Reggio’s Weblog

El Musel, un escándalo que no existe en la sociedad asturiana, de Juan Vega en su Blog

Publicado en Asturias, Economía, Justicia, Medio ambiente, Política, Sociedad by reggio en Septiembre 11th, 2008

Fernando Menéndez Rexach y José Luis Diaz Rato, en la rueda de prensa en la que la Autoridad Portuaria reconoce el sobrecoste de El Musel

Fernando Menéndez Rexach y José Luis Díaz Rato, presidente y director de la Autoridad Portuaria de Gijón

Como bien apunta nuestro colaborador Portuario, en Asturias ha quedado definitiamente al descubierto la manera en que aquí se gestionan los fondos públicos. Hablamos de cifras escalofriantes que no necesitan ser pormenorizadas otra vez, aunque baste con recordar que los 135 millones de euros solicitados a Europa -esos son los fondos que están paralizados-, son una parte de los 216,3 millones sin IVA de un sobrecoste escalofriante, correspondiente a una obra que en su momento se licitó en 580 millones. Un sobrecoste que en Europa se presentó como segunda fase de un proyecto en el que no existen fases. Es decir, el sobrecoste, que no ha sido explicado ni en el Parlamento asturiano (las excusas sobre las canteras resultaron patéticas, pues no había ni contratos cuando se adjudicaron las obras), ni en el Parlamento español, se intentó cargar a los Fondos de Cohesión, camuflado por un concepto diferente, como si no fuese un sobrecoste, en definitiva, como si aquí no hubiera pasado nada.

Es más, el Consejero Francisco González Buendía se atrevió a afirmar en la Junta General del Principado, que es un dinero que no aportan los ciudadanos asturianos, que sencillamente dejan de contar con esa cantidad para sus obras públicas.

La Autoridad Portuaria, un engendro administrativo que oscila entre el derecho privado y el derecho público, y que utiliza esa singularidad para dotarse de una especial opacidad -su gestión depende a la vez de Asturias y Madrid-, no es un ente ajeno a las decisiones de políticos con nombres y apellidos, pues tanto el nombramiento de su presidente, como el de la mayoría del consejo de administración, depende de nuestra comunidad autónoma, y tan grande es el tejido de complicidades allí desarrollado, que nada menos que todos los firmantes del llamado ACEBA, patronal y sindicatos, junto con el propio Gobierno, constituyen el núcelo duro de ese organismo, junto con el presidente de la Cámara de Comercio de Gijón,  un hombre de la máxima confianza del presidente Vicente Álvarez Areces, que ocupa allí un lugar muy relevante.

Es terrible pero cierto. El gobierno y los agentes sociales asturianos, que tanto dinero canalizan al margen del control de los organismos habilitados por la legalidad para gestionar la concertación social, como como es el caso del Consejo Económico y Social -que lleva muchos años vacío de competencias- están en el corazón de una jugada que está siendo rechazada por la Unión Europea, por su más que evidente falta de adecuación a la legalidad en la gestión de los contratos públicos.

Cuando publicamos esta noticia, ya perfectamente conocida por todos los protagonistas de la actualidad. Pasaron las horas. Y sin embargo, en los periódicos del día no se publica otra cosa que lo que ya sabíamos. No hay comentarios al respecto. Nada que hacer. Nada que decir.

Los Verdes, denunciantes de la situación en Europa, han El Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria paseando por Gijón, el dia en que se aprobó la tramitación del sobrecoste rechazado por Europadesaparecido del mapa. Al fin y al cabo, su coalición ya está negociando entrar en el gobierno al que han denunciado, lo que no hace sino incrementar las sospechas de quienes temen que en realidad la denuncia no sea otra cosa que una palanca para recuperar los cargos y la financiación perdida tras la salida de IU del ejecutivo.

En cuanto al Partido Popular, su situación es aún más descorazonadora. El PP no parece tener ya el menor interés en jugar el papel que la Constitución le otorga en el juego político de las instituciones, sumido como está en el debate interno abierto ante su próximo congreso. Todo el mundo teme equivocarse, y los posibles candidatos buscan el respaldo de las fuerzas vivas para sus aspiraciones. ¿Qué fue de la petición de comparecencia en el Congreso del Presidente de Puertos del Estado? En tal situación, para qué mojarse ante un fraude clamoroso.

¿Puede aceptar resignadamente una sociedad la evidente malversación de dinero público sin que ninguna instancia representativa tenga nada que decir? Pues sí, en el caso de Asturias es así.

Habrá que estar atentos a las reacciones que aún se puedan producir, pero si algo es ya evidente, es que se diga lo que se diga, ya serán reacciones tardías, pues si viviésemos en una sociedad sana, debería haberse producido una inmediata catarata de dimisiones.

Aceptando que nuestra sociedad está enferma, y que se puede confirmar lo sucedido en El Musel sin que dimita nadie, lo siguiente sería una intervención enérgica de la oposición política. Pero ni eso. Así se confirma que nos encontramos en el peor de los escenarios posibles. No hay oposición, ni a la izquierda ni a la derecha del gobierno. No hay medios de comunicación -ellos también tienen la obligación de editorializar-, no hay intelectuales, no hay nada.

Y lo más grave es que esta tremenda corrupción que trufa nuestra convivencia, es en gran medida responsable de la crisis que estamos viviendo. ¿O alguien cree que la putrefacción de nuestra vida pública no es en gran parte la causa directa de la crisis que estamos empezando a padecer?

Etiquetas: 216, Unión Europea, Vicente Álvarez areces, 135 millones de euros solicitados a Europa, Fondos de Cohesión, Francisco González Buendia, ACEBA, sobrecoste, El Musel, 3 millones sin IVA, Los Verdes, autoridad portuaria
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Georgia: otra guerra con olor a petróleo y Gas, de Juan Vega en su Blog

Publicado en Economía, Energia, Internacional, Medio ambiente, Política by reggio en Agosto 27th, 2008

Gerhard Schröder, presidente del gasoducto Northstream

La guerra que ha enfrentado a Moscú con Tiblisi entre el 8 y el 12 de agosto, iniciada tras el manto mediático de protección que proporcionó a Rusia la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, tiene una clara motivación con olor a petróleo y gas, tal y como expone el asunto Jean-Michel Bezat, en un artículo publicado en Le Monde, titulado “Moscou veut garder le contrôle du pétrole et du gaz d’Asie centrale“.

Afirma Bezar, que “todo lo que desestabiliza Georgia, paso decisivo para el itinerario que sigue el petróleo y el gas del Caspio hacia Europa, es bueno para los rusos”, y  añade que “la cuestion va mucho más allá de este pequeño país: americanos y europeos quieren rodear Rusia e Irán, abriendo nuevas vías para asegurar una mayor seguridad energética”. Por su parte, Rusia, “pretende conservar o reconquistar el control de las exportaciones de gas y petróleo, también en las repúblicas ex soviéticas de Asia central, como Azerbaidján, Kazajstán y Turkmenistán”.

Así, durante el conflicto, Rusia no hizo otra cosa que advertir su disposición a tomar el control de los puertos georgianos del Mar Negro: “sus bombas y sus obuses no han caído lejos del oleoducto Bakú-Tiblisi-Ceiján (BTC), que une el Caspio con el Mediterráneo, atravesando territorio de Georgia. No hizo falta más para demostrar que los tubos que sortean Rusia están al alcance de los cañones rusos y que reaparece el fantasma del aprovisionamiento de Europa”.

Termina de describir el panorama geoestratégico que condicionaVladimir Putin y Dmitri Medvedev este conflicto: “hasta la construcción del BTC -firmemente apoyada por Washington- la mayor parte del petróleo de Asia central con destino a Europa, atravesaba por el puerto ruso de Novorossisk. Tras la entrada en servicio en 2005 del oleoducto BTC por el que circula a diario un millón de barriles (más del 1% del petróleo mundial), se han podido evitar los estrechos turcos que retrasan el transporte y multiplican los riesgos de colisión y mareas negras. Y sobre todo, evitan pisar territorio ruso y armenio”.

