Reggio’s Weblog

Anatomía de un Declive Global, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 21 febrero, 2009

Aunque venía con otra idea, surge la oportunidad de recapitular. Perspectivas orientales de cuatro primeros espadas, cuatro, armados de raro sentido común y bella didáctica para desbrozar el bosque. Solanas, umbrías y fondos de valle. Precedidos por el rigor de sus predicciones o su bagaje profesional, presentan una visión global de la realidad y del futurible en Anatomía de un Declive Global. Pasen y vean esta adaptación de su big picture particular:

Los próximos años van a ser muy difíciles, con un alto índice de desempleo, posible estanflación y disturbios sociales. Existe un peligro realista de encaminarnos a un escenario modificado del Japón de los noventa. Mientras las políticas monetarias y fiscales se han vuelto bien laxas, la mayoría de los fondos inyectados ha estado siendo destinada a capitalizar los sistemas bancarios, donde se atesora en lugar de volver a prestarse, a la espera de las próximas pérdidas y la subsiguiente recapitalización.

El verdadero problema que enfrentan gestores globales e inversores no es tanto lo que sucederá en los dos próximos meses, sino lo que pasará en el próximo bienio. Los recortes impositivos y el aumento de gasto público están orientados a impulsar la demanda de manera que en abril/mayo la economía mundial deje de contraerse. Pero el problema de exceso de capacidad no se va a solucionar. La reducción de la oferta es aún más importante en esta etapa. La destrucción creativa es una condición necesaria para la próxima recuperación real.

Los consumidores norteamericanos suponen por sí solos el 20% del PIB mundial, el doble de toda la economía japonesa. En los últimos 15 años, las empresas de EEUU, Europa y Japón han trasladado su capacidad de fabricación a los lugares donde los costes operativos eran los más bajos, en su mayor parte a Asia, especialmente a China, convirtiéndola en el corazón manufacturero del mundo. El dinero barato y el crédito fácil de los últimos 10 a 15 años han producido una burbuja en inversiones fijas en la región, principalmente en China.

Mientras tanto, el abstruso sistema financiero mundial se mantiene por la única razón de que los jugadores están de acuerdo con las reglas, pero el valor del papel moneda o del ciber-dinero en bienes reales se ha convertido en un valor abstracto o intelectual, perdiendo su vínculo directo con ellos.

En vez de aumentar la regulación bancaria necesitamos un organismo que controle la creación y emisión de instrumentos financieros. El sector financiero tiene que reducir su proporción en el PIB del mundo desarrollado y el ajuste va a ser doloroso. Los bancos tendrán que segregar y vender las áreas de negocio que no forman parte de su competencia básica. Al mismo tiempo, veremos una consolidación mucho más agresiva de la banca y las finanzas mundiales.

Si la crisis fue provocada por el exceso de endeudamiento y gasto, no puede resolverse aumentando la deuda pública o pagando los préstamos fallidos con dinero de los contribuyentes. El volumen acumulado de deuda pública que estamos experimentando no tiene parangón. Básicamente, las principales economías verán doblar este año su ratio de deuda sobre PIB y la mayoría de países del G-7 mantendrán ratios de deuda muy por encima del 140 por ciento del PIB. A esos niveles, una pequeña inflación no soluciona el problema. Sólo tasas de inflación muy por encima de, por ejemplo, el 10 o el 15 por ciento, podrían empezar a hacer progresos. En otras palabras, no estamos considerando una baja inflación, sino que percibimos la hiperinflación como un riesgo real. Otra solución sería no pagar la deuda. En cualquier caso, es de esperar una pronunciada divergencia entre los tipos de interés de la deuda soberana en años venideros.

La montaña de deuda que refleja años de excesos en el crecimiento del crédito es deflacionista, aunque la respuesta política suponga un riesgo de hiperinflación. Definitivamente estamos en una burbuja de bonos y las tasas de interés que los inversores están dispuestos a aceptar a largo plazo sobre la deuda soberana son bastante irracionales. A diferencia de Japón, Reino Unido y EE.UU no son economías de alto ahorro y parece probable que el resultado final de la montaña de deudas y el Quantitative Easing, junto al descenso de inventarios de materias primas, dará lugar a una considerable inflación en el medio plazo, allá por 2011-2012.

Algunas estimaciones indican que el total de la deuda mundial está en el rango de 750 billones de dólares y el total de derivados financieros en el rango de 450 billones. Esto supone dos importantes cuestiones subyacentes: la falta de transparencia en los mercados (el hecho de que no sabemos lo que está pasando, o incluso quiénes son los jugadores), y la falta de una base para determinar el verdadero valor de los instrumentos financieros.

El mercado de bonos gubernamentales se está convirtiendo en el último casino financiero. ¿Alguien cree racional que un rendimiento del 2 por ciento del bono USA a 30 años tenga sentido cuando el país se enfrenta a necesidades masivas de financiación con el fin de dotar los fondos de pensiones y otras obligaciones para los baby boomers que empiezan ahora a jubilarse? El endeudamiento del gobierno norteamericano, incluidas las obligaciones de la seguridad social, asciende a más de cuatro veces el PIB de EE.UU, en contraposición al habitual porcentaje citado del 60-70% del PIB respecto de la deuda soberana.

Estados Unidos, con su deprimente tasa de ahorro, depende de la voluntad de los bancos centrales extranjeros para financiar esos déficits. A China le está ya acabando su paciencia, según enfrentan pérdidas en sus posiciones en activos USA y sus enormes necesidades internas. Si el Secretario del Tesoro de EE.UU Timothy Geithner hace honor a su amenaza de inculpar a China por manipular su moneda, entonces los mercados de bonos norteamericanos se enfrentarán a problemas reales más temprano que tarde. Por supuesto puede haber sido sólo una maniobra del Sr. Geithner para obtener confirmación de las intenciones chinas, en cuyo caso el esquema financiero Ponzi podrá continuar un poco más. Es de esperar que en algún momento los tenedores extranjeros de algunos de los 15 a 20 billones de dólares en títulos norteamericanos empezarán a cuestionarse si los rendimientos compensan los riesgos percibidos.

Además, China, Oriente Medio y otros fondos soberanos podrían priorizar la financiación y rescate de sus propias economías antes que invertir en bonos USA. Si estos tenedores perdiesen su apetito por los treasuries, las autoridades de EE.UU se verían obligadas a aumentar sustancialmente el rendimiento de sus bonos, en torno al 10 por ciento más o menos. Debido a su excesiva dependencia estructural de las exportaciones y la industria manufacturera, China tal vez necesitase utilizar su enorme reserva de activos internacionales para impulsar la demanda interna y esto causaría la reducción en sus compras de bonos de EE.UU. Como resultado, la demanda extranjera de bonos norteamericanos experimentaría un drástico descenso al tiempo que EE.UU precisaría financiación creciente para sus programas de rescate y estímulo, lo cual extremaría la presión bajista del dólar.

Todos los gobiernos han respondido a la crisis más o menos al mismo tiempo y de la misma forma. Esta uniformidad está condenada a finalizar. Ciclos y políticas comenzarán a diferir de un país a otro, por lo que es de esperar ampliaciones y fluctuaciones muy sustanciales en los diferenciales de tipos de interés.

Es probable un rebote en los mercados en 2009, dado el contexto histórico y los niveles de sobreventa alcanzados en 2008, aunque poco ponderable porque la recesión será mucho peor de lo esperado. Cualquier rally sería probablemente el resultado de trading especulativo a corto plazo. Las acciones pueden considerarse baratas sólo en relación con sus valores en el pasado reciente, cuando estaban gravemente sobrevaloradas. Puede esperarse que los PER actuales desciendan muy por debajo de su media de largo plazo antes de remontar. Ningún rebote serio hasta que los mercados de crédito se recuperen de la mayor creación de liquidez que jamás haya visto el sistema financiero. Esto llevará años.

La pieza finaliza con la cartera modelo de cada uno de los autores, basadas en preferencias que combinan desde oro en cualquiera de sus formas hasta bonos corporativos high-grade o emergentes, pasando por estrategias de stock-picking o la inclusión de bienes raíces en Alemania y Japón. Carteras de corto a medio plazo según sus diferentes perspectivas de rentabilidad, riesgo y liquidez y sobre la evolución de la reestructuración económica global. Da gusto la variedad. Aunque prescindiendo de lujos asiáticos, con la mano en la cautela y la fiducia derramada por las aceras, casi mejor conformarse con valor de uso, facilidad de intercambio y libre de riesgo de contrapartida. Por si acaso.

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En la cuerda floja, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 13 febrero, 2009

La toma de decisiones en asuntos públicos está habitualmente orientada al corto plazo. La maximización de réditos electorales en reválidas sucesivas y los intereses creados constituyen incentivos suficientes para planificar sus efectos inmediatos o retardados. Políticas económicas de ajuste y sacrificio durante las primeras etapas de gestión, legitimidad popular mediante, para posteriormente y según manden las urnas, practicar aquellas actuaciones que favorezcan la reelección aprovechando cierta miopía de los votantes, quienes valoran generosamente los desempeños más recientes y desdeñan con facilidad los pasados, desmemoriados de pretéritas apreturas. Ciclo económico de origen político.

Desequilibrios globales, sistema en crisis. Ahora, como entonces, las soluciones son parches. Salir del paso. Fracaso dinámico de políticas económicas basadas en adecuadas combinaciones de desempleo e inflación, invalidadas en el momento en que la estanflación dejó al descubierto la visión naíf de aparentes opciones mutuamente excluyentes. Evolución hacia la inflación centrada en los activos, estanflación tipo II: en su afán por obtener rentabilidad, el inversor impulsará al alza los precios de la renta variable y los activos inmobiliarios, y a la baja las rentabilidades de los bonos y los diferenciales de la deuda empresarial. Cuando se produzca el estallido de estas burbujas, lo que en último término están llamadas a hacer, la estanflación de tipo II podría incluso tornarse en deflación.

Deflación y recesión. Remedios naturales para eliminar toxinas y purgar los excesos acumulados en forma de distorsiones productivas, oferta de bienes y servicios que no existirían ni resultarían rentables sin inflación fiduciaria. Pero estos ajustes, ineludibles aunque dolorosos, generan un coste político brutal mientras se produce la asignación de recursos en empleos más eficientes. Paro, descenso de ingresos fiscales, aumentos de cargas sociales y peso de las deudas. Intolerable. Y, sin embargo, las quiebras y fallidos permiten una liberación de factores de producción que pueden y deben ser transferidos a usos alternativos potencialmente rentables y adaptados a las preferencias intertemporales de los consumidores.

Aliviar los duros efectos de una recesión pasa por reducir dimensión e intervencionismo del Estado a la mínima expresión, disminuir drásticamente el gasto público de consumo, recortar impuestos y favorecer un superávit primario que permita el natural devenir en los ajustes de mercado sobre la estructura productiva. Lo contrario es agravar el problema y transformar una sana recesión en abismal depresión.

Al impedir la necesaria y saludable limpieza de corrales entre quienes fueron imprudentes, negligentes o avariciosos en sus decisiones financieras, los rescates mandan un doble mensaje perverso. En primer lugar, se refuerza el concepto de riesgo moral. Haga lo que haga, siempre vendrán en mi ayuda. Too big to fail. En segundo lugar, se reiteran falsas señales que inducen cálculos económicos ficticios, ralentizando la reestructuración productiva y la recomposición de las decisiones de consumo e inversión de los agentes. La bola de nieve crece y crece, se hace ciclópea. Too big to bail out. Futuro aterrador.

La errónea asunción de la neutralidad del dinero lleva a plantear soluciones basadas en estímulos del consumo y helicópteros monetarios. Desde la atalaya keynesiana, financiación directa y estimulación de la demanda agregada, opciones que sólo debilitan la posición fiscal gubernamental, impiden la reordenación de la estructura productiva y distorsionan las decisiones de consumo e inversión. Intervencionismo, proteccionismo y efecto exclusión coartan la conciliación entre lo que realmente se demanda y lo que se está ofreciendo. Desde la cofa monetarista, se aboga por escuadrillas de bombarderos y el alucinógeno Quantitative Easing (QE), obviando el motivo fundamental por el cual colapsa el crecimiento crediticio a pesar de la expansión monetaria: la incapacidad o desgana de los agentes privados por dar/tomar crédito adicional en un entorno de insostenible sobreendeudamiento e insolvencia generalizada. QE, trampa de la liquidez y riqueza neta.

