de la arrogante Europa, se ha producido lo inimaginable: en un impulso de orgullo y rebelión, África, a la que muchos creían sometida a fuerza de empobrecimiento, ha dicho que no. No a la camisa de fuerza de los “Acuerdos de Asociación Económica” (APE, según sus siglas en francés). No a la liberalización salvaje de los intercambios comerciales. No a esos últimos avatares del Pacto colonial.

Ha sucedido en Lisboa, el pasado mes de diciembre, con ocasión de la Segunda Cumbre de la Unión Europea y África, cuyo principal objetivo era obligar a los países africanos a firmar nuevos tratados comerciales (los famosos APE) antes del 31 de diciembre de 2007, en aplicación de la Convención de Cotonú (junio de 2000) que prevé el fin de los acuerdos de Lomé (1975). Según estos acuerdos las mercancías procedentes de las antiguas colonias de África (y del Caribe y el Pacífico) entran en la Unión Europea prácticamente sin derechos de aduana, con excepción de los productos importantes para los productores europeos como el azúcar, la carne y el plátano. La Organización Mundial del Comercio (OMC) había exigido el desmantelamiento de estas relaciones preferenciales, o bien su reemplazo por acuerdos comerciales fundados en la reciprocidad (1) -único medio, según la OMC, de preservar la diferencia de tratamiento a favor de los países africanos. La Unión Europea se inclinó por la segunda opción, el libre cambio integral enmascarado bajo el nombre de “Acuerdos de Asociación Económica”.

En otras palabras, lo que los Veintisiete exigen de los países de África (y de los del Caribe y el Pacífico) (2) es que acepten dejar entrar en sus mercados las exportaciones (mercancías y servicios) de la Unión Europea sin derechos de aduana.

El presidente senegalés, Abdoulaye Wade, denunció esta coacción y se negó a firmar. El presidente de Sudáfrica, Thabo M’Beki, lo apoyó de inmediato. Siguiendo esa línea, Namibia también tomó la valerosa decisión de no firmar, a pesar de que un aumento en los derechos aduaneros de la Unión Europea sobre su carne bovina marcaría el final de sus exportaciones y la muerte de ese filón.

Incluso el presidente Nicolas Sarkozy, que sin embargo tuvo expresiones muy desafortunadas en Dakar en julio de 2007 (3), aportó su apoyo a los países más opuestos a esos tratados leoninos: “Estoy a favor de la globalización, a favor de la libertad, declaró, pero no a favor de la expoliación de países que por otra parte ya no tienen nada” (4).

Esta rebelión contra los APE, que al sur del Sáhara suscitan una enorme ola de inquietud popular y una intensa movilización de los movimientos sociales y las organizaciones sindicales, surtió efecto. La Cumbre concluyó con la constatación de su fracaso. José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, se vio obligado a ceder y aceptar la reivindicación de los países africanos de proseguir el debate. Se comprometió a reanudar las negociaciones en el próximo mes de febrero.

Esta victoria crucial de África es un signo suplementario del momento favorable que atraviesa el continente. En el curso de los últimos años, se han terminado los conflictos más mortíferos (sólo quedan los de Darfur, Somalia y el este del Congo) y se han consolidado los avances democráticos. Las economías siguen prosperando, dirigidas por una nueva generación de jóvenes dirigentes, aunque persisten las desigualdades sociales.

 

Por último, otra baza: la presencia de China, que al invertir masivamente, está a punto de suplantar a la Unión Europea como principal proveedor del continente africano, y que además a partir de 2010 podría convertirse en su primer cliente, superando a Estados Unidos. Atrás queda el tiempo en que Europa podía imponer programas ruinosos de ajuste estructural. Ahora África se resiste. Tanto mejor.

Notas:


(1) Véase Alternatives économiques , París, diciembre de 2007.


(2) El 16 de diciembre de 2007, los países del Caribe aceptaron firmar un Acuerdo de Asociación Económica con la Unión Europea.


(3) En su discurso en la Universidad de Dakar el 26 de julio de 2007 Sarkozy había declarado: “El drama de África es que el hombre africano no ha entrado bastante en la historia (…) nunca se lanza hacia el futuro”. Véase Anne-Cécile Robert, “Discurso controvertido sobre África”, en Le Monde diplomatique , edición española, septiembre de 2007.


(4) Le Monde , 15 de diciembre de 2007.

