El puñal del godo, de Enric Juliana en La Vanguardia
ANÁLISIS DEL DEBATE PRECONGRESUAL EN EL PP
Jaime Mayor Oreja, vasco, democristiano y neoespañol, está detrás del fatal torpedo contra Rajoy
Jaime Mayor Oreja podría figurar en la lista de los reyes godos. Por su aspecto físico y por su habilidad en la intriga. Bajo la apariencia de un afable barón medieval hay una personalidad astuta y una mentalidad predispuesta al choque. Mayor es de linaje vasco. Y democristiano de filiación, es decir, hábil, muy hábil, en el ataque por sorpresa.
En época de José María Aznar, el entonces ministro del Interior puntuaba alto en todas las encuestas: su habla sosegada, su barba señorial y su serenidad antigua tranquilizaban al personal. Mayor parecía el ministro más moderado del aznarato (Javier Tusell) y de la aznaridad (Manuel Vázquez Montalbán).
Moderado lo parecía, pero Mayor no tardaría en convertirse en el más acérrimo defensor de la visión balcánica de España, que posteriormente Aznar haría suya, superada la fase del catalán en la intimidad y de los arrumacos con Xabier Arzalluz y Juan José Ibarretxe en el aeropuerto bilbaíno de Sondika, cuando el PNV ostentaba el titulo de “socio preferente”.
A Mayor y al círculo intelectual articulado por él desde el Ministerio del Interior, corresponde buena parte el viraje estratégico del PP tras la mayoría absoluta del año 2000, que hizo bascular a la derecha española de la pragmática componenda con los nacionalistas moderados hacia una áspera y hostil confrontación con los mismos.
El desarrollo ideológico de una visión agónica y sufriente de España, capaz de generar una sólida mayoría social bajo la bandera del antinacionalismo es obra de Mayor y de sus intelectuales amigos (y protegidos). El viejo choque del carnero. La estrategia de polarización importada del neoconservadurismo norteamericano.
La nueva noción de combate democrático -teóricamente superadora de las blandezas y relativismos socialdemócratas- fracasó en las elecciones vascas del 2001, ya que la política de choque logró movilizar a todo el electorado potencial del PNV. Y de manera indirecta indujo el fatal error del equipo de Aznar en la gestión de los atentados del 11-M en Madrid.
Mayor se refugió en el Parlamento Europeo tras haber figurado infructuosamente en la terna sucesoria del aznarato. Desde Bruselas, sin embargo, el de San Sebastián sigue teniendo mando a distancia sobre el PP vasco y los círculos periodísticos e intelectuales afines. Por ello, cuando declaró hace unos días que el PP se enfrenta “al momento más difícil y crítico desde su refundación”, Jaime Mayor lanzaba una señal de fondo, quién sabe si concertada con Esperanza Aguirre y el propio Aznar.
“Hemos topado con un iceberg y todavía no sabemos cuáles van a ser los daños”, confesaba ayer, atribulado, un colaborador de Rajoy, tras conocer la retirada de María San Gil, discípula de Mayor y heroína de la moderna derecha española, de la ponencia política del próximo congreso del PP.
Hay una discusión evidente y trascendental: el mantenimiento de la confrontación con los nacionalismos (línea Aguirre-Mayor) o la pragmática adaptación a la orografía dominante, en busca de futuras alianzas (línea Rajoy-Camps-Arenas). Pero hay más. El morbo gótico. La pulsión autodestructiva que persigue a la derecha española desde los tiempos del rey Sigerico, que sólo Aznar pareció conjurar con su adusto ademán. Rajoy ganará el congreso de Valencia, pero le esperan días difíciles. Puñales, puñales.
La astucia de Zapatero: primero azuza y después modera, de Enric Juliana en La Vanguardia
NOTAS DE MADRID
José Luis Rodríguez Zapatero ha pedido calma a los socialistas en el debate, cada vez más encendido, sobre la financiación de las autonomías
Es hábil Zapatero. Él ha azuzado la discusión y ahora se erige en árbitro y calmante de la misma. Resulta imposible creer que los repetidos pronunciamientos de los denominados “barones” (expresión horripilante, que habría que erradicar del lenguaje político y periodístico) en favor de una demora del Estatut de Catalunya, se hayan llevado a cabo al margen del secretario general del PSOE y presidente del Gobierno. No. La Moncloa ha estado al tanto desde el primer momento, aunque la bandera del frente de rechazo a las pretensiones catalanas la hayan levantado Felipe González y Manuel Chaves, entre otros.
Cómo no iba a estar al tanto la Moncloa. Es su obligación. Es obligación de la presidencia del Gobierno asegurarse el máximo control de la agenda política.
A Zapatero le interesa retrasar el nuevo modelo de financiación, porque quiere tranquilidad en el congreso del PSOE del mes de julio; porque no le interesa abrir un debate territorial de difícil solución con vientos de crisis económica soplando desde todos los indicadores y estadísticas disponibles; porque quiere disfrutar hasta el último minuto de la situación de parálisis política que vive el Partido Popular; y porque en términos objetivos le interesa que el congreso de Esquerra Republicana, el mes de junio, acabe como el rosario de la aurora, cosa que es bastante probable, puesto que la tendencia de ERC a la entropía es de orden genético. Si el congreso de Esquerra concluye con una nueva radicalización, es probable que la coalición tripartita que hoy gobierna Catalunya tenga los días contados. Con la consiguiente posibilidad de elecciones anticipadas. Y con la consiguiente posibilidad de un nuevo cuadro político en el que CiU, de nuevo en el Govern de la Generalitat (sola o en coalición), pudiese formalizar una alianza estable con el PSOE.