Así pues, a través de Georgia transita un tercio del petróleo del Caspio, ya que “es la única vía de exportacion del petróleo del Caspio que no pasa por territorio ruso o por los estrechos turcos que están saturados”, recuerdan Timothy Krysiek y Paulina Freedenberg en una nota del Cambridge Energy Research Associates (CERA), publicada a mediados de agosto en pleno conflicto. “si los combates entre Rusia y Georgia persisten y desembocan en una inestabilidad generalizada en el sur del Cáucaso, las consecuencias a medio y a largo plazo para el petróleo y el gas del Caspio serán graves”, añaden estos expertos de un grupo que está próximo a los medios petroleros americanos, según Bezat.

No debe olvidarse que tras la crisis ruso-ucraniana de enero del 2007, que produjo un grave problema de abastecimiento de gas a Europa, la UE dispuso que el proyecto Nabucco era prioritario. “Financiado por empresas privadas o públicas que aportaron cinco mil millones de euros, este gasoducto de 3.400 kilómetros debe trasladar el petróleo del Caspio hasta Austria, pasando por Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumanía y Hungría”.

Seis meses después de que se anunciase la construcción del Nabucco, “Gazprom anunció a su vez la construcción de otro gasoducto rival, junto con el grupo petrolero italiano Eni, el Southstream, que rodea Ucrania para alimentar también a Europa. Vladimir Putin llegó al refinamiento de proponer a Romano Prodi, presidente saliente del consejo italiano, que tomase la cabeza del consorcio encargado de su construcción. Esta vez, con menos éxito que el que consiguió cuando propuso que el gasoducto gigante que unirá Rusia y Alemania por el Báltico, el Northstream, fuese presidido por el ex canciller alemán Gerhard Schröder“.

Concluye su artículo Bezar, afirmando que “es necesario no equivocarse de estrategia y no ver a Rusia como una amenaza para la seguridad energética, anuncian algunos expertos, que consideran la diplomacia europea excesivamente agresiva. Lo esencial del gas que aprovisionará a Europa durante los próximos treinta años, vendrá de Rusia e Irán, pues esos dos países disponen del 42% de las reservas mundiales, recuerdan. Nabucco no será viable más que con gas ruso o iraní”.

Romano Prodi

Etiquetas: Southstream, Timothy Krysiek, Paulina Freedenberg, Northstream, proyecto Nabucco, Jean-Michel Bezat, Vladimir Putin, Gazprom, Le Monde, Eni, Cambridge Energy Research Associates, Romano Prodi, Gerhard Schröder

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¿Nucleares? No, ni gracias, de Javier Ortíz en Público

Publicado en Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente by reggio en Agosto 26th, 2008

No paran de aparecer artículos de prensa y de emitirse programas de radio y televisión que tratan de convencernos de que estamos llenos de prejuicios bobos sobre la industria nuclear.

No quiero simplificar. Sé que es de justicia distinguir entre aquellos que expresan esa opinión honradamente, porque así lo ven, y los que se sueltan ese rollo porque cobran de las eléctricas para hacerlo.

En todo caso, puedo asegurarles a ustedes que las multinacionales (y nacionales) de la industria nuclear se dejan una pasta gansa año tras año para que ese idea no desaparezca del primer plano de la actualidad.

Y también puedo asegurar que el debate está mal planteado. Deliberadamente mal planteado.

La cuestión no es si la industria nuclear, en general, podría ser de mayor o menor utilidad, bien controlada y puesta al servicio desinteresado de la Humanidad, sino determinar los peligros que tiene esta industria nuclear (la industria nuclear realmente existente), que ni está debidamente controlada ni está puesta a más servicio que el de sus ejecutivos y accionistas.

La producción de energía por vía nuclear, considerada en abstracto, presenta ventajas innegables y desventajas bien conocidas. Sabemos que afecta mucho menos a la atmósfera que el consumo de combustibles fósiles, nos consta también que aún no se ha encontrado un modo inocuo de deshacerse de los residuos que produce la fisión nuclear, etc. Vale. Pero todo eso, que debería ser lo principal, es secundario, porque de lo que estamos hablando no es de qué conviene o no conviene a la colectividad, sino de qué da más o menos beneficios a unos señores con muchísimo dinero y aún más influencias. Influencias también sobre los organismos estatales encargados de vigilarlos.

Bastantes de ustedes habrán visto la película El síndrome de China. Ayer, según leía las noticias sobre cómo los servicios de seguridad de Vandellós II trataron de impedir la entrada a los bomberos de la Generalitat tras el incendio que se produjo en la central, pensé que, una vez más, la naturaleza imita al arte.

Hacen con nosotros lo que les da la gana. Y los que no aplaudimos, bostezamos.

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Energía: lo público y lo privado, de Carlos Taibo en laRepública.es

Publicado en Ecología, Energia, Medio ambiente, Política by reggio en Agosto 24th, 2008

Quiere uno creer que entre nosotros va ganando terreno, paulatinamente, la conciencia de que el planeta no da para más. De resultas, la idea de que debemos tomarnos en serio la perspectiva de reducir los niveles de consumo y desdeñar las presuntas virtudes del crecimiento económico se impone en paralelo con la búsqueda incipiente de otras formas, más benignas y austeras, de organización de nuestras sociedades.

Hay quien dirá, en un argumento respetable, que la sensibilidad en lo que hace a estas cuestiones ha alcanzado incluso, siquiera sea livianamente, a nuestros gobernantes. Bastará con invocar al respecto el designio, formulado días atrás por el ministro de Industria, y al parecer no acompañado -bien es cierto- de medidas precisas, en el sentido de acometer una reducción de un 10% en el gasto energético de la maquinaria política y administrativa que dirige.

Se antoja extremadamente llamativo, sin embargo, que la certificación de que despilfarramos energía que se sigue, inevitablemente, de la decisión impulsada por el señor Sebastián en modo alguno conduce a trasladar a la ciudadanía el mensaje de que debe asumir, también, un cambio significativo en su conducta ante estos menesteres. Si uno quiere ser puntilloso estará obligado a reconocer que lo que acabo de señalar tiene, con todo, una excepción aparentemente relevante en la forma de las constantes recomendaciones que nuestros gobernantes han formulado, en los últimos años, en lo que atañe a la necesidad imperiosa de reducir el consumo de agua. No debe perder de vista el lector, sin embargo, que la excepción que nos ocupa se sitúa en un terreno muy singular, que en los hechos - parece - la anula como tal: la mayoría de los trechos de la economía del agua tienen un carácter público, o parapúblico, de tal suerte que la presencia de los intereses privados en el mercado correspondiente es a la postre menor.

Lo diré de otra manera: si en el caso del agua la condición primordialmente estatal de la economía afectada hace posible que nuestros gobernantes se muevan con encomiable soltura y se permitan reclamar con insistencia un esfuerzo ciudadano de reducción en los niveles de consumo, no puede decirse lo mismo de otros segmentos de la vida económica en los que los intereses del sector privado se imponen con rotundidad. Ahí está el caso del propio ministro Sebastián, quien semanas atrás no pestañeó a la hora de anunciar ayudas públicas para la adquisición de nuevos automóviles, presuntamente menos contaminantes, si los propietarios de los viejos se avenían a deshacerse de éstos. ¿No hubiera sido más razonable que, en un escenario indeleblemente marcado por la subida en los precios internacionales de las materias primas energéticas, nuestras autoridades apostaran con claridad por políticas encaminadas a convencer a los ciudadanos de que lo suyo es que vayan pensando en apartar el coche de sus vidas? ¿Es que nuestras autoridades no son conscientes de la sinrazón que acompaña al hecho de que la mentada subida en los precios de la energía no se ha visto seguida, como sería lo razonable, de reducciones notables en los niveles de consumo?

Para explicar lo anterior no hay que ir muy lejos: a diferencia de lo que ocurre con el agua, los sacrosantos derechos de las empresas privadas - en este caso las del sector del automóvil - se imponen, intocables, por doquier, y ello hasta el punto de que resulta sencillo imaginar cuál sería la reacción de aquéllas si los poderes públicos tomasen, en serio, cartas en el asunto de convencer a los ciudadanos de que también en relación con el transporte y sus cuitas deben cambiar drásticamente de hábitos. El lector con buena memoria recordará inmediatamente la patética reacción de repulsa asumida por alguna de nuestras empresas eléctricas cuándo, en un par de momentos en los últimos años, la ministra de Medio Ambiente decidió respaldar una simbólica campaña que nos exhortaba a reducir a la nada, durante cinco escuálidos minutos, nuestro consumo de electricidad en una tarde invernal. Como recordará, tal vez, que la legislación vigente impide que se invite a los ciudadanos a retirar sus depósitos en bancos que es notorio no han dudado en financiar a empresas sumergidas hasta el cuello en el comercio de armas, en la explotación del trabajo infantil o en el despliegue de irreversibles agresiones medioambientales.

