Reggio’s Weblog

Buscando una oposición desesperadamente, de Fernando Vallespín en El País

Posted in Política by reggio on 13 febrero, 2009

Hay dos leyes que en nuestra ya no tan corta experiencia democrática se han venido cumpliendo a rajatabla: la primera es el declive electoral de los partidos que trasladan una imagen de desunión; y, la segunda, que sin contar con una oposición sólida aumentan los desvaríos del Gobierno y disminuye su rendimiento. Son leyes generales válidas para todos los países, pero en el nuestro tienen casi el carácter de leyes de hierro. Cuando ambas circunstancias, desunión más oposición desatinada, se combinan, el más perjudicado no acaba siendo sólo el partido en cuestión, sino el sistema político como un todo. Y ésta parece ser la situación a la que nos está conduciendo la crisis del PP.

La foto de Rajoy rodeado de todos sus barones no hace más que ratificar aquello que se desea ocultar, el cuestionamiento interno del líder y la torpe gestión de la crisis madrileña de los espías. Apelar a una conspiración de los poderes del Estado y el Gobierno apoyándose en la coincidencia de una cacería del juez Garzón y el ministro de Justicia para aguar los preocupantes efectos políticos de la trama denunciada parece casi de risa. Eso significa no conocer a Garzón -a quién, por cierto, bien que jaleaban cuando su acción se dirigía contra el Gobierno de Felipe González-, ni saber cómo se organizan esas peculiares cacerías de nuestro país. Pero, sobre todo, no prejuzga nada sobre el caso desvelado, que es la auténtica cuestión.

Desde la perspectiva de los ciudadanos, lo preocupante es, sin embargo, la situación de ensimismamiento en que se ha colocado el principal partido de la oposición. Colgando balones erráticos al área contraria es imposible que tenga capacidad de regeneración para construir la oposición que queremos. Perdió la mitad de la legislatura pasada en cuestionar el resultado electoral, y el resto en crispar hasta la saciedad el ambiente político. A comienzos de ésta cerró en falso sus problemas de liderazgo, y en vez de reconocer sus errores insiste ahora en el victimismo y en las acusaciones retóricas. La proximidad de las elecciones vascas y gallegas ha podido conducirles a este nuevo simulacro de cohesión y unidad interna, que cotidianamente se encargan de subvertir algunos de sus supuestos voceros mediáticos. Pero cuanto antes hagan sus deberes y recuperen la autoconfianza perdida más nos beneficiaremos todos.

Este sainete de los escándalos de la oposición y sus cuitas internas es un lujo que no nos podemos permitir en esta situación de crisis. Una oposición inteligente e incisiva es una necesidad para cualquier sistema democrático, y bajo las circunstancias actuales se convierte en una verdadera urgencia. En particular, en lo relativo a su capacidad para lanzar alternativas y para presionar al Gobierno y obligarle a dar lo mejor de sí mismo. Como, por ejemplo, ir más allá de los métodos paliativos contra la crisis y utilizarla como una oportunidad para cambiar de una vez por todas nuestro desfasado modelo económico. Y, algo a lo que no solemos estar acostumbrados en nuestro país, a entrar en pactos constructivos que mejoren la gobernabilidad en momentos excepcionales. Si la situación es como todos nos tememos, y si sólo podremos salir de ella mediante medidas drásticas, más tarde o más temprano habrá que incorporar a los partidos de la oposición en consensos básicos sobre una multiplicidad de temas. Una oposición dividida carecerá de incentivos para ello, porque hacerlo estimulará las disensiones internas y las escaramuzas estratégicas. ¿Imaginan la reacción de Esperanza Aguirre y sus apoyos mediáticos si Rajoy pacta algo con Zapatero?

Además, con una oposición desestructurada, sin propuestas concretas, a la defensiva y con el enemigo dentro, lo normal es que le salgan enseguida equivalentes funcionales. Todos recordamos cómo durante algunos de los Gobiernos de González, los sindicatos suplieron a la oposición política de un PP en horas bajas. Y cómo un sector de la prensa asumió ese papel con una fiereza sólo explicable por la propia debilidad de un partido que todavía no había encontrado su brújula política. Casi hicieron realidad la máxima de Disraeli de que “un Gobierno no puede estar mucho tiempo seguro sin una oposición formidable”. Porque, no nos engañemos, un Gobierno funciona mejor, argumenta mejor, actúa mejor, y está más controlado, si enfrente tiene a un grupo con capacidad para sacarle los colores y para ilustrar a los ciudadanos sobre cómo exigirle una verdadera rendición de cuentas. En estos momentos, sobra decirlo, necesitamos el mejor Gobierno y, por tanto, la mejor oposición.

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Un logro podrido, de Joan B. Culla i Clarà en El País de Cataluña

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 13 febrero, 2009

Si el trienio presidencial de Pasqual Maragall fue, pese a todos los avatares y sobresaltos, el del nuevo Estatuto, el mandato de su sucesor debía ser el de la nueva financiación autonómica. No sólo en cumplimiento del texto estatutario de 2006, sino en correspondencia con los anuncios y las aptitudes del presidente José Montilla. Poco propenso y poco dotado para la lírica, el líder del PSC había prometido Fets, i no paraules mientras su partido advertía de que, resueltas ya las cuestiones identitarias y simbólicas, el periodo 2006-2010 iba a ser el de la gestión y el de las políticas sociales; hechos, gestión y políticas -se sobreentendía- nutridos con los recursos adicionales que debería aportar el nuevo modelo de financiación de la Generalitat.

La expectativa de ese nuevo modelo, espoleada por diversas crisis en nuestras infraestructuras que aumentaron la conciencia de los déficit acumulados, dicha expectativa alimentó el primer tercio de la legislatura hasta que, a fines de la primavera de 2008, fue evidente que el ya reelegido Rodríguez Zapatero no tenía intención alguna de acordar la financiación catalana antes de que venciera, el 9 de agosto, el plazo fijado por el Estatuto. Comenzó entonces una danza de subterfugios, excusas, nuevos plazos, anuncios y desmentidos sobre la inminencia del pacto, mientras la crisis económica global acudía impetuosa a apuntalar las dilaciones del inquilino de La Moncloa… Entramos en 2009, pasó enero, comenzó febrero, el Gobierno central advirtió de que nada cabía esperar antes de las elecciones gallegas del 1 de marzo. Y aquí estamos, ya con seis meses de demora a las espaldas pero sin ninguna certeza sobre cuándo puede resolverse el maldito embrollo de la financiación.