Este y no otro es el objetivo principal de Zapatero a corto plazo: afrontar la crisis económica en ciernes con una mayoría parlamentaria sólida. El horizonte es septiembre-octubre de este año; lo recordaba ayer José Blanco, secretario de organización del PSOE, en una entrevista con “La Vanguardia”.
Zapatero ha movido ficha a través de terceros muy motivados (como es el caso del PSOE andaluz y extremeño) y José Montilla ha pegado un puñetazo de moderada intensidad sobre la mesa. Ha mandado un triple aviso: no se dejará sacrificar fácilmente, apurará la experiencia tripartita hasta el último momento, y comienza a tomar posiciones ante la posibilidad de verse obligado a anticipar las elecciones.
(Entre los argumentos del presidente de la Generalitat para exigir un riguroso cumplimiento de los plazos fijados por el Estatut para la nueva financiación, figura una insistente referencia al malestar catalán: creciente desafección y riesgo de que se reproduzca en Catalunya un fenómeno similar al de la Liga Norte italiana. Sin ánimo de ponerme pesado, diría que José Montilla ha echado mano del català emprenyat, proscrito enérgicamente por el PSC hace sólo dos meses. Una ficción, un invento, decían. Atento al dato, aprovecho estas líneas para enviar un cordial saludo al señor José Zaragoza, secretario de organización de los socialistas catalanes, que tuvo la amabilidad de contrastar posiciones en lavanguardia.es. De manera vivaz y muy metafórica. Saludo, por tanto, de esgrimista: sable en vertical y paralelo al plano del rostro).
Que viene la Liga Norte, advierte Montilla, de Enric Juliana en La Vanguardia
CUADERNO DE MADRID
Tras un breve descanso, el ‘català emprenyat‘ regresa de la mano del presidente de la Generalitat.
El filósofo alemán Peter Sloterdijk, al que hay que leer despacio, porque es interesante, denso y musical, sostiene que el habitáculo esencial del alma humana es la esfera. Sólo en el interior de una esfera puede realizarse la armonía. Sentimientos e ideas -acaso la misma cosa, aunque con distinto nombre y dinámica- tienden a fabricar esferas. ¿Complicado? No, no es una rebuscada abstracción. Un adolescente pegado al teléfono móvil es un ser esférico.
En el tercer volumen de su trilogía sobre tan interesante materia, Sloterdijk roza el sublime delirio cuando define la época actual como la era de la espuma: una infinita aglomeración de microesferas, de vínculo liviano y extraordinaria disposición al cambio de forma. Una metáfora que nos aproxima a la afamada sociedad líquida del ensayista polaco Zygmunt Bauman. Agua y espuma. Bauman y Sloterdijk podrían abrir una peluquería. (Aclarar, peinar y marcar el caos contemporáneo, he ahí una alta misión para filósofos y sociólogos).
Quien viva a caballo de dos ciudades, no tardará en hacer suya la imagen poética de las esferas. Incluso es posible que la abrace con entusiasmo, ya que ayuda a explicar de manera seductora el no siempre fácil tránsito entre dos realidades intensas. Madrid y Barcelona, pongamos por caso.
O las diecisiete esferas autonómicas, alborotadas estos días por la reclamación catalana de una revisada solidaridad con la España subvencionada. Diecisiete esferas, sí señor. Diecisiete orgullos. Diecisiete relatos abocados a la repetición. Diecisiete parlamentos condenados al aburrimiento. Diecisiete burocracias sedientas de justificación.
Diecisiete debilidades, también, ante el futuro que se aproxima. Diecisiete administraciones que pronto, muy pronto, van a sufrir los rigores de un mayor malestar social. Diecisiete centros de poder cuyo éxito principal, sobre todo en el sur, ha consistido en el perfecto drenaje de los 118.000 millones de euros (19,5 billones de las antiguas pesetas) que Bruselas ha puesto a disposición de España en los últimos 20 años, ¡más dinero que el plan Marshall!
Diecisiete territorios,según la curiosa jerga empleada el viernes por la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, socialista a fuer que federal. Diecisiete reinos de taifas, que ya lo leí yo en ABC,que esto algún día iba a acabar mal (dicen en el barrio de Salamanca). Diecisiete juntas, como en los albores del siglo XIX. Diecisiete directorios obsesionados por el poder mediático, como es ley en el siglo XXI. Diecisiete histerias, que escribiría Sloterdijk.
Visto desde Madrid, el choque entre el PSOE (esfera mayor) y el PSC (esfera menor) parece inexorable. El PSOE es prisionero de los intereses y sentimientos meridionales, ya que, con la única excepción de Catalunya y el País Vasco, tiende al retroceso en las grandes áreas urbanas. El PSOE es hoy el partido de la España tranquila, dotado de una hábil política de alianzas. Y el PSC es prisionero del experimento tripartito. Atrapado por una coyuntura muy adversa, José Montilla comienza a estar en un tris de pronunciar la fatídica frase de Lluís Companys el Sis d´Octubre de 1934: “Ara ja no direu que no sóc prou catalanista”. Montilla puede acabar yendo más lejos que Pasqual Maragall en el desafío a José Luis Rodríguez Zapatero.