Hay quien se sentirá tentado de recordar, por qué no, que el pecado de nuestros poderes públicos no queda dónde lo hemos dejado. Y es que no sólo se trata de que aquéllos eludan cualquier horizonte de contestación del negocio privado, aun a sabiendas de lo que éste acarrea, tantas veces, en los planos energético y ecológico: tan grave como ello es el hecho de que porfíen en construir faraónicas infraestructuras de transporte que el tiempo demostrará, más pronto que tarde, son literalmente insostenibles y que a poco más obedecen que al propósito de mover el carro de ese negocio privado que ahora nos atrae. Ahí está, por lo demás, el patético ejemplo que acaba de darnos el presidente Rodríguez Zapatero, quien al parecer no barruntó problema alguno en la fórmula verbal con la que remató su discurso de clausura en el congreso recientemente celebrado por el Partido Socialista: ¡A consumir!

Frente a tantos desafueros no queda sino reclamar la necesidad imperiosa de una rebelión ciudadana que denuncie con desparpajo el sinfín de prácticas impresentables que nos acosan, que reclame un drástico cambio de rumbo y que emplace a los dirigentes políticos a romper amarras —de esto se trata— con atávicos y esquilmadores intereses.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador de Bakeaz

La República, 29/07/08

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Fiasco nuclear en Finlandia, de Carlos Bravo en El Periódico

Publicado en Ciencia, Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente by reggio en Agosto 22nd, 2008

LOS MODELOS ENERGÉTICOS Y LA VIABILIDAD FINANCIERA

La central nuclear de Olkiluoto 3, en construcción en Finlandia, el buque insignia del tan cacareado renacimiento nuclear, hace aguas por todos lados: oficialmente, se admiten grandes retrasos sobre el calendario previsto y sobrecostes multimillonarios. Y eso que lleva sólo dos años de construcción.

En efecto, el European Pressurized Reactor (EPR), el nuevo modelo de reactor nuclear que la compañía francesa Areva, de titularidad estatal, está construyendo en Finlandia, es un clarificador ejemplo de lo caro y arriesgado que resulta invertir en este tipo de energía. En el 2001, Areva hizo grandes promesas sobre el EPR de Olkiluoto 3. Aseguró que sería construido en un tiempo récord de cuatro años (pese a que el tiempo medio de construcción de los reactores nucleares terminados entre 1995 y 2000 fue de 116 meses, es decir cerca de 10 años), que tendría un coste de 2.500 millones de euros, y que no se necesitaría recurrir a apoyos económicos estatales ni a subsidios. La industria atómica repitió entonces, hasta el hastío, que la construcción de este reactor era el punto de partida de un imparable “renacimiento nuclear”.

Pero, siete años después, la realidad pinta muy diferente. La construcción del reactor empezó en el 2005, y tan solo dos años más tarde, en el 2007, la propia Areva anunciaba en su página web que su terminación se retrasaría dos años con respecto a lo previsto (por lo que tendrá 2.200 millones de euros de penalización). Ya se reconoce de forma oficial un sobrecoste de 1.500 millones sobre lo inicialmente presupuestado. Informaciones recientes afirman que si Olkiluoto 3 estuviese terminada para el 2011, que es la fecha que ahora maneja Areva, le habrá costado a esta más de 5.200 millones.
A pesar de las declaraciones previas de Areva y toda la industria nuclear de que este reactor no requeriría apoyos financieros estatales, los bancos públicos de Suiza y Francia han tenido ya que realizar grandes préstamos para su construcción. Y, por si fuera poco, lo que empeora la situación, se han detectado ya más de 1.500 defectos de diseño y desviaciones de calidad en el reactor, lo que genera preocupaciones sobre su seguridad.

Así pues, el EPR es ya un gran fiasco económico. De hecho, el pasado mes de mayo, el presidente ejecutivo de la gigante eléctrica alemana E.On, Wulf Bernotat, advirtió que las nuevas centrales nucleares que algunos pretenden construir en Europa, costarían entre 5.000 y 6.000 millones de euros cada una (excluyendo la gestión de residuos radiactivos).

Son costes prohibitivos. Ciertamente, la energía nuclear perdió ya hace muchos años la batalla de la competitividad económica en unos mercados energéticos cada vez más liberalizados. No en vano, vista la experiencia en EEUU, la prestigiosa revista Forbes calificó a la energía nuclear como “el mayor fiasco en la historia económica norteamericana”. Asimismo, el Banco Mundial y otros bancos multilaterales no financian desde hace tiempo proyectos nucleares por no ser una opción eficiente en coste.

En la Unión Europea, aparte de Finlandia, solo Francia está construyendo actualmente un reactor, en estado aún incipiente. Por otro lado, Alemania y Suecia tienen programas activos de abandono de la energía nuclear. En el caso de España, el Gobierno ha anunciado la intención de cerrar el parque nuclear existente y no construir nuevas centrales.

En efecto, el PSOE ganó las pasadas elecciones generales con una serie de promesas, como la de cerrar las centrales nucleares de forma progresiva y sustituirlas por “energías limpias, seguras y menos costosas”, como reza su programa electoral. El abandono de la energía nuclear en España será una realidad si el PSOE y José Luis Rodríguez Zapatero cumplen su compromiso y no terminan defraudando a los ciudadanos, quienes, como han demostrado de forma reiterada los sondeos de opinión, desean mayoritariamente que se abandone la energía nuclear.

Zapatero lo tiene fácil, si quiere, pues la viabilidad técnica y económica de un sistema de generación eléctrica basada al 100% en energías renovables, que nos permitiría luchar de forma eficaz contra el cambio climático al tiempo que se abandona la energía nuclear, es un hecho ya comprobado científicamente. Un informe del Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IIT) de la Universidad Pontificia de Comillas, encargado por Greenpeace, ha demostrado, mediante un profundo análisis técnico, que existen numerosas combinaciones de las distintas tecnologías renovables (solar termoeléctrica, eólica terrestre, eólica marina, biomasa, solar fotovoltaica, hidroeléctrica, energía de las olas y geotérmica) que permitirían satisfacer al 100% la demanda eléctrica peninsular, las 24 horas del día y los 365 días del año, a un coste menor que el de un sistema basado en las tecnologías convencionales.

Lograr un modelo energético sostenible, libre de energía nuclear, basado en las energías limpias, es factible técnica y económicamente, y es lo más deseable desde el punto de vista medioambiental y de salud. El único gran obstáculo en ese camino es la falta de voluntad política: cada día que pasa sin cerrar las nucleares, Zapatero pierde un poco de su cada vez más escasa credibilidad.

Carlos Bravo. Responsable de temas nucleares de Greenpeace.

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Falsos protectores, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Publicado en Cultura, Derechos, Ecología, Medio ambiente, Política by reggio en Agosto 15th, 2008

Vanoise es un parque nacional situado en las estribaciones francesas del Mont Blanc. Aunque rodeado de hoteles y urbanizaciones, pistas de esquí y centros turísticos de toda índole, el afán preservador de las autoridades competentes, presionadas por sus técnicos, les lleva a prohibir sobrevolar la zona incluso sin motor.

Podríamos multiplicar los ejemplos a miles, hasta llegar al absurdo -compartido por algunos de los museógrafos serios que conozco- de cerrar los museos al público con la misma argumentación que impide visitar las cuevas de Altamira: la luz, la presencia humana o la combinación de ambas cosas deteriora las obras de arte. Sin ir más lejos, los bañistas de algunas zonas de la Costa Brava que acostumbran a salir con sus lanchas se están quejando ya de que no les permiten fondear en las calas, que cierran con cualquier excusa, desde la posidonia, ya desaparecida o que nunca estuvo, hasta la protección de los bañistas que, cuando no se puede llegar por tierra en coche, han dejado de acudir porque llegaban en barca. Los prohibicionistas de profesión podrían poner boyas, sujetas a bloques de cemento depositados en el fondo, como en las Medes -por cierto, insuficientes y muy disputadas-, pero parece que eso está cada vez peor visto entre los gestores de la naturaleza. De lo que tratan los protectores profesionales es de evitar al máximo la presencia humana en los espacios protegidos, como si esas porciones de naturaleza fueran para su privilegiado uso y disfrute personal.