Frente a este panorama, ¿cuál ha sido la reacción en Cataluña, particularmente entre las fuerzas del Gobierno tripartito? Al comienzo, los socialistas sacaban pecho y lanzaban advertencias solemnes: recordemos, en julio, aquella celebrada frase del presidente Montilla durante el congreso de su partido (“te queremos mucho, José Luis, pero queremos más a Cataluña”); luego, en otoño, hubo vagas insinuaciones de que, si la financiación no estaba cerrada, tal vez los 25 diputados del PSC en el Congreso no votarían los Presupuestos Generales del Estado; después, a punto de finalizar el año, Miquel Iceta subrayó que, de no alcanzarse un acuerdo, las relaciones entre el PSC y el PSOE nunca volverían a ser las mismas…

La esterilidad de tales avisos, y sobre todo la usura del tiempo, ha ido reduciendo los gestos públicos de presión del socialismo catalán a un ritual cansino en el que Miquel Iceta repite que, si no se llegase a un arreglo con el Gobierno de Zapatero, es “obvio” que los vínculos con el PSOE “se resentirían”; aunque nada hay que temer, pues el PSC posee “una paciencia ilimitada”. Iniciativa, tras el memorable pacto veraniego entre su líder, Joan Saura, y la vicepresidenta Fernández de la Vega, prefiere hablar poco del tema y agitar sus fervores propalestinos como cortina de humo. En Esquerra Republicana, el secretario general, Joan Ridao, estima que las diferencias entre el Gobierno español y el catalán en materia de dineros son aún “astronómicas”, y las facciones críticas reclaman un referéndum interno sobre el nuevo modelo de financiación, cuando tal cosa exista; pero el presidente del partido, Puigcercós, parece priorizar el mantenimiento del statu quo y rechaza movimientos rupturistas. Montilla y Antoni Castells, por su parte, han prescrito silencio y manejan, con relación al eventual acuerdo, el tan peculiar como expresivo concepto de no-calendario.

Sin embargo, el efecto más deletéreo de este medio año de retrasos, de promesas rotas, de incumplimientos flagrantes y sucesivos, no es el de poner en evidencia la debilidad de los partidos que gobiernan la Generalitat, su impotencia ante la frivolidad y el oportunismo de Rodríguez Zapatero. No, lo peor ha sido el crecimiento exponencial del hastío y el desapego de los ciudadanos, los cuales han olvidado ya que de una mejor financiación autonómica dependen la cantidad y la calidad de sus servicios públicos, y tienden a creer que esa de la financiación es una querella endogámica entre partidos o entre gobiernos, una más, ajena a los intereses generales.

Una prueba la tenemos en los resultados del último estudio elaborado por el Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, con fecha enero de 2009. Según ese trabajo demoscópico, sólo el 2,3% de los encuestados consideran que la “actuación prioritaria” del Gobierno catalán debería ser el nuevo sistema de financiación, siendo ésta la undécima y última entre todas las preocupaciones ciudadanas recogidas por la encuesta. No obstante, si nos fijamos en las 10 temáticas que el sentir de la calle considera mucho más importantes (“paro y precariedad laboral”, “mejorar las políticas sociales”, “acceso a la vivienda”, “sanidad y seguridad social”, “educación, cultura e investigación”, “inmigración”…), resulta que casi todas ellas son inabordables sin una sustancial mejora de los recursos financieros a disposición de la Generalitat.

Es verosímil que un día, ya sea en marzo, en abril o en julio, el prestidigitador Zapatero extraiga de su chistera un modelo de financiación autonómica que el tripartito -siquiera sea en nombre del peix al cove- se vea en la tesitura de aceptar, más todavía bajo los embates de la crisis. Aun así, el desgaste habrá sido tan grande, las frustraciones tan numerosas y la ilusión tan escasa, que se tratará de un logro podrido. Y a la legislatura le quedará poco más de un año.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

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Aguantar, esperar, financiar, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 13 febrero, 2009

Hay un dato evidente, si bien todavía no bien cuantificado, que explica con elocuencia, no la magnitud de la crisis, que aún desconocemos, sino la escasa eficacia de las medidas puestas en marcha para conjurarla. Me refiero a la diferencia entre el precio oficial y el precio real del dinero. Por un lado, el Banco Central Europeo bajó los tipos hasta el dos por ciento. Por el otro, el precio real de los préstamos, que, según aseguran quienes los solicitan y los conceden, se sitúa con facilidad alrededor del ocho por ciento, incluso más. No es que las entidades financieras se propongan hacer un gran negocio con el dinero prestado, sino que los costes de obtenerlo son asimismo muy elevados e incluyen capítulos como avales y primas de riesgo. Esta distancia entre el precio oficial y el precio real del dinero no tiene precedentes en la memoria de los profesionales que he podido consultar. Aun así, la falta de liquidez contribuye a yugular la demanda y la economía productiva.

¿Con qué instrumentos efectivos cuentan las autoridades monetarias, a escala europea o estatal, si la influencia de la mayor de ellas, los tipos oficiales, se muestra tan escasa? El dinero público inyectado se desvanece en dirección contraria a la prevista o proclamada, hacia los grandes inversores que prestaron a los bancos y no hacia las empresas y las familias. Es de temer que el mercado, temeroso, imponga su irracionalidad, no su lógica, porque ha dejado de tenerla o de aparentarla (si es que alguna vez la lógica del mercado ha pasado de concepto ornamental). ¿Estamos en un túnel o, mucho peor, en una cueva de dimensiones desconocidas, tal vez de Alí Babá, en la que los aprovechados y los incompetentes siguen acechando en la oscuridad? Los más clarividentes, entre los que por desgracia no me encuentro, confiesan que van con linternas de escaso haz de luz, cuyo alcance no llega al techo ni a las paredes. En otras palabras, las dimensiones reales de la crisis están por determinar. Se trata de una crisis inédita, sin precedentes claros que permitan comprenderla y poner en marcha remedios fiables o probados. Las ideas de los economistas, los pocos que se atreven a dar alguna, son de lo más dispar. Algunas parecen infantiles o de bombero. En ningún caso los líderes políticos se atreverán a aplicar medidas que no cuenten con amplio acuerdo.

Precisamente la intuición compartida se reduce a la conveniencia de inyectar dinero público, con la doble finalidad de paliar los efectos más desastrosos y avanzar en lo posible la recuperación. Algún día pagaremos la factura de lo que ahora se invierte, esperemos que sea durante la recuperación. En cuanto a la eficacia del primer objetivo, evitar el derrumbe del sistema financiero, los resultados se corresponden con las intenciones. El resto parece volcarse en un pozo sin fondo, a fin de rellenarlo, si bien es pronto para decir si surte el efecto deseado o se lo llevan las oscuras aguas freáticas. Las inversiones en infraestructuras, por ejemplo, crean empleo y mejoran las opciones para crear riqueza en el futuro (¿qué tal priorizar de una vez el yugulado corredor mediterráneo?). No existe ni en el Gobierno ni en la oposición españoles, ni en los medios de Madrid, sensibilidad suficiente en cuanto a los sectores emergentes. Tampoco está el horno político para consensuar reformas, ni siquiera las más evidentes y necesarias, de modo que la exigencia se reduce a una enérgica y decidida acción de los poderes públicos para que el famoso dinero de todos inyectado en el sistema llegue a las empresas y las familias. En otros países se intentan medidas más drásticas o hasta cierto punto creativas, siempre de incierto resultado. A estas alturas, visto el lamentable debate parlamentario, lo único que cabe esperar es la llegada del crédito, tan imprescindible como el maná en la travesía del desierto. Los tipos reales son muy altos, las garantías son exageradas, pero aun así quienes pueden pagarlos y cumplir las garantías se encuentran con la negativa por respuesta. El sistema financiero desconfía de la economía, o tal vez tenga las arcas vacías después de pagar los plazos de sus propias deudas. La presión de Zapatero ha quedado en nada. Solbes se muestra servil con la banca, en contra de los intereses generales, y de los políticos del PSOE.

