Reggio’s Weblog

El peor presidente americano, de Josep Ramoneda en Domingo de El País

Publicado en Cultura, Medios by reggio en Octubre 12th, 2008

A estas alturas, hay amplio consenso en que si la campaña electoral sigue circulando entre la espesa niebla de la pesadilla económica, la victoria de Obama está garantizada. Y no hay ninguna señal de que la niebla se disipe. Sólo tres cosas podrían evitar que el candidato demócrata sea el nuevo presidente de Estados Unidos: que lo mataran -algo que, conociendo la historia americana, nunca se puede desdeñar-, que en el último momento emergiera un racismo latente que parece perfectamente ahogado por la crisis, o que el Ejército americano detuviera a Bin Laden. E incluso este último acontecimiento no estoy seguro de que fuera suficiente para McCain. Al fin y al cabo, una de tantas historias incomprensibles de la Administración de Bush es que esto no haya ocurrido todavía. Debate tras debate, McCain aparece cada vez más como una figura del pasado. Por edad, por estilo, por su vinculación con la Administración de Bush, por su errático comportamiento durante la campaña, McCain da la impresión de estar a punto de desaparecer de la pantalla en cualquier momento. Pero, sobre todo, carga con el enorme fardo de la herencia que le ha dejado George Bush, probablemente el peor presidente de la historia de EE UU. El presidente Clinton, por obra y gracia del puritanismo y la hipocresía de la política americana, estuvo a punto de ser destituido por un ridículo asunto de faldas y mentiras. Un pecado venial al lado de la catastrófica gestión de Bush, que, instalado sobre una perversa alianza de obstinación ideológica e intereses privados, ha dejado a su país en una situación mucho peor de lo que estaba cuando él llegó en todos los tableros: económico, militar, político e ideológico. Bush heredó de Clinton una economía en alza, con un importante superávit, que se fundió a toda velocidad. Lo que entregará cuando en enero se haga el traspaso de poderes es un país sumido en una profunda crisis que no sólo es económica, sino también moral. En nombre del liberalismo, se ha transmitido la idea de que en economía todo estaba permitido; se ha dejado que los reguladores y los controladores se columpiaran en la laxitud; se ha hecho del éxito fácil valor absoluto; se ha aumentado la fractura social en un país ya de por sí muy desigualitario, aliviando permanentemente las cargas impositivas a los más ricos, y se ha cultivado la semilla del fundamentalismo religioso. Políticamente, Bush ha acelerado el declive de la potencia americana y de su papel en el mundo. Convencido de que Estados Unidos tiene una misión cuasi religiosa de liderazgo, respondió a los atentados del 11-M con una escalada bélica sin sentido que ha tenido, entre otros efectos, debilitar el poder de América y favorecer el ascenso de otras potencias, empezando por China. La obsesión con Irak, que nada tenía que ver con los terroristas del 11-S, ha permitido que la ocupación de Afganistán se torciera hasta el punto de no vislumbrarse una salida a aquel avispero; ha roto los equilibrios de la zona, y ha hecho aumentar considerablemente las cuotas del antiamericanismo en el mundo. A pesar de escoger enemigos entre los adversarios más debilitados para garantizarse el éxito de su teatro militarista, ha encallado donde se ha metido. Con lo cual, ha perdido capacidad de hacerse respetar. Y ha contribuido a ser visto más como una amenaza que como una solución. En plena euforia militarista, Bush fue reelegido. Pero a partir de este momento, todo su complejo político-ideológico se fue al traste. Fracasó en el intento de exportar la revolución conservadora a Europa, con la ayuda de acólitos como el impagable José María Aznar. Y vio cómo, poco a poco, la sociedad americana despertaba del impacto del 11-S y de la primera reacción de fervor nacionalista, y se iba abriendo una profunda brecha moral, sólo comparable a la que se produjo durante la guerra de Vietnam. Por esta brecha, Obama pudo introducir su mensaje del cambio. Al mismo tiempo, el prestigio de EE UU en el mundo se ha ido erosionando de modo constante. Con los disparates de la guerra; con la falta de sensibilidad con los ciudadanos de otras civilizaciones, para decirlo al modo de sus ideólogos; con sus peculiares batallas seudorreligiosas contra la ciencia, Bush ha conseguido que la admiración por EE UU cayera en todas partes, en un momento de reconstrucción del tablero geopolítico que requería máxima responsabilidad de la primera potencia. La crisis económica completa el panorama de devastación real y moral que ha sido la historia de la presidencia de George W. Bush.

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Isidoro Nicieza, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Publicado en Asturias, Medios by reggio en Octubre 8th, 2008

Soy docente y conozco muy bien la importancia que tiene el recuerdo que uno deja en aquellos alumnos a los que en un momento dado impartió clase. Es probable que algo no muy distinto acontezca en el mundo periodístico. Es el caso que durante estos últimos 14 años tuve la oportunidad de tratar con Isidoro Nicieza, y es mi deseo dejar constancia de lo mucho que aprendí departiendo con él a lo largo de todo este tiempo.

No me corresponde abundar en informaciones ya publicadas y fácilmente constatables acerca de la relevante labor que llevó a cabo en este periódico. De ello hay sobrada constancia a poco que tengan a bien informarse quienes se interesen por ello. Lo que quiero resaltar aquí es su apuesta por la independencia de la labor periodística, así como por el pluralismo en la opinión. En unos tiempos en los que los partidismos y la falta de imparcialidad en los medios no están contribuyendo precisamente a eso que se viene llamando genéricamente derecho a la información, es de agradecer que el público lector tenga a su alcance publicaciones periodísticas que no incurren en los manchurrones antes mencionados. Y no me cabe ninguna duda de que Isidoro Nicieza mantendrá su esfuerzo por esto que vengo diciendo en lo mucho que le queda de trayectoria profesional.

Por otro lado, no estamos hablando sólo de alguien que, por razones de su cargo, conoce a fondo la vida pública de Asturias, sino también de un periodista cuya capacidad para la interpretación de la realidad social, cultural y política es de una clarividencia admirable.

Estoy seguro de que en su nuevo cargo como director general del diario «Faro de Vigo» se volcará en conocer y comprender todo lo que concierne al contexto político y social del que se ocupa el periódico decano de la prensa española, y que serán muchos los que amplíen horizontes a resultas de lo que es su forma de entender el oficio periodístico.

Por otro lado, hago mía la doble salutación que manifestó Pepe Monteserín en su columna hace pocos días dirigida tanto al director saliente como a la nueva directora de LA NUEVA ESPAÑA.

Sirvan, en definitiva, estas líneas como muestra de gratitud hacia alguien que, como consecuencia de todo lo dicho, ocupa un lugar importante en la historia del periodismo democrático en Asturias. Y es el caso que algunos, entre los que me incluyo, hemos tenido la suerte no sólo de haberlo tratado, sino también y, sobre todo, como dije más arriba, de aprender con él. Y de compartir sus apuestas por la pluralidad, por la independencia, por el periodismo democrático, así como por aquello que se considera «voluntad de estilo» dentro de las páginas volanderas de ese acompañante inseparable de cada día al que seguimos y seguiremos llamando periódico.

El candado real, de David Gistau en El Mundo

Publicado en Derechos, Educación, Libertades, Medios, Política, Sociedad by reggio en Octubre 7th, 2008

AL ABORDAJE

De por sí ya es reductor y petulante que alguien se arrogue el derecho de conceder permisos de circulación a los periodistas oficialmente buenos, suplantando a la ley con un canon censor que presume de exquisito y desprecia el ruido del corral de comedias. Pero el fenómeno es aún más enojoso si el criterio para denunciar gamberros morales se basa en la actitud que cada uno mantenga con la monarquía.