El presidente de la Generalitat y sus colaboradores repiten estos días, en público y en privado, que si el asunto de la financiación no se resuelve bien, el fermento de la Liga Norte germinará con fuerza en Catalunya, con el más que probable estallido de Esquerra Republicana, que hace unos años ya mostró gran interés por el éxito de Umberto Bossi. Significativa advertencia. Tras haber sido proscrito por el PSC y después de un reparador descanso de dos meses, el català emprenyat regresa de la mano de la primera autoridad.
Mirad a la deteriorada Italia, advierte Montilla a Madrid. Y tiene razón. La Liga Norte, campeona de nuevo en las ciudades del arco prealpino, es la amargura y el cabreo constituidos en identidad política. Esféricamente.
El frente del rechazo, de Enric Juliana en La Vanguardia
NOTAS DE MADRID
No hay desmentidos que valgan. La corriente favorable al aplazamiento del debate sobre la financiación autonómica es cada vez más robusta, en el interior del PSOE y en el propio Gobierno. Incluso podría asegurarse que esta es hoy la posición dominante en las estancias principales del palacio de la Moncloa. El debate asusta, por dos razones. Porque podría estropear el 47º congreso federal del PSOE, convocado para el próximo mes de julio. Y, sobre todo, porque coincide con el cambio de ciclo económico, expresión suave con la que estos días los medios oficiales se refieren a la crisis económica en ciernes. Crisis que viene con más fuerza de la prevista.
No, no hay desmentidos que valgan. Los socialistas andaluces aprietan fuerte, muy fuerte; no hay día en que no se produzca algún tipo de declaración pública de responsables de la Junta de Andalucía o del propio PSOE andaluz, al que me atrevo a calificar de Convergencia i Unió del Sur, puesto que actúa como el más genuino partido regionalista de Andalucía. Felipe González también ha pedido el aplazamiento del debate, para concentrar todas las energías en la política anticrisis. Alfonso Guerra le ha secundado. Y Mariano Rajoy, también. Rajoy ha dicho que esta vez está de acuerdo con González. ¡Caray! El frente es cada vez más amplio.
Sin ánimo de hurgar en ninguna herida, puesto que la situación política catalana se halla en fase de gran susceptibilidad, dos preguntas son obligadas en este peculiar momento: ¿podrá resistir el Govern de la Generalitat de Catalunya tanta presión?, ¿servirá para algo su alianza táctica con la Generalitat valenciana? El presidente José Montilla ha exigido desde el Parlament de Catalunya el cumplimiento estricto de la cláusula del Estatut que prevé que antes del 9 de agosto estén fijados los criterios de la nueva financiación de la autonomía catalana.
El punto débil de la posición catalana es el de siempre: la falta de cohesión. Desde la extinción del mandato de Josep Tarradellas, hace ya de ello 28 años, no es capaz de reconstruir el mínimo común de otras épocas; un mínimo común como el que encarnaron la Solidaritat Catalana (1906-09) y la Assemblea de Catalunya (1971-82). ¿Sería posible una Acció Catalana del siglo XXI? En estos momentos es casi imposible responder afirmativamente.
Y sin embargo, argumentos no le faltarían. En lo que se refiere a la financiación de la autonomía, ahí van cuatro razones para cuestionar la congelación del statu quo que con tanto ahínco defiende Felipe González:
1) La crisis económica tendrá una especial incidencia –en costes sociales- en aquellas autonomías con mayor número de inmigrantes, puesto que estos serán los más castigados por el paro. Las autonomías con mayor número de inmigrantes legalizados son Catalunya (798.904-21% del total); Madrid (780.752-20,9%), y Comunidad Valenciana. (581.985-15,6%), según datos oficiales de 2006.
2) Los servicios sociales que serán objeto de una mayor presión social en los próximos meses, se hallan transferidos a las autonomías.
3) La desaceleración de la economía y el creciente colapso del negocio inmobiliario está reduciendo de manera sustantiva los ingresos públicos. Pero esa disminución de ingresos afecta de una manera muy especial a los impuestos transferidos a las autonomías. La disminución en la recaudación del IVA también afecta de manera sustantiva a las administraciones autonómicas.
4) ¿Dónde están hoy el Norte y el Sur? ¿Dónde, los pobres y los ricos?¿Quién sufrirá con mayor severidad los estragos de la crisis que se avecina, el barrio del Fondo de Santa Coloma de Gramenet o la ciudad de Carmona, en la vega del Guadalquivir; el barrio de Entrevías en Madrid, o El Ejido, en la Almería de los prósperos invernaderos?
El frente del rechazo, de Enric Juliana en La Vanguardia
NOTAS DE MADRID
No hay desmentidos que valgan. La corriente favorable al aplazamiento del debate sobre la financiación autonómica es cada vez más robusta, en el interior del PSOE y en el propio Gobierno. Incluso podría asegurarse que esta es hoy la posición dominante en las estancias principales del palacio de la Moncloa. El debate asusta, por dos razones. Porque podría estropear el 47º congreso federal del PSOE, convocado para el próximo mes de julio. Y, sobre todo, porque coincide con el cambio de ciclo económico, expresión suave con la que estos días los medios oficiales se refieren a la crisis económica en ciernes. Crisis que viene con más fuerza de la prevista.