¿Qué puede hacerse? ¿Sólo aguantar y esperar? Para una buena parte de la economía no es posible lo uno ni lo otro sin unos niveles adecuados de financiación. La prioridad ahora es financiar. Puede hacerse mucho más, pero abrir el crédito es condición necesaria, previa, imprescindible. La garantía pública debe trasladarse de quienes deberían conceder créditos a quienes no los reciben. A través de los estados, los ciudadanos hemos prestado dinero a los bancos para que se salven. Hora es de que les prestemos, de la caja común que son las cuentas públicas, para que nos lo presten al por menor. La mayor dificultad no es técnica, sino política. Simplemente, los políticos se dedican a sus peleas en vez de atender el gran problema.

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El círculo de la caza, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Justicia, Política by reggio on 13 febrero, 2009

EL ESPECTADOR

La caza del jabalí es metódica. Los cazadores no avanzan por el monte a la aventura, acompañados por nerviosos perros, como quien busca la perdiz o la liebre, no. La caza del jabalí depende de una laboriosa estrategia. Los cazadores se distribuyen a lo largo de una zona previamente acotada en el mapa hasta rodearla por completo, mientras los más expertos, con la ayuda de los perros, se adentran en la espesura, intentando despertar a los jabalíes, que duermen de día. Cuando, azuzados por los perros, los jabalíes despierten, se producirá en el bosque un ruido inconfundible. El trotar ciego de las bestias y el griterío de la jauría avisará a los que cercan la zona. Cada uno de los vigías preparará el arma, tensará los nervios, fijará la vista en la maleza y deseará con fervor que, en su huida, un jabalí acierte a pasar por el punto en el que está apostado. El disparo desde la posición del vigía es fácil: raras veces el jabalí logra evitar el cerco.

No muy diferente parece ser el cerco a un partido. Los cazadores se reparten los papeles. El juez y el fiscal se adentran en una espesura, buscando despertar a las bestias en un fallo. Algún grupo de comunicación obtiene información privilegiada del caso, pese aque el juez decreta el secreto del sumario. Y el griterío que levantan los diversos medios, transmudándose en jauría, recubre no sólo a los corruptos, sino a su entero partido, de una vergüenza insoportable. Rodeando el terreno de la vergüenza, los diputados de la oposición y su tropa de tertulianos dispararán con gran comodidad abatiendo a todas las presas posibles, deseando con fervor que alguna de ellas sea de gran peso y altura. Actuando así, muchos periodistas se creían y creen actores españoles del Watergate. No son más que epígonos de la vieja, cruel, hipócrita inquisición.

En la cacería actual, el PP es el partido de los jabalíes cazados, el PSOE actúa como eufórico artificiero, El País es el narrador de las vergüenzas populares y el juez Garzón oficia como inquisidor general. En el ocaso de Felipe González, los actores eran casi los mismos, pero con papeles distintos. El PP en fase rampante se alió con El Mundo,que actuó como implacable narrador de las vergüenzas socialistas. El único que está en su mismo papel es Garzón. Entonces se había presentado en las listas socialistas, obtuvo un alto cargo, retrocedió de repente a su papel de juez y empezó la cacería. La judicatura toleró que entre el Garzón político yel Garzón juez no mediara incompatibilidad alguna. De aquellos polvos vienen estos lodos: ministros y jueces cazando. Algo así no pasa en ninguna democracia con verdadera separación de poderes. Desde entonces, el deterioro de nuestro sistema es constante. Y la judicatura es tan culpable como el que más.

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Las cacerías, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Justicia, Política by reggio on 13 febrero, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

No una, sino dos veces coincidieron el juez Baltasar Garzón y el ministro Fernández Bermejo en ejercicios cinegéticos contra venados y jabalíes cuando el primero había iniciado acciones contra una trama de corrupción que afecta a los adversarios políticos del segundo. El juez y el ministro, que lo es precisamente de Justicia, o sea de lo más cercano del poder político al ámbito de jueces, magistrados y fiscales, también se encontraron al menos en una cena y en una comida de cazadores, con asistencia además del jefe de la Policía Judicial, Juan Antonio González, que investiga a las órdenes del primero contra los ya citados enemigos políticos del segundo. Estas cacerías tienen soliviantado al mundillo político y a muchos, acaso muchísimos, ciudadanos, que no pueden dejar de recordar aquellas partidas campestres del franquismo que tan bien retrató García Berlanga, en las que ministros, jueces, empresarios y buscavidas hacían de dadores y conseguidores mientras tiraban a los faisanes y a lo que se pusiera por delante. Desde luego, Berlanga tendría materia para un nuevo episodio de su celebrada Escopeta Nacional con Garzón, Bermejo y González en los papeles estelares.

La revelación noticiosa de esas aventuras de fin de semana del juez, el ministro y, parece ser que a tiempo parcial, del policía ha obligado a hablar de otra cacería, una cacería política contra los adversarios del ministro, el Partido Popular, sobre el que está cayendo la peor palabra del vocabulario político-delictivo: corrupción. Las actuaciones de Garzón van dirigidas sobre todo contra gente que no es del PP y sólo dos ex alcaldes populares de localidades madrileñas, pero oyendo a algunos parecería que el juez está desmontando el partido pieza a pieza para encontrar el escondite secreto de no se sabe qué. A ello ha contribuido la inobservancia de la presunción de inocencia, grave atentado político y humano, que ha llevado a varios amigos del ministro en fragorosos mítines a considerar culpables no sólo a los incluidos en el sumario que elabora el juez, sino a todo ese partido. Cómo no recordar aquí los arrestos mediáticamente escandalosos realizados en otras ocasiones de infeliz memoria contra políticos del PP -que luego quedaron en nada porque nada había- y nunca empleados contra políticos del PSOE.

La cacería política de la que se habla tanto en estas horas ha estimulado el agrupamiento de los dirigentes del PP en torno a su presidente, Mariano Rajoy, que en el testimonio plástico de la réplica a la persecución parecía más líder que nunca. Ha sido una maniobra en la que Rajoy recupera su pedestal. Ya veremos si el PP consigue la recusación del juez, la personación en la causa y el repudio del ministro, objetivos que no dependen sólo de sus gestiones, pero ha logrado algo que se echaba de menos, la unidad alrededor de su líder, y eso es un valor político de primera magnitud. Garzón y Bermejo habrán podido abatir venados y jabalíes, aunque no sabemos de su puntería ni de sus hazañas con la escopeta, pero la pieza PP ha reaccionado a las primeras escaramuzas, opone resistencia a los cazadores y, si llega la ocasión, tratará de acabar con ellos. Veremos si esta vez la Escopeta Nacional tiene un final imprevisto.

© Mundinteractivos, S.A.