Hay en España toda una escuela de periodismo orgánico, conectada con la tradición totalitaria que aún nos pringa la carga genética, que se escandaliza y enciende las hogueras del auto de fe cuando alguien dispensa a la encarnación del Régimen un trato ajeno a la reverencia persa. Eso, además de la coacción de la estabilidad paternalista, mantuvo a la monarquía durante décadas protegida en una distancia casi sagrada que la hacía inalcanzable al ácido de la prensa libre. Ante el Rey, quedaban suspendidos los derechos y deberes del ciudadano que, por definición, antepone la individualidad al Estado y el derecho a la gracia de Dios.

A medida que esta superstición ha ido superándose, a veces por cauces frívolos, ha estallado una reacción de cortesanos que trazan las líneas rojas que la libertad no debe traspasar. Es un grito de pavor a la blasfemia que procede de las ramas más altas de su árbol genealógico y que exige dar escarmiento a los rebeldes iconoclastas. A uno le sorprende que hasta la izquierda de humus republicano haya propagado la especie de que hablar mal del Rey es otro síntoma que delata a la «derecha más extrema». Cáspita: guerrilleros en el besamanos.

Lo que aún no habíamos comprobado es la confusión ante la pérdida de la bula de la propia monarquía que, igual que la tortuga ante la amenaza, esconde la cabeza dentro del caparazón. El mismo día en que el Rey se lucía con un discurso retórico sobre la importancia de la prensa libre y de la libertad de expresión, un comunicado anuncia que en la próxima recepción del 12-O estarán prohibidos en palacio los periodistas acreditados por un medio. Bueno, no exactamente prohibidos, sino filtrados, pues sólo acudirán aquellos que reciban una invitación personal y garanticen la armonía de una cobertura controlada. Así, la propia Casa Real dará pistas sobre cuál sería su propia lista de periodistas oficialmente buenos, con un margen más estrecho del que concede la libertad de prensa propugnada por el Rey.

Es aventurado especular sobre si se trata de un castigo colectivo por el asunto Marichalar, que se ha colado por la grieta insurgente que abrió Letizia. O si la monarquía, asustada por la libertad cuando se ejerce contra ella, escenifica un repliegue con el que termina cierto entendimiento en el que el borboneo colegui no obviaba la jerarquía y que acaso ahondará un aislamiento endogámico. En todo caso, la libertad de prensa no se defiende alegando problemas de espacio para sosegar con dóciles el besamanos.

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La politica y el arte dramatico, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Publicado en Asturias, Cultura, Medios, Política by reggio en Octubre 1st, 2008

El ojo del Tigre

Las primeras Jornadas Culturales Astur-Cántabras -un nuevo foro sociológico que acaba de inaugurar, con gran éxito, la Sociedad Etnográfica de Ribadesella- fueron ocupadas por la clase política de ambas comunidades: por Cantabria, su presidente Miguel Angel Revilla; por Asturias, la consejera y portavoz del Gobierno del Principado, Ana Rosa Migoya. Podría parecer raro que unas jornadas, que fueron pensadas y planeadas para el intercambio de ideas y proyectos específicamente culturales por un grupo de personas que representan a la sociedad civil que habita, en estos momentos, en el antiguo y medieval territorio que, en otro tiempo, se conocía como el de las Asturias de Santillana, fueran protagonizadas estelarmente por la clase política actual, con mando en plaza. Sin embargo, no es tan raro como a primera vista parece. Intentaré explicarme.

La política, que, sin duda alguna, pertenece al extenso y complejo universo de la cultura -con mayúscula- es un arte. Y dispuesto a concretar, le diré que es un arte dramático. La política contemporánea tiene mucho de drama y bastante de artificio. Supongo que nadie se escandalizará si le digo que la política se entiende, en estos momentos, como el arte de teatralizar la vida pública… No es una novedad. Cuentan que Napoleón -del cual, los políticos de este tiempo han heredado muchas cosas, entre ellas, el bonapartismo- se había especializado en el arte de presentarse en público dramáticamente; tanto, que quienes lo presenciaban se sobrecogían. Henry Kissinger, popular Secretario de Estado en el Gobierno de los Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz, cuando cesó, en el año 1977, se hartó de decir que, con motivo de su cese, había interpretado tantas escenas de despedida como Sarah Bernhardt. Y Charles de Gaulle dijo que los grandes personajes de la política hacían de ella un arte. El mismo fue un brillante artista de la vida pública europea, después de la Segunda Guerra Mundial.

Se puede decir que, en general, a los políticos les preocupa mucho no poder maravillar al público que los escucha. Tienen un gran afán por conseguir fascinar a los auditorios. A veces exageran tanto sus intervenciones, que acaban representando patéticas caricaturas de sí mismos. Cuando adquieren consciencia de ese defecto, algunos suelen ser capaces de moderar tanto sus gestos que acaban abusando de la solemnidad; con lo cual, corren el riesgo de convertirse en personajes tan majestuosos y tan distantes, que lo único que consiguen es repetir la caricatura.

Maestros en el arte de crear patetismos caricaturescos, en el ejercicio público de sus funciones políticas, hubo varios en el siglo pasado. Sólo citaré uno, que fue un mago del discurso expresionista : Adolf Hitler. Consiguió demostrar que la política de la imagen despertaba más pasiones que la política de los programas e, incluso, de los partidos. Su teatralidad alcanzó cotas elevadísimas de vértigo pasional y paroxismo ideológico.

Pero, afortunadamente, no todos los políticos quieren mostrarse en público majestuosamente divinos. En este momento, la democracia española tiene la suerte de contar con algunos de sus protagonistas oficiales, que son más sensibles: prefieren imitar la delicadeza en los gestos del ilusionista cuando realiza sus trucos que parecen milagros… Rechazan la posibilidad de provocar emociones patéticas. No renuncian a hipnotizar a quienes los escuchan, pero sin utilizar recursos demasiado grotescos.

El paroxismo en la política está pasado de moda. Lo que se lleva ahora es el arte de la parodia, del remedo, de la imitación… Hoy, ya son muchos los políticos que ponen sus énfasis en la representación del papel de un personaje que es tan natural como quienes los escuchan y los ovacionan. Aunque también suele ocurrirles que cosechen más aplausos que votos.

En el arte de ser natural, el presidente de Cantabria es un consumado maestro. Domina todos los resortes escénicos para demostrar que sabe ser natural como la democracia misma. Y es posible que lo sea realmente, además de parecerlo. Y de representarlo. Miguel Angel Revilla pone su talento dramático, y los medios de comunicación hacen el resto… Tuve la ocasión de comprobarlo el pasado fin de semana en Ribadesella: no sólo se metió al público en el bolsillo, sino también a los medios. Cuando subió, por segunda vez, al escenario de la Casa de Cultura para entonar una típica canción montañesa, a dúo con un amigo, un ciclón revolucionó a los chicos de la prensa, la radio y la tele. Durante el barullo que se produjo, dudé entre creer que habían invadido la sala todos los paparazzi del mundo persiguiendo a un famoso del cuore, o pensar que, de repente, habíamos vuelto a los tiempos de la antigua Prensa y Radio del Movimiento… Menos mal que a la portavoz del Gobierno del Principado no le dio por subir, otra vez, al escenario para cantar un aria de ópera…

Mientras casi todos los políticos se dedican a practicar el alpinismo político, de donde les viene su gran afición a reunirse en la cumbre, el presidente de Cantabria sabe que, de vez en cuando, le conviene bajar al valle, que es donde se reúne la sociedad civil, que es la que produce los votos, y, por lo tanto, no está mal que, de vez en cuando, descienda de su cumbre y les demuestre que es uno más entre ellos. Claro que esto es también teatro.

Lorenzo Cordero. Periodista. Cronista oficial de Ribadesella.