No, no hay desmentidos que valgan. Los socialistas andaluces aprietan fuerte, muy fuerte; no hay día en que no se produzca algún tipo de declaración pública de responsables de la Junta de Andalucía o del propio PSOE andaluz, al que me atrevo a calificar de Convergencia i Unió del Sur, puesto que actúa como el más genuino partido regionalista de Andalucía. Felipe González también ha pedido el aplazamiento del debate, para concentrar todas las energías en la política anticrisis. Alfonso Guerra le ha secundado. Y Mariano Rajoy, también. Rajoy ha dicho que esta vez está de acuerdo con González. ¡Caray! El frente es cada vez más amplio.
Sin ánimo de hurgar en ninguna herida, puesto que la situación política catalana se halla en fase de gran susceptibilidad, dos preguntas son obligadas en este peculiar momento: ¿podrá resistir el Govern de la Generalitat de Catalunya tanta presión?, ¿servirá para algo su alianza táctica con la Generalitat valenciana? El presidente José Montilla ha exigido desde el Parlament de Catalunya el cumplimiento estricto de la cláusula del Estatut que prevé que antes del 9 de agosto estén fijados los criterios de la nueva financiación de la autonomía catalana.
El punto débil de la posición catalana es el de siempre: la falta de cohesión. Desde la extinción del mandato de Josep Tarradellas, hace ya de ello 28 años, no es capaz de reconstruir el mínimo común de otras épocas; un mínimo común como el que encarnaron la Solidaritat Catalana (1906-09) y la Assemblea de Catalunya (1971-82). ¿Sería posible una Acció Catalana del siglo XXI? En estos momentos es casi imposible responder afirmativamente.
Y sin embargo, argumentos no le faltarían. En lo que se refiere a la financiación de la autonomía, ahí van cuatro razones para cuestionar la congelación del statu quo que con tanto ahínco defiende Felipe González:
1) La crisis económica tendrá una especial incidencia –en costes sociales- en aquellas autonomías con mayor número de inmigrantes, puesto que estos serán los más castigados por el paro. Las autonomías con mayor número de inmigrantes legalizados son Catalunya (798.904-21% del total); Madrid (780.752-20,9%), y Comunidad Valenciana. (581.985-15,6%), según datos oficiales de 2006.
2) Los servicios sociales que serán objeto de una mayor presión social en los próximos meses, se hallan transferidos a las autonomías.
3) La desaceleración de la economía y el creciente colapso del negocio inmobiliario está reduciendo de manera sustantiva los ingresos públicos. Pero esa disminución de ingresos afecta de una manera muy especial a los impuestos transferidos a las autonomías. La disminución en la recaudación del IVA también afecta de manera sustantiva a las administraciones autonómicas.
4) ¿Dónde están hoy el Norte y el Sur? ¿Dónde, los pobres y los ricos?¿Quién sufrirá con mayor severidad los estragos de la crisis que se avecina, el barrio del Fondo de Santa Coloma de Gramenet o la ciudad de Carmona, en la vega del Guadalquivir; el barrio de Entrevías en Madrid, o El Ejido, en la Almería de los prósperos invernaderos?
Llega la hora del sudoku, de Enric Juliana en La Vanguardia
NOTAS DE MADRID
El nuevo Estatut de Catalunya es un texto importante. Incorpora la más generosa lectura de la Constitución a favor de la autonomía realizada hasta la fecha, esboza elementos diferenciales que fueron imposibles de pactar durante la Transición (el reconocimiento del sentimiento nacional catalán), e incorpora, en sus disposiciones adicionales, dos compromisos de fuerte calado: la recuperación del déficit en infraestructuras acumulado en Catalunya y la negociación de unos nuevos criterios de solidaridad territorial, sin reclamar para la sociedad catalana un régimen fiscal privilegiado como el del País Vasco y Navarra.
El nuevo Estatut de Catalunya -relativizado por quienes se abstuvieron o votaron no en el referéndum de 18 de junio de 2006- es una novedad muy importante en el ordenamiento jurídico-político español. Por ello, la sentencia del Tribunal Constitucional está siendo objeto de un muy intenso forcejeo. El nuevo Estatut de Catalunya no es un objeto político menor.
Fruto de una negociación muy compleja, en la que seguramente sobró astucia y faltó sinceridad, el Estatut incorporó el compromiso de revisar antes del 9 de agosto de 2008, los criterios básicos de la financiación de la autonomía catalana. Dicho con menos eufemismo: el Estatut obliga a realizar una discusión a fondo de los mecanismos que determinan la solidaridad territorial en España. La madre de todas las insatisfacciones. Un asunto sobre el que todos los partidos han pasado de puntillas durante los últimos treinta años, en los que España ha prosperado económicamente, gracias a una gran estabilidad de fondo y a la generosa contribución de la Europa unida.
En política, como en los demás ordenes de la vida, suele ser imposible la predicción del futuro. Quienes pactaron la disposición adicional referida a la financiación autonómica, poco podían imaginar que en la primavera de 2008, España se encontraría ante la certeza de un cambio de ciclo económico, con todas las incertidumbres y angustias que ello plantea, agravadas por una panorámica internacional nada alentadora.
