Reggio’s Weblog

Aguirre mayea, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Política by reggio on Abril 29th, 2008

AL ABORDAJE

La exposición sobre el 2 de mayo en el Canal. Se percibe la mano de Pérez-Reverte en numerosos matices que la hacen vibrante y nada estática. El orden cronológico de los sucesos, que todo lo ahorma con una estructura narrativa. Los gritos, las secuencias bélicas, incluso los fusilamientos virtuales, que confieren la sensación de haber sido tragado por una pantalla de cine, como en La rosa púrpura de El Cairo, faltando sólo los olores del día. La de Pérez-Reverte es una mirada minuciosa que se ocupa antes de los individuos, de sus proezas y sus sufrimientos, que de la alta política y de las consecuencias de la algarada en los salones del poder.

El veterano reportero ha hecho por tanto una crónica, que acaso se asemeje a la que querría haber escrito de estar ahí, aunque fuera arrastrando toda la confusión que dominó a quienes, seducidos por las ideas que traían las tropas de Napoleón, se sintieron sin embargo reclamados por un pellizco de honra que procedía de las mismas tripas.

Otra cuestión es que Pérez-Reverte se haya dejado robar la exposición por la propaganda de Esperanza Aguirre, por una interpretación institucional que en nada coincide con la que el propio autor ha diseminado en escritos y entrevistas. Justo cuando busca un cauce en el que consagrarse como estandarte de una redención liberal, Aguirre repara en que el 2 de mayo le sirve como aval para confeccionarse una suerte de pedigrí histórico, como si a ella le hubiera sido encomendado en términos de misión reparar el fracaso del espíritu gaditano, coartada semejante, sin abuelo de por medio, a la del ‘Zetapé’ que custodia la memoria republicana y aún intenta convertir las derrotas en victorias retrospectivas. No le queda a Aguirre sino hacernos olvidar que los levantiscos de mayo lo fueron por un absolutismo, no por una nación de ciudadanos, y que la única España construida sobre los cimientos de aquella jornada habría sido la del «Vivan las caenas». No la de la Constitución de 1812. Y mucho menos la de 1978, que ungió el regreso forzado de un Borbón con el que se cerró el bucle.

La campeona liberal no puede por tanto rodearse de los peleadores del 2 de mayo como si fuese un ejército de terracota manipulado para otorgar derecho histórico a su ambición y declararse heredera de un acontecimiento sólo explicado por el orgullo, pero jamás por el pensamiento. No han de servirle siquiera para justificar el ideal patriótico de una nación unida.

Pues si algo nos ha enseñado ya la tabarra oficial de mayo es que, en 1808, como tantas otra veces, el clero, el ejército y la monarquía dejaron tirado al pueblo porque antes les animaba la salvación personal que el sacrificio por una concepción galante de la patria.

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La limitación, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Derechos, Medios, Política by reggio on Abril 25th, 2008

AL ABORDAJE

Chacón… Hay que esperar unos segundos después de escribir la palabra Chacón por si llama al timbre un piquete moralista, como el de las mujeres de la liga anti-alcohólica en el Western, trayendo consigo una mula, un cubo de brea y unas plumas. Como no ha ocurrido, prosigo.

Chacón limita el acceso a internet de los militares. No es censura ni custodia matriarcal de unos adultos tutelados como niños, puesto que limitaciones semejantes son habituales en empresas avaras con el horario laboral que no quieren que nadie se disperse.

Lo interesante de la restricción es su condición de selectiva. Y que, por tanto, esboza un retrato-robot de estos usuarios en concreto: lo que no sabemos es si de ella hay que deducir cómo son los militares, o cómo cree Chacón que son los militares cuando apenas empieza a conocerlos, cuando unos y otra todavía se olisquean el culo como los perros en el primer contacto. ¿Decir culo y Chacón en el mismo párrafo es machista? Avisen, que lo borro.