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El juez de la oca, de David Torres en El Mundo

Posted in Justicia, Política by reggio on 13 febrero, 2009

A DIESTRA Y SINIESTRA

Roy Bean, el juez de la horca, la única ley al oeste del Pecos, cuidaba de un oso medio amaestrado al que quería como un hijo y que le ayudaba en la dura tarea de administrar justicia. Los dos tenían sus más y sus menos, no se crean. «Oso, estás sin civilizar», gritaba Paul Newman al oso en la más memorable caracterización del juez.

Ha pasado más de un siglo, pero aquel entrañable oso pardo no se hubiese podido ni arrimar a Baltasar Garzón, el juez de la oca y juzgo porque me toca, sin acabar con un escopetazo en la boca, disecado y convertido en trofeo para escarmiento de los plantígrados madrileños (al madroño ya le tocará un día de éstos). Una lástima porque a Garzón, el juez que instruía demasiado, le hubiese venido bien la ayuda de un par de zarpas más en ese sumario que más bien parece un despellejamiento sin cuartel.

No se entiende muy bien el revuelo que ha liado el binomio de Garzón, el juez de la oca, y de Bermejo, ministro de armas tomar, porque les hayan visto abatiendo fieras a tiros en Talavera de la Reina. De toda la vida, desde tiempos de don Pelayo y el Cid, la montería ha sido el noble entretenimiento de las clases dirigentes por estos lares. ¿Quién no recuerda a Franco matando jabalíes atados de una pata, para no fallar el tiro? ¿Quién no recuerda a Mitrofán, oso pardo, ruso y borrachín que acabó de diana real? Decían que a Don Juan Carlos lo habían engañado al ponerle delante aquella pobre bestia bonachona y alcoholizada, pero qué va: a quien habían engañado era a Mitrofán.

Da gusto ver que aquí no se pierden las buenas costumbres, que el gusto por la pólvora y la sangre fácil ha arraigado en el corazón de estos dos adalides de la libertad. Bermejo, con su ideológico apellido, ha cogido la pelliza, la canana y la gorra del Caudillo para que no se nos olvide que en España el poder siempre lleva escopeta.

Garzón, como Roy Bean, primero dispara y luego juzga. Quizá por eso se le han escapado vivos todos los grandes úrsidos que han pasado por delante de la mira de su fusil, desde dictadores continentales como Videla o Pinochet hasta el penúltimo capo gallego: porque siempre se ha preocupado más de la foto al final de la montería que de instruir bien el sumario.

La última foto, por cierto, le ha salido movida. Montesquieu yacía como siempre, muerto entre el revoltijo de jabalíes. Que se ande con ojo Rajoy, que no para de hacer el oso.

© Mundinteractivos, S.A.

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MAFO exige al PSOE una solución urgente para no intervenir Caja Castilla La Mancha, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 13 febrero, 2009

La situación de la Caja de Ahorros de Castilla La Mancha (CCM) se ha agravado. La preocupación es máxima tanto en el Banco de España como en el propio Partido Socialista, que teme que el primer fiasco sonado de una entidad financiera española sea una Caja presidida por un militante socialista (Juan Pedro Hernández Moltó) y radicada en una Comunidad Autónoma donde gobierna el PSOE desde el inicio de la democracia. El Banco de España ha pedido al PSOE que busque una solución urgente para CCM, so pena de tener que intervenirla.

De las operaciones necesarias para encontrar un acomodo a la entidad manchega que evite la intervención se encarga el secretario federal de Economía y Empleo del PSOE (además de secretario de Estado de la Seguridad Social) Octavio Granado, que viene manteniendo ronda de contactos permanente con el gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, con la consejera de Economía y el presidente de la Junta de Castilla La Mancha, y con las potenciales Cajas susceptibles de llevar a cabo la “operación salvamento”, Ibercaja y Unicaja, amén de con la propia entidad manchega.

Las conversaciones exploratorias mantenidas entre la dirección ejecutiva de Ibercaja y CCM, de las que dio cuenta este diario, orientadas a lograr una fusión por absorción de la primera sobre la segunda, se rompieron una vez que el PSOE, tras realizar las simulaciones correspondientes, llegó a la conclusión de que no iba a contar con mayoría en la Asamblea General de la nueva Caja de Ahorros resultante. Tras este episodio, Octavio Granado volvió sobre sus pasos para orientar de nuevo los tiros hacia Unicaja, planteando otra vez a Braulio Medel la necesidad de que sea la Caja malagueña la que absorba por vía de urgencia a la manchega.

Las cosas se han acelerado hasta el punto de que, según fuentes de toda solvencia cercanas al Banco de España acogidas al anonimato, el presidente de Unicaja se entrevistó a finales de la semana pasada con el Subgobernador, José Viñals, y con el Director General de Supervisión, Francisco Javier Aríztegui, para conocer su posicionamiento ante una hipotética fusión por absorción. A preguntas de este diario, un portavoz del Banco de España aseguro que “venimos obligados a mantener el secreto de las relaciones que la institución mantiene con sus supervisados, porque así lo establece la ley. No obstante, sí estamos en condiciones de asegurar que en ningún caso se va a intervenir ninguna Caja”.

Braulio Medel, entre la espada y la pared

De acuerdo con las fuentes, Unicaja es “la única posibilidad real” de salvar a CCM de la inminente intervención del Banco de España, cuyo Consejo de Gobierno está retrasando la adopción de una decisión semejante, esperanzado en que la mediación del PSOE haga posible una fusión interregional, hasta hoy algo inédito en el panorama del Estado de las Autonomías.

La LORCA (Ley 31/1985) prevé expresamente esta posibilidad, al establecer en su 5ª Disposición Adicional que “Cuando se produzca una fusión entre Cajas de Ahorros que tengan sus sedes sociales situadas en diferentes Comunidades Autónomas, la autorización para la misma habrá de acordarse conjuntamente por los Gobiernos de las Comunidades Autónomas afectadas”. Además, exige que “en el acto que autorice la fusión se determinará la proporción que corresponderá a las Administraciones públicas y Entidades y Corporaciones de Derecho Público de cada Comunidad en los órganos de gobierno de la Caja de Ahorros resultante”.

La situación de la CCM es tan apurada, que la Comunidad de Castilla La Mancha está dispuesta a autorizar cualquier fusión en la órbita del PSOE, sin exigir especiales condiciones. Su solvencia, sin embargo, está tan deteriorada que la Caja que se plantee absorberla tendrá que negociar previamente con el Fondo de Garantía de Depósitos (Banco de España) la cuantía y condiciones de las ayudas necesarias para ello. Ese, entre otros, fue el primer objetivo del encuentro entre Medel y el subgobernador Viñals: conocer qué ayudas estaría dispuesto a otorgar el FGD a Unicaja para hacerse cargo de la Caja manchega.

Braulio Medel tiene, además, otro problema, y es deshojar la margarita entre la absorción de CCM y la fusión con la sevillana Cajasol, la operación que auspicia el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves. Hacerse cargo de la entidad manchega, con la difícil digestión que traería aparejada, haría imposible a corto plazo pensar en cualquier otra operación. Braulio Medel parece, pues, cogido entre la espada y la pared.