En vanguardia, ya saben, los zapadores del Plunge Protection Team, cebando nuevamente la bomba fiduciaria global: El Gobierno norteamericano tiene una tecnología, llamada imprenta (o su equivalente electrónica), que permite producir tantos dólares como se deseen sin coste alguno. Bajo un sistema monetario fiduciario, un determinado gobierno puede siempre generar mayor gasto y, por tanto, inflación positiva. […] Si el Tesoro emite deuda para comprar activos privados y la Fed compra por el mismo importe la deuda emitida por el Tesoro con dinero recién creado, la operación completa equivaldría a una operación de mercado abierto en activos privados.

En condiciones normales, los bonos descontarían la inflación/devaluación con aumentos de sus rentabilidades, descensos en sus precios. ¿Solución? Compras masivas de los tramos largos de la curva de tipos. De esta forma, se ajusta la yield curve a los sucesivos recortes del precio del dinero, realimentando la psicosis deflacionista; se incentiva y rentabiliza el reciclado de dólares de los exportadores; y se facilita la refinanciación hipotecaria cuyo tipo de referencia principal es el rendimiento del bono USA a 30 años. Absurda paradoja: a mayor endeudamiento, menores tipos de interés. Vuelta al famoso conundrum de Greenspan.

Asumiendo que la deflación sólo podría llegar involuntariamente, en forma de imprevisto accidente, y que su evitación para que continúe el espejismo de prosperidad sólo extrema el dolor, empeora la enfermedad e impide su posterior cura, la reflación actual podría degenerar en hiperinflación. Funambulismo sin red. Inducir a las entidades financieras a que creen dinero bancario, expandiendo el crédito para refinanciar bienestar ilusorio, es engordar para morir. Excederse con el parque de aviación y su efecto multiplicador de reservas podría certificar la muerte sobrevenida del dollar standard y del sistema fiduciario internacional. Y entonces sí que no habrá rescates ni estímulos posibles. The End.

La banca atesora, de momento, la liquidez inyectada para capitalizar pérdidas, reduciendo eficiencia y abandonando su papel de intermediario financiero. En un entorno de insolvencia técnica, el crédito no llega a su destino final. Visto el escasísimo éxito de las medidas adoptadas, políticas más agresivas, directas y arriesgadas se otean en el horizonte. Por allí resopla. Equilibrismo y zozobra.

Hay tres tipos de equilibrio: estable, neutro e inestable. Un sistema está en equilibrio estable si ocurrida cualquier pequeña perturbación, entran en juego fuerzas para restablecer la posición inicial; es neutral si, producido el trastorno, no acontecen fuerzas reparadoras ni perturbadoras, de forma que el sistema permanece en reposo en la nueva posición alcanzada; y está en equilibrio inestable si la alteración provoca mayores fuerzas turbadoras que actúan de manera acumulativa para llevar al sistema fuera de su posición inicial. Un buque con una pesada quilla está en equilibrio estable; un huevo tumbado sobre un lado, en equilibrio neutro; un huevo sobre uno de sus extremos, en equilibrio inestable

Quizá sea momento de asumir que la economía, como cualquier sistema dinámico, rara vez está en equilibrio. Y mucho menos estable. La premura, las soluciones de continuidad y las simplificaciones de la realidad, amparadas en supuestos y restricciones de improbable cumplimiento, sólo alimentan la incertidumbre y el caos. ¿Es sostenible este inestable desequilibrio sin invocar a Colón…? Ustedes dirán…

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El Euro, ¿sólo unión de conveniencia?, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2009

Esos Estados Unidos de Europa que tanto se desean no son, probablemente, una quimera. Diga usted que sí, Don Ramón. La unión hace la fuerza, incluso en la desgracia. Por eso me cuesta concebir a España abandonando la escena del euro. Fuera de libreto y de imposible improvisación, en la práctica supondría un suicidio económico disfrazado de crimen monetario. Motivos, medios y oportunidad para una víctima propiciatoria de nuestro propio fracaso, culpables de deserción por negligencia en el cumplimiento del deber. Cadena perpetua. Crime does not pay.

Estrategia equivalente a apostar por la balcanización en un contexto de integración monetaria global, a contramano de los procesos de suma cooperativa, sólo conduce al caos cambiario en solitaria travesía por desiertos de crédito y maremotos tóxicos. Cabría contemplar un escenario de implosión monetaria, de desintegración y huidas en desbandada por causa de fuerza mayor, pero entonces éstas u otras reflexiones resultarían fútiles. Difunto el euro, el menor de los problemas sería el colapso sobrevenido de las economías. Default total, motines de subsistencia y caos social. Algunos incluso lo han percibido cercano. Y por ahí no sigo.

Según el triángulo de incompatibilidad de Robert Mundell, es imposible poseer simultáneamente la autonomía en política monetaria, la libertad de fijación del tipo de cambio y la de circulación de capitales sin ser hegemónico. Y en su ya clásico paper de 1961 afirmaba: He mantenido que el argumento de estabilización en favor de tipos de cambio flexibles sólo es válido si se basa en áreas monetarias regionales. Si se puede dividir el mundo en regiones de modo que dentro de cada una haya movilidad de los factores y entre ellas haya inmovilidad, entonces cada región debería tener una moneda propia que fluctuaría respecto a las demás. Esto lleva el argumento en favor de tipos flexibles a su lógica conclusión.

La UME dista de ser un Área Monetaria Óptima. Territorial y productivamente heterogénea, carece de movilidad perfecta de factores de producción; identidad de reacción ante shocks exógenos, flexibilidad absoluta de salarios y precios, y un adecuado nivel de transferencias fiscales tendentes a restablecer desequilibrios interregionales. Dividida entre países core y periféricos siguiendo un modelo de doble disimetría, esta estructura fue percibida como oportunidad en lugar de amenaza al proceso de integración monetaria. Convergencia, moneda única y, a partir de ahí, unión política y social.

Las ventajas iniciales consistían en la eliminación de los costes de información sobre precios, de transacción y de la incertidumbre monetaria y cambiaria. La consecución de economías de escala en un contexto de mayores niveles de integración, por su parte, se apoyaría en el progreso tecnológico, altos grados de formación, mejoras en los procesos de aprendizaje (learning-by-doing), en la especialización industrial y, finalmente, en outsourcing y deslocalizaciones low-cost.

La percepción de irrevocabilidad de la UME dispara el coste de una hipotética disolución, privándola de incentivo, al tiempo que realimenta su estabilidad. Desandar el proceso de una unión de duración ilimitada, irreversible y sin cláusulas secesionistas según Maastricht, implicaría un procedimiento burocrático imprevisto, largo y proceloso, abocando a los tecnócratas huérfanos de Constitución y Tratado de Lisboa a terminar como el rosario de la aurora. Échenle hilo a la cometa.

Pero las razones fundamentales convergen en un análisis coste-beneficio cuyo saldo es netamente deficitario: ataques especulativos al conjunto del sistema financiero anticipando la devaluación; insuficiencia fiscal para rendir cumplido servicio a la deuda, spreads up-rating down; coste político cortoplacista convertido en coste soberano multigeneracional. Insolidaridad con los socios económicos y con el poder adquisitivo de los bolsillos ciudadanos.

Técnicamente, el sellado del sistema para evitar fugas de depósitos ante una iniciativa secesionista, el corralito, es tan factible de implementar como difícil de vender. O fácil de imponer, disfrazado de remedio heroico. Justificada la fiscalización, el control del efectivo es cuestión de voluntad y tiempo. Pero a qué coste. Deudas y activos domésticos sometidos a la presión de la variación en sus retornos esperados, tensiones en el tipo de cambio y/o tipos de interés. Colapso, default. La financiación de aventuras autoexcluyentes está más prohibitiva que nunca.

Fiscalidad sostenible, alianzas monetarias y competitividad global

Bajo una restricción presupuestaria clásica, el gasto público más el servicio de la deuda deben ser financiados con ingresos fiscales, aumentos del endeudamiento y/o emisión monetaria. La diferencia entre ingresos fiscales y gasto público neto de intereses determina la posición primaria del presupuesto. Asumida la racionalidad de los agentes, los gobiernos combinarán sus fuentes de ingresos de forma que se igualen sus costes marginales. Excluida la posibilidad de recurrir al señoreaje puro o a la monetización de deuda como fuente de financiación, las alternativas son incrementar el nivel impositivo y/o elevar el endeudamiento. O incluso mantener un diferencial de inflación estructural. Nada de esto es sostenible a largo plazo.

El aumento del ratio de deuda sobre PIB depende del equilibrio entre el incremento del servicio de la deuda y el superávit primario. Este ratio sube indefinidamente si el tipo de interés real excede la tasa de crecimiento económico, a menos que exista un adecuado ahorro fiscal. La rebaja del rating crediticio de España y el aumento del diferencial de la deuda soberana reflejan, precisamente, el castigo por incumplimiento y el enérgico mensaje sobre los ajustes esperados respecto a responsabilidad y austeridad fiscales. Déficit por cuenta corriente, déficit presupuestario, pérdida de competitividad y de poder adquisitivo. Reformas estructurales inevitables, imprescindibles e inaplazables. Now or never.

La Aldea Global va conformando un puzle de bloques económicos y monetarios integrados, definidos, orientados al equilibrio en competencia mediante recíproca cooperación. Tit for tat. Las cinco divisas majors (CHF, EUR, GBP, JPY, USD) acaparan dos tercios de la oferta monetaria mundial. Si añadimos yuan, rublo y rupia, más de cuatro quintas partes. En un contexto financiero hostil donde el control de recursos estratégicos escasos exige sumar fuerzas, los procesos de uniones monetarias defensivas están más vivos que nunca. Resulta caro ir por libre.

En Asia, la cooperación ASEAN+3 a través de una Unidad de Cuenta Asiática (ACU), dotando de un mecanismo de control de tipos de cambio y de los movimientos de capitales orientado a la consecución de la estabilidad financiera en la región. Sin olvidar los planes del Consejo de Cooperación del Golfo y su petrodivisa. En África, el franco CFA de la CEMAC y su homónimo de la UEMOA, parte integrante de ECOWAS. También, la Zona Monetaria del África Occidental (WAMZ), en integración separada, con el objetivo futuro de fusionar Eco y franco CFA. En ultramar, el dólar del Caribe Oriental o el franco CFP. Incluso la hipotética Unión Monetaria Norteamericana, con su Amero y la pretendida optimum currency area de la NAFTA, según la tesis original del Dr. Grubel. Notate Bene.

Nuestro modelo competitivo, de sobredimensión y despilfarro, efecto exclusión, subvenciones baldías y mileurismo, está tocado y hundido. El exceso de gasto, el alegre endeudamiento y el free riding inflacionista constituyen políticas no cooperativas e insolidarias, dentro y fuera de la UEM. Los programas de estabilidad y convergencia son la propia esencia de la moneda única y no adornos florales. Severa dieta de adelgazamiento fiscal, desmantelamiento del pesebre público multinivel, flexibilidad y movilidad de factores, exigente formación continua y productividad competente. Toma de conciencia tardía, sí, pero parece que sólo cuando nos asomamos a la depresión y la ruina, la catarsis colectiva deviene viable, plausible. Sobrados de raza y casta, nos falta liderazgo, compromiso y eficiencia. Hundirnos en la próxima década o emerger renovados y triunfales. Podemos.

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Los deberes de Obama: poner orden en casa antes de afear el galimatías ajenos, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 30 enero, 2009

Hoy vengo suave y algo travieso. Casi mejor, intuyo, al final de un enero difícil y atípico, plagado de hitos históricos, eventos variopintos y sinuosos toboganes. Margen de confianza para la esperanza generada. Sean indulgentes, que llega el fin de semana.

