Reggio’s Weblog

Ni guerra ni fría, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Publicado en Internacional, Política by reggio en Agosto 29th, 2008

Para ambos contendientes, la guerra fría se basaba en un enorme esfuerzo armamentístico unido a un cálculo de la destrucción que, llegado el momento, cada bando era capaz de infligir al otro. Si se llamó, con tanto acierto, fría, era porque en vez de enfrentarse en el campo de batalla, como todo el mundo era campo de batalla, se medían las fuerzas sobre el mapa o de modo indirecto. Rusia empezó a perder aquella larga y para nosotros incruenta guerra en Cuba porque, después de desafiar a Estados Unidos, se arrugó. La continuó perdiendo en Checoslovaquia: al invadir militarmente uno de sus aliados, puso de manifiesto que no eran tales, sólo satélites, y que deseaban cambiar de bando, cosa que no sucedía con los miembros de la OTAN.

La acabó de perder, y de forma estrepitosa, con la combinación de dos elementos más: los antimisiles americanos, que protegían al enemigo mientras Rusia quedaba igualmente expuesta; y el colapso de la sociedad y el sistema productivo.

La dictadura es un fenómeno tan antiguo como la humanidad, y la lucha contra ella será aún larga, muy larga (tanto, que nunca se acabará). Pero el comunismo se acabó. Rusia lo hundió al convertir en unos decenios un gran país en una masa inerme, maniatada, sin energías. No hay que hacer caso pues a quienes pronostican la vuelta de la guerra fría. Rusia es preocupante para Europa, pero no puede enfrentarse a la OTAN con éxito en asuntos de mucho calado por razones de decadencia interior y manifiesta inferioridad militar.

Tampoco es de recibo machacar a Europa, ni por un supuesto exceso de tolerancia con Rusia, ni por lo contrario, invertir poco en armamento y mostrarse escasamente dispuesta al uso intimidatorio de sus ejércitos (para eso ya están los norteamericanos, que se enfadarían mucho si les disputáramos este papel). Europa, como actor principal y vecino de Rusia, ha hecho varias cosas de primerísimo orden. La primera, demostrar que el capitalismo democrático le da mil vueltas al comunismo. Lo que la gente quiere de un modo constante es disminuir el sufrimiento y aumentar su calidad de vida. El bienestar y las libertades son ingredientes fundamentales para toda sociedad humana. A nuestro lado del telón de acero ambas contaban con índices elevados, mientras que en el otro el bienestar era escaso y las libertades fueron sustituidas por un régimen policial que obligaba a los ciudadanos a convertirse en delatores de sus familiares y amigos. Si los países del Pacto de Varsovia querían cambiar de bando ha sido en buena parte por comparación. Con el dinero inicial del plan Marshall y sin fuentes propias de energía, Europa ha construido las sociedades más equitativas, más ricas y menos peligrosas que ha conocido el planeta.

La segunda cosa que ha hecho Europa es unirse, ampliarse y acelerar el desarrollo económico, social y político de cuantos se han unido al club o aspiraban a entrar. No es poco. La tercera, que tal vez acabe siendo discutible pero de la que por ahora no podríamos arrepentirnos, consiste en haber apostado por una notable interdependencia con nuestro mayor enemigo común. Nos hemos convertido en el mejor cliente de Rusia, sin el cual no tendría ni aliento para bravatas, y a la vez en vulnerables a un posible y hasta probable chantaje en forma de corte de suministro de gas y petróleo.

Lo peor de esta situación es el uso abusivo que hace Rusia de su poder, sea poco o mucho. Siempre chantajista, intimidatorio, abusivo, con la bota por delante, calculando sólo ventajas para ella y sacrificios para los demás. Así se ha hecho odiar por todos quienes la rodean, casi sin excepción. Así seguirá haciéndolo, pues a la primera de cambio, y sin estar de veras preparada, ya vuelve a ejercer de matón.

¿Cuál es la respuesta adecuada a la invasión de Georgia? No había muchas más posibilidades. De entrada, protestar, negociar, dejarse tomar el pelo. Luego, algo más sustancioso. Admitir de una vez a Georgia en el seno de la OTAN, si no hay otro remedio, mutilada, para ir completando así el rodeo militar de un país que se niega a admitir su lugar geoestratégico y sacrifica el bienestar de sus ciudadanos a cambio de pavonearse y destruir (pagando Europa). Con Georgia en nuestro lado, dispondremos además de una ruta terrestre alternativa para el suministro energético, de modo que no nos quedemos sin gas y petróleo en caso de que la apuesta por la interdependencia acabe saliendo mal.

Las buenas palabras siguen sin ser bien recibidas en Rusia. Pero las acciones, esas sí las entienden. Y siguen sabiendo calcular. Así que únicamente en caso de salir perdiendo con sus incivilizadas bravatas acabarán cediendo, eso es apostar por la libertad, el desarrollo, las relaciones amistosas y un lugar en el mundo conforme a una grandeza que sería verdadera y no intimidatoria. Es lo que todos deseamos y sus ciudadanos acabarían agradeciendo, pero no se logrará sin firmeza occidental. Si Rusia gana Osetia del Sur y Abjasia, la OTAN debe recobrar sentido incorporando a Georgia. De entrada.

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Obama, género y raza, de Alfredo Abián en La Vanguardia

Publicado en Internacional, Política by reggio en Agosto 29th, 2008

En los años 30 Nueva York era uno de los escasísimos refugios del trotskismo, junto a Coyoacán, la zona del distrito federal de México donde un catalán asesinó al exiliado Lev Trotsky. Los neoyorquinos siempre se las han dado de liberales; progres, decimos por aquí. Tanto, que su excelente semanario de referencia, The New Yorker,dedicó en julio una entrañable portada a Barack Obama. Era una caricatura a toda página en la que se veía al senador por Illinois ataviado con chilaba y turbante. Saludaba chocando un puño a su esposa, Michelle, que iba vestida de guerrillera paramilitar con canana y un kalashnikov cruzado a la espalda. La colorista escena tenía lugar en el despacho Oval de la Casa Blanca, donde un cuadro de Osama bin Laden presidía una chimenea en la que ardía la bandera de Estados Unidos. Los editores, progresistas ellos, juraron hasta la saciedad que la viñeta pretendía ridiculizar todos los tópicos que habían circulado sobre el candidato demócrata. La mayoría de ellos difundidos por conservadores extremistas.

El problema es que, meses antes, se publicó una fotografía de Obama tomada en un viaje a Kenia, de donde era originario su padre. En ella, el hoy candidato lucía túnica y toca típicas de la zona. Su equipo de campaña señaló como responsable de la difusión de la imagen a Hillary Clinton, la senadora por Nueva York que ha quedado apeada de la carrera presidencial. Hemos asistido a unas vibrantes elecciones primarias. Tan apasionadas como sucias. El género (Clinton era la primera mujer que aspiraba a ser presidenciable) y la raza (Obama era el primer negro) han caído bajo. Pero el feminismo mal entendido rozó el delirio. Tanto, que se ha llegado a afirmar que el contrincante de Hillary ha llegado tan lejos por el hecho de ser negro e inspirar compasión.

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El Cáucaso: polvorín geoestratégico, de John Saxe-Fernández en La Jornada

Publicado en Economía, Internacional, Política by reggio en Agosto 29th, 2008

El ataque contra Osetia del Sur ordenado por Mijail Saakashvili, presidente de Georgia, fue atroz: mató a mil 500 civiles, destruyó la capital Tsjinvali, demolió barrios residenciales, la universidad, los hospitales y provocó 100 mil refugiados en la zona. La respuesta rusa no se hizo esperar, por lo que el aliento de la Casa Blanca a esa agresión concita la atención de las cancillerías de Europa y su liderato militar, en especial el francés, inglés y alemán. Ello por las graves amenazas a la paz en una región de fuerte gravitación geoestratégica, las cuales confirman cuán mortal sería aceptar a Georgia en la OTAN. Fue un golpe al equilibrio euroasiático, producto de un complicado cálculo georgiano. Porque, además de una homicida provocación, fue un operativo comicial: al calor de la reacción rusa provocada por Tiflis, John McCain repuntó en las encuestas cuatro puntos sobre Obama.