A preguntas de este diario, Hernández Moltó manifestó ayer que “ni voy a confirmar, ni voy a desmentir la operación. Es cierto que estamos sondeando distintas opciones que consideramos son de interés para la Caja, como también lo es que todos estamos en conversaciones a muchas bandas y con mucha gente. Hay varios ámbitos de contacto y no somos nosotros solos. Y, desde luego, la eventual operación está lejos aún de su nivel de madurez”.

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En la cuerda floja, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 13 febrero, 2009

La toma de decisiones en asuntos públicos está habitualmente orientada al corto plazo. La maximización de réditos electorales en reválidas sucesivas y los intereses creados constituyen incentivos suficientes para planificar sus efectos inmediatos o retardados. Políticas económicas de ajuste y sacrificio durante las primeras etapas de gestión, legitimidad popular mediante, para posteriormente y según manden las urnas, practicar aquellas actuaciones que favorezcan la reelección aprovechando cierta miopía de los votantes, quienes valoran generosamente los desempeños más recientes y desdeñan con facilidad los pasados, desmemoriados de pretéritas apreturas. Ciclo económico de origen político.

Desequilibrios globales, sistema en crisis. Ahora, como entonces, las soluciones son parches. Salir del paso. Fracaso dinámico de políticas económicas basadas en adecuadas combinaciones de desempleo e inflación, invalidadas en el momento en que la estanflación dejó al descubierto la visión naíf de aparentes opciones mutuamente excluyentes. Evolución hacia la inflación centrada en los activos, estanflación tipo II: en su afán por obtener rentabilidad, el inversor impulsará al alza los precios de la renta variable y los activos inmobiliarios, y a la baja las rentabilidades de los bonos y los diferenciales de la deuda empresarial. Cuando se produzca el estallido de estas burbujas, lo que en último término están llamadas a hacer, la estanflación de tipo II podría incluso tornarse en deflación.

Deflación y recesión. Remedios naturales para eliminar toxinas y purgar los excesos acumulados en forma de distorsiones productivas, oferta de bienes y servicios que no existirían ni resultarían rentables sin inflación fiduciaria. Pero estos ajustes, ineludibles aunque dolorosos, generan un coste político brutal mientras se produce la asignación de recursos en empleos más eficientes. Paro, descenso de ingresos fiscales, aumentos de cargas sociales y peso de las deudas. Intolerable. Y, sin embargo, las quiebras y fallidos permiten una liberación de factores de producción que pueden y deben ser transferidos a usos alternativos potencialmente rentables y adaptados a las preferencias intertemporales de los consumidores.

Aliviar los duros efectos de una recesión pasa por reducir dimensión e intervencionismo del Estado a la mínima expresión, disminuir drásticamente el gasto público de consumo, recortar impuestos y favorecer un superávit primario que permita el natural devenir en los ajustes de mercado sobre la estructura productiva. Lo contrario es agravar el problema y transformar una sana recesión en abismal depresión.

Al impedir la necesaria y saludable limpieza de corrales entre quienes fueron imprudentes, negligentes o avariciosos en sus decisiones financieras, los rescates mandan un doble mensaje perverso. En primer lugar, se refuerza el concepto de riesgo moral. Haga lo que haga, siempre vendrán en mi ayuda. Too big to fail. En segundo lugar, se reiteran falsas señales que inducen cálculos económicos ficticios, ralentizando la reestructuración productiva y la recomposición de las decisiones de consumo e inversión de los agentes. La bola de nieve crece y crece, se hace ciclópea. Too big to bail out. Futuro aterrador.

La errónea asunción de la neutralidad del dinero lleva a plantear soluciones basadas en estímulos del consumo y helicópteros monetarios. Desde la atalaya keynesiana, financiación directa y estimulación de la demanda agregada, opciones que sólo debilitan la posición fiscal gubernamental, impiden la reordenación de la estructura productiva y distorsionan las decisiones de consumo e inversión. Intervencionismo, proteccionismo y efecto exclusión coartan la conciliación entre lo que realmente se demanda y lo que se está ofreciendo. Desde la cofa monetarista, se aboga por escuadrillas de bombarderos y el alucinógeno Quantitative Easing (QE), obviando el motivo fundamental por el cual colapsa el crecimiento crediticio a pesar de la expansión monetaria: la incapacidad o desgana de los agentes privados por dar/tomar crédito adicional en un entorno de insostenible sobreendeudamiento e insolvencia generalizada. QE, trampa de la liquidez y riqueza neta.

En vanguardia, ya saben, los zapadores del Plunge Protection Team, cebando nuevamente la bomba fiduciaria global: El Gobierno norteamericano tiene una tecnología, llamada imprenta (o su equivalente electrónica), que permite producir tantos dólares como se deseen sin coste alguno. Bajo un sistema monetario fiduciario, un determinado gobierno puede siempre generar mayor gasto y, por tanto, inflación positiva. […] Si el Tesoro emite deuda para comprar activos privados y la Fed compra por el mismo importe la deuda emitida por el Tesoro con dinero recién creado, la operación completa equivaldría a una operación de mercado abierto en activos privados.

En condiciones normales, los bonos descontarían la inflación/devaluación con aumentos de sus rentabilidades, descensos en sus precios. ¿Solución? Compras masivas de los tramos largos de la curva de tipos. De esta forma, se ajusta la yield curve a los sucesivos recortes del precio del dinero, realimentando la psicosis deflacionista; se incentiva y rentabiliza el reciclado de dólares de los exportadores; y se facilita la refinanciación hipotecaria cuyo tipo de referencia principal es el rendimiento del bono USA a 30 años. Absurda paradoja: a mayor endeudamiento, menores tipos de interés. Vuelta al famoso conundrum de Greenspan.

Asumiendo que la deflación sólo podría llegar involuntariamente, en forma de imprevisto accidente, y que su evitación para que continúe el espejismo de prosperidad sólo extrema el dolor, empeora la enfermedad e impide su posterior cura, la reflación actual podría degenerar en hiperinflación. Funambulismo sin red. Inducir a las entidades financieras a que creen dinero bancario, expandiendo el crédito para refinanciar bienestar ilusorio, es engordar para morir. Excederse con el parque de aviación y su efecto multiplicador de reservas podría certificar la muerte sobrevenida del dollar standard y del sistema fiduciario internacional. Y entonces sí que no habrá rescates ni estímulos posibles. The End.

La banca atesora, de momento, la liquidez inyectada para capitalizar pérdidas, reduciendo eficiencia y abandonando su papel de intermediario financiero. En un entorno de insolvencia técnica, el crédito no llega a su destino final. Visto el escasísimo éxito de las medidas adoptadas, políticas más agresivas, directas y arriesgadas se otean en el horizonte. Por allí resopla. Equilibrismo y zozobra.