Este es hoy el problema: el Estatut obliga a iniciar el debate más difícil en el momento más complicado. Dos líneas rojas se entrecruzan: ninguna autonomía quiere salir perdiendo y el Estado deberá destinar el superávit presupuestario a los mecanismos amortiguadores de la crisis (seguro de paro, incentivos a la compra de viviendas, estímulo de las obras públicas…).
No han pasado dos meses de las elecciones generales y la mayoría de las autonomías gobernadas por los socialistas –la mayoría de ellas receptoras netas de la solidaridad territorial- ya se hallan en pie de guerra. Y el PSOE, estos días reconfortado por las brumas en el Partido Popular, celebra congreso el mes de julio.
Pedro Solbes dijo un día que los nuevos estatutos convertían la financiación de las autonomías en un complicado Sudoku. Se quedó corto.
Una historia de mapas: Zaragoza y Lleida, de Enric Juliana en La Vanguardia
NOTAS DE MADRID
El pasado lunes Toni Batllori dibujó un par de viñetas muy interesantes en la sección de Política de La Vanguardia a propósito del cambio de estrategia del Partido Popular valenciano en relación a Catalunya. Como se ha publicado estos días, después de treinta años de glaciación, la derecha valenciana ha redescubierto la gran importancia de la conexión logística con Barcelona y la frontera francesa, en un momento en que la crisis inmobiliaria no augura nada bueno para toda economía regional demasiado dependiente del hasta ahora fastuoso negocio del ladrillo.
Batllori dibujaba a Mariano Rajoy sentado en su despacho, bajo un mapa de la Península Ibérica. Un mapa invertido, en el que la cornisa que suele ocupar la costa Cantábrica correspondía al eje mediterráneo, con sus dos grandes capitales, Barcelona y Valencia. Era un dibujo genial, que captaba con gran precisión el giro táctico de los populares (escribo táctico, porque aún no tengo la plena seguridad de que estemos ante un viraje estratégico). Pero aportaba, la tira de Batllori, una idea más. Una idea que va más allá de la coyuntura política.
Me refiero a la importancia de los mapas. De un modo u otro, todos somos geógrafos. Todos llevamos un atlas en la cabeza, aunque la política nos importe un pimiento. La familia, el trabajo, los amigos… dibujan mapas en nuestro interior. Mapas en movimiento. Mapas mentales que en ocasiones entran en crisis, y donde estaba el sur aparece el norte, y donde se hallaba el Cantábrico surge el Mediterráneo, como en el despacho de Rajoy. Cuando nuestros mapas interiores cambian de posición sabemos que alguna cosa importante nos está pasando.
En la vida política, los mapas tampoco son inmutables. También se modifican. Lo hemos visto y lo estamos viendo en Europa. Las cartografías de hace veinticinco años, cuando todavía existía el Muro de Berlín, ya no sirven. Hay mapas que cambian de manera traumática y otros que lo hacen más lentamente, de forma casi imperceptible. Creo que ello está ocurriendo hoy en España.
Les pondré un ejemplo reciente. Hace unos días ha habido bastante enfado en Aragón porque en los nuevos recorridos regionales del AVE (el servicio denominado Avant, alta velocidad de media distancia) no se ha incluido el trayecto Zaragoza-Lleida, junto con el Zaragoza-Huesca y el Zaragoza-Calatayud.
¿Jacobinismo de Renfe? No. En esta ocasión, no. No es un problema de centralismo. Es un problema de mapas. De actualización de los mapas.
Quien ha organizado el nuevo servicio no ha sabido, no ha querido, o no le ha interesado ver, que el flujo de intereses entre Zaragoza y Lleida comienza a ser muy importante, aunque ambas ciudades pertenezcan a dos comunidades distintas. En el mapa de la España autonómica, Zaragoza y Lleida forman parte de dos esferas separadas y no siempre bien avenidas. En el mapa de las nuevas relaciones urbanas, Zaragoza y Lleida se están acercando y no pueden habitar atlas distintos.
Podríamos poner otros ejemplos, incluso transfronterizos; podríamos hablar de Oporto y Vigo…
Mapas, mapas, habrá que prestar mucha atención a los mapas en los próximos tiempos.
Los verdaderos planes de Napoleón, de Enric Juliana en La Vanguardia
CUADERNO DE MADRID
El más fino estos días ha sido el embajador francés; corso, como Napoleón. Bruno Delaye ha toreado como Dios las fiebres madrileñas del 2 de Mayo. Muy lejos del estirado patrón parisino, extrovertido y socarrón, el embajador suele presentarse de la siguiente manera, siempre acompañado de una sonora carcajada: “Soy corso; de lo más peligroso que hay en Europa”. Monsieur Delaye se ha pronunciado con mucha cintura sobre el doscientos aniversario de 1808: “Los españoles miran a su pasado con menos pasión de lo esperado”.
Y acierta, pese al foco obsesivo de la opinión publicada. A tenor de los diarios madrileños, sólo se hablaría estos días en la capital de la heroica gesta ante el francés. Falso. O verdad a medias, muy a medias, como habrán podido comprobar los miles de turistas catalanes que estos días han invadido Madrid, con más eficacia y buen humor que los mamelucos del mariscal Murat.