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Desafección, partidos y medios, de Ferran Requejo en La Vanguardia

Publicado en Derechos, Libertades, Medios, Política, Sociedad by reggio en Septiembre 30th, 2008

En la última década han proliferado análisis sobre la creciente distancia que existe entre los ciudadanos y sus gobernantes. Se trata de un fenómeno que afecta a la mayoría de las democracias y que, siguiendo la terminología anglosajona, se ha caracterizado como desafección democrática. El indicador más claro es la creciente abstención que se registra en las elecciones. Pero ni es este el único aspecto, ni tal vez sea el más decisivo. Esta desafección se da al mismo tiempo que una gran adhesión ciudadana a los sistemas democráticos. Ello no es ninguna esquizofrenia. Indica un contraste entre los valores e instituciones y las experiencias prácticas de los gobiernos.

Todo esto no es nuevo, pero sí parece serlo el cariz que toma en estos momentos. Los análisis de política comparada muestran tres tipos de factores que inciden en la desafección. En primer lugar, aquellos que son comunes a todas las democracias, por ejemplo, la percepción de que, tras la globalización actual, los gobiernos no controlan los resortes decisivos de influencia (frente a crisis económicas, problemas ecológicos, etcétera). En segundo lugar, los factores de carácter “local”, como la falta de eficiencia de los gobiernos, escándalos de corrupción o un ensimismamiento de la clase política en polémicas de poco alcance. Finalmente, se dan factores que se hallan en una posición intermedia: ni son del todo generales ni están asociados a un sistema político concreto.

Aquí quisiera incidir en dos factores que todos los análisis señalan como relevantes e interrelacionados: la calidad de los partidos políticos y de los medios de comunicación. La calidad interna de cada sector depende de ellos, pero la “imagen” de los políticos y la percepción de la ciudadanía dependen decisivamente de la labor de los medios (escritos y, sobre todo, audiovisuales).

1) Los partidos. La política es una profesión “dura”, a la vez que imprescindible y poco valorada socialmente. Es una actividad absorbente y en buena medida ingrata. En el plano individual, sólo el hecho de tener que resistir tanto una presión mediática permanente a caballo de la actualidad, como la competencia dentro y fuera del partido es algo que pocos soportarían. Además, la “colonización del tiempo” que sufren los políticos profesionales es algo casi patológico.

Sin embargo, a escala colectiva, está claro que cualquier partido necesita disponer de buenos profesionales, es decir, de buenos economistas, ingenieros, politólogos, urbanistas, juristas, expertos en energías y ecología, etcétera. Cuando se habla personalmente con líderes políticos su imagen mejora en la mayoría de los casos. Pero un partido es bastante más que los liderazgos de turno. La ciudadanía siempre espera que la práctica totalidad de los cargos sean desempeñados por personas “competentes”. A veces he formulado a los dirigentes de algunos partidos la pregunta sobre cómo disponer de buenos profesionales. Es decir, ¿cómo captan talento? En algunos casos, el desconcierto ante dicha pregunta ya suponía la respuesta.

Una posibilidad para hacerlo es establecer el llamado mecanismo de la “puerta giratoria”: captar a destacados profesionales con vocación pública externos al partido, para que se integren en la política ejecutiva por un periodo de tiempo específico, y luego se reintegren a su profesión. Aquí esto se hace poco.

La eficiencia del sistema democrático se resiente, sin más, si en los cargos se premia e incentiva más la fidelidad al partido que la competencia profesional. Los perjudicados somos todos, los partidos, la ciudadanía y el vigor del sistema democrático.

2) Los medios de comunicación. Situados en el epicentro de la información y de la evaluación de la actualidad, los medios constituyen uno de los principales centros de gravedad de las democracias actuales.

Desde los tiempos del primer liberalismo político se sabe que sin unos medios de comunicación libres no se asegura ni un control eficiente del poder ni la protección de los derechos ciudadanos. Pero también en este caso, una cosa es la cantidad y otra la calidad.

Tanto la prensa escrita como la radio y la televisión necesitan proveer informaciones y análisis en un tiempo muy limitado. No es tarea fácil. El riesgo está en caer en una inmediatez superficial, poco propensa a buscar los distintos ángulos de un tema determinado. A veces, las fuentes consultadas, más que parciales, son escasas. También se dan los riesgos de buscar titulares fáciles, basados más en lo que los políticos “dicen” que en lo que “hacen”, y de reflejar las ideas a priori que tienen los propios medios sobre países, gobiernos, líderes y partidos. Unos medios de calidad son, entre otras cosas, aquellos que efectúan investigación propia y ofrecen al lector, oyente o espectador resultados comprensibles de esa investigación.

Ciertamente, en nuestro contexto inmediato, hay medios de calidad (escritos y audiovisuales). Pero creo que no utilizan todas las posibilidades de acercar la política a los ciudadanos. ¿Para cuándo un buen programa de televisión sobre democracia que sea comprensible y atractivo? Hoy hay medios técnicos y profesionales que hacen que el proyecto, aun siendo un reto, resulte atrayente.

Es importante que partidos y medios evalúen qué hacen, que contrasten los objetivos propuestos con los resultados alcanzados. La política puede ser a la vez inteligente y apasionante. Y la democracia es siempre un viaje inacabado y un experimento permanente.

FERRAN REQUEJO, catedrático de Ciencia Política de la UPF y autor de ´Las democracias´ (Ariel 2008)

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De la izquierda al amarillo, de Miguel Ángel Aguilar en El País

Publicado en Medios, Política by reggio en Septiembre 23rd, 2008

En España, como en tantos otros países del Occidente democrático, el número de los medios de comunicación con afinidades políticas más bien hacia la izquierda tiende a cero. El grave peligro de extinción en que se encuentra esta especie resulta de tres factores: el desistimiento de quienes impregnados de ideales impulsaron su nacimiento, la dificultad de transmitir en herencia esos valores a los propios vástagos para que les dieran continuidad y la incapacidad de algunos de esos medios orientados a la izquierda para adaptarse a los cambios sociales. La prensa periódica iba destinada en sus inicios a un pequeño círculo de patricios ilustrados, como un producto de lujo cultural aludido en los versos de Gabriel Celaya. Pero desde finales del siglo XIX la prensa se transformó en un arma cargada de futuro, se implicó en el combate por el cambio social, logró incidir en las capas más numerosas de la población y se convirtió en un resorte decisivo para la activación sindical y la movilización política.

Se hubiera dicho que la alfabetización progresiva proporcionaría a la prensa de orientación izquierdista una ventaja imbatible porque tenía en principio muchos más destinatarios. Sus expectativas de ventas parecían muy superiores a las de las publicaciones con afinidades en la derecha, porque es un hecho de observación general que los privilegiados son escasos y los desfavorecidos muy numerosos. Pero sucede que la querencia de estos últimos por la izquierda ha quedado muchas veces desmentida. Además, con el advenimiento del consumismo, el sostenimiento de la prensa periódica quedó en función de su validez como soporte publicitario. No basta saber el número de copias vendido porque se pondera conforme al perfil de los lectores. La edad, el sexo, la instrucción, los hábitos de consumo y, en definitiva, el poder adquisitivo de los lectores pasó a cobrar la máxima relevancia. De forma que la desigualdad de esos hábitos servía para explicar que la publicidad postergara a la prensa de izquierda. Y las dificultades económicas acarrearon su relevo por la llamada prensa popular la cual, coloreada enseguida de amarillismo, se entregó a los consabidos excesos sensacionalistas en detrimento de la información, a la exaltación de la vulgaridad, a la explotación morbosa del crimen y del sexo, al chantaje y la extorsión, con renuncia a cualquier misión de pedagogía o de compromiso sindical o político.