El cambio presidencial al otro lado del Atlántico nos ha legado numerosas estampas y anécdotas para el recuerdo. Una de ellas, la carta que el Presidente saliente le dejaba, sobre el escritorio, al nuevo inquilino de la Casa Blanca. Me recuerda la historieta, harto inverosímil pero simpática, respecto de otro relevo presidencial. Se cuenta que Nikita Khrushchev recibió dos cartas de Stalin, con la instrucción de abrir cada una de ellas en sucesivos problemas de gobierno y así poder salvar la situación. Ante su primera crisis política, el Premier abrió la correspondiente que decía: écheme a mí la culpa. Solventado el lance, y agotada la estrategia de eludir responsabilidad en la gestión inculpando al antecesor, al cabo de un tiempo enfrentó su segundo gran aprieto. Abrió la misiva restante y leyó: siéntese y escriba dos cartas.

Tal vez la epístola del número 43 al 44 contenga simples recomendaciones sobre la temperatura ideal del despacho oval para cada estación o sobre el tanteo de la pista de bolos presidencial, incluyendo el ranking histórico de sus ilustres predecesores. Secretillos de Estado, ya saben. Aunque bien pudiera incluir una escueta nota para momentos tumultuosos venideros: Apaga y Obámonos.

La nueva administración norteamericana, no obstante, ha comenzado su andadura dando una de cal y otra de arena. De un lado, con renovada incertidumbre sobre los indubitados planes de rescate y estímulos fiscales, despertando la zozobra en los mercados, ávidos de borrón y cuenta nueva. Cansina letanía del Yes, we can. De otro, asumiendo los postulados de un dólar fuerte y reiterando la culpabilidad de China en la manipulación de su divisa y sus efectos perniciosos sobre el déficit por cuenta corriente norteamericano. Llegar y besar el santo.

Nada que no estuviera previsto, atado y bien atado. La obsesión por la adulteración cambiaria del yuan contrasta con la laxitud demostrada con el yen, también históricamente infravalorado para ganar competitividad exportadora, obviando centrarse en el verdadero problema norteamericano: exceso de consumo, déficits de producción y ahorro. Se culpa a los demás de los propios problemas, el típico mecanismo psicológico de proyección, en lugar de abogar por desmantelar el sistema fiduciario del dollar standard y corregir los desequilibrios que permiten que China y Japón sean los mayores tenedores mundiales de deuda USA y reservas de divisas.

William Poole, presidente hasta hace unos meses de la Reserva Federal de St. Louis, reflexionaba en 2005 acerca del peligro del déficit por cuenta corriente:

Un error común es tratar los flujos internacionales de capital como respuesta pasiva ante lo que acontece en la cuenta corriente. El déficit por cuenta corriente, dicen algunos, es financiado por EEUU tomando prestado en el extranjero. Pero el hecho es que los inversores internacionales compran activos de EEUU no con el propósito de financiar el déficit norteamericano, sino porque creen que son sólidas inversiones prometedoras de una buena combinación de seguridad y rentabilidad.

Argumento repetido, idéntico párrafo al de su discurso, dos años antes, sobre libre comercio, proteccionismo y la posición internacional de EEUU. Pensaba, quizá, que a fuerza de reiterar la falaz relación de causa-efecto, ésta sería aceptada como verdad irrefutable. La realidad, sin embargo, es que los norteamericanos se han acostumbrado, mucho y mal, a vivir por encima de sus posibilidades a costa de quienes financian su american way of life acumulando promesas de pago a futuro que cada vez valen menos.

China, por su parte, se siente cómoda paladeando el poder de su posición acreedora, una fortaleza frente al deudor amparada en factores culturales que se está debilitando por dos motivos fundamentales. Primero, porque tantas reservas de dólares y treasuries dificultan su liquidación o traspaso sin destruir su valor en el intento ni provocar un cataclismo global; y, segundo, porque, a diferencia del estado post-industrial de la economía japonesa, la economía del gigante dormido, ya bien despierta, mantiene una brutal sobreinversión y sobreexplotación de recursos productivos cuyas consecuencias, en el actual contexto internacional, empiezan a ser críticas.

El parche del proteccionismo

En medio de una recesión global cuya pretendida cura se basa en tipos cero, déficit-deuda, devaluaciones competitivas y otras medidas no cooperativas, culpar a China, la fábrica del mundo, de todos los males es, me temo, injusto y peligroso. EEUU está lanzando piedras sobre su propio tejado, viendo cómo el dólar, a pesar de todo y contra toda lógica, se convierte a corto plazo en divisa refugio, se aprecia y lastra la competitividad norteamericana. Peajes y tributos del dollar standard, mon ami. Aunque el espejismo de divisas fuertes y débiles, medidas por su tipo de cambio nominal, se desvanecerá, insisto, con el tiempo. Todas las cosas que viven mucho se empapan poco a poco de razón.

Los efectos de una devaluación pueden ser replicados mediante subvenciones a la exportación y aranceles a la importación. Con absoluta flexibilidad de precios, estos artificios no tienen efectos reales a largo plazo, dando por válida la ley del único precio, según la cual, sin barreras comerciales ni costes de transacción, un mismo bien se vende por un importe equivalente en cualquier sitio. Las subvenciones a la exportación alientan la movilización de recursos productivos hacia el sector exportador, desincentivando el consumo interno del bien exportable respecto del importable. De manera análoga, los aranceles a la importación estimulan la aplicación de recursos al sector importador, desanimando el consumo doméstico del bien importable respecto del exportable. Cuando ambas políticas son de igual magnitud, sus efectos se anulan exactamente.

Los desequilibrios comerciales, cualquiera que sea su origen y magnitud, tratan de combatirse con una creciente ola de proteccionismo, nacionalizaciones y ayudas de Estado, dibujando un panorama donde el libre mercado va dejando paso a la autarquía y economías dirigidas. También en nuestra piel de toro: es comprar un abrigo, un traje o los juguetes fabricados en España, en vez de fabricados en el exterior. Al parecer, la cosa va de jugosas citas presidenciales, a tenor de la similitud con el abrigo de Abraham Lincoln: No sé mucho acerca de aranceles. Pero sé que si compro un abrigo de Inglaterra, tengo el abrigo e Inglaterra tiene el dinero. Pero si compro un abrigo en América, tengo el abrigo y América el dinero. La cuestión de qué puedo hacer por mi país se contesta resucitando al adalid del proteccionismo decimonónico. Esfuerzo colectivo lo llaman. Ver para creer.

Change we can believe in. Suena bien y se ha vendido mejor, aunque dudo que sea exportable. En cualquier caso, el equipo económico entrante, sin estar todos los que son ni ser todos lo que están, debería ir haciendo prácticas de Fed Gurú con el helicóptero de Bernanke; de Budget Hero para cuadrar el presupuesto y evitar el default del tándem déficit-deuda; o dar una vuelta de reconocimiento, a los mandos de un volquete cargadito de parné, por el tablero de los pufos, ayudas y rescates. Asumir la gestión del caos interno, erradicar las manipulaciones domésticas y poner orden en casa propia, previamente a afear el galimatías ajeno. Lo primero es antes.

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Arraigo, posesión y desempeño económico, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 23 enero, 2009

De pequeño, tres eran tres: ser, estar y, a veces, parecer. En la era de las apariencias, en cambio, continente es contenido, la imagen deviene esencia y lo que ves es lo que obtienes. Ser es tener, y si el individuo no tiene nada, no es nadie. Empero, la satisfacción ilimitada de los deseos no produce bienestar, ni es el camino de la felicidad.

Tras la magistral argumentación de S. McCoy hace apenas diez días, ahorro contexto y me embarco, con su venia, rumbo a las aparentes relaciones entre arraigo, posesión y desempeño económico.

La reflexión parte de un ser humano que prescinde de sus raíces naturales en la medida en que descubre nuevas raíces humanas, evitando así el aislamiento y desamparo. El alejamiento de la naturaleza obliga a desarrollar la razón, a levantar un mundo de ideas, principios y cosas que la reemplacen como base de la existencia y la seguridad. Así, el talento patrio esboza la evolución de un ser humano circunstancial, inadaptado al medio natural, sumido en una sensación de soledad e indefensión. Impulsado a la construcción de un entorno artificial y a rodearse de cosas propias, adapta el medio y la realidad a su conveniencia.

Ávido de procurarse seguridad y confort para sí y los suyos, emigra a la tecnópolis que nunca duerme y donde todo va muy deprisa. Demasiado. El ahora urbanita gira e gira, se deja llevar, sucumbe a los encantos de la gigantesca mole donde lo que acontece no es cosa de nadie. Los vacíos de soledad y desencanto se llenan con bagatelas y, la alienación ciudadana, con sobrecarga de estímulos.

Ser libre quiere decir carecer de identidad constitutiva, no estar adscrito a un ser determinado, poder ser otro del que se era y no poder instalarse de una vez y para siempre en ningún ser determinado. Lo único que hay de ser fijo y estable en el ser libre es la constitutiva inestabilidad.

La búsqueda de la libertad y la huída de la infelicidad discurren parejas por los caminos de las posesiones materiales. Ser es parecer, parecer es tener y, para tener, hay que poder. Y si no se puede, se recurre al crédito. Entramparse para vivir por encima de posibles aparentando dicha y libre albedrío. Pero lo que no son cuentas, son cuentos. De hadas o cocos. Otros, y éstos son los más señores y todos los que lo quieren parecer, enferman de deudas; y por no pagar sus trampas se huyen, fingiendo una melancolía, a una aldea, y desde allí hacen el coco a los acreedores.

Un mecanismo psicosocial que combina deseos de arraigo, seguridad, próspera estabilidad y riqueza material con inmoderado animus lucrandi, histeria colectiva y un cóctel de culpas in vigilando e in comitendo. Una y otra vez, el inconsciente colectivo cultural repite patrones de conducta irracionales, ya sean burbujas de tulipanes neerlandeses, de acciones de los mares del Sur o de soleados bienes raíces en Florida, sin que nadie ponga pie en pared ni, aún peor, se den por enterados. Aventado el éxtasis, El Dorado ladrillero deja paso a la tragicómica interiorización social de pasapiseros, pepitos y visilleras.

Spain is different

Sin embargo, los efectos perversos de la desilusión y el fracaso colectivos se trasladan al ámbito socioeconómico con virulencia renovada. Dado el componente móvil de cualquier grupo social, habitualmente integrado por jóvenes inquietos, adaptables y sin excesivas ataduras, el enraizamiento generalizado a través de la propiedad inmobiliaria cercena agilidad y dinamismo. Las estructuras productivas se vuelven menos flexibles y, a medida que desciende la movilidad de factores, los incentivos económicos para atraer trabajadores desde sectores recesivos hacia sectores expansivos se vuelven ineficaces. Factores relativamente inmóviles generan ofertas inelásticas a corto plazo. Elemental.

A las dificultades propias de cualquier cambio de localización, se une la imposibilidad de liquidar, en un mercado colapsado, el bien inmobiliario y la financiación aparejada. Quitarse el marrón, glacé, no es fácil. El arbitraje, casi exclusivo de las clases pasivas que ganan con cambios residenciales, y el insufrible coste adicional de un alquiler, cierran el círculo vicioso de arraigo, propiedad, inmovilidad y rigidez. Un círculo fomentado desde los poderes públicos, a todos los niveles, mediante políticas de suelo, vivienda protegida y ventajas fiscales. Discriminación positiva en detrimento último de la movilidad y la competitividad.

De media, ocho de cada diez cotizantes trabajan en su comunidad autónoma de nacimiento y siete de cada diez lo hacen en la misma provincia en la que iniciaron su actividad laboral. Más de la tercera parte de la población concentrada en sólo cuatro núcleos urbanos y áreas de influencia. Según el último censo de población y vivienda (2001), casi nueve de cada diez viviendas familiares lo son en propiedad, el 80% del parque inmobiliario español frente a la media comunitaria del 66%. Espectaculares cambios en la tenencia de activos y deudas entre 2002 y 2005.

Sólo la movilidad de los trabajadores extranjeros ha aportado una mínima flexibilidad a nuestra estructura productiva, si bien las diferencias culturales y de integración social producen fenómenos de asentamiento dispares, cuyos efectos a largo plazo son desconocidos pero conjeturables.