La principal novedad sociológica estos días en Madrid es la avalancha catalana, no el renacimiento de la atormentada Nación. Y es que el AVE Madrid-Barcelona comienza a cumplir su principal cometido estratégico. El tren de alta velocidad recose lo que la política politizada y el periodismo enardecido tienden a desgarrar con sus simulacros de combate. El AVE tendrá en el siglo XXI un papel muy parecido al de la Guardia Civil en el siglo XIX: será el más eficaz aglutinante español. Ahí está, ahi está, la Puerta de Alcalá, a dos horas y media de Sants. La nación siempre es un mapa en movimiento.
Lo cual no quiere decir que los festejos del 2 de Mayo sean una infame comedia. Hay en ellos un trasfondo verídico e incluso una oportunidad económica, ya que las grandes efémerides cotizan al alza en un mundo cada vez más organizado como una frenética sucesión de eventos. Habitamos un parque temático que no cierra de noche.
Digámoslo todo. Además de efémeride de interesante reflexión y parque de atracciones del orgullo hispánico, el 2 de Mayo del 2008 fue ideado en los despachos de la Comunidad de Madrid para apartar a Mariano Rajoy del liderazgo del centroderecha. El pronunciamiento estaba organizado en dos tiempos. La noche del 9 de marzo, derrotado el Partido Popular en las elecciones legislativas, Esperanza Aguirre tenía que salir al balcón de la calle Génova, a la vera de Rajoy, para ser aclamada por el buen pueblo madrileño como nueva líder del partido de la derecha. Tras dos meses de masaje mediático, los fastos del 2 de Mayo convertirían en imparable el relevo. Con gran rotundidad escénica, Aguirre se alzaría como garante de la Nación española; ayer atacada por los franceses, hoy por los nacionalistas vascos y catalanes, con el consentimiento de la tibieza socialista. Zapatero, afrancesado, sería el nuevo Manuel Godoy, infame Príncipe de la Paz.
El pronunciamiento, sin embargo, falló. Envalentonado por los resultados electorales, apoyado por la imprescindible junta regional valenciana, nada dispuesto a la humillación y armado con esa extraña firmeza que tienen los gallegos cuando se les enciende el alma, Rajoy desbarató la escena del balcón. Es por ello que el animado jaleo del 2 de Mayo ha discurrido con un punto de artificio. Metáfora incompleta.
El corso Delaye, embajador de Francia, estaba al tanto. De ahí su finura. De ahí su ironía, ya que en París la carpeta de los asuntos españoles es cada vez más voluminosa: posible toma de control de Iberdrola, venta de tecnología para la modernización de las centrales nucleares, exportación de más electricidad, impulso de la Unión Mediterránea, cooperación contra ETA, por supuesto; continua ralentización del enlace TGV-AVE por la frontera catalana (paralización del eje mediterráneo, por tanto); igual lentitud en la conexión francesa con el túnel de Somport (ralentización, por consiguiente, del potencial logístico de la emergente Zaragoza). Aceleración de la conexión AVETGV por el corredor vasco (San Sebastián-Hendaya-Burdeos). Y el agua del Ródano. La oferta del Ródano. En fin, los verdaderos planes de Napoleón.
¿España federal, o comité federal?, de Enric Juliana en La Vanguardia
NOTAS DE MADRID
El Comité Federal del PSOE ha vuelto a dar un tirón de orejas al socialismo catalán. Es la segunda vez que ocurre desde las elecciones del 9 de marzo. Las dos últimas reuniones del máximo órgano de dirección del PSOE han tenido como cabeza de turco al PSC. Primero, por el énfasis con que los socialistas catalanes subrayaron su contribución (25 diputados) a la victoria electoral de José Luís Rodríguez Zapatero. Y este pasado fin de semana ha habido evidentes señales de enfado por el pacto o entente entre la Generalitat catalana y la Generalitat valenciana a propósito de renegociación del modelo de financiación de las autonomías. La entente catalano-valenciana, gesto de calado, gesto en buena medida inédito en la política española de los últimos 30 años, ha causado una sería preocupación en la calle Ferraz, en la presidencia del Gobierno, y en la Junta de Andalucía, cuyo presidente, Manuel Chaves, también preside el PSOE.
Tanto es así que en el comité federal del pasado sábado, Zapatero, a instancias del dirigente extremeño Francisco Fuentes, hizo una llamada al orden: que nadie se mueva, sin que antes no nos hayamos puesto de acuerdo en el partido. El PSOE creará ahora una ponencia interna para intentar establecer una línea común. Tarea nada fácil puesto que lo que plantean los catalanes (una revisión que ciña la solidaridad interna a los servicios sociales básicos y prime el factor población), no interesa a las comunidades más subsidiadas, lógicamente interesadas en el mantenimiento del statu quo. Estamos ante un dilema de carácter federal.
Es lógico que el PSOE quiera controlar sus contradicciones internas, que en esta materia no son pocas. Pero el llamamiento de Zapatero al orden, plantea una paradoja. El federalismo en España es hoy una cuestión de partido. El único marco real para el debate federal son los comités de partido. El Comité Federal del PSOE y la Junta Nacional del Partido Popular.
No lo es el Senado, cuya reforma como cámara territorial está siendo sistemáticamente aplazada. Ahora se entiende por qué.
Y no lo es la denominada Conferencia de Presidentes –que sólo se ha reunido tres veces-, en la que todo discurre de cara a la galería. La financiación de las autonomías, asunto verdaderamente endiablado en un cuadro de empeoramiento de la economía, pone en evidencia que España es un país de dinámica federal sin estructura federal; sin objetividad federal.