Según Pat Buchanan, ex consejero de Nixon, Ford y Reagan, el manejo tras bambalinas lo hizo Randy Scheunemann, principal consejero de política exterior de McCain, que cabildea por el ingreso de Georgia a la OTAN. Buchanan revela que Randy recibe jugosos pagos de Saakashvili, quien dice estar en contacto de “hasta dos veces al día” con el candidato republicano. Esa ventaja electoral bajó al empate cuando, al interrogársele en público, McCain no pudo enumerar las muchas casas que posee: desliz electoral que es pecado mortal en tiempos de grave crisis hipotecaria.

Lo que queda es la conflictividad entre Europa y Rusia, instigada por Bush desde Tiflis en un escenario que incluye operativos antirrusos, encabezados por Sarkozy, el penoso sucesor de Blair en estas tareas. Permanece también una estridente campaña de propaganda impregnada de una rusofobia que evoca atmósferas y episodios infames de la guerra fría: Rusia es la agresora y Occidente debe defender a la caperucita georgiana desde una OTAN que, a decir de Robert Gates, jefe del Pentágono, está “en grave riesgo de implosión en Afganistán”.

Desde la caída soviética, la OTAN sufre la ausencia de un enemigo estratégico, cemento de la Alianza. Pero ya la Casa Blanca fabricó una nueva guerra fría por medio de una peligrosa y multifacética instigación estratégica que puede costar cientos de millones de vidas. Por ejemplo, después de oponerse, la opinión pública polaca azuzada por el operativo en Osetia, presentado como agresión rusa contra Georgia, apoya el Sistema Nacional Antibalísitico de Estados Unidos (SNA) en su territorio. El SNA fue acordado por Estados Unidos y Polonia en medio del rugir de los cañones, en las narices de una Rusia que, usando sus recursos humanos y naturales, flexiona su poderío económico, militar y energético como potencia mundial: ya advirtió a Washington que si usa armamento convencional de alta precisión, responderá con armas nucleares tácticas. Es un ascenso que Estados Unidos trata de frenar y, como antaño, incita las precondiciones de guerra general en Eurasia de cara a su atasco militar en Irak. Por lo que, junto al provocador despliegue del SNA, Estados Unidos incita la desactivación geoestratégica de Rusia. Como recuerda Michael T. Klare en su lúcido Blood and Oil (Metropolitan, NY, 2006; hay versión española), se concretó en el endoso de Clinton y luego de Bush, al oleoducto que va desde Bakú, en Azerbayán, a Cyhan en Turquía, atravesando Georgia. ¿Objetivo?: romper “… el actual monopolio ruso sobre el flujo energético del Caspio y facilitar futuros envíos –de crudo– hacia Estados Unidos” (p. 119). ¿Existe una nueva ecuación de poder en esa región? Moscú contesta con ironía diplomilitar (y Kosovo en mente), reconociendo la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, y por los diputados de la Duma, Boris Gryzlov sintetizó: “El Cáucaso siempre ha sido y será la zona de los intereses estratégicos de Rusia”.

El riesgo de guerra es serio: esto ocurre en medio de las aventuras diplomilitares de líderes poco cautelosos en Washington y París. Y el Cáucaso es un polvorín geoestratégico.

http://jsaxef.blogspot.com

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El largo y complejo problema del Sáhara, de Peter van Walsun en El País

Publicado en Derechos, Internacional, Política by reggio en Agosto 28th, 2008

Si el Polisario sigue exigiendo un referéndum para la independencia, Marruecos lo rechazará de nuevo y el Consejo de Seguridad insistirá en alcanzar una solución consensuada. Y nada cambiará

Escribo esta tribuna como antiguo enviado personal del secretario general de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental. Fui nombrado inicialmente por Kofi Annan en agosto de 2005, y la quinta prórroga semianual de mi nombramiento expiró el pasado 21 de agosto. La razón por la que escribo hoy es que me gustaría aprovechar el breve interludio entre el periodo en el que he tenido que contenerme a la hora de expresar mis opiniones personales porque era el enviado personal del secretario general y el momento, muy próximo, en el que mis opiniones personales ya no interesarán a nadie porque ya no soy el enviado personal del secretario general.

En vista de los 33 años que ha durado el contencioso sobre el Sáhara Occidental, en ocasiones caigo en la tentación de pensar que no he logrado encontrarle una solución porque es un problema insoluble. Si me resisto a esa tentación es porque continúo creyendo que con voluntad política sí podría resolverse.

Mi análisis no ha cambiado desde que presenté mi primer informe oral ante el Consejo de Seguridad en enero de 2006. Pensaba que los dos componentes principales que propiciaban el punto muerto al que se había llegado eran la decisión tomada por Marruecos en abril de 2004 de no aceptar ningún referéndum que planteara una posible independencia, y la inquebrantable convicción del Consejo de Seguridad, en el sentido de que el problema del Sáhara Occidental debía resolverse gracias a una solución consensuada. Yo me centré en este último componente, porque, como apunté entonces, si el Consejo hubiera estado dispuesto a imponer una solución, mi análisis habría sido muy diferente. En realidad, la necesidad de llegar a una solución consensuada tenía que ser el punto de partida de todo análisis.

Esto me llevó a la conclusión de que sólo había dos opciones: que se prolongara indefinidamente el punto muerto actual o que se iniciaran negociaciones directas entre las partes. En dichas negociaciones habría que embarcarse sin condiciones previas, y yo reconocía que lo más realista era pronosticar que, mientras Marruecos ocupara gran parte del territorio y el Consejo de Seguridad no estuviera dispuesto a presionarle, el resultado no llegaría a ser un Sáhara Occidental independiente.

La conclusión fue criticada por quienes pensaban que no era ético esperar que el Polisario aceptara la realidad política simplemente porque Marruecos y el Consejo de Seguridad no respetaban la legalidad internacional expresada en la resolución 1514 (sobre descolonización y autodeterminación), tomada por la Asamblea General en 1960, y en la opinión consultiva de 1975 de la Corte Internacional de Justicia (sobre la ausencia de vínculos precoloniales entre Marruecos y el Sáhara Occidental que pudieran afectar a la aplicación de dicha resolución). No eran éstas críticas que un mediador pudiera limitarse a pasar por alto, pero yo tenía la sensación de que había que ponerlas en la balanza con el riesgo de dar falsas esperanzas al Polisario, animándole a no tener en cuenta algo indiscutible, que desde el inicio del contencioso en 1975, el Consejo de Seguridad siempre había dejado claro que sólo podría tolerar una solución consensuada.

Por desgracia, lo que los partidarios del Polisario le prodigaron generosamente fue precisamente esa clase de ánimo. Insistían en que tarde o temprano el Consejo reconocería que había que respetar la legalidad internacional y obligaría a Marruecos a aceptar un referéndum que diera como opción la independencia.

La razón por la que no creo que esto vaya a ocurrir es que la legalidad internacional no es lo mismo que el derecho internacional. Evidentemente, el Consejo de Seguridad tiene que acatar el derecho internacional, pero también tiene que tener en cuenta la realidad política. Tanto la Asamblea General como el Consejo de Seguridad y la Corte Internacional de Justicia son órganos principales de las Naciones Unidas. No se rigen por un orden jerárquico, sino que cada uno tiene sus propios poderes, descritos en la Carta de las Naciones Unidas y en el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia. En el Artículo 24 de dicha Carta, los Estados miembros confieren al Consejo de Seguridad la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales. Para cumplir con ella, el Consejo no tiene más remedio que tener en cuenta la realidad política. Si lo hace así, actúa dentro de los límites que para sus poderes determina la Carta de las Naciones Unidas y se atiene, por tanto, al derecho internacional.