No caen en la cuenta de que los parques naturales pueden existir y ampliarse, porque o bien la acción humana sobre esos territorios no los ha degradado, o bien los ha transformado con acierto, caso de los arrozales de Pals, de manera que el paisaje es ahora más atractivo que cuando se encontraba en estado salvaje. Los usos de un parque natural compatibles son, desde luego, muchos más de los que presumen quienes cobran un sueldo público para protegerlos. ¿O es, por ejemplo, que deberían volverse a inundar las grandes lagunas del Empordà desecadas con tanto tino, esfuerzo y provecho en los últimos siglos? Por ahí avanza un fundamentalismo del que nos deberíamos proteger antes de que sea demasiado tarde.

La gestión integral de territorio es, además de un bonito nombre, una entelequia. La coherencia entre los distintos departamentos de la Administración consiste en ignorarse mutuamente, si bien se observan de reojo, a fin de que la acción de uno no impida la del otro, por contradictorias que sean, y allá se las apañe el ciudadano. Sobre nuestro litoral inciden, cada cual por su lado, los de Ports, los de Turisme y los de Medi Ambient. Jamás, según los lugareños consultados, han acudido conjuntamente a explicar sus planes. Por la sencilla razón de que no son compatibles. Los de Política Territorial se devanan la mollera pretendiendo aumentar el número de amarres sin ampliar otro puerto que el de l´Estartit. Lo que, además de constituir un atentado paisajístico a las Medes y al pueblo, entra en flagrante contradicción con el proyecto de parque natural del Montgrí, les Medes i el Baix Ter, de orientación desertizadora. Si usted veranea en la Costa Brava y posee una barca o lancha, véndasela antes de que no pueda salir de puerto si no es para alejarse a toda prisa de la costa. Si está pensando en comprarse una, desista, por lo menos hasta que la Generalitat le dé garantías de que dispondrá de calas en las que tomar su baño. ¿Y los de Turisme? Ellos van a la pela. Su norte es independiente y opuesto al de Medi Ambient. Por ello engañan al posible visitante: las fotos promocionales que hacen la costa catalana tan atractiva corresponden a lugares que jamás podrán visitar, de los que está casi vedado disfrutar, a los que pronto estará prohibido siquiera aproximarse. ¿Es eso incremento de la calidad de la oferta? Más bien tomadura de pelo.

Ocultan los técnicos y sus jefes, los responsables políticos, que la degradación de ciertas zonas sumergidas del litoral se debe a factores ajenos a los bañistas y navegantes. Por ejemplo, los agentes químicos que bajan por los ríos, ante cuya desembocadura han desaparecido los peces de arena. Ciertas algas como de moco rojizo, antes desconocidas, que se pegan a las rocas hasta hace muy poco llenas de mejillones, erizos, tomates marinos, flora y fauna multicolor. Eso, no sólo les da igual, sino que lo silencian porque no les conviene. En el colmo de la incongruencia, el famoso proyecto de parque natural del Montgrí, les Medes i el Baix Ter excluye el propio río, el Baix Ter. A lado y lado, miles de hectáreas protegidas, hasta hoy por la sabia mano de sus habitantes, a partir de mañana por mentes ajenas al territorio. Pero lo que es el lecho del Ter y sus inmediaciones, eso queda fuera, salvo en los últimos tal vez dos centenares de metros. ¿A santo de qué? Tal vez no hay presupuesto para erradicar las cañas, que son especie invasora. Y no digamos la maleza que vuelve el Ter invisible a todo ojo humano, salvo el de quienes lo sobrevuelen en pequeños artefactos, con o sin motor… ¡hasta que se lo prohíban!

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Especulación urbanística contra Numancia, de José Barea en Cinco Días

Publicado en Cultura, Derechos, Historia, Medio ambiente, Política by reggio en Agosto 15th, 2008

El Ayuntamiento de Soria aprobó en 2006 su Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), como han hecho otros ayuntamientos, y en él no se incluyó el Proyecto Soria II, posteriormente (2007) aprobado como modificación puntual del PGOU. La finalidad de dicho proyecto es aumentar en 115 hectáreas el suelo industrial, cosa que podría ser razonable si en Soria existiera escasez de dicho tipo de suelo y su localización no afectara el patrimonio histórico de Soria.

Con respecto a la primera cuestión, según el estudio realizado por Gregorio Izquierdo, profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, resulta que la actual oferta de suelo urbanizable del municipio de Soria cubre sus necesidades de 180 años y esto considerando una demanda anual del municipio de Soria máxima de 1,5 hectáreas, muy por encima de la real de los últimos años. Por tanto, la oferta actual de suelo industrial del municipio de Soria no sólo no es escasa, sino que es excesiva y sobrante, por lo que llama poderosamente la atención que se apruebe el Proyecto Soria II que amplía en 115 hectáreas el suelo industrial.

El Ayuntamiento de Soria no ha dado explicaciones de las razones por las cuales se ha aprobado, cuando tiene un excedente de suelo industrial, de la magnitud que hemos señalado. Podría ser que, una vez consumada la expropiación de los terrenos y al demostrarse la inutilidad de la inversión a realizar para ofrecer más suelo industrial, se pretenda recalificar el suelo con destino a viviendas, para las cuales sí habría demanda, constituyéndose así en una verdadera especulación del ladrillo contra Numancia.

Respecto al segundo tema, la literatura sobre la nueva geografía económica, de la que Krugman fue el iniciador de estos estudios en 1991, aconseja que el Polígono Soria II debería situarse junto a los polígonos industriales ya existentes (Las Casas y Valcorbe), por las economías externas que ello origina, los outputs de una empresa podrían servir de inputs a otras, con un ahorro de costes evidente, ya que existen mecanismos acumulativos en la geografía económica.

Estamos a tiempo de impedir otro desastre como el de la reestructuración del Teatro Romano hace veinte años de Sagunto. El Ayuntamiento de dicha ciudad acordó renovar el aspecto ruinoso de tal monumento histórico, dándole un aspecto más moderno y funcional. Tal decisión originó una fuerte polémica y los detractores de la misma interpusieron los oportunos recursos; al cabo de 17 años, el Tribunal Supremo ha fallado este año que se proceda a una reconversión de las obras realizadas para recuperar el teatro original, lo que evidentemente supondrá al Ayuntamiento de Sagunto un fuerte coste, originado por el empecinamiento que tal Corporación tuvo, rechazando las múltiples reclamaciones que se le formularon.

El informe del Comité Nacional Español del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) analiza los efectos del Proyecto Soria II sobre los Bienes de Interés Cultural (BIC) y sobre el paisaje, ambiente y entorno de Soria, poniendo de manifiesto que está emplazado entre varios Bienes de Interés Cultural (BIC). Cita a estos efectos: Numancia y el Cerco Romano de Garay, Iglesia y Claustro de San Juan de Duero, Casco antiguo de la ciudad, muralla medieval, Iglesia Concatedral de San Pedro, claustro de la Iglesia de San Pedro, así como otros elementos arquitectónicos (puente sobre el río Duero, antigua parroquia de San Millán, Nevero,….), catalogados en el Plan General de Ordenación Urbana de Soria.

A juicio del Comité Nacional Español de Icomos, el Polígono Soria II tiene efectos muy alarmantes en lo referente a la conservación y protección de un patrimonio cargado de valores culturales y naturales, que lo hacen irrepetible y altamente frágil, poniendo en grave riesgo la integridad y conservación adecuada de cada uno de los citados bienes.

Con independencia de lo anterior, Soria II pone en peligro el paisaje como bien protegido y protegible, como establece el artículo 42 de la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León, que menciona expresamente la ’silueta paisajística’ y el propio Informe Icomos se pregunta: ‘¿La construcción de un polígono industrial en un suelo rústico situado en el centro de los tres BIC, Numancia y el Cerco Romano de Garay, margen izquierda del río Duero, y casco antiguo de la ciudad de Soria, tiene incidencia paisajística y ambiental en los citados BIC?’. La respuesta es contundente: ‘Sí, porque en realidad estamos ante una misma silueta paisajística, ante un mismo paisaje, tenga la catalogación legal que tenga cada uno de sus importantes componentes. Porque el todo es mucho más que la suma de las partes; lo que define el todo son las interacciones entre las partes’.