El federalismo, ha venido a decir Zapatero, se lava en casa.
El Dos de Mayo de Mariano Rajoy: el líder del PP impone su independencia, de Enric Juliana en La Vanguardia
Los populares ante su congreso
LA CRÓNICA
La línea moderada ganará el congreso y tendrá a su favor la borrasca económica
El Madrid político y periodístico bulle con las vísperas del Dos de Mayo, doscientos años después de la legendaria revuelta popular contra las tropas napoleónicas. La efeméride, muy meditada, tiene intención y podía haber sido la gran rampa de lanzamiento de Esperanza Aguirre. Pero entre el 9 y el 10 de marzo se produjo una imprevista novedad: Mariano Rajoy no quiso ser Carlos IV en Aranjuez. Se negó a abdicar.
Noche electoral: Rajoy evita la ‘toma del balcón’
La noche del 9 de marzo, las tropas mediáticas al servicio de Esperanza Aguirre - el partido esperanzista,podríamos escribir, en clave de folletín decimonónico- estaban perfectamente listas para la toma del palacio.
Ya que vivimos en la era de la imagen, la orden de asalto requería una escena de impacto. El balcón. La señal debía darse aquella misma noche desde el balcón de la calle Génova. Aguirre, a la vera de Rajoy, sería aclamada desde la calle por sus fieles. Puesto sobre aviso, Rajoy frustró el motín. Ordenó formar a los suyos y salió al balcón junto con su esposa. Fueron minutos de gran tensión en la sede del Partido Popular.
“Con un solo voto menos que en el 2004 hubiera dimitido”
]]”Si hubiese sacado un voto menos que en el 2004, tengan por seguro que aquella noche o al día siguiente habría presentado la dimisión. Pero no fue así”, confiesa Rajoy en privado. Si hubo tentación de dimitir, quedó disipada el 10 de marzo, cuando empezó a recibir el apoyo de los principales líderes territoriales del partido, encabezados por Francisco Camps, presidente de la Generalitat valenciana. No, Rajoy no sería Carlos IV en Aranjuez.
Antes de las elecciones, colaboradores muy próximos al presidente del PP ya vaticinaban que el de Pontevedra seguiría al frente de la nave si el resultado electoral no era desastroso. Es evidente que Rajoy no ha querido ser humillado. Y cuenta con los apoyos necesarios para ganar el congreso. Pero otros dos factores le ayudan: los resultados electorales del PP son prometedores - con la única excepción de Catalunya- y los malos presagios de la economía le darán alas en la oposición.
El atlas de Arriola: “Sin Catalunya, el PP ganaba por dos diputados”
El resultado electoral no ha sido malo. Más de diez millones de votos consolidados. “Sin Catalunya, el PP habría ganado las elecciones por 200.000 votos y dos diputados”.
Esta frase, atribuida al sociólogo Pedro Arriola, principal asesor de Rajoy durante la campaña, da la medida de las expectativas realmente existentes en el actual grupo dirigente del PP. El resultado electoral indica un serio avance del centroderecha en antiguos bastiones de la izquierda (áreas metropolitanas de Madrid y Valencia, principalmente), que el deterioro de la economía puede acentuar.
“Sabe mal decirlo, pero la economía jugará a nuestro favor. Ello explica que el círculo que influye en Esperanza Aguirre haya querido apretar el acelerador. Toda situación de crisis robustece a la oposición”, apunta un colaborador de Rajoy. El único agujero negro es Catalunya. Y en la crisis del agua comienza a observarse un cambio de lenguaje.
Valencia, nueva piedra de toque de la política española
La agresividad del PP ha disminuido en la crisis del agua. Rajoy ha dado instrucciones precisas al respecto. Y la Generalitat valenciana ha buscado la entente con la Generalitat catalana para la financiación autonómica. (Rodríguez Zapatero tomó ayer nota en el comité federal del PSOE. Hay un serio enfado en Ferraz). Un nuevo juego táctico se vislumbra.
Apoyando a Rajoy, Francisco Camps se protege de Eduardo Zaplana, con el que se ha disputado el control del PP valenciano. Juego táctico, sin duda, pero también fondo estratégico: el poder regional valenciano, con serias incógnitas de perspectiva económica por delante, no quiere afrontar el futuro con una excesiva dependencia de los círculos de poder de Madrid.
Aznar, en silencio; Ana Botella, contra las primarias de Aguirre
Perdida la batalla del liderazgo a corto plazo, el partido esperanzista ha iniciado una retirada inteligente. Dará la batalla con el eslogan de las primarias en la ponencia de estatutos del congreso de junio, a la espera de que Rajoy se desgaste en las elecciones autonómicas del País Vasco y Galicia y en las europeas del 2009.
Pueden ser tres años de batalla. Una lucha inédita: la derecha política acosada por el vector más activo de la derecha periodística. Y Aznar en silencio. Aznar en silencio, porque lo que en el fondo está en juego es la supervivencia de su proyecto: el centroderecha español agrupado en un único partido. (Ayer, Ana Botella se pronunció contra la celebración de primarias en el PP.)