La limitación de Chacón -no confundir con que Chacón sea limitada: no reconocerle una sabiduría oceánica quedaría machista y probablemente facha- especifica que quedan prohibidos los accesos a Marca, As e Interviú. Nada se dice, en cambio, de Le Monde Diplomatique, La Revista de Occidente y Zero. A mí me quitan el Marca y me quedo tan triste como el coronel de Coppola no pudiendo oler napalm por la mañana, así que intuyo cuán cruenta puede volverse la hora del café en la milicia, abolido el servicio de inteligencia futbolero: ¿cómo dejan a los desplazados al exterior sin el Marca, sin ese cordón umbilical que les une con el hogar y con los hábitos que aguardan a ser recuperados? Sin embargo, lo que alguien de Defensa debería aclarar es si la persecución de esas tres cabeceras en particular se ha decidido en función de las visitas controladas o, simplemente, de acuerdo con los prejuicios personales de la ministra. Porque entonces resultaría que, a pesar de su urgente iniciación castrense, Chacón tiene del militar promedio la siguiente noción: es un tipo que vaguea en internet las más de las horas, que chatea intrascendencias y que jamás pinchará una crítica literaria, o un patrón de ganchillo, o un reportaje sobre los Rolling, o un artículo de fondo sobre la represión en el Tíbet, porque tan sólo desatiende los resultados de los partidos para buscar una foto en la que salga un par de tetas, como si sólo eso, por cierto, diera Interviú. O sea, la visión de los militares que sale en El Jueves. Más allá de que habría sido demasiado atrevido vigilar los parámetros de su pensamiento agregando periódicos críticos a la lista de los prohibidos, es posible que haya comenzado la evangelización progre en Defensa, abocando a los militares a no leer sino a Ramonet en Le Monde Diplomatique.

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Boca Florida, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Política by reggio on Abril 8th, 2008

AL ABORDAJE

Todos cuantos aguardan a que Esperanza Aguirre toque la corneta para asaltar Génova han de sentirse hoy un poco como Estrella de Hielo. El macho panda del zoológico de Madrid recuerda al personaje del chiste que confesaba con entusiasmo que él sólo disfrutaba de un coito al año: «¡Pero me toca hoy!». A Estrella de Hielo le toca hoy, se lo insinúa un rastro de feromonas que satura la jaula como una promesa de emociones. Y, sin embargo, la hembra Boca Florida no hace sino demorarle porque le gusta controlar los tiempos, y desde el otro lado de una verja que aún no se anima a cruzar coquetea como las damas galdosianas que apenas enviaban mensajes pícaros con el código del abanico.

Sería poco elegante mencionar de Esperanza Aguirre un rastro de feromonas, así que lo dejaremos en que la lideresa se contenta de momento con mover el abanico aceptando cortejos, pero sin cruzar la verja. Todavía. Ayer, en el Foro de ABC, repitió lo que ya le había dicho al propio Rajoy en el reservado de Zalacaín: que no descarta presentar su candidatura en el Congreso. Un no pero sí que de entrada ahonda en Rajoy el aire de provisionalidad que el hombre no se sacude desde la triste aparición en el balcón de Génova y que además relaciona a Aguirre con la campaña periodística nada espontánea que le estaría tomando ya una cabeza de playa sin desgastes personales y sin quemar naves. Mueve el abanico, pone cara de yo no he sido mientras la sacan de procesión por los mentideros de Madrid, y se toma su tiempo para esperar a que la manga se le llene de ases antes de apostar.

La situación es la peor de las posibles para Rajoy. No ya porque refute del todo el tópico de la cohesión y el firme liderazgo en el partido. Sino porque Aguirre acaba de arrogarse una misión de custodia del único camino verdadero que le daría derecho a intervenir a poco que Rajoy se saliera de los cauces que intentan imponerle desde fuera de su propio equipo. Se crea así una situación de la que Rajoy sólo saldría fortalecido derrotando a Esperanza Aguirre si por fin ella se animara a presentar candidatura en vez de amagar, interfiriendo en la reconstrucción del partido pero sin dar el paso adelante de asumirla.