En el Convenio Europeo del Paisaje (2000), ratificado por España el 6 de noviembre de 2007, el paisaje se define como ‘cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la intervención de factores naturales y/o humanos’. Para Icomos, ‘una alteración grave del paisaje que circunda la ciudad de Soria, con el desarrollo del Proyecto Soria II, o una destrucción de este paisaje, echará a perder la imagen por la inevitable e irreparable pérdida de la autenticidad, de la ciudad histórica de Soria’. Los que hemos vivido allí, estamos totalmente de acuerdo con esta opinión. Se perdería lo que Bécquer, Machado y Gerardo Diego pusieron, como se ha dicho, ‘palabra literaria a sus vivencias y nostalgias, mirando y sintiendo el paisaje soriano en torno al Duero’. Estos valores se conocen en la economía pública como bienes públicos puros, y en la empresarial como intangibles.

Yo me atrevería a sugerir al Ayuntamiento de Soria que reconsidere la decisión tan importante que va a tomar, no sólo para la ciudad de Soria, sino para un patrimonio de la Humanidad. Que tome como ejemplo a la corporación de Toledo por su minuciosa atención a su patrimonio histórico, que la convierte en la ciudad más visitada de España por su atractivo histórico. Soria reúne un patrimonio cultural mucho más antiguo que el de Toledo; bastaría que, tanto a nivel nacional como internacional, se promocionara tal hecho, y se organizaran rutas turísticas de visita de los monumentos históricos y del paisaje, para que Soria se convirtiese en otro icono turístico, con todo lo que ello lleva de creación de puestos de trabajo, sin deteriorar su patrimonio ni su paisaje.

El Proyecto Soria II ha sido rechazado por las Academias de Bellas Artes y de la Historia, la Unesco, la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano y varias universidades, además de científicos, investigadores e historiadores tanto de España como del extranjero.

José Barea. De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

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El cambio climático debe acercar a EE.UU. y China, de Joseph Nye en Clarín

Publicado en Ciencia, Ecología, Medio ambiente by reggio en Agosto 14th, 2008

DEBATE

El calentamiento global es uno de los desafíos transnacionales con mayores implicancias ambientales, económicas y, también, de seguridad.

Algunos científicos predicen que el cambio climático causará desastres naturales vinculados con el clima, sequías y hambrunas, que pueden derivar en una cuantiosa pérdida de vida. El calentamiento global en las próximas tres décadas haría crecer los niveles del mar en medio metro. Este es un cálculo conservador, y si el calentamiento avanza más rápidamente por la pérdida de la reflectividad del hielo del Artico podría conducir al sumergimiento de islas bajas y, por ende, amenazar la supervivencia de naciones enteras. En Africa y Asia central, el agua se volverá más escasa y las sequías reducirán el suministro de alimentos.

Los shocks externos producidos por el cambio climático afectarán directamente a las economías avanzadas. Si los crecientes niveles del mar inundan las Islas Maldivas, los efectos serían tan devastadores como una bomba nuclear, y hasta para EE.UU. y Europa, el daño ocasionado, digamos en Florida u Holanda, podría ser igualmente costoso. Pero estos shocks externos también pueden tener efectos indirectos al agravar las disparidades entre países desarrollados y en desarrollo y crear incentivos adicionales para la migración masiva a regiones ricas, menos afectadas y más adaptables. Por otra parte, el cambio climático ejercerá presión sobre los gobiernos débiles en los países pobres, y puede generar un incremento en la cantidad de estados fallidos así como convertirse en una fuente indirecta de conflicto internacional.

Este tipo de efectos directos e indirectos de la actividad humana, si bien no tienen intenciones malevolentes como el terrorismo, son un argumento para la ampliación de nuestro concepto de seguridad y la adopción de nuevas políticas. Existen instrumentos básicos para reducir las emisiones de carbono y, por ende, mitigar el calentamiento global. La innovación tecnológica y la mayor eficiencia energética tienen un potencial considerable.

Pero la innovación tecnológica por sí sola tal vez no sea suficiente. El otro instrumento básico incluye incentivos y desincentivos económicos. El llamado sistema de intercambio de emisiones apunta a controlar las emisiones de carbono asignando permisos comerciables.

No todos adoptarán este tipo de instrumentos. En 2007, China superó a Estados Unidos como el principal emisor de CO2 del mundo. Pero China señala que, sobre un cálculo per capita, las emisiones norteamericanas son cinco veces superiores. China, India y otros países sostienen que el desarrollo económico en los países ricos causó la mayor parte del problema existente, y que es injusto que los países en desarrollo tengan que reducir sus emisiones hasta alcanzar los niveles de emisiones de los países ricos. Pero se trata de una fórmula para el desastre global.

El clima del mundo se ve afectado por las emisiones totales, no importa su origen. Dado que las bombas, las balas y los embargos de la política de seguridad tradicional son irrelevantes, ¿qué pueden hacer EE.UU. y otros países ricos respecto de esta amenaza a la seguridad? Para impedir un cambio climático peligroso y promover su propia seguridad, EE.UU. y otros países ricos quizá tengan que forjar una sociedad con China, India y otros países para desarrollar ideas creativas, tecnologías y políticas. Cada vez se reconoce con más frecuencia que el cambio climático es uno de los desafíos transnacionales con mayores implicancias ambientales, económicas y de seguridad. Los primeros pronunciamientos de McCain y Obama son alentadores, pero buscar un acuerdo internacional seguirá siendo un desafío no importa quién resulte electo.

Joseph Nye; profesor de relaciones internacionales (Universidad de Harvard)

Copyright Clarín y Project Syndicate, 2008.

Traducción de Claudia Martínez

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Estado, territorio y energía, de Francisco Sosa Wagner en El Mundo

Publicado en Asturias, Derechos, Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente, Política by reggio en Julio 3rd, 2008

TRIBUNA LIBRE

En el mundo de las construcciones políticas sobre las que nuestra existencia descansa, fruto de un patrimonio hereditario amasado a lo largo de varios siglos, son muchos los elementos que se tambalean, sometidos como están a la acometida de circunstancias nuevas y agresivas. Una delicada teoría del Estado, pensada por mentes poderosas del pasado, es la que nos sirve aún como rosa de los vientos en nuestras cogitaciones, pero bien sabemos que muchos de sus capítulos se hallan sometidos a una intensa revisión. En un país como Alemania, de donde proceden las formulaciones más brillantes acerca del Estado -¿cómo no pensar en Jellinek, Carl Schmitt, Kelsen o Forsthoff?-, se suceden en estos últimos años los títulos de trabajos, que suelen ser de habilitación para cátedras universitarias, en los que se abordan de forma crítica los ingredientes tradicionales explicados por los oráculos del pasado (autores como Utz Schliesky o Stefan Haack, entre otros, se inscriben en esta línea de pensamiento revisionista).

Pues bien, uno de esos elementos pasados por el cedazo de las nuevas plumas es el del territorio sobre el cual el Estado se asienta o, si queremos emplear las palabras de Kelsen, «el ámbito espacial de la validez de un orden jurídico». Y es que, a poco que se observe, advertimos que las aristas del territorio así como las fronteras, con sus guardias y sus alambradas, tan propias de contrabandistas románticos y de espías, están siendo desmanteladas y donde antes hubo seguridad hoy se ha formado un espacio que desbarata el contorno de influencia de las administraciones, habilitadas como están para desplegar su eficacia en problemas de la convivencia abiertos ya a un orden continental o a las veces planetario. Tal ocurre con la protección del ambiente o la prevención del cambio climático, objeto de pleitos de alcance mundial. Lo mismo acontece respecto a la lucha contra la evasión fiscal y la protección de la salud o la expansión de epidemias o epizootias.

Todo ello no quiere decir que el territorio haya perdido su naturaleza básica a la hora de determinar las hechuras del Estado. Significa sencillamente que ha perdido su vestimenta absoluta, arrolladora, o sin más la exclusividad que le acompañó durante mucho tiempo. Pero en los estados descentralizados como el nuestro se añade además una circunstancia que, afectante asimismo al territorio y a su uso, resulta cada día más clamorosa. Y que, como concierne al ejercicio mismo de las atribuciones estatales, conviene detenerse en ella.