Perdida la idea de superioridad derivada de la excelencia y el prestigio de la escasez, algunos centran la única pugna del momento presente en rebasar su público originario, reclutado entre los adictos a la prensa de calidad. Piensan haber descubierto el filón de la prensa amarilla, cuyas ventas son diez veces superiores. Les impresiona ese desequilibrio en las preferencias de los lectores que en realidad sólo confirma la ausencia de garantías sobre la mejor retribución de los buenos comportamientos. El periodista Francisco Cerecedo recordaba el argumento tan querido de los anarquistas sobre la superioridad de la basura con el dato de que millones de moscas no podían equivocarse al elegirla, y la escritora Carmen Martín Gaite sostenía que el comportamiento de muchos hombres era como el de las gallinas a las que se les ofrece trigo pero se van a la mierda. Del mismo modo, la cantinela de Luis María Anson sobre el referéndum diario de los lectores que adquieren, conforme a su libre voluntad, el ejemplar de su periódico preferido, arroja unos resultados estadísticos muy desmoralizadores sobre la condición de la ciudadanía. En el caso particular de España, la falta de diarios que enarbolen bandera amarilla lleva aparejada la penosa consecuencia de que el conjunto de la prensa amarillee. Así hay mayor peligro de que se difuminen las pautas de autoexigencia de la prensa de calidad. Se observa una pérdida de la primogenitura sin atender al hecho de que pese a la aceleración tecnológica, el prestigio y la credibilidad de los medios es independiente cuando no está en proporción inversa a la de la amplitud de sus audiencias. De ahí que la prensa escrita, pese a ser el medio con menor difusión, conserve la influencia más decisiva, que condiciona por ejemplo a los periodistas de las redacciones de las emisoras de radio y televisión.

En su espléndido libro El déficit mediático, el profesor Bernardo Díaz Nosty concluye que la convergencia mostrada por los índices macroeconómicos españoles con los de la UE no se manifiesta en los consumos que el público español hace de los medios de comunicación. Señala que en España se lee poco y que las orientaciones en los usos de la radio y la televisión están marcadas más que por el interés en la actualidad por el entretenimiento y la evasión. Por eso el espacio público de debate en el caso español es de tan baja calidad en comparación con otros países más al norte. Mientras, ¿cómo explicar que los intentos racionalizadores de RTVE no hayan interpelado a los otros sistemas de radiotelevisión pública generados por las comunidades autónomas que continúan con toda docilidad el camino de servidumbre a los respectivos gobiernos autonómicos? Eso sí, la mayor competencia entre los canales privados favorecía el cultivo de los gustos más deplorables en busca de un público atiborrado en dosis masivas de cotilleo, morbo e insidias aportadas por testigos de pago sin respeto al honor ni a la imagen de persona o institución alguna. Parece como si debiéramos ir presurosos por la senda que lleva desde la izquierda al amarillismo para no desmerecer ni arruinarnos.

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Ni tanto, ni tan calvo: es internet, de Víctor de la Serna en El Mundo

Publicado en Medios, Política by reggio en Septiembre 9th, 2008

HOJEANDO ZAPEANDO

La historia de la supuesta paternidad de José María Aznar, lanzada por un sitio de internet marroquí cercano al entorno de la familia real, desmentida por el expresidente en un comunicado y recogida por los medios españoles, incluidos elmundo.es y EL MUNDO, ha suscitado todo tipo de reacciones. Por ejemplo, dos marcadamente contrapuestas: las de Jesús Cacho en elconfidencial.com y Alfonso Ussía en La Razón.

Nuestro periódico afirmaba en un editorial: «Lo singular es comprobar cómo internet ha cambiado las reglas del juego, sirviendo como cauce idóneo para la publicación de rumores y noticias sin fuente que difícilmente verían la luz en los medios tradicionales, pero que al final acaban en éstos cuando los protagonistas de la pseudonoticia se ven forzados a intervenir». Cacho, desde uno de los principales sitios profesionales españoles de internet, se indignaba y hacía todo un juicio de intenciones: «La crítica, en cualquier caso, no hubiera pasado a mayores si no fuera porque tras ella no se esconde un loable interés sobre la veracidad de lo publicado por los medios on line, sino más bien una simple defensa de la cuenta de resultados de las empresas editoras de los diarios impresos, sometidos al estrés de una crisis de ingresos y lectores de la que difícilmente van a lograr recuperarse».

Yerra Cacho porque EL MUNDO es a la vez un medio impreso y de internet -el de mayor audiencia del mundo, entre los medios informativos en lengua española en el ciberespacio-, y nuestras críticas eran a esa parte salvaje de los blogs y las páginas web como, precisamente, ese lobservateur.ma (donde, por cierto, la noticia sigue colgada sin la menor acotación o rectificación desde el día 2; es que es un semanario, dicen…). No eran una causa general a lo Garzón.

Infinitamente más radical que nuestra crítica a internet resultaba ser la de Ussía, quien escribía:

«Aznar no ha actuado con imprudencia. Se ha adelantado a los vómitos chismosos de los que se alimentan en internet y algunos confidenciales. No hay defensa posible contra ellos. La Red es una libre fábrica de rumores, calumnias, falsedades y tonterías elevadas al cubo. Al cubo de la basura. Leo que más de un tercio de los internautas se cree todo lo que le cuentan. Es lógico. Acceder a internet es tan fácil como ser un majadero o un inculto. Las mentiras, en internet, se convierten en verdades indiscutibles, y no hay manera de desinfectar el estercolero. Siempre habrá un periodista, un comentarista o un pedorro de plató rosa que se haga eco de la falacia».

El propio Alfonso Ussía ha sido, como él recuerda, víctima del lado oscuro de internet, y su irritación es más que comprensible. Pero la descalificación general y por la tremenda, como decíamos, no es justa porque, aun con las dificultades de coexistencia con el Far West de los blogueros salvajes -coexistencia que a los periodistas tanto nos desconcierta-, no se puede ignorar que son los medios profesionales los que dominan hoy el panorama de internet.

© Mundinteractivos, S.A.

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Verano en negro, de Antonio Elorza en El País

Publicado en Medios, Política by reggio en Septiembre 6th, 2008

Las cosas no empezaron bien. Por vez primera en mi larga vida universitaria, un proyecto de investigación me era rechazado. Se trataba de analizar en nuestro país las nuevas formas de engarce entre poder político y medios de información, un tema planteado desde nuevas bases a partir de la experiencia Berlusconi en Italia, y cuyos efectos se han sentido aquí a lo largo de los últimos cuatro años en toda la amplitud del espectro político, desde la convergencia entre la Cope y El Mundo o Libertad digital a la relación privilegiada de Mediapro con el Gobierno. El análisis del discurso iba a ser el instrumento analítico fundamental, pero, dicen, es sólo “una propuesta relativa al debate político” y además sesgada. Antológico. Puro Ollendorf. No me importa demasiado. Lo que me preocupa es que el procedimiento recuerda la censura de libros en la etapa final del absolutismo, sólo que sin acceso a los informes. Bien merecido lo tengo por indagar sobre tales asuntos.

Claro que existió la posibilidad de olvidarlo todo y gozar con el espectáculo de las olimpiadas. Sólo que antes o después los informativos perdieron la oportunidad de contar a los españoles qué había detrás del escenario, con los cientos de millones de campesinos en la pobreza, la corrupción de Estado y una política exterior mucho menos inofensiva de lo que nos cuentan los sinólogos oficiales. Hay allí un olvido total de los derechos humanos -algo más que falta de “respeto a la identidad tibetana”, incluso para los propios chinos-, agresividad larvada (Taiwán) y una protección de dictaduras espantosas como la birmana. Con insistir de mil maneras en que todo-debe-ser-pero-aún-no-es-y-quién-sabe-si-algún-día-lo-será, se agotan las sesudas reflexiones. Montaje de cortinas de humo al gusto de Moratinos.

