
La guerra que ha enfrentado a Moscú con Tiblisi entre el 8 y el 12 de agosto, iniciada tras el manto mediático de protección que proporcionó a Rusia la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, tiene una clara motivación con olor a petróleo y gas, tal y como expone el asunto Jean-Michel Bezat, en un artículo publicado en Le Monde, titulado “Moscou veut garder le contrôle du pétrole et du gaz d’Asie centrale“.
Afirma Bezar, que “todo lo que desestabiliza Georgia, paso decisivo para el itinerario que sigue el petróleo y el gas del Caspio hacia Europa, es bueno para los rusos”, y añade que “la cuestion va mucho más allá de este pequeño país: americanos y europeos quieren rodear Rusia e Irán, abriendo nuevas vías para asegurar una mayor seguridad energética”. Por su parte, Rusia, “pretende conservar o reconquistar el control de las exportaciones de gas y petróleo, también en las repúblicas ex soviéticas de Asia central, como Azerbaidján, Kazajstán y Turkmenistán”.
Así, durante el conflicto, Rusia no hizo otra cosa que advertir su disposición a tomar el control de los puertos georgianos del Mar Negro: “sus bombas y sus obuses no han caído lejos del oleoducto Bakú-Tiblisi-Ceiján (BTC), que une el Caspio con el Mediterráneo, atravesando territorio de Georgia. No hizo falta más para demostrar que los tubos que sortean Rusia están al alcance de los cañones rusos y que reaparece el fantasma del aprovisionamiento de Europa”.
Termina de describir el panorama geoestratégico que condiciona
este conflicto: “hasta la construcción del BTC -firmemente apoyada por Washington- la mayor parte del petróleo de Asia central con destino a Europa, atravesaba por el puerto ruso de Novorossisk. Tras la entrada en servicio en 2005 del oleoducto BTC por el que circula a diario un millón de barriles (más del 1% del petróleo mundial), se han podido evitar los estrechos turcos que retrasan el transporte y multiplican los riesgos de colisión y mareas negras. Y sobre todo, evitan pisar territorio ruso y armenio”.
Así pues, a través de Georgia transita un tercio del petróleo del Caspio, ya que “es la única vía de exportacion del petróleo del Caspio que no pasa por territorio ruso o por los estrechos turcos que están saturados”, recuerdan Timothy Krysiek y Paulina Freedenberg en una nota del Cambridge Energy Research Associates (CERA), publicada a mediados de agosto en pleno conflicto. “si los combates entre Rusia y Georgia persisten y desembocan en una inestabilidad generalizada en el sur del Cáucaso, las consecuencias a medio y a largo plazo para el petróleo y el gas del Caspio serán graves”, añaden estos expertos de un grupo que está próximo a los medios petroleros americanos, según Bezat.
No debe olvidarse que tras la crisis ruso-ucraniana de enero del 2007, que produjo un grave problema de abastecimiento de gas a Europa, la UE dispuso que el proyecto Nabucco era prioritario. “Financiado por empresas privadas o públicas que aportaron cinco mil millones de euros, este gasoducto de 3.400 kilómetros debe trasladar el petróleo del Caspio hasta Austria, pasando por Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumanía y Hungría”.
Seis meses después de que se anunciase la construcción del Nabucco, “Gazprom anunció a su vez la construcción de otro gasoducto rival, junto con el grupo petrolero italiano Eni, el Southstream, que rodea Ucrania para alimentar también a Europa. Vladimir Putin llegó al refinamiento de proponer a Romano Prodi, presidente saliente del consejo italiano, que tomase la cabeza del consorcio encargado de su construcción. Esta vez, con menos éxito que el que consiguió cuando propuso que el gasoducto gigante que unirá Rusia y Alemania por el Báltico, el Northstream, fuese presidido por el ex canciller alemán Gerhard Schröder“.
Concluye su artículo Bezar, afirmando que “es necesario no equivocarse de estrategia y no ver a Rusia como una amenaza para la seguridad energética, anuncian algunos expertos, que consideran la diplomacia europea excesivamente agresiva. Lo esencial del gas que aprovisionará a Europa durante los próximos treinta años, vendrá de Rusia e Irán, pues esos dos países disponen del 42% de las reservas mundiales, recuerdan. Nabucco no será viable más que con gas ruso o iraní”.

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