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Pakistán, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Diciembre 2007. Numero 146)

Publicado en Política by reggio on Diciembre 1st, 2007

La “guerra contra el terrorismo internacional” posterior a los atentados del 11 de septiembre ha provocado ondas de inestabilidad en el Próximo y Medio Oriente que no dejan de convulsionar a nuevos países. Cronológicamente, el último es Pakistán.Cincuenta meses después de la toma de Bagdad, el panorama geopolítico regional resulta desolador. Al atolladero militar se suma una catarata de desastres diplomáticos. Pero el riesgo terrorista no se ha reducido, contrariamente al objetivo declarado de Washington. Ningún conflicto se ha resuelto: ni el de Israel-Palestina, ni el del Líbano, ni el de Somalia. En Irak, pese a la presencia de unos 165.000 militares estadounidenses, las perspectivas parecen siempre igualmente inciertas. La vida cotidiana sigue siendo un infierno para los civiles. Se suceden los atentados mortales. Por añadidura, ha surgido una nueva tensión en la frontera entre Turquía y el Kurdistán iraquí, donde podrían enfrentarse dos aliados de Estados Unidos.

Otra paradoja es que las intervenciones estadounidenses han surtido el efecto de liberar a Irán -”el peor enemigo de Estados Unidos”- de dos grandes adversarios: el régimen baasista de Irak, y el de los talibanes en Afganistán. Pocas veces un rival aportó tantos beneficios a su principal enemigo… Lo cual ha permitido a Teherán concentrarse en su programa nuclear, suscitando los peores miedos. Estados Unidos e Israel amenazan ahora con bombardear las instalaciones atómicas iraníes. Lo que sumaría caos al gran caos regional, y acarrearía alzas de precios del petróleo insoportables para muchas economías.

En Afganistán las fuerzas de la OTAN están a la defensiva. Estados Unidos tiene destinados allí a más de quince mil efectivos, y reclama a sus aliados el envío de tropas suplementarias. Como los talibanes han retomado la iniciativa, se multiplican los atentados suicidas, y se incrementan el cultivo de la adormidera y la exportación de opio. La reconstrucción se demora y las instituciones “democráticas” se debilitan. Controladas por “señores de la guerra”, las provincias se distancian cada vez más del Gobierno de Kabul. “Si nos vamos, Hamid Karzai [presidente de Afganistán] no aguanta ni diez días”, admite un diplomático occidental (1).

En este contexto político tan inestable, uno de los apoyos más sólidos del presidente George W. Bush en la región acaba de fallar en Pakistán. La proclamación del estado de sitio en Islamabad el pasado 3 de noviembre por el general Pervez Musharraf es en efecto una grave admisión de su debilidad, y ha desatado la alerta roja en Washington.

A finales de 2001, bajo la amenaza de ver a su país vitrificado por un ataque nuclear masivo, según él mismo refirió, Estados Unidos incorporó apresuradamente al general Musharraf, ya responsable de un golpe de Estado en 1999, a la guerra contra el régimen de los talibanes y contra las bases afganas de Al Qaeda. El Gobierno de Bush simulaba no percibir la contradicción implícita en el hecho de aliarse con un dictador para “instaurar la democracia” en Afganistán.

Esta alianza otorgaba a Musharraf un certificado de respetabilidad internacional, como asimismo 11.000 millones de dólares para equipar mejor su ejército y sus fuerzas de represión. Con 167 millones de habitantes, Pakistán es el único Estado musulmán que posee un arma atómica y puede lanzarla a 2.500 kilómetros gracias a misiles de largo alcance. Estos datos le dan una importancia estratégica tanto mayor cuanto que está situado dentro del “foco perturbador” del mundo y en el linde con las crisis afgana, iraní y de Oriente Próximo.

El terror en Washington y otras cancillerías es que los islamistas pakistaníes, aliados con los talibanes, terminen por tomar las riendas del Estado y se apoderen del arma atómica. Detestado por el poder judicial, el general Musharraf acaba de silenciar a los principales medios de comunicación y se ha enfrentado con los principales partidos de oposición, el de Nawaz Sharif y el de Benazir Bhutto. Su impopularidad hace de él, pese a las apariencias, el eslabón débil del sistema político. De manera que el objetivo de la diplomacia de Estados Unidos es sustituirlo, a corto o medio plazo. No por la señora Bhutto ni por Sharif, quienes en el mejor de los casos servirán para operar un cambio “democrático”, sino por otro hombre fuerte, tal vez el general Ashfaq Kyani. A quien los estadounidenses manejan a su antojo.

Notas:
(1) El País , Madrid, 25 de octubre de 2007.

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