Hay tres tipos de equilibrio: estable, neutro e inestable. Un sistema está en equilibrio estable si ocurrida cualquier pequeña perturbación, entran en juego fuerzas para restablecer la posición inicial; es neutral si, producido el trastorno, no acontecen fuerzas reparadoras ni perturbadoras, de forma que el sistema permanece en reposo en la nueva posición alcanzada; y está en equilibrio inestable si la alteración provoca mayores fuerzas turbadoras que actúan de manera acumulativa para llevar al sistema fuera de su posición inicial. Un buque con una pesada quilla está en equilibrio estable; un huevo tumbado sobre un lado, en equilibrio neutro; un huevo sobre uno de sus extremos, en equilibrio inestable

Quizá sea momento de asumir que la economía, como cualquier sistema dinámico, rara vez está en equilibrio. Y mucho menos estable. La premura, las soluciones de continuidad y las simplificaciones de la realidad, amparadas en supuestos y restricciones de improbable cumplimiento, sólo alimentan la incertidumbre y el caos. ¿Es sostenible este inestable desequilibrio sin invocar a Colón…? Ustedes dirán…

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Los problemas de la luz se resuelven a oscuras, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Energia, Política by reggio on 13 febrero, 2009

Seguimos a vueltas con los recibos del suministro eléctrico. Las compañías han sido obligadas a facturar cada mes en lugar de hacerlo bimensualmente y además han conseguido desconcertar a los consumidores hasta el punto de que la Comisión Europea ha tomado cartas en el asunto.

Mientras, el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, competente en materia de energía, sigue adelante sus conversaciones con las compañías eléctricas para acordar la manera en que se resolverá la cantidad embalsada pendiente de pago que conocemos con el nombre de déficit tarifario, estimada en más de 17.000 millones de euros. El esquema de solución que ha trascendido incluye unas nuevas tarifas sociales, la electricidad de los pobres, a precios muy bonificados, a la que tendrán derecho quienes se encuentren por debajo de ciertos niveles de renta. Los expertos consideran que se trata de una chapuza en la que se rehúye el nuevo cálculo que debería hacerse de los costes de generación y el ajuste de lo que las eléctricas han ingresado de más como consecuencia de los llamados costes de transición a la competencia (CTC).

Una vez más queda de manifiesto el axioma de que los problemas de la luz se resuelven a oscuras. Es decir, que sólo cuando se hace la oscuridad, porque se interrumpe el fluido eléctrico y el público queda gravemente damnificado, se adoptan las decisiones de inversión que venían demorándose.

Claro que el lema de que los problemas de la luz se resuelven a oscuras también es de aplicación a la forma por completo opaca en que se establecen los acuerdos del ministerio con las compañías eléctricas, cuyas bases quedan fuera del escrutinio público. La situación raya en el absurdo porque la propia ley encomienda a la Comisión Nacional de Energía que formule unas recomendaciones sobre unas bases preceptivas que luego el Gobierno desautoriza sin modificar la norma que la CNE está forzada a aplicar. Estamos ante un mercado muy particular donde reina la confusión y la competencia brilla por su ausencia.

En efecto, sucede que nadie puede entrar a construir nuevas centrales nucleares y que sus actuales detentadores ocupan una posición de privilegio después de haber amortizado hace años sus instalaciones. Otro tanto cabe decir de las centrales hidráulicas, porque nadie puede ya proyectar nuevos embalses y las empresas que los explotan vieron prorrogadas por el Gobierno Aznar sus concesiones por 75 años adicionales.

En cuanto a las renovables, conviene saber que dependen de variables fuera de control. Ni los parques eólicos ni los huertos fotovoltaicos tienen garantizada su entrada en acción porque ni el viento puede hacerse soplar a voluntad ni el sol o los nublados están bajo nuestro control, mientras que la demanda tiene unas curvas horarias muy estrictas que ha de satisfacerse porque el consumidor en absoluto aceptaría quedar expuesto a eventualidades climáticas.

De manera que el aporte de las energías renovables, tan de agradecer por ser energías limpias y por el ahorro en gas y carbón que suponen, tienen que tener una alternativa de la misma cuantía cada vez mayor que puedan suministrar centrales obedientes, es decir, de ciclo combinado a base de gas y carbón que tomen el relevo siempre que sea necesario sin que el consumidor padezca en la recepción del suministro.

A todos nos entusiasman estas energías renovables que se presentan como el bálsamo de fierabrás y nos libran de las emisiones de CO2 o de los problemas de los residuos radiactivos pero ya han salido los paisajistas para poner sus objeciones. Nadie quiere que le falte la electricidad pero todos prefieren que esas contraindicaciones las padezcan otros.

Claro que para recibir la energía producida a distancia es preciso transportarla mediante las líneas de alta tensión, por las que el electrón viaja a la velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, y esos tendidos apoyados en torres metálicas tampoco gustan. Así que abrumados por la solidaridad instantánea del electrón y convencidos del principio de que los problemas de la luz se resuelven a oscuras, aquí tampoco se abre el debate energético pendiente. Continuará.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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Ordóñez contra todos, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 13 febrero, 2009

La flor y nada del oficialismo se ha esmerado en las últimas horas en desdecir a ese “verso suelto” en el que se ha convertido el pobre gobernador del Banco de España, socialista sin tacha pero víctima por unos momentos de alucinaciones peligrosas. Fernández Ordóñez ha protagonizado, quizás sin quererlo, la polémica de la semana al proponer una rebaja de los costes del despido, propuesta que lógicamente no forma parte del cuerpo de doctrina del pensamiento económico dominante en las esferas del partido gobernante ni siquiera del Gobierno en ejercicio.

Era previsible la respuesta del titular de Trabajo e Inmigración, Corbacho, que le ha salido al encuentro a primeras horas del día con argumentos un poco pintorescos, como el de que aquí quien no ha hecho bien los deberes son los bancos, que se dedicaron a financiar los despropósitos del modelo de crecimiento equivocado por el que ha deambulado el país en la deriva inmobiliaria de estos últimos años. El reproche tiene de pintoresco la contradicción en la que se mueven quienes echan ahora la culpa a los bancos de no dar créditos al tiempo que les achacan haber financiado en demasía al sector de la construcción en los años del boom. ¿En qué quedamos?

Menos previsible era la intervención del mismísimo presidente del Gobierno, quien en un nuevo alarde de confusionismo terminológico (la economía sigue siendo su asignatura pendiente) ha acusado a Ordóñez nada menos que de socavar las bases del Estado de Bienestar, como si los costes del despido fueran parte integrante y sustancial del Estado de Bienestar. Por esa vía extensiva, el Estado de Bienestar acabará integrando bajo su manto protector hasta las entradas para el teatro. El Estado de Bienestar tiene normalmente tres papeles esenciales, el de las pensiones, el de la sanidad y el de la educación, tres cometidos que los Estados modernos se afanan en cubrir en el mejor grado posible sin dejar todo el terreno en manos del sector público y dejando un amplio margen de maniobra para que la iniciativa privada contribuya también a darle más eficiencia a estas tres obligaciones ineludibles. Lo demás debe considerarse parte de la economía competitiva, incluyendo desde luego los niveles salariales y la libertad de empresas y trabajadores para pactar de común acuerdo lo que mejor convenga a sus intereses. Difícilmente se puede admitir que la regulación actual de la indemnización por despido forme parte esencial del bienestar de los trabajadores por la sencilla razón de que los grados de protección que existen en España son muy superiores a los que están vigentes en otros países vecinos, de economía liberal y capitalista, países que tienen empresas con las que tienen que competir las nuestras, las domiciliadas en España.