Castigo en propiedad

Además, la insuficiente movilidad laboral lastra nuestra característica escasa competitividad, en un contexto internacional convulso y cambiante que exige decisión, agilidad y adaptabilidad. Una España en el seno de una UEM construida en torno a las proposiciones del Informe Emerson, una moneda común circulando en un Área Monetaria Óptima que dista de serlo, y el modelo de crecimiento neoclásico de Solow, según el cual el estado estacionario, el equilibrio a largo plazo, no depende de la tasa de ahorro, ni del tipo de interés ni de la entidad del stock de capital, sino del incremento de la mano de obra y su eficiencia productiva debida al progreso tecnológico. Mal andamos.

La Vieja Europa se rejuvenece pasando por quirófano en sucesivas ampliaciones y abriendo sus fronteras para incorporar nueva mano de obra competitiva en costes. Esto genera cash para las arcas públicas y mejora, temporalmente, las tasas de reemplazo generacional y los ratios de dependencia, maquillando la insuficiencia fiscal y los deficitarios e insostenibles sistemas de protección sociales. Muertas las devaluaciones cambiarias, sólo queda la alternativa de rescatar la desinflación competitiva, basada en aumentos de productividad, austeridad fiscal y moderación salarial. Acabáramos.

Aunque el progreso tecnológico incrementa la productividad en el sector de los bienes exportables, abaratando costes y ganándose competitividad, en el caso de los bienes no exportables, como vivienda y servicios personales, la menor productividad genera mayor rigidez estructural en costes y precios cuanto mayor sea el peso de dichos bienes en la economía, debido a la ausencia de competencia internacional efectiva sobre los mismos. Efecto Balassa-Samuelson.

Estos diferenciales de productividad, costes y precios forjan un descenso de competitividad, medido a través de la apreciación del Tipo de Cambio Efectivo Real (TCER). En situación de moneda única, la competitividad española puede deducirse a través del IPC o del deflactor del PIB, dejándonos en penúltimo lugar de la eurozona, o mediante el coste laboral unitario, donde factores como el dumping social y la economía sumergida mejoran nuestra posición relativa.

En apenas tres generaciones, hemos pasado del si tú me dices ven, lo dejo todo, mano delante, mano detrás y hatillo al hombro, al anquilosamiento e inmovilidad de quedarse a verlas venir, bajo techado y hartos de cachivaches. Indolente comodidad, exceso de confianza. Sin posibilidad de competir fiscalmente, siempre quedan las ayudas de Estado, el déficit público sin temor al exceso y el inagotable endeudamiento soberano. Un panorama desolador para una España cada vez menos vertebrada y más abocada a la fractura social, económica y financiera.

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Cómo preservar capital en un mercado manipulado, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 16 enero, 2009

Va camino de cumplir ocho años y, sin embargo, parece recién alumbrada. Frescura, terneza y aroma de bebé. Me llega al buzón con el lema El futuro es ahora y una breve nota adjunta. Desde la barrera siempre se torea más y mejor, viene a decir la doble traducción. Leída un par de veces, La devaluación de la moneda mundial: es la inflación, pero no como la conocemos resulta, además de imprescindible, muy oportuna.

La pieza del Dr. Peter Warburton comienza con los recuerdos del autor como monetarista internacional en la London Business School, cuando modelizaba control de la oferta monetaria, valor de equilibrio de la divisa y balanza de pagos. Qué equivocados estábamos, confiesa al final del primer párrafo.

Argumenta impecablemente cómo la segmentación de la inflación en monetaria y crediticia produce un exceso global de capacidad estructural: Una excesiva expansión del crédito puede crear un entorno en el que los factores de producción (tierra, capital y mano de obra) parecen estar en oferta infinita. […] Un país rico, con multitud de activos como garantía para pedir prestado, puede enfrentar una curva de oferta que aparentemente es infinitamente elástica.

La sobreproducción de bienes y servicios se mantiene hasta el cénit del espejismo fiduciario, imponiéndose entonces una dieta de adelgazamiento que implica despidos, cierres y dificultades de los prestatarios para pagar sus deudas. Pero dado que toda deuda es dinero prestado, para cancelarla es necesario destruir parte de la oferta monetaria, por lo que se incrementa la necesidad de liquidez adicional en el sistema financiero. Poco importa si la deuda estaba estructurada como un bono o como un préstamo bancario. Los bonistas ya cambiaron su dinero: si los bonos se cancelan, el dinero se pierde.

Reflación continua, de burbuja en burbuja

La historia resulta harto familiar. Una y otra vez, quienes vienen advirtiendo de las consecuencias de la inflación de dinero y crédito, humillados y desacreditados por los acontecimientos. El tiempo tardó poco en darle, de nuevo, la razón. La reflación global y manipulaciones cambiarias, iniciadas en 2003 por el Banco de Japón (BoJ) a sugerencia de EE.UU, supusieron el aplazamiento de la purga de la burbuja puntocom iniciada en 2000, mini-recesión incluida. La impresión de 35 billones de yenes creados de la nada, el equivalente a 50 dólares por habitante del planeta, permitió mantener artificialmente bajo el tipo de cambio del yen frente al dólar, protegiendo la competitividad exportadora nipona, al tiempo que sirvió para comprar la deuda pública norteamericana que enjugó cuatro quintas partes del déficit fiscal surgido de los sucesivos recortes impositivos de la primera Administración Bush.

Esto volvió a cebar la bomba monetaria y crediticia global, espoleando el consumo norteamericano financiado por sus exportadores, a través de compras masivas de instrumentos de deuda made in USA en el habitual proceso de reciclado de dólares. Relanzada la expansión fiduciaria, el efecto riqueza de las burbujas de activos recién apuntaladas hizo el resto, en un variado roadshow mundial de ladrillos, materias primas, divisas, acciones, bonos, arte…

El drenaje de liquidez de cerca de 26 billones de yenes iniciado por el BoJ en 2006, aumentando el precio del dinero hasta el 0’25%, fue secundado globalmente a instancias del G20 mediante incrementos de tipos y/o coeficientes de reservas, con el fin de detener el Frankenstein inflacionista creado, quien estaba haciendo marcar máximos históricos al crudo y al resto de commodities, amenazando con descuadrar y dejar al desnudo las manipulaciones estadísticas al uso. Ya era tarde.

Lo que vemos en la actualidad es una batalla entre los bancos centrales y el colapso del sistema financiero luchado en dos frentes, aseguraba Warburton en 2001. Por un lado, bancos centrales creando liquidez para compensar el adelgazamiento crediticio. Por otro, y aquí es donde servidor quería llegar, manipulaciones a la baja, por parte de bancos de inversión y otros agentes, del precio del oro, petróleo, soft commodities y, en general, cualquier cosa susceptible de constituir un indicador de valor intrínseco. Con un doble objetivo: privar a los observadores independientes de referencias confiables para medir la erosión del valor de las monedas fiduciarias y, asimismo, negar al inversor la oportunidad de protegerse contra la fragilidad del sistema financiero operando en mercados libres de activos no financieros.

Manipula, que algo queda

La manipulación del oro se instrumenta a través del Central Bank Gold Agreement, próximo a renovarse, y las diversas variedades de Gold Carry Trade, cuyo precursor fue el London Gold Pool de los años sesenta que permitió a los bancos centrales mantener estable el precio de la onza de oro en torno a 35$, según el patrón monetario surgido de Bretton Woods.

En su versión más básica, el gold carry trade consiste en que los bancos centrales prestan, a cambio de un tipo de interés (GOFO), parte de sus reservas de oro a bancos comerciales y de inversión, quienes la venden entonces en el mercado físico e invierten el montante al tipo vigente del LIBOR. El diferencial LIBOR-GOFO, conocido como lease rate, es su ganancia. Así, el precio del oro se mantiene artificialmente bajo en los mercados, bancos centrales y bullion banks se benefician, y la confianza en el dinero fiduciario se realimenta. Una operativa muy provechosa, qué casualidad, en 2001 y 2008.

La adulteración del mercado de la plata, por su parte, tampoco pasa inadvertida. Mientras la SEC prohibía vender en descubierto valores financieros e hipotecarios, se consentía que por cada onza de plata existente en el mundo, hubieran 100 onzas vendidas vía títulos/derivados, con las entregas físicas limitadas a 7’5 millones de onzas/mes.

El caso del petróleo no es muy distinto. A pesar de investigaciones y denuncias que terminan en multa y reprimenda, la teoría del déficit de producción y progresivo agotamiento de recursos energéticos fósiles (Peak Oil) y los reforzados factores geoestratégicos conducen a un escenario donde algunos expertos pronostican un barril de crudo a precios 10 veces los actuales. Sea como fuere, los ardides en los mercados de oro, plata y petróleo, siendo vox pópuli, se perdonan y olvidan.

Back to basics. Un mundo de recursos limitados/estratégicos/escasos frente a ilimitada ficción fiduciaria y activos financieros abundantes, reproducibles y aparentemente equivalentes. Términos de intercambio en creciente desequilibrio que, tarde o temprano, revertirán en busca de un equilibrio real. En el camino, devaluaciones, burbujas y sumideros.

Protección del capital a largo plazo

Warburton finalizaba su artículo enumerando sus preferencias de inversión para los primeros años del siglo XXI, atendiendo a los requisitos de oferta limitada, resistencia climática, propiedad extendida que evite cualquier tentación de restringir el suministro, libre negociación e inexistencia de mercados derivados manipulables. Lustro y medio después, la preservación del capital descansa, más que nunca y a juicio de quien esto escribe, en las mismas premisas de antaño. Adaptación prudente y previsora a tiempos críticos donde la facilidad de intercambio, la liquidez, y la confianza en el cumplimiento ajeno, el riesgo de contrapartida, se venden muy caras. A precios prohibitivos, la estabilidad geopolítica y seguridad jurídica.

Los entonces candidatos, ninguno de los cuales satisfacía enteramente las restricciones impuestas por el autor, estaban representados por tierras de cultivo; capacidades de refino de petróleo y de generación eléctrica; accesos costeros, dársenas y puertos; reciclado de agua y recursos hídricos; paladio, platino y diamantes; bienes inmobiliarios de alto standing en lugares distinguidos; antigüedades, obras de arte, sellos y monedas; y materias primas sin mercados derivados.

Bien podría parecer la cartera del mono o la de una incipiente distopía. Sin embargo, la realidad histórica evidencia cómo el equilibrio dinámico en términos de intercambio entre recursos finitos, trigo por petróleo o reliquias bárbaras de trigo por plata, será vital en tiempos venideros. Ya lo está siendo. También el vínculo entre oro y petróleo, tan volátil y jugoso en estos últimos años, augura un futuro en el que las relaciones entre utilidad, valor y precio, hoy tan confusas y difuminadas, volverán a quedar nítidas y perceptibles. Tempus fugit.

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500% de deuda sobre PIB o la amenaza de la hiperinflación, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 9 enero, 2009

El día de Nochebuena de 1541 quedó oficialmente inaugurado uno de los murales al fresco más bellos jamás concebidos, el Juicio Final pintado por Michelangelo sobre el ábside de la Capilla Sixtina. El escándalo de hercúleos desnudos y heréticas poses recomendó la posterior contratación de Daniele Ricciarelli, discípulo de Miguel Ángel, para cubrir con calzones y paños las partes pudendas que tanta vergüenza causaron, encargo inconcluso que, no obstante, le harían acreedor del apodo Il Braghettone.

Ocultar la obvia realidad, disfrazar la evidencia, tergiversar el natural devenir de las cosas es una técnica pictórico-artística que, tarde o temprano, precipita. Las mentiras cojean de ambas piernas y, en palabras de Marshall McLuhan, sólo los secretos insignificantes necesitan protección. Los grandes descubrimientos están protegidos por la incredulidad pública.