Georgia marcó el momento decisivo del verano. Menos mal que con todo Sarkozy y Kouchner limitaron el alcance de la ocupación. Un insensato nacionalista provocó una guerra que casi destruye su propio país. Primer responsable: Bush, desconocedor de quién es Putin, verdugo implacable ya en Chechenia, e incapaz de frenar desde Beijing a un protegido al que no puede proteger, en nombre de una “integridad territorial” desde hace tiempo perdida. ¿Hasta cuándo seguirá Bush provocando desastres? Resultado: vuelve Rusia como gran potencia desalmada, en la estela de Stalin, dispuesta a todo para recuperar su cinturón imperial, con una siembra de bombardeos contra la población civil de Georgia. A los cuarenta años de la invasión de Praga, Putin ve cumplido su sueño gracias a Bush. Mal presagio.

En el orden personal, el desenlace del verano tuvo acentos trágicos, con el incidente que amenaza la vida de Jesús Neira. Mi trato con él fue transitorio, pero muy intenso. Dirigí en Ciencias Políticas su tesis sobre los orígenes del totalitarismo español, un trabajo donde trataba de valorar el enlace entre el maurismo y el fascismo de los años 30. La pionera técnica empleada, que Neira aplicó con la ayuda del ordenador a costa de infinitas horas, era el análisis del discurso. En la defensa de la tesis se registraron desde el tribunal objeciones rayanas con el surrealismo, pero Jesús replicó con la convicción que le caracterizaba y obtuvo el premio extraordinario de doctorado. Luego, siguió otro camino académico. Del Neira que conocí en sus años jóvenes, amén de aquella extraordinaria dedicación, destacaba la firmeza en la defensa de las propias convicciones, ejercida con seguridad y elegancia. No me extrañó nada su comportamiento altruista. Sirvan estas líneas de sentido homenaje.

El episodio sugiere un comentario adicional, sin olvidar el valor de su acción, la brutalidad del agresor y la en principio incomprensible defensa de éste por la agredida. Por desgracia, esto último es lo normal, y no sólo entre la gente del bronce. De poco servirán las merecidas Cruces al Mérito si no cala en la sociedad una educación cívica: la ministra de Educación conoce muy bien hasta qué punto personas por encima de toda sospecha tienden a inclinarse ante el agresor. Recuerdo el caso de una universitaria que amonestó a su protector espontáneo: “¡No debiste defenderme! Yo me las hubiera arreglado sola”. Así que mientras no cambie la mentalidad: defensa de los agredidos, pero también cautela.

Y no todo ha sido amargura en torno al color negro. Cabe también el error, al adjudicar siempre tal calificativo al candidato Barack Obama, cuando Obama no es negro, sino mulato. Negro es el porvenir para todos si vence el ticket formado por el heroico MacCain y su feroz cazadora de renos, modelo de typical American girl from a typical American town, que diría Pete Seeger. Acompañada además de una guardería ambulante. Un hallazgo, con su oportuno antiabortismo, para nuestra derecha. Para mí, una pesadilla.

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El periodismo, una actividad esclavizada por un monopolio que se derrumba, de Juan Vega en su Blog

Publicado en Derechos, Medios, Política by reggio en Agosto 29th, 2008

Reunión de intelectuales

Las vacaciones son fundamentales, como el sueño, para ordenar las ideas, y aquí les tiro, encima de la mesa, dos cuestiones sencillas, pero esenciales, que para mí, por formar parte de las que han marcado mi propia vida, resultan de una importancia capital, aunque realmente sospecho que se trata de problemas de rabiosa actualidad en todo el mundo.

El planteamiento es el siguiente: ¿en qué se diferencia la literatura y el periodismo, como géneros del escribir, en un mundo en el que el literato es un raro ser lleno de privilegios, mientras que el periodista es un esclavo del editor de por vida? Porque por si alguno no lo sabe, se lo recuerdo: mientras que el “escritor” es una vaca sagrada en nuestras sociedades, el periodista, que curiosamente no es un “escritor”, no es dueño de lo que escribe, sino que el resultado de su trabajo intelectual, es propiedad del editor (ver el Artículo 8 de la Ley de Propiedad Intelectual). Un curioso estado de cosas, que viene ya de la noche de los tiempos, que en la era de Internet y los blog vuela por los aires, abriendo el paso a una confusión total sobre lo que nos espera.

Para empezar, ahí va la banal constatación del uso del lenguaje. “Escritor” es todo aquel que escribe cosas que no tienen que ver, mayormente, con la realidad, e incluso cuando es “escritor realista”, está obligado a esconder totalmente a sus personajes -salvo que estén muertos-, bajo amenaza de ser expulsado de tan feliz comunidad. Es “escritor” cualquiera, tenga un enorme conocimiento del lenguaje o sea analfabero funcional, ya sea persona de ideas coherentes, ya un orate confuso; basta con que publique sus obras en papel impreso, siempre que no sea en un periódico o una revista, puesCarlos Rizzi entonces deja de ser “escritor”, y se convierte en periodista. ¡Oh milagrosa ley del embudo, que transmuta al amo en esclavo, cuando se trata de “informar” a los ciudadanos!.

Así pues, el periodista no es un “escritor” emancipado, sino un esclavo no manumitido , y por lo tanto sometido,  que carece de derechos sobre lo que escribe, y de hecho, cuando un periodista quiere quitarse el polvo, y aspira a un mayor reconocimiento, firma en sus “créditos”, con la aparente redundancia de “escritor y periodista”, y de hecho, dos de ellos -escritores y periodistas-, han logrado en España el suficiente predicamento, como para ser incluídos en el selecto círculo de la Academia de la Lengua, y que no en vano, ambos son más editores que periodistas.

Por si alguien no lo sabe, en contraste con el entusiasmo que derrocha nuestro sistema hacia la figura del llamado “escritor” -que forma parte de los a su vez llamados “intelectuales”, cuya misión fundamental es firmar manifiestos de apoyo de quien manda o quiere mandar, y si no callarse-, el periodista, que no es ni “intelectual” ni artista -salvo el bueno de Mariano José de Larra, que es la excepción histórica que confirma la regla-, se encuentra con que su firma tiene muy poco valor social, salvo casos muy contados en los que el afortunado es, como vemos, además de periodista, editor, pues -y hay que insistir en que ésta es la clave- el periodista no es dueño de sus obras, y esa es la diferencia fundamental que explica por qué un plumilla -potencialmente una persona cultísima, que ha escrito miles de páginas-, no es un “escritor”, mientras que un patán, que en su vida ha escrito cuatro versos carentes de sindéresis, sí lo puede ser, y de hecho hay muchísimos así.

Como vemos, y dejando sentado que la cuestión esencial es que la obra periodística es propiedad, en todo el mundo, del empresario, y si en España por ejemplo, eso ocurre con el derecho patrimonial, en el derecho norteamericano, que impregna Internet, la work made for hire, incluye también los derechos morales, cuando llegamos a concluir que de esta manera el periodista se convierte en un auténtico esclavo del editor -¿quién marca la línea?-, que aparece así beneficiado con una extraña prebenda, pues sí los ciudadanos no pueden ser periodistas para gozar de la protección de las leyes de prensa, y esa protección se dispensa tan sólo a las empresas periodísticas, nos encontramos con que la información y la opinión son un monopolio mercantil, ajeno a las personas particulares, sin que esto tenga nada que ver ni con la calidad de la obra, su seriedad o su rigor, sino con el derecho de propiedad y el control de la información y la opinión en las sociedades.