El Consejo no suele debatir los factores políticos que tiene en consideración cada uno de los Estados miembros, de manera que su peso relativo en la génesis de una resolución nunca se sabe, ni siquiera lo conocen los propios miembros del Consejo. Los potenciales factores políticos pueden ser, por ejemplo, el miedo al efecto desestabilizador de una acción coactiva, la seguridad de que reparar una injusticia 33 años después pueda reportar nuevas injusticias, o la renuencia a contribuir a la posible creación de otro Estado fallido.

Cuando se enfrenta a un contencioso, el Consejo decide por sí solo si se va a atener al Capítulo VI (arreglo pacífico de controversias) o al Capítulo VII (posible uso de la fuerza en caso de amenazas a la paz o actos de agresión), y sus decisiones no pueden ser invalidadas por ningún otro órgano. No hay nada en el derecho internacional que obligue al Consejo de Seguridad a utilizar todos los poderes que tiene a su disposición para poner en práctica las resoluciones de la Asamblea General o las opiniones consultivas de la Corte Internacional de Justicia.

Ésta es la razón por la que las críticas a la falta de respeto del Consejo a la legalidad internacional han tenido siempre tan pocas consecuencias. Entre los Estados miembros del Consejo que con más decisión insisten en que sólo puede haber una solución consensuada para el problema del Sáhara Occidental, nunca me he topado con ninguno que pensara que esta insistencia pudiera, por tanto, vulnerar el derecho internacional. Todo esto no significa que en el Consejo no haya a quien le preocupe que se continúe en punto muerto. Sin embargo, sí está aumentando la sensación de que la insistencia del Polisario en la independencia total del Sáhara Occidental tiene la consecuencia no deseada de agravar el bloqueo y de perpetuar el statu quo.

Hay una salida, pero es muy laboriosa, y conllevaría el mantenimiento de difíciles y auténticas negociaciones. Si el Polisario pudiera contemplar una hipotética solución negociada que no fuera la independencia total, contaría inmediatamente con un abrumador apoyo internacional para su lógica insistencia en la plasmación de garantías sólidas, avaladas internacionalmente, de que en el futuro no se revoque el acuerdo constitucional pactado o de que, aduciendo razones de seguridad nacional, no se vayan socavando gradualmente derechos civiles como la libertad de expresión. Si en algún momento futuro el Polisario está dispuesto a examinar esta posibilidad, espero que no se limite a introducir enmiendas en la propuesta marroquí, sino que presente su propia propuesta global de autonomía.

No espero que el Polisario dé ese paso en un futuro previsible. Nada cambiará por el momento: el Polisario seguirá exigiendo un referéndum que plantee la opción independentista, Marruecos continuará rechazándolo y el Consejo de Seguridad seguirá insistiendo en alcanzar una solución consensuada. Entretanto, la comunidad internacional continuará acostumbrándose al statu quo.

Peter van Walsum es diplomático holandés y fue enviado personal del secretario general de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

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Obama: la campaña decomisada, de Alejandro Nadal en La Jornada

Publicado en Economía, Internacional, Política by reggio en Agosto 28th, 2008

La gran promesa de cambio que hace Barack Obama sufrió un duro golpe recientemente, al recibir el apoyo de Robert Rubin y hace unos meses el de Paul Volcker. Ese tipo de refuerzo no ayuda a pensar en cambios.

Volcker presidió la Reserva Federal (Fed) en los años 70, década en la que Estados Unidos sufrió estancamiento con inflación. Explicando que “las familias estadunidenses tienen que disminuir su nivel de vida”, la respuesta de Volcker fue un incremento a las tasas de interés, que provocó la recesión de 1980-1981 con tasas de desempleo no vistas desde 1933. De paso, esos aumentos desencadenaron la crisis mundial de la deuda, abriendo plaza con México, primero en irse a la moratoria.

Robert Rubin fue secretario del Tesoro en la época de Bill Clinton y después regresó a su querido Citigroup. Desempeñó un papel clave en la crisis mexicana de 1994-1995, asegurando los intereses de sus colegas de Wall Street, entre otras cosas, revirtiendo el riesgo cambiario en el caso de los tesobonos en contra del gobierno mexicano (algo que Guillermo Ortiz aceptó feliz). Pero quizá lo más importante para Estados Unidos y Obama en el contexto de la crisis financiera que hoy explota es el papel de Rubin como arquitecto y activista de la desregulación financiera.

En un excelente artículo en la revista Dissent (www.dissentmagazine.org), Tim Canova, experto en derecho económico internacional, analiza la desregulación bancaria y financiera y sus principales efectos. Su análisis muestra que los préstamos depredadores no son invento de Bush Jr. La verdad es que Reagan y Carter comenzaron el proceso eliminando las reglas X y W de la Reserva Federal, que controlaban los montos y pagos de enganche en créditos hipotecarios y al consumo. Esos controles reducían el riesgo de burbujas especulativas en los mercados de crédito, al impedir a los bancos multiplicar irresponsablemente el volumen de préstamos de alto riesgo. Desgraciadamente, al ganar fuerza la ideología de las bondades de los mercados, estas herramientas fueron consideradas demasiado restrictivas.

Un resultado es que para 1995 el mercado hipotecario subprime ya había alcanzado 90 mil millones de dólares (mmdd) y ese monto se duplicó para 1998. El número de prestamistas hipotecarios en este nicho de mala se multiplicó y algunos de los más grandes estaban afiliados a bancos registrados en la Fed, lo que hubiera permitido controlarlos. Pero Greenspan no estaba interesado en cortar las alas al naciente buitre financiero.

La Reserva Federal mantuvo durante décadas las reglas G, T y U para frenar la especulación en los mercados bursátiles. Esos controles impidieron la creación de burbujas en muchos segmentos del mercado de servicios bancarios y en las operaciones financieras. El análisis de Canova demuestra cómo con Clinton y Rubin las regulaciones y controles fueron remplazados por los “novedosos” sistemas de manejo de riesgos. Esos sistemas tienden a subestimar los riesgos en el contexto de una burbuja especulativa, lo que promueve los préstamos imprudentes. Y el agravante es que, al crecer la burbuja inmobiliaria, los reguladores de la Fed prefirieron no exigir mayores reservas y capitalización a los bancos.

La desregulación clintoniana culmina con la ley de modernización de servicios financieros (1999). Esta nueva legislación revocó partes de la Ley Glass-Steagall de 1933, que establecía restricciones a los bancos comerciales para evitar que se enredaran con aseguradoras, corredurías y bancos de inversiones. De esta forma se evitaba mezclar actividades que requieren una gestión prudencial con las que están más cercanas al riesgo especulativo. La derogación de la Glass-Steagall permitió a los bancos mezclar operaciones, siempre y cuando lo hicieran a través de empresas afiliadas al grupo corporativo.

De pronto los bancos pudieron combinar operaciones y lanzar paquetes de créditos hipotecarios al mercado financiero mundial mediante la bursatilización. Los paquetes burzatilizados eran difíciles de evaluar, aun por los “expertos”. Y el riesgo del mercado hipotecario de mala calidad se desparramó, literalmente, por todo el mundo. La burbuja nació con Clinton, pero le explotó en la cara a George Bush.

La puntilla fue la ley de modernización de los mercados de futuros (2000). Con esta pieza financiera los mercados de derivados quedaron fuera de la pantalla de radar de los reguladores de la Fed. El camino para especulación rampante estaba despejado.