Ese combate lo necesita Rajoy para desactivar la escisión y para neutralizar el complejo de perdedor aunque sea con una victoria intestina. Si Aguirre lo posterga es porque, más allá de las maniobras subterráneas en que pueda andar metida para lograr apoyos, sabe que con el solo hecho de vigilar a Rajoy como si tuviera conferida una autoridad tutelar del partido ya consigue que al gallego se le vea como un subalterno que ha de rendir cuentas y que va a los restaurantes de lujo a negociar con aquello a lo que teme.

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Ahogada en la cuna, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Política by reggio on Abril 4th, 2008

AL ABORDAJE

El atentado del 11-M alteró los plazos de una alternancia natural. Por una parte, precipitó el ciclo de ‘Zetapé’, quien gobernó los primeros años desde la incubadora, como en un curso de aprendizaje del poder emitido por Barrio Sésamo. Por otra, bloqueó la armoniosa extinción del aznarismo, enquistado por el afán de rehabilitación histórica después de una derrota atribuida a un hecho accidental que postergó toda introspección crítica. Esta ha llegado con cuatro años de retraso, cuando de la siguiente derrota no se puede culpar ya a factores externos, y en sus primeras reacciones esboza la paradoja de un partido compuesto por una generación emancipada de Aznar para la que sin embargo todavía es pronto, y guiada por un líder en absoluto emancipado de Aznar para el que probablemente ya sea tarde: si Rajoy vuelve a tener la oportunidad de inaugurar un ciclo propio, será a la edad en que los presidentes están ya para dictar conferencias y trascender en los mítines a la función ornamental de una reina madre, de un aval de pedigrí.

Más allá de la capacidad de supervivencia exhibida por Rajoy al parasitar los aires de juventud y formar banda nueva, lo cierto es que a esa generación que le ha entregado su destino no se le va a dar tiempo de cuajar. Desprovisto de coartadas, Rajoy ha perdido la protección de los mismos medios que también se explicaron la derrota de 2004 por el atentado y no por el candidato. Y está por ver que políticos de nueva hornada como Soraya tengan ya hecho un caparazón lo bastante sólido como para resistir el ataque de la que fue artillería del contrapoder y que ahora reorienta los cañones hacia sus propias líneas con una capacidad de destrozo que ya la querría ‘Pepiño’ Blanco.

Gripado Rajoy por más que disimule, crudos y desprovistos del apoyo de los gurús los recién llegados, lo que le va a faltar al PP es una aparición carismática que aglutine la renovación y transforme en energía la sensación agónica de un partido que acaba de mutilarse los atributos sin sustituirlos por nada. Y que, más ahora que hace cuatro años, entra en la legislatura arrastrando una aureola de perdedor nato como el fantasma arrastra la bola. Así, se abre una grieta por la que el rumor ya empieza a colar a Esperanza Aguirre, que no en vano tiene ahora la oportunidad de empezar a rentabilizar todas las adhesiones periodísticas que se ha ido trabajando desde Madrid, donde reclutó y dio sustento a los tertulianos dispersados después del aznarismo. Ella carga en un cesto, como la violetera, todos los adjetivos contundentes de los que de pronto reniega Rajoy en su huida hacia delante. La labor de Zapa para abrirle hueco ha comenzado con el intento de desactivar a la generación de Soraya en la misma cuna, como cuando los primogénitos señalados para la herencia eran ahogados con una almohada.

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Clandestinos, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Política by reggio on Marzo 28th, 2008

AL ABORDAJE

Cuando está en guerra, una sociedad asustada se aviene a renunciar a principios que se tienen por intocables en tiempo de paz. Uno de ellos concierne a la censura consentida y a la información degradada a propaganda.

Ejemplos de esto son la Patriot Act impuesta por Bush con la coartada de la protección nacional y el entusiasmo cuartelero del periodismo americano antes de la invasión y atasco en Irak, cuando, mientras tremolaban banderas en la misma Fox que ahora se escaquea breaking news con Paris Hilton, cualquier informativo que no sonara como una arenga a la infantería era considerado poco menos que traidor.