Más sensato, el comisario europeo de Economía, el socialista español Joaquín Almunia, ha salido también al paso para recordar dos cuestiones relevantes. La primera, que el mercado laboral español es manifiestamente mejorable en su regulación, lo que dicho desde una instancia comunitaria, que evoca mayores conocimientos de ámbito supranacional, debe ser un diagnóstico bastante certero. Almunia ha dicho también, como buen experto en política y en economía, que cualquier mejora o cambio del marco actual debe ser objeto de reflexión, debate y consenso.

El debate activado por Ordóñez se produce coincidiendo con la publicación de las cifras que dan estado oficial a la recesión de la economía española, la primera en 15 años. Ya estamos en el túnel y es momento de preguntarse, en consecuencia, por la salida. Hay quienes vaticinan que la crisis económica española será profunda y sobre todo más larga que la de nuestros vecinos, precisamente por la sospecha que tenemos casi todos de que España es el país con menor grado de flexibilidad (incluida la laboral, aunque desde luego no es la única) para luchar contra la crisis económica. En España las etapas de salida de las crisis económicas han sido habitualmente largas y demasiado prolongadas. Los problemas tienen una gran tendencia a pudrirse por esa obsesión de amarrar derechos y privilegios, que luego acaban siendo auténticos obstáculos insalvables.

Pero en las épocas pasadas habíamos contado con la gran ventaja de poder aplicar soluciones por libre, básicamente políticas monetarias expansivas y devaluaciones de la divisa, fórmulas con las que restaurábamos en periodos cortos de tiempo los desastres de nuestro inmovilismo. Se comprende ahora el nerviosismo del Gobernador del Banco de España, sin capacidad para fijar los tipos de interés y, sobre todo, sin que el Gobierno puede devaluar la divisa en un 20% que es posiblemente lo que necesita la economía española, entre otras cosas. Hay otra solución a la tremenda: salir del euro, pero no parece ni recomendable ni posible. ¿Alguien tiene alguna idea mejor para salir de este embrollo?

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Crisis de Estado, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Justicia, Laboral by reggio on 13 febrero, 2009

El paro judicial del 18-F, con más trascendencia política que la de una reivindicación corporativa, rebasa los límites de una crisis de Gobierno y abre la puerta a una crisis de Estado. Por ella entrarán los factores políticos potenciados o generados por la gravedad de una crisis económica que el corrupto e incompetente Estado de partidos no podrá superar. Los síntomas son inequívocos. Las crisis de Estado se detectan cuando se descompone el principio de autoridad en todas las instituciones estatales y paraestatales. Empieza a verse en esta partitocracia terminal. La crisis estatal no se resolverá hasta que la sociedad instituya, con la Libertad política constituyente, nuevas autoridades democráticas en el Estado. La desconfianza política en las autoridades del Estado de Partidos es mayor que las padecidas por el sistema financiero y los medios de comunicación.

El fenómeno más visible, la magnitud de la desobediencia de los Juzgados y Tribunales a la autoridad judicial del CGPJ, desmorona la quimera de que existía un poder judicial independiente y patentiza la inexistencia de poder judicial alguno. Los fenómenos más soterrados, la desautorización del Banco de España de la política laboral del Gobierno, la falta de autoridad gubernamental para inducir a las entidades financieras a canalizar el dinero público hacia el crédito privado, la dependencia del Estatuto Catalán, aprobado en referéndum popular, de un tribunal político, el TC, aflorarán masivamente a la escena conflictiva con el auge del paro y el aumento de los cierres empresariales, junto a las manifestaciones airadas de los sectores afectados. La asociación patronal y los sindicatos estatales no tienen autoridad para frenar la acción directa de los desesperados que pierden su empresa o su empleo. El encierro de pequeños empresarios en las sucursales bancarias, que les niegan los créditos para capital circulante que antes les concedían, presagia lo negro por venir y el drama por vivir.

Entre lo visible y lo soterrado, sobresale el deterioro escandaloso de lo que fundamenta la estabilidad de la oligarquía política en el Estado de Partidos. La ruptura de relaciones del partido estatal de oposición formal al gobierno, con el Ministro de Justicia y la Fiscalía General, implica la entrada en una fase de desequilibrio inestable en todas las instituciones estatales, que pueden terminar políticamente “incendiadas”, como teme el ministro. En la sesión parlamentaria sobre la crisis económica, se ha visto como el estabilizador consenso partidista ha quedado reducido a la condena de la huelga judicial.

florilegio

“En lo que teme el Estado de Partidos está la esperanza de la sociedad civil.”

Dos observaciones sobre Izquierda Unida y las elecciones europeas, de Salvador López Arnal en Rebelión

Posted in Política by reggio on 13 febrero, 2009

En un reciente artículo, incorporado a www.rebelion.org el pasado martes 10 de febrero de 2009, Rossana Rossanda1 se oponía con razones atendibles a una propuesta de la dirección de su propio diario, Il Manifesto, en torno a la no presentación de las izquierdas en las próximas elecciones al Parlamento europeo. Las razones de su desacuerdo eran básicamente las siguientes:

1. ¿Por qué se va a negar la posibilidad de expresarse a una franja la de sociedad italiana que no se siente representada por el Partido Demócrata –digamos, el PSOE italiano-, un grupo social que supera el 13%, según datos manejados por “la muchacha del pasado siglo”?

2. La mala situación en la que se encuentra la izquierda, la italiana y la de numerosos otros países, es resultado de la convicción, presente “en todas las izquierdas e izquierdillas” según RR, de que instituciones y partidos son una y la misma cosa. Sin embargo, señala la revolucionaria comunista italiana, una cosa es dar voz, o una coalición de voces, “a la inquietud crítica de la sociedad compleja” y otra cosa muy pero que muy distinta es dar forma política a un grupo organizado con finalidades anticapitalistas que se proponga establecer un nexo entre los diversos conflictos existentes e intervenir y transitar políticamente en torno a él.

3. Por lo demás, RR señala que el Parlamento europeo es un observatorio más para comprender el continente “que nos condiciona y el por qué de su cada vez más escaso peso en el mundo”. No decide mucho, es cierto, pero en él, apunta la autora de Un viaje inútil, podemos oponernos cuando sea el caso, conocer con criterio y transmitir ideas y programas alejados de toda liturgia gastada. Queda lejos de las luchas cotidianas, no es tarea fácil intervenir con éxito, las poquísimas voces disidentes apenas tienen eco audible. Todo ello es verdad. Pero, ¿quién dijo que comprender y transformar el mundo, o ayudar a hacerlo, fuera una tarea que siempre admitiera un “elemental, querido Watson”?

No hay que yo sepa en estos momentos, en las izquierdas españolas, un flanco abierto sobre este tema similar al apuntado por Il Manifesto y comentado críticamente por RR. Pero sí, en cambio, dos aspectos, uno de ellos acaso lateral pero no insustantivo, que merecen un breve comentario.