Catalunya-Valencia, comienza un lento, muy lento, deshielo, de Enric Juliana en La Vanguardia
EL DEBATE TERRITORIAL: ANÁLISIS
La desaceleración económica está haciendo emerger los intereses comunes
Los primeros síntomas aparecieron durante la campaña electoral y ahora se confirman: está comenzando un lento, muy lento, deshielo de las relaciones políticas políticas (y económicas) entre Catalunya y la Comunidad Valenciana.
Durante la pasada campaña, en Valencia volvió a hablarse de la urgencia del corredor mediterráneo,esto es de una modernización y ampliación de las conexiones ferroviarias y por carretera entre Valencia y la frontera francesa; pasando por Barcelona, claro está. Reivindicar el corredor mediterráneo, significa hablar del AVE Barcelona-Valencia, siempre pospuesto, en beneficio de las conexiones radiales de Madrid. María Teresa Fernández de la Vega, candidata de la Moncloa por la circunscripción valenciana, candidata de urgencia ante la ruina evidente del PSOE-PSPV, introdujo la cuestión del AVE en su discurso. Y en el Ministerio de Fomento, hasta ahora alérgico al eje mediterráneo, parece que alguien ha tomado nota. Alguna cosa comenzó a moverse durante la campaña del 9 de marzo y La Vanguardia dio fe de ello.
Apenas transcurridos dos meses de las elecciones, las cámaras de comercio de Barcelona y Valencia se reunieron ayer para hablar del corredor mediterráneo y de las ayudas que necesitará la pequeña y mediana empresas ante la nueva coyuntura económica. En este contexto, la novedad llegó de la mano de los consellers de Economia, Antoni Castells y Gerardo Camps, sugiriendo una concertación catalano-valenciana en la próxima negociación sobre la financiación de las autonomías.
Una concertación que encierra un mensaje de importante calado: la voluntad de de catalanes y valencianos - de catalanes de izquierdas y valencianos de derechas- de acotar el papel preeminente del poderoso PSOE andaluz en el tablero autonómico. ¿Debe tener siempre la última palabra la Junta de Andalucía en los asuntos territoriales?
Estamos ante una interesante geometría, con un trasfondo muy real, muy verídico. El cambio de coyuntura económica obliga al poder regional valenciano a diversificar, con objetivos que vayan más allá del turismo y del negocio inmobiliario. Valencia no puede ser, sólo, el puerto y la playa de Madrid. Valencia necesita movimiento y perfil propio. Ya se está viendo en la actual crisis del Partido Popular.
Pero el deshielo con Catalunya será lento, muy lento.
‘Nasty party’ (el partido antipático), de Enric Juliana en La Vanguardia
NOTAS DE MADRID
José María Lassalle seguramente ha dado en el clavo. Joven diputado por Santander, profesor de Filosofía del Derecho, Lassalle es una de las cabezas mejor amuebladas del actual grupo dirigente del Partido Popular. Dice Lassalle: “Un liberalismo antipático (nasty liberalism) sin magnetismo ni poder de seducción haría perder lo alcanzado por el Partido Popular estos últimos años”.
Lo alcanzado son diez millones de votos consolidados; diez millones de votos que, guste o no, van más allá del espacio tradicional de la derecha española. Diez millones de votos conforman una marea sociológica en la que hay de todo: derecha, centro y gente sin ideología precisa que ve en el PP un partido más sólido y previsible que el PSOE.
Sin embargo, el PSOE ha alcanzado la cifra récord de once millones de votos. Por el deseo de dar una segunda oportunidad a Rodríguez Zapatero, posiblemente. Por la ligera inclinación de España a favor del centroizquierda; por la impregnación de los valores socialdemócratas (impregnación social-católica, más bien); por el fuerte sentimiento igualitario de las regiones meridionales, grandes beneficiarias de la solidaridad interna y de la solidaridad europea (en fase de extinción), y por ser el partido ’simpático’, el partido liberal en las costumbres, el partido flexible, en el que se refugian todos aquellos que no quieren que el nasty party, el partido antipático vuelva al poder. Y por el factor catalán, que resume casi todos los puntos anteriores. He ahí las claves del 9 de marzo.
José María Lassalle da en el clavo: Para ganar las elecciones, el PP ha dejar de ser el ‘nasty party’ de la sociedad española, ha de construir nuevos canales de comunicación y empatía con un fondo sociológico en el que las ideas socialdemócratas y los valores igualitarios son todavía hegemónicos. El camino de la victoria pasaría así por una progresiva decantación del electorado, que la crisis económica puede acelerar. Esta es la estrategia de fondo que hoy defiende Mariano Rajoy, asesorado por el sociólogo Pedro Arriola, su principal consejero durante la pasada campaña electoral.
Esperanza Aguirre y su círculo de poder en la Comunidad de Madrid apuestan por la ’supremacía’ del discurso liberal; por centrar la batalla en la inversión del cuadro de valores, como en su día hicieron los neoconservadores, hoy eclipsados en Estados Unidos. Es una visión más agresiva del combate político, que en España gusta a determinados sectores del catolicismo militante (no a todos). Combatir de frente el cuadro de valores socialdemócrata en una fase de crisis o dificultad económica presenta, sin embargo, grandes riesgos para la derecha: la gente quiere eficacia, ciertamente, pero también teme a los idólatras del mercado; teme quedarse a la intemperie.
En el PP hay batalla de ideas, sí.