Una influencia semejante a la del estado de guerra la ha ejercido en España la lucha contra ETA. Cuando todavía era presidente de la Comunidad, Gallardón censuró en Telemadrid un reportaje sobre el Norte porque no le pareció lo bastante «beligerante». Así, con toda naturalidad, quedó expuesta una excepción a la libertad de prensa y de creación no muy distinta a los diques censores que el aparato de Bush fue levantando con la excusa de la guerra y aprovechándose de la docilidad que tanto el miedo como el zafarrancho general de combate moldearon en los caracteres críticos.

Acaba de estallar uno de esos fugaces escándalos de los que viven las tertulias por culpa de una película de improbable mezcolanza argumental entre etarra y homosexual, titulada Clandestinos, en cuyo cartel promocional aparece un guardia civil con tricornio chupándosela a un terrorista. Un kitsch a lo primer Almodóvar con militares y terroristas en lugar de monjas y otras chicas del montón. Lo más probable es que tan escatológica cinta se dé ínfulas de modernidad arrojando sobre la Guardia Civil la misma mirada corrosiva y burlona que jamás admite contra sí mismo el lobby gay, armado con la palabra homófobo como con un hierro candente para marcar a cualquiera que no le diga amén reconociéndole la naturaleza sagrada de la que depende toda su capacidad de coacción.

Pero si la película es injusta, o delirante, o simplemente mala, contra ella basta con ejercer la elección de no verla. Tratar de filoetarra y poco menos que de traidor al que la ha hecho, al que la ha programado en un festival o al que la ha aplaudido sólo sirve para constatar que también aquí tenemos maltrechos algunos de los principios que custodian la libertad de creación, como en los países donde la guerra es la excusa en la que se ampara el Estado para reducirlo todo a arenga y propaganda.

Es precisamente ante quienes ofenden, como los viñetistas de El Jueves y su coito real, donde se prueban esos principios. Tiene sentido recordar ahora el alegato de Alan Isaacman, abogado de Larry Flint, quien, aun detestando las obscenidades, sólo concebía vivir en un país en el que también hubiera lugar para los obscenos. Eso, y no manipular la lucha contra ETA para perseguirlos con teas como a Drácula.

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La guerra de Aznar, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Política by reggio on Marzo 21st, 2008

AL ABORDAJE

Para escribir Gruñidos imperiales, Robert Kaplan viajó por todas las fronteras en las que están estacionadas las fuerzas especiales americanas, como las legiones en el limes o los fuertes de contención en las guerras indias. Ahí comprendió cuán erróneo y narcisista es aplicar principios occidentales a naciones en las que no se puede garantizar la supervivencia de nadie. A este lado de la frontera, dos liberales que se junten para charlar de política después del golf concluirán que los valores esenciales son la libertad y la democracia. Pero, al otro lado, si agarramos por ejemplo a dos bagdadíes, lo más probable es que opinen que la libertad y la democracia que les cayeron en paracaídas sólo serán caramelos dialécticos mientras no exista la seguridad.

El diagnóstico sobre la «buena situación» en Irak expresado por Aznar no es tanto la bravata cínica de un político con sobredosis de sí mismo que aún cree que la Historia le debe una rehabilitación. Es también la confusión de prioridades de un típico liberal de club de golf convencido de que debe mostrarse agradecido aquél a quien se le ha dado la oportunidad de morir en democracia en lugar de vivir en opresión.

Que las condiciones creadas sean intolerables no importa demasiado siempre que las cobayas humanas con las cuales se experimentó estén lo bastante lejos como para no arruinar con sus sufrimientos y su destino roto la vanidad de haber contribuido a propagar lo que Occidente considera la fe verdadera. «Lo volvería a hacer», dice. Y claro: no son las aulas de Georgetown, ni el yate de Briatore, en el que Aznar luce abdominales en verano, los que van a volar con la próxima bomba, luego la situación es buena.