La anterior serie de ocho artículos trató de esbozar el statu oeconomico percibido sin paños ni calzones al óleo: dónde estamos y de dónde venimos en evidente desnudez frente al manto oscurantista del EBI (Estado de Bienestar Ilusorio). El primer corolario descansa en que vivir por encima de los posibles gracias al sobreendeudamiento no es sostenible a largo plazo, aun cuando se quiera hacer creer lo contrario. La barra libre fiduciaria global basada en el privilège exorbitant del dollar standard ha permitido, durante décadas, un nivel de vida artificial financiado con deuda, descontándose prosperidad futura, adelantándose riqueza venidera y consumiendo, ayer, las contribuciones, salarios y beneficios de mañana. Y el mañana es hoy.

Ahora, una vez más, se intenta evitar la reversión de los excesos acumulados sin que nadie pueda ni quiera hacerse cargo de la roncha presentada al cobro. El bienestar ilusorio queda al descubierto, desnudo, imponiéndose entonces las viejas recetas de estatalizaciones, intervencionismos, devaluaciones competitivas y liquidez ilimitada. Refinanciar exhuberancias mientras se perjura la bondadosa existencia de almuerzos y copas gratis porque, dicen, nunca faltará agua en la noria.

El consorcio del G20, que aglutina el 90% de la producción, cuatro quintas partes del comercio y dos terceras partes de la población mundiales, está reflacionando sus Estados del Bienestar Ilusorio. Que no decaiga la fiesta. A pesar de las milongas que nos cuentan, y las que van a seguir contándonos, la manada de lobos que viene a devorarnos se llama (hiper)inflación y no deflación. En realidad, siempre estuvo entre nos, aunque con piel de cordero.


En una economía, los precios expresan los términos de intercambio entre quienes poseen utilidad en forma de dinero y desean sustituirla por la utilidad de bienes y servicios, cuyos tenedores desean canjearla, a su vez, por dinero. En el proceso dinámico de formación de precios, el dinero que se adquiere para ser reemplazado por mercancías circula, volviéndose a cambiar sucesivamente por su siguiente tenedor, produciéndose los ajustes pertinentes según manda la ley de oferta y demanda. Pero al aumentar la cantidad de dinero y crédito, el poder adquisitivo de una unidad monetaria desciende en relación a la cantidad de bienes y servicios existentes. Devaluación.


La inflación fiduciaria, el incremento neto en la cantidad de dinero y crédito respecto de la producción disponible para el intercambio económico, produce transferencias de riqueza desde los acreedores a los deudores, quienes se beneficiarán del repago de sus créditos en moneda devaluada. Negocio redondo si quien más debe y quien crea la inflación que reduce el valor real de su deuda es el mismo Estado. Y quien venga detrás, que arree.


Aquellos privilegiados que reciben el dinero/crédito de nuevo cuño antes que nadie mantienen la ventaja de poder canjearlo por bienes/servicios/activos a precios corrientes, incluso de obtener más cantidad u ofrecer mayores precios. Según aumente la circulación fiduciaria, los sucesivos tenedores de dinero/crédito podrán comprar menos o tendrán que pagar más. Efecto inflacionista sobre los precios.


La mentira de las estadísticas de inflación.


En la Edad Media, la devaluación podía venir por el aumento de la cantidad de monedas puestas en circulación o de su valor facial, de la rebaja de su peso o de la fineza del metal acuñado. La inexistencia de una tasa de inflación oficial impedía conocer el alcance de la devaluación, obligando a los agentes privados a comprobar el peso y la ley del metal utilizado en las monedas, inferir el señoreaje impuesto y, finalmente, adivinar las expectativas inflacionistas sobre los precios, dadas las fluctuaciones en la producción de mercancías y metales de acuñación.


Los actuales estadistas del bienestar, en cambio, construyen “Índices de Precios al Consumo” que asimilan con “estadísticas de inflación”, enmascarando la verdadera devaluación monetaria y esterilizando a su antojo los efectos inflacionistas sobre los precios de los bienes de consumo. Las consecuencias de la inflación crediticia, a su vez, se aíslan en los precios de los activos, alimentando un efecto riqueza que enjugue la pérdida real de poder adquisitivo. La incapacidad o desgana de los agentes privados por dar/tomar crédito adicional que refinancie consumo y revalorizaciones ad nauseam, precipita el final del ciclo fiduciario ficticio, y con él, el del bienestar ilusorio. Defunción del nivel de vida virtual, vuelta a la cruda realidad.


Al desmoronarse el círculo vicioso inflación de deuda-revalorización de activos, los estadistas del bienestar y sus banqueros centrales aceleran el proceso de inflación monetaria, tratando de compensar el desinflado de la(s) burbuja(s) que arrastran consigo la riqueza virtual creada artificialmente y cuyo destino último es convertirse en sumidero(s) financiero(s). Este esquema piramidal globalizado ha alcanzado tal surrealismo que Estados y bancos centrales se reconvierten en prestamistas de última instancia. La pirámide no puede adelgazar, debe seguir ensanchando. Rescates aparte, la tasa de inflación de deuda norteamericana crece más del 9% anual desde 1980. Incluyendo compromisos socio-sanitarios, el endeudamiento total de EE.UU ronda el 500% de su PIB, creado en su mayoría en los últimos 30 años, más que doblando desde 2000.


Y, sin embargo, la solución a los problemas causados por los excesos acumulados de abundante liquidez y crédito es, coincidencias monetaristas y keynesianas, más dinero y deuda. Forzar con viejas recetas fracasadas espejismos de producción, empleo, renta y consumo insostenibles que, cuando queden desvanecidos, sólo dejarán default, depresión y un realista Misery Index de desempleo y pobreza.


Las estadísticas de inflación son meros artificios que parten de un error de concepto y se manipulan mediante cambios metodológicos de lo más variopinto. Diferentes bases, ponderaciones y espacios muestrales. Sustitutivos vienen, regresiones hedónicas van. Y, a partir de aquí, el resto de cálculos económicos arrastran la aberración, convirtiéndose en meras entelequias. Se produce menos de lo que se dice, la pérdida de poder adquisitivo es mayor de la que nos cuenta el IPC y hay más desempleados de los que las encuestas admiten. Incluso el súper gurú mundial Bill Gross, libre de toda sospecha conspirativa, se atrevió en Junio pasado a sacar los pies del tiesto. En Europa, ya nos adelantamos a EE.UU y Reino Unido cocinando estadísticas adecuadas previas al euro. Que no falte I+D+i para dato-ficción.

Las variaciones en tantos por ciento de índices encadenados aportan poca o nula información. Y en todo caso relativa. Que el IPC suba menos o incluso decrezca respecto al mes o al año anterior no es deflación, aunque sea el eslogan que se desea cale hondo y permita justificar el maná fiduciario. Deflación sería un decremento neto en el dinero y crédito disponibles respecto del stock productivo, el aumento del poder adquisitivo de una unidad monetaria en términos de bienes y servicios. Esto generalmente provocará descensos en sus precios, previamente afectados por el efecto inflación y por la habitual dinámica entre oferta y demanda. Son los cambios de poder adquisitivo, del valor de las unidades monetarias y no de lo que se canjea por ellas, lo que debe poner las orejas tiesas. Y noto cómo mi bolsillo se devalúa a cada bajada de tipos, inyección de liquidez, subasta de deuda, con cada rescate y plan de ayuda o estímulo pagado. Usted, ¿cómo nota el suyo…?

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Urge, dicen, la refundación del capitalismo, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 19 diciembre, 2008

¡Oh, bienaventurado sobre cuantos viven sobre la haz de la tierra, pues sin tener invidia ni ser invidiado, duermes con sosegado espíritu, ni te persiguen encantadores, ni sobresaltan encantamentos! Duerme, digo otra vez, y lo diré otras ciento, sin que te tengan en contina vigilia celos de tu dama, ni te desvelen pensamientos de pagar deudas que debas, ni de lo que has de hacer para comer otro día tú y tu pequeña y angustiada familia. Ni la ambición te inquieta, ni la pompa vana del mundo te fatiga, pues los límites de tus deseos no se estienden a más que a pensar tu jumento; que el de tu persona sobre mis hombros le tienes puesto: contrapeso y carga que puso la naturaleza y la costumbre a los señores. Duerme el criado, y está velando el señor, pensando cómo le ha de sustentar, mejorar y hacer mercedes. La congoja de ver que el cielo se hace de bronce sin acudir a la tierra con el conveniente rocío no aflige al criado, sino al señor, que ha de sustentar en la esterilidad y hambre al que le sirvió en la fertilidad y abundancia.

Austeridad, honradez, honestidad, gratitud, sentido del deber para consigo mismo y con los demás, diligencia, templanza, nobleza, dadivosidad… valores universales e inmortales del Ingenioso Hidalgo, legado moral en el que reflejar la naturaleza humana y revelar conciencia humanista. Entonces y ahora. Y luego, tomando en el suelo cuanto quiso, se acurrucó y durmió a sueño suelto, sin que fianzas, ni deudas, ni dolor alguno se lo estorbase.

Vivimos tiempos convulsos cuyo trasfondo último paréceme el reflejo de una crisis de principios morales, una crisis de humanismo. Profunda. El caos ético de escalas de valores cada vez más divergentes, orfandad de autocontrol, prudente conformismo y lucro racional, ha degenerado en que nunca antes tan pocos tuvieron tanto ni tantos tuvieron tan poco. Generaciones minoritarias criadas en el a todo, insatisfechas aún sin negárseles nada, mientras la mayoría de generaciones afligidas en absolutas carencias se arruinan porque todo se les niega, no hay nada que conceder. Retruécano, nunca tan pocos debieron tanto a tantos. Sin embargo, abrazo incondicionalmente el no es más rico quien mucho tiene sino quien poco necesita. Parábola del pescador satisfecho. Y meritocracia capitalista.

Urge, dicen, la refundación del capitalismo. Pero ignoro el capitalismo referido, pues percibo demasiadas acepciones que acotar. Citado en la inauguración de esta privilegiada tribuna, y más apropiado para estas fechas, incorporo al estofado argumental que viene guisándose semanalmente, con la venia de la propiedad y sus venturosos beneplácitos, capitalismo weberiano. A fuego lento.

La receta del capitalismo weberiano descansa en el trabajo incesante, el cálculo económico racional y el rendimiento obtenido de manera pacífica en forma de rentabilidad equitativa, a través de un intercambio de satisfacciones humanas que huye de la apropiación desordenada de la riqueza, de la ambición ilimitada, del lucro irracional y compulsivo. Capitalismo guiado por la ética racional de la existencia. Antítesis del capitalismo especulador, aventurero, del pelotazo.

Weber, economista, filósofo, y padre fundador de la sociología moderna, defendía que las ideas y valores morales constituían las verdaderas fuerzas de transformación sociales. La evolución del capitalismo industrial basado en empresas con ánimo de lucro y tendentes a satisfacer las necesidades de una colectividad, en el seno de un Estado de hombres libres, seguridad jurídica, justicia equitativa, propiedad privada de los medios de producción, aplicación racional y práctica de la técnica y vida urbana desarrollada. Homo oeconomicus.

La socialización de los principios y valores, imbuidos en el inconsciente colectivo cultural y elevados a bien moral, la ética racional de la existencia, es el alma del capitalismo. Si bien en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” se identificaba su origen con la concepción calvinista y puritana del éxito como prueba de que la gracia divina es favorable, sus diferentes conclusiones para otras confesiones, incluidas las orientales, validaron posteriormente su tesis de que las motivaciones constantes en el ejercicio del deber profesional, la sobriedad del confort burgués y los valores morales suficientemente socializados, permitían un capitalismo racional basado en el ánimo de lucro conformista y el abnegado trabajo como finalidad ética del espíritu.

El trabajo es ley forzosa, todos los hombres obreros. Éste que guía un rebaño, y aquél que gobierna un pueblo. Lo mismo el que ara la tierra que el que interroga a los cielos. ¡Bendito el trabajo sea, fuente de paz y consuelo; nobleza de los humildes, y de los malvados, freno!