Canova demuestra cómo Wall Street había buscado desde décadas atrás la revocación de la Glass-Steagall. Uno de los que tenía interés personal en eliminar esa legislación es precisamente Rubin. Ahora que Obama lo tiene como uno de sus principales asesores económicos, sus promesas de cambio han recibido un cubetazo de agua fría. Es como si la campaña ya hubiera sido confiscada por el aparato del Partido Demócrata y sus amigos en Wall Street.

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Los gobiernos de España y Colombia de la mano -cómplices- en Afganistán, de Miguel Ángel Llana en Rebelión

Publicado en Economía, Internacional, Política by reggio en Agosto 28th, 2008

Los ministros de Defensa de ambos países, Carmen Chacón y Juan Manuel Santos, se reunieron a primeros de julio en Madrid para ponerse de acuerdo en cómo colaborar en el envío de tropas a Afganistán. Se trataba de “reforzar” militarmente la base española de Qai-i-Naw situada al noroeste de Afganistán.

Ahora, mes y medio más tarde, el gobierno colombiano acaba de enviar a cien “expertos” para ver cómo poner en marcha la participación en la ocupación militar a la que la Comunidad Internacional denomina ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad)

Conviene recordar que Colombia encabeza la lista de los países con más violaciones de los derechos humanos, el de asesinato de dirigentes sindicales y también la de perceptor de ayuda militar de EEUU. También se podría añadir que Colombia, bajo la tutela y ocupación de EEUU, es el país que más amenaza y desestabiliza Latinoamérica.

Es de suponer que algo tendrá que ver el Gobierno colombiano con la situación en la que se encuentra su país y que la “colaboración” prevista sólo es un paso más en la línea de integrar y de “legalizar” las irregularidades con las que actúa el Gobierno y en las viven, sufren y mueren sus gentes, los colombianos.

Lo que sí parece evidente es que el gobierno de Zapatero no podrá dar una explicación convincente de semejante alianza, ni de las razones para continuar con la ocupación militar. La oposición -si la hubiera realmente- tampoco se la exige.

En todo caso se trata de un programa político-militar de injerencia con intereses geoestratégicos cuya misión inmediata a medio y largo plazo es mantener la ocupación y someter por la fuerza a un país, a Afganistán. La situación empeora cada día y los ocupantes, de los que el ejército español forman parte, son responsables directos de acuerdo con el Derecho Internacional.

El pretexto para el envío de tropas es la lucha contra el narcotráfico, la limpieza de minas y las actividades relacionadas con la ingeniería militar.

Resulta trágico que sea, precisamente, Colombia quien vaya a Afganistán -ni a ninguna parte- a luchar contra el narcotráfico y mucho más a poner en orden nada ni a nadie. Y no menos sorprendente es que se utilicen los mismos pretextos y argumentos que los aplicados en la propia Colombia por las devastadoras fuerzas militares de EEUU.

Mientras la tragedia afgana sigue y se incrementa, la producción y exportación de drogas se multiplica (aunque el dinero de su negocio no aparece), la regresión religiosa y represiva del gobierno títere aumenta: la desolación de la zona es inimaginable. Pero claro, todos “los otros” son insurgentes, talibanes, fundamentalistas y terroristas.

El Gobierno de Zapatero y, ahora, su aliado Uribe, sólo pueden con más de lo mismo aumentar esta tragedia, no saben hacer otra cosa.

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De Kosovo al Cáucaso, del Editorial en La Jornada

Publicado en Internacional, Política by reggio en Agosto 28th, 2008

El pasado lunes la Duma rusa decidió reconocer las independencias de Osetia del Sur y Abjazia –provincias separatistas incrustadas en el norte del territorio georgiano, de población predominantemente rusa o pro rusa– y ayer la determinación fue formalizada por el presidente ruso, Dimitri Medvediev. De inmediato, Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea manifestaron su rechazo a la medida de Moscú y han formulado severas advertencias al respecto: la Organización del Tratado del Atlántico Norte calificó la decisión de “violación directa” de las resoluciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU); por su parte, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, se refirió a la decisión del gobierno ruso como “deplorable”, y afirmó que no contará con el apoyo de los otros miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.

La convalidación a las independencias sudosetia y abjaza no resulta sorprendente; es una medida consecuente con la política del Kremlin hacia esos separatismos caucásicos, acaso acelerada por la escalada militar que tuvo lugar a principios de mes en la región. En efecto, desde que Osetia del Sur y Abjazia declararon sus independencias de facto a inicios de la década pasada, Moscú –que en el discurso afirmaba respetar la integridad nacional de Georgia– alentó y respaldó ambos secesionismos mediante el envío de apoyo militar y el otorgamiento de la ciudadanía rusa a la mayoría de los habitantes de esos enclaves caucásicos. Tal postura es, por otra parte, continuación de las tradicionales aspiraciones hegemónicas del Kremlin en la región, heredadas del imperio zarista. Para Moscú, Georgia tiene un elevado valor geoestratégico, no sólo por haberse convertido en aliada de Washington, sino por ser un territorio de paso obligado para las rutas de hidrocarburos del mar Negro al Caspio y la franja oriental del Mediterráneo.

Visto más a fondo, el reconocimiento de las provincias georgianas como estados independientes forma parte de un proceso desencadenado por las propias potencias occidentales, que no se originó en el Cáucaso, sino en los Balcanes, con la designación unilateral de Kosovo como Estado independiente, formulada en febrero de este año por Washington y Bruselas, en flagrante violación a los principios internacionales de integridad territorial y de no intervención en asuntos internos. Con ello quedaron sentadas las bases para la desintegración de los estados nacionales europeos, más como resultado de injerencias extranjeras y designios geoestratégicos que del reconocimiento del derecho de los pueblos a su autodeterminación.

Adicionalmente, el decidido impulso de los gobiernos occidentales a los regionalismos y separatismos en el este de Europa contrasta no sólo con la posición que han asumido en relación con Abjazia y Osetia del Sur, sino también con el rechazo e incluso la criminalización de otras expresiones independentistas en el viejo continente, particularmente las que se desarrollan en España y Francia. En lo sucesivo, los gobiernos occidentales difícilmente podrán defender con congruencia el férreo centralismo estatal ante las demandas de autodeterminación de vascos, catalanes o corsos. Voluntariamente o no, los gobiernos occidentales han colocado en el centro de la agenda política internacional, de manera ineludible, los reclamos independentistas.

Por lo demás, no puede pasarse por alto que el anuncio de ayer prefigura un ahondamiento de las divergencias entre Moscú y Occidente, y continúa una larga cadena de tensiones en torno a temas como la pretensión de Washington de emplazar un escudo antimisiles en Europa del este, la referida secesión kosovar y el Tratado sobre las Fuerzas Convencionales en Europa, uno de los textos claves que regulan la seguridad en este continente desde el fin de la guerra fría, cuyo cumplimiento fue suspendido por el ex presidente y actual primer ministro Vladimir Putin a mediados del año pasado.

Rusia, aun después de la caída del bloque soviético y del fin del llamado orden bipolar, sigue siendo la segunda potencia militar del mundo, y la perspectiva de un conflicto con Occidente, por indeseable que resulte para la de por sí precaria estabilidad mundial, no puede descartarse.

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Divagaciones sobre los Juegos Olímpicos, de Francisco Bustelo en El País

Publicado en Derechos, Internacional, Política by reggio en Agosto 27th, 2008

En estas páginas, con motivo de unos Juegos anteriores, se publicó un artículo de Rafael Sánchez Ferlosio del que recuerdo su final poco encomiástico: “¡Y una mierda para las olimpiadas!”. Éstas, desde luego, aunque nos hayan entretenido este verano, se prestan a la crítica. Fomentan el chovinismo, pues lo importante no es participar sino ganar, pese a que el llamado espíritu olímpico presuma de lo contrario. Subir al podio, además, requiere gastar millones en la preparación de los atletas, por lo que suele haber correlación entre número de medallas y poder económico. España en esto no hace muy buen papel, ya que en el medallero no ocupamos el lugar que nos correspondería por el peso de nuestro producto nacional. Hay así al menos media docena de países que, habida cuenta de sus recursos, se desempeñan deportivamente mejor que nosotros.