A los liberales tipo Aznar empieza a ocurrirles con Irak lo que a los progres con Cuba. Cada uno a su manera, ensalzan la aplicación teórica de sus principios, el ideal remoto, pero ninguno se iría a vivir ahí ni consiente compadecerse de los individuos que están atrapados en una forma de vida inaceptable para no tener que corregir sus prejuicios. Para no tener que reconocer que se equivocaron o fracasaron en lo que intentaban. Y la terna de Azores fracasó después de mentir al mundo y de arruinar para muchas generaciones cualquier visión de justicia en el uso del legítimo monopolio de la fuerza que Hobbes concedía al Leviatán.

Una de las definiciones más malévolas presenta al intelectual como un tipo que, siendo incapaz de acomodar sus prejuicios a la realidad, pretende que sea la realidad la que encaje en sus prejuicios. En Aznar, este hábito no es un vicio intelectual, sino el modo en que un empecinado intenta todavía influir en el recuerdo que de él tendrá la Historia. Es en vano, y por añadidura mantiene al PP encadenado a su cuota de responsabilidad por lo que fue y es una infamia.

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Rajoy al ataque, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Política by reggio on Febrero 26th, 2008

ELECCIONES 9M: El debate

DIARIO DE CAMPAÑA

Empate. El debate había adquirido una importancia tal que, opacados los mítines y el transcurrir futuro de la campaña, se habría dicho que el electorado no tendría que esperar hasta el 9 de marzo, que esta misma noche elegiría presidente mediante SMS. Trabados al final en un empate, que era lo que pretendía el presidente cuando anunció que vendría a amarrar para no averiar la aureola de triunfador con que ha ido revistiéndole la campaña, lo más probable es que ninguno haya ganado o perdido un solo voto en el debate.

El burladero. Eso sí, fue el advenimiento de un nuevo Rajoy, mucho más combativo, que concentró en una sola intervención inaugural toda su potencia de fuego, como en la táctica de la Blitzkrieg. Como al hombre tranquilo de John Ford, a Rajoy le ha costado trabarse en pelea, pero, cuando lo ha hecho, los golpes han retumbado como los de John Wayne en las praderas de Innisfree. Lo malo para él es que un Zapatero escurridizo se resistió como el toro con querencia a los toriles, al que no hay modo de arrastrar a los medios, y jamás entró en los terrenos que le eran desfavorables -la inmigración, el proceso con ETA, el desbarajuste del marco territorial y de la nación cuestionada, el patriotismo sobrevenido, las mentiras impropias del Gobierno que, según Rubalcaba, es el que nos merecemos-. Y, cuando lo ha hecho, ha sido siempre en la última palabra del bloque, cuando ya no había ocasión para la réplica de Rajoy. Con tal de refugiarse en el burladero, Zapatero ha empleado recursos previsibles y no por ello menos arteros, volver a Irak y al 11-M, como si fuera Rajoy y no él quien debiera rendir cuentas por una legislatura en Moncloa. Como el pitcher, Rajoy lanzó bolas. Y Zapatero usó a Aznar como bate para desviarlas todas, implicando además a Rajoy en algunas de las imágenes más infaustas del aznarismo, tales como la fotografía de las Azores.

Huidizo. Es probable que a Rajoy le cueste emanciparse del influjo de Aznar, y ahí está, atrapado en una responsabilidad ajena que le impide consagrarse como hombre en el que sólo hay porvenir, una frescura necesaria para el cambio. Pero no lo es menos que logró retratar a Zapatero como un presidente huidizo, consciente de que había argumentos en los que sólo podía perder, que demostró cobardía dialéctica cuando corrió a refugiarse en Irak y el 11-M, como en la casilla del seguro en el parchís, cada vez que intentaron obligarle a rendir cuentas por uno de esos asuntos de Estado que vertebraron su política y que fracasaron. A Rajoy, Zapatero se le fue vivo. Pero hubo una tanda memorable, la que argumentó las veleidades del presidente respecto de De Juana Chaos y Otegi: de las rosas blancas a las detenciones. Ese nervio nuevo que afloró es el que debe servirle ahora para calentar la campaña, donde acaso pueda provocar el vuelco en las percepciones del electorado para el que no le alcanzó con lo de ayer.