La prueba de que el capitalismo weberiano se implantó tanto en Europa como en EE.UU, cuyas estructuras aún hoy perduran, se encuentra en que Europa, a grandes rasgos, sigue dividida entre países core y periféricos, entre una zona industrial, altamente especializada y tecnológicamente avanzada, con movilidad cuasi-perfecta de factores y muy eurítmica (la llamada hot banana o banana azul, países core); y el resto de zonas de influencia (países periféricos). Un Modelo de doble disimetría en el que enlazan las micro-integraciones culturales, sociales, políticas, económicas. Y éticas. Gráficamente, las áreas de influencia de la ética protestante y la columna vertebral que integra países core vs. periféricos coinciden.

Numerosos y recientes estudios sobre socioeconomía del hecho religioso establecen que el corpus moral y las creencias espirituales, sistematizadas e interiorizadas por los diferentes grupos sociales, influyen en su percepción de la felicidad, en el desempeño económico y, por tanto, en el nivel de bienestar de la colectividad. Felicidad, religión y tiempos convulsos de transición económica.

En EE.UU, la ciudad de Boston en particular y New England en general fueron el punto de fuga de la ascética puritana y calvinista. Reconocerse entre los elegidos para la salvación, según el dogma de la predestinación, pasaba por elevar el trabajo, la profesión, el comercio y las obras humanas ad maiorem Dei gloriam. Ética y abnegación profesionales orientadas al servicio de la colectividad y el éxito socioeconómico, como indicador fidedigno de la certitudo salutis salvadora. Al estilo de la contabilidad moral que practicaba Ben Franklin, para poder evaluar su éxito mundano y deducir así su posición ante los designios divinos, Boston se reveló, con sus Universidades e Institutos Tecnológicos, pionera en adelantos e innovaciones, como conciencia ética colectiva de las Colonias y de su desarrollo socioeconómico basado en el esfuerzo, el método y la competencia funcional, el motor del capitalismo norteamericano. La variedad actual del hecho religioso y su estratificación social refrendan las tesis weberianas, como ilustra este paper de Jonathan Gruber, profesor del MIT y adscrito al NBER.

Mi aparente conclusión es que la estructura sistematizada de principios éticos y valores morales comunes, asimilados como imperecederos y universales, resulta esencial para un desarrollo económico y social sostenible. No se trata, a mi modo de ver, de no exigir ni imponer una moral religiosa específica o una espiritualidad teológica determinada, sino de aceptar y defender como bien moral un mínimo corpus de valores humanos puestos en común. Esfuerzo, mérito, honestidad, diligencia, lucro racional… principios y valores que deben ser inculcados, asumidos y practicados en todos los ámbitos, desde el educativo al laboral, a fin de encarar los retos de un mundo globalizado cuyo eje geoestratégico gira hacia el Este y donde la ética racional de la existencia, cada cual la suya, definirá el devenir de los próximos tiempos, prestos para profundas catarsis.

Apago ya el fuego antes de que espese el caldo, con mis mejores deseos para estas fiestas y, en su caso, Feliz Natividad…

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¿Es ilusorio el Estado del Bienestar? O el retorno de la austeridad, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 12 diciembre, 2008

Cuenta Plutarco que hallándose Alejandro Magno de escala en su camino hacia Persia, era agasajado por todos los notables de la época excepto por el afamado Diógenes de Sinope, resolviendo entonces ir a verle. Lo encontró tumbado, tomando el sol, y preguntándole si se le ofrecía alguna cosa, el filósofo le respondió: “muy poco, que te quites del sol”. Admirado por su grandeza de ánimo, confesaría “a no ser Alejandro, de buena gana sería Diógenes”. Arístipo, filósofo que vivía confortablemente adulando al rey, encontró a Diógenes cenándose unas lentejas y le dijo: “si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas”. Éste contestó: “si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.

Asceta de vida aperrada, Diógenes decía buscar, a plena luz del día y farol en mano, un hombre honesto. Había hecho del aprecio por las privaciones y la supresión integrista de necesidades su medio de alcanzar la virtud moral. A fin de evitar la artificialidad, hipocresía y falsedad de una vida humana que consideraba llena de impostura y carente de contenido, prefirió imitar al perro que vive el presente sin ansiedad, sin pretensiones y que, a diferencia de las artimañas humanas, siempre da un ladrido honesto ante la verdad.

Independencia, ausencia de conflictos de interés. Partout. Burócratas de la partitocracia con sus electores, meros contribuyentes disfrazados de ciudadanos; banqueros centrales con los poderes fácticos que les facilitan sus mullidos sillones de cuero; la banca con sus clientes, distribuyéndoles fantasías financieras, colocándoles papelillos mágicos de bienestar presente con cargo a prosperidad futura o promesas de bienestar futuro a cambio de prosperidad presente; agencias de rating, jueces y partes, con sus calificadas; directivos con sus accionistas y éstos con los bonistas, a cuenta de la creación de valor, los bonus, y la parte del león… Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.

Quizá sea momento de añadir un ingrediente adicional. Un tazón colmado del Principio de Peter: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. Llevo a ebullición y la primera tajada que aflora, mi primera derivada, es que en jerarquías donde la incompetencia ocupacional sube a lo más alto, los conflictos de intereses generan consecuencias negativas que afectan a la colectividad y de cuya responsabilidad nadie se hace cargo. Negación plausible. O simple mutis. Aunque la tradición establece que, tras el banquete y la barra libre, alguien debe quedarse a recoger, limpiar y hacer de paganini. La asunción de responsabilidad, tan escurridiza como un langostino de trasmallo, no encuentra patrocinador. El paganini, en cambio, está claramente definido por el sistema. Nullum gratuitum prandium.

Siguiendo la línea argumental de la semana pasada, vivimos en un mundo de recursos productivos limitados en tiempo y cantidad. La percepción por parte de los agentes privados de una barra libre fiduciaria, de que el dinero crece en los árboles y puede ser recolectado gratis o a muy bajo coste, genera el espejismo de una oferta ilimitada de estos recursos. Ello conduce a la sobreproducción de bienes y servicios, al exceso de dimensión de ciertas estructuras productivas. En el camino, la ilusión monetaria se traduce en un delirio de bienestar virtual con más empleo, producción, renta y contribuciones al sistema. Efecto riqueza. Pero nada es eterno y cuando empiezan a desvanecerse las alucinaciones del maná fiduciario, lo que antes parecía prosperidad infinita, deviene exceso de capacidad, deuda de peso muerto e insolvencia.

El Estado del Bienestar Ilusorio.

La ética y razón del Estado del Bienestar Ilusorio (EBI) se basa en la necesidad de inflar expectativas, sobredimensionar percepciones de bonanza e inducir el autoengaño. Ensanchar el esquema fiduciario piramidal de activos ficticios y deudas cuyo valor real disminuye cuanto más tiempo pase, haciendo que cualquier déficit de ingresos se compense con créditos fiados en promesas de prosperidad futura y riesgo moral. Al agente privado se le impone un medio de pago, unidad de cuenta y presunto depósito de valor que, convertido en dinero de curso legal, le permita contribuir al sostenimiento de una estructura burocrática multinivel la cual, por definición, mantiene un apetito recaudatorio tan voraz como su incontinencia dimensional, tendente a la maximización de réditos electorales para perpetuarse.

Un sistema que detrae bienestar de los agentes privados y se lo transfiere al EBI para que acredite consumismo vacuo, subvencione especulación e incompetencia, premiando la asignación ineficiente de recursos a fin de producir transitoriamente un nivel de vida artificial, y castigando el prudente ahorro, la esforzada laboriosidad, el cálculo económico racional y la competitividad. Robando modus vivendi futuro vía impuesto inflación.

Nota al pie. A pesar de los usos hechos del término inflación y los conceptos que de él se derivan, parece existir raro consenso en admitir que la inflación, siempre y en todas partes, es un fenómeno monetario. Y crediticio. Así, entiendo por inflación el incremento neto de dinero y crédito respecto de la producción disponible para el intercambio económico. Crear más unidades monetarias respecto del stock de bienes y servicios implica la devaluación de la moneda en la que se expresan los precios, la pérdida de poder adquisitivo en términos de bienes y servicios. Por tanto, las subidas de precios en unidades monetarias no son propiamente inflación, sino que resultan de ella. Meros ajustes, consecuencias ex post del exceso monetario y crediticio.

Se me antoja indiferente, pues, que la inflación provenga de hinchar con agua las semillas de cacao usadas al peso como dinero, de limar los bordes o engañar la ley del metal acuñado como moneda, o de darle a la impresora fiduciaria para obtener bienes y servicios reales a cambio de papel cuyo valor intrínseco es su coste de impresión y distribución, por muchos ceros que lleve. El fraude viene a ser el mismo, así se trate de nobles del medievo devaluando moneda para financiar la Guerra de los Cien Años, como si, por el coste de apenas unos céntimos, el BCE imprime billetes de 500 euros o crea depósitos que permiten a los señores feudocapitalistas del EBI pagar bienes, servicios y rescates por su valor nominal, mientras el resto de agentes privados deben esforzarse para obtener utilidad por valor de 500 euros que puedan intercambiar por bienes y servicios ya gravados con inflación.

Mientras los apóstoles del EBI nos cuentan la parábola del cristal roto, el efecto inflación sobre los bienes de consumo queda supuestamente contrarrestado por las bondadosas ganancias de productividad, las deslocalizaciones y outsourcing low-cost, las liberalizaciones comerciales y los avances científico-técnicos, por la exportación deflacionista de países emergentes abonados al dumping y devaluaciones competitivas. La pérdida de poder adquisitivo, enmascarada por la sobrevaloración de activos reales y financieros vía inflación crediticia, permite la refinanciación circular de consumo, especulación y apalancamiento garantizados por revalorizaciones ad infinitum.

Durante décadas, disfrazada de lagarterana, la inflación ha sido sacada a pasear ataviada de IPC o similar, en el doble intento de confundir causas y consecuencias, y de ningunear éstas últimas mediante manipulaciones estadísticas y cálculos económicos ficticios. Para desfigurar la trinidad confiscatoria de tributos, deuda y señoreaje, resulta más convincente, cara a la galería, asimilar subidas de precios con inflación, que ésta se vea como algo inevitable y, además, moderadamente beneficiosa. Tratándose de percepciones subjetivas, la tecnología actual permite una gestión sencilla y barata de la confianza en el sistema, fundamentalmente a través de la estrategia de comunicación y la psicología de masas. Ingredientes tradicionales. Sisa, deformación y saturación informativas, algo de credulidad, mimada mansedumbre y una buena dosis de marketing relacional. Añádase una pizca de imaginación creativa para que la propaganda resulte seductora y elegante, y ya está vestido el muñeco, listo para el Vo.Bo.

Treinta o cuarenta años de cumplido trabajo, desviviéndose por los suyos, ahorrando sacrificadamente para disfrutar del merecido descanso, y los ratones de la inflación monetaria se han comido su despensa, que creía llena y presta a aprovisionar su solaz retiro. La verdad, me parece deshonesto. Aunque confieso, más allá de toda duda razonable, que he bebido la ponzoña de quienes ya fundaban su ética y razón en que no se puede obtener realidad a cambio de fantasía, fabricar bienestar artificial de la nada ni comprar con cargo a promesas de algo que ni se tiene, ni es. El buffet y barra libres, sección economía-ficción.

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El impuesto inflación o el efecto perverso de la política monetaria, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 5 diciembre, 2008

La objetividad es un lujo al alcance de muy pocos privilegiados. La percepción de la realidad es una cuestión tan subjetiva como la confianza que se deja en depósito o se entrega a fondo perdido. Entre la claridad expositiva del quidquid recipitur, ad modum recipientis recipitur de la escolástica tomista y la retórica freudiana de espíritus selectos y equilibrados capaces de percibir la imagen de la realidad exterior sin desfigurarla, median seis siglos y la aparente unanimidad sobre la subjetividad del punto de vista de cualquier observador imparcial.

La realidad que percibo, pues, parte de una Aldea Global con recursos limitados/estratégicos/escasos que deben ser asignados en sus mejores usos alternativos, a fin de satisfacer las necesidades/deseos de sus pobladores. Gobernar la casa donde uno habita. Ahora y luego, visión dinámica. Idealmente, los individuos actuarían como agentes racionales maximizadores de utilidad, con información perfecta y simétrica, sin problemas de agencia ni costes asociados a conflictos de intereses. Homo oeconomicus.