Tampoco destaca España por su televisión pública, que es la que ha retransmitido los Juegos. Más de una vez, TVE no sabía decirnos de antemano la programación, y hasta algún locutor tenía dificultades para pasar de la hora de Pekín a la de España. Además, nos freían a los telespectadores con publicidad, esa pesadilla de la economía de mercado. ¿Por qué hemos de financiar con nuestros impuestos una televisión pública que, sin razón alguna, compite con las televisiones privadas en todo, incluidos los anuncios y la telebasura? ¿Por qué no podemos tener una TVE más pequeña, menos dispendiosa y de mayor nivel cultural? Claro que ello es pedir peras al olmo, pues nunca se ha sabido que un organismo público acepte gastar menos, tener menos burocracia y sacrificar la cantidad a la calidad.

En todo caso, China ha demostrado con los Juegos que es una gran potencia en todos los planos. Las cuestiones que ello suscita son muchas. ¿Por qué fracasó el comunismo soviético y está triunfando el chino? Si no se produce un improbable parón en ese espectacular avance, ¿no será el panorama mundial dentro de 25 ó 50 años muy distinto del actual? ¿No ocurrirá que el tan denostado comunismo, al menos en su versión china, encierra valores que han logrado algo desconocido hasta ahora en la historia: impulsar hacia delante con enorme fuerza a una nación de millardo y medio de personas, hasta hace poco sumida en un atraso que sigue atenazando a decenas de países?

Claro que ese progreso se hace con notorias deficiencias en materia de derechos humanos. Claro que hay que desear que se corrijan esas deficiencias cuanto antes. Pero es difícil dar consejos de cómo debe hacerse, tanto más cuanto que otros países, con Estados Unidos a la cabeza, han infringido esos derechos en los últimos años so pretexto de buscar la eficacia en la lucha contra el terrorismo. Una de las cosas que cambiarán con lo que está ocurriendo en China es que tendrá que acabarse la arrogancia de Occidente, derivada de haber ejercido la hegemonía mundial durante 500 años y que había vuelto a resurgir después del colapso de la Unión Soviética.

Por cierto, Rusia es otra potencia mundial en auge. Lo ha demostrado en los Juegos Olímpicos, pero también en el penoso asunto de Osetia del Sur, donde el poco recomendable presidente de Georgia, alentado por Estados Unidos, pretendió imponer su voluntad nada democrática con la fuerza de las armas. La respuesta rusa ha sido brutal, pero con la razón de su parte.

Otro asunto relacionado, aunque de lejos, con los Juegos es el de que, poco antes de su celebración, un juez español decidiera abrir diligencias contra unos dirigentes chinos por las infracciones de los derechos humanos cometidas en el Tíbet.

Ese afán de nuestros jueces de perseguir esas infracciones a lo largo y lo ancho del universo mundo estaría más justificada si no fuera España un país donde hace relativamente poco y durante casi 40 años hubo una vulneración continua de los derechos humanos, con el hecho tan peculiar de que nunca se ha procesado a nadie, ni a una sola persona, por tal motivo.

¿Por qué unos ministros chinos tendrían que responder ante la justicia española y el señor Fraga, para poner un ejemplo, nunca tuvo que hacerlo, a pesar de haber ordenado una represión con víctimas mortales contra unos pacíficos huelguistas, haber avalado el cumplimiento de penas capitales y haber sido un decidido partidario de la dictadura? Sí, ya sé que Fraga apoyó la transición, defendió luego la democracia y hoy es incluso partidario de que la derecha se centre y prescinda de cualquier extremismo. Pero, entonces, ¿por qué no dejar tranquilos a los Fragas chinos para que hagan su propia transición?

En definitiva, los Juegos Olímpicos y, en general, lo que sucede en el mundo podrían servirnos para curarnos de un defecto patrio y ser todos, televisión, políticos, jueces y ciudadanos, más humildes y autocríticos. No parece, en definitiva, visto el pasado y el presente, que este nuestro país esté capacitado para dar lecciones en deporte ni en otras esferas. Ni siquiera en economía, donde además de que cualquier comparación con las tasas de crecimiento chinas nos dejaría en ridículo, los achaques recientes han mostrado lo inoportuno de vanagloriarse.

Francisco Bustelo es catedrático jubilado de Historia Económica y rector honorario de la Universidad Complutense.

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Georgia íntegra y libre, de Eduardo Aguirre en El Mundo

Publicado en Internacional, Política by reggio en Agosto 27th, 2008

TRIBUNA LIBRE

El embajador de EEUU en España analiza la situación en el Cáucaso y advierte de que, si Rusia quiere mejorar su reputación, debe empezar por cumplir con la legalidad

Cada cuatro años, el mundo tradicionalmente se olvida de sus disputas para animar a los atletas durante el apasionante espectáculo de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, en esta ocasión, hemos sido testigos de un espectáculo no menos apasionante; aunque no cautivante para la ciudadanía mundial: los carros de combate rusos, sus tropas y sus aviones militares penetrando la frontera de un pequeño país vecino. Aunque el país es Georgia, no Checoslovaquia, y los tanques eran rusos y no soviéticos, la escena es escalofriantemente evocadora de 1968.

El resultado de estos eventos ha sido igualmente preocupante. Las tropas rusas se han atrincherado en posiciones estratégicas no sólo dentro de las zonas disputadas de Osetia del Sur y Abjasia, sino dentro de la propia Georgia profunda, todas en violación de la integridad territorial de Georgia.

La pasada semana, la OTAN emitió un encendido comunicado de apoyo a la integridad territorial, la independencia y soberanía de Georgia, así como a su Gobierno democráticamente elegido. La secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, añadió que el comunicado «envía el mensaje de que la Alianza Atlántica no permitirá a Rusia que trace una nueva línea a través de Europa entre aquellos estados que son parte de las instituciones transatlánticas y aquellos que aspiran a serlo».

La atención del mundo está ahora enfocada hacia tres objetivos urgentes: poner fin a las hostilidades y los abusos en la zona de conflicto, incluidos aquellos cometidos por milicias irregulares en áreas bajo control ruso, y en ayudar a los supervivientes. Tanto Georgia como Rusia han firmado el acuerdo de alto el fuego que prevé ayuda a la población civil, pero el mundo sigue esperando a que Moscú lo cumpla. Mientras, se debe permitir de forma urgente el paso de las organizaciones humanitarias. Estados Unidos y otros países, entre ellos España, ya han comenzado a distribuir material médico, comida, tiendas de campaña y otra asistencia a los supervivientes. Todavía no está claro el número exacto de muertos y heridos por el conflicto, lo que sí es evidente es que el pueblo georgiano se enfrenta a una crisis humanitaria provocada por la guadaña de la destrucción.

Las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia tienen un largo historial de tensión, pero cualquier observador especializado no se habrá sorprendido por los acontecimientos de las últimas semanas. Moscú ha intensificado de forma permanente la presión sobre Georgia, económica, política y militarmente, con el establecimiento de embargos y la suspensión de las comunicaciones por tierra y aire. En primavera, Rusia emitió una orden gubernamental para incrementar sus lazos oficiales con las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia, ignorando por completo a las legítimas autoridades georgianas.