Está vivo, mira a los ojos y ha logrado que Zapatero salga del campo con todas las heridas marcadas en la espalda, que es donde las llevan los que escapan.

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La tensión, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Política by reggio on Febrero 15th, 2008

AL ABORDAJE

La explicación tal vez sea que la ex-ministra Trujillo se pasó su mandato dando fiestas para aquellos okupas de los que defendió «el estilo de vida alternativo». El ya famoso ático con vistas podría haberse quedado como las osamentas de los navíos varados en las playas de Costa Esqueletos. Y entonces habría sido necesaria la reformilla de 250.000 euros. Para que Bermejo, al entrar en su chiscón remozado a capricho, acertara a decir lo mismo que Nerón cuando inauguró la Domus Aurea: «Por fin puedo vivir como un ser humano».

Para eso, para que los redentores de los descamisados puedan vivir como seres humanos, como señoritos con coartada moral no muy distintos de los que descubrieron la lubina y las tiendas de Adolfo Domínguez cuando el saqueo del felipismo, el PSOE necesita ganar las elecciones. Y para ganar las elecciones, lo que conviene es que «haya tensión», como le confesó ‘Zetapé’ a Gabilondo en plena relajación post-coital, enlazadas las manos de ambos y susurrándose palabras de amor.

Y a todas ésas, ¿por qué le conviene la tensión a Zetapé, cuando debieran bastarle su aureola de profeta y la sonrisa circunfleja, como de hare-krishna que cuando pasa la hucha en nombre de un mundo mejor no es para pedir una moneda, sino un voto? Porque fueron la tensión y la bronca posteriores al atentado del 11-M, y no la confianza en un proyecto, las que le hicieron presidente. Y ese voto sobre el cual se sustentó, el del «Pásalo», es por definición abstencionista y sólo se moviliza en circunstancias muy excepcionales, de urgencia nacional, cuando la temperatura es tal que el poder depende de una operación de agitación y propaganda en la que cabe incluso la invención de terroristas suicidas y de un golpe de Estado inminente. Así, consciente de que su suelo electoral es movedizo, y de que de algún modo hay que convocar a los chavales del «Pásalo» ahora desactivados y encima cabreados por el impuesto revolucionario de la sección cultural, Zetapé necesita recrear en el plano retórico toda la tensión que se hizo terrible verdad por culpa de Al-Qaeda. Necesita el clima embravecido igual que los gringos de 1898 necesitaban el hundimiento del Maine. Para así, con ‘Pepiño’ haciendo de Randolph Hearst sin ortografía, poder cuajar un lenguaje amarillista que azuce a los electores por el miedo al enemigo que está a las puertas. Dispuesto a recortar derechos, a dar paseíllos civiles, a reprimir homosexuales, a estabular inmigrantes e incluso, como anunció el insigne Cuerda, a fundar una teocracia anacrónica que nos devuelva a los tiempos del sílex. A Zetapé le «conviene la tensión» porque sólo en circunstancias excepcionales, reales o impostadas, encuentra su propio hueco. Un país rutinario, hecho de inercias del sistema y de sosegadas confrontaciones de proyectos, no tardaría en descubrir todas sus desnudeces.
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Vivíamos mejor, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Política by reggio on Febrero 5th, 2008

AL ABORDAJE

En tiempos, hizo fortuna la idea de que «contra Franco vivíamos mejor». Frase con la que Vázquez Montalbán describió el aburrimiento posterior a la agitación más o menos gauche-divine y a las carreras delante de los grises de las que todavía presumen tantos como de un pedigrí que no alcanza ya a la generación de ‘Zetapé’. En definitiva, era una añoranza de la juventud, cuando el felipismo envejeció a la izquierda a base de poder enquistado, de avaricia y de latas de fabada Litoral llevadas a un pobre hombre cautivo.