Sin embargo, no alcanzo a percibir la generalización de esa especie. Parece más bien que los individuos actúan, según una variedad de estándares culturales/ético-morales, con racionalidad acotada, información asimétrica e imperfecta y sometidos a conflictos de intereses surgidos de la búsqueda de su propia satisfacción a través de una conducta particular y relativa respecto de la colectividad, habida cuenta el natural instinto de conservación y autogeneración de estímulos competitivos: en nuestro pequeño universo conocido, todo el mundo va a lo suyo menos yo que voy a lo mío.

Emanadas de voluntades ajenas, las nuevas generaciones de individuos (e individuas) quedan sujetas a la capacidad y disposición de sus respectivos progenitores (A y B, of course) de proporcionarles, solos o en compañía de otros, el pertinente sustento, amparo y formación integral para que, llegado el momento, desteten y puedan valerse por sí mismos, procurándose sus propias habichuelas en base a los principios/valores morales aprehendidos, a su talento, arte u oficio. Capital humano.

De la mera observación de la naturaleza, cigarras y hormigas, la prudencia aconseja disponer una reserva de habichuelas para cuando hagan falta por general escasez, imprevisto sobrevenido y/o definitiva incapacidad de obtenerlas por medios propios. Hipótesis del ciclo vital y de la renta permanente. Ahorro, despensa de riqueza.

Los individuos jerarquizan sus necesidades/deseos según las prioridades de satisfacción de déficits básicos, accediendo así a deseos superiores y más elevadas motivaciones. Pirámide de Maslow. Partiendo de equilibrio (homeostasis), brota una necesidad que conduce, mediante impulsos, a la consecución del incentivo/recompensa, a la satisfacción del deseo, para así volver al estado de equilibrio. Si entre los impulsos y el incentivo aparece un obstáculo que impide alcanzar la recompensa, surge una frustración que, una vez gestionada, devuelve al estado homeostático. A nivel neurofisiológico, el circuito de la dopamina se encarga de administrar el mecanismo de castigo/recompensa, de reforzar los estímulos que permitan la satisfacción de las necesidades vitales modulando instintos primarios, emociones y estados de ánimo. Homo naturalis. La donna è mobile.

La puesta en común de motivaciones individuales para lograr la satisfacción de necesidades/deseos compartidos, genera toda una suerte de sistemas de organización sociales cuya evolución histórica descansa, con desigual fortuna e importancia, en la titularidad y el acceso a los recursos, la división del trabajo, el estado de la ciencia y la técnica, los principios ético-morales y las costumbres/normas/leyes vigentes. El intercambio de utilidad se ve facilitado por el uso de un bien que, siendo generalmente aceptado para liquidar mutuas obligaciones, simplifique los cálculos al tener reconocido un valor objetivo y, además, conserve su común aprecio en el tiempo, constituyendo un medio de acumular valor de uso y canjear riqueza al portador. Dinero.

Toda la perogrullada anterior, sin duda prescindible, obedece únicamente al intento de acotar, desde la propia subjetividad, términos y conceptos esenciales, pues se me antoja difícil aceptar como dinero algo que con el tiempo pierda utilidad de intercambio. Que impida su uso como depósito de riqueza, como medio de acumular el exceso presente de necesidades satisfechas, de mantener su capacidad de cubrir carencias futuras transformándose en utilidad.

El Estado de Derecho moderno, teórico heredero del ius aequum, ha dejado paso al Estado del Bienestar, donde la equidad en la asignación de recursos, el ordenamiento social y la provisión de capital humano y bienes públicos quedan encomendados, inexorablemente, a un ente benefactor supraindividual que otorga derechos subjetivos a cambio de imponer obligaciones irrenunciables, en su mayor parte pecuniarias, liquidables en dinero. Impuestos, tributos y contribuciones.

Es cierto que los gobiernos no pueden ser mantenidos sin una gran carga, y es adecuado que quien goza de su protección debiera pagar de su patrimonio su participación en tal sostenimiento. Pero debe ser con su propio consentimiento, es decir, beneplácito de la mayoría, dado por ellos mismos o por sus representantes electos; porque si alguien reclama el poder de imponer y exigir tributos al pueblo por su propia autoridad y sin el consentimiento del pueblo, de ese modo invadiría la ley fundamental de la propiedad y subvertiría la finalidad del gobierno.”

Este pensamiento de John Locke hace referencia al principio básico de que ningún impuesto debe aplicarse sin ley previa, nullum tributum sine lege. Pero el Estado del Bienestar Ilusorio mantiene vigente un tributo feudal, en forma de servidumbre por la acuñación de moneda, que constituye el gravamen más regresivo e injusto de todos. Un impuesto que destruye el valor del papel moneda, el ahorro y confisca la riqueza: inflación. Una inflación recaudada en primera instancia como Señoreaje.

El señoreaje, conforme lo explica el banco central de Canadá, es la diferencia entre el valor facial de una moneda y su coste de producción y distribución. Bajo el sistema monetario fiduciario actual sería la diferencia entre el rendimiento de la cartera de deuda pública gubernamental y el coste de circulación del dinero.

Según Roubini & Backus: “Cuando un banco central imprime ‘dinero fresco’ puede obtener bienes y servicios a cambio de esos nuevos trozos de papel. El montante de bienes y servicios que el gobierno obtiene imprimiendo dinero en un periodo determinado se denomina ‘señoreaje’ […] Según el gobierno adquiere bienes y servicios reales imprimiendo dinero, el señoreaje es efectivamente un tributo impuesto por el gobierno a los agentes privados. El tributo del señoreaje también se denomina impuesto inflación […] En otros términos, el impuesto inflación es igual a la tasa de inflación multiplicada por el saldo real de dinero en manos de agentes privados […] La reducción del valor real de mi saldo monetario causada por inflación es el impuesto inflación, la cantidad de recursos reales que el gobierno me detrae al imprimir dinero nuevo y generar inflación.”

Bernanke & Abel: “Imagine un gobierno que quiera gastar 10.000 millones de dólares (digamos, en submarinos) pero que no tenga capacidad de gravar o pedir prestado del público. Una opción para el gobierno es imprimir los 10.000 millones y usar ese dinero para pagar los submarinos. La renta que un gobierno obtiene imprimiendo dinero se llama señoreaje […] En realidad, los gobiernos que quieren financiar sus déficits a través del señoreaje no imprimen simplemente nuevo dinero, sino que utilizan un procedimiento indirecto. En primer lugar, el Tesoro autoriza al gobierno a pedir prestado el importe equivalente al déficit presupuestario (los 10.000 millones del ejemplo), imprimiéndose y vendiéndose la correspondiente cantidad de nuevos bonos gubernamentales. Sin embargo, los bonos no son vendidos al público, sino que el Tesoro pide (o requiere) al banco central que los compre. El banco central los paga imprimiendo 10.000 millones en moneda nueva, dándoselos al Tesoro a cambio de sus bonos. Este nuevo dinero entra en circulación cuando el gobierno se lo gasta (submarinos) […] El gobierno recauda el impuesto inflación imprimiendo moneda (o haciendo que el banco central la emita) y usándola para comprar bienes y servicios. El impuesto inflación es pagado por cualquier miembro del público que posea dinero, porque la inflación erosiona su poder adquisitivo. Por ejemplo, cuando la tasa de inflación es del 10% anual, una persona que mantenga efectivo pierde el 10% de su poder adquisitivo y, por tanto, ciertamente paga un impuesto del 10% sobre su reserva real de dinero.

Señoreaje, monetización de deuda e impuesto inflación. Un feudocapitalismo fiduciario que cobra tributos por trabajar, por consumir y por ahorrar. Servidumbre y confiscación de riqueza amparadas en el Estado del Bienestar Ilusorio. Qué bien…

¿Cualquier oro pasado fue mejor? O la quiebra del sistema monetario, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 28 noviembre, 2008

Decía Bernard Shaw que “aunque todos los economistas del mundo fuesen puestos en fila unos detrás de otros, ni siquiera así llegarían a una conclusión”. Excesiva y confusa disparidad de criterios, incluso en lo básico. Quizá porque creemos navegar por océanos de certeza cuando realmente surcamos mares de azar. Tal vez porque nos ensimismamos con imaginativas quimeras. O puede que confiemos demasiado en modelos teóricos que, por definición, no son más que simplificaciones de la realidad, meras aproximaciones, a menudo deudoras de lógica y sentido común. Nostra culpa.

Si bien hoy venía dispuesto, tal y como habíamos quedado, a iniciar el esbozo de cómo y porqué se sostiene el sistema fiduciario internacional basado en el dollar standard, cambio el paso al aparecer en mi buzón, cortesía de S. McCoy, este magnífico artículo publicado en FT el pasado domingo y firmado por Richard Duncan. Aunque el enlace propuesto permite leer la V.O de un tirón, a modo de recapitulación les extracto mi versión doblada:

Cuando Richard Nixon destruyó en 1971 el Sistema Monetario Internacional de Bretton Woods cerrando la ventana del oro en el Tesoro, decapitó el último vínculo entre dólares y oro. Lo que siguió fue una proliferación en espiral de cada vez más falsos instrumentos de crédito denominados en una divisa devaluada. El ejemplo más evidente y letal de esta locura ha sido el crecimiento del mercado de derivados no regulados, que se ha hinchado hasta alcanzar 600 billones de dólares, el equivalente a casi 100.000 dólares por habitante del planeta.

Bajo el dollar standard de post-Bretton Woods, el crecimiento del crédito propulsó el crecimiento económico. En EE.UU, el ratio de crédito total sobre el producto interior bruto pasó del 150% en 1969 al 350% en 2007. Consumo financiado con crédito y succión de importaciones con un devastador impacto en la balanza comercial norteamericana. En 2006, el déficit por cuenta corriente de EE.UU alcanzó casi 800.000 millones de dólares.

Según el dollar standard inundaba el mundo con dinero falso, la inestabilidad económica se propagó alrededor del globo. La reinversión de los “petrodólares” creó el boom económico en América Latina en los años 70 y a continuación la crisis de deuda del Tercer Mundo en los 80. El superávit comercial de Japón frente a EE.UU impulsó los precios de las propiedades japonesas a finales de los 80 hasta que los jardines imperiales de Tokyo valieron más que California; produciéndose luego la “década perdida” japonesa cuando la burbuja estalló en 1990. Seguidamente vinieron el ascenso y la caída de la burbuja del milagro asiático. Cada convulsión económica se debió a la excesiva afluencia de dólares a esas economías. Ningún régimen regulador podría hacer frente a tal extraordinaria incursión de dinero exógeno.

El colapso de Bretton Woods rompió el vínculo entre las divisas mundiales y el oro. Los bancos centrales fueron entonces libres para crear tanto dinero como quisieron. Entre 2001 y hoy día, los bancos centrales fuera de los EE.UU. han creado el equivalente a unos 6 billones de dólares. Esto puede comprobarse en el incremento de siete veces las reservas de divisas en ese período. El dinero creado (que representaba para la mayoría, si no para todos, lo que el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke denominó la superabundancia de ahorro global) se utilizó para comprar dólares y reprimir el valor de las divisas de los socios comerciales de EE.UU. para perpetuar su ventaja comercial.

Cuando esos dólares fueron reinvertidos en activos denominados en dólares, le llegó el turno de burbujear a EE.UU. Tal y como los bancos centrales compraban los bonos del Tesoro USA, se impulsaron sus precios y se redujeron sus rendimientos. Sin embargo, al no haber suficientes nuevos bonos del Tesoro emitidos para absorber el resto de las ganancias del excedente comercial mundial, los bancos centrales compraron también deuda de Fannie y Freddie. Lo cual permitió a dichas empresas semigubernamentales adquirir o garantizar más de la mitad de todas las hipotecas del país antes de desmoronarse. Entre los tipos de interés artificialmente bajos y el frenesí comprador de Fannie y Freddie, los precios de las propiedades subieron. La burbuja inmobiliaria estadounidense siguió a la nefasta burbuja del Nasdaq. Sin embargo, la inflación del mercado norteamericano de la vivienda fue una burbuja que llegó demasiado lejos. Cuando explotó, el sistema financiero mundial se precipitó en crisis, dejando la versión del siglo XXI del capitalismo financiero Anglo-Americano desacreditada.