Así de grueso. Así de contradictorio con todas las constituciones y declaraciones de derechos fundamentales de la persona. Los ciudadanos no tienen derecho a informar, a pesar de la revolución de los blog, dado que sólo pueden informar los asalariados de los empresarios -eso sí, mientras están asalariados, si no, no- que tienen el monopolio de la información, concedido por las leyes y los estados.

Les recomiendo un interesante artículo del profesor de la Universidad del País Vasco, Javier Díaz Noci, que es de los pocos “intelectuales” que tienen colgado en la red ensayos sobre tan apasionantes cuestiones, que nos recuerda un dato muy interesante, que debe ser tenido en cuenta: el origen del llamado “derecho de autor” o “propiedad intelectual”, no es tanto el proceso de creación de un derecho, cuanto la búsqueda de un culpable para ser castigado, y cita una obra de Luis Gil del año 85, para ilustrar la figura de la llamada apropiación penal: “en relación a lo que podría llamarse la apropiación penal. Los textos, los libros y los discursos empezaron a tener realmente autores (…) en la medida en que se podía ser castigado”.

Para ilustrar los primeros textos en los que se encuentran los orígenes de estos supuestos derechos en nuestra época, Díaz Noci cita un texto del brasileño Carlos Rizzini, recogido en su obra O jornalismo antes da tipografia. Se trata de una ordenanza promulgada por el Rey Cristianísimo, Carlos VI de Francia, en 1395, aunque hay muchos más textos de la época, éste es muy elocuente, y comprensible, a pesar de tratarse de francés medieval: “À tous ditteurs, faiseurs de ditz et de chançons et à tous autres menestriers de bouche et recordeurs de ditz que ils ne facent, dyent, ne chantent, en place ne ailleurs, aucuns ditz, rymes ne chançons que facent mention du Pape, du Roy, nostre sire, de nos seigneurs de France (…) soubs peine (…) d’estre mis en prison deux moins au pain et à l’eaue“.

Ya ven, dos meses de prisión a pan y agua, a todo aquel que ose mencionar al Papa, al Rey “nuestro señor”, o nuestros “señores de Francia”. Que se lo digan a nuestro ilustre y genial don Francisco de Quevedo y Villegas, que acabó cargado de cadenas en San Marcos de León, cuando al Conde-Duque de Olivares se le hincharon las pelotas, ante la libertad que había sido capaz de hacer gala un hidalgo de poca monta, como era el Señor de la Torre de Juan Abad.

Así pues, desde los tiempos de Carlos VI de Francia, pasando por la España de Felipe IV y su valido, don Gaspar de Guzmán y Pimentel, hasta nuestros días, la historia del derecho de autor, es la historia misma de la usurpación por los poderosos del supuesto derecho a informar y a la información, siempre prohibido a los particulares, lo que nos sume hoy en una enorme perplejidad ante la explosión de Internet, que permite que cualquier ciudadano organice y gestione un medio de comunicación, como son los blog, o las páginas que difunden blogs, como es el caso de nuestra experiencia en ElComentario.TV, ya que nadie sabe qué derechos tiene o deja de tener cada uno, en esta nueva selva, en la que se utiliza a la Agencia Nacional de Protección de Datos Informáticos, cuando conviene (incluso de una manera, como en este caso, que hasta el más tonto ve que nada tiene que ver el derecho protegido en la ley con su aplicación; ver Artículo 6 de la LPD), para multar a los ciudadanos que recogen hechos noticiosos con una cámara de vídeo, apuntalando así una vez más el monopolio de la información a favor de las empresas mercantiles, en detrimento del derecho a la libre información, porque sí, sin apoyo legal alguno, porque al que manda se le antoja y el que obedece obedece y se acabó. No hay más que hablar. Aquí estamos como en la España del Conde-Duque otra vez.

Evidentemente, vienen tiempos confusos, en los que habrá que ir descubriendo qué es lo que se puede o no se puede hacer aquí, pero lo cierto es que el contexto tecnológico es totalmente favorable a los ciudadanos, puesto que el monopolio empresarial de la información y la opinión, que ha venido a sustituir a la prohibición de hacer “mention du Pape, du Roy, nostre sire, de nos seigneurs de France”, se derrumba ante una realidad imparable: el empresario de comunicación, es aquí y ahora, en el universo de la blogosfera, un personaje superfluo, ante la soberanía del indivíduo.

¡Veremos cómo acaba esto! Pero mientras empieza o acaba, la aventura es fascinante, aunque lo más probable es que el camino nos conduzca hacia un nuevo fascismo, que ya se deja escuchar aporreando las puertas del sistema, con abusos de poder, fraudes de ley y una sistemática desviación en la aplicación de las normas que se aplican.

Propaganda antifascista en la Guerra Civil española

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Tango sin letra, de David Torres en El Mundo

Publicado en Cultura, Medios by reggio en Agosto 28th, 2008

A DIESTRA Y SINIESTRA

Decía Jorge Luis Borges que todas las artes aspiran a la música, que es pura forma, y se quedó tan ancho. Es una frase que Borges a su vez le había mangado a Walter Pater, pero viste mejor en el rostro medio borroso del argentino sabio, que no sólo era medio ciego sino también medio sordo, y a quien no le gustaba otra música que la milonga y el tango arrabalero y un poco de Brahms, pero esto fue culpa de una medio novia que al final, como siempre, le dio calabazas.

Así que, igual que todas las artes aspiran a la música, es decir, a la pachanga, toda manifestación periodística tiende a la prensa rosa. La forma pura en que consiste la música es quitarse de encima la letra, el libreto de la ópera y el coñazo de los cantautores (que no son más que poetas tartajas y parapléjicos que necesitan la muleta de una guitarra) para estilizarse en un sonsonete que puede ser el himno del Atleti o la bacanal de Tannhauser pero tampoco importa mucho. Al fin y al cabo, la música está hecha sólo para vestirse con ella y tirarse a las trincheras, o bien para desnudarse con ella y saltar a una cama convenientemente decorada con una señora.

Un periodista tan argentino como Borges se inventó una conversación entre el piloto y el copiloto de Spanair como si estuviera improvisando una milonga o más bien poniéndole letra a una marcha fúnebre. El tipo decía que la había sacado de la caja negra del avión siniestrado y sólo le faltaba la guitarra. Lo soltó ante el micrófono sin cortarse un pelo, con el mismo aplomo doctoral con que Mariñas, María Patiño o cualquiera de esos alimoches con licencia para engañar le inventan una boda a la Duquesa de Alba o una novia a Paco Porras.

Hace tiempo que el periodismo ha caído tan alto que es difícil saber por donde vuelan las líneas aéreas informativas. Entre el circo de especulaciones perfectamente precoces y gratuitas, los buitres con micrófono prefirieron hurgar en ese asunto tan delicado y sabroso, el interés humano, es decir, el corazón, la misma ensangrentada víscera en donde hozan los Mariñas y las Patiños cuando buscan sus suculentas trufas.

En el oficio, la cosa viene de lejos. A George Bernard Shaw le publicaron la noticia de la muerte cuando todavía estaba vivo y bromeando. Un periodista se plantó ante la puerta del insigne dramaturgo, quizá para picotear en las entrañas de la viuda, y se encontró con que el cadáver le abría la puerta. Cuando le plantó en la cara el periódico con la noticia de su fallecimiento, el octogenario comentó con su típico humor flemático: «Me parece una noticia prematura y exagerada». Casi tanto como las teorías sobre el accidente que ya circulan por todas partes, desde internet hasta la cola de la panadería. Por eso mismo a una catástrofe aérea le ponemos música. No sabremos la letra, pero la tarareamos.