El aire ramplón de la última gala de los Goya revela que también hay quien vivía mejor contra Aznar. Quien se divertía más ejercitando pasiones tardías como en un anti-franquismo recreativo. Al menos, la casta del cine, que encontró en la pegatina un pretexto para tomar conciencia de sí como grupo organizado capaz de asumir nada menos que la custodia de la moral colectiva y la aprobación de la política nacional.

Cuán huérfanos de pensamiento nos hemos quedado con su desmovilización. Porque, por más que se esforzara Alberto San Juan, quien antes de salir al escenario preguntó qué era lo último que había dicho ‘Pepiño’ para repetirlo como el loro sobre el hombro del pirata, la gala defraudó en cuanto a las expectativas políticas y nos dejó apenas con las dedicatorias a mamá y con Corbacho. Poca cosa.

No es que ahora habitemos un mundo perfecto que haga innecesaria la protesta. Tampoco tenemos por fin ese Gobierno que nos merecemos, el que no nos mienta. Pero, igual que aquella izquierda que Umbral llamaba «de la utopía cuatrocaminera», los actores se nos han envejecido, aburguesado, ahítos de canon, sobornados de subvenciones, desactivados por la complacencia sectaria de saber que ahora es su gente la que ocupa el poder y se estropea ejerciéndolo. Así, no quedan grises delante de los cuales correr, no hay motivos para juntarse a firmar manifiestos ni ocasiones para alcanzar esa temperatura de ira con la que uno va haciéndose una carrerita de intelectual. Tan solo hay sumisión y esto se lo dedico a Mari Puri. O sea, infinito tedio pos-aznarista apenas disfrazado con algunas collejas al PP que no lucen lo mismo porque carecen del prestigio del contrapoder y en cambio atufan a cultura orgánica que no se juega el plato de comida caliente.

Para rejuvenecerse, la mafia del cine necesita que el PP gane las elecciones. Porque ni Bush les va a quedar para anunciar el Apocalipsis. No es que Rajoy, tan señor de Pontevedra, tenga mucho morbo ni valga lo mismo que Aznar para anunciar el regreso de la España golpista. Pero a los agitadores les bastaría. Con él en Moncloa, los actores dispondrían otra vez de alguien contra quien tener conciencia y las veladas de los Goya volverían a ser airadas y divertidas. Como ganen Obama y Zetapé, espantados los demonios recurrentes, no habrá sino chistes de Corbacho y zapping.

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Col hervida, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Política by reggio on Enero 25th, 2008

AL ABORDAJE

Hace algún tiempo, una tal Sarah Wildman provocó cierto escándalo al escribir en The New York Times que Madrid era una ciudad provinciana donde a las niñas se las vestía poco menos que como en el No-Do. El diagnóstico ofendió la vanidad de los modernos que se aferran a Chueca, al taxista de Almodóvar, a la Movida y a las coctelerías de diseño para vindicar una pátina de sofisticación con la que espantar los complejos mesetarios del poblachón, serrín y mimbre. Wildman podría ahora darse por vengada con el reportaje en plan la familia bien gracias en el hogar de los Príncipes de Asturias, donde se echaba en falta a López Vázquez haciendo de padrino. Dijo Arcadi Espada que se podía oler la col hervida, el intento de impostar una clase media de atrezo para acortar distancias sociales y compensar exhibicionismos de yacht-club. Hasta los disfraces de gente corriente eran arquetípicos: jersey de cuello caja y castellanos, más la infinita tristeza invernal que a uno le recordaba la obligación de peinarse a raya para visitar a la abuela.

Era puro No-Do, era un chute de publi-reportaje monárquico como los que antaño cerraban junto al himno las emisiones de la televisión, y no sólo en la estética. También en la nueva ofensiva de la propaganda de algodón de azúcar, del culto a la personalidad con que se está oreando la figura del Príncipe en la inminencia de su 40 aniversario. Se diría que están preparando el ambiente para la sucesión. O que al menos, indeterminada ésta, procuran fortalecer la imagen de Felipe cuando se ha inventado el término juancarlista como sustituto de monárquico para señalarlo como eslabón débil en el que se agotará un linaje, un Régimen. Por eso nos abruman con las estadísticas de su rutina laboral, para ir neutralizando el tópico parasitario.