La lección que debe ser aprendida a raíz de este desastre es que el capitalismo de mercado libre bajo un régimen de dinero fiduciario no produce los mismos beneficios (prosperidad sostenible) que los de un verdadero capitalismo de libre mercado bajo un sistema monetario anclado al oro. Cuando el Presidente Nixon rompió el vínculo entre el dólar y el oro, cambió la naturaleza del modelo económico Anglo-Americano y, en última instancia, lo destruyó.

El mundo no puede regresar al gold standard de la noche a la mañana sin provocar una brutal contracción del crédito y una depresión global. Sin embargo, tampoco podemos permitirnos el lujo de pretender que nada ha cambiado y que la economía global puede seguir funcionando bajo el dollar standard. Ha llegado el momento de convocar un foro de líderes mundiales para que negocien y comiencen la transición hacia un sistema monetario internacional basado en normas fundamentadas en dinero sólido/sensato e intercambio comercial equilibrado. Los esfuerzos actuales del G-20 están muy por debajo de lo que se necesita.”

Cerrada ovación. Pero, efectivamente, el mundo no puede regresar al gold standard de un día para otro. Y, una vez reinstaurado, su coste anual de mantenimiento supondría, sólo en EE.UU, al menos la mitad de los 700.000 millones de dólares del Plan Paulson. Una minucia comparada con el coste real, durante generaciones, del dollar standard. Calderilla, un pocket money veintidós veces menor que el dinero comprometido ya en rescates inmorales a cargo de los actuales y futuros contribuyentes norteamericanos. Algo más del 55% de su PIB corriente. La cantidad final se acercará al doble. Ya saben, ojos que no ven, dinero de nuevo cuño. Alquimia financiera, impuesto inflación. Mientras se aplaude la ampliación de la barra libre fiduciaria, los US Treasury CDS, los seguros contra quiebra de los bonos del Tesoro, en máximos históricos y subiendo sin cesar, doblando en dos meses. Menudo disparate.

¿In Gold We Trust?

Considerado durante siglos en diversas culturas un símbolo de poder y soberanía, de divinidad y nobleza, de pureza, de vanidad y ambición humanas; el oro ha sido codiciado hasta la locura, causa de guerras y fenómenos migratorios a gran escala. Otra paradoja del valor.

Aunque carezco de especiales filias/fobias auríferas, añoro los límites naturales que imponía a los excesos monetarios y crediticios, a la ficción fiduciaria, a la brutal pérdida de poder adquisitivo y confiscación de riqueza. Y me limito a constatar que, no siendo imprescindible para la supervivencia de ningún ser vivo, es un bien tangible cuyo valor descansa en el irrefrenable e insaciable deseo del ser humano por poseerlo y atesorarlo. Metal escaso, limitado en tiempo y cantidad, homogéneo, transportable, divisible, duradero y que, por convención general, se convierte en un bien preciado aceptado como unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor.

Pero sobre todo en un protector del ahorro a largo plazo: una inflación anual del 2% se comería el 100% de su poder adquisitivo en 35 años. Al 3%, en menos de un cuarto de siglo. Estadísticas oficiales de inflación en mano, el poder adquisitivo del dólar se ha reducido una tercera parte en 10 años, un 25% desde el año 2000. ¿Dinero fiduciario? Cuestión de confianza. Ustedes dirán…

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¿De verdad vale algo nuestro dinero? (y IV). Creación del dinero y alquimia financiera, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 21 noviembre, 2008

Cuarta y última entrega de la serie de artículos que, a la luz de cómo ha evolucionado el Sistema Monetario Internacional a lo largo del último siglo y medio, pretenden responder a una pregunta fundamental que se hacen muchos de ustedes: ¿Vale algo mi dinero? Hoy, creación de dinero y alquimia financiera.

Nos habíamos quedado en el alumbramiento, el 15 de Agosto de 1971, de un sistema fiduciario puro basado en el exorbitante privilegio del dollar standard. Efeméride trascendental, pues la divisa norteamericana canceló su valor intrínseco (0’888671 gramos de oro) y pasó de ser un depósito de valor al portador a un concepto de valor abstracto e indefinido. Papel moneda convertible en credulidad y respaldado únicamente por la fiducia o confianza depositada en él, en su preeminencia como divisa de reserva, medio de pago internacional y unidad de cuenta. Poderío de parné. In Dollar We Trust.

El dólar permanecía como eje de un sistema viciado en su concepción y en el consentimiento tácito hurtado por sorpresa al orbe económico. Las sucesivas devaluaciones y turbulencias financieras desembocaron en la primera crisis del petróleo, toda vez que la OPEP había ya arrebatado el control del cártel a Le Sette Sorelle y, por consiguiente, podía redefinir los términos de intercambio de sus limitados/estratégicos recursos fósiles por papelillos ilimitados: si el medio de pago vale menos, suben los precios nominales. Si vuelven los Greenbacks, nuevo Boom de materias primas denominadas en dólares.

La desmonetización del oro (Jamaica Agreements, 1976) obligó al FMI a deshacerse de la tercera parte de sus reservas auríferas. Las divisas quedaban ligadas entre sí mediante tipos de cambio flexibles y fijos en todas sus modalidades, desde libre flotación cambiaria a dolarización, pasando por parrillas de paridades o tipos fijos con paridad móvil. Un sistema de monedas fiduciarias basado en el crédito otorgado al representante más tangible de la hegemonía norteamericana, a su divisa. Las manipulaciones cambiarias y devaluaciones competitivas orquestadas para corregir desequilibrios dieron buena cuenta de la fragilidad del sistema. Bluf.

De esta guisa, EE.UU, año tras año, importa bienes y servicios del resto del mundo pagando en dólares. Los dólares recibidos por los exportadores son vendidos a sus respectivos bancos centrales a cambio de moneda local creada al efecto y reinvertidos/reciclados en activos (reales o financieros) denominados en la divisa norteamericana. El exceso de consumo estadounidense, su insuficiencia de ahorro y producción, se compensa mediante un creciente endeudamiento con el exterior documentado mediante masivas emisiones de deuda, absorbidas en el proceso de reciclado de dólares.

Idéntico mecanismo al de Bretton Woods, salvo que ahora las reservas de dólares acumuladas no son convertibles en oro, sino en la confianza de que EE.UU es y seguirá siendo solvente. En que mantendrá la capacidad de repago de sus deudas, respaldadas únicamente por la futura suficiencia fiscal del emisor que, en el caso de la deuda pública, descansa en la potestad tributaria, en la capacidad venidera de recaudar impuestos. Notate Bene.

La sumisión exportadora, vender a toda costa, lleva a fiar sin límites y a manipular la relación real de intercambio con devaluaciones competitivas/anclajes cambiarios, en aras de obtener dólares que sirvan, a su vez, para la expansión doméstica del dinero & crédito. Las deudas de uno son los activos del resto. Y los activos, en efectivo, sólo representan la deuda que respaldó su emisión.

La creación del dinero y la alquimia financiera.

La creación de dólares comienza, de facto, con una mera monetización de deuda: el Tesoro norteamericano emite títulos de deuda pública (bonos) que vende a la Reserva Federal (Fed) a cambio de dinero. Esta transacción es usualmente electrónica, simples anotaciones contables. Contra el saldo acreedor de su cuenta en la Fed, el Tesoro libra cheques, realiza transferencias, acredita cuentas gubernamentales para gastos e inversiones. También para rescates públicos. Dinero instantáneo. Magia, alquimia financiera.

El dinero, de natural inquieto, cambia de titulares y muta hasta llegar, en forma de depósito, a los bancos. Éstos, a su vez, sólo necesitan mantener una pequeña parte de sus depósitos, entre nada y el 10%, como reservas en sus respectivas cuentas en la Fed, como garantía de sus obligaciones frente a sus depositantes. A cambio, pueden prestar e invertir hasta 9 veces las reservas, 10 veces los depósitos iniciales. Es decir, crean dinero bancario expandiendo el crédito en base a depósitos que no tienen, cobrando intereses por un dinero que no existe y que se multiplica, como panes y peces, gracias al sistema fraccional de reservas.

La lógica invita a preguntarse de dónde sale el dinero de la Fed. No sólo las notes, los billetes en circulación impresos, en buena parte para reponer existencias, por mandato de la Reserva Federal, quien paga su coste de producción. Me refiero al dinero electrónico, el que se acredita en la cuenta del Tesoro a cambio de sus bonos y que previamente debiera existir. O no. Un simple apunte contable sin contrapartida. Pura entelequia. Ficción monetaria virtual, la imprenta de Bernanke:

Como el oro, los dólares tienen valor sólo en el supuesto de su oferta estrictamente limitada. Pero el Gobierno norteamericano tiene una tecnología, llamada imprenta (o su equivalente electrónica), que permite producir tantos dólares como se deseen sin coste alguno. Incrementando la cantidad de dólares en circulación, o incluso amenazando creíblemente con hacerlo, el Gobierno norteamericano puede reducir el valor del dólar en términos de bienes y servicios, lo que equivale a elevar los precios en dólares de bienes y servicios. Concluimos que, bajo un sistema monetario fiduciario, un determinado gobierno puede siempre generar mayor gasto y, por tanto, inflación positiva.”

Pardiez. Un absurdo círculo vicioso fiduciario de vales de deuda para cancelar deudas. Más dinero/deuda, más inflación, menor poder adquisitivo del dinero y, albricias, menor valor real de la deuda acumulada. El dólar, desde 1971, ha perdido más del 82% de su poder adquisitivo, según esta calculadora de la Fed. En términos de oro, se han esfumado el 95% de los 0’888671 gramos que compraba

Pero, ¿vale algo mi dinero?

Sin un límite natural a los excesos monetarios y crediticios, al gasto infinito, la barra libre fiduciaria del Estado del Bienestar Ilusorio crea un nivel de vida ficticio basado en el descuento de prosperidad futura. Una enorme pirámide invertida de deudas sin respaldo real. La brutal pérdida de poder adquisitivo, la confiscación de riqueza, abocan a la destrucción del único valor del que goza, actualmente, el dinero: la confianza, la firme convicción de que el papel moneda es, y seguirá siendo, un depósito de valor, riqueza al portador. Paradójico, me temo.

Un esquema piramidal en toda regla, basado en una progresión que permita ensanchar la pirámide para atender los sucesivos repagos de deuda e intereses. Show must go on. La Cumbre de Washington ha vuelto a refrendarlo. Arabescos laterales y balones fuera, pero de cambiar el sistema, naranjas chinescas.

Con un PIB nominal mundial estimado en 55 billones de dólares, en torno a 65 billones en términos de paridad del poder adquisitivo, la pirámide invertida de liquidez global resultaba monstruosa en 2006. Si actualizamos el gráfico anterior con datos a Junio de 2008, sólo el nocional de derivados OTC supera ya 10 veces el valor de la producción anual mundial. En dos años, el saldo bruto de la deuda externa ha crecido un 55% en España, casi el 50% en Francia, 42% en Alemania, un 31% en Reino Unido, el 27% en EE.UU y un meritorio 95% en la Federación Rusa. Observen la progresión de la deuda norteamericana entre 1950 y 1999, en los últimos ocho años y hace apenas una semana. Comprueben cómo trabajan a destajo las imprentas monetarias. Por último, concluyan si el endeudamiento norteamericano es sostenible a largo plazo. La propia Oficina General de Contabilidad estadounidense dice que no. Que alguien pare este enorme disparate.

Un híbrido entre cuento de la lechera y timo de la estampita cuyo desenlace se intuye sin demasiado esfuerzo. Entre tanto, si el tiempo no lo impide y la autoridad competente lo permite, en próximas reflexiones abordaremos el cómo y los porqués de su insostenible vigencia, instrumentada mediante la gestión de la confianza/credulidad, manipulaciones varias y un Estado del Bienestar Ilusorio basado en el feudocapitalismo especulativo del señoreaje, el impuesto inflación y la confiscación de riqueza mediante burbujas y sumideros financieros. Les espero…

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