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De la (in)seguridad en los aviones, de Santiago Areal y Raúl Hernández en El Mundo

Publicado en Derechos, Medios, Política by reggio en Agosto 23rd, 2008

TRIBUNA LIBRE

Los autores desgranan el procedimiento de investigación que, de acuerdo con la legislación española, se sigue en caso de accidentes catastróficos como el de Barajas

El elemento seguridad, materia de ineludible atención en cualquier actividad emprendida por el hombre, posee en la aviación civil un cariz distintivo, ocasionado por la ingente cantidad de pérdidas humanas y la proporcionalidad de los daños materiales que puede llegar a ocasionar un accidente aéreo.

La seguridad operativa es aquella cualidad mediante la cual los acontecimientos relacionados con el aerotransporte aparecen exentos de todo peligro, daño o riesgo. En consecuencia, el alcance de esta seguridad comprenderá todas las medidas aplicables a los tres ámbitos implicados en el vuelo: la aeronave; las infraestructuras de servicios en tierra; y el factor humano.

El pasado 20 de agosto un avión de la compañía Spanair sufrió un accidente en el aeropuerto de Madrid-Barajas, con el fatal desenlace por todos conocido. Desgraciadamente, no es la primera ocasión en la que sucede algo parecido. Sabemos, porque así lo reflejan las estadísticas, que el transporte aéreo es con diferencia el medio de locomoción más seguro. Sin embargo -y más en este caso porque los hechos han golpeado a familias españolas-, algo nos dice que nunca podremos acostumbrarnos ni superar nuestros miedos. Rara vez los accidentes automovilísticos muestran la intensidad que estos días palpamos tras el siniestro de la T4. La dinámica en casos así, a su vez, es la misma de siempre. Parece que todos, familiares de víctimas, sociedad y medios de comunicación, queremos saber más, queremos conocer el porqué. Los tiempos para las respuestas ya están marcados, y éstas vendrán determinadas por lo que establezca la Comisión de Investigación. Este es momento para el apoyo y la ayuda encaminada a superar el tan difícil trance, para que las familias rindan honores a los fallecidos.

También es el momento de exigir a todas las personas y autoridades implicadas en el esclarecimiento de los hechos el máximo rigor en su trabajo, que no es otro que la búsqueda de la verdad, de lo que realmente allí sucedió. Dejemos por tanto que realicen su función de la forma más diligente; y no sólo porque se lo deben a los fallecidos, sino también a su memoria y a sus parientes. Tiempo habrá, más adelante, para hablar de indemnizaciones, tribunales competentes o seguros.

No se pueden eludir las reacciones naturales de impacto, frustración e incertidumbre ante un accidente de esta naturaleza. La aviación ha experimentado en las últimas décadas un sensacional avance tecnológico, gracias a la labor continuada de las autoridades y organismos internacionales, las compañías aéreas, el personal aeronáutico y de gestión de control de tráfico aéreo, los fabricantes de aeronaves, y todas las entidades relacionadas con el ya centenario aerotransporte civil de pasajeros. Sin embargo, dadas las circunstancias catastróficas del evento, resulta complicado tratar de explicar que el transporte por vía aérea, al igual que cualquier otro medio de locomoción -e incluso que cualquier otra actividad realizada por el hombre- no es infalible.

A pesar de que la seguridad sea la prioridad número uno del sector, hablamos de una actividad socio-técnica compleja y no exenta de riesgos. Estadísticamente, el lapso comprendido en las maniobras tanto de despegue como de aterrizaje suele ser la etapa más crítica, pues requiere de una interacción precisa entre el elemento humano y la nave -que está expuesta a su vez a las circunstancias climáticas que rodean la maniobra-. Es una fase en donde las comunicaciones con las infraestructuras de gestión y control de vuelo resultan vitales. A nivel mundial, en los tres años anteriores, 18 accidentes con víctimas mortales sucedieron en la fase de aterrizaje: 10 durante maniobras de descenso para el mismo y nueve durante las operaciones de despegue.

Dentro del despegue pueden suscitarse problemas técnicos o humanos, como la deficiencia en la transmisión de comunicaciones torre de control-aeronave. Este fue uno de los fallos en el impacto entre los vuelos KLM4805 y PANAM1736, del 27 de marzo de 1977, en el aeropuerto de los Rodeos (Tenerife). También pueden encontrarse elementos extraños en pista que dañen funcional o estructuralmente la nave, causa del incendio y posterior impacto del Concorde, el 25 de julio de 2000.

Tras un accidente aéreo, aparece un escenario que demanda acciones inmediatas y concretas, orientadas a la atención y reparación de los daños a las víctimas y sus familiares, así como a la realización exhaustiva de la investigación técnica del accidente. Tal investigación observa un procedimiento cuyas pautas recoge el protocolo del Anexo 13 al Convenio de Aviación Civil Internacional, inspirado en el fortalecimiento del nivel de seguridad operativa de la aeronave, para evitar en el futuro eventos similares.

De esta guisa, será la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil la entidad responsable de elaborar el informe que determine las causas y circunstancias que acompañaron al infortunio aéreo del pasado miércoles. Y pese a la más que justificada inquietud por conocer las causas, debemos ser conscientes de que la propia naturaleza del hecho requiere un plazo amplio de investigación, pues las labores que realiza el personal cualificado de la Comisión irán desde la recopilación de toda la información relativa al accidente y el análisis de los hechos, hasta la reconstrucción de un escenario que pueda plantear la causa o concausas fundamentadas de forma racional.

Desde hace cinco años, España cuenta en este ámbito con un orden jurídico especial, que pivota en torno a la Ley de Seguridad Aérea (Ley 21/2003, de 7 de julio). Mediante esta ley se estructuró una plataforma de organización, determinando las competencias de los órganos de la Administración General del Estado en materia de aviación civil, regulando la investigación técnica de los accidentes e incidentes aéreos civiles y estableciendo un régimen jurídico de inspección aeronáutica.

En lo tocante a la investigación técnica de accidentes e incidentes de Aviación Civil (prevista anteriormente por el Real Decreto 389/1998, de 13 de marzo), la Ley de Seguridad Aérea plantea la consecución de tres objetivos esenciales: en primer lugar, el refuerzo de la independencia de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil, limitando las facultades del Ministerio de Fomento para nombrar y cesar a sus miembros. En segundo término, se contempla la obligación de comunicación y colaboración con dicha comisión por parte de autoridades, operadores, titulares de instalaciones y servicios y demás personal aeronáutico. Igualmente, ha de procederse a la clasificación de datos e informes enviados a la comisión, reservando su cesión en aquellos casos en que sea requerida por los órganos judiciales penales o por el Ministerio Fiscal (o por otros organismos de investigación técnica de accidentes e incidentes, cuando tal comunicación constituya una medida para prevenir un accidente o incidente grave en el futuro).

Es tiempo de solidaridad y desconsuelo, pero también resulta un momento oportuno para la confianza en las instituciones y la responsabilidad de las autoridades en el esclarecimiento de este infortunado hecho.

Santiago Areal es profesor de Derecho Internacional Privado en la Universidad Carlos III de Madrid. Raúl Hernández es doctor en Derecho y especialista en Derecho Aeronáutico.

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Algunas verdades y mentiras, de Alberto García Pérez en El Mundo

Publicado en Derechos, Medios, Política by reggio en Agosto 23rd, 2008

TRAGEDIA EN BARAJAS: EL ANALISIS

En los últimos días algunos ‘expertos’ han ofrecido explicaciones sobre las posibles causas del accidente del avión de Spanair que no se ajustan a las realidades técnicas. El autor aclara todas las dudas posibles con la limitación de datos que existe

Mucho se ha especulado en torno al accidente del avión de Spanair. Realmente, no sorprende la cantidad de expertos que opinan sobre el tema, pero sí las imprecisiones, por ser benevolente, que dichos expertos vierten y que acaban confundiendo y encrespando a la población. En las próximas líneas, intentaremos aclarar algunos de los comentarios realizados.