Después, la afrenta rusa se volvió más ominosa. En abril, un caza de combate ruso derribó un avión de vigilancia dentro del espacio aéreo georgiano y, en el mismo mes, tropas de combate y artillería de Moscú comenzaron a tomar posiciones dentro de Abjasia bajo el pretexto de aumentar la fuerza de paz en la zona, pero sin consultar a Georgia. En mayo, Rusia envió otro grupo de soldados a Abjasia para reparar una línea férrea entre Rusia y la zona del conflicto, sin el mandato legal de ningún país y con la excusa de una «acción humanitaria». En julio, comenzaron actos violentos en Osetia del Sur que incluyeron ataques contra vehículos de la policía georgiana y el intento de asesinato de un líder político osetio pro-georgiano. El proceso culminó con la petición el lunes del Senado ruso y la aprobación ayer por parte del presidente Medvedev de reconocer la independencia de ambas regiones. Como dijo el presidente George W. Bush, la medida de Rusia es inaceptable y «la integridad territorial de Georgia y sus fronteras merecen el mismo respeto que las de cualquier otra nación, incluyendo las rusas».

Durante todo este periodo, EEUU ha urgido a los gobiernos de Rusia y Georgia a ejercitar la máxima restricción y a encontrar una vía pacífica para resolver sus diferencias. El 7 de agosto, después de que Georgia respondiera a un ataque de artillería contra varias aldeas en Osetia del Sur bajo control de las tropas de pacificación, los militares rusos inundaron el territorio surosetio, abjasio y el de la propia Georgia. Con esta acción, Moscú ha puesto en duda la integridad territorial georgiana mientras confiesa en la intimidad que se dispone a reconocer la independencia de las dos regiones separatistas a pesar de que numerosas resoluciones de la ONU les instan a resolver el conflicto por vías diplomáticas.

Las escenas de la agresión rusa, y ahora las amenazas, tanto directas como indirectas, contra otros países como Polonia o Ucrania, han despertado las trágicas memorias de estados capturados en el pasado y que hoy han elegido el modelo occidental de libertad y democracia. Pero el mundo en el que vivimos hoy es muy diferente al de 1968 cuando la Unión Soviética invadió Checoslovaquia. Desde entonces, Europa, la comunidad transatlántica y el mundo han dado un paso adelante. Rusia ha intentado integrarse en las estructuras políticas, diplomáticas, económicas y de seguridad del siglo XXI, y Estados Unidos ha apoyado firmemente este esfuerzo.

Pero con sus acciones, Rusia ha puesto en riesgo su reputación internacional y sus aspiraciones. El impacto de su comportamiento ya se ha comenzado a notar. Hoy surgen dudas sobre la validez de la candidatura rusa a la Organización Mundial del Trabajo y el prestigio que conseguiría si ocupara el octavo sillón del foro económico G7. Algunos críticos incluso se preguntan si Rusia es el lugar apropiado para la celebración de los próximos Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, separada de Abjasia a menos de la distancia de una maratón. El pueblo ruso puede aprender que el coste de la agresión de las pasadas semanas será medido de forma que sus líderes nunca habrían considerado.

Si Rusia desea reparar el daño a su reputación, y sus relaciones con el resto del mundo, el primer paso que debe tomar es el de respetar el alto el fuego que su presidente ha firmado para detener todas las hostilidades, incluidas las cometidas por las milicias irregulares en zonas ocupadas por los rusos. En cumplimiento de los términos de ese acuerdo, todas las tropas rusas que penetraron el 6 de agosto tienen que salir de Georgia. También debe permitir el trabajo de los observadores internacionales y una mayor presencia internacional en Osetia del Sur. Además, debe facilitar que se distribuya ayuda humanitaria y adherirse a la anterior política rusa de respetar la integridad territorial georgiana.

Si Rusia no cumple con estos compromisos se verá más aislada. Como dijo la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, en la última cumbre de la OTAN: «No puede haber una relación normal con Rusia mientras continúe este tipo de agresión».

Eduardo Aguirre es embajador de Estados Unidos en España y Andorra.

© Mundinteractivos, S.A.

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Georgia: otra guerra con olor a petróleo y Gas, de Juan Vega en su Blog

Publicado en Economía, Energia, Internacional, Medio ambiente, Política by reggio en Agosto 27th, 2008

Gerhard Schröder, presidente del gasoducto Northstream

La guerra que ha enfrentado a Moscú con Tiblisi entre el 8 y el 12 de agosto, iniciada tras el manto mediático de protección que proporcionó a Rusia la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, tiene una clara motivación con olor a petróleo y gas, tal y como expone el asunto Jean-Michel Bezat, en un artículo publicado en Le Monde, titulado “Moscou veut garder le contrôle du pétrole et du gaz d’Asie centrale“.

Afirma Bezar, que “todo lo que desestabiliza Georgia, paso decisivo para el itinerario que sigue el petróleo y el gas del Caspio hacia Europa, es bueno para los rusos”, y  añade que “la cuestion va mucho más allá de este pequeño país: americanos y europeos quieren rodear Rusia e Irán, abriendo nuevas vías para asegurar una mayor seguridad energética”. Por su parte, Rusia, “pretende conservar o reconquistar el control de las exportaciones de gas y petróleo, también en las repúblicas ex soviéticas de Asia central, como Azerbaidján, Kazajstán y Turkmenistán”.

Así, durante el conflicto, Rusia no hizo otra cosa que advertir su disposición a tomar el control de los puertos georgianos del Mar Negro: “sus bombas y sus obuses no han caído lejos del oleoducto Bakú-Tiblisi-Ceiján (BTC), que une el Caspio con el Mediterráneo, atravesando territorio de Georgia. No hizo falta más para demostrar que los tubos que sortean Rusia están al alcance de los cañones rusos y que reaparece el fantasma del aprovisionamiento de Europa”.

Termina de describir el panorama geoestratégico que condicionaVladimir Putin y Dmitri Medvedev este conflicto: “hasta la construcción del BTC -firmemente apoyada por Washington- la mayor parte del petróleo de Asia central con destino a Europa, atravesaba por el puerto ruso de Novorossisk. Tras la entrada en servicio en 2005 del oleoducto BTC por el que circula a diario un millón de barriles (más del 1% del petróleo mundial), se han podido evitar los estrechos turcos que retrasan el transporte y multiplican los riesgos de colisión y mareas negras. Y sobre todo, evitan pisar territorio ruso y armenio”.

Así pues, a través de Georgia transita un tercio del petróleo del Caspio, ya que “es la única vía de exportacion del petróleo del Caspio que no pasa por territorio ruso o por los estrechos turcos que están saturados”, recuerdan Timothy Krysiek y Paulina Freedenberg en una nota del Cambridge Energy Research Associates (CERA), publicada a mediados de agosto en pleno conflicto. “si los combates entre Rusia y Georgia persisten y desembocan en una inestabilidad generalizada en el sur del Cáucaso, las consecuencias a medio y a largo plazo para el petróleo y el gas del Caspio serán graves”, añaden estos expertos de un grupo que está próximo a los medios petroleros americanos, según Bezat.

No debe olvidarse que tras la crisis ruso-ucraniana de enero del 2007, que produjo un grave problema de abastecimiento de gas a Europa, la UE dispuso que el proyecto Nabucco era prioritario. “Financiado por empresas privadas o públicas que aportaron cinco mil millones de euros, este gasoducto de 3.400 kilómetros debe trasladar el petróleo del Caspio hasta Austria, pasando por Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumanía y Hungría”.

Seis meses después de que se anunciase la construcción del Nabucco, “Gazprom anunció a su vez la construcción de otro gasoducto rival, junto con el grupo petrolero italiano Eni, el Southstream, que rodea Ucrania para alimentar también a Europa. Vladimir Putin llegó al refinamiento de proponer a Romano Prodi, presidente saliente del consejo italiano, que tomase la cabeza del consorcio encargado de su construcción. Esta vez, con menos éxito que el que consiguió cuando propuso que el gasoducto gigante que unirá Rusia y Alemania por el Báltico, el Northstream, fuese presidido por el ex canciller alemán Gerhard Schröder“.