Con Felipe, llamado a protagonizar una época menos turbulenta que la de su padre, ocurre que le faltarán ocasiones históricas, de las de pijama debajo del uniforme, con las que hacerse valer y consagrarse como símbolo vigente, a menos que sea capaz de improvisar algún por qué no te callas. Es por ello que a él se le está promocionando el perfil bajo, la identificación con lo que Rajoy llama «la gente normal», aquello que siempre permitió decir a los cortesanos que el futuro rey es igual a cualquier joven de su tiempo. Es un argumento en principio paradójico que viene a decir que la monarquía tendrá más posibilidades de permanecer cuanto menos parezca una monarquía. Cuanto menos agravien los privilegios. Cuanto menos deslumbren los armiños, las cacerías y las regatas. A diferencia de la monarquía británica, explícita por asentada, la española vuelve discreta hasta su función ornamental como si pidiera perdón por existir, intentando convencernos de que su hogar no es mejor que el de los Peláez y además exuda un entrañable aire provinciano.

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Los juegos, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Educación by reggio on Enero 22nd, 2008

AL ABORDAJE

La guía editada por la Junta de Andalucía para imponer la paridad en los juegos escolares es un compendio delicioso de la nueva moral oficial que nos va cociendo en un caldo de ideales progresistas. Parece escrita con intención satírica por el enemigo. Pero va en serio, por lo que rezuma esa falta de sentido del ridículo que caracteriza a los mensajeros de una verdad revelada, siempre alertas contra el machismo que permanece agazapado aun en asuntos en apariencia tan nimios como el salto a la comba o el churro va.

A través de los juegos es cómo el cachorro aprende a conocer la sociedad de la que formará parte. De ahí la importancia de controlarlos. Nadie espera que con los juegos de los patios se imparta una educación comparable al agogé espartano, para que de nuestros institutos públicos salgan alumnos que, además de seguir figurando entre los más cazurros de la Unión Europea, estén dispuestos a regresar de ahí adonde sean enviados con el escudo o sobre él. Pero tampoco procede asegurar, como lo hace la guía de la Junta, que hay un maltratador en potencia en cualquier chico que juegue sólo con chicos a juegos de chicos. O sea, que se empieza confeccionando a pares y nones el equipo de futbito, y de un modo inexorable se acaba tirando por la ventana a la esposa.

La solución de la Junta pasa por corregir tan repugnante hábito de segregación mediante la paridad zapateriana. Que las niñas tiren penaltis y se traben a codazos en el córner, aunque no quieran. Que los niños peinen barbies y hagan mermelada en las cocinitas, aunque no les apetezca, para desactivar cuanto antes al maltratador que lleva dentro por definición todo el que haya nacido con pilila. No repara la Junta en que es la propia sabiduría de los niños la que lleva la paridad a los juegos en los que es necesaria, como el de la botella.

No acaba ahí. Otro concepto que detesta el evangelio progre es el del mérito. Hay un matiz sospechosamente aristocrático en aquel que, por esforzarse en alcanzar la excelencia, provoca traumas comparativos en los demás. Entonces, toda paridad consiste en igualar por abajo, en que la mediocridad, y no la excelencia, sea la unidad de medida. Para ello, la guía propone eliminar los juegos competitivos y que fomenten el liderazgo de un individuo, poco importa que sea a costa de fabricar personas programadas de por vida para perder. Les juro que no están de coña cuando exigen que en las carreras de sacos se procure que todos los participantes lleguen a meta al mismo tiempo, evitando expresar desafíos. Y que en las sillas musicales, el participante que se haya quedado de pie tenga derecho a sentarse sobre las rodillas de otro y seguir el juego sin eliminaciones. No sea que se nos traumen. Igualito que Kipling.

El mundo feliz zetaperiano es una fábrica de niños estandarizados, condenados para siempre a ser Milhouse.

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