Me refiero a las grandes decisiones públicas que al Estado competen y que, lógicamente, han de proyectarse sobre un determinado espacio físico: la línea ferroviaria, la autopista, el tendido eléctrico de largo alcance (de alta tensión o de muy alta tensión), el gasoducto, etcétera, son todas cuestiones que trascienden el interés de un espacio regional determinado para afectar al conjunto de los intereses nacionales que el Estado representa. En estos casos ocurre que, cuando la instalación proyectada es reputada beneficiosa por la ciudadanía para sus intereses inmediatos y tangibles, el Estado no suele encontrar dificultades sustanciales a la hora de llevar a cabo sus designios. El uso del territorio se hace en medio del aplauso generalizado. El ejemplo podría ser el AVE, si se excluye la actitud arriscada del terrorismo vasco empeñado en impedir su llegada a aquellas tierras, actitud que recuerda la de Gregorio XVI (Papa entre 1831 y 1846), quien se opuso a la construcción de líneas ferroviarias por los estados pontificios con el argumento de que por ellas circularían con más facilidad las ideas liberales. Y no le faltaba razón al Pontífice.

Ahora bien, fuera de este caso trágico pero estrambótico, estas complacencias no se producen cuando se trata de instalaciones respecto de las cuales el ciudadano medio ya no advierte su beneficio personal de manera directa. Pensemos en la energía eléctrica. Hay ejemplos en muchos lugares de España, como es el caso reciente de algún municipio de la costa gaditana que pretende prohibir por referéndum la energía eólica. Pero fijémonos en la salida de la energía del norte, en Asturias, para llegar a los mercados del resto del país, en dirección a Galicia, Cantabria o Castilla.

No entro en el debate de fondo, es decir, si esa energía es necesaria; en todo caso, mi opinión en este punto carece de valor. Con todo, a la vista de algunos datos oficiales, Asturias precisaría sacar de su territorio excesos de producción eléctrica y ello porque se están instalando plantas de generación de energía limpia (las de ciclo combinado que pretenden sustituir a las contaminantes térmicas) en un programa que se inicia en los tiempos de Felipe González, bajo cuya autoridad se declaró (marzo de 1986) la utilidad pública de la línea. Pues bien, desde entonces, el problema ha sido el trazado, el concreto territorio -justo de lo que este artículo trata- por el que ha de discurrir la línea de alta tensión. La compañía Red Eléctrica Española ha ofertado distintos recorridos, y los propios presidentes autonómicos afectados han sellado, con un apretón de manos, compromisos específicos al respecto. Todo en vano, pues cualquier movimiento es respondido por asociaciones de vecinos, ecologistas y ayuntamientos, incluso el padre de Rodríguez Zapatero firmó -sin duda con buena intención- un escrito de protesta. Hasta ahora han tenido éxito, pues el problema sigue en el aire aunque el Gobierno, en su plan energético para el período 2008-2016, ha incluido como actuación prioritaria «la línea de alta tensión entre Sama y Velilla del río Carrión». Pero, conocedor del avispero, ha vuelto a pedir que se modifique el trazado.

Todo ello está justificado: vecinos, alcaldes y ecologistas tienen sus razones; de otro lado, Red Eléctrica Española no es maestra en desplegar habilidades diplomáticas. Pero no es menos cierto que para el Estado, representante de los intereses de España entera, la línea es imprescindible y lo es así desde hace más de 20 años. Pero no se hace. Adviértase que las obras del AVE están causando, por parajes muy similares, destrozos ecológicos manifiestos, ante los que nadie protesta.

Naturalmente que el territorio «no es del Estado», que éste ha de acomodarse a las competencias repartidas entre los municipios y las comunidades autónomas y a los procedimientos previstos en las leyes, que ha de garantizar la audiencia de las poblaciones y sus legítimas reivindicaciones… Todo esto nadie puede discutirlo, pero al final es el Estado el llamado a decidir sus concretos usos cuando se hallan afectados intereses que comprometen al conjunto de los españoles. Los ordenamientos federales cuentan, entre el arsenal de sus técnicas, con la cláusula de prevalencia, contenida en el artículo 149.3 de la Constitución, para obligar a que sus determinaciones sean acatadas y sus opciones políticas cumplidas.

Ahora, medite el lector lo que ocurriría si al Gobierno se le ocurriera aprobar un plan de construcción de centrales nucleares. ¿Dónde podría emplazarlas? ¿Se imagina alguien la que se armaría en cualquier Comunidad Autónoma ante el anuncio de una vecindad tan conflictiva? Decenas de años pasarían antes de que una sola máquina estuviera en condiciones de mover tierras.

La falta de control sobre el territorio, atrapado en una red inextricable de competencias y tramitaciones superpuestas unas sobre otras, la falacia en la que se ha transmutado la «ejecutividad» de las decisiones administrativas -que sólo se aplican a quienes carecen de capacidad de reacción-, debilitan al Estado y lo pueden convertir -así ocurre ya en muchos asuntos- en mero jefe de una estación de maniobras de intereses sectoriales y locales. Provisto de un silbato que nadie atiende.

Francisco Sosa Wagner es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León. Su último libro es ‘Carl Schmitt-Ernst Forsthoff: coincidencias y confidencias‘ (Editorial Marcial Pons).

© Mundinteractivos, S.A.

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Una mujer en la historia, de Manuel Castells en La Vanguardia

Publicado en Derechos, Ecología, Educación, Internacional, Justicia, Medio ambiente by reggio en Junio 28th, 2008

OBSERVATORIO GLOBAL

Ha muerto Ruth Cardoso de Leite. El mundo oficial la recordará como la primera dama de Brasil entre 1994 y 2002, una primera dama muy querida por su pueblo y que siempre tuvo personalidad propia. El mundo académico la recordará como una de las mejores antropólogas urbanas de América Latina, catedrática de la Universidad de São Paulo, profesora en París y en Berkeley, creadora de escuela y maestra de generaciones de estudiosos de la sociedad a partir de la observación de las comunidades urbanas. El mundo de la lucha contra la pobreza la recordará como la fundadora de Comunidade Solidária, una red de 1.300 organizaciones de base centradas en la mejora de la vida en las localidades más pobres de Brasil mediante el apoyo a la autogestión de programas sociales en dichos lugares.

El mundo feminista la recordará como la feminista práctica que centró su esfuerzo en concienciar, organizar y apoyar a las mujeres realmente existentes en los sectores populares de Brasil y de América Latina. El mundo de la resistencia contra las dictaduras en Brasil y en el continente americano la recordará como la militante política - clandestina o no según los momentos-, independiente de los partidos pero cercana de la gente, centrada en conseguir avances reales de democracia más allá de las fantasmagorías ideológicas que rodearon su tiempo en América Latina. El mundo de sus amigos la recordaremos como la mujer serena y sonriente por cuyo rostro nunca parecieron pasar los años, y cuyo dulce hablar le permitía decidir las cosas más serias e incluso las más espinosas con una sensatez convincente que transformaba la polémica en reflexión compartida.

Porque Ruth transmitía paz en un mundo atormentado. Y su gente, la gente de su Brasil que siempre llevaba en el corazón, de su São Paulo con un sentido profundo de hogar perdurable en la globalidad que vivió, su gente la recordará como la doctora Ruth, la mujer en quien siempre podían confiar, la mujer sin miedo pero sin rencor, la mujer comprometida con los objetivos de la política y ajena a las mezquindades de la política. La mujer que, como primera dama, fue capaz de salir en la televisión criticando la ley del aborto que el partido de su marido apoyaba, motivando que el presidente, o sea su marido, la cambiase. Todo ello sin acrimonia, sin oponerse a su marido por afirmación personal, sino simplemente lo hacía cuando pensaba que no tenía razón en esa y en otras muchas cosas. Eso explica que su popularidad fuera aún más alta que la de su marido (que fue un presidente muy popular).

Recuerdo en uno de los viajes con mi mujer durante la presidencia de Cardoso la pintada que vimos en las paredes de un barrio popular: “Fernando Henrique, no. Doña Ruth, sí”. Pero nunca se le ocurrió jugar a la Hillary. Porque ella estaba en otra cosa, estaba en cambiar las cosas desde abajo, con la gente y a través de la participación de la gente. Pensaba que la política, y por tanto los partidos, las elecciones, la presidencia, eran instrumentos imprescindibles del cambio, pero no era lo suyo y siempre se pensó como complementaria.

Mientras su marido fue senador, ella permaneció en su piso de São Paulo, en su cátedra universitaria y en su trabajo comunitario. Cuando tuvo que asumirse como primera dama inventó una función para sí misma, aparte de desempeñar con dignidad, pero lo mínimo posible, sus tareas protocolarias. Trató de utilizar el prestigio de su situación, pero no el presupuesto del Estado, para crear su programa de organizaciones comunitarias en las zonas más pobres del país. No para hacer de Evita, sino para solucionar problemas concretos a personas concretas, con la menor publicidad posible y sin instrumentalización política. Creó una fundación que financió con donaciones que pidió a las grandes empresas, sin vinculación política con su marido y con plena transparencia contable. Por ejemplo, pidió, y obtuvo, de una empresa de automóviles un real por coche vendido. Negoció acuerdos con las universidades para que sus estudiantes hicieran trabajo comunitario. Y se puso de acuerdo con las redes de asociaciones existentes en toda la geografía brasileña para dotarlas de recursos y reforzar su participación en las políticas sociales. Recuerdo una visita con ella en la cooperativa de mujeres de Mamiraua en la selva amazónica, donde pude observar cómo las mujeres indias discutían de todo con doña Ruth, sin complejos, sin servilismo, y como ella se sentaba durante horas a ver cómo iba la gestión de la cooperativa. Y la vi negociar con los aldeanos que se lamentaban de que la protección de las especies les privaba de la pesca de la que dependía su subsistencia y su única fuente de ventas.

Y consiguió trocar autocontrol de los pescadores pescando dentro de límites a cambio de la mejora de sus condiciones de vida. Su ecologismo, su feminismo, su lucha por la democracia y contra la república de caciques que persiste en Brasil se rigieron siempre por ese sentido práctico de ir poco a poco, pero sin pausa, haciendo que la gente asumiera la gestión de su propia vida y contribuyendo con los recursos que pudo a incrementar esa autonomía. Comunidade Solidária continúa. Es uno de sus legados. Porque tiene otros muchos Y todos ellos, todo lo que nos dejó se alberga en el lugar más perdurable: en las mentes y en el corazón de quienes supimos de ella o de quienes supieron de quienes supimos.

Y así la recordará su pueblo. Y sus compañeros. Y sus colegas intelectuales. Y sus amigos. Y su familia, su marido, sus hijos y esos nietos a los que tanto esfuerzo y amor dedicó. Ruth Cardoso de Leite fue una mujer multidimensional que hizo historia simplemente siendo ella, sin proclamas ideológicas, con esa determinación profunda de quien hace todo porque es lo que hay que hacer. Y su serena sonrisa seguirá dibujándose en el cielo de los cafetales que la vieron nacer.

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La cantera de Viescas (Salas), de Marcelino Rodríguez Álvarez en Cartas al Director de La Nueva España

Publicado en Asturias, Derechos, Ecología, Medio ambiente by reggio en Junio 28th, 2008

Cuando éramos guajes, los domingos por la tarde en Viescas -el pueblo de mis abuelos paternos- eran testigos de un acontecimiento deportivo que ríete tú de la Copa de Europa de Fútbol: me refiero al partido en el prao de La Curueta. Allí estaban, y pido perdón por acordarme sólo de unos pocos, Duardín, de Ca Alicia; Carlos y el Peque, de Ca Diego; Vicente, de Ca Rodrigo; Suso, de Ca d´Anxi, y Agustín, de Ca Genara (el único que triunfó en esto del fútbol y que llegó a jugar en el primer equipo del Oviedo… ¡cuando el Oviedo era el Oviedo, ojo!). Agustín se retiró años más tarde en el Mosconia, tras una carrera ejemplar. Gracias a él podemos decir con orgullo que La Curueta fue cantera de futbolistas; algo así como El Requexón o el Mareo de Salas. También aparecía por allí de cuando en vez El Roxu, un espigado chavalón de Carlés el cual me caía bien porque no me tiraba trallos (por ser de los más pequeños, a mí me tocaba ponerme de portero casi siempre). No llegó a ser Villa ni Cazorla, pero apuntaba maneras…

Treinta y pico años después, nadie juega al fútbol en La Curueta. Ya no hay porterías, balones… ni jugadores. Sin embargo, alguien parece empeñado en que Viescas no se quede sin su cantera. El trágico matiz es que en esta ocasión no se trata de una metáfora futbolística, sino que es en sentido literal: una empresa de calizas está a punto de conseguir el permiso del Ayuntamiento de Salas para instalar en Viescas una cantera de áridos, a la que acompañará, por si fuera poco, una planta de tratamiento asfáltico. Una planta que -ironías del lenguaje, de nuevo- secará los acuíferos que abastecen no sólo a Viescas, sino a muchos otros pueblos y lugares cercanos (Cermoño, Ovanes, La Planadera, Ablaneda, Godán). Una cantera y una planta asfáltica que pretenden instalar… ¡a 420 metros de la casa habitada más cercana! Una cantera que se llevará una montaña por delante; que originará una catástrofe humana y ecológica -si es que es posible separar estos dos conceptos-. Una cantera y una planta asfáltica que además de las inevitables voladuras, tráfico de camiones y maquinaria pesada que generará, traerá consigo tal contaminación que convertirá en anécdota lo que supuso la térmica de Soto de la Barca para la zona.

Esta semana se cumple el plazo para que los vecinos de Viescas presenten ante el Ayuntamiento las correspondientes alegaciones a este proyecto. El señor alcalde de Salas se comprometió públicamente (vd. La Nueva España de Occidente, 10/01/2008) a impedir la instalación de esta cantera. Los vecinos se fiaron de su palabra y confiaron en él. Sin embargo, a día de hoy, las cosas ya no parecen tan claras. ¿Por qué se comprometió el señor Alcalde a algo que sabía que no podría, políticamente mantener? ¿Por qué se han puesto tantas pegas cada vez que los vecinos iban a solicitar un papel o algo de información al Ayuntamiento? ¿Por qué no se ha redactado una nueva declaración de impacto ambiental tras el «retrotraimiento» del proceso? Y digo «retrotraimiento» porque ése es el palabro que, literalmente, utilizó el Ayuntamiento en la resolución del recurso de reposición interpuesto por la empresa «calicera». Es decir, que no les denegaron el permiso, tal y como se había comprometido el señor Alcalde, sino que se limitaron a llevar de nuevo al inicio el trámite burocrático (que es como decir «ahora no, pero más adelante, ya veremos…»).

¿Qué significa esto? Un optimista es el que cree que vive en el mejor de los mundos posibles. Un pesimista, el que teme que eso sea cierto. Ser optimista, en este caso, además de una ingenuidad sería una irresponsabilidad. Opino -y esto es sólo una suposición mía- que la cantera será vendida a los vecinos como un mal menor a cambio de no se sabe qué tipo de compensaciones/prebendas y que acabará por instalarse en Viescas. Así de crudo, quiero decir duro, no sea que les dé también por empezar a buscar petróleo en el Nonaya…

Felicito por ello al señor alcalde de Salas. Le felicito, aunque lo suyo tenga poco mérito, porque con la oposición de que disfruta en el Ayuntamiento hasta yo meto goles por la escuadra (¿existe el PP en Salas? Murias: ¿Hemos hecho, de verdad, todo lo que estaba en nuestra mano?).

Esperemos que el señor alcalde de Salas no tenga que pasar a la historia del concejo como el político que, no contento con cargarse su propio pueblo, ahora va a por los que tiene a su alrededor: Sollera, Los Llanos, La Peral, Santullano, Camuño, Villamar, Doriga, Villazón, Penausén y Carlés ya han caído o les falta muy poco. Ahora les toca el turno a Viescas y La Planadera, donde otra empresa acaba de solicitar autorización para su cantera de piedra ornamental -¿para qué viviendas?-. ¿Qué será lo siguiente? ¿Una central nuclear en Cornellana? ¿Una refinería en Malleza? En conclusión: Salas se ha convertido en el pedreru de Asturias. Todo sea por el progreso.

Como despedida, les voy a dar una idea que quizás puedan incluir en la próxima memoria de digestión del Ayuntamiento: aprovechen el furacón que dejó la mina de oro en Carlés para erigir en su interior el estadio de fútbol José Manuel Menéndez. Así, al menos, tendríamos un sustituto para La Curueta; porque me temo que la próxima pachanga en Viescas habrá que jugarla entre cenizas. Y para ese partido, que no cuenten conmigo.