1. El avión siniestrado, un McDonnell-Douglas MD-82, es uno de los aviones más fiables que existen. Su tasa de fallo es de 0.52 accidentes cada millón de horas voladas. La media de toda la aviación comercial está en el entorno del 0.68. Obviamente, el avión está por encima de la media en términos de seguridad, si bien hay que aclarar que en la tasa de accidentes no sólo intervienen las cualidades técnicas del aparato sino, más frecuentemente, el factor humano, lo cual es casi independiente del aparato.

2. El avión no era un modelo viejo. Tenía 15 años y estaba, por tanto, en la mitad de su vida operativa. Los aviones actuales tienen una vigencia de 25 a 30 años, gracias a su diseño y a la labor de mantenimiento que se realiza periódicamente. Las revisiones no se realizan cada 500 kilómetros, como indicaba algún medio, sino cuando así lo establezca el manual del aparato en función de los ciclos y/u horas de vuelo acumuladas. Si se iba a jubilar a partir de septiembre se debía únicamente a su excesivo consumo de combustible frente a aviones y motores más modernos. Los comunicados de Spanair aseguran que se han seguido todas las revisiones de mantenimiento, como es obligatorio, y que se habían superado los controles aleatorios de Aviación Civil sobre su sistema de calidad. Esto, en principio, no debe levantar ninguna sospecha sobre la situación del avión.

3. Tras la incidencia del encendido de la luz roja en el cockpit, el piloto optó por ir a una zona de estacionamiento de la T-4. La norma determina la obligatoriedad de desembarcar a todos los viajeros si se vuelve a una puerta de embarque. Para evitarlo, es habitual acudir a una zona de estacionamiento y esperar a que los técnicos decidan.

4. El incidente de la luz roja antes del despegue no tiene por qué estar relacionado con el accidente. Un avión es un vehículo muy complejo con cientos de sistemas incorporados y, por tanto, muchos posibles fallos. Sin embargo, no todos estos fallos afectan a la seguridad en vuelo. Existe una lista que determina el equipo mínimo que se debe llevar para poder volar de forma segura. Por ejemplo, si no funcionan las pantallas de vídeo, el avión tiene un fallo técnico, pero puede despegar. Sin embargo, si falla algún indicador crítico del motor, será necesario cambiar de aparato o repararlo. Cada fallo del avión y del motor tiene asignada una categoría GO (puede volar) o NO GO (no puede volar) y la obligación de la compañía aérea es seguirla a rajatabla.

5. Las reparaciones se realizan siempre de acuerdo a un manual y con procedimientos definidos por el fabricante de la pieza o equipo. En aviación, no existen las tradicionales chapuzas de algunos garajes mecánicos de coches. Existen fallos que se pueden reparar en la propia pista en media hora y otros fallos que exigen que el avión sea llevado a un hangar e incluso que se le extraiga la pieza y se mande al fabricante para su reparación. Ningún mecánico reparará un componente fuera de sus especificaciones.

6. En caso de avería, el personal de mantenimiento puede optar por repararlo en el instante o aislar el problema para arreglarlo más tarde. Por ejemplo: si un grifo gotea, usted puede optar con arreglarlo al instante cerrándolo un poco más o cortar la lleve general y arreglarla más tarde. Spanair optó por la segunda opción. Si el vuelo fue autorizado por el departamento de operaciones de la compañía es que esta decisión estaba de acuerdo con los manuales de reparación y no afectaba a la seguridad en vuelo. Otro asunto distinto es si se ha interpretado bien el fallo. En cualquier caso, si el piloto sospecha de algo extraño, tiene la autoridad para abortar el vuelo, aunque tendrá que justificar adecuadamente esta decisión.

7. Los pilotos no están capacitados para realizar acciones de mantenimiento, pese a que en algunos medios se ha indicado que era práctica habitual en Spanair. Entre sus labores está realizar la inspección visual prevuelo, que consiste en dar una vuelta alrededor del avión para comprobar que no existe nada extraño como una rueda desinflada o alguna abolladura producida por un pájaro que pueda haber dañado el avión. Esta labor se suele delegar en ocasiones a personal de tierra.

8. Los accidentes de avión muy raramente se producen por un hecho aislado, ya que se diseñan para que sean capaces de compensar estos fallos. Normalmente, los accidentes se producen por un cúmulo de circunstancias. Así pues, el fallo de un motor durante el despegue no constituye por sí mismo un motivo de accidente. Los pilotos se entrenan cada 6 meses en un simulador para reaccionar con rapidez. Si ha habido un accidente es porque se ha producido un segundo fallo que, unido a la baja altura, ha contribuido a agravar el problema.

9. Finalmente, la investigación exhaustiva que ha prometido Zapatero constituye una promesa superflua ya que en cualquier accidente aéreo se activan automáticamente los protocolos de investigación cuya misión es establecer, hasta el más mínimo detalle, las causas. En estas investigaciones intervienen especialistas del país donde ha tenido lugar el accidente, del país donde se ha diseñado el avión y los motores, así como especialistas de las empresas fabricantes.

Varias posibilidades

¿Qué ha podido fallar? Es difícil de aventurar en ausencia de datos fiables. Lo único casi seguro es que el accidente no se ha debido producir por un fallo simple, sino por una secuencia de fallos.

Si el motor ha explotado, por ejemplo por la rotura de algún disco de turbina, la metralla generada ha podido afectar a la cola del avión o al otro motor. En el primer caso, el piloto se habría visto incapaz de controlar el avión. En el segundo, la pérdida de empuje habrá hecho que el avión caiga al suelo sin tiempo para reaccionar.

¿Está relacionada la explosión del motor con el incidente de la luz roja? En principio, es difícil encontrar una conexión. Si luz roja corresponde a sobretemperatura de la góndola del motor, entonces una rotura en alguna tubería de aire, como el sistema antihielo, ha podido sobrecalentarla y reducir las propiedades mecánicas de las piezas que componen el motor. Pero, de nuevo, exigiría que otro componente tuviera ya algún tipo de daño severo que habría sido agravado por la sobretemperatura.

Otros motivos para el apagado del motor pueden ser el reventón de una rueda cuyos fragmentos hayan sido ingeridos por éste, como sucedió en el Concorde, o la simple absorción de un pájaro. Estas dos hipótesis difícilmente justifican lo ocurrido ya que son fallos simples, no una cadena de eventos. Por ejemplo, en el caso del Concorde, una pieza sobre el asfalto provocó el reventón de un neumático que acabó penetrando en los tanques de combustible, incendiando el avión y haciendo que los motores se apagaran uno a uno por la ingestión de gases calientes. El avión, en ausencia de potencia, acabó estrellándose. Todo el proceso duró algunos minutos, no fue tan súbito.

El piloto de un avión que estaba aterrizando en el momento del accidente ha indicado que el MD-82 parecía falto de empuje y que estaba consumiendo buena parte de la pista de despegue. Con tan pocas evidencias es difícil aventurar una razón para el accidente. El calor, por ejemplo, causa que los motores proporcionen menos empuje. Entre las compañías aéreas también es habitual emplear despegues flexibles (Flex Take-off), que tienen como efecto reducir la potencia de los motores con el fin de economizar vida en las turbinas pero a costa de recorrer más pista de despegue. Son factores de sobra conocidos y ya se tienen en cuenta para calcular la distancia de despegue. Es difícil pensar que el piloto haya intentado despegar sin velocidad suficiente por miedo a salirse de la pista.

A día de hoy, aparte de algunas de las hipótesis, no hay más remedio que esperar a que la comisión investigadora dé una primera versión preliminar basándose en los datos de la caja negra y los testimonios recogidos.

Alberto García Pérez es periodista de aviación, ingeniero aeronáutico y consultor. Ha obtenido el premio de Aena en 2008 al mejor periodista de aviación.

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