El primero remite a las alianzas ya anunciadas por Izquierda Unida para las elecciones europeas. No seré yo quien lance ninguna piedra contra de la alianza de IU con Iniciativa Verds, a pesar de la pobre por no decir negativa opinión que se tiene en las filas iniciáticas sobre IU (o sobre algunas de sus corrientes) cuando se habla fuera de micrófono y para consumo o alimentación interna. No importa, la disensión no siempre cortés2 acaso sea también un ruidoso motor de la historia. Ahora bien, ha habido y hay pactos e imposiciones, existen acuerdos razonables y acuerdos inadmisibles, y el acuerdo de IU y ICV en las anteriores elecciones europeas, impuesto por ICV con el beneplácito, acaso algo forzado, de la dirección de EUiA (es decir, del PCC3), ese pacto, decía, no sólo no era razonable sino que era, prácticamente y sin exagerar, una tomadura de pelo. Los electores de aquí y de allá apoyaron una coalición que tenía como segundo candidato a Raül Romeva i Rueda (sobre cuya actuación como eurodiputado no me pronuncio y que estoy lejos de criticar), quien apenas tres nanosegundos y medio después de ser elegido con los votos obtenidos por la coalición, es decir, con los votos de los ciudadanos afines a ICV pero también con muchos otros que no lo eran tanto o no lo eran en absoluto, cogió sus enseres, su bici, su mochila y su acta de eurodiputado y se pasó, sin explicación satisfactoria alguna, a las filas de otro grupo parlamentario europeo, no al de la Izquierda europea, que no sólo en temas decisivos ha votado en total disonancia con las posiciones de IU y, en ocasiones, a favor de posiciones energuménicas, por decirlo de modo suave, sino que, para acabarlo de redondear, cuenta entre sus filas al eurodiputado Daniel Cohn-Bendit, Dani el ex rojo. Con esto último está dicho casi todo: peor imposible.

Así fue pero no debería seguir siendo del mismo modo. Algunos ciudadanos, entre ellos el que suscribe, no estamos dispuestos a entregar nuestro voto a una coalición encabezada por dos candidatos sobre uno de los cuales no tengamos seguridad alguna de que vaya a ser miembro del grupo europeo al que pertenece la coalición que estamos votando. No con nuestro voto, no en nuestro nombre. Por ello, sería muy conveniente, por no decir absolutamente necesario, que IU, y las otras organizaciones que formen parte de la coalición, para evitar un uso a todas luces inadmisible del voto ciudadano, aclarasen sin ambigüedad un punto tan central como éste: si los candidatos que consigan su acta de eurodiputados formaran parte o no del grupo parlamentario de la izquierda europea. Si no fuera así, si la dirección de ICV se negase a aceptar esa condición, situación no deseable, lo razonable sería en mi opinión que se presentaran ante los electores con sus siglas, sus propios objetivos y sus verdaderas alianzas4. No es un mundo maravilloso el que se abre, desde luego, no es mayor división lo que la izquierda necesita, pero será acaso mejor, sin ser magnífico, que la confusión de sumar apoyos para dividirse apenas suenen las campanadas de medianoche y los electores y electoras no estén atentos a los efectos colaterales de la campaña electoral.

La segunda observación aspira a no ser contradictoria con la anterior. La presentación de una lista de la izquierda anticapitalista, espoleada sin duda por el probable éxito de la afín candidatura francesa, dividirá el voto de la ciudadanía española de izquierda que no ha claudicado ni piensa claudicar. No está claro, en estas circunstancias, que la situación represente un éxito para ninguno de los dos grupos. No es un juego de suma cero, sino que puede ser perfectamente posible un juego con pérdidas generalizadas. Pues bien, sin olvidar las dificultades, reconociendo la importancia de la llamada y movilización francesas, creo que es razonable intentar llegar a acuerdos que posibiliten una única lista de la izquierda transformadora -por decirlo de modo imperfecto- o anticapitalista -por decirlo de un modo tampoco redondo por no ser propositivo- que aúne esfuerzos, que despierte ilusiones, más necesarias que nunca o tan imprescindibles como lo han sido siempre, y que intente construir, cuando menos en un papel, los ejes esenciales de un programa económico-social alternativo, que se comprometa a dar batallas posibles, e incluso algunas perdidas aparentemente, en el futuro Parlamento europeo dominado por las dos grandes fuerzas del sistema, con aristas minoritarias sensibles y no autistas en una de esas fuerzas. En definitiva, una izquierda que tenga el non serviam como punto modular y el no rendirse como horizonte poliético permanente.

Existen dificultades. Sin duda. Pasarán probablemente por la confección y ordenación de las listas, y por la aspiración internacional de la fuerza dirigida por Olivier Besancenot y sus alianzas parlamentarias europeas. Sobre las dos dificultades señaladas me permito apuntar posibles senderos de discusión: el tercer candidato de la lista unitaria debería dejarse en manos de los compañeros del frente anticapitalista, y la coalición, como tal, debería comprometerse a buscar puntos de acuerdo permanentes, nexos de unión, ambiente de discusión programática, entre las dos grandes coaliciones europeas de la izquierda anticapitalista. Se mire como se quiera mirar, las diferencias esenciales son mucho menores que los vértices de aproximación, que las confluencias en las luchas, que la convicción en que la civilización capitalista merece y exige cambios urgentes.

Rossana Rossanda finalizaba su reflexión señalando que con su comentario obviamente no estaba proponiendo una lista de Il Manifesto, pero “que era su deber hacer sonar la alarma, provocar una conmoción, movilizar y movilizar, reunir y hacer que se reúnan las personas necesarias. Hacer todos los días la crónica de la impotencia no es muy interesante”. De eso se trata también aquí, de no alimentar la impotencia ni de alimentarnos de ella y de reunir sin separar, con sentido y máximo cuidado, y de ayudar a movilizar, tanto como sea posible, y cada vez lo es más, a una ciudadanía no sumisa hacia unos objetivos políticos absolutamente razonables que se puedan concretar en una frase, arco de fácil explicación y aceptación pero de muy difícil concreción política: el capitalismo es un sistema civilizatorio que devora y nos devora, ¿vamos a seguir permitiéndolo? Muchos ciudadanos, algunas organizaciones, no están dispuestos a transitar ni un paso más por ese sendero que conduce, probado está, a un abismo de trágicas dimensiones para la especie y para los ciudadanos y ciudadanas más desfavorecidos. Ni en nuestro nombre ni con nosotros.

1 “¿Perder comba? ¡De ninguna manera!”, www.sinpermiso.info, traducción Joaquín Miras.

2 Sobre este punto basta recordar los artículos y opiniones vertidos sobre IU por Ignasi Riera, Jaume Bosch y Rafael Ribó (y otros nombres que evito) cuando Julio Anguita era coordinador general de la coalición.

3 Por cierto, y sólo como nota a pie y, como decía y repetía el asesor de Carlos Slim, sin acritud desde luego: ¡quién les ha visto y quién les ve! De ahí no debería inferirse crítica global alguna a la historia de esa formación que ha generado, entre otros nombres, dos de los marxistas-comunistas revolucionarios más admirable de la historia de Catalunya: Joaquín Miras y Joan Tafalla.

4 De lo que no se infiere que no pueda hacer acuerdos entre ambas fuerzas políticas en otras contiendas electorales españolas, o incluso en otras elecciones europeas.

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