Concluye su artículo Bezar, afirmando que “es necesario no equivocarse de estrategia y no ver a Rusia como una amenaza para la seguridad energética, anuncian algunos expertos, que consideran la diplomacia europea excesivamente agresiva. Lo esencial del gas que aprovisionará a Europa durante los próximos treinta años, vendrá de Rusia e Irán, pues esos dos países disponen del 42% de las reservas mundiales, recuerdan. Nabucco no será viable más que con gas ruso o iraní”.

Romano Prodi

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La crisis que debió evitarse, de Norman Birbaum en El País

Publicado en Internacional, Política by reggio en Agosto 26th, 2008

La crisis provocada por la imprudencia de Georgia quizá podría haberse evitado. Los gobiernos de Estados Unidos y Rusia podrían haberse comprometido a contener el problema, en un mundo en el que hay otros muchos mayores. Sin embargo, en la era del espectáculo mundial instantáneo, Bush y Putin han preferido ocupar el primer plano. El acuerdo al que llegaron cuando se vieron en Pekín, fuera el que fuera, pudo menos que las fuerzas que les empujaban al enfrentamiento.

Cuando la Alemania comunista, en 1961, convirtió su frontera en un muro, Kennedy mantuvo la serenidad. Ahora, dijo, Jruschov no intentará apoderarse de Berlín Oeste, y el bloque soviético tendrá que pagar el coste moral de tener aprisionados a sus ciudadanos.

Bush, a pesar de sus opiniones sobre las transgresiones de China en materia de derechos humanos, es incapaz de tener ese tipo de reacción. La geopolítica del alineamiento militar, la necesidad de asegurarse el petróleo de Asia central y las locuras de nuestros ideólogos imperiales hacen que la paciencia (que no es una virtud muy estadounidense) sea imposible. Tanto Bush como Clinton rompieron las promesas que había hecho Bush padre a Rusia. La OTAN ha seguido ampliándose hacia el Este y Estados Unidos se ha introducido a gran escala en Asia central.

Esa situación, permitida por la complicidad de Europa occidental, es la que Rusia está intentando transformar ahora. El país, enriquecido gracias a sus ventas de gas, petróleo y minerales, y revitalizado por el renacimiento del nacionalismo, tiene una visión ecuménica de su pasado y se apoya en el zarismo y el bolchevismo dentro y fuera de sus fronteras.

Saakashvili, el presidente de Georgia, estudió y trabajó en Estados Unidos y su Gobierno ha utilizado los servicios del asesor de política exterior del senador McCain. Pese a ello, al exagerar de forma absurda la capacidad de Georgia y la disposición de Estados Unidos a tener una guerra inmediata, Saakashvili ha hecho a los rusos un favor de valor incalculable.

Si la retórica fuera una fuerza política, una Rusia humillada estaría hoy pidiendo su ingreso en la OTAN. En cambio, los dirigentes rusos se enfrentan a una OTAN más dividida que nunca. Los dos grandes partidos alemanes han reafirmado su compromiso de mantener el diálogo político con Rusia, por difícil que sea.

Como consecuencia, en vez de felicitarse por la alianza militar de Polonia con Estados Unidos, el inteligente ministro polaco de Asuntos Exteriores ha destacado, con pesar, el hecho de que Polonia siempre acaba quedándose sola. El ansia de Sarkozy por ejercer de mediador quizá le ha hecho descuidarse sobre las condiciones del alto el fuego, y ha permitido que Rusia estableciera una “zona de seguridad” que, en la práctica, convierte a Georgia en una réplica en el Cáucaso de lo que es Cuba para los estadounidenses: una fuente de irritación, no una amenaza mortal.

Las declaraciones del ministro británico de Exteriores en Tbilisi no impresionaron a nadie. Es imposible pensar que los Estados bálticos y Polonia, por sí solos, puedan inducir a Europa occidental a desenterrar a Napoleón en los Inválidos, y mucho menos a Hitler en Potsdamer Platz.

La expansión de la OTAN hacia el Este ha sido enormemente beneficiosa a corto plazo para Estados Unidos, al intensificar las divisiones entre Europa occidental y oriental, y anular el posible fortalecimiento de la autonomía europea que habría podido derivarse de la expansión en el mismo sentido de la UE. También ha eliminado, por ahora, la posibilidad de que Rusia entre a formar parte de un orden europeo. Sólo quienes niegan la evidencia y siguen creyendo en la hegemonía estadounidense en el mundo pueden pensar que las posibilidades de caos y conflicto asociadas a la crisis pueden beneficiar a la larga a Estados Unidos o a cualquier otro país.

Mientras tanto, en Estados Unidos, una gran parte de la clase política se ha inspirado en los Juegos Olímpicos y ha llevado a cabo unos ejercicios de hipocresía merecedores de medallas de oro, al denunciar a Rusia por tratar de modificar el gobierno de otro país.

Los medios de comunicación han proporcionado toda una serie de débiles simplificaciones y claras desinformaciones. Hasta hace dos semanas, la mayoría de los ciudadanos estadounidenses no era capaz de situar Georgia en un mapa, y muchos siguen sin poder hacerlo hoy. Todavía está por ver qué efectos tendrá la crisis en la elección presidencial. El senador McCain, con su declaración de que “ahora todos somos georgianos”, manifestó una belicosidad que, al principio, hizo que el presidente pareciera razonable. Después, tanto él como la secretaria de Estado Rice han alcanzado la misma estridencia que su candidato.

Desde luego, Putin no les tiene miedo, pero los demócratas sí se han aterrado de tal forma que han caído en una imitación obsequiosa. Los asesores de política exterior de Obama le han convencido de que no hay alternativas a la estrategia adoptada por la Casa Blanca. O bien le han convencido de que sería políticamente perjudicial dar la impresión de estar pensando en alguna solución que no sea la capitulación rusa. Un gobierno de Obama, nos dicen, intentaría meter a Georgia y Ucrania en la OTAN. El senador Biden, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y candidato de Obama a la vicepresidencia, ha ido a Tbilisi, no a investigar qué miembro del Gobierno estadounidense empujó a Saakashvili a provocar a los rusos, sino a mostrar su solidaridad con él.

Hay algunas voces que aconsejan reflexión y contención (entre ellas, la del ex director de la CIA John McLaughlin), pero el senador Obama, tras unos pasos muy tentativos en ese sentido, ha cambiado de dirección. Su lema (”Un cambio en el que podemos creer”), en este caso, significa ningún cambio en absoluto.

No estamos en 1914, sino en agosto de 2008. Pero tampoco estamos en octubre de 1962, cuando Kennedy y Jruschov se unieron para impedir que sus asesores y generales pusieran en marcha una catástrofe.

Quizá Bush y Putin habrían escuchado a una Europa independiente y dispuesta a unir a ambos países para evitar traspasar el umbral de la confrontación. Los europeos que creen que ése va a ser su futuro pueden contar con que van a tener que superar pruebas muy duras. Si McCain es presidente, tal vez militarice nuestra política exterior casi por completo.

Si es Obama el que entra en la Casa Blanca, quizá tenga que afrontar una presión implacable para llevar adelante el proyecto imperialista. La crisis en Georgia demuestra que existe una relación política inextricable entre Estados Unidos y Europa. Será todavía más notable a partir del 20 de enero de 2009.

Norman Birnbaum es catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

© 2008 The Nation.

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La gran semana demócrata, de Rafael Navarro-Valls en El Mundo

Publicado en Internacional, Política by reggio en Agosto 26th, 2008

TRIBUNA LIBRE

Ahora que la carrera electoral de EEUU llega a uno de sus puntos álgidos, el autor reflexiona sobre la figura del vicepresidente y las candidaturas a la Presidencia

La carrera hacia la Casa Blanca es un camino tortuoso flanqueado de momentos intensos. Dos de esos momentos fuertes se han producido en muy poco tiempo: la designación del número dos de Obama (pronto lo hará McCain) y el inicio de las convenciones de los partidos. Entre Biden (vicepresidente con Obama ) y Denver (sede de la convención) corre la gran semana demócrata.