Marcelino Rodríguez Álvarez, Oviedo

Del cay al puerto, y por si acaso a la oración, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

Publicado en Asturias, Ecología, Energia, Medio ambiente, Política by reggio en Junio 26th, 2008

El coro gijonés de Suplicantes, formado por el ministro, conde de Toreno, logró la promesa de un nuevo puerto, comercial y de refugio, nacido en Santa Catalina, cuyo dique, según el proyecto del ingeniero García Arenal, haría la forma de un «apagador»; de ahí, y no de apagar ideas ni otras cosas, el nombre de «apagadoristas» que llevaron sus partidarios… fueran comerciantes, indianos, sastres, ceristas, camiseros, banqueros, presbíteros, boticarios, industriales, republicanos y navieros; frente a éstos, se formó la liga «muselista», partidarios de construir en el lugar de El Musel, bajo Torres, el gran puerto de refugio y comercial, y en este bando militaba también, comerciantes, indianos, sastres, ceristas, camiseros, banqueros, presbíteros, boticarios, industriales, republicanos y navieros. Así apareció ante el mundo entero, nuestro Gijón, partido en dos facciones, que durante largo tiempo, fueron irreconciliables.

Los muselistas, gijoneses antiguos y nuevos, cantaban las loas de El Musel como gran puerto comercial y de refugio, capaz de albergar en su amplio seno los grandes buques a vapor de los nuevos tiempos; los catalinos o apagadoristas, gijoneses antiguos y nuevos, temían que en el lugar de El Musel, al pie mismo de Torres, donde los cilúrnigos habían comenzado a batir el cobre, creciera una villa nueva competidora de la antigua, hasta dejar arruinada la propiedad inmobiliaria de la villa vieja, y vacíos, tanto los miserables patios obreros como los confortables pisos de Corrida y el ensanche y los chaletes de Uría…

El primer Musel, causó temor al Gijón emergente. El tiempo venció los temores; El Musel siguió donde estaba, sin fagotizar la villa. Vencido el temor de la ruina inmobiliaria, y superados los rencores personales entre las dos «facciones», Gijón, con el auxilio de los ricos mineros de la cuenca de Langreo, se dispuso a poner en marcha, ante los constantes fallos de los contratistas concesionarios de la obra del puerto, los trabajos de El Musel, y como la nación carecía de fondos, el poderoso Orfeón gijonés formado en torno al Crédito Industrial, más los ricos mineros, constituyeron el «Sindicato Asturiano del Puerto del Musel», que a su cuenta y riesgo, y con las bendiciones oficiales, comenzó las obras del esperado puerto comercial y de refugio, mientras que en las dársenas locales se realizaban inversiones de mantenimiento y mejora.

Cada autoridad, cada ministro, cada banquero, cada especulador, cada príncipe o cada princesa, como cada «conquistador» particular que llegaba a la villa, bien en el tranvía, o bien en el vaporcito, a El Musel iba. A la vista del puerto naciente, el viajero no sabía si admirar más las gigantescas proporciones del empeño, o «pasmar», ante la fuerza hercúlea de «Titán», la grúa todopoderosa… que con admirable delicadeza depositaba, en el seno de la mar, enormes bloques de cementopiedra… La infanta Isabel, prefería, entre todos, el espectáculo de la Titán con champagne, hasta que el 13 de enero de 1.911 un enorme temporal arrastró media muelle de ribera a la mar… y con el muelle, a la «Titán».

En «El Suizo», «El Oriental», «El Colón», o «La Marina», tanto como en el Casino, o en el «foyer» del teatro Jovellanos, no se hablaba de otra cosa que de «La Obra», sus planes, su financiación, sus progresos; admirando todos, el saber de los ingenieros, el valor de los barrenistas, las fuerzas de los obreros… Más que nunca, fue la obra de El Musel, el «Neñu del alma queridu» de todos los gijoneses, «Tan risueñu y tan hermosu como la flor de San Xuan». El Musel, al fin, orgullo del Gijón tesonero y esforzado, que en la ambiciosa construcción exponía sus capitales…

Una crisis tremenda, mucho peor que la de hoy, desencadenó la catástrofe del Crédito Industrial, y a partir de 1.910-12, muchos propietarios gijoneses pagaron con sus inmuebles al Banco de España, su fe en el Comercio, en el Crédito Industrial, y en El Musel…

Hoy, todo es distinto. El Gijón actual, no se ve artífice, ni siquiera parte mínima, en la enorme ampliación de El Musel. El nuevo «gigante» que nace, no es el «neñu del alma queridu», sino una grave amenaza… Asistimos al nacimiento sobre la mar, no de un puerto, -que con el que hay, basta y sobra de sobra, para las trescientas mil (más o menos) toneladas semanales de carbón, las doscientas mil de mineral, las seis o siete mil de fuelóleos y gasóleos, las seis mil de cemento y las tres mil (más o menos) toneladas semanales de mercaderías movidas en contenedores-, sino de una de una plataforma energética, tan enorme como amenazante, contaminante… y ¡explosiva!.

Y ante esta realidad negativa, en la que ni siquiera se intenta ubicar el necesario astillero, no cabe entusiasmo alguno, sólo inquietud y más que justificado temor… No hay hogaño «Orfeón» que canta al «neñu», sino eco de rezos musitados, por ahora, en voz baja…

Hoy, sólo creen en la utilidad de la «plataforma», la fanfarria del cemento y el violón del constructor… Desde la playa de Poniente, el espaldón de Liquerique; desde el Cervigón o desde Santa Catalina, el «Musel», aún inacabado, parece como un descomunal y gigantesco «dedo» invasor… Ogro terrible, que puede sacrificar Gijón y a los gijoneses en el altar del progreso errado… Son los gases, energías, tan inciertas, políticamente, por su procedencia, como contaminantes en su producción; terribles, en el impacto visual. «Regas», ya hoy, tan caro como el petróleo, y cuya ampliación por decisión ministerial, anunciada ya, antes de iniciarse la primera obra, que «aumenta de dos a cuatro, sus gigantescos tanques (¡cuatro plazas de toros, con una altura como de más diez pisos) de almacenamiento; y de 800 mil al millón la generación de metros cúbicos de gas/hora», con lo que supone ello de multiplicación de peligrosas manipulaciones, transformaciones y descargas. ¿Alguien habrá calculado seriamente los riesgos de todo ello?…

Gracias a la innecesaria ampliación, pesa sobre Gijón una «nunca pensada amenaza bíblica»; a mayor desgracia, amenaza bien próxima a los globos butaneros del alto Torres y a los mil tanques de almacenamiento de fuelóleos y petróleos, que se aprietan en la zona baja, desde El Muselín, al pie del Hospital de Jove… ¡Qué fuegos artificiales si algo pasara!, ¡Qué explosiones!, ¡Qué calores y qué colores!.

Un fallo, sólo uno, (por no hablar de un ataque), podría causar el segundo y definitivo arrasamiento de la villa. Si los riesgos del ciclo combinado y la «regasificadora» y su entorno, se han calculado con la misma ligereza con que se afirmó que los «molinos de viento» iban a producir energía para «alumbrar» la cuarta parte de Gijón con el producto de sus «aspas», que, medidas las corrientes, dieron el resultado de «sin viento», que San Lorenzo y Begoña… perdonen nuestros pecados y nos acoja S. Pedro nuestro Patrón, en el más allá… Que de Gijón al cielo podremos llegar en segundos…, sin pasar por el riguroso fielato semiprivado del señor Fano.

Ahora que ya se ha colocado el último de los bloques del nuevo dique Norte del «super-super-puerto», por si acaso el presupuesto no da para más, bueno sería pensar en colocar como mascarón o adorno, bien un faro a la alejandrina, o un Manennken Pis, autóctono, que mande sidra certificada sobre la mar océana, o bien una hermosa y pensativa sirenita nórdica…; más que nada, para atracción del turismo cultural…

¿Tuviste en Xixón? Preguntará el carbayón bilingüe. Tuve. Y ¿Viste al Tinitinton pis?. Vílu. ¿Y dónde lu viste?. Vilu, n’El Muselón, echando sidra como un porrón… ¡Ay, de Gijón!, Pom, pom, pom…