El nombramiento de Joe Biden como vicepresidente en el ticket demócrata ha sido acogido con expectación. Es una expectación que no mira preferentemente a sus cualidades como posible presidente en caso de renuncia o muerte de Obama. Más bien se especula con la mayor o menor ayuda electoral que pueda prestarle. Baste pensar en las características que, según los analistas, ha de tener el vicepresidente: 1) Que no eclipse la figura del presidente, 2) Que conecte con otro tipo de votantes diversos de los del candidato a la Presidencia, 3) Que esté dispuesto a hacer el trabajo sucio, apareciendo como el malo de la película. Attack dog (perro de ataque), es como se le conoce en el argot electoral. Alguien con escasas capacidades para ser presidente, pero que cumpla estas condiciones, puede llegar a la Casa Blanca.

En una primera aproximación, no parece que sea éste el caso de Biden, de 65 años, católico, senador por Delaware, y un experto en política exterior. Sin embargo, su designación remueve una cuestión que viene inquietando a importantes constitucionalistas americanos. Me refiero a si la figura del vicepresidente, tal como la han configurado la Constitución estadounidense y, sobre todo, su enmienda 25 (10 de febrero de 1967), obedece en realidad a las reglas de juego que deben imperar en una democracia avanzada. La alarma cundió cuando Nixon renunció a la Presidencia y automáticamente el vicepresidente Gerald Ford se convirtió en el 38º presidente de Estados Unidos. Ford, a su vez, designó como vicepresidente a Nelson Rockefeller. De este modo, se produjo la anómala situación de que ni el presidente ni el vicepresidente habían sido elegidos por el pueblo estadounidense.

En todo caso, la Historia demuestra -el actual vicepresidente Cheney es quizá la excepción que confirma la regla- que el número dos suele quedar al margen de las grandes decisiones presidenciales. Durante casi un cuarto de siglo, EEUU ha sido gobernado por vicepresidentes que sucedieron automáticamente a un presidente muerto o dimitido. La gran mayoría, cuando accedieron a la Casa Blanca, ni habían sido preparados por el presidente para el cargo, ni habían tenido un papel activo en las tareas presidenciales ni inicialmente su designación se debió a la posesión de especiales cualidades para el cargo, distintas de sus potencialidades electorales. La pregunta que se hacía Arthur M. Schlesinger, distinguido historiador y consejero especial con Kennedy y Johnson, era: ¿no sería más razonable que desapareciera la figura del vicepresidente y, como en Francia, la renuncia o muerte del presidente diera paso a nuevas elecciones anticipadas que elijan democráticamente al nuevo inquilino de la Casa Blanca?

En mi opinión, la eliminación de la figura del vicepresidente sería una solución demasiado radical que, hoy por hoy, no parece viable sin un complicado cambio en la Constitución. Pero esa corriente de opinión apunta a una cuestión importante que el futuro presidente deberá no olvidar. Me refiero a la necesidad de que su vicepresidente participe en las decisiones importantes. Lo que no es de recibo es que pueda repetirse con Joe Biden -o con el que nombre McCain- lo que contestó Eisenhower a un redactor de The New York Times, después de ocho años en la Casa Blanca con Nixon de vicepresidente: «¿Cuáles han sido la principales cuestiones de importancia de vuestra Administración», fue la pregunta, «en las que ha participado su vicepresidente?». La demoledora respuesta fue: «Deme usted una semana y tal vez pueda encontrar alguna».

La designación del vicepresidente ha de ser confirmada por la Convención de cada partido. Antes, ha de serlo el candidato a la Presidencia. Por eso mismo, ambas convenciones en año electoral son, junto a la Superbowl (final de la liga de fútbol americano) un auténtico espectáculo nacional. Ya lo está siendo Denver, donde acaba de comenzar la Convención demócrata. El día de inauguración -junto a Michelle Obama- dos históricos del Partido Demócrata han compartido protagonismo, aunque haya sido a través de mensajes en vídeo. A la intervención del ex presidente Jimmy Carter siguió el homenaje al senador Ted Kennedy, que se recupera de la operación de un tumor cerebral. Es curioso cómo el tiempo altera los condicionamientos. En la Convención demócrata de 1980 los grandes enemigos fueron precisamente los que ahora actúan juntos en Denver. Carter y Ted Kennedy desencadenaron una guerra cainita para hacerse con la nominación presidencial. Finalmente Kennedy fue derrotado por el presidente Carter, pero en la campaña electoral que siguió a la convención el candidato republicano (Reagan) en buena parte reprodujo los ataques de Kennedy contra Carter. Lo resumía con ironía uno de los asesores de Carter: «Kennedy y Jomeini [en alusión a los rehenes estadounidenses] fueron los responsables de que Ronald Reagan alcanzara la Presidencia».

Los demócratas llevan meses tratando de evitar un escenario parecido, que recuerde demasiado la dura y larga campaña electoral de las primarias. Tanto Hillary como Bill Clinton intervendrán en la Convención en momentos destacados y, tras muchas negociaciones, su nombre será presentado a la nominación y simbólicamente votado. Obama ha torcido el gesto ante esta nueva muestra de poder de la senadora por Nueva York. No olvida que, al comenzar las primarias demócratas, (Iowa, enero de 2008), Hillary iba delante de él nada menos que por 20 puntos. Un milagro de organización permitió a Obama ganar por los pelos a la maquinaria electoral mejor engrasada de la Historia: la de Billary Clinton.

Desde 1984, en el paseo triunfal en el que se convirtió la campaña de Reagan frente a Walter Mondale, ningún candidato demócrata ha llegado a la Convención de su partido con unas encuestas tan apretadas. No conviene olvidar la volatilidad del voto del elector estadounidense. Michael Dukakis, Al Gore y John Kerry aventajaban en verano a sus adversarios republicanos en más de 10 puntos, y los tres terminaron perdiendo. Obama ha visto con sorpresa cómo su distancia ha ido disminuyendo semana tras semana. Su popularidad parece que está empezando a declinar y se han empezado a extender las dudas sobre su capacidad para liderar al país en tiempos de crisis.

En esta situación, las convenciones pueden ser decisivas. En Denver todo se ha cuidado al detalle. Los temas responden al guión de la campaña: capacidad de liderazgo, economía y política exterior. Las intervenciones incluyen al matrimonio Clinton, a muchos de los que han jugado un papel importante en la política estadounidense de los últimos años -desde Howard Dean a John Kerry, pasando por Nancy Pelosi-, y los que sonaron como candidatos a la vicepresidencia: Bill Richardson, Kathleen Sebelius, Evan Bayh. Los ataques a John McCain, al que se presenta como Bush III, también tendrán su lugar destacado.

El evento que más atención ha despertado es el discurso de aceptación de la nominación del candidato a la Presidencia ante más de 76.000 personas en el Invesco Field. Cuando el 29 de agosto Obama pronuncie su discurso de investidura, que coincide con el 45 aniversario del célebre I have a dream, de Martin Luther King, Denver entrará en los libros de Historia. Su discurso será el momento estelar de la Convención. En el estadio de los Denver Broncos, Obama tiene una gran oportunidad para llenar de contenido su atractiva propuesta de cambio. Pero no olvidará que otros candidatos demócratas, abanderados del cambio, fracasaron en el intento: Dukakis, Mondale, McGovern… Tal vez por eso, las expectativas son muy altas. Será el momento de apelar a la clase trabajadora estadounidense, como hizo Roosevelt en su aceptación de 1932, y reivindicar las reformas y la necesidad de mirar hacia el futuro, como hizo Kennedy en 1960. El gran desafío de Obama en Denver será presentarse a los estadounidenses como alguien de carne y hueso, no de papel cuché.

Rafael Navarro-Valls es catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro sobre la Casa Blanca Del poder y